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Yoruba
Zulu
No. Por nada. Y
de tu cintura.
La aventura de un mes interminable.
Como un acontecimiento.
Húmedo y largo.
Te quiero en mi deseo.
Ira preparando.
Y arrimarme a la sombra de tus piernas.
Mientras.
Y procurar
procurarte.
Y juntarme con tu aliento
Y despertar de.
Tu voz sea
tu piel.
Las ballenas del.
Beni de muy lejos
y encontrarte
tibia, quieta y dulce
como marzo.
Un venir
de muy lejos para amarte
y desgranar.
Llegada
en el primer abrazo.
Y llenar
de todo el nuevo o de vaivenes.
Y se perfume
de las que me ofenden.
Con esta peste.
A fracaso de siempre.
Como una rata desolada,
salvaje, hambrienta y caliente.
Y ahora, por todo el misterio
y la aventura.
De este soledad
en donde quedo.
Comprendo el absurdo.
La verdad
real.
¿Que me ha sucedido?
Que me has mentido.
Que me odias.
Y que te quiero.
Y pido.
Miradlos.
Fijaros bien.
Estos niños conocen todo el horror y toda la miseria.
Miles de kilómetros han debido de recorrer hasta llegar a nuestra patria,
huyendo de su país desolado por la guerra y por la barbarie.
Pero al fin han sido afortunados.
Ellos, al menos se han librado de la tragedia que asola estas lejanas tierras.
Aquí encontrarán una familia cristiana que sepa educarles
y convertirles en auténticos caballeros, en hombres de bien.
Nosotros los recibimos con los brazos
abiertos, ofreciéndoles nuestra paz
y nuestro amor.
Estoy nerviosísima por ver al niño que nos ha tocado.
Me ilusiona mucho que fuera rubio.
Pero. Luisa. María.
En el Vietnam no hay niños rubios y con los ojos azules tampoco.
Pues vaya.
Los señores de Díaz Carrión Sí
Tenga la amabilidad de pasar.
Se llama la.
Por supuesto, cuando ustedes lo bauticen podrán ponerle un nombre menos raro.
Firmen aquí.
Es el compromiso de adopción.
Espera,
Quiero pensarlo mejor.
No estoy del todo decidida.
Pensarlo.
Y advierto que tenemos muchísima demanda.
Estos niños vietnamitas están de lo más solicitados.
¿De verdad? Solicitada.
Les ruego que me perdonen. Diana.
No estabas tan ilusionada. ¿Qué te ocurre?
Pero no lo comprendo.
¿Acaso no le gusta el niño?
Pues le advierto que se lo habíamos reservado por tratarse de ustedes.
Fíjese qué ojos tiene.
Que expresivos. Tenía usted que haber visto
las condiciones que nos han llegado algunos.
Es que esta es una verdadera joya.
Diana.
Ustedes perdonen por.
Estas mujeres estériles son todas unas histéricas.
Reserven el niño para los
señores de Sánchez Campos.
Lo siento, Marcos.
Has quedado en ridículo por mi culpa.
Pero no te preocupes demasiado.
Aunque podías haberlo pensado antes.
Parecías tan decidida.
Y lo estaba.
De pronto
comprendí que llevarnos ese niño a casa no iba a solucionar nuestro problema.
Quizá tengas razón.
Nos convenga más adoptar un niño recién nacido de un orfelinato.
Tampoco nosotros necesitamos un hijo.
Pero un hijo nuestro. Cualquier otra solución será siempre fácil.
Diana, No vamos a estar obsesionado siempre con lo mismo.
Bueno.
¿Y qué te parece el piso?
Me ha gustado mucho.
Bien puesto puede quedar precioso.
Piden mucho la entrada, pero podemos seguir buscando
a ver si encontramos algo mejor. Por aquí no lo vamos a encontrar.
Pero son 300.000 lo que hay que entregar a la firma.
El de Ya me explica lo que hay que hacer
para que nos lo presten en la caja de ahorros.
Y los gastos de la boda.
Eso nada.
Una copa con la familia, los amiguetes y fuera.
Piensa que también necesitaremos dinero para la entrada de los muebles,
los albañiles, el teléfono.
Bueno, ya lo arreglaré todo a.
¿Comprende los barcos?
Tienes que decirle toda la verdad.
Ella cree que es estéril y eso le está creando un enorme sentimiento
de frustración y de culpabilidad.
Pero tal vez se pueda encontrar una solución a mi problema.
No sé. Un tratamiento de hormonas.
Una operación quirúrgica.
No hay solución.
Cuando te casaste, te advertí que no podías engendrar.
Y también te dije que deberías decírselo a ella.
Pero yo no soy ningún impotente.
Cuando me casé con ella,
sabía que podía satisfacerla perfectamente en la cama, como cualquier otro hombre.
Mi virilidad.
Tu virilidad es sexualmente perfecta.
Ya lo sé. Pero no puedes tener hijos.
Y Diana tiene que saber que es un problema tuyo y no de ella.
Cuando se empieza mintiendo, cada vez resulta más difícil decir la verdad.
No sé cómo va a reaccionar cuando se entere de que llevo dos años engañándola.
Tú eres un hombre brillante,
inteligente,
con una situación privilegiada.
Créeme, en tu caso, es más fácil que tu mujer te comprenda.
Si tú fueses un marido humilde con estrecheces económicas, entonces.
Entonces a lo mejor sería ella quien no le interesaría tener hijos
y se pasaría el día buscando píldoras por las farmacias.
Pero Diana lo tiene todo.
Todos sus caprichos están satisfechos.
Todos menos ese.
Dígame.
¿Me da una caja de vino, por favor?
Si me da la receta,
pues la deja en casa.
Lo siento. Sin la receta no se lo puedo dar.
Yo vivo aquí al lado.
Si me das la botella enseguida.
Imposible.
La venta de anticonceptivos está absolutamente prohibida,
sino por prescripción médica.
Verá, este es un caso especial.
Le voy a explicar yo. No, no puede ser.
Ya. Bien.
¿Me da una caja de preservativos, por favor?
Para eso no hace falta receta.
¿Verdad?
Que te las han vendido, Que es coña.
Otra vez la receta no se podrá llevar.
Por esta noche lo tenemos en regla.
Diana, ven.
Tengo que confesarte algo.
¿Confesarme?
Sí. Algo muy importante para nuestro matrimonio.
Yo sé que estás obsesionado
con la idea de tener un hijo y no tienes que explicarme nada, Marcos.
Ya lo sé.
Nunca lo podremos tener.
Sí, pero quiero que sepas.
También lo sé.
¿Qué es lo que sabes?
Este verano en San Sebastián fui a ver a un médico.
A un ginecólogo, amigo de mi familia.
Me hizo un reconocimiento general y me explicó
que estaba perfectamente capacitada para la maternidad.
¿Entonces sabías que el problema no estaba en ti?
Sí. Marcos
lo sabía.
Diana.
Voy a atender ahí.
Yo voy.
Que tú ya tienes una cara.
En cuanto que la ves, pierdes el culo.
Lleno, como siempre. Sí.
Son 497.
Tenga.
Quédese con la vuelta. Gracias.
Y a ver si se la ve más a menudo.
¿Cómo dice?
¿No Que qué?
Hace mucho tiempo que no venía por aquí.
Ya. Es que esta temporada saco poco el coche.
Hasta la vista.
¿Cómo está la tía
Joan?
Si él tiene ese problema, es algo que no se le puede reprochar.
Pero lo realmente grave es su deslealtad.
Su falta de honestidad al ocultártelo.
Sobre todo pensando que él ya lo sabía antes de casados.
Él me ha vuelto a proponer la solución de que adoptemos un niño.
Pero eso a mí no me satisface.
Es comprensible y es comprensible.
¿Y qué puedo hacer, padre?
El Derecho Canónico prevé la posibilidad de anulación en casos como este.
Y aún más si se considera que ha existido
ocultación o engaño por parte de uno de los cónyuges.
Pero yo no quiero separarme de Marcos, Padre.
¿Realmente le quieres a pesar de todo?
Sí. ¿Está seguro?
Es el primero
y el único hombre que he conocido.
A su lado me siento segura,
protegida.
No sabría que hacer si de verdad
no sabría.
Pero tú no puedes sacrificarlo todo a la seguridad y a la protección.
El matrimonio es algo más importante que eso.
Oiga, jefe, Yo quería hablar con usted.
A ver, hombre. ¿Qué pasa?
Bueno, ya sabe que me quiero casar.
Y estamos mirando ahora lo del piso y lo de los muebles y las flores.
¿Y qué?
Pues eso, que necesito dinero.
Hombre, Juan, ya sabes que la situación.
Si no vengo a pedirle nada, no,
es que como me dijo que andaba usted detrás de una moto, su chaval.
Pues si quiere le vendo la mía.
¡Pero hombre, Juan, por Dios!
Después de estar cinco años para pagarla.
¿Tanta prisa tienes?
¿Vas de penalti o qué?
No, qué va.
Que llevo muchos años con la chica de entonces.
Pero Chava, si sabes que Marcelino está a punto de jubilarse
y te tengo previsto para encargado.
Total, por un poco más que esperes, lo haces con desahogo.
¿No te parece?
Sí, pero ya sabe usted que estas cosas,
desde luego, como seis.
Bueno.
¿Cuánto quieres por la moto?
¿Cuánto quieres?
Si usted me diera
30.000 duros contigo, no voy a hacer negocio.
Pero 150.000.
Venga, te doy 110.
¿Yo? Si es que no me llega.
Me tiene usted que dar 125 por lo menos.
Tengo ahí lo del regalo de boda.
Déjame la moto dentro.
Mañana le diré al chico que venga a probarla.
Por eso este es el momento de desenmascarar
definitivamente a ciertos intelectuales anacrónicos de eterna oposición
que solo buscan y proclaman medidas destructivas
en vez de dedicar su preparación cultural a la recta colaboración constructiva.
Con la.
Tecnología.
Me ha gustado mucho.
Muy bien.
Pues ya había hecho alguna manifestación sobre este asunto
haciendo unas declaraciones y me transformas en un tema del
que hasta ahora no me había ocupado.
Bueno, hasta pronto.
Gracias.
Nos vemos en la.
¿T Decepcionado?
En cierto modo, sí. No sabía que tuviera un marido tan inteligente.
Inteligente, No, brillantísimo.
Ya en los tiempos del premio pasó la barrera de los futuribles.
Aunque entonces no se empleaban estos vocablos.
¿Bueno, y qué barrera pasaste tú?
Yo me he conformado siempre con admirar a los demás y envidiar.
Si la modestia resulta impensable en ti, Eduardo.
Puede que sí, pero la envidia no. ¿Y qué? ¿Ibas a envidias?
Y ese rollo que os he largado y que me ha llevado más de 15 días.
Únicamente hay una cosa por la que pueda ser envidiado.
¿Y nuestro talento?
Otro.
Esto es la dinamo y esto el motor de arranque.
Aquí está Venus.
Tienes que tener cuidado con el contacto.
Si la prolongas demasiado, las escobillas.
Bueno, mira.
Dar la vuelta a la llave.
Mira si está abierta la gasolina, apretar este botón y ya está en marcha.
El resto.
La primera para abajo y las otras cuatro para arriba.
Lo demás,
corazón, para.
Venga, prueba la.
Que va.
¿Se da cuenta?
Algo está fallando.
Aprende el aceite. Así.
Lo llevaré a mi mismo. Mecánico, si quiere.
Puedo echarle un vistazo.
No conviene que arranque así es que se puede cargar el motor.
Bueno, si usted puede.
Ya está.
De momento no. Seguiré aprendiendo aceite.
De todas formas, conviene que le lleve a hacer una revisión.
Muy bien. ¿Qué le debo? Nada. Pero
Bueno, no soy un mecánico profesional.
Estas cosas las hago por afición.
Bueno, al menos acepte esto para que se tome una copa.
No, por favor.
De acuerdo.
Vamos a tomar juntos.
Lo siento, pero tengo mucha prisa.
Bueno, no se preocupe.
Otra vez será. Puede ser. Y muchas gracias.
Perdón. La he puesto. Pérdida de grasa.
No tiene buena.
Y no se olvide de hacer la revisión del aceite.
Gracias de nuevo.
Puede estar tranquilo.
Nos hacemos perfectamente cargo.
Todo hombre importante necesita una especial protección.
Exactamente.
Espero que nunca llegue la ocasión, pero conviene estar prevenidos.
Debe tenernos informados de todas las situaciones que considere
peligrosas para su seguridad y de todos los posibles riesgos.
El presidente
del Consejo de Administración da mañana una fiesta en mi honor en su casa.
Ningún peligro previsible, por supuesto.
Pero vigilen los alrededores.
Si. Aquí hay demasiados personajes.
Creo que se trama algo. Y me temo que hayamos venido de comparsas.
¿Qué hace aquí toda esta gente? No lo sé.
Hablan, Hablan.
Creo que homenajean a Marcos por algo.
Lo que me extraña es que me invitaran a mí porque.
¿Qué pinto yo entre tanta personalidad?
Era la obligación porque menos yo.
Todo el mundo piensa que Marcos te estima mucho.
Y yo le respondo a través de mi admiración por ti.
Claro, déjate de ingeniosidad y explicarme a
qué viene esta fiesta, porque no dudo que sabéis algo.
Saber, saber.
Quién que sepa algo se atreve a decirlo, pero se rumorea chismes de alcoba.
Más bien de sala de espera.
Tu marido tiene una imagen juvenil dinámica, brillante.
Es un hombre culto y civilizado.
Eso es precisamente lo que necesitan ahora las grandes empresas.
Los grandes monopolios.
¿Cómo van las cosas, Diana?
Por fuera llevas una comedia divertida por dentro.
Una tragedia.
No, por favor.
No hay que exagerar.
Estoy acostumbrado a hablar y hablar, aunque siempre parto de una base.
Y es que hay que saber distinguir
entre las disquisiciones dialécticas y la auténtica realidad.
Claro que es muy difícil que ellos puedan reconocer esto.
De todas formas.
Hoy día,
cuando te vas a decidir a engañar a Marcos,
puedes estar seguro de que si alguna vez lo engañara
sería con cualquier hombre menos contigo.
Luego, en el fondo, ya admites la posibilidad de serle infiel.
Esa posibilidad la admitimos todas las mujeres.
Alguna vez.
Señores.
Perdona. ¿Te ha abandonado?
Un poco.
Será el destino.
Tienes mucho interés en seguir aguantando.
Esta gente irremediablemente.
Hola. Me interesa esta fiesta.
Es sólo un pretexto para algo más importante. Bueno.
¿Qué?
¿No quieres una copa?
No me voy a ir.
Por favor, dile a Marcos que no me encontraba bien y que me he ido a casa.
¿Te encuentras mal de verdad?
No, pero es una disculpa muy socorrido.
Tú verás. Pero.
¿Te importaría dejarme tu coche?
Marcos, te llevo. Si.
¿Tomas las llaves?
Está aparcado en la entrada de la.
Señora.
Buenas noches.
Juan Cobra aquí.
Gracias, señor.
¿Has visto ese coche, macho?
Voy a ver si quiere algo.
Lárgate. Ya te avisaré si te necesito.
Vale.
Vale.
Y mientras
yo me casé.
Ideal para una que existe.
O lo que yo te diga, hombre.
Además, para tres cafés y una chica con la que se sirve.
No sé qué coño pinto aquí. Yo todas las noches.
A petición de un amigo taxi con
que encima se pone a llover ya que te cagas, lorito.
Lo que quería la del BMV es un buen cerrar el coche que estaba aparcado
no era una tía si o sé
si te lo
decía la que le arreglé lo del afeitado.
Ah, ya.
Ese tío tan buena y tan estirada que te va tanto.
¿Y que quería a estas horas?
Franco estaba por ti.
Ya no digas chorradas.
También 103.
Desde luego, sí
que es una rareza eso de pararse ahí
para luego salir zumbando.
Tú dirás lo que quieras, pero casi que esa tía.
Pues a saber.
La verdad es que me miraba de una forma extraña.
Pues yo no me lo pensaría dos veces, macho.
A mí desde la próxima vez no se me escapaba.
Bueno, venga ya.
A ver si vamos a engañarnos. Para la charla con lo de la tía.
Ha venido aquí
porque le daba la gana y se ha acabado. La.
¿Lo has pensado bien?
Sí. ¿De verdad?
Pues no lo entiendo.
Ginebra es una ciudad maravillosa.
Además, no sé por qué tienes tanto interés en que te acompañe.
Luego no podrás hacerme caso en todo el día.
Así que es por eso. No.
Claro.
Conozco de sobra tus apretadas jornadas de trabajo en esos congresos.
Yo te prometo que organizaría mi tiempo.
Déjate de promesas.
Luego me tocaría quedarme en el hotel
o chismorreando con las mujeres de los demás congresistas.
Un programa muy divertido.
¿Verdad? Bueno, como quieras.
De verdad lo siento.
Me encanta ver la cara de envidia
que ponen todos cuando les presento una esposa tan guapa como tú.
No me necesitas a mí para que te envidien, Marcos.
Te sobra con tu talento
peligroso.
Muy peligroso.
¿Peligroso?
¿El que?
El que nos sacamos tantos cumplidos.
¿No crees?
No son cumplidos.
Es la realidad.
Yo soy una mujer guapa y tú un hombre inteligente.
Esa es la razón primordial para que exista nuestro matrimonio.
Incluso para que salgamos retratados en alguna revista.
Diana.
Lástima que no podamos ofrecer la noticia del bautizo de nuestro hijo.
¿Saldrían reportajes maravillosos
y a todo color, No creéis?
Diana, no tienes derecho.
Tengo derecho.
¿Quieres?
¿Quieres
que nos separemos? No,
No pienso separarme.
En ese caso, conviene
que tratemos de evitar tensiones.
De acuerdo. Seguiremos adelante.
Y te aseguro que no perderemos la oportunidad de ningún reportaje.
Y tranquilízate, Marcos.
Yo sabré mantener nuestra imagen con la brillantez necesaria.
¿Te parecería una tontería si te dijera que te quiero?
Una tontería.
¿Por qué?
Es más, creo que deberíamos hacer el amor.
Faltan dos horas para que salga el avión.
Pero bueno. Diana.
Vamos, Marcos.
Tu problema no disminuye en absoluto.
Tu virilidad. ¿No es así?
Pues adelante. No comprendes.
Lo bonito de este juego es que sea un juego completo.
Esta mañana ha salido para Ginebra
la comisión que va a participar en el Congreso Internacional
de Financiación Energética, presidida por don Marcos Díaz Carrión.
Este Congreso tiene como finalidad discutir dentro del seno
de la comunidad.
Residencia de los señores Díaz Carrión.
Si un momento
es para la señora.
Gracias.
Dígame. Ah, eres tú.
Di, Di lo que quieras.
No, no te colgaré.
Estoy tan aburrida que hasta tú puedes resultarme entretenida.
De eso se trata.
He visto por la televisión que Marcos se ha ido a Ginebra y me ha sorprendido
muchísimo que por primera vez no te hayas ido tú también de congresos.
Por eso supuse que estarías sola y aburrida.
De forma que tú te ofreces para acompañarme durante la ausencia de
mi marido.
¿Debo agradecértelo o responderte con un insulto?
Como prefieras.
Pero si lo piensas bien, aceptarás.
Te garantizo que vas a pasar unos días muy divertidos.
Oye, No se tratará de una trampa para que caiga en tus brazos.
Eso lo estoy deseando desde hace mucho tiempo.
¿Por qué no hacemos una apuesta?
Salimos juntos unos días y el que pierda.
¿Qué perdería?
Eso. Allá cada cual.
Probablemente el tiempo.
Casi me has convencido.
¿Que?
Camilla.
Él se fue una tarde
con rumbo y no ha
en el mismo barco al otro lado de
palabra, entre mis labios.
Seré olvidado.
O un beso de amante que yo le pedí.
Errante la buscó por todos los puertos
a los marineros.
Preguntó por.
Y nadie.
Si está vivo o muerto.
Y sigo en mi duda
buscando los cielos
que voy buscando lentamente del mostrador
el mostrador ante una copa de aguardiente
donde se ahoga mi dólares.
Escúchame, marinero,
y dime que sabes del.
Era robusto y altanero.
Era más rubio que la miel.
Mira su nombre era extranjero,
escrito aquí sobre mi piel.
Soy un trazo marinero.
De la Camorra. Por.
Un precio.
No dirás que no soy prudente.
Te he traído a un sitio que estoy seguro que no conoce ninguna de tus amistades.
Has acertado. Además, es muy divertido.
Canta Nardo como la Gámez.
A veces el espectáculo está en el público.
¿Te has fijado
en la gente desarraigada?
Tipos marginados, eternos trasnochadores.
Algunas prostitutas viejas homosexuales que andan buscando algún plan.
Incluso algún poeta despistado
que no se resigna a reconocer que la bohemia murió hace muchos años.
Por aquí acaban sus noches esperando que amanezca para irse a la cama
como el conde Drácula.
¿Qué vas a tomar?
¿Y qué pintas tú aquí?
¿En qué grupo te encuentras?
Yo en el grupo de los imbéciles que me han perdido.
Pero ya sabes todo.
Bueno, eso es lo último que se pierde. No.
Sí, creo que eso dice.
Aunque tú eres capaz de hacer perder la esperanza a cualquier.
Sin embargo, ayer me hiciste una apuesta.
Es que tú juegas a ser una diosa, Diana.
Y nunca hubo ni habrá pactos entre los hombres y los dioses.
Ellos marcan el destino y nosotros lo gozamos porque padecemos.
Bueno, pues brindemos por ese destino.
Por destino.
Lo único que me preocupa del destino
es que mañana domingo, aceptes venir a bailar conmigo.
Ya ves.
Parece la proposición de un soldado a una chacha.
¿Verdad, Adán?
A una discoteca.
Es peligrosa.
Siempre hay fotógrafos y periodistas.
No temas.
Te llevaré a un club popular
donde no existe el menor riesgo de que nadie te reconozca.
Y en cuanto
encuentre un hombre que me.
Por la calle de Alcalá también me reservas para mañana.
Un espectáculo de este tipo que va muy diferente.
Allí verás gente joven, trabajadora, de los que se acuestan a las 22:00
de la noche, de los que todavía no han perdido la esperanza, supongo.
De los que ni siquiera se han planteado ese problema, como son los bailes de
ponerle la solapa.
Lo que quieras.
En la flor que usted verá con envidia, la verá
todo el mundo por la calle.
¿Qué te parece? Que.
Desde luego.
Charo,
Me gustaría que fuésemos esta noche.
Al piso.
¿Me apetece mucho, Sabes?
Así los tenemos. Al piso.
Sí. Está completamente vacío.
Bueno, estar sola no siempre será mejor que la tierra en un descampado.
Idiota. ¿Qué cosas dices?
Pasa.
¿Dónde quieres que vaya?
¿Después de oírte decir esas burradas?
Mira que aquí no
voy a llamar por teléfono a mi casa para avisarles que esta noche llegaré tarde.
Te acompaño.
Ni hablar.
Mejor quédate aquí. Tendré que decir muchos embustes.
Y no quiero que sepas que cara pongo cuando miento.
Esa ya me la conozco.
Anda.
Que has quedado muy callada.
¿No te gusta este sitio? No, qué va.
Oye, nos hemos quedado sin tabaco.
Ahora mismo te lo traigo.
Y ándate con ojo, que aquí te intentarán ligar.
¿Es un avión?
No lo sé.
¿Será el dueño del coche que llevaba usted la otra noche?
Era una maravilla.
Por cierto, se fue usted muy deprisa.
Es usted igual de atrevido con todos sus clientes.
Y usted es igual.
Se quedó con todos los empleados de gasolinera.
¿Qué es esto?
Un poco raro.
¿O le parece normal el numerito de la otra noche?
Pararse enfrente de la gasolinera a las 02:30 de la madrugada.
Y cuando me acerco.
Raro. ¿Por qué?
Me dolía la cabeza y salí a dar una vuelta para despejarme.
Me paré allí como me hubiese parado en otro sitio.
¿Y por qué se escapó tan de repente?
¿Escaparme? No.
Es que ese coche tiene una arrancada muy potente.
Un buen reprise. No se dice así.
Lo he pasado muy bien, Eduardo.
Gracias por todo. No mereces un premio. Tal vez.
Pero no siempre se premian las cosas que se merecen.
Pero nuestra apuesta sigue en pie.
Jamás me vuelvo atrás en nada.
Sé que seré yo quien pierda y se perder.
Todo tiene siempre su primera vez.
Si no se acierta esa primera vez, no se acercará jamás.
Pero merece la pena haber intentado algo imposible.
Buenas noches, Diana.
Adiós, Eduardo.
Buenas.
Hasta luego.
Adiós.
¿Qué medidas ha tomado con respecto a la situación energética?
¿Es cierto que representa los intereses del monopolio internacional?
Después, en la rueda de prensa,
el 20.
¿La situación laboral influye positiva o negativamente?
Los intereses empresariales, Señores.
Están haciendo todas las preguntas a la.
Después les contestan En Italia.
Cuando cuatro.
Las cortinas del salón
muy alegres, llenas de flores y de pájaros.
Allí pondremos el frigorífico siempre lleno.
Para cuando maridito vuelva del trabajo.
¿Qué te parece?
Bien.
Menos, Menos.
Lo de Marquitos. ¿Por qué?
Dentro de un mes estaremos casados y te lo podré llamar.
Pues no me lo llames.
Es que no sé. Joder.
Me suena así. Al de la radio.
Ah, ya.
Pues también me compraré una para mis novelas de muchas lágrimas.
Y todo eso del abandono del desodorante.
¿Qué te pasa?
Estás como ido
de casa de mi,
De la gasolinera, De que cada día sea igual que el anterior,
De que.
Yo qué sé de todo.
Pues aquí podrás descansar.
Aquí pondremos la cama.
No, no, casi mejor cerca de la puerta.
Estas paredes.
¿De qué color te gustaría que las pintaremos?
Tus obras.
Oye, no parece que seas tú
el que vaya a vivir en esta casa.
No me hagas caso.
Ya te lo he dicho, estoy cansado.
Muy, muy cansado.
¿De verdad?
Ahí la tienes, macho.
Vamos. Tú.
Sola.
No me digas que le vuelvo a dar en la cabeza.
No mucho más.
Tengo que poner gasolina.
¿No es a eso lo que se viene a los surtidores?
Pues también es verdad.
Pero no he venido solo por eso.
Bueno, es que he notado un ruido en el motor.
Muy extraño. Bastante.
Es un sonido normal.
Bueno, eso habría que mirarlo.
Aparco en el pasillo.
Será mejor que suba y lo veamos. Andando.
Así me enteraré mejor de cómo se sabe.
Bueno, conduzca usted.
He pensado mucho en usted todo este tiempo.
¿Por qué?
Porque sabía que acabaría viniendo.
¿Cree que he venido para verle a usted
o para que yo la vea?
Aunque, la verdad, no parece usted de esa clase de mujeres.
¿De qué clase me habla?
De las que les gusta que les miren todos.
¿Cómo sabe que no me gusta?
Bueno, es difícil.
El otro día era usted la más guapa que había en aquel club.
Sin embargo, no se notaba que estaba allí.
Solo.
Se hacen notar las mujeres que quieren que las miren.
Nunca lo había pensado.
Es usted muy observador.
Sí, puede ser.
Lo suficiente para darme cuenta
de que este coche está perfectamente.
Y también de que la otra noche no le dolía la cabeza.
¿Por qué no te aclaras una vez?
No. Un momento.
La verdad es que yo.
Por favor.
Por favor.
¿Tampoco vas a venir hoy a recogerme?
Porque hace más de media hora que se han ido todos de la oficina.
Y aquí estoy yo, esperando como un pasmarote.
Oye, pues no puedo ir. ¿Qué quieres que te diga?
Lo siento. ¿Pero se puede saber qué te pasa?
Faltan 20 días para la boda y no es normal que te portes así.
Tenemos mucho trabajo. De verdad.
Mucho trabajo en este momento.
Aunque no te lo creas, hay más de 20 coches haciendo cola.
¿De verdad tengo que atenderles?
Mira, Juan, que a mí no me la das.
Llevo varios días muy mosqueada.
Sí, lo que pasa es que no quieres verme.
Me lo dices.
¿Entiendes? Anda, leche. Es que.
Es que siempre tienes que acabar diciendo idioteces.
Pues necesito una explicación. ¿Me oyes?
O seguimos adelante o cortamos por lo sano.
Yo ahora mismo voy para allí.
No, no, no quiero escenitas.
Anda, vete para casa.
Y luego ve por allí y hablamos.
Venga, que adiós, que tengo mucho que hacer.
Un sitio un poco raro para venir a pasear.
¿Por qué?
Es bonito y sobre todo discreto.
¿Discreto?
Es que tienes que esconderte de alguien.
Me gusta poner a las cosas un poco de misterio.
Pero eso ya lo sé.
Además, piensa que por mucho que sepas de una persona,
nunca podrás estar seguro de nada de ella.
Ya, pero a mí siempre me ha gustado saber el terreno que pisa.
Por precaución.
Por desconfianza.
¿Uno llevaba muchos palos, sabes?
Soy como los perros del pueblo en A ver, una mano levantada.
Salgo corriendo.
Pues lo lamento,
pero yo no te voy a explicar demasiadas cosas.
Tú verás.
Estoy aquí. No.
Además, ya se sabe.
El que quiera peces.
Aunque, la verdad, yo siempre he procurado mojarme el culo
lo menos posible.
Mira.
Para.
Aquí debe ser.
Será un sitio de confianza. No.
Supongo que sí.
Aunque, la verdad, es la primera vez que vengo.
De todas formas, si no estás decidida, podemos buscar otro sitio.
No sé.
Dejarlo para otro día.
Vamos. A.
¿Qué hora es?
Las 21:00 de la noche.
De pronto he perdido la noción del tiempo.
Y eso es bueno.
Es agradable.
Asfaltado toda la tarde.
Tu trabajo no te dirá nada.
Lo dejé todo arreglado.
Y a ti no te habrán echo en falta.
No, yo no trabajo.
No he trabajado nunca.
Nunca. ¡Qué maravilla!
¡Qué maravilla!
Relativamente, sólo. Relativamente.
Si llevases currando como yo desde los 12 años, lo pensarías así.
Pues a mí me gustaría cambiar. Y a mí.
Pero cambiar para salir ganando.
¿Es que no estás conforme con lo que eres?
Uno se cansa de levantarse todas las mañanas a las siete,
de tener que luchar por mejorar la situación.
Así, día tras día, año tras año.
Siempre con sueño atrasado, siempre con olor a gasolina.
Siempre con ganas de mandarlo todo a la mierda.
Aunque la verdad,
tengo la impresión de que lo tienes delante.
Todo va a cambiar.
¿Por qué? No sé.
Un presentimiento.
Viajes Hispania. Dígame.
El señor Baena.
¿De parte de quién?
Financiaciones. Revisa.
Lo siento.
El señor Baena ha salido de nada.
Eres la secretaria ideal, Charo.
Te voy a extrañar cuando te cases.
Bueno, pronto encontrarás a otra. No, no, no te creas.
Va a ser muy difícil sustituirte.
Por cierto, estás decidida.
¿Decidida aquí, a casarte?
Pues, naturalmente, yo tengo pocas ganas de casarte.
¿Sabes lo que te espera?
Te pasarás la vida haciendo guisos,
lavando culos de niños y convirtiéndote
en una mujer gorda y sudorosa que discute por el patio con las vecinas.
Tú no te mereces eso, Charo. ¿Por qué no?
A mí me apetece.
Yo soy una chica corriente, señor Baena.
No pretendo ser otra cosa.
Yo no soy ningún potentado.
Verás.
Si tú quisieras. Pero no quiero.
Ya le he dicho muchas veces que no.
¿Para qué vamos a volver a ese tema?
De acuerdo. De acuerdo.
Pero tanto de soltera como de casada.
Si cambias de parecer, ya sabes que aquí tienes un empleo y todo
lo demás.
Ya te lo dije.
A mí siempre me han tratado muy bien.
Y la dueña de la pensión es una tía muy legal.
Oye, Juan.
¿Otra vez te vas a llevar la furgoneta?
¿Qué pasa? ¿Que todas las tardes tienes que largarte o qué?
Sí que estamos llevando las cosas.
Eso. Además, ya sabe que por la noche le meto las horas.
A ver si te casas de una vez, que esto ya empieza a ser un cachondeo.
Y por las noches quiero verte aquí como un clavo para después.
El caso.
Que desconoces a él.
Si es el novio de mi secretaria. ¡Caray!
Pues vaya competencia le ha salido la chica.
¿Sabes quién es ella?
No. ¿Trabaja en algún club?
No, no la he visto nunca.
Pero no te vayas a creer
que aquí también vienen de las decentes y a veces de muchas campanillas.
Y me da que esta es una de esas.
Cuando vinimos del pueblo, yo tenía casi cinco años.
Nos instalamos aquí como pudimos.
Viví en este barrio hasta poco antes del verano.
Entre esta gente lo aprendí absolutamente todo.
Lo bueno y lo malo.
Aprendí que cuando la necesidad aprieta, uno no hace pocos ascos a ciertas cosas.
Había estado una vez por aquí.
Fue unas navidades por una campaña de caridad.
En estas calles tuve mis primeros amigos, mis primeras peleas y mi primera chica.
¿Dónde me llevas? A un sitio muy interesante.
Bueno, al menos para mí.
Me trae viejos recuerdos.
Todas las noches veníamos aquí.
Ella era una cría y estuvimos saliendo unos dos años.
Luego se fue a trabajar a Londres y no lo volví a ver más.
Buscábamos un rincón oscuro para abrazarnos
y, en fin, para todo lo demás.
Luego volvía a casa agotado,
pensando que tenía que levantarme a las 05:30 para coger el primer metro.
¿Qué edad tenías entonces?
15, 16 años.
Mira. ¿Ves aquella chabola?
Pues ahí hice el amor por primera vez.
¿Y no teníais otro sitio? Sí, el campo.
Pero os lo dejábamos para los domingos.
Qué horror.
Nunca había visto tanta suciedad.
¿Seguro que esto está lleno de ratas?
Posiblemente.
Pero no nos importaba demasiado.
Yo sería absolutamente incapaz.
Recuerdo que era una noche lluviosa.
La chica traía un impermeable.
Yo, sin darle importancia,
se lo quité.
Después,
poco a poco.
Comencé a desabrocharme la.
¿Y ella qué hacía?
Estaba callada.
Temblorosa.
Le apoyé la mano en el pecho.
¿No te late muy fuerte el corazón?
¿Tienes miedo?
Le pregunté.
¿Y qué te contesta?
Nada.
Se abrazó a mí con mucha fuerza.
Hola.
Hola. No te esperaba tan temprano.
Traigo una buena noticia. ¿Ah, sí?
He conseguido una semana libre.
Mañana mismo nos vamos.
En esta época del año.
¿A dónde?
A la sierra.
Una semana entera esquiando.
¿No te parece maravilloso?
Sí. Para.
Tu. No.
Sí, ya lo sé.
Me acusan de haberme vendido a los grandes monopolios.
Pero quienes hacen esas acusaciones.
Los fracasados.
Los que se han quedado forzosamente atrás.
Por otro lado, los grandes monopolios son la industria futura.
Los pequeños.
Los medianos ya no tienen cabida.
Nos sustituirán indefectiblemente.
El desarrollo de las potentes organizaciones.
Todo lo demás
son acusaciones de no ser conciliables de siempre.
Los que no han sabido comprender que la potencia industrial
está por encima de las disquisiciones ideológicas.
Nosotros estamos abiertos a todas las ideas,
siempre que no se contrapongan a nuestros intereses empresariales.
Por supuesto,
podemos hacer algunas concesiones.
Ya se están haciendo
con aparentes y pasatiempos. Claro.
Hemos hecho algunos estudios y desde este análisis podemos observarlo todo
con absoluta plenitud, con perfecta visión de futuro.
Acaso los alemanes.
¿Los integrantes en general de la Comunidad Europea no
están haciendo lo mismo?
¿Y nadie pone en duda su carácter democrático?
Nosotros tenemos las peculiaridades históricas que nadie puede negar,
aunque existan estúpidamente.
Volver a partir de cero.
Pues eso no, no es deseable.
Porque se trata de reformar, nunca de romper.
Y que no se engañen.
Que las presiones exteriores van a servir a sus intereses.
Hay otros intereses, también internacionales,
que tienen absoluta.
No son los que hemos descubierto en grandes empresas.
Las comunidades de España.
Estos
esfuerzos,
los que a la hora de inclinar la balanza harán en nuestro favor.
Porque siempre es más importante un cliente que un aliado.
Y porque las alianzas solo se hacen en servicios en interés
concreto, preciso.
Pero no es que
no escarmienta.
Por favor, una foto es para un reportaje de la revista
Diez Minutos que se va a titular Personalidades bajo cero.
Así, muy bien. Un momento.
Vale, bien.
Otra vez.
Espere.
¿Diga?
No, no. Es la tienda de bolsos.
Y la próxima vez, marque mejor el número.
Vaya día de teléfono.
Uno para toda la mañana. No ha parado.
Pero no hay puertecilla.
La señorita olvidó el número.
Ay, chico.
Esto es gasolina.
Esto no lo hago.
El teléfono.
Ya lo oigo.
Pues no se nota.
Cógelo tú.
A ver si explotará.
Dígame.
¿De parte de quién?
Un momento.
¿Se puede poner Juan, por favor?
Tiene.
¡Por fin!
¿Qué te ha pasado?
¿Dónde te has metido?
Pues claro que te extraño.
¿Que si te puedo ver ahora mismo?
No. Compréndelo, Diana.
Tenemos que aclarar las cosas de una vez.
Basta ya de misterios.
Recuerda que habíamos convenido que no importa lo que hubiésemos convenido.
Yo te quiero.
Parecemos dos amantes que tienen que vivir siempre de algo.
¿Y quién te dice que no seamos precisamente eso?
¿Estás casada, verdad?
No, no estoy casada.
Entonces podemos arreglarlo todo.
No tenemos por qué seguir así.
Podemos casarnos.
Juan, por favor.
¿Qué pasa?
Soy poca cosa para ti. No.
Venga, dilo.
Sirvo para la cama.
¿Para una aventura?
Para pasarlo bien por las tardes.
Pero.
Pero nada más.
Claro.
Te necesito mucho, Juan.
De verdad te necesito.
Yo no te lo hubiese dicho, Charo,
pero notaba que estaba sufriendo.
Y he creído que era mi obligación contártelo.
Gracias, señor Baena.
Algo de esto me sospechaba. Él.
Debe estar fascinado por una mujer como esa.
Además, siempre me has dicho que él quería triunfar a toda costa.
Seguro que con ella busca algo de eso.
Los chicos hoy en día ya no son como éramos nosotros.
Han perdido todos los valores.
¿De verdad son capaces de venderse?
Antes solo lo hacían los chulos.
Pero ahora, con esto del turismo y esas ideas que van entrando de ahí fuera.
Pero usted cree que sí. Sí.
Pero tú no tienes por que admitirlo.
Mi mujer se ha ido una temporada a atender a su madre.
Tardará un mes en volver.
Podríamos aprovechar para hacer un viaje juntos.
Estoy seguro que enseguida lo olvidarías todo.
Lo siento, señor Boina.
No sé si él se habrá vendido o no,
pero en todo caso, yo no estoy dispuesta a hacerlo.
Charo, siento tener que hacerte daño,
pero las cosas son así.
Empecé con ella.
No sé. Me.
Pero.
Poco a poco se ha ido convirtiendo en algo.
Algo muy serio.
No, por favor, no sigas.
Tienes que irte de una vez para siempre.
Lo siento.
¿Es así?
Entonces
esta casa.
Todo esto
ya no significa nada.
No. Nada.
Para mí, nada.
Eso es algo que tienes que entender de una vez.
Lo siento.
Efectivamente.
El análisis ha dado positivo.
Estás embarazada.
Me lo imaginaba.
No sabes lo feliz que me siento.
Diana, no te comprendo.
Marco sabe que no puede tener hijos.
Se dará cuenta en el acto de que le has engañado.
Por supuesto.
Igual que la mía cuando se casó sin advertirme de su problema.
Debo entender que lo has hecho por venganza.
No seas elemental, Pablo.
Tú eres un científico.
Quizá para satisfacer tus frustradas ansias de maternidad.
Tampoco te pongas melodramático.
Veo que no me va a ser nada fácil entenderte.
Lo he hecho por necesidad.
¿Por necesidad?
Sí, por la necesidad de tener un hijo.
Por la necesidad de ser una mujer como las demás.
Por la necesidad de demostrar a mi marido que no soy un adorno de lujo
con el que se puede jugar.
O al menos, que soy capaz de introducir en ese juego mis propias reglas.
¿Y ahora qué piensas hacer?
Hablaré con los dos. Con Marcos y con Juan.
La última vez.
Sí, Juan.
No volveremos a vernos.
¿Y crees que puedo verlo así,
tan tranquilo?
Muy sencillo.
Las cosas empiezan un día y termina el otro.
No puedes hablar en serio.
Yo sé que me quieres.
Me lo has demostrado muchas veces.
El que me haya acostado contigo no significa nada.
Si acaso que me has gustado.
Y nada más.
Nada más.
No puedo creerte.
Los hombres sois muy vanidosos.
¿Os creéis que eso de ser cínicos y aprovechados es una exclusiva?
¿Vuestra? Al menos dime la verdad.
Dime quién eres y qué has buscado en mí.
Venga, cuéntamelo.
Tus sospechas eran ciertas, Juan.
Yo estoy casada.
Pero eso no importa.
Podemos seguir como hasta ahora.
Voy a tener un hijo.
¿Un hijo tuyo?
No pensaba decírtelo, pero creo que tienes derecho a saberlo.
Un hijo mío.
¿Estás segura?
Completamente. No puede ser más que tuyo.
¿Y tu marido?
La vida juntos.
Sí, pero él no puede tener hijos.
¿Que no puede tener hijos? No.
Y yo siempre he deseado tener uno.
Hace mucho tiempo que lo quiero.
Ya comprendo.
¿Con que ha sido eso?
Un buen día
decidiste buscar un buen semental capaz de dejarte preñada.
Y me tuvo que tocar a mí la china.
Por favor, trata de comprender.
No, ya sé lo que me vas a decir.
Que no fue tan malo.
Que al fin y al cabo lo pasé muy bien contigo.
Pues sí.
Lo pasé muy bien contigo.
Pero cometí la estupidez de quererte.
La enorme gilipollez de enamorarme.
Pero no te preocupes.
No, de verdad.
No te preocupes.
Me haré la idea de que he pasado una buena temporada
con una señora como tú y que me ha salido completamente gratis.
¿Pero
ese hijo que llevas ahí es algo mío, sabes?
Y eso habrá que arreglarlo.
Te encontraré.
Seas quien seas y te escondas
donde te escondas. Por.
Así. Ocurriendo.
He procurado no ocultarte nada.
Ni siquiera que yo he sido la única responsable.
Creí que esta vez
no lo sé.
Estoy acostumbrado a tener una respuesta.
Siempre a punto de mostrarme ingenioso.
Pero cuando me pillan por sorpresa, como tú me has pillado,
ahora me cuesta reaccionar.
Pues te agradecería que reaccionaras. Ahora.
Que no esperas esa mañana para tomar la decisión que consideres oportuna.
¿Pero crees que en estas circunstancias se puede tomar una decisión?
¿Te asusta el escándalo, verdad?
Por supuesto que sí.
Un escándalo de este tipo me resultaría fatal.
Aunque hay otras cosas que también temo.
¿Cuáles? Por ejemplo, perderte a ti.
Lo dices como el que teme
perder una pieza valiosa de su colección privada.
En todo caso, sería la de mayor valor.
Pero una pieza, al fin y al cabo.
Todos somos parte de un engranaje.
Y lo más que podemos desear es ser una parte importante.
En definitiva, Marcos.
¿Qué piensas?
Tú querías un hijo y lo vas a tener.
Ese es un motivo para que estemos más unidos que nunca.
No surgirían problemas después.
Por mi parte y por la tuya,
creo que tampoco.
Nos estamos olvidando de alguien.
¿De ese chico
de Juan?
Sí. No sé si será capaz de comprender la sutileza de este juego.
Pero tampoco debe preocuparnos.
Hay muchos medios para hacerle entrar en razón.
Un gran experto en motores
puede que lo sea.
Pero aquí no hablo de mí.
Varios amigos y todos coinciden en lo mismo con respecto a usted.
Está bien, dejemos ese motor.
Prefiero que lo vea En marcha. No le importa.
Será mejor.
Magnífico coche.
Lo acabo de comprar y ya me está fallando en cuestión de horas de tiempo.
Antes quiero saber si es un problema del coche.
Si soy yo, que no lo entiendo.
¿Y qué es lo que dice? ¿Que marcha mal?
Algo le ocurre al cambio.
Es una.
Sí, y de un modo extraño.
Como si se quejara.
Vamos a salir de la autopista para que pueda comprobarlo
mejor.
Hemos recorrido muchos kilómetros y la verdad, no veo nada raro.
El coche funciona de maravilla.
Le he traído hasta aquí porque quería que habláramos a solas.
Sin testigos. Oiga, amigo.
Me está usted pareciendo un poco raro.
Pues no lo soy.
Pero bueno, quiero explicarte de una puñetera vez.
Diana.
¿Pero se conocen ustedes bastante?
Soy su marido.
Bonita encerrona.
¿Qué pasa aquí? ¿Qué pretenden?
Tranquilícese.
Vamos a hablar como personas civilizadas.
¿De qué?
De los cuernos que le pone su mujer.
No sea usted ofensivo.
Aquí el único ofendido soy yo.
Su mujer ha jugado conmigo.
Y conmigo no se queda nadie.
Mire, he conseguido amplios informes de usted.
Sé que tiene una novia que piensan casarse inmediatamente.
Me parece que una pequeña ayuda económica no le vendría mal.
¿A cambio de qué?
A cambio de que lo olvide todo.
¿Comprende lo que le quiero decir?
Absolutamente todo.
Incluido lo del hijo.
Claro.
Naturalmente.
¿Tú qué piensas de esto, Diana?
Pienso que debías hacerle caso.
Ya, pues no pienso.
No pienso aceptar.
No estoy dispuesto a tragar nada más.
Vamos, hombre.
No me diga que un chico como usted le preocupa lo del hijo.
Usted puede tener hijos con quien quiera. Y cuando quiera.
Pero usted no.
Usted sólo puede ir por ahí tratando de comprar a la gente,
ir por ahí arrastrando toda su vergüenza y toda su mierda.
¿No es cierto?
¿Sabe lo que realmente me preocupa?
Me preocupa que he nacido como un perdedor
y que he vivido toda mi vida rodeado de perdedores.
Y que estoy harto de ver que siempre son ustedes los que salen ganando.
Le advierto que tengo otros medios menos agradables para usted.
¿Me está amenazando?
¿Me está amenazando? Sí.
Pues también estoy harto de amenazas.
Que pasan.
No le ayudase. Ocúpate de él.
Es tu marido.
Juan,
quiero que sepas una cosa.
A pesar de todo,
yo no soy como él. Tú.
Diana.
Diana. ¿Qué te ocurre?
Diana. Diana.
Diana.
El aborto se ha podido producir por muchas razones.
Quizá la impresión recibida causó.
¿O tal vez el propio sentimiento de culpabilidad quedará bien?
Perfectamente.
Al menos en lo físico.
Lo imprevisible es el trauma de haber perdido al hijo que tanto deseaba.
Encontraré alguna fórmula para que pueda superarlo.
Te aseguro que la encontraré.
Ella necesita nuevos alicientes.
Marcos.
Y sobre todo, debes evitar que vuelva a encontrarse con ese individuo.
Puede ser peligroso.
No te preocupes.
Ya he tomado mis medidas.
Está perfectamente localizado.
Lo llevamos siguiendo desde hace varios días.
Bien, ya lo saben.
No me importa lo que pueda costar.
Entendido. Puede estar tranquilo.
Se hará exactamente como usted quiere.
Diana.
Por favor, Diana, acompáñame.
Mira.
¿Te gusta?
Es para ti.
Te lo acabo de comprar.
Muchas gracias.
Nada ha cambiado, Diana.
Todo sigue igual.
Absolutamente lo mismo.
Comprendo.
Cada pieza dentro de su engranaje.
Todo en su sitio.
Todo el arte.
Bueno.
El tresillo.
Lo colocaremos aquí.
La televisión.
Allí, sobre una mesita de ruedas para poder llevarlo de un lado para otro
al carpintero que deben venir a la salida del taller
para tomar las medidas de los armarios empotrados.
Ahora vamos a ver lo del dormitorio.
¿Qué prefieres?
¿Una cama de matrimonio o dos camas individuales unidas?
No hay duda.
Una cama de matrimonio. Menos mal.
Si llegas a decir que las preferías individuales, te mato a.
Eres una tía estupenda.
No comprendo cómo has podido perdonarme.
No hay nada que comprender, Juan.
Yo te quiero. Y eso es todo.
Así de fácil. Quiero.
¿Te das cuenta, Charo?
Cuando les contemos a nuestros hijos lo que nos pasó antes de la boda,
se van a reír.
Que se van a reír.
Qué descarados.
No es eso.
Es que ellos serán
diferentes.
¿Distintos?
No tendrán que preocuparse del tresillo ni de la visita al televisor.
Mira, nada.
Sobre todo, no serán perdedores
porque no habrá ganadores que los obliguen a perder.
¿Comprendes?
¿Comprendes lo que quiero decir?
No muy bien.
Pero estoy segura de que tienes razón.
¿Quién puede llamar aquí?
Debe ser el carpintero.
Voy a abrir.
¿Qué desean?
Apártate.
¿Quiénes son ustedes?
¿Qué quieren?
¿Qué pasa?
¿Por qué? No.
Pero.
Ahora.
No está mal la niña.
Lástima que andemos hoy mal de tiempo.
Cuando se espabile el maromo,
dile que esto es sólo un aviso.
Que se olvide de todo.
Esa mujer no existe y su marido tampoco.
¿Entendido?
Vamos.
La puerta.
Enhorabuena.
Vaya carrera en.
Una. ¿Qué te parece?
¿No te lo dije?
No importa.
Ya puedes estar tranquilo. Será la última.
Por fin, las consecuencias de lo que se está.
¿Me puedes firmar un autógrafo? ¿Un autógrafo? Sí.
Es que soy coleccionista. Como quieras.
Por cierto.
Nada. Usted de maravilla.
Todo es cuestión de entrenamiento.
Me encantaría tener su agilidad. Así.
Con un lápiz
en tu cintura.
La aventura de un mes interminable.
Como un acontecimiento.
Húmedo y.
Te quiero en mi deseo.
Irá preparando.
Y arrimarme a las
Para de tus piernas
y entrar y procurar
procurarte.
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