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Original subtitles

-¿Tu madre no te enseñó modales? - Me dio caramelos.

No tiene que darme nada más.

Es ambrosía. ¿Quieres un poco?

Es grosero comer con la boca abierta.

¡Ábrete sésamo!

Es lo que Alí Babá y los ladrones decían para abrir su cueva.

En la historia.

Tu boca...

Una niña no debería hacer eso.

¿De qué te ríes?

¡Puerca!

No tienes padre

y tampoco modales.

No puedo...

Pero yo sí puedo.

Tendrás que quedarte aquí hasta que lo encuentres.

Tengo que irme.

Ve, encontraré tu guante y te lo llevaré.

¡Animal estúpido!

Tráeme a Beja.

¡Encuéntrala aunque tengas que buscarla toda la noche!

Yo puedo ayudar.

Yo sé dónde vive Beja.

En la tercer curva del camino,

hay una casucha mal hecha entre el río y el maizal.

DOÑA BEJA

No se iría del pueblo

ni dejaría su casa y su familia así.

Buscamos por todo Araxá.

Por lo que dijiste, ella estaba muy mal.

Ella...

Espera aquí, Severina.

Necesito hablar con ella a solas.

Maria.

¿Qué haces aquí?

Te fuiste corriendo de la finca y no pude explicarte nada.

No quiero lastimarte.

Pero debo ser honesta contigo.

Me siento halagada.

Por todo lo que dijiste sobre tus sentimientos.

Pero...

No te amo.

Pero puedes aprender a amarme.

¿No?

Si tan solo...

Si tan solo pudiéramos

controlar el corazón.

Pero el beso fue muy lindo.

¿De qué estás hablando?

Del beso.

- El beso que me diste. -¿Yo?

Estás loca.

No.

Solo una ramera como tú podría decir una asquerosidad así.

No sé que clase

de cosas perversas les haces a los hombres en tu burdel, pero...

¿Un beso entre dos mujeres?

Tú fuiste muy lejos.

¡No!

¡Aléjate de mí, prostituta!

¡Déjame en paz!

¡Estás loca!

¡Aléjate de mí!

¡Déjame en paz!

Beja...

No tendrías que haberla dejado irse sola.

¿Y ahora?

-¿Le contarás a Antônio? -¡No! Claro que no.

No puedo exponer a Maria así.

En el principio, Dios...

Dios creó a Adán y Eva.

No...

No a Adán y Lucas.

No a Eva y Teresa. ¡No!

¡Estoy sucia!

¡Soy impura!

¡Dios!

Dios puede ver todos tus pecados profanos, y Dios...

¡Y Dios te castigará por todos tus pecados!

Y la tierra...

Y la tierra debería...

Debería tragar...

Debería tragar uno por uno...

A cada pecador.

Santa Madre de Dios,

que tu misericordia llegue al corazón de Maria.

- Que ella... -¡Cuidado!

-¡Está pesado! - Ten cuidado.

No puedo creer que te atreviste a robar un santo.

- Fue por una causa noble. - No se limpia un pecado con otro.

¿Qué querías? ¿Ver a Beja junto al santo en la procesión?

¡Date prisa, Augusta!

Vayámonos antes de que nos vean.

Ya le rogué que me perdone, Ceci.

Tú eras la responsable de nosotras, Genoveva.

¿Y si Felizardo hubiera encontrado el santo en la finca?

-¡Caray! - Ahora es la parte difícil.

¡Tiren!

Aquí. Cuidado.

- Aquí. - Despacio, despacio.

¿Cómo te atreves a entrar a la casa de Dios?

¿No crees

que una persona como tú debería estar avergonzada

de salir de su casa?

-¡Augusta, por Dios! - Abominación.

Buenos días, señoritas.

¿Vinieron a confesarse?

¿O van a pecar primero?

¿Desde cuándo el confesionario es una pensión?

Nadie debería dormir en la calle.

Mucho menos en las noches frías.

Como la de anoche.

Bueno, me voy a comer el desayuno.

Buen día.

Te irás a beber hasta quedar estúpido.

Lo sé.

¿Estás bien, Ceci?

Beja trajo el infierno a Araxá.

¿Volveremos a tener paz algún día?

Como castigo por tus pecados no entrarás al Reino de Dios,

y recibirás, en tu propio cuerpo, ese mismo castigo.

Si no entrarás al Reino de Dios...

¿Qué está pasando?

Nada, Valdo. Nada.

Salí temprano a caminar.

Solo eso, estoy caminando...

- Te vi en la finca de Beja. -¡No digas eso, Valdo!

Me ofendes con esa acusación.

¡Nunca en mi vida pisaría ese cubil del pecado!

¡Que dios no lo permita!

- Jamás lo haría. - Maria, ¡Maria!

No puedes entrar vestida así.

No te preocupes más por los terneros, Antônio.

El pequeño está mejor y el resto no se ha enfermado.

Excelente, un problema menos en mente.

En realidad estoy preocupado por Maria.

Últimamente ha estado muy sola.

Es demasiado grande para distraerse con los animales.

Tienes razón.

Mi hermana necesita un novio.

Para una dama tan agradable e instruida como ella, será fácil.

- Algunos de aquí pedirían su mano... -¡João!

¡João!

Hablan de casar a Maria y a João desde que eran niños.

Es un abogado de una buena familia.

Hablaré con mi padre.

-¿Necesitas algo más, Valdo? - No.

Yo...

Iré a ocuparme del queso.

- Muy bien. - Con permiso.

Delicioso como siempre.

Bueno, Maria ya está al tanto.

Estamos todos emocionados por esto. ¿No, Antônio?

Por supuesto.

Ahora...

Mi querido Mendonça, lo único que falta saber

es si el viejo acuerdo se mantiene.

João es el que decidirá.

Considerando que él trabaja en la capital y está aquí de pasada.

Maria podría vivir en Río de Janeiro.

Entiendo. De todos modos...

Escucharemos a nuestro hijo.

Y luego hablaremos otra vez.

Claro.

¡Lo tengo! ¡Este es grande!

-¡Sí! -¡Este es grande!

¡Al fin, un hombre de tu edad atrapa un pescado!

Nací en Araxá, padre. Debería ser bueno en esto.

Especialmente porque pretendo quedarme aquí más tiempo.

¿Y así es cómo me das esa noticia?

Tu madre va a llorar de la alegría.

João decide cosas así de la nada.

Espero que la decisión no tenga que ver con lo que pienso.

¿Y qué piensas que es, Avelino?

Avelino piensa demasiado, padre.

No lo escuches.

Él también quiere quedarse en Araxá.

Se sentía un poco preso en la capital.

Siempre trabajando. ¿No es cierto, Avelino?

-¿No es mejor estar aquí? -¡Sí! Mucho mejor.

Hijo,

alguien más que estará feliz con esta noticia es Maria Sampaio.

¿Maria?

Los Sampaios vinieron a preguntarnos

si esa vieja propuesta de casarlos a los dos sigue en pie.

Ni siquiera lo recordaba.

Nuestras familias son cercanas.

Tú y Maria se llevaban bien de niños.

Sin mencionar

nuestra deuda pendiente con la abuela Lueji.

Piénsalo, hijo.

¿Preso? ¿En la capital?

-¡Casi me delatas! - Y tú a mí, señor Fugitivo.

Casi mencionas a Beja.

Esta oportunidad para olvidar a Beja te cayó del cielo.

Esa Maria...

¿Es bonita?

Siempre lo ha sido.

¿Y si te casas con ella?

Disculpa la pregunta.

Pero ¿volverás a casa tarde esta noche?

Será mejor que no me esperes.

¿Qué pasa?

Ese...

Ese perfume que te pones.

Me marea un poco.

Debe ser por el embarazo.

Prometo que no lo usaré más.

Descansa.

Antônio, no te vayas.

Por favor.

Quédate conmigo.

¿Qué pasa?

¿Te sientes mal? ¿Llamo a Fortunato?

- No... - Angélica, ¡por Dios!

Todo marido tiene derecho a relajarse.

¿Escuchabas a escondidas?

No es culpa mía que discutan con la puerta abierta.

Si fuera tú, Angélica,

dejaría de molestar a Antônio.

¿Quién eres tú para cuestionar a un hombre?

¡Sálvame, Dios! Aún no puedo creerlo.

Madre, es de lo único que hablas desde ayer.

Y hablaré de eso hasta que me quede sin voz.

Hice todo lo posible para evitar que esas rameras

manchen la procesión de nuestro santo patrón.

Pero, me doy vuelta, ¿y quién está?

¿Regodeándose con ellos? Mi propia hija.

Madre, deberías estar feliz.

¡Pude ser el ángel de la procesión!

Agradécele a Dios y reza, hija,

por cada centímetro de tela de más que tenía tu vestido.

Dios, dame paciencia, por favor.

Paciencia no.

Dame un milagro.

¡Honorato!

¡Honorato!

-¡Carminha! -¿Pensaste que no vendría?

Ven aquí, ven.

Al fin, una noche con el sol.

Coronel Malaquias.

Qué bueno verlo.

Ha traído a su sobrino, como se lo pedí.

Realmente le tuve que insistir.

Es un niño muy tímido.

Él quería ser un cura.

Esta noche rezará el rosario entero conmigo.

¿Vamos?

Tranquilo.

No te pasará nada.

Todo lo contrario.

Si me lo permites, me gustaría presentarte a un amigo.

Puedo preparar una cena en mi casa.

¿Qué te parece?

Cortesía de Beja.

Llévatelo.

¡Lo hiciste a propósito!

¡No pasaste la noche conmigo para acostarte con ese crío!

¿Yo me quejo?

¿Cuando te veo dando vueltas por el pueblo con Angélica en brazos?

Yo no me casé para darte celos.

Y yo no trabajo para darte celos.

¿Cómo puedo estar con una mujer que no me respeta?

¿Respeto? ¡Antônio!

Solo puedes demandar lo que brindas en la misma medida.

- Buenas tardes. - Qué tal.

¡Vaya! ¿Qué está sucediendo?

¿Las señoritas combinaron la ropa para coexistir en la casa del Señor?

¿O van a formar un coro?

¿Se ríe, Padre?

¿Mientras el peor tipo de personas vienen aquí?

¿A enfrentarnos en la casa de Dios?

Tranquila, doña Ceci.

Es que hoy estoy muy feliz.

Después de todo,

hemos recibido una gran bendición.

El ladrón que tomó a nuestro Santo Domingo

se ha arrepentido y decidió devolver nuestro santo.

-¿Ya sabe quién fue? - Sí.

Lo sé y también pensé en un castigo.

-¡Padre! - Pero...

Beja me pidió que sea misericordioso.

Dijo que su visita de hoy a la misa

sería un evento muy especial y, por lo visto,

Beja otra vez sabía de lo que hablaba.

Creo que somos todas iguales.

Y ahora, miren.

Literalmente.

Podemos coexistir en paz, señoritas.

¿No creen?

Si mi madre me encuentra aquí me matará y enterrará.

Es breve. Tengo que pedirte un favor.

Alegrará la misa y le enseñará una lección a ciertas personas.

¿Una lección?

Averigua qué ropa vestirá tu madre y las mujeres devotas para la misa.

Déjame el resto a mí.

No aguanto más tener tantas náuseas.

¿No tienes nada para calmarla, primo?

Tintura de jengibre ayudará.

Ve a buscarlo, Maria, por favor. Está allí.

¿Algo más, Angélica?

He estado durmiendo muy mal.

Sigue bebiendo el té que te di, te ayudará.

Toma, primo.

Para las náuseas.

Unas gotas en un vaso de agua antes de cada comida

y será suficiente.

¿Está bien?

Maria.

¿Podrías irme a buscar un poco más de agua?

Claro.

Fortunato, no me mientas.

Antônio ha estado viendo a Beja, ¿verdad?

Angélica, mi primo no habla de sus intimidades conmigo.

Primo, puedes contarme. Te juro...

Juro que nadie sabrá que me lo dijiste.

- Yo... - Toma, Angélica.

¿Qué pasó?

Honorato dijo que era urgente.

Me rendí ante el deseo y fui a ver a Honorato.

Pero ahora tengo miedo, Beja.

¿Por qué?

-¿Él hizo algo que no querías? -¡No!

Quiero decir...

Él me hizo cosas que ni sabía que existían.

Pero me gustaron.

Nunca me sentí así.

- Hasta anoche. -¿Por qué tienes miedo?

¡Dios me está castigando! Hasta me dio una enfermedad

para que me muera y deje de fornicar.

Dios no nos castiga por amar.

¿Entonces por qué me duelen tanto los pechos?

Dejé de tener mi menstruación.

Carminha...

No te vas a morir.

Todo lo contrario.

Estás llena de vida.

Aquí.

En tu vientre.

Estás embarazada.

Beja, sé que no me incumbe,

pero Angélica está embarazada.

Está sufriendo por Antônio.

- Yo también me siento mal por eso. - Es diferente.

- Ella no está preparada para la vida. - No lo creas, Fortunato.

Cuando fui a buscar a Antônio para decirle lo que sucedió

ella estaba bien preparada.

Se puso el anillo y mintió que se había casado con el.

Nunca le mentí a Angélica.

Nunca le mentí a nadie.

Todo el mundo siempre supo que quería a Antônio.

Eso es verdad.

Hablemos de algo mejor.

Cena conmigo.

-¿En la finca? - En mi casa.

Josefa.

Gracias.

¿Se estarán llevando bien?

Tienen de qué hablar. No se ven desde la infancia.

Seguro cabalgas mucho

en una granja tan hermosa como esta.

No cabalgo mucho cuando estoy sola.

Mi madre sabe leer.

-¿Te gustaría aprender? - Yo...

No creo que sea apropiado para una dama.

Iré a buscar un poco más de té.

¿Quieres un poco?

No.

No, gracias.

Te gusta mucho el té.

Es una delicia.

¿Has ido a la capital?

La...

-¿La capital? - Sí.

La oficina en la que trabajo está en Río de Janeiro.

Es un lugar diferente.

Es vibrante y...

¿Maria? ¡Doña Ceci!

- Doña Ceci. -¿Qué sucede?

- Dios mío. -¡Maria, háblame!

-¡Por favor! -¡Maria!

-¿Qué pasó? -¡No lo sé!

- Se cayó, ¡simplemente colapsó! -¡Despierta!

-¡Paulo! - No sé que pasó, madre.

Juro que no la vi tomar el frasco, Severina.

Lo hizo en secreto.

¿Cómo está, Fortunato?

Está viva porque me llamaron rápido.

Hice que vomitara el veneno, pero aún necesita atención.

- Maria no está feliz. - No.

Pero ¿qué llevaría a alguien a tal extremo?

Tal vez el compromiso.

Estos compromisos no siempre funcionan como quisieran los padres.

Debe ser el otro invitado.

Iré a buscar una bebida.

Con permiso.

Yo también sé un poco sobre hierbas.

Cuidé el jardín en el seminario.

Me encanta trabajar la tierra.

Así que serás un cura.

No.

Ya desistí.

No es para mí.

No estaba siendo leal a Dios.

Qué pena.

Es una hermosa vocación.

Hace calor aquí.

Severina se está demorando.

Beja tampoco aparece.

- Yo... - Beja envió una carta.

Salió a solucionar un problema importante

y no podrá venir a cenar.

Pero ella quisiera que ustedes coman sin...

En realidad, debo irme.

Es tarde. Me levanto temprano.

Buenas noches.

Me alegras que vengas a tomar algo de sol.

Estaba preocupado.

No nos vuelvas a asustar así, Maria.

Tú tienes la culpa de esto.

Fui a buscarte a ti, a esa finca maldita.

Ya se todo, Antônio.

- Maria, no puedo creer... - Estás con Beja.

Eso no te incumbe, Maria.

Me incumbe porque deshonra a nuestra familia.

¡Eres muy joven para entenderlo!

-¡Seremos pobres y será tu culpa! - No es mi culpa ni de Beja.

¡Tampoco es culpa de Angélica!

Y mucho menos del bebé en su vientre.

Todos en esta casa sufrirán si no te olvidas de ella.

No lo entiendes, Maria.

No puedo vivir sin Beja.

Entonces deberás aprender a vivir sin mí.

No viviré para ver cómo destruyes a nuestra familia.

¿De qué estás hablando?

No entiendes nada, ¿verdad, Antônio?

No fue por el compromiso que intenté suicidarme.

Y si continúas con Beja,

la próxima vez no fallaré.

Tú decides, Antônio.

Si yo vivo

o si muero.

Gracias.

Quiero desaparecer en este abrazo.

¿Qué pasa?

¿Qué sucede? ¿Por qué esta agonía?

Déjame abrazarte.

Sentir tu cuerpo sobre el mío.

Sea lo que fuera,

el tiempo lo cura todo.

UN MES DESPUÉS

No.

-¿Qué? - No puedo creerlo.

Tranquila. Eso podría ser sangre.

Conozco este aroma.

Beja.

Es el perfume de la ramera.

Estoy cansada.

¡Angélica!

Lo sabía.

Sabía que esto pasaría en algún momento.

Yo...

Al contrario, nunca me imaginé

que un día tendría que pisar la casa de la amante de mi esposo.

Antônio no está aquí, ¿no te lo habían dicho?

Tienes razón.

No está aquí contigo.

Y no está en casa, conmigo.

Y mientras esté con las dos, Beja,

él ni será tuyo ni mío.

Pensé que eras más ingenua.

Y yo pensé que tú eras la culpable de todo.

Pero hoy ya lo sé

y tú lo sabes también.

Mientras Antônio no elija,

nosotras no tendremos paz.

No es mi culpa

que haya estado enamorada de Antônio toda mi vida.

- O que él me ame. - Pero se casó conmigo.

- No contigo. - Él vino a verme.

Incluso después de que perdí toda esperanza.

A mí me dio un hijo.

El juró, frente a Dios, que sería leal a mi familia.

- Fue Maria... -¿Qué tiene que ver Maria en esto?

Esto solo nos concierne a ti, Antônio y yo.

Mi esposo le prometió a su hermana

que él nunca te volvería a ver.

A cambio, ella le hizo una promesa a él.

Que nunca más intentaría quitarse la vida

por ti.

Para mantener la tradición.

¿Qué? ¿Pasó algo?

Tu hermana intentó suicidarse.

Amenazó con hacerlo otra vez si no cumples con tu palabra.

Maria es inmadura, Beja.

- Hace esto para llamar la atención. - Mentiste.

Me mentiste.

Le mentiste a ella y a tu esposa. Eres un cobarde, Antônio.

No tienes idea de lo que enfrenté para poder estar a tu lado.

¿Qué enfrentaste?

¿Una esposita para servirte?

¿O una familia que hace lo que quieras?

No tienes el coraje para...

Si estoy aquí a tu lado es porque tengo el coraje suficiente.

Lo que ningún otro hombre tendría el coraje de hacer.

Estar con una mujer que se acuesta con todos.

Al menos fui honesta.

¿Honesta?

¿Honesta, Beja?

Aún no me contaste sobre lo que vi en Paracatu.

Estabas revolcándote en la cama con otro hombre.

Yo te acepté a pesar de eso.

No soy un regalo para ser aceptado.

Yo soy entera, soy completa. Eso soy.

Y yo quiero a mi lado un hombre completo.

Un amante es poco para mí.

Tú quieres un hombre a tus pies.

No uno,

muchos.

Crees que eres una reina, pero no eres más que una ramera.

¡Vete de aquí!

Fuera de aquí, Antônio.

Si me voy, nunca más volveré.

Olvídate de que existo.

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