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Perdón.
Nos vemos mañana.
¡Mierda!
¿Cuántos años tienes?
Quince.
Hola, cariño.
¿Vas a ir así?
Mamá.
¡Mamá!
¿Vas a ir así?
¿Adónde?
-Joder, mamá. -¿Qué pasa?
-Esta, que no se entera de nada. -¿Cómo que esta, Ainara? Un respeto.
Tengamos la fiesta en paz que nos vamos al cine.
Ah, el cine.
-¿Qué pasa? -Eh...
Perdonad, no me encuentro muy bien.
Estoy un poco mareada.
-¿Has comido? -Sí.
¿No estarás haciendo tonterías con la comida?
No, no. Antonio, me estoy cuidando mucho.
Ainara, pedimos unas pizzas y vemos una peli en casa.
-Sí, hombre, papá, no me rayes. -No, no, id vosotros de verdad.
Si a la niña le hace mucha ilusión.
-¿Seguro? -Seguro.
Yo... Yo os espero aquí.
-¿Mmm? -Bueno.
Luego no te enfurruñes porque no has venido.
Fijo que no.
¿Me vais a echar de menos?
Sí, claro.
Estaba buenísimo, se comía toda la película él solo.
Sí, tú te has comido mis patatas tú solita, caradura.
Bueno, así no echas barriga, que les pones a todas mis amigas.
Sigues siendo el padre más guapo de cuarto.
Qué pelota eres. Anda, tira para arriba.
Anda, tira para arriba, pelota.
Sigues despierta.
Sí, es pronto.
-Estás mejor, parece. -Sí.
Quiero contaros una cosa.
Yo me tengo que ir, mañana salimos pronto para la playa.
Es solo un segundo, necesito que estéis los dos.
Bueno, ¿qué? ¿Algo del trabajo?
¿No puedes venir con nosotros? ¿Te tienes que quedar?
No, nada de estadísticas hoy.
Mejor dicho, una anomalía de cálculo de probabilidades.
¿Qué?
¿Qué?
Es... Es un test de embarazo.
¡Qué asco! ¿Has meado ahí encima?
Vamos a ser cuatro en esta familia.
-¿Estás preñada? -Sí.
Sí, vas a tener un hermanito.
¿Qué dices, chaval?
Ni de coña, yo paso.
Tú no tienes que pasar o que dejar de pasar,
-soy yo la embarazada. -No nos precipitemos.
-¿Qué? -El mioma, hace dos años.
Antonio, por favor, esta vez es de verdad. ¿O no lo ves?
Sí, ya lo he visto.
¿Estáis en modo familia numerosa y nadie me dice nada?
-¿Te estás oyendo, mocosa? -Está bien, basta.
Vamos a tranquilizarnos un poco y a hablar de esto con calma.
No, es que me da la sensación
de que no estáis entendiendo lo que pasa.
Es un niño, un milagro. ¿No estáis flipando?
Tú sí que estás flipando. ¡Menuda mierda!
Ainara, por favor.
Va a ser muy divertido, mi amor, un niño correteando por aquí.
Tú a tu puta bola.
¿Me has preguntado si quiero un puto hermanito?
-¡Ainara! -¡Que te den, a ti y a eso!
¿Qué? Eres insoportable.
¡Eres insoportable! ¡Esta niña es insoportable, joder!
¡Ni siquiera esto lo puede respetar, joder!
¿Le vas a dar la razón también ahora?
Se supone que te estabas cuidando.
Los anticonceptivos fallan un 0,5 %.
-¿Cómo se te ocurre? -¿Cómo se me ocurre qué?
Soltarlo así sin consultarme.
¿Por qué?
¿Cómo que por qué joder?
Porque estas cosas se hablan, se planifican, se consensuan.
Antonio, en esta casa no se fuma.
¿Vienes con un bombo y me sales con la ley antitabaco?
No me toques los cojones.
Cariño, te acabo de decir que vamos a tener un hijo.
¿De verdad no te hace ilusión?
¿Sabes lo que me hace ilusión?
Las noches tranquilas,
las cenas en La Marina tomando vino blanco bien frío,
los fines de semana en Londres.
Y lo vas a tener, yo me voy a ocupar de todo.
-Quiero mi vida, Inés. -Yo quiero este hijo.
Ya tienes una hija.
Un hijo para mí, Antonio, alguien que me quiera.
Por favor.
OK.
Pero que sepas que un hijo no va a solucionar tus problemas.
Nunca nadie te va a querer lo suficiente.
¿Qué pasa, forastera?
¡Pero bueno, pero bueno, Inés!
¿Cómo estás?
-¿Qué tal? -Muy bien.
-¿Cómo va? -Muy bien.
¿Bien? ¿Estás de secano este veranito o qué?
Bueno, me lo estoy tomando con calma.
Ah, ¿sí? ¿Y eso por qué?
-¡Ay! -Bueno, ¿qué?
-Unos aperitivitos, ¿no? -Venga.
Venga, te echo una mano que luego nos ponen de machistas pa' arriba.
¡Anda, cuentista! Que tú no das un palo al agua en casa.
No saques los trapos sucios, hija.
¿Y tú qué?
No estarás aquí con los análisis esos de datos sesudos tuyos.
No. No, estoy descansando de verdad.
-Vamos, a las 10 ya estoy frita. -¿Sí?
-Tienes buena cara, la verdad. -¿Sí?
-Sí. -Gracias.
Dejad de ponernos a parir que ya estamos aquí.
Eso lo hacemos con vosotros delante. Si no, no tiene gracia.
Cariño...
Antonio, ¿qué le das a tu chica que está espléndida?
Mi mujer siempre está guapa.
La verdad sea dicha, está guapísima.
Ten, anda, brindemos.
Yo no, gracias.
¿Qué pasa, que estás a dieta?
No.
Es que no quiero beber alcohol.
No estarás embarazada.
Bua, chaval, no me jodas, te pegas un tiro.
No.
¿Qué?
¡Coño!
-¿Qué? -¡No!
Sí, vamos a tener un niño.
Pero... pero bueno, cariño, dame un abrazo.
¡Enhorabuena!
¡Bueno!
¿Qué pasa, no, titán?
¡El Julito Iglesias de la bahía!
¡Ay, qué alegría!
¡Me cago en la leche
¡Enhorabuena!
-Gracias. -¡Qué buena!
¡Inés!
¡Enhorabuena!
¡Qué bien!
-¡Joe! -¡Qué bien, Antonio!
¿Estás enfadado?
No.
Pues lo parece, no me hablas.
Estoy cansado, llevo todo el día en la playa.
-¿Vas tú a por la niña? -Sí, sí, voy yo. Tú descansa.
Antonio, lo siento.
Eh...
Que se hayan enterado.
No, no se han enterado, se lo has dicho tú.
Pero ya está.
¿Has visto lo contentos que se han puesto?
He visto que se han quedado en shock.
Bueno, han dicho que un bebé es alegría.
¿Y qué van a decir, que vaya marrón?
¿Eso es para ti, un marrón?
Para mí un marrón es discutir todos los días.
Tú no te alegras, claro, ¿no? No te alegras.
-Voy a por la niña. -¡No, voy yo!
-¡Voy yo a por la niña! -Prefiero salir, me vuelves loco.
-¿Yo te vuelvo loco? -Necesito respirar un poco. ¿Puedo?
Sí.
Perdóname, Antonio, perdona.
Olvídate de lo que te he dicho.
Es que estoy muy revolucionada con las hormonas.
Lo siento.
Perdóname, ya sé que te alegras, cómo no te vas a alegrar.
¿Te traigo algo?
No.
Pues salgo y así descansas un rato de mí.
¿Eh?
Te quiero.
Y esta es la nueva colección.
Bueno, os dejo mirar. Cualquier cosa, estoy ahí.
-Gracias. Gracias. -Gracias.
Buenas.
Para un regalo.
No, es para mí.
Ajá.
Sí.
Aún no estoy de 12 semanas, pero no aguanto más, es tan bonita.
Bueno, eso son supersticiones tontas.
Yo no estaba ni de cuatro semanas
y ya me había comprado hasta la cuna.
Mi suegra, imagínese, casi le da un ictus.
Siéntese.
Verá lo que es amamantar en una nube.
Gracias.
¿Niño o niña?
Niño seguro.
Pues este.
Tenga.
Mmm... Pero usted no es madre primeriza.
Eh, no, tengo una niña.
Ah.
Pero este es un niño muy deseado.
Te entiendo.
¿Tiene frío?
Un poco.
¿Se encuentra bien?
Muy bien.
¿Te mareas?
¿Paro?
Si vas a vomitar, me dices, ¿eh? Que lavé el coche ayer.
Ay...
Ya verás como en dos días estás como nueva.
La naturaleza es sabia.
Y con la niña ya criada, tú me dirás.
Y tú ya no tienes edad.
Por mi edad era por lo que quería tener ese niño.
Y dale con que era un niño.
Estadísticamente lo era.
Estadísticamente era una judía.
Inés, si no pones de tu parte, esto no va a salir bien.
Lo que ha pasado es lo mejor para todos.
¿Mmm?
Qué poca gente hay ya.
Y menos que habrá en dos días.
Hasta han cerrado el chiringuito.
Mejor.
Así te quedas tranquila.
¿Me quedo?
No voy a dejar a la niña sola.
Tiene 14 años y se queda con Elsa.
No me he despegado de ti en el hospital,
yo creo que ya está bien.
Yo no estoy bien.
¿Y qué hago con mis clientes y el despacho?
Antonio, me dijiste que estarías pendiente de mí.
Pendiente de ti, no pegado a ti.
Ya no eres una niña, tenemos obligaciones.
La vida sigue, Inés.
Mi obligación era proteger a mi hijo
y no lo he hecho.
Te hiciste ilusiones demasiado pronto.
Estabas alegre de más.
Estaba alegre de más.
Sí, te emocionaste de más
y pasó lo que tenía que pasar.
Claro, porque yo siempre me emociono de más.
¿Verdad?
Y eso os saca de quicio a ti y a la niña.
Y por eso he perdido a mi hijo.
Tienes 42 años, no puedes ir pregonando por ahí "voy a ser mamá"
como si tuvieras 20.
-¿Por qué? -Porque es patético.
Porque ahora toca contarle a todos que fue una falsa alarma.
No fue una falsa alarma.
-A nadie le importa. -A mí.
A mí me importa.
Antonio, no salgas corriendo como siempre
y quédate conmigo, por favor.
Muy bien.
Llamo a mis clientes y les digo que se busquen otro abogado,
que yo me quedo en la playa.
No, mejor llamo al juzgado
y les digo que anulen todos los juicios,
que mi mujer me necesita para que le haga compañía.
Y si pierdo a mis clientes y el despacho se va a la mierda,
ya está, sacamos a la niña del colegio,
que vaya al instituto del barrio
-y yo al paro y a vivir del cuento. -No, no llames.
-Sí, voy a llamar. -No llames, por favor.
-Voy a llamar. -No llames, no anules nada.
¿En qué quedamos? Me vuelves loco, por favor.
Es que no me encuentro bien.
No te encuentras bien.
Para montarme el pollo estás de puta madre.
No, lo siento, perdóname, pensaba que te ibas a quedar un par de días,
pero a está, si quieres,
picamos algo rápido y...
Y sales, así no te acuestas tarde.
Sabes que no me gusta conducir de noche.
Si algo ahora, llego a cenar a casa, ¿vale?
Muy bien.
Pues sal ahora
y así le das una sorpresa a la niña.
¿Segura?
Pues... duerme bien, come sano y nada de trabajo.
El fin de semana me paso a ver cómo estás.
Y si necesitas algo, me avisas, ¿vale?
¡Uy, no!
Hola, mi amor.
No, "mi amor" no, mamá.
Tres veces.
Tres veces me has llamado.
Si no te lo cojo, será por algo, ¿no?
Por si no lo habías oído.
Oigo de puta madre, mamá.
Esa boca, Ainara.
Si llamas para echarme la chapa, ahórratelo, ¿vale?
No, te llamaba
para ver si te apetecía un picnic playero este finde.
Este finde tengo partido.
Negativo.
¿Me estás haciendo un "nextazo"?
Mira, de verdad, no intentes hablar como si fueras joven
que además de llegar 20 años tarde no sabes el puto 'cringe' que das.
Aún se está muy bien en la playa y...
te echo mucho de menos. ¿Tú a mí?
Mira, no seas dramas, ¿vale?
Fuiste tú quien me obligó a apuntarme a vóley y ahora nada,
que deje colgado al equipo.
No, no, mi amor, lo entiendo, ve y diviértete.
Esto no es una fiesta, mamá.
Esto es deporte.
Te dejo, ¿eh?
Yo me encuentro mejor. Gracias.
¿Te has pinchado?
¿Sí?
¿Y por qué no sangra?
Inés, ¿en qué habíamos quedado?
Sin sangre no se llora.
Ahora ya puedes llorar.
¡Por fin!
Había un tráfico de mierda.
-Putos puentes. -¿Y la niña?
Hostia, qué frío hace aquí.
¿Por qué no pones la estufa?
¿Y Ainara?
No ha venido, tenía no sé qué en casa de su amiga Paula.
¿Más importante que venir a ver a su madre?
Tiene 14 años, la pobre todo esto lo lleva fatal.
Que lo lleva fatal.
¿Y cómo se supone que lo tengo que llevar yo
que no ha venido ni un solo día a verme?
¿Sabes cómo te llama?
La dramas.
Me ha dicho: "Papá,
ir a ver a mamá hasta la playa para verla llorar por las esquinas
me da un mal rollo que te mueres".
Y tú le has dado tu beneplácito, claro,
porque el mal rollo que me dé a mí no importa.
Bueno, tampoco exageremos,
que de la intervención hace ya semanas.
Fue un aborto, Antonio, un aborto espontáneo y un legrado.
Que vale, que sí,
que un hijo es un hijo,
que si tu cuerpo es tu cuerpo,
que si la sangre, que si las hormonas,
pero aquí estás, tan ancha en la playa.
Ya me gustaría a mí cogerme una baja por depresión no te jode.
Hasta de fumar haces un puto drama.
El mismo drama que me montaste tú
cuando supiste que estaba embarazada.
¿Yo? ¡Venga ya!
Sí.
Que si no te veías capaz de criar a otro hijo,
que si querías viajar, descansar,
dedicarnos el uno al otro ahora que Ainara iba siendo mayor.
Mira, tener un hijo es cosa de dos
y yo ahora, que quede claro,
no quiero más niños y punto.
Y yo que tengo 42 años quería tener ese hijo, que quede claro y punto.
Estoy harto de esta conversación.
Y yo estoy harta de sobrarte en esta casa.
A ti y a la niña.
Parece que mi baja os ha venido de puta madre para libraros de mí.
Si fuiste tú la que quiso recuperarse en la playa.
¡Contigo! ¡Joder, contigo!
¡No pasando todo el puto día aquí sola
preguntándome si lo he perdido por mi culpa,
si voy a tener otra oportunidad para ser madre
o si mi hija me querrá algún día
o si a mi marido le importa el hijo que hemos perdido
o es un puto alivio que haya muerto!
¿Sabes lo que te digo? Que sí, que estoy hasta los cojones de ti,
de tus putos traumas, de tu jodida intensidad,
de tu dependencia emocional.
Me agotas, Inés, me agotas.
No, Antonio, no me digas eso, por favor, perdóname.
-Me voy. -Antonio, ¿adónde vas?
No te puedes ir, está la cena hecha. He hecho boloñesa.
¿Tú estás mal de la cabeza? Me importa una mierda la cena.
-Se acabó, que no puedo más. -¿Qué se acabó?
¿Qué se acabó?
Lo nuestro, hostia.
Antonio.
Antonio, por favor.
No has traído maleta.
Pensaba decírtelo, pero no así, coño.
Siempre lo complicas todo.
No habías traído maleta, lo tenías todo planeado.
Separarnos.
Puedes quedarte el tiempo que quieras.
Yo me ocuparé de arreglar los papeles.
¿Y la niña?
Ainara se queda conmigo.
Es mi hija.
Intentaré que pase contigo algún fin de semana.
Perdón.
Nos vemos mañana.
¡Mierda!
¿Me escuchas?
¿Eh? ¿Estás bien?
Estás congelada.
¡Mierda!
¿Estás bien?
¿Me escuchas? ¿Estás bien?
Ven.
Tenemos que entrar en calor.
Perdona, ¿eh?
Te tengo que quitar la ropa.
Joder, estás congelada.
Ven.
Tenemos que entrar en calor.
Ven.
Abrázate a mí.
Abrázate.
Ya está.
Ya pasó.
¡Ah!
¡Ah!
¿Por qué querías matarte?
¿Cuántos años tienes?
He preguntado yo primero.
¿Dieciséis?
Quince.
Tápate.
Pero si me has destapado tú.
Vístete.
No, no te pongas eso.
Perdóname.
Perdona, estás helado.
Me llamo Inés.
Hugo.
Hugo, en ese dormitorio hay un armario con ropa, ve y vístete.
Por favor.
Vale.
Pues tú te lo pierdes.
-Bueno, ¿qué? -Hugo.
¿Nos vamos?
Te vas.
Porque tendrás una casa, supongo,
y unos padres que estarán preocupados.
Un padre.
Y la preocupación es su estado habitual.
Eso es porque te quiere.
Eso es porque se quiere.
¿Vives cerca?
Qué va.
Mi hermano ha alquilado una casa en la bahía este verano.
¿Y con esa playa te vienes a nadar aquí?
Lo más lejos que puedo.
Eres raro, Hugo.
Hablo aquí la suicida.
Sabes que lo que hemos hecho
no podemos volver a repetirlo nunca,
¿verdad?
¿Y eso por qué?
No podemos volver a vernos.
¿Quién va a cuidar de ti?
Siempre me las he apañado muy bien sola.
Ya.
Pues en el mar no lo parecía.
Vete.
Es tarde.
Oye, Inés, eh...
¿Me das tu número?
No.
No puedo.
No podemos.
-¿Qué ves, tía? -Tía, lo que he visto.
Ostras, tía, mi madre.
Hola, mi vida.
¿Qué haces aquí?
-Hola, Julia. -Hola, Inés.
Me pillaba de paso y digo:
"La recojo y nos vamos a tomar algo".
¿Esto lo sabe papá?
No, cariño, ni la Guardia Civil.
Vengo a verte, no a secuestrarte.
Es que me iba a casa de Julia a estudiar.
¿Verdad, tú?
Eh...
Sí, sí, matemáticas.
Muy bien, pues os invito a las dos
al sitio este de las tortitas que os gusta, ¿eh?
Ese sitio está fatal ahora, está lleno de panchis.
Ainara, ese comentario sobra.
Bueno, ya estamos con la de Open Arms.
Que tenemos mucho que estudiar.
Otro día mejor, ¿vale?
Pero he venido hoy.
Ya, pero has venido hoy porque te ha dado la gana.
Ni te tocaba ni has avisado ni nada.
Yo también tengo mi vida, ¿eh?
¿Y no puedes pasar ni media hora con tu madre?
Pues no, no puedo.
Ahora las cosas son así.
Tienes que asumir la situación.
Joe, mamá, pero tampoco te mosquees, anda.
Otro día vamos a merendar, te lo juro,
lo que pasa que hoy nos espera el padre de Julia.
y se pica mucho si le ponen una multa.
Venga.
Adiós.
¿Tienes que pasar por el colegio
a avergonzar a la niña delante de sus amigas?
Quería invitarla a tomar algo, pasaba por el colegio...
No tienes por qué pasar un puto miércoles
porque los miércoles mi hija está conmigo
como los lunes y todos los putos días.
-Perdón, señora. -Inés.
Joder, esta tía cada día está peor.
¿Tú te acuerdas de que estamos separados?
Separados.
Sí, sí, sí.
Puta menopáusica de los cojones.
-Es mi hija, Antonio, quería verla. -Sí, es tu hija,
pero no puedes pasar por el colegio cuando te salga del higo
porque se tiene que establecer un régimen de visitas.
Que acoses a la niña no mejorará vuestra relación.
-Que yo acoso a Ainara. -Un juez podría verlo así.
Un juez. Pero ¿tú qué coño vas a decirle a un juez, que la acoso
porque la invito a tortitas?
Ni la niña ni yo queremos llegar a eso,
pero vas a tener que empezar a comportarte,
asumir la situación.
Os molesto haga lo que haga.
Ya estamos con el puto victimismo.
Mira, tengo que colgar.
Solo te digo una cosa,
de aquí a que firmemos el acuerdo no la líes,
no te pases por casa, no nos des el coñazo
y no nos frías a mensajes.
Te llamé una vez porque no sabía conectar el wifi.
-Cualquier excusa es buena. -Eres un cabrón.
Ahí está la loca de siempre.
-Menos mal que me libro de ti. -Perdóname, cariño.
No he querido decir eso, es que no estoy bien.
Me siento muy sola.
¡Inés! ¿Qué pasa? ¿Cómo lo llevas?
Hola. Perdona, voy volada.
Pero ¿adónde vas? Oye, escúchame, ¿cómo estás?
Le he preguntado a Antonio. No vienes a yoga...
Perdona, me tengo que ir.
-¿Necesitas ayuda con el piso? -Lo siento, no tengo tiempo.
Bueno, pero llámame, Inés.
¡Inés!
¿No eras tú el que iba a cuidar de mí?
Porque no has visto cómo han quedado los otros.
Mi padre me está esperando.
¿Ves cómo sí podemos?
Podemos, pero no debemos.
Ve, que bastante bronca...
Que bastante bronca te vas a llevar hoy por esto.
¿Podrías ponerte en mi piel?
¿Te importaría no levantarme la voz
y mostrar el respeto que merece un padre?
Joder, papá, el día que te vea metiendo gritos por la casa
te juro que te invito a chupitos.
¿No hay cocas?
Entre semana no se beben refrescos, ya lo sabes.
Te haces un zumo o un batido.
Acaba de empezar el curso, Hugo.
Y primera pelea y primera visita al despacho de dirección.
Joder, y dale, que me empujaron en relevos.
¿Qué quieres, verme la pierna o qué? ¿Eh?
Si respondes a la violencia con violencia,
¿dónde crees que va a conducir?
¿A no ser el parguelas del colegio tal vez?
¿Prefieres ser el matón?
Prefiero que me dejen en paz.
¿Qué crees que opinaría tu madre de todo esto?
No conocí a mamá,
así que no puedo imaginar lo que pensaría.
Por mucho que te empeñes.
Tu madre está en ti.
Vive en ti.
Venga, sube a estudiar, anda.
¿Y eso?
¿Un amigo?
Algo así.
Me alegra, hijo.
No es bueno que un hombre esté solo.
Un saludito y luego fuera móvil.
Papá, eh...
Joder.
¿Qué hacías que no puedas hacer con la puerta abierta?
Lo siento, papá, quería...
Quería concentrarme.
Hugo.
Voy a dejarla entornada.
Por tu bien, Hugo,
y por el de esa jovencita con la que hablabas por teléfono.
Despídete y a estudiar.
Sí, papá.
Y arregla ese cuarto que lo tienes hecho una leonera.
Inés.
¿Sigues ahí?
Hola, mi amor.
-¿Cómo estás? -Bien.
Dice papá que viene a y cuarto.
En una hora.
Tiene no sé qué del trabajo.
El arroz a banda es espectacular.
Estoy a proteínas.
¿Todo bien?
¿Saben lo que van a tomar?
Si vas a estar de mensajitos, yo también saco el móvil y listo.
No, no. Perdona, es del trabajo.
¿Qué tal el vóley?
Lo dejé hace como un mes, mamá.
¿Qué pasa?
¿Qué haces aquí?
Verte.
Toma.
Bueno, no pueden vernos juntos.
No pueden vernos follar, Inés.
Además parecemos madre e hijo.
No, no me lo recuerdes.
Inés, quiero quedar contigo de verdad, me gustas.
No puede ser, todo esto está abocado al desastre.
Créeme, me pagan por analizar riesgos.
Ah, ¿que te dedicas a eso?
¿Qué eres, matemática o algo así?
¡Te pillé!
¿Te ibas sin tomarnos algo o qué?
Tengo mucho curro.
Ajá.
Hola.
Es un compañero de Ainara del colegio.
-¡Ah! -Sí.
Ya le digo lo del trabajo.
Entonces me paso a recogerlo otro día.
-Claro. -Sin problema.
-Chao. -¡Chao!
Me estabas dando plantón.
-No. -Sí.
Es que no tengo ganas de nada, Lola.
Vamos a ver, ¿vas a dejar que Antonio te arruine la vida?
¿De verdad?
¿Vas a irte a tu casa y a encerrarte tú ahí, sola?
-¿Ese es el plan? -No hay otro plan.
Curro en casa, no tengo amigos
y mi familia era mi única conexión con el mundo.
Y, sinceramente, esa conexión era una mierda.
Bueno, muchas gracias por la parte que me toca.
Tú eres una amiga sobrevenida por las circunstancias
y que me compadece.
No es compasión.
Yo creo que eres una buena mujer, pero con mala suerte.
¿Mala suerte por qué?
Por querer a gente que no estaba a la altura para quererte a ti.
Gracias.
¡Ah!
¡Llámame!
Oye, pues es preciosa tu casa, ¿eh?
Como tú.
¿Tú cómo sabes decir esas cosas con lo pequeño que eres?
-Leo mucho. -Ah.
Además tengo un CI de 130.
Lo que demuestra
que la inteligencia no está reñida con hacer estupideces.
¿Como esta?
Por ejemplo.
Que sepas que yo también soy un cerebrito.
-Ah, ¿sí? -Sí.
Entonces nos vamos a aburrir muchísimo.
Ya te digo yo que no.
Me da vergüenza que me mires así.
A mí que me veas cómo me pongo con solo mirarte.
Podría ir a la cárcel por esto.
Y yo al infierno.
Según mi padre, yo ya voy de cabeza.
¡Papá!
En la cocina, hijo.
Buenos días.
Buenos días.
Hola, Tomás. ¿Cómo estás?
Bien, hija.
Hoy es un día de alegría y tristeza como todos los años.
Ya lo sé, papá.
Con todo este tiempo y todavía me parece
que tu madre me va a preparar el desayuno por las mañanas.
¿Te lo puedes creer, Anita?
La querías mucho.
Oye, ¿y el enano?
Tenía que terminar un trabajo y se quedaba en casa de un amigo.
Se ha llevado la ropa y se reúne con nosotros en la iglesia.
¡Anda!
Me extraña que le hayas dejado.
Son 15 años, Mauro.
Hay que darles responsabilidades.
Además, desde el incidente en la clase de atletismo,
se está comportando como un cartujo.
Bueno, es un buen chico, Tomás.
Y le ha escrito una carta a su madre
que va a hacer llorar a los ángeles del cielo.
Bueno, pues ahora la escucharemos.
-¿Vamos? -Sí, vamos.
¿Qué hora es?
9:55.
¡Mierda! ¡Me cago en la puta!
¿Qué pasa?
La misa de mi madre.
¿La misa?
Sí.
¡Joder, mi padre me va a matar!
Porque el paso de los años
no ha podido borrar la huella indeleble
que dejó Mercedes en nuestros corazones
y eso es así gracias a que Cristo lo dijo y quedó escrito:
"Yo soy la resurrección y la vida".
"Todo el que cree en mí...".
"El Señor es mi pastor, nada me faltará".
"En lugares de delicados pastos me hará descansar".
"Junto a aguas de reposo me conduce
porque tú estás conmigo,
tu vara
y tu cayado
me infundirán aliento".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
El taxi está abajo.
Gracias.
-Siento irme así. -Corre.
¡Papá! Lo siento, me he quedado sin batería y no he podido...
Tu madre murió por darte la vida.
¿Y tú no eres capaz siquiera de venir a su misa?
-Lo siento. -Yo sí que lo siento.
Siento que fuera ella la que muriese.
¡Papá!
Que Dios me perdone.
Ya te vale, tete.
Vamos, cariño, vamos a casa.
Venga.
Perdóname, te he complicado la vida.
Pero ¿qué dices, Inés?
Tú no me has complicado nada.
Joder, no soporto no poder verte.
Ni yo.
Esta vez la he cagado en serio.
¿Por qué?
Mi padre,
que dice que no puede conmigo,
que necesita que me enderecen.
Me va a mandar a un internado.
No nos vamos a volver a ver.
Y no les vamos a aburrir más.
Ahora, con su permiso, les animamos
a disfrutar de un pequeño refrigerio
que esperemos sea de su agrado.
No se excedan con el vino que no está consagrado.
Mientras tanto, mi equipo, el padre Ángel y yo
estaremos a su disposición
para cualquier duda o comentario que quieran hacernos.
Mil gracias por elegir nuestro centro para...
para educar lo más preciado que tienen,
sus hijos.
Es incómodo ser siempre el número impar.
¿Verdad?
-Hugo, soy yo. -¿Inés?
Creí que no volvería a saber de ti.
Tenemos pocos minutos.
No ha sido fácil comunicarme contigo.
Esto es muy fácil.
-Me empastillo, a tomar por culo. -Ni se te ocurra decir eso.
Necesito que confíes en mí,
sabes que lo que hago lo hago por ti.
¿Qué estás haciendo, Inés?
Espabila, Ribó, que te vas para casa.
¿Yo?
En el tiempo que llevas en el colegio
ha habido... novedades.
¿Qué novedades?
¿Mauro?
-¿Este era tu puto plan? -Lo he hecho por nosotros.
Estás loca, estás como una puta cabra.
Esto es un pueblo, ya sabemos que estás tonteando con Ribó.
¿Qué haces aquí?
¿Por qué no te largas? Estás borracho.
-No puede darte lo que necesitas. -¿Tú qué sabes lo que necesito?
Sí, lo sé, lo sé, lo sé perfectamente.
¡No ha servido de una puta mierda!
Tranquilízate. ¿Has olvidado lo que nos estamos jugando?
No, Inés, no, aquí la que parece haberlo olvidado todo eres tú.
¡Vete a la mierda!
¿Eres el hermano de Mauro Ribó, el concejal?
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