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Original subtitles

Esmeralda

Me ves con la luz del corazón

Esperanza, esperanza

Tu amor es puro como el sol

Esperando, esperando

En estos ojos del amor

Esperando

Tienes los ojos del amor

¿Sabes a lo que vengo?

Pues, me lo figuro.

¿Usted crió a esa muchacha, Esmeralda?

Pues, ¿qué ensino?

¿Quién es ella?

¿Quién creaste?

La...

La hija de mi señora Blanca

Ella me invitó a ir

No.

Oh, no, Dios mío.

No puede ser.

¡No! ¡No!

¿Y ahora?

¿Pues por qué se canta?

¿Por qué hasta dice que no puede ser?

Así no me lo acaba de echar en cara.

No esté tan tranquila.

Pensé que iba a negarlo.

Pensé que...

Mentira

Tiene que ser mentira

Aquella criatura estaba muerta

¿Cómo lo oí?

No lo estaba

Entonces me mintió aquella noche

¡Me engañó!

¿No?

Sí, sí, me engañó.

Me dijo que había nacido sin vida y se la llevó y trajo a aquel niño.

¿Por qué lo hizo? ¿Por qué?

¿Con qué propósito?

¿Qué cosa infame planeó?

¿Por qué me engañó de aquel modo?

Se llevó a la hija de mi señora y en su lugar puso a la otra criatura.

que su lugar sea.

¡Esta fue!

¡Se la robó!

Digo que se le olvida

al guito, Domingo.

Yo no quería cambiar

a un muchachito, ¿se acuerda?

Fue a usted

la que me pidió que lo hiciera.

Por favor, Domingo.

Ayúdeme.

¿Ayudarla?

¿Pero pues a qué?

Allá hay un niño sin padres

Aquí unos padres sin hijo

Sería una obra de caridad

Se lo ruego

Ayúdeme, Domingo

Ayúdeme

Así que

¿Qué hasta fue?

¿Quién enredó las cosas?

Acuérdese

Si le ayudé fue nomás porque me lo pidió

¿Y me lo pidió?

Mi reina santa

Yo no quería

No, no quería

Usted misma dice que ese niño está desvalido

Que va a pasar hambre y trabajos

Mire que el día de mañana le puede remorder la conciencia al verlo sufrir

y pensar que pudo evitarle ese sufrimiento.

Pase, señor.

Pase. El doctor Malaber lo va a atender.

Soy José Armando Peñarreal, el hijo del dueño de la casa grande

Sí, ya lo sé, síguese, por favor

Perdone, vengo del sol y estoy un poco encandilado

Al entrar aquí a uno se le olvida que afuera es de día

Prefiero estar en la oscuridad

Le agradezco que me haya recibido

Me enteré que usted ya no ejerce

Sí, así es

Hace años que estoy retirado

¿Es usted médico?

Sí, recién recibido.

Vamos a ver a qué ha venido.

Hablar de Esmeralda.

¿Qué interés tiene usted en Esmeralda?

Un gran interés, doctor Malaber.

Usted conoce los antecedentes y tiene mayores referencias que yo.

¿Cree que pueda haber alguna esperanza de devolverle la vista?

No, no hay la menor esperanza.

Pero ella me dijo que ningún especialista llegó a verla.

No hace falta. Su ceguera es congénita.

no es producto de algún accidente o enfermedad.

Tengo entendido que hay algunos tipos de ceguera congénita

que pueden tener curación.

Entonces, ¿habrá usted más que yo?

He profundizado mis conocimientos en esa materia.

Sin embargo, yo no sería tan contundente

en emitir un juicio al respecto.

Cuando el mal se ataca a temprana edad,

a veces puede erradicarse mediante una cirugía, ¿no?

Mientras haya una esperanza, ¿vale la pena intentarlo, no le parece?

Déjame aquí, Esmeralda.

¿Está bien así?

No, no está bien. Y usted lo sabe.

Hasta ahora ha vivido feliz y usted no tiene ningún derecho a intervenir en su vida.

¿Por qué lo hace?

Dígame, ¿es su interés como médico o como otra cosa?

Me parece que esa no es una pregunta que tenga que contestarle, doctor Malaverde.

Esmeralda no es nada suyo.

Volveré a verlo.

Usted la estuvo tratando y por ética profesional.

Y porque respeto su experiencia, no quiero pasarlo por alto.

Pero voy a seguir el caso de Esmeralda.

Y aunque usted lo abandonó, yo le propongo que ahora lo retomemos juntos.

Piénselo.

Él está allá arriba, que todo lo sabe y todo lo ve.

Nada de testigo que es la purita verdad.

Yo vi de que la criatura no alentaba

Pensé que estaba muerta

Todavía

Todavía se me paran los pelos de punta

Cuando recuerdo su llantito

Qué pena

Así se oía

A lo largo creí que era el soplido del viento

Pero nadita

Pues era la niña

Estaba vivita

Vivita

¿Por qué entonces no la llevó para allá?

¿Por qué no fue a la casa y nos dijo lo que pasaba?

Pues

Porque hasta me dijo hartas cosas feas del patrón

Rodolfo Peñarrial

Que estaba encanijado

Que quería tener un machito

Me dio harto miedo y me dije

Mejor déjalo todo como está, Dominga

Pero es que esa niña era la verdadera hija de los señores Peñarreal

Al ver que estaba viva, usted debió llevarla

Y hubiéramos enfrentado todo

No le digo que era una mujercita y que estaba más muerta que viva

Yo pensé que ese hombre tan duro

No la iba a querer

Y pues me dije

Quédate con ella, Dominga

Hasta que se muera

Pero Podio no quiso llevársela con él

No he ido a visitar a Fermín

Tengo abandonadas mis tumbas

Ay, a mí también me gusta visitarlo

Es que platica rete bonito

Tal vez vaya hoy a la noche

Ay, Esmeralda, me gustaría acompañarte

Pero la verdad me da de retear tu miedo desde noche

Bueno, ya me voy, Florecita

Domingo me ha de estar esperando

Por eso la sepultura de la niña no aparecía en el cementerio

Fue mi señora queriendo saber

Deseando tener al menos el consuelo de llevarle unas flores

Y rezarle una oración

¿Por qué me dijo que la había enterrado en el monte?

Ya las cosas estaban así

Habían caminado reterto

No estaba segura si debían volver para atrás.

Dios mío.

Dios mío, qué arrepentida estoy.

Pero, ¿quién iba a imaginar que sucedería esto?

Usted afirmó con tanta seguridad que la criatura había nacido sin vida.

Está bueno.

Pues écheme a mí la culpa.

Vamos a ver qué sacamos con todo esto.

Pensar que mi pobre señora

Ha criado a un hijo ajeno

Y se lo ha dado todo

Lujos, comodidades

Cuidados maternales

Amor

Mientras su verdadera hija

Crecía sola, desvalida

Careciendo de todo

Yo le he dado todo lo que puedo

Claro

Es bien poco

¿Y?

¿Qué vamos a hacer?

Habrá que decir la verdad

Lo mismito creo

¿Por qué lo piensas ahora?

¿Cómo no lo pensó antes?

Eso es mi asuntito.

Bien, pues vaya para allá y cuéntelo todo.

Dígales quién es Esmeralda.

Yo no puedo.

Hágalo a usted.

¡Dominga!

¿Dominga?

Sí, mija.

Dominga.

¿Quién está aquí?

¿No hay nadie más contigo?

Nada

¿Dónde ando, Vito?

Fui a ver a Florecita

Pero te quiero contar un secreto

Y la mañana fui a la gruta y estuve con José Armando.

¿Ah, sí?

Fue muy cariñoso conmigo.

Dice que siempre sueña que estamos juntos.

¿Puede que esos sueños se hagan realidad?

No sé, Dominga.

Hay tantas cosas que nos separan.

Basta con saber lo que es él y lo que soy yo

El rico, con un nombre, un título

Yo, un infeliz

Tan poquita cosa

Jamás tendré la aprobación y el cariño de sus padres

Voy a ver a Gracielita, ahora regreso

¿Y Crisanta?

Debe estar en su recámara

Como no se ha sentido bien, José Armando le recomendó reposo

¿José Armando está con Graciela?

No, fue al pueblo por la medicina de Crisanta

Gracielita está en la alberca

Antes de que a Gracielita se le pase el entusiasmo por la hacienda

Regresaremos a la ciudad

Creo que José Armando quiere quedarse un poco más de tiempo, Rodolfo

¿Para qué?

Se siente a gusto aquí

Ese muchacho le está huyendo al matrimonio

Lo estoy viendo

Y cree que me tome el pelo

Se figura que soy tonto, que no me doy cuenta

Por favor, Rodolfo

Ya me estoy cansando

Es mi hijo y siempre le he dado gusto en todo

Pero él sabe que su matrimonio con Graciela es un hecho

Es que él es muy joven

No lo disculpes

Al contrario

Adviertele que no estoy dispuesto a consentirle ninguna locura

Se casa con Gracielita y punto

No quiero ni pensar que detrás de todo esto

Esté la ciega

Porque entonces seré implacable con ella

Ellos han criado a su hijo como algo muy grande

¿Y qué tengo yo para ofrecerle a José Armando?

Nada

Nada

Pues tú sentirme, hija

Y una almita rete bonita que Dios te dio

Aún así valgo muy poco, Dominga

Y soy ciega

Yo no sé cómo ha podido enamorarse de mí

Teniendo de novia a una muchacha de su clase

Es raro que él no sea orgulloso como su familia, ¿verdad?

Sí

Es rete raro

Dicen que es igualito a su padre

Ese señor quiere retear todo a su hijo

Y te ha puesto que tan alzado como el patrón, don Rodolfo

Al principio sí, lo fue un poquito

Me dijo, vaya, vaya

Creo que encontré a la ladrona de las fresas

Pero después se le quitó

José Armando es muy dulce

Tan bueno

Y siento que cada vez lo quiero más y más y más y más

¿Sabes qué me gustaría, Dominga?

¿Qué, mija?

Que no tuviera ni un centavo

Que fuera bien pobrecito como yo

No seas tonta, mija

A ver

¿A quién le gusta pasar hambre y frío y necesidad?

Pero así podríamos querernos

Sin que nadie se molestara

José Armando dice que vamos a luchar por nuestro amor

Yo sé que será difícil

Sus padres van a tratar de arrancarlo de mi lado

Ellos me desprecian, Dominga

Y quizá al final logre separarnos

¿Qué pasa, Gracielita?

Toda la tarde estuviste muy seria

y en la cena José Armando apenas pronunció palabra.

Mamá, él no se quiere ir a la ciudad.

¿Cómo?

Ya me dijo que quiere quedarse aquí más tiempo.

¿Pero para qué?

Pelearon otra vez.

Mamá, no me quise dar una explotación.

Siento algo extraño en todo esto y no me gusta.

No me gusta nada.

¿Y ahora tú? ¿Otra vez tan callado?

¿Dónde está tu rulato, Adrián?

¿Pues qué traes?

Ah, deja en paz a tu hermano, Florecita.

A veces no tiene ganas de hablar.

Ay, papá, pero a mí no me gusta verlo así.

¿Qué le pasa, papá?

¿Qué te pasa a ti, hijo?

¿Por qué?

Últimamente te veo serio, inquieto, de mal humor

Son temporadas

¿Y en qué temporada andas tú?

Oh, papá, nomás me confunde

Adrián

Tú y yo hemos sido respetuosos con nuestras cosas, pero...

Esta vez me tienes preocupado

Hace días que andas como oído

Hoy que marcabas el ganado andabas muy lejos y eso es muy malo.

Tú sabes que los cebús y los toros de lidia son peligrosos y uno debe tener mucho cuidado al marcarlos.

¿Por qué no me cuentas como un amigo lo que te está pasando, hijo?

Es la señorita Graciela.

¿Y qué pasa con ella?

La quiero.

La quiero como nunca he querido a ninguna otra mujer.

Mira, yo nunca me he sentido menos,

pero estoy consciente que hay diferencias.

Y sobre todo, harto respeto por los patroles

y por todo lo que es de ellos.

Olvídate de la señorita Graciela.

Te lo digo por tu bien, hijo.

Olvídala.

Yo te veo muy pálida, nana

Estoy bien, no te preocupes

José Armando me trajo mi medicina y ya me la tomé

Ay, Crisanta

Tú no sabes la angustia que tengo

¿Qué pasa?

Rodolfo se ha puesto furioso

¿Por qué?

Porque le dije que José Armando se quiere quedar aquí

Y sospecha que es por culpa de Esmeralda

Temo que haya una escena violenta entre ellos

Rodolfo es muy dominante

y quiere que todo el mundo haga su voluntad.

Se olvida de que José Armando ya es un hombre

y que no puede manejarlo como antes.

Quizá si se le hace ver que José Armando

ama sinceramente a esa muchacha,

si se le convence de que ella es buena,

no, no, no me atrevería.

Rodolfo me dijo que solo de pensar que hubiera algo entre ellos

Sería implacable con Esmeralda

Ya sabes cómo es cuando se violenta

Ayer en la charreada

Le reclamó que estuviera ahí

Y le tiró su puesto

La detesta con toda el alma

¿Pero por qué?

Rodolfo es demasiado orgulloso

Ha criado a José Armando

Como una prolongación de sí mismo

Y todo le parece poco para él

¿Cómo va a aceptar que tenga amores

Con una campesina y además ciega?

Dios mío

Ojalá José Armando nunca la hubiera conocido

Nana

No llores

No te angusties así

Yo no le digo nada, José Armando

Porque estos días de felicidad

Son como una gracia, Fermín

Como un regalo que Dios le hace a mi vida

Pero pronto él se irá

Y el sueño habrá terminado

Yo seguiré como hasta ahora

Ayudando a Dominga en sus quehaceres

Soñando sola en la gruta de la cascada

Adornando con flores las tumbas de los muertos olvidados

¿Y dices que su familia se va?

¿Y él no se quiere ir?

Se lo llevarán, Fermín

Lograrán apartarlo de mí

Ya lo verás

Podrías tratar de ganarte a los suyos, Esmeralda

Eres dulce, bonita

Quien te conoce te quiere

Y estoy seguro que el señor Peñarreal

En cuanto te trate, te va a querer también

No, Fermín

Él no

Él nunca me va a querer

Ay, mi niña

Qué desgracia.

No, nana, no es para tanto.

Deja las cosas en mis manos, todo se arreglará.

Lo que tengo que evitar es...

es un discurso serio entre Rodolfo y José Armando.

Después convenceré a mi hijo de que ese enamoramiento es una locura

y que a esa muchacha no le conviene.

Debo olvidarla, tiene que olvidarla.

Ojalá y nos fuéramos todos

Y no volviéramos a acordarnos de que existía

Te confieso que cuando la conocí

Me inspiró un sentimiento muy especial

Sentí algo aquí, en el corazón

Su sonrisa me iluminó

Y aunque sus ojos no tienen luz

Tienen un brillo intenso y lleno de vida

La inocente merecía un destino mejor

Me da mucha compasión

Pero hay cosas que no pueden ser

Acuérdate cómo deseó Rodolfo tener un hijo varón

Para hacerlo un peñarreal de pies a cabeza

Sí

José Armando es su mayor orgullo

Dios sabe por qué hace las cosas

Por eso fue su voluntad que aquella pobre criaturita naciera en su vida

Porque su padre nunca la hubiera querido lo suficiente

Ni me hubiera perdonado a mí haberlo defraudado

Tenían que ocurrir las cosas que ocurrieron, Ana

Para que un niño viniera a ocupar aquella cuna vacía

¿Qué va a pasar cuando se sepa la verdad?

Cuando yo diga que esa niña vive

Cuando ese hombre se entere que no tuvo un hijo

Sino una hija

Y ciega

Qué golpe para su orgullo enterarse de que ese muchacho

De quien ha vivido envanecido

No lleva su sangre

Que sus padres fueron unos humildes peones

Y que su verdadera hija es

Es esa campesina que tanto desprecia

El día que me encontré con la mamá de José Armando

Su voz sonó tan suave en mis oídos, Fermín

Sin embargo, se fue enseguida

No quiso hablar conmigo

Y los dos encuentros que he tenido con su padre han sido terribles

Las dos veces me echó

Y me dijo que no quería verme más por ahí

Mientras más altas están las personas

Más difícil es llegar a sus corazones

Ya estás sufriendo, Esmeralda

Estas eran las penas que yo te quería evitar

Lo sé, Fermín

También Lucio me lo advirtió, pero...

¿El doctor Malabert sabe que ese joven te quiere?

¿Le has dicho que ha seguido encontrándote con él?

No

Aunque me regañara, yo hubiera preferido decírselo

Pero Dominga no me deja

Me hizo prometerle que no lo haría

No, no lo hagas, Esmeralda

Trata de ocultarlo

El más importante de lo que tú te imaginas

Cuando regresé del pueblo, vi a Crisanta más afectada

Algo le pasa, mamá

¿A ti no te ha comentado nada?

No

¿Pero por qué tardaste tanto en llegar?

Es que...

Bueno, solo a ti te lo voy a decir

Fui a ver al médico del pueblo, a Lucio Malaber

Por cierto, es un hombre extravagante y maniático

Tiene su consultorio todo cerrado

Apenas pude verle la cara

¿Pero a qué fuiste a verlo, José Armando?

He pensado que tal vez podríamos unir nuestros esfuerzos

Para devolverle la vista a Esmeralda

Solicitó la opinión de otros médicos

Y llegó a la conclusión de que Esmeralda no volverá a ver

Pero yo estimo que no hizo el esfuerzo suficiente

La ceguera a veces es curable

Y si la de ella lo fuera

Si pudiera volver a ver

¿Te imaginas, mamá?

Qué maravilloso sería que yo pudiera ayudarle a recuperar la vista

¿No crees que vale la pena intentarlo?

José Armando

¿Por qué no te olvidas de esa muchacha?

Imposible, mamá

Va a haber un disgusto terrible en esta casa por este asunto, hijo

Voy a hablar con papá

¡No!

Habrá una discusión, eso es inevitable

Luego cederá

No, él eso no cederá

Él me lo dijo

Él solo aceptará como esposa para ti a Gracielita

Es absurdo que trate de imponerme su voluntad

Para, José Armando, tú no lo conoces bien

Contigo siempre has sido muy paciente, muy condescendiente, pero...

Cuando Rodolfo dispone de una cosa y lo contradicen,

se violenta y...

Por favor, mamá, por favor, no llores.

Es que estoy tan angustiada.

Por favor, José Armando, no le digas nada todavía.

Te lo suplico.

Espera un poco más.

Le tengo que confesar la verdad a Blanca.

Dios mío, qué trago más amargo

Cómo voy a hacerla sufrir

Pero también será una alegría para ella

Saber que su hijita no murió

Eso será un consuelo

Cuando se entere de los dos, se volverá loco

Descargará su cólera contra mí

Contra Blanca

¡Oh, Dios mío!

Yo soy la culpable de todo.

Me quiero morir.

Me quiero morir.

Apúrate, niña.

No se te vayan a enfriar los chilaquiles, sí

No me estaba esperando el café

Por cierto, que don Rodolfo se fue tempranito

¿Quién no desayunó?

Sí, mija, yo personalmente le serví

Le hice sus chilaquiles, bien picositos como a él le gustan

Yo creí que el joven José Armando sí vir con él

Pero no, allí está en el comedor

A la mejor al rato se va a alcanzar a don Rodolfo

A la marca de los animales

Pues quién sabe

Estos últimos días han dado como en otro mundo

Ni a la señorita Gracielita le hace caso

Ya déjale estar en el chisme

Ya déjale eso al comedor que se va a enfriar

Ay, qué muchacho

¿Y cómo sigue Crisanta?

Amaneció muy de caída

Ya se quería levantar, pero le pedí que al menos hoy se quedara descansando

Y hablando de otra cosa, José Armando

¿Ya pensaste a dónde se irán de luna de miel tú y Gracielita?

Ay, a mí me gustaría un lugar muy divertido

Donde hubiera mucha gente

Que estuviera lejos, viajar y estar en medio del bullicio y la alegría

Y salir todas las noches a la fiesta

Entonces váyase a Las Vegas o Nueva York, ¿no crees, Blanca?

Ahí esos lugares son sensacionales

Yo preferiría Oaxaca, ese sí que es un lugar maravilloso

¿Oaxaca? ¿Es de los lugares más bellos del mundo?

Bueno, lo importante es que ellos estén juntos

Sí, el lugar es lo de menos, ¿verdad, mi amor?

José Armando, sucedió un accidente

Un toro bravo corneó a Adrián Lucero

¿Y dónde está?

Se lo llevaron a la clínica del pueblo

Me gustaría que lo fuera a saber, hijo

Dionisio está muy angustiado

Ay, pero qué horror

¿Pero cómo fue?

Si Adrián es muy diestro para manejar esos animales

Sí, Adrián es muy diestro

Pero parece que se arriesgó demasiado

Cuando nos dimos cuenta

El toro lo había ensartado y lo aventó por los aires

Cuando vi aquello, la sangre se meló

Todavía después que cayó al suelo

El toro estuvo a punto de embestirlo nuevamente

Pero, ¿tú cómo lo viste?

¿Está herido de muerte?

No, no, no creo

Aunque tiene una herida bastante grande en un brazo

Corrió con suerte, porque pudo haberlo matado

Pobre Dionisio, debe haberse asustado mucho

Ay, sí, sí, pobre.

Ay, ¿y dónde está Gracielita?

Hace un momento estaba aquí.

Pero qué extraño, ¿a dónde pudo haber ido?

¿Cómo estás, Juana?

Yo bien.

Veo que tú también.

El que cada vez está más insoportable es el doctor.

¿Sigue con su mal genio?

Uf, está peor que nunca.

¡Juana!

¡Juana!

Ya te ha de haber oído.

Entrale de una vez.

Ay.

¿Quiere que le traiga algo, doctor?

Vete

Lucio

Te traje estas flores

Para que alegren tu despacho

Tengo que buscar dónde ponerlas

Voy a pedirle un vaso a Juana

Dice que me iba a verme

¿Quién?

Tú sabes quién

Has seguido encontrándote con él

Me has estado engañando

Y yo que pensé que respetabas mis sentimientos, mis deseos

Te pedí que no lo buscaras

Te lo rogué y te lo supliqué

¿De qué valieron mis suplicas?

Si a espaldas mías andabas con él

¿Lo quieres?

¿Por qué vino José Armando?

Hablarme de ti como si le pertenecieras.

Porque lo quiero.

Y yo se lo he dicho.

Yo le dije a Dionisio que no se preocupara, que José Armando iría a verlo.

Es una lástima que yo no estuviera ahí.

Efectivamente.

Yo esperaba que fueras, pero parece que tienes otros intereses

Y quiero que me lo digas

Creo que no es el momento oportuno, papá

Bien, esperaré a que vuelvas

Hay muchas cosas que tú y yo tenemos que aclarar

Señorita, ¿el joven Adrián Lucero?

Señorita Gracielita, ¿qué anda usted haciendo por acá?

Supe lo que le sucedió a su hijo y quise preguntar por él.

Pues se lo agradezco, señorita, es muy amable de su parte.

Él ya está bien, aunque va a tener que quedarse hasta mañana.

¿Puedo verlo?

Sí, claro que sí, sí. Pase por acá, por favor.

Señorita.

Adriana.

¡Nacho!

Sí, joven.

¿Dónde está mi camioneta?

Se la llevó la señorita, su novia.

¿Graciela?

¿A dónde fue?

Ah, pues eso sí, quién sabe.

Nada más salió, se trepó la camioneta y se fue.

¿Me entiendes de una vez?

Todo lo que me has dicho no me importa.

Tú no puedes.

Tú no puedes amarlo.

No vienes

Me privas de tu compañía por estar con ese hombre

¿Y para qué?

Sabes que no debes enamorarte de él

No quiero

¡No quiero!

Lucio, ¿por qué te pones así?

Si yo no voy a dejar de quererte a ti

Son dos cariños distintos

A José Armando lo quiero como hombre

Y a ti...

Cállate, cállate

Vete y déjame

Pero Lucio...

Vete, vete ahora

Vete

Ahora te enojas conmigo

Pero yo sé que al final me vas a comprender y a perdonar

Lucio, Lucio, te dejo mis flores, volveré mañana.

Entonces, Dominga, que el perro negro que clava su pezuña en el rey

Que se le viene encima a Adrián Lucero

Como si fuera el mismísimo diablo saliendo del infierno

Yo divisé que Adrián Lucero estaba embobado mirando para otro lado

Y entonces yo ¡Ey! ¡Ey! ¡Ey!

Le pegué un grito

Pero ya el animal lo tenía encima

Y entonces ¡Pum!

Y sale disparado Adrián Lucero por el aire

Como si fuera una bala de cañón

Ya pues, pobre Adrián

Y entonces Adrián Lucero que cae ahí al suelo

¡Pum! Así despatarrado

Y ahí mismo que se le viene el toro con la cabeza a la chapa

acornearlo y bufando como si fuera un mismísimo condenado.

Ánima bendita.

Y ahí se tiran para el corral los demás peones,

gritan para acá y para allá,

y el toro loco que ya no sabía ni encima de quién irse.

Y entonces, entonces que Adrián Lucero que se levanta,

de pronto de un santo, y eso que ya todo el mundo lo creía,

muerto o disjunto.

¿El toro le hizo mucho daño, don Inicio?

Sí, sí, sí. Le metí una cornea en el brazo aquí, bien grande.

A la vez.

Pero allí mismo, Dominga, que Dionisio, que se quita un pedazo a la camisa y se lo amarra, se lo amarra allí, bien fuerte, bien fuertísimo.

Después lo voy a ir a ver a su casa, caray.

¿Tú, tú lo vas a curar, Dominga?

¿Yo? No.

¿Qué va?

¿Segurito que lo va a ver el hijo del dueño de la casa grande?

No, no.

El padre de él es malo.

Le tiró a mi reinita su limonada.

Yo no lo vi, pero si lo agarró,

le voy a echar de pedra.

Domingo, ¿tú que eres brujera?

debías hacerle un daño, Dominga.

¿Y quién te ha dicho que yo ando metido en eso, Bobo?

No, pues tú haces cosas con las barajas y con las hierbitas y todo.

Con las barajas.

Adivino la suerte.

Que con las hierbas alivio el dolor.

Eso, nada más eso.

Bueno, pues entonces yo lo voy a agarrar y le voy a aventar piedras y piedras y piedras y piedras, muchas piedras.

Deja la piedra, Melesio.

Vas a recibir una lección mejor.

Mira, necesito que me hagas un favorcito.

Quiero que te llegues a la casa grande.

Te doy unos pesitos y vas.

Pesitos.

Pesitos y...

Busca a la mujer grande que te vas a ir.

Se llama Crisanta.

Crisanta, mire.

Crisanta, Crisanta, Crisanta.

Y con disimulo, le vas a preguntar de parte mía qué es lo que pasa.

Dile que estoy esperando, que no quiero que la cosa se demore más.

Me angustió mucho pensar que ese animal te pudo haber matado

No fue nada

¿Puedo sentarme aquí?

¿No te hago daño?

No, pero...

Adrián.

Pobrecito.

¿Te duele mucho?

Lo de menos es esta herida.

Más me duele la que tengo en el corazón.

No te pierdas mañana.

Esmeralda. Antes la mato

y me mato yo. He decidido

que mañana regresemos a la ciudad

para que empiecen a correrse

inmediatamente los trámites

de tu boda con Brasilita.

Vine a ver a...

Esperanza amor, Esperanza amor

Tienes los ojos del amor

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