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Traducción y sincro: Zakarka8
Bueno, bueno.
¿Quién entró sin permiso?
No tengas miedo querida, No voy a llamar a la policía.
Interesante.
De todos los tesoros de esta habitación.
¿Sabes cuál es el mas importante?
¿No?
De hecho...
Es el objeto más pequeño.
Cabe en la palma de una mano.
Podríamos decidir, que descubriste mi secreto
¿Qué secreto abuelo?
Nunca se lo he contado a nadie, es una vieja historia
que se remonta muy, muy atrás en el tiempo.
Cuando yo era sólo un niño, en Montreal, donde nací.
Durante el día merodeaba por los muelles, Robaba todo lo que caía de las cajas,
Hasta que, boom, el capataz me espantó como a las moscas.
En verano dormía en la calle.
Pero cuando llegaba el frío, Buscaba un lugar abandonado,
cerca de un lugar habitado.
Así.
Viviendo pegado a la pared de la cocina,
Podía sentir un poco el calor del horno.
En el apartamento de al lado había una familia ruidosa.
La mujer siempre estaba enojada con su marido
y con su hijastra, cuya madre había muerto al nacer.
¿Los estabas espiando?
Sí, ya sabes, en aquella época todavía no teníamos televisión.
Si quieres paro
No, no, continúa.
Me temo que no es una historia muy feliz.
Todos los días la mujer gritaba.
¡Tú y tu padre no sirven para nada!
¡Debería echarte a la calle!
Ella los aterrorizaba.
Su padre hacía todo lo posible por consolarla.
Él seguía diciéndole, tienes que preocuparte de ti, hija mía, para lograr tus metas.
Esa noche,
la noche que todo cambió,
fui testigo de algo 'extraordinario, mágico.
Me hubiera gustado sacarla de ese lugar maldito.
Temprano en la mañana la vi limpiando
el piso como si nada hubiera pasado.
Era como si estuviera avergonzada.
Se sentían como si estuvieran mojadas.
Perfectamente redondas.
Y sabían a sal, como las lágrimas.
¿Robaste las perlas de la niña?
Oh, no me juzgues, solo era un niño.
¿Entonces, qué hiciste con ellas?
Lo que siempre hice con todo lo que encontré.
Había en el barrio un prestamista que a veces
daba unos céntimos por las cosas que le traían.
Cuando le mostré una perla, él estaba escéptico.
No es la más grande que haya visto.
Pero su color, su brillo, sus reflejos.
Él me dijo...
¿Dónde robaste esto, pequeña rata?
? No lo robé.
Y le dije lo que había visto.
Él no me creyó, así que saqué la segunda perla.
No soy un mentiroso, le dije.
Ahora estaba realmente confundido.
¿Una perla idéntica?
Muy, muy raro, dijo.
¿Vas a tomarlos o no?
No tan rápido.
Silencio.
Necesito que los evalúen.
¿Qué significa eso?, le pregunte.
Eso significa..
. ¡Fuera de aquí!
Y vuelve mañana.
O quizás prefieras que vayamos a la policía con tu cuento de hadas.
En el puerto había un especialista en perlas.
Un joyero reconocido por su integridad.
Las examinó impresionado por su calidad.
El diámetro.
Ah, el brillo.
El color.
La forma.
Son perfectas.
Estaba la cuestión de su procedencia.
¿Mar del Sur?
Tal vez.
Es raro.
Nunca había visto perlas como éstas.
Huelen a mar.
Pero no vienen de una ostra, estoy seguro de eso.
¿Dónde las encontraste?
Es una historia divertida, respondió el prestamista.
No me creerías.
Pero el joyero escuchó sin inmutarse. la historia del niño vagabundo.
Y de la joven, que lloraba perlas.
Se puso serio.
Espera, pero, pero, pero, espera. dijo. No te muevas.
El joyero era un hombre instruido. Profundamente religioso.
Tenía una colección de libros antiguos que habrian hecho palidecer de envidia a los museos
Sabe...
Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén,
Adán derramó tantas lágrimas que las bestias vinieron a beberlas.
Y las lágrimas de Eva se convirtieron en perlas.
Es una fábula, una parábola, no crees que sea verdad.
Cuando se trata de Dios, ¿quién puede decir qué es posible y qué no?
Yo pongo mi fe en el dinero contante y sonante.
¿Cuánto crees que vale?
Las perlas del dolor no tienen precio. dijo.
Pero puedo ofrecerte esto.
Y compartelo con la que llora, de lo contrario...
Yo no hago caridad.
Pero lo conozco.
Si usted dice que vale uno... quiere decir que vale dos.
Que tenga un buen día, señor.
Está bien, dijo el prestamista.
No son los más valiosos, eso es seguro,
pero te puedo dar un dólar por cada uno.
Nunca había visto tanto dinero...
Me preguntó si podía conseguir más para el día siguiente.
Dije que sí.
Con mi dinero fui a comprar la caja de chocolates más grande.
Parecía como si la felicidad hubiese llegado a ella por primera vez.
Estaba radiante.
Esa noche, ella no lloró.
Y no hubo perlas.
Al día siguiente,
El prestamista me esperaba con el dinero, pero yo no tenía nada que ofrecerle.
Es porque la amo.
Y no quiero que esté triste.
Qué?
¡Eres un inútil!
¡La vida te da una oportunidad!
¡Solo una!
De todas formas, ¡no te casas con la primera chica que ves!
¡Te va a chupar la sangre!
¡Como un vampiro!
¡Hasta los huesos!
Tienes que tomar una decisión.
O ella llora y tú te haces rico.
O ella sonríe...
y tú ¡Te quedas en tu agujero para siempre!
La jovencita esperó todo el día, como si
su príncipe fuera a aparecer en cualquier momento.
Ya no sabía qué hacer.
El prestamista había conseguido sembrar la duda en mi.
Él tenía razón.
Yo no era nadie.
Ella no lloró esa noche ni al día siguiente, ni el siguiente.
Pero en la séptima noche...
Mi alma desgarrada se alejaba cada vez más.
¿Me estaba condenando al infierno?
Bien hecho, muchacho, dijo el prestamista cuando me vió.
Voy a hacer algo un tanto especial
No, no es suficiente.
Le rompí el corazón.
Está bien, pero ella tampoco está muerta.
Oye, es diez veces más que la otra vez.
Suficiente para que yo pudiera cambiar de vida.
Está bien.
Un hombre debe hacer su camino solo.
No te arrepentirás.
Hiciste lo correcto.
Vamos a hacer buenos negocios tú y yo.
Somos iguales.
Viví como un rey ese día.
Compré ropa nueva y un boleto de
tercera clase a París en un transatlántico.
Pero cuando llegué a la casa por última vez...
Al día siguiente, todo estaba inquietantemente en silencio.
Se llevaron todas sus pertenencias y desaparecieron.
Ella se había ido.
¿Qué podía hacer?
Ay, muchacho.
¿Pero qué hiciste?
Ataqué de inmediato.
Para quedarse con la caja de perlas él tenía que llenar la caja vacía con billetes de 100 dólares.
No otra cosa.
Sólo entonces, intercambiaríamos las cajas.
Si si.
Vamos a ver.
Puedo darte eso, sí.
Pero, por supuesto, no había nada de gran valor en la tienda.
Incluso su oro era falso.
Estaba entrando en pánico.
Podríamos convertirnos en socios, tú y yo.
Cincuenta y cincuenta.
Qué ?
Después de todo lo que he hecho, ¿no me puede pagar?
Esta caja tiene que estar llena cuando regrese o las venderé en otro lado.
¡Esperar!
Vuelve antes de que termine el día.
La caja estará llena.
Necesito dinero rapidamente, ¿entiende?
Dijo el prestamista.
El edificio está en buenas condiciones.
No se arrepentirá.
El viejo joyero suspiró ante la infinita codicia de los hombres
Reflexionando sobre los inescrutables caminos de Dios.
La sorpresa del joyero fue total.
Eran idénticas a las perlas del prestamista.
Y había miles de ellas.
Llamó al capataz.
Señor !
Señor ! aquí!
¿Sabes qué es?
Eso !
Eso !
¡Es nuevo!
¡Viene de Japón!
¡Se llama plástico!
Plástico...
En verdad, aunque el prestamista era codicioso, estaba tan solo como yo.
Y así fue como la conseguí.
Guardé una como recuerdo,
rezando para no volverlo a ver nunca más.
Y nunca más lo volví a ver.
Espera, espera, espera.
Pero entonces, ¿te inventaste toda esta historia?
¿Ese es tu secreto?
Siempre es la historia alrededor el objeto que le da su valor.
Siempre la historia.
Nunca el objeto.
Y personalmente, todavía la encuentro maravillosa.
¿Y la jovencita?
¿Al menos ella existió?
Traducción y sincro: Zakarka8
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