All language subtitles for 02 les lettres de mon moulin.1954. Macel Pagnol ESP.DVD2(01 07)-es

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Original subtitles

CARTAS DE MI MOLINO 2

Esta pel�cula llega desde el Mediod�a de Francia, regi�n donde nac�.

Les trae el calor de la tierra de la Provenza, donde viv�,

trabaj� y tuve el gran placer

de realizar Marius, Fanny, C�sar,

Tempestad de almas, Manon del manantial.

Esta vez, retrocedo un siglo.

Descubr� nuevas fuentes de alegr�a en cuatro historias

impregnadas del esp�ritu y la ternura de los Provenzales.

Estas historias �y muchas otras!

Fueron escritas en un viejo molino de viento.

Las publicaron en un peri�dico, el siglo pasado,

bajo el t�tulo: Cartas de mi molino,

de uno de los autores m�s encantadores de su �poca:

Alphonse Daudet.

Durante un a�o, Daudet recorri� el campo donde naci�,

para recopilar an�cdotas.

Aprendi� a amar cada d�a m�s a su Provenza.

Las cartas de mi molino reflejan la ternura por su tierra.

Yo he ilustrado cuatro de estas "cartas"

Espero que disfruten la pel�cula,

tanto como yo, cuando la realic�.

Las Cartas de mi Molino

seg�n la obra de Alphonse Daudet

Las Tres Misas

La Estrella de Navidad en los caminos del cielo,

all�, hacia el peque�o establo,

palidece de terror viendo esta confusi�n...

Abuela...

�Abuela!

�Qui�n me llama?

�Toinet!

El sacrist�n, Toinet Darigou, tu nieto.

�No es verdad!

Ay, abuela, �no reconoces mi voz?

Tu voz quiz�, pero yo s� d�nde est� Toinet:

est� sirviendo la misa en la capilla del castillo de Trinquelage.

Deber�a estar, pero no estoy.

�Vete de aqu�! No hay nada que robar.

Abuela, escucha, tengo que hablarte.

Est� pasando algo terrible.

Terrible o no, yo estoy sola en la granja,

y no abrir� la puerta.

Qu� le voy a hacer. Entrar� igual.

�Jes�s, Mar�a y Jos�!

Abuela, no te des mal rato:

no vengo a hacerte da�o.

Adem�s, �c�mo lo har�a? No tengo cuerpo.

Toinet... �est�s muerto?

No, pero...

casi...

Quiz� no lo sabes, pero est�s muerto.

�Yo veo a trav�s tuyo!

Esta ma�ana, iba caminando por el bosque,

para poner unas trampas a los tordos.

�Y qu� veo all�?

A un vendedor ambulante, frente a una piedra plana,

con un mazo de cartas entre las manos.

Y �l me dijo: "Buenos d�as amigo...

"�Jugamos una partida?"

�Entonces te conoc�a bien!

Espera.

En 1 hora, le hab�a ganado 50 c�ntimos.

A medio d�a, ten�a 12 libras m�s.

A las 3, ten�a 24 libras.

�Y lo perdiste todo!

De golpe, sobre la piedra plana,

vac�a una peque�a bolsa de monedas de oro.

Yo hubiera desconfiado.

Y me dice: "Esto es lo que te propongo:

"si ganas, agarras el oro y te vas.

"Si pierdes,

" me dejas servir las 3 misas en tu lugar,

"en la capilla de la iglesia".

�Mil libras por servir la misa?

Seguro que eran monedas falsas.

Le dije: de acuerdo. Tomo las cartas.

Y �l me dijo: "espera.

"Garrigou, �juras por tu salvaci�n eterna,

"que si pierdes, me dejar�s servir la misa en tu lugar?"

�Por la salvaci�n de tu alma?

Eso es grave.

Yo s�. Es por eso que... dud� un poco.

Pero luego pens�: �l no sabe jugar,

pierde todo el tiempo, �qu� arriesgo?

Jur�, jugu�...

- Y perd�. - Estaba segura.

Pero eso no explica, por qu� te ves as�, como humo.

Es que ahora empieza lo peor.

Porque de golpe, se levanta y me dice:

"Pr�stame tu cuerpo".

�Qu� quieres decir?

"Me tienes que prestar tu cuerpo y tu ropa,

" para que Don Balaguere me acepte".

Eso no quiere decir nada.

Yo le dije:

�Pero c�mo puedo prestarte mi cuerpo?

Entonces lanza una carcajada, y dice:

"No te preocupes, eso se har� solo.

"Garrigou, has jugado a las cartas con el diablo.

"Has jurado sobre tu salvaci�n eterna

"y has perdido.

"Me perteneces hasta el fin de las 3 misas rezadas".

�Dios m�o, era el diablo!

�Santa Mar�a, prot�genos!

No la molestes. Es demasiado tarde.

Porque me dice:

"�Ya est� bien, vamos, emp�jate!"

Y el vendedor desaparece.

Y yo siento que alguien entra en mi piel,

me empuja y me hace salir.

Y yo me encuentro fuera de mi cuerpo.

Y veo a Garrigou que se aleja.

Entonces lo sigo llorando,

y le digo: �al menos no vas a hacer da�o?

Y dice: "Voy a servir 3 misas rezadas".

Y le digo: �pero despu�s me devuelves mi cuerpo?

Y dice: "�y qu� otra cosa har�a?

"Estar� en el castillo, sobre la mesa de la cena de Navidad,

"echado, como el buen borracho que eres.

"S�lo tendr�s que entrar, como si te pusieras un traje.

"Sobre todo, ven a la una y media en punto,

" para que no tenga tiempo de enfriarse".

Dios m�o...

"Te advierto,

"Si tratas de seguirme,

"encontrar�s a tu cuerpo: ciego, sordo, rengo,

"jorobado y chalado".

Y se r�e,

con mi rostro,

y se va

con mis pies.

Ya llegaste, Garrigou.

Buenas noches, Cocinero.

Ven�a a ver qu� taI van los preparativos.

No van mal, como puedes ver.

�Qu� bien huele!

�Cu�ndo estar�is listos?

A medianoche y tres cuartos, es la orden del Marqu�s.

- �No cre�is que es un poco tarde? - �Por qu�?

La misa, �no comienza a medianoche?

S�, claro.

�No habr� 3 misas rezadas, como de costumbre?

S�, es la tradici�n.

La noche de Navidad, un mismo capell�n, ha de rezar 3 misas seguidas.

- Entonces, tenemos tiempo. - No tanto.

No tanto, porque una misa rezada, pasa r�pido,

y como nos sirvas los pavos a�n con sangre...

�Ni lo menciones!

Sobre todo el capell�n, que es tan goloso, esa es su debilidad.

�En especial los pavos!

�Y por las truchas!

Si tienen un minuto de m�s o de menos, a �l le da un soponcio.

Para ti, es halag�e�o, trabajar para un experto.

- �Es el primer aviso? - As� es.

Ir� a vestir al capell�n. Hasta luego.

Hasta luego.

Venga, hijos. Venid.

Seguiremos las misas.

Como fui monaguillo durante 5 a�os, conozco bien la misa.

S� el tiempo que dura.

Ir�s a la capilla y me avisar�s cada 10 minutos.

Ajustaremos el fuego, seg�n su rapidez.

Anda, ve. Y t�, ve con �l.

Por el guiso y las truchas, estamos bien.

Pero a los pavos, hay que ensartarlos en el asador.

Vamos, a trabajar.

Pero...

�Las truchas est�n a�n vivas?

S�, reverendo.

Son as� de largas y salmonadas.

Hay un mont�n sobre la mesa...

Mueven tanto la cola, que algunas caen al piso.

�Perfecto! La trucha debe ser fresca.

Debe saltar del r�o a la cazuela.

El cocinero las asar� en un lecho de hinojo.

��l no tiene un pelo de tonto!

As� hacen los salmonetes en Martigue.

Cuando era Vicario en Martigue...

Bueno, en fin...

No es el momento de caer en el pecado de la gula. No hablemos m�s.

Sin embargo, me parece que hoy...

El soberano juez, hoy ser� menos severo.

La cena de Navidad, es casi sagrada.

�No os parece, Reverendo?

Sagrada, no...

Pero la verdad, en cierta manera,

es un �gape tradicional.

El men� es tradicional.

Hace rato, al pasar, ol� un guiso de liebre...

Hoy es un gran d�a, Garrigou.

El aniversario 1725

del nacimiento de nuestro se�or Jesucristo.

�No me estrangules!

�Y las liebres... estaban gordas?

No, reverendo.

Era un guiso de 4 liebres j�venes.

Mucho mejor. Una liebre grande como un perro, es una herej�a.

Por m�s que se marine, estar� dura

y muy seca.

�Llenaste las aceiteras?

S�, reverendo.

Las liebrecillas que vi,

ten�an una carne roja, un poco oscura,

con un tira de grasa fina.

Las marinamos en vino de borgo�a.

Un vino de 15 a�os, con una copa de co�ac.

Y se est� cociendo a fuego lento...

Cuando levant� la tapa,

recib� una nube de vapor...

�que hubiera alimentado a un pobre!

�Y viste si hab�an puesto tocino?

S�, reverendo:

la carne entre dos pedazos de grasa.

Me parece verlo.

�Qu� ridiculez, hablar de estas cosas en una sacrist�a!

Y en semejante momento.

Me conmueve eI hecho de pensar que yo, pecador indigno,

voy a celebrar de nuevo, las 3 misas rezadas,

frente a toda la nobleza del pa�s.

Reverendo, el Marqu�s llegar� en 5 minutos.

Bien, lo esperaremos.

Le avisar� su llegada.

Se lo agradezco.

Con tal que el pillo del cocinero haya puesto ajedrea.

S� le puso, reverendo.

Hab�a un ramillete sobre la mesa.

Pero... �fresca o seca?

Fresca, reverendo, fresca.

Fueron a buscarla esta ma�ana, al barranco de Rodonou.

Oled esta brizna, reverendo.

�Y pensar que en el norte pocos conocen la ajedrea!

El guiso sin ajedrea, es una crema con vinazo.

Ya hablaremos...

Nuestro Salvador a�n no ha nacido.

La Santa Virgen y San Jos� est�n recogidos en el establo.

La Virgen gime en el pesebre, entre el buey y el asno.

Ella ignora a�n que en el desierto de Judea,

los reyes magos avanzan en sus camellos blancos,

siguiendo a la estrella que los conduce hasta ella.

Garrigou,

imagin�monos en Bel�n,

tenemos que arrodillar el alma en el esti�rcol,

y adorar simplemente

a aquel que naci� pobre entre los pobres.

�l nos mostr� con su ejemplo,

que la virtud m�s grande, es la humildad.

Y le han puesto tambi�n en las perdices.

�Perdices, has dicho?

S�, en fricas�...

�Est�n bien gordas, al menos?

Tan gordas, que no s� c�mo pod�an volar.

�Y la salsa? Porque una perdiz, vuela sola,

pero en la olla, hay que acompa�arla.

�Qu� tiene como salsa, cu�l es el cortejo?

- Colmenillas... - �Las has visto?

Las vi y hasta las olfate�.

Esperad un segundo, reverendo... Tened.

Oled esto.

Qu� grande es Dios...

Colmenillas cocidas en la grasa de las perdices.

�No habr� puesto ajo?

No, reverendo... Lo hubiera sentido.

Porque eso ser�a un crimen.

- �Y qu� otra cosa viste? - Pavos.

Claro, pavos... naturalmente. Me lo esperaba. �Cu�ntos?

- 12. - �12 pavos?

�Rellenos, quiz�?

Con tordos.

Rellenos con tordos... �Qu� idea m�s bonita!

Y eso no es todo, dentro de cada tordo:

una trufa.

�Una trufa! �No ser�n blancas?

No, reverendo, eran m�s negras que una oliva negra.

Tened... tened...

He robado una rodaja.

S�, s�, no, no, ya me hablar�s m�s tarde, t� sabes...

Las trufas son mi debilidad.

Rob� una rodaja, s�lo por el olor.

- Oled esto... - No, Jes�s m�o.

No, ahora no.

No, eso no... Voy a decir 3 misas... Oh no...

Me pregunto si uno est� en ayuno cuando respira este aroma.

No, �mi casulla! Mi casulla.

Comprende, Garrigou, ese es mi pecado.

Siempre he tenido una fe sincera.

Siempre am� a los pobres,

la carne, ya no me atormenta.

Sacrifiqu� todo en mi vida, por amor a Nuestro Se�or Jes�s.

Pero para m�, el peligro est� ah�.

Ese hueco debajo de mi nariz que uno no puede llenar de una vez.

No deb�as haberme hablado de eso.

T� lo sabes.

Ves, eso me hace salivar...

�Y este olor a trufa que huelo por todos lados ahora!

�Y el Marqu�s no llega!

Eso, reverendo, es lo m�s grave.

�Lo m�s grave?

Reverendo, �cu�nto duran 3 misas rezadas?

Una buena hora. �Por qu�?

Porque el guiso puede esperar. Pero las perdices...

est�n en el fuego.

Pero, se han apresurado.

Y los pavos, llevan ya 10 minutos.

�Ya est�n as�ndose?

Espera: 1 hora y 10 minutos...

Va a ser demasiado tiempo para los pavos.

Y si se les retira del fuego, estar�n fr�os.

�Eso es un problema!

Que no, vamos. Es un peque�o problema.

Hay cosas importantes en que pensar,

recoj�monos un instante.

�Qu� est�s haciendo?

Estoy preparando el incensario.

Un segundo.

Ya est�.

Y por los vinos...

Por los vinos, no s� qui�n los eligi�, pero son estupendos.

Cada botella tiene dos dedos de tierra.

Con tal que lleguemos a tiempo.

Cuando pienso que esos pavos ya se est�n asando.

Este olor a trufa que me persigue, es...

�Y el Sr. Marqu�s que no llega!

Reverendo,

si quer�is, puedo esconder el reloj de arena al pie del atril.

Y con la campanilla,

avisaros si estamos atrasados o adelantados.

Buena idea. A veces llego a atrasarme.

Una misa, sobre todo una misa rezada, no es una letan�a.

Debe lanzarse al cielo con toda la fuerza de la fe.

El Sr. Marqu�s ha llegado.

Gracias.

A prisa. No hagamos esperar al Marqu�s.

�Ni a los pavos!

- �D�nde est�n? - El Sanctus de la primera.

Despu�s del Sanctus viene el Agnus Dei, el Evangelio,

la Ep�stola y la Elevaci�n.

Los pavos, con 2 misas y media, ser� suficiente.

�Y las truchas?

Las gordas, durante el Agnus Dei de la segunda misa.

Por las peque�as, esperad la Ep�stola.

Ve a vigilar.

�No va muy r�pido?

La verdad, no lo he notado.

�Qu� pens�is, Brangui�ne?

La Sra. Baronesa, piensa que va muy r�pido.

Mejor, acabar� antes.

Dominus Vobiscum.

Ite missa est.

Deo gratias.

La segunda misa ha terminado.

�C�mo que ha terminado? �Mira el reloj!

Dijo: " Ite missa est' y empez� la �ltima.

�No es posible! �Las truchas, r�pido!

Ramos de sarmiento para el asado. �Nunca estaremos listos!

�Vamos! �Vamos!

Creo que salt� el Padre Nuestro.

Pues, como es la tercera misa, creo que importa menos.

Tengo un hambre horrible.

Huele a ajedrea.

Seguro que habr� conejo guisado.

Claro que no, es guiso de liebre...

con tocino.

Controlad vuestros modales, os lo ruego.

�No sent�s que huele a trufa?

S�, monse�or. Un olor a trufa quemada.

Parece venir de las cocinas.

Vos me inquiet�is.

A m� tambi�n me inquieta, mi se�or.

Si las trufas se han quemado, las aves estar�n maltrechas.

Casi ha terminado.

�Estamos deshonrados!

Salt� el Credo y el Pater.

Comenzar�n por el guiso.

�Jam�s! Servid el vino, el pat� y las olivas.

Las truchas, ponedlas en la llama.

Y para los pavos, �un fuego infernal! �Infernal!

�Otra trucha, reverendo?

No, Garrigou, no.

Bastante vino blanco y despu�s, la liebre.

No tardar�, reverendo.

Capell�n, tiene mucho apetito.

Piense Sra. Marquesa, que para tener derecho a decir las 3 misas,

no hab�a comido en 24 horas.

La tercera misa fue un poco corta.

S�... s�, eso...

S�, la apur� un poco.

Hab�is saltado el Padre Nuestro.

�No es posible!

�Y el Credo?

�No saltasteis el Credo?

Pero mi se�or, en el fondo, �no es normal,

que con la emoci�n de la fe,

el gozo de la Navidad, la espera de esta cena,

el reverendo se dejara llevar

por un torbellino de entusiasmo cristiano?

Si descuid� el Padre Nuestro y el Credo...

�Y la Ep�stola!

�Y la Ep�stola?

Entonces, yo estoy...

�Qu� es? Es el guiso... el guiso...

Abuela, voy a tratar de volver a mi cuerpo.

Si lo logro, vendr� a dormir aqui.

Deber�as pasar por detr�s, a ver si dej� m�s monedas en la piedra.

Adi�s.

Con el pavo, quiero clarete de Burdeos.

�Clarete de Burdeos, miserables!

Reverendo, controlaos. No os entrar�n las perdices.

Para las perdices, siempre se tiene hambre.

Yo no puedo m�s,

pero traed las perdices al reverendo.

En la marmita... �En la marmita!

Reverendo, �qu� os pasa?

Me ahogo, me ahogo.

�Se va a morir!

�Un confesor! �R�pido... y una trufa!

Acaba de fallecer.

S�, Sr. Marqu�s, acaba de fallecer.

Acaba de morir sin confesi�n,

habi�ndole robado 3 misas rezadas a Aquel que lo va a juzgar.

Y vosotros... sois sus c�mplices.

Vosotros tambi�n hab�is sacrificado 3 misas.

�Todos de rodillas!

�Demasiado tarde!

�Demasiado tarde!

�Es el maligno!

Este ser� vuestro castigo:

100 a�os de purgatorio.

Durante 100 a�os, volver�is 100 veces a la tierra,

para celebrar las 3 misas...

antes de entrar al para�so...

�Si es que entr�is!

�Se ha llevado todo!

�Ni siquiera es honesto!

Queridos hermanos, queridas hermanas,

oficiamos por cent�sima vez,

las 3 misas de Navidad.

Gracias a la bondad de Dios, es la �ltima,

pues nuestra penitencia ha terminado.

Vosotros, hermanos y hermanas,

pensabais s�lo en ropajes lujosos,

y estabais orgullosos de la vanidad de vuestra belleza.

Y yo, capell�n del Marqu�s,

cura al cuidado de las almas,

yo mor� una noche de Navidad,

habiendo escamoteado 3 misas.

Mor� por comer demasiado,

con un hueso atravesado en la garganta.

Bonita muerte para un eclesi�stico.

�Y bonita Navidad para todos vosotros!

S�lo uno aqu�, no particip� en nuestro pecado, y fue Garrigou.

Pero �l hab�a pecado por su lado,

jug� a las cartas con el diablo, y su partida nos cost� cara,

pues es un poco por �l, que estamos aqu�.

Frente a nuestro gran pecado,

admiremos una vez m�s, la indulgencia del Padre Eterno.

Cien a�os de purgatorio es mucho tiempo.

Vosotros sab�is, como yo,

c�mo nos doli� la ausencia de Dios.

�l nos impuso en su bondad,

estas misas de Navidad,

que han sido 300 veces nuestro reposo,

nuestra alegr�a.

Creo que dentro de un momento,

tendremos la felicidad de ver el rostro de nuestro salvador.

Os propongo, en esta noche de liberaci�n:

no 3 misas rezadas,

sino una gran misa cantada,

�cantada desde el fondo de nuestra alma con nuestro amor y reconocimiento!

El Cura de Cucu��n

seg�n la obra de Alphonse Daudet

Son las 11 y media, estamos retrasados.

La misa debe estar terminando.

Queridos hermanos.

Veo que la presencia de los peque�os del coro de Avi��n ha tenido efecto.

Por primera vez en mucho tiempo,

todo el pueblo vino a o�r la misa.

M�s bien, o�r las voces de estos peque�os cristianos,

y la misa, por a�adidura.

Ellos cantar�n m�s tarde, bajo la direcci�n del cura de Avi��n,

quien los acompa�a.

Porque antes quiero daros un serm�n.

Es un Serm�n de una importancia capital:

ya que es una revelaci�n.

S�, hermanos,

Dios ha dignado ocuparse de nuestra parroquia,

Ya que esto es lo que me ha sucedido, a m�, Martin, cura de Cucu��n.

Esto pas� hace 3 d�as.

Era viernes en la noche.

Estaba arrodillado en mi reclinatorio,

suplicando a Jesucristo que salvara a nuestra parroquia.

Que no es atea,

pero donde la fe, no es una actividad militante.

Golpeaba mi pecho, diciendo que era por mi culpa,

mientras son� las 9 y media.

Me sent� muy extra�o.

Como si me desmayara,

e hice un esfuerzo para levantarme.

En lugar de la pared de mi cuarto, vi una gran puerta de oro.

Una puerta doble.

Mucho m�s alta que la iglesia.

Era la puerta de oro del para�so.

S�, hermanos m�os.

Yo, Martin, hijo del talabartero de Fontvieille

y hoy cura de Cucu��n,

yo, miserable pecador,

fui transportado unas horas al cielo.

Y debo deciros, imparcialmente,

lo que mis ojos vieron.

Primero, a trav�s de esta puerta,

o�a una m�sica suave:

con violines, arpas, flautas y coros.

Ah, los coros,

cantaban mejor que nosotros.

Incluso, mejor que nuestros peque�os invitados.

Todo se acordaba en el aire, sobre m�,

como un arco iris de m�sica.

Sent�a algo extraordinario.

Estaba feliz como un ni�o.

Y de pronto tuve mala conciencia.

Me dije: "Martin,

"est�s escuchando a escondidas la m�sica del para�so.

"�Est�s seguro que tienes derecho?"

Era tan bonito, que pens�: "iguaI voy a o�r".

Y de pronto la gran puerta se abre...

�Y a qui�n veo? Al bueno de San Pedro.

Estaba muy guapo.

Ten�a la barba blanca, la aureola, la llave de diamante,

y todo brillaba...

tanto que no pod�a verle a la cara.

"�Vaya! Si es el Sr. Martin", dijo.

"�Y qu� es lo que os trae por aqu�?"

Yo le dije: "San Pedro, no s� c�mo estoy aqu�,

" pero debe ser por la voluntad de Dios, puesto que aqu� estoy.

"Y al veros tan bueno, si fuera posible,

"Me gustar�a preguntaros algo".

"Querido Sr. Martin, �en qu� puedo ayudaros?"

"Quisiera saber, si no peco de curioso,

"cu�ntos cucu�aneses hay en el Para�so".

"Martin, eso no os lo puedo negar,

" porque comprendo que os interese.

"Entrad y sentaos. Vamos a ver eso juntos".

Y toma un gran libro,

enorme, hermoso, todo dorado...

Y lee:

"Veamos... Cucu��n, Cucu... Cucu... Cucu��n. Aqu� estamos".

Entonces �l lee, vuelve a ver,

y me dice: "Sr. Martin,

"�la p�gina est� en blanco!"

�Oigo que alguien se r�e!

�El desdichado!

Porque yo no re�.

Para nada...

Ten�a un nudo en la garganta y no pod�a hablar.

El bueno de San Pedro me dec�a: "reponeos".

Tos� hasta que volvi� mi voz

y le dije: �eso qu� significa?

"Significa que aqu� no hay nadie.

"Hay tantos cucu�aneses como espinas en un pavo".

Dije: "�No hay nadie de Cucu��n en el para�so?

"San Pedro, �debe haber otra p�gina!"

"No hay nadie, buen hombre, mirad vos mismo.

"Mirad: nadie en 30 a�os".

Porque el libro ten�a 30 a�os.

Yo lo miro, me pongo p�lido, luego rojo.

Le digo: "decidme qu� es una broma".

Y �l dijo: "es la verdad.

" Aqu� no se bromea con eso.

"Dejad de inquietaros, que vais a estallar.

"�Qu� quer�is? No podemos hacer nada.

"Seguro que vuestros cucu�aneses estar�n de cuarentena en el Purgatorio".

"�Cuarentena de 30 a�os?"

"Es que aqu� es la eternidad...

"Lo m�s corto dura al menos medio siglo.

" Adem�s, para un alma inmortal,

"�qu� es medio siglo?

"Fijaos, yo que os hablo, estoy en esta puerta hace 2000 a�os,

"y me parece que acabo de llegar".

"Pero para vos no es lo mismo", le dije.

"�Y mis cucu�aneses? Haced que pueda verlos, consolarlos.

"�Es posible?"

"Eso no es muy legal. Pero...

"Calzad estas sandalias,

" porque los caminos son dif�ciles.

"Caminad siempre derecho. Vos ver�is.

" A la primera vuelta,

"hay una puerta de plata.

"Llamar�is y se os abrir�.

"Decid que yo os env�o.

"Partid, que van a llegar 4 jesuitas que los est�n martirizando en China

"y preparo su recepci�n.

"Venga, adi�s.

"Manteneos sano y gallardo".

Y me fui por un camino lleno de abrojos,

con serpientes que silbaban,

y por aqu� y por all�...

algunas brasas.

Al final, llego a la puerta de plata,

- "�Toc, toc!" - "�Qui�n es?"

"El cura de Cucu��n".

- "�El cura?" - "S�".

"Me env�a el gran San Pedro".

"Bueno, �Entrad!" Y yo entro.

Veo a un �ngel hermoso.

con las alas oscuras como la noche,

y un traje brillante como el d�a,

una llave de diamante, colgaba de su cintura,

�l escrib�a,

en un libro m�s grueso que el de San Pedro.

Yo no dec�a nada. �l segu�a escribiendo.

Y espero un momento.

Ah� no hab�a m�sica.

Hab�a un muro de prisi�n, con botellas rotas,

yo o�a los gemidos, los suspiros,

sollozos ahogados...

El �ngel detiene su escritura...

Hace una firma, luego pone un sello,

levanta la cabeza, me mira y dice:

"�En qu� puedo serviros?"

Le dije: "hermoso �ngel de Dios,

"quisiera saber, quiz� soy un poco curioso,

"si ten�is cucu�aneses aqu� en eI purgatorio".

"�A qui�nes?"

" A los habitantes de cucu�an, los cucu�aneses.

"Soy su prior desde hace 20 a�os. Por eso me interesa".

�l dijo: "s�, por supuesto.

"�Hab�is dicho Cucu��n?"

�l abre el gran libro,

moja su dedo con saliva para pasar las hojas.

Lee y me dice: "querido Sr. cura,

"tengo el placer de anunciaros

"que en el purgatorio no hay nadie de Cucu��n".

"�Jes�s, Mar�a, y Jos�! �Nadie en el purgatorio! �Y d�nde est�n!"

"En el Para�so", dijo. "�D�nde diantre quiere que est�n?"

Le dije: "vengo del para�so".

"Vos ven�s. �Y entonces?", pregunt�. "No est�n", dije.

"Me lo dijo el gran San Pedro".

El hermoso �ngel me mira,

sacude la cabeza y dice:

"si no los hab�is encontrado en el cielo, ni en el para�so,

" no hay 36 soluciones: est�n abajo".

" Ay, ay, ay... �Jes�s, Santa cruz, no es posible!

"�Ser� un castigo de San Pedro, por o�r la m�sica celestial?

"Decidme que es eso".

"Escuchad, si tanto os interesa,

"Por qu� no vais a ver de qu� se trata.

"Ten�is las sandalias milagrosas, y no corr�is peligro.

"Seguid el camino derecho.

" Arriba, a la izquierda,

"hay un port�n rojo,

" no por la pintura, sino por el calor.

"No lo toqu�is.

"Siempre est� abierto, podr�is entrar que nadie os preguntar� nada.

"Y por el amor de Dios,

"aferraos a vuestro rosario.

"Si lo perd�is ser�an capaces de guardaros.

"Idos r�pido, porque veo gente que llega.

"Que Dios os acompa�e".

Y me fui caminando por un largo sendero de brasas rojas.

Yo sudaba y me casta�eaban los dientes,

tropezaba como si hubiera bebido.

Al fin, rengueando,

llegu� al gran port�n.

Ay, amigos,

parec�a la puerta de un horno.

Ten�a ganas de huir, salir corriendo.

Pero pens� en la parroquia y eso me dio valor.

Encomend� mi alma a Dios,

apret� mi rosario, y entr�.

Di unos 10 pasos y no se ve�a nada, por las llamas y el humo.

Ten�a sed y transpiraba,

ten�a escalofr�os.

Ol�a a quemado,

un olor horrible,

como el herrero, cuando quema la pezu�a de un borrico.

Yo no respiraba.

Y o�a un clamor desgarrador:

�gemidos,

gritos, alaridos de locos furiosos!

Mis ojos comenzaban a habituarse.

Y de pronto, siento que me pinchan la nalga.

Y veo a un demonio cornudo, bastante joven,

�con muy mal semblante!

�l me dice:

"�Entras, si o no?"

Yo le dije: "yo entro, pero no de verdad.

"Soy amigo del buen Dios".

"Si eres amigo de Dios, �que vienes a hacer aqu�?"

"�No me lo pregunt�is, que me desmayo!

"Vengo de parte de San Pedro,

" para saber si por casualidad,

"ten�is aqu� a alguien de Cucu��n".

Y oigo detr�s de m� una horrible carcajada.

Era un demonio, a�n m�s grande que el otro,

que dijo con una voz horrible:

"�por qu� te haces el tonto?

"Sabes bien que todo Cucu��n est� aqu�".

" Ah, dije, no sab�a nada".

Y dice: "cond�ceme a este turista a la sucursal de Cucu��n.

"Y mu�strale en detalle, c�mo tratamos aqu� a los cucu�aneses".

Ay, amigos m�os.

Me halan y empujan a esa parroquia infernal,

que parece una enorme cocina.

El piso es una brasa eterna.

En el techo, nubes negras como holl�n.

Y a cada lado, llamas terribles.

Pero no llamas claras como las de la madera de olivo,

sino enormes llamas rojas, con las puntas negras.

Sobre ellas, dos filas de calderos.

A la derecha, sonaba como eI ruido de una sopa.

Y a veces, el vapor levantaba la tapa,

y cuando ca�a, sonaba como una campana rota.

Oh, amigos m�os.

Era un extra�o �ngelus.

Los de la izquierda, sonaban como fritura.

Mi gu�a se re�a. Dijo con un aire mal�fico,

que cuando esos infelices se acostumbraban a hervir,

para tonificarlos, se los pasaba a la fritura.

�Y a qui�n vi all�?

En la punta de un tridente que pasaba de un caldero a otro,

vi a la p�cara de Catherinette.

Que no quer�a dormir en la casa de sus padres

�y prefer�a dormir en el granero!

Decidme, Clarius, Elz�ar, Bavarin, Dominique.

�Era m�s fresco el granero?

Ay, amigos,

si la hubierais visto, como yo la vi:

toda enrojecida,

como una rana demasiado cocida.

Ella me reconoci�. Creo que me quer�a hablar,

pero... era demasiado tarde:

�a la fritura!

Y luego vi a Pascal,

apodado "dedos pegajosos",

porque hac�a su aceite con las olivas ajenas,

su vino, con la uva del notario,

y sus confituras con mis peras.

No era un hombre de labor ni de siembra.

Era un especialista de las recolecci�n.

Pues all�, mucho ha recogido,

y c�mo lloraba el pobre ladr�n.

Y Parpill�n, el que era pescador de gallinas,

que hab�a incendiado el pajar.

Aqu�, la justicia lo hab�a absuelto,

pero all� arriba...

No oyen a los falsos testigos.

Y lo vi muy mal,

y para toda la eternidad.

Decid, vosotros, venid, porque os interesa.

�Qu� es lo que nos interesa?

Lo que dijo el cura, es terrible. Un desastre para Cucu��n.

�Y de qu� habl�?

De confidencias.

�Son cosas que no quiero o�r!

Es un salvaje, ese cura. Prefiero ir a beber.

Jam�s en la vida.

A vos os hace mucha falta. Entrad.

A ti tambi�n, Tonin,

vamos a ver despu�s c�mo vas a presumir.

Y vosotros, �venga!

Y como yo lloraba, gruesas l�grimas, que se evaporaban,

el partidario de Sat�n, me tira de la manga, y me dice:

"te vamos a mostrar algo mejor".

Porque os habr�is dado cuenta que me tuteaba.

�Los diab�licos no tienen ninguna educaci�n!

Igual tutear�an a un obispo.

Sin hacer ruido, abre una puerta,

y me empuja dentro.

�Ay, amigos m�os!

�Qu� es lo que veo?

Primero no veo nada. Una muralla de fuego me enceguece.

Pero, mis ojos se acostumbran y veo unas varas negras,

que parec�an moverse,

con un tic tac terrible,

peor que el reloj del campanario.

Al final, doy 3 pasos:

esas varas negras, son pinchos de hierro,

que atravesaban docenas de cristianos.

Ten�an las manos atadas detr�s de la espalda

y daban vueltas, lentamente delante del brasero,

como las perdices en octubre.

Hab�a al menos 10 pisos.

En cada piso, los diablillos,

con una cuchara, los ba�aban con el jugo hirviente de sus pecados.

Era el asador del infierno.

Dios m�o.

Y vi a Corgaline, que hab�is conocido,

que ya estaba borracho a las 7 de la ma�ana

y que le pegaba a su mujer, una hora al mediod�a.

Y Babette, la espigadora,

que prefer�a espigar en los almiares,

y que nunca me permiti� bautizar a sus 12 bastardos.

Pero quien me dio m�s pena,

es el desdichado de Tortillard... que muri� el mes pasado.

Si yo sal�a a llevar a Dios a un moribundo,

�l segu�a su camino, el bonete en la cabeza, la nariz levantada,

como si hubiera cruzado a un perro.

Sin embargo, cuando cay� del palo de cuca�a, en la feria,

fui corriendo a su lado para darle los �ltimos sacramentos.

�l aprovech� su agon�a para decirme cochinadas y blasfemias.

Muri� burl�ndose.

Pues, all� no se burlaba m�s.

Creo que me reconoci� a trav�s de sus p�rpados enrojecidos.

Giraba en el asador. Y cuando pas� junto a m�,

con voz aflautada dijo: "�Confesadme! �Confesadme!"

Y zas, un diablillo le zamp� una cucharada de grasa hirviente,

que le cort� el silbido.

No las ten�a todas conmigo.

Frente a esos desdichados, pensaba, si al menos

hubiera tra�do agua bendita para refrescarles.

El diablo que estaba a mi lado, ley� mi pensamiento.

"Imb�cil, si hubieras tra�do agua bendita no hubieras podido entrar".

Y me oblig� a hacer la visita completa.

�l me acompa�� hasta el port�n

y me dijo: "d�jame agradecerte y felicitarte".

Y yo: "�pero por qu�?"

Y dijo: "�c�mo?

"�T� no eras el cura?

"�No eras t�, eI responsable de su salvaci�n eterna?"

Y no supe qu� responder.

�Os dais cuenta? �Un cura felicitado por el diablo!

Pensad...

Eso me disgustaba.

Y como el asador diab�lico, me tendi� su garra para felicitarme,

yo, sin dudar, puse la cruz de mi rosario.

�Lanz� un grito horrible!

O� como una explosi�n: �bum!

Y despert� temblando de miedo y verg�enza en mi reclinatorio.

Eso es...

lo que me sucedi�, hermanos m�os.

Y eso es lo que os suceder�,

si segu�s as�.

Dios m�o,

yo s� que la naturaleza humana tiende hacia el mal.

Que el diablo, todas las noches pone sus lazos,

en la puerta de los graneros, a la salida de los caf�s,

bajo la ventana de las muchachas.

Yo s� que no sois una raza especialmente criminal,

y que hay parroquias donde hay gente peor que nosotros.

Pero lo que hace de Cucu��n un pueblo de condenados,

es que no ven�s a confesaros.

Todas las tardes, a las 6,

estoy en esa garita sagrada,

como un centinela,

o como si fuera un cazador.

Y espero...

espero...

A veces viene alguna buena vieja,

los jovenes del catecismo...

y nada m�s.

Pero iguaI me quedo.

Oigo chisporrotear a las velas

a un rat�n mordisquear el pie de un atril,

el canto de una alondra en la torre.

Y nada m�s.

El fr�o ataca mis pies,

mis piernas se entumecen,

y finalmente, me duermo.

Pues esto tiene que cambiar.

�Y va a cambiar!

No olvid�is el grito de Tortillard:

"�Confesadme!"

Para �l era demasiado tarde.

Pero vosotros, que ten�is la suerte de poder obtener,

el perd�n y la misericordia divina.

No se�is est�pidos rechazando el grandioso privilegio

que debemos al sacrificio de Nuestro Se�or Jesucristo.

Yo s� bien,

que si tuvierais el derecho de hablar en esta iglesia,

dir�ais: "aqu� todos est�n bautizados,

"y es raro que alguien muera sin recibir la extremaunci�n".

Es verdad.

Y a�adir�ais: "si la confesi�n borra todo,

" no vale la pena confesarse todo el tiempo. Con la �ltima vez basta".

Pues os equivoc�is.

Cuando ten�is un enfermo en casa, me busc�is en el �ltimo minuto,

cuando ya casi ni respira.

Cuando llego, ya est� a punto de partir.

Los labios violetas, los ojos vidriosos.

Entonces farfulla palabras deshiladas, mezcladas con ay, ay, ay...

Porque no es f�cil morirse.

En vez de decirme lo que deber�a,

me gorgotea un �ltimo suspiro.

Y me apuro a dar la absoluci�n,

mientras que su pobre alma se va y yo corro detr�s.

Como ir con alguien a la estaci�n y que olvidara deciros algo.

�C�mo saber si el agonizante se arrepinti�?

�Y si se arrepinti� de verdad?

�Qu� vale mi absoluci�n? No gran cosa.

Quiz� nada.

�Est�is seguros, cuando vendr�is a buscarme a la primera alerta,

que no estar�is seniles?

Confieso mucho, a esos pobres ausentes,

que se acusan de cualquier cosa:

de incendiar la iglesia,

difamar aI perceptor de impuestos.

Lo que es un error, pero no es un pecado.

Una vez confes� a uno as�, que cre�a tener 8 a�os.

Me tomaba por su t�a Ad�le.

Amigos m�os, no esper�is a estar as�.

Porque el �nico arrepentimiento v�lido y sincero,

es el de las personas con buena salud.

Y adem�s,

no olvid�is la perfidia de la muerte.

Todas las tardes, al ocaso,

se ve a Baptistin el rengo, que regresa de su campo.

Sigue el zigzag del camino, con su guada�a sobre el hombro.

Se lo ve de lejos. Seguro que no vendr� antes del �ngelus.

Pero la muerte no viene as�.

A veces te sigue durante una semana sin que te des cuenta.

Cre�as que era tu sombra.

Y de golpe, pasa delante de ti,

con su dedo filoso te pincha y tu coraz�n estalla.

Y te derrumbas sin una palabra.

Otras veces,

te da un golpe en la cabeza y te tapa una vena del cerebro.

O una colilla en el lecho de paja del caballo.

Y cuando llegan los vecinos, con los cubos y la bomba del pueblo,

s�lo eres un pedazo de carb�n, retorcido como un tronco de olivo.

O si no, es en pleno d�a,

una bella ma�ana de abril.

Ella aparece al pie de un cerezo.

Hace una zancadilla en la escalera y todo se derrumba.

Y ah� est� un pobre cristiano, desmembrado,

como un espantajo de higuera.

Y su alma vuela al cielo, desesperada.

Eso es lo que os amenaza.

Y que os amenaza en un corto tiempo.

Aunque el pueblo no sea grande, tenemos unos 6 muertos por a�o.

Un muerto cada dos meses.

El �ltimo fue el pobre Tortillard,

ya van a ser 6 semanas.

Quedan 14 d�as para alojar al pr�ximo muerto.

�Y d�nde est�

ella, o �l, que entrar� en los hombros de los vecinos?

Las planchas est�n donde el carpintero.

Las velas, que lo velar�n, en el caj�n de la sacrist�a.

Y en nuestro cementerio, el sol de ese hermoso domingo,

calienta el pico de Felicien.

�Entonces, d�nde est� el muerto?

Vosotros no sab�is, ni yo tampoco.

Todav�a no huele mal. Hay algo que sabemos:

ese muerto est� entre nosotros.

Pues, me dirijo a ella o a �l.

Le digo, hermano, o hermana...

Puesto que todo est� listo, trata de que t� tambi�n lo est�s.

Yo estoy aqu� para ayudarte.

Ven a confesarte, ven a limpiarte.

Yo te espero. A cualquier hora del d�a o de la noche.

S�...

Oye mis palabras, pero no vendr�.

Porque no sabe que ser� para �l.

Adem�s, hay algo que os asusta:

es la confesi�n,

�y por qu�?

Para los hombres, es por vanidad.

Les molesta contar a otro hombre las faltas cometidas.

Creen que voy a tomar nota, en mi cabeza.

Y que cuando los cruce en la calle, sonreir� pensando en su confesi�n.

Pero hijos m�os,

si un cura debiera memorizar todas las faltas que le conf�an,

�se le pondr�a la cabeza como una calabaza!

�Parecer�a un boliche! Se volver�a loco.

En realidad no es a m� a quien habl�is.

A m�, me entra por un o�do y me sale por el otro,

para llegar a los pies de Dios.

�l juzga vuestro arrepentimiento,

y me inspira la penitencia que os debo dar.

Hay otro que oye la confesi�n,

sois vosotros mismos.

Eso es lo m�s importante.

A menudo, uno hace da�o, sin querer.

Pero cuando hay que cont�rselo a Dios,

comprendemos que es una triste noticia.

Y cuando estamos a punto de reincidir,

nos sentimos inc�modos, lo hacemos menos contentos.

Incluso si no sois inteligentes como para creer en la vida eterna.

Pensad a vuestra vida terrestre.

Lo bien que uno se siente despu�s de confesarse.

Yo voy todos los lunes a ver al cura de Gravezon.

El lunes pasado, volviendo a pie,

en el hermoso camino, con una puesta de sol,

�me di cuenta que cantaba!

No un salmo, una canci�n profana.

No os digo cual, para que no os burl�is de m�.

Ese es el beneficio de una buena confesi�n.

Es como un nuevo bautizo.

Un bautizo semanal que borra vuestros pecados.

Hace unos a�os,

un pastor vino a buscarme

para que llevara a los Alpilles, los santos �leos a un moribundo.

Yo estaba encantado, pero sorprendido.

Al enfermo lo conoc�a s�lo de vista.

Nunca puso los pies en nuestra iglesia.

Era un hombre triste, casi no hablaba.

No jugaba ni a la petanca.

En fin, yo llego, ten�a la boca ca�da, estaba a punto de sucumbir.

Pero estaba l�cido.

Entonces lo confieso, bien en detalle. �l no era guapo.

Pero a medida que hablaba, ve�a que se relajaba.

Cuando le d� la santa comuni�n,

vi en sus ojos, que no se mov�an m�s, como una sonrisa.

S� una sonrisa.

La primera, quiz�s desde su cuna.

Y ten�a ganas de agarrar a ese moribundo por la corbata,

y decirle: pedazo de imb�cil,

�no te da verg�enza, haber pasado 30 a�os miserables,

con ese paquete de esti�rcol, colgando del coraz�n?

Ten�as que haberlo tra�do sin decir tu nombre, al confesionario,

detr�s de esa mala cortina,

que es m�s espesa que la muralla de China,

que es una muralla tan gruesa, que construyeron una carretera encima.

No te averg�enza, haber guardado tus malas acciones, encerradas

como un pedo bajo la s�bana, que no movemos por miedo a asfixiarnos.

Te has castigado bien.

El buen Dios no habr�a sido tan cruel contigo.

Eso es, hijos m�os.

Creo que hab�is comprendido.

Creo que podr� salvaros del abismo.

Y por fin, recibiremos felicitaciones, no del secuaz de Sat�n,

sino de San Pedro, que por fin podr� llenar la p�gina en blanco.

As� que pondremos manos a la obra, a m�s tardar ma�ana.

Para que todo salga bien, lo haremos en orden.

Iremos por grupos, como cuando se va a bailar a Jonquieres.

El lunes confesar� a F�licien,

eI molinero, �l pasar� primero.

Eso nos ocupar� la ma�ana. Y no ser� demasiado.

En la tarde, el herrero y el panadero.

Con eso, estaremos hasta el �ngelus.

El martes, los viejos y las viejas.

S�, porque los pobres tienen m�s prisa.

El mi�rcoles y jueves, a las mujeres.

S�, les reservo dos d�as, porque les gusta discutir.

Pero que no me vengan con historias.

Las que comieron un pedazo de az�car a escondidas,

o las que tuvieron una tentaci�n, viendo pasar a los bomberos,

que reconozco, son guapos,

que no me hagan un drama, �eh?

Como ser� una confesi�n despu�s de mucho tiempo,

habr� que seleccionar y resumir.

Cuando se limpia el desv�n, no se puede asear todo en un d�a.

Primero se quita lo m�s grande.

El viernes, confesare a los hombres.

Seriamente, pero r�pidamente.

El s�bado, a todos los ni�os.

El domingo en la ma�ana,

ser� una parroquia nueva y brillante,

que asistir� a la gran misa.

A los pies de nuestro patr�n, el buen San Eutropio,

que nos mira sonriente.

En nombre del padre, del hijo y del esp�ritu santo, am�n.

Y ahora oiremos a los peque�os cantores de Avi��n.

�Qu� apuestas que vendr�?

Nunca apuesto, pero digo que no vendr�.

�Y t�, herrero, est�s decidido?

Quiz� ir� esta tarde. Para darle gusto a mi mujer.

Porque la historia de asadores y de brasas no la dej� dormir.

Adem�s, si F�licien lo hace...

No cuentes con �l, es muy orgulloso.

Venga ya, �comenzamos? Entonces, haremos dos partidas...

�Si es necesario!

Buenos d�as, se�ores.

Buenos d�as, se�or.

�Y entonces?

Y entonces, jugamos a la petanca.

El serm�n no hizo efecto...

Al contrario, hizo mucho efecto.

S�lo que el molinero no vino a confesarse.

Sin embargo, el cura est� en la iglesia.

Dicen que est� confesando.

S�... confiesa, o quiz�... espera.

Desdichado.

Perfecto.

Perfecto.

No es necesario que me digas con quien.

�Una o varias veces?

�Anda!

�Y d�nde pas�?

�Pero no crees que exageras un poco?

Mira que eres atrevido.

�Qu�...?

Sin detalles.

Contin�a.

�El molinero no est� en el molino!

Sali� temprano, vistiendo el traje de domingo.

�Y hasta... se afeit�!

�Y eso qu� significa?

Deber�amos ir a la iglesia

y ver si hay alguien en el confesionario.

Vamos, muchachos.

- �Entonces? - �De d�nde vienes?

�No lo ves?

�Fuiste?

Claro... te est� esperando, ahora.

F�jate, ah� viene a buscarte.

Me dijo que fuera esta tarde.

Dijo eso porque pens� que ten�a un mont�n de pecados.

Te est� esperando. Anda, ve. Hazlo por �l.

Es un buen hombre.

�Y qu� es lo que sientes?

Me ha hecho... me ha hecho...

Me ha hecho reflexionar.

�En qu� te hizo reflexionar?

Mire se�or, me confes� una vez, no voy a recomenzar.

Venga, herrero, ve...

Ya voy... Tengo que terminar la partida.

No, yo termino la partida por ti.

Vamos, dame tus bolas. �La terminamos?

Adaptaci�n: Diana Lichy

Subtitulado: C.M.C.

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