Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
SIMBAD La leyenda de los Siete Mares
Despertad, hermosuras. Levantaos y brillad.
Llega un nuevo día y en el mundo de los mortales reina la paz.
Pero eso no durará.
Mirad, fijaos bien.
Tiro de este diminuto hilo,
y todo su mundo se deshace en el caos.
¡Glorioso caos!
¿Acaso puede haber una ocasión mejor que ésta?
Un noble príncipe, un valioso tesoro...
y un malvado ladrón.
Esto va a ser divertido.
Cetus. Ya conoces tu misión.
Que dé comienzo el juego.
Señores, esto es lo que esperábamos.
El objeto más valioso del mundo va camino de Siracusa.
Es una lástima que no llegue allí.
Y después, a jubilarnos a las Fiji.
-¡Kale! -¡Sí señor!
¡Spike!
¡A enriquecernos!
¿Qué tal esa pirueta? Ha molado, ¿eh?
Le has echado teatro. Sólo un pelín.
¿Que le he echado teatro?
Con que yo le echo teatro, ¿eh?
Proteo.
Esto se pone interesante. ¿Cuánto tiempo hace?
Una eternidad.
-Aún luchas como una viejecita. -¿Simbad?
-¿Qué estás haciendo aquí? -Estoy trabajando.
¿Y tú?
¿Dónde has estado? ¿Qué ha sido de ti?
Ojalá pudiéramos charlar,
pero tengo cosas que hacer, sitios que ver, objetos que robar.
Simbad, quiero que me escuches.
Había oído hablar de él, pero nunca lo había visto.
El Libro de la Paz.
Mi misión es protegerlo hasta Siracusa.
¿Ah, sí? Escucha, lo siento en el alma, pero te van a despedir.
No hablas en serio. ¿Apareces después de diez años para robarme?
Ojalá no fuera a ti. Lo siento. De verdad.
-Pero... -Pero es a mí, Simbad.
Proteo, teníamos un saludo especial, palabras clave, un escondrijo secreto.
Era muy divertido, pero, éramos niños.
¡Éramos amigos! No vas a robar esto.
Al menos a mí.
Además, ¿qué vas a hacer con él?
El Libro nos protege a Las Doce Ciudades.
Pues por eso. lmagina cuánto vais a pagar por recuperarlo.
Te lo recordaré otra vez: hace años tú y yo éramos amigos.
Si aquello de verdad significó algo para ti, demuéstralo.
Es cierto. Eso fue hace muchos años.
Vamos, no te hagas el héroe, Proteo.
¿Quieres el Libro? Tendrás que matarme.
Pero qué...
Dioses.
Eso es Spike.
¡Te tengo!
Veo que estás ocupado, así que... hasta luego.
¡Espera! ¿Te vas sin más?
Sí.
¡Mi barco!
¡Atención! Apartaos. A cubierto.
Y ahora... listos para el sushi.
A ése súbele el sueldo.
¡Venga! ¡Vámonos!
-¡Quieto! ¡Tengo una idea! -¿Qué haces?
¡Eh! ¡Pulpo enano! ¡Ven aquí!
¡Corre!
¡Replegaos!
¡Agárralo!
¡Ya!
¡Venga!
-¿Y el plan? -¿Qué tal salvar el pellejo?
¡Agárrate!
Ten, te hará falta.
-¿Adónde vas? -¡A pescar!
lzquierda, derecha, izquierda.
¡Ya!
¿Todo bien?
Sí. Gracias por estar al quite.
Como en los viejos tiempos.
-¡Cuidado! -¡Cuidado!
Con lo prometedor que había empezado el día.
Y mira ahora.
Mi monstruo está muerto,
y sigo sin tener El Libro de la Paz.
Todo por tu culpa, Simbad.
-¿Y tú quién eres? -Eris, la diosa de la discordia.
Habrás visto mi imagen en los muros del templo.
¿Sabes? Ganas en persona.
Oye, volvamos a lo de mi monstruo.
De acuerdo, está bien. Oye, lo siento muchísimo.
De verdad te pido perdón de todo corazón.
¿De corazón? ¿Del tuyo?
Simbad, tú no tienes corazón.
Eso es lo que me gusta de ti.
Por eso dejaré que sigas con vida.
Pero hay una cosita que tienes que hacer por mí:
El Libro de la Paz. Tráemelo.
Claro. Hay un problemilla,
porque yo tenía mis planes. Pedir rescate, hacerme rico. Cosas mías.
Te conformas con muy poco, Simbad.
Róbalo para pedir un rescate...
y tendrás para vaguear en una playa desierta.
Róbalo para mí y podrás comprar la playa,
toda la isla y el mundo entero.
Me dejas vivir, me haces rico, me retiro al paraíso.
No veo inconveniente, pero cumple tu palabra.
Simbad, cuando una diosa da su palabra, es un compromiso eterno.
De acuerdo. Acepto.
Sabía que te convencería.
Bien, cuando hayas robado el Libro,
sigue la estrella que hay más allá del horizonte.
Así llegarás al Tártaro,
mi reino del caos.
El Tártaro. Te veré allí.
Será nuestra cita.
Bien, ¿por dónde íbamos?
Ah, sí. Te estabas quedando sin aire.
Reconozco que es mono.
Al igual que crédulo.
Cetus, buen trabajo.
¡Simbad, estás vivo!
¡Qué alegría verte! Paga. Está vivo.
¿Qué ha pasado ahí abajo?
-Si te lo contara, no te lo creerías. -lnténtalo.
De acuerdo. Escuchad.
He conocido a Eris, la diosa del caos.
Está coladita por mí, y me ha invitado a su mansión.
¡Te vas superando! ¿La diosa del caos? Eso me lo apunto.
¿Entonces ya está? ¿No hay libro? ¿Y ahora qué hacemos?
Paciencia, Rata. Al menos sabemos adónde va.
-¡Bien! ¡A toda vela a Siracusa! -¡A la orden, señor!
Desde que tengo uso de razón, he soñado con este momento.
El sagrado tesoro que nos ha protegido durante diez siglos...
está ahora en Siracusa.
¡Por El Libro de la Paz!
Y por vos, rey Dimas, y por el príncipe Proteo.
¡Dejad paso!
¿Lo veis? Esto es lo que ocurre cuando entras con educación.
-¿Qué está haciendo aquí? -Al menos no está por ahí robando.
Porque lo que vale la pena robar está aquí.
Te apuesto diez coronas a que os ordenan bajar las armas.
-De acuerdo, acepto. -Guardias, bajad las armas.
Diez años sin verte y ahora dos veces en el mismo día.
Me estás abrumando.
Así puedes agradecerme el haberte salvado otra vez.
Seguro que sabías que hay comida y bebida gratis.
¿Habéis oído, chicos? Comida y cerveza nos da su alteza.
Ven. Quiero presentarte a alguien.
A trabajar.
¿Armas?
Ahí está. Le he hablado mucho de ti.
Simbad, quiero presentarte a mi prometida,
la noble Marina, embajadora de Tracia.
De manera que éste es el famoso Simbad. Has sido el tema del día.
Primero intentas robar a Proteo y luego le salvas la vida.
¿Qué eres, pues? ¿Un héroe o un ladrón?
Simbad quería darme la oportunidad...
de agradecerle...
Ocho meses en el mar comiendo huevos y pepinillos.
No sabes lo que eso llega a afectar.
¡Ah! Será coser y cantar. Sólo son un puñado de guardias.
Olvídalo. Volvemos al barco.
¿Sin nada? El Libro es casi nuestro.
¿Qué? ¿Quién es? ¿Una antigua novia?
Creo que no es tan sencillo. Andando.
-Jed, recoge todo. -¿Qué? Pero si acabo de...
¡No puede ser tan fácil!
Míralo de este modo: ahora que Simbad se ha ido,
tu padre podrá relajarse y disfrutar de la velada.
En eso tienes razón.
lntenta no demostrarlo, pero está orgulloso de tener el Libro en Siracusa.
Lleva toda la vida esperando este día.
Y pronto será tu responsabilidad.
Nuestra responsabilidad.
-Qué maravilla. -Ya lo creo.
Mi padre pasó años preparándola para el Libro.
Hay guardias en todas las plantas. Mira hacia lo...
Hablabas del mar, ¿no?
Ojalá lo hubiera conocido.
Yo solía imaginar que navegaba más allá de Las Doce Ciudades...
y descubría el mundo.
Ah, míralo, Proteo. No te parece maravilloso.
Nuestro matrimonio se pactó hace años.
Todo el mundo lo da por sentado.
Pero la política no es razón para casarse.
Y no quiero que sigas adelante con esto por obligación.
Ahora soy yo quien te lo pide de corazón:
Marina, sé mi esposa.
-Proteo, yo... -¡Aquí estáis!
Creo que los delegados orientales quieren hacer un brindis.
Aunque no lo sé. Están haciendo no sé qué con las rodillas.
Marina, ejerce de embajadora.
Desde luego, Alteza.
¿Quién va?
¡Cómo me gustan los disfraces!
Todas las piezas comienzan a encajar.
Proteo. ¡El Libro!
¡Proteo! Menos mal.
¿Te das cuenta de la gravedad de la situación?
¿Te das cuenta de las veces que me han dicho eso hoy?
¡Has traicionado a Siracusa!
¡Oh, también tú!
¿Cómo robas el Libro sabiendo lo que significa?
Proteo, la cosa funciona así:
primero, yo cometo un delito, y luego tú me acusas.
¿Cómo explicas esto?
-Eris. -¿Qué?
-Eris. Es una trampa. -Simbad, piensa en lo que dices.
Créeme Proteo, el Libro está en el Tártaro.
-Habla con tu padre. Dile que yo no... -¡No depende de mi padre!
Los embajadores se han reunido para juzgarte.
Para, para, para. ¿Un juicio? Yo no he hecho nada.
Dejé el Libro en tu barco. Ésa fue la última vez que lo vi.
Estabas allí. Es la verdad.
-Me conoces. -¿Ah, sí?
Conocía a un niño.
¿Quién eres ahora, Simbad?
Mírame a los ojos y responde.
¿Has robado el Libro?
No.
Estamos hartos de tus mentiras.
Simbad, por última vez, ¡devuelve el Libro!
¿Cuántas veces tengo que decirlo? ¡No tengo El Libro!
De acuerdo, pues.
La Delegación de Las Doce Ciudades te declara culpable de traición,
y te condena a muerte. Lleváoslo.
Vamos. Es una broma, ¿no? ¿No os dais cuenta? ¡No he hecho nada!
¡Alto!
Apelo al derecho de sustitución. Yo ocuparé su lugar.
¡No!
Simbad dice que Eris cometió el robo, creo en su palabra.
-Dejad que vaya al Tártaro y lo recupere. -¿Qué?
¿Qué haces?
El Libro lo tiene Eris, según tú. Róbaselo. Eso es lo tuyo, ¿no?
-No quiero ser el responsable de tu vida. -Tú harías lo mismo por mí.
No, no lo haría.
Si permitimos que Simbad abandone la ciudad, no volverá.
-Hijo, atiende a razones. -No, padre, ahora hablaré yo.
Simbad quizá robara el Libro. O quizá diga la verdad y está en el Tártaro.
En cualquier caso, él es nuestra única esperanza.
Proteo, ¿eres consciente de que si Simbad no regresa...
serás ejecutado en su lugar?
Soy consciente.
Que así sea.
Simbad tiene diez días para devolver el Libro.
Liberadle.
Ah, y Simbad,
no te retrases.
¿Tienes idea de cómo llegar al Tártaro?
¿El Tártaro? No.
-Aquello es una muerte segura. -Y, ¿adónde vamos?
¡A las Fiji!
¿A las Fiji? ¿En esta época?
-Piensa en sus playas. -Son preciosas, si te gustan los mosquitos.
-Piensa en el sol. -Es la estación del monzón.
-Ah. Las mujeres. -Son caníbales, Simbad.
Exacto.
-Vamos, Kale. -Es tu amigo.
Estás hablando como mi madre.
-A Proteo no le pasará nada. -¿Estás seguro?
Tú y yo sabemos que Dimas no dejará que ejecuten a su único hijo.
-Así que, ¡huimos! -Nos jubilamos.
No necesitamos más robos. Tenemos suficiente.
Anda, pon rumbo a las Fiji.
Señores, ¡nos vamos a las Fiji!
Kale. El Libro... Proteo.
Fíjate en esto.
Es increíble. No, no puede ser auténtico.
Sería demasiado delica...
Eso ya es más normal.
Robado en Venecia.
En Pompeya.
-Y en un burdel de Siracusa. -Así es.
¿Qué estás haciendo aquí?
Comprobar que recuperas El Libro de la Paz.
O devolver tu cadáver, si fracasas.
-¿Ah, sí? ¿Y cómo piensas hacer eso? -Con todos los medios a mi alcance.
-¿Tienes tripulación? -No.
-¿Sabes ir al Tártaro? -No.
-¿Sabes navegar sola? -¡Sí!
¡Perfecto! Entonces pondré tu trasero en un bote...
y podrás remar hasta Siracusa.
Porque este barco va a las Fiji.
-¿Fiji? -Sí, señora.
No me equivocaba.
-¿Qué? -Simbad, no eres un hombre complicado.
Sólo basta con pensar en el acto más cobarde y ruin,
y seguro que lo acabas haciendo.
Oye, no es mi problema. No he robado el Libro.
Veo que no dejarás que nada te quite el sueño, ¿no?
Ni la siesta.
Porque no podría dejar de dar vueltas en la cama sabiendo que vivo...
gracias a que mi amigo morirá.
¡Yo no soy responsable de este lío!
¡Ni le pedí a Proteo que se jugara el cuello por mí!
Oye, está claro que no puedo apelar a tu honor.
Pero tengo otros métodos para convencerte.
¿Ah, sí?
-¿Y qué métodos son esos? -Pues hablar tu idioma.
Continúa.
Sí, esto servirá.
Pero no para ir en primera clase.
Verás,
nuestras instalaciones complacen los gustos más refinados.
Todas ellas con vistas al mar.
Lujosas estancias,
con tres tipos de comida al día: ¡pepinillos, huevos y pepinillos!
Ah, hola, Spike, ¿qué tal?
Te presento a tu nuevo compañero de camarote.
Aunque en realidad tú eres la nueva, porque la cama es suya.
Esperamos que tenga una grata estancia a bordo del Quimera.
Ah, si se te abraza a la pierna, es que le gustas.
Si crees que te...
¿Cómo conseguiría embarcar?
Señores. ¡Cambiamos el rumbo! Vamos al Tártaro.
¿Qué pasa con las Fiji?
-¿Adiós diversión? -¿Adiós playas?
-¡Rata! -Perdón, capitán.
-Pero, ¿ha dicho Tártaro? -Eso es.
¿Se trata del mismo Tártaro del que ningún marinero ha vuelto nunca?
¿El Tártaro de las almas en pena,
donde te rompen los huesos y te hacen picadillo?
No, Rata. Este es el Tártaro bueno, que está lleno de playas y cócteles.
El de las sombrillitas.
Solamente lo hago por el dinero.
Claro.
¿Cómo llegaremos allí?
Esa estrella es nuestro destino.
Vaya, nuestro ladronzuelo no piensa escapar.
Se ha empeñado en hacernos una visita.
Le recibiremos con música ambiental.
Sal, vamos, estás estupendo.
¡Más brío! ¡Jed, coge las pértigas!
¡Oh! Perdóneme, señorita.
Más brío, vamos.
¿Los Dientes del Dragón?
Eso es, signorina.
¡Solamente un loco osaría gobernar un barco a través de estas rocas!
¡Rata! Arría el trinquete.
Ah, discúlpeme, signorina.
-¿Sabes lo que ha...? -No es la primera vez que hago algo así.
No, no hay otro camino. Y sí, te permitiré...
que te quedes a una clase de náutica gratis.
-Yo... -Además,
un barco no es lugar adecuado para una mujer.
-¡Jin! ¡Cuidado con la mayor! -¡Sí, señor!
Mantenemos el rumbo.
¡Rocas! ¡A estribor de proa!
Tranquilos.
¿Qué es ese sonido?
¡Sirenas!
¡Soy vuestro, nenas!
Ven conmigo. Hablemos del amor.
Venid y amad... a Simbad.
¡Hombres!
¡Yo la vi primero!
¡Rodéales! ¡Venga!
¡Amore!
-Querida. -¡Rata!
Te quiero.
¡Spike! ¡Coge a Simbad!
¡Las cuchillas, Spike!
-Mi preciosa... -¡Despierta, mentecato!
-¿Qué ha pasado? -Simbad nos ha salvado.
No. Marina.
¿Nos ha salvado Marina?
Muchachos, espabilaos. Volved a la realidad. Cada uno a su puesto.
Aquí está mi héroe. Has sido muy valiente.
Sí. Buen perro.
¿No es lugar adecuado para una mujer?
¡Claro que no!
¡Mira mi barco! ¡La baranda era de caoba tallada a mano!
¡Y esto! ¡Estas molduras procedían de Damasco!
¿Tienes idea de lo que me costó robar todo esto?
He ahí por qué las mujeres no deberían conducir.
¿Tú estás tonto o qué? ¡Te he salvado la vida!
No me habría pasado nada. Nunca me pasa nada.
Está bien.
Desagradecido. Es típico.
¡Y has levantado la pintura!
¡Aquí! ¡Y aquí! ¡Esto es más que un arañazo!
El perro, la tripulación, la mujer.
-¿Qué? -¡Gracias!
¡No hay de qué!
-¡No te preocupes! -¡No te molestes!
-¡Descuida! -¡Bien!
-¡Adiós! -¡Hasta nunca!
¿Qué? ¿Contento?
-Proteo, deprisa. -¿Qué?
Un barco espera en el puerto.
Una tripulación de mis hombres más leales te alejará de Siracusa.
¿Y la guardia de los embajadores?
Duermen o han sido sobornados. Pero debemos irnos ya.
¿lr adónde? ¿A pasar el resto de mi vida exiliado?
Pero estarás vivo.
No puedo permitir que pagues por los delitos de Simbad.
-Sé que Simbad tampoco. -¡Proteo, no seas ingenuo!
¡Simbad no tiene intención alguna de ir al Tártaro!
-El Simbad que conociste de niño... -Sigue estando en el hombre que es.
Lo he visto.
Vete, padre. Sé lo que hago.
Escuchad. Fondearemos aquí diez minutos. Si os perdéis, os dejaremos.
Los estragos que ha causado una sola mujer.
A ver, necesito el juego de escoplos,
la garlopa y una cuerda de madera cortada.
¡Bien, ya habéis oído al capitán! ¡Buscad troncos, rápido!
¡Ya está bien! Sólo hay que darle un poco de savia de árbol y quedará como nuevo.
Cuando quiera pedirte consejo, te lo...
¡Eh! ¿Adónde vas?
Vale. Bien. Al menos no vayas sola.
Ah, gracias.
Da gusto ver que aún hay hombres que no han olvidado las normas de cortesía.
Cortesía...
-¿Adónde vas? -Pero sabes que tiene razón.
-La savia es perfecta para... -Tú quédate en el barco.
¡Ya te di las gracias! De eso se trataba, ¿no?
Se trata de reparar tu barco. Cuando yo rompo algo, lo arreglo.
-Cuchillo, por favor. -Sí, claro, como que voy a darte un arma.
Gracias, Rata.
¿Sabes?, debes intentar ser un poco más cortés.
¡Y ahora una rata de bodega me va a enseñar educación!
-Lo cierto es que ella salvó el barco. -Gracias, Luca.
Y ahora nos ayuda a repararlo.
-Además es mañosa. -¡Y valiente!
Esta chica no sabe ni arreglar una uña rota.
Eres el hombre más grosero y testarudo que he conocido en mi vida.
Eh, señorita. Las de tu clase sólo se relacionan con niñatos.
Yo soy el único hombre que has conocido.
Ah, no.
Cinco coronas por Marina.
Eres un egocéntrico...
-Consentida... -...maleducado, pretencioso...
-...ilusa... -...pedante, egoísta...
-...arrogante... -...embustero, ingrato, repelente, antipático.
-Al menos no estoy reprimido. -¡Ahora verás lo reprimida que estoy!
¿Qué...?
Ponla en su sitio.
¡Corred! ¡Es un pez!
¡Salta!
-¡Kale! -¡Voy!
-¡Vira el timón! -¡La estrella!
¡Mantén el rumbo! ¡Rata, átalo!
¡Espera!
Simbad, los hombres no pueden aguantar más.
Yo tampoco aguantaré mucho más. ¡Corta el cabo!
-¡No, Spike! -Espera, por favor.
¡Eh! ¿De dónde sacó las zanahorias?
-Oye, ¿de quién fue esa idea? -No sé.
Pero me debe un almuerzo.
Las Puertas de Granito. Tú nunca creíste que llegaría tan lejos.
No, lo reconozco.
Pero Proteo sí.
Confía en ti, no me preguntes por qué.
Bueno, no sabe lo que hace.
¿Cómo os conocisteis?
Yo estaba huyendo, para variar.
Unos matones me habían acorralado fuera de los muros de su palacio.
No tenía escapatoria. Una espada en el cuello, otra en el pecho y otra en el...
¡Pepinillo con huevos!
Bueno, puedes imaginártelo.
Entonces, apareció una cuarta espada.
Era la de Proteo. Que lo había visto todo desde su ventana.
Sin dudar descendió por el mismo muro para pelear a mi lado.
Y qué manera de pelear. Ni que lo hubiéramos ensayado.
Fue mi mejor amigo desde entonces.
¿Y luego qué fue de vosotros?
¿Qué ocurre?
Cada uno siguió su camino.
Basta de charla. Empecemos a gritar.
Por todos los dioses. ¿Ahora qué?
Kale, ponte una camisa o le vas a sacar un ojo a alguien.
¡Señores, hay que bajar y romper el hielo! ¡No podemos parar!
Robaremos El Libro de la Paz.
Al trópico iremos cuando nos jubilemos.
Cuidado.
¡Todos al barco!
¡Vamos! ¡Más deprisa!
¡Coge el cabo!
¡Rata, la mano!
-¡Rata! ¡Que no se congelen las poleas! -¡Sí señor!
-¡Y Kale! -Sí.
-¿Me das un abrazo? -¿Eh? ¿Perdón?
¡Ella no vio el pájaro! Todo el mundo lo vio.
Era grande como un galeón.
Pero Marina... Marina miraba a otro lado.
Has venido a rescatarme.
Sí. Si quieres llamarlo de esa manera.
Pero te costará otro diamante. El rescate no se incluye en la clase turista.
-Dime, ¿cómo bajaremos? -No lo sé.
-¿Qué? -Aún no lo sé.
Lo estoy pensando, ¿vale?
Escalas una gigantesca torre de hielo, ¿y aún no sabes cómo descender?
Hay que ser desagradecida...
Oye, si quieres descender tú solita, por mí puedes empezar.
Bien, ¿con qué material contamos? ¿Con cuerdas?
-¿Garfios? -No.
¿Tus espadas?
Tengo esto.
¡Qué bien! Podrá usarlo de palillo cuando nos devore.
Ya. Mira. Esta daga, en manos expertas puede tener más de mil y un usos.
¡Corre!
¡Vamos! ¡Deprisa!
¡Vamos!
¡Lo hemos despistado!
-¡Creo que no! -¡Agáchate!
¡A la derecha!
¡Vamos!
¡Agárrate!
Bien. Aquí están.
Ya está. Justo como lo planeé.
¡Es Marina!
Creíamos que te habías ido para siempre.
Estoy bien. En serio,
pero me conmueve vuestro interés.
Gracias por ir a buscarme.
Bueno, no hay de qué.
El mar es lo tuyo.
Sí. La tierra firme no es para mí.
¿Y tú? ¿Prefieres el mar o la tierra?
Siempre me ha gustado el mar. lncluso llegué a soñar con vivir en él.
Pero aquello no pudo ser. Tengo responsabilidades en Siracusa.
-¿Has renunciado a tu sueño? -Sí.
He viajado por todo el mundo.
He visto cosas que nadie ha visto.
Pero no hay nada, nada comparable al mar abierto.
-¿Y es esto lo que siempre has querido? -Reconozco que no.
De jóvenes, Proteo y yo hablábamos de alistarnos en la Armada Real...
y servir a Siracusa codo con codo.
Pero, luego cada uno escogió un camino diferente.
Él es príncipe, y yo...
La verdad es que nunca le había envidiado.
Hasta que una mañana un barco atracó en el puerto.
En él llegaba su futuro.
Nunca había visto nada tan hermoso.
¿Qué traía aquel barco?
A ti.
Proteo te recibió en el muelle.
Y yo embarqué en cuanto pude y nunca miré atrás.
Hasta ahora.
Las puertas del Tártaro.
¡Rata! ¡Dime qué ves!
-Estamos muertos. -¿Qué ocurre?
¡Se acaba, capitán! ¡Es el fin del mundo!
Págame. Es plana.
-Ya está. Vámonos. -El capitán no ha dado ninguna orden.
Sigue la estrella que hay más allá... más allá del horizonte.
¡A sus puestos! ¡Soltad escotas! ¡Esperad a mi orden!
¡Ya! ¡Vamos!
¿Cómo vamos a salir de aquí?
Confía en mí. ¡Rata! ¡Apareja la mayor al trinquete!
¡Eso nos detendrá en seco!
-¡Tú hazlo! -A la orden, mi capitán.
-¡Aflojad las velas! -Sí, señor.
¡Cortad los balancines trinquete y mayor! ¡Vamos! ¡Vamos!
Lo tengo. Ya está.
¡La mesana hacia popa!
-Eso es una... -¡Locura, lo sé! ¡Rápido!
¡Trinquete a babor! ¡Lascad la mesana! ¡lzad todo el velamen de proa!
Sí, mi capitán.
¡Tirad!
¡Amarrad las velas! ¡Todos al centro del barco!
Y rezad a los dioses. Quizá pronto estemos con ellos.
¡Ésta es una muerte segura!
¡Resistid! ¡Agarrad ese cabo!
¡Vamos!
-Funciona. -Simbad... lo lograste.
¡Grum, todo a babor!
-¡Kale! -¡Señor!
Si no vuelvo, el barco es tuyo.
Señores, ha sido un placer robar con ustedes.
Yo voy contigo.
Y ahora no me digas que el Reino del Caos no es lugar para una mujer.
Yo jamás diría eso.
Lo siento, amigo. Esta vez no.
No, no, no, mis pequeñines. Así no se trata a nuestros invitados.
¿Sabes qué? Estoy empezando a alucinar.
Bravo.
Jamás ningún mortal había llegado al Tártaro.
Con vida, digo.
Poneos cómodos.
Gracias. Una mansión muy bonita.
¿Te gusta? Pretendo implantar en el mundo este estilo.
Vaya, no está del todo mal.
Bueno, te veo ocupada, así que, cogemos El Libro de la Paz y no molestamos más.
¿Por qué crees que está en mi poder?
Querías que me ejecutaran e hiciste que me acusaran del robo.
¿A ti?
¡A Proteo! Sabías que ocuparía mi lugar.
-¡Qué perspicaz es mi hombrecito! -Creías que yo huiría.
Entonces Proteo moriría y Siracusa quedaría sin...
Sin príncipe heredero legítimo al trono...
y a merced del glorioso caos.
Los humanos sois muy previsibles.
Proteo no pudo evitar ser noble y tú no pudiste evitar la traición.
¡Pero no traicioné a Proteo! Yo no escapé.
Por supuesto que le has traicionado. Le has robado a su único amor.
Mírala, Simbad.
Él aún no está en la tumba y tú ya estás seduciendo a su chica.
Acéptalo,
tu corazón es tan sucio como el mío.
¡Te equivocas con él!
-¡No, y él lo sabe! -No conoces su corazón.
Sí que lo conozco. Y lo que es más importante, él también.
En el fondo de tu corazón, sabes que Proteo morirá...
porque creyó ver algo en ti...
que en realidad no existe.
-No. -¿Quieres apostar?
Te propongo algo. Juguemos a un juego.
Verás, si tú ganas, te daré El Libro de la Paz.
Ahí está, noble héroe.
No tan deprisa. Mi juego tiene ciertas reglas.
Te plantearé una pregunta. Es muy sencilla.
Si contestas con sinceridad, el Libro es tuyo.
-Dame tu palabra. -¿Aún no confías en mí?
No.
¡Qué lástima de estos tiempos tan escépticos!
Ah, de acuerdo. Te doy mi palabra de diosa.
¿Te basta?
-Haz la pregunta. -Excelente.
Todos sabemos qué pasará si consigues El Libro de la Paz:
regresarás a Siracusa y salvarás a Proteo.
Pero si no consigues el Libro, tendrás que elegir:
zarpar hacia el paraíso con la mujer de tus sueños,
o regresar a Siracusa para morir.
Serás un héroe o un ladrón.
He aquí mi pregunta, Simbad: si no consigues el Libro,
¿volverás para morir?
Sí, volveré.
Mientes.
Perdona, Marina.
-Eris tiene razón. -No la tiene.
Tú contestaste y fuiste sincero.
No, no lo fui.
Pretendía hacerme pasar por quien no soy en realidad.
¡Yo he visto cómo eres! ¡Y no necesitas fingir!
¡Eris te ha engañado!
¿Por qué tiene que morir Proteo o tú o nadie?
-Marina... -¡No! Simbad, escapa.
Escapa lo más lejos que puedas. Yo volveré y lo explicaré todo.
No, Marina.
¡No soportaría verte morir!
Te quiero.
¿Amarías a un hombre que huye?
¿A que creías que no volvería?
La verdad es que... empezaba a dudarlo.
-¿El Libro? -He hecho lo que he podido.
No ha bastado.
No.
Lo que importa es que has vuelto.
¿Cómo iba a abandonarte, amigo mío?
¡Atrás!
¿Cómo te atreves?
Todo iba a la perfección...
¡y ahora haces esto!
Eris, no lo comprendo.
No te hagas el ingenuo.
A lo mejor puedes engañar a esta gente, pero yo sé cómo eres.
¡Eres mentiroso, falto de escrúpulos y egoísta!
Un momento. No te mentí. He vuelto.
Por eso estás aquí, es parte de la apuesta. ¡Te dije la verdad!
¿Y no hubo alguien que dijo algo de ''compromiso eterno''?
Eris, reconoce que te sientes un poco incómoda.
No tientes a la suerte, Simbad.
Eres mono, pero no tanto.
Y te salvas porque tengo más sitios adonde ir,
cosas que destruir y objetos que robar.
Ciao.
¿Sabes? Por lo menos te has ganado la confianza del consejo.
¿En serio?
Rey Dimas.
Eh, alto ahí. ¿Cuánto lleváis encima?
Te ofrezco la gratitud de Las Doce Ciudades...
y la disculpa de un rey.
No, en serio. ¿Cuánto?
Ven, habrá una gran fiesta.
Todos querrán escuchar el relato de tu viaje.
Mar en calma, buen tiempo. No hay mucho que contar.
¿Qué te pasa? ¿No es tan divertido cuándo te invitan?
No, es que he reservado una hamaca en las Fiji.
Que tengas buena travesía.
Y córtate ese pelo. No olvides que eres el futuro rey.
Otro día tranquilo y rutinario en Siracusa.
Un día estaba aquí con una mujer.
Ella miraba el mar y soñaba con navegar más allá del horizonte.
Le parecía maravilloso.
¿Y qué pasó con esa mujer?
Un día embarcó, surcó los mares...
y se enamoró.
Marina, escucha a tu corazón. El mío está aquí, en Siracusa.
¿El tuyo?
El tuyo zarpará con la próxima marea.
Capitán.
Listos para zarpar.
De acuerdo, Kale.
-Encárgate tú. -A la orden, mi capitán. ¡Soltad amarras!
-¡Rata! -¿Qué?
Perdón, capitán.
Tendrá que cambiar estas juntas del aparejo.
Hay que asegurar la mesana.
Esas juntas son del mar de Jazmín. Está en la otra punta del mundo.
¿Y a qué esperamos entonces?
Bueno, para llegar, hay que pasar el cubil de la hidra.
La guarida del minotauro. Y la del cíclope.
El puente de Swansea. Y el mar de la China.
Es una travesía muy larga.
Y muy, muy peligrosa.
Yo te protegeré. No tengas miedo.
¡Spike, estate quieto!
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.