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Original subtitles

EN BUSCA DEL AMOR

Nuestro agradecimiento al Museo del Prado,

por permitir filmar

las obras de Velázquez y El Greco.

¡Maggie!

¿Susie? ¡Susie Higgins!

- Bienvenida a Madrid. - ¡Maggie!

Lo he pasado fatal. ¡Estás aquí!

Siento llegar tarde.

Tranquila, le he dado al taxista tu dirección.

- Veamos, ¿qué taxi cogemos? - Mejor el tuyo.

- Llevas poco equipaje. - Ya me conoces.

Vamos, entra.

¿No es bonito?

- Lo sé, la Cibeles. - Un símbolo de Madrid.

Y justo detrás la Central de Correos, es como una catedral.

- Te has informado. - Lo sé todo de España.

- Temía verte triste. - ¿Por el lío aquel?

- Quería ser delicada. - Aquello no lo fue.

Fue el problema del año pasado. Ahora tengo otro.

- Es lúgubre, pero me encanta. - El piso es aún más lúgubre.

- ¿Qué dicen? - Que serías un buen colchón.

- Es un cumplido. - ¿Cómo?

Si miras, es una señal de ánimo. Podría ser peor.

Le digo que las suba por las escaleras.

Es demasiado. Dice que su mujer subirá las maletas.

- ¡Es un palacio! - Claro.

Ese es mi cuarto, y ese es el tuyo.

Y este es el de Fran. Ha salido a...

Está aquí. Fran Hobson. Susie Higgins.

Aquí tienes a Fran.

Se ha vuelto como los de aquí. Un poco gitana.

Canta, baila... vaguea.

- ¡Debería ensayar! - ¿Qué?

- Haré el café. - Hola.

- Bienvenida. ¿Mi bata? - ¿De qué color es?

Aquí hay tiempo para hacer cosas. Nada de prisas.

¡Mi bata!

Antonio me matará.

Si los martes me deja ensayar, debo ir.

Hoy es lunes.

Lunes.

¿Lunes?

- Te necesitamos. También tu dinero. - ¡El desayuno!

No decís nada de los hombres españoles.

¿Me has oído? ¿Qué tal los hombres?

- Lo verá tarde o temprano. - No hay.

- ¡Está lleno! - No les mires o explotan.

- O sea, que hay. - Los ricos están casados.

- De acuerdo. Probaré los pobres. - No te cortejarían.

- ¿Los españoles son tan diferentes? - Puedes tener un lío.

- No quiero un lío. - Nunca...

- No, pero no lo difundas. ¿Y tú? - Toma el bocadillo de sardinas.

- Tienen las cabezas. - Es lo mejor.

- Ha llamado el de la oficina. - ¿Pete?

Es un reportero americano con muchas novias.

- Dijo que el Sr. Barton te busca. - ¿Paul?

¿Diga? Hola, Pete.

- Hay problemas. - ¿Qué? Ya voy.

Una crisis menor.

Voy a la oficina. ¿Vienes?

No, gracias. Voy a darme un baño caliente y a estudiar arte.

- ¿Necesitas algo más? - Sí.

- ¿Quién es Paul Barton? - El jefe de Maggie.

- Incomprensible, inaccesible... - ¿Casado?

- Y paternal. - Así que es eso.

- Buenos días. ¿El Sr. Barton está? - Aún no.

Veo a Pete allí.

¿Hay algo importante?

- ¿Leyendo mi correo, Pete? - No debo acercarme tanto.

Leo las cartas de lejos.

He visto a tu...

No quiere ir a casa. No sé que hacer con ella.

- ¿Cuál es la crisis menor del jefe? - No se fía de mí.

Déjame tu máquina de escribir. La mía no funciona.

Bebes demasiado.

Tal vez no bebo lo suficiente.

¿Lo arreglas para el jefe?

Ese probo expatriado desde hace quince años.

- No es un expatriado. - ¡Siempre lo apoyas!

- ¿Escribes con esas palabras? - Mi problema son las revisiones.

El Sr. Barton te lo destroza todo.

- Nos van a echar. - ¿Qué dices?

El Sr. Martínez nos echará por el alquiler.

Se enfadaría contigo. ¿Y Paul?

Prepara una fiesta para uno de Nueva York.

El jefe está aquí. Ha arruinado nuestros planes.

- Viene mañana. - ¿No la próxima semana?

Su mujer está cansada de viajar.

- ¿Y la fiesta? - La cambiaré.

Hay una suite doble reservada para C. D. Morton.

- Debe ser importante. - Sí. 20 periódicos.

Maggie, ve tú a por la reserva. Yo meteré la pata.

Ha ofendido al Sr. Martínez.

Magnífico.

- Ocúpate de eso. Necesito a Maggie. - Ya veo.

- El artículo de ayer es bueno. - Lo que dejaste.

Eso le decía a mi jefe.

Pero él tenía razón.

- Sobre la fiesta... - Mi mujer llamará a los invitados.

¿Y el entretenimiento?

- Fran traería a Antonio Gades. - Bien.

- ¿Llamo al Sr. Martínez? - Llamaré yo.

¡Cómo te habla Pete!

Se lo merece, espero.

Llamaré a Fran.

¡Espera un momento!

Hola, Fran.

- ¿Estás ocupada? - No. ¿Por qué?

- Tengo un trabajo para ti. - ¿Dónde?

En casa de Barton.

Pero no tengo tiempo. Necesito a Antonio, las guitarras...

Es imposible. ¡Lo haré!

- ¡Qué guapo eres! - Hay que curarla.

- ¿Habla inglés? ¿Qué haces? - Soy médico.

- ¿Así buscas trabajo? - No hay huesos rotos.

- Te examinaré. - Llego tarde.

¡Es un rasguño!

- ¿Cuánto llevas de médico? - Un año.

- ¿Y tu despacho? - En casa, en Estepona.

- Nunca he oído esa calle. - Es un pueblo.

- ¿Lejos? - A 500 km.

- ¿Qué haces aquí? - Estudiar.

- ¿Hasta cuándo? - Unos días más.

- No hablas mucho. - No.

- ¿Nunca sonríes? - ¿Cómo estás?

Terrible.

- Haz eso más a menudo. - ¿Qué?

- ¿Ya estoy? - Sí.

- ¿Bebo coñac? - No, por si hay lesiones internas.

- No hay lesiones internas. - Te traigo jerez.

¿Cómo te llamas?

- Andrés Briones. - ¿Quieres saber mi nombre?

Gracias, Andrés.

- El doctor se ha ido. - ¿Ido?

¡No le he pagado!

No pasa nada. Puede pagar el jerez.

- ¿Una amante del arte? - No. Es más que eso.

- La han dejado. - A ella no.

Ven.

No sé. Tal vez sea una ladrona de arte.

- No. Su marido la ha dejado. - No lleva anillo.

- Ah, sí. Sola. - ¿Qué quieres decir?

¿Qué quieres decir que cómo lo sé?

Los americanos siempre están solos.

La última vez te dejé aquella princesa.

Gracias.

- ¿Quién es usted? - Emilio Lacayo.

¿Quién es usted?

Habrá llorado por la belleza de los cuadros.

Pocos se emocionan tanto con nuestro arte.

- Gracias, pero no era eso. - ¿No?

- Dígame. ¿Por qué lloraba? - Añoro mi país.

- Es una tontería, ¿verdad? - No.

No. No.

- Es horchata. Una bebida de verano. - Es como un batido de almendras.

Pero... ¿puede?

¿Puede permitírselo?

- Un hombre que va al museo. - Cree que no tengo trabajo.

- ¿Cree que soy un gigoló? - ¡No se me había ocurrido!

- ¡No tengo trabajo! - Puede pasarnos a todos.

Sí, claro.

Se ha puesto nerviosa de repente. ¿Qué ocurre?

- Es hora de cenar. - En Madrid cenamos más tarde.

Es cierto. Lo había oído. Qué locura.

- ¿Podemos volver a vernos? - ¿Se hace?

- Todo el tiempo. - No sé mucho de su país.

Pero nos hemos conocido de una forma mal vista.

Oh, sí. Tiene razón.

- Debe presentarnos una familia. - No conozco ninguna.

Tengo una amiga americana, Maggie Williams. Fuimos al colegio.

¿La guapa chica americana que trabaja con Paul Barton?

- Sí. ¿La conoce? - Sí. La conozco.

¿Una galleta?

Hablará mal de mí.

- No la escucharé. - Es usted muy lista.

¡Camarero!

Cójalo.

¿Coger?

¿Qué es?

¡Guárdelo!

¿No le han enseñado nada en América sobre el orgullo masculino?

- ¿No son los españoles educados? - Sí.

Entonces, ¿por qué me grita?

Algunos somos muy crueles.

Siento haberla hecho llorar.

- No ha sido usted. - ¿No? ¿Entonces qué?

Añoro mi país.

- ¡No tengo pendientes! - Yo sí.

- ¿Tienes un imperdible? - Sí.

Debe ser el coche de Barton.

- ¿Estáis listas? - ¡Mi primera fiesta española!

Espero que no te decepcione.

- ¡Fran! - ¿Dónde está el imperdible?

Aquí. Lo tengo.

¡No está vestida!

- ¡Qué horror! Ni nos miran. - Están con sus mujeres.

Bueno. De todas formas... Creo que tu Paul parece maravilloso.

- Su mujer es guapa. - No tanto.

- ¿Cómo es? - Muy social. La mujer perfecta.

- ¿Cómo es contigo? - Encantadora.

¿Y él, cómo es?

Cuando creo que hay algo, se vuelve paternal.

- ¿Por qué no atacas? - Me paralizo.

¿Qué? ¿La belleza de Bronxville?

¡Paul! Me alegra verte.

Mira, ese es el de que te hablé.

- El chico que está entrando. - ¡No!

- Sí, es él. - Pero si es Emilio Lacayo.

- Huye. - Ya me lo advirtió.

Emilio Lacayo es de una familia rica y antigua.

- Y el hombre más cruel conocido. - Temía que fuera un gigoló.

Encantado de verle.

¿Qué tal?

Discúlpame. Voy a saludar a mi prima.

¿La cuidaréis? ¡Y no toquéis!

- Viene. ¿Qué hago? - Tranquila.

Es un requeteasqueroso.

¡Maggie! Que alegría volver a verte.

Discúlpeme, pero esta bella joven y yo somos viejos amigos.

¿No os conocéis? Susie. Emilio Lacayo.

- ¿Querrá comer conmigo? - Ya veremos.

La llamaré mañana. Me alegro de verla.

Gracias.

- ¿No es maravilloso? - Sí que lo es...

- No lo es. Eres su próxima víctima. - Ni me ha mirado.

- No. Pero pronto te meterá prisa. - ¿Cómo?

Primero con exquisiteces: Un ramito de flores, una cenita.

Luego te mandará caviar y champán al apartamento de tus amigas.

- Y te imaginará medio desnuda. - ¿Qué más?

Intentará lo del tipo solitario: "Mi vida está vacía".

O esta otra: "¿Quieres ver mi colección etrusca?"

- Si no, te pedirá que os caséis. - No me conoce.

Pero te acostarás con él para conoceros mejor.

- ¿Y si me niego? - Te dejará.

Pero le preguntarás: "¿Qué he hecho? ¿Qué hay de malo en mí?"

Y esa noche te acostarás con él porque no pasa nada.

- ¿Quién se ha creído que es? - Un requeteasqueroso.

- Si es así, ¿qué hace con esa? - ¡Susie!

Hay gente que huye...

de las cosas divertidas de la vida.

Su aburrimiento....

Io puedes cortar con un cuchillo.

Son los que ven los aviones volar.

Pero yo...

tengo que estar....

con los que vuelan.

Ahorradme a la gente que trabaja de ocho a cinco...

que está media viva.

Me quedo con el grupo a quien no le importa el dinero.

A mí dadme a los que buscan el amor....

cada vez.

Ahorradme a los aficionados a las palabras....

y a los pájaros.

En otras palabras, son para los pájaros.

A mí dadme a los que buscan el amor.

Sí, señor.

A las nueve, cócteles.

A medianoche, cenamos.

Después vino espumoso...

en un restaurante mientras los gitanos tocan hasta el amanecer.

Nadie vive dos veces, señor.

Siga mi consejo, señor.

Dé lo que tenga antes de que no haya nada que dar.

Relaciónese con los que buscan el amor...

amantes y los que bailan pegados.

Busque a los que buscan....

el amor....

y viva.

Y viva.

Y viva.

Como con vida.

- Es casi de día. - ¿Podemos irnos sin ser vistas?

Y morirnos.

- Vámonos. - Maggie, ¿bailas?

Sí, me encantaría.

- Ya estás muerta. - ¡De qué forma!

También bailas bien.

- Aparte de ser muy guapa. - Gracias.

- Nunca habíamos bailado. - No. Nunca.

Deberíamos practicar.

¿Estás bromeando?

¿Y qué si no?

Bueno, ese es el problema.

Si estás de broma, me he perdido.

Pero si hablas en serio...

Lo siento, querida. Estás demasiado guapa esta noche.

Otra vez a lo tuyo.

Gracias, Maggie.

- Lo siento. - ¿Qué pasa?

- ¿Me llevas a casa? - Claro.

Avisaré a mi tornado toledano.

- Lo siento. ¿Le ha importado? - Se ha alegrado.

La idea era entristecerla.

Vamos.

Gracias por no hacer preguntas.

No quiero hablar de ello. ¿Te interesa?

- No es asunto mío. - Hoy en día somos muy egoístas.

- ¿Qué pregunta no debo hacer? - ¿Por qué me hundo?

Superaste una mala experiencia, ¿no?

Paul me ayudó.

Ese es el tema. El problema de superar una mala experiencia es que la añoras.

Y buscas otra.

- ¿Por qué Barton te deja? - ¿Qué?

- ¿No tenéis un lío? - No.

- ¿Cuál es tu problema? - Ese es mi problema.

Vamos a la izquierda.

- Madrid es a la derecha. - A la izquierda.

- Era a la derecha. - No conoces España.

- Ni quiero. - ¿Por qué?

Hay una vacante en París. Y me quieren.

¿Qué hay en París? ¿Una chica que dice no?

- Un sitio sin Barton. - ¿Le envidias?

¿Envidia? No tiene nada que yo quiera.

No llevas ni tres meses en Madrid y ya quieres ir a París.

- Si Barton me recomienda. - Lo hará. Y París te gustará.

Por un mes o dos. Luego irás a Roma, a Londres...

Seguirás moviéndote. No aprenderás nunca nada por ser "libre".

- ¿Por qué me atacas? - Alguien debe hacerlo.

Paul cree que mejorarás, pero yo no.

Sales, bebes, ligas y pierdes el tiempo quejándote...

cuando podrías ser bastante bueno.

No sabía que te importara.

- Olvídalo. - No quiero olvidarlo. Tienes razón.

- Tienes razón en muchas cosas. - Sí.

Es de tontos no escucharte. Recuérdamelo.

¿Qué ocurre?

Bueno...

- A veces se pierde. - Sí.

Deja que te aclare algo.

Sé lo que Barton siente por ti.

¿Cómo puedo ayudarte?

- ¿Diga? - ¿Susie?

¿Susie?

Un momento. Tu enamorado.

¿Cómo le llamo? ¿Señor?

Prueba con "cielo".

Hola.

Iré a Toledo esta mañana.

Si no tiene nada que hacer, me gustaría llevarla.

¿Quiere?

Quiere ir a Toledo conmigo. ¿Qué le digo?

¿Toledo? Esta es nueva. Dile que no.

¡Sí!

Bien.

Claro. Estará de vuelta esta noche.

La recojo en media hora. Seré puntual. Adiós.

- ¿Qué crees que haces? - Voy a darle una lección.

- No controlas ni a ese. - Pero a Emilio, sí.

¿Sí? ¿Cómo?

- Siguiendo una costumbre española. - ¿Cuál?

Gracias, Emilio.

De nada.

¡Para, para!

- ¿Ha encontrado mi lápiz? - ¿Lápiz?

Ayer dijo que era un bolígrafo lo que había perdido.

No ha aparecido nada. Sólo el joven doctor.

Dijo que ha perdido unas vendas.

Tal vez él tenga su lápiz, y usted sus vendas.

- ¿Por qué huiste? - No quería verte. Pero debía.

- Para despedirme, me voy. - ¿No vuelves?

- No. - ¡Es una lata!

- ¿A dónde vas ahora? - A pescar a Segovia.

- Llévame a casa primero. - ¿Por qué?

¿Por qué? No puedo pescar vestida así.

¡Espera un momento!

- Ha surgido algo. - ¿No vienes con nosotros?

- No, es que... - Qué pena.

Recuerda, en español "no" se dice "no".

Todo empezó con un saludo afectuoso.

Sentí un calor...

y un bienestar.

Y luego una sonrisa me revolvió toda.

Creo que es algo en que pensar.

Después un suspiro demostró sin ninguna duda...

que era algo en que pensar.

Algo en que pensar.

Ese suspiro era algo en que pensar.

Y ahora no puedo pensar en nada más.

En todo el día.

Deberíamos ser cuidadosos, lo sé.

Pero cada vez que me abrazas así....

el corazón me empieza a palpitar para hacerme saber...

que estamos en el precipicio.

Creo que es algo en que pensar.

Algo en que pensar.

Algo en que pensar.

Pero...

no pensamos.

Muy bonita.

¡Bonita! Los hombres se vuelven locos. Uno intentó suicidarse tras oírla.

- ¿Murió? - Bueno, se encontró mal.

- Siempre te ríes de tu profesión. - No me va bien.

¿Y por qué sigues?

- ¿Por qué pescas si no hay peces? - Para evitar...

- ¿Evitar qué? - Es hora de volver a casa.

Toda la tarde perdida.

Hemos hablado y hablado, pero nada.

¿Te asusto?

Es tarde.

¿Dónde has estado?

- Esto es lo que quería evitar. - ¡Evitémoslo más!

Toledo. Y tenemos todo el día.

- Maravilloso, ¿verdad? - Sí.

"El entierro del Conde de Orgaz"...

una de las tres obras maestras de la pintura.

La primera es La ronda de noche, la segunda, Las meninas".

Allí fue donde nos conocimos.

"Y la tercera es esta".

"Cuando el conde murió...

san Agustín y san Esteban bajaron el cuerpo a la tumba.

El Greco se pintó en el cuadro. Es el sexto por la izquierda.

Su hijo está en primer plano.

Fíjense en la manera...

como El Greco trata el sobrepelliz que lleva el cura".

Ah, sí.

"Sobre las cabezas, un ángel sostiene un bebé...

que representa el alma del conde.

San Juan Bautista pide que el alma del conde entre en el cielo.

Con la mano, Jesús le pide a san Pedro...

que deje entrar al conde". Para.

- ¿Por qué? - No quedan descripciones.

- Me gusta. - Tengo sed.

Cuidado con el último peldaño.

- Es una de las mejores bodegas. - ¡Otro sitio oscuro!

Sí, bueno... Los ojos sufren menos.

- Ven. Te enseñaré un vino. - Quiero Coca Cola.

Ah, un Mouton Rothschild de 1918, una...

¿Qué te ha ocurrido?

Sé que está oscuro, pero tenga cuidado con las manos.

Vamos a la sala de coñac. Es menos oscura.

- Odio tener que irme. - Lo sé.

Pero debemos.

Disculpa.

- La suite está libre, ¿la quiere? - Sí. Y lleven flores y champán.

Y un bote de aspirinas.

Bien... El coche nos espera.

- Susie, quiero... - Emilio...

- ¿Qué? - ¿Qué?

Tú primero.

Quiero disculparme.

He oído habladurías y quería escarmentarte.

Pero estaba equivocada. Has hecho que me divirtiera.

- Creía que eras un cínico. - Lo soy.

- ¿Por qué lo dices? - Quiero ser sincero.

¿Quieres casarte conmigo?

Claro. ¿Cuándo?

¿Cuándo? Necesitamos tiempo.

Lo sé. Las pruebas sanguíneas son tres días.

- No. Me refería al noviazgo. - El lunes conozco a los tuyos.

No, Susie. No lo entiendes.

- Debemos ver si somos compatibles. - ¿Cómo?

¿Cómo?

Bueno... Ya sabes...

Pero no podemos. Lo averiguaremos de otras formas.

- No hay otras formas. - ¿No? ¿Arte? ¿Y los deportes?

Pero nada físico. Sin tocarse. Como espectadores.

- ¿Un buen partido de fútbol? - Suena bien.

¿Corridas de toros?

- Sería... - De público.

- Eso es. La idea exacta. - Ya veo.

Bien. Debo llevarte a esos sitios. Algún día.

- Pero primero llévame a casa. - ¿A casa?

Sí, supongo que debo hacerlo.

- Hecho. Y con aspirinas. - Deshágalo.

He perdido la batalla. Pero no la guerra.

- Los suelos no se comban. - Se desintegran.

- Pues váyase. - Mañana.

- Buenos días. - Buenos días. La cosa va bien.

Hay que acordar algo.

- Llegas tarde de nuevo. - Me he dormido.

¿Saliste con Pete?

Me enseña la vida nocturna. Me acostumbraré.

¿Algo va mal?

¿Tenéis una aventura?

Él creía que tú y yo teníamos una.

¿Sí?

- Entonces es que no tenéis ninguna. - Claro que no.

Están antes el tornado toledano, la mariposa de Barcelona

- y el ciclón salmantino. - ¿Sí?

- Le gustas. - Tanto que quiere irse.

- ¿Adónde quiere irse? - A París.

Le dije que seguro que le recomendarías.

- ¿Y qué dijo él? - Nada. Pero lo dejará.

De locos. Deberías irte tú.

Yo era como Pete.

Es difícil de creer, pero es cierto.

Tuve que luchar para levantar esto.

Eso me hace noble, ¿verdad?

¿Por qué me pregunto cómo he malgastado estos quince años?

¿Qué te ocurre?

- ¿Por qué quieres que me vaya? - ¿Qué?

Has dicho que me vaya.

No he dicho nada de eso.

No he dicho que te vayas.

Mi madre me decía que nunca llamara a la puerta.

Si me necesitas, estoy en alguna parte.

Lo siento.

No lo sientas. No ha pasado nada.

Eso es justo lo que siento.

- ¿Arturo? - Sí, Sr. Barton.

- Un cable a Centrell. - Sí, señor.

Están interesados en McCoy.

Mi recomendación es negativa.

¿Estimulante?

¿Lo es? ¿Estimulante?

¡Muy bien! Acaban todos amigos.

No cariño. Es un honor.

Significa que te dedica el toro.

- ¿Matará al toro por mí? - Sí.

Pero si yo no mato ni moscas.

Te lo explicaré todo.

- ¡No se lo permito! ¡Déjelo vivir! - Siéntate y calla.

Ya está. Ya está. No te preocupes.

Adiós, toro.

¡Exquisito!

Ya se acabó, Susie. Ya acabó.

No hay nada de qué preocuparse. Susie...

Susie, ¿qué haces?

- Gracias por la cena. - Pero si no has comido nada.

Almorcé bien. Buenas noches.

- Te libero del compromiso. - ¿De qué hablas?

- Maggie me lo contó. - ¿Qué?

Sobre tus diferentes técnicas.

Creía que conmigo sería diferente, pero no.

- No me amas. No nos acostaremos. - ¿Me dices adiós?

Sé que tu orgullo está herido, pero lo superarás.

- Y yo también. - Espera. Te equivocas.

- ¿Me equivoco? - Sí.

- No nos harás esto. - ¿No?

No hables mientras me explico.

Te lo explicaré todo.

No hables mientras lo hago.

- Maggie. - ¡Paul!

He recibido un cable a medianoche. Busco a Pete.

¿Buscas a Pete? ¿Aquí y ahora?

No sé si llamar al ciclón salmantino...

al tornado toledano o a la mariposa de Barcelona.

¿Paul, quién demonios crees que eres?

¿Por qué me incluyes en ese grupito?

- Maggie, escucha... - Me preguntas si

tengo una aventura con Pete.

Eso no es asunto tuyo. Y me llamas como si fuese una golfa.

¡No tengo un lío con Pete ni con nadie!

Pero si quisiera, podría tenerlo.

¡Ponlo en los teletipos! Y otra cosa...

Maggie, cállate.

Llamo a mi secretaria por trabajo.

Es urgente. Por eso te llamo.

¿Pete te ha dejado un mensaje?

- Sí. Vuelve mañana de París. - ¿Por qué no lo dijiste al principio?

- No me gusta tu tono. - Perdona.

No creas que soy fácil sólo porque lo fui una vez.

Si de verdad quieres saber lo que pienso de ti...

En otro momento.

Dile a Pete que me llame a primera hora de la mañana.

Buenas noches, Maggie.

¿Hablamos un poco?

- ¿Qué es tan divertido? - Nada. Pensaba en otra cosa.

- ¿Podemos hablar? - ¿Qué pasa?

Nada.

¿Qué tal Emilio?

Bien... No estoy segura.

Susie, eres tan... tonta.

Sé que soy tonta. Pero así es como soy.

Hablemos entonces. Ya te dije cómo era Emilio.

Un canalla. ¿Pero me escuchaste? No.

- Tenías que descubrirlo sola. - ¿Te enfadas?

No me enfado contigo. Estoy enfadada en general.

Te acuestas con Emilio y bromeas.

- Pero te odiarás. - ¡Que no!

- Que no, ¿qué? - No me he acostado.

Susie, ¿de qué estamos hablando?

Me ha pedido que me case con él.

Quiero decir de verdad. Y que conozca a su madre.

Bien... Alguien tenía que cazarlo.

¡Vamos a celebrarlo!

- ¿Qué has hecho? - Le he engañado honestamente.

Le he empujado a comprometerse.

- Si le gusto a su madre. - No te preocupes. Claro que sí.

- ¿De veras no te importa? - Claro que no. ¿Por qué?

Era "tu problema del año pasado", ¿verdad?

- Absolutamente no. - Te mentiré si lo necesitas.

- Tu tonta sinceridad es mejor. - Necesitas otra chica.

- Necesitaré dos. Fran se irá. - ¿Y el médico?

- No se sabe nada. Está abatida. - ¡Pobre!

Vamos a contárselo.

- Ha dicho que se acostaba. - ¡Mira!

"Chicas, volveré en unos días. Con amor. Fran.

P.D. No puedo evitarlo".

- Ojalá lo consiga. - ¿Adónde ha ido?

- A las colinas. - ¿Qué colinas?

¡Qué hermosa manera de tratar a los pacientes!

- ¿Practicas mucho? - No.

Sólo con los que vienen y dicen "Un doctor. Mi corazón está mal".

¿Dije eso?

Tenía miedo de que no te alegrara verme.

- No sé lo que dije. - Me alegró verte.

¿Cómo está tu corazón ahora?

- ¿A qué hora sale mi avión hoy? - A las ocho.

¿Tan pronto?

Está bien. Tenemos todo el largo y precioso día.

Oh, gracias.

- Son muy jóvenes. - En España todos bailan flamenco.

¿Todos?

De repente estás oyendo música.

Las cosas hacen música.

Tu feliz corazón hace música.

Y si te pregunto qué significa....

Diles que todo hace música. Cuando estás enamorado.

Cuando el corazón está lleno, la tripa también...

y el cielo está azul.

Cuando tu sonrisa es cariñosa...

y te calienta hasta la médula de repente oyes música.

Las cosas hacen música.

Tu feliz corazón hace música.

Y te preguntan qué significa....

las cucharas hacen música, los platos también....

la tetera, los peces.

Casi todo hace música.

La cabra arrulla como una paloma.

Estás oyendo música.

Las cosas hacen música.

Tu feliz corazón hace música.

Y si te preguntan qué significa, diles...

que todo hace música....

cuando estás enamorado.

Discúlpeme. Perdón.

Todo hace música cuando estás enamorado.

Todo hace música cuando estás enamorado.

Todo hace música cuando estás enamorado.

Todo hace música cuando estás enamorado.

Todo hace música...

cuando estás enamorado.

- ¿Andrés? - ¿Sí?

- ¿A qué hora decías que sale el avión? - Mañana hay otro.

- Ven conmigo. - Sabes que mi trabajo está aquí.

- Entonces deja que me quede. - No puedo.

Bien. Se acabó.

Los dos días más hermosos de mi vida...

y los he malgastado con un decente y guapísimo terco como tú.

Ultima llamada para el vuelo de Iberia de Málaga a Madrid.

No me los habría perdido por nada.

- Tienes los teletipos. - Que venga Pete.

Se va.

Bien. Veo que ha traído deberes.

- Maggie. - Enhorabuena por el nuevo trabajo.

- No lo conseguí. - ¿No lo conseguiste?

Barton mandó un cable y París no me quiere.

- No me lo creo. Será un error. - Claro. Adiós.

- Se lo dije yo. - Me lo imaginaba.

- Sé que querías ayudarme. - Anoche Paul intentó localizarte.

Claro. Le mandaré una postal. En colores. Nos vemos.

¿Cuándo viene Barton?

- Cariño. - He olvidado la llave.

- Creí que era Emilio. - Suerte que no es.

Veré a su madre, y no quería que se arrugara.

- ¿Qué tal? - Se ha acabado.

- Soy demasiado para él. - Se me correrá el rimel.

Lo siento.

¿Has dicho que vas a conocer a su madre?

- Me alegro tanto por ti. - Lo siento por ti.

Un momento. Un momento.

¿Qué hago? Yo no llevo rimel.

- ¿A qué hora viene? - A las 3:30. ¿Qué hora es?

- Las 4:30. Suele llegar tarde. - Nunca. Habrá un malentendido.

Quizá dijo: "Quiero que conozcas a mi madre..."

y no: "Te llevaré".

- Un taxi. - ¡Un momento, loca!

¡Qué nervios!

Soy Susie Higgins, me parece que me esperaba.

- Emilio no aparecía y he venido. - Es americana. Qué encantador.

- ¿No lo sabía? - ¿Debería?

Sí. ¿Emilio no se lo ha contado? Tampoco me cuenta mucho de usted.

Ni sabía que hablara inglés.

- ¿Conoce a mi hijo? - Por eso estoy aquí.

Siéntese.

- ¿No le ha hablado de mí? - Cuéntemelo usted.

Bueno. Él... Nosotros... Me ha pedido que nos casemos.

No puedo entender por qué no viene.

¿Cuánto... cuánto conoce a mi hijo?

Conozco su técnica. Si es eso a lo que se refiere.

Pero esto es distinto. Nos queremos.

Y quería que la conociera, lo que lo hace distinto...

¿No?

- ¿Lo ha hecho antes? - Probablemente.

Pero, ¿por qué?

¿Por qué iba a hacer algo como esto?

Cinco minutos, mademoiselle.

Sí, cariño.

Creo que deberíamos compartir esto con él.

La joven se va a Toledo contigo, qué bien.

- Madre, ¿has sido tú? - No. Tú.

En respuesta a por qué iba a hacer algo tan vil, no lo sé.

Emilio puede se encantador...

pero también un mimado y un sinvergüenza.

Siento muchísimo el daño que los dos le hemos causado.

Madre.

- ¿No has olvidado nada? - Sí.

Que con esta chica te has comportado como un cobarde.

- ¿Eso decías? - Sí. Exactamente.

¡Has vuelto!

¿Qué haces?

Vuelvo a Nueva York, donde debería estar.

¿Qué ha pasado?

- ¿Sabes lo de la clínica? - Sí.

No puede pagar los equipos y no deja que le ayude.

Así que se acabó.

Si Cristóbal Colón se hubiese quedado en casa...

yo seguiría en Nueva York, bailando flamenco.

- ¿Qué te ocurre? - A ver si cabe. Vuelvo con ella.

- ¿Y Emilio? - Todo mentira. Su madre no lo sabía.

Estoy enfadada conmigo. ¡Lo odio!

- Lo único es que... - Sigues queriéndole.

Paul, te he esperado. ¿Qué pasa contigo y Pete?

Hablaremos enseguida. Pero primero contigo.

¿Vamos a una fiesta?

Paul, soy Maggie. ¿Estás seguro?

Claro que estoy seguro.

Te recogeré en 10 minutos.

Esto no es una escuela de gente que abandona.

Es una agencia de noticias y la diriges tú.

Creo que escribes bien, aunque me caes mal.

- Ni tú a mí. - Lo sabía. ¿Qué debo hacer?

- Lo dejo. - ¿Buscarás trabajo?

- ¿Crees que no tengo agallas? - No. Llevas tres meses.

¿Y qué?

No es suficiente. Acabarás escribiendo cómics.

- Soy negativo, crítico. Pero aprendes. - Es decisión mía.

¿Quieres irte? Te ayudaré. Te llevaré al avión.

Pero si te quedas y te vuelves algo responsable...

dejaré ser negativo y de fastidiarte.

¿Sabes? Nunca te he entendido...

pero tendré que quedarme hasta enseñarte.

- Tómate el resto del día libre. - La jornada ha acabado.

He leído esto. No está mal.

Farragoso, pero bueno.

¿Vas a venir a la fiesta?

Llevaré a Maggie.

Haz lo correcto. Te quiere.

¿Adónde vamos?

Aquí no debes preocuparte de que nos vean.

- Paul. - Hola.

Es nuestro anfitrión. Lleva años invitándome.

- ¿Quién es toda esta gente? - Gente feliz.

- ¿Casados? - Algunos.

- ¿Dónde encajamos? - Están enamorados.

¿Aceptas una vida secreta?

- Mi turno, Paul. - Nuestro anfitrión, el Sr. Rosalinda.

- Paul, Mei Ling. Mi jefe. - Vamos al bar.

La amo.

- ¿Le digo por qué? - ¿Qué? Estaba distraída.

Nunca había visto a Paul así.

Antes estaba serio, triste. Pero ya no. Por eso la quiero.

- ¿Por qué llora? - En todas las fiestas.

Llora por Paul. Haga algo por mí.

Le dejaré bailar con el resto de esas maravillosas mujeres.

- Qué alegría. Paul está en el bar. - Disculpa.

A ella el visón y a mí la nevera...

- Estoy contenta. - ¿Por arrancar alas de moscas?

- No sabía que vendrías. - Ni yo. Ha sido una intuición.

He visto el beso del taxi.

No finjas que no eres el ligue de mi marido.

¿Qué quieres? ¿Amor? Sal a la calle.

¡No es sólo amor! Cielos. Es verdadero amor.

De acuerdo. Hablemos. ¿Quieres un nidito de amor?

Créeme, no vas a sacar nada más.

He empleado mucho tiempo en Paul y no me quitarás nada.

- No daré nada, ¿está claro? - El caso es que estoy confusa.

Sabías qué hacías.

Esos ojos azules abiertos de par en par, mirándolo.

- Pero el patán cayó. - Cebé el anzuelo y u marido picó.

Coqueteé y cayó en mi regazo. ¿Dónde estabas tú?

- ¿Yo? - Sí. La devota esposa.

¿Qué hacías? ¿Dónde estabas?

¿Por qué no estabas con él y lo cuidabas?

¡Déjalo en paz! No te quiere.

Sólo juega contigo. ¡No le importas!

Me das pena.

¿Cómo te atreves, golfa?

¿Alguna manera de estropearlo más?

- Sácame de aquí. - Se lo explicaré a mi flor de loto.

- ¿Te importa si? - No.

Arruinaréis mi vida. Tomemos una copa.

- Una copa no me ayudará. - No. Pero a mí, sí.

Dije que una copa, no. Pero creo que diez, sí.

Mi amigo, Don Quijote.

- Ya no querrá ser mi amigo. - ¿Por qué?

He traicionado todo ideal altruista y noble por el que luchó.

Desde luego.

Me ha llamado golfa.

A lo mejor tiene razón. A lo mejor es lo que soy.

No lo creo. Sólo me he enamorado.

Tu amigo Don Quijote diría: "¿Qué hay de su mujer?".

Olvidada.

- No es bueno. - Lo sé.

Pete, soy un desastre.

Tienes razón.

Dime qué hacer.

- Olvida a Barton. - No puedo.

Pues llora... por tu desgracia.

- Pete. Soy tan infeliz. - ¡Maggie, Maggie!

- Has bebido demasiado. - ¿Yo?

- ¿Te llevo a casa? - Me encantaría.

Así que esa es la triste historia de Fran y Andrés.

Supongo que sabes lo de Susie y Emilio.

Así que ahí estamos las tres. Fran, Susie y yo.

Buenas chicas. ¿Y qué nos pasa? Nos estrellamos.

Hasta el hombre de enfrente nos ha olvidado.

No sale a la ventana desde hace una semana...

Somos demasiado viejas para él.

Hemos envejecido en una semana.

- ¿Pete? - ¿Qué?

¿Soy demasiado vieja para ti?

Pues bésame.

- ¿Qué hay de Emilio? - Veré si viene. ¿Está Maggie?

Está hablando por teléfono.

No te pases con ella. Tiene resaca.

Quiero hablar con Estepona. Con el Dr. Briones.

Negocios de la compañía. Llámeme a mi despacho.

Te necesita.

- Maggie... - Una palabra bonita y me derrumbo.

De acuerdo. No hay ninguna.

Jane me dijo todo lo que te dijo anoche.

- Dejemos eso. - No.

La mujer que habló contigo anoche no era Jane.

Yo la hice de esa manera.

Sabe desde hace meses lo que siento por ti.

- Ha sido un infierno. - No estoy bien.

Te quiero.

No puedo dejar a Jane.

No soy el primero en esta situación.

Ni seré el último.

En estos temas siempre...

es el hombre quien gana.

Tú decides.

Fran y Susie vuelven a Nueva York.

Me voy con ellas.

Me lo esperaba.

Nunca te olvidaré, Maggie.

¿Algo más, Sr. Barton?

- Listo. - Bueno...

- Perdona. - Tranquilo. Ya está.

Qué mal me oriento.

Póngame con Emilio Lacayo.

- Mi enhorabuena. - ¿Por qué me felicitas?

Por romper el compromiso.

Es un alivio, ¿no?

Es encantadora, pero bastante tonta.

- ¿Tonta? - No fue lista contigo.

Estás equivocado. Fue muy lista.

Casi tuvo éxito.

- Sólo falló porque... - Se enamoró de ti.

En Nueva York quizás elija a un chico tonto, simpático y seguro.

- ¿Nueva York? ¿Qué quieres decir? - ¿No lo sabes?

Las tres vuelven a Nueva York mañana.

Doy una fiesta de despedida. Ven.

- Hay una chica nueva. - No puedo, gracias.

Sí, creo que será mejor que no vengas.

- Me alegra de verte. - Igualmente.

Adiós, viejo piso.

Adiós. Estés donde estés.

¡Ha vuelto!

- ¡Nos vamos mañana! - Ha sido un placer conocerte.

- ¡Qué hombre más maravilloso! - Pensaremos mucho en ti.

¡Adiós!

Bueno, ha ganado alguien.

- ¿Estás bien? - Sí.

Yo también.

- ¿Así será la última noche? - Cantaré.

- ¿Por qué? - Me pagan por ello.

- Que sea triste. - He escogido algo especial.

¿Cuándo?

La próxima vez...

me sabré la regla. La próxima vea no haré el tonto.

No cometeré el mismo error dos veces.

La próxima vez.... jugaré con inteligencia.

La próxima vez cuidaré mi corazón...

y no dejaré que patine sobre ese hielo viejo.

Aunque cuanto más digo nunca....

Cuanto más inteligente soy....

más puedes hacer que me suba la tensión.

Y cada vez.... que digo que es la última vez...

estás ahí, sonriendo...

como si no supieras que voy a perder.

Y allá vamos, empezando la próxima vez.

Aunque.... Cuanto más digo nunca....

Cuanto más inteligente soy....

más puedes hacer que me suba la tensión.

Y cada vez.... que digo que es la última vez...

estás ahí, sonriendo...

como si no supieras que voy a perder.

Y aquí estamos, empezando....

la próxima vez.

- Mira, Susie. - Ya miro.

Allí.

Señoras y señores...

saben que esta es una fiesta de despedida.

Pero no saben que es porque nos despedimos mi mujer y yo.

Empezaré en Nueva York.

Esta fiesta es para agradecerles su amabilidad.

Y para pedirles apoyo a mi sucesor...

el Sr. Pete McCoy, porque lo necesitará.

- Paul, ¿qué hago? - ¿Con qué?

- Con todo. - Pregúntale a Maggie.

Nadie vive dos veces, señor.

Siga mi consejo, señor.

Dé lo que tenga antes de que no haya nada que dar.

Busque a los que buscan el amor y viva.

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