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¿Qué hacemos, Antonio?
Los disparos habrán ido en ronda y pueden salir a buscarnos los franceses.
cada uno por su lado y chitón.
Esto lo hizo el diablo.
¡Andando!
A prisa, Micaela.
He de verme con mi gente en ronda. Miente.
Vas por esa mujer.
¿Qué mujer?
Carmen. Todos lo saben.
No eres tú el que tiene las peores heridas, Antonio.
Sino yo.
Lo mismo que la gente se une contra el francés, debería unirse para echar de
aquí a esa mujer suela.
Calla. Carmen no es como cree.
Además, está con nosotros. Está con el primero que llega.
Ya se ocultó la luna, luna lunera, ya
ha abierto su ventana la piconera, la piconera mare, y el
piconero va a la sierra cantando con el lucero, con el
lucero.
Alumbrando sus claras los olivares, alumbrando sus claras los
olivares.
Ay, que me diga que sí, ay, que me diga que no, como no
le ha querido ninguna, le quiero yo, mi pico negro, como el pico.
Por tu culpa, culpita, yo tengo, negro, negrito, mi corazón.
Por tu culpa, culpita, yo tengo, negro, negrito, mi corazón.
Sabe, sea, lleva mi pico negro.
Y un mar se lleva bordado de terciopelo, de terciopelo, marechi en
el sombrero.
Una cinta que dice, por ti me muero, por ti me muero.
Alumbrando sus claras los olivares, alumbrando sus claras los
olivares.
Ay, que me diga que sí, ay, que me diga que no, como no
le ha querido ninguna, le quiero yo, mi pico negro, como el pico,
por tu culpa, corpita, yo tengo.
Negro, negrito, mi corazón.
Por tu culpa, culpita, yo tengo.
Negro, negrito, mi corazón.
Oiga, cuando usted quiera, Moció, ya puede pasar.
Gracias.
Gracias, mi arma.
¿Quién es este Francisco?
Un sargento. José no sé cuánto.
Pasará la noche aquí y por la mañana se irá al cuartel. Hoy se la ha hecho
tarde. Vaya.
No debió venir.
Si registran la venta y te encuentran en mi cuarto, nos curgarán a los dos. Que
nos cuelguen juntos, pero así.
Anda, vamos.
¿Dónde me llevas? A esconderte.
Maldito bicho y negro tenía que ser.
¡Demoninho!
¡Demoninho suizango cera!
¿Euskaldunas será?
No, no soy vasca.
Pero he vivido mucho tiempo en aquella hermosa tierra del Buen Llobé, en
¿Y usted? Mi madre era de Lizondo.
Tengo una sorpresa así de oírla hablar en vasco.
Vaya, ya tenemos algo en común. Sí, el agua.
No me arma la mala suerte, nos presentó un gato negro.
También.
¿Qué hace aquí?
Tengo que marcharme.
Estás loco, vuélvete arriba.
Espera la noche para salir.
Vamos. ¿Averiguaste algo?
Han salido tropas hacia el pico del viento a recoger los muertos. Tu arrondo
está vigilado. Vamos, vete arriba.
No me gusta que mire mis piernas sin mi permiso.
Me gustaría saber qué hay ahí.
¿Qué puede guardarse en un desván?
Ratones y trastos viejos. Que hay que vigilar muy a menudo.
Anoche también la vi, lo mismo que ahora.
Entonces, en muy poco ves solo unas piernas.
Escucha.
Ya con tu teo, muy deprisa va el señor sargento.
No he querido molestarla. No era mi intención.
¿No era su intención acortejarme?
¿Acaso si tuerta o coja?
Me parece que eres un poco tonto.
Me has visto en la iglesia.
Tengo familia o dueñas que me guarden.
Anda, ven. Déjame que te eche la buena aventura.
La izquierda. ¡Tu izquierda!
¿Qué cosa, maestra?
Estoy aquí.
En esta raya de tu mano.
Si me buscas en la tuya, me encontrarás seguramente.
No te rías.
Está escrito aquí.
Y las manos nunca miren.
Cuando yo quiera, señor sargento.
Mi saludo al coronel.
Si no se toman medidas enérgicas, continuarán las emboscadas y acabaremos
como esos soldados.
Sí.
Es preciso vengarlos con un castigo ejemplar.
Y usted, señor alcalde, será responsable si en adelante no se trata a nuestro
ejército como amigo y aliado que es.
Mi coronel, yo no puedo mandar el asentimiento de mi pueblo. Es que el
español no nos quiere.
Quiere nuestro rey Fernando VII.
Vuestro rey.
Vuestro rey va a celebrar una entrevista con nuestro emperador. Los destinos de
Europa están en manos de Napoleón.
No lo olvidéis.
No lo olvidéis.
¡Adelante!
Mi coronel, una muchacha desea hablar con usted. ¿Qué quiere?
No a todos los españoles que les enciende la sangre contra el emperador.
Yo, el alcalde, hago saber que serán confiscados los bienes y
haciendas... de todas aquellas personas que amparen o ayuden a los individuos de
la partida de Antonio, teniendo pena de la vida todo aquel que cometa actos de
agresión contra las fuerzas de su majestad, el emperador Napoleón.
Otra vez la misma carta.
Significa traición.
Y aquí está la mujer.
Otra vez la misma.
¿Cómo es?
Tiene el pelo negro.
Y los ojos negros como su alma.
Guardita sea.
De nada le valdrá.
Nadie hará caso del pregón.
Pero yo no puedo comprometer a mi gente.
Me tendré que ir a las ruinas del convento.
Deja correr tiempo.
¿Podría pasar día y noche sin mí?
Peor sería que te matara.
Y pasarme la vida entera sin ti.
Bien.
Tú lo que quieres es quedarte libre porque te gusta el sargento. ¿Qué
El francés.
Quieres envolverlo como a todos. Es tu juego de siempre.
Suerte.
Yo no soy de las que se dejan mandar.
Recuérdalo.
Carmen.
Soy de quien quiero.
No me atan por la fuerza.
Ni me retienen por lástima.
Mejor quisiera estar muerta, mejor
quisiera estar muerta
que verme pato a mi vía
en este penar del puerto,
puerto de...
Santa María.
Sentinela, sentinela, tú has tenido
la curvita, que pase la noche
en vela.
Que pase la noche en vela, ¿a dónde irá ese barquito
que cruza la mar serena?
Unos dicen que a Armería y otros que pa' Cartagena.
Unos dicen que a Armería...
que otros que pa' Cartagena, que otros que pa'
Cartagena.
Ay, ay, ay, barquito de vela que viene
de Cahay, que viene de Cahay, de aquella bahía.
Que viene de acá y de aquella bahía y no llega al puerto, y no llega
al puerto.
Puerto de... Puerto de Santa
María.
Puerto de Santa María.
Gracias.
Ponga unos hombres vigilando en las cuadras, otros que se queden aquí
¡Ea, que suenen estas guitarras!
¿Qué ocurre, Sargento?
Hay un hombre escondido en la venta.
¿Aquí? No, no puede ser. Ya lo verán.
cárcel te lastima anda y sal de tus encierros mis suspiros son la
luna que va comiendo los hierros cuando esté bajo la luna y te
ampare el firmamento prueba a ver si tu fortuna vuela más que el
pensamiento al acecho hay enemigo sin que tu noche se aclare
óyeme lo que te di
Dios te ampare.
¡El coronel lo quiere vivo!
¡Date preso! ¡Ven a buscarme!
¡Corre y sálvate!
Ojalá te ahorquen. Pero antes temblú.
¿Alguna orden, mis agentes?
Llévenlo al coronel.
¿Alguien ha intentado ayudarle desbocando los caballos?
No. He mirado yo mismo y no hay nadie.
Han sido los disparos.
Bien, mis agentes.
Oye, ¿por qué no me entregaste?
El alcalde dice que esa es la que corresponde a hacer justicia. Pero los
franceses no soltarán a Antonio.
Lo tendrán hasta que lo condenen. Ya, ya lo veréis. Por culpa de Micaela lo han
encerrado. Y no hay nadie que la tire de los pelos.
Una perrilla pa' un ciego.
Buenos días, tío Curro.
Buenos días, Carmen.
Está el día muy aperreado.
Muy malo, hija, muy malo. Ni pa' comer. Eso sí que no, ¿eh? Que bastante tiene
usted con no ver esto.
No sería yo gitana si a todo esto no le sacara yo unas perras.
Hermoso, échame unas perrillas.
Una, dos y tres, santíguate y muérete.
Ole, muchas gracias, mi arma.
Unas perrillas, saleroso.
Una, dos y tres, santíguate y muérete.
No te mueras, ole.
Aquí, rubiales, unas perrillas con cieguecitos. Gracias, moreno.
Uy,
qué dos mozos más graciosos.
Yo no sé por qué causa a todos los hombres, todos los hombres.
Echan humo tan solo, si oyen mi nombre, si oyen mi nombre.
Vaya corona, vaya corona.
La que le han puesto al garbo de mi persona, de mi persona.
Una, dos y tres, santíguate y muérete.
Con mis oraciones que hacen cosquillas.
A un francés se le alegran las pajarillas.
Y uno de España, y uno de...
La musa araña, la musa araña, una, dos y tres, santíguate y
muérete.
Hago siempre lo que quiero, sin que de nadie me esconda, que
no tiene por qué dar.
Viva el salero, tres cuartos al pregonero,
Carmen la derronda, la derronda.
Una, dos y tres, santíguate y muérete.
Si no acaba el bochinche de este jaleo, de este jaleo,
arderán cualquier día los pirineos, los pirineos.
Mayarana, mayarana, la que te armó los...
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de mi romance de mi romance una, dos y tres santíguate
y muérete hago siempre lo que quiero sin que de nadie me
esconda que no tiene por qué dar viva el salero
tres cuartos al pregonero Carmen la de ronda
la de ronda
Una, dos y tres.
La limonera de mi
huerto limones. No hay quien los quiera. Son los mejores.
¡Soplona!
La limonera de mi huerto limones.
¿Por qué no se los lleva el señor coronel? Él te compra todo.
¿Qué quieres decir? Lo que digo.
Que te voy a comer los limones.
Otra noche, por mucho más me dejaste escapar. Era diferente, te habrían
fusilado. Mientras que esto con car te lo pagas. Prefiero que me fusilen hasta
encerrarme. ¡Ay, qué mal sé de mí!
Tú no puedes ser malo siendo tan guapo.
Mira, una piedrima.
Atrae los amores.
La quiere.
Déjate de tonterías.
No es ninguna tontería. Cogen la piedra, la meten en un vaso de vino. Se lo da a
beber a la mujer que te guste y ya no verá más que por tus ojos.
Oye.
Y te han dicho que los tienes muy, muy bonitos.
Ay, qué lástima que no nos hayamos conocido cuando tú estabas en Elizondo y
en Echalá.
¿Verdad? No te podrás callar.
Sigue.
Yo sé por qué no me entregaste la otra noche.
Porque te gustó. Y porque sabes que Carmen te va queriendo un poquillo.
¿Verdad que lo sabes?
Pero mírame, hombre.
¿Tienes miedo de mirarme a la cara?
No comprendes que me traes por la calle de la amargura. No.
¿No te gustaría que una mujer como yo te quisiera un poquito?
De verdad, que no te arrepentiría.
Carmen es muy agradecida. La tendría en tu brazo. No puedo dejarte escapar. ¿Qué
diría yo después?
Ah, pues es verdad. Yo no había pensado en eso.
Entonces, cállate ya de una vez y vámonos.
No es por ahí.
Tenemos que doblar a la derecha.
Y ya lo pensé.
¿Qué? Que podría escaparme sin que tú quisieras. ¿Sin que yo quiera?
Siendo así, cambiaría la situación.
Pero no creo que puedas. Pues ya lo verás como sí.
Cuenta hasta cinco.
Inténtalo. No pasarías de aquella esquina. Anda, empieza a contar.
Ya.
Uno.
Dos.
Tres.
Persígueme, tonto, que es tu oficio.
¡Eh, eh, Carmen!
Hola, Carmen.
Ay, madre mía. Ay, Lucas, me has salvado el pellejo. Pero bueno, ¿qué es lo que
te ha pasado?
Mala suerte la mía, que me corren los abachos. Y todo porque no me llevo bien
con Napoleón. Vaya, ¿y yo qué creí que venías corriendo para darme un abrazo?
Bueno. También hay algo de eso, ¿sabes?
Hijo, que para saber de ti hay que aprender a leer para buscarte en los
de toros.
Y para hablarte no te digo nada. Es casi una fiesta nacional.
No es para tanto, mujer.
Ven, sube.
Me ha llamado el alcalde.
Quiere que toree aquí una corría.
Luego iremos a festejar este encuentro. Mira, hoy no podrá ser, ¿sabes?
Me deja en la venta. Y allí te espero para brindarte una canción.
Está bien.
Sube.
De modo que los hombres de Antonio que atacaron a nuestras tropas son todos de
ronda.
Y vosotros no conocéis a ninguno.
Vaya, vaya.
Con que en tu venta se escondía el jefe de los rebeldes y tú lo ignorabas, ¿eh?
Y ustedes también, ¿verdad?
Es extraño, pero tengo que creerlo. Sería estúpido suponer que se exponen a
morir fusilados, horcados.
Adelante.
Suerte.
No fue difícil dar contigo y detenerte.
No tenía por qué esconderme.
Creía que los hombres no se ocupaban de peleilla entre mujeres.
Ustedes pueden retirarse.
Y vayan con cuidado. Es una advertencia.
Acércate.
Había oído hablar mucho de ti. No exageres.
Eres muy bonita. Pues yo me llevo una gran sorpresa al veloz.
¿Por qué?
Porque de cerca tiene otra cara.
Menos dura la mirada.
Digo, ya hasta sabe sonreír. Es la primera frase agradable que escucho
mi tiempo.
México.
Ahora comprendo y casi justifico la debilidad del sargento José Echeverri al
dejarla escapar.
Lástima que haya sido degradado.
¿Y eso qué?
Se le arrancan los galones y vuelve a ser soldado raso.
un percance muy vergonzoso para un militar. Pero si yo no me dejo escapar,
escape yo?
¿No ve usted que me conozco todos los rincones de Ronda? ¿De verdad que fue
como se lo cuento? ¿De verdad, mi general?
No dudo que tengas unas piernas muy ligeras y una imaginación muy viva.
Es una pena que no sepas emplearla como es debido.
Podría sacarle gran provecho solo con pronunciar el nombre de algunos de los
guerrilleros que acompañan a Antonio.
Solo unos nombres.
Sabemos que los principales se reúnen en la venta del moro.
¿Iran a oírme cantar? ¿No a contarme sus secretos? Para ti no hay hombre que
tenga secretos. Piénsalo.
Carmen no puede pensar si está encerrada.
Nunca hacemos prisioneros a nuestros amigos.
Si pudiera hablar con Antonio...
Quizá podría pagarle a usted que me perdone estas pastillas.
Bastará una orden firmada por mí.
El miércoles doy una fiesta en mi casa.
Quiero que cantes en ella.
Cómprate el vestido que más te guste.
¿Sus deseos son órdenes para mí?
Preferiría que algunas cosas no significaran órdenes para ti.
¿Quién va?
Permiso del coronel para visitar a un preso.
Anda ya, Napoleón.
Si me daba el corazón de que te iba a encontrar.
Yo estoy muy agradecida.
Y lo primero era darte las gracias.
Estoy aquí por ti.
Yo también estoy aquí por ti.
Eso tiene salero.
Y al mismo tiempo he traído unas cosillas, Antonio, que ese sí que está
Ay, y tus galones.
Ay, pero si te los han quitado.
Y yo que te quería por los dorados.
Eso de que yo marque la cara a uno y tú pagues por mí, es que no hay justicia,
José.
Oye, que ese papelito de verdad.
Orden del coronel. Y a darse prisa que me está esperando con la mano abierta
para que le lea su suerte. Por favor, por favor.
Carmen siempre paga.
¿Qué traes ahí?
Una empanada, mi ex sargento.
Y para Antonio, hecha por estas manitas que ya que no le pueden acariciar la
cara, le van a acariciar el paladar.
Cuidado con la lima y los trabucos que van ahí dentro.
Trae.
¡Ey! ¿Qué hace?
Nadie puede entrar sin registrarle antes. A mí nadie me pone la mano
Digo, si yo no quiero.
Es la orden.
¿Ah, sí?
Pues va a cumplir.
Prepárate a revisar prenda por prenda.
¿Y tiene que ser a la vista del centinela?
La farda.
Mi corpín.
La enagua.
Oye, si me quito lo que me queda, ya no me queda nada.
Tú dirás.
Y si desconfías de mí, puedes volverte y mirar. Anda, cumple con la orden.
Eres el demonio personal.
Un demonio vestido de gitanas que te ha echado el mar de ojos.
Vaya, vaya un oficio bonito el tuyo.
¿También esto entra en la ordenanza?
Esto.
Eres tú quien me has enloquecido.
Ya no me importa nada fuera de ti. Nada.
Vístete.
Desde que te he conocido no sé lo que es tener paz.
Pues mira, yo tampoco me siento muy tranquila.
Quizás sea por miedo a quererte un poquillo.
Solo tú sabes cómo eres conmigo y por qué haces lo que haces.
Yo no.
Y creo que lo sepa nunca.
A veces maldigo haberte conocido.
El nuestro fue un encuentro con mala suerte. Nos presentó un gato negro.
Carmen, entre nosotros está hacer nuestra suerte o desgracia.
No sé si para mí bien o para nada.
Estoy en deuda contigo.
Esta noche te espero en la venta.
Carmen siempre paga. No te burles de mí.
Bien sabes que estoy de guardia. No me burles.
Esta noche o nunca.
Y no tendré la culpa cierta.
6, 8, 10, 12, 14.
Toma.
No es ni la mitad de lo que me pagaba otras veces. Las otras veces no había
denunciado a Antonio.
Por eso la gente no te compra ni un limón.
Confórmate si no te quieres morir de hambre. Y no salgas por la venta, que te
volverían a zurrar.
Con un clavegrana sangrando en la boca, con una
varita de mimbre en la mano, por una brea que llega hasta el
río, iba Antonio Vargas, herediar gitano.
Entre los naranjos la luna lunera,
En su frente su luz de azahar Y cuando apuntaron los claros del día
Llevaba reflejo del verde olivar
Antonio
Vargas Heredia Flo de la raza calé
Cayó
de tus manos y de tu boca el clave y
de tu boca el clave
de Puente Genia Lucena de los
Javenas Mejí de Puente Genia Lucena
se mueren de pena llorando por ti
Antonio Vargas Heredia
se mueren de pena
era Antonio Vargas, herediar gitano.
El más arrogante y mejor plantao, y por los contornos
de sierra morena, no lo hubo más bueno, más guapo ni honrao.
Pero por culpita de una hembra gitana,
Su faca en el pecho de un hombre se hundió, los celos marditos
nublaron sus ojos y preso en la trena de rabia
lloró.
Antonio Varga, heredia, flo de la raza
calé, cayó.
de tu mano y de tu boca el clave y
de tu boca el clave
de Puente Genia Lucena de
Loja Benamejí de Puente Genia Lucena
se mueren de pena llorando por ti
Antonio Varga Heredia
se mueren de pena llorando
por ti
La derecha y la izquierda dicen lo mismo.
Una mujer.
¿Cómo es?
No es de su tierra.
Aquí veo sangre.
Y un peligro de muerte.
Sigue.
Una fiesta.
Hombre y mujeres que ríen y bailan.
Y surgen sombras y puñales que se clavan con él.
Sombras y puñales.
Eso huele mucho a guerrilleros. Tu visita a Antonio ha sido muy provechosa,
¿verdad? Lo único que me dijo es que no fuera su fiesta, que podría ser
peligrosa. Lo demás lo leo en su mano.
Eres tú quien lo lee.
Pero atención.
En la guerra el error de los amigos cuando cuesta vida se paga con la
¿entendido? Mi coronel, que yo... No temas.
No daré tus informes a mis oficiales.
Vine a la cita, pero la noche se la he dedicado a otro.
Por turno, hijo, y por categoría.
¿Bebemos una copa? No, esta noche no puedo, me esperan. ¿Te esperan? ¿O es
te han prohibido alternar con amigos de los franceses y tienes miedo?
¿Miedo?
Valiente como tú.
Me gusta el peligro cuando voy a lo mío.
¿Cuándo podré verte?
Otra vez será, Matao.
Vaya, así me gustan los hombres, jugándoselo todo por una mujer.
Carmen, tú sabes que contigo hasta ahora solo he jugado a perder.
¿Perder? ¿Y yo qué?
Acabo de dejar marchar a tu coronel y he dejado plantado a Luca, un torero muy
guapo, muy valiente y los dos suspirando por mí.
Tú dirás, Izargo, yo ganando.
Carmen, he llegado hasta aquí casi arrastrándome, ocultándome, huyendo de
centinelas, con ansia de tenerte en mis brazos y sentir tu amor.
Y no para que te burles de mí.
Vaya, celoso y encima como Argenio.
Era sonríe, que el amor es cosa leña.
Antes me va a pagar lo que me hiciste hoy en la cárcel. Carmen.
Tu chaqueta.
La ordenanza dice que hay que registrar prenda por prenda.
Nunca me había parecido tan hermoso una mano.
¿Será que empiezo a querer de verdad?
Para mí, nada es tan hermoso como sentirte.
Eso, si tú fueras de mi raza, uniríamos nuestra sangre.
Y el día que dejara de ser tuya, me matarías.
El ley gitano. Carmen, no soy de tu raza.
Pero antes de perderte, te mataría.
Ya nunca podría vivir.
Pero otra de... de guardia.
Sí. Pero ya ves, voy mejorando. De la cárcel al palacio del coronel.
Y sin perderte de vista.
Pues mira, más te valiera una puerta sin reja. Porque lo que va a ver es
alegrarse las pajarillas de tu coronel cada vez que me mire. No me extrañas.
Eres la más bonita de todas las que han entrado. Y de las que se han quedado
fuera también.
Oye, eso vale un beso.
Carmen, aunque pueden vernos.
¿Y qué? De sorda no te podrán bajar. No les queda nada.
Bienvenida la gracia y la belleza.
He cumplido su orden, mi coronel. Pero con un poquillo de miedo. Estamos
protegidos por nuestras tropas. Y alerta.
No soy capaz de exponer a un peligro a una mujer tan hermosa como tú.
Si no nos equivocamos esta noche será nuestra gran noche.
Levanten, pues.
¡Firme! ¡De frente, marcha!
¡A prisa, que viene la guardia!
¡Andando!
¡Alto! ¡Alto!
¡Alto fuego!
Apoya en la trama.
de mi celosía miraba encenderse la
noche de mayo a Clavel y a Nardo el
aire me olía cuando tú a mi puerta paraste el
caballío serrana me das candela y
yo te diga gaché
Y tómala en mis labios, que yo fuego te daré.
Dejaste el caballo y lumbre te di.
Y fueron dos verdes luceros de mayo, tus ojos para
mí.
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Y frente a tus ojos despuntar el día.
Y sonó más triste que nunca la vela.
Cuando te marchaba mi boca tenía un sabor
amargo a menta y canela.
Me tienes que dar una, subiste al caballo, te fuiste de mí y nunca
otra noche más bella de mayo.
y el verde, verde limón.
Ojos verdes, verdes, con brillo de faca, que se han clavado
en mi corazón.
Para mí ya no hay sol, lucero ni luna, no hay más que unos ojos.
como la arvaca verde como el
trigo verde y el pere
Mi coronel, los guerrilleros han asaltado la cárcel y han huido con
En la lucha hemos perdido cuatro hombres.
Vuelva al cuartel.
Teniente Marshall, explique a los invitados qué razones de servicio nos
continuar la fiesta.
Bien, mi coronel.
Dibuá, que los oficiales se presenten en el cuartel y concentren todas las
fuerzas. Yo iré a dar mis órdenes inmediatamente.
Bien, mi coronel.
Señores, lo sentimos mucho, pero por orden del coronel y razones de servicio
suspende la fiesta.
Vamos.
Carmen.
Quiero felicitarte.
Nos has alegrado la noche con tus canciones.
Vaya, yo creí que no había gustado.
Apenas llegamos y nos echan. No a ti.
Tú, como amiga e invitada especial, tienes el privilegio de quedarte.
Pero si se mantó.
Pero yo no, mejor dicho, no sin antes hablar contigo, y me esperan con
Preséntese en el cuarto.
Me cambiaré solo.
Bien, mi coronel.
En público te he felicitado por tu gracia.
Ahora que estamos solos te felicito por tu astucia.
No sé lo que quiere decirme el señor coronel.
Que mientras mis tropas esperaban aquí la emboscada, los guerrilleros asaltaban
la cárcel y libertaban a Antonio matando a cuatro de mis soldados.
Y esto no era lo convenido entre tú y yo. Si han hecho eso me han engañado.
tú quien me ha engañado.
Yo a ti no.
Te advertí que la traición en tiempo de guerra se paga con la muerte.
Esa será la sentencia del tribunal militar que ha de juzgarnos a los dos. A
por traición.
A mí por el estúpido error de creer en ti.
Me lo imaginaba. Cada vez que el coronel da una fiesta y asisten mujeres
bonitas, termino durmiendo en el cuartel.
Pagué tus informes y tú te has burlado de mí. El señor coronel pagó para que
cantara en su fiesta. Sabes que era por algo más.
Confiesa que obrabas en complicidad con los guerrilleros. Yo no sabía las
intenciones de ellos. Me dijeron que no viniera a su fiesta, que corría peligro,
pero nada más.
¡Mientes!
Es lo que querían que yo creyese.
Y tú les ayudaste.
¡No es eso!
Te conviene decir la verdad.
Puede que hayas tenido un motivo muy especial que justifique tu actitud.
Eso podría salvarte de la pena de muerte.
La verdad, señor coronel, me prometieron salvar a Antonio sin hacer daño a
nadie. ¿Entonces?
¿Estabas de acuerdo con ellos?
Juraron matarme si no le obedecía.
Eso no es atenuante.
Nosotros te protegíamos.
Me hubiesen matado igual.
Y yo quiero vivir.
No tienes disculpa.
Te condenarán a muerte.
Sería la gran solución.
Es mucho más agradable morir contemplando a una mujer como tú que el
de mis compañeros.
Pero yo siempre he cumplido con mi deber.
Y mi deber es presentarnos ante el tribunal.
¡Suéltame!
Antonio, si no lo ayuda, lo colgarán.
Es un francés.
Mató a su coronel.
Pero no lo hizo por nuestra causa, sino por una mujer.
¿Le has pagado bien?
Esto por el guerrillero.
Antonio, están metiendo presos a medio pueblo. Han salido patrullas para
buscarnos.
Vamos a separarnos en dos grupos y nos veremos en la cueva del corregido.
¡Andando!
Antonio, por favor.
No nos sobran caballos.
Tendrás que venir conmigo.
Iré contigo.
¡Marea! Antonio.
Que le den un caballo a ese francés.
¡Ya mismo!
Antonio te dará un caballo. El único que crea.
¿Y tú?
Yo iré en el suyo. ¿Tendré que darle las gracias por su ayuda?
Jorge, comprende que estamos en su momento. Por favor, vea lo que vea, ten
calma. Solo él puede ayudarnos a pasar y brotar.
Escucha.
No me he convertido en un asesino para compartirte con él.
Carmen, nuestra habitación que te separa. Tenemos un huésped y nos dé
Ya está bien de sonrisas y de miradas.
Arráncame los ojos.
Así acabarás con tu maldita guitarra.
¡Quietos!
Esta es una cuenta entre él y yo.
José, te matará.
Lo prefiero antes de verle poner sobre ti sus manos suficientes.
No te eches para atrás, gallina.
Es la primera vez que tienes una navaja en la mano, ¿eh?
Y no sabes qué hacer con ella.
De punta y al corazón, Antonio.
Antes un tajo en la frente.
Pura no mirar la mar o te mato.
¡Taba!
¡No!
Tú lo has visto, Carmen.
Soy más fuerte que él.
Pero no quiero matarlo.
No quiero que tú me odies.
Dime que no lo quieres, Carmen. Es un gabacho, tú no puedes quererlo.
José.
José.
Es Antonio.
Viene una patrulla de franceses por Peñas Negras.
Vamos a sorprenderles a ellos antes que nos cerquen a todos en la cueva y nos
maten como a ratas.
¡Andando! Te dejo el caballo de... Regresa por el despeñadero mientras
les atajamos por la quebrada.
No podrás cargar con él y su cuenta se la has pagado ya.
Ahí ya tú, que siempre te diste maña para envolver a los hombres con tal de
salvar el pellejo.
Siempre he tenido miedo a la muerte.
Pero contigo es un miedo distinto.
No me importa lo que pueda pasar si hemos de correr juntos la misma suerte.
Carmen, quiero tener confianza en ti y olvidarme que te has querido y has
querido a otros.
¡Gracias!
¡Luicillo! ¿Qué haces tú aquí?
Ya te contaré. Ven.
¿Y Luca?
Apartando toros para la corrida de mañana.
¿Qué pasa?
Ven, estoy en un apuro. Ayúdame.
Anda, vamos.
La herida no es grave, pero ha perdido mucha sangre.
Necesita descansar. Podría quedarse aquí.
Es peligroso.
Han ofrecido muy buen precio por su cabeza.
Le acusan de haber asesinado al coronel.
Por eso mismo hay que esconderle.
En mi casa no.
Dicen que hay sublevaciones en toda España.
De un momento a otro me obligarán a dar órdenes de un rey. ¿Nadie entrará en la
casa del alcalde?
Sospechan de todo.
Y de mí el primero.
Yo creí que podíamos confiar en usted.
Como médico le atendí sin preguntarle nada.
Como alcalde mi deber es denunciarle.
Como hombre tengo mujer.
Hijo, no quiero que me ahorque.
Nadie, mi comandante.
Acompáñame.
No podemos seguir. Los franceses no van a reentrar.
Le juro que no sé nada.
Soy un viejo, un pobre viejo. ¿A poco quieres decirme dónde está Carmen? ¿No
vivía aquí? ¿No cantaba en tu venta?
Cantaba y canta, señor comandante. Y aquí está la mismísima Carmen en
¿Se le ofrece algo al señor militar?
Saber de tus andanzas en estos últimos días.
Vaya, no te digo. Son muy curiosos los señores franceses.
Es que no está permitido a una mujer tener su secretísimo.
Sí, estuve apartando toros para la corría de mañana.
Son muy supersticiosos, ¿sabe? Y las mujeres guapas suelen darme buena
¡Olé!
El Lucas, mi comandante, gran torero y gran amigo de ustedes, ya lo verá mañana
en la plaza.
También viene a mi casa gente amiga.
Vienen todos.
Yo no puedo saber quién entra, quién sale y... Tendré mucho gusto en verle
torear mañana.
Muchas gracias, señor comandante.
¡Eh, Luisillo!
Haremos noce en la venta. Espera que te voy a ayudar. Con permiso, mi comandante
Gorberet. Arrea tú, vámonos.
¿No quiere usted entrar? Yo lo único que le puedo ofrecer es un vasillo de vino
y una canción.
Hoy no, otra noche. Gracias.
Vendré a oírte cantar, te lo prometo.
Vaya usted con Dios.
¡Adelante! ¿Te has vuelto loca?
Primero escondes aquí a Antonio y ahora al francés. ¿Pero no has visto cómo nos
vigilan? ¿O es que quieres que me ahorque? No volverán esta noche. Lo
aquí en mi cuarto. Y después, cuando se vayan todos, lo llevaré al desván. ¿Y
mañana? ¡Nada de mañana!
¡Sácalo de aquí ahora mismo!
Mira, si dice una palabra de él, yo también hablaré de ti.
Elige.
Está bien.
Ya quémala.
acabaré como Antonio y como los otros. ¿Qué sabes de ellos?
Rafael Curro y Penita muertos. De Antonio, unos dicen que se ha podido
otros que lo han matado, pero que los franceses no dicen nada para evitar más
líos. ¿Tú qué crees? Lo último, porque la verdad es que de esta emboscada no ha
vuelto ninguno de los nuestros.
Deben ser ellos.
Marcha, y que no vean salir a ti.
Carmen, no tardes.
Baja enseguida. Y si hay franceses, canta para ellos. Y sonríele, como tú
hacerlo. Que de esta no me salva ni la paz, ni la caridad.
Lo peor ya lo hemos pasado.
Estoy segura que mañana te encontrarán, hijo.
Y podremos.
Sí.
¿No estás contento de tenerme a tu lado?
Te estoy muy agradecido, Carmen.
No te he preguntado eso.
mismo encuentro la respuesta.
A veces creo que me quieres, viendo lo que haces por mí.
Pero otros momentos pienso que solo lo haces por gratitud, por haberte salvado
de que te fusilara el coronel. No puedes olvidarte de las palabras de Antonio.
Ya le has pagado.
Tú también lo dices.
Carmen siempre paga.
Nunca te he sentido totalmente a mi lado.
Antes era Antonio, ahora Lucas.
No hables así.
Lucas es un buen amigo.
Ha expuesto su vida por ti.
¿Por mí?
No. Por ti.
Solo un hombre que te mire así puede hacer eso.
Con la esperanza de que se lo pagues.
Ya está preparada la habitación para usted, Matao. La mejor. Gracias, tío
A usted.
Acómetela con los ojos, ¿verdad, Matao?
Vaya, Canela, si se vieran como los veo yo. ¡Uy, qué pareja! Un torero famoso,
lleno de gloria, y una mujer guapa, la más guapa de todas las mujeres. Son
silamuitos. ¿Quién entiende a las mujeres?
Anda ya.
¿Y José?
No puede quedarse aquí. Sabe que lo descubrirá.
Carmen. No quiero desalentarte, pero es así.
No podrá huir de España.
No podrías conseguir un salvoconducto.
Llegaríamos a Gibraltar. Tú eres amigo de ellos, no te lo negarán.
¿Sabes lo que me juego?
Lo mismo que te juegan Cacorrí. Con la diferencia de que entonces me pagan. Y
mucho.
Ponto al precio.
Lo que sea.
Carmen siempre paga.
Tanto le quiere.
Contó a mi hermano.
¡Carmen, canta! ¡Que cante Carmen!
Toca pa' mi gitano.
Cruza los brazos pa' no matarla.
Cerra los ojos pa' no llorar.
Temió ser débil y perdonarla y abrió la puerta
de par en par.
Vete, mujer mala, vete de mi vera. Rueda lo
mismito que la maldición que un dibe permita que el
gache que quieras tus quereres pague, pague.
tu querer con mala traición
gitana que tú serás
como la falsa moneda que
de mano en mano va y ninguno
se la queja que de mano en mano
Y ninguno se
laquea.
Besos negros, carcillos finos, que allí
dejara cuando se fue.
Y aquellas trenzas de pelondrinos, que en otros
tiempos cortó para él.
Cuando se marchaba no intentó mirarla, ni lanzó
un quejido, ni le dijo adiós.
Entornó la puerta y para no llamarla se clavó las uñas,
se clavó las uñas.
en el corazón.
Gitana que tú serás como la
falsa moneda que de mano en mano va
y ninguno se la queja que
de mano en mano va.
Y ninguno se
laquea.
Carmen, quiero verte mañana en la plaza para brindarte mi mejor faena.
Ese es mi precio.
Gracias. Bandidos. Están matando a los nuestros y le dan corridas en su honor.
Hoy vienen los franceses camino de la plaza.
Vamos a darle con la puerta a la nariz.
Siguer, silencio.
Aún estás a tiempo. Los otros matadores no se presentaron en señal de duelo por
los guerrilleros muertos.
Yo me debo a los mismos.
Tenía entendido que los vecinos de este pueblo eran muy aficionados a las
corridas, señor alcalde.
Mucho, mi comandante.
Tienen fama de ello.
¿Y por qué no han venido?
No lo entiendo.
Pues yo sí.
Vamos, señores.
¿No me conoces?
Nos hemos cruzado varias veces.
Pero tú solo ves a Carmen.
Toma.
Si esperas de ella, te morirás de sí.
¿Dónde está Carmen?
En la plaza, viendo torear a Luca.
No la esperes.
Después irá a festejar su triunfo.
Lo mismo que hará con Antonio cuando venzan los guerrilleros y lo aclamen
un héroe.
Mientes.
Antonio ha muerto.
¿Y si viviera?
No es fácil acabar con él.
Carmen le teme y le quiere.
Volverá con él quizá esta misma noche.
Y tú te quedarás aquí encerrado, sin poder hacer nada, viendo por esa ventana
llegar a los franceses.
Vendrán por ti.
Es el juego de Carmen.
Quedar bien con Dios y con el diablo.
El presente salvoconducto a nombre de Lucas Sánchez.
¿A qué obedece esta repentina decisión de marcharse?
No puedo quedarme aquí.
Al salir de la plaza, el pueblo apedreó mi cose.
Usted comprenderá.
Sí, claro.
¿Quiénes le acompañan?
Pues gente de mi cuadrilla.
Luis Soto, Ramón Márquez, un banderillero herido llamado Paco...
No sé el apellido.
El mismo, no lo sabe.
Y una mujer.
Anote el nombre de Carmen.
Gracias.
Tampoco sé el apellido.
La conocen por Carmen, la de Ronda.
Lo convenido.
No ha tenido usted la culpa de no haber podido torear. ¿Algo más, mi comandante?
No, la fecha.
Ronda 5 de mayo de 1808.
Adelante.
Ha llegado el correo de Madrid, las noticias mal armadas.
Lo temía.
¿Ha llamado al alcalde? Sí, mi comandante.
Buen viaje y suerte.
Muchas gracias, mi comandante.
Lucas.
Me han llamado para que firme la orden de registro, Gerda.
Buscarán armas y sospechosos casa por casa. Se están confirmando las
subvenciones. Un pueblo desarmado contra el ejército de Napoleón.
No hay pueblo desarmado cuando luchan por su libertad.
Tome. Acaban de pagarme la correa.
¿Tú? Sí, señor alcalde. Igual que usted. Al servicio de España.
Aunque parezca amigo de los franceses.
Pase, alcalde.
A sus órdenes, mi comandante.
Oye, Manuel, vamos a la venta. Bien.
Ya está bien,
que no tengo madera de santo.
Carmen, la lucha contra el francés ha empezado.
Pronto será también aquí. No hay tiempo que perder.
¿Qué tengo que hacer?
Lo que haces siempre.
Y con la cara alegre, risueña.
Como si de verdad estuvieras enamorada de mí.
¿Cuándo partimos?
Esta misma noche.
Iré por mis cosas y mi gente.
Te esperaremos en la cuadra de la venta.
¿Cómo te encuentras?
Has ido a los toros.
Tenía que ir.
¿Y luego?
Luego es un secreto. Una sorpresa.
La sabrás esta noche.
Sí.
Esta noche.
Desde ahí veré llegar a los soldados.
Vendrán por mí.
Pero qué duro.
Sí. Dormía cuando te has ido.
He tenido una pesadilla.
Alguien leía una sentencia. Me vendaban los ojos y me ponían de espaldas al
pelotón. No sentía ni siquiera los fusiles que me apuntaban. Todo me era
Solo una pregunta me torturaba. Una sola.
Después de los disparos, ¿quién será el otro?
Antonio. Lucas.
Pero, José, si no hay otro.
Luca es un buen amigo.
Antonio ya no existe.
Tú sabes que vive. Ha muerto.
Créeme.
Jorge.
Es la primera vez en mi vida que suplico a un hombre.
Te quiero.
Te quiero para siempre.
Y yo a ti, Carmen.
No oyes.
Cada vez que te tengo conmigo hay cientos de voces que te llaman.
Como queriéndote arrancar de mí.
Yo solo oigo la tuya.
De uno Vicente Armería y otro...
No te asustes.
Soy Antonio en carne y hueso.
Creí que... Ellos también lo creyeron.
Pero tengo la piel muy dura.
¿No parece que te alegra mucho?
Nunca decía tu mal.
De verdad me alegra que esté vivo.
A mí también me alegra.
Porque aún me quedan muchas cosas por hacer.
Entre ellas, acabar aquí con los franceses igual que lo están haciendo en
España.
¿Sabes que en Madrid se ha sobrevado el pueblo?
No.
Claro, no tienes ojos ni oídos más que para tu francés.
¿De quién hablas?
De ese que escondes ahora donde antes me escondías a mí.
Antonio, te he querido mucho.
Pero voy a jugar limpio.
Es verdad.
Quiero a José.
Y esta noche no iremos camino de Gibraltar.
Está bien.
Yo también te voy a jugar limpio.
Eso no puede.
Tengo un salvaconducto firmado por el comandante. De nada os valdrá. En todo
camino dominan los guerrilleros.
Entonces, ayúdame tú.
Por lo que más quieras, Antonio.
Lo que yo más quiero eres tú.
¿Cómo puedes pedirme que te deje marchar con otro?
Si te quieren arrancar de mi lado, que peleen y antes que me maten. Solo así.
Que el que te lleve sea más hombre que yo.
Trata de comprender. No quiero hacerte daño.
Pero le quiero.
Como no he querido nunca.
Daría toda mi sangre. ¡De aquí a callar!
Toda tu sangre.
Las tonterías que diles.
Aunque quisieran, no podría hacerlo.
Ya saben dónde se esconde y vienen por él.
No puede.
Dime que no es verdad.
Tú le has vendido.
Lo hizo Micaela por encargo mío. Para traer aquí a los sordao y caer sobre él.
¡Miente! Lo has hecho para vengarte. Lo hice porque tenía que hacerlo.
Luego saltaremos el cuartel. No comprende. Esta noche Ronda será libre.
olvidarás de él y... Bueno, él... Él es un francés.
Si le pasara algo.
Te odiaría siempre.
Carmen.
Déjame que la avise.
Llegar a los sordos pensará que yo le he traicionado. Que piense lo que quiera,
pero no dejaré que se perde la boca.
Comprende que es capaz de cualquier locura. De matarme o matarse.
Para eso hace falta querer mucho.
Como yo.
Hace falta querer desde siempre.
Calla, Antonio.
Me duele verte sufrir.
Te juro que quisiera quererte como le quiero a él. Pero si no puedes quererle
él a ti, lo haces enloquecido como a otro. Solo es un capricho.
¿Y si te equivoco? Si me equivoco...
Si
me equivoco... Entonces mis hombres los llevarán donde quieras.
Pero que sea más allá de la mar.
Donde no vuelva a verte nunca más.
De todos mis besos, este ha sido el mejor.
Anda, vete, y no digas una sola palabra más si no quieres que lo mate yo mismo.
Nosotros empezaremos la lucha aquí.
Esa será la señal para los de dentro.
¿Estamos?
El día que nací yo, ¿qué planeta
reinaría?
Por donde quiera que voy, ¿qué mala
estrella me guía?
Estrella de plata, la que más
reluce, ¿por qué me llevas por este
carvario llenito de cruces?
Tú vas a caballero...
Cieguesita sobre las tinieblas, a pasitos
lentos, el barco de vela de
tu povería me trajo a este puerto
donde se me ahogan los cinco
sentidos.
Ya que nací...
Estrella de Naca,
déjame ser buena.
Di que me pongan en estos barrotes mi
reloj de arena.
Yo haré lo que manda.
¡Réndase!
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