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Buenos días, Sr. Michaux. No me molesta en absoluto.
Estaba practicando con mi bumerang.
Lo hago antes de ir a la oficina, es ideal para el estrés.
¿A cenar el miércoles? Encantado, Sr. Michaux.
Hola.
-¿ Vienes al fútbol el miércoles? -Tengo una cena.
-Un expreso, por favor. -¿Una cena?
-Perier, un cliente, me invita. -¿Por qué?
Hacemos buenas migas. Cuando viene al banco, charlamos.
-¿De qué? -De todo. De política,
deportes... Me pide mi opinión sobre la actualidad y se la doy.
¿Con lo idiota que eres?
Quizá sea idiota, pero a esa cena irán peces gordos,
y Perier me dijo que les interesaban mis ideas.
Así que si hay un idiota, no es el que tú crees.
Eso es estupendo.
No hay problema, cuente conmigo el miércoles,
si no hay imprevis...
-¿Llegas o te vas? -Me voy.
Tengo que ir a Biarritz.
-¿A qué? -Es el cumpleaños de mi padre.
Dale un abrazo de mi parte.
Un café, por favor.
-¿ Vienes el miércoles? -No, me es imposible. ¿Tú irás?
Claro, pero sigo sin encontrar un idiota.
Y mira que he buscado. ¿No tendrás uno a mano?
No, pero veré qué se me ocurre. Bueno, me voy.
¿Qué es eso?
Es para mi padre. Precioso, ¿no?
Siglo XVlll, le encantará.
-¿Colecciona cucharones? -Tiene más de 300.
Le distrae desde que se jubiló.
Qué interesante. ¿ Y le gusta compartir su pasión con la gente,
disertar sobre los cucharones?
No, Pierre.
-¿Suele venir a París? -No, papá no.
¿Cómo, ""papá no""? Su afición es muy original.
-Y quieres llevarle a la cena. -¡Pero qué dices!
¿Me ves invitándole a una cena de idiotas?
Sí.
Me tomas por un cerdo.
Sí.
No, era una broma. Y ahora en serio,
sigo sin idiota y empiezo a ponerme nervioso.
Buenos días.
Disculpe.
Gracias.
-Se ha caído al sacarla. -No se preocupe.
La habrá reconocido.
¿Cómo?
La torre Eiffel. Hecha con cerillas. Concretamente, 346.422.
-¿La ha hecho Vd.? -Sí.
De lo mejor que he hecho.
-¿Tiene más? -¡Que si tengo más!
Le hablaba de la sustentación. Pues en una obra así,
ése es el problema: la sustentación.
Pero empecemos por el principio.
¿Qué es un puente colgante?
Si no se calcula el ángulo a la décima de grado, se acabó.
A la décima de grado,
¿se da cuenta?
Con el Concorde me enfrenté a otro tipo de problema.
-Y ahora, una pregunta con trampa. -Hemos llegado.
¿Qué fue más difícil,
la Torre Eiffel o el Concorde?
Hemos llegado.
Ah, sí. Qué pronto.
El tiempo ha pasado volando.
Póngame con Pierre Brochant, soy Jean Cordier.
Tengo uno.
-¿Cómo es? -Un campeón del mundo.
Cuando son nuevecitos, recién salidos del cascarón,
todos los jóvenes inexpertos creen que los viejos son idiotas,
y cuando se convierten en viejos canosos,
creen a su vez que los jovencitos son idiotas.
LA CENA DE LOS lDlOTAS
Yo, que no soy ni joven ni viejo, quiero daros a todos un mensaje:
el tiempo no tiene nada que ver,
cuando eres idiota, eres idiota.
Tengas veinte años o seas abuelo,
si eres idiota, eres idiota.
Se acabaron las controversias,
idiota caduco, idiota novato,
joven idiota de la última hornada,
viejo idiota decrépito,
joven idiota de la última hornada,
viejo idiota decrépito.
Vosotros, los idiotas inocentes, los idiotas jóvenes,
no lo neguéis, pensáis que vuestros padres son idiotas,
vosotros, los idiotas adultos, usados, los idiotas viejos,
confesadlo, pensáis que los niñatos son idiotas.
Meditad el mensaje imparcial
de uno que no es ni viejo ni joven.
El tiempo no tiene nada que ver,
cuando eres idiota, eres idiota.
Tengas veinte años o seas abuelo,
si eres idiota, eres idiota.
Se acabaron las controversias,
idiota caduco, idiota novato,
joven idiota de la última hornada,
viejo idiota decrépito,
joven idiota de la última hornada,
viejo idiota decrépito.
PARlS MlNlSTERlO DE HAClEND A
¿Qué, Sr. Auxerre?
¡A la mierda el Marsella, a la mierda el Marsella...!
Ya verás el Auxerre el miércoles.
¡Será gilipollas!
Disculpe.
Tranquilo, estoy acostumbrada.
Aquí Ediciones Pierre Brochant. ¿El Sr. Pignon?
Soy yo.
Le paso al Sr. Brochant.
-¿El Sr. Pignon? -Sí.
Le llamo de parte de Jean Cordier,
se conocieron en el tren.
En efecto, sí.
Me ha hablado de Vd. y quisiera conocerle.
¿Conocerme?
François Pignon. Estaba tan alucinado que no podía ni hablar.
Va a ser una gozada.
-¿ Y Michaud? -Trae a uno que colecciona bumerangs.
-Muy bueno. -Al parecer es excepcional.
-¿Cuántos seremos? -Diez, contando a Pignon.
Esto tiene buen aspecto.
-¡Joder! -¿Qué te pasa?
¡Christine!
-¿Has cancelado la cena? -¡Dios, qué frío está!
-¿La has cancelado? -¿No se necesita calor?
-Sorbier dijo hielo. -¿Le has encontrado?
Estaba aquí cerca, ahora viene.
Estupendo. Me gustaría beber algo... un vasito de whisky.
-¿El lumbago te vuelve sordo? -No, no he cancelado la cena.
¿Pretendes ir así a esa cena siniestra?
A mí me divierte, aunque a ti te parezca siniestro.
No vas a cabrearte porque quiera divertirme.
Quédate, ya sabes que últimamente no estoy muy animada.
Pues ven conmigo. Ya verás, son estupendas
esas cenas.
Es estupendo invitar a un infeliz para reírse de él.
Un infeliz no, un cretino, para eso están los cretinos.
Paso por su casa y luego vamos a la cena.
¿lrán al restaurante?
No, un amigo suyo organiza una cena.
¡Qué nervios! ¿Cuál?
Son iguales.
No, ésta es más roja. Me la pongo, es más fantasiosa.
Que no se me olvide mi carpeta de maquetas.
¡Quiere escribir un libro! ¡Sobre mis maquetas!
Dése prisa, llegará tarde.
¿Le has invitado aquí?
Quería verle antes. Ya verás, al parecer es fabuloso.
No voy a ver nada. Os dejo solos, divertíos.
-¿Adónde vas? -Yo también tengo una cena.
No me apetecía, pero iré.
¿Una cena con quién?
¿Es él? No quiero verle.
No, es el doctor.
-Sorbier. -Sí, suba, Doctor.
Buenas noches... Doctor.
Desbloquéele rápido, tiene una cena.
Una cena de idiotas. Cada invitado lleva a un idiota...
Christine...
Los idiotas no saben por qué los han elegido.
Les hacen hablar. Al parecer, es muy divertido.
Pero a mí no me hace gracia, así que me voy. Adiós.
Disculpe, le llamé por un lumbago, no por una pelea conyugal.
-¿Puedo lavarme las manos? -La primera puerta.
De jóvenes hacíamos cenas de feas.
lnvitabas a la chica más fea y luego dábamos un premio.
Sí, yo también lo he hecho.
-Es mejor con idiotas. -Pero menos claro.
No, hay tontos clarísimos. Pronto llegará uno,
ya verá, es inconfundible.
Está guapísimo.
Gracias, Louisette.
Bien, diviértase. Y sea ingenioso.
-¿Es un amigo suyo? -No.
Tengo amigos tontos, pero no tan tontos.
Los que seleccionamos son de alta competición.
-¿ Y de dónde los sacan? -No es fácil.
Es una caza al hombre. Con rastreadores que los buscan.
Es la quinta lumbar.
-¿Es grave? -No, pero tendrá que cancelar la cena.
¡Ah, no!
Descanse, volveré mañana.
He conseguido un idiota de primera.
Déme calmantes, lo que sea, pero haga algo.
La bolsa de hielo y reposo,
o le durará tres semanas.
Qué mala suerte.
La agenda, por favor.
Teléfono.
¿Cómo se llamaba...?
-¿ Y qué hace? -Trabaja en Hacienda.
¿ Y si descubre por qué le invita?
No, tenemos mucho cuidado. Ningún idiota descubre la verdad.
No está.
-¡Joder! -¿Qué?
Su contestador. lntenta ser gracioso y es patético.
Como a casa no he llegado, deja tu mensaje grabado.
En cuanto oiga tu voz te llamaré raudo y veloz.
Ahora le toca a Vd.
-¿A que es genial? -Excepcional, sí.
-Es él. -No se mueva, ya voy yo.
Soy François Pignon.
Quinto izquierda.
Ahí viene.
Le dejaré calmantes para esta noche.
-Por si le duele. -¿No se queda?
No, tengo que irme. Hasta mañana. Llámeme a casa si tiene
algún problema.
Deje la puerta abierta.
-¿Puedo pedirle un favor? -Claro.
No me invite nunca a cenar. Tendría mis dudas.
-Buenas noches. -Buenas noches.
Pase, está abierto.
Buenas noches. Pase.
Disculpe,
no me levanto porque tengo lumbago. Habrá que aplazar la cena.
Lo siento por Vd. El lumbago es un mal asunto.
Y una estupidez. ¿Qué hace el miércoles?
¿El miércoles? Nada.
Perfecto. Mi amigo da otra cena, está Vd. invitado.
Es muy amable.
Es normal. Hoy le hemos fallado, no le fallaremos la semana que viene.
Pero cuidado, el bumerang de verdad, el auténtico,
no el que encuentras en los bazares para turistas,
el primitivo, el que usaron los fieros guerreros australianos
desde los albores de la humanidad, ese bumerang,
posee una dinámica, un movimiento cuando se lanza bien,
que yo calificaría de milagroso.
Bien, ¿qué tal?
No muy bien, partido en dos. Calla, qué estupidez.
Siéntese.
No, esta noche es imposible.
Cenamos dentro de media hora. Quizá para entonces estés mejor.
...Puede decapitar a un canguro a 50 metros.
Bien, pero no contéis con nosotros.
Sí, está aquí.
Muy simpático.
Tiene cara de ganador.
Tranquilo, si no vamos hoy, le llevo la semana que viene.
¿Qué tal, Sr. Pignon?
Muy bien, gracias.
He oído su contestador, es muy divertido.
¿Sí? lntenté que el mensaje fuese original.
Muy logrado. Aún me estoy riendo.
Todo el mundo me lo dice. lncluso tengo amigos que me piden que grabe
su mensaje.
No me extraña.
Vd. tiene contestador, si quiere...
No, gracias.
Es un momento.
No, está muy bien así. Quizá
algo clásico para Vd., pero...
Estoy encantado de conocerle.
Yo también. Desde que me llamó al Ministerio, parece una tontería,
pero estoy como en una nube.
Primero pensé que era una broma. Debí parecerle estúpido.
Sí. No, no, estuvo Vd. perfecto.
Que un editor quiera publicar una obra sobre mis maquetas,
y que además me invite a cenar...
Ha cambiado Vd. mi vida, Sr. Brochant.
Lo de la obra no es seguro aún.
Le he traído las fotos de mis mejores trabajos.
Magnífica.
-Ocho meses de esfuerzos. -Se nota.
¿Lo hace por la noche?
Y los fines de semana. Cuando tengo un rato.
-¿ Y está casado? -Sí... bueno, no.
El Puente de Tancarville.
¡Magnífico! ¿Está casado o no?
Es decir, mi mujer se fue.
Con un amigo mío.
Esas cosas pasan.
Un tipo del Ministerio, inofensivo.
Un día lo llevé a casa y le gustó.
Por cierto, no sé por qué. No es precisamente un genio.
¿Cuántas cerillas cree que hay?
¿Cómo, que no es un genio?
El tipo con el que se fue. No puede saber qué tonto es.
Venga, diga un número.
¿Más tonto que...? A ver, Vd. es inteligente. ¿Cómo es respecto a Vd.?
No me gusta ser grosero, pero hay que decirlo. Es gilipollas.
¡Dios mío!
¿ Y bien?
No puedo creer que su mujer se haya ido con él.
Yo tampoco. Y es un verdadero tarado, sólo habla de windsurf.
-¿Dónde puedo contactarle? -¿Le gusta el windsurf?
Muchísimo. Me encanta el windsurf.
Pues le caerá bien. Benjamin. Pero le llamamos Delbobo.
Su número está en el listín. En Benjamin, no en Delbobo.
Bien, ¿cuántas cerillas?
Dos mil.
346.422.
Y espere, ¿cuántos
tubos de cola?
Vamos a ir a esa cena.
-¿Puede andar? -Lo intentaré.
-¿Tiene coche? -Sí.
Si me lleva, llegaremos. Ayúdeme a levantarme.
Vamos.
¿Qué tal?
Con cuidado.
37.
Tubos de cola. 37.
Vamos a pasar una velada estupenda. Estupenda.
Lo siento. ¿Se ha hecho daño?
A lo mejor se ha roto algo.
-¿Qué hace? -Llamar a un masajista.
-No hace falta. -Es amigo mío, es buenísimo.
-No hace falta. -El mejor de Courbevoie.
¡No quiero el mejor masajista de Courbevoie! Váyase a casa.
¿No vamos a la cena?
No. Ya no estoy en condiciones.
Deje, está el contestador.
""Deje su mensaje después de la señal"".
Sí, su mensaje podía ser más chistoso.
Soy yo, no volveré esta noche.
Creo que no volveré nunca más.
Siento
decirlo por el contestador, pero quizá sea mejor así.
Adiós, Pierre.
Bien, pues me voy.
-¿No necesita nada? -No, no.
Va todo bien. Buenas noches.
Disculpe...
se me olvidaba el maletín.
Estoy con Vd., Sr. Brochant, de todo corazón.
Muchas gracias, adiós.
Adiós.
¿Puedo ayudarle?
No, estoy bien, buenas noches.
Si alguien puede entender lo que le pasa, soy yo.
Sr. Pignon, quiero que me dejen en paz.
Eso dije cuando me dejó, y casi me muero de pena, solo en mi salón.
Y Vd. además, con lumbago.
No me ha dejado nadie. Está un poco depre,
ya volverá. Váyase a casa. Adiós.
""Ya volverá"". Eso decía yo también, y lleva dos años ""volviendo ya"".
Me voy a la cama, apague al irse.
¿No quiere que llame a mi amigo masajista?
¡No!
Es un artista, y barato. ¿Sabe cuánto cobra por venir a casa?
Me atiende el Profesor Sorbier, jefe de reumatología del hospital,
no necesito a Maurice.
Llevará muy bien el hospital, pero Vd. está fatal.
¡Porque se me ha caído encima!
¡Joder, no sé por qué discuto con este atontado!
Parece un caballo que se ha caído al saltar. En una pista, le matarían.
Váyase, Sr. Pignon.
Con un golpe así se queda uno tieso.
Si la médula está afectada, se queda paralítico.
Y como no vaya a Lourdes...
-Llame a Sorbier. -¡Así me gusta!
¿Cuál es el número?
En la agenda.
El Dr. Sorbier, de parte de Pierre Brochant.
Póngame con él, es urgente.
Aquí no hay ningún doctor.
Me he confundido de número.
Me he saltado una línea,
escribe tan pequeño...
¡Cuelgue ya!
Estoy en su casa, sí.
Sí, está aquí.
No, no está nada bien.
Tiene lumbago. Un desastre. No puede moverse,
está tirado en el suelo
como un saco viejo. Asqueroso.
¿Pero con quién habla?
Disculpe, ¿con quién hablo?
¿Ah, sí?
Entonces puedo decírselo. Está fatal. Además, su mujer
le ha dejado,
está destrozado. Por completo.
¡Quiere parar ya!
Tengo que dejarla, le fallan los nervios. Se lo diré. Adiós.
Era su hermana.
No tengo hermana.
¿No tiene hermana?
He dicho ""¿Con quién hablo?"" y ha dicho ""Su hermana"".
¡Es Marlène!
¿No es su hermana?
¡Se llama Marlène Sermana!
¿Cómo iba a saberlo? Dijo ""Marlène, su hermana"". Es un lío.
¡Déme el teléfono!
Rápido,
al no estar mi mujer, vendrá corriendo.
Lo que me faltaba, una ninfómana.
¿Porque además es ninfómana?
Basta ya.
Si la llamo, no me suelta. ¡Dígale que ha vuelto mi mujer!
¡Venga, rápido!
-Mi mujer ha vuelto, todo va bien. -¿Ah, sí?
¡Es lo que tiene que decir!
Lo siento.
Marlène Sermana.
¿Marlène Sermana?
Soy yo otra vez, llamo para decir que la Sra. Brochant ha vuelto.
Sí, ahora mismo.
Ella va bien, el Sr. Brochant va bien, todo el mundo va bien.
Sigue con lumbago, pero se lo toma a broma.
Bien, adiós.
No, no soy un amigo, le conozco porque le interesan mis maquetas.
Sí, reproduzco con cerillas grandes obras de lngeniería.
El Puente de Tancarville, el Golden Gate...
-¡Le trae sin cuidado! -¡Qué va, le encanta!
¡Cuelgue ya!
Disculpe, tengo que dejarla,
me llama y no quiero dejarle solo en este estado.
¡Santo Dios!
¿Solo? ¿No ha vuelto su mujer?
¿Cómo?
Claro que ha vuelto. Pero ha salido otra vez.
""ldo"" no, ""salido"". Sólo un momento. A sacar la basura.
¡Pero qué dice!
Aries... Aries ascendente Géminis.
-Los Aries no mienten. Yo no miento. -Ya basta.
¡Voy para allá!
Ha colgado. Ha dicho ""Voy para allá"" y ha colgado.
Déme ese teléfono.
Lo siento, me he relajado un poco. No podía saber
que era tan perspicaz.
Hola, cariño. Estoy en camino, dejo a los perros y ya voy.
No hagas nada. Mi mujer está a punto de llegar, no vengas ahora.
No quiero apenarte, pero no creo que vuelva.
¿Sabes qué pienso? Que ha vuelto con Leblanc.
¿Leblanc? ¿Qué dices? ¡Eso se acabó, pasa de Leblanc!
Te digo que no se ha ido con nadie y que tú no puedes venir aquí.
Esa loca no quiere escucharme.
Puede irse, Señor Pignon, necesito estar solo.
Me voy. ¿Le llevo a la habitación? No va a quedarse ahí tirado.
Lléveme al sofá.
Con cuidado.
No, mire hacia adelante.
-Son todas iguales. -¿Cómo?
No pude evitar escuchar. Al parecer la suya también se ha ido con uno.
No se ha ido con nadie.
La mía tampoco se fue con nadie, porque
Benjamin y nadie es lo mismo, pero aun así se fue con él.
-¿No nos habíamos despedido ya? -Sí, sí, me voy.
Le doy un poco de agua para las pastillas y me voy.
¿Es amigo suyo?
¿Quiere dejarme en paz?
Su maletín.
Cuando me pidió que contase mi vida, no le dije ""Déjeme en paz"".
Adiós, Sr. Brochant.
Leblanc era mi mejor amigo. Llevamos enfadados
dos años. Ya está. ¿Está contento?
¿ Y por qué se enfadaron? Porque rondaba a su mujer.
No, se la quité yo.
Él vivía con Christine y ella le dejó por mí.
Habían escrito juntos una novela
-y vinieron a proponérmela. -¿ Y...?
Me quedé con ambas. Con la novela y con Christine.
¡Todos los que hacen windsurf les quitan la mujer a los amigos!
¡Yo no hago windsurf!
¿No? Me dijo hace un momento que...
Hago poco windsurf como para quitarle la mujer... ¡Pero qué digo!
¿Su curiosidad ha quedado
satisfecha?
¿Por qué no le llama?
¿A quién?
A él, para saber si ha vuelto con él.
Sí, le pregunto: ""¿La mujer que te mangué ha vuelto contigo?""
Al menos estaría seguro.
Yo llamé a Benjamin. Le dije: ""¿Te has largado con Florence?""
Dijo que sí y me colgó. Quedó claro.
¿Le llamo?
¿Usted?
Sí, digo: ""Soy un amigo de la Sra. Brochant, ¿sabe dónde está?""
Y no se mosqueará en absoluto.
Sólo intento ayudar.
Estoy seguro de que no ha vuelto con él.
No insisto.
Buenas noches.
Si le digo exactamente lo que tiene que decir, ¿podrá hacerlo?
A veces pienso que me toma por un estúpido.
Claro que puedo hacerlo. ¿Qué digo?
Podríamos utilizar el libro que han escrito.
Le llama y dice que es productor de cine.
Ha leído la novela
-y quiere comprarle los derechos. -Sí, muy bien.
Y luego le pregunta cómo
-contactar a su colaboradora. -¿Qué colaboradora?
¡Mi mujer! ¡Escribieron un libro!
Sí, claro, disculpe.
-No funcionará. -Sí, lo he entendido todo.
-Aunque no es sencillo. -¿No es sencillo?
Usted es productor.
Tiene una productora en París.
No, en París no. Es Vd. extranjero.
Bien. ¿Americano, alemán?
Belga. Sí, perfecto, belga.
¿Por qué belga?
Porque le pega.
Es un productor belga, ha leído ""El Caballito del Tiovivo"" y quiere
-los derechos para el cine. -¿Es bueno el libro?
Muy malo, pero ¿qué importa?
-Eso me preocupa un poco. -¿Por qué?
Si el libro es malo, ¿por qué compro los derechos?
Señor Pignon... Vd. no es productor.
No.
-Tampoco es belga. -No.
No llama para comprar los derechos, sino para saber dónde está mi mujer.
¡Qué retorcido, pero qué inteligente!
-¿Cuál es el número? -01 47 45...
Ya marco yo.
-Se llama Justo Leblanc. -¿No tiene nombre?
Se lo he dicho, es Justo Leblanc.
Leblanc es su apellido y Justo el nombre.
Señor Pignon, el nombre de usted
es François. Justo ése, ¿no?
Pues él igual, es Justo.
Bien, no perdamos más tiempo.
Ella utiliza su apellido de soltera, Le Guirrec.
¿Sí, es de Bretaña?
Concéntrese.
Discúlpeme.
Y no lo olvide, al final le pregunta dónde puede contactar
a Christine Le Guirrec. Bien, le pongo en el altavoz.
-Le toca. -¿Pongo acento belga?
No.
¿Podría hablar con el señor Leblanc... Justo, pues?
Soy yo.
Buenas noches, Sr. Leblanc,
aquí Georges Van Brueghel. Disculpe que le llame tan tarde,
pero soy un productor belga, he venido de Bélgica, pues,
y me interesa mucho su novela...
""El Caballito del Tiovivo"".
Y me gustaría discutir la compra de sus derechos para el cine.
¿Es una broma?
En absoluto, ¿una broma por qué?
Corta el rollo, te he pillado.
Se equivoca, no soy Etienne. Soy productor y soy de Bruselas.
¿Qué productora?
¿Cómo?
Su productora, el nombre.
""Películas del Llano"".
Eso, una productora joven pero dinámica.
-¿ Y le interesa mi novela? -Me interesa mucho.
¿Para el cine o para la tele?
¡Para el cine, Sr. Leblanc, para la pantalla grande,
no para la caja boba!
Me gustaría hacer la adaptación
yo mismo.
Eso no es problema, Sr. Leblanc. Pero debe saber
que somos una compañía modesta sin muchos medios, pero si no es
demasiado ambicioso...
De dinero hablaremos más tarde.
¿Cuándo nos vemos, señor...?
-Van Brueghel. -¡Y mi mujer!
Le llamo mañana y quedamos pues.
-Bien, hasta mañana. -¡Hasta mañana, Sr. Leblanc!
¡Hemos conseguido los derechos!
Y seguro que baratos. El tío ha entrado a tope.
¿ Y mi mujer?
¿Qué?
¡Se le ha olvidado mi mujer!
Hace el payaso 5 minutos y se le olvida mi mujer.
He metido la pata.
Jamás hubiese podido imaginar...
Sí, he metido la pata.
Hemos batido el récord.
-Vuelvo a llamarle. -¡Déme eso!
Le digo: ""Por cierto, ¿y su colaboradora, Christine Le Guirrec?""
Déme ese teléfono.
Lástima, íbamos a enterarnos.
Sólo le dirá: ""Por cierto, ¿y su colaboradora, Christine Le Guirrec?""
Ni una palabra más.
Un tío con un acento increíble.
Van Brueghel. Su productora se llama ""Les Films del Llano"".
A mí tampoco me suena.
Espera, me llaman por la otra línea.
Sr. Leblanc, disculpe que le moleste, soy yo otra vez, Van Brueghel.
Estoy hablando con mi agente, déme su número y le llamo.
01 45 90 56 03.
-Ha cortado. -¡He cortado yo, imbécil!
¿lmbécil?
¡Le ha dado mi número!
Claro, me ha preguntado dónde podía llamarme.
No descansa nunca, ¿verdad?
Estoy un poco desbordado. lntento entender, pero...
Es de clase mundial.
Quizá incluso el campeón del mundo.
Llaman.
¡Se alegra! ¡Llaman y se alegra!
Es él. ¿No cogemos?
Ahora no estamos, deje su mensaje después de la señal.
Pierre, soy Justo.
Me preguntaba qué hacía ese productor belga en tu casa,
luego comprendí que buscabas a tu mujer.
Si es así, pregúntamelo directamente y sin acento. Adiós.
¿Justo? Soy yo. ¿Dónde está?
Llevo dos años deseando esto. Pero no me alegro, te compadezco.
Dime sólo si está en tu casa.
No está. Me llamó diciendo que te dejaba,
estaba trastornada.
-¿No te dijo adónde iba? -No.
¡Dónde estará!
Duele, ¿eh?
Sé que lo has vivido, pero yo además tengo lumbago.
No me digas.
Si me vieses te partirías de risa, no puedo ni moverme.
¿Quieres que vaya a verte?
No te molestes, prefiero estar solo. Buenas noches y gracias.
No tienes por qué hacerlo, pero si vuelve a llamar...
Te llamo. Te lo prometo.
Gracias.
No me merezco un amigo como tú.
¿Me pasa esa libreta?
Deje esta nota en la puerta.
""He tomado calmantes,
estoy durmiendo,
no quiero ver a nadie esta noche.""
-Espero que me dejará en paz. -¿Quiere que la espere?
-Vd. se encierra y yo vigilo. -No, bastante ha hecho ya.
Sé que no he estado a la altura
y lo siento mucho. Me hacía tanta ilusión ayudarle...
Ayúdeme hasta la cama, sólo le pido eso.
Si se siente depre esta noche, llámeme, vendré de inmediato.
¡No!
¿Sabe lo que eché de menos cuando se fue la mía?
Un amigo que me diese la mano.
Adiós, señor Pignon.
Sra. Sermana, iba a dejarle esta nota.
Habló conmigo hace un rato.
El Aries ascendiente Géminis.
Llamaba al médico y caí con Vd. Y comprendí que era su amiguita.
¿Su amiguita?
Sí, siento haber resultado tan confuso, la cosa es muy sencilla.
Su mujer le ha dejado, pero pasa a tope. Está feliz,
duerme y no hay que molestarle.
¿Está claro?
Muy claro, sí.
Me va a oír.
¡Marlène!
¿Puedo llamarla Marlène?
No faltaba más.
Comprendo bien al Sr. Brochant y quiero darle un consejo.
Le escucho.
Espere un poco. Su mujer se ha ido, pero no se precipite.
Siga siendo la amante sensual y divertida,
de las de liguero y champán, ¿me entiende?
Siga viéndole tres o cuatro veces por semana,
distráigale y espere. Si tiene que ir a Vd., irá.
¿Le dijo que me veía 3 ó 4 veces por semana?
Creo que le vería todos los días si pudiese,
así que no insista y vuelva a su casa, es lo mejor.
Sí, más vale que no le despierte.
Bravo. Y voy a hacerle una predicción.
Llamará a su puerta con un ramo de flores.
¿ Vd. es quien cenaba hoy con él?
¿Le ha hablado de mí?
Le hubiese reconocido de todas formas.
Buen trabajo.
Vi la luz y supuse que no dormía.
-¿Sigue aquí? -Dé gracias al cielo de que así sea.
-¿Por qué? -Hemos tenido visita.
-¿Quién? -La loca.
¿Marlène?
lba a forzar la puerta de su habitación,
pero afortunadamente, un tal Pignon le dijo: "" ¡Prohibido el paso!""
¿La ha echado?
Sí, y creo que esta vez he estado de lo más sutil.
Alterné dulzura y firmeza y se fue. Y no creo que vuelva por aquí.
Me alegro.
Es una lástima, porque es guapa de verdad.
¿A qué se dedica?
Escribe.
¿También ella? ¿Se acuesta Vd. con todos sus autores?
Métase en sus asuntos.
Bien, no es asunto mío, pero pienso que eso no está bien.
Siempre le he sido fiel a mi mujer.
Y eso que en el Ministerio no faltan oportunidades.
Ahora quisiera un poco de tranquilidad.
Vaya, hoy no paramos.
¿Quién es?
El Sr. Leblanc.
-Aun así has venido. -No quería dejarte solo.
No estaba solo, me he ocupado bien de él.
Muy bien. ¿No se iba, señor Pignon?
Sí, me voy.
-Le dejo mi expediente, le distraerá. -Gracias, no es necesario.
-Construyo con cerillas. -Señor Pignon...
Tancarville, uno de mis mayores logros.
Justo no ha venido a hablar de maquetas.
Entiendo, disculpen.
Y llévese su expediente, hoy no estoy de humor.
-¿Qué es de tu vida? -Sigo escribiendo.
Tranquilo, tengo editor.
-¿Qué escribes? -Después.
Ella acaba de llamarme.
Dudaba entre volver y hacer una tontería, intenté
convencerla de que volviese.
¿Qué tontería?
Temo que haya ido a casa de Meneaux.
Pascal Meneaux,
el publicista, debe estar con él.
-¡No! -Sí.
Lleva tiempo tras ella, ella resistió, pero...
¿No ha acabado?
Las guardo por orden cronológico, las más antiguas primero.
-Ordénelas en su casa. -Bien.
¡Meneaux es lo peor!
Quizá por eso lo eligió. Está resentida.
Y elige un Don Juan, un ligón. ¡Está loca!
¿ Y la mía, que eligió un gilipollas?
¡Quiere dejarme en paz!
Me voy. Adiós, señor Brochant.
-¿Dónde vive? -Tiene un picadero en París,
pero no sé las señas.
Adiós, Sr. Leblanc.
Es un secreto. ¿Quién podría informarnos?
Adiós, Sr. Brochant.
¡Alguna forma habrá de averiguarlo!
Meneaux ha sido inspeccionado.
Si es Meneaux, he visto su expediente en el Ministerio.
Le inspecciona Cheval, un amigo mío. Sí, tiene un picadero en París,
pero no es ningún secreto. Al menos, para nosotros.
Adiós, Sr. Brochant.
¡Alcánzalo, joder!
Brochant quisiera hablarle.
Disculpe, estaba un poco nervioso.
Reconozco que me ha herido.
Echo a esa loca y no me lo agradece, me tira mis fotos a la cabeza...
-Discúlpeme. ¿Quiere beber algo? -No, gracias.
Sólo las estoy recogiendo, no le molestaré más.
No me molesta.
Hace construcciones increíbles con cerillas.
¿En serio?
Mi primera obra, 343 cerillas. Verá Vd. que es
-bastante rudimentaria. -Pero prometedora.
Espere a ver el resto.
Podría conseguirnos las señas de ese piso.
No quiero llamar a Cheval a estas horas.
Estará viendo el fútbol en la tele y le molestaría.
-Un derrick. -Magnífico. ¿Lo has visto?
Sí.
¿Saben cómo lo he llamado?
"" Beau Derrick"". Por la actriz americana, Bo Derek.
Beau Derrick, Bo Derek.
No saben cuánto nos reímos en la oficina.
Mi mujer está con un obseso sexual, podría hacer un esfuerzo y llamar.
-Espere al descanso. -¿Por qué?
Si le llamo antes del descanso, me mandará a paseo.
-¿ Y cuándo es el descanso? -Lo mejor es ver el partido.
-¿Tiene tele? -No voy a ver fútbol ahora.
-Es Marsella-Auxerre. -¡Me da igual!
Disculpe, hay una tele en el salón.
¡Ale Auxerre, ale Auxerre, ale, ale...!
-¿No es un poco tonto? -Por eso le invité.
-¿Es el tipo de tu...? -Sí, es horrible.
No me lo creo.
-¿Es el idiota de tu cena? -No puedo más.
-No hace gracia. -Perdona, te veo con tu lumbago
y tu pena de amor en manos de ese...
Calla, por favor.
Sabes, cuando me dijo que te dejaba no me alegré,
pero te veo con ese capullo...
Joder...
No te muevas.
¡Precioso!
¡Pignon!
¡Ya voy!
¡Auxerre ha marcado! El descanso...
-¿Ha vuelto? -François Pignon, Marlène.
¿A quién ha echado antes?
¡A Marlène!
¡Marlène es ésta! ¿A quién ha echado?
Si es para reírte, lárgate.
Disculpa.
¿Era rubia, con un impermeable beige?
Me dice: ""Que viene la loca, que viene la loca.""
Llega una mujer y pienso: ""Es la loca.""
¿De quién habla?
Ahora vuelvo.
¿Qué le ha dicho?
-¿A quién? -¡A mi mujer!
Nada.
Vuelve, hablan 5 minutos y se larga corriendo.
-¿Qué le dijo? -Creía que era la histérica.
Que había largado a sus perros y que venía, la muy ninfómana.
¿De quién habla?
Vuelve a tu casa, tengo un problema.
Escúchame...
Marlène, vete, por favor.
¿Me espachurro con los perros en el coche para venir a verte y me echas?
Váyase antes de que esto se ponga feo.
¡Vete, Marlène!
Lárguese, es lo mejor que puede hacer.
Ha echado a mi mujer.
Lo siento, señor Brochant.
Volvió y la echó. La envió directo a casa de Meneaux.
Vale, he metido la pata, pero es un error comprensible.
Váyase.
No, le necesitamos. Llame a Cheval.
No quiero verle, que se vaya.
Lo siento. Ojalá me tragara la tierra, sólo quería
El descanso. Hay que llamar a Cheval.
Lo arreglaré. Dígame que llame a Cheval. Por favor, dígamelo.
Díselo. Hay que sacar a Christine de ahí.
-Dígame que le llame. -Díselo.
Llame a Cheval.
¡Gracias, señor Brochant!
Todo se arreglará, ya lo verá, todo se arreglará.
Lucien, ¿qué tal? Soy François.
¿Qué tal se siente el forofo del Auxerre?
No soy un forofo. Y 2-1 , aún no hemos perdido.
¡Les cascan dos goles en cinco minutos y aún no han perdido!
Los de Auxerre son unos payasos, unos capullos, unos mierdas.
¿ Y a quién le panearon en Burdeos? ¿Al Auxerre?
"" ¡Marsella, hasta el fondo, que te lo metan bien hondo!""
¡Que te den por saco!
¡Lo mismo te digo!
¡Será gilipollas!
Ale, Marsella... "" ¡Marsella, a cagar! ¡Marsella, a cagar!""
Qué capullo.
Llamo otra vez.
-Es un fuera de serie. -Lleva una hora así.
Tranquilo, le llamo. En el fondo nos adoramos.
Lucien, tengo que pedirte un favor.
-Vale, pero con una condición. -¿Cuál?
Que grites "" ¡Ale, Marsella!"".
Quiero oírte gritar: ""¡Ale, Marsella!""
¡Venga, hombre!
"" ¡Ale, Marsella, ale, Marsella!""
Que conste que lo hago por usted, Pierre.
Es algo serio.
-Sí, es importante. -Te escucho.
Tú llevas el expediente Meneaux, ¿no? El publicista.
Afirmativo.
Quiero saber las señas de su picadero.
No eres su estilo, sabes.
¿Cómo?
Le gustan con más pecho y menos pelos en las piernas.
Es un cachondo.
Hablo en serio, necesito la dirección.
¿Por qué la quieres?
Es para un amigo. Piensa que su mujer está allí.
¿En casa de Meneaux? ¿Su mujer? ¡Pobrecito!
-¿Lo entiendes ahora? -¡Y que lo digas!
Le he visto en acción.
Ve una falda y se vuelve loco.
Es un cerdo.
Bien, ya basta.
¿Conozco a ese cornudo?
No creo. ¿Le han inspeccionado?
No.
-No le conoces. ¿La dirección? -No la sé.
-La tengo en el despacho. Mañana. -No puedo esperar.
Es urgente. Tómalo como un favor personal,
¿puedes ir al Ministerio ahora?
¿Ahora? ¿ Y el partido?
Grábalo, veremos el segundo tiempo juntos.
No puedo, le estoy grabando el patinaje a Charlotte.
Te lo grabamos aquí, ve rápido al Ministerio.
Mira que eres coñazo. Ni siquiera he cenado.
-Que cene aquí. -Mi amigo te invita.
Ni siquiera le conozco.
Es muy simpático. Ve rápido, a esta hora no hay tráfico.
¡Mira que eres coñazo!
He dicho ""Ale, Marsella"". ¡He dicho ""Ale, Marsella"" !
¿Dirección?
Calle de la Universidad 9, 5º izda.
-Hasta ahora. -Hasta ahora.
¡Hemos ganado, Sr. Cornudo! Quiero decir, Sr. Brochant.
No ha sido fácil, pero hemos ganado.
-¿Estás bien? -Mejor. Me sientan bien las pastillas.
Hay que grabarle el partido a ese tarado.
De tarado nada, es de los mejores inspectores que tenemos.
Le sueltan en un piso así y se pone las botas.
Quizá no sea prudente invitar a un inspector de Hacienda a casa.
Soy amigo suyo, no va a hacer horas extra
-conmigo, ¿no? -lnspeccionaría a su propia madre.
¿Es una copia?
Si no tiene nada que reprocharse, si lo tiene
todo declarado, no se preocupe.
¿Qué le damos de cenar?
Hay congelados y huevos.
Le haré una buena tortilla.
-Ayúdame. -Cuidado con tu espalda.
-¿Dónde dejo esto? -Lo guardaremos todo en mi cuarto.
Bastante difícil lo tengo ya...
Consigue que tu mujer se vaya con otro y que te inspeccionen. ¡lncreíble!
-¿Qué vino es? -Lafitte Rothschild del 78.
-Notará que es un vino excepcional. -No tengo otro.
-¿Ningún vino corriente? -No.
He currado toda mi vida para no beber vino corriente.
Sólo tengo buenos vinos. Que beba agua.
-¿Entiende de vino? -¿Cheval? Sí, sí entiende.
Le va a gustar esta botella.
¿Le oyes? Tenemos un problema.
Ahora mismo lo arreglo.
Tiene aroma.
-¿Qué haces? -Meto vinagre en mi Château Lafitte.
Así transformas un buen vino en vinorro.
Ya está. Un Lafitte peleón.
-Prueba. -No. Prueba tú.
No, gracias.
Qué raro. Le ha dado cuerpo.
-¡Maldita sea! -No está peor.
-Creo que incluso está mejor. -Sin duda.
A ver...
Sí. Es bueno saberlo.
Debería bastar.
-No, no, no. -Sí, sí, sí.
-¡El servicio! -Allí.
Perfecto.
Cheval.
5º izquierda.
-¿Se siente bien? -Sí.
-Ahí llega. -Ya voy yo.
¡No vas a darle eso!
Lucien Cheval, Pierre Brochant, Justo Leblanc.
Le agradezco que...
-¡No me diga nada! -¿Cómo?
El partido. No me diga nada.
Auxerre ha empatado, pero no digo nada.
-¿Ha empatado? -Qué va, es una broma.
Capullo... ¡capullo!
¿A que es un capullo?
¡La cara que has puesto cuando he dicho que había empatado!
¡Ya está contento para toda la noche!
Disculpe, es urgente, ¿tiene las señas?
-Es el señor del que te hablé... -Ah sí, el...
-Eso, sí. -Tengo las señas aquí.
Me muero de hambre.
Siéntate, te he hecho una tortilla que te vas a chupar los dedos.
¿ Voy a comer solo?
Sí, ya hemos cenado. Bien, el picadero.
lnspeccioné a un tal Michel Brochant hace 3 años. ¿Pariente suyo?
Es posible. ¿Dónde vive?
En la cárcel. Le cayeron 5 años.
Era muy simpático, tenía
un piso grande y precioso como el suyo, que se subastó.
A ver ese picadero.
Va a costarnos encontrarlo, tiene muchas propiedades.
La publicidad es un buen negocio.
¿A qué se dedica Vd., Sr. Brochant?
Soy editor.
Eso va muy bien, ¿no?
Haga el favor, Sr. Cheval. La dirección.
Calle SaintJames... No, ahí es donde vive.
-¿Dónde está ese nido de amor? -¡Y una buena tortilla!
-¡Marchando! -Gracias, François.
Un vinito sin pretensiones. Un poco rascón,
pero es una ganga.
A ver esta tortilla...
-¿Qué pasa? -Tu tortilla está estupenda.
Será tonto. Gracias, Lucien.
Ligera, untuosa...
El secreto es echar una gotita de cerveza
-al batir los huevos. -¡Las señas, joder!
Calle Lincoln. No, eso es su oficina.
Calle del Templo...
no, esto tampoco.
¿Le han embargado?
¿No, por qué?
Hay marcas en las paredes, como si hubiesen quitado cuadros.
¡Lo ve todo, es tremendo! ¡Eres tremendo, Lucien!
¿ Va a ayudarle o a inspeccionarle?
¡No, va a ayudarle! ¿ Verdad, Lucien?
Date prisa, el pobre Sr. Brochant está sobre ascuas.
El pobre Sr. Brochant...
De acuerdo, Meneaux es un pajarraco,
pero ya saben: ""El gallo está suelto, guarden sus gallinas.""
Aquí está. Bulevar Maurice Barrès. Sabía que era en el Bosque.
Maurice Barrès 37 bis.
-En Neuilly. -Bravo.
-Voy. -Espera, tienes que estar seguro.
No vas a presentarte allí sin estar seguro.
Además, no abrirá, es muy desconfiado.
-Echaré la puerta abajo. -No es tan fácil.
¿ Y si lo consigues y Christine no está,
-¿qué haces? -Podemos llamarle.
¿ Y le pregunto si la tiene en su cama? Y dirá ""Claro, debajo del edredón"".
¡Debajo del edredón! ¡Del edredón!
¡Basta ya!
Había un adorno aquí. Había un adorno.
Hay polvo alrededor.
¡Se lo dije, es un profesional!
¡Bravo, Lucien!
Voy a sonrojarme.
¡No seas modesto, has pillado a muchos!
¡Ya tenemos las señas, que se vayan!
Por favor, basta ya.
Tengo una idea. ¿Me oyes? Tengo una idea.
Hay que asustarle para obligarle a decir la verdad.
¿Cómo?
Llamamos y decimos que lo sabes todo, que vas hacia allí.
lncluso, que vas con tres gorilas amigos tuyos.
No está mal.
Si ella está, la echará asustado. Si no está, lo sabremos.
Eso está muy bien, buena táctica.
¿Llamamos? ¿Quién llama? Yo no puedo, conoce mi voz.
Lo mismo digo.
Yo imposible, me paso el día con él.
Me huele que me van a necesitar.
-¡No! -Es el único que puede hacerlo.
¡Adelante, estoy en forma!
Vamos, no habrá problemas.
Ya verás.
Por mí, le ayudo, pero si no quiere...
Esperen. ¿De parte de quién llamamos?
De parte de un amigo suyo que tenga el número. Si no, se mosqueará.
Llame de parte de Roussin, su socio, están siempre juntos.
Pues ya está.
¿Por qué no llama él mismo?
¿Por qué hace Roussin que llame otro?
Porque está en un avión.
Se iba de viaje esta noche. Me lo dijo Meneaux.
Estupendo.
Decimos que Roussin no pudo contactarle.
¡Es perfecto!
-¿Ha comprendido la estrategia? -Está muy clara.
¡Que ensaye primero! ¡Tiene que ensayar mucho, mucho!
Siéntese, Sr. Pignon, y repita:
""Le llamo de parte de Roussin, intentó contactarle antes de irse.""
-Vale. -¡Repita!
Yo soy Meneaux, repítamelo.
Lo he entendido.
Por favor, repita exactamente: ""¿Oiga?""
¿Oiga? Le llamo de parte de Roussin.
Muy bien.
No pudo contactarle y tiene un mensaje urgente.
Perfecto, ¿no?
Ya veremos. Y añade: "" Brochant lo sabe todo.""
-De acuerdo. -¡Repita!
¡No es idiota!
"" Brochant lo sabe todo"".
Él dice: ""¿Qué?"" Y Vd.: ""Sabe lo de su mujer y va hacia allí.""
Él dice: ""¿Quién llama""? Y usted:
""Soy un amigo de Roussin, me dijo que Brochant no estaba solo.""
""Va con tres amigos suyos que están cuadrados.""
Un artista, ¿eh?
-Sólo es repetir como un loro. -Pero está perfecto.
Quizá podría improvisar un poco.
¡No!
No grite así, me ha pegado un susto.
Repita exactamente lo que le he dicho.
Bien, no perdamos más tiempo.
¿El número?
01 47 47 39 63.
¡Allá vamos!
Tengo miedo.
-La estrategia es excelente. -Me preocupa el estratega.
-Está sonando. -Ponga el altavoz.
Ojalá no hayan empezado.
-No contesta. -Tendrá algo mejor que hacer.
-¿Pascal Meneaux? -Sí.
Voz cansada, mala señal.
Mala señal.
Disculpe que le moleste,
le llamo de parte de Jean-Paul Roussin.
¿Sí?
lntentó contactarle antes de irse, tenía un mensaje urgente.
Le escucho.
-Brochant lo sabe. -¿Qué?
Sabe lo de su mujer y va hacia su casa.
Bravo.
¿Quién llama?
Un amigo de Roussin, Brochant va hacia allí y no está solo.
Va con tres amigos suyos que están cuadrados.
¡Está loco, no estoy con su mujer!
¿Con ella no?
No, canceló la cita.
Pues Roussin
me dijo ""Está con la Sra. Brochant"".
Para nada.
Estoy con la mujer de mi inspector fiscal.
¿Cómo?
Un cabrón que no me deja en paz. Me estoy tirando
a su mujer, no a la Sra. Brochant.
¿Puedo utilizar su teléfono?
No faltaba más.
Fue de compras a los Campos Elíseos esta tarde,
y le dije ""Llévame este formulario al despacho de Meneaux"". Y ya ven.
Hola, Meneaux.
¿Puede pasarme a la Sra. Cheval, por favor?
Claro que me ha reconocido. Le veré mañana a las 9, como siempre,
volveremos a empezar desde el principio.
Y ahora, páseme a mi mujer.
¿Charlotte? No me des explicaciones,
quiero que te vayas de ahí inmediatamente, ahora mismo.
¿Cómo? Claro que te vistes,
claro que te vistes.
No estoy solo, no puedo hablar ahora, hablaremos en casa.
Charlotte, te grabé el patinaje artístico.
¿Qué vino es éste?
Rasca un poco, ¿no?
Voy a devolver. ¿Dónde está el servicio?
Primera puerta a la izquierda.
Dije a la izquierda.
Una habitación muy interesante.
Me sirve de trastero para las cosas que no tienen valor.
-¡Me da igual, es horrible! -¿El qué?
¡Esto apesta a defraudación, y me da igual!
Serénate. Vuelve a casa y date una ducha, tienes que serenarte.
-¿Te doy la cinta del partido? -No estoy para partidos, gracias.
-Adiós, Sr. Leblanc. -Adiós, Sr. Cheval.
-Adiós, Sr. Brochant. -Adiós, gracias por venir.
No faltaba más,
nos veremos muy pronto. Porque voy a inspeccionarle. Esto no está claro.
Se recupera rápido.
-¿Dónde estará? -Vuelvo a casa. Si llama, te aviso.
Gracias.
Adiós, Sr. Pignon.
¿Se van todos?
Sí, puede volver a su casa.
Sí, soy yo.
Sí, soy su marido. ¿Por qué, le ha pasado algo?
No.
¿En qué hospital? Ahora voy.
Es la policía, ha tenido un accidente.
-¿Es grave? -No,
un traumatismo, pero está en observación.
-Si quiere puedo llevarle. -No es necesario. Gracias.
Pierre, soy yo.
Sé que estás ahí.
Lo que haces no está bien.
Me dijiste que ibas a dejar a tu mujer, y mira cómo me tratas.
Contesta, no me dejes así, te digo que estoy fatal.
Descuelga. Si no contestas, soy capaz de hacer una locura.
Su mujer ha tenido un accidente.
¿Un accidente?
-No parece grave, pero... -Lo tiene bien merecido.
No diga eso, Marlène.
Lo tiene bien merecido, es un cerdo.
Total, su mujer ingresada y yo voy a tirarme por la ventana.
No haga eso e intente comprender, está pasando un mal momento.
¡Es un cerdo!
¡Mierda, mi vaso! ¡Vaya, la moqueta!
¡Por qué me habré enamorado de un cerdo así!
Disculpe, tengo que colgar.
No, no me deje.
Por favor, quédese un poco más, me sienta bien hablar.
¡Cuelgue!
-¡Quiere suicidarse! -Puro chantaje. Cuelgue.
¿ Y mis llaves?
Marlène, prometa que no va a hacer una tontería.
Prometa que va a ser razonable.
Usted sí es amable. Pero él es un cerdo.
¡Qué cerdo! ¡Qué cerdo!
Vamos, no diga eso.
Es rastrero.
Fíjese, hasta su forma de divertirse.
Tengo que irme.
Si no fuese por su lumbago, estaría burlándose de un infeliz.
¿Cómo, burlándose de un infeliz?
¡Cuelgue, joder!
¿No se lo ha dicho?
Todas las semanas, él y sus amigos hacen una cena de idiotas.
lnvitan al tío más idiota que encuentran para burlarse de él.
Vamos.
Venga, vamos. Tome, su maletín...
Rápido, tengo prisa.
¿Sr. Brochant?
¿De qué iba la cena de esta noche?
Una cena con amigos interesados por sus obras.
-Vamos ya. -¿Había otros invitados?
Sí, claro. ¿No podríamos hablarlo en el ascensor?
¿Qué tipo de invitados?
¿A qué viene este interrogatorio?
Sólo quiero saber cómo eligen a los invitados.
¿Adónde quiere ir a parar?
¿Me ha invitado a una cena de idiotas?
Ahora mismo salía hacia el hospital.
¿Qué tal estás?
¿Qué quieres decir?
Es ridículo, no voy a dejarte sola en el hospital.
Esta noche he comprendido muchas cosas. Te necesito.
¡Calla, paso de esa chica!
No es mi amante,
se lo inventó ese cretino.
Voy para allá y lo hablamos.
¿De acuerdo?
¿De acuerdo? ¡Christine!
El cretino
se va, pero antes, dígame:
¿Me invitó a una cena de idiotas?
Mire, en una sola noche
ha vengado a todos los idiotas de todas las cenas del mundo entero.
Buenas noches.
Ella tenía razón.
-Es Vd. malo, Sr. Brochant. -Sí, soy malo.
También me lo dice Christine. Todo el mundo está de acuerdo.
Podría grabarlo en el contestador. "" ¡Qué malo es Brochant!""
No mezcle el alcohol con los medicamentos.
¿Por qué no? Sería una bonita moraleja.
El malvado Brochant,
abandonado por todos, se emborracha solo
y Pignon vuelve a casa pensando ""Ese cerdo se lo ha ganado.""
""Qué malo es Brochant, qué bueno es Pignon.""
¿ Y ahora qué hace?
Déme el número del hospital Bichat.
Ya empieza.
Gracias.
No van a pasársela, es un hospital, no una clínica.
Hospital Bichat.
Quiero hablar con la Sra. Brochant, ingresó debido a un accidente.
Los enfermos ya no reciben llamadas, llame mañana a las nueve.
¿Lo ve?
Le ruego que me pase a la Sra. Brochant, soy...
soy el Profesor Sorbier.
Disculpe, un momento.
Estoy muy ocupado, dése prisa.
-Le paso a la Sra. Brochant. -Gracias.
Déjese de tonterías, a mí me colgó.
El Profesor Sorbier, Sra. Brochant.
¿Sra. Brochant?
Hola, doctor.
No, no soy el Profesor Sorbier.
¿Quién es Vd.?
Soy el idiota de su marido.
¿Cómo?
Nos vimos esta noche. Me llamo Pignon,
soy el idiota que su marido invitó a la cena.
Le escucho.
Me he enterado por qué me invitó y se figurará cómo estoy.
Usted está en estado de shock y yo también.
¿Oiga?
Sí, sigo aquí.
Pero no la llamo para que me compadezca,
sino porque yo me compadezco de él.
Quizá sea el hombre más malo que conozco,
pero seguro que es el más desgraciado.
Estaba con él cuando le dijo que no fuese al hospital
y le vi tan perdido, tan desgraciado,
que intenté olvidar que era un idiota y decidí llamarla.
¿Sra. Brochant?
Mi mujer me dejó hace dos años y ese día, todo acabó para mí.
He sobrevivido gracias a mis maquetas.
Pero en el fondo, sigo destrozado,
y eso no se lo deseo a nadie, ni siquiera a su marido.
Supongo que está con Vd.
¿Cómo?
Está con Vd. y le está soplando este guión enternecedor.
Le doy mi palabra de que ha sido idea mía y de que no me ha soplado.
¿Está con usted?
No, la llamo desde una cabina.
No me quiere. Creo que no quiere a nadie.
Señora Brochant,
durante dos horas, estuvo como loco buscándola.
lncluso llamó a Meneaux, sacándole de los brazos
de una señora que no era usted.
¿Llamó a Meneaux?
Sí.
No sabe lo que ha hecho esta noche por amor a usted.
Se ha reconciliado con su mejor amigo, ha dejado a su amante,
incluso se ha enfrentado a un inspector de Hacienda,
ha tirado todos los trapos sucios de su vida
y ahora está solo en su piso mezclando alcohol y medicamentos...
y estoy preocupado,
porque sé que se puede morir de amor.
Voy a pensármelo. Gracias por llamar, Sr. Pignon.
De nada.
Adiós, Sra. Brochant.
Llamará.
Sigue en pie la cena del miércoles, pero Vd. me llevará a mí.
-Y ganaré el premio. -Estoy agotado.
Es agotador ser inteligente.
Tendré que probar.
En todo caso, prométame algo.
Lo que quiera.
Que se lo pensará antes de llamar idiota a alguien.
Se lo prometo. Se lo juro.
Hola, Sra. Brochant, le paso.
¿Qué hace ahí? ¿No llamó desde una cabina?
¡Será idiota!
No, he vuelto a casa de su marido...
se lo explicaré...
-¡Será idiota! -¡Ahora la llamo, ahora la llamo!
-¡La llamo, todo se arreglará! -¡Será idiota!
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