Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Polish
Portuguese (Brazil)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
En el año 1907, el barco de vapor del gran Río Congo llegaba
hasta N'zem, el último puerto de la civilización.
Jack, ¿cómo se te ha ocurrido poner a estos dos juntos? Sepáralos.
- ¿Sra. Burton? - Sí. ¿El Sr. Huysman?
- A su servicio. Bienvenida. - Gracias por venir a recibirme.
Recibí carta anunciando su llegada y diciendo que me ocupase
de enviarla a la misión de la Dra. Mary.
Nuestra misión ha requerido con frecuencia mis servicios, pero
esta vez el encargo es muy agradable.
Cuando dijeron que enviaban una enfermera, no me figuraba que...
¿Entonces ya ha hecho los preparativos?
Claro. Ya sé la importancia que tiene su labor.
En el Congo harían falta muchas más como usted.
Por desgracia, la Dra. Mary ya no está allí.
- ¿Le... ha pasado algo? - No. Durará más que la selva.
Es que ha habido una epidemia grave río arriba. Casi en las montañas.
- ¿Será posible que me reúna con ella? - Sabía que lo deseaba.
Me tomé la libertad de hacer los preparativos necesarios.
Todo es poco cuando se trata de hacer algo por la misión. ¿Nos vamos?
- El equipaje de la señora. - En cuanto termine con esto.
Lonni, la Sra. Burton. El Sr. Douglas, mi único socio.
El Sr. Dauglas va mañana río arriba. Él la dejará con la Dra. Mary.
¿Es usted la nueva ayudante de la Dra. Mary?
- Vaya sorpresa para África. - Listo, Sr. Lonni.
¡Arriba con ella!
¿Vendrá su marido a reunirse con usted donde está la Dra. Mary?
- No, claro que no. - Entonces siga mi consejo
- Y vuélvase a Leopoldville. - No puedes desanimarla.
La Sra. Burton ha recorrido miles de kilómetros. No se va a volver ahora.
¿Cuándo comprenderán los de la misión que lo que necesitan es un medico,
un hombre?
La Dra. Mary parece que no lo hace mal y es una mujer, ¿verdad?
- La Dra. Mary es un caso distinto. - ¿Cómo sabe que yo no lo soy?
No es de sabios juzgar por las apariencias.
Lo que me pregunto es por qué razón ha venido usted aquí.
¡Fuera de aquí!
Tapadle con unas mantas hasta que se le pase el sudor.
Si coge una pulmonía, se nos va la ganancia.
- Me apresuré en sacar el revólver. - No te preocupes. No ha pasado nada.
Si ese animal hubiese conseguido escapar sí hubiesen ocurrido cosas.
Un gorila vivo vale 5 ó 6 mil francos. Muerto no es más que una alfombra.
- ¿Y cuánto vale un ser humano? - No capturo seres humanos.
Eso se lo dejo al consejo de la misión.
Cuando termines la carga quisiera hablar contigo.
No le juzgue mal. Lleva un día agotador.
¿Me permite que la acompañe a su humilde morada?
- ¿Y bien? - No encontrarle, bwana.
Esto no es Leopoldville, en algún sitio ha de estar. Mira en el barco.
- Puedes ahorrarte el viaje, Jack. - Gracias, Sr. Lonni.
Te estuve esperando. ¿Dónde has estado?
Por ahí, paseando desde el ayuntamiento a la ópera.
- Pensando. - No te va eso de pensar.
Vamos, sírvete un trago.
¿Por qué no? El último.
- ¿Qué quieres decir con eso? - Que me voy a Leopoldville.
Y de allí, en el primer barco que salga a donde sea.
- ¿Te vas de África? - En botas de siete leguas.
Tenemos un pacto hecho. Somos socios.
- ¿Qué va a ser del oro? - ¿Qué oro?
Te desalientas fácilmente. No somos unos niños que sueñan con cuentos.
Sabemos que hay oro en esa comarca, en este viaje lo encontrarás, seguro.
Si tan seguro estás, ¿por qué no vas tú mismo y lo traes?
¿Yo? Fracasaría. Por eso hicimos nuestro convenio.
Un comerciante y un hombre nacido en la selva que conoce cada árbol
- Y cada piedra... - ¿Y qué beneficios he obtenido?
Enviara fieras a los zoológicos para que las vean los niños.
Los animales son mal negocio. Apenas cubren los gastos.
- Pero después de este viaje... - No habrá ningún viaje.
Te voy a dejar con tus fantasías. Y dejaré en paz a las fieras.
Llevo aquí tanto tiempo que ya he empezado a portarme como una.
Me voy antes de que ande a cuatro patas.
Sé razonable. Conoces los rumores de que el gobierno belga se va a hacer
cargo de la situación. Eso quiere decir ley y orden.
El estado libre del Congo no se creará.
Será el fin para los hombres de iniciativa como nosotros.
- Nos quedan pocos meses. - ¿Cuánto dinero tenemos guardado?
2.000 francos y cuando nos paguen este viaje...
Me conformo con mis mil ahora mismo.
Un viaje más y podrás irte como un rey en lugar de como un aventurero.
Un aventurero puede llegar a ser rey en cualquier parte menos aquí.
¡No puedes abandonarlo todo por un momento de mal humor!
El dinero.
De acuerdo, Lonni.
- Pepitas, Lonni. - Eso puedo verlo.
Pepitas que no hay que arrancar de la tierra.
Se encuentran a puñados en los arroyos. Se tropieza con ellas
en las praderas de los elefantes. Oro puro. Purísimo. Digno de un rey.
- ¿De dónde has sacado eso? - Me lo dio un indígena antes de morir.
- ¿Cuándo? - Hace mucho tiempo.
- Siete años. - Y llevamos tres y medio de socios.
Sé lo que estás pensando. Pero has de comprender mi posición.
Toda mi vida está ligada a ese oro. No podía fiarme de nadie.
Si hubiese corrido la voz hubieran venido tras él miles de hombres.
Puede que vinieran a buscarlo, ¿pero dónde?
No creas que estuve ocioso estos siete años. No dejé de investigar.
Fui reuniendo datos. Rumores, leyendas, falsas verdades, verdades...
Finalmente vi que todo apuntaba a una misma dirección. Esta zona.
- Donde he estado estos últimos años. - En todas partes menos aquí.
- Donde vive la Dra. Mary. - Muy cerca del territorio Bakuba.
Si recelan que voy a ir por allí, terminaré insertado en una estaca.
Con este pretexto no, Lonni. Todos los indígenas te conocen.
Sus tambores avisarán que vas y el porqué. Acompañas a una enfermera
de la Dra. Mary. ¿Puede haber algo más inocente?
Es una oportunidad que nos depara el cielo.
Lonni, por favor... Adelante.
Ah, Sra. Burton, pase, por favor. Pase.
- ¿Puedo servirle en alguna cosa? - Sí, en una.
Con el jaleo de esta mañana parecen haberse olvidado de mi viaje.
¿Me va a llevar el Sr. Douglas y si lo va a hacer, cuándo?
Justamente estábamos hablando de ello.
¿Bien, Sr. Douglas?
Saldremos al amanecer. La acompañaré a su pabellón.
No será necesario.
África es más peligrosa cuanto más segura se la cree.
No debe andar sola a estas horas de la noche.
- Trataré de recordarlo. - ¿Nos vamos?
Antes de empezar el viaje quiero advertirle una cosa.
No me gusta sentirme protegida.
Parece creer que vine a África como Alicia al país de las maravillas.
Como una niña que tropieza en la oscuridad.
Un defecto mío es llegar a conclusiones prematuras.
Estoy bien preparada para mi labor. Soy enfermera diplomada. Y buena.
Además sé respecto a África Central tanto como cualquier extranjero.
He leído todos los libros que he encontrado. He estudiado el idioma.
¿Cuál de los 2.068 dialectos es el que domina?
- La lengua básica, el swahili. - Ese lo dejó río abajo.
- Aquí se habla el cheluba. - Ya me haré comprender.
Estoy segura de hacerlo mucho mejor de lo que usted lo hizo esta mañana.
Aquí amanecer quiere decir exactamente eso. Buenas noches.
Quisiera hacerle una pregunta. Sobre una observación que hizo.
No me haga responsable de nada de lo que dije o hice esta mañana.
Se preguntaba por qué había venido yo aquí.
- Ganas de hablar. Olvídelo. - ¿Qué significaba?
Tenemos que emprender un viaje muy largo y quiero hacerlo en armonía.
Insisto en querer saberlo.
Para poder contestar tendría que hacerle otra pregunta.
¿Por qué no ha venido su marido con usted?
Mi marido ha muerto. ¿Queda contestada su pregunta?
Es duro admitir que una mujer bonita
se entierre en la selva por amor a la humanidad.
Por amor a un hombre, quizá. O a la memoria de un hombre.
Buenas noches.
- Jack, ¿qué ocurre? - No queda sitio en la barca, señor.
- ¿Cuánto hay que dejar? - El peso de una jirafa pequeña.
Desembárcalo.
Llevamos exceso de carga. Debemos llevar aquí esa caja.
- ¿Los libros de rezo? - Todo lo demás es imprescindible.
- Incluyendo ese coñac, supongo. - Incluyendo ese coñac.
He traído estos libros de América para la Dra. Mary.
El consejo de la misión los hizo traducir al idioma indígena.
De poco nos van a servir si nos hundimos.
Pero si tan importantes son, podemos dejar otra cosa de peso equivalente.
- Uno de esos baúles, por ejemplo. - ¡Pero si son mis ropas!
¿Por qué se decide? Por la enfermera mejor vestida de África
o por esos libros de rezos en cheluba?
- Llevaré un solo baúl. - Le guardaré el otro en mi almacén.
Gracias, pero se me ha ocurrido una idea más práctica.
Venid. Venid por estas ropas. Os las regalo.
Esto es muy bonito. Para ti.
Vamos, vamos, venid. No os asustéis. Lleváoslas.
Todas son para vosotras.
¿Y bien?
- Jack, carga los libros. - Sí, bwana.
- Adiós, Sr. Huysman. - Adiós.
- ¿Comprende mi amo lo que cantan? - Claro que sí.
Si la broma es a mi costa, tengo la desventaja de no entenderlos.
Cantan en loor de la dama que dio a sus mujeres tan bonita ropa.
También dicen que es usted más bonita que la Dra. Mary.
La Dra. Mary tiene 68 años.
¿Hablaba de eso los libros que ha leído?
Pescadores de la tribu Uan.
Aquí tenemos que descargarlo todo y seguir por tierra hasta donde el río
vuelva a estar tranquilo. Las canoas nos las darán los "Cabezas largas".
Déjame ver qué tienes. Será sólo un momento.
Dice que gracias, pero que prefiere que le cure la Dra. Mary.
La choza del jefe. Esa ceremonia es porque alguien se está muriendo.
Al parecer está enferma una de las esposas del jefe.
El brujo de la tribu ha diagnosticado que tiene demonios en la cabeza.
Siguiendo la terapéutica africana quiere matar al paciente
para librar al poblado de los malos espíritus.
- ¡Eso es pura barbarie! - Así opina el jefe.
- Es su esposa predilecta. - Dígale que me deje verla.
- Sería más prudente no hacerlo. - ¿Por qué?
A los brujos no les gusta nada que otros intervengan en sus curaciones.
Pero no podemos dejar que la asesine.
¿O aquí se puede?
Pregunta si la magia de usted es tan poderosa como la de la Dra. Mary.
Dígale que también estudié en un hospital de blancos.
Y que sé la misma medicina que la Dra. Mary.
Quieta, quieta, no te voy a hacer daño. No tengas miedo.
Calma, no te haré ningún daño.
Es una infección de la glándula linfática debido a un flemón.
Si no se le extrae el diente pronto, puede morir.
- ¿Qué piensa hacer? - ¿Tiene alicates en sus herramientas?
- ¿También sabe sacar dientes? - Sí.
Con un trozo de cordón atado al pomo de una puerta.
Yo tenía nueve años.
Celos profesionales. Se pasa la vida creándose una reputación
y usted la echa por tierra con un par de alicates.
Lo raro es que sus pacientes no mueran de susto al ver su aspecto.
Pues es su traje de los domingos. Debería verle de hombre leopardo.
Cuando se dispone a realizar operaciones más grandes.
Como asesinato.
Ha causado muy buena impresión al jefe.
El cuerpo de baile local va a interpretar la gran distracción.
Jack, es mejor que vayas a dormir.
Di a Damu que vigile fuera de la tienda de la señora.
¿No cree excesivas tantas precauciones?
Es mi costumbre. Desde niño me ha gustado ser precavido.
Siendo así, también usted necesitará vigilancia.
- Yo no extraje ningún diente. - Buenas noches.
A propósito, por la mañana no se ponga muy deprisa las botas.
- Conviene sacudirlas antes. - Sí, lo sé. Las niguas.
Dejan sus crías entre los dedos de los pies.
No son mayores que una pestaña pero su picadura es mortal.
También lo leí en los libros. Buenas noches.
¡Cuidado!
Nuestro amigo, el brujo. Una gran incisión.
Buen cirujano, pero sin escrúpulos. ¿Se encuentra bien?
Creo que sí.
De haber acertado, hubiera dicho que su magia la habría matado.
- Hubiera impresionado a la tribu. - Comprendo que la hubiera hecho.
Esto es un ejemplo de lo que puede esperar aquí.
Creerá que saldré huyendo porque un brujo idiota ha intentado matarme.
- No sería mala razón. - No he venido de excursión.
Sí, ya me he creado un enemigo, pero también he hecho amigos.
Y sigue viva una mujer que hubiera muerto por una bárbara superstición.
Tal vez para usted no signifique mucho pero para mí sí.
Es el principio, el comienzo. Y quiero que sepa que soy muy capaz
de enfrentarme a cualquier cosa que se me pueda presentar.
Bien, esta noche no tendrá que enfrentarse con nada más.
Yo mismo haré la guardia. Buenas noches.
Mire. El final de su viaje. Justo en aquella revuelta.
- ¿Qué ocurre? - Quiere que nos demos prisa.
La Dra. Mary está muy enferma.
- ¿Tuvo las fiebres? - Sí, bwana.
Fue una gran mujer.
La más grande.
No tenía mucha impedimenta, ¿verdad?
No. Era mujer que gustaba de viajar con pocas cosas.
Un par de rifles, varias medicinas, la Biblia...
y un gran corazón que pertenecía a todos.
En cuanto volvamos, enviaré sus cosas a la misión.
Debe tener algún pariente en los Estados Unidos.
¿Qué va a pasar ahora?
Supongo que la delegación de Leopoldville la destinará a otra parte.
No. Me refiero a aquí.
Dentro de poco la selva habrá invadido todo esto.
- ¿Pero y los enfermos? - Utembo hará por ellos lo que pueda.
Si él consigue curarlos, volverán a sus tribus. Y si no...
Qué gran homenaje a la memoria de la Dra. Mary, ¿eh?
Señora, señora. Venga. Venga.
Todos los hijos de Adanza mueren al nacer.
Dra. Mary prometió que este viviría. Adanza lo desea muchísimo.
Ten esto. ¿Quiere encender un buen fuego?
Todo irá bien.
Dice que rezará una oración por la pequeña mamá.
- ¿La pequeña mamá? - La Dra. Mary era la gran mamá.
Usted la pequeña mamá.
Eso ha sido lo mejor que ha podido hacer usted en memoria de ella.
- Yo no puedo irme. - ¿Cómo?
- No puedo volver a N'zem ahora. - ¿Es que piensa quedarse?
- Durante algún tiempo sí. - ¿Qué cree que puede hacer aquí?
- No faltarán cosas que hacer. - Para un médico.
No para una enfermera con su título recién obtenido.
No presumo de eminencia médica por haber extraído un diente
y por haber ayudado a un parto
pero de algo serviré hasta que todos esos pobres se pongan buenos.
¿Sabe diagnosticar las enfermedades tropicales? ¿Puede operar?
Las fiebres de esta tierra no son la viruela. Hay que tener experiencia.
Lo sé. Mire. La Dra. Mary dejó ficha de todos sus tratamientos.
Haré todo lo que ella hubiese hecho. Utembo puede ayudarme.
Debo intentarlo. Trabajó con tanto interés...
Y eso la mató.
No puedo irme.
Como quiera. Allá usted. Dentro de un mes habrá dos cruces en la colina.
Será un chico muy hermoso.
Sí, y todos los enfermos mejoran, pequeña mamá.
Me alegro. Aquí tienes a tu hijo.
Le he traído sus cosas. ¿Dónde quiere que las ponga?
- ¿Se va usted? - Tengo mi trabajo.
Sí, es natural.
Aún puedo decir a los muchachos que vuelvan a embarcarlo todo.
Suponiendo que la luz del día haya conseguido que vea usted claro.
Que pongan ahí dentro mis cosas, por favor.
- ¿Qué te ocurre, Jack? - Aún me duele el pie, mamá.
- ¿Me curas? - Naturalmente. Siéntate ahí.
Pasadlo dentro.
Ahí debajo, por favor.
- ¿Dónde quiere poner el coñac? - En ningún sitio, gracias.
Lo traje para la Dra. Mary. Ella lo pidió, como medicina.
- También ahí. - No. Alejado de los libros de rezo.
Me parece que le debo una explicación.
Me lo había imaginado borracho dando tumbos por la selva.
A veces ha pasado.
- Bueno, adiós. - Adiós, Sr. Douglas.
- Gracias por traerme. - Quisiera volvérmela a llevar.
A propósito, me dice Utembo que no queda carne en la despensa.
La Dra. Mary acostumbraba a cazar gacelas, algún hipopótamo...
- En fin, lo que la selva le brindaba. - Los indígenas sabrán cazar.
Aquí sólo están los cojos, los enfermos, el bebé recién nacido
y no son guerreros.
- ¿Se le ocurre algo? - Sí, muchas cosas. Saldrá a cazar.
Lo que la selva me quiera brindar.
Mientras tanto hay algo que pueda hacer usted. Acabar de curarle.
Si no le molesta la indicación, creo que las municiones le vendrían bien.
Kapuka llevar arma.
¡Usted me dejó coger las municiones que no eran!
Después de esto recordará lo que dicen los libros.
La soberbia acarrea la destrucción y la ira precipita la ruina.
De momento yo me ocuparé del problema alimenticio. Vamos.
Olfatea algo.
- Joven Bakuba. - ¿Bakuba?
Una tribu de aquellas montañas. Tribu poco conocida.
- ¿No son amigos? - Es difícil decirlo.
Quien se acercó bastante para averiguarlo, jamás volvió.
¿No va a disparar? Sólo es un muchacho.
Es cosa ritual. Todo muchacho Bakuba ha de matar a un león.
No me agradecería que yo interviniera.
Deme su cinturón.
Haré una camilla.
- ¿Qué tal el paciente? - Las heridas son profundas.
Pero si no se infectan, dentro de un poco podrá volver a cazar.
Los bakuba no mueren fácilmente.
- ¿Cuándo se le podrá transportar? - No lo sé. ¿Por qué?
Podría esperarme unos cuantos días para llevarlo a su tribu.
¿No dijo que nadie había podido penetrar en territorio bakuba?
No creo que recibieran mal a quien llevase al hijo de un guerrero.
Incluso podrían agradecerlo.
Dije a Utembo que enviase un mensaje a los bakuba diciendo que teníamos
aquí al muchacho y que lo llevaríamos en cuanto pudiera moverse.
Me sorprende usted cada vez más. Creí que sólo pensaba en su trabajo.
No interprete mal mis razones. Es puro egoísmo.
Empiezo a sospechar que no es tan cínico como aparenta.
Procuraré poner peor cara. Buenas noches.
A propósito, todos me llaman Lonni.
Mi nombre es John, pero los indígenas no sabían pronunciarlo.
- Buenas noches, Lonni. - Buenas noches.
Pequeña mamá no está bwana. Ha ido al río.
- ¿La has dejado ir sola? - No pasa nada.
Pequeña mamá es cristiana.
El río es zona prohibida después de anochecer.
Todos los animales de la selva bajan a abrevar.
Perdone, ya sé que me lo advirtió. Pero deseaba tomar un poco el aire.
¿Ha dormido algo desde que llegamos?
No he tenido tiempo para sentirme cansada.
Nunca imaginé que un río pudiera ser tan hermoso.
Sí, es un gran río. "El regazo de Mungu", le llaman los indígenas.
El más grande de todos los dioses de la selva.
Mi padre decía que si Mungu se ponía de su parte
no habría nada en África que lo pudiera vencer.
- ¿Y se puso de su parte? - Siempre fue un cazador errante.
Al morir dejó una herencia muy particular. Un rifle,
dos monos, una jirafa tullida y un hijo de quince años.
- ¿Cómo se portó Mungo con el hijo? - Aún tengo el rifle.
- ¿Cuál es su mayor deseo? - Irme lejos de aquí.
Creo que si una persona pasa gran parte de su vida en un sitio
ésta acaba por darle como una sensación de pertenencia.
La selva jamás da nada de lo que tiene sin lucha.
Y esta es una lucha para perder.
¿En qué piensa ahora, en su mundo?
- ¿Por qué lo pregunta? - No sé. La luna, el río...
la sensación de no tener a nadie.
Lo natural en estos casos es tener compañía.
Sí.
- O pensar en ella. - Pensaba en mi marido.
- ¿Mucho tiempo de casada? - No llegó a un año.
Era médico. Le conocí en el hospital donde yo practicaba.
Tenía éxito en su profesión, pero
quería venir a África, donde sabía que más se le necesitaba.
Y un mal día ocurrió un accidente en el laboratorio.
Por eso vino usted sola.
¿Cuando usted haya llevado al herido a su tribu volverá aquí?
- Eso depende. - ¿De qué?
De que si aquí hay algo que me haga volver.
Me parece que va a ser mejor que nos vayamos.
Como quiera.
Ni usted ni yo debemos estar aquí. La vida es algo más que vivir.
Me marcharé dentro de algunas semanas, venga conmigo.
No, no puedo.
- Mucho debió de valer su marido. - Mucho.
- Si usted supiese como era... - Era el mejor. Pero ha muerto.
Tarde o temprano tendrá que darse cuenta de ello.
Compréndalo, Lonni, no puedo sentir de otra manera.
- Quisiera explicarle... - No hace falta explicar nada.
Lo único que desea es crear su propio mundo y compartirlo con un muerto.
Lástima que no haya medio de cazar espíritus.
- Ya no te necesitaré esta noche. - Bien, pequeña mamá.
Pequeña mamá, pequeña mamá, el muchacho bakuba.
- ¿Le ha pasado algo? - Algo va mal, pequeña mamá.
Llama al Sr. Lonni.
Tranquilízate, no es nada.
¡Está demasiado grave para que le mováis!
¡No os lo podéis llevar!
Se han llevado al muchacho. Debe detenerlos, puede morir.
Imposible en plena noche. Una pena, pero así es.
¡Lonni!
Qué viaje tan infame. No hemos parado ni de día ni de noche.
- ¿Por qué tanta prisa? - Tu mensaje.
El de los tambores, el mensaje que enviaste a los Bakuba.
Vaya buena suerte, tropezar con tan magnífico salvoconducto.
- ¿Está en condiciones de viajar? - Te daré malas noticias.
Ya emprendió el viaje. Se lo han llevado otros Bakuba.
¿Has dejado que te lo quiten de las manos?
- Debiste haberle vigilado. - Hay muchas cosas que debía hacer.
- Pero se ha ido. - Comprende mi desencanto.
Pero no es tan grave el daño.
Nunca pensamos que un muchacho Bakuba nos abriese el camino.
Ahora que no contamos con él, podemos volver a nuestro plan inicial.
Ahí está. Otra clase de salvoconducto. Vendí todo lo que tenía.
Es un arsenal. Con menos se conquistó el África occidental.
- ¿Quieres ir allí a tiros? - Preferiría ir con una rama de olivo.
Pero si no se puede...
- ¿Qué es eso? - Tambores Bakuba, señor.
¿Tambores Bakuba?
- Los tambores te hablan. - ¿A mí? ¿Qué dicen?
Pequeña Mamá, a territorio Bakuba. Ven, muchacho enfermo.
Muy grave debe de estar si han pensado en decirme que vaya.
- ¿Irás? - Sí, pero alguien ha de acompañarme.
- Yo, Pequeña Mamá. - Tú no puedes, Utembo.
Tienes que quedarte aquí a cuidar a los enfermos.
Haré que vayan contigo unos jóvenes.
- ¿Qué dicen ahora? - Siguen repitiendo lo mismo.
Le ruegan a ella que vaya para curar al muchacho.
Esto es magnífico. La suerte no nos abandona.
Perdemos un salvoconducto y encontramos otro.
Le daremos escolta. Iremos bajo los auspicios de la misión.
No sé. Son los Bakuba. Si vamos muchos pensarán que nos proponemos algo.
Si la cosa se tuerce siempre nos queda el arsenal.
No podemos buscar nada si tenemos que luchar para salvar la vida.
- Es un riesgo que hemos de correr. - No correremos ningún riesgo
- Si la acompaño yo solo. - ¿Solo?
Un hombre solo no es más que un simple guía.
Puedo ir viendo si hay oro por allí sin despertar sospechas.
Si lo encuentro te llamaré. Así todos juntos iremos sin dar pasos en falso.
No es mala idea, pero no olvides que la espera es dura para el impaciente.
Después de siete años, unos días más no agotarán tu paciencia.
Vamos, a desembarcar todo eso. Daos prisa.
Pequeña mamá, ninguno quiere ir.
Dicen que hay demonios en el territorio Bakuba.
Ya han oído los tambores. Los bakuba nos invitan a que vayamos.
- Tienen miedo. - Diles que no hay peligro.
Prueba de nuevo.
He oído los tambores. ¿Va usted a ir?
Los indígenas tienen miedo a acompañarme y yo no podría ir sola.
- ¿Cuándo estaría dispuesta para ir? - Ya lo estoy, pero...
- ¿Me acompaña? - Tiene que ir, ¿no?
A cumplir la gran misión de su vida.
Voy a preparar mis cosas.
Entramos en territorio Bakuba. Vamos.
Dicen que ellos llamaron sólo a la doctora blanca sin escolta armada.
Le he contestado que vine para protegerla en la selva.
Y que además necesitaba de alguien que hablase su idioma.
Al parecer ha quedado satisfecho.
- ¿Cómo está el muchacho? - El brujo dice que morirá.
Pero él le ha dicho al rey que la magia de usted es poderosa.
Dígale que haré todo lo que pueda.
Tendrá que hacer lo mejor que pueda. El herido es su hijo.
Los brujos han colaborado.
Gangrena.
- ¿Qué esperanzas hay? - Pues muy pocas.
A no ser que pudiese dilatar las venas para evitar la embolia.
- ¿Puede hacerse? - Con novocaína inyectada en vena.
O por baño en solución salina.
Haría falta un tubo de goma, un recipiente...
- No es posible. - No se desanime.
Lo del recipiente es sencillo. ¿Cualquier tubo vale?
- Sí, algo que esté hueco. - Iré a ver qué encuentro.
Ayuda exterior. Danzas mágicas para alejar los malos espíritus.
Ya funciona.
Si le suprimimos el dolor no tendrá tanto miedo.
En estos casos, el miedo es tan peligroso como la propia infección.
Ahora sí que van a ver verdadera magia.
Tenga. Bébalo. Versión indígena del café.
Procure dormir o pronto tendremos dos pacientes en vez de uno.
No puedo separarme de él ni un minuto.
Pregunta que si mejora su hijo.
Dígale que lo sabremos dentro de unas horas.
¿Qué ha dicho?
Que sabe que está haciendo cuanto puede por salvar la vida de su hijo.
Ha dicho que usted es la primera persona blanca que viene aquí
para ayudar a su pueblo.
Todos los demás vinieron a robar, a matar y a destruir.
Añadió que si todos los blancos fuesen como usted,
el territorio Bakuba se les abriría por completo.
¿Qué le ocurre?
Todo eso tuvo que habérselo dicho a la Dra. Mary, a cualquiera menos a mí.
Usted supo desde que me vio que yo no servía para esto.
La he visto actuar. Nadie lo hubiera hecho mejor.
¿Imagina que mi idea de la vida consistía en pasarla en chozas
junto a enfermos? Sólo de pensar que tuviera que pasar aquí
el resto de mis días empezaba a temblar.
Cuando me enamoré, lo tenía todo bien pensado.
Él iba a ser un eminente y joven doctor y yo su esposa.
Y entonces me habló de sus proyectos de venir a África.
Yo no creía que estuviera dispuesto a arruinar su porvenir, el nuestro,
por venir a ayudar a unos salvajes. Le dije que yo no vendría.
Por mí rechazó el nombramiento. Durante un año creí que todo iba bien.
Hasta la noche del accidente. Se moría y le tenía sin cuidado.
Allí comprendí mi error. Le vi apartado del ideal de su vida.
Y su vida estaba vacía. Intenté decirle que lo había comprendido,
que le acompañaría a cualquier parte si se ponía bien.
Pero ya era demasiado tarde para ambos.
Y usted quiso hacer lo que él hubiese hecho.
Así llegué aquí, pero ahora quisiera hacer algo
por primera vez en mi vida sin razón egoísta.
Quisiera servir de ayuda a alguien sin pensar en mí misma.
- Lo dice en serio, ¿verdad? - Claro que sí.
- ¿Qué ocurre? - Algo grave.
Convocan a consejo de guerra.
- Parece una herida de bala. - Lo es.
Nuestro avaro amigo es más impaciente de lo que yo creía.
¡Se refiere a nosotros!
Dice que hemos traído a los demás blancos.
- Que todo ha sido una trampa. - Eso es absurdo.
Vaya y hable con ellos. Insista en que no es verdad.
Ojalá pudiera. Pero yo sé que lo es.
Y hablando de trampas. Yo me he servido de usted desde que llegó.
No la llevé hasta la Dra. Mary por bondad de corazón.
Usted era una pantalla para que nadie descubriese que yo buscaba oro.
Acompañarla aquí fue por lo mismo.
He dicho que fue culpa mía, que usted no tuvo nada que ver.
También les he dicho que esos blancos obedecerían mis órdenes.
Que puedo hacer que se vayan y ahorrar vidas de sus guerreros.
Parece dispuesto a dejarme ir a parlamentar con ellos, pero...
Pero no se fía de usted.
El brujo de la tribu le ha dicho que ha hecho mal en confiar en nosotros.
Que usted ha inyectado demonios al herido y yo he traído a los blancos.
El jefe dice que si su hijo muere...
En fin, que quiere que me quede aquí como rehén.
Por si yo no vuelvo.
No tengo miedo.
Hola, Lonni, empezaba a pensar si te volvería a ver.
- Creí que habíamos hecho un trato. - Me fue imposible esperar más.
Como hacía tanto que te habías ido, pensé que te habría pasado algo.
El territorio es muy extenso.
- ¿Y bien? - Ni rastro de oro.
- ¿Estás seguro? - Lo he explorado palmo a palmo.
- ¿Qué me dices de este collar? - Que es precioso.
Pero que no ha salido de territorio Bakuba.
Qué descorazonador para un hombre ambicioso como yo.
¿Cómo te crees que me siento?
Pero no hay nada que hacer salvo recoger las cosas y volver a casa.
- Yo opino que hay algo. - ¿Y es?
Estás mintiendo.
Este lo encontré en tu baúl.
Ahora comprenderás que un descuido puede constituir un grandísimo error.
- ¿Dónde está el oro? - No lo sé.
He sido pobre tanto tiempo que estoy impaciente por ser rico.
He dicho la verdad.
La única verdad es que en estos momentos tengo ventaja sobre ti.
Vamos, traed cuerdas y unas estacas.
- Quiere hablar con usted. - Eso está mejor.
Me alegro de que hayas cambiado de opinión.
El egoísmo es mal negocio.
No seas tonto, vete antes de que nos entierren a todos.
Necesito que me des detalles, no consejos.
Hay allí más de 2.000 guerreros esperando. No tienes bastantes balas.
No te valdrá ese truco.
La única razón por la que estás aún vivo es que hice un trato con ellos
- Para darte tiempo a huir. - No dudo de que hayas hecho un trato,
pero un trato que no me incluía a mí.
Somos antiguos amigos y podemos repartir tal y como habíamos quedado.
- Sé razonable. - Ya te lo he dicho. No lo sé.
Llevo esperando este momento varios años. Ni tú,
ni los Bakuba ni nadie de esta tierra podrá detenerme.
He llegado al límite de mi paciencia. Te concedo 30 segundos.
Qué pena, pero voy a tener que disolver nuestra vieja sociedad.
¡Todos para allá! ¡Hay que salvar lo que se pueda!
¡Lo primero las armas, pronto!
- Larguémonos de aquí. - ¡Eh, volved aquí! ¡Volved!
- Sr. Lonni... - Jack...
¡Oh, Lonni! He roto el recipiente...
Ahora sí que no podremos hacer nada.
Según parece no va a hacer falta.
Te han ascendido. Desde ahora eres Gran Mamá.
Eso me hace muy feliz.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.