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No, pero como si lo fuera.
¿Este tren va a Vistin?
Sí, allí voy precisamente.
Gracias, me se han dado las adiós.
¿Reside usted en Vistin?
Viajo hacia allá por negocios.
Yo también.
Soy abogado, o al menos espero serlo algún día. De Londres.
¿De Londres?
Voy a Vistin a visitar a uno de nuestros clientes. Tal vez le conozca.
de verdad piensa ver al conde Drácula.
¿Es usted el señor? Jonathan Parker.
Recibimos instrucciones concretas del señor Conde para atenderle. Ya tiene
reservado un sitio en la diligencia que sale mañana.
Y el propio coche del señor Conde le estará esperando en el pasaporte.
Díselo ahora.
¿Qué pasa? ¿Ocurre algo?
Nada, señor. Su habitación ya está preparada arriba y la cena estará lista
dentro de un momento.
Gracias.
Me alegro porque vengo muy cansado y quisiera irme a la cama temprano.
Como gustes.
Quise hablarle cuando llegó aquí, pero mi esposo me prohibió hacerlo.
Porque mañana, al ponerse el sol, será la noche que se acoge.
¿Cuándo y qué?
Cuando el reloj dé la medianoche.
Todos los espíritus del mal quedarán en libertad.
Señor, usted sabe a dónde se dirige y qué es lo que va a encontrar.
Greta. Tengo que irme.
Buenos días.
Oiga, ¿qué le pasó anoche en el tren?
Solo cambié de departamento.
¿Por qué me mira usted así?
¿Por qué me miran todos de esa forma?
Saben que esta noche es la noche de San Jorge.
Y...
Llegaremos a la noche.
Y desde el paso hasta el castillo del Cod de Drácula.
Eso tendrá que preguntárselo alguien que haya estado allí.
En toda mi vida he visto ese lugar.
Y espero no tener que verlo nunca.
El paso de Burgos.
Bien, mi amo, el conde me encargó que pidase bien.
No, gracias.
Como deseo.
Pero es toda la vez calor.
Es tarde ya y mis criados se fueron a dormir.
Tendré que ocuparme yo mismo de instalarle.
Querrá refrescarse después de tan largo viaje.
Confío en que encuentre aquí todo lo que necesita.
he cenado antes.
Confío en que lo encontrará todo en orden. La escritura de compra
firmada. El título de propiedad.
Los planos.
La casa no está en muy buenas condiciones, pero desde luego es
alejada de la carretera general y totalmente aislada, como usted quería.
Es muy sólida, por eso ha resistido a pesar de estar deshabitada durante
años. Sí.
Sí, una casa deshabitada. Eso es exactamente lo que...
Lleva viviendo aquí mucho tiempo.
Toda mi vida.
Su esposa.
No, señor.
Aún estoy soltero.
La de la izquierda es mi prometida.
Y la otra se llama Lucy Westerlund, su mejor amiga.
Enoda buena.
Siéntese. Gracias.
Perdón la pregunta, señor, pero ¿por qué quiere irse a vivir tan lejos?
Porque no solo a los jóvenes les gusta cambiar el ambiente.
¿Y piensa dejar este castillo?
Sí. es el hogar de sus antepasados.
Exacto.
Y ya solo las sombras de mi pasado quedan aquí.
Somos los seques mayar.
Nos sentimos orgullosos con razón.
Llevamos la sangre de muchas valerosas razas. La sangre de Adila corre por
venas.
A nosotros se nos confió la salvaguardia de nuestro país durante... de varios
siglos.
Los lombardos, los búlgaros, los turcos invadían nuestras indefensas fronteras y
los rechazábamos siempre.
Los Drácula hemos representado el corazón, la espada y el cerebro de
orgulloso e invencible pueblo.
Uno de mis cierpes cruzó en cierta ocasión el Danubio y destruyó las hordas
turcas. Después, cuando el enemigo recibió refuerzos, fue rechazado a la
orilla del río.
Y él regresó otra vez al combate hasta que quedó solo, ensangrentado y
triunfante.
Era un verdadero Drácula.
Ahora soplan vientos helados que se cuelan por las viejas almenas.
Y aunque sea mi hogar, debo marcharme.
que el correo le hubiera servido con la misma facilidad y mucho más barato.
Si voy a empezar una nueva vida en una nueva tierra, debo antes aprender cómo
es el mundo fuera de este castillo.
Por eso, de hecho,
A veces esperan que regrese pronto a Londres.
Yo diré cuando.
¿Quién sería el enemigo invitado por mí? Por tanto, debe estar a mis ojos.
¿Le gusta usted la caza, señor Harker?
Nunca tuve oportunidad de comprobarlo.
Es un deporte apasionante.
Durante un momento tiene en sus manos la elección.
Gracias.
Devuélvanmelo. ¿Qué han hecho con él?
Por
favor,
quiero a mi hijo. Por favor.
Su vida es nuestra, nos pertenece.
Es joven y fuerte.
¡Marchaos, fuera!
No, su vida no es vuestra.
Sí lo es.
Yo soy el Dr. Seward y esta es la clínica particular del profesor Van
Budapest.
¿Cómo he llegado aquí?
Unos pastores le encontraron en la montaña, a unos 200 kilómetros de aquí.
¿Cómo?
Me escaparon del castillo. Me persiguieron disfrazados de murciélagos.
murciélagos!
enormes dientes dispuestos a chupar sangre.
No lo he soñado.
Eran de verdad.
Tenían el tamaño de un hombre.
¿Debe usted creerme?
Ah, es usted, profesor.
¿Qué ha averiguado usted?
Debe tratarse de un tal Jonathan Harker, un joven inglés del que se notificó su
desaparición. Algunos amigos suyos vienen de Londres para efectuar una
a fondo.
Avísenos, ¿ha dicho algo?
Algo, pero no mucho. Y siempre acerca de un castillo y de cierto conde Drácula.
renfil otra vez.
Adiós.
¿Por qué gritabas?
¿No quieres contestarme?
¿Soy tu amigo?
Vamos, paja.
¿Qué te ocurre?
Ah, sí.
Alguien ha comprado el viejo casero.
Bastante tiempo ha estado vacío.
Invertirle.
¿La señora Mora? Yo soy.
El profesor Panskensi me ordenó venir a recibirla. ¿Quieren acompañarme?
Gracias.
Vamos a la clínica. ¡Qué prisa!
El profesor la está esperando en el piso de abajo.
Yo no sé.
de que están asustadas. Pero necesito saber lo que le pasa.
Aquí nos dedicamos al tratamiento de las enfermedades mentales.
Suponen que Jonathan está loco.
Necesita atención médica.
No le debió permitir que viajara.
Insistió tanto en venir conmigo.
No puede hacer algo por ella.
Quizá fuese lo mejor que se quedara aquí.
El doctor Seward y yo la atenderíamos.
En tal caso, también me quedaría.
Como guste. Haré que preparen habitaciones para las dos.
Profesor Valgenzi.
Diga.
Jonathan.
Está sano.
Completamente sano.
La cosa no es tan sencilla como parece.
No hay duda de que ha sufrido un grave shock de alguna clase.
El resultado es que en su subconsciente hay algo que le hace desvariar.
O que miente.
Jonathan no mentiría.
Ni está loco.
Entonces quizá usted pueda ayudarle a recordar lo que en realidad pasó, porque
de lo contrario...
Debo parecer estúpida.
La culpa es mía por dejar que vinieras. Un viaje tan largo.
Y ahora esto.
Señor.
Prepare dos habitaciones para las señoritas.
En la planta baja.
Sí, señor.
Ah, solo una advertencia.
Tengo aquí algunos pacientes que deben estar totalmente confinados.
Por ningún motivo se aventuren más allá del primer piso.
Ahora las dejo. Estarán muy cansadas después del viaje y de tantas emociones.
Hasta mañana, señoritas.
¡Lucy! ¡Lucy!
Dice que le pareció ver a un hombre.
Me lo figuré.
¿Y estos dos juntos?
Llevaba un alfiler para sujetar el pañuelo.
Y tal vez la pinchó usted sin querer al quitárselo.
Pero me extraña, ya que al parecer ha sufrido una abundante pérdida de sangre.
Tendré que consultar con el profesor Van Helsing.
Se encuentra en grave estado.
Toda la culpa es mía.
Doctor.
No es que quiera alarmarla, pero la señorita tiene familia.
No.
Excepto su prometido, un joven americano.
Quincy Morris.
Debería ponerle un telegrama para que venga.
¿El profesor Van Helsing? No, yo soy el doctor Seaway, supongo. Me llamo Quincy
Morris. Soy el prometido de la señorita Weston. Mucho gusto. Por favor, pase.
Quítese el abrigo.
Por suerte, su aviso me pilló en Londres.
Me alegra de que se encuentre aquí.
Estamos haciendo cuanto está en nuestras manos, pero puedo ayudarle sin algo.
Sí, su sangre nos servirá para practicarle una transfusión. Venga, soy
profesor Van Helsing. Encantado.
Ya solo podemos esperar.
Que nadie la moleste.
Necesita mucho descanso.
¿Qué está haciendo usted aquí?
Salvo a los doctores y empleados, nadie puede estar en esta parte de la casa.
Váyase.
¡Vamos!
Profesor, debe usted hacer algo.
No puede dejarla morir por ignorancia.
¿Ignorancia?
Se equivoca. Quizá no sea tanta mi ignorancia como mi temor.
por ciertas mis sospechas.
Ese hombre cuyos gritos están oyendo era tan cuerdo como nosotros.
Tenía una hija, joven y muy bonita.
Los dos vivían algo lejos de aquí, en una pequeña localidad llamada Piscis.
Una noche se encontró a la muchacha en su cama, inconsciente, medio muerta por
la pérdida de sangre.
Día tras día, igual que la mosca que ha atrapado la araña, se iba debilitando.
El padre no se apartaba ni un momento de la cabecera de la cama.
Un día, los vecinos acudieron a cerrados al escuchar un grito terrible.
Encontraron a la hija muerta y al padre en el estado en que ahora se encuentra.
Tiene alguna semejanza con este caso, pero eso no explica nada.
Tal vez no, pero... Durante toda mi vida he estudiado eso que la gente llama
magia negra.
Por eso me trajeron aquí a Remple.
Y después a Jonathan Harker.
Las montañas del norte, en Transimpania, están llenas de leyendas.
Pero detrás de tanta leyenda, de tanta fantasía, hay determinados hechos por
que la verdad llega a nosotros, aunque solo sea en parte.
Estoy seguro de mí, Jonathan.
Ha conocido parte de esa verdad.
Entonces, ¿por qué no me creyó cuando le conté lo del conde Drácula?
Jonathan.
Jonathan.
No se lo diré.
Soy yo.
¿Quién está ahí?
se ha salvado.
Y eso indica algo.
Puede que todavía estemos a tiempo para actuar.
Es uno de mis libros de estudio sobre la magia negra.
Aquí he encontrado algunos párrafos que se refieren al caso que nos ocupa.
Con su permiso se los leeré.
Le menciona las leyendas de países tan diversos como Grecia, Roma, Francia,
India y hasta la lejana China.
Su única alimentación consiste en sangre humana.
De esta forma incluso puede rejuvenecer.
No produce sombra cuando anda por la tierra.
Se transforma a voluntad en perro, murciélago o en cualquier otra clase de
animal.
Vive de noche. Durante el día su propia tumba le sirve para ocultarse.
Aquellos de quienes se alimentan enferman y luego mueren.
Y a su vez también se convierten en vampiros cócteles.
¿Y por qué está todavía en libertad?
Tiene un pobre concepto del conde Grávula.
¿De qué sirven las leyes humanas contra alguien que se coloca por encima de toda
ley?
Su espíritu está entre nosotros.
¿Y quién sabe si no estamos ya en su poder?
Profesor.
Usted entiende mucho de magia negra.
No pudiera ser que también fuese un servidor suyo.
No le he visto jamás.
Y sin embargo...
Buenos días, hija.
Se ha convertido usted en enfermera y en criada.
La echaré de menos cuando se marche.
¿Cómo se encuentra Jonathan esta mañana? Mucho mejor.
Me alegro.
Le sirvió de gran ayuda poderle contar a usted lo que ocurrió. Y que a pesar de
ser algo tan fantástico, usted admitiera que podía ser verdad.
En efecto, y ojalá no lo fuese. ¿Por qué?
Escuche.
Una niña de cinco años ha sido encontrada muerta.
Voy a necesitar su ayuda.
Cuente con nosotros.
Por favor, siéntese.
Quiero que esta noche vengan ustedes conmigo.
Vamos a visitar la tumba de Lucy Westenra.
Escuchen, Andrés.
Como le dije esta tarde, a mí no me arredraría ningún peligro.
Pero esto... ¿Y si yo le dijera que Colón... ¿Puede salvar la vida de muchos
niños?
¿Supone que el conde Drácula es el culpable de esa muerte?
Peor que eso.
Mucho peor.
La inocente joven a quien usted amaba.
Está loco.
Lucy, asesina de tu Dios.
Sea valiente.
Antes de que termine la noche, si quiere salvar su alma, tendrá que obedecerme
de modo absoluto.
Es la una.
¡Gracias!
¿Ya pasó?
Mírame.
Recuerda que soy tu amigo.
Tranquil, mírame.
Ahora ya puedes entenderme.
Dios mío, es cierto.
Fuera la que fuera tu enfermedad, estás culado.
Contesta.
Tienes que decirme todo lo que sabes.
Sea casualidad o designio, nuestro enemigo está más cerca de lo que
tengo la culpa, profesor.
No se me ocurrió relacionar la propiedad que compraba el conde con este lugar.
Entonces las cajas que vimos descargar deben ser las mismas que vi en los
sótanos del castillo del conde Drácula.
Entonces se trasladaba con frecuencia a Budapest.
Y ahora le sirven de escondite durante el día, mientras que en noche...
Si queremos encontrarle, habrá que darse prisa. Jonathan.
No te preguntes.
Esta vez vengo preparado.
Les daré dos armas mejores.
Vengan.
El poder de Drácula nos sirve contra esto.
¿Estamos listos?
Quisiera hablar con ese hombre, Renfield.
Seguramente es el eslabón que nos falta para llegar al conde Draco.
Sí, podrá usted verle.
Pero no a solas.
Tal vez le revele más que a nosotros.
Acompañe a la señorita a la celda de Renfield.
Y no los pierdan de vista.
Me gustaría ver cómo puedes soltarte ahora.
Ese hombre es igual que Herácula.
Más joven, pero igual que él.
Simple coincidencia.
Nos están esperando.
Vamos. ¡Vamos!
El señor Harker. El señor Morris. El ministro del interior, su excelencia el
príncipe Strassi.
Buenas noches. Buenas noches.
Es un honor, príncipe.
Gracias por recibirnos, la excelencia. La otra noche, durante un momento,
pensamos que ya nos habíamos quedado sin el profesor.
Solo fue un susto. Y aunque me ha afectado algo a las piernas, espero que
cerebro funcione bien todavía.
Siéntense.
Tenemos vigilados todos
los caminos que salen de Budapest.
Se ha enviado a todas partes la descripción que nos ha facilitado el
de la caja donde puede ir oculto el conde.
En cualquier momento nos llegará... ¿Alguna noticia?
No lo entiendo.
Es de mí.
Dice que va a la ópera, con mi entrada.
¿Usted la dejó salir sola de casa?
Yo no le envié ninguna entrada.
Excelencia, hay que actuar inmediatamente.
Esto puede ser obra del Conde Drácula.
¿Qué quiere?
Ve a llamar a tu patrón.
Enseguida.
¿Es usted el capitán de la zarina Catherine?
Sí. Sale hacia la desembocadura del Danube al amanecer. ¿Por qué quiere
Porque ya tiene carga.
¿Y un pasajero? ¿Dónde está?
Aquí soy yo. Iremos a Barla.
Lo siento, pero no vamos allí.
Sí, aquí está.
Un pequeño cuarto en el Mar Negro.
Ya lo tengo.
Miren, se puede ir por aquí a Transilvania.
Pero con una carga tan pesada, tardará dos semanas.
Ustedes podrán llegar al castillo en cinco o seis días.
Santifiquen las tumbas para que ya no les sirvan.
Que no encuentre refugio.
Deberán irse enseguida.
¿Y si nos vamos, qué le pasará a Mina?
La defenderé con divinidad.
¡Muerta!
¿Quién anda ahí?
Toda
mi
vida he estudiado la magia negra.
Y hasta hoy no he podido encontrar cara a cara al propio príncipe de las
tinieblas.
¿No has aprendido demasiado?
Ya nada puedes hacer.
Ya solo nos queda por hacer una cosa, encontrar al propio Drácula.
¿Hay alguna noticia?
Dígame, profesor.
Si Drácula se va ahora a otro sitio, ¿qué podemos temer?
Mira, hija mía.
Mientras el conde viva, el tiempo y el espacio no significan nada.
Solo podemos rezar.
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