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Original subtitles

Ayudarle a mi madre

a cortar algo.

Ella quería que le pagara.

Yo nunca pedí un céntimo.

No me faltaba nada,

hay que decirlo.

Te faltaba una cosa.

Que echabas de

menos el colegio.

Si, lo perdono.

Que hubieras estudiado.

No sé, porque yo

era una víbora.

¿Que te gustaba?

Una vez, una vez un

proveedor que fuimos porque

mis padres me llevaban.

Luego ya te sigo contando,

me llevaban a ferias,

después mis padres coger.

Bueno, es muy largo,

me gusta contarlo.

Y fuimos a un almacén

de una casa que

nos venía a vender.

Queríamos una

mercancía determinada.

Ya te contaré lo que

cuando venga el rollo.

Y me no, es que no tengo,

es que no sé qué.

Y entonces yo miré así

para las estanterías.

Luego aquello que tiene

allí, pues a lo mejor

aquello te puede valer.

Eres una víbora, le dijo

a mi eres una víbora,

le dijo mi tienes una

hija que es una víbora.

¿Por qué vio aquello allí?

Eres rápida visualmente.

Mentalmente y visualmente.

No, no, es que yo veo

y ya veo lo que

quiero hacer con ello.

Veía.

Ahora no, que ahora ya no.

Ahora ya no,

o sea que el arte.

Vamos a ver, es que en tu

historia hay muchas artes.

sí?

Sí, pero yo.

Claro, por eso enlazado.

Vale, Iba señor Ángel, ¿No?

Señor Ángel con

la carretilla.

Yo con la factura

por la acera.

Yo por la acera

con la factura.

Y le vendisteis los cabos

de pan al otro tal.

Y luego seguiste teniendo

con el de la plaza de Lugo

más tratos para otras.

No, que el señor

no compraba.

No, que el señor

tenía cuatro cosas,

cuatro bichís.

No, que el señor no era

un comerciante, tenía

un local y hacía algo.

Sigue.

Cuando mi padre vino

a los 7 meses de estar en

Barcelona, ya mi hermano

estaba allá trabajando.

Y bueno, ya mi hermano

podía quedar a vivir solo,

porque ya mi padre hiciera

el camino, ya tenía una

habitación y mi hermano

ya tenía un trabajo.

Entonces mi padre vino

y también llevó a mi

madre a pasar

un mes o 15 días o así.

A todo esto, la que

manejaba aquí era yo todo.

Mi madre entonces

tenía 40 años.

Y como mi hermano tenía 18.

19.

18, me parece.

Llevó a mi madre a uno de

los bailes que iba él.

Y los amigos se creían

que era una amiga.

No me digas.

Mi madre se montaba de risa,

porque claro, mi

hermano era joven y los

otros decí claro, una vieja

traje es mi madre.

No, no es tu madre.

No les aparentaba nadie.

Se hizo muy joven, toda la

vida se hizo muy joven.

Le pasa lo que a mí en

eso me pasa como ella.

Mi madre murió casi 100

años, le faltaban 3 meses

para los 100 años,

y estaba como una rosa,

tenía una piel, una cara.

Le pasa alguna que

se llueve también.

Sí, sí, sí.

La mía no te creas.

Por ahí iba, por ese camino.

Bueno, pues no me acuerdo

ya por lo que iba,

que se la llevaba el baile.

Y los pasaron un mes y pico.

Que mi padre vino y cogió.

Mi padre y mi madre

fueron con un coche de

un señor que conocían,

alquilado, o sea, no era

un taxi, era un señor

que tenía un coche y los

llevó cobrándoles, no

era un alquiler de un

taxi ni de un coche, que

se dedicaba a eso.

Y fueron a Santa Comba,

y en Santa Comba,

pues ya encontraron,

porque el Mazaricos era

cerca de Santa Comba,

iba a las ferias y tal.

Ya anduvieron hablando con

las fedeantas y había unas

que se llamaban las

Barbeiras, y las Barbeiras

eran dos hermanas y vendían

toda clase de retales.

Bueno, pues ya

empezaron a venir.

Mi padre mandaba los retales

ahí, ya no iba yo a verlas,

pero venían ellas.

Venían a lo mejor cada 15

días o cada 20 días a ver

qué mandaba mi padre.

Pero esto ya te estoy

hablando de que ya yo tenía

dieciséis, diecisiete años

posiblemente,

y te digo que un maná.

Y entonces también

ya empezamos a vender

en el bajo.

¿Que hasta ese momento

confeccionabais?

Sí, mi madre siguió haciendo

camisas hasta que yo tenía.

Hasta que yo me casé, que

tenía 21 años cuando me

casé, pero mi madre

siguió haciendo camisas,

pero los retales los

manejaba yo, y más hacía

la comida y más iba a la

plaza y más.

¿Tu hermana?

Sí, mi hermana, que mi

hermana ya fue

creciendo más los bancos.

Deduzco que te ocupaba

exactamente llevar el

dinero al banco, las

letras, porque después ya.

Primero mi padre llevaba

el dinero y compraba

con el dinero que llevaba,

pero después

ya lo fueron conociendo.

Además mi padre era un

hombre muy serio,

muy formal, pues todo

el mundo le dejaba

llevar y ya pagaría.

Entonces le mandaban unas

letras, sobre todo el

Banco Pastor, iba yo a

llevar las letras para

que me las cargaran en

cuenta y a pagar las

letras con dinero, todo

eso lo hacía yo.

Mi hermana fue a la

Grande obra hasta los

10 años, pero después

estudió, estudió

la Escuela de Comercio.

La Escuela de Comercio,

que entonces era como

unos empresariales, pero

de nivel bajo, o sea,

bueno, no sé, no es

exactamente nivel bajo,

era el oficio, era la

Escuela de Comercio, no

eran económicas.

No, no sé cuál era la

Escuela de Comercio, pero

muy buenas notas, mi

hermana sacó siempre muy

buenas notas, muy buenas.

De todas formas tú la

hiciste en la práctica

porque andabas

ya con las letras.

Bueno, yo en la práctica

todo, venían las telas.

Yo matemática pura

fui siempre auténtica.

Fíjate cómo fui siempre yo

de matemática, que cuando

ya vendíamos, a lo mejor

la señora un montón así de

retales, escogía o la

caja, porque teníamos un

cajón y echábamos eso ya

cuando teníamos que

despachábamos, teníamos un

cajón y echábamos.

Yo taca taca, taca taca,

taca taca, ya sabía cuánto

era, pero la señora quería

ver, quería ver apuntado

y sí, sí, daba perfecto.

Y aún sigo a pesar de

las calculadoras.

Y de una vez estaba yo en

el sótano, porque después,

claro, mi padre era muy

trabajador, muy trabajador,

muy reto, muy serio.

No te movieras que

enseguida te caía la torta.

No sé si me lo dices

con admiración o porque

se la devolverías.

Un momento, un momento.

Tenía yo 17 años y él

venía a comer y era muy

exigente con el horario

y con la comida.

Una vez le puso un arroz

y este rápdo, un telsal

y no tenía sal,

solo ponérselo delante.

Pero mira, él venía a

comer a las dos y eran

las dos menos diez y a

unas patatas cocidas les

faltaba esa vueltecita,

esos 5 minutos, 10 se me

puso.

Pero yo me enfrenté a él

y le si te atreves, tócame

porque te denuncio.

¿Estaba esperando yo desde

antes a ver cuál era el

final de la historia y

toda rentura, pero no

tenía claro si me lo

decías por pura

admiración o como?

No te pases.

Yo por pura admiración.

Mi padre me adoraba.

No te pases.

Mi padre me adoraba porque

bueno, hay una rectitud

que la sacaste a él.

Mi padre me adoraba, pero

ojo, no te pasaras de ahí

porque entonces sabías

poner límites, te caía la

del pulpo bien, pero sin

embargo me adoraba, me

adoró toda la vida.

¿Sabes que normalmente las

personas de carácter muy

fuerte, cuando encuentran

a alguien que les para los

pies, también tienen?

Aquel día no le dejé

que me pegara, ya me

había pegado más veces.

Bueno, de aquella se pegaba.

Aquel día con 17 años me

planté ya hasta aquí, con

lo que estoy trabajando,

así se lo dije, con lo que

estoy trabajando y con lo

que estoy haciendo, que no

puedo más.

Te faltan 5 minutos

para las patatas.

Y 5 minutos las patatas

están y estaban.

Y 5 minutos vas a esperar.

Claro.

No, no, Bien hecho.

No, no, aquel día

me remangué.

Se quedó, se quedó como

aquel que le da una torta.

¿Y tu madre seguía

confeccionando?

Y mi madre seguía, porque

mi madre dejó

de hacer las camisas

hasta que yo me casé.

¿Cuántas camisas haría

en toda su vida?

Muchas, porque tenía chicas.

Montó un tallercito.

¿Tenían tallercitos?

Sí, sí, sí, sí,

tenía un tallercito.

Iban aprendiendo, pero

ya le iban sacando un

trabajo de delante.

Exactamente.

Tenía vecinas casi todas.

¿No sabes?

Venía una vecina y le

carmiña, te voy a mandar

a mi hija porque no la

quiero en la calle, te

la voy a mandar, tú no

le pagues nada, pero te

la mando.

Y mi madre no le pagaba,

le daba un cariñito e iba

aprendiendo en oficina.

Cariñito.

Y tenía dos

niñas, tres niñas.

Y a mí que yo iba a abordar,

pero yo en las

camisas nunca le cosí.

¿Sabes lo que hice?

Como iba a bordar.

Cuando querían las

camisas marcadas, se

las bordaba yo.

Cuando los señores, que

eran todos siempre gente

de alto copete, querían

letritas en las camisas

que se llevaban, entonces

eso se los hacía yo.

En la Grande Obra

aprendía bordar.

Sí, la Grande Obra yo

bordé muy bien

en aquellos momentos.

Ahora si me pongo, y si me

pongo aún me puede salir

mejor que a mí, seguro.

No, no, si me pongo a

mí me sale el que de

joven baila, ya sabes.

Si me pongo.

Y además de momento tengo

buena vista, estoy operada

de los dos ojos, pero

tengo buena vista.

Pero no debía de ser

nada fácil, porque era

más una cosa muy visible,

cuanto más pequeñitas

más mérito tenían.

Claro.

Y las hacía por el hilo,

ni siquiera las marcaba,

o sea, hacía una letrita,

mira, hacía, por ejemplo,

vamos a hacer que una.

Una de este tamaño, cogía un

hilo y el hilo me valía de

guía, iba poniéndole los Y,

una Y, una G, lo que fuera.

Y yo tu con un hilo

por dentro, de guía.

Pero no podía ser

nada fácil eso.

A mí me era fácil.

¿A ti te era fácil?

A mí me era fácil.

¿Y se pagaban más?

No, las camisas con

el bordado no pagaban

el bordado aparte.

El bordado aparte.

Bordado aparte.

No me acuerdo cuánto

cobraba por el bordado.

No me acuerdo.

No me acuerdo.

No, no me acuerdo.

Podían ser dos pesetas

por el bordado.

Podían ser dos pesertas

en aquellos tiempos.

Podían ser.

Pero yo aún tengo por

ahí cosas verdadas.

Por mí, y me gustaba.

Me compró mi madre

una máquina.

Bueno, compró una máquina

que tiene una historia.

Compró una máquina que dijo

que iba a ser para mí y me

mandó a aprender a bordar

a bastidor en un kitchen.

Fui dos días y yo yo no, yo

no, yo quiero bordar a

mano, que eso no me sale.

Echo un pumping y además no

me gusta cómo me queda.

Y no le volví y no fui

a aprender a máquina.

Sin embargo, ésta hace

las cosas de maravilla.

Hace Bueno, hombre.

Y esa te tuvo que quitar

mucho trabajo de encima.

Mira, esto fue lo que hice

el otro día en unas sábanas

para ponerles la medida.

Pero eso lo hace la máquina,

tienes que programarla ya.

Entonces tiene

una programación

los números y las letras.

Y a mis nietos les hago.

Cuando fueron internos a un

colegio, les marqué toda la

ropa así con las letras.

Me imagino que en la medida

que iba creciendo, ibas por

la parte que ya empezaron a

venir las vecinas y las de

Santa Comba las a comprar

aquí, dijisteis, el local.

¿Ya empezasteis a

poner en valor el local

como venta de?

No, hasta el año 60

no dimos de alta el local

para vender al público.

A las de las ferias le

vendíamos igual, pero

al público para poder

abrir y que pudieran

venir las vecinas a

comprar o cualquiera.

¿En el año 60

¿Y qué sentisteis?

¿Qué años tenías tú?

Pues en el año 60

tenía yo 18 años.

¿De quién fue la idea

de abrirlo al

público y de poner?

Surgió, Vino dada ya.

Claro, porque venían

las vecinas.

A ver, en el año 60

yo si nací en el 42.

Tenía 18.

52.

60.

18.

Pero venían las vecinas

y una traía otra y la

otra traía la vecina.

¿Había una vecina que

viviera aquí muy amiga

de mi madre y vivía en

Monte Alto y trajo todas

las vecinas de la calle

de eso quiere decir que

muchas mujeres sabían

coser?

Sí, sí, todo el mundo

Sabía coser, claro.

¿Por qué?

Y había cantidad de señoras

que venían a por los

retaliños, porque le

hacían para las hijas,

para las nietas, para

ellas, un baby, un

vestidito, una blusa,

sobre todo unas blusitas y

tal.

Y después, cuando yo ya

tenía 17 y 18 años,

incluso algunas veces les

cortaba yo la ropa.

¿Dónde aprendiste a cortar?

Sí.

Sí.

¿No fuiste a

aprender patronaje?

Bueno, fui a la Grande Obra

a aprender el patronaje de.

No me acuerdo, una marca de.

Un sistema.

Un sistema.

Yo conozco el Martí,

era el más internacional.

Era el Martí.

Era el Martí.

Fui a la Grande Obra, pero

eso ya fue cuando tenía

novio, ya fue con 19 años y

por ahí, porque como no me

dejaban salir, yo no salía

nada, nada más que salía

los domingos desde las 5

hasta las 9.

Buf.

Nunca pude ir al

cine de 8 a 10.

Iba de 5 a 7, pero de 8 a

10 no, porque tenía que

estar en casa todo lo más

a las nueve y media y no

llegaras un minuto más

tarde porque ya te caía la

del burro.

Y entonces ya tenía

novio y a los 18

años ya cogí novio.

¿En las épocas todavía

sesión continua?

No, No, había de 5 a 7.

De 5 a 7 y de 8 a 10.

Fíjate en algún cine,

como el de la Falperra,

fue después.

Pero sí, recuerdos.

Yo iba con otras amigas,

íbamos al Colón, al

Rosalía, a la Avenida,

al París, al Dorén.

No, ni al Hércules.

No, no, al Hércules,

es verdad.

Yo al Hércules nunca fui.

Íbamos a los del

centro, porque así era

la única salida.

Yo era la única salida.

En Coruña estaba.

Lo típico era

bajar al centro.

Claro, la Calle Real.

Los que iban, iban por

un lado y los que venían,

venían por el otro.

Ay, me digas.

Así de ordenadita la gente.

Sí, sí, sí.

No lo sabías, ahora no va.

Era la Calle Real, el paseo,

que íbamos todas y todos,

y era un sentido y el

otro, un sentido y el otro.

Y en los cantones, hasta

el cantón pequeño, el

cantón grande, para allá

y para acá, para allá

a la derecha y para acá.

Venías así también.

Venías con la derecha

y dábamos 200 vueltas.

Ahora pasabas y veía.

Ay, ahí va.

Fulanito Ay, ahí va

otra vez fulanito.

Claro, claro, era

el escaparate.

Éramos los mismos siempre.

Claro, éramos los

mismos siempre.

Pero era la forma de

verse, porque luego

durante la semana las

jornadas eran muy largas.

Después había los

bailes en el Circo Artesano

los domingos por

la tarde, y fue donde

conocí a mi marido.

Hice hacer a mi padre

socio del Circo Artesanus

para poder ir a los

bailes, que si no, no

te dejaban entrar.

Si no eras socia, no

te dejaban entrar.

Y entonces la primera vez

que conocí a mi marido

me pasó él Si ibas con un

socio, igual te pasaba.

Pero claro, comíamos

varias amigas.

¿Qué hacíamos?

Pues hacer a los padres

que se hicieran socios

para poder ir.

Bueno, allí tenían bien

hecho el negocio.

Había los bailes de

carnavales, que lo

pasábamos de maravilla.

El baile de fin de año.

El baile de carnavales era

en el Finisterre,

en el Circo Artesano.

Abristeis en el sesenta

al público.

En el sesenta al público

ya despachábamos y ya no.

Ya me quedé con eso.

Pero ahí ya empezó a venir

la gente de muchos sitios,

porque yo, por ejemplo, que

vivía en el otro extremo de

Coruña, y sin embargo

derrotar Esorilla Maro y

hablaste sobre todo la de

Monte Alto.

Pero luego os

fuisteis ganando.

Exactamente.

Y después empezaron a

venir más y más y más.

¿Y empezasteis con un

tipo de telas o ya

con todo seguido?

Todo.

Retales de todo tipo,

Pero de todo tipo.

Más de vestir,

menos de vestir.

Para un mandilón, para un.

Ya.

Mi padre mandaba

paquetes de retales de todo

lo que encontraba.

Y luego vosotros también

veríais que entre la

clientela había auténticas

maestras localizando.

A ver, yo le tenía mucho

aprecio y las conservo

con mucho cariño a las

señoriñas, mis

clientiñas, que venían y

escogían en el cajón 4

retaliños, y después a lo

mejor venían y te

enseñaban la faldita que

hicieran, te enseñaban la

blusita y te enseñaban el

babi vestidito, lo que

fuera.

Y esas siempre les tuve

un cariño especial.

Aún me acuerdo ahora

de ellas con cariño.

¿Claro, porque sacaban

partido y los

retales venían y yo

procuraba sacarles

lo estropeado, lo sabes?

Y lo estropeado lo tirábamos

desde el principio.

¿Tuvisteis también

piezas o retal cortado?

Empezamos a tener piezas

cuando yo me casé.

Empezamos a tener piezas más

o menos cuando yo me casé,

porque pusiéramos una

estantería como esto y

esto, la primera

estantería, pero estaban

las piezas así porque no

nos cabían así, no teníamos

tantas para que fueran así.

Bueno, yo lo recuerdo muy

lleno, yo recuerdo de

niña ir con mi madre, tú

ya recuerdas después de

casarme yo, después de.

Porque bueno, después

fue subiendo, subiendo,

subiendo y mi padre

fue haciendo obras.

Después ya, bueno, cuando yo

me casé ya teníamos la

tienda más grande porque ya

cogimos un piso en la casa

de al lado y antes de

casarme ya cogíamos un piso

en la casa de al lado y

entonces allí solamente en

el bajo, solamente

cocinábamos y el resto del

bajo mi padre hizo todo de

tienda, fue tirando

tabiques y haciendo

estanterías.

Especialista en casa, No,

no, mi padre además le

decía, le decía papá, es

que mira, es que hacía

falta hacer esto, mira

papá, es que nos hace

falta porque no tenemos

sitio, porque tikitim

como una bala.

Todito, todito lo que

le decíamos, todito

lo que hacía él.

Y él había dejado ya de lado

sus trabajos de albañilería

o seguía Cuando yo tenía 18

años aún hacía algunos para

algunas amistades, pero yo

me acuerdo de tener 16 años

y él hacía unos trabajos

para correos, todos los que

salían de correos allá en

Monelos, en Eirís, que

tenía correos allí, que

pusieran una antena muy

grande, pues todo aquello

lo hizo mi padre.

Pues yo le hacía la comida,

Mira cuánto tengo

corrido para que haya

cuesta arriba, Dios mío,

Cuesta de Iris.

Me hacía la comida y

tenía que tener allí

la comida a la una.

Sí, pero comían muy

pronto porque era la

hora que cerraba, que

paraban ellos y yo tenía

que tener la comida a la

una y claro, yo tenía

que ir a la plaza a

comprar el pescado y

hacérselo y llevarlo.

¿Y los buses

llegan o no llegan?

Llegaban a Monelos,

daban la vuelta al mercado

de Monelos, que había un

mercado que ahora no

existe, no existen ni las.

Llegaban a Monelos, daban la

vuelta y entonces yo bajaba

del bus de Monelos y corre,

corre, corre, corre, corre,

corre, corre por la cuesta

arriba, corre, corre.

Además era una cuesta

que era la madre,

era una cuesta que

habían hecho una obra

para el alcantarillado,

no sé para qué.

Era de adoquines,

era de adoquines la cuesta

y la obra quedó así,

no sabes qué bien.

No vamos para justo por

allí era por donde tenía

que pisar, que no podía

pisar por otro lado

porque era carretera, aún

subían y bajaban los

coches por allí, que no

era una broma.

Bueno, lo que yo tengo

corrido para

llegar a la una con la

comida para mi padre.

Sí, porque en la mañana

no daba para tanto.

No daba para tanto porque

además había que ir a

la plaza todos los días

porque no había nevera.

Las neveras

vinieron después.

La primera nevera

que yo conocí fue una que

compré cuando ya vivía

en la calle del tren.

Yo cuando ya estaba

casada, ya tenía niños,

porque yo me casé en el 63,

el domingo hace 62 años

que me casé y

pues ya no sé en qué iba.

22 años tu segundo.

¿Cómo quieres seguir

con la evolución?

¿Ya vendíais a

todo el mundo?

¿La del comercio

o la de mi vida?

Mira, hay tres en

es tu vida.

Yo tengo una pregunta, o me

hago una ¿Hasta qué punto

la vida te arrastró a ti

o tú fuiste tomando las

decisiones por delante?

Por otro lado, eran tiempos

que se tenían cuatro hijos,

había que atenderlos,

había menos cosas.

¿Y por otro lado, ver la

evolución social de las

mujeres, lo que te iban a

comprar, cómo iba cambiando

la cosa, cómo iba cambiando

el comercio, cómo?

A través de lo que yo tuve

muy buenas clientas.

Muy buenas, muy buenas.

Tuve muy buena clientela,

sobre todo confiaban en mí.

Habíamos parado.

¿En donde aprendiste

patronaje?

En la grande obra.

En la grande obra.

Pero bueno, mucho fue por.

Pero iba.

Nosotros, mi madre siempre

tuvo una costurera que nos

venía a hacer los vestidos

nuestros de mi hermana

y míos, o sea, ella estaba

especializada en camisas.

Ella solo hacía camisas,

las bordaba, porque mira,

un cuello de una camisa

con lo que era entonces

¿Que llevaban debajo?

Una telita con un agujero

para meter una varilla.

Sabes que de los diseñadores

aún se ve de vez

en cuando algunas y

las quitas para la.

Pero no son como las

que hacía mi madre.

Aún las hacía mi

madre mejor.

¿Qué te parece?

Te cogía el cuello,

se sentaba en

la máquina y tan.

Ni un hilván, así se veían

esos cuellos perfectos.

Ni un hilván, ni un

alfiler, ni nada de nada.

Perfecto, perfecto.

Y luego lo colocaba

igual, no iba torcido, no

iba de reviro.

Pero teníais una costurera

que os venía a hacernos,

pero venía una costurera

como mínimo cada 15 días

a hacernos los vestidos.

Y esta sí que la aprendí,

o sea, me enseñaba ella

cómo lo hacía.

Es más, lo hacía sentada

con una madera que ya

se la teníamos a propósito,

y cortaban

sentada en la madera.

Qué curioso.

No la viste nunca.

Ay, pues existían.

Mira, era una madera.

Era esto, la madera

y tenía el hueco para

ponerse allá, un hueco así,

había un trozo por aquí

y ponía la cosa ahí,

la tijera y la madera.

Tenía unos pies, No,

la ponía encima de ella.

Se sentaba en la banquetita,

ponía la madera aquí y tiki

tiki tiki, cortaba ahí.

Dios, qué arte.

Un arte cosía aquella mujer,

pero de maravilla.

Y ella era como.

¿Si os iba diciendo

ella las hechuras o

elegíais vosotras?

Ay, elegíamos nosotros.

Elegí a mi madre,

o elegía yo ya.

Si, tenía 15 años y 16.

¿De lo que veías por la

calle, comprabais revistas?

Pues a veces de todo.

De todo lo que había en

los escaparates, Más bien

lo que había en los

escaparates, porque luego

normalmente en Retales,

Orillamar, teníais

revistas también, porque

la gente decí mira,

quiero hacer algo.

Tuve revistas de

lo mejorcito.

Después, cuando ya

estábamos muy puestos.

Y tú de lo que veías decí

tuve revistas de

todo lo mejorcito.

Vogue, la de Dior, Las

compraba en la calle Real,

en una librería que había.

¿Cómo se llamaba?

¿Colón, puede ser?

Me parece que era

la librería Colón.

No creo que las hubieran

todos los sitios.

Porque eran caras.

Sí, eran caras.

Algunas me tienen costado

dos mil pesetas también.

Di tú que la moda no

cambiaba como ahora

cada dos días.

Duraban más.

Cada año.

Cada año, cada año.

Las tendencias.

Las tendencias, sí, sí, sí.

Bueno, pero de aquello

aún había el clásico,

el vestidito negro, el tal.

Porque ahora no te

duran las modas nada.

¿No?

A ver, un fondo de

armario lo hay ahora.

Bueno, no tanto, claro, sí,

sí, un fondo de armario,

el vestidito negro.

Ahora le cambian el escote

así la tira, no se,

tienes un vestidito negro

y como tenga el escote

asado, lo llevas y

va siempre bien, bien.

Pero tú que eres muy mañosa,

después con los Un vestido

negro va siempre bien,

en todos los sentidos

y en todas las cosas.

Y ahí eso era muy

Coco Chanel era

el vestido negro.

El vestido negro era y

sigue siendo un básico

Bueno en tiempos era de

mal agüero porque era

luto bueno pero el luto

era otra cosa, el vestido

negro de vestir es una

cosa y el luto es otra

cosa pero tardó un tiempo

en incorporarse el

vestido negro Mira yo

recuerdo, ¿No viste la

serie?

¿Ves algo de series

de televisión?

¿Bueno estuvo también

en televisión

Downton Abbey no?

Porque cuando primero,

estamos hablando de

siglo 19 entonces

primero el vestido negro

le huían y ya en la

última parte de la

serie vas viendo cómo

estaba incorporado.

¿En mi época, o sea en la

época que he vivido yo,

vestido negro ya está

básico Siempre ibas bien

con un vestido negro?

A ver un momento, a una

boda no, a una boda no se

puede ir ni de negro ni de

blanco, bueno de blanco no

para no eclipsar a la

novia supuestamente pero

de negro porque no pues

ahora hay mucho vestido

negro también en las bodas

¿No viste en las bodas

vestido negro?

No, no me fijo

no, No, yo soy muy mala

para esas cosas.

En las bodas vestido negro

no, un vestido negro básico

clásico pero para fiesta

pero otra vez para una

noche, para cualquier cosa,

o sea tú ahora vas a

cualquier sitio pero todos

esos protocolos los hemos

abandonado, la sociedad ha

cambiado mucho bueno aún

hay muchas cosas que no se

abandonaron o sea que tú

estás siendo un ojo crítico

cada vez que vas a.

No, no, yo no digo crítico,

no crítico a nadie pero ves

y estás interpretando No,

pero a ver yo creo que

sigue siendo un pantalón

negro con un blusón eso

siempre es básico, hay

clásicos que son.

Es básico, es.

Yo creo que es y será porque

son cosas que no mueren.

¿Cómo vivisteis la

llegada de la minifalda?

Porque pasamos de

vestidos más largos se

fue imponiendo ¿No?

¿Bueno, cuando yo tenía 15

años se habían llevado

unas faldas con cancán,

venían los cancanes de

Venezuela De Venezuela,

sí, de Venezuela venían

los cancanes o la tela o

ya hechos preciosos

porque íbamos ceñiditos

de la cinturita y después

así no sabes?

Por debajo de la rodilla.

Por debajo de la rodilla,

claro, por debajo de la

rodilla y la minifalda

pues vino en los 60

aproximadamente pero eran

las muy lanzadas y los

pantalones también eran

las lanzada.

¿Yo tenía una amiga

que cosía con mi madre,

tenía la madre?

No, la madre no tenía

no sé qué parienta,

no sé qué parienta tenía

en Inglaterra

y le mandó unos pantalones

de punto de espuma.

Punto de espuma que se llevó

mucho tiempo, muchos años.

El punto de espuma azulón.

Y no se atrevía a ponerlos.

Pero un domingo

le dije, mujer, bueno.

Total, se puso

los pantalones.

Cuando llegamos allá abajo,

dio la vuelta para casa.

No se atrevía, estaba

todo el mundo mirando.

Claro, normal, normal.

Yo no puedo, yo no puedo, me

voy para casa a quitarlos.

Y me he ido para casa a

quitar los pantalones.

Y eran de esos que

tenían un traspaso.

Tira para abajo.

Fíjate, eso también yo lo

recuerdo mucho de Francia.

Era como muy

francés esa imagen.

Y la cinta en el pelo, el

pantalón así ajustado,

con la tira para abajo.

Pero a ella se lo

mandaron de Londres.

Se lo mandaron de Londres.

Supongo que hay una cosa que

en aquellos tiempos,

En cuanto cumplían 18

años, las chicas ya se

marchaban para Londres.

Era por este barrio, todo

era trabajar, era típico.

A trabajar, a trabajar.

Porque la mayoría de

edad era a los 23, ¿No?

No, no, no, no.

La mayoría de edad

era a los 21.

Yo cuando me casé fue en el

63 y ya no tuve que llevar.

Tuve que llevar un

testigo, una vecina,

pero ya no tuvieron que ir

mis padres ni nada.

Tuve que llevar una

vecina de testigo.

Pero porque tenías 21.

21.

Yo me casé con 21.

Pero a los 18 ya podías

emanciparte, ya podías ir.

Hasta los 18 no podían

ir para Londres,

ni para París, ni

para ningún sitio.

Pero a los 18 estaban

todas esperando, todas

las de esta zona.

Claro, escapaban todas

las de esta zona.

Te lo digo, no es

que escaparan,

es que se ganaba.

Y aquí Pilar se ganaba

y vivían otra vida.

Bueno, mira, total,

en cuatro años no

podían hacer nada más

que o limpiar culos

o en casas particulares

o en hospitales.

En cuatro años

no les permitían solo

el aspecto de la.

No les permitían emplearse

y ninguna otra cosa.

Vamos a hablar de lo mío.

Para mí esto es lo tuyo.

Es la ciudad que tú viviste.

Sí, la ciudad que yo viví.

Claro, Es que, por ejemplo,

se me van ocurriendo

preguntas, pero tú

sigue, tú sigues.

Reengancha el relato.

Reengancho, reengancho.

Que hablamos del patronaje.

La costurera, pues

hacía los vestidos.

Sí, Entonces yo ya tenía

mucha idea, pero claro,

yo iba al corte porque

si no, no salía de casa.

Y entonces iba de 8 a 9

y a las 9 me esperaba

mi marido en la puerta

de la Grande Obra y me

acompañaba hasta aquí.

Éramos novios.

Y un día me dijo la

mira, Pili, tú no tienes

que venir, porque todo

lo que te puedo enseñar

yo ya lo sabes.

Ya, pero si no

ibas, no podías.

Nada, la señorita Elena era.

Y le dije ay, sí, pero

si no vengo

no puedo salir de casa.

Nada.

No le dije a mi madre

que me dijera eso la

señorita, porque si se

lo digo ya no vuelvo.

¿Y tu marido también,

tu novio venía

también de trabajar?

Venía de trabajar, pero me

esperaba allí, en un portal

de la confitería, al

lado de la Grande Obra.

Ya veníamos pa casa,

pum, pum, ya está.

No íbamos a ningún

otro sitio.

Pero ya tenía.

¿Y os había gloria

ese ratito?

Hombre, claro, es que

así es que ahora tienen de

todo y no lo valoran.

Que no era todos los días

tampoco yo iba al

corte, me parece que eran

dos días a la semana.

Así tampoco es

manera de discutir.

Si te ves dos días a la

semana, no discutes.

Seréis novios bien

avenidos, ¿No?

Siempre nos llevamos bien.

Y cuando os casasteis, él

se incorporó también.

Y cuando nos casamos, como

ya necesitábamos más gente,

pues él se incorporó

y mi padre nos daba.

Bueno, un año.

Comíamos en casa y

estábamos ahí de casa.

No sé si le pagaba

algo mi padre a mi

marido, no me acuerdo.

A mí nada, no me acuerdo.

Pero qué más

que luego os cambiasteis

a un piso cercano.

Me parece que estabas

diciendo algo como cuando

ya caí embarazada.

Bueno, cuando nos casamos,

nos fuimos de viaje

de novios a Barcelona,

a Zaragoza.

Fuimos a Zaragoza directos,

estuvimos tres o cuatro

días en Zaragoza y después

nos fuimos a Barcelona.

Había ido mi padre,

no sé si el mismo día que

yo o el día siguiente

también para Barcelona.

Y cuando nosotros fuimos

para Barcelona ya

mi padre nos tenía

buscado una fonda,

no un hotel, una fonda.

Y Estuvimos en

Barcelona 20 días.

Y después nos vinimos a

Madrid, estuvimos un mes.

También es verdad que

antes era Barcelona.

¿Cuántas horas llevaba?

Ay, bueno, mujer.

Cogimos el tren a las

11 y 20 de la noche.

Llegamos al día siguiente,

no, al otro día,

a las doce del mediodía.

Madre mía, madre mía.

Claro que me llevaban

restaurantes para un

restaurante sí, pero no

llevábamos una maleta, una

bolsa con comida, pues ya

era un restaurante.

Claro, llevaba, a ver,

llevaba un restaurante

pero era para tomar una

cerveza, vino, agua o

así, no todo el mundo

llevaba producción.

No te daban comida

en el restaurante.

Bueno, es que supongo, si

no estaba muy popularizado

la conservación, neveras

y tal, ¿Cómo lo conservo?

Bueno, podían ir

cogiendo, ¿No?

No me acuerdo, eso no te

lo sé contestar porque eso

no me preocupó.

¿Bien, y os volvisteis

para aquí y ya de vuelta?

Nos volvimos para aquí y

ya mi marido se quedó en

casa, vivíamos con mis

padres en el piso de la

casa de al lado, o sea

que lleváis toda la vida

trabajando juntos y

viviendo juntos.

Pues ya hay que tener

unas personalidades fuertes

para forjar una pareja

así tantos años, Pilar.

Bueno, con todos

sus momentos.

Es lógico, es normal,

alguien siempre tiene que

sufrir, alguien siempre

tiene que perder.

Sí, y a lo mejor los dos,

las dos partes sufren.

Exacto, porque crecemos.

Yo digo alguien,

no digo quién.

Tú un poco yo,

un poco yo si.

Es difícil evolucionar

uno por sí mismo,

encima aguantando

la evolución de otra

persona y otra persona

la tuya y encima

vienen los hijos que

lo complican todo.

Es complicado,

no, mis hijos no nos

complicaron, a mí nada.

No, bueno, pero te complica

la vida en el sentido

de que trabajas más.

sí?

Siempre tuve que tener

una señora en casa.

Claro, normal.

Yo siempre tuve que tener

una señora en casa, pero

también te puedo contar

después que vendíamos de

todo y entonces estas son

las cosas que me gusta a

mí que se sepan, Mi padre

como compraba, lo que le

daban, lo que eso, pues un

día nos mandó una partida

de licras, Licras de

bañadores, aún no sabíamos

lo que eran las licras de

los bañadores, pero eran

licras alemanas.

Alemanas, sí, era una

partida de licras

preciosa, pero empezamos

a venderlas y la gente

llevaba para hacer el

bañador y no sabían

hacer el bañador y venía

el retal de vuelta.

Nosotros desde un

principio no recogíamos

los retales, no emitían

cambios ni devoluciones,

El que llevaba

si no le valía lo

tiraba, pero no lo podía

traer de vuelta.

Fue una cosa que implantó

mi padre y la implantamos

yo la seguí toda la vida.

Yo me había hecho ya un

bañador para mí de

soltera, un bañador de

tela así, con una faldita

y por debajo la braguita,

por dentro se me había

quedado monísimo.

Entonces, como no vendíamos

las licras, no sabíamos

qué hacer con ellas.

Vino un día una señora

que trabajaba, había

trabajado en La Espuma.

La Espuma era.

No, no era La Espuma,

La Palma.

¿La Palma en donde

estuvo después?

Galerías María Pita,

frente a la Caja de Horros,

en la otra esquina, no sé

qué hay ahora allí en la.

Que San Andrés, en la

esquina con la Rúanueva.

Un lado está la Caja

de Ahorros, o sea,

Banca ahora, y en el

otro, esa esquina.

Allí había habido un

comercio que se llamaba

La Palma, que era de

todo lujo, tenían el

bajo y el piso, tenían

ropa de alto copete.

Y vino una señora por la

puerta y nos mire, yo

quería si tuvieran trabajo

para mí, tal y cual.

Le dijo mi Y entonces

¿Usted qué sabe hacer?

Pues yo pues hacer

de coser, lo que sea.

Era una señora que había

sido modelo y había sido

amiga del dueño de La

Palma, pero el negocio fue

mal y ella se vio en la

calle y vino y entró y le

pues sale, venga.

Porque mi madre era como

soy yo, tú ven a ver qué

haces, luego ya vemos.

Vamos viendo.

Exacto.

Y entonces le dije ay, pues

mira, podíamos hacer

bañadores, porque tenemos,

Yo ya había hecho uno,

tenemos estas licras que

son preciosas, y además era

una tonelada de licras que

no las vendemos, ya era el

segundo año que las

teníamos, o sea, las

habíamos tenido todo el año

porque no se vendían ni

para faldas ni para

vestidos.

Ahora el punto se lleva

en todo, pero entonces

no, entonces aún vino

después el punto

italiano y aún vino el

Punto Roma, y aún

vinieron todos los

puntos diferentes y tal.

Pero entonces la señora

ay, pues sí, pues sí.

Entonces, ¿Qué hicimos?

Voy yo a La Maja de la calle

Real, que trabajaba allí

una hermana de Alberto,

porque a todo esto no

estaba casada, me parece

que ya estaba casada, o ya

estaba casada.

Fue el año antes de.

Ya estaba casada.

Ya estaba casada, sí.

Ya mi madre no

hacía las camisas.

Fui a La Maja, le pedí a mi

cuñada que me dejara unos

bañadores, me dejó tres

bañadores, llegué a casa,

le saqué los patrones y

los devolví, pero les

saqué los patrones sin

deshacerlos.

Yo ya tenía mi maña,

porque como decía la

señorita Elena, ya sabes

más, ya tenía mi maña,

mira, uno era un bikini y

los otros dos era uno que

tenía un corte aquí así,

un corte aquí así, y el

otro normal, con sus

pinzas, ta, ta ta.

Corté los bañadores, la

señora los hacía como

los ángeles, mira,

se los ponía ya así delante

y le hacía no sé qué.

Ya lo hacía a máquina

corriente,

a máquina de coser.

¿Y con qué tipo de hilo?

Hilo normal.

Hilo normal, porque

ahora hay hilos.

No, no, los cosimos, siempre

los cosimos los bañadores

siempre con hilo normal,

pero eso tiene historia.

Entonces cortamos,

hicimos de cada modelo

tres bañadores, una

talla más pequeña que el

patrón que yo sacara y

una talla más grande, o

sea, tres tallas en el

mismo modelo.

Y hacíamos en distintas

telas, pero por cada

bañador, no me quiero,

me estoy poniendo

nerviosa porque eso también

me toca la fibra.

Yo traje tres modelos,

dos modelos de bañador

y uno de bikini.

Y entonces hice los

modelos, yo saqué el patrón

al modelo que traje,

uno un centímetro

más grande y otro un

centímetro más pequeño.

Corté por esos patrones,

Uno de cada, uno de

cada tres y tres, seis

bañadores, cortés.

Y nos pusimos a vender los

bañadores con tanta suerte

que quedaban perfectos.

La señora esa los hacía

de maravilla, pero

fue un año solo.

Al año siguiente tuvimos

que coger otra persona que

cosiera los bañadores,

quien los cortaba era yo,

como fuera la que sabía el

patrón, Y entonces si no

me llegaba un retal, pues

le ponía un añadido, le

ponía un dibujo, o sea, no

sabes, un combinado, un

modelo.

El patrón que tenía el corte

aquí era maravilloso para

las que tenían mucho pecho,

señoras, mira, les quedaban

como cuartos,

cómo les quedaban de bien.

Y entonces pues mi madre

se ponía cuando venían

a buscar un bañador.

A todo esto, eran solamente

tres meses, mayo,

empezábamos en mayo últimos

de abril, primeros de mayo

a hacer los bañadores.

Junio y julio, agosto, ya

como ya íbamos de

vacaciones, ya septiembre,

ya nada, lo que quedaba,

si alguna le venía que le

valía, pues le valía, pero

si no, nada.

Entonces mi madre, si venías

y querías un bañador,

mi madre te lo enseñaba

y si ya te quedaba

bien, ya llevabas aquel.

Pero aunque te quedara

bien, si te gustaba en otra

tela, pues te lo hacíamos

en la otra tela.

Ese mismo modelo,

pero en otra tela.

Y eso ya era yo la que lo.

¿Cuánto tiempo tardasteis

en agotar aquel

primer pedido de licras?

Pues dos años.

Dos años.

¿Y luego ya pedíais más?

No había más.

No había.

Después fue cuando lo que

te cuento del paquete

que estaba allí arriba.

Qué dijiste tú.

Eso me puede valer.

Claro.

Ya, ya, ya, ya.

Porque luego, curiosamente,

empezarían tímidamente,

pero luego cada vez se

pedían más los bañadores,

porque iba avanzando,

teníamos una clientela,

venían las madres, las

hijas de aquella.

¿No había sitios, comercios

especiales, como tipo

Eva, que vendía baños?

Sí, sí.

Eva era la que es real.

Bueno, en la calle real.

Sí.

Bueno, yo recuerdo

la de San Andrés.

Eva.

No, no, era otra.

Eva era la de Cristina

Fernández.

Eva era la hermana de

Cristina, la madre de

Cristina Fernández.

Cristina Fernández,

la de los tocados.

Sí, sí, sí.

Bueno, sí, de oídas.

Sí.

Pues esa yo la conozco

mucho, es muy amiga mía,

fue siempre muy

amiga mía, me apreció

siempre mucho yo a ella.

Y entonces mi madre se

los enseñaba y si le

valía ya lo llevaba así.

Pero si no le valía,

porque por ejemplo, siempre

hay quien tiene mucho

pecho y poca cadera.

Al revés, tiene mucha

cadera y poco pecho.

Entonces mi padre nos hizo

unos probadores, todo esto.

Mi padre hacía lo

que le pedíamos.

Era una maravilla

mi padre, un reto.

Pero después era

una maravilla.

Él, con tal de que

se ganara dinero, hacía lo

que hiciera falta.

¿Entre todos erais

el complemento?

Éramos los tres.

Éramos los tres a una.

Y entonces por eso yo

no puedo decir que

fueron mis padres, porque

fuimos los tres.

¿Fuiste los tres?

Los tres.

Ni más yo que el otro.

Ni el otro más que yo,

ni el otro más que tú.

¿Tu hermana no siguió?

Luego mi hermana estudió

y mi hermana ya se empleó

en la caja de ahorros.

Ya en cuanto acabó la

carrera hizo oposiciones.

Un año no le salió,

pero al año siguiente

volvió a repetirla.

Sí, le salió y ya se empleó

en la caja de ahorros.

¿Y tus hijos no cogieron?

Algunos sí, sí, pero eso

ya es otra historia.

Eso ya te contaré.

¿Y entonces por qué es

más interesante esto?

¿Que es lo que hizo subir?

Los principios siempre son

los que más trabajo dan.

Es donde está la

historia, siempre.

Los principios son

lo entrañable.

Para mí es aquello.

Totalmente.

Hoy en día decimos ya ves

que me pongo nerviosa que

hasta se me va la voz.

Venir ahorilla mar

es nada, un paseo.

Pero de aquella venir desde

los Mayos, mi padre le

decía a mi madre, no sé

cómo vamos a hacer aquí,

porque ti que eres ponero

prado arriba de rejo, no

sé si sabes lo que quiere

decir el prado encima del

riego.

Sí, claro, porque o rego

el que rega prado.

Pero él decía, bueno, el

caso de que vengan, el caso

que vengan y qué tal cual.

Bueno, total.

Y tu madre tenía razón.

Mi madre era muy

negocianta, muy.

Negocia mucho, mucho.

Y a mí me enseñó cuatro

cosas, pero luego lo

que salía de mí, eso no

me lo podía dar porque

tú sacaste cosas de uno

y de otro y fuiste.

Saqué cosas de mí,

de mí salieron muchas, pero

muchas cosas de mí, de mí.

Y siguen saliendo.

Y entonces después con los

bañadores, estábamos con

los bañadores, mi madre

les enseñaba el bañador y

después cuando había que

hacerlo más grande o más

pequeño, me llamaba a mí.

Entonces yo como iba a

ser la que lo iba a cortar,

pues ya sabía lo que

le había que aumentar.

Yo si veía que se le veía

la teta, le daba aquí dos

centímetros más al patrón

y ya estaba, ¿Entiendes?

Sí, porque son dos

centímetros lo que

varía de talla.

No, no, yo le aumentaba

lo que hiciera falta.

Ya, pero normalmente el

tallaje no, no había

tallaje, había tres.

Mira que ya no había tres,

había tres tamaños.

No tallaje.

Y ahí nos teníamos que

o te arreglases con

uno o con el otro.

Exacto.

Si uno te quedaba grande,

el otro te quedaba pequeño

y si no, hacíamos el

término medio al hacérselo.

Era como la medida,

solo que probabas el qué.

Y bueno, entonces se

hicieron los bañadores y

un exitazo.

Pero luego tuviste que

buscar una tela sustituta.

Después la otra tela nos la

vendió el señor también

baratísima, era una tela

que no era lycra, era

espuma, pero hacía unos

bañadores estupendos, te

ceñía, no sabes,

estupendos para aquellos

tiempos, estupendos.

Y después yo dejé de

hacerlos porque me enfadé.

Me enfadé porque el año.

A todo esto los hicimos

durante cinco años por lo

menos, o seis o siete,

no sé, me acuerdo,

en el año que trajimos eso.

Son manías por el

sonido, para que no

lo recoja mucho.

¿Son manías mías, no?

Pero si él no nos riñó y

resulta que el año que

trajimos las espumas esas,

pues sacamos todo cuanto

pudimos, se vendió, pero

para el año siguiente aún

estaban y aún hicimos 130

mil pesetas de bañadores

en la temporada, pero a mí

no se me dio un céntimo y

me pareció mal.

No me extraña.

Jolín, ya está bien, ni

un céntimo ya tenía yo.

Ya iba a tener yo al tercer

niño, o sea cuarto, pero

el tercer niño en la

primera ya no se contó y

me enfadé y le dije que

ese año que no los hacía

porque yo ya estaba

embarazada y llevaba un

embarazo muy malo.

Llevé un embarazo muy malo

de ese niño, la que se

me murió ya fue un niño

conflictivo desde

el embarazo conflictivo.

Bueno, aparte trabajabas

como una burra y no tener

un sueldo, no tener.

Bueno, teníamos un tanto

por ciento de las ventas

Ya, pero entonces pues me

enfadé, ya no hicimos más

bañadores, pero hacíamos

cojines porque también

siempre era porque mi

padre mandaba las cosas al

show, el pobriño mandaba

lo que encontraba.

Bueno, él allí vería cosas,

no entendía y mandaba

lo que le parecía.

Nos mandó una partida

de tapicerías,

de cabezas de tapicerías

como las de las panas,

pero de tapicerías de

aquellas labradas,

¿No sabes que las

tapicerías que eran?

A lo mejor era una base de

un color, pero luego tenían

rojo, verde, amarillo.

Tapicerías labradas.

Bueno, y no sabíamos qué

hacer con ellas porque era

cuando se llevaban los

tapetes de mesa, tú no

recuerdas tampoco, pero

unos tapetes de mesa con

unos flequitos en las

cabezas, en los

taquillones de estas más

antiguas y tal, en las

mesas de comedor y todo

eso, pero claro, eran

tiras así y no sabíamos

qué hacer con ellas.

Bueno, pues también

un día cogí yo uno e

hice un patrón, hice un

cuadrado de 24 cm

y corté todos de 24 cm.

Y los uniste y se unieron

liso con estampado y

hicimos unos pocos para ver

y con un botón en el medio.

Y tanto éxito tuvieron

que empezamos a hacer

y tantas telas teníamos

para hacerlos

que yo cortaba día y noche.

Ahí empezaste con toda tu

colección de tijeras.

Sí, ahí empezaron las

tijeras y las tijeras, esas

telas las estropeaban y

nos las afilaba Rodríguez,

el de la calle Barrera.

¿Lo conociste?

Pues sí, era mítico.

Era mítico también, sí.

Sí primero estuvieran

en la calle de.

San Jorge.

La que está.

Sí, San Agustín.

Bueno, en el entorno

del mercado.

Claro, la que es San

Agustín, enfrente de

donde estuvo Elvira.

Estaba allí.

Allí estaba la cuchillería

Rodríguez y luego se

cambiaron para la Barrera

y eran los que me

afilaban las tijeras, que

desde que faltan ellos no

tengo quien me afile las

tijeras.

Están ahí, pero esas

fueron gastadas por mi mano

tantas horas que

cortaba los cojines.

Cortaba los cojines

y después mi madre.

¿Dónde las comprabas?

Les trae a mi padre de

Barcelona casi siempre.

Te iba a decir, Es

que mira el sello.

Es que son.

¿No valían dos duros?

Sí, sí, sí.

Caras carísimas.

Carísimas.

¿Y cuánto pesa esto?

Sí, pero es que esto

no lo coges así.

No, ya sé que va contra.

¿Sabes que me encanta el

sonido de la tijera de

cortar así contra la mesa?

Me encanta contra la mesa.

Pero yo después

compré estas.

Estas ya son ya las

que recuerdo yo más.

¿Ves?

Pero yo te cojo una tela

y cojo la tijera,

voy por el hilo.

Aún lo hice con esas sábanas

el otro día, por el hilo.

Pero es que es mucha

la práctica que tú.

La práctica que tuve.

Entonces mi madre,

teníamos una vecina que

también venía y nos hacía

de todo, nos hacía.

Me hizo a mí pantalones

para mis hijos, me hizo

a mí las camisitas de

cristianar para mis hijos.

Era una señora muy mañosa.

Y entonces le carmiña,

¿Por qué no hacemos un

cojín de terciopelo?

Te voy a enseñar,

porque yo sé una forma de

hacerlos que es muy

bonito y tal y cual, y a

lo mejor los vende.

Vamos, allá va.

Mi madre hizo unos cojines

de esos y después hizo ella

uno parecido al de la

señora y lo patentó y se

hicieron miles de cojines.

¿Lo vas a traer?

Sí, o Mira, ¿Ves?

Esto se pintaba en puntos.

Hizo un patrón mi madre,

un cartón con agujeros

y entonces iban con un

bolígrafo, pintaban los

agujeros y después una vez

se cogían y se cosían.

¿Esto está cosido a

mano, quiero decir, yo?

¿Esto a mano?

Sí, sí, sí.

Se cosían a mano

y una vez cosidos,

Se cogían así, así.

Todo alrededor.

Todos se cosían

así, así, todo.

Y una vez así, hacía una

rueda o sea, No sé si tengo

alguno ya cogido, ¿Ves?

Hacía un cojín así.

No sé si tengo alguno

que esté ya cogido.

¿Y qué pasa?

¿Cayeron en gracia y

os hinchasteis a

hacer cojines de esto?

Sí, sí, tengo uno.

A ver, con lo mal

que se me dan a mí

estas cosas, Pilar.

Sí, sí, claro.

Y el botoncito ahí.

Ay, perdón.

Sí, sí, perfectamente, ¿Ves?

Pues estos los

patentó mi madre.

Qué bueno.

¿Cómo se le ocurrió?

Pues se le ocurrió porque

se nos ocurría cualquier

cosa con tal de.

Y entonces si luego alguien

intentaba hacer el mismo

modelo os tenía que pagar,

No, en realidad después

no hizo uso de la patente.

No, no hizo uso de la

patente, pero es que

aunque lo copiaran.

Hombre, por ejemplo,

mi madre los hacía

y los vendía por ahí,

por Pontevedra, por

Ferrol y por ahí.

Pero si alguna persona

lo copiaba no podías.

¿No sabes?

Bueno, pero si te lo

copiaba una fábrica.

Si te lo copiaba una

fábrica, sí, claro, te iba

a decir, estaba patentado.

Sí, sí.

¿Y es una sola pieza

de espuma dentro?

No, no, recorte.

Hay recorte.

Recorte.

¿Una vez que estaba,

lo rellenabas con recorte?

Sí, mi madre cogía.

Por la textura parece como

si fuera una sola pieza.

Mira, ¿Ves?

Tenía una aguja

de este tipo, no sé si no

sería esta, porque

gardo, todo teño todo.

Y mi madre hacía así.

Esto lo hacía ella así,

como lo demás lo hacía yo.

Esto lo hacía ella,

hacía así.

¿Cuánto costaba un

cojín de estos, Pilar?

Es que era mucho.

Los vendíamos, me parece,

a 150 o algo así.

Quedaba así.

Y luego compraron

la máquina para hacer los

botones, que la regalé yo

un día, hace años ya.

Eso sí que recuerdo yo

de mandarme a forrar los

botones y esas cosas.

Me encantaba verla además.

Y mira, y esto

hicimos muchos, muchos,

muchos, ¿Ves?

Así como lo demás.

Yo participé en todo.

En esto no, en esto

No participé nunca.

¿Tenían un nombre este

tipo de cojines?

¿Cojines rizados?

No me acuerdo.

No me acuerdo si

tenían algún nombre,

no me acuerdo.

Pero estos quedaron

sin acabar.

Y sin acabar están.

Pero mira, si no los

hubieras dejado ahora

no nos los podías enseñar,

ya te digo.

¿Así que tuvisteis luego

una temporada de cojines

y hasta ahí innovasteis?

¿Esperaba, entraban

los cojines, hicimos

batas de casa, hicimos

los bañadores,

hicimos de todo

en paralelo a la venta de

retales estabais haciendo

todo junto?

Todo junto, porque el bajo

de orillamar era un bajo

que cuando mi padre lo

cogió, el bajo impartió,

pero después el patio le

pidió, porque no era

nuestro, era alquilado el

patio le pidió mi padre al

dueño y le dejó cubrir el

patio que era bajo y un

patio más hondo.

Entonces mi padre cubrió

el patio, quitó la

tierra del patio e hizo

sótano, o sea que estaba

la tienda y después

dentro lo que era el

patio había un sótano y

había arriba con el

tejado y el sótano.

Mi padre lo hizo muy bien,

porque el sótano, mira, por

ejemplo, esta era la tienda

así era la tienda, tenía

una puerta aquí y otra

puerta aquí, entonces esto

era el patio igual de

cuadrado que la tienda,

pero entonces mi padre en

vez de hacer, hizo unas

escaleras aquí en el medio,

aquí, unas escaleras para

el sótano que tenían luz, o

sea que esto era.

Las escaleras estaban

así, era un hueco grande,

llegaba la luz

directa al sótano.

Muy bien, lo hizo

muy bien mi padre.

Y por aquí estaban

estanterías y abajo

también estanterías.

¿Cuántos metros

en total tenéis?

Era grande, Pues

aquí eran me parece que 70

o por ahí metros.

60.

70.

Y aquí otro tanto, y

abajo otro tanto, y

abajo otro tanto.

Esto aún se lo ayudó a hacer

mi marido, el sótano y el.

¿Cómo resolviste después

lo de que ahí te quedaste,

te enfadaste porque

no te pagaron nada?

No, no, se pararon

de hacer los bañ.

No se hicieron más.

¿Pero ese tema tuviste que

volverlo a afrontar o luego

ya te quedaste tú al dueño,

al cargo de las finanzas?

No, no, eso no,

ese tema pasó.

Yo.

A ver, cómo se

suele perdonas.

Ya, bueno, pero estaba a

nombre de los tres, ¿No?

El negocio.

No, el negocio estaba

a nombre de mi padre.

¿De tu padre?

Yo no recé para nada, nunca.

Ahora te cuento,

eso es otra.

A mí mi padre nunca me puso

ni en seguridad

social ni en nada.

Nos pagaban tanto por

ciento de las ventas,

Era otra época.

A ver, primero nos empezó,

cuando nos fuimos para

nuestro piso de la calle

del tren, nos empezó a

pagar el 10% de las

ventas, pero después yo me

puse muy mala embarazada

de mi hijo Alberto, tuve

una caída y se me puso el

feto encima de la vejiga y

estuve muy mala, tuve que

estar en cama.

Entonces a mi hermano,

cuando vino mi hermano se

fue a Suiza, se fue para

Suiza cuando se casó

estaba en Suiza, se vino a

casar y se fue con la

mujer para Suiza.

Y cuando mi hermano vino,

ya mi madre le tenía

puesto un comercio en Los

Castros para él también,

de telas también, o sea,

retales, como repartir

allí para que aquí lo

atendiéramos nosotros y

allí lo atendía él,

hiciera otra punta y.

Pero no supieron ni mi

hermano ni mi cuñada, no

supieron defenderlo y

no les fue adelante.

Pues mira que aquella zona

había dinero, todas

las mujeres del puerto.

Si en vez de ponérselo a mi

hermano hubiera sido yo, yo

no hubiera cerrado, ¿No?

Porque había dinero en

aquella zona, un público,

mucha gente allí,

yo no hubiera cerrado.

Cómo no cerramos

aquí tampoco.

Y entonces.

No quiero perderme

dónde voy.

El tanto por ciento.

Sí nos daba el 10%, pero

como yo me puse tan mala,

pues le dije a mi hermano

que si viniera él

ayudarnos aquí, porque

tuvo que cerrar allí

porque no vendía nada.

No entendían mujer, no

lo sabían entonces.

Y vinieron mi hermano

y mi cuñada pa aquí.

Y entonces ese 10% yo les

dije la mitad para ellos,

la mitad para nosotros.

Entonces ya yo.

Pero bueno, fue así.

Y fue así.

Y entonces fue pasando el

tiempo y a todo esto mi

hermano en Los Castros le

pusieron en el 65, por ahí.

Por ahí.

Él se casó el mismo

año que yo y estuvo

dos años en Suiza.

Sí, sí, pero entonces

claro, porque mi Alberto

nació en el 66, que fue

cuando yo le dije a mi

hermano que vinieran

para trabajar con nosotros.

Y trabajamos juntos

una temporada grande.

Pero después mi hermano

no sé qué fue.

Mis padres.

Había unos bajos ahí en

San Vicente de Paul

y compraron dos bajos.

Había tres bajos y mis

padres compraron dos y le

dijeron a mi compra tú el

tercero y nosotros te

regalamos uno, o sea que

le regalaron un bajo a mi

hermano.

Pero ya serían los 70 o

por ahí, porque yo en

el 78 fue cuando yo me

hice con el comercio.

Te voy a decir cómo.

Y ya fueron pasando

los años, ¿Entiendes?

Fueron las circunstancias.

Estaba mi hermano, después

mi hermano se puso a hacer.

Sí.

Como empezamos ya a tener

cortinas, mi hermano se

puso a ir a poner las

cortinas a las señoras.

Y entonces se puso él solo,

empezó él solo a vender

guías, todo lo de los

artilugios relacionados de

las cortinas, porque

entonces ya empezábamos

nosotros a vender mucha

cortina, mucha era una

época en la que en las

ciudades había muchas

mujeres en casa, cosiendo

cortinas también en casa y

las particulares para ellas

y todo.

Entonces le dieron a mi

hermano ese bajo, mi

hermano puso allí en ese

bajo, compró el otro él, y

en ese bajo puso los

reales y las cortinas y

todas esas cosas.

Entonces le regalaron ese

bajo a mi hermano, pero

legal, o sea, mi padre tuvo

que declarar que tenía para

las otras dos hijas otro

tanto como eso que le o

sea, fue el regalo legal,

pero tenía otro tanto, pero

lo tenía él.

Y entonces pasaron dos años,

por eso yo digo que setenta

y tantos, porque yo me hice

con el comercio en el 78.

Pasaron dos años y yo cada

día ganaba menos, porque

mis padres se marchaban a

lo mejor para Barcelona

dos meses o tres meses,

porque a todo esto mi

padre era muy vivo, muy

listo, ya te lo dije más

veces, brujuleó y encontró

en Barcelona, en la calle

Comercio, o sea, al lado

del Borne, del antiguo

Borne, un piso que eran

dos pisos juntos, que

había sido una fábrica de

paños de cocina,

estampaban los paños de

cocina y los cosían allí,

todo una preciosidad.

Y lo cogió, se lo fuimos a

ver mi marido y yo, cuando

yo estaba embarazada de

Fernando, embarazada en 7

meses, cogimos el Gordini

y allá marchamos, cruzamos

toda España, mi marido y

yo a verle el piso a mi

padre.

Muy bien, pero se iban

para allí los dos, tiempo

y tiempo, y nosotros,

mi marido y yo despachando

aquí, porque ya mi

hermano no estaba.

Entonces yo le decí papá,

mándame una tela que se

pusiera de moda, que

llegaba una pieza y ya se

acababa, en el momento

llegaba otra y ya se

acababa en el mándame de

tal, mandame de cual.

¿Ay sí, timo y tofalas,

pero tienen pagas?

¿Un día le dije,

y tú tampoco no pagas?

Porque la que paga es

aquella de la esquina,

aquella de la esquina

era la caja,

era la única que pagaba.

Si no se vendía no

se podía pagar.

Qué buena, muy buena

por tu parte, claro.

Y ahí fue donde

enfocaste el vamos.

No, no, sí.

Luego llegaron las

vacaciones y yo no

estaba contenta.

Yo le mira, yo así no

sigo aquí, mira, ya

tengo un bajo mirado.

¿Y ya tenían bajo mirado

en la calle Panaderas,

No, dónde está ahora?

No, porque ahí

estaba el ocaso.

Otro bajo al lado, más

o menos una casa al lado

de donde están ahora

las telas empanaderas.

Yo tenía el bajo

mirado empanaderas.

Me cobraban 2.000 euros al

mes, pero era un bajo largo

que llegaba a los mercados.

¿Dos mil euros al mes?

Dos mil pesetas.

Calla, calla, calla, calla.

Ya lo mirara.

Y le el 28 de agosto.

En agosto cerrábamos

por vacaciones,

porque era mejor.

Ahora vas tú, ahora voy

yo, ahora va el otro.

Cerrábamos todo el mes,

que ya era un mes que no

se vendía nada, y

cerrábamos por vacaciones.

Y cuando se estaba

terminando el mes,

nos reunimos en la tienda

mi padre, mi madre

y mi marido y yo.

Y le dije yo a mi bueno,

vamos a ver cómo

vamos a hacer, porque yo

no estoy conforme.

Yo ya tengo un bajo mi lado

y nosotros nos vamos.

Y dice mi Ay, no

vayas a marchar.

Sí, sí.

Se ha tenido un baizo mirado

en la calle Panadeiras.

Y bueno, pues hacemos una

causa, contamos toda.

Es que mi caso se

hablaba gallego.

Sigue, sigue, sigue.

Si sigues en galego,

sigo en gallego.

No, no, pero es que yo

me expreso mejor en

castellano, pero estas

cosas las digo.

¿Te salen?

Sí, me salen porque

es así como fue.

Y dije.

¿Cómo vamos a hacer?

Porque no hemos

estado conformes.

Se ha tenido un

bai su mirada.

Nos marchamos.

Buscad unas empleadas,

seguid de Vox.

Nos marchamos.

No, no, muy hacemos una

contamos toda mercancía

que hay panós he dichig.

Mira las medias, dice

Lutti, siempre son voces

pernas, henda y rompen.

No, no, algo así.

No quiero en comproche.

Comproche un negocio.

Dije yo, mi marido

lo que yo dijera.

Como hoy mi marido

lo que yo diga.

Después te echa por detrás,

que te dice que tú quieres

gobernar todo tal y cual.

Pero a la hora de la verdad,

lo que yo digo

normalmente es derecho.

Y le dice compro su negocio.

Y dice é pues tamancho

vendo, pero quiero cartos.

Él me tamencho vendo,

pero quiero cartos.

Dije, bueno, pues si quieres

cartos, no te preocupes.

Qué malo será que no te

diga que hemos preste.

Pero en teoría a ti chatiñas

cartos salía apalancados.

No, si te oir male

vara o locales.

No, no, a mí no me

dieran nada por eso,

porque debían checar.

No, no me debían nada.

Bueno, a ver, a mí no me

daban y yo no podía pedir.

¿A ver, si me entiendes?

A mi hermano le dieron el

bajo y a mí pasaron dos

años y no me daban nada.

Ya llegó un momento que yo

era la que estaba

trabajando, porque

mi hermano no trabajaba

para nosotros.

Trabajó siempre para él.

Estuvo unos añitos,

pero luego era.

Y entonces pero

quiero cartos.

Entonces le dije, bueno,

pues voy a ver mal.

Será que ya que no los

preste, compro

chomprocho, pago a

precio de venta, pago

género a precio de

venta, para que me

dijera que sí, porque si

no ya sabía que me decía

que no.

Yo quería hacerme con el

negocio, porque yo sabía

que el negocio estaba en

sí, era un momento

bueno, pero yo pedía el

género y él no me lo

mandaba.

Decía que no, que fueran

a buscarlo a María Pita.

Pues para qué van a ir a

María Pita si están aquí,

que vayan a María Pita.

María Pita era Almacenes

María Pita,

en la calle San Andrés.

No, no tienen que ir a

María Pita, que se vengan

aquí, solo le van de aquí.

Bueno, total, que me dijo

que sí, que me lo vendía,

que contábamos toda la

mercancía que hubiera.

Mira, contamos toda la

mercancía que había

y eran seis millones de

pesetas del año 78.

Seis millones de pesetas.

Y a mí das me tres millós.

Naamán los otros tres,

vas me pagando tres

mil pesetas diarias.

Y así se lo hice.

Y mira, voy yo.

Mi marido no movió ni

un dedo, pero le dije,

pues hay que buscar

los cuartos donde sea,

a ver si en el banco.

Fue al banco de

Bilbao mi marido.

Y nada, tres millones.

Madre mía.

Pero entonces dije, mira,

voy a ir junto de una

señora que ya mi padre le

había pedido algunas veces

que le hacía obras mi

padre a esa señora y al

marido, claro.

Y le dije yo a mi mira,

voy a ir junto de Pacucha,

que Pacucha tiene

cuartos, a ver si me deja.

Y fui junto de Pacucha

y le dije, Pacucha, pues

mira, vengo luego Pilita,

y luego ¿Qué quieres?

Pues mira, vengo a pedirte

dinero y luego

pues mira que mi padre me

vende el negocio.

No me digas.

Pero quiere cuartos.

Y me Oh, pero

Manolo, está loco.

¿Pero ¿Por qué te

quiere cuartos?

Pues porque no sé, le dije.

No sé si es para ponerme

a prueba o si es

porque quiere cuartos.

Claro, necesito tres

millones de pesetas.

Llamó al Daniel, ven aquí.

Mira qué Pilita necesita

tres millones de pesetas.

No lo le vende el negocio,

pero quiere cuartos

El ojo, Manolo, ¿Para

que quieres cartoso?

Lo mismo que a la mujer le

pues mira, quiere

cartos, será mayor para ver

si son capaces o no.

Porque claro, yo como

siempre fui así, como Dios

me dio, y a lo mejor quiere

ver si yo no los consigo y.

Y tengo que seguir haciendo

lo que me mandan.

Y pues mira, pero así

en el momento, no te

creas que pasó un día,

ni dos, ni unos pues

mira, os 3 millones nunca

os puedo dejar.

Pero Dows, cuenta con

elles desde ahora.

Dos millones ya me prestaron

a un tanto por ciento, a

un 14%, que ahora se queja

la gente por los talleres.

Dos millones de

pesetas me prestaron.

Con esos dos millones de

pesetas fuimos al banco

y ya me dio el otro millón.

El banco, El banco.

Los tres con el interés

correspondiente en un

lado y en el otro.

Claro, más las 3.000 diarias

que les tenías que pagar.

Y después les fuimos

dando las 3.000 diarias.

Pero mira, Pacucha me prestó

el dinero por 5 años.

A los 3 ya se lo devolví.

A los 3 ya se lo devolví.

Y más le pagamos a

mis padres los 3.000

pesetas diarias.

3.000 pesetas DIARIAS.

Días de venta, no domingos,

no ya días de venta.

Y venía mi madre todas

las mañanas o todas las

tardes cuando venía

por las 3.000 pesetas.

Pero la pacucha, la señora,

que aún se lo recordé el

otro día a la hija, le

dije yo a tu madre, tu

madre fue para mí más que

mi madre, porque mi madre

ya era mi madre, ya tenía

una obligación hacia mí,

yo hacia ella.

Pero la tuya no.

La tuya me mira, Pilita,

yo te dejo el dinero

porque tú para mí eres

un checa al portador.

Que te digan eso cuando

vas a pedir dinero

no es muy grande.

Todos los ánimos que

no tuviste hasta entonces

te los dio ella.

Se lo digo yo a la hija.

Aún se lo dije el otro

día que vamos a

probablemente fue el mejor

apoyo de valor que

tuviste en toda tu hija.

En mi vida.

En mi vida.

Y que me dijera eso

porque yo iba a pedir

dinero y que te mira,

Pilita, pero así, con

estas palabras, yo te

dejo a ti el dinero

porque tú para mí eres

un cheque al portador.

Más no McCabe, no más.

Cinco años liquidaste todo.

No llegué a tardar cinco

años en dárselo a Pacucha.

Cinco años.

Me los prestó

por cinco años.

Pero a los tres

ya se lo vimos.

Y en liquidar los intereses.

¿Y aún no quería que

se los diéramos, porque

claro, estaban

cobrando los intereses,

mujer, qué para qué?

Anda, que a lo mejor

aún nos hacen falta.

No, no, ya nos arreglamos.

Bueno, mi marido.

A ver, puede tener

cualquier defecto.

Él no movía el culo

para estas cosas,

porque nunca fue.

Seguramente era más

miedoso también.

No, no es por miedo, es.

Es él, pero estuvo siempre

ahí, al pie del cañón.

Él era el que hacía la caja.

Yo del dinero nunca Sabía

si teníamos 5 o 50, nunca.

Bueno, tú lo generabas.

Yo solo estaba para lo que

yo iba a Barcelona.

Y ahí quedó.

A tu nombre todo.

Esa es otra.

Tuve que ponerlo a

nombre de mi marido.

Ay, claro.

¿Qué quieres?

Por eso luego tomaste

las otras decisiones.

Hoy en día, separación

de él, ¿Qué quieres?

Tuve que ponerlo

a nombre de él.

Si quería seguir con

él, tuve que ponerlo

a nombre de él.

Maldita sea, tiene narices.

Ni Seguridad Social

pagaron por mí.

Nunca.

Ni me dejaba ponerme yo

en un seguro.

Aparte que me puse

escondida, a escondidas me

puse en un seguro.

Lo que hiciste bien, que

te lo ganaste con pelo.

Me lo gané con

sudores y lágrimas.

Ya, ya.

¿Por qué lágrimas?

Más hijos, más no sé cuánto.

Mi madre.

Sudores y lágrimas me

costó a mí la vida.

Por eso te digo que me pongo

nerviosa, porque fue mucho

lo que llevo sufriendo.

Pero hacemos un alto.

Fue mucho lo que llevo

sufrido y mucho lo que sigo

sufriendo, porque yo soy

muy abierta y tengo

un carácter muy alegre.

Todo me salvó la vida.

Que es alegría.

Y sabes lo que me mira, a mí

ya me llevaban mis padres

con ellos de vez en cuando

a Barcelona, pero después,

cuando me quedé sola, el

primer viaje de ir a

comprar, fuimos mi padre,

mi madre y yo.

Pero a los sitios que íbamos

a armar, mi padre y yo

y mi padre en todos.

Mi padre tenía muy buena.

¿Lo apreciaban, no de formal

mujer, como se dice?

Muy buena.

Fama de un hombre

formal, credibilidad.

Y les dijo a todos los

sitios que fui, les bueno,

ahora se queda mi hija con

el negocio, pero si no paga

ella, pago yo a todos.

Y uno de los comerciantes,

porque eran comerciantes,

no eran fábricas.

Un día estaba mi padre y yo,

y había allí una partida

de género que me gustaba,

me gustó como me gustó.

Y le dije bueno, bueno, yo

esto lo llevaba, pero

ahora, claro, tengo miedo.

¿Y te gusta Pili?

Porque claro, te gusta.

Sí, esto.

Yo esto le saco y lo llevas,

me lo pagas cuando

quieras y como quieras.

Y a los dos meses voy con el

dinero y se lo pago y me

vaya llorándose y viene y

me lo paga antes de lo que.

Bueno, pero si te ganaste

tú también en Barcelona.

Ya mi padre me dejó.

A ver.

Avalada, por así decirlo.

Pero ahí sí que disfruté.

Él podía responder,

porque respondíais vosotros

por el negocio.

Sufría lo insufrible

en muchas cosas,

en muchas cosas.

Sin comentarios.

Pero mira, yo iba a

Barcelona y era yo.

Era la Vázquez, ¿Entiendes?

No era la señora

de Alberto Gil.

Aunque estuviera el comercio

a nombre de Alberto Gil, Yo

no era la señora de Alberto

Gil, era la Vázquez.

Ahí queda eso.

Me llevaban así

ya empecé a ir.

¿Ibas a menudo a Barcelona?

Cada dos o tres

meses máximo.

Era, vamos, tu oxígeno.

Sí, sí.

Allí era yo.

Es en el único

sitio que era yo.

Lo echo mucho de menos

porque ya no soy yo.

Aquí no soy yo.

No, no.

Se estereotipan, ¿Verdad?

No, no soy yo.

Yo sigo siendo,

pero no soy yo.

Yo ahí era yo.

Y en el Camino de

Santiago también.

¿A qué te refieres?

¿Cuando hiciste el

camino de Santiago?

Yo y mi persona, sin más.

Tanto da que sean las 10

como las 40, si tengo cans,

si me canso me siento,

si quiero comer, como.

Si no como.

No comí.

Pero en Barcelona,

mira, en Barcelona yo.

Mi marido nunca quería

dejarme ir, nunca.

Le gustaba que fuera, pero

yo sabía que había que ir.

Eso sí.

Después venía la mercancía

y los dos mano a mano.

En este bajo y en el de ahí,

primero abajo, pero a mirar

la mercancía, a marcarla y

a pesar, si había que pesar

y lo que hiciera falta.

Los dos mano a mano, Eso sí.

Después otras limitaciones

terribles, pero bueno.

Pero yo dinero, nunca

supe si había dinero,

nunca me preocupé.

Y aún hoy soy una tonta,

se me va así por

las manos, porque no

me preocupa, no me.

A ti te gusta hacer cosas

y generar cosas, ¿No?

Eres tío Gilito.

Vamos ahí contando

el dinero, generar

cosas y yo que sé.

Y ganar sí puedo, que

ahora ya no gano ni puedo.

Pero yo, por ejemplo, iba

preparando el viaje

durante 15 días o más, le

decía hoy vamos a tener

que ir a comprar porque

mira, falta esto, falta

lo otro.

Aunque no faltara,

lo ibas preparando.

Ya llamaba fulanito, mira,

para la semana que viene

voy a ir, cuenta conmigo.

Para que me guardaran lo

que sabían que me convenía.

Había una casa de Sabadell,

que en realidad ya no eran

fábricas, eran comerciantes

que le fabricaban otros.

Y ellos te decí lo

fabricamos nosotros.

Se lo fabricaban para ellos.

Y entonces yo iba y les

compraba todo lo tarado.

No iba a comprar los

géneros buenos, yo iba a

comprar todo lo tarado.

Y había una casa que ahí

tenía yo mano abierta

para lo que quisiera.

Podía comprar aunque fueran

cinco millones de pesetas,

que las compraba.

A mí en todos los casos me

tenía que atender o el

jefe de ventas o el dueño

particular, porque me

hacían precios especiales.

Los otros empleados

no podían decirme cómo

me iban a vender.

Y entonces a ese le

llamaba yo Riera.

Era el jefe de ventas.

El próximo martes, el

martes de la semana

que viene estoy ahí.

Vale, Pilar, vale,

ya te guardaré.

Mira, todo lo que fuera a

100 pesetas, todo me valía.

Todo lo que me pudiera dar

100 pesetas, todo ME VALÍA.

Yo de esos de 100

pesetas, menos de 300,

no vendía nada.

Y de ahí para arriba,

500, 600 el metro.

Ya no digamos los kilos.

Los kilos era otra historia.

Los kilos.

También había casos que

yo llegaba a

Barcelona, me marchaba

un domingo siempre,

y llegaba a Barcelona

y el lunes daba una

vuelta por los

almacenes de Barcelona.

Y el martes a las 7 y 20

de la mañana, hoy 25, cogía

el tren para Sabadell.

A las 8 ya estaba

en esa fábrica.

El encargado me atendía,

le compraba y nos

íbamos a desayunar.

Qué maravilla.

No te sabía Gloria

ese desayuno.

Vamos a acuerdas de él.

Bueno, y luego me mandaba

con uno de los chicos

a otra casa,

y a la otra casa tal.

Se peleaban todos por

llevarme a comer.

Si, hoy iba a comer con uno.

Claro, vas con fulanito

y con nosotros.

No vas mañana con vosotros.

Claro que te oxigenabas.

Tú saliendo allá

eras libre, te sentías.

Bueno, Feliz, feliz.

La felicidad más

grande mía era eso.

Porque además

es eso, no estaba

constreñida como aquí.

Date cuenta que encima

Coruña es una ciudad

chiquitita, ¿No?

A mí la gente de fuera

no me hizo nunca daño.

Mis clientas

lo mejor del mundo.

De clientela tenía yo.

Era el contexto.

Mira, me querían, aún me

quieren, que aún me ven por

la calle y me Ay, cuánto.

Bueno, lo he tenido

ocasión de comprobar.

¿Te reencontraste con gente

el día de los premios?

Sí, sí, con gente que hacía

tiempo que no te veías.

Bueno, pues el otro día

fui a la estación a coger

unos billetes para el tren,

para ir a Orense.

El otro día, debe

ser ya un mes.

Y bueno, voy en el bus

para allá y al venir el

bus, me senté en la

parada del bus, estuve

sentada allí un rato,

había una señora y una

chica allí sentadas.

Y dice la señ Ay, yo

esta señora la conozco.

Ya llevaba yo un rato allí.

Yo esta señora la conozco.

¿No eres de los

retales de orilla?

Yo sí soy.

Y Ay, cuánto te echamos

de menos, Dios mío.

Cuánto te echamos de

menos, Dios mío.

Sí, me echáis de

menos, pero la vida.

Yo tengo un ciclo

y mi hijo ya estuvo siempre

ayudándome, siempre.

A ver, este hijo mayor

incluso, porque yo

estuve muy enferma

muchas veces, muchos años,

muchas veces

tuve muchas enfermedades,

casi todas debido al

estrés del trabajo.

Porque claro, yo me

levantaba a las 8 de

la mañana, arreglaba

a mis hijos,

los llevaba al colegio.

Yo no los mandé nunca

en el autobús

cogí a los niños, los

mayores a los Dominicos,

y después el pequeño

también,

a continuación a Carmela,

a las Esclavas.

Ostras.

Sí, sí.

Venía de vuelta

y para el comercio.

A las diez o diez y

cuarto, diez y media venía

para el comercio.

Alberto venía a abrir.

Y luego los ibas a buscar.

Y luego los ibas.

Y luego otra vez

por la tarde.

Después por la

tarde otra vez.

¿Debías de estar así, no?

Bueno, pero eso no me.

A mí no me.

Eso no me hacía pupa.

Más las telas que

tienes que cargar, más

el estar atendiendo,

no me hacía pupa.

Yo tenía capacidad para eso

sin problema.

Lo que pasa que tenía

muchos desarreglos.

A los 43 años me fui a

operar a Deseus, a

Barcelona, toda una tarde,

siete u ocho horas,

no sé cuántas horas.

¿Y el postoperatorio

sería la recuperación?

No, nada, nada.

Me decía Ay, doctor,

qué bien estoy.

Y me decí mañana, ya verás.

Mañana digo ay.

Al día siguiente

estoy mejor.

Esto no es nada.

Esto no es nada.

Esto no es nada.

Y aquí me tienes

desde entonces.

Pero ya te digo, me sacó

todo el vientre y me lo

volvió a colocar desde el

hígado hasta la vejiga.

Una maravilla.

Quedé nueva.

No lo contaba.

Si, esto había

que operarlo ya.

Menos mal.

Tuve suerte, me moví.

Te moviste en Barcelona,

que en ese sentido

estaba muy avanzado.

Es que yo no soportaba,

porque con mi carácter

que me digan que tengo mimo

y que me digan que es

manía, no soportaba.

No, porque yo puedo tener lo

que tú quieras, pero se ve,

no hace falta que lo diga.

Bien.

¿Qué día te fuiste?

¿Vendiste por última

vez allí en retales?

¿Qué día vendía?

El último I.

Sí, el 31 de julio.

Hace dos años,

no hace mucho.

Dos años cerré.

¿Cuando cerraste aún

estabas tú yendo?

No, ya no iba yo a

Barcelona últimamente no.

¿Pero aún vendías tú

aquí en la tienda?

Sí, sí, sí, sí.

Yo.

A ver, hacíamos cortinas,

estores, toda clase de

cosas, yo cortando y la

costura cosiendo aquí.

Y acostumbrarte a eso.

El día que cerraste la

puerta por última vez

dijiste mañana ya no vendo.

No, no sé cómo

me puedo explicar.

Fue una liberación, porque

a mí últimamente me estaba

pesando mucho porque no

daba para pagar los

impuestos, la seguridad

Social, dos empleadas y mi

hijo también tenía que

cobrar algo porque no

podía vivir del aire.

Había meses y meses

que mi hijo no podía.

Era una carga para

mí era una carga.

Luego se nos puso de baja

en el mes de febrero

la empleada que

teníamos, que era.

Que yo enseñé, entró con

16 años, le enseñé yo a

lo que sabía, lo enseñé

yo y aún así me jefa,

esto qué podemos hacer

que esta señora no sé

qué.

Sí, sí.

Pues mira esto sí osa.

Aún ya yo estaba jubilada.

Yo me jubilé a los

73, hace 10 años.

Hasta los 73 no me jubilé.

¿Tienes 83 años?

Tengo 83 años

hechos en mayo.

Felicidades.

Y como tuve que poner el

negocio en nombre de mi

marido, yo seguía sin estar

de acuerdo, separé las

cortinas y las traje para

ahí, para el bajo que

cerré, porque aquí este

bajo y ese otro era, o sea,

cuando partimos en el 2003,

él se quedó con estos dos

bajos y yo me quedé con el

piso que vivimos.

Y nada más, porque

después hicimos la

Casa de la Aldea.

Sí, ya hiciéramos la

Casa de la Aldea.

Y me quedé en la casa

de la aldea, para mí,

la mía y para él.

Entonces fue en el 95 que

vine para allí

para poder darme yo de alta

de autónomos.

Manda narices.

Para poder darme de alta de

autónomos porque aunque

fuera a nombre de él, tenía

que ponerme a mí, pagar por

mí a la Seguridad Social.

No había tu tía.

Yo no recé en ninguna

parte hasta el 95.

Ay, por eso me decías

antes lo de rezar.

Y en el 95 merece la pena

la causa, No, claro, es

que yo tengo que hacer

algo para poner algo a

mi nombre, porque si no

yo no podía tampoco, no

podría hoy cobrar un

retiro.

Quince años tuve que pagar.

Ahora ya son.

Y menos mal, porque ya eran

veinte, quince o veinte.

¿Noventa y cinco?

Veinte.

Veinte años

y ahora ya no llega.

Veinte años tuve que pagar.

Veinte años Y por eso yo

no pude retirarme

hasta los 73.

Bueno, igual tampoco

lo hubieras hecho.

Tal y como eres tú,

igual no, pero igual sí.

Igual sí.

Igual te hubieras puesto

a hacer otra cosa porque

eres hiperactivo.

Bueno, hombre, ojalá que

tuviera bien el ordenador

que os enseñaba que hice

un techo de una cámara.

A ver, eso es algo que

tenéis pendiente ahí.

No, pero el ordenador,

vosotros dos.

Para el ordenador mi hijo.

A ver, el ordenador.

Yo tengo ahí un ordenador

que era para mí una

maravilla, pero se me

puso c a la pantalla y

compré otro y con el

otro ya no fui capaz de

hallarme.

Y ahora ayer lo quise

encender y de hecho lo

encendí, pero me pide la

contraseña y yo le di la

contraseña primera, pero

luego me dice que hay una

contraseña nueva y yo no

me acuerdo de la

contraseña nueva.

¿Y no se la habrá

cambiado tu hijo?

¿Algo así?

Pregúntale posiblemente.

Pero en el que le vi me dijo

seguro que cambió la

contraseña en el que le di.

Porque el segundo que

compré se lo vi a mi hijo.

Pero trabajo, ese lo tengo

ahí en ese ordenador.

Mira, una carpa.

Porque yo hice fundas

de sillas preciosas.

Bueno, fundas de

sillas para los.

¿Cómo se llama?

En Santa Cruz.

Mujer, Pues no

me sale tantos.

Ay, qué poco te ayudo

yo con los nombres.

En Santa Cruz, un sitio

de bodas, Los Abetos,

hice fundas de sillas y

les hice los techos

de las carpas de loneta.

Pero María Pereira, que no

sé si la conoces, que es

hija de Nonito Pereyra.

A Nonitos y a María,

la hija.

La hija que es encantadora,

es una mujer, una

chica encantadora.

Pues trabajaba con un

amigo nuestro de aquí, un

vecino de aquí en

hostelería, cosas de

hostelería y después se

pasó a trabajar, porque

este chico murió, se pasó

a trabajar con esos.

A ver esos que hacen bodas,

Mujer, que están en.

Estoy nerviosa.

No, estás cansada,

descansa dos minutos.

Josmaga.

Pues los de Josmaga cogieron

una carpa en orto

y querían hacerle una tela

por dentro, era la carpa.

Y bueno, yo se la contraté,

no sé cuántos, 600 metros

de lonetas, yo qué sé.

Y resulta que se la contraté

y las cosimos la costurera

y yo, Ermitas y yo.

Pero para colocarlas, yo

iba a llamar una persona

que me las colocara, pero

cuando vi lo que me

podían cobrar por

colocarla, me llevaba

todo el presupuesto que

yo le había hecho.

Pues coloqué yo la carpa

todita, con 70 años, subida

al andamio, mi marido

me movía al andamio

y yo poniéndole los ganchos

a la carpa, pero me quedó.

¿Y eso era lo que

nos querías enseñar

en el ordenador?

Porque mira, era una carpa

grandísima, 30 metros por.

A ver, 16.16.

32.32 metros así de ancho y.

No me acuerdo ya

cuántos de largo.

52 me parece que eran de

largo, porque después

quisieron una zona para

el bar y eso no sabes,

hacían las bodas y

aquella zona para el bar

y a la zona del bar les

hice una jaima.

Bueno, me quedó, pero me ves

a mí subida allí el andamio

de 4 metros de alto.

¿Y te hicieron alguna foto

de 4 metros de alto?

No, nada, no quise yo

que me hicieran fotos.

Ay, pues esas hay que

conservar las pilares.

Conservo la foto

del trabajo.

¿Nunca te dio por escribir?

No, porque deberías tener

tu historia escrita.

Debería, pero te voy a

decir cuando me puse con

el ordenador, puse una

página web y puse ciertas

cosas, pero llegué a un

punto que no podía

seguir, aunque te estoy

contando ahora.

Ahora pasaron ya 20 años

desde entonces, pero

vivía mi madre y había

un punto que no, pero

ahora deberías escribir.

Me tocaba la no, qué va,

escríbelo tú,

no tengo tanto tiempo.

Pero bueno, mira, de esta

parte de esto que

estamos grabando, hay

partes que podemos

quitarlas, pero te las

puedes quedar tú para ti

también me hicieron para

la televisión.

Bueno, pero aquí hay

partes que no quieres.

Hicieron para la televisión

y contesta así tan

largo, tanto tiempo.

No, la televisión vinieron,

era más un

reportaje en torno a.

Tuve que.

Bueno, presenté a mi madre,

dije que había sido

la artífice, la principal,

la primera, a mis hijos

y a mis nietos y sacaron

de la tienda todo.

Yo los recibí, no sabes.

Muy bonito.

Tengo.

Tengo el vídeo, ¿No?

¿Dónde lo tienes?

No lo tengo ahí,

no lo traje.

¿Pero que lo tienes en

vídeo, en cinta de vídeo o

en DVD o en qué lo tienes?

¿En DVD?

Bueno, yo creo que lo tengo

también en el ordenador.

¿Pero entonces ahora con

qué ordenador estás?

No tengo ninguno, no trabajo

con ningún ordenador.

¿Y si éste le recuperaras la

clave, podrías usar ese?

Podría usar cualquiera.

¿Y no le merece la

pena llevarlo a un

sitio que le intenten

recuperar la clave?

No, mira, de esos que

entran en las tripas,

porque a lo mejor fue mi

hijo el que o tengo yo

papeles con claves.

A ver si me acuerdo.

Yo si, sí.

Yo es que soy partidario

de una cosa,

a pesar de que tal.

Yo tengo una libretita

en la cocina donde hay

una serie de claves

que las dejo escritas.

Tengo libretas como esta en

casa, pero las tengo porque

algunas tengo tantas claves

que ya no sé cuál es.

Pues yo pongo al lado

tal y la fecha, pero yo

ya no te vayas a creer.

Pues sabes cuanto más nos.

Hay que ser más

sistemáticos, porque si no

se nos olvida, ¿No?

Mujer, ¿Qué decías

tú del cierre?

El cierre me dejó liberada.

Sí, pero sin embargo

estás de menos.

El otro día estabas

escuchando lo que hacía la

gente y tal, y en el fondo

se te notan las ganas de

seguir haciendo cosas.

Se te notan, Sí.

Pero tómate un tiempo

para pensarlo con calma.

A lo mejor anduviste un poco

acelerada últimamente.

¿Y tú eres persona de

hacer cosas, Pilar?

Sí que soy.

Pero también llega un

momento que te cansas.

Pero eso es un trabajo

también, dejar de

pensar en los demás.

Tengo la impresión.

Nos despedimos para

la cámara y así

seguimos hablando.

Pues sí.

¿Y cómo hay que hacer para

despedirse para la cámara?

Nada, chao.

Ni miramos.

No te preocupes.

Se nos hará un fundido.

Bueno, esto de aquí y

tal, luego se fundirá.

Seguro que se me han de

ocurrir más preguntas.

Pues preguntas.

Ya está.

Ahora ya dejo de grabar

ya dejo de grabar

por partes me puedo quitar.

Bueno, te dejo a ti

que me lo quites.

Vale, ahora

podemos hablar ya.

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