All language subtitles for 1968, Un Certo Giorno

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Original subtitles

Somos una agencia de servicio completo,

estructurada en las siguientes partes:

Dirección, marketing,

investigación, creatividad,

medios, contactos.

Veamos cómo se organiza el curso del trabajo

en las diferentes secciones.

Fase 1: Definición del objetivo de comunicación.

El personaje masculino debe ser un duro,

no le interesa la mujer.

Mira la moto, pero debemos enfatizar el producto.

Ahora el énfasis está en la moto.

No vendemos aceite de moto, sino un desodorante.

Míralo en detalle.

El énfasis sigue aquí, no aquí.

Eso está mejor, Pablo, pero cuidado con la mujer.

Esto no vale, es una fase.

Pero esto ya empiza a funcionar.

—¿Está terminado? —Lo tiene Valentini.

Pero queda el problema del producto.

Ahora lo vemos, yo creo que va bien.

Mira.

No, oye, perdona un momento.

En mi opinión, es perfecto.

Sólo que a ver quién capta que se trata de un desodorante,

que la mano de ella va a parar aquí.

Deberíamos buscar la forma de que descubriera la axila.

Sí, que la descubra.

No sé qué decirte.

Levanta la antorcha de la libertad.

Levanta la copa y ella le acaricia.

—¿Y qué dicen en Frankfurt? —No se definen.

Al menos, estarán contentos con el trabajo.

Sólo si al cabo de los tres años

nuestro balance resulta el esperado.

Hasta ahora nos ha ido bien,

y los principios en esto siempre son duros

Habrá que ver cómo nos va este último año.

Por cierto, ¿qué tal con los del desodorante?

Bien, mañana presentamos los bocetos.

Creo que tienen una buena impresión de la agencia.

Ya están aquí.

Buenos días.

Por favor.

El señor Davoli, administrador.

Por favor.

Encantado, Davoli.

—Ya nos conocemos. —Buenos días.

Buenos días.

—Siéntense, por favor. —Gracias.

Siéntense.

Ya conocen el motivo de esta reunión.

Les presentaremos las propuestas de la campaña

que hemos elaborado durante varias semanas

y que refleja todos los elementos del producto.

Espero que este trabajo les guste

y cedo la palabra a nuestro director creativo,

que es el primer responsable, quien mayores méritos tiene.

Antes de examinar las propuestas creativas,

les ilustraré sobre el envase,

diseñado expresamente para el producto.

Hemos de darle una imagen decididamente viril,

pues conocemos la resistencia del público

al que va dirigido.

Por ello su imagen recuerda la corteza de un árbol,

algo áspero, fuerte,

indirectamente viril.

Una vez visto el envase, podríamos pasar,

la persiana,

a las propuestas creativas, aún incompletas.

El primer boceto.

Como ven, ya en el planteamiento

hemos recurrido al concepto de virilidad

en el lema.

"Pioner, el desodorante viril."

En el segundo boceto destaca nuestro protagonista,

Un tornero

usa el producto y se encuentra en una situación gratificante,

que se da en la bolera, pero podría darse en un baile,

o algo así.

"Quien está más fresco, gana."

"Pioner, el desodorante viril."

Es la primera propuesta, no la que recomendamos,

pero nos ha servido para centrar el producto.

Ésta es nuestra segunda propuesta.

Procede del estudio sobre el envase.

Hombres de corteza dura

es la mejor forma de ilustrar con palabras

lo que el mensaje intenta trasmitir:

corteza, algo áspero.

"Para hombres de corteza dura, la frescura de Pioner."

Para nosotros, la línea más adecuada es la tercera.

¿Diga? Sí, dígame.

Parece que ha sido un infarto.

Vaya, cuánto lo siento.

¿Hay ya informe médico o es sólo una suposición?

Aún no tienen las pruebas,

pero el médico dice que los síntomas son claros.

Es una faena. Lo siento de verdad.

Mañana por la mañana me escaparé a verle.

Tranquilo, yo me ocupo de avisar a los demás.

Volveré antes de mediodía.

—Buenas noches. —Buenas. ¿Y la señora?

—Viendo la televisión. —Gracias.

—¿Has cenado? —No tengo hambre. ¿Y tú?

Un poquito.

—¿Qué es, whisky? —Sí.

¿Quieres uno? —Era sólo por probarlo.

Voy a apagar el cigarrillo, incendiaremos el hotel.

Muy bien.

Entendido, gracias.

Hasta pronto.

—¿Cómo está? —Era el médico.

Dice que ya no hay por qué preocuparse.

Pero, ¿qué ha sido exactamente?

Un derrumbamiento debido al cansancio.

—Y ahora, ¿cómo está? —Normal.

Ya sabe cómo es esto.

Pasada la crisis, todo es como antes.

Pero los médicos han ordenado

un largo período de reposo.

Más adelante haremos los análisis precisos.

Y unas buenas vacaciones, que es lo principal.

—¿Quiere un café? —Gracias, ya lo he tomado.

—¿Quiere verle? —Si es posible...

Si no hablan de trabajo...

Tranquila, sólo quería saludarle

y saber qué decir a Friedman, de Frankfurt.

Ya está avisado, llamó él anoche.

Está durmiendo.

Es mejor dejarle.

—¿Qué tal? —Respiración y pulso normales.

Así dormirá todo lo que necesita.

Eso le hace más falta que las medicinas.

¿Sabe a qué hora llega el avión de Frankfurt?

¿Ha mandado el coche para el Sr. Friedman?

¿Dónde le llevamos a comer la última vez?

¿Y a la Scala, le hemos llevado ya?

¿Cómo se llaman sus hijos?

Thomas y Siegfrid. Gracias.

Está aquí ese señor.

—Bienvenido, Sr. Fiedman. —¿Qué tal?

¿Buen tiempo en Frankfurt?

De invierno: frío, niebla, smog.

—¿Y su señora? —Bien. gracias.

—¿Y Thomas y Siegfrid? —Bien. ¿Y los suyos?

Mi hija tiene 18 años, ahora se preocupa ella de mí.

Con los años se invierten los papeles.

Bueno, hablemos de negocios.

¿Tiene noticias recientes del señor Davoli?

Ayer fui a verle.

Nada grave. El problema

es que necesita un largo período de reposo,

y eso nos privará de él.

¿Cuánto tiempo?

Tres meses.

¿Qué operaciones importantes tenía programadas él?

Las que él mismo le presentó en Frankfurt.

Vamos a ver en detalle la situación general:

clientes, perspectivas...

¿Por dónde desea empezar?

¿Decía el telegrama que me quedo unos días?

Creo que no.

Convendría pedir a la secretaria que se ocupe

de mi alojamiento.

—¿El mismo hotel? —Sí, gracias.

¿Puede reservar alojamiento para el señor Friedman?

Espero no haberle estropeado el fin de semana.

Tenía proyectado un viaje a mi casa de Toscana.

Claro que no estaba prevista esta situación.

Lástima, debe de ser bonita Toscana.

Tan bonita que merecería la pena aunar ambas cosas.

¿Es decir?

Llevarnos el trabajo.

Sería una idea. Pero ya hablaremos mañana.

Pase.

Por aquí.

Quizá no esté todo bien, es una casa de soltero.

Yo vengo solo casi siempre.

Esta es su habitación. Pase.

Vaya, hay café.

—Gracias. —De nada.

¿A su señora no le gusta esto?

Le gusta muchísimo.

Pero, verá, no siempre estamos de acuerdo

sobre cómo vivir en esta casa.

La última vez discutimos porque mis perros

estaban durmiendo en la cama.

Y si yo vengo es por ellos.

¡Cochi, Frida!

¡Guapos!

¿Lo veis? Ya estoy aquí.

Bien, bien.

Fuera, fuera.

Fuera, sí. Vamos a dar un paseo.

¡Abajo! Frida...

¡Hinki!

Es la más cariñosa. Cazando es insuperable.

Corre continuamente, sin parar.

Por allí desde ese bosque, y por aquí hasta el río.

Entonces es usted rico.

En absoluto.

Hoy esta tierra vale muy poco.

Los campesinos se van yendo, lo dejan todo.

Mi abuelo, sí.

Casi todo lo de por aquí era suyo,

hasta donde se ve.

Todo olivares.

Sí, entonces la tierra tenía otro valor.

Pero después pasaron muchas cosas.

Después de la guerra empecé de cero.

Empecé yendo por ahí

pegando carteles.

Mi carrera en publicidad

empezó justo así.

Porque alguien me propuso este trabajo y no otro.

Y en momentos así no se hila muy fino.

Y con el primer dinero que ahorré

compré este trocito de mi infancia.

—¡Bruno, nos vemos! —Hola, Alberto.

Hola, ¿está Doriana?

Se ha quedado en Milán, estudiando.

Lástima. Pues sigo con mi paseo.

Hasta luego.

—¿Se pasará después? —Claro.

Hasta luego.

¿Desea ese puesto?

El puesto del señor Davoli.

Ya que alguien debe asumirlo, ¿por qué no yo?

En nuestros planes, el señor Davoli

debía seguir un tiempo más.

Su sucesión estaba prevista para dentro de tres años.

Pero en este momento hay que ser realistas.

La situación es la que es.

—Puedo afrontarla. —¿Sobre qué base?

Mi conocimiento del trabajo,

las posibilidades de la agencia, mi experiencia.

Y ciertos programas.

¿Puede decirme algo más sobre esos programas?

En cuanto a nuevos clientes, tengo una idea.

Esos vecinos que hemos saludado hoy,

además de ser grandes amigos,

poseen también el 51%

de la mayor empresa de alimentación italiana.

Pienso proponerles

un nuevo producto en su sector,

producto del que, estoy convencido,

existe hoy en nuestro mercado

una gran necesidad potencial.

Para el lanzamiento publicitario,

se hablará de cifras de nueve ceros.

¿Y el coste para la agencia?

El normal para una serie de estudios.

¿Me autoriza a contar en Frankfurt

lo que me dice?

Eso supone presentar su candidatura

como administrador delegado.

Puedo intentarlo.

Un puesto semejante no se da nunca a prueba.

O uno tiene éxito o no hay vuelta atrás.

Se trata de un producto nuevo, básico,

de primera necesidad. No es preciso

crear un nuevo deseo.

Sabemos que no existen deseos nuevos.

Existen expectativas que un nuevo producto satisfaría.

Parto de ciertas consideraciones

sobre algunos productos.

Como los productos digestivos. ¿Por qué se venden tanto?

Porque hay problemas de digestión.

¿Por qué?

He llegado, así, a las pastillas de antes de comer.

Vitaminas, proteínas, etc.

¿Qué significa esto?

Que la gente come mal.

Lo que come no es completo en principios nutritivos,

y además es poco digerible.

De ahí la necesidad de un nuevo producto.

¿Está dispuesto el consumidor italiano

a asimilar eso?

Quien ha probado con esos productos,

por ejemplo, precocinados,

como sopa de legumbres o ravioli,

no ha alcanzado la tasa de distribución rentable.

El concepto de esos productos

estaba mal planteado.

Porque, no sé, es como vender una mujer de goma:

hay un rito para ciertas cosas.

Los ravioli los hace el ama de casa,

que exige trabajar para justificar

el hecho de ser sólo un ama de casa y nada más.

¿Cómo sale tan tarde?

Horas extras: "Spray Frivolidad".

Y usted, ¿en qué anda?

Novedades en alimentación, marcianas.

—¿Es usted marciano? —Creo que no.

—¿Seguro? —Si quiere indagar...

Le tomo la palabra.

Primera pregunta:

¿Le gusta la idea de volver a casa a comer?

Al salir del trabajo, lo que me gusta es andar.

Me siento tranquilo y hasta consigo pensar,

cosa que no logro en el despacho.

Me cuesta mucho pasar todo el día en una habitación.

En cuanto llego empiezo a mirar el reloj.

Sólo han pasado 10 minutos.

Estoy deseando que llegue la hora de salir,

para andar, ver gente, perder el tiempo.

—¿Y su familia? —¿Qué?

¿No le esperan?

Empecé a hacerlo cuando iba a clases nocturnas.

Volvía de noche, comía algo solo

y me acostaba.

¿No le gusta comer acompañado?

Sí, con los amigos, con la gente que me gusta.

Los demás me molestan.

¿Y dónde va a comer?

Donde me pilla.

Suelo apañármelas por mi cuenta.

Compro algo, un filete, unos huevos,

y cuando llego a casa me lo preparo.

Si tengo dinero compro muchas cosas.

Hasta superfluas, como una botella de vino.

De marca, una pequeña celebración.

¿No es algo triste esa soledad?

La mía la soporto, me molesta la ajena.

Perdón.

Se me olvidaba algo.

Entre en el portal, ahora voy.

Se me olvidaba el vino.

El vino de marca.

Son cinco pisos.

—Espero llegar. —Yo estoy entrenado.

Ahí es.

Ya estamos.

Perdone.

Así, abro.

Encender la luz es un problema,

el interruptor está roto y le doy de allí.

Está muy revuelto, hace más de un mes que no vengo.

Pase.

¿Son suyos estos cuadros?

Algunos son de amigos de Brera.

A veces vienen aquí a trabajar.

—¿Y eso? —Bueno, son amigos.

Habrá que despejar un poco esto.

Alguno no está mal: ese verde.

Espero que funcione.

—¿Tiene frío? —Un poco.

Normalmente encendemos la de leña,

pero la última vez daba humo.

Estará atascado el tiro, hace mucho que no se limpia.

¿Y cuál es su última obra?

El de arriba, en medio.

¿A que adivino cómo se titula?

¿Quiere verlo?

"Encanto",

"Magia",

o "Soledad".

La soledad de tres personas.

Dos están en la casa grande y una en la blanca.

¿Y usted,

¿en cuál está?

En la blanca.

Solo, claro.

Quizá los otros dos estén aún más solos.

Lo que es peor.

—¿Un poco de vino? —Gracias.

¿Por qué no hablas?

Es inútil.

Y además

es mejor así.

¿Me deseas?

Normal.

Pero no pensaba en eso.

¿En qué pensabas?

No pensaba en nada.

Me estabas mirando.

A veces me gusta estar así, sin pensar,

en momentos como éste, por ejemplo, que estoy bien.

Me dejo llevar

e intento no pensar en nada.

Es una sensación extraña, pero es bonito

porque ya no me siento.

Es como si ya no fuera yo,

sino todo

lo que me rodea,

la silla, la pared, la lámpara.

Todo, hasta el aire.

Pero no muchas cosas separadas,

no esas cosas una tras otra,

en fila,

sino todo junto, sin distancias, sin tiempo.

Como si yo fuera esas cosas.

Y hago por no pensar

para prolongar esos momentos.

Porque cuando vuelvo a pensar,

vuelvo a ser yo,

y entonces vuelvo a ser el de antes,

extraño a todo lo que me rodea.

¿Escribes poesía?

¿Por qué?

Porque te pegaría.

Hablas como si leyeras una página de tu diario.

Debe de ser eso.

¿Romántico?

Ingenuo.

Pasado de moda, ¿no?

Las necesito mañana por la mañana.

Si quiere quedarse a pasarlas...

Sí, será mejor, ya que hay máquina eléctrica.

Ya que usted come mal por el trabajo,

¿qué diría de un producto con el aporte necesario

de vitaminas, proteínas...?

—Sería una idea. —Buenas tardes.

Buenas tardes.

Buenas tardes.

¿Qué hace?

Estoy pasando la encuesta.

La encuesta del producto de alimentación.

Sí, es muy urgente.

¿Le han dejado las llaves de la entrada?

Pues no.

¿Cuánto le queda?

Una hora.

Creo que habré terminado yo también.

Pasaré a buscarla.

Bien, gracias.

Bien, gracias y adiós.

Buenas noches.

¿Dónde tiene el coche?

¿Quién le dice que tengo coche?

No sé, pensaba...

En realidad, sí tengo,

pero me ha dejado tirada.

Y tiene razón, el pobre, porque está muy viejo.

¿La llevo?

Gracias, al menos hasta un taxi.

—No, la llevo a casa. —Gracias.

—¿Ha cenado ya? —No.

Aunque me he pasado la tarde con la alimentación.

¿Y qué vino quieren, tokaj blanco o agribikaver?

—¿Qué? —Significa "sangre de toro".

¡Caramba!

—Pero, ¿es vino húngaro? —Típicamente húngaro.

Muy bien, traiga ése.

—¿Qué, le gusta este sitio? —No está mal.

Es agradable.

Sólo que quizá algo excesivo

para cenar tras el trabajo.

¿Por qué?

No sé, violines...

¿No le gusta la música?

¿Siempre termina así su jornada de trabajo?

No, pero no me disgustaría, ¿no está de acuerdo?

Bastante.

A decir verdad, la invitación era bastante interesada.

¿O sea?

Quisiera que usted, tras hacer la encuesta,

me dijera qué piensa del producto.

La primera obligación de una buena encuestadora

es la de no tener

opinión sobre el objeto de la encuesta.

Es muy bonito.

—Felicidades. —Gracias, señor.

Así que con lo de hoy termina con nosotros.

Oficialmente, sí.

¿Qué quiere decir?

No debería usted saberlo, pero

llevo un día de retraso.

¿Y eso?

Si quiere una justificación plausible,

es culpa de mi viejo coche.

Espero no estropearle la noche.

Pero puedo tranquilizarle.

Me quedan sólo un par de entrevistas en provincias.

¿Dónde?

Puedo elegir: Alessandria, Sondrio, Brescia...

Sitios así.

Si decide ir a Brescia, la llevo.

Mañana voy al lago Garda.

Muy bien, gracias.

¿Qué se hace en estos casos?

Mirarse con arrobo.

Como en las operetas.

Sí, sólo que aquí se enfría el plato.

Hermosa música.

Aquí suena aún más sugestiva.

Desde luego.

Me estoy acostumbrando a esta vida.

—Tome. —Gracias.

Cielo, son más de las diez.

—¿Damos una vuelta? —Sí, claro.

—¿No te lo pones? —Vale así.

Tengo que andar dos horas al día.

¿Ha visto qué días tenemos aquí?

Sí, magníficos.

Había venido para hablarle de un proyecto.

La cura es muy agradable:

paseos, reposo, buena música...

Cosas que acabas descuidando sin darte cuenta.

Yo en cuanto puedo me escapo a Toscana

a descargar tensiones.

No, no es lo mismo.

Una cosa es cortar de vez en cuando

y otra desconectarse, como he tenido que hacer yo.

Quizá se haga lo mismo, pasear, escuchar música,

incluso dormir,

pero uno sigue pensando en esas tensiones.

He estado pensando mucho en lo que haré después,

cuando los médicos me den el alta.

Es una decisión

que no me afecta sólo a mí,

sino a quienes trabajan conmigo,

y especialmente a usted.

Creo

que no volveré a la agencia.

He decidido jubilarme.

No ponga esa cara.

La mía no es una derrota. Si acaso,

una elección.

—Buenos días. —Buenos días.

—¿Puedo llamar a Milán? —Por aquí.

¿Sí? Hola. Pásame a mamá.

¿Y adónde ha ido?

Sí, pero no he podido llamar antes.

Llamo desde Brescia.

No sé si podré volver esta noche.

Di a mamá que la acompañaré un día de estos.

No sé a qué hora.

Además, aquí ha empezado a nevar bastante.

No sé cómo estará la carretera.

Si acaso, mañana iré directamente al despacho.

Y busca un poco de tiempo para estudiar.

¿Qué tal le han ido sus entrevistas?

Muy bien. Creo que quedará contento.

¿Ha visto cómo nieva?

Cómo estará la carretera...

A mí me gusta la nieve.

Como a los niños.

Tendré nostalgia de la infancia.

Y la nieve me recuerda la montaña.

Este año, en Navidad, no hemos conseguido esquiar.

¿Tiene problema para volver?

¿Cómo?

¿Debe estar a una hora? ¿La esperan?

No, diría que no.

Podríamos hacer realidad ese deseo infantil suyo.

¿Es decir?

Que podríamos ir a cenar en medio de la nieve.

¿Usted no tiene problemas para volver?

En mi casa saben

que lo más importante es el trabajo.

—Esto no es su trabajo. —Se equivoca.

Es en señal de gratitud por su encuesta.

—Oiga. —Dígame.

—¿Quiere algo? —No, gracias.

—¿Qué whisky tiene? —Johnnie Walker y JB.

JB, gracias.

¿Cansada?

Un poco.

Me alegra que esté aquí.

Hoy es un día especial para mí.

¿Por qué?

Tengo la sensación

de que hoy me va todo bien.

Todo, ¿qué?

Para empezar, mi trabajo.

Esta mañana, al salir de Milán,

estaba preocupado por una situación incómoda.

en relación con un amigo,

un compañero de trabajo.

Y en cambio,

todo se ha resuelto de repente.

¿Me traerá usted suerte?

Estudiamos ciertos fenómenos de la vida cotidiana,

tanto desde el aspecto de su distribución

según parámetros socio-demográficos,

como desde las motivaciones psicológicas,

que acompañan a estos fenómenos,

con el fin de valorar

las posibilidades de un producto nuevo

en el sector de la alimentación.

¿Cuándo sale el avión de Frankfurt?

A las 15:40.

—Confirma mi llegada. —¿Por telegrama?

Destaquemos antes que nada

la notable difusión de productos de refuerzo,

vitaminas, proteínas, estimulantes del apetito,

que claramente indican

la inadecuación para un número

cada vez mayor de consumidores

de lo tradicional

para las necesidades de la vida moderna,

y además la existencia de un mercado potencial

para un producto nuevo.

Hemos examinado la propuesta

y la consideramos muy interesante,

sobre todo pensando en utilizar la idea

para una serie de productos dietéticos,

pero distintos orgánicamente:

carne, pescado, lácteos, verdura, etc.

Después, además de la comida completa,

se podría elaborar una serie de productos

con los elementos básicos de cada línea,

para que el ama de casa prepare esa comida

de forma tradicional,

pero con todas las garantías dietéticas.

Ya veremos los plazos y la programación

según nuestro esquema metodológico.

Les dejo con su trabajo.

Nos vemos en Toscana. —Cómo no.

Por cierto,

¿tienen ya nombre para el producto?

"Job Dinner", comida de trabajo.

Me gusta. ¿Qué te parece?

Interesante. Se puede trabajar con él.

—Bien, piénsenlo. —De acuerdo, adiós.

Adiós.

—¿Cómo ha salido? —Perfecto.

—¿Y qué dice? —Si sale, será una sensación.

Y saldrá. Esto irá solo.

Y no se lo darían nunca a la competencia.

¿Cuándo sale su avión?

A las 15:40. Queda bastante tiempo.

Quiero ver la cara que ponen los de Frankfurt,

incluido el jefazo.

Y Davoli, ¿cómo está?

Bien. Le vi hace poco.

Diría que está mejor que antes.

De todas formas,

¿De todas formas?

¿Puedo decirle algo confidencial?

Según qué opinión tenga de mí.

Creo que Davoli no va a volver.

Y el señor Friedman quiere proponerme para el puesto.

Pero quién sabe.

Es el hombre perfecto.

—Gracias. —De nada.

De todas formas, si las cosas fueran así,

no dejaré que los de Frankfurt me jubilen.

Dentro de dos o tres años,

me retiro al campo, a cazar con mis perros.

Es una idea.

Ya estoy harto de los hombres.

¿Qué fue eso?

No sé, un golpe, como una pedrada.

¿Qué es eso del cristal?

Parece alquitrán.

No habremos dado un golpe a algo.

Una rueda habrá hecho saltar una piedra.

No sé.

No se ve nada.

No entiendo lo del alquitrán.

Si no ha sido una rama...

No entiendo qué ha podido ser.

Perdone.

¿Qué ha pasado?

Se le ha echado encima. Está herido.

Pero ¿quién ha sido?

¡Berto!

Despacio. Sujételo por las axilas.

Cuidado.

No se tiene de pie. Vamos a acostarlo aquí.

Cuidado.

Espere, voy a avisar al coche.

¡El coche! ¡Venga, venga!

¿Qué ha pasado?

Traiga aquí el coche. ¡El coche, deprisa!

¿Cómo ha sido? ¿De dónde han salido?

Se nos echó un coche encima.

Pero, ¿de dónde han salido?

Salíamos de trabajar, íbamos a casa.

¡Yo no he visto a nadie!

Ya viene el coche. —¿Cómo estás, Berto?

¡Atrás, atrás!

Levántelo por ahí. Así.

Despacio, despacio.

Tenga la puerta.

Espere, entro yo antes.

¡Despacio!

Le duele.

Súbale las piernas.

¡Los pies, métale los pies! ¡Maldita sea!

Suba usted también. Cierre.

—¿Y el hospital? —En el pueblo.

—¡Mis hijos! —¿Qué dice?

Llama a sus hijos.

—No será nada grave. —¿Voy todo recto?

¿De dónde han salido? No lo entiendo.

Yo no he visto nada. ¡Dios mío!

¿Dónde está el hospital? ¿Falta mucho?

Esperen ahí.

Todavía no entiendo cómo ha podido pasar.

No he visto nada.

—Esperemos que no sea grave. —No creo.

No hay heridas. Apenas los rozamos.

¿Qué ha pasado?

Stucchi está herido.

¿Y eso?

Trabajábamos en la carretera y lo atropelló un coche.

En dos horas hay un avión, a ver si llego a ése.

En fin...

¿Adónde va? Espere.

Pasen, por favor.

Doctor, son esos señores.

Hay fracturas

en la caja torácica y lesiones internas.

¿Pero es grave?

Puede ser muy grave.

Apenas le rozamos.

Hermana,

¿se encarga usted de avisar a la policía?

Y también, a la familia. —En seguida, doctor.

—¿Quién está en el quirófano? —El doctor Carli, apendicitis.

Disculpe.

Escuche, doctor,

en dos horas sale mi último avión para Frankfurt.

¿Qué hago? —No sé qué decir.

No deseo eludir responsabilidades,

pero si mi presencia aquí no es necesaria...

Dejaría mis datos.

Hable con la hermana, ella se encarga de esto.

Mi documentación.

No, no hace falta.

—¿Habrá complicaciones? —Depende del golpe.

Hablaba de la notificación.

Lo habitual.

La policía le interrogará, y todo lo demás.

Deberíamos avisar a nuestro abogado.

Escuche.

Podríamos hacer una cosa.

Yo vuelvo a la empresa de alimentación.

Desde allí podré hacer las llamadas necesarias.

¿Le importa quedarse? —Claro.

Me paso a buscarla o tomará un taxi.

—De acuerdo. —Gracias.

Buenos días.

—Soy un colaborador suyo... —Sí, le conozco.

He tenido un accidente de coche.

Un herido, le llevamos al hospital.

Necesito hablar con mi abogado.

Pensaba usar sus despachos.

Está cerrado, es sábado. No hay empleados.

Sólo un teléfono.

Pase. En la sala de espera hay un aparato.

Apriete el botón y pida el número.

Por favor, Milán 453314, gracias.

Páseme con mi secretaria.

Despeje la línea.

Soy yo.

Llama al abogado Sartía.

He tenido un accidente.

¿Quién?

Habrá llamado directamente del hospital.

No, se ha quedado sola.

Yo estoy en la fábrica de alimentación.

¿Qué abogado?

¿Y por qué?

Entiendo.

Que me llame aquí, a la extensión 412.

Otra cosa.

Llama a Frankfurt, al señor Friedman, y dile

lo que ha pasado.

Y que lo llamaré yo esta noche

o mañana a más tardar. Adiós.

Soy yo.

Diga.

Le llamo de parte del señor Sartía,

que lamenta no poder ir ahora.

He hablado con mi secretaria y me lo ha explicado todo.

Ahora querría saber dónde está el coche,

porque la policía hará un reconocimiento in situ.

Si mi coche no tiene nada,

Ni un rasguño, ni un golpe.

—Son formalidades. —Ni me di cuenta.

No se preocupe, pronto estaré allí

y hablaremos de todo con más calma.

Bien.

¿Puedo decir a la policía que el coche está ahí?

Sí, aquí, en la entrada del edificio.

Adiós.

Buenos días, soy el abogado Zanelli.

Pronto vendrá la policía para examinar el coche.

Usted no se deje ver, o empezarán a interrogarle.

Es preferible aplazarlo hasta hablar con Sartía.

En estos casos conviene sopesar bien lo que se dice.

Usted espere aquí.

Habría que hacer fotos al carrito,

a la izquierda, a las partes salientes.

Podría ser útil. —De acuerdo.

Buenos días.

¿Qué tal?

No se ve nada.

Pero nos quedamos con el coche.

Desde luego, brigada.

La retiraremos dentro de poco.

—Hasta la vista. —Adiós.

Perdone.

Diga.

Quería decirle que yo, en un cuarto de hora

me marcho, me voy a casa.

Es mi horario.

La cuestión es

que debo recibir unas llamadas.

¿Y qué hacemos?

¿No queda nadie?

Sólo el vigilante.

Pero tengo orden de que al salir...

No habría debido. Los despachos están cerrados.

Lo malo es que he dado a todos este teléfono.

Oiga, ¿y si llama

a casa de algún directivo?

No sé...

Soy conocido.

Podría llamar al presidente,

al señor Alberto.

Somos amigos, sólo que

esta mañana me dijo que se iba a Toscana,

y no quiero molestarle allí.

Entonces...

Mire, haremos una cosa.

Dígale usted al presidente

que le he contado mi deber

y que usted asume la responsabilidad.

Sí, no se preocupe por eso.

Le diré que ha sido muy amable.

¿Qué quiere? Yo recibo órdenes

y, claro, yo no puedo saber quién es quién,

si no lo conozco. —Tiene razón.

Si quiere café, hay máquina. Son 50 liras.

Sí, gracias. Lo tomaré.

Si quiere estar más cómodo, venga, que le enseño.

Hay una salita.

—Pase. —Gracias.

Podrá descansar.

Si junta los dos sillones puede apoyar los pies.

Los empleados lo hacen.

—¿Y el teléfono? —Aquí hay uno.

Marca el cero y llama al exterior.

Si le llaman a usted

se lo diré al guarda y se la pasarán.

Bien.

Entonces,

buenas noches. —Adiós.

Quedamos de acuerdo, se lo explica usted.

Desde luego.

¿Es papá?

Tiene unos ojos preciosos.

Debo reconocer que no es usted nada convencional.

No soporto la estupidez de ciertos preámbulos.

¿Siempre es así?

¿Así, cómo?

Así de decidida.

Sólo me fastidiaba un poco toda su seguridad.

¿Y ahora?

Sabrá que si estamos aquí

es porque ambos queremos lo mismo.

La diferencia entre usted y yo

es que ahora somos algo distintos.

Yo tuve miedo de que ese momento fuera el último.

Es increíble cómo se piensan tantas cosas entonces.

Tantas cosas, todas juntas en tan poco tiempo.

Lo recuerdas todo.

Recordé incluso mi infancia.

Se ven

momentos muy lejanos que no se recordaban.

Rostros de personas

olvidadas.

Es una sensación de nostalgia

por muchas cosas descuidadas.

Se nos aparece la vida entera en esos momentos,

para ser juzgada por nosotros,

los responsables de cómo la vivimos.

Lo mejor es que ahí no hay excusas ni justificaciones.

Estamos obligados a dar un juicio exacto.

¿Diga?

¿Quién? ¿Mi hija?

Pero si no...

Sí, claro, que suba.

—Hola. —¿Qué haces aquí?

Llamaron del despacho. Dijeron que pasarías la noche

y mamá me manda con unas cuantas cosas.

¿Quién ha llamado?

No lo sé,

han hablado con mamá.

¡Serán idiotas!

¿Quién les ha dado permiso?

¿Y quién dice que paso aquí la noche?

El abogado, me parece.

—Si no ha pasado nada. —Llama a mamá.

Que se quede tranquila.

¡Te digo que no ha pasado nada!

Baja y mira cómo está mi coche.

¡Como si hubiera pasado una desgracia!

¿Qué creen estos mentecatos que he hecho?

¿Por qué antes de telefonear a casa no han venido

a hacerse cargo de la situación?

Abogado Zanelli. Sí, soy yo.

¿Ha dado señales de vida el abogado Sartía?

Ya entiendo. ¿Se sabe algo del herido?

No, a mí no.

¿Por qué, algo grave?

Sí, me hago cargo.

Muy bien, gracias.

Buenas noches.

¿Puede llamar al hospital?

Si es tan amable.

Mire, señorita.

Quisiera hablar con el médico de Urgencias.

Ha salido ya.

Le paso con su compañero, el doctor Mancinelli.

—¿De parte de quién? —Soy el abogado Zanelli.

Quería saber cómo estaba un enfermo,

un obrero

atropellado por un cliente mío.

Ya, el 34.

Falleció hace poco.

¿Oiga?

¿Oiga?

¡Si por lo menos supiera cómo ha sido!

Es increíble.

No había nadie, no vi a nadie.

Es una desgracia.

Son cosas que pasan.

Pero nos parece imposible que nos pasen a nosotros.

A cualquiera le puede ocurrir.

Ya no nos damos cuenta de nada.

De cómo vivimos, de como nos portamos.

Sólo si nos ocurre algo grave,

entonces,

entonces...

¡Papá!

¿Diga?

Está aquí el señor Sartía.

Diga que ahora bajo.

—Buenos días. —Buenos días.

¡Qué habrá pensado anoche no viéndome aparecer!

Pero, verá, le confieso

que lo hice a propósito:

en estos casos es mejor que el primer contacto

lo tome alguien del sitio, ¿comprende?

Así, ha tenido que ocuparse el abogado Zanelli.

Buenos días.

—Buenos días. —Por aquí.

—Buenos días, abogado. —Buenos días.

Por favor, señorita.

Siéntense, siéntense.

¿Quieren algo? ¿Les pido un café?

—Sí, gracias. —¿Usted, señorita?

Sí, café.

Si fuera posible, quisiera refrescarme.

Y afeitarme.

—¿Maquinilla eléctrica? —Bien.

Daré orden.

Vamos a ver.

Lamento que en lo referente

a las causas de la muerte

no se puede hacer nada.

Por desgracia, resulta evidente

la complicación pulmonar por lesiones.

Además,

la policía ha interrogado a los testigos:

la señora que le acompañaba,

el compañero del atropellado

y uno que pasaba por casualidad.

Que no ha sido muy claro.

Prácticamente,

el obrero afirma que casi se le echa encima,

porque las obras no estaban señalizadas.

Pero es un testimonio que más que nada nos perjudica.

Aparte de que los obreros no estaban trabajando,

las señales no cuentan en un accidente mortal.

Con señales o no,

si la visibilidad no es buena,

se debe ir a una velocidad que permita frenar

ante una contigencia imprevista.

Porque, verá,

la ley argumenta lo siguiente:

si usted, por un camino, se encuentra de repente

con la catedral de Milán, ¿qué hace?

¿Se pregunta qué hace ahí y la embiste?

¿O primero se para y luego pide explicaciones?

Como verá,

el razonamiento es impecable.

—Pues yo no vi nada. —¡Por Dios!

¡No diga eso en la declaración!

Usted lo vio todo, el carrito y los obreros.

Tocó el claxon y se dispuso a adelantar,

ya que no venía nadie de frente.

Lo único que no se explica

es cómo se dio el golpe.

Y esa es una cuestión que resolveremos ahora.

Ya que apenas se rozó al carrito.

Tampoco las fotos aclaran nada.

¿Ya hay fotografías?

—¿Puedo verlas? —Por favor.

Quiero ver una cosa.

Pero en la declaración no hable de las fotos.

Con permiso. Buenos días.

Gracias.

—¿Está bien así? —Sí, déjelo.

Buenos días.

—¿Dos, señorita? —Gracias.

—Tenga, no he removido. —Gracias.

—¿Y usted? —Nada de azúcar.

—¿Y eso? —No puedo tomarla.

Tampoco debería tomar café,

pero si uno renuncia a todo...

Toqué el claxon.

De frente no venía nadie

y decidí adelantar.

A la que superaba el carrito

noté un golpe en la carrocería.

No pensaba haber dado un golpe al carrito.

Tampoco la señora que me acompañaba.

Ella dijo: "Habremos dado a una piedra con la rueda".

Así que no se dio cuenta de haberle dado un golpe.

No.

¿Por qué pararon, pues?

Pues no sé, más que nada por si acaso.

Ni siquiera me volví a mirar el carrito,

Ni se me ocurrió.

Sólo eché un vistazo a la carrocería.

¿No miró si había algo raro en la carretera?

No se preguntó: "El carrito y los hombres

¿dónde están?"

A decir verdad, hay una ligera curva.

Desde donde paramos ya no se veía el carrito.

De hecho, retrocedí para verlo.

Entonces, tenía dudas.

No, fue sólo por curiosidad.

Entonces, ¿no se explica Vd. cómo se produjo el golpe?

A decir verdad, no.

A decir verdad, claro: para eso estamos aquí.

Escribe:

Pregunta:

Según usted,

¿cómo se produjo el golpe con el carrito?

—Buenos días. —Buenos días.

Hola.

¿Cómo estás?

¿Qué han dicho?

—¿Quiénes? —En Frankfurt.

Que lo sentían.

Que lo sentían. Algo es algo.

Es su señora.

Dígale que iré pronto a casa.

¡Cariño!

¡Lo siento!

Lo siento.

¿Y la niña?

Son más de las dos. En el colegio.

—¿Y tú, has comido? —No.

—Al menos, algo caliente. —Da igual.

Te preparo algo rápido.

Siéntate un rato.

¿Tienes que volver?

No, hoy me quedo aquí.

Escuche, Costa. Es el abogado de Milán,

por el accidente de Stucchi.

Aquí no se trata de culpa.

Es una desgracia, no ha lugar a hablar de responsabilidad.

Lo que yo quisiera saber

es qué tipo era, qué hacía.

Porque yo le conocía, pero no demasiado bien.

Usted trabajaba con él, iban a divertirse juntos.

No era de los nuestros.

Sí, pero se veían bastante, ¿no?

De vez en cuando.

Por ejemplo,

si le preguntara:

Según usted, ¿qué vida llevaba Stucchi?

No sé: de día trabajaba...

Por cierto, le dio ese puesto el Ayuntamiento

por ser inválido de guerra.

A lo que íbamos: trabajaba a diario

y luego, ¿volvía a casa a cultivar su huerto

o le gustaba pasarse por la taberna?

Huerto no tenía.

Si, bueno, ya.

¿No ha pasado nunca

que volviera a casa un poco alegre?

Sí, a menudo: ya sabe lo que pasa.

Pero, entonces,

tampoco entregaba mucho dinero en casa, ¿no?

Sé que la mujer se desesperaba un poco,

tanto que alguien ha llegado a decir

que para la pobre ha sido una liberación.

Puede que sí.

Con eso basta.

Usted, señora,

es el único testigo presencial del siniestro,

además del compañero del atropellado,

que está a favor de la víctima.

Así que debemos confiar al máximo en usted.

Lo que esté en mi mano...

En el momento del accidente,

cuando dio marcha atrás para cargar al herido,

notaría que el carrito derribado

estaba a pocos metros de una entrada

que da acceso a los campos desde la carretera.

Pues no me fijé. En esos momentos...

Comprendo. Tiene toda la razón.

Pero pensaba

que mientras los demás levantaban al herido,

usted pudo reparar en ese camino de campo.

también porque, fugazmente,

se habrá preguntado

si no llevaría a una casa de campo,

donde socorrerían al herido,

cuyo estado tampoco juzgaban tan preocupante.

Pero lo importante, señora,

es que entonces, sobre todo usted,

que llevaría zapatos de tacón, supongo...

—No, botas. —Es igual.

Notaría bajo sus pies

la incomodidad de fragmentos de hielo

en el asfalto,

que por el frío se habrían endurecido tanto

como para convertirse en piedras.

El golpe que notamos en el coche parecía de piedra.

Como cuando una rueda pilla una piedra.

Sí, pero eso no tiene nada que ver,

es otra cosa.

En cambio, lo importante, señora,

es que en el juicio recuerde

el acceso que llevaba a los campos

y la molestia que sintió bajo los pies

al andar sobre el asfalto cubierto

de trocitos de hielo.

¿Entendido? —Entendido.

Hace más de un mes que no nos vemos.

¿Y no me pregunta qué he hecho?

¿No le gustaría saberlo?

Si quiere... Soy bastante curioso.

Había poco trabajo, la agencia no me llamaba

y me he tomado vacaciones.

En la montaña. Sola.

¿Por qué subraya eso? Yo no le he preguntado nada.

Bien, no hablemos de ello.

Se ha dejado barba. —Para cambiar.

Le queda bien.

¿Aún come solo?

—Yo, sí. ¿Y usted? —También.

—Puedo invitarla a comer. —Bien.

—Tenga. —Gracias.

De nada.

Habría sido más bonito en la buhardilla.

¿No le queda buen vino que ofrecer a los amigos?

El vino se acabó.

Y ya no está la buhardilla.

¿Y eso?

Se la he pasado a unos amigos.

Lástima, me habría gustado volver.

No me decido a llevarme esto.

Los nuevos inquilinos se quejan.

¿Por qué la ha dejado?

Ya no la necesitaba.

¿Ya no pinta?

Me parece anticuado pintar para decir cosas.

También estos carteles publicitarios dicen cosas.

Al menos dan dinero.

Tenía razón: es desolador.

Y son las mismas paredes.

Las paredes se vengan.

Y esto, ¿qué es?

Santos "beat".

Cosas para vender.

Una idea de los nuevos inquilinos.

Como santos, no los quiere nadie.

Pero así se venden mucho.

Los pintores siguen pintando santos,

y por dinero.

Pues no me esperaba esta llamada,

Y menos, a estas horas.

Estaba durmiendo.

Las ventajas de trabajar poco.

¿Esta noche?

Pues no.

Sí, he quedado.

No, mañana tampoco.

Si tienes algo que decir, te escucho.

Entiendo.

Muy bien, quedamos a las dos.

El tiempo de un café.

¿Qué?

Anoche,

con ese tipo.

¿Y por qué él?

¿Te fastidia que sea empleado tuyo

o son celos?

Ni lo uno ni lo otro.

Sólo quería saber si es algo serio.

Si lo fuera, ¿te molestaría?

Al contrario.

Preferiría a uno que te quisiera,

y no así, sólo

por diversión.

Como contigo.

¿Tú qué sabes?

Sólo pensabas en juzgarme, en criticarme,

y quizá no hayas entendido nada.

No termina porque me haya cansado de ti.

Quería que tú lo supieras.

Termina sólo porque tiene que terminar.

Es la última vez.

Yo descartaría el primero: parece un detergente.

La combinación blanco y azul no funciona.

Ni esos dos de ahí.

—¿Cuáles? —Ésos.

En mi opinión tienen pinta de ser

congelados.

Vamos a quitarlos, algo hay que descartar.

Llamó el señor Sartía: que le llames.

Quisiera ver esos dos.

—¿Ésos? —Sí, ésos.

Un momento, tengo algo que decir.

Aparte de que la primera

es carne en lata,

y no es eso lo que queremos vender,

ésta son nada menos que cabezas de pescado.

Así que fuera.

Le buscaba para decirle algo muy importante.

Y éstos, ¿que les parecen?

Demasiados colorines, creo yo.

Son algo "beat".

¿Hay novedades?

Han fijado la fecha del juicio.

Y esas dos de atrás, ¿qué?

Sí, son interesantes.

Pero quedan muy "vieja América".

Pues fuera.

—¿Y para cuándo es? —Dentro de doce días.

De estas tres, yo quitaría la última,

la menos eficaz, creo,

y dejaría

estas dos como alternativa para el cliente.

Ambas son igual de interesantes.

En nuestras condiciones, si fuera mal,

en el peor de los casos,

¿qué consecuencias tendría?

La pena máxima es de tres años,

pero casi nunca se aplica.

Pero habría que modificar los diseños.

¿Cómo?

Hay que cambiar el envase por los elegidos,

y las fotos.

El cliente lo entenderá.

No podemos pretender que adivine lo que queremos.

Así que debemos volver a hacerlo...

¿Cómo, volver a hacerlo?

—Todo. —¿Y en cuánto tiempo?

¿Cuánto?

Entre unas cosas y otras harán falta quince días.

¿Cómo quince días? Tenemos un compromiso con el cliente.

No nos preocupemos de eso. La campaña es importante.

La que da la cara luego soy yo.

Pues por una vez la daré yo.

Quería saber en qué punto están

y si han surgido dificultades.

No, no hay dificultades,

sólo algunos detalles que hay que precisar.

Y supongo que eso implicará un retraso.

Como mucho, tres semanas.

¿El cliente está de acuerdo?

El cliente estará de acuerdo,

es en su interés.

¿Y usted ya ha solucionado lo del accidente?

Aún no.

Pero ya está fijada la fecha del juicio.

Espero que coincidan ambas fechas.

¿Es decir?

Que una vez resuelto su caso

se aclaren esos detalles de la campaña.

¿Me entiende ahora?

Lo entiendo. Gracias por sus buenos deseos.

¿Qué tal?

Bien.

Me apetecía ver a la gente.

Además, ahora hace buen tiempo.

Y hemos aprovechado.

¿Han vuelto a la ciudad? ¿También la señora?

Hace un par de días.

Había bajado para un chequeo

y nos hemos quedado.

¿Y cómo está?

Bien.

De salud

no puedo quejarme.

Sólo que

me aburro mucho.

El problema es

que un hombre como yo,

que siempre ha trabajado,

al final no sabe hacer otra cosa.

Y por aquí, ¿qué tal?

Estamos terminando de preparar esa campaña,

la del producto de alimentación.

De todos modos, aún no sé

qué decidir.

Más adelante,

si tuviera que rendirme...

¿Qué haces levantado?

Arreglar algunas cosas.

Ahora voy.

Sabes que mañana tienes que madrugar.

Intenta descansar un poco.

Sí, lo sé.

No pienses más en ello.

Todo saldrá bien.

—¿Sabes en qué pensaba? —¿En qué?

Si mañana

se soluciona todo,

vuelvo a casa y nos vamos.

Nos vamos unos días a Toscana los tres.

La casa estará hecha un desastre.

¡Cómo la habrán dejado los obreros!

Ya nos arreglaremos.

Lo importante es pasar tiempo juntos

sin que tenga que esperar a jubilarme.

Así, al menos, antes de volver,

habré disfrutado de unos días con mi familia.

Me siento algo culpable hacia vosotras.

¿Qué dices?

Por todos los problemas y preocupaciones

que os he causado.

Debo haceros olvidar muchas cosas.

De verdad, Elena.

A quienes más nos quieren

les ofrecemos nuestras culpas

para obtener perdón.

Un accidente absurdo, que en la declaración

del acusado y de los testigos

no tiene explicación lógica.

Los datos disponibles

no arrojan una causa concreta,

una solución evidente.

Pero todo accidente tiene una causa concreta.

Si examinamos atentamente los elementos,

considerando hasta el menor detalle,

podremos reconstruir con cierta precisión

el accidente.

Elemento crucial: el estado de la carretera.

Como se ve en las fotografías,

y nos lo han confirmado los testigos,

pocos pasos antes de donde estaba el carrito

después del accidente,

y presumiblemente en el punto exacto

donde pudo ocurrir,

hay un acceso

para tractores que va de la carretera al campo.

La nieve acumulada en los bordes

tras despejar las carreteras

obstruyó también la entrada de esa vía.

Ninguna dificultad para el paso de los tractores,

pero los que venían del campo arrastraban

bloques de nieve al asfalto.

El intenso frío de aquellos días

convirtió esa nieve

en trocitos de hielo

duros como piedras.

¿Cuánto espacio habría

entre el coche y el carrito

al adelantar?

Cuando ambos vehículos estaban al mismo nivel,

¿a qué distancia estaban?

La ley exige un espacio razonable.

De 80 cm en adelante.

Para un adelantamiento normal debería haber un metro.

Entonces, ¿cómo se produjo el choque?

Intenten imaginar

qué pasaría si un trocito de hielo

se encontrara de repente bajo una rueda del carrito.

Y al tratarse de un vehículo de dos ruedas,

¿qué ocurre si bloqueamos una de las dos?

Que la otra, libre, sigue moviéndose

creando una desviación en sentido lateral.

Si tenemos en cuenta la distancia

que va de la rueda a la punta de la vara,

y son más de dos metros,

y medimos el desplazamiento

provocado por la rueda,

pero que repercutió en la parte de delante,

en la vara,

podemos constatar

que el desplazamiento supera el metro.

Ese metro prudencial

que el acusado había calculado

para adelantar con total tranquilidad.

Bastó, pues, que el extremo

de la vara

rozara el coche en movimiento

para provocar un desplazamiento

en sentido contrario del carrito.

Y por tanto la misma vara golpeó

al hombre que lo llevaba.

Todo accidente

tiene siempre una causa precisa.

Pero no podemos excluir la fatalidad,

la desgracia.

—Mamá, es Silvia. —Bien.

Hasta luego.

Bueno, yo me voy. Adiós.

Pasadlo bien. Saluda a tu madre.

—¿Cuándo vais a venir? —Pronto.

El desarrollo del arco es de 690 metros.

La altura máxima, 143 metros.

El largo de la parte superior, 538 metros.

La sagita del arco, 178.

El ancho en la base, 28.

Arriba, 16'50.

Una maqueta de madera, escala 1:66,

ha servido para los moldes...

¿Sientes que Doriana haya salido?

No, es normal. Tiene sus amigos.

Y nosotros aquí, como dos viejecitos.

viendo la tele.

Silvia me ha dicho que sus padres quieren vernos.

¿Los invitamos a cenar una noche?

Claro, estupendo.

Todo tiene que volver a ser normal, como antes.

La prueba de peso propio,

la prueba de fuerza hidrostática.

Así se representa el estado de tensión máxima.

Los cables llegan a tener 8 cm de grueso

y a pesar 30 kilos por metro.

El teleférico transporta 50 toneladas por hora.

UN CIERTO DÍA

Subs. por David (2010)

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