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"Ella fingió que no me veía.
Mi corazón gritaba su nombre con gran emoción".
Esperen, hay más.
"Con tanta fuerza que tuve que salir corriendo de ahí
o me hubiera arrojado a sus pies".
Dios mío.
Miren, no suelo tomar alcohol a mitad del día,
pero algo así solo se puede pasar con un trago.
Sampaio, un hombre de verdad bebe cuando quiere.
El corazón de un verdadero hombre no grita por una mujer.
Un verdadero hombre no se arroja a los pies de una mujer.
Me pregunto cómo pudo Botelhino publicar esta infamia.
"Aunque sabía que rompería su corazón.
Como una vez rompieron mi corazón.
No pude acostarme con ella."
¿Qué clase de hombre no toma una mujer?
Solo un invertido.
Oye.
¿Alguna vez viste un hombre aquí que se acobardara?
- Claro que no. -¡Claro que no!
Un hombre de verdad es poderoso como un rifle.
- Está siempre listo para la batalla. - Exactamente.
Quien haya escrito esta porquería, lo hizo para provocarnos.
Y lo logró.
¿Está segura, señorita?
Un hombre verdadero no le dice algo así a otro hombre.
Podemos respetar a un amigo, ¿no?
Pero ¿"amar" a un amigo?
Ese "A" fue demasiado lejos.
No me digas que eso es lo que pienso que es.
Lo trajo un mensajero.
Ahora, no solo soy la única mujer con una oficina en el sertón.
Soy la dueña del diamante más grande
de Minas Gerais. Tal vez incluso de Brasil.
El oro se está acabando.
Con esa piedra, ya no necesitarás trabajar.
No te engañes.
Ahora comienza el trabajo. Es poder, Severina.
- Esta piedra vale más que dinero. -¿Cuándo se la llevarás al orfebre?
Ahora mismo.
Que Rômulo te acompañe con dos guardaespaldas.
Y dile al orfebre que lo haga exactamente como le dije.
Araxá me espera.
¿Qué es esta historia?
¿Dónde se ha visto que la mujer trabaje mientras el hombre estudia?
Dudo que la mujer de alguno de nosotros haya trabajado jamás.
Las mujeres solo ganan dinero trabajando como prostitutas.
Exactamente.
-¿Dorothea? - Sí.
Toma esto.
Sobre la cabeza. Ponte contra la pared.
Ponte el periódico sobre la cabeza. Vamos, mujer.
No lo hagas, Felizardo.
EL HERALDO DE ARAXÁ
¿Vamos a pasear, amigo?
Listo.
El vestido es un poco incómodo, pero es mejor así.
DOÑA BEJA
Vamos. Golpea más fuerte.
Vamos. ¡Golpéame más fuerte!
¡Mierda! ¡Dije más fuerte!
¡Más fuerte! ¡Muéstrame quién es el amo!
¡Vamos!
Suficiente. Basta.
Todavía no lo entiendes.
Pero ya lo harás.
-¿Abriste esa sucia boca para hablar? - No.
¿Le contaste a alguien sobre mí?
-¿Contaste algo sobre el látigo? - No.
-¿Sí o no? - No.
¿Por qué lo haría?
¿Para perder un cliente? Juro que no le conté a nadie.
¡Beja! ¿Dónde estás, maldita?
Te voy a mostrar. ¡Ven aquí!
¡Ven aquí, Beja!
Tranquilícese, coronel.
Su patrona difunde intimidades de los clientes.
¡Eso es imposible! Y lo sabe muy bien.
Lo que pasa aquí muere aquí.
Y Beja más que nadie es muy estricta con las reglas.
Yo le enseñaré a esa perra. Dame eso.
Llévense a este hombre.
Tu turno, querido.
¡Ganamos!
Pan de queso caliente y jugo de guayaba. ¿Quién quiere?
- Yo quiero. - Qué delicioso.
Hijo, no sabes qué feliz me hace verte así.
Un hombre de familia.
Yo también estoy feliz, Antônio. Maria está mejor.
Angélica y tú serán padres.
Dios mío, por fin regresó la paz a este hogar.
"El soldado que luchó con coraje en la batalla,
en casa, es dominado por su esposa".
Pero ¿qué tiene que ver Beja?
A propósito, ¿por qué le molesta tanto este folletín?
Bueno...
Porque Beja le pagó a Botelhino para publicar esta basura.
¿Y usted, coronel?
¿No le ofende que algunos se burlen de los hombres?
Claro. Es escandaloso.
Entonces, haga algo para terminar con esta historia.
Es hora de que su hijo denuncie a este "A".
El autor de esta basura.
Felizardo está por perder el control.
Lo sé.
No le contaste a nadie lo que te dije, ¿no?
¿Que le gusta que lo uses de caballo?
Por el amor de Dios.
- No vuelvas a repetirlo. - Está bien.
Me puso un arma en la cara. La próxima me disparará.
CEMENTERIO
Nos dejaste demasiado pronto, mamá.
Me dejaste en manos de un padre tirano.
Si no te quisiera tanto, creo que no te perdonaría.
¿Estás pidiendo perdón por las tonterías que escribiste?
Vine a ocuparme de la hacienda
y descubro que estás viviendo en la taberna.
-¿Qué es eso? -¿Ahora te preocupas por mí?
Me quitaste mi dinero y mi casa.
¿Te das cuenda de que los coroneles te destrozarán?
Si no les dices quién escribe ese folletín.
Ya dije que hablé con Beja.
- No sé quién lo escribe. -¡Averígualo!
Deja de publicar esa tontería.
No quiero problemas con la gente de Araxá.
Fratres, agnoscámus peccata nostra,
ut apti simus ad sacra mystéria celebrànda.
Me asusté, Beja.
Si no fuera por el coronel Botelho, el hombre hubiera empezado a disparar.
¿Me escuchaste? ¿O estás más interesada en la pareja?
¿Pareja? ¿Qué pareja?
Tenemos que hablar.
Después de misa.
No, ahora. Es urgente.
Necesito el nombre del autor.
¿Soy el dueño del periódico o no?
Su contrato es conmigo.
No necesita saber quién lo escribe. Solo lo publica.
No publicaré nada más.
No quiero problemas con los coroneles o con mi padre.
¿Quiere problemas conmigo? ¿Está seguro?
- Le devolveré el dinero. - Será mejor que espere sentado.
No, mejor, rezando. Disculpe.
Sonrían.
Eso es. Muy bien. Falta más piernas.
Y más sonrisas.
Sonrían más, y es importante que muestren las piernas.
Levanten las piernas bien alto.
Es muy importante. Eso es.
Eso es.
Llévense a las prostitutas.
¿Qué hacen? ¿Cómo entraron?
Suelten a todas.
Por las buenas o por las malas.
¿Quién es el que escribe esa mierda que pagó para publicar?
Será mejor que salga de aquí, coronel.
O todo el pueblo sabrá lo que le gusta en la cama.
Y no por el periódico. Si no por mí.
Si le hace algo, lo mato.
Dispare.
Dispare, coronel.
Y en mi funeral,
leerán la carta que le dejé a una amiga,
contándole todo sobre usted.
Dispare.
Suéltenlas.
- Salga de aquí. -¿Y las reglas de la casa?
Su secreto está a salvo conmigo, mientras yo esté a salvo.
Salga de aquí.
¡Salgan de aquí!
Vamos.
-¿Están bien? - Sí, estamos bien.
-¿Qué carta es esa, Beja? - No sé.
Lo inventé.
¿No es así como se hace un folletín? Bueno.
Estás sonrojada. ¿Tomaste sol?
Quería venir antes, pero no sabía si recibías visitas.
Podrías haber venido.
Lo sé, es que...
Voy a ver si el pan de maíz está listo.
Lo preparó Maria. Para tu visita.
Compórtense.
Estaba preocupado.
La última vez que te vi, ya sabes...
Perdón, pero necesito saber.
-¿Saber qué? - Lo hiciste para no casarte.
-¿Tus padres te están obligando? - João, eso fue un accidente.
Estaba desatenta y confundí los frascos.
Lamento haberte preocupado por nada.
¿En serio quieres casarte conmigo?
Quiero lo que toda mujer quiere: hacer feliz a un hombre.
Veo que la conversación avanzó.
Sampaio y Antônio estarían felices.
Lástima que no pudieron quedarse.
Cuestiones políticas, João. ¿Comprendes?
Comprendo, señora Ceci.
Mi padre quería estar aquí, pero tuvo que viajar.
- Se fue por unos días. -¿Quieres un té?
Sí, gracias, señora.
Parece que ella se quiere casar.
- Tal vez me preocupé por nada. - Maria es bonita.
Bien educada.
No tiene nada malo.
Excepto por una cosa.
No es Beja.
Por eso debes casarte con Maria.
Beja no es una opción, amigo.
Lo sé, Avelino.
Después de mi pelea con Antônio en la subasta, Beja me ignora.
Así es. Los dos sabemos
que un abogado soltero no inspira confianza.
João...
Ahora que te casarás, ¿considerarías entrar en política?
Si las intenciones de la corona portuguesa fueran buenas,
los diputados de Minas Gerais habrían aceptado, ¿no?
Nos quedamos en Brasil, coronel Botelho, también en apoyo a don Pedro.
Buena decisión.
¿Todavía crees en el poder del príncipe regente?
Solo don Pedro mantiene a este pueblo unido.
Si él, Brasil estaría fuera de control.
Cualquiera que quiere controlar termina siendo controlado.
Tú necesitas controlarte. Este no es lugar para una mujer.
Pero...
Hay muchas mujeres aquí.
No cedas a su provocación.
Coronel Sampaio, decidí vender parte de mi tierra.
¿Cambiaste de idea?
Tengo deudas que pagar y...
Sé que siempre te interesó
esa parte próxima a tu granja.
¿Dónde corre el agua salada? ¿La que engorda a los bueyes?
Sí.
¿Puedes hacerme una oferta, coronel?
Extrañaba tu perfume.
Estaba ansioso por verte en nuestro lugar.
Pero desapareciste. Pensé que estabas enfermo.
¿Qué pasa?
- Pensé que te gustaba. - Sí, pero...
Cuando dos personas se gustan, no hay peros.
Tiene que gustarte.
Adelante.
Espero que te gusten las noticias que tengo.
¿Qué noticias?
Estoy embarazada.
¿En serio? No hagas bromas.
Siempre soñé con ser padre.
Hace mucho tiempo.
Yo...
Necesito un trago. Disculpa.
Querida.
¿Te sientes mal otra vez, Margarida?
Estás pálida.
Ojalá fuera solo eso.
- Estoy embarazada, querido. -¿Embarazada?
¿Qué le diré a mi novio?
Hermana...
Tengo una noticia que te alegrará.
Voy a comprar una parte de la tierra de Botelho.
Donde está la capilla que construyó la mujer del coronel.
La capilla donde solíamos jugar a las escondidas.
Cuando éramos niños.
¿No te gustó la sorpresa?
Será lindo
poder rezar ahí sola cuando quiera.
Debe ser el coronel para arreglar la venta.
Hace tiempo admiramos esa tierra suya.
¿Está listo para cerrar el trato?
Lamento informarle que superaron la oferta de su padre.
Ofrecieron el doble por la tierra.
¿Qué dice? ¿Quién la compró?
Beja.
Dicen que las mujeres no saben hacer negocios.
Nunca necesité a un hombre para eso.
Amiga.
-¿Está listo mi caballo? - Sí.
Iré a ver mis nuevos vestidos.
¿Antônio?
Qué sorpresa.
Con permiso, yo...
Quédate. Lo que tengo que decir no es un secreto.
No tienes vergüenza, ¿no?
¿Compraste una parte del campo de Botelho?
Hace años que mi familia quiere comprarla.
-¿Solo por venganza? - No eres el centro del universo.
Y tampoco los deseos de tu familia. Aunque eso crean.
- Actuaste por odio. -¿Odio?
Mi interés por esa tierra es práctico. ¿Una mujer no puede ser granjera acaso?
Podrías comprar cualquier campo.
No hay otro campo con la fuente de Jumenta.
Que para mí es sagrada.
Lo estás haciendo por Angélica.
Tú ensuciaste el agua de la fuente.
Al acostarte con hombres en esas aguas.
Soy libre, Antônio.
- No es mi culpa que tú no lo seas. -¡Tonterías!
Tuviste sexo con el coronel, por eso te vendió la tierra.
Eso no es asunto tuyo. Y aunque así fuera,
tengo dinero.
Podría comprar todo Araxá si quisiera.
- Beja, tranquilízate. -¡No me tranquilizo!
Nadie me falta el respeto en mi casa.
Sal de aquí.
Fuera de mi vista. Y no regreses nunca.
Ojalá te mueras.
Buen día.
¿Honorato? ¿Cómo entraste?
Como entré la última vez. Por atrás.
-¿Y si te ven? - Tu padre está en el ayuntamiento.
Augusta está haciendo compras con la señora Genoveva.
Mi amor, ¿estás...?
Espera.
-¿Por qué lloras? - Por el bordado.
- No me sale bien. - No.
No me mientas.
Dime.
Por la forma en que me dejaste en la capilla cuando te dije,
Pensé que ibas a desaparecer.
No. Lo siento.
Nunca te dejaré sola otra vez.
Y menos ahora que esperas un hijo mío.
¿No estás enojado conmigo?
No.
Claro que no, Carminha. Es solo que...
Soy un mujeriego. Es eso.
Pero eso es algo del pasado.
Tú eres mi presente.
Y mi futuro también.
Hay que decirles a tus padres. Cuanto antes.
- Me matarán. - Tendrán que matarme primero.
Estaré a tu lado.
Siempre. Se lo contaremos juntos.
¿Está bien?
-¿Honorato? - Soy yo.
- Eso significa... -¿Eso significa?
¿Que te casarás conmigo?
Si ellos me dejan.
Regresaré esta noche y le contaremos a tu padre, ¿sí?
El juez tiene que prohibir esto.
Calma. Vamos a hablarlo tranquilos.
¿Beja?
Es una ofensa tras otra.
Se ve bien en pantalones.
Lindas piernas.
Hay que detener a esa serpiente. Esa no es una mujer.
Es el diablo en forma humana.
Buen día, caballeros.
No hay nada como un paseo para la salud. ¿No creen?
¿Vas a escaparte? ¿Como los coroneles?
Estás jugando con fuego. Ten cuidado.
Todavía no tomé el cargo oficialmente.
¿Creías que era solo para obtener prebendas?
Ponle una brida a esa yegua pronto.
Si tú no lo haces, lo haré yo.
Felizardo, ¿cuándo aprenderás
que no hacemos ese tipo de trabajo sucio?
Otros lo hacen.
Señor Costa Pinto, vamos.
Como si el folletín no fuera suficiente, ahora Beja se pasea en pantalones.
- Como un hombre. -¿Están hablando de mí a mis espaldas?
¿Qué está pasando aquí?
Solo puede entrar aquí con permiso.
Januário, acompañe a la señora afuera.
Buenos días, caballeros. Vine a acompañar a mi cliente.
Ana Jacinta, más conocida como Beja,
quiere demandar al señor Botelho, dueño del periódico e hijo del coronel.
-¿Por qué motivo? - Incumplimiento de contrato.
Beja acordó con el dueño del periódico la publicación de un folletín.
Pagó por adelantado.
Pero ahora se niega a cumplir.
Beja.
Sé que Botelhino ofreció devolver todo el dinero.
Puedo comenzar a pagar ahora.
Mendonça, ¿tengo que aceptar el acuerdo?
Por el contrato, no.
Así que, juez, quiero que publique
cada capítulo del folletín y no aceptaré el dinero.
Y quiero que lo publique carta por carta.
En ese caso, el periódico debe cumplir el contrato.
Esto es ridículo.
Pero debe obedecer ciertas reglas.
No vuelva a aparecer en pantalones.
Ni por aquí ni por ningún lado.
¿Alguien ha montado en vestido? Esto es absurdo.
Deberían intentarlo. Agradecerán usar pantalones.
Doña Beja... Señora...
Señorita...
Dios mío, ¿qué es esta mujer?
Ana Jacinta.
Debe obedecer la ley, en este caso, a mí.
Mujer con pantalones, no.
- Mamá. - Dios mío.
El diablo ahora usa pantalones. Como un hombre.
-¿Puedo saber a qué viniste? - Vine a darles un mensaje.
Compré el campo del coronel Botelho.
El que está pegado a su valla.
Por favor, respeten los límites entre las tierras.
¿Límites? ¿Quién eres para hablar de límites?
No tenías derecho.
Esa capilla es parte de mis recuerdos.
Estás mintiendo, Beja.
Antônio prometió que esa tierra sería nuestra.
Conoces bien a Antônio,
y sabes que no cumple sus promesas.
¡Largo de aquí, ramera!
Además de secuestrarte, deberían haberte matado.
Primero, casi termina con tu carrera.
Y ahora esto. Compra la tierra que iba a ser nuestra.
No fue mi culpa.
Ofreció el doble, cualquiera hubiera aceptado.
Todavía no te das cuenta, ¿no?
Tu peor enemigo no es un hombre, es Beja.
Te equivocas, papá.
No hay nada más que pueda hacerme.
Eso es lo que piensas. Sigue haciéndolo a tus espaldas.
¿De qué hablas?
Beja se reúne con los coroneles de todo el estado.
Articulando. Usando trucos femeninos.
- Es imposible. - Eso es lo que me dicen.
Y según cómo le vaya a don Pedro con la corona,
pronto tendremos otra elección para establecer un parlamento en Brasil.
Por eso te digo:
si Beja quiere, te derribará.
Mis partidarios son leales.
Sería mejor si Beja desapareciera de la faz de la tierra.
Eso es seguro.
No te llenes o te levantarás hinchado.
Tienes que estar delgado para tu asunción mañana.
Sí, lo sé, pero quería una patata.
Debiste ver cómo adularon a tu padre en Vila Rica, Carminha.
Lo llenaron de elogios.
¿No vas a comer, Carminha? Eso es una novedad.
Seguro estás comiendo a escondidas. Para no escuchar lo que mereces.
Siempre me dices que cierre la boca. La cerré.
Así está mejor.
¿Esperas a alguien, hija? ¿A esta hora?
Sí.
Digo, no.
Ya no.
El orfebre hizo un gran trabajo. Es hermosa.
Ahora me siento completa.
Doña Beja
tiene una corona que le sienta bien.
¿Mandaste a preparar el caballo?
¿Estás segura?
¿Es realmente lo que quieres hacer?
Si Araxá cree que el dinero es poder,
les mostraré que hay algo más poderoso que el dinero.
Qué linda mesa, Augusta.
Ni que hablar del vestido. Hermoso.
Eso es porque todavía no vieron
la toga que encargué en Vila Rica para Costa Pinto.
No todos los días nombran juez a tu marido.
Ni a tu padre, ¿verdad, Carminha?
¿Y tu sonrisa?
No hay nada como una reunión elegante para ahuyentar
el fantasma de ese demonio que trae la desgracia a Araxá.
¿Beja? ¿Qué hizo esta vez?
Vives en otro mundo, Genoveva. Por Dios.
¿Quién no escuchó que esa maldita mujer entró en la oficina de mi esposo
vistiendo pantalones?
Por la presente, ratifico
la investidura del señor Jorge da Costa Pinto,
juez electo, que asume
el pleno ejercicio de la magistratura.
Ante la presencia de testigos, declaro cerrada la sesión.
Que nuestro reverendísimo bendiga también
la pluma que usé durante años
para firmar las sentencias
para promover la justicia en nuestro pueblo.
Qué noble gesto, colega.
Que la justicia nunca abandone la pluma de nuestro nuevo
e ilustre juez, Jorge da Costa Pinto.
Hermanos, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
- Amén. - Amén.
Así sea.
Que Dios me guíe
en este rol que mi predecesor
ejerció con tan noblemente.
¿Será la gente que me viene a saludar?
Tienen que ver lo que está pasando afuera.
Misericordia.
Esta mujer cruzó todos los límites.
¿Qué pasa ahora, Beja?
El juez me prohibió andar en pantalones.
Y sin pantalones.
Pero te garantizo que esto no le molestará.
El diamante más grande de Brasil.
Es mío.
Voy a poner fin a esta desfachatez.
Tranquilo, Felizardo.
Hay otras formas de resolver este problema.
La violencia lo empeoraría.
Pero traería la paz a Araxá.
¿Quién necesita paz con semejante belleza?
Bájate. ¡Dije que te bajes!
¿Quieres darme órdenes? Ni siquiera mandas en tu propia vida.
Beja, eres excepcional.
¿Vieron el tamaño de esa piedra?
El diamante.
Baja o te bajaré por la fuerza.
Te mueres por poner las manos sobre mi cuerpo.
¡Bájate!
-¡Beja! - Se cayó.
Beja...
¡Ayuda!
¡Ayuda!
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