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[suena "Ne me quitte pas" de Maysa]
[suena sirena]
[inaudible]
[todos gritan]
[suena sirena]
[frenos chirrían]
[suena claxon]
[todos gritan]
¡Alto!
¡Deténgase, pare, pare!
[suenan disparos]
[grita]
[todos gritan]
¡Agáchate!
[suenan disparos]
[oficial] ¡Alto, deténgase!
[suenan disparos]
[suena sirena]
Tendrías que ver qué escándalo.
Una bala perdida en ese instante y uno muere sin saber por qué.
Sao Paulo es muy peligroso.
Toda ciudad grande es así.
Las ciudades pequeñas también.
Mi prima fue "voliada" por dos sujetos
en Villa de los Remedios, una ciudad de solo 500 personas.
Es "violada".
¿Qué fue lo que dije? Voliada.
- Eso. - Sí, "voliadísima".
Eran dos hombres, dos grandulones que daban miedo.
¿Quién violó a quién?
Este asunto no es para adolescentes.
No empieces.
Bien, ya tengo que despedirme, los espero en la hacienda.
Esta ciudad me deja aturdida, ¿sabes?
Pero cómo hay gente en las calles.
Sao Paulo está peor que Río de Janeiro.
¿Quiere comer alguna cosa, doña Marta?
Almorzar, Celeste, se come a mediodía.
Adoras corregir a todo el mundo, ¿no?
¿Almorzar no es comer?
Sí, pero... se almuerza en la mañana
y se come en la tarde. - Boberías.
¿Ustedes continúan peleando?
Ay, tiene 17 años, Marta.
Sé lo que es eso, es terrible.
Y también debe ser difícil tener una madrastra.
Pero no soy una madrastra de cuento de hadas
que persigue a la hija de su marido.
Creo que hasta soy más madre de ella que madrastra.
[ríe]
[suena canción de rap en inglés]
[suena teléfono]
¿Diga?
Hola, Marcio.
Dime.
Ajá, acabo de llegar.
Presencié un tiroteo
en Oscar Freire cerca de Augusta.
No sé, creo que era un asalto.
Va a ser insoportable este viaje que me están obligando a hacer.
La familia de la mujer de mi padre está loca.
Olvida tus expectativas,
porque la vida en el campo no salva el matrimonio de nadie.
No estoy salvando mi matrimonio, no está perdido todavía.
En algunos casos hasta empeora,
porque la vida tan calmada en la hacienda
sin tener que hacer más que, no sé,
andar a caballo, ordeñar vacas, nadar en el lago,
tú sabes cómo es eso.
Después de un tiempo, la monotonía llega a enloquecer.
Marido y mujer empiezan a mirarse uno al otro,
a observar la voz, los gestos,
y los defectos se vuelven más claros.
Y las cualidades también.
En un matrimonio los defectos son más que las cualidades.
Ay, Marta, yo no soy tan pesimista.
Bueno, puede que me engañe.
Pero sabes muy bien lo que pienso de tu marido.
Si tu matrimonio acabara, no perderías gran cosa.
Solo que no recuerdas un detalle, mi querida hermana,
yo amo a mi marido.
[ríe]
¿Ya viste a esas dos, Nando?
Carne fresquecita.
Las mujeres que trabajan y se esfuerzan
valoran cualquier invitación que uno les haga.
¿Quieres ver?
[ríe]
¿Aceptan una cerveza para saludar al verano?
[ambas ríen]
Esperen, yo las conozco.
Del banco, ¿acerté?
- Exactamente. - Ah, claro.
¿Qué te dije? Es fácil.
En la sección de cobranzas.
- Cambios. - Cambios.
Y tú trabajas en ahorro.
- [mujer] Acertaste. - ¿Lo ves?
Nando, las jóvenes del banco, amigo.
Hasta de su nombre me acuerdo.
¿Quieres ver?
Eres... eres Teresa, ¿no?
Cristina.
Cristina, ¿y tú?
- Renata. - [Roberto] Renata.
¿Me permiten? Vamos a tomar algo.
Algo seco que refresque.
[Cristina] No podemos, ya es casi la hora.
[Renata] Solo tenemos una hora para almorzar
y ya faltan 15 minutos.
[Roberto] Pero 15 minutos ya son algo.
Escuchen, la gente nace, se casa,
nacen los hijos y mueren en menos de 15 minutos.
- [Cristina] Es cierto. - [Renata ríe] Es cierto.
- ¿Sabían que fui banquero? - ¿En verdad?
Sí, es verdad, es una desgracia
que puede suceder en cualquier familia.
[Renata] Ah, ¿qué dices?
[Roberto] ¿Saben en qué se parece
un asaltante de banco a un banquero?
[Cristina] No.
[Roberto] No hay ninguna diferencia,
es la misma cosa.
[todos ríen]
Fernando, ¿adónde vas? Siéntate aquí.
Cristina y Renata son chicas buenas.
Será para otra vez.
Adiós, un placer.
Te espero en casa esta noche.
[Roberto] Sí, está bien.
¿Qué le sucedió?
Es casado, es extraño.
Olvídenlo, ¿qué van a beber, eh?
¡Tía Marta, tía Marta!
No vayas a ensuciar a tu tía, está sudando.
Déjalo, Lucía, si me ensucia después me lavo, dame un beso.
Ah, te extrañé.
Tengo un nuevo caballo en la hacienda esperando por ti.
[suspira]
¿Qué, no estás entusiasmado?
Me gustaría ir yo solo.
Ir a la hacienda con papá y mamá es muy aburrido,
y más aún con Luisa.
Hasta recé para que no vaya.
[ríe]
Ya abrí la llave de la regadera.
Al baño, rápido.
¡Todo mundo en esta casa manda en mí!
- [mujeres ríen] - ¡"Me manda"!
¡Ay, esa edad!
¿La tuya o la de él?
Ay, Marta.
Luisa tiene razón, tú corriges a las personas todo el tiempo.
Pero si papá y mamá no les enseñan,
¿quién les va a enseñar, mm?
[ambas ríen]
[Gonzaga] ¿Otra vez esa chica sin cabeza?
[ríe]
Ya intenté dibujar su cara, pero no me convence.
Un día veré los ojos de una mujer y voy a decir:
"Esa es, esa es la cara
que estoy buscando para este cuerpo".
No es precisamente una mujer, es más bien una jovencita.
Con ese cuerpo, no debe tener más de 15, 16 años.
[ambos ríen]
Pero es muy atrayente.
¿Qué tal, Nando?
¿Ya preparaste todas tus maletas?
¿Te estás burlando?
No olvides el repelente, ¿eh?
Que debe haber muchos mosquitos en esa hacienda.
¿Cuánto tiempo vas a permanecer allá?
Las fiestas de Navidad y Año Nuevo,
después volveré corriendo.
No es lo que tu mujer está pensando.
Pero es lo que yo estoy pensando.
Quiere mostrarme esa hacienda, la casa donde nació,
la ciudad desde que nos casamos hace nueve años.
Nunca tuve deseos de ir allá, pero esta vez insistió.
[ríe]
Mi hija Luisa tampoco quiere ir, pero no hay remedio.
Una semana o diez días, creo que puedo aguantarlos.
Bien, chicos, adiós.
Los espero en casa más tarde para tomar una copa.
- De acuerdo. - Adiós.
Ten.
Hola, ¿cómo estás?
Bien, gracias.
¿Todo bien?
Nando está en esa edad inquieta y peligrosa,
en que ya no es joven, pero tampoco es viejo.
Tuve un hombre así, sé lo que es eso.
Sí, es la crisis de los nueve años de matrimonio.
- Gracias, amor. - Por eso yo
me divorcié en el séptimo.
Debemos espantar la crisis.
Por eso estamos iniciando
nuestra segunda luna de miel, ¿verdad, mi amor?
Claro, claro que sí.
Eso a veces hasta atrae a otro hijo, ¿no? ¿Quién sabe?
Ah, pues yo seré la madrina.
Qué graciosos son todos ustedes.
Y este lugar también te puede ayudar
a escribir tu novela. - Sí.
¿Y por qué no, Nando?
Tal vez sea lo que necesitas para escribir.
Un lugar tranquilo, sin visitas,
sin teléfonos sonando todo el tiempo, sin celular.
La verdad es que hasta hoy no he entendido
por qué te recibiste como arquitecto
si siempre quisiste escribir.
Bueno, es que no hay facultades para formar escritores,
y, como había prometido a mi padre
que volvería a casa con un diploma,
creí que la arquitectura era mejor que cualquier otra cosa.
Eso fue.
Y tenías una chica ahí a quien le habías puesto el ojo.
Y que aún te sigue llamando hasta hoy.
Pero, Silvia...
Fuiste tú mismo quien me contó.
Estamos delante de un nuevo Hemingway,
aislado del mundo, escribiendo obras maestras.
Al son de Villa-Lobos, la bachiana Número Cuatro.
¿Quieren desaparecer ustedes dos o callarse?
No digas eso, Nando.
Ay, chicos, yo no soporto el campo,
el olor de excremento de vaca y de caballo, mm.
A ti te gusta el gas carbónico, ¿no, Silvia?
Es verdad, Gonzaga.
Siento la falta del olor del humo del autobús, ¿sabes?
Es uno de mis vicios.
Sí, el más inocente de todos, con seguridad.
Acertaste, amore .
No en balde trabajas con dinero o notas fiscales,
impuestos sobre la renta, ¿no?
Tus funciones exigen una total falta de sensibilidad.
¿Sabías que nadie se queja?
Nando, ¿te parezco insensible?
No, claro que no.
[Gonzaga] Lucía...
cuídate.
[Nando] ¿De nuevo, Gonzaga, de nuevo?
No tienen otro disco, ¿eh?
Siempre que vengo aquí es la misma música.
No la aguanto más, Lucía.
Imagínate yo.
Pensé que también te gustaba, Nando.
Me gusta, me gusta, amor, pero todo el día cansa.
[ríe]
Deja la dirección y un mapa
para llegar a la hacienda, Lucía.
Y quién sabe.
¿Juras que vas?
Pues irás solo, porque yo no voy.
No es por nada, Lucía, ni por ti ni por Nando, a quien adoro,
pero no tengo deseos de ir a pastar en el campo.
Ay, ni yo.
Mis amores, es una hacienda, no es un corral.
Es decir, tiene corrales también, pero no es ahí
donde dormimos, comemos u hospedamos a los amigos.
Para mí todo es la misma cosa.
Sí.
Y tú, Roberto,
¿por qué no vas a la hacienda en esta Navidad?
Estás solo, ¿no es así?
Pero ¿no pasas la Navidad con la difunta?
Gracias a Dios, mi difunta
falleció de verdad, para siempre.
Se casó otra vez.
Fue a vivir a Miami con un viejo rico e idiota.
En materia de mujeres, estoy viviendo de freelance .
Es la gran ventaja de no tener hijos.
¿Crees que es una ventaja no tener hijos?
Cuando el matrimonio no resulta, es más fácil, ¿no?
Bien, si no nos reunimos en Navidad o en Año Nuevo,
toda la felicidad del mundo para todos nosotros.
- Amén. - Salud.
[Fernando] Salud, salud.
Me agrada Roberto,
pero es muy grosero cuando habla de las mujeres.
Y Silvia es una ofrecida, ¿no?
Así son ellos.
No es por maldad.
A veces creo que te sientes obligado a viajar conmigo.
Es que necesitamos darnos un tiempo,
salir un poco de esta locura de Sao Paulo, Nando.
Desde que nos casamos,
muero de deseos porque conozcas
la ciudad donde nací, la casa, la hacienda...
Pero no me estoy quejando.
Pero estás muy desanimado.
Quiero que nos demos una oportunidad.
Yo sé que viajar a la hacienda no salva un matrimonio.
Mi misma hermana me lo dijo hoy.
Pero sé, yo tengo la sensación de que va a ser bueno.
Mi intuición, ¿será?
Mírame.
Yo daría todo por entrar a tu cabeza
y saber lo que estás pensando.
[ríe]
Nada que valga la pena, Lucía.
Tengo la seguridad, Nando,
que vas a tener la inspiración para seguir tu novela.
No es inspiración lo que me falta.
Es voluntad.
Deseos, ¿entiendes?
No tengo más deseos de vivir,
de escribir, de hacer cosa alguna, mi amor.
Buenas noches.
Buenas noches.
[suena canción de rap en inglés]
[apaga la radio]
¿Qué pasa? Deja eso.
No me gusta, no estás sola en el auto.
Y esa música me da dolor de cabeza.
Tú tampoco estás solo en el auto
y no me gusta oír esas porquerías.
Esas porquerías tienen nombre, Luisa.
Pues odio todo eso, es música para entierros, ¿eh?
[grita]
[tararea]
Baja del auto. ¡Vamos!
- Pero, papá... - Ni papá, ni mamá, ni nada,
estoy harto de tu arrogancia.
Es una adolescente, Nando.
Un adolescente que actúa así cansa.
No hables así cerca de Luisito.
¿Será que solamente con golpes entiendes?
- Nando. - ¡Grosero!
¡Cállate!
[suena canto de pájaros]
Dios, esto no ha cambiado nada.
Siente mi corazón, está latiendo muy fuerte.
Es la emoción.
Toda mi infancia está aquí.
Estoy feliz por ti.
Está un poco abandonada, ¿no?
Hoy en día, ¿quién tiene dinero
para mantener un elefante blanco como este?
Ay, me entristece, Marta.
Esta casa para mí es como si fuera una persona.
Los he estado viendo. ¿Pelearon en el viaje?
No.
No, claro que no.
Es que Nando está muy nervioso, discutió con Luisa.
Pero aquí se va a calmar, estoy segura.
¿La encomienda que mandé llegó?
Sí, está en el despacho.
Estoy segura de que le va a fascinar.
Me hace falta volver a ser feliz.
Si dependiera de mí, serías la mujer más feliz del mundo.
[ambas ríen]
[suspira]
Estamos borrando la nostalgia.
Ven conmigo. Ven, te tengo una sorpresa.
Papá nos espera para almorzar y está con los nervios de punta.
[suena música clásica]
Tu música, solo para ti.
Solo tú podrías acordarte de traer los discos.
El amor se alimenta
de pequeños cuidados y atenciones.
Por favor.
[ríe]
Vamos, levanta el paño.
Levántalo, Nando, es tuyo.
[ríe]
Un obsequio para ti.
Pero, Lucía, ¿por qué fuiste capaz de hacer una cosa así?
Es mi obsequio de Navidad para ti.
Por anticipado, claro, pero es para que te vayas entrenando.
¿No vives diciendo que quieres comprar una laptop
para llevarla a cualquier lugar?
Sí, pero pensaba comprarla a principios de año.
Esto debe costar una fortuna.
Más de diez mil, apuesto.
Nando, no vas a hablar del precio de mi obsequio ahora,
deja eso.
Yo pensé que esta laptop te animaría.
Yo no entiendo nada de esto, pero me informé
y me garantizaron que esta era la última palabra.
Es un modelo que acaban de sacar.
El hombre que me la vendió la trajo... así.
¿De contrabando?
[ambos ríen]
De contrabando.
De la tienda de ese hombre hasta la casa,
con eso en el auto, Nando.
Muriéndome de miedo de que la policía
me parara por alguna cosa
y yo sin una factura, sin nada. - Sí, ya puedo imaginarte.
Tú tan correcta, con contrabando en el auto.
[ambos ríen]
Por Dios del cielo, gastando tu dinero en mí.
No me gusta que hables así.
Es nuestro dinero.
Mm, nos casamos por separación de bienes.
Eso fue una estupidez y fue en contra de mi voluntad.
Pero tu padre lo quiso y yo accedí.
Me sentí más cómodo.
Ay, no me gusta hablar de ese asunto, Nando.
Ahora lo que quiero es que escribas tus libros
y tu novela con la que tanto sueñas.
Creo que lo vas a conseguir.
Vas a sentirte el hombre más feliz del mundo.
Y yo también la mujer más feliz.
No vayas a llorar, Luisito.
Antes del fin de semana
esta piscina va a estar en orden.
Tuve un pequeño problema.
Llamé al hombre para que la limpiara,
pero ya sabes cómo es esta gente.
Estaba loco por meterme.
¡Joao! ¡Joao!
Si los negros nacen indolentes, imagínate cuando envejecen.
Joao, llama al sujeto de la piscina.
Tiene que venir aquí con urgencia.
Sí, señora.
Dime,
¿cuándo vas a atenderte esa pierna?
Vives arrastrándola, eso me irrita.
¿Estás tomando los medicamentos?
Claro que sí, señora.
Ah, entonces, puedes retirarte.
Con permiso.
Mendigos y mentirosos,
nadie le gana a los negros en esas dos cosas.
Tienes muchos prejuicios, tía Marta.
Mi profesor dice que los prejuicios raciales
son como el cáncer.
¿Tu profesor tiene cáncer?
[niega]
¿Y cómo puede hacer esa comparación?
[ambos ríen]
Ven, vamos, vamos a la ciudad a almorzar.
Tu abuelo nos está esperando. ¡Vamos!
¡Corre, Luisito!
¡Corre, voy a llegar primero!
[ríe]
Ay, esto no ha cambiado nada, Marta.
No tiene por qué cambiar.
No veo gente joven, solo viejos.
Pero la hay, Luisa.
Sí, aquí siempre hay jóvenes muy animados.
Y el carnaval, Luisa, era una maravilla.
Ay, no puedo creerlo.
Sí, Luisa, la última vez que estuve aquí
había muchos jóvenes en la plaza
por la noche enamorando.
Mm, estoy segura de que alguien inteligente
se marcharía enseguida.
¿Quién va a aguantar la vida entera
una ciudad como esta?
Figúrense yo, por ejemplo, viviendo en un lugar como este.
Tengo la seguridad de que no hay
un centro comercial, ni cines, ni teatro.
Tú sí que eres una bestia, ¿sabes?
¡Cierra la boca, niño!
- ¡No, no me callo! - [Luisa] ¡Ay, ya cállate!
No es posible, no es posible que tú con 18 años
pelees con tu hermano de siete.
¿Qué hermano?
Solo nació para agotarme la paciencia.
- Basta ya, basta los dos. - [Luisa] ¡Ya cállate!
[suspira]
El caserón.
Nuestro caserón de nostalgia.
Ay, ¿cómo puedes sentir nostalgia por esto?
Debe haber hasta ratas.
Ay, mi vida durante mucho tiempo
estuvo dividida entre la hacienda y esta casa.
Qué tristeza.
Bueno, hay gustos para todo, ¿no?
[suspira]
Vamos a entrar.
Papá, qué alegría, hace tanto tiempo.
[ríe]
¿Cómo estás?
[suspira]
No tan bien como merezco,
pero tengo lo suficiente para vivir.
¿Y tú, hija, tuviste buen viaje?
Sí, todo bien, papá.
Luisito, saluda a tu abuelo.
Aquí está Nando, papá, y ella es Luisa, su hija.
Los estoy viendo.
¿Qué sucede?
Quien llega debe saludar, ¿no es así?
Hola.
¿Cómo le va, señor?
Bien.
¿Y a usted?
Es un hombre inteligente, preparado.
Podía postularse aquí en la ciudad,
hacer una carrera política.
Dejar ese asunto de la literatura
que no mantiene a nadie.
Papá, vamos a cambiar de asunto.
A Nando no le gusta la política.
Tuve tres hijas.
¡Una desgracia!
Ningún hijo varón para continuar mi obra.
Yo pretendí ser candidata a prefecta y tú no me dejaste.
La política no es arte para las mujeres.
- Papá. - Ustedes ya tienen
el tejido, el crochet, el bordado, la casa para cuidar.
La mujer es para eso.
Mi padre decía:
"El delantal es la ropa femenina por excelencia".
Es el uniforme de la mujer.
Sigue siendo machista, ¿no?
Santa ignorancia.
¿Ignorancia?
¿Y desde cuándo es señal de sabiduría
vivir de palabras al aire como usted?
Padre.
Desde que lo conozco,
he oído la historia de que es escritor
y que tiene una gran novela en la cabeza.
En la mente, yo puedo ser hasta Napoleón Bonaparte.
Nando es arquitecto, padre.
La arquitectura es otra bobería.
Vamos a continuar con el almuerzo.
Un hombre para triunfar en la vida
debe tener ambición y trabajar duro.
Los sueños son para los jóvenes y los afeminados.
Y la literatura
es para quien no quiere nada con el trabajo.
Ya se estaba tardando mucho.
No tienes ningún derecho a decir...
¡Ya! Estoy siendo franco, solo eso.
Está siendo muy grosero, señor.
Cree que trabajar es tomar el azadón,
el resto son estupideces y cosas de vagos.
Por amor de Dios, ¿qué es esto?
De vagos
y de quienes tienen la conciencia sucia como usted.
Que solo se dedica a esas boberías.
Porque su mujer tiene
el patrimonio que se llevó de aquí.
Hazme un favor, llévatelo.
Quisiera ver cómo sostendría la casa
y el colegio de las criaturas si dependiera de su salario.
Conteste, ¿cómo lo haría?
Será mejor marcharnos.
Salgamos de esta casa, Luisa.
Se lo digo por su bien, aunque no lo merezca.
Yo podría ser su padre.
Si usted hubiera conocido a mi padre,
sabría que no podría ser él ni pintado.
Mi padre era un hombre educado y civilizado.
Que escribía poesía y murió en la miseria,
dejando incluso muchas deudas que usted tuvo que pagar.
¿Piensa que no conozco esa historia?
Nunca más mencione a mi padre, ¿me oye?
¡Nunca más! O lo mato.
¿Es una amenaza, imbécil? ¿Sí?
No, no es una amenaza, es un juramento.
No.
Volvemos a Sao Paulo hoy mismo.
Odio esta casa, la hacienda,
la ciudad entera y a todos los que viven aquí.
Son un asco.
¡Un asco de gente!
¿Un asco?
Pero nunca fui mantenido por mi mujer.
[llora]
[resopla]
Oiga, ¿le leo la mano?
- No. - Ande, es barato.
No quiero, ya le dije.
Calma, Lucía.
[solloza]
Ve por un poco de agua con azúcar, por favor.
Y da su medicamento a mi padre en dosis doble.
Solo lo toma si usted se lo da, conmigo es inútil.
Pues ábrele la boca, aunque sea a la fuerza.
Calma, calma.
¿Y Nando, adónde se fue?
Él es muy grande y la ciudad pequeña,
no se va a perder, no te preocupes.
[Antonio] Debe tener valor para vivir en ese departamento.
No entraría ahí ni por dinero.
La joven debió alquilarlo sin saber lo que sucedió...
Unos cigarrillos, por favor.
Cuando miro hacia allá, me da miedo.
Figúrate yo que estuve ahí cuando sucedió.
Usted no es de aquí, ¿verdad?
- No. - Entonces, no debe
haberse enterado de ese crimen.
Verá, yo trabajé en un matadero.
He desangrado a muchos animales,
aquello nunca me impresionó.
Ahora, el día en que entré a ese departamento
y vi a esa mujer con el cuello abierto,
una navajada como de este tamaño,
casi me desmayé.
La sangre brotaba, chorreaba como el agua en el suelo.
Y ella aún estaba viva.
Se me quedó mirando con los ojos redondos.
Una mirada que nunca olvidaré.
Han pasado tres años.
Disculpe, ¿quién era?
La mujer que vivía en ese departamento.
Tenía un amante, pelearon.
Él le abrió el pescuezo con una navaja.
Fue un escándalo en la ciudad.
[Antonio] Sí, y después de eso,
nadie quiso vivir ahí, ni de gratis.
Esa joven debe venir de otra ciudad y no lo sabe.
Y eso puede dejarlo en la sala.
Su dinero.
Cómo es joven y bonita,
un pollito de leche.
¿Y va a vivir ahí sola?
¿Y el amante fue a prisión?
¿Qué a prisión? Un sujeto que comete un crimen así
no vive para contar su historia.
Él desangró a su amante y él mismo...
[imita sonido de degüello]
¡Antonio!
Mm.
[ríe y resuella]
¡Ah!
[ríe]
¡Perfecto!
¿Qué es lo que está diciendo?
¿Perfecto por qué, eh?
Era la maceta que más me gustaba.
¡Siempre es así!
Por suerte era un geranio que aguanta todo.
Si tiene otra maceta, podemos trasplantarla.
Es verdad.
¿Es médico?
No.
Entonces, ¿qué?
Soy arquitecto.
Y...
también soy escritor.
¿Escritor?
¿De libros?
Es lo que pretendo hacer, ser un escritor de libros.
De uno por lo menos.
[ambos ríen]
Pues, si conociera mi historia, ya habría escrito una novela.
Un novelón.
[ríe]
Entre y ayúdeme a plantarla.
No puedo, tengo que volver.
Ay, acabo de terminar con la mudanza.
Estoy colocando las cosas en su lugar.
Vamos, solo un minuto.
Va a ser mi primera visita.
[ríe]
Ah, pero antes de entrar, nos debemos presentar.
Mi nombre es Fernando.
Mucho gusto. Anita.
Ven, entra.
[suena "Ne me quitte pas" de Maysa]
Resiste, hija, y quédate aquí.
No.
Sobrepasaste los límites, padre.
Estoy molesta y ofendida.
¿Y no me puedes disculpar?
A Fernando es a quien tienes que pedir disculpas.
A ese sujeto no le pido disculpas,
ni ahora ni nunca.
Me amenazó de muerte, tú lo oíste.
Manos de trabajador las tienes.
¿Mujer e hijos?
No, no tengo, señora.
¿O los dejaste por ahí?
No, señora, jamás haría eso.
Bien, una semana a prueba a cambio de casa y comida.
Si apruebas, acordamos
un salario para que puedas quedarte.
Está bien, ¿cuándo comienzo?
Ahora mismo, enséñale dónde va a quedarse.
¿Te agradó, Conchita?
A mí también.
Es más joven que Armando.
No te pongas triste.
Él volverá.
Aunque sea solo por su encendedor.
[suena claxon]
¡Cuidado!
[frenos chirrían]
[suena "Ne me quitte pas" de Maysa]
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