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Original subtitles

(MUJER) Me acaban de secuestrar. Es un hombre.

(DANIEL) Es Sara Guzmán, la psiquiatra del hospital.

(VIDAL) Tenemos el momento donde la sacan del hospital.

Es Ginés Castillo. (CASAS) Tenemos la grabación

de las cámaras de seguridad.

Se le ve sacando a la doctora Guzmán del hospital.

(GINÉS) No sabía que era ella. Solo recibí la orden

de ir a recoger a una paciente y llevarla a la ambulancia.

(CASAS) Hemos localizado la empresa de ambulancias que recogió

a la psiquiatra. (VIDAL) La ambulancia llevaba

un sistema antirrobo que registra todos los lugares donde estuvo.

(JULLIARD) Han encontrado a Sara. (BELÉN) ¡A la ambulancia!

-Voy arrancando. (SOPHIE) Creo que aún respira.

Le vi la herida en la cabeza y no la moví.

-Sara. Eh, Sara.

(SOPHIE) ¿Han encontrado algo? (VIDAL) El asesino estaba aquí,

pero se ha escapado. (CASAS) ¿Novedades?

(SOPHIE) El secuestrador estaba aquí cuando encontramos a Sara.

Víctor le persiguió, pero se le escapó.

(CASAS) Es imposible, tenemos a Ginés Castillo detenido.

O el celador puede estar en dos sitios a la vez

o tenemos a un inocente encerrado. -O Ginés tiene un cómplice.

(ADELA) Permíteme un consejo: no digas nada que pueda perjudicarte.

(GINÉS) Creen que he matado a Isabel

y que he secuestrado a Sara y a Catherine. Es de locos.

Doña Adela, he cumplido con todo lo que me ha pedido

sin pedirle nada a cambio. Ahora le toca a usted.

-La hemos estabilizado. -¿Qué le han hecho?

-Hemos preferido inducirle el coma. -Quiero verla.

Eso es imposible, señor Montero. Su esposa ahora es un testigo clave

en la desaparición de Catherine y en el asesinato de Isabel Freire.

Les dejé hacer su trabajo, ahora haremos nosotros el nuestro.

¿Con quién se acostaba Isabel? -Lo siento, Enrique, no sé nada.

¿Por qué no nos contó que sabía que su mujer tenía un amante?

Hace cinco años me operaron de la rodilla

y me pusieron una prótesis que me da problemas,

he perdido el trabajo y mi mujer y yo

no teníamos relaciones desde hacía mucho tiempo.

-Isabel te quería. (MIGUEL) No le mentí.

Le dije siempre que lo nuestro nunca iría más allá.

(MIGUEL) Siento mucho lo que le ha pasado a Isabel.

Era una gran mujer. (ENRIQUE) Lo sé todo, hijo de puta,

y has tenido la desfachatez de darme el pésame.

-Yo no he tenido nada que ver con lo que le ha pasado a Isabel.

-¿Cómo quieres que te crea? ¡Te acostabas con ella y mentiste!

-Fue un error, nos equivocamos. -Le contaré a tu mujer la verdad.

-Enrique, no hagas tonterías.

¡Enrique!

(MIGUEL) ¿Por qué has tenido que estropearlo todo?

(VÍCTOR) Don Pedro, ¿qué le pasa? Don Pedro.

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Natalia, ¿has visto a Víctor? Tenía que traerme unos informes,

pero le estoy llamando y no consigo localizarle.

-Sí. Acaba de atender un aviso en la 108.

-¿En la habitación de don Pedro? -Sí.

¿Puedo ayudarte? -No.

No te preocupes, no es urgente. Gracias.

(JULLIARD) ¡Eh!

¿Se encuentra bien?

-Por favor, no me haga daño. No me pegue.

-No se preocupe, no le pasará nada.

Déjeme ayudarle.

Siéntese. ¿Qué ha pasado?

Cuidado. -Vino un médico.

Estaba muy enfadado. -¿Quién?

¿Quién? -No lo sé, no le veía la cara.

-¿Seguro que era un médico?

¿No sería un enfermero o un celador?

-No lo sé. -Ok. Lo siento.

¿Llamó usted a las enfermeras? -Sí.

-¿Y qué pasó?

¿Qué pasó?

Por favor, don Pedro, es muy importante.

Intente recordar.

-Vino un enfermero,

un chico que ya había venido.

(JULLIARD) Víctor. -Y ese animal salió del baño,

le agarró por detrás y empezaron a pelearse.

-Tranquilo. -El chico sangraba por la nariz.

-No se preocupe, ya ha pasado todo. -Por favor, no me deje solo.

No se vaya. -Ahora mismo vengo.

Ahora mismo.

(JULLIARD) Disculpa. ¿Has limpiado más manchas de sangre como esta?

-Sí. -¿Dónde?

-Delante del ascensor. -Gracias.

¡Mierda!

(JULLIARD) Víctor, ¿qué haces?

¿Aquí?

No sé. No sé qué hago aquí.

Víctor, tranquilo, ¿eh?

Escúchame.

Dame la mano, ¿vale?

Dame la mano.

Dijo que me tirase, que es lo mejor para todos.

(JULLIARD) ¿Quién te dijo eso?

¿Qué hago aquí?

Víctor.

Víctor, me reconoces, ¿verdad?

Soy Alain, tu compañero.

Víctor, mírame.

Víctor, mírame.

Mírame.

¡Mírame! ¡Víctor!

El brazo. Dame el otro brazo.

Suéltame, Alain. Suéltame.

No sueñes.

Somos compañeros. -Lo siento.

Lo siento.

Víctor.

Víctor, por favor.

Víctor. Víctor, despierta.

Despierta.

¡Mierda!

Marcos, ven conmigo, rápido.

-Tengo un paciente. ¿Qué pasa? -Déjale, esto es más importante.

¡Eh! -Ayudadme, por favor.

-¿Qué le pasa? -No sé, no reacciona. Víctor.

Hay que llevarlo abajo. -Hay que llamar a Casas.

-¿Qué ha dicho? (JULLIARD) Que le llevemos abajo.

Hay que llamar... (JULLIARD) Víctor, está bien.

Somos tus compañeros del hospital. Cogedle por el otro lado.

-Va. -Vamos.

(LIDIA) ¿Víctor? ¿Qué le ha pasado?

(BELÉN) Parece que le han atacado. -O que le han drogado.

-Deprisa.

-Una, dos y... -Con cuidado.

Con cuidado. Despacio.

-Eh, Víctor. (LIDIA) Quieto.

¿Qué ha pasado? (BELÉN) Luego te explicamos.

Tranquilo. (JULLIARD) Debemos tomarle

muestras de sangre y de orina. -Sí.

-Si le han dado alguna sustancia, es mejor hacerlo

antes de que desaparezca. -Vale.

-Lidia. -¿Sí?

-Sea quien sea el que le ha hecho esto

podría seguir en el hospital. Avise al comisario de policía.

-Enseguida, doctor.

-Lidia. -Lo siento, doctor,

ahora no puedo. Debo llamar a la Policía.

-¿Ha pasado algo? -Han atacado a un enfermero.

-¿Otra vez? -Puede que no tenga nada que ver.

-No, Lidia, no. Alguien quiere acabar con nosotros.

-Por Dios, no diga eso. -Tiempo al tiempo.

(Móvil)

Comisario Casas. -Comisario, soy Lidia Abad,

la jefe de enfermeras del policlínico.

Sé quién es, señora, dígame. -Tienen que venir en seguida,

han atacado a un enfermero. (CASAS) ¿A quién?

Víctor Cepeda, el nuevo.

¿Cómo se encuentra? (LIDIA) Aún no lo sé.

Le están reconociendo. -Gracias. Vamos para allá.

¿Qué sucede? -Han atacado a Víctor.

Que dos patrullas vengan al Montalbán conmigo.

(GORKA) ¿Cómo está? -Igual.

Deberías intentar descansar, Gorka. ¿Por qué no te echas un rato?

Si hay novedad, te aviso. -No, no quiero descansar.

-No es lo que quieras, es lo que necesites.

Cuando ella se despierte, tendrás que estar despejado.

Confía en mí. Yo te aviso.

Buscad a la enfermera jefe, Lidia Abad.

Que os diga quién pudo ver algo

e interrogad a todo el personal de esa planta.

¿Cómo está? -Está bien.

Está bien, no se preocupe.

(GIME)

(BELÉN) ¿Duele?

(VÍCTOR) Si te digo que no, ¿dejarás de disfrutar haciéndolo?

¿La tengo rota? -No, está todo bien.

Me hacía ilusión tener la nariz de un boxeador.

¿Dónde me encontraste? -En la azotea.

Fui a llamar por teléfono y estabas tirado en el suelo.

Al parecer, te subiste al borde y casi te tiras.

¿Y tú me salvaste? -No, yo no.

El doctor Juillard, así que dale las gracias a él.

Ah.

Víctor, parecía que ibas drogado.

(BELÉN) ¿Tomaste algo?

La doctora Yagüe desconfiando de mí.

Qué raro.

¿Qué hacías en la habitación de ese hombre?

¿De quién? -De don Pedro.

Estaba en el control y vi un aviso de esa habitación.

(VÍCTOR) ¿Don Pedro está bien? -Sí, está bien.

¿Qué pasó en esa habitación, Víctor?

No lo sé y es muy raro.

Tengo recuerdos confusos,

ni siquiera del momento en que empecé a caerte bien.

Una lástima.

Normalmente, los pacientes drogados son mucho más antipáticos

que en su estado normal. Eres la única excepción que conozco.

Es la primera vez que me sonríes.

Ya si consigo que salgas conmigo a tomar algo,

estoy dispuesto a recibir puñetazos cada día.

Venga, anda.

¿No te doy pena?

Aún no he firmado el alta.

Ya tienes un buen motivo para hacerlo.

Baja médica de dos días. -¿Cómo que baja?

No quiero la baja.

Se me hace raro escuchar eso,

aquí todos están deseando un par de días de descanso.

Será que no soy como todos.

Mantén reposo hasta esta noche y mañana no vengas a trabajar.

No. (BELÉN) ¿Cómo que no?

Soy tu médico, yo mando.

Llama a quien quieras y que te venga a buscar, ¿vale?

¿Y mi móvil?

¿Lo has visto por alguna parte? -No.

Te dejo. Mantén reposo.

¡Mierda, mierda!

¡Mierda, mierda!

Hasta luego.

¡Mierda, mierda!

¡Mierda!

Qué cagada. Qué cagada.

Pedí que le tomaran muestras de sangre para ver

qué droga usaron con él, porque, presumiblemente,

será la misma que usaron con Freire y con Guzmán.

¿La crees? -¿A la doctora Yagüe?

Eso y la casualidad de que estuviese en la azotea

en ese momento. -Dijo que subió

a hablar por teléfono. Es fácil comprobarlo

con la compañía telefónica. Pero no, no creo que mienta.

¿Por qué? -¿Por qué qué?

(CASAS) ¿Por qué no lo crees? -Bueno, que sepamos,

no tiene un móvil contra Catherine, tiene coartada

para la desaparición de Isabel y para la de Sara,

y Miguel también la tiene.

Ahora hasta que no tengamos un culpable claro,

todos son susceptibles de serlo. ¿Víctor, reconoció al atacante?

No lo creo. Le drogaron antes de poder ver a nadie.

¿Se sabe algo del CD de la terapia de Catherine?

Están recuperando los datos en París.

A este paso encontraremos antes a la chica.

Son los mejores en su especialidad.

No creo que nadie lo haga más rápido.

Comisario. -Muchas gracias por su colaboración,

doctor Juillard. Señora Valcárcel...

¿Me puede explicar qué está sucediendo?

Lo haría, si lo supiese. Lo único que tenemos claro

es que alguien intentó agredir a uno de sus pacientes,

al cual estamos trasladando a otro hospital.

¿Qué hospital? -Señora, lamentablemente,

eso ya no es de su incumbencia. Además, debería preocuparse más

por su enfermero, Víctor... -Víctor Cepeda.

Por suerte, se encuentra bien.

Así que una de mis enfermeras ha muerto,

una doctora ha desaparecido, otra trabajadora está en coma

y ahora se ha producido un ataque en una de mis habitaciones

y ustedes no hacen nada por evitarlo.

Voy a tener que contratar más vigilancia privada,

está claro que usted es un completo incompetente.

No le permito ese tono, señora Valcárcel.

Me da igual lo que me permita.

Encuentren al culpable ya.

(Móvil)

Comisaria, ¿dónde está?

Voy para allá.

Joder.

Comisario.

Vidal, ¿le importa dejarnos solos un momento?

Espera, espera.

Es importante. -Les va a encantar.

¿Qué sucede?

He perdido el móvil.

Con nuestros teléfonos, mensajes... Todo.

¿Cuándo fue eso? -Antes de que me atacasen lo tenía.

He buscado en la azotea, en la habitación de Don Pedro y...

Si alguien lo encuentra, puede poner en peligro

toda la investigación. -Comisaria, por favor.

Vidal, que triangulen la señal del teléfono.

Quizá encontremos dónde está y quién se lo ha llevado

antes de que sea demasiado tarde. -Esto es increíble.

¿Adónde va?

A avisar a Alain de que la misión está en peligro.

Joder. Mierda.

-La que hay montada ahí fuera. (MIGUEL) ¿Qué pasa?

(JULLIARD) La poli ha vuelto a tomar el hospital.

-¿La Policía? (ALAIN ASIENTE)

¿Pasa algo?

-Atacaron a Víctor Cepeda, el nuevo enfermero.

(Móvil) -¡Vaya!

-¿No contesta? -¿Cómo?

-¿No contesta? -Ah.

Es para que te cambies de compañía de móvil.

Ya sabes qué pesados son. -Sí, en Francia también

son muy insistentes. -Sí.

Bueno, voy a quirófano. Debo examinar un tumor.

-Muy bien.

-Doctor Manrique. -Comisaria...

-¿Ocurre algo? -Ah, no lo sé.

Dígamelo usted, ha cambiado el gesto cuando me ha visto.

-No estoy acostumbrado a ver tantos policías en el hospital.

-Pues no se vaya muy lejos, un agente le tomará declaración.

-Cuando quiera. Y ahora, si me disculpa...

-Comisaria, ¿todo bien?

-¿Tiene idea de dónde puede estar el móvil de Víctor?

-¿Qué ha pasado? (SOPHIE) Lo ha perdido

o se lo ha robado el asesino. No lo sé, pero no lo tiene.

Sabe qué significa eso, ¿verdad? -Toda la misión en peligro.

-Sabíamos que no iba a ser fácil trabajar con esta gente.

-Nosotros tampoco lo somos. -Al menos no nos equivocamos.

-Todos cometemos errores, comisaria.

-Si no están en nuestro expediente, no existen.

Voy a comisaría. Quizá consigamos triangular

la posición del móvil. Usted mantenga los ojos abiertos.

¿No vas a gritarme por perder el teléfono?

No niego que es lo que más me apetece,

pero no es el momento.

¿Cómo estás?

(VÍCTOR) ¿Lo pregunta el comisario o el padre?

Ambos.

Bien. Un poco mareado, pero bien.

¿Has llamado a tu madre? -Claro,

y le digo que venga a ver a su hijo infiltrado.

He perdido el teléfono, pero no soy tan poco profesional.

Además, no creo que le apetezca verte por aquí.

Hijo, sé que no he sido...

No, no lo has sido.

Cuando venía en el coche y no sabía qué te había pasado,

me di cuenta de que quizá

deberíamos intentar recuperar algo del tiempo perdido.

No estuviste en ninguno de los momentos importantes de mi vida

y, sobre todo, en ninguno de los más difíciles.

Podemos hacer que a partir de ahora no sea así.

Mamá siempre dice que el movimiento se demuestra andando.

(CASAS) Este reloj me lo regaló mi padre,

tu abuelo.

Él decía que me traería suerte.

Me gustaría que lo tuvieras tú.

Del abuelo...

Gracias.

Quizá esta sea una forma de empezar a caminar y, de paso,

no volverás a tener la excusa del reloj para llegar tarde.

(Móvil)

¿Sí, inspector? -Comisario,

tenemos el ok del juez. Vamos a triangular la posición del móvil.

Voy para allá. Vamos a coger al desgraciado que te atacó.

No lo dudes.

Eh, eh. ¿Adónde crees que vas? Después de todo lo que ha pasado

no dejaré que salgas ahí hasta que te recuperes del todo.

Pero... -Soy tu comisario.

Es una orden.

No deje que ese enfermero salga de aquí bajo ningún concepto.

Comisario, hemos localizado el móvil

que estábamos buscando. -Por fin una buena noticia.

No lo es, está en las inmediaciones del hospital.

¿Cómo que en las inmediaciones? -Según esto, está en el hospital,

pero está quieto. La triangulación

nos da un perímetro de 100 m, así que...

Así que o empieza a moverse y sale de allí

o no sabremos ni dónde está ni quién lo tiene.

(Móvil)

Perdonen.

Que no le quiten ojo al móvil. En cuanto se mueva, quiero saberlo.

Señora Le Monnier. (ADRIANA) Comisaria Leduc,

¿se sabe algo de mi hija?

-No ha habido avances significativos,

pero estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano...

-¿Se da cuenta de que me está diciendo lo mismo

que la última vez que hablamos? -Hablamos ayer, señora Le Monnier.

Ojalá pudiera decirle algo más. -¿Algo más?

No me está diciendo nada.

Mi hija desapareció hace más de tres semanas

y aún no han encontrado nada.

No puede haber desaparecido así como así.

-Es justo lo que ha pasado. La desaparición de Catherine

es uno de los casos más difíciles con los que me he enfrentado nunca.

-O puede que ustedes sean el problema.

-¿Qué quiere decir? -Comisaria Leduc,

la mandaron desde París porque se suponía que era la mejor.

Si no encuentra a mi hija, decepcionará a mucha gente aquí.

(SOPHIE) Señora Le Monnoier... -Encuentre a Catherine.

Comisaria, encuéntrela.

(CASAS) ¿Todo bien?

Si las cosas fuesen bien, nos quedaríamos sin trabajo.

(VIDAL) Bueno, de vez en cuando se nos tuercen las cosas.

Tenemos el análisis de la droga que utilizaron con Víctor.

-A Víctor le drogaron con escopolamina.

(VIDAL) ¿Qué? -Escopolamina.

También conocida como burundanga.

A mí eso me suena a sarandonga.

¿Sarandonga?

# Sarandoga, nos vamos a comer;

# sarandonga, # un arroz con bacalao. #

¿No conocéis a Lolita? -¿Deberíamos?

No sé cómo les dejaron cruzar la frontera.

(CASAS) Vidal...

La escopolamina es un anestésico que provoca la pérdida de voluntad

y de memoria mientras dura su efecto.

¿Con eso drogaron a Isabel Freire y a Sara Guzmán?

Probablemente.

Por eso no opusieron resistencia. -Pero en los análisis

que les hicieron a ellas no había rastro de esta sustancia.

-Porque su rastro permanece pocas horas en sangre.

(JULLIARD) Buen trabajo, Alain.

Vuelve al hospital, a ver si allí descubrimos

quién está sacando la sustancia. Yo iré también oficialmente.

(CASAS) Iré con usted. -Comisario, no le necesito

para unas preguntas rutinarias. Soy mayorcita, conozco el hospital

y voy armada.

La verdad es que tiene un meneo, ¿verdad, comisario?

No me mire así, nunca se me ocurriría.

Es una superior. -Ya, pero no lo digo por eso.

Va armada.

(NATALIA) ¿Se sabe cómo le atacaron? -No han dicho nada,

pero le drogaron. Alain y Belén se lo encontraron en la azotea

desorientado. -¿Cuándo acabará esto?

Primero, Catherine; luego, Isabel, Sara, Víctor...

-Médicos, enfermeros, hombres, mujeres... Da igual.

Estamos todos en el punto de mira. -¿Y qué hace la Policía mientras?

Nada. Bueno, aparte de molestar. Como si uno de nosotros

hubiera podido hacer esto. -Pues cuidado, que por ahí vienen.

-Como me interroguen otra vez, me voy de vacaciones, ¿eh?

(LIDIA) ¿En qué puedo ayudarle, agente?

-Comisario. -Comisaria.

-Necesito hablar con el responsable del control de los fármacos.

-Soy yo.

-¿Podemos hablar a solas?

-Claro, cómo no.

Isabel me nombró encargada de suministrar y reponer

los medicamentos en quirófano. (SOPHIE) Estará familiarizada

con una medicina llamada escopolamina.

-Sí, claro. Es un preanestésico, pero apenas tiene uso clínico.

-¿Está segura? Porque últimamente se usa mucho en el hospital,

al menos en el quirófano 5.

Su consumo ha aumentado en un 40% en los últimos cuatro meses.

-No pensarán que tengo algo que ver con lo que le ha pasado

a Isabel y a las doctoras. -¿Por qué piensa

que la escopolamina está relacionada

con la desaparición y el asesinato de sus compañeras?

-Porque si no tuviera que ver, no me preguntaría sobre ello.

-Ya que ha adivinado la pregunta, me encantaría oír la respuesta.

-Yo no he hecho nada, ¿eh? -Tranquilícese, señorita.

Solo necesito que me aclare quién tiene acceso al uso

de la escopolamina en el hospital, aparte de usted, claro.

-Aparte de mí, cualquiera. -¿Cualquiera?

-Yo me encargo de que no falte ningún medicamento importante

en quirófano, pero cualquiera que tenga acceso a la zona

podría habérselo llevado. -¿Cirujanos, anestesistas,

enfermeros...? -O usted, si se colara ahí dentro.

-En Francia hay un control de los medicamentos que se usan.

-Ya. También tienen la torre Eiffel y nosotros no.

-¿Tiene alguna sospecha de quién se está llevándose la escopolamina?

-No.

-Está bien. Eso es todo.

(Móvil)

(JULLIARD) ¿Sí?

-La enfermera Sanz está en la cafetería, sígala.

Miente.

(CASAS) ¿Se fía de la enfermera?

(SOPHIE) Ese hospital es un nido de cuervos.

No me fiaría ni de mi madre, si la ingresaran ahí dentro.

Hay que averiguar a quién protege la enfermera Sanz.

Estamos en ello. Alain está vigilándola.

(NATALIA) Daniel. (DANIEL) ¿Sí?

-Acaba de interrogarme la francesa. -¿Qué dices?

-Sí. -Pasa.

-Mierda, mierda, mierda. -Cálmate.

No saben nada. -¿Cómo que no?

La Policía sabe que está desapareciendo escopolamina

del quirófano. Si descubren... -No descubrirán nada.

-¿Y si lo hacen? Júrame que no tienes nada que ver

con lo que está pasando. -Natalia, ¿crees que yo...?

(NATALIA) Es que no sé qué pensar. (DANIEL) ¿Por qué iba a hacerle daño

a Sara o a Isabel? -Si descubro que me mientes...

-¿Adónde vas? ¿Qué coño haces?

¿Qué coño te pasa? -Que se acabó.

No seguiré mintiendo por ti. Busca a otra idiota que lo haga,

que lo tienes fácil. -Ven aquí. ¿Qué te pasa?

¿Estás celosa o qué? Ven aquí.

Va, venga. Relájate.

Mírame.

Venga, no llores. ¿Qué pasa?

-Que no, que no. Que no, que se acabó.

-Déjate de tonterías. -No te cubriré más.

-No te atrevas a decir nada. Eh, escúchame.

-Lo hago por tu bien y por el de todos.

(DANIEL) Natalia...

Ya me gustaría saber quién es,

le aseguro que las cosas no se quedarían así.

Si necesitas algún día más de descanso,

lo que sea, no dudes en decírmelo. -¿En serio?

¿A qué viene esa cara de sorpresa? -¿Puedo serle sincero?

Me han dicho que usted es poco menos que un ogro.

(ADELA) Reconozco que muchas veces no tengo más remedio que serlo,

este hospital no es más que una colección de problemas,

detrás de cada puerta de una habitación hay uno,

pero me gusta confiar en mis empleados

y que ellos confíen en mí.

Si no cuidamos de nosotros, ¿quién va a hacerlo?

Nadie.

Y a ti, Víctor, nunca viene nadie a verte,

aparte de la Policía, claro. -Mis padres viven en León.

Pero estudiaste en Cantabria, ¿no? -En Comillas, sí.

Y después me fui a... -A Edimburgo.

¿No crees que les gustaría saber que no te ha pasado nada?

Bueno, es que mi padre está enfermo desde hace un par de años,

demasiados quebraderos de cabeza tienen ya

como para preocuparles más. Solo fue un susto.

Un susto que espero que no vuelva a producirse.

Así que ya sabes,

si recuerdas algo más

o averiguas algo más sobre este desdichado incidente,

me lo cuentas a mí antes que a nadie, ¿vale?

¿Antes que a la Policía?

Sí. Está visto que la Policía es incapaz de hacer nada

por nosotros,

pero yo sí puedo hacer muchas cosas por ti.

Cuando todo esto termine y ellos se vayan,

nosotros seguiremos aquí.

(Puerta)

(JULLIARD) Perdón, no sabía que estabas acompañado.

Solo he venido a ver cómo seguía Víctor.

Mejórate. -Gracias.

(JULLIARD) ¿Qué quería? -Tenerlo todo bajo control.

¿Qué pasa? -Necesito que vengas conmigo.

Y a mí me encantaría, pero no puedo.

Primero porque estoy de baja

y, segundo, porque han puesto un agente en la puerta

para que no me deje salir. (JULLIARD) Enhorabuena.

Tienes el alta.

¿Y el agente?

Deja de hacer preguntas

y hazme caso aunque sea una vez en tu vida.

Levántate.

Tengo que hacerle unas pruebas,

se lo devuelvo en menos de 10 minutos.

-Lo siento, pero tenemos órdenes del comisario

de no dejar salir a este paciente.

-Llame al comisario, quiero hablar con él.

(Teléfono)

Comisario Casas.

Comisario, es por el paciente de la 120.

Hay un médico que quiere hablar con usted.

-Comisario, soy el doctor Juillard.

¿Qué ocurre? ¿Víctor está bien?

Perfectamente. Le necesito para contrastar unos datos

sobre la escopolamina. -No entiendo.

Es urgente, pero no se preocupe, le enviaré los resultados.

De acuerdo.

Quiere hablar con usted.

Déjelos marchar. -Sí, señor.

-Buen día.

Hay que encontrar al doctor Legarra,

roba la escopolamina. -¿El qué?

La sustancia con la que te drogaron.

Podría ser la misma que usaron con las víctimas.

Anula la voluntad de quien la toma, como te pasó a ti.

Daniel acaba de discutir con Natalia y le perdí la vista.

Tú abajo y yo arriba. -Yo soy más de arriba.

Porque eres un clásico y un coñazo. Tira.

Hombre, ¿ya te han dado el alta?

La doctora Yagüe, que con tal de no verme la cara...

Ya. Yagüe siempre tan agradable.

Me alegro de verte bien. -Bueno...

(VÍCTOR) ¡Cojones!

(JULLIARD) ¿Le has encontrado?

Cogió un bote de medicina del quirófano, esco...

Escopolamina. -Eso.

¿Adónde va? -Al parking.

Va con Natalia en el ascensor. Vamos.

Dime, Depardieu.

Venga al hospital, hay que detener al doctor Legarra ya.

(Claxon)

Tranquila, señora, que le va a dar una angina de pecho.

Natalia, ¿qué estás haciendo?

(DANIEL) Ábreme un segundo. (NATALIA) Lárgate.

-¡Ábreme! -Daniel, lárgate.

(NATALIA) ¿Quieres que suba? Venga, vamos a jugar.

-¿Qué haces? (DANIEL) Ábreme.

Ábreme la puta puerta. Ábreme o rompo el cristal.

¿Qué coño haces? -¿Qué te pasa?

-¿Adónde vas? -¿Qué haces?

Sal del coche. ¡Sal del coche!

Sal del coche.

Quietecito, calladito. Las manos en el techo.

Las manos en el techo. Callado. Quietecito, ¿eh?

(DANIEL) Natalia. (CHISTA) He dicho que ahí quieto.

Las manos ahí. Quieto.

Natalia.

(VIDAL) Quieto.

Tras la liberación por la Policía de Sara Guzmán

y la detención de Ginés Castillo como principal sospechoso

y cuando todo hacía prever que el caso del hospital Montalbán

estaba cerca de resolverse,

una nueva detención conmociona al personal de esta institución,

se trata de Daniel Legarra,

compañero de la enfermera asesinada, Isabel Freire,

de la psiquiatra Sara Guzmán y la doctora Catherine Le Monnier.

-La Policía busca las conexiones entre Legarra y Ginés Castillo.

Fuentes cercanas a la investigación...

Despejen. Abran paso, coño.

Ambos podrían haber actuado juntos en los terribles hechos

que azotaron a los trabajadores del hospital policlínico.

-Son muchas las dudas que quedan por resolver

en este caso que mantiene en vilo

a la comunidad médica de la capital.

Médicos y enfermeras que prefieren permanecer en el anonimato

aseguran que existe un temor por su seguridad

y esperan que con esta nueva detención

regresen la calma y la normalidad a su entorno de trabajo.

Enrique, por favor, cógelo.

Quico, guapo, ¿vamos al parque?

Venga, vamos al parque.

Mira, mira quién está allí.

Vamos.

Mira, mira.

Mira.

(Puerta)

(LOLA) Vamos a buscar al perrito.

A ver, ¿dónde lo has puesto,

en tu habitación? -Hola.

¿Quién eres tú? -Quico.

-Mira qué tengo aquí.

Toma. -Quico, ¿dónde estás?

-Cógelo. Toma, para ti. Toma.

-Ven, que tengo el perrito. -Muy bien.

-Vamos, que no tengo todo el día.

Quico, ¿dónde estás?

¿Qué haces aquí?

Venga, vamos, cariño, que se nos hace tarde.

Ven, vamos.

(Móvil)

Entonces, ¿desde cuándo dice que falta su yerno de casa?

Desde ayer por la noche.

Tengo miedo de que le haya pasado algo.

Mire.

(CASAS) "No aguanto más, necesito tiempo para pensar.

Me voy. No sé cuándo volveré. Lo siento. Cuida de Quico."

Puede que Enrique no sea santo de mi devoción,

pero no es un mal padre.

Nunca se iría dejando a su hijo solo.

Tampoco lo deja solo, lo deja con usted.

¿Así, de repente?

La directora del hospital le acababa de ofrecer

un trabajo por fin.

Ni siquiera se ha llevado sus medicinas para la rodilla,

tiene una prótesis.

Le juro que Enrique no haría algo así.

Bueno, cada persona es un mundo

y después de lo que le sucedió a su hija

quizás se ha ido a aclarar las ideas

y vuelve en un par de días.

Entonces no piensan hacer nada.

No podemos ponernos a buscar a un hombre mayor de edad

solo porque lleve unas horas desaparecido.

No le dé más vueltas, seguro que su yerno está bien.

Eso mismo nos dijeron cuando desapareció Isabel.

Señora... -Hay algo más en este mensaje:

mi yerno siempre me habla de usted

y a su hijo le llama Fran, no Quico.

Él no ha escrito eso.

Está bien, le prometo que me ocuparé de encontrar a su yerno,

pero necesito que pasen al menos 24 horas

sin que dé señales de vida, ¿de acuerdo?

Quiero que encuentren a Enrique Méndez.

Sí, el marido de la enfermera Isabel Freire.

(NATALIA) Gorka, Gorka, despierta.

Es Sara, la llevan a quirófano, le ha dado un ataque.

¿Cómo está?

-Lo siento, Gorka.

Lo siento.

¿Por qué no me salvaste?

¿Ha llegado ya mi abogado?

Aún no.

Y me temo que no va a llegar.

Nadie quiere defender a alguien que ha secuestrado a tres mujeres

y ha asesinado al menos a una de ellas.

Mala publicidad para cualquier bufete.

No me gusta su tono.

Imagino que cree que habla con un delincuente de poca monta,

de esos con los que está acostumbrado a tratar.

Las caras de esos delincuentes no aparecen en todos los telediarios

como la suya. Ahora mismo usted

es una de las personas más odiadas de España.

Y mira que tiene competencia con tanto político corrupto.

(RÍE) ¿Le hago gracia?

Ninguna, pero no insista,

cualquier abogado querría hacerse cargo de mi defensa.

Soy inocente.

Y lo más importante, tengo dinero para pagar al mejor.

Rico puede que lo sea;

inocente, permítame que lo dude.

Supongo que no hace falta que le diga qué es esto.

Una ampolla escopolamina.

Exacto.

La misma droga con la que atacaron a las víctimas del hospital

y que usted ha estado robando durante los últimos meses.

Yo no he robado nada. (CASAS) Podemos probarlo.

¿Ah, sí? ¿Cómo? -Eso es lo de menos.

Lo importante es qué hacía con esto cuando le detuvimos.

Eso no es de su incumbencia.

Lo es cuando hay una mujer desaparecida.

¿Dónde está Catherine Le Monnier?

No sé de qué está hablando. (CASAS) Lo sabe perfectamente.

¿Qué ha hecho con ella? -No he hecho nada con Catherine.

Era mi compañera. -Claro.

Igual que Isabel Freire.

Y eso no le impidió matarla. (DANIEL) Usted está loco.

El día que desapareció Isabel yo estaba en quirófano,

operando, puede comprobarlo.

(CASAS) ¿Y dónde estaba cuando desapareció Sara Guzmán?

(DANIEL) También operando. Me paso el día en el hospital.

¿Por qué no estaba allí cuando encontramos a la señora Guzmán

en la cementera?

¿De qué está hablando?

Tenemos testigos que aseguran que usted llegó al hospital

con el casco de su moto cuando la señora Guzmán

ingresó en urgencias.

Y según nuestros cálculos,

tuvo el tiempo para salir de allí y presentarse en el hospital

como si nada hubiera pasado.

No, lo siento, nunca he estado allí.

Entonces, ¿de dónde venía?

No tiene coartada para eso.

Como tampoco la tiene para explicarme

qué pretendía hacer con la enfermera Natalia

cuando le detuvimos. -¿Y ahora qué pasa con Natalia?

Dígamelo usted. Iba a atacarla también.

Esto es de locos.

(NATALIA) Esto es de locos.

Daniel no iba a atacarme.

Puede que tenga más defectos de lo que él cree,

pero no es un asesino. -¿Por qué está tan segura?

Natalia, no tenga miedo.

Si sabe algo que pueda ayudarnos con la acusación de Daniel

o Ginés...

-Daniel y yo somos...

-Novios.

-Bueno, a él no le gusta llamarlo así, pero...

-Eso le da un motivo para encubrirle.

Y eso es un delito muy grave.

Señorita Sanz, ¿por qué nos ocultó que el doctor Legarra

estaba robando la escopolamina del quirófano?

Si tan importante son esas ampollas, se las pago.

No sé si es consciente de la gravedad de los hechos

que se le imputan.

Es el mismo anestésico con el que atacaron al enfermero

Víctor Cepeda.

(CASAS) Y con el que es más que probable que drogaran

a Isabel Freire y a Sara Guzmán.

Y que han utilizado múltiples violadores.

¿También me acusará de esos delitos?

(DANIEL) Por el amor de Dios, no tiene nada.

¿Y esto?

C1Es la nota de transporte

con la que sacaron a Sara Guzmán del hospital.

Firmada por usted.

Esto no lo he escrito yo.

(CASAS) ¿Eh?

Y supongo que también podrá explicar esto.

Una mancha de aceite de la moto en la que huyó

el secuestrador de Sara de donde la tenía retenida.

Casualmente, el mismo aceite que usa su moto

y la misma marca de su neumático.

Conozco a más de mil personas que tienen una moto como esta.

Y sin mencionar que atendió a Sara en urgencias

y pudo hacer desaparecer su ropa porque sabía

que en ella podrían haber pruebas que le involucraran.

¿Me dirá que todo esto tampoco demuestra nada?

Esta conversación ha terminado. (CASAS) No.

(CASAS) Acabamos de empezar.

Y hasta que no me diga dónde está Catherine Le Monnier

no vamos a salir de aquí.

Eso debería saberlo usted, señor comisario.

¿Qué han hecho usted y Ginés con Catherine?

Es una broma.

¿Ve que me esté riendo?

¿De verdad cree que una persona como yo

se relacionaría con alguien como Ginés?

Mire, no volveré a hablar hasta que no llegue mi abogado.

(VIDAL) El último dedito. Muy bien. (DANIEL) ¿A qué viene esto?

Me tratan como si fuera un vulgar delincuente.

No, como uno de la milla de oro. -Ya.

Deposite aquí sus pertenencias, no queremos que se haga daño.

Y no se preocupe, luego las guardo en una carpeta de cuero.

Tenga cuidado con este reloj,

cuesta más de lo que gana usted en un año.

No se crea.

Seguro que usted piensa que los funcionarios ganamos mucho

para lo que hacemos, ¿verdad?

Pues tiene razón, somos multimillonarios.

Los cordones.

Si tanto le interesan, ¿por qué no los quita usted?

Si tiene miedo por la noche, llame al timbre,

vendremos a arroparle.

(GINÉS) Doctor Legarra.

¿Usted? -Hombre, Ginés, tú por aquí.

-No puede ser.

Usted es la persona con quien la Policía dice que yo...

Tiene que ayudarme, decirles que yo no he hecho nada.

-Ginés, me duele la cabeza. -Me han tendido una trampa,

yo no he hecho nada. -¿Por qué no esperas en silencio?

Déjame en paz un rato.

-No entiendo cómo puede estar tan tranquilo.

-Porque soy inocente y porque por la cuenta que le trae,

doña Adela me mandará un buen abogado.

(GINÉS) ¿Sí? Me ha prometido lo mismo y aún estoy esperando.

Mire, doctor, créame,

esta gente necesita un culpable

y creo que nos han elegido a nosotros.

(VIDAL) Hasta que no encontremos algo que demuestre la culpabilidad

del doctor Legarra no nos iremos de aquí.

¿Entendido?

(ADELA) No sé si es consciente,

pero cada vez que entran en el hospital,

perdemos futuros pacientes.

Dígaselo a mi superior, yo solo cumplo órdenes.

Además, mejor un paciente menos que una víctima más,

¿no le parece? -Pierden el tiempo,

es imposible que el doctor Legarra haya matado a nadie.

Eso lo decidiremos nosotros,

usted como mucho puede decirme si tengo fiebre.

En realidad, eso deberá decirlo un juez.

Alejandro Mendizábal, abogado.

Ya tardaban en aparecer los picapleitos.

Yo también estoy encantado de conocerle.

El señor Mendizábal protege los intereses del hospital.

Y del doctor Daniel Legarra.

Me parece muy bien, pero si no les importa,

pueden proteger los intereses fuera de este despacho.

Mientras nosotros trabajamos, ustedes sobran.

Aquí tengo el informe toxicológico.

Bueno, no tiene efectos secundarios

y no me pareció que necesitara más reposo.

-No me lo puedo creer.

(JULLIARD) ¿Se encuentra bien? (VÍCTOR) Estoy bien, estoy bien.

Le has oído. Puede trabajar. (BELÉN) ¿Es médico? No.

¿Y tú, eres su doctor? -No.

-Pues eso. Si Víctor tiene el alta o no la tiene,

tengo que decirlo yo, que soy su médico.

(LIDIA) Entonces, ¿qué hacemos?

-Ve, si quieres trabajar, trabaja.

-Venga, tira.

-A ver, ¿tú desde cuándo te metes en mis decisiones?

Me has desacreditado delante de todos.

-Belén, no creí que fuera tan importante,

en mi país es habitual. -Pues aquí no.

Mira, me gané un respeto como médico a base de esfuerzo

y dedicación, y no voy a permitir que nadie cuestione mis decisiones,

¿queda claro?

-Sí, muy claro.

-Que no se vuelva a repetir.

(SUSPIRA)

-Belén. (BELÉN) Ni Belén ni nada.

Inspector.

Mire la fecha.

(VIDAL) Ese es el tique de una cafetería donde estuvo Daniel

justo a la hora en la que liberamos a Sara Guzmán de la cementera.

Eso es imposible.

He ordenado que comprueben la actividad de la tarjeta

y tanto la hora como el importe coinciden.

Así que o el doctor Legarra manipuló la caja registradora

o es imposible que fuera él

quien huyó de la cementera en la moto.

Mierda. (CASAS) Tranquilícese,

no podemos perder los nervios ahora.

Pero cómo no, si cada vez que tenemos a un sospechoso

hay algo que nos aleja de él. -Aún nos queda Ginés Castillo.

Y no podemos descartar al cirujano por este tique.

Según esto, Daniel no estuvo solo en la cafetería.

¿Por qué lo dices?

Porque consumió dos cafés y tres medias lunas.

¿Y? Eso me lo tomo yo a media mañana.

Ya, por eso usted nunca tendrá el cuerpo del señor Legarra.

Es que yo soy de metabolismo lento y hueso ancho.

Hay que averiguar con quién estuvo el doctor en esa cafetería.

Yo me encargo.

Si tenía una coartada y no la ha usado

para la desaparición de Sara, es que nos oculta algo.

El doctor Legarra mantiene una relación con esa enfermera.

Quizás no quiere que se entere que se veía con otra.

No lo creo.

Conozco el tipo de relaciones que hombres como el doctor

mantienen con mujeres como Natalia.

Esos caraduras nunca se la juegan por evitar romper un corazón.

Entonces oculta algo más importante.

Venga, arriba, su abogado quiere verle.

(GINÉS) ¿Y no ha preguntado por mí?

-Por ahora solo ha preguntado por el señor Legarra.

(GINÉS) Doctor,

dígale que se ocupe de mí.

Si no, voy a empezar a hablar.

Yo sé secretos de todos.

No pienso pagar por sus mierdas.

Dígale a doña Adela que, como no me saque de aquí...

-Doctor Legarra, soy el abogado del hospital.

Alejandro Mendizábal. (DANIEL) Yo no he hecho nada.

Si está aquí, es porque ha hecho algo.

No quiero decir que haya asesinado a alguien,

pero la Policía sospecha de usted por alguna razón;

así que, si quiere que le defienda, será mejor que me cuente la verdad.

Buenas noches. -¿Qué le pongo?

-Un café solo. Me gustaría hablar con el dueño.

(CAMARERA) Y a mí.

Pero el cabrón de Cortázar no aparece por aquí.

Bueno, ni por aquí ni por ninguna de las otras cinco cafeterías

que tiene por todo Madrid.

Oiga, yo no sé qué ha hecho ese desgraciado,

pero yo solo soy una empleada que se pasa aquí el día trabajando.

-Por eso espero que pueda ayudarme.

¿Conoce a este hombre?

-No.

-¿Sabe por qué las mujeres somos mejores policías que los hombres?

Porque sabemos cuándo nos están mintiendo

y usted ahora lo está haciendo.

-No sé de qué habla.

-Por su reacción y su forma de comportarse,

estoy segura de que conoce al doctor Legarra.

-Mire, no quiero meterme en líos. -Si no me ayuda,

estará metido en uno en el que no hubiera querido entrar.

¿Conoce al doctor Legarra?

-Sí, viene de vez en cuando.

Es un tipo bastante estirado.

-Sin duda, hablamos de la misma persona.

¿Recuerda con quién estuvo aquí este día?

-Sí, con la doctora Sanchís.

Trabaja aquí al lado, en la clínica Alarcón.

Buenas noches, me gustaría hablar con la doctora Sanchís.

-Sí, un momento.

Mire, allí viene.

-Ya he averiguado con quién estuvo Legarra en la cafetería:

la doctora Sanchís.

Me ha confirmado que el doctor estuvo con ella a esa hora.

¿Es su amante? Quizás mienta para salvarle.

No lo creo, la doctora Sanchís tiene 60 años.

Comisario, el doctor Legarra es inocente.

¿Cómo va a ser inocente? ¿Y la escopolamina,

qué hace con ella? -Creo que conozco la respuesta.

Alejandro Mendizábal, abogado del doctor Legarra.

-No hace falta que se presente,

terminaremos muy pronto con todo esto.

(ABOGADO) Eso espero, porque mi cliente es totalmente inocente

de los cargos que se le imputan. -Lo sé.

No sé de qué se sorprenden,

el doctor Legarra siempre ha mantenido su inocencia

y, efectivamente, él no es el responsable

de los crímenes del Montalbán. -Entonces me puedo ir.

-En cuanto ponga por escrito una declaración jurada

del lugar donde se encontraba

en el momento del rescate de la doctora Sara Guzmán.

-Si esto es una treta para comprobar la letra de mi cliente...

-El informe grafológico descartó

que su cliente fuera quien rellenó el traslado de la doctora.

Le repito que creemos en su inocencia.

Rellene ese documento y termine con esta pesadilla,

por favor.

(DANIEL) ¿Tiene que estar mirándome como si no supiera escribir?

-Mi cliente necesita intimidad, salga, por favor.

-¿Hace cuánto que no toma su medicación, un día, dos?

-No sé de qué está hablando.

-Mi madre tenía exactamente los mismos temblores.

Claro, que ella tenía 71 años y usted, 37.

Me parecía muy joven para tener los mismos síntomas,

pero la doctora Sanchís, su neuróloga, me lo confirmó,

eso y que la escopolamina a pequeñas dosis

podía reducir los síntomas del párkinson.

-Puedo operar perfectamente. -Es un peligro para sus pacientes.

-No, no encontrará un cirujano más preparado que yo,

con más éxitos que yo.

Los pacientes hacen cola para que yo les opere.

Sé perfectamente lo que hago. -No puede seguir automedicándose.

-Es una decisión de mi cliente. Ahora déjelo salir.

-Está enfermo, doctor,

acéptelo y empiece el tratamiento cuanto antes.

-Supongo que sabe que la salud de una persona

es un asunto estrictamente confidencial.

Si esto trasciende más allá de estas paredes,

volveremos a vernos las caras.

Un sospechoso menos.

Y un paso más lejos de dar con el culpable.

(Móvil)

¿Sí?

¿Quién es?

Sea quien sea, no debería tener este teléfono.

Hola. -Víctor.

¿Sabes que la Policía ha detenido a Daniel?

Bueno, también detuvieron a Ginés, ¿no?

No me fío de nadie en este hospital.

¿Ni siquiera de mí?

¿Quieres que te lleve a casa?

¿A cuál, a la tuya o a la mía?

Pues a la tuya.

Tengo el coche aquí, pero... -Creo que es mejor que no conduzcas.

Además, así no vuelvo sola, no sé.

Si es por hacerte un favor... -Sube.

(VÍCTOR) Bonito coche.

Estoy seguro, era su voz.

Sea quien sea quien robó el teléfono, está con él ahora.

(Teléfono)

Sí, Vidal.

El móvil de Víctor acaba de salir del hospital.

Sígalo y no lo pierda.

¿Estás bien?

Sí, un poquito cansada.

Han sido unos días de mucha tensión en el hospital,

pero ya puedes relajarte, ya pasó todo.

¿Qué pasa? -No lo sé, dímelo tú, Víctor.

Si es que te llamas así. -¿Qué haces con mi teléfono?

Lo estuve buscando por todas partes.

¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?

¿Cómo que quién soy? -No me tomes por imbécil, ¿vale?

He llamado a la Universidad de Comillas

y me dijeron que el último Víctor Cepeda

que estudió Enfermería allí fue hace 12 años

y que ahora trabaja en Huesca.

No sé, habrá habido alguna confusión o algo.

Sé que eres policía.

(Sirenas)

¡Eh, eh, eh! Guapita, ¿dónde vas? (BELÉN) Yo no he hecho nada.

¡Víctor! Diles... (CHISTA)

Que no he hecho nada. Víctor.

Víctor.

Tenías preocupado a tu viejo.

Y a mí también.

No vamos a ser menos hombres por eso.

Bueno, pues nada, también me alegro de verte.

La doctora Yagüe sabe que soy policía.

Pues una de dos, o nos la quitamos de en medio

y la enterramos o despídete. -Ni de coña.

Lo puedo arreglar con ella. No le cuentes nada a mi padre.

Ni lo sueñes.

Te han pillado, Víctor. -Vidal.

Ni Vidal ni leches. -Joder.

Me parece muy bien que quieras salvar tu culo,

pero no a costa del mío. -Claro.

Yo ya he pasado por esto.

Mierda. Mierda.

¡Mierda!

Doctor Manrique.

(CASAS) ¿Quiere? (BELÉN) No.

Lo que quiero es irme de aquí.

Todavía no me han dicho qué hice para que me tengan aquí detenida.

(CASAS) Robar el móvil de un compañero de trabajo

es una falta grave.

¿Tanto como para que me interrogue un comisario de Policía?

Supongo que no se tomarán tantas molestias

con un ratero normal.

¿Cómo ha podido ser tan poco profesional

y dejar que lo descubran?

Perdón por intentar hacer mi trabajo

y arriesgarme a proteger a un posible testigo.

Le robaron el teléfono, puso en riesgo la operación.

¿Qué hacía con la doctora en su coche?

Espero que el juez acepte los cargos contra el señor Castillo

por el asesinato de Isabel Fraire y el secuestro de Sara Guzmán;

si no, usted va a tener que salir del caso.

(CASAS) Doctora Yagüe,

¿qué hacía con el móvil de Víctor Cepeda

después de que le atacaran? -¿Por qué no deja de fingir?

Ambos sabemos que Víctor es policía

y que está infiltrado en el hospital.

Puede estar tranquilo, no le diré nada a nadie.

Puede estar segura de que no.

¿A qué se refiere? -A que no dejaré que ponga en riesgo

mi operación bajo ningún concepto. -No es mi intención.

A partir de mañana dispondrá de una semana de vacaciones.

¿Cómo? -Doctora Yagüe,

le prohíbo volver al hospital,

al menos hasta que demos por cerrado el caso.

No puede obligarme a dejar mi puesto de trabajo.

Tómeselo como una oportunidad

para hacer ese viaje que siempre soñó.

Está loco si piensa que me iré. Me quedaré en el hospital

y averiguaré quién mató a Isabel.

A su amiga la mataron entre el doctor Legarra

y Ginés Castillo. -¿Sí?

Y si está tan seguro, ¿por qué mantiene la protección

sobre Sara Guzmán? -Es el protocolo habitual.

A mí no me engaña, comisario,

no está seguro de poder llevar a Daniel y Ginés ante el juez.

Puedo serles útil dentro del hospital,

puedo colaborar con ustedes.

A la prensa le encantaría saber

que hay una doctora jugando a policía en el hospital.

Tanto como saber que hay un policía jugando a ser enfermero.

Hay un asesino suelto

y quiero tanto como usted saber quién es.

¿Qué me dice?

(JULLIARD) ¿Qué ha pasado?

(SOPHIE) La doctora Yagüe descubrió la identidad de Víctor.

-¿Qué? -Cuando me encontró inconsciente

en el tejado, debí decir algo de Casas o la investigación.

Era ella quien tenía mi teléfono. "Merde".

¿Y de mí sabe algo? -Creemos que no.

(SOPHIE) Al menos uno de ustedes puede seguir dentro.

Tiene que irse del hospital Montalbán,

está fuera del caso.

Suerte.

Comisario, hemos encontrado la maleta de Enrique Méndez

con su teléfono móvil.

¿Dónde? -En Burdeos.

¿Y él? -Ni idea.

Es como si se hubiera esfumado.

Sara.

¡Un médico, rápido! -¿Qué pasa?

-Sara ha despertado. -Déjeme entrar, por favor.

(GORKA) Es mi mujer, yo también soy médico. ¡Joder!

Quiero ver a mi mujer. ¡Es mi mujer! ¡Sara!

¡Sara!

¿Qué coño hacías llevándote las ampollas de escopolamina?

-Tenemos mucho que callarnos todos. -Mantente lejos de mi mujer.

(SOPHIE) Yagüe podría hablar en cualquier momento

y poner en riesgo la misión, no lo permitiré.

¿Me amenaza?

Necesito que haga algo en el hospital,

pero ellos no pueden saberlo.

-Esto me lo dio un celador, lo encontró en el crematorio.

-Las prótesis tienen un número de serie,

solo hay que buscar de quién es.

(GINÉS) ¡Doctor Legarra! Hable con doña Adela.

Dígale que si piso la cárcel, pienso contarlo todo. ¡Todo!

-¿Es él o no?

-Quiero irme de una puta vez.

-Es él.

Hay muchas maneras de ensuciar el hospital,

por ejemplo, poner en peligro a tus pacientes.

Jamás tiraría piedras sobre mi tejado.

Eso espero.

Ven al hospital ahora y no le digas nada a nadie.

¿Pasa algo, hijo? (VÍCTOR) Ven.

La doctora Yagüe se ha enterado. -¿Cómo lo sabe?

No lo sé, pero no podré aguantar esto mucho más.

¿Te has vuelto loca? -No, soy imbécil por quererte.

(NATALIA) ¡Que me sueltes!

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