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Original subtitles

¡Es hoy!

¡Hoy Lucifer se dará un gustito!

¡A estas alturas, Beja debe estar entrando al Infierno!

Perdón, señores.

Buen provecho.

- Gracias. - Como si fuera posible en esta pocilga.

Botelhinho, quéjate menos y escucha más.

Presta atención.

De ahora en adelante,

ya no publicarás ese maldito folletín.

Demasiado tarde. Ya gasté todo lo que me pagó la zorra para publicarlo.

Olvida a Beja.

Ya no puede pedir que se le restituya el dinero.

¡Era el único final posible para ese espectáculo tan degradante!

Que la ramera cayera muerta.

Claramente la tumbó Dios.

¿Comemos pronto?

No retrasaré ni un segundo la comida por ese alboroto por Beja.

Más vale que Antônio no tarde.

Con permiso.

Antônio no debió quedarse ahí.

Angélica lo necesita aquí.

¿Es que ni en el lecho de muerte Beja nos dará paz?

Nunca le deseé el mal a nadie,

pero nunca he tenido un niño en mi vientre,

como lo tengo ahora.

¿Por qué dices eso?

Mejor que Beja termine así

a que nuestra familia termine arruinada por su culpa.

¿Cuándo te volviste tan cruel?

¿Y tú?

¿Cuándo te volviste una buena chica?

Justo por lo de Beja.

¿Volverás a la cámara hoy, Costa Pinto?

¿Incluso tras ese alboroto?

Si de mi dependiera, solo iría mañana,

a volver a tomar posesión, sí,

porque hoy los agitadores me lo impidieron.

Agitadores no.

Solo una persona tiene la culpa.

Beja.

¿Nadie tiene noticias de Beja?

-¿Habrá muerto? - Ojalá Dios nos conceda esa bendición.

Augusta, nadie debería desearle la muerte a nadie.

Sí que deseo que se muera Beja.

Es más, si pudiera, haría realidad este sueño yo misma.

-¡Mamá! -¡Dios, dame paciencia!

Mejor dicho,

dame un milagro.

Solo un milagro me haría tenerle compasión.

Quisiera comer en paz.

-¿Qué dijiste, Costa Pinto? - No, nada.

Beja.

No merecías esto.

De verdad que no.

-¡Sin duda ese sonido fue de un disparo! - Sí.

La bala estaba destinada a Beja.

Pero no vi a nadie con un arma.

Es decir...

Pondré un fin a esa sinvergüenzura ahora mismo.

Espera, Felizardo.

El coronel Felizardo lo intentó.

Pero lo detuvieron.

Pero no vi a nadie más con armas, ¿y tú?

Si no estuviera discutiendo con Beja, me habría dado cuenta de algo.

¡Habría visto alguien, algo!

¡Ni siquiera pudimos saber de dónde vino el disparo!

¡Mierda!

Pero el sonido se oyó cerca.

Es decir,

¡quien le disparó debía estar en la plaza!

- Sí. -¿Quién haría eso? ¿Dispararle a Beja?

Beja importunó a los coroneles con eso del folletín.

El caso es,

¿quién no le dispararía?

DOÑA BEJA

Sea quién haya sido,

afortunadamente, falló.

Pero hizo que se cayera del caballo.

¿Y el golpe en la cabeza?

-¿Qué tan grave es? - No puedo mentir, perdió mucha sangre.

Sigue inconsciente, con fiebre alta.

Tiene que despertar.

¿No hay una medicina?

¿Nada que pudiera acelerar su recuperación?

El cuerpo humano es un misterio.

Lo de afuera no refleja lo de adentro.

- Eso es cierto. - Hay que tener paciencia.

Cada recuperación es una batalla

que cada quien libra en su interior.

- Es una batalla dura y solitaria. - Beja es fuerte.

Le gusta vivir.

- No se rendirá tan fácilmente. - Se recuperará.

¿Seguro, primo?

¿O solo tratas de consolarnos?

Sí que creo que luchará por su vida.

¿Y cómo podemos ayudarla?

Manténganse cerca de ella.

Ayúdenla a comprender que necesita despertar.

- Que la estamos esperando. - Necesitamos averiguar quién lo hizo.

No podemos permitir que quien intentó matarla ande libremente.

Lo averiguaremos, tenlo por seguro.

Necesito volver a la botica.

Mantenme al tanto de todo. ¿De acuerdo?

João, hablemos con Costa Pinto.

Exijamos una investigación sobre quién le disparó.

Severina, ¿la cuidarás mientras estemos fuera?

No saldré de su lado ni un segundo.

No tardaré, mi amor.

Te conozco muy bien, amiga.

Sé que incluso así odiarías no verte bonita.

Tu diadema.

Debo encontrar un lugar donde guardarla de forma segura.

¿Cómo que no puede hacer nada?

Intentaron matar a Beja.

Nadie puede afirmar tal cosa.

Lo que sabemos es que fue un accidente.

No puedo iniciar una investigación en base a suposiciones.

¿"Suposiciones"?

¡Alguien le disparó!

Un disparo a ciegas.

Si es que hubo un disparo.

Lo único que oímos fue un chasquido.

El caballo se asustó y ella se cayó.

Una tremenda mala suerte.

No puedo creer que eludirá el deber de investigar un crimen.

Estimado, con el poder en sus manos, uno debe saber cuándo y cómo usarlo.

No podemos actuar por capricho.

-¿"Capricho"? -¡Antônio! ¡Tranquilo!

Puede que el juez actúe por capricho en tu contra.

Si algo le pasa a Beja,

usted pagará.

Yo mismo me encargaré de ello.

Debería darle vergüenza sentarse ahí.

Con permiso.

Bueno, Januário,

un hombre con el corazón herido es peor que un escorpión.

Cuando nos damos cuenta, el veneno ya corre por nuestras venas.

Y uno debe pedir perdón por pecados que aún no ha cometido.

¿Qué clase de juez es ese?

¡Debería representar la ley!

¡Ese es su cometido!

¿Costa Pinto, representando la ley?

- Debe ser una broma. - Al contrario.

¡Él debe hacerse cargo!

Antônio, los coroneles son la ley aquí.

No peleará con quien podría hacerle la vida imposible.

Cualquier otro podría manejarlo,

pero Costa Pinto está en las manos de peces gordos.

Fue un intento descarado de asesinato a plena luz del día, João.

¡La justicia no puede pasarlo por alto!

Antônio,

tienes que darte cuenta.

No habrá justicia mientras manden los poderosos.

Ni en la monarquía brasileña, ni en la Araxá de los coroneles.

La monarquía no es el problema, João.

Pero los coroneles lo son.

Mi padre también es coronel.

Y no le gusta Beja.

Pero no tiene nada que ver con lo ocurrido.

- Estoy seguro. - El coronel Sampaio controla al juez,

al igual que Botelho, Felizardo y los demás.

Yo no excluiría a nadie.

Alguien intentó matar a Beja.

Y creo que no se detendrán.

Querrán terminar el trabajo.

¿Seguro que quieres discutir de política?

Todo es política, Antônio.

Un día, te darás cuenta.

Pero tienes razón.

Tenemos que proteger a Beja.

Cueste lo que cueste.

Sí que las amenazas vienen de donde uno menos espera, coronel Felizardo.

Pero esta es muy oportuna.

Beja se pasó de la raya.

- Se lo merecía. - Así es.

Dicen que usaba su propio cuerpo como arma política.

¿Has oído algo al respecto?

Se dice que en la cama de Beja se hace mucho más que solo sexo.

Ha llegado a cierto entendimiento con los coroneles de por aquí...

- Si es que me entiendes. - Entonces tuvo lo que se merecía, ¿no?

¡Eso es!

¿Pensó que podía venir aquí a hacer arreglos políticos con gente de fuera?

¿Así sin más? No.

No.

Se paga muy caro por semejante traición.

No sé quién le disparó a Beja,

pero se merece toda nuestra gratitud.

¿Sí o no?

Un brindis por ello.

¿Un mendigo rechazando comida?

El hombre desapareció.

No toca nada de lo que le dejo desde ayer.

¿Alguien ha visto a Honorato hoy?

No, ni siquiera vino a pedir un trago hoy.

-¿Ni trago? - Nada.

¡Qué raro!

Tan raro como la última vez que vi a ese escoria.

¡Sí! ¿Y qué demonios hacía Carminha con Honorato?

¡Y en el cementerio!

Supongo que lo mismo

que hacía Doroteia con su cliente.

¿Yo?

Ni hablar.

Fui a ponerle flores a la tumba de mi mamá.

Que yo sepa, Carminha está viva y coleando.

¿Qué querían que hicieras?

¿Que investigaras por qué el caballo de esa zorra corcoveó?

Hijita, te ves tan agobiada.

¿Acaso lamentas por la zorra?

No lo lamentes, Carminha.

Hierba mala nunca muere.

Si lo hiciera, Beja estaría muerta y enterrada.

No tengo hambre.

Al menos algo bueno hizo Beja en su vida.

Te quitó la glotonería.

¡Sigue así, Carminha!

Cuanto menos tengas que ocultar dentro de ese vestido,

más pretendientes tendrás.

Tenías casi la misma figura que Carminha cuando me casé contigo.

Nunca tuviste que ocultar nada.

¿Yo?

-¡Sí! - Deja de bromear, Costa Pinto.

¡Mi cintura era muy delgada!

Y ya saben que apenas como.

Resulta que ahora tengo apetito.

Porque el pecado tiene sus días contados aquí en Araxá.

Pecado es tener que usar ropa

cuando uno ama a alguien así.

No quiero volver a vestirme.

Tampoco quiero que vuelvas a vestirte.

Tu cuerpo fue el mejor hallazgo que he hecho

luego de tu alma.

Mi cuerpo era muy bien proporcionado.

Por favor, Costa Pinto...

Encima, se ofende por todo.

Así, esta chica nunca se casará.

Ayúdame, Dios.

Gracias por venir, primo.

Beja sique inconsciente y con fiebre, no sé qué hacer.

Tienes que mantener la calma.

Ponerte nervioso no ayudará.

Lo sé.

Se me estruja el corazón imaginar que...

Tranquilo, iré a verla.

Pero, Antônio,

no olvides

que tu esposa también te necesita.

¡Estoy embarazada!

Ni siquiera así le importo.

Tranquila, Antônio debe estar...

A Antônio no le importa su propio hijo.

- Esa es la verdad. - Angélica, por favor.

Ponerte así puede afectar al bebé.

Paulo, tienes que traer a Antônio de regreso inmediatamente,

y tengo que ayudar a Angélica, perdón.

Dios mío...

¿Le pasó algo a Angélica, Valdo?

No, Antônio.

Pero, si no regresas a casa ahora, puede que pase.

Angélica no está bien.

Vete, Antônio.

Si le pasa algo a ella o al bebé, no te lo perdonarás.

Vete tranquilo, estaré al pendiente.

Cualquier novedad, que me avisen.

Intentaré volver pronto.

No te preocupes.

Vamos.

¿Es eso normal, Fortunato?

¿Tardar tanto en despertarse?

Lamentablemente, no hay forma de saberlo.

Solo sabremos la magnitud del daño cuando se despierte.

¿Cómo?

Puede que haya alguna secuela.

Se golpeó muy fuerte la cabeza.

Pero debemos mantener la esperanza.

Ahora debemos estar atentos a cualquier señal de cambio.

Cualquier cosa, llámame.

¿Bueno?

Traeré

unos trapos limpios

y cambiaré el agua del cuenco.

Te dije que podías verlos.

¿No comerás?

Tengo un nudo en el estómago.

No podría soportar perderla.

Ni siquiera lo pienses.

Dios será justo con Beja.

Come.

Nadie más puede enfermarse en esta casa.

Tampoco has comido.

Ni te has cambiado.

- Hasta ahora. - Dios mío.

Mejor me baño.

Con permiso.

¡No es solo a tu esposa a quien menosprecias, Antônio!

¡Les escupes a tus ancestros!

¡A los cautivos que liberó tu abuela!

¿Lo entiendes?

¡Cada gota de sangre y sudor derramada para erigir y mantener esta hacienda

la menosprecias, Antônio!

¡Escupes en el pasado y el futuro!

Y no olvides que Angélica lleva a tu heredero en su vientre.

¡Un heredero de apellido Sampaio!

¿Por qué no puedes ser como los demás?

¡Ve a la taberna, diviértete y luego regresa a casa como un hombre normal!

Porque me criaron para ser excepcional.

Perfecto.

Para cumplir con mi cometido, pero nadie me preguntó qué quiero.

Así que se lo diré.

Quiero a Beja.

Quieres nuestra ruina.

Quiero la libertad, padre.

¡Quiero amor, vida, pasión!

¡Y solo Beja me lo puede dar!

Antes de que destruyas nuestras vidas,

muéstrame que te quedan

rastros del Antônio

¡que yo crie!

¡Olvida a esa zorra y preocúpate

del jaguar que amenaza nuestro ganado!

¡Valdo no puede con todo solo, hijo!

Está sordo y ciego, Paulo.

La única manera de salvar a esta familia

es que se muera Beja, esa es la verdad.

Todavía es posible, ¿verdad?

¿Que se muera Beja?

Yo debí morir cuando pude.

No digas eso.

Por Dios, María.

Ya basta con que yo sufra.

-¿A dónde vas? - A dormir en el cuarto de María.

- Debemos hablar. - Lo que necesito, Antônio,

es cuidar al bebé que llevo en mi vientre.

Ahora, con permiso, que estoy exhausta.

Entonces quédate. Quédate aquí.

Que descanses.

Dormiré en el estudio.

¿Tampoco puedes dormir?

No.

Mi corazón me salta del pecho.

Mientras no vuelva João,

no estaré tranquila.

Sabe defenderse.

¿Cómo se lo explico a mi corazón?

Yo

me voy a mi habitación.

Te ves linda con el cabello suelto.

Severina.

Severina, háblame.

Soy Antônio, háblame.

Levántate.

¿Qué pasó?

Recuéstate, ven.

- Creo que alguien me golpeó. -¿Quién?

No pude ver, fue muy rápido.

¿João está con Beja?

No lo sé.

Estaba en el baño,

y cuando salí...

Dios mío.

Beja.

¿Beja?

¿Beja?

¿Beja está bien?

-¿A dónde fuiste? - Alguien entró con una pistola.

Lo desarmé, pero huyó.

Lo perseguí.

¡Corrí tras él, pero simplemente desapareció!

Debe haberte engañado.

Porque te fuiste y él volvió a entrar al palacete.

- Y me pegó. - Pero se lo juro.

¡Lo vi al otro lado de la plaza!

¿Pudiste identificarlo?

No.

Llevaba una capa negra

y una capucha en la cabeza.

- También llevaba guantes. - Quizás viste a alguien más en la plaza.

¿Será?

-¡Qué raro! - Raro es que entre alguien a esta casa,

golpee a Severina, vaya donde está Beja y...

- no haga nada. -¿Por qué llevaba un arma?

¿Qué quería ese tipo?

¿Por qué "ese tipo"?

Llevaba el rostro cubierto.

-¿Y si fuera una mujer? - No lo sé, Severina.

La persona que entró no llevaba ningún vestido debajo de la capa.

¡Llevaba pantalones, seguro!

Las mujeres no siempre se visten como esperan los hombres.

Beja también ya usó pantalones, ¿recuerdas?

Pudo ser un hombre

o una mujer.

¡Dios mío, qué pesadilla!

Quienquiera que sea, vino a matarla.

Sí.

Pero no pudieron y volverán a intentarlo.

Debemos hacer algo para detener a esa persona.

Mañana elaboraremos una estrategia.

Hoy, nadie sale de aquí.

Beja no puede estar sola.

Subiré y me quedaré con ella.

João.

Vigila el patio trasero, vigilaré el frente.

Está bien.

Necesito hablar contigo.

¡No sé nada de Honorato! ¡Ya te lo dije!

No me pueden ver hablando contigo, Candinha, lo sabes.

Entonces, tampoco debieron verte con Honorato,

en el cementerio.

Carminha, estoy preocupada.

Si sabes dónde está, dímelo.

No lo sé.

Ya no lo sé.

¡Lo esperé, pero nunca llegó!

Mis padres jamás lo aceptarán, Candinha,

pero lo quiero.

¿Y él te quiere?

Sí.

Por la forma en que me trataba,

- estoy segura. ¡No me mentiría! - No.

Que digan lo que quieran de Honorato, pero no es ningún mentiroso.

Su desaparición es muy rara.

-¿Qué hago? - Tenemos que averiguar qué pasó.

¿Has visto sus cosas en alguna parte?

-¿Cosas? - La bolsa.

Vive en la calle, pero tiene una bolsa que la lleva a todas partes.

¿La has visto?

Aquí es donde dormía.

No hay nada suyo aquí.

Si hubiera dejado algo, el sacerdote lo sacaría.

¿Y si se la llevó consigo

cuando se fue de Araxá?

Pero ¿por qué agarraría sus cosas y se largaría así como así?

¿Sin despedirse de nadie?

Quizás lo hayan decepcionado.

-¿Te dijo algo? - No.

No, no sé nada.

Podría haberse ido del mismo modo que llegó.

Nadie sabe nada, nadie lo vio.

Si había alguna duda de que alguien intentaba matar a Beja...

Dejaron esta pistola atrás.

Lo desarmé cuando irrumpió en la finca.

En mi opinión, no hay ningún misterio.

Araxá es un lugar de familias honradas.

Pero había un hombre que no encajaba con nosotros.

Un hombre

sin recursos, sin hogar, sin moral.

¿O no saben que Honorato huyó?

¡Qué conveniente utilizar a un pobre diablo como chivo expiatorio!

Honorato era amigo de Alves.

Siempre iba con él donde Beja, eso no tiene ningún sentido.

- El coronel solo quiere confundirnos. - Sí.

Seguramente, están ocultando algo para proteger a alguien.

Lo investigaré.

Haz eso.

Déjame el arma.

-¿Por qué? - Porque ya he visto esa pistola antes.

No recuerdo quién la llevaba.

¿Estás seguro, hijo?

Creo que Avelino debería ir contigo.

¿Y dejarla aquí sola?

Ni hablar. Avelino se queda.

Prométeme cuidarte.

Prométame que dejará que Avelino la cuide.

João.

Estaré más tranquilo si no está sola.

Para que no se sienta sola.

Sin mi papá aquí.

Vete tranquilo, João.

Estaré para lo que necesite.

Gracias, mi amigo.

Cuídate.

¡Está bien, Sra. Josefa!

¡Y mantenme informado sobre Beja!

Por supuesto.

¿Qué haces en mi habitación, Antônio?

¿Mi papá sabe que usted ha estado saliendo por la noche?

¿Por qué lo dices?

¿Por esa capa?

Debe tener moho, hace tiempo que no la uso.

¿Y estas tijeras?

Eran de su madre, de su abuela,

de su bisabuela.

¿Tampoco las ha usado?

¿A dónde quieres llegar con esto?

Alguien entró en el palacete

e intentó matar a Beja.

Puedo entregarle esto al juez Costa Pinto.

Se encontró ahí.

Muchos coroneles se tranquilizarán si se halla pronto a un culpable.

Somos una familia respetada.

Y yo solo soy una mujer.

El juez nunca me imputaría ese delito.

¿No es más fácil arruinar la reputación de una mujer que de un poderoso coronel?

Seguro que fue alguien de esta casa con acceso a su kit de costura.

- Si no fue usted... -¡Yo lo hice!

Ya está, yo lo hice.

¡Entré a esa casa para acabar con Beja!

¡Actué por instinto!

¡Actué como lo haría cualquier madre para proteger a sus hijos!

¡Y me carcome no haber podido terminar lo que fui a hacer!

No dormiste en tu habitación con Angélica, Antônio.

¡Eso me llenó de odio!

Tu esposa

lleva a tu hijo en el vientre, y la humillas por esa

hija del Diablo.

¡Esa maldita zorra que nunca debió haber entrado en nuestras vidas!

¡Tenía que hacer algo, Antônio!

Y Dios...

Dios sabe quién está en el lado correcto y los ayuda,

¡porque la casa de la ramera me recibió con las puertas abiertas!

Cuando vi a Beja allí tumbada,

inconsciente,

todo parecía tan fácil.

Bastaba con un gesto,

pero el Diablo tiene su ejército.

João, ¿dónde estás?

Ese hombre vestido de mujer

que se hace llamar mujer, pero nunca lo será

me lo impidió.

Me puse nerviosa, Antônio.

Nadie podía verme allí.

¡Olvidé agarrar las tijeras en la sala!

¡Eso es todo! ¿Satisfecho?

¿Denunciarás a tu propia madre ante el juez?

Usted está mintiendo.

Las tijeras no estaban en la sala.

¿Cómo?

Encontré estas tijeras yo mismo, en su habitación, debajo de su cama.

¿A quién intenta proteger, mamá?

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