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Original subtitles

LA TIERRITA DE DIOS

¿Por qué demonios se ha tenido que desprender esa tierra

justo cuando estábamos profundizando?

¿No es demasiado?

Papá, estoy harto de este agujero.

¿Por qué no empezamos otro?

¿Para qué?

¿Cómo que para qué?

Ya llevamos dos meses cavando éste, papá.

Y sólo hemos encontrado trabajo.

Hijo, llevo casi 15 años cavando en esta tierra,

y pienso cavar durante otros 15, si es necesario.

El problema de ustedes es que no tienen mi paciencia.

No necesitamos paciencia, sino un adivino.

Ya empiezas otra vez. Hablas de supersticiones.

Sólo hablas de adivinos, de conjuros y de cosas por el estilo.

Hijo, todo eso no es más que superstición.

Sin embargo yo, yo soy científico.

Si eres tan científico, papá,

¿por qué no te compras una excavadora para hacer el trabajo?

No compro nada que cueste dinero. No tengo con qué pagarlo.

¿Adónde vas, hijo?

Voy a parar por hoy, papá. Quiero asearme e ir al pueblo.

Así nunca te harás rico.

No quiero hacerme rico. Soy demasiado joven.

Me preocupa ese chico. ¿A quién va a ver en el pueblo?

No es muy quisquilloso. Cualquier cosa que lleve faldas.

Aun no está acostumbrado a las mujeres. Le pueden hacer daño.

No se dará cuenta hasta que sea demasiado tarde para parar.

- Les he traído limonada fresca. - Gracias, nuera.

¿Qué hay para almorzar, cariño?

Lo mismo que ayer, Buck. Grasa de tocino con maíz.

Me apetece un pollo frito.

Teniendo una esposa como Griselda,

no sé como puede pensar continuamente en la comida.

Déjate de bromas, Ty Ty.

Si al Señor le pareció correcto meter a una belleza como tú...

en nuestra casa, no me hartaré de mirar mientras pueda.

Hijo, no sabes qué suerte tienes.

¿Por qué tengo suerte?

¿Por tener una esposa que no me ama?

¿Por qué tienen que discutir los tortolitos?

- Nunca discuto con Buck. - No, ya casi nunca me habla.

Está muy ocupada soñando despierta con Will Thompson.

Si dejaras de nombrarlo, tal vez pudiera olvidarlo.

Will sólo tiene que chasquear los dedos y vas corriendo.

Como sigas así, Buck, un día te despertarás,

y te encontrarás solo.

No lo dices en serio, Griselda.

Dile a Buck que no lo dijiste en serio.

Dile que no quiero oírle mencionar a Will Thompson nunca más.

No sabes cómo hablarle a una mujer.

Griselda no es una mujer cualquiera. Le pareció bien casarse contigo.

Y tú crees que eso es lo único que tienes que hacer...

- para mantenerla feliz eternamente. - Sé cual es el problema.

Sigue pensando en Will.

PLUTO SWINT PARA SHÉRIF. SU ELECCIÓN.

Buenos días, Pluto.

Buenos días, Srta. Griselda. Hola, Charlie.

Buenos días a ti también.

Un animalito simpático, ¿verdad?

- ¿Dónde está, Ty Ty? - Allí, en el agujero grande.

Gracias. Hace calor, ¿eh?

¡Ty Ty!

Ty Ty, ¿en qué agujero estás?

¡Aquí, Pluto!

No es un saludo propio de vecino.

¿Cómo va eso?

¿Han encontrado algo recientemente?

No, no mucho, Pluto. Pero pronto lo encontraremos.

- Lo sé. Tengo ese presentimiento. - Yo también.

¿Qué están buscando?

Hace un año que vienes aquí, me has visto cavar,

¿y no sabes qué es lo que busco?

Pensé que estabas buscando agua.

¿Agua? ¿Crees que me volví loco?

- Estoy buscando oro. - ¿Oro? ¿En el estado de Georgia?

Oro amarillo y brillante. Monedas grandes como galletas.

- Miles de ellas. - No me digas.

Cucharas de oro, platos de oro. Tenedores de oro.

Y no me extrañaría que hubiera orinales de oro.

¿De verdad los has visto?

- Casi. - ¿Dónde?

No lo sé exactamente.

Aun no los he encontrado.

Pero están ahí. Están ahí.

Mi abuelo me habló de ello. Me lo dejó el día de su muerte.

Tal vez estaba equivocado.

¿Dices que mi difunto abuelo era un mentiroso?

No, no, nunca diría eso.

Si hay algo que no soporto, es a un mentiroso.

Pero tienes que admitir que aun no lo han encontrado.

Lo que necesitan es que los ayude un albino.

Dicen que es casi imposible encontrar algo sin la ayuda de un albino.

- ¿Un qué? - Un albino.

¿Qué demonios es eso, Pluto?

Uno de esos hombres totalmente blancos.

Parecen hechos de tiza. Blancos como el algodón.

Pelo blanco, piel blanca... y ojos blancos.

Aquí necesitan a uno. Lo necesitan mucho.

No, Pluto. Soy totalmente científico. No quiero saber nada de conjuros.

No te hablo de conjuros. Te hablo de un albino.

Tienen poderes secretos.

Ven a través de la tierra como si fuese un vaso de agua.

Totalmente científico.

Me has convencido.

- Me has convencido. ¿Dónde está? - Donde uno espera que esté.

- Al lado del pantano. - ¡Pues, vamos, ven!

- ¿Un albino de verdad? - Un auténtico albino.

- ¿Crees que podemos cogerlo? - No te preocupes por eso.

Si no logramos sujetarlo, emplearemos la correa del arado.

Recuerden que ese albino es un ciudadano y un votante.

Si lo atan, asegúrense de que no infringen ninguna ley.

Y si lo hacen, no me mencionen. Como futuro shérif de este distrito...

¿Es un hombre muy grande?

Lo que importa no es su tamaño, sino su blancura.

Su sangre es blanca. La cera de sus oídos es blanca.

Quiero coger a ese hombre tan blanco aunque me hernie al hacerlo.

Buck, ve a casa y prepara el automóvil para un viaje.

Asegúrate de que las ruedas estén bien hinchadas,

y échale bastante agua al radiador.

Vamos a tardar en volver de 10 a 12 horas.

¡Sí, señor!

Pluto, te agradezco mucho...

esa sugerencia científica sobre el albino.

Me estaba cansando de cavar con un tiempo como éste.

Te agradezco mucho que hoy hayas pasado por aquí.

¡Sí, señor!

Me has abierto los ojos sobre la necesidad de un albino...

para que me diga exactamente dónde está enterrado ese oro.

Ese hombre lo puede hacer, ¿verdad?

- Tal como me has dicho. - Claro que puede.

Creo que un albino es capaz de encontrar cualquier cosa.

Puede salir al campo, mirar a través de la tierra,

y señalar con el dedo donde se encuentra el oro.

- ¿Ahí? - En cualquier sitio.

¡Ty Ty! ¿Qué demonios vas a hacer?

¿No es ahí donde está enterrado tu abuelo?

No, esta es la tierrita de Dios.

Puse aquí esta cruz para marcar el lugar.

Lleva aquí 27 años. Debe de haber echado raíces.

- ¿La tierrita de Dios? - Exacto.

El día que me casé, le prometí esta tierra a la Santa Iglesia.

Se puede llevar todo lo que se cultive en ella.

Algodón, maíz o cualquier otra cosa.

Si es tan sagrada, ¿por qué has quitado la cruz?

Porque se me ha ocurrido que nunca he cavado...

en la tierrita de Dios en todos estos años.

Pero supongamos, como tú has dicho, que ese albino llega a mis tierras,

y señala esa tierra de ahí.

Supongamos que el oro está enterrado ahí.

Que ha estado ahí siempre.

Mi conciencia me obligaría a darle todo ese oro al pastor.

O peor aún, tal vez no le diera nada. Nunca se sabe.

Soy un hombre religioso, pero no soportaría eso.

¿Qué vas a hacer con ella?

Voy a trasladar la tierrita de Dios...

a un lugar en el que no resalte abiertamente...

como un pecado y una tentación.

Señor, por favor, perdóname.

He tenido que trasladar tu terrenito.

He tenido que hacerlo para no caer en tentación.

Si encontrara allí oro, me sentiría muy tentado a no dártelo.

Sé que no querrías que cayera en la tentación.

Y no te quiero engañar. No, no quiero.

Puedes llevarte todo lo que nazca en esta parcela.

Flores, miel, o cualquier otra cosa.

Nuera, ¿está fresca, madura y lista para comer esa sandía?

Claro que lo está, papá.

Chicos, entremos todos en casa y comamos un poco...

de esa fresca y rica sandía.

- Vamos, Pluto. - No puedo, Ty Ty.

Hay muchos votos desde aquí al cruce...

y tengo que contarlos todos antes de que anochezca.

Te vas a matar intentando ser shérif.

Y no vale la pena. ¡Vamos!

Ty Ty, te quiero hablar de algo que me da vueltas en la cabeza.

- ¿De qué me quieres hablar, Pluto? - Pues de tu hija.

¿De cuál? Tengo tres. Todas guapas. ¡La gloria del mundo!

En eso estoy de acuerdo.

Pluto, ¿sabes una cosa? Tus ojos parecen semillas de sandía.

Ah, Griselda...

No lo puedo evitar, Sr. Swint, tienes los ojos tan pequeños

y la cara tan roja que pareces una sandía...

a la que se le ven dos semillas.

Oye, Pluto, sobre mi hija.

Está Rosamund.

Vive en Peachtree Valley.

Demasiado lejos para que te sea útil.

Y además está casada con Will Thompson.

Y luego está Griselda. Claro que también está casada.

Pero a veces me pregunto si Buck es el marido adecuado...

para una chica tan guapa como Griselda.

Aunque él sea sangre de mi sangre.

Sólo queda mi bebé, Darlin’ Jill.

Pero es demasiado joven para hacerle la corte.

No quiero hacerle la corte. Me quiero casar con ella.

¿Sí, Pluto? ¿En serio?

Me cortaría el brazo derecho por casarme con ella.

- ¿Te gusta, Pluto? - Me gusta. Y eso es un hecho.

Sólo que hay una cosa que me preocupa.

¿Y qué es, Pluto?

Pues he oído que ha tonteado con muchos hombres.

Me encanta saberlo.

Darlin’ Jill es la niña de la familia y por fin está creciendo.

Sí que ha crecido.

Es una pena que Dios no pueda hacer una mujer como Darlin’ Jill,

y parar antes de pasarse demasiado.

No se dio cuenta de que había hecho algo magnífico y siguió y siguió...

Y ahora... mírala.

No le des importancia, Pluto.

A Darlin’ Jill le gusta provocar, pero es algo natural.

En mi opinión, las mujeres tienen que provocar un poco...

antes de asentarse en la cama y tener hijos.

Y es mejor que lo haga ahora y no después de casarse.

Cambiará, Pluto.

Y de ti depende que la hagas tan feliz,

que los dejará a todos excepto a ti.

Papá, el coche está preparado. ¿Por qué no nos vamos, papá?

Estamos esperando a Darlin’ Jill.

Papá, Darlin’ Jill no llegará...

hasta que haya metido la camioneta de Pluto en una cuneta.

Nos llevará 12 horas ir a ese pantano y volver.

Lo que quiero hacer es coger a ese albino...

y regresar aquí para poder ir al pueblo.

Hijo, me enorgullece oírte decir que quieres hacer cosas.

Muchas personas se sientan y esperan a que crezca el maíz.

Pues yo no. Ni mis hijos. Tenemos prisa por hacernos ricos.

Sube al coche, Shaw.

Pluto, te quiero pedir un favor.

No puedo hacer favores sin mi camioneta.

Darlin’ Jill te va a traer la camioneta, y cuando lo haga,

quiero que la lleves a Peachtree Valley.

¿Y yo qué, papá? Yo también quiero ir.

No quiero esperar aquí eternamente a que ocurra algo.

Tú te quedas aquí.

Iré si me apetece ir.

Estás deseando volver a ver a Will, ¿verdad?

¿Qué te acabo de decir?

¡Verá a Will Thompson por encima de mi cadáver!

Griselda, quiero que te quedes aquí y nos prepares la comida,

y que esperes a que volvamos.

Y quiero que le digas a Darlin’ Jill que vaya a Peachtree Valley,

que coja a Rosamund y a su marido, y regrese a la granja en la que nació.

Quiero que toda mi familia esté reunida cuando soltemos a ese albino,

y localicemos el oro de mi abuelo y volvamos a ser ricos.

¿Me ayudarás, Pluto?

Creo que podré, si me permites ser tu yerno.

Eso no depende mí, Pluto. Ni siquiera depende de Darlin’ Jill.

Depende de ti. Enciende el coche, Buck.

Antes tiene que prometer que se quedará aquí.

¡No voy a prometer nada!

Buck, ¿por qué no empleas tu encanto y se lo pides cortésmente?

- Pídeselo. No te hará daño. - Te pido que te quedes, Griselda.

- ¿Me lo pides o me lo ordenas? - Te lo pide.

¡Que lo diga él!

Te lo pido, Griselda.

Está bien. Me quedaré.

Vamos, papá.

¡No te olvides de decirle a Darlin’ Jill lo que te he dicho!

¡Pluto! ¡Pluto, cariño!

¡Eh, tontorrón! ¡Ven aquí!

Sí, Darlin’ Jill. Ya voy, Darlin’ Jill.

¡Para! Cierra los ojos.

¿Por qué tengo que hacerlo, Darlin’ Jill?

Porque yo lo digo, tontorrón.

Está bien.

Ahora sigue recto.

Por encima de eso.

Eso es. Recto.

¿Ha hecho tu padre algún agujero por aquí?

No. Te estoy viendo. No te preocupes.

Muy bien. Ven. Ven, ven, ven.

¡Para! ¡Para!

Ahora, gira a la izquierda. A la izquierda.

¡A la izquierda, tontorrón! Vamos.

Y ahora a la derecha. Sigue recto.

¿Puedo mirar un poco?

No, sigue con los ojos cerrados y ven. Estoy aquí.

¿Sigo recto?

Gira a la izquierda. Ahora a la derecha.

Y ahora sigue recto.

- Eso no soy yo. Es la bomba. - Sí, es la bomba.

Cógela y bombea un poco de agua fresca.

¡Ah, qué bien! ¡Ah, sí! ¡Qué bien!

¿Te cae por encima, Darlin’ Jill?

¡Así me zurzan! ¡Así me zurzan!

¡Así me zurzan! Unas palabras emocionantes.

La próxima vez, zurce los calcetines antes de venir a cortejarme.

¡Eres un impertinente!

Demonios, Jill, no sé que pinto yo aquí.

No es que no me pueda presentar a las elecciones en este distrito,

sino tampoco en este estado, y hace calor.

Ah, Darlin’ Jill... Ah, sí, Darlin’ Jill...

No, no, Darlin’ Jill... ¡No! ¡No!

¡No! ¡No! Es la única llave que tengo.

Escúchame, por favor...

No oigo a Will.

Bien, vámonos a casa. Contaré algunos votos.

Will es un hombre que, si está cerca, se hace notar.

Vamos.

¡Rosamund! ¿Qué te pasa?

¡Jill! ¡Darlin’ Jill! No te esperaba...

¿Qué te pasa?

Me alegro de que hayas venido. Pensé que me iba a morir.

Perdí un poco la cabeza.

¿Qué te ha hecho Will? ¿Dónde está?

Hola, Pluto. Me alegro de verte a ti también.

Me llevo la ropa de esta silla para que te sientes y te pongas cómodo.

La verdad es que tengo que volver a casa.

Cállate y siéntate. Rosamund, dime que ha pasado.

Puedes hablar delante de Pluto. Ese tontorrón.

¿Dónde está Will?

Ha estado borracho toda la semana. Bebe siempre que puede.

Eso no me importaría tanto, pero ya nunca está en casa conmigo.

Duerme todo el día y sale de noche. Pero no es culpa suya.

La fábrica lleva seis meses cerrada y no tiene nada que hacer.

- ¿Y no la van a abrir nunca más? - Creo que no.

Dicen que ya no da beneficios. Está en bancarrota.

El pueblo está en bancarrota.

Deberíamos hacer las maletas e irnos de aquí ahora mismo.

Pero no las hacemos. Todos admiran a Will.

No se quiere ir. Dice que va a abrir la fábrica de algún modo.

Sólo que no sabe como.

Me alegro de haber venido.

Papá quiere que Will y tú vengan a casa para ayudarle a cavar.

Esta vez tiene un método seguro para encontrar el oro del abuelo.

Darlin’ Jill, en esa tierra no hay oro.

Si lo hubiera, lo habría encontrado hace tiempo.

¿Por qué no deja de llenar esa tierra de agujeros

y cultiva maíz, algodón y maní, como todos los demás?

Eso no lo sé, pero papá quiere que Will y tú vuelvan a casa, Rosamund.

Will no cavará en ninguna granja. No es granjero.

Papá ya debería saberlo.

Además, ni siquiera sé si Will vendrá hoy a casa.

Entonces esperaremos a que vuelva. Pasaremos la noche aquí.

Esa es una gran idea. Pasaremos la noche aquí.

No es para tanto.

Yo voy a dormir en la cama con Rosamund,

y tú te puedes hacer un camastro en el suelo.

¡Darlin’ Jill, estás aquí!

Levántate y déjame verte bajo la luz.

¡Vaya, vaya! La niña ya es una mujer adulta.

Rellenita como un melocotón en una rama.

Madura y preparada para que te cojan.

Will, no hables así. Tenemos compañía.

¡Pluto! ¿Cómo estás, hombre? Te veo más grande y mejor que nunca.

¿Cómo está, Sr. Thompson? Parece que todo le va bien.

Pues no es así.

¿Adónde van?

Se querían ir, ¿verdad?

Son muy solapados. Vuelvan aquí y háganme compañía.

- ¿Cómo está Griselda? - Sigue casada.

Sabes, Pluto, le compré a Griselda el primer par...

de zapatos de tacón alto que se puso.

Will, la cama está hecha. ¿Por qué no duermes?

Cuando Griselda trabajaba en la fábrica...

y paseaba con aquellos tacones,

ningún hombre hacía un día de trabajo completo.

Will, por favor, no hables ahora de eso.

Griselda y yo casi nos casamos.

Pero quería que cavara y echara raíces en una granja.

Me negué. Soy de ciudad.

Tengo que estar donde se oiga...

la sirena de una fábrica tres veces al día.

Y ver cómo salen las chicas corriendo por las puertas de la compañía,

riéndose, gritando, armando jaleo, con caras como flores...

Will, tienes que darte cuenta de algo, de una vez por todas.

No volverán a abrir ese aserradero. Y Griselda está casada.

Y no puedes evitarlo. Vamos, vete a la cama.

Vamos.

A lo hecho, pecho.

Y ahora duerme.

- No puedo dormir. - Entonces descansa.

Te apagaré la luz para que no te dañe la vista.

- Hola, Harry. - Hola, Will.

¿Quién ha venido en coche a tu casa?

- La familia de Rosamund. - ¿A qué han venido?

Sólo de visita.

No habrán venido a llevarte, ¿verdad, Will?

Les prometí que no me iría de Peachtree Valley...

hasta que volvieran a abrir la fábrica, ¿no?

Pero sé que para ti y Rosamund es fácil irse del estado.

No tienen niños que los aten.

La mayoría de nosotros tenemos familia numerosa.

Y no tenemos dinero para irnos y buscar trabajo en otro lugar.

No hace falta que me lo digas.

Lo sé, Will, pero estaba un poco preocupado.

- Hola. - Voy a la fábrica.

No nos va a dejar, chicos. Va a seguir en el pueblo como dijo.

¡Claude!

¡Claude!

¡Claude!

¿Dónde estás, Claude?

- ¡Eh, Claude! - ¿Eres tú, Will Thompson?

- ¿Quién sino? - ¿Has vuelto a beber?

- ¡Quiero entrar! - ¿Por qué vienes aquí siempre?

¡Quiero entrar!

Aquí no hay más que una fábrica de tejidos que ha cerrado.

- ¿Qué buscas aquí? - Sabes lo que busco, Claude.

Busco el día en el que las luces brillen en todas esas ventanas.

Ese día ya ha pasado, Will. No volverán a abrir la fábrica.

Los husos aun tienen hilo. Todavía hay corriente.

Sólo hace falta que alguien pulse el interruptor.

Hablas como un loco, Will.

¿Por qué no te vas a casa antes de que tu esposa...?

¿venga a buscarte otra vez?

No me digas lo que debo hacer. Sé lo que tengo que hacer.

¿Por qué no vas al bar de Med y te tomas un trago?

Toma, te invito.

- Felix... - ¿Sí, señor?

¿Cómo está mi albino?

Durmiendo como un tronco, Sr. Ty Ty.

Buenos días, Dave. ¿Has dormido bien?

- ¿Dónde estoy? - Estás con amigos.

Nos hemos molestado mucho para traerte.

Espero que lo agradezcas.

Tengo hambre.

Desayunarás en su debido momento. Primero debes hacer un trabajo.

- ¿Qué clase de trabajo? - Es fácil. Te lo mostraré.

Coges esta horqueta de sauce,

la sujetas así...

hasta que tire hacia abajo, hablando científicamente,

hacia abajo, donde seguramente se encontrará el oro.

¿Oro? ¿Está buscando oro?

¿Por qué crees que fuimos hasta aquel pantano para verte?

Todavía no lo sé.

- Eres un albino auténtico, ¿no? - Sí, creo que lo soy.

¿Y qué iba a hacer yo con un albino excepto buscar oro?

- No lo voy a hacer. - ¿Por qué, hijo?

- Porque no sé cómo se hace. - ¿No sabes?

¿Qué? Eres un albino auténtico, ¿y no sabes buscar oro?

¡Suéltelo, Sr. Ty Ty!

Escucha, chico, si no sabes buscar oro,

será mejor que aprendas ahora mismo, o esta buena gente...

se va a poner furiosa contigo y este invierno no habrá vituallas.

Pero no sé. No sé.

Perdona que me haya enfadado, hijo.

Pero llevo 15 años cavando y no voy a desistir.

- No sé qué hacer. - Es fácil. Te enseñaré.

Coge esta vara de sauce. Eso es.

Gira las muñecas hacia adentro. Eso es. Ponla delante de ti.

¡Mírenlo! ¡Mírenlo! Abran la puerta del granero.

¡Déjenlo pasar!

¡Te arrastra hacia el oro!

¡Sitio! ¡Háganle sitio!

¡Vamos, Dave! ¡Bien, Dave!

¿No es el mejor albino que han visto?

¡No se cómo he soportado tanto! ¡Vamos, Dave!

¡Eso es!

¡Vamos, Dave!

¡Sigue buscando ese oro!

¡Vamos, Dave! ¡Vamos!

¿Lo notas, Dave?

¿Lo notas, Dave? ¿Lo notas, Dave?

¡Vamos, Dave! ¡Nótalo!

¡Vamos, Dave! ¡Nótalo!

¡Nótalo!

¡Eso es! ¡Ahí va! ¡Vamos!

¡Vamos, Dave! ¡Para!

¡Vamos, Dave! ¡Síguelo! ¡Síguelo bien!

¡Vamos! ¡Síguelo, chico! ¡Síguelo!

¡Ah, el oro de mi abuelo!

¡Ahí escondido, en la tierra! ¿No es increíble?

¡Bajo mi casa todo este tiempo! ¡Enterrado por 100 años!

¡Más tiempo del que vive un hombre!

Y ahora, estoy a punto de encontrarlo.

Verlo. Tocarlo. Y morderlo si quiero.

¡Alabado sea Dios!

Amén. Amén.

Y ahora, Sr. Ty Ty, tal vez deje de cavar y empiece a cultivar.

¡Un momento! No quiero mala suerte.

Ésta es aún la tierrita de Dios, ¿verdad?

- Y el oro también. - No, Buck, no.

No puedo decir sinceramente que lo sea.

Justo antes de que Dave localizara el oro, me ocurrió algo...

y decidí cambiar la ubicación de la tierrita de Dios.

Y creo que justo a tiempo.

- ¿Dónde está ahora, papá? - El Señor aun no me lo ha dicho.

- Dile que se dé prisa. - No quiero que hables así.

El Señor y tu padre son anticuados.

Nos tenemos que tomar nuestro tiempo.

Señor, no te quiero engañar. Te lo juro.

Pero con este tiempo impropio de esta estación,

creo que querrás tener tu tierra en un lugar más fresco.

Si no te gusta esto, si no apruebas lo que hago, Señor,

déjame muerto aquí, donde estoy.

Gracias, Señor. Bendito seas.

Amén.

- ¿Estamos en casa, Pluto? - No, pero sólo estamos a una milla.

¿Por qué hemos parado?

Darlin’ Jill, me tienes que dar una respuesta.

Quítame las horquillas del pelo. ¿Quieres?

¡Dios bendito, Darlin’ Jill! ¡Tengo que saberlo!

No grites tanto. Despertarás a Will y a Rosamund.

No pueden oír nada.

No sé si estoy preparada para casarme... y menos contigo.

No tienes que estar preparada. Lo estoy yo.

Lo estoy yo por los dos. En cualquier momento.

De día, de noche. Cuando sea.

Estoy loco por ti. Y eso es un hecho.

Tienes la barriga demasiado grande.

Que no se interponga entre nosotros una cosa tan pequeña.

Oye, Pluto, si no tuvieras la barriga tan grande, no podrías ser shérif.

Y si no fueras shérif, no querría verte siquiera. Y eso es un hecho.

No te burles de mí de ese modo.

Que esté tan locamente enamorado de ti y no vea más nada,

no significa que un día no me enoje tanto con tus provocaciones...

y te coja en mis manos y...

¿Y qué? ¿Qué harías, Pluto?

Darte una paliza. Te daría una paliza.

Me has dado un susto terrible.

Por un momento pensé que ibas a zurcir los calcetines otra vez.

Te daría una paliza.

- ¡Hola! ¿Dónde están? - ¡Aquí!

¡Ah, Señor! Es el agujero más grande que han hecho.

¿Han encontrado algo?

Estamos cavando a toda máquina.

Hemos cavado 6 metros desde esta mañana.

Nunca habíamos cavado tan rápido en 20 años.

- Bienvenida a casa, Rosamund. - Hola, papá.

Will. Me alegro de que hayan venido a celebrar nuestra buena suerte.

¡Chicos, es Rosamund!

- Hola, Rosamund. - Hola, Rosamund, hermana.

- Hola, Buck. Shaw. Felix. - ¡Griselda!

¡Griselda! ¡La familia ha llegado!

¿Han encontrado ese oro?

- Hola, Will. - Hola, Griselda.

- Hacía mucho tiempo. - Muchísimo tiempo.

Me alegro de verte.

Parece que acabas de salir de un calendario.

Tienes mala cara, Will. ¿Qué has estado haciendo?

¿Qué has estado haciendo?

No he estado haciendo nada. Absolutamente nada.

- Lo mismo de siempre. - Lo mismo de siempre.

Lo que Will necesita, Rosamund, es ocupar su tiempo con algo útil.

Para el espíritu de un hombre no hay nada mejor...

que cavar en la buena tierra del Señor.

Rosamund, ve a casa y ayúdale a Griselda a calentar la comida.

Antes de que Pluto cene. Debe de estar muerto de hambre.

Sí que lo estoy. Y eso es un hecho.

Pues entra en casa, Pluto.

Nada le abre a uno el apetito tanto como tener con él a toda su familia.

¡Han hecho un agujero tremendo!

¿Qué es eso? ¿Puede votar?

¿Ése? Es el hombre totalmente blanco del que me hablaste.

¡Santo cielo, Pluto! ¡Es el albino que trajimos del pantano!

- ¿Ha adivinado dónde estaba? - Igual que 4 más 4 son 8.

- Ahora vete a casa con Rosamund. - Ty Ty, eso es una locura.

Cavando tan cerca de la casa hará que caiga en el agujero.

No caerá. La apuntalamos según vamos cavando.

Y si cae, no importa mucho.

Si encontramos oro, seremos lo bastante ricos...

para hacer una casa tres veces más grande que ésta.

¿Qué miras, Darlin’ Jill?

Quiero ver a ese albino. Jamás había visto a uno.

- Es igual que tú y yo, hija. - ¿Sabe hablar?

Hasta dejarte sorda, si le das media oportunidad.

- Quiero verlo bien. Llámalo. - No quiero que nadie tontee con él.

Te puedes ir por ahí y hablar con los cuervos, si te apetece,

él tiene que estar siempre trabajando para mí.

- Entra en casa. - Ahora voy, papá.

Hola, amigo albino.

Me llamo Dave Dawson.

Es un placer conocerte.

Y no mintieron sobre tu color.

Eres blanco. Está claro.

Y es un color bonito además. Me gusta.

Gracias, señora.

Son las primeras palabras amables que oigo desde que su padre...

me secuestro con un montón de mentiras y la correa de un arado.

Ahora que te he visto bien,

¿te apetece venir aquí arriba y verme bien a mí?

No me importa.

Bueno, ¿qué te parezco?

Eres bella.

¿Por qué no subes y lo repites?

Ven.

No lo asuste, Srta. Darlin’ Jill. Puede huir.

Y no quiero tener que perseguirlo con la escopeta.

No huirá, tío Felix. Te lo prometo. Ven. Ven.

Además, sólo vamos a ver cómo sale la Luna por encima de la charca.

¡Vamos, Dave! ¡Vamos, Dave!

¿No te gusto?

Dios bendito,

no sabía que había una chica tan guapa como tú en el país.

Eres la chica más guapa que he visto.

Eres tan suave...

Y tu voz es como el canto de un pájaro.

Y además hueles bien.

Me encanta cómo hablas. Háblame un poco más.

¿Qué quieres que diga?

¿Por qué eres tan blanco?

No lo sé. Alguna gente dice que se debe...

a que me hicieron estando la Luna llena.

Me pareces maravillosamente guapo. Me alegro de que seas distinto.

Estoy harta de ver a gente igual todos los días de mi vida.

¿Te gustaría besarme?

Sí, me gustaría, si me dejas.

Creo que no podría evitarlo.

¿Te quieres casar conmigo?

Sólo te dije que me podías besar una vez.

Papá fue muy malo al atarte con la correa del arado...

y traerte aquí, pero me alegro de que lo hiciera.

- Creo que yo también. - ¿Me quieres besar otra vez?

Por supuesto que sí.

¿Por qué te llaman Darlin’ Jill?

Me llamo Jill y cuando era pequeña todos me llamaban “darling”.

Y ahora me llaman Darlin’ Jill.

El nombre es perfecto para ti. No se me ocurriría otro mejor.

- Eres encantadora. - ¡Bésame!

¡Pluto!

¡Pluto!

¡Pluto!

¿Qué te pasa, Pluto?

Dejaste toda la sémola de maíz en la mesa.

Estoy preocupado, Ty Ty. ¿Dónde está Darlin’ Jill?

Estaba aquí hace un mo...

Se ha ido.

¡Mi albino se ha ido! El tío Felix se ha ido.

Ahora me has preocupado a mí.

¿Dónde estará, Ty Ty? ¿Se habrá caído en un agujero?

No te preocupes. La encontraremos.

No lo puedo evitar.

Hace más de media hora que se han ido.

En media hora pueden ocurrir muchas cosas.

- Por ejemplo... - Pues una cosa. No sé.

Y otra cosa, tal vez se hayan ido a otro distrito y se hayan casado.

Ahora sí que me has preocupado.

Esa chica está lo bastante loca para hacer cualquier cosa.

¡Darlin’ Jill! ¡Ven a casa! ¡La cena está esperando!

¡Te estoy esperando!

- ¡Pluto! - ¡Ty Ty!

¡Ty Ty, socorro!

- ¿Dónde estás? - ¡En un agujero!

- ¿En qué agujero estás? - En uno muy profundo.

- ¿Me tienes, Ty Ty? - Te tengo, Pluto. Vamos. Sube.

Vamos.

¿Por qué tienes que hacer los agujeros tan profundos?

¡Darlin’ Jill!

¡Darlin’ Jill!

¡Darlin’ Jill!

- ¡Dave! ¿Dónde estás? - ¡Darlin’ Jill! ¡Darlin’ Jill!

¡Lo sabía! ¡Lo sabía!

¡Se fue mi chico del pelo blanco!

¡Darlin’ Jill!

Cogió y se fue a su casa directamente.

¡Darlin’ Jill! ¡No vayas a ese pantano!

- ¡Darlin’ Jill! - ¡Espera!

¡Darlin’ Jill! ¡Darlin’ Jill!

¡Vaya por Dios!

- ¿Los encontraste? ¿Sí? - ¿Sabes una cosa, Pluto?

Bajo la pálida luz de luna, no se ve nada.

Creo que estos muchachos deberían tener sentido suficiente...

para no permitir que Ty Ty los convenza...

para hacer grandes agujeros vacíos en el suelo.

No eres más que un maldito obrero textil.

Sí, un maldito obrero.

En esa tierra hay tanto oro como la punta de mis calcetines.

¿Por qué no se van a Atlanta o a Augusta y buscan un empleo,

que les dé algún dinero cuando llega el sábado?

¿Por qué no metes la cabeza en una botella de ginebra?

Mete la cabeza en una botella de ginebra.

¡Para, Buck! ¡Tú también, Will!

¿Por qué no te vas a tu tierra, obrero?

Sí, vuelve a tu tierra.

Volveré cuando esté dispuesto a ello. ¿Por qué no me obligan?

- ¡Te obligaremos! - ¡Te obligaremos, obrero textil!

- ¡Te obligaremos a irte! - ¡Sí, te obligaremos!

- ¡Papá! - ¡Dejen esas palas!

- ¡Ven! - ¡Tú también, Shaw!

- ¡Me diste a mí! - ¡Maldito obrero textil!

Los granjeros se creen muy duros, ¿no?

¡Me encargaré de ti!

¡Ahora, Buck! ¡Vamos!

¡Dale, Buck! ¡Dale!

¿Qué demonios pasa ahí abajo? ¡Quietos!

¡No se peleen! ¿Me han oído?

¡No quiero que se peleen en mis tierras!

¡Quietos!

¡Levántate! ¡No os peleen! ¡Quietos!

¡Quietos!

¿Por qué demonios se tienen que pelear?

Va a haber oro suficiente para todos.

No nos peleábamos por el oro.

Es porque se comporta y habla como si fuera mejor que nosotros.

Cada vez que viene aquí busca pelea, papá.

Es una vergüenza que no haya paz en la familia.

Es lo que he querido tener toda mi vida.

Y si no lo consigo, les juro que dejaré el oro donde está

y volveré a cultivar algodón.

Pues dile que deje de mirar a mi esposa.

- ¿Está Griselda metida en esto? - No he dicho una palabra sobre ella.

No, no dice nada. Sólo mira. Y ya es suficiente.

Las miradas no le hacen daño a nadie, Buck.

Se está preparando para empezar algo, eso lo sé.

- Puedes estar seguro. - Griselda, vete a casa.

Buck, te lo estás imaginando. Will no anda tras Griselda.

- ¿Verdad, Will? - Aun no lo he decidido.

¡Te mato! ¡Te mato! ¡Te mato!

¡No vas a matar a nadie!

¡Ni en mis tierras ni en ningún otro sitio!

¡Y ahora sube y tranquilízate!

Se calientan aquí, en este agujero, y sólo los calmará el aire fresco.

Vamos, váyanse a casa. ¡Vamos, Shaw! ¡Vamos, Buck!

- ¡Dile que se vaya a su casa! - Sí, papá, dile que se vaya a su casa.

Buck tiene razón. Debería irme a mi casa.

Espero que no lo digas en serio.

Ahora que encontré el lugar exacto, necesito ayuda.

¡El lugar exacto!

La casa se va a caer en este hueco como sigan cavando.

Me tengo que ir a casa. Tengo que abrir la fábrica.

No estás pensando en eso. Estás pensando en Griselda.

- Pensar no es pecado. - Will, te matarás si sigues así.

Hace calor.

Sí, hace calor.

- No podía dormir. - Yo tampoco.

Supongo que acertamos al dejarnos.

Supongo que sí.

No te acerques más, Will.

Sólo te quiero tocar, Griselda. Notar el tacto de tu cuerpo.

No se quedará en eso. Sé que no.

Griselda.

Dave...

¿estás seguro de haber detectado el oro en el lugar exacto?

Vio como lo indicaba el sauce, ¿no?

Lo vi. Sí.

El sauce no miente.

¿Por qué había de hacerlo? Es totalmente científico.

Sr. Ty Ty, debería estar cultivando algodón.

Es un buen agricultor. O antes lo era.

Sr. Ty Ty, en una temporada puede cultivar más algodón...

que el oro que hallará aquí en toda su vida.

Hacer agujeros por todas partes es una pérdida total, Sr. Ty Ty.

Claro que me hubiera gustado dedicar más tiempo al algodón.

Si tuviera 20 o 30 pacas para poder pasar el invierno,

podría dedicar el resto de mi tiempo a cavar.

Pero, Sr. Ty Ty, ¿de dónde vamos a sacar comida para otro invierno?

Usaremos mi crédito como hicimos el invierno pasado.

El tendero dice que no le queda crédito ni para engrasar la nariz.

Lo siento, Felix, pero no puedo hacer nada.

Tengo que seguir cavando. Es una fiebre.

Y no puedo cortar la fiebre.

Bueno, Sr. Ty Ty, si es así,

¿por qué no va a Augusta y le pide dinero a su hijo Jim Leslie?

No le veo sentido alguno.

¿Por qué, Sr. Ty Ty? He oído que es rico.

Y nunca he oído hablar de un tratante de algodón pobre.

De todos modos, no me ayudaría.

Mi hijo Jim Leslie no me habla ni en la calle.

Y si no me habla en la calle, sé que no me prestaría dinero.

- Usted es su padre, ¿no? - Creo que sí.

Jim Leslie no ha sido un mal hombre. Ni ha sido bueno.

De hecho, casi es un desconocido. Y eso está mal.

Debería ir a verlo para mantener los lazos familiares.

Pero no puedo, Felix.

Sr. Ty Ty, si no consigue dinero pronto,

¿cómo va a mantenernos a todos en la granja?

Tendremos que irnos todos a otro sitio

para trabajar y ganarnos la vida.

- Felix... - ¿Sí, Sr. Ty Ty?

Acabo de tener una idea estupenda. Voy a ir a ver a Jim Leslie.

Es mi hijo. Es rico. Es tratante de algodón.

Y ningún hijo mío va a permitir que su familia pase hambre.

- Felix, vigila a Dave. ¿Me oyes? - Le oigo, Sr. Ty Ty.

¡Buck! ¡Shaw! ¡Preparen el carro!

¡Vamos a Augusta! ¡Vamos!

¿Qué va a hacer? Sabe que no me voy a escapar.

Nunca en mi vida había estado tan contento.

Hijo, levántate de ahí y camina.

No tengo que hacer lo que usted diga.

No soy yo quien habla, chico. Es la escopeta.

Levántate y camina. Y vete directamente a tu casa.

Vuelve al pantano.

No me va a disparar, ¿verdad?

No le voy a disparar a nadie, hijo. Pero es posible que la escopeta sí.

Pero no me quiero ir.

Lo siento. Pero te tienes que ir. Sólo así podré salvar la granja.

¡Y ahora vete!

¡Es la casa de Jim Leslie! ¡Dios mío! ¡Miren eso!

Ya estamos dentro.

Ahora que estamos dentro, no nos podrá echar.

Miren qué cosa tan bonita.

¡No la toques, Darlin’ Jill!

Está todo tan brillante...

Parece que le han untado grasa de ganso.

Sí.

Lo limpian y limpian todos los días del año.

Ten cuidado.

Jim Leslie vive con mucho estilo.

Estoy muy orgulloso de lo bien que le ha ido a mi hijo en el mundo.

¡Ah, qué bonito!

Es tan grande como el marco de una ventana.

Casi tan bonito como los nuevos letreros de Coca-Cola...

que han puesto en la carretera a la entrada de Georgia.

¡Ah, Señor! El tiempo y la paciencia que habrá llevado hacerlo.

Y las hojas de los árboles casi parecen de verdad.

De verdad que sí.

Pero, ¿para qué quieres un cuadro?

Te gastas medio dólar en gasolina y te vas al bosque a verlo.

¡Jill! ¡Deja eso!

¡Mira lo que hiciste!

Eso vale más dinero del que le íbamos a pedir.

Recojan todos los pedazos.

- Buenas noches, hijo. - ¿Qué hacen aquí?

Hijo, sé que te alegras de vernos. No finjas que no.

Tiene gracia que no haya oído el timbre.

En mi familia no tocamos el timbre. Simplemente entramos.

Así es como lo hacemos en mi familia. Nunca lo hemos hecho de otro modo.

Nadie tiene que llamar a mi puerta,

ni tocar un elegante timbre para entrar en mi casa.

- ¿A qué has venido, papá? - Es importante, hijo.

Dinero, supongo. ¿Por qué no lo excavas de la tierra?

¿Te parece bonito hablarle así a tu único padre?

Pero es por lo que has venido, ¿no? ¿No es así?

No. En absoluto.

Sólo necesito los medios para comprar...

comida y semilla para mis aparceros,

para poder cavar otros 6 metros y localizar el oro de mi abuelo.

Allí no hay oro. Y tú lo sabes. Lo sabes tan bien como yo.

O deberías saberlo. Llevas 15 años cavando.

Estarás haciendo agujeros el día que te mueras.

Está bien, ahí tienes el dinero. Cógelo y vete a casa.

Algo se te metió en el cuerpo, Jim Leslie.

Y a una edad temprana. Eres distinto a nosotros.

No sé por qué.

Te comportas como si te avergonzaras de mí.

Y no veo cómo es posible siendo tu padre.

Finges no saber quién soy ni de dónde procedes.

Pues lo siento por ti, hijo.

Te casaste con una viuda,

no porque la amaras y tuvieras que casarte con ella,

ni porque te pillara su padre haciendo lo que no debías...

No, te casaste para hacerte con una casa y una fortuna.

Tu esposa ha muerto y lo único que te queda...

es un montón de platos que se rompen.

Bueno, hijo, supongo que es mejor que nos vayamos.

Papá, ¿por qué no te sirves un trago?

No bebo, hijo.

Hay comida recién hecha en el comedor.

- ¿Por qué no se sirven? - No me importaría.

Tú, también, Darlin’ Jill. Griselda. Entren.

¿Es ése el comedor? ¿Ahí, al fondo?

- Exacto, papá, ahí al fondo. - Tengo hambre.

Griselda, un día que vengas a la ciudad, ven a verme.

Este es el teléfono de mi oficina. Quiero que me llames.

- No puedo hacerlo. - ¿Por qué?

Porque no está bien. Por eso.

Te voy a buscar igual, Griselda. Vendrás a verme.

No vendré.

Seguro que es tu único par de zapatos.

Ven a ver a Jim Leslie y te comprará toda la zapatería.

Si no vienes a verme, iré yo a verte allí, ¿me oyes?

Iré a aquella pocilga y te traeré a esta casa.

No amas a Buck. Si lo amaras, ya tendrían cuatro hijos.

Tienes que dejar de agarrar y sobar a Griselda.

Tengo que pedirte disculpas en nombre de Jim Leslie, Griselda.

Mi familia no es conocida por la cortesía con las mujeres.

Somos empecinados en ese aspecto. Vámonos.

Un día cualquiera iré allí a buscarte, Griselda.

Gracias por el dinero, hijo. Considéralo un préstamo.

¿Lo has conseguido, papá? ¿Lo has conseguido?

Sí, creo que sí. Mira este enorme fajo de dólares.

Papá, ¿sabes que me gustaría comprar ahora?

Me gustaría comprarme una chamarra.

- ¿Para qué? - Porque va a llover, papá.

No puede llover ahora.

No quiero que llueva durante algún tiempo.

Tengo que cavar en aquel agujero y bajo el agua no cavo muy bien.

Sí, papá, pero supongamos que llueve. Me gustaría ponerme una chamarra.

Si llueve, te desnudas y dejas que la piel se encargue del resto.

Además, Dios aun no ha hecho un chubasquero...

mejor que la piel humana. Vámonos.

Tengo un poco de sed.

¿Paramos en la ciudad para tomar una cerveza rápidamente?

Creo que no mostraríamos el respeto apropiado...

al dinero de Jim Leslie, gastándolo en un bar.

- Sólo una cerveza, papá. - Una cerveza, papá.

No he entrado en un bar en mi vida, y no voy a empezar ahora.

Bueno, esperas en el carro, papá.

¡Eh, guapo! Sí, tú, el del sombrero elegante.

¡Eh, grandullón! ¡Anciano!

- ¡Ah, grandullón! ¿Me llamas a mí? - ¡Hola, abuelo!

¡Eh, abuelo! ¿Quieres bailar conmigo?

¡Vamos! ¡Vamos!

Llamen a los otros para que pongan el carro en marcha.

¡Estamos en una calle de pecado y vergüenza!

¡Venga, papá! ¡Sube allí y cuéntanoslo!

Vamos, hagan lo que les he dicho. Saquen a los hombres de ese bar.

Eh, abuelo, ven a invitarme a una copa.

¡Vamos, abuelo!

Ya sé qué es lo que te pasa. ¡Eres tímido!

¡Déjeme en paz, mujer! ¡Griselda, sácame de aquí!

- Deja a mi padre en paz. - ¿Tu padre?

¿Quién creías que era?

¿Y a que viene eso de tocar el claxon bajo mi ventana?

Discúlpeme, señora, pero sólo quería que mi familia saliera del bar.

Me has hecho venir aquí abajo para nada.

Te voy a demandar, tacaño.

¡Ah, papá!

¿Quieren salir de una vez?

¡Venga! ¡Déjame en paz!

- ¡Vamos, Buck! - Estoy bien. Déjenme en paz.

¡Me encuentro bien! ¡Déjenme en paz!

Ayúdame a meterlo en el coche.

Intentó tirar a Will encima de la mesa.

Esto es lo que le puede hacer un bar a un hombre.

- Sí, papá. Sólo bebí una cerveza. - Es todo cosa del demonio.

Puede ocurrir en el patio de mi casa. Pero no me ha ocurrido nunca.

Traigan a Will y a Rosamund y nos vamos.

¡Will! ¡Will Thompson! ¡Y Rosamund!

¡Vengan! ¡Vamos, Rosamund!

¡Dame el poder! ¡Conectaré la corriente!

¡Dame la vida eterna! ¡El poder!

¿Cómo estás, guapa?

¡Eh, Will, quítale las manos de encima!

¡Besaré a mi novia todo lo que quiera!

- ¡Quítale las manos de encima! - ¡Apártate de ella!

Lamento haber tenido que hacerlo, hijo.

Rosamund, Will y tú van a tener que volver a Peachtree Valley.

Parece que no soy capaz de tener a mi familia unida.

Ah, hola, Darlin’ Jill.

Los he estado buscando por todas partes.

El tío Felix me dijo que habías ido a casa de Jim Leslie.

Fui a ver a Jim Leslie y me dijo: “Ve al primer bar que encuentres,

y estarán allí gastando mi dinero”.

Me ha caído bien ese Jim Leslie. Ya tengo su voto.

¡Ah, tontorrón!

Jim Leslie no vive en el distrito apropiado para que su voto cuente.

¿Es cierto eso?

- Pluto, cuánto me alegro de verte. - ¿Es cierto eso?

- Has llegado en el momento justo. - ¿Ah, sí?

Darlin’ Jill y tú van a llevar a Will y a Rosamund a Peachtree Valley.

- No... otra vez no... - Venga, Pluto, vamos.

Vamos, Will. Te ayudaré.

Ty Ty, hoy voy a pulsar el interruptor y a iluminar el mundo entero.

Sí, Will, sí. Hazlo, cariño. Todo irá bien.

- No me hables como si fuera un niño. - No, no es eso, cariño.

Voy a pulsar el interruptor y voy a iluminar el mundo.

¡Déjame en paz!

Voy a pulsar un interruptor e iluminar el mundo entero, Ty Ty.

Papá, me da miedo volver a casa. Will no es el de siempre.

Nunca ha sido tan violento. Sé que va a hacer algo.

Llevo seis meses viviendo día a día esperando que mañana cambie,

pero ahora necesito ayuda, no puedo hacerlo yo sola.

Griselda, eres la única a la que posiblemente haga caso.

Rosamund, Griselda no puede ir, cariño.

Papá, por favor. Por favor, haz que Griselda me escuche.

Te compadezco, hija, pero Griselda tiene que decidir por sí misma.

- Griselda... - No me pidas eso.

- ¿A quién se lo puedo pedir? - ¡Buck odia a Will!

- ¿Tú también lo odias? - No, sabes que no.

Lo quieres... igual que yo. Por eso tienes que ayudarle.

Griselda, por favor, te lo ruego. ¡Por favor! ¡Por favor!

De acuerdo. Iré. Estaré contigo hasta que esté sobrio.

Gracias, Griselda.

Gracias.

Nos veremos cuando vuelva, Ty Ty.

Sigue durmiendo, gracias a Dios.

Es de noche y he perdido otro día. No he conseguido un solo voto.

Tengo que irme a casa.

Además, este helado se está poniendo demasiado frío para comerlo.

Espera un ratito más. Hasta que se despierte.

Le gusta mucho el helado de melocotón.

Yo también me tengo que ir. Buck se pondrá como loco.

Quédate un rato. No quiero quedarme a solas con él.

¿Le tienes miedo a Will? ¿A tu propio esposo?

Creo que sí...

por la manera como se comporta últimamente.

Esperaste hasta que me despertara, ¿verdad?

Sí, Will.

Hoy conectaré la corriente.

Will, ¿no quieres helado de melocotón?

Nunca has trabajado en una fábrica de algodón, ¿verdad, Pluto?

No, señor. Me tengo que ir a casa. Tengo que ganar las elecciones.

Es muy importante, Will.

¿Sabes lo que pasa en la ciudad de una compañía...?

¿cuando no hay trabajo?

- No, señor. - Te lo voy a decir.

¿Alguna vez has cazado un conejo,

y al acercarte a cogerlo...

y levantarlo en la mano, notas que le late el corazón como...

como... ¿no-sé-qué?

¿Lo has hecho?

Pues yo sí. Yo sí.

- Will, ¿a dónde vas? - A conectar la corriente.

¡No! ¡No! ¡Deténganlo! ¡Deténganlo, por favor!

Hola, Will. ¿Qué vas a hacer?

Voy a abrir la verja por la fuerza y voy a conectar la corriente.

¡Will, no lo hagas. ¡Te meterás en un lío!

Abriré la fábrica. Se lo prometí a todo el valle.

¿No lo entiendes? No lo puedes hacer tú solo.

- ¡Te van a matar! - ¿Te importa?

¡Claro que me importa! Te habría esperado.

¡Te esperaré toda mi vida! ¡Te esperaré!

Toda mi vida es ahora. No me cierres las puertas, Griselda.

No te las cerraré, Will. No.

Hacía mucho tiempo que no veía el interior de esta fábrica.

Aquí ya no hay nada, Will.

Está todo aquí, igual que el día que me fui.

Desperdicios. Sólo desperdicios.

Griselda, con la corriente, vibra todo el valle.

Hay carne y patatas en todas las mesas.

Y la gente recuerda cosas graciosas para reírse.

Cuando se apaga, el valle está muerto. ¿Entiendes?

¿Entiendes por qué tengo que conectar la electricidad?

He pasado demasiado tiempo hablando de ello.

Hace falta un hombre para hacerlo, no un parlanchín.

Mirarte hace que me vuelva a sentir como un hombre.

- ¿Cómo te puedo ayudar, Will? - Mírame. Sigue mirándome.

- No, Will. - Hablas como Rosamund.

- Ambas te amamos, Will. - Entonces, ayúdame.

Si no lo hago ahora, no lo haré nunca.

Haré lo que quieras, pero vámonos de aquí.

- Nunca había estado tan cerca. - No pienses en eso. Piensa en mí.

- Tienes que volver a casa. - Sin ti, no iré.

Vuelve a casa.

¡Will!

¡Es la fábrica!

¡Es la fábrica! ¡Ha conectado la electricidad!

- ¡Es una locura, Will! - ¡Vete a la cama, Claude!

¡Me costará el empleo! ¡Es mi empleo, Will!

¡Es mi empleo, Will! ¡Perderé mi empleo!

¡O bajas o te...!

No te quería hacer daño, Will.

¡No quería! ¡No quería!

¡Es mi empleo, Will! ¿Quién le dará trabajo a un viejo?

¿No lo entiendes? ¡Es mi empleo!

¡Maldito seas, Will Thompson! ¿Por qué me has hecho esto a mí?

¡Lo sé!

Shaw, dales a todos un vaso de agua fresca, ¿me oyes?

Rosamund, ¿por qué no te sientas en el porche y descansas un poco?

¿Qué te pasa?

- ¡Quiero saber qué te pasa! - Nada.

Te comportas como si enterraran a tu marido...

- en lugar de ese obrero textil. - Por favor.

¿Por favor, qué?

- No quieres que hable de ello, ¿eh? - No hay nada que hablar.

Deberías tener un poco de respeto por Rosamund.

¿Qué te importa Rosamund? ¿Por qué tuviste que ir detrás de él?

Griselda y yo tenemos que preparar la comida.

En esta casa no comerá nadie hasta que me dé una respuesta.

Te he hecho una pregunta. ¿No sabes hablar?

Sí, sé hablar, pero éste no es el momento.

Es una pena que sólo se pueda matar a un hombre una vez,

o yo mismo iría a buscarlo con una pistola.

Me hubiera gustado matarlo.

Mira lo que has hecho. Debería darte vergüenza, Buck.

Tú cállate. No pareces avergonzarte por nada.

Las dos son iguales. ¡Un par de mujeres fáciles!

Si no eres lo bastante hombre para retener a tu esposa,

a mí me daría vergüenza admitirlo. Ocultaría la cara en algún sitio.

- ¿Qué has dicho? - ¡Buck!

¡Will ha muerto! ¿No es bastante castigo eso?

Esto pasa continuamente

y nos alejamos más y más de la vida feliz.

¡Papá! ¡Eh, papá! Tengo aquí el agua, papá.

Deberíamos sentarnos todos y pensar un poco sobre la vida.

Y sobre cómo vivir.

Dios no nos ha puesto aquí para nos peleemos continuamente.

No quiero oír nada más sobre Dios.

Si no nos queremos un poco más,

tendrás mucha tristeza en el corazón, hijo.

Toda mi vida me esforcé por tener una familia pacífica...

bajo mi techo...

Si no pelearas y aprendieras a sonreír y a reírte un poco...

Hablas como un viejo tonto.

Tal vez te lo parezca.

Pero cuando notas a Dios en el corazón, no puedes pelear.

¡Dios, Dios, Dios! ¿Qué ha hecho Dios por ti?

No pienso como Buck exactamente,

pero aun no sacamos un centavo de la tierrita de Dios.

Parece que no lo entienden, chicos.

No importa que consiga dinero de la tierrita de Dios,

sino que pueda caminar sobre ella, estar en ella,

y notar que Dios está allí.

¿Qué tiene que ver todo eso con Griselda y conmigo?

Parece que sólo piensan en lo que pueden ver y tocar.

Eso no es vivir.

Las cosas que sentimos en nuestro interior... para eso es la vida.

Y se te preocuparas más por lo que Griselda siente en su interior,

ningún otro hombre podría tocarla.

A eso quería llegar antes de que empezaras a hablar como un tonto.

¿Qué hubo entre Will y tú antes de que muriera?

¿Cómo te sentirás mejor si te lo dice?

Quiero oírselo a ella. Tengo derecho a eso, ¿no?

- No me da miedo decírselo, papá. - No, no le digas nada.

- ¡No te metas en esto! - ¡Buck!

Yo, en tu lugar, esta noche, antes de irme a la cama,

me arrodillaría en la oscuridad e intentaría hablar un poco con Dios.

Te puede decir cosas que nadie más te puede decir.

Y tal vez pueda decirte cómo te debes comportar con Griselda.

Te lo dirá si le das tiempo y te molestas en escuchar.

Y si hay algo en el mundo que lo vuelva loco,

es ver a un hombre y a una mujer enamorados.

Y perdonar es también amar.

Cuando ve eso, sabe que el mundo funciona estupendamente.

Buck marchará bien cuando madure un poco.

Trata de ser paciente con él hasta que viva un poco más.

Algunas personas tardan casi toda una vida en aprender algunas cosas,

y Buck es muy joven.

- Me temo que nunca aprenderá. - ¿Qué hay que aprender?

Will no era más grande que yo, y tampoco era más fuerte.

Podía tumbarlo cualquiera mañana antes de desayunar.

Su aspecto no era lo que lo hacía distinto.

Sino cómo estaba hecho por dentro.

Podía sentir cosas... y tú no puedes.

No me puedes engañar hablándome así.

Quiero saber qué hicieron Will y tú a mis espaldas.

- Pluto, tú estabas allí, ¿qué pasó? - No mucho.

- ¿Qué quiere decir "no mucho"? - No mucho quiere decir no mucho.

¿Te quedaste sordomudo y ciego el día que fuiste a Peachtree Valley?

Oye, Buck, estuve en aquella casa todo el tiempo que pasamos allí.

No vi nada más emocionante que café, pastel...

y helado de melocotón.

Cuando sonó la sirena, todos supimos que Will había muerto.

Y es un hecho.

Ahora que eso está aclarado, vamos a cenar.

Vamos, Rosamund.

Descansaremos bien esta noche, y mañana todo parecerá distinto.

Yo me voy a Augusta. ¿Quieres que te lleve, Griselda?

Tengo una casa grande y vacía.

También tengo sitio suficiente para ti, Rosamund.

Escucha, hijo, quédate a cenar si quieres,

pero si estás tan ansioso por volver a Augusta, vete,

pero no tientes a las chicas. Se quedarán aquí.

Creo que todos han aprendido la lección.

Lo único que han hecho aquí...

son montones de tierra y agujeros vacíos.

Pienso encontrar un filón pronto.

Llevas años diciendo lo mismo. La edad no te ha dado más sentido.

Tengo más del que crees, hijo.

Detesto el olor de este lugar. Lo detesto desde que nací.

Te vienes conmigo a Augusta, Griselda.

Tendrás ropa nueva, un coche nuevo, y mucho dinero para gastar.

- Entra en casa, Griselda. - Puedes venir conmigo...

¡Quítale las manos de encima! ¡Te mato! ¡Te mato!

¡Papá!

¡Papá! ¡Papá!

No contaba con que me golpeara.

Fue como si me tragara la tierra.

Me parece que estoy enfermo. No me puedo levantar.

No hables así, papá. No hables así, papá.

Toda la culpa es mía, Shaw. Cavando en busca de oro.

Cavando sin prestar atención a mis hijos,

hasta que son lo bastante grandes para matarse unos a otros.

No, papá...

Señor, dame fuerzas.

Papá, por favor... Por favor, papá...

- ¡Buck! - ¡Suéltame el brazo!

No quiero a ninguna mujer que no pueda retener por mí mismo.

Si te quieres ir con Jim Leslie, vete.

Yo sólo soy el hombre que estaba a mano

cuando decidiste buscar esposo.

Vete de aquí. Sube a tu coche, Jim Leslie.

Y vuelve a Augusta, donde debes estar.

Si vuelvo a ver tu cara por aquí, seas mi hijo o no lo seas...

Muy bien, Shaw.

Vamos, Rosamund.

Darlin’ Jill, Pluto,

Griselda.

Entren en casa, hagan la cena, y duerman toda la noche.

Tal vez mañana sea un buen día.

Muy bien.

Dios, dame fuerza

para estirar los brazos hasta el fin de mis campos,

y llenar los agujeros y dejar llana la tierra.

Salva a mis hijos y no volveré a hacer un agujero,

excepto para plantar semillas para que crezcan cosas.

¡Eres un shérif grande y apuesto!

Y tú eres la futura esposa de un shérif grande y apuesto.

- Plantas bien, Shaw. - Al menos planto.

¡So!

¿Qué tenemos para cenar, cariño?

Lo mismo que ayer, Buck. Grasa de tocino con maíz.

No me importa. Sólo quiero que me atienda una mujer hermosa.

¡Alto! Ten...

¿Qué pasa, Sr. Ty Ty?

El arado ha tropezado con algo muy duro.

- No es más que una roca, Sr. Ty Ty. - ¡No es eso!

- Ha sonado a metal. Lo juro. - ¿Qué has encontrado, papá?

¡Lo presiento! ¡Lo presiento!

¡Denme espacio!

Sólo es una pala vieja, Sr. Ty Ty.

Mira qué pala.

Seguro que tiene 100 años.

Seguro que mi abuelo utilizó esta pala para enterrar el oro.

Es una señal del Señor.

Sr. Ty Ty, si queremos tener cosecha este año,

todavía nos queda mucho por arar.

Creo que no perderíamos mucho tiempo...

si dedicara este día a darle otra oportunidad al oro de mi abuelo,

¿eh, Griselda?

¡Vamos, mula!

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