All language subtitles for Madam.Beja.S01E17.1080p.WEB.h264-EDITH_track7_[spa]

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Original subtitles

Las minas de Mota están agotándose.

No encuentran nada ahí. Ni oro ni diamantes.

Pero la finca de Jatobá...

No está nada mal.

Simplemente no puedo cerrarla.

Como me enseñó la abuela Esmeralda.

Pero ¿vas a trabajar embarazada?

Mientras no tenga un panza visible, podría hacer una presentación

y elegir un caballero.

Y luego tú

lo llevarás a mi habitación, ¿entiendes?

Optchá.

Salve, santa Sara Kalí, salve.

Tú subirás al escenario,

pero Olivia se acostará con ellos.

Vestida como doña Beja y con la diadema, por supuesto.

¿Qué te parece si le cumplimos sus sueños?

Muy bien.

Pero deberás elegir coroneles que ni te conozcan

ni se hayan acostado contigo.

¿Hay mejor manera de honrar a un coronel

que me visite por primera vez?

Que el destino de esta casa

y el mío

sean uno solo.

Que me pueda quedar aquí.

Que aquí pueda ser mi verdadero yo.

Salve.

Déjame hacerlo a mí. Deberías estar en casa, descansando.

Solo funciona si la madre del bebé lo hace.

-Si te caes, no habrá un bebé. -Nacerá fuerte.

Y salvará mi matrimonio.

Listo. Ahora, la oración.

Santos Cosme y Damián,

espíritus de Dios,

invoco su fuerza...

¿Cómo era?

Su fuerza,

pureza y alegría

de todos los niños que crecieron bajo la sombra de este árbol.

Bueno, listo. Ahora, baja.

Que toquen sus corazones, mis queridos santos.

Les pido,

por favor, que protejan al bebé que llevo en mi vientre.

No te hubiera ahogado si no fuera tan grave.

¿Permitiste que mi madre eche a Honorato?

Bueno, entonces serás castigado.

¡Por favor, santo! ¡Ayúdame!

Haz que mi casamiento con Fortunato se vuelva realidad.

Solo verás la luz del día cuando me devuelvas a mi amor.

¡Y quiero casarme en una iglesia!

Date prisa.

Beja.

Hay algo que no entiendo.

¿Qué pasará cuando tu panza se hinche?

Anunciaré que habrá renovaciones,

Olivia será "doña Beja" y atenderá fuera de Araxá,

y yo me aislaré hasta que nazca mi bebé.

¿Crees que Antônio volverá?

Solo si no tiene vergüenza.

-Guardó todas sus cosas y se fue. -Porque se lo ordené.

Si no hay confianza, no hay amor.

Este hijo es solo mío.

No necesito un marido. Tengo a mi hijo y mi trabajo.

Luna, luna...

Luna llena...

Yo soy una madre.

Y tú eres madrina.

Yo doy leche

y mucho amor.

Tú das brillo

y esplendor.

Yo te ofrezco

este bebé

que crece en mi vientre.

Para que venga al mundo bajo tu protección.

Y que así sea.

DOÑA BEJA

DOS DÍAS DESPUÉS

Aceite de hojas de frambuesas y rosas salvajes.

Esto fortalecerá el útero y evitará que haya más sangrados.

Señor Fortunato, ¿y para los nervios?

-¿Hay algo para calmarlos? -Angélica ha estado muy alterada.

Nadie sabe qué hacer.

Nada mejor que la manzanilla.

Buen día.

Buen día, Severina.

-¿Mi pedido está listo? -Sí, ahora te lo entrego.

Aquí está.

Que haga una infusión con hojas de naranja para la náusea

y prepárale café para el mareo.

Gracias.

Pasa por la finca alguna vez. Visítanos.

Manzanilla. Nunca falla.

Gracias.

¿Beja está enferma?

No es nada grave.

Qué curioso.

Náuseas, mareos...

Angélica también tiene esos síntomas.

-Maria. -Primo, ¿ella está embarazada?

Mi trabajo garantiza discreción.

-Vamos. Déjalo trabajar. -¡Espera, Valdo!

Primo, ¿tienes noticias de Antônio?

Discúlpame, prima, pero debo volver a trabajar.

-Con permiso. -Vamos.

¡Basta, Valdo!

¡Vaya!

Gracias. Me consientes.

¿Sí?

Tú eres parecido a mí.

-¿Sí? -Te gusta comer bien a la mañana.

Somos parecidos en muchas cosas.

Pero tú...

Dios...

Eres tan linda.

Es una lástima que no lo vea tu corazón.

No es eso.

-Es que... -Ya sé.

Soy una puta.

Pero Beja también.

Antônio.

Sé que no despierto la misma llama que Beja despierta en ti.

Ya me di cuenta.

Pero sabes que hay algo fuerte que nos une.

No es solo el color de piel.

Es algo en nuestro interior.

Es un reconocimiento.

La sensación de estar en casa.

Dos tambores que suenan

al mismo ritmo.

Gracias, Candinha.

Por recibirme,

por no hacer preguntas,

por no incomodarte con mi silencio...

Y por quererme como soy.

¿Y me agradecerás los besos también?

¡No, eso no! ¡No!

Gracias.

-Gracias. -Aquí también.

Gracias.

Gracias.

No tengo motivo para mentirte.

Antônio no está aquí. Ya te lo dije.

¿Se habrá dado cuenta de quién eres?

-Por el amor a Dios... -¡Casi matas a un bebé!

¿De qué estás hablando?

Angélica sangró y fue por tu culpa.

Podría haber perdido su bebé. Imagina si perdieras el tuyo.

Imagina estar embarazada y sola.

Nunca quise lastimarla.

Estás embarazada, ¿no?

¡Dios mío! ¿De dónde sacas esas fantasías?

Té para la náusea.

Café para el mareo.

Y ahora...

Tienes la misma mirada que Angélica.

Es una mezcla de terror y felicidad.

La desesperación de alguien que sabe que tiene muchas batallas por delante,

pero con la certeza de que, ahora sí,

la vida tiene un valor.

Dime la verdad.

¿Estás embarazada?

Maria, el té era para mí. Era por algo que comí.

Beja...

Si quieres que tu hijo tenga una chance de que sea protegido por Dios,

permíteme ser su madrina.

¿Aceptas?

¿No dijiste siempre que soy una víbora?

¿Que soy el diablo encarnado?

¿Y tú quién crees que eres?

¿El ángel de la salvación?

¡Puedo serte útil!

Yo sería una buena influencia para ese bebé.

Podría ayudarte a criarlo.

Tú y yo.

Maria, no estoy embarazada.

No hay ningún bebé.

-Beja... -Discúlpame.

Discúlpame, Maria.

Piensa en lo que te pedí.

Por el bien de tu bebé.

Vete.

Esa chica perdió la razón.

Está enamorada de ti.

No tengo dudas.

Pero ¿por qué insiste con lo del bebé?

-¿Quiere ser la madrina? -Para estar cerca de ti.

Pero la rechazaste otra vez.

A pesar de todo, no puedo enojarme con ella. Está tan perdida.

Puede que no estés enojada,

pero debes tener cuidado porque puede ser muy peligrosa.

Primo, ¡explícame!

Si dependo de mi madre, nunca lo sabré.

Maria, no es responsabilidad mía hablar de estas cosas contigo.

No me iré hasta que me digas

cómo hace una pareja para tener un hijo.

Esto queda entre nosotros, ¿entendido?

¿Ves esta flor?

Me ayudará a responderte.

Digamos que la abeja,

atraída por la forma y el aroma de la flor,

-se acerca... -¿La abeja?

¿Crees que soy tonta, primo?

¡Ni cigüeñas ni abejas!

-Dime qué hace una pareja. -Está bien, te lo diré.

El hombre y la mujer,

cuando van juntos a la cama,

el hombre...

Él planta una semilla adentro de ella.

De la mujer.

Listo, ya está.

¿En la cama?

Bueno...

Beja podría tener la de Antônio.

Deja de pensar en tonterías, Maria.

No te metas en su vida.

Yo también quiero lo mejor para él.

Y para Angélica, que está en casa,

peleando para mantener a su hijo sano.

Pero eso es asunto de ellos.

Por otro lado, primo,

si lo que dices es verdad,

cada hombre que se ha acostado con Beja le plantó una semilla.

Ella debe estar llena de semillas, ¿no?

Solo una semilla florece.

Solo hay un padre.

-¡Claro! -Claro, ¿qué?

Cualquiera puede ser el padre de su hijo.

Solo necesito probar que ese hijo no es de Antônio.

¿Qué haría sin ti?

Si entras a la corte así,

es a lo único que le prestarán atención.

Listo.

Ahora que estoy presentable gracias a doña Josefa,

puedo irme.

Hasta luego, cariño.

-Adiós, Avelino. -Adiós.

No entiendo.

Dijiste que no estabas viviendo la vida que querías.

Es lo que sentí cuando pensé que me iba a morir,

pero he estado con él tantos años...

Deja de pensar en los años que ya pasaron.

Piensa en los que están por venir.

Por favor, no me hagas esto.

Por favor.

¿Tú no quieres?

Sí, quiero.

Quiero.

La vida es curiosa.

Si no me hubieran arrestado,

y si João no me hubiera liberado

ni hubiera inventado que estaba enfermo para quedarme,

jamás habría experimentado este sentimiento.

Avelino, ¿estuviste preso?

¡Gracias a Dios!

Estaba peleando por la libertad

y terminé aquí.

Un prisionero del amor.

Mi hijo y tú son dos imprudentes.

Y yo también. Mírame.

Una decisión.

Una elección.

Que puede cambiar el curso de una vida entera.

De muchas vidas.

¿Te arrepientes?

¿Te arrepientes de haber estado preso?

¿De luchar por lo que dice tu corazón?

No.

Yo tampoco.

Pero...

No significa que no sienta culpa.

Avelino, no soy una mujer joven.

Soy una madre.

Una esposa.

Y linda.

Tan, tan linda.

"Podía oír la voz de mi amigo,

pero no le prestaba atención a sus tramas sentimentales".

"Yo solo pensaba en él.

En 'El Lector'

y en cómo encontrarlo.

'El Lector'.

Así es cómo firma.

Así es cómo me deja en suspenso,

deseando, a cada instante, develar su misterio.

Porque él es el único en quien pienso.

Él".

Señor,

sé que son palabras inapropiadas para intercambiarlas entre hombres,

pero no puedo mentirte a ti, mi Señor.

Con cada palabra que escribe,

parece que me conociera íntimamente.

Y eso, Señor,

me hace querer conocerlo

íntimamente.

Me hace desearlo.

Me hace querer su compañía.

Tú sabes, mi Señor,

cuánto he peleado este sentimiento, pero...

Dime, por favor.

Por favor, Dios.

Dime qué puedo hacer si esto es lo que siento.

Dime, Padre.

El agua está fría, ¿no?

Sí, pero estoy acostumbrada.

¿Tú eres la chica nueva que vino a trabajar a la finca de Jatobá?

-¿Nos conocemos? -No.

Me encantaría trabajar ahí

y todos dicen que doña Beja es muy protectora de sus chicas.

-¿Te gusta trabajar ahí? -Mucho.

Algún día seré como Beja. Rica, poderosa.

Me acostaré con quién, cuándo y cuántas veces yo quiera.

¿En serio?

¿Te preocupa quedar embarazada y criar un hijo sola?

No.

Solo hay que hacer lo que hace Beja.

No deja que ningún hombre termine dentro de ella.

Es la regla principal.

¿Ningún hombre?

¿Ninguno, nunca?

Solo uno lo hizo, pero es el amor de su vida.

¿Te refieres a un tal Antônio?

No te preocupes, todos en el pueblo saben que tienen un amorío.

Sí, ese.

No entiendo cómo Beja soporta a ese hombre.

¡La trata tan mal!

Y dicen que él trata a su esposa de la misma manera.

Oye.

¿No quieres trabajar ahí?

Puedo llevarte con Beja.

Tenemos que cuidar a los caballos, tienen cólicos.

Me alegra ver a mi amigo trabajando otra vez.

En serio.

Pensé que habías renunciado.

Me gusta trabajar la tierra.

Libera los demonios de la cabeza.

Pero, Antônio,

si no te llevaste bien con Beja...

-¿Por qué no volviste a casa? -Me mintieron.

En especial Angélica y Maria.

-No voy a volver. -Entiendo, en serio.

Pero has estado viajando,

así que no sé si te has enterado.

-Angélica... -No quiero saber.

No me olvido de lo que hizo.

-Pero es importante... -Vuelve.

Vuelve al corral.

Iré en un momento.

Vamos, muchachos.

Yo rezo, Padre.

Yo no peco y aún así me castigas.

Carminha...

La traté con amor para que sea una señorita buena.

Jesús. Ayúdame.

¡Ella está embarazada

y soltera!

¡Y el padre es un mendigo!

¿Así que soy abuelo del hijo de un mendigo?

Augusta, estabas comportándote muy extraño.

Es por eso que encontré la manera de escuchar tu confesión.

Pensé que ibas a abandonarme.

Pensándolo mejor,

ojalá fuera ese el problema.

-Ni que lo digas. -Sí.

-Ni que lo digas. -Lo sé.

Señor, dame paciencia.

Paciencia no. Dame un milagro.

Nadie se casará con ella ahora.

De lo contrario.

Ahora, nuestra hija tiene un marido.

No vine al mundo para ser un payaso.

-¿Un marido? -Sí.

Sí.

El padre del hijo.

-¿Estás hablando de Honorato? -¡Claro!

¿Acaso quieres que nuestra hija camine por ahí con una barriga

-sin el padre a su lado? -Dios me libre.

No.

Solo hay un problema.

Honorato se fue.

Pero eso fue hace tiempo.

No, no. Eso fue la primera vez y apareció.

Dentro de nuestra casa.

-Hablo de la segunda vez. -¿Hubo una segunda vez?

Costa Pinto,

eché a ese borracho a los gritos.

Corrió tan rápido que desapareció.

¡Carminha no paraba de llorar!

Lo sabía.

Una carta de João.

Ella siempre sabe cuando una carta es de él.

"Queridos padres: Actualmente, Río de Janeiro es un manicomio total,

pero, por suerte, encontré la casa perfecta

para compartir con Maria cuando nos casemos".

Perfecto. Un problema menos.

"Sobre el tema del casamiento,

la novia de Avelino está muy preocupada

y lo extraña mucho.

Los padres de ella aún se preguntan si se van a casar o no".

Avelino, hijo...

No me malinterpretes, pero tu salud ha mejorado mucho.

¿No deberías ir a buscar a esta mujer?

No sabía que tenías una prometida.

¿Tú lo sabías, Josefa?

Es que yo, tal vez,

soy extremadamente discreto con esas cuestiones.

No lo seas con tus sentimientos.

Regresa cuanto antes y dile a esa señorita que tiene un novio.

Estoy de acuerdo.

No deberías hacer esperar así a una señorita.

Está decidido.

La carroza está a tu disposición.

Regresa a la capital cuanto antes.

Josefa tiene razón.

No puedes posponer estas cuestiones.

Es hora de elegir al afortunado de esta noche.

-¡Yo, yo! -¡Elígeme a mí!

-¡Yo! -¡Elígeme!

-¡Por aquí, aquí! -¡Doña Beja!

-¡Doña Beja, elígeme! -¡Aquí!

Es un honor. Es muy linda.

-¿Coronel...? -Andrade.

-Usted es nuevo por aquí. -Sí, lo soy.

Bienvenido.

Muchas gracias.

Ha llegado con suerte.

-Qué bueno. -Severina lo llevará a mi cuarto.

Por aquí.

Estoy segura de que su noche valdrá por un millón.

-¿Está funcionado? -Maravillosamente.

Perfecto.

Mientras el coronel Andrade viaja por las tierras árabes

en la alfombra mágica de doña Beja,

iré a descansar un poco.

-Debo cuidar a mi hijo. -Ve.

"Con cada oración suya que leo,

es como si hubiera cometido todos los pecados del mundo.

Es por eso

que esta es una carta de despedida, mi querido Autor.

Dios me dio el aliento de la vida.

Y por mi amor a Él,

yo debo

silenciar este torbellino que reside en mí.

Adiós.

Firma:

su querido Lector".

Basta, Augusta.

No puedo buscar más.

Ese mendigo se evaporó.

Los vivos siempre aparecen. Incluso en el cementerio.

Pero aquí solo hay muertos.

¡No seas tan llorón, Costa Pinto! El honor de tu hija está en juego.

-¡Lo sabía! -¿Está muerto?

¡Claro que no, Costa Pinto!

Está ebrio.

¡Sujétalo bien, Costa Pinto!

¿No ves que el pobre diablo se está resbalando?

Cada vez que respira,

¡no puedo oler más que alcohol puro!

Me da vueltas el estómago.

Ahora entiendo por qué elegiste los pies.

Abre la puerta.

No hay dudas,

este no es el novio ideal para nuestra hija.

Y pensar que lo eligió ella.

¡Por eso digo que las mujeres no deberían elegir a sus maridos!

Mi padre era un hombre y, aún así, eligió mal.

Esto es lo que hay. Vamos, despierta al borracho.

Tenemos que transformar a este sapo en un príncipe.

Estoy asqueado, me descompone.

¿Qué?

¿Volví?

¡Suegra!

¡Cállate!

Carminha todavía no puede saber que estás aquí.

-Escucha... -Me cae mejor cuando está dormido.

¡O muerto! ¿Por qué no llamamos a Carminha y al Padre

y terminamos con todo esto?

¿Cómo se te ocurre?

Carminha no se casará con un mendigo.

¡Se casará con un conde!

¡Quítale eso de encima, se va a morir!

¿Por cuánto tiempo más te conformarás con las migajas?

En vez de agarrar y oler su ropa,

¿no deberías agarrarlo del cuello y traerlo aquí, a su casa?

¿O dejarás que Antônio elija a la otra mujer y su hijo?

Maria,

no sé si tengo el coraje de entrar a la casa de la ramera y buscarlo.

Él no está ahí ahora.

A él lo vieron en otro lugar,

pero aún así necesitas coraje para entrar a ese lugar.

Si realmente quieres salvar tu matrimonio...

Levántate. Vístete.

Debes volver a casa.

Este no es lugar para ti.

-¡Ni para ti, Maria! -Tampoco es lugar para un padre.

Deberían irse a solucionar esto en su hogar.

¡Lo sabía!

Sabía que harías esto, Maria.

No lo puedes evitar.

¡Son asuntos ajenos!

-¿No ves el sufrimiento que causas? -¡Tú eres el que causa sufrimiento!

Maria, a él no le importa.

A él no le importa nadie más que él mismo.

Si él está feliz, ¿por qué le importarían los demás?

Eso no es cierto, Angélica.

Entiendo tu dolor.

Pero fueron sus mentiras lo que causaron todo esto.

Tú, yo, Beja y el bebé.

Tú reemplazas a las personas en tu vida así.

-Así de fácil, ¿y es mi culpa? -¡No reemplacé a nadie!

¡Es el veneno de Maria!

-Angélica... -Ya te reemplazó con Beja una vez.

¿Por qué no lo volvería a hacer?

Reemplazarte a ti y a tu hijo

por la ramera y el hijo que le puso en su vientre.

¿Qué?

Ella...

¿Beja está esperando un hijo tuyo?

-¡Ese hijo no es mío! -¡Claro que lo es!

El pueblo entero conoce la regla de la finca de Jatobá.

Nadie termina dentro de ella.

Ella no lo permite.

Solo hizo una excepción.

¿O admitirás que nunca plantaste tu semilla en la ramera?

¿Por qué hiciste eso, Antônio?

¿Un hijo legítimo no bastaba?

¿Querías ser el padre de un pequeño bastardo?

Monstruo.

Eres un monstruo.

Te voy a matar.

¡Te voy a matar!

-¡Angélica! -¡Basta!

-¡Angélica! -¡Cálmate!

-¡Angélica! -¡Angélica!

-¡Angélica! -Angélica.

¡Angélica!

¡Angélica!

Buen día, padre.

Buenos días, hijita.

-Buen día, madre. -Buen día, cariño.

-¡Hay un extraño en la mesa! -Soy yo, amor.

-¿Quién? -Ni siquiera lo reconoce.

-¿Quién es, por Dios? -Él es tu futuro marido.

Carminha, ¿no me reconoces?

¿Honorato?

No, es el señor Rodrigo Caldas. Conde de Siete Espadas.

Sí, ahora soy el Conde de Siete Espadas.

Es la tierra de mis antepasados españoles.

Fue idea de tus padres para simplificar las cosas.

-Lo dije bien, ¿no? -Muy bien.

Dios, ¡eres tan lindo!

¡Costa Pinto!

Hija, por favor. Vamos.

Un momento.

Compórtense.

Separémonos un poco. Ustedes dos hicieron un hijo, ¿no?

Ahora, ustedes deben casarse.

-¿Casarnos? -¡Sí!

¡Y rápido! Antes de que esa panza crezca aún más.

Pero nadie puede sospechar de que el conde es un mendigo.

Dorotéia, ¡un brindis por mí!

Joaquim Botelho, eres un genio.

-¡Un regalo! -Quítale tus sucias manos de puta.

-Esto es oro, no para ustedes. -Grosero.

-Casi lo arruinas. -¿Se puede saber qué es?

Estas son cartas.

Cartas prohibidas.

Y son deliciosas, Dorotéia.

De padres ricos que esconden de la ley a un hijo criminal.

Y yo,

Joaquim Botelho, copiará cada palabra.

¿Sabes qué pasará? Me volveré rico.

¡Voy a ser rico!

Hija...

Cariño, tienes...

Tienes que recuperar tus fuerzas.

Come un poco, es una comida liviana.

No lo entiendo.

Ella tenía que descansar y...

En cambio, toma el carruaje y sale de noche a hacer un ritual.

Era un ritual para la salud del bebé, mamá.

Bueno, mira el resultado.

Esto puede haber pasado porque ella dudó de Dios.

Nunca había visto tanta sangre.

Por eso la llevamos a la botica para que la revise Fortunato,

pero ni eso ayudó.

-El bebé... -Basta, Maria.

Suficiente.

Nuestro dolor ya es demasiado.

Ahora, Angélica debe descansar

y aceptar el duelo.

Dios sabrá por qué sucedió esto.

Mi niña,

si llegas a necesitar cualquier cosa,

llámanos.

Llámanos y vendremos.

Descansa, querida.

Descansa.

Ven, Antônio.

Déjala descansar.

¡Levántate, desgraciada!

-¿Estás loca? -Fue una locura no haber venido antes.

Siempre supe que eras despiadada, pero ¿ahora?

¡Ahora pasaste todos los límites, Beja!

¡Maldita!

¿Quieres probar tu fuerza contra la mía?

¿En serio crees que tu descaro es más fuerte

-que el odio de una mujer fiel? -¡Necesitas ayuda!

¡No preciso ayuda!

Tengo a Dios a mi lado, y vine a hacer justicia en su nombre.

Si yo no voy a tener el hijo de Antônio,

tú tampoco lo tendrás.

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