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Original subtitles

La Reina Virgen

Su padre, Enrique VIII la llamó su joven Bess.

Su madre, Ana Bolena, murió bajo el hacha del verdugo.

Nacida en una época en la que las cabeza caían como moscas,...

Ella, extraordinariamente, sobrevivió,

Y convertirse en una gran reina fue un milagro.

Hatfield House, Inglaterra. 16 de noviembre 1558

- Sr. Parry. - ¡Recibos de las ropas!

¿De dónde va a salir todo el dinero?

No lo sé. ¡Todo eso se acabó!

Sra. Ashley. ¿Qué estáis haciendo?

Sentaos, amigo mío. Y escuchad las noticias.

Malas noticias. Ahora mismo acabo de dejar a Lady Isabel.

Ella ha recibido un mensaje. La reina María está gravemente enferma.

- Es triste perder una hermana. - ¿María se muere?

- ¿Mañana estará muerta? - Igual que una lámpara sin aceite.

- Eso significa... - Que la joven sabel será reina.

Reina de Inglaterra a los 25 años.

- ¡Sra. Ashley! - ¡Sr. Parry!

¿Os acordáis del último jarro que bebimos juntos?

- Sí. Tuvimos problemas. - Beberemos con moderación.

- ¡Viva la joven Bess! - ¡Viva la reina Isabel!

Bueno, cuando la vea sentada en el trono...

podré decir con orgullo que eso es obra mía.

Sois una mujer magnífica. No habéis sido una institutriz vulgar.

No habrá sido sencilla vuestra tarea. Una niña difícil.

Todas las niñas lo son. Hija del monstruo, el rey Enrique.

- Y de Ana Bolena. - Una mezcla peligrosa.

Bien, estamos sanos y salvos.

- Felizmente. - Tras una tempestuosa travesía.

Como dice la canción infantil el balancín: Arriba voy, voy...

- Tan alto como el sol. - Abajo voy, voy, voy...

Aunque sacudido, adiós.

Así fue como ocurrió.

Al principio, fuimos los hijos queridos de nuestro padre.

En aquella época, subimos alto, alto, alto...

Tan alto como el sol. Muy alto.

Miradla. La futura reina Isabel.

De sangre noble.

La identidad de su padre, no cabe duda.

- ¿No he contribuido en nada? - Sí, pero la idea es mía.

No me miréis así. ¿Por qué no reís como vuestra madre?

Así conquista el corazón de la gente.

Ana Bolena rió con exceso, y en malas compañías.

Sus tres amantes murieron con ella. Enrique hacía las cosas a gran escala.

Venid, ya no sois la futura reina. El rey no os quiere.

No sois nada.

Fuimos expulsadas de la corte. Confinadas en Hatfield. Sin madre.

Sin hogar. El viejo Enrique se buscó otra esposa y nació un hijo.

Él era el heredero del trono. Fuimos declaradas ilegítimas.

Abajo voy, voy, voy... Aunque sacudidas, adiós.

No usaremos más estos zapatos. Están llenos de agujeros.

Debemos esforzarnos que nuestra nueva madrastra nos quiera...

que le sean gratos nuestro carácter, nuestro aspecto y nuestros modales.

Vuestra alteza vuelve a gozar del favor de su padre.

¡Alteza!

Escuchad bien. Ella es alemana. No lo olvidéis.

No es culpa suya. No podemos ser exigentes.

Necesitamos una madre.

Una rápida ojeada a la cara del rey y entendí lo que pensaba.

Para él, una vida nueva. Para nosotras, volver a Hatfield.

Nos encontramos de regreso para que nos inspeccionara nuestra cuarta madre.

No seáis testaruda. No nos perjudicará volver a intentarlo.

Dicen que es muy hermosa. Vuestro padre está muy enamorado.

Pasad, hija mía. No os voy a comer.

No me miréis así. Decid algo.

Os he vuelto a legitimar. Mi corazón es grande.

El médico dice que será la causa de mi muerte.

Encerrado en la torre, examinará mejor su diagnóstico.

La hija de Ana Bolena, si no habláis también iréis a la torre.

¿Osáis a desafiarme? Comenzáis a gustarme. A mi salud.

Enrique, por favor. Deja ya el vino, esta noche.

Vuestra madrastra, hija. Parece que le gustáis.

A mí también.

Me gusta muchísimo.

Venid, querida. Debemos volver a casa, a Hatfield.

No os desaniméis. El rey volverá a presentarnos a otra madrastra.

Y luego otra y otra. ¡No iré!

Bess, abre la puerta. Abre la puerta, por favor.

Ha llegado Lord Thomas Seymour. Nos va a llevar a Londres.

Bess, regresamos a la corte. El rey lo exige.

Nos va a hacer ejecutar. A las dos.

¿Podéis subir y hablar con ella? Yo desisto.

Yo iré. Sé cómo hay que tratar a los niños.

Buenos días, Lady Isabel. El rey me ha pedido que hable con vos.

- Estoy impaciente por conversar. - Largo viaje para una corta conversación.

- Apenas he empezado. - Yo he acabado.

- He prometido a vuestra madrastra... - ¡He tenido muchas!

Decid al rey que lo he dicho.

¿Querríais aproximaros a la puerta?

- ¿Así? - Diré al rey que no os he convencido.

- Me marcharé con una condición. - ¿Qué condición?

Permitid que os vea. Abrid la puerta y dejadme entrar.

- ¿Para qué? - Quiero ver vuestro rostro.

- ¿Por qué? - ¿Podéis aproximaros un poco más?

Mi oído está pegado a la puerta.

Una vez conocí a una mujer. Su risa era una caricia.

- ¿Quién? - Nunca pronunciamos su nombre.

- ¿Mi madre? - Sí.

Sé que el rey os ha expulsado de la corte por vuestro parecido con ella.

Pues entonces pasad. Y comprobadlo.

¿Y bien?

- Desde aquí no puedo veros. - Quieto. ¡Cumplid vuestra promesa!

Siempre cumplo lo que prometo. Por eso tengo tantos amigos.

No necesito vuestra amistad. Ni vuestra piedad.

- ¿Qué vais a hacer? - Abrir para veros mejor.

- Podríamos regresar juntos. - Sois muy determinado.

- ¿No confiáis en mí? - ¡No confío en ningún mensajero real!

Si el rey pudiera veros como yo ahora, cambiaría de opinión.

Os parecéis mucho a él. Sois dura y obstinada.

Estáis a punto de tirarme el tintero a la cabeza.

¡La hija del rey!

Y, sin embargo, hay algo en vuestro rostro que ya he visto en otro.

Sus mismos ojos. La misma nariz. Es única en todo el reino.

La reconocería entre un millar. ¿Pero dónde está su sonrisa?

Su sonrisa trastornaba a los hombres.

Habéis tenido una infancia infeliz.

Pero un día seréis bella como ella. Todos se enamorarán de vos.

Eso os salvará de esta soledad que ahora os ahoga.

Adiós, Lady Isabel. Confesaré al rey mi fracaso. Se sorprenderá.

Hasta ahora siempre había tenido éxito en mis misiones.

Adiós.

¿Qué ha pasado? ¿Qué significa esto?

¡Esperad!

¡Esperad!

Vuestros aposentos. La Sra. Ashley dormirá aquí.

La reina os ha reservado los cuartos más bonitos que dan al jardín.

¿Qué os pasa? ¿No os gusta este cuarto?

- ¿Qué es todo esto? - Sombreros, trajes.

Ella ha creído que os gustaría. Catalina.

Hubo otra Catalina. Empezaba a quererla cuando fue ejecutada.

- Tal vez vuelva a suceder. - No sucederá.

- Nunca seré feliz aquí. - Esta vez lo seréis.

La reina es la persona más dulce de la corte.

Bienvenida a casa, hija mía.

¡Cuánto habéis crecido!

Estáis hecha una mujer.

Me alegra teneros a nuestro lado.

Vuestra inteligencia corre pareja con vuestro físico.

Es un cumplido a mi inteligencia, señora.

Tonterías.

Vais a ser muy hermosa, hija mía.

Y lo que es mejor una encantadora compañera para mí.

Y para el príncipe de Gales.

Eduardo necesita una hermana.

Y yo necesito... ¿Cómo lo diríamos?

Una hermana más joven, ¿o una hija mía?

¿Qué os gustaría más?

Majestad, yo...

Lo importante es que estáis a nuestro lado y que os cuidaremos.

¡Paso a Su Alteza el Príncipe de Gales!

El Príncipe de Gales.

¡Entra el Príncipe de Gales! ¡El Príncipe de Gales!

¡Cuánta comedia sólo porque quiero ver a mi hermana!

Eduardo, ¿eres tú?

- No has oído a esos idiotas gritar. - Pero a estas horas de la noche.

Tuve que esperar a que madre Jacques. se durmiera. Mi cuarto es una cárcel.

- Deja que te mire. - Quiero enseñarte mi barco.

Es una maqueta de la nave del almirante. Él me la ha dado.

- Quiero a mi tío Thomas. - Soy muy feliz.

- ¿Por qué? - Quiero a la reina. Somos amigas.

No durará mucho.

¿Qué has dicho?

He dicho que no durará. Cuidado, me rompes el barco.

¿Quieres contestarme? Te ordeno que me digas lo que sabes.

- ¿Ella está en peligro? - Me haces daño.

- Creo que el rey quiere un cambio. - ¿Un cambio?

Ella le contradice y nadie debe contradecir a mi padre.

Cuando yo sea rey, todo el que me contradiga, será ejecutado.

- No sabes lo que dices. - Discuten sobre la religión.

Espero que los franceses lleguen a tiempo de salvarla.

Dicen que nos van a invadir. Puede que maten al rey antes de que la mate a ella.

- Pero tendrán que darse prisa. - No creo ni una palabra.

¿No?

Sígueme.

¡La voluntad del rey no significa nada para vos!

La reina no respeta más la voluntad del rey. ¡Un triste espectáculo!

- ¿Defendéis a una hereje? - ¿Lo oyes?

Después de la ejecución de la reina, te volverán a mandar a Hatfield.

- ¿Algo a la vista? - Nada, Almirante.

Doble ración de ron para el primero que aviste la flota francesa.

Haced señales a Burnell. Que cubra la brecha que queda.

Es la mayor flota que se haya enviado contra nosotros.

El barco del rey está preparado para llevar a las damas. Debes acompañarlas.

¿No nos mandaréis a tierra antes de la batalla?

- ¿Os gustaría dirigir el abordaje? - ¿Por qué no?

¿Qué parloteo es ese con las mujeres a bordo?

Fue idea vuestra.

- ¿Es una guerra o una fiesta? - Una fiesta, Majestad.

¡Así se habla! Eso es lo que me gusta oír.

- ¿Qué pasa viejo aguafiestas? - No estoy de acuerdo con mi hermano.

- ¿Habéis olvidado sus 300 barcos? - Y ellos tampoco me habrán olvidado.

- Les vencí en el bloque de Boulogne. - Hartarse de esa tontería.

Una victoria memorable.

Nunca he visto dos hermanos tan distintos. Como perro y gato.

Arzobispo, decid lo que ocurrió con los gatos de Kilkenny.

Un momento, Vuestra Majestad.

- ¿Cómo se siente, Cranmer? - Un poco mejor.

- ¿Cómo está la Sra. Cranmer? - Muy bien.

- ¿No tendréis miedo de mí? - ¿Por qué debería de tener miedo?

Se dice en este documento, que cuando estuve en Francia...

vos autorizasteis la traducción de la Biblia al inglés.

¿Despertaríais mi ira por traducir este tesoro?

- ¿Quién soy para usurpar el poder real? - ¿Quién tomó esa decisión?

- No fui yo, señor. - ¿Quién es más inteligente que el rey?

¿Quién, de la iglesia o el estado, cree que puede actuar por su cuenta?

¿Vuestra Majestad olvida que yo asumí la regencia en vuestra ausencia?

- No, Catalina. No lo he olvidado. - Yo autoricé esa traducción.

Lo sé.

Creo que la palabra de Dios debe estar al alcance de todos.

¿Os habéis vuelto una eminente teóloga?

- ¿Estáis aquí para instruirnos? - Jamás he pensado...

¡Callaos!

Estoy en la cima de mi edad y una mujer me da lecciones.

¿Sabéis lo que la ley me obliga a hacer, aunque os ame?

Sois una mujer hermosa. Y os amo mucho.

- ¡Dejad de gritar! - ¿Qué sucede?

- ¡Los franceses! - ¿Dónde?

Allí. Grandes barcos avanzan como nubes amenazantes.

- Vigía, ¿qué veis? - Nada, almirante.

- ¿Alguna señal de los franceses? - Ninguna vela a la vista.

He visto los barcos. Nos habrán visto y habrán virado.

- ¡Lleváosla de aquí! - ¡No!

Retiraos, Lady Isabel.

Regresaréis a Hatfield. No quiero volver a veros.

- No volveré a Hatfield. - ¿Qué decís?

- No volveré a Hatfield. - ¡Navíos a la vista!

- ¿Qué clase de navíos? - Son navíos de guerra franceses.

Nueve, diez velas... Rumbo a Portsmouth.

La barcaza del rey para las damas.

¡Vos! Venid aquí.

Tenéis suerte o buena vista. ¿Los habéis visto antes que el vigía?

- Sí. - ¿La Tierra ya no es redonda?

- Están equivocados. Es plano. - Vos veis el mundo como queréis.

¿Por qué no? ¿No lo habéis hecho vos?

¡Sí, exacto! Y vos sois mi hija.

¡Agua! ¡Tú, agua!

Nunca me he reído tanto en mi vida.

Gracias, Catalina.

Catalina.

No lloréis por mí. Pensad en el futuro.

Les he dicho a estos señores que os traten como si estuviese vivo.

Acercaos, Eduardo.

Inquieto potro ambicioso. No podéis esperar a mi muerte.

No me podéis engañar. Sé que sois muy astuto.

También sois tío de mi hijo y quiero que forméis parte del Consejo.

Sois un hombre frío. Al pueblo no le gusta.

Un pueblo ama a los hombres que ríen y beben con él.

¡Un hombre audaz como vuestro hermano! Quiero que forméis parte del Consejo.

Acercaos, Thomas.

Vos sois hombre de mi mismo calibre.

- Cuidad de mis hijos. - Os lo prometo.

- Nos hemos divertido mucho. - Mucho.

- Vuestra obra es grandiosa. - Inglaterra domina los mares.

Que se mantenga así.

- Necesitaréis barcos. - Los tendré.

Thomas.

No queráis ser héroe. Eduardo es necio y envidioso.

Vigilad a los franceses, pero ante todo vigilad a Eduardo.

Le vigilaré.

Ovejas.

Un rebaño de ovejas observándome.

María, una gran oveja loca. Hija mía, una oveja asustada.

Vos, ¿cómo habéis entrado aquí?

Acercaos. Quiero veros.

- ¿Quién sois? - Una oveja negra.

Acercaos.

- La bastarda de Ana Bolena. - ¡Soy vuestra hija!

Sí, me acuerdo. Vos visteis llegar a los franceses.

- ¿Cuándo nos invadirán? - Inglaterra nunca será invadida.

- ¿Ni por los normandos? - Sí, pero nosotros somos normandos.

¿Habéis oído las palabras que ha dicho?

Thomas, ¿entendéis lo que dice?

Ojalá fuerais un muchacho. No la perdáis de vista, Thomas.

Eduardo, esperad y veréis. Ella os sorprenderá.

Lamento no vivir para gozar del jolgorio.

- Que mi alma escape del purgatorio. - Vos habéis abolido el purgatorio.

No discutáis, Eduardo.

- Ashley, ¿qué estás haciendo? - No quiero olvidar nada.

- Van a echarnos de nuestra casa. - La reina nos protegerá.

¿Y quién protegerá a la reina cuando ya no es la reina?

¿Dónde he colocado el abrigo? Siempre hace frío en Hatfield.

¿Hatfield? ¿Vamos a volver a Hatfield?

Si me marchara jamás volvería a verle.

Princesa Isabel. Volved con la Sra. Ashley.

- Tengo que hablar con vos. - ¿Aquí? ¿Con esa ropa?

¿Sabéis lo que ocurriría si nos encontraran?

- Dirían que he seducido a la princesa. - Dicen que me mandarán a Hatfield.

Lejos de aquellos a los que amo.

La reina y...

No os molestarán y no os enviarán a Hatfield.

Encontraré un lugar donde podréis vivir con la reina.

E iré a veros a menudo.

- Señor. - Es Barnaby, mi criado.

Barnaby es un buen chico. Olvida que has visto a la princesa.

- Te estoy hablando. - Tengo un mensaje de Seymour.

- Desea que vayáis al Consejo. - No pierde el tiempo.

El camino está libe. Podéis salir.

- ¿El rey estuvo solo toda la vida? - Sí.

Preferiría morir a estar sola toda mi vida.

Vos no estaréis sola, Bess.

Y recordad, vos no tenéis nada que temer.

- No olvidaréis ir a visitarme. - Tenemos una cita pendiente.

Lady Isabel.

Disculpadme, señora.

Bess, ¿eres tú?

Eduardo.

¿Dónde estabas? Me he quedado solo en el cuarto.

Me dejaron solo, tenía miedo.

¿Por qué?

Mi padre ha muerto.

Sí, Eduardo.

Y ahora... querrán que yo sea rey.

¿No podríamos huir y escondernos en algún lugar?

- Has de cumplir con tu deber. - Pero tengo miedo.

Eres hijo de nuestro padre. Debes ser fuerte y orgulloso como él.

Está aquí. Lo he encontrado. El rey ha muerto. ¡Viva el rey!

¡Viva el rey! ¡Viva el rey!

- Viva el rey Eduardo VI. - Viva el rey.

- Viva el rey. - ¡Que vuestro reinado sea largo!

¡Paso al Lord Protector!

Tengo el honor de comunicaros que el Consejo me ha nombrado Lord Protector.

Mi esposa, Lady Anne, y yo tenemos el honor...

de ser los tutores de Vuestra Majestad.

Eso no es lo que mi padre dijo. Bess, tú lo oíste.

- Tío Thomas debe encargarse de mí. - El rey, mi hermano, tiene razón.

El consejo, tras cuidadosa deliberación, ha decidido otra cosa.

Vos veníais del ala este, de los aposentos del almirante.

- Es simple cuestión de lógica. - ¡No! El silogismo...

- No uséis palabras que no entiendo. - No me sé expresar de otro modo.

- Eduardo, vais a dejar que me insulte. - Vos no tenéis pruebas.

- Es su carácter. - ¿Qué sabéis de mi carácter?

Conocí a vuestra madre. ¡Todos saben quién fue!

- Ana... - Me basto yo para arreglarlo.

- Señora, os lo advierto. - ¿Quién creéis que sois?

- La hija de mi madre. - Y vais por el mismo camino que ella.

Habéis pasado la noche con un hombre. Así fue Ana Bolena.

Excelente. Madurez. Ese es el secreto del vino y de las mujeres.

- ¿No os gustan las jóvenes? - No. El vino joven sube a la cabeza.

- ¿Dónde queréis llegar? - Bess. Acabará como su madre.

No, Ana. La juventud es impulsiva.

Impulsiva. Esa es la palabra. Es realmente majestuoso.

Demasiado para nuestro gusto. Por eso la mandamos a Hatfield.

- Lamento separaros de ella. - No amo adolescentes.

Pero siendo la adolescente una aspirante a la corona de Inglaterra.

No dejes que tu ambición te empuje al peligro.

- Pero yo amo el peligro. - También amas la vida.

El Consejo puede acusarte de ambicionar el poder.

Has enviado a Lady Isabel y a la reina a Chelsea.

- Al Consejo no le gustará. - ¡Tú y el Consejo!

Eres el Lord Protector en contra de la voluntad del difunto rey.

Él no quería que tuvieses tanto poder. El país no lo quiere.

- Y yo tampoco. - ¿Quieres estar en mi lugar?

No. Aún no. Ahora no.

- ¿Por qué vacilas? - No lo sé, Eduardo.

Nuestra madre siempre temió que acabáramos como Caín y Abel.

- O el deseo de ser feliz. - ¿Con quién? ¿Isabel?

- Eso no te interesa. - ¿De veras?

- ¿No nos interesa? - ¡No!

En el año 47 A.C., César partió para el este y venció.

Sr. Mums, ¿no olvidáis una fecha importante?

El año en que se enamoró de Cleopatra.

Esa historia siempre me fascinó. A veces me pregunto...

¿Cómo pudo sentir esa atracción por alguien tan mayor?

¿Fue su juventud o su inteligencia? Es muy importante.

- Debemos estudiar sus conquistas. - La forma como le conquistó.

Ella se enamoró de él. ¿Cómo fue capaz de interesar a César?

- No sabría decirlo. - Yo sí lo sé.

Tuvo cerebro suficiente como para tomar parte en sus asuntos.

¡Ella hablaba de estrategia y de barcos!

¡Barcos, de nuevo!

Desde que llegué aquí, sólo hemos hablado de barcos.

¿Por qué no? ¿Puede haber algo más interesante que una flota?

Somos una nación marítima. Nuestros almirantes son los mejores.

- Un nombre me viene a la mente... - Thomas Seymour.

Un hombre capacitado y osado. ¿Pero con cuántos barcos cuenta?

- Esta es una lección de historia. - Pero el mar es nuestra historia.

¿Sabe cuántos navíos tenemos para defender a Inglaterra? ¡25!

¿Vamos renunciar a explorar los mares...

y permitir que Thomas Seymour permanezca parado por falta de barcos?

Beba esto. Os sentará bien. Una lección es suficiente por hoy.

- Vais a matar a vuestro profesor. - Muchas gracias, Sra. Ashley.

Un poco de reposo me hará bien. No tengo tanta energía como ella.

Pobre Mums. Nunca entenderá mi interés por todas esas cosas.

Si es inteligente, lo entenderá.

Podrá decir al Consejo que os preparáis para ser la mujer de un almirante.

- ¿Me equivoco? - No.

No, tienes razón. Le quiero.

Lo amo con toda el alma. Lo amaré hasta la muerte.

¡Bess, querida!

¡Es un hombre admirable! Mi padre le hubiera deparado un notable futuro.

Le hubiera escogido para mí, porque somos afines en todo.

- Pero sois tan joven. - Puedo compartir sus pensamientos.

Un día podría mandar mis barcos y llevar mi bandera.

- Con todo mi amor. - A sus ojos no sois más que una niña.

Sus ojos me hablan de algo diferente. También sus cartas.

Me escribe siempre. Vendrá a verme tan pronto como pueda.

- Hay algo que deberíais saber. - ¿El qué?

- Él ama a otra mujer. - No es verdad. ¡Mentira!

Debí avisaros hace tiempo. Era un secreto que no era mío.

¿Qué secreto? Habla claro. ¿Qué has oído?

Eres una vieja indiscreta. Escuchando tras las puertas.

Si hubiera otra mujer, podrías darme su nombre.

- No tiene otra mujer. - Pobre niña.

Vete, Ashley. ¡Fuera!

Catalina.

Siento que hayáis tenido que descubrirlo de esta forma.

Eran novios antes de que el rey decidiera tomarla por esposa.

El Lord Protector preferiría matarlo a dejar que se case con la reina.

Por eso se encuentran durante la noche.

Mi pequeña.

Está bien, Ashley. Vete a dormir.

Barnaby, ¿has visto a alguien con el rey?

Sí, señora. La princesa Isabel.

¿La princesa Isabel, aquí en White hall? ¿Dónde está?

- Están jugando. - ¿Cuánto tiempo llevan juntos?

¡Eduardo!

Isabel.

- Eduardo - Silencio. Sanguijuela.

Carcoma.

Cara de escarabajo. Tripas de arenque. ¿Qué querías contarme?

- Si me encuentran, castigarán a Barnaby. - Pero si es el paje de Thomas.

- Él me lo cedió por Navidad. - ¿Y le castigan por tus faltas?

Es un gran honor sufrir azotes por el rey.

- ¿Me habías pedido audiencia? - Pero con el rey, no con un niño.

Pero me tratan como a un prisionero.

No me dan dinero para poder sobornar a mis criados.

Me prohíben ver a Thomas, pero él deja dinero bajo la alfombra.

Es un hombre maravilloso. ¿No lo crees, Bess?

- ¿No te gusta mi tío Thomas? - ¿Qué importancia tiene eso?

Si quieres ver a Thomas o a Catalina, beberían autorizártelo.

- Poder tener planes sobre ellos. - ¿Planes?

Quizás podrías casarlos. Pensé que los querrías hacer felices.

- Puede ser que sí. - Tu voluntad es la ley.

- ¿Quién puede contradecir al rey? - ¿Quién puede contradecirme?

¿Y es deseo mío que se casen? ¡Sí! Creo que sí.

- ¿No es una idea formidable? - ¿Quién puede juzgar tus ideas?

Procura que el país sepa que tú eres el amo y señor.

Son tus súbditos. Que lo sepan de una vez. ¡Qué tortura!

Bess, ¿qué pasa? Estás llorando. ¿Por qué lloras?

- No lo sé. - Estás llorando por mí.

No me compadezcas. No me compadezcas. ¡Para, Bess!

No puedo soportar a las mujeres que lloran.

Bess, verás mi resolución. ¡Yo soy el rey!

Por los cuernos de Belcebú, ¿dónde están mis criados? ¡Una pluma!

Quiero escribir una carta a un amigo.

"Preocupados por la felicidad de Vuestra Alteza,

y habiendo dedicado al asunto nuestra más profunda atención,

es nuestro deseo que os caséis con nuestro tío Thomas.

Esperamos de vos que obedezcáis, como todo siervo leal.

Sabemos que nuestro tío Thomas, no causará ningún inconveniente. "

- ¡Oh, Thomas! - ¡Ningún inconveniente! ¡El muy pícaro!

Es pronto para alegrarnos. El rey no tiene poder.

Vuestro hermano no lo permitirá.

Pero si esa carta se hace pública. La leeré en la recepción del rey.

"Convencimos a Bess de la excelencia de esta idea...

tan pronto como hubo madurado en nuestra mente. "

- ¿Sois responsable de esto? - ¡No!

- No, no sabía nada. - Barnaby os vio hablar con el rey.

Mi querida Bess. Habéis convencido al rey. Habéis hecho esto por nosotros.

He dicho que no lo sabía. No tengo nada que ver con todo esto.

Bess.

Bess.

Querida mía, ¿qué ocurre?

Señora, yo...

Me marcharé la víspera de vuestra boda.

Ahora, ya entiendo.

Oh, querida mía.

Crees que tendrías que marcharos y estáis equivocada. Vuestro lugar está aquí.

Sois de nuestra familia. Os queremos, Bess.

Y Thomas también os quiere. Lo sabéis, ¿verdad?

- Sí, señora. - Entonces, ¿os quedaréis?

Sí, señora.

Hoy mi tío Thomas se casa con Catalina. Tío Eduardo casi se muere de rabia.

Pero ha sido deseo mío, ¡porque yo soy el rey!

Voy a dar navíos al tío Thomas para luchar contra los piratas.

Yo soy el rey.

El tío Thomas ha vencido a los piratas. El tío Eduardo casi se muere de rabia.

¡Hurra!

- ¡Le aclaman como un salvador! - No sirve de nada.

Un pueblo siempre amará a un rostro bonito.

- Escuchad a esas mujeres. - Ambicioso.

¡Eso es insensato! Catalina está retirada de la corte.

- Si me hubieseis escuchado. - Por escucharos demasiado.

- Envié a Thomas al combate. - El gran almirante.

Bienvenido a casa. El Consejo os agradece la victoria obtenida.

- Celebro que el Lord esté satisfecho. - No del todo, Thomas.

Después de la batalla, estuvisteis de fiesta con los piratas.

Bebimos y jugamos a las cartas. Son grandes marinos.

- ¡Y ladrones! - No consiguen controlarse.

Quieren que reabra las vías de navegación.

Fantástico. Dame un número diez veces mayor de barcos...

- Y el pueblo te aclamará. - Y os llevará al trono.

¡Qué idea más fascinante!

¿Tenéis miedo, Anna? ¿Por qué?

¿Esperabais que volviese derrotado? ¿O mejor que no volviese?

¿Fue por eso por lo que fui a luchar con cinco barcos sin preparar?

- ¡Abrid paso al rey! - Pero, Vuestra Majestad...

- Quiero ver a mi tío Thomas. - He dicho que el rey no estaba...

El almirante de Vuestra Majestad tiene el honor de informar...

que la lucha contra los piratas, conforme a vuestros deseos, fue una victoria.

- Estamos muy complacidos. - Vuestro barco iba en cabeza.

- Dando ejemplo para el resto. - Os estamos agradecidos.

- ¡Pequeño bribón! ¿Cómo estáis? - No había nada bajo la alfombra.

- Habrá algo pronto. - Thomas, suelta al rey.

Majestad, vuestro pueblo os reclama.

¡Thomas!

¡Catalina!

- Gracias a Dios que has vuelto. - Oh, Catalina.

¿Por qué no vais a saludarle? ¿Qué va a pensar?

- Preferirán estar solos. - ¿Por qué ese extraño comportamiento?

- Creerán que no sois feliz de su vuelta. - Déjame, Ashley.

¡Bess!

¿Me reciben triunfalmente pero Bess no viene a verme?

Creí que querrías hablar a solas con Catalina.

Claro. Discreción.

- Habéis madurad, ¿no? - Sí, milord.

- Todo esto, ¿no es ridículo? - No, milord.

Sí, milord. No, milord.

¡Bienvenido, Thomas!

- ¿No los acompañáis más? - Estropearía su diversión?

Van a probar las nuevas velas del barco y yo no soy un buen marinero.

Estáis preocupada, Ashley. ¿Por qué?

No sé si él se da cuenta de que ella no es ya una niña.

Siempre me ha gustado verlos juntos, Ashley.

¿Qué os parece? Está como nuevo.

- ¡Mejor! - ¿Mejor? ¿Por qué?

Lo habéis hecho mucho mejor.

El palo de mesana está equipado para poder tirar con más facilidad.

- ¿Dónde habéis aprendido todo eso? - De la observación y del estudio.

- La navegación me fascina. - A mí también.

- A vos sobre todo. - Bendita seáis, Bess.

- ¡Somos invencibles! - ¿Somos?

Inglaterra, vos y yo.

Catalina.

Ya hemos vuelto.

Sois un marino admirable. El mar es vuestro elemento.

Volveremos a navegar juntos. A menos que...

A menos que el tutor se salga con la suya.

¿Qué diríais de ir a Dinamarca o Suecia para casaros allí?

- Estáis bromeando. - Mi hermano quiere casaros.

Con un príncipe de Dinamarca o de Suecia.

No sabe que jamás abandonaría Inglaterra.

Sabe que un día podríais ser la reina de este país.

- Por eso os quiere lejos. - El rey es aún muy joven.

No es fuerte. No se hará viejo. Y vuestra hermana, María, es una idiota.

Ella no es como vos.

Si fueseis reina de Inglaterra, ¿qué haríais?

¿Vuestro almirante podría realizar sus exploraciones?

Le permitiría brillar como nunca se atrevió a soñar.

Le enviaría a todas partes con una flota poderosa.

Le enviaría al nuevo mundo a enseñar a España quién es el nuevo amo.

- Pero somos un país pequeño. - Eso lo podemos remediar, Thomas.

- Le pondremos remedio. - Vuestras palabras me inflaman.

Me convencéis.

- Envidio al que será vuestro almirante. - Pero si seréis vos, Thomas.

- ¡Vos! - Mi querida Bess.

¿Quién sabe dónde estaré cuando ataquéis a los españoles?

Estaréis conmigo, Thomas. ¡Para siempre!

¡Para siempre!

Bien. ¿Alguien en casa? Estamos de vuelta. Tenemos hambre.

Catalina. No os mováis, querida.

¡Estáis maravillosa!

Si ese Leonardo estuviese vivo pintaría vuestro retrato.

¡Thomas!

- ¿Habéis ido lejos? - Hemos dado la vuelta al mundo.

Hemos conquistado el mundo. ¡Ha sido maravilloso!

Parece como si no nos hubiéramos visto en semanas.

Thomas, soltadme, por favor.

Muchas gracias, señores.

¡Thomas!

- ¿Quién es? - La princesa Isabel.

- ¿Aquí? ¿Por qué? - A encontrarse con el embajador danés.

¿No crees que será mejor que la conozca antes de la boda?

- Ella nunca dejará Inglaterra. - Ella me ha escrito una carta.

Sorprendente por su actitud sumisa.

Cualquiera que sea vuestra elección, me inclino ante la sabiduría del Consejo.

Estoy dispuesta a hacer lo mejor por mi país.

¿Te molesta esta carta? Es extraño que no te haya informado de sus planes.

- Vuestra hermana está muy bella. - ¿De veras?

- Y muy tonta. - ¡Sí!

- ¿Aprobáis este matrimonio? - No.

- Vuestra hermana lo aprueba. - Todas las mujeres son tontas.

Y si ella no se casa con el danés tendría que hacerlo con el alemán.

Tío Eduardo quiere mandarla lejos. Merece la "orka".

¿Qué?

- ¿Qué habéis dicho? - Que merece la "orka". O-R-K-A.

- Mala ortografía. - ¿De qué habláis majestad?

De ortografía. Nadie está de acuerdo con la ortografía del rey.

- Siempre que el sentido esté claro. - La palabra tenía un sentido muy claro.

¿Queréis pedir que interpreten una danza danesa?

¿Qué quiere?

¡Una danza danesa!

Princesa.

- Gracias, Barnaby. - Vuestra Alteza.

¿Los daneses colocan la carne bajo la silla y cabalgan hasta volverla tierna?

Esos son los húngaros.

Tío Thomas, lo prometido.

- Bien, Alteza. - ¿Qué ocurre?

El almirante os ruega que esperéis en esta sala. Quiere hablar con vos.

- ¿De qué? ¿Qué podrá ser? - No lo dijo, pero...

¿Pero qué? ¿Qué ibas a decir?

Le he oído discutir con el tutor que deseaba hablar con vos...

de esa boda.

¿De veras?

Pobre Thomas, pasar la noche hablando con Ned Seymour en lugar de bailar.

Yo he bailado con todos. Durante horas.

- Aunque me aprieta el zapato. - Permitidme.

Una noche magnífica. Digna de recordar.

- Después estaremos en Dinamarca. - No nos dejéis.

Vos no seréis feliz. Sois tan exquisita...

He hablado demasiado. Debo irme. El almirante vendrá luego.

No te vayas, Barnaby. No quieres dejarme, ¿verdad?

Nunca, mientras viva.

¿Quieres darme un beso?

Nos ha visto. El embajador danés.

No quiero que nadie sufra por lo sucedido. No le vi el rostro.

Digamos que nuestro proyecto ha sido un error.

- Os lo agradecemos. - Buenas noches.

- ¿Dónde está esa chica? - Thomas se la llevó. Estaba furioso.

¡Mirad! Aún hay luz en el palacio de Lambeth.

El arzobispo trabaje de noche y de día en la traducción de la Biblia.

¿No descansa? Aún recuerdo aquel día en el barco. Era almirante de mi padre.

- Y el susto mío. - ¿Quién fue el hombre?

- ¿Qué hombre? - El hombre que os besó.

- No hubo tal hombre. - Entonces un joven. Sí, claro.

¡Barnaby Fitzpatrick! ¿Fue Barnaby?

- Respóndeme. - Sí.

No me digáis que le amáis.

Podéis estar orgullosa de vuestra hazaña. ¡Qué proeza!

- Es mejor olvidarlo todo. - ¡Lo habéis condenado a muerte!

No. Es muy joven e insignificante. Si hubiera sido otro como vos...

Eso os hubiera hecho feliz. Seguís los pasos de vuestra madre.

¿Eso es que queréis volver locos a los que os aman?

Thomas, ¿qué estáis diciendo? Vos no...

- No, sería increíble. - ¿El qué?

Que tuvierais celos. Thomas Seymour, el gran almirante, está celoso.

Callad. Callad os lo ruego.

- Pero si es encantador... - ¡He dicho que os calléis!

¡Basta!

¡Bess!

- Perdonad. Estaba fuera de mí. - No pudisteis evitarlo.

Creísteis que me burlaba de vos.

Creo que ha sido mejor que me hayáis pegado.

- ¿Es eso lo que queríais? - Os amo. Siempre os he amado.

Nunca debía suceder, pero no puedo parar de amaros.

He procurado apagar ese amor. Me propuse olvidaros.

Estaba triste y desesperada por vos. Sólo por vos.

Yo te amo, Thomas.

Bess.

- ¿Sí, Catalina? - Acercaos, hija mía.

Estáis preciosa esta mañana. Venid a sentaros conmigo.

- ¿No os estorbo? - Ya he terminado.

Thomas ha ido a Londres por dos o tres días. Estamos solas.

Así tendremos tiempo para discutir las cosas.

Hemos pasado momentos maravillosos aquí, vos, Thomas y yo.

Anoche, cuando Thomas volvió a casa, comprendí que algo había sucedido.

Hablamos toda la noche. Vuestro nombre no fue mencionado.

Y, sin embargo, yo lo sabía.

Sabéis que le amo y él me ama profundamente.

No puedo perderle. No soy como vos, fuerte e independiente.

Tenéis toda la vida por delante. Un día seréis reina.

Pero yo necesito a Thomas. No puede significar tanto para vos.

Lo es todo para mí.

Acercaos. Sentaos a mi lado.

Bess, sois joven. Puede ser un amor pasajero.

Como yo espero que sea, pero si no fuese así,

entonces tendríais que marcharos.

Sólo vos podéis saber si vuestro amor por él es lo suficientemente profundo...

para que prevalezca sobre el dolor de la separación.

Agradezco vuestra bondad. Me hacéis sentirme ingrata.

Bess.

Lo siento profundamente, señora. Tendré que irme.

- ¿El Sr. Parry? - Sí, ha vuelto.

Sr. Parry, ¿habéis visto a Lady Catalina? ¿Cómo está?

- Nadie puede verla. - ¿Dónde está la carta del almirante?

No traigo ninguna carta.

¿No hay carta?

- Milord estaba afligido. Ella enferma... - Lo sé, por eso le he escrito.

No está...

No estará en peligro, ¿verdad?

- ¡Sr. Parry! - Lady Catalina se está muriendo.

¿Os acordáis cuando me llevasteis en brazos como ahora?

- Lo recuerdo. - Habíais salido con Bess.

Y yo creía que por ella os había perdido.

Pero al volver a casa, estuvisteis muy cariñoso conmigo.

La cama está preparada.

Gracias, Lady Tyrwhitt.

Thomas.

¿No desearéis que yo muera para poder casaros con Isabel?

¿Verdad?

- ¿Queréis dejarnos? - Thomas.

- Respondedme. - ¡Por Dios Santo, Catalina!

¿Cuando he querido haceros daños? ¿Cuándo he querido dejaros?

¿No hemos sido felices juntos?

Perdonadme, Thomas. Debo estar loca para decir esas cosas.

¿Dónde está Bess? Decidle que se acerque más a mi cama.

Bess no está aquí.

Pero estabais hablando con ella.

Era Lady Tyrwhitt. Bess partió para Hatfield.

¿Lo habéis olvidado?

¿Hatfield? Oh, sí, ahora lo recuerdo.

Ella dijo que debía partir porque os amaba.

Thomas.

Sí, Catalina.

No sois el único hombre que ama a dos mujeres a la vez.

Celebramos hoy el cumpleaños de nuestro bondadoso rey,

que tan noblemente encarna como ejemplo para nosotros, sus siervos,

el espíritu de bondad y amor fraternal.

¡Larga vida al rey!

El conde y la condesa de Courtnay.

Feliz aniversario, Majestad.

Sir Anthony y Lady Denny.

Vuestro servidor, Señor.

Lord y Lady Mostang.

Nuestra felicitación, Majestad.

Lord y Lady Clinton.

- Mirad quién está aquí. - Sí. Está muy pálida.

¡De luto! Ella no ve a Thomas desde la muerte de Catalina.

- ¿Cartas? - Sólo una, antes de embarcar.

Su Alteza, la princesa Isabel.

Que Dios os permita reinar en paz y sabiamente.

Os damos las gracias, querida hermana, por vuestra lealtad y bondad.

- Ahora juego con Mary Throckmorton. - Me alegro.

Estás muy cambiada. ¿Estás enferma?

Necesito hablar contigo, ¡por favor!

¿Qué más puedo decirte? Han visto sus naves. Volverá pronto.

- Él está bien. No lo han herido. - Es todo lo que quería oír.

- Gracias, Eduardo. - Creo que amas al tío Thomas.

Espero que no le encarcelen.

Ha obtenido otra victoria.

Por eso lo digo. No debía haberla conseguido. Volverá para estar a tu lado.

- Eduardo, ¿qué estás diciendo? - Lo que él dice en la carta.

- ¿Qué carta? - La que trajo un mensajero.

- No la recibí. - Tío Eduardo la interceptó.

¿Qué decía esa carta? Debo saberlo.

- Era una carta bonita, me gustó. - ¿Pero qué decía?

Que debías esperarle, que cuando volviese, no volverías a estar sola.

¿Te encuentras sola, Bess? Yo creo que sí.

Mi tío Thomas te ama. Por eso mi tío Eduardo quiere matarle.

¿Matarle? ¡Eduardo!

- ¿Quién sois? No os recuerdo. - Vuestro mayordomo.

Me ha nombrado el Lord Protector para sustituir al Sr. Parry.

El Sr. Parry y la Sra. Ashley han ido a Londres para ser interrogados.

Lady Tyrwhitt tendrá el honor de ser vuestra camarera.

Os esperábamos anoche. No sabíamos que os habíais detenido en Londres.

¿Lady Isabel?

¡Milord!

¿Milord? ¿Eso es todo lo que vais a decir?

- Habéis venido. - ¿Estáis sano y salvo?

¿Lagrimas? No parecéis vos.

No parecéis mi pequeña Bess.

Está amaneciendo.

Sí.

Y pronto os iréis.

Entonces recordaré lo que quería deciros. Pero será tarde.

¿Pero por qué? Habéis arriesgado la vida para venir aquí.

Eduardo no me da mucho tiempo.

Mi vida no vale nada si no la arriesgo. Tengo amigos. Lucharemos.

¿Pero cuándo volveré a veros?

No será pronto.

- Tal vez nunca. - ¿Nunca?

¿Por qué habláis así?

Sólo habéis venido a decirme adiós.

No podría irme sin deciros adiós.

- ¡Bess! - Te amo y estoy asustada.

Eduardo os matará, si puede.

¿Recordáis el día de la nave? Queríamos atravesar todos los mares del mundo.

Explorar todos los rincones del mundo. Descubrir nuevos países.

- Lo recordaré toda la vida. - Éramos los dueños del destino.

- Tenéis razón. - ¡Pero es verdad!

¡Lo veréis!

Debo irme.

Buena suerte, Thomas.

¡Buena suerte!

Lady Isabel.

Nos ha enviado el rey para haceros saber que el almirante Thomas Seymour...

ha sido apresado y conducido a la Torre.

No puedo creeros. No os atreveríais a apresar al almirante.

Leed esto.

El pueblo se encargará de liberarlo.

Él trató de levantar al pueblo contra nosotros. ¿Vos le ayudasteis?

- Habéis conspirado con él... - Cuidad vuestras palabras.

- Soy heredera del trono. - ¿Habéis pensado en eso?

- Vos también. Queréis el trono. - Responderéis de eso con la cabeza.

Es la vuestra la que está en juego. Debo proteger al reino...

contra vos y mi hermano. Os ha convencido de casaros con él.

Tenía esperanza de derribar al Consejo con la hija del difunto rey.

Vuestra vergonzosa alianza se realizaba a plena luz del día.

- La reina Catalina os acusó. - Mentís. Ella me quería.

- Era mi amiga. - Pero vos no erais amiga suya.

¿Tenéis algo que declarar?

Vuestras palabras serán escritas para que puedan ser juzgadas.

Tal vez en vuestro propio favor.

- Voy a declarar. - Escribid.

Sí, ¡escribid!

Yo acuso al Lord Protector...

de intentar condenar a un hombre por crímenes que no ha cometido.

Trama el más vil de todos los crímenes. La muerte de su propio hermano.

Escribid que en su cobarde y abyecta debilidad,

en la envidia que a su hermano tiene, se esconde el ansia de matarle.

- Porque cree que lo amo. - Su violencia la delata.

Escribid que el Lord Protector es acusado frente al pueblo...

cuyo afecto anhela y que cruelmente pretende traicionar.

Si conociese el alma de los ingleses, temblaría.

Si intenta matar a su hermano, como Caín, será arrojado de la Tierra.

Todo está escrito en la Biblia, ya traducida y que podrá entender.

Escribid que si le hace daño a Thomas, él mismo firmará su sentencia de muerte.

Vos creéis que ya sois reina. Estáis en peligro. No se os olvide.

Recordad que en este momento sois un súbdito, como vuestra madre.

Sólo que ella llevó consigo a la muerte a tres amantes.

Pediré al rey, mi hermano, que haga un edicto, proclamando...

que todas vuestras acusaciones son falsas.

Exigiré que ese edicto sea leído por todo el país.

Las cinco y todo está bien.

Carcelero, ¿dónde está el sol que me habíais prometido?

¡Barnaby!

No imaginas lo feliz que estoy. Que Dios te bendiga.

- ¿La has visto? ¿Está enferma? - No la dejan en paz.

La interrogaron noche y día. Nadie sabe lo que sucedió.

Dicen que ella les desafió, convirtiéndose en juez.

Su padre me dijo, "No la perdáis de vista".

Lamento no vivir para gozar del jolgorio.

Muchas cosas van a pasar en Inglaterra. No quisiera perdérmelo.

Entiendo.

No creo que la fatalidad se cebe en mí.

Siempre he tenido suerte. Con las cosas y las personas.

No puedo creer que el fin está próximo.

Al prefecto de la Torre de Londres.

Torre de Londres...

Nos, Eduardo, por la gracia de Dios...

gracia de Dios...

ordenamos...

ordenamos.

Adiós, hijo mío.

Dile de mi parte...

Dile...

Bueno, no tiene importancia.

Creo que ella lo sabe.

Ahora estamos solos.

Sí.

Deberías acostarte, Eduardo.

¿Por qué no te han dejado venir a verme antes?

Yo quería mucho al tío Thomas.

Princesa Isabel.

Ella nunca volvió a pronunciar su nombre. Yo sé que en su corazón...

él vive aún.

Mirad, ya amanece.

Ella será reina de Inglaterra. Por eso me he puesto este vestido.

Lo llevé cuando murió nuestro pequeño rey.

Pero para la ejecución de Eduardo Seymour,...

lo engalanaré con este cordón dorado.

Es muy bonito.

Arriba voy, voy, voy...

Tan alto como el sol.

- Su Majestad. - Su Majestad.

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