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UNA PRODUCCIÓN ARMENFILM "AMO BERKNAZAROV"
UVAS AMARGAS
GUIÓN: Ruben Ovsepyan
DIRECCIÓN: Bagrat Oganesyan
FOTOGRAFÍA: Sergei Israelyan
ESCENOGRAFÍA: Rafael Babayan
AYTES. DIRECCIÓN: A. Gamjyan, R. Zhamharyan
CÁMARA: M. Shakhbazyan
MÚSICA: R. Amirkhanyan
SONIDO: K. Kurdiyan
MONTAJE: L. Feyginova DECORACIÓN: G. Torosyan
DISEÑO DE VESTUARIO: G. Manukyan MAQUILLAJE: V. Asatryan
AYUDANTES:
AYUDANTES DIRECCIÓN: N. Asatryan AYUDANTES CÁMARA: M. Ghandiljyan
AYUDANTES MONTAJE: S. Gabrielyan AYUDANTES DISEÑO: A. Balayan
SCRIPT: L. Budaghyan
PRODUCTOR: Vardges Ghochikyan
INTÉRPRETES:
VAGE: Araik Isahakyan EL VIEJO: Vruyr Panoyan
VARDAN: Sos Sarkisyan
OVANES: Gurgen Dzhanibekyan SAAK: Akop Azizyan
ELIZAVETA: Galya Novents SANAM: Alla Tumanyan
JEFE DE ESTACIÓN: Azat Sherents
ACTORES: G. Margaryan, H. Avagyan L. Salajyan, H. Vanyan
S. Sarkisyan, H. Vachyan
DIRECCIÓN ARTÍSTICA: Andrei Tarkovski
Qué manzana más amarga.
Las cogen demasiado pronto, sólo aprovechan a las preñadas.
Ya está aquí.
Los trenes llegan con retraso; él, no.
Con él, no necesitamos reloj.
- ¿Quién es? - El hijo de Saak.
Ah, el hijo de Saak!
Llegó la noticia de la muerte de su padre.
- ¿Lo sabe él? - ¡Cómo no lo va a saber!
Noticias así no se pueden ocultar.
¿Cómo se llama esta estación?
¿No tiene un nombre?
¿Te han comido la lengua?
- Tendrá un nombre, siquiera. - ¡Moras! ¿Quién quiere moras?
Tome.
Papá!
- ¿Qué eso? - ¡Moras!
- ¿De dónde las has sacado? - Justo ahí.
¿Pero qué hace, quiere acabar bajo las ruedas?
¿Está loco para saltar así?
Me resistía a bajar aquí.
¡Un paracaidista! ¡Disparates!
Luego me he dicho: "Desciendo y llego a la ciudad a pie."
¿Está cerca?
Cuanto más viejos nos hacemos más estúpidos nos volvemos.
Pásamelos, gracias.
Luego he pensado:
"Tal vez alguien quiera cambiar algo de fruta por libros."
Buen hombre, los libros hoy día no alimentan.
Ya veo, en tiempo de guerra sube el precio del pan;
tras la guerra, sube el de los libros.
- ¿Qué libros lleva? - Una recopilación de canciones,
una "Medicina popular"... Por ejemplo,
Si tiene males de estómago, el libro dice:
"Beber miel y jugo de cactus."
- Y si Dios quiere, se curará. - Claro, si Dios quiere.
Quédese con el libro, no se arrepentirá.
- ¿Quieres moras? - No.
Bueno, está bien.
Vivimos tiempos duros, muchacho.
Hoy día un libro no vale más que un puñado de moras.
Sin embargo, el hombre tiene más necesidad de libros que nunca.
Toda la vida acumulándolos, para acabar cambiándolos por moras.
Poseo libros que tienen 900, 1000 años.
En cambio, no hay moras ni albaricoques tan viejos.
- ¿Tú sabes leer? - Sí.
Muy bien.
Todas las desgracias sobrevienen a causa de la ignorancia.
- ¿Este camino lleva al pueblo? - Sí.
"Mejor quedar ciego de los ojos que del corazón",
así decían nuestros padres.
...Yo siglo moliéndolo.
En la estepa, cuando menos te lo esperas llega el día
que aparece el sol y es el fin.
Ni una colina hay, la tierra es plana como una mesa.
Y yo pienso: "¿Quién es el prisionero, él o yo?"
Es él, claro. Pero me toca molerlo a mí, qué hijo de puta.
Dime si tengo razón o no.
Sí. ¿No es él mi prisionero?
- Sí. - Claro.
Pero yo he de cargarlo sobre mis espaldas. ¡Vaya gracia!
¿Te parece justo?
Yo le digo: "Álzate y camina, pero no se te ocurra escapar.
"¿Entiendes, gusano?"
Nos reunimos con los nuestros y se lo entregué al capitán.
Es para ti.
Sólo ha estado en el frente dos meses y cuenta cosas de un año.
- Tal vez diga la verdad. - ¡Todo trolas!
Voy al mercado: si quieres, llevo tus cosas.
¿Aún lo tienes?
Tu mujer tiene manos de oro.
Mientras los perros despedazaban los cadáveres...
¿Qué perros? Estabas contando otra cosa.
Una vez talábamos árboles en el bosque.
Cuando acercaba la sierra el árbol,
temblaba entero, como si entendiera que lo iban a talar.
Como tiembla el cordero bajo el cuchillo que se alza sobre él.
Lo sé desde niño.
Todos los otoños salía tres días con mi padre
en busca de leña para el invierno.
Mi padre era listo.
Se acercaba al árbol,
lo tocaba y lo acariciaba dulcemente,
como diciéndole: "No te tocaré",
pero el árbol no le creía.
Sabía que era el fin y temblaba de miedo.
Nos ordenaron descargar un tren mercancías.
Era largo, muy largo.
El jefe del tren era un ruso.
Lloraba como un niño y decía:
"Es la primera vez que me toca transportar cadáveres."
Más adelante lo fusilarían los alemanes.
Nos pasamos excavando fosas la noche entera.
En los vagones no había otra cosa que cadáveres.
¿Sabes el dicho? "Del cielo caen dos manzanas,
"una para el que cuenta trolas y otra para quien las escucha,
"Pero para quien no cree, nada."
- ¿Quieres que te cuente de él? - No tengo tiempo de escucharte.
- Además, tú no sabes nada. - Sí que sé.
- Una vez vuelve a su casa... - Basta, venga, vámonos.
- Mira que eres... - Me lo cuentas de camino.
¡Vamos!
Es un hombre de verdad,
cuando descubrió lo de su hermana, prendió fuego a la casa.
Casi no podemos apagarlo.
- Trae otra botella. - Ya basta.
Yo me voy.
Se emborrachará otra vez.
- Te he pedido otra botella. - No.
- Mañana te pago. - Ni un vaso.
- No necesitas ninguno. - Anda a sentarte.
¿Me la das?
Llevas aquí bastantes días, no haces otra cosa que beber
y te comportas como si yo te debiera algo.
Así es.
No me hagas reír, ve a casa a dormir la borrachera.
Estás borracho del todo. ¿Qué has dicho, desgraciado?
- ¡Maldito! - ¿Estás loco?
- ¿Qué quieres? - Te llama la tía.
Ahora mismo voy. Tú ve para allá.
Te consideraba un hombre,
¡muerto de hambre!
Te había dicho que marcharas.
¿Qué quiere?
Ha dicho: "Si lo ves, dile que vuelva a casa."
"Si lo ves", y tú vas y me buscas.
Ahora te enfurruñas.
¿Tienes que enfadarte por semejante tontería?
¡Chico! ¡Chico!
¿Puedes echarme al correo esta carta?
De acuerdo.
Lo haría yo, pero me duelen tanto las piernas...
Tómala.
Gracias.
- ¿No se ha ido? - ¿No alcanzas?
Dejame ayudarte a levantarte.
Vamos a probar.
Ya está. Ahora ve a buscar la comida.
Hoy hay sopa de verduras.
Sopa de verduras con ternera fresca, siento el aroma.
Tal vez no recuerdes tú el sabor de la carne de ternera fresca,
pero yo sí.
Cuando el carnicero nos daba un trozo de ternera,
decía yo a mi esposa:
"Querida, seguro que tienes otras cosas que hacer,
"yo sé preparar la carne mejor que tú."
Entonces me ponía su delantal, cortaba la carne en trozos
y la golpeaba tan fuerte que no hacía falta freírla.
¿Y por qué no dejaba que la preparara mi mujer?
Pues porque ella estaba en la cocina por deber, sin fantasía,
y sin fantasía la comida no sale bien.
La fantasía y la inspiración importan mucho.
- Lo sé. - ¿Realmente?
Eres demasiado pequeño para llegar a la boca del buzón
¿y sin embargo entiendes ya qué es la inspiración?
También la mala comida puede volver bueno a uno,
si uno la come con fantasía.
Claro que mejor sería tener buena comida y fantasía,
sólo habría que atar ambos.
¿Atarlos? No son perros.
¡Claro que sí! ¿No lo sabías?
Siempre están peleando, como dos perros en un corral.
Espera.
¿Le importa esperarme? No tengo que guardar cola.
Bueno, te espero aquí.
Te espero.
¡Eh, chico! ¡Chico!
¿Por qué no te pones en la fila?
A todos nos gustan más los trozos de carne.
¿A quién le van a tocar los rastros? ¡A mí otra vez!
Mi tía dice que los niños no guardan cola.
¿Cómo qué? ¡Lo que hay que oír!
¡Su tía le ha dicho que no guarde cola!
Pues dile que sin guardar cola sólo
se puede sacar un cosque.
¡Cállate, cuerva!
¿Qué? ¿Quién ha osado decir eso?
¿Habéis oído? ¡"Cuerva"!
¿Por qué no te miras tú al espejo?
¿Por qué te has quedado preñada, eh?
¡El marido está en el frente y ella está preñada!
¡Mi marido destruyó dos tanques, le dieron una medalla
y vino de permiso para hacerte morir de envidia, cuerva!
Y tú, ¿de qué te ríes? Ponte en la fila como les demás.
Habla la Oficina de Información de la URSS.
Informe de guerra del 13 de julio.
Nuestro ejército ha continuado el enfrentamiento con el enemigo...
Necesitaríamos una cuchara.
Espera.
Aquí está.
Cógela y come.
Ni un trozo de carne.
Y preparan esta bazofia para las familias de los caídos en el frente.
Bien poco se parece a una sopa de verduras.
¿En esto consiste el socorro?
¡Es sólo agua!
Esta gente no tiene conciencia.
¡Sinvergüenzas!
Abusan de nuestra imaginación,
hacen todo lo posible por destruirla.
Toma la cuchara.
Con un poco de imaginación... ¡un trozo de carne!
Has tenido más suerte que yo: has pillado un buen trozo.
Cuando nos cansemos de tanta carne,
nos comeremos lo demás.
¿A ti qué te gusta más?
Ya hago yo eso, tú cuenta.
¿Cuántas van?
154. Ya basta.
¿Dónde vas, a la estación?
¿Te gusta? Es de mis vecinos.
¿Lo quieres montar? Anda.
No te dé miedo, es bueno.
- Hola. - Hola.
¡Adiós!
¡Adiós, chicas!
- ¡Adiós! - ¡Felicidades!
¡Gracias, Tanya! Vengan a visitarnos.
Qué niño más extraño. ¡Estás de nuevo aquí!
¿No te cansas?
Todos los días aquí, ¿y por cuánto tiempo más?
- ¿Quién va? - Soy yo.
¿Qué quieres?
No voy a ir más a coger la comida.
¿Y quién va a ir?
Es una tontería.
¿Por qué una tontería?
Si se lo das a los perros, entonces sí será una tontería.
No se lo he dado a los perros, me lo he comido.
¿Una olla entera, tú solo?
Aunque en el fondo sí que es posible.
Había un muchacho en nuestro batallón
que comía siempre doble ración y aun así no le bastaba.
"El mundo", decía,
"está hecho de cosas comestibles y no comestibles".
"La vida del hombre consiste en la búsqueda de las comestibles."
Lo que pasa es que para él todo era comestible.
Tío Vardan, ¿qué cosas importan de verdad en el mundo?
¿El mundo?
¿Cómo te lo podría explicar?
En el mundo hay de todo:
las piedras, los árboles,
la tierra,
y los hombres.
Está la vida
y está la muerte.
Hay días cálidos y hay días fríos.
El mundo no está hecho sólo de cosas comestibles.
Y no está sólo el día,
sólo el calor
o sólo la vida.
Es así, pequeño.
Si no quieres ir por la comida, tocaremos a menos.
¡No miréis!
- ¿Quién ha sido? - Tú.
¡Mentiroso, has sido tú!
Yo así no juego.
Golpea más fuerte.
- Bueno, ¿quién es? - ¿Tú?
- Oh, entonces eres tú. - ¡Entonces es tu turno!
¡No es justo! Acerté.
¡Daos prisa!
- ¡Cuánto pesa! - Coged la berza.
- Escondedlo todo bajo la ropa. - ¡Ya vuelven!
¡Él está viniendo! ¡Corred!
¿Qué estáis haciendo? ¡Largo de aquí, bribones!
¿Y tú qué haces aquí. ¡Escapa, que te mato!
¡A ellos! ¡Cogedlos!
¡Canallas, me meterán en problemas otra vez!
¡Rápido, chicos!
Come un poco de berza.
¡Vazik! ¡Vazik!
¡Debes ir a casa, rápido!
Te estábamos buscando, ¿dónde te has metido?
- ¡Ahí está! - ¡Vazik!
Saak, vamos arriba.
¡Elizaveta!
Elizaveta, tráeme la escudilla.
Quería conservarlo para cuando Vazik se casara.
¿Por qué lloras?
Me ha preguntado por ella.
Se lo he contado todo.
Está bien, ve a prepararlo todo.
Papá, me escribiste que a tu vuelta nos iríamos...
...a la ciudad.
- Saak, amigo... - Espera, Vazik... más tarde.
Amigos, brindemos por este milagro.
- ¡Y tan milagro! - Bebamos por tu regreso.
- A tu salud. - Gracias, a la vuestra.
¡Qué felicidad!
¡Nunca pensé que vería este día!!
- Querido Vazik, ¡salud! - ¡A tu salud!
Gracias a todos.
Volverán todos los hombres.
- ¡Que llegues a vivir 100 años! - Gracias.
¡Bien dicho!
Tú has hablado de milagro, pero estamos en guerra
y todo puede suceder.
Desaparecen escuadras enteras y poco después se las halla.
- Ha vuelto mi padre, venga. - No, no estaría bien.
- ¡Sí estaría! - No conozco a nadie.
Así, los conoce.
¡Te he visto!
- Buenos días. Bienretornado. - Gracias.
- Adelante. - Siéntese.
- Tome asiento. - Gracias. Buenos días.
Brinde con nosotros, por nuestra alegría.
- Por su vuelta. - Gracias.
¿Sabes quién es?: luego te cuento.
Ahora bebamos a la salud de nuestro Vazik,
mi ayudante, que conoce mejor que yo el horario de trenes.
¡Llega el abuelo Ovanes!
Abuelo, ¡para que crea en los partes de muertos: son mentira!
¡Saak, qué feliz me hace verte!
Vazik, deja que se siente.
¡Para que digan que los milagros no existen!
Y de mi Simon, ¿no sabes nada?
Su última carta me llegó en primavera
y al poco el anuncio de su propia muerte.
Hay errores a menudo.
Por ejemplo, alguien se queda atrás y lo dan por muerto.
O alguien que se queda cercado: en la guerra pasan coasa así.
Yo me perdí en el bosque y con los partisanos anduve dos años.
Ojalá...
...regresara mi Simon.
El marido de una vecina nuestra volvió del frente
y a las 3 semanas se presenta el cartero con una comunicación.
Se la entrega y era la noticia de su muerte.
Simon me escribió: "Si la guerra no acaba para el otoño,
"me darán algún día de permiso e iré.
"No recojáis la uva sin mí, la vendimiaré yo solo
"y elaboraré el vino para mi boda."
El vino de su boda quiere elaborarlo él.
Y yo he decidido:
cuando vuelva Simon,
se casará inmediatamente. Definitivamente.
Falta poco ya,
pronto la guerra terminará y volverán todos.
Ponedme más vino ahora, no estemos tristes, todo saldrá bien.
Yo he hecho una promesa:
no vendimiaré hasta que no vuelva Simon.
Tenemos que esperar hasta que vuelva.
No tenemos otra elección.
A su salud. Porque está vivo.
- ¡Mami! - ¡Vazik!
- Ven. - ¿A dónde?
- Con papá: ha vuelto. Vamos. - No.
¡Vazik!
Déjanos solos.
Vamos.
Elizaveta, ¿en qué tren parte Saak, en el de la mañana?
Sí, pero no se preocupe.
Nada, nada, quiero ir a despedirlo.
¿Por qué estáis todos callados? ¡Ponedme más vino!
¿Suele venir a verte?
Ha venido sólo una vez: el invierno último.
La reconocí por la manera de llamar.
Corrí a abrirle, pero el tío Vardan...
- ¿Por qué se marchó? - No llores.
No eres ya un niño. Mira qué grande estás ya.
Pronto te dejarás crecer bigote.
Cuando salgamos juntos, nadie creerá que eres hijo mío.
Nos creerán hermanos.
¿Por qué has dejado que se fuera?
Intenta comprender:
ahora vive en otra casa. Tiene otro marido, otro hijo.
Tiene que ocuparse de ellos.
- ¿Dónde te hirieron? - Caímos bajo un bombardeo.
Ni siquiera llegamos al frente. No nos dio tiempo a enterarnos.
Sólo quedó de nuestro escuadrón una decena de inválidos.
Ahora no hago más que inventar mentiras de aquello.
Me da vergüenza contar cómo fue todo en realidad.
Pero por los otros, no por mí.
Vardan, si ella quiere ver a su hijo, no se lo impidas.
¿Me lo reprochas?
Si hubieras sabido que estabas vivo, lo hubiera aguantado.
Es tu mujer, es tu hijo.
Debes decidir tú.
Pensaba que alguien debía...
Entre nosotros, se lapidaba a quienes
volvían del otro mundo,
porque era muy difícil explicarlo.
- Pero yo no te pregunto nada. - Sí que preguntas, Saak.
Obligué yo a mi hermana a casarse
para cubrir al menos esta vergüenza.
Y la alejé del chico
porque no me parecía bien que viviera con un extraño.
Ahora que resulta que vives, te toca a ti: haz lo que creas.
- Yo no he vuelto todavía. - Bastante has dado ya a la guerra.
Ya quisiera, pero no es así.
Es mejor que te consideremos regresado verdaderamente.
Debo seguir luchando por ti, por tu escuadrón,
por las viudas y por los huérfanos.
Tengo tanta rabia dentro, que debo marchar al frente.
¿Ves en qué héroe me he convertido?
- ¿Bebemos? - Bebamos.
No puedes imaginar la nostalgia que me entra a menudo,
de casa,
de mi hijo,
de nuestro río cuando se platea por bañarse en él la luna.
Sí, Saak.
¡Cómo te envidio: remangarte los pantalones,
hundir la pala en la tierra
y sentir que se te mete entre los dedos!
Quédate, Saak.
Podrías trabajar en la fábrica de armamento,
es como estar en el frente.
- Tío, ¿me has llamado? - Sí.
Echa agua.
Trae más.
- Elizaveta, ¿tenemos sal? - Ovanes nos dio un poco.
- Acabará por volverse loco. - Habla con él.
Debe recolectar la uva o se echará a perder toda.
¿Y qué quieres que le diga, que Simon murió?
¿Que lo está esperando inútilmente?
Ayuda a la tía.
- Vazik, la sal está ahí. - Sí.
Ovanes, no puedes hacerlo.
¿Hasta cuándo vas a dejar la uva?
- Se va a estropear. - ¡Lo sé!
Pero no la recojo.
Que se pierda, cosas peores podemos perder.
En el 7º frente, tras 3 días de duros combates,
se ha puesto fin a la resistencia del enemigo,
y hoy, 29 de septiembre, Nosotros hemos capturado a Kremenchug.
- ¿Dónde está? - Allí.
- ¡Se ha comido toda la comida! - ¡No tiene conciencia!
- ¡Él cree que puede hacer lo que quiera! - ¡Ha encontrado buen pesebre!
- ¡Habráse visto! - ¡Sinvergüenza!
- ¿Es éste? - Es él.
- ¿No te da vergüenza? - Te has comido toda su comida.
- ¿Por qué nos miras así? - ¿La comida?
¿Eso era la comida?
- ¡No tengas conciencia! - ¡Venga, lárgate!
En seguida vuelvo.
Me toca a mí. ¡Vamos!
Baja la cabeza.
Una, dola, tela, catola...
- Juguemos a otra cosa. - ¿Quién va a contar?
¡El vendedor de libros!
¿Tienes "Robinson Crusoe"?
- ¡Me hace destenillarme de risa! - ¡Aléjate!
- ¿Por qué vas tan triste? - ¿Estás enfermo o hambriento?
¡Pobre cosita!
¡Que se coma sus libros!
¡Corred!
¿Te has comido la comida de esos niños?
Sí.
De todos.
¿Has visto cómo me han pegado?
¿Te duele?
¿Estaba también tu tía entre ellas?
No, cuando le conté que habíamos comido a medias
se puso a llorar.
Teníamos un jardín enorme,
mucho más grande que éste.
Había en el jardín un nogal al que estaba atado un perro.
Cuando cocinábamos brochetas, le dábamos al perro los huesos.
Alrededor pululaban las gallinas, que picoteaban los restos.
Los gorriones bajaban a por lo que a las gallinas se les escapaba
y las hormigas se llevaban lo que dejaban los gorriones.
Para todos había algo.
En la iglesia volteaban las campanas.
Dos sacerdotes bendecían la uva nueva.
Mi padre cantaba al arado y a la tórtola
y reinaba la paz sobre todo lo vivo que había en la tierra:
el perro no ladraba a las gallinas,
las gallinas no atacaban a los pájaros,
que no picoteaban a las hormigas.
Y a continuación empezaba la vendimia,
recogíamos la uva, que nunca se acababa.
Cogíamos los recipientes del ordeño,
los hombres se quitaban el calzado
y hacían el pisado de la uva.
La pisaban y pisaban..., hasta bien entrada la noche.
El mosto templado iba llenando el depósito.
Todo tiene su fin, pero esta guerra dura ya demasiado.
Tras la batalla de Sardarabad fui el único que regresó a casa.
"Yo mandé a la guerra a tres más", dijo mi madre. "¿Dónde están?"
Le entregué las gorras militares de mi padre y de mis hermanos.
Mi mujer no me dio hijos,
pero para nosotros era como si tuviéramos 25:
los que iban a la escuela donde mi mujer enseñaba.
Todos, uno tras otro, marcharon al frente.
Cuando llegó el primer anuncio de muerte,
mi mujer enfermó y murió en un mes.
¡Extraña criatura, el hombre!
De su boca salen lo mismo bendiciones que maldiciones.
¡Si al menos esta guerra fuese la última!
¿Quién podía imaginarlo?
¿Por qué, en ese triste pueblo?
Llega Vazik.
FIN Subs. por David (2013)
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