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Original subtitles

Cuando dos personas se gustan, no hay peros.

Entonces, espero que te guste la noticia que tengo.

-¿Qué noticia? - Estoy embarazada.

Hay que contarles a tus padres.

- Lo antes posible. -¿Eso significa...

- Significa... - que te casarás conmigo?

Si me aceptas.

Regresaré esta noche

y le contaremos a tu padre, ¿sí?

Buenas noches.

¿Conoce a Beja?

Claro. ¿Quién no la conoce?

-¿Usted es un familiar? - Claro.

Pero nos distanciamos.

Ya sabe, cosas de la vida.

¿Puede decirme dónde está su casa?

Claro, puedo llevarlo con ella.

- Pero no a pie. - Claro.

Dobla por aquí y luego hacia allá, luego hacia allí y llegará.

Es fácil.

Pensé que estaba en un buen lugar.

¡Pero lo es!

Ya verá.

¿Beja?

Un momento, traeré a Beja.

¿Beja?

¿Piensas que soy imbécil como tú?

Esta casa está abandonada.

Me reconociste, ¿no?

El secuestro de Beja me hizo más famoso que mi título de magistrado.

El mundo tiene mayores prioridades.

Por fin te encontré.

¡Regresa al infierno!

Demonio.

¡Beja!

¡Mierda!

¿Beja?

No la lastime.

Suelta el arma y patéala hacia mí.

O despídete de esta prostituta.

Tranquilo.

Tranquilo.

¡Tú eres el culpable de todo!

¡Estaría en la corte si no fuera por ti!

-¡Maldito! - Él no tiene la culpa de nada.

¡Yo hice que te arresten! ¡Por favor!

-¡No le dispares! - Déjela ir.

Hablemos, de hombre a hombre.

Eres un imbécil, tal como yo pensaba.

Trivial y predecible.

Si no te hubieras aferado a ese novio,

yo habría tenido lo que quería.

¡Te hubiera poseído aquí mismo

en frente de todo el pueblo!

No me resistí solo por él, lo hice por mí.

¡Jamás seré tuya! Ni siquiera como prisionera.

Ese fue mi gran error.

Llevarte a Paracatu a la fuerza

y tenerte prisionera.

¿Tú,

el magistrado del rey, hiciste eso?

Esta mujer es peligrosa.

Alguien tenía que domarla.

¿Domarme?

Destruiste mi vida y mis sueños.

-¡Nuestros sueños! - Cállate, prostituta.

Es un asunto entre hombres.

Nunca fuiste un hombre, te vencí una vez y lo volveré a hacer.

Eso crees.

¿No ves que puedo matarte donde quiera?

-¡Te ordeno que la sueltes! - Tu novio sufre más

cuando te apunto a ti que cuando lo apunto a él.

¡Basura!

No. No, por favor.

¡No le dispares!

Cuando te vi en la plaza, arriba del caballo, desnuda,

quise matarte.

¡De verdad!

Pero después,

vi tus pechos y pensé:

"¿De qué sirven sin vida?"

Fracasé.

Pero con esta negra

no lo dudaré. Le dispararé.

- Suéltala, cobarde. - No lo hagas.

- Hablemos, suéltala. - Suelta a Josefa.

Es a mí a quien quieres.

¿Quién dijo que te quiero a ti?

¡Quiero la piedra! No te quiero a ti.

Busqué y busqué

y la encontré cuando la vi adornando tu cabeza.

¿Eso quieres? ¿El diamante?

¿Creíste que encontraste un diamante de ese tamaño

en las minas que yo nunca debía darte,

y que no me enteraría?

Beja,

no sabes de lo que soy capaz por conseguir ese diamante!

¡Vamos, Beja!

-¡Entrégamelo! - No lo tengo.

- Severina debió guardarlo cuando... -¡Encuéntralo! ¡Rápido!

A menos que quieras ver a tu amiga,

¡muerta!

Espera.

DOÑA BEJA

Tienes que recostarte, Beja.

- Tienes que descansar. - No. Tengo que actuar.

A Josefa se la llevó un hombre peligroso.

- Debería haberte creído. - No. Ahora no.

Mota quiere el diamante. Ella corre peligro si no lo consigue.

¿Sabes dónde está?

Severina debió guardarlo después de mi caída.

- Tengo que hablar con ella. - No irás sola.

Antônio y yo te acompañaremos.

¡Beja!

¿Te sientes mejor?

Me quedaré, João.

Antônio.

La emboscada no funcionó. El asesino no apareció.

Apareció, pero no aquí.

Fue a buscar a Beja a la iglesia.

-¿Lo atraparon? - No vas a creer esto.

El hombre que le disparó fue el magistrado.

-¿Dónde está? - Mantén la calma, João.

Se llevó a Josefa.

-¿Mi madre? - Se la llevó.

Como rehén.

-¿Cómo permitieron eso? -¡No la lastimará!

Te lo prometo.

Él quiere el diamante.

- Debería haber hecho algo. - No es tu culpa.

Mota no es estúpido.

No le hará daño a Josefa hasta que no tenga el diamante.

¡No tendría que haberme quedado aquí!

Me asustaste, Beja.

Podría haberte disparado.

Necesito tu ayuda, Severina.

¿Dónde está el diamante?

- Lo escondí. -¿Dónde?

En un lugar donde nadie buscaría.

En tu cabeza.

Rômulo lo instaló.

Él es el único que sabe y yo tengo la única llave.

Qué bueno que piensas en todo.

¿Qué pasó, Beja?

Este diamante puede salvar la vida de una amiga.

-¡Qué noche, coronel! - Sí, me hiciste cansar.

No es nada que un buen desayuno no arregle, coronel Botelho.

Vino a desayunar conmigo, ¿no?

¿Qué pasa?

¿Dónde está él?

Sabemos que está refugiando a Mota.

¿Mota? ¿El magistrado?

¿Está en Araxá?

Está hospedado en su hacienda.

No sé de qué hablan.

¿Reconoce esto, coronel?

¿Tengo cara de modista?

Encontramos esto en su carroza, coronel Botelho.

Podría ser mío. Devuélvemelo.

Basta de tonterías.

Son las iniciales de Joaquim Inácio Silveira da Mota.

Queremos saber dónde está.

Y salvar a mi madre.

-¿Qué tiene que ver Josefa? -¡Se me está acabando la paciencia!

Sabemos que estuvo con Mota, él tiene a mi madre prisionera.

O nos lo dice

o va a desayunar sangre.

Los conozco desde que eran pequeños.

Mi hijo jugaba con ustedes. Siempre estaban juntos.

¡Entonces, respéteme!

¿Sí? ¡Respéteme!

Soy un hombre de palabra.

Si les digo que Mota no está en mi hacienda

es porque no está.

Con permiso.

¿Le crees?

Por supuesto que no.

Vamos.

Supuse que podrían venir a mi hacienda.

Los invitaría a tomar un café,

Pero los que no confían en mí no entran en mi casa.

- El que no confía no merece confianza. - Coronel Botelho.

- Si se comprueba... - No escucharé más.

¿O quieren arreglarlo con balas?

¡Esta es mi tierra! ¡Desaparezcan!

Vamos, João.

Encontraremos otra forma.

Vamos.

Síganlos.

Asegúrense de que realmente se vayan.

¿Escuchaste eso?

Te estaban buscando.

Dime,

¿escuché bien? ¿Te acusan de secuestrar a una mujer?

- A una mujer negra. -¡Una mujer importante!

Josefa es la esposa del doctor Mendonça.

Uno de los abogados más importantes de la región.

- No tenía otra opción. -¿No tenías opción?

Escúchame. Ya te ayudé bastante

al esconderte cuando escapaste de la cárcel.

No seguiré ensuciándome las manos.

Me ayudaste

porque quieres dinero de la venta del diamante.

Pero nuestro acuerdo no incluía secuestros.

El acuerdo ya no...

No la habrás traído aquí.

Claro que no.

Qué bien, porque te vas de aquí.

¡El acuerdo se terminó! No quiero ser parte de esto.

No voy a ensuciarme las manos.

Tú

no puedes hacer esto.

¿Con quién piensas que estás hablando?

Con un cobarde fugitivo.

Con un hombre sin influencia en la corte.

Y sin eso, no eres nadie. No sirves para nada.

Y por eso te irás de aquí.

Hoy.

¡Ahora!

¿O tengo que llamar a la policía?

El coronel Botelho refugia a Mota en su estancia, lo sé.

Puede ser, pero Josefa no estaba ahí.

Botelho se sorprendió, no sabía del secuestro.

Mota la debe tener escondida en otra parte.

- No puedo esperar más. - Tranquila.

Nos dirá dónde encontrarnos.

Qué bueno que Mendonça no está aquí.

Mi padre no soportaría la angustia.

Debe ser un mensaje de Mota.

Quien lo haya arrojado sabe dónde está.

Vamos.

Quiere que vaya yo sola.

No te dejaremos arriesgarte así, Beja.

Beja está en camino.

Avelino estaba conmocionado,

fue mejor que se quedara en casa a esperar a mi padre.

Traeremos a tu madre sana y salva, João.

- Confía en mí. - Daría mi vida por eso.

Vamos a buscar los caballos.

Sigámosla desde lejos.

Mota no sospechará que vamos con ella.

¡Augusta!

¿Augusta?

¿Dónde están mis tijeras de jardinería?

¿Cómo podría saberlo, Costa Pinto?

Eres muy despistado.

¿Te atragantaste?

¿Atragantarme con qué?

No como fuera de horario.

Dios mío, dame paciencia.

No, paciencia no,

dame un esposo de verdad.

Carminha.

¿Dónde estuviste? ¡Estás toda desaliñada!

- Déjame ver los hilos. ¿Trajiste gris? - No, no traje.

Son para un bordado que estoy haciendo.

¿No te parece que se comporta extraña?

Nadie puede entrar a su habitación.

Ni siquiera la sirvienta.

Y ahora está obsesionada con el bordado.

Justo ella. Nunca le gustó coser.

Algo raro está pasando.

¡Costa Pinto!

¿Me estás escuchando?

Sí.

Al igual que la gente en la calle.

¿Y por qué no me respondes?

Me pareció que no buscabas mi opinión.

¿Y cuál es tu opinión?

Que siempre pensaste que Carminha es rara.

¿Sabes quién tiene la culpa de que sea así, Costa Pinto?

¡Es tu culpa!

Fui a la botica.

Traje un bálsamo para tu herida.

¿Y Beja?

¿Sabes algo de ella?

Se despertó y parece estar mejor.

Ahora es tu turno, Honorato.

Prométeme que no vas a morir.

Te lo prometo.

El desgraciado se está demorando.

¿Se habrá rendido?

Qué raro.

¿Qué cosa?

El caballo de Beja,

el blanco.

No está aquí.

¡Antônio! Regresa.

¡Antônio!

Órdenes de Beja.

¿Lo trajiste?

Primero Josefa.

¡Vamos! El diamante.

Beja...

- Dios mío. - Se terminó.

Se terminó, querida.

- Se terminó. - Gracias a Dios.

Josefa. Quédate aquí.

- Está bien. - Regresaré.

¡Desgraciado!

¡Hijo de perra!

¿Quién te ayudó a robarme?

¿No puedes hablar?

Entonces, espero

que se lo cuentes a los lobos.

Espero que todo esto muera con él.

¿Cómo voy a explicar

la muerte de alguien tan importante?

¿Y el otro?

-¿El que se escapó? - Josefa.

Lo importante es que te rescaté.

Y a la diadema. Tuvimos suerte.

Algún día arreglaré cuentas con ese maldito.

Vamos.

Te vas ahora.

¿O tengo que llamar a la policía?

¡Sabía que mi padre escondía a alguien!

No, no digas nada.

Tengo una idea.

Terminaré lo que empezó mi padre y no terminó.

Necesito que consigas el diamante.

Yo buscaré un comprador.

¡Josefa!

¿Estás bien?

Avelino me contó.

Dios mío, qué locura.

- Estoy bien. - Gracias a Dios, todo salió bien.

- Está bien. -¿Cómo te sientes?

Después de todo eso,

no puedo dejar de preguntarme

si yo

estuve viviendo la vida

que quería vivir.

Dios mío.

Mi amor, tranquilízate.

Beja, por favor.

¿Podemos hablar?

La culpa me carcome.

No, Antônio. Ahora no.

- Estoy exhausta. - Tendría que haberte creído.

Cuando dijiste que te habían secuestrado tendría que haberte creído.

Perdóname.

Yo siempre te dije

que fui secuestrada.

Que me tenían prisionera

en Paracatu.

Pero tuviste que escucharlo de la boca de otro hombre para creerme.

Para ti

y para todos los demás que me dieron la espalda,

la palabra de una mujer no vale nada.

Ni siquiera la de una mujer a quien decías amar.

Perdóname.

Perdóname, por favor.

Antônio, ¿no puedes entender

que no quiero ser tu amante?

Regresa con tu esposa.

Espero que algún día puedas perdonarme.

Nunca es demasiado tarde.

Gracias.

Por no dejarme sola cuando más te necesitaba.

Beja.

Soy el boticario del pueblo, pero también soy tu amigo.

Es un alivio escuchar eso, querido.

Severina me contó cómo saliste de aquí la otra noche.

Perdóname.

No me sentí cómodo en la cena.

Fortunato, yo solo quería ayudarte.

Quiero ayudarte.

¿Ayudarme con qué?

Amigo mío,

aunque tengas que enfrentar a todo el pueblo

para ser tú mismo,

Yo estaré a tu lado.

- Como tú estuviste conmigo. - Lo que pienses que sabes de mí,

no lo digas.

- No, yo solo quería... - Ya te libero.

Tengo que irme.

Con permiso.

Son los demonios, padre,

que me persiguen, que me atormentan.

Ahora me hablan a través de mis amigos.

Esos demonios,

¿qué te dicen?

Insinúan cosas.

Insinúan que me oculto.

De mí mismo.

-¿Y por qué creen eso? - Porque soy diferente, padre,

con las mujeres.

No siento deseo por ellas, yo siento...

que no encontré a una que me guste.

Bueno, sí encontré una mujer,

pero trabaja en la taberna.

Las mujeres de la taberna también son hijas de Dios.

¿Pero Dios no quedaría perplejo...?

Si tu corazón encontró una mujer en la taberna,

entonces, vive con ella.

Dios estará contigo.

Gracias, padre.

Muchas gracias.

De nada, hijo.

Ve con Dios.

Perdóname, Señor.

Pero casarse con una prostituta

será una batalla más sencilla

que la que realmente enfrenta este muchacho.

-¿Casarnos? - Sí.

Quisiera casarme contigo.

¿Casarnos...?

¿Te refieres a casarnos...?

Casarnos significa...

¿Casarte conmigo

en la iglesia?

-¿Yo caminaría así por la iglesia...? - Como Dios manda.

¡Sí!

-¡Sí! ¡Sí, sí! -¡Tranquila, Siá Boa!

¡Tranquila! Haremos todo lo que dicta la tradición.

-¡Sí, claro! - Nos besaremos solo después de la boda.

- Eso es lo que dijo el padre. -¡Sí!

¡Tranquila, Siá Boa!

¿Quién es responsable del caso?

¿El muchacho o el padre del muchacho?

Los dos, su señoría.

En este caso, el muchacho se llama João Mendonça.

Un abogado graduado de Coimbra.

El señor juez lo sabe, Beja.

Pero tienes razón.

Es bueno recordárselos.

¿Dónde está el doctor Mendonça?

En casa, cuidando a mi madre.

Josefa fue secuestrada. Supongo que ya se enteraron.

Y no lo investigarán solo porque es una mujer.

Y porque del otro lado está el exmagistrado del rey.

Nadie quiere meterse en problemas, ¿no?

Pero algún día eso cambiará.

¿Quieren saber el motivo de la audiencia o seguirán perdiendo el tiempo?

El coronel Felizardo, quien representa a los coroneles del pueblo,

quiere demandarla.

Por atacar la moral y las costumbres.

Visto que cabalgó...

Visto que cabalgó desnuda...

por la plaza.

-¿Se puede saber de qué se ríe? - Es gracioso

que de pronto usted sea la voz de la moral.

- Es solo eso. - Sepa que soy muy generoso.

Dicho esto, le sugiero que cancele

la publicación de esa novela en el periódico.

A cambio,

convenceré a los coroneles de que retiren la demanda.

-¿Qué le parece? - No lo sé.

Debo consultarlo con mi abogado.

¿Qué te parece?

Tal vez sea prudente no confrontar con la clientela

si quieres continuar con la finca de Jatobá.

Acepto el trato.

Aunque sé

que algunos seguirán cabalgando desnudos,

entre cuatro paredes.

En ese caso, si la novela se cancela,

esta audiencia se levanta.

Te dije que funcionaría.

Es mejor que mi encargo anterior.

Ahora nadie necesita el periódico para leer mi novela.

¿No te cansas de provocar al pueblo de Araxá?

Son unos hipócritas.

La gente aquí vive enterrada en mentiras.

Es el precio de la civilidad,

según dicen.

La vida en sociedad es un eterno baile de máscaras.

Creo que no me gusta este baile.

Pero tienes razón.

Tengo que mantener mi negocio, y el otro lado de la civilidad

es el dinero, ¿no?

Eso dicen.

¡Beja!

-¡Dijiste que cancelarías esto! - Lo hice.

- Del periódico. - Coronel Felizardo.

El acuerdo con mi clienta no decía nada sobre panfletos.

¿Cómo explicaré esto a los coroneles?

Dígales que yo cumplí con mi parte.

Pero si el autor de la novela no hace su parte,

yo no puedo hacer nada.

Gracias por tu ayuda, João.

Quiero aprovechar para desearte suerte

con tu compromiso con Maria.

Espero que seas un hombre muy feliz.

Tú sabes quién me haría feliz.

Y sabes por qué retrasé mi regreso a Rio de Janeiro.

Por ti.

No sería justo para ti.

Mereces mucho más de lo que yo puedo darle.

Un muchacho trajo esto

para ti, Severina.

Parece que "A" tiene un admirador.

¿Y si no es de un admirador?

¿Y si son insultos de un coronel?

Solo lo sabrás si lo lees.

"Estimado "A",

un hombre puede pasar toda la vida ocultando su verdadero ser

en la oscuridad de la ignorancia.

Pero tú,

con tu inusual sensibilidad que Dios te dio,

"puedes arrojar luz sobre el alma de los hombres más retraídos."

-¿Quién lo firma? - Dice: "El lector".

¿Quién puede ser?

No lo sé.

Solo sé que me gusta el cumplido.

"Y con tus palabras

iluminas mis días y noches de soledad.

Siempre te agradeceré por la novela que escribiste."

Te encantará la carne asada, Josefa. Es una receta de mi abuela.

Maria la cocinó.

Me están abriendo el apetito. Me encanta la carne asada.

¡João y Maria!

Nos gusta esa pareja desde que eran niños.

Gracias, coronel Sampaio.

¿Y Maria?

-¿Dónde está? - Mi hermana es vanidosa.

Debe estar...

Ese vestido,

-¿No es el que Beja...? - Maria,

Creo que te confundiste de vestido.

Yo te ayudaré a cambiarte, Maria...

- Vamos a ponerte... - No es necesario.

Este es el vestido que quiero usar en mi compromiso.

Le queda muy bien el azul.

¿Verdad, hijo?

Espero hacerte

una esposa feliz.

Seré feliz

siéndote fiel.

Como toda esposa debe ser.

- Ceci, el champán. - Claro, sí, el champán.

João.

Gracias, señora Ceci.

Y señor Mendonça.

Gracias.

Tenemos que hablar.

-¿Quieren pan de maíz? -¡Sí!

Ahora.

Está calentito.

Es el mejor de la región.

¿Qué pretendes con ese vestido?

¿No quieres casarte?

- Eres el único a quien le molestó. - Claro.

Beja lo usó en nuestro compromiso.

Y no vuelvas a negarlo. No soy idiota.

Si fuera así, verías que tienes una esposa maravillosa.

- Angélica... -¡Eso es asunto mío!

No parece.

-¿Qué sabes tú de la vida? - Sé más de tu vida que tú.

- No tengo paciencia para esto. - Sé, por ejemplo,

que te casaste con Angélica antes de comprometerte con ella.

¿De qué hablas, Maria?

Que Beja sabía de esto también.

Ya hablé demasiado.

¡No te irás hasta que no digas de qué hablas!

Beja vino a buscarme, se escapó de Paracatu.

Antônio ya no es tu novio.

Se ha casado,

hace solo dos días.

¡Mentirosa!

Muéstrale, Angélica.

Fue una gran fiesta, debiste verlo.

¿Y nadie me lo dijo?

Antônio,

olvídate de eso, está en el pasado.

¡Odias a tu propio hijo!

-¿Qué significa esto? -¡Hijo!

Beja arriesgó su vida, escapó para venir a buscarme,

- y nadie me lo dijo? - Lo siento, Angélica,

- se me escapó. - Maria.

- Tú... -¿Qué sabes de esto, Angélica?

No es culpa suya.

Basta de secretos.

Quiero saber.

¡Habla!

Le dije a Beja que estábamos casados.

Le mostré el anillo de tu madre en mi dedo

para que te olvidara y desapareciera.

- No pudiste hacer eso. - Lo hice.

¡Ella habría arruinado tu vida!

Nunca habrías sido electo si te hubieras casado con Beja.

Angélica estuvo acertada, Antônio.

No te crie para vivir con una prostituta.

Me criaste para que hiciera lo que tú querías,

no para ser feliz.

¿Serías capaz hasta de matar, mamá?

Angélica.

Es suficiente.

Ahora yo decido cómo y con quién voy a vivir.

Y lo haré bien lejos de ustedes.

¡Beja!

Si viniste a disculparte otra vez...

Tú te mereces más que un amante.

Vine para quedarme.

Sabía que mi corazón estaba en lo cierto.

Tú me amas.

Tú me amas.

Eres su esposa

- y nada puede cambiar eso. -¡Usted lo cambió!

¡Lo cambió todo!

Si hubieras cerrado la boca, él nunca lo habría sabido.

¡Te odio!

-¡Angélica! -¿Qué pasa?

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