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LA MUJER QUE SABÍA LEER
¡Abran!
¡Quentin!
¡Suéltenlo, no tienen derecho a...!
- ¡Vámonos! - ¡Papá!
¡No tienen derecho! ¡Camille!
¡Quédese aquí!
¡Camille!
¿De qué se nos acusa?
¡Suéltenlo, no pueden hacer esto!
- ¡Quédense ahí! - ¡No han hecho nada!
Ha sido declarado el estado de urgencia, señora.
- Tenemos todo el derecho. - ¡Papá!
¡A los caballos!
- No os mováis de aquí. - ¡Étienne!
¡Papá!
- ¿A dónde se los llevan? - ¡Quédense ahí!
- ¡Papá! - ¡Vamos!
¡Viva la República! ¡Muerte a Louis Napoleón!
¡Antoine!
DICIEMBRE DE 1851. EL GOLPE DE ESTADO DE LOUIS-NAPOLÉON BONAPARTE
PONE FIN A LA SEGUNDA REPÚBLICA.
SE PRODUCE UNA REPRESIÓN VIOLENTA CONTRA LOS REPUBLICANOS.
No pasa nada.
Elisabeth, ¿te queda algún arma en casa?
No, se la llevaron.
Entonces tenemos cuatro.
Esta noche las repartiremos en el pueblo.
Y los hombres...
¿Qué les va a pasar?
Los habrán llevado a la prefectura.
- ¿Cuánto tiempo los van a tener allí? - No mucho tiempo.
- Lo que quieren es parar las revueltas. - Elisabeth.
¿Dónde está Rose?
En casa.
Rose...
Rose...
Come algo, no puedes quedarte así.
¿Hace cuánto tiempo?
Cinco meses.
¿Ya has tenido relaciones con algún chico?
- ¿Estás segura? - Sí.
Debo saberlo para poder curarte.
Es la verdad.
Desde que se fueron los hombres, me parece que me he apagado por dentro.
Incluso ya no sueño de noche.
¿Con qué soñabas antes?
A menudo veía un ave de presa.
- ¿Te amenazaba? - No.
Al contrario.
Entonces piensa en esa ave de presa cuando te vayas a dormir.
Llámala para que venga a visitarte.
Ahora vístete.
¿Crees que los sueños pueden curar?
A veces sucede eso.
Pero si durante este mes no hay novedades,
ven otra vez a verme.
- ¿Habéis visto a Rose? - No.
La he buscado por todas partes.
- No debe de estar lejos. - Marianne, hoy era el día de su boda.
¿Rose?
¡Rose!
Rose...
Al fin se ha quedado dormida.
Mejorará en un par de días.
No lo creo.
¿Por qué dices eso, Violette?
Porque no podemos seguir esperando.
Tenemos que saber qué les ha pasado a los hombres.
Ahora ya ha pasado un tiempo, seguro que los han juzgado.
- Yo estoy dispuesta a bajar. - Yo también.
Nadie se irá del pueblo, ¿me oís?
Si bajamos al valle, sabrán que estamos solas aquí.
¿Queréis estar a merced de algún hombre de leyes o religioso que venga a imponerse?
Antes muerta...
Pero debemos saber si los retendrán diez días o diez meses.
¿Y si los retienen diez meses, qué vas a hacer?
¿Irás a trabajar para los burgueses?
¿O abandonarás a tus hijos por no poder alimentarlos?
¡Catherine! Pierre, nos vamos.
Te has pasado.
Debéis entender que no tenemos otra opción.
¿Señora Aillot?
¡Violette!
¿Dónde estabas?
La señora Aillot está muerta.
Está maduro.
Poneos cómodas, chicas.
¿Y qué más da? No veo ningún hombre por aquí.
Véndate las manos.
- No puedes seguir así. - Gracias.
Los niños están agotados, hace demasiado calor.
Yo también. Me duele mucho la espalda.
Viene una tormenta, así que hay que acabar.
¡No somos animales!
Deja de quejarte. Llevas arrastrando los pies todo el día.
Si fuéramos como tú, no habríamos hecho ni la mitad.
- Un cuarto, quizás. - Ya está bien.
Joséphine, si no quieres segar, ven a recoger con nosotras
y te llevas a los niños al río dentro de una hora.
Las que tienen niños al menos se mantienen vivas por algo.
Me han empapado entera.
Nosotros, después de un año de casados,
no tuvimos éxito.
¡Pero no fue por no intentarlo!
¿Así que Étienne era insistente?
Y se le daba bien.
Ojalá vosotras seáis unas malacostumbradas como yo.
Antoine también lo hacía bien.
¿No eres virgen?
- ¡Ya le ha pasado a más gente! - ¿Ah, sí? ¿A quién?
Esas cosas no se dicen.
- ¡Mamá! - ¡Están todos muertos!
¡Para, mamá!
- ¡Por favor, para ya! - ¡Mi hijo está muerto!
¡Mi hijo está muerto! ¡Están todos muertos!
- ¡Para! ¡Para! - ¡Están todos muertos!
¡Philomène! ¡Philomène!
- ¡Philomène, para! - ¡Dejadme!
¡Están todos muertos!
¡Suelta! ¡Suelta!
¡No, dejadme! ¡Dejadme!
Ya está...
Desde hacía tres días, pasaba las noches inquieta, no dormía.
Yo también duermo mal.
No soporto estar sola.
Los hombres acabarán volviendo. No pueden desaparecer.
Si los retienen durante más meses, ¿en qué estado volverán?
¿Y nosotras? ¿Qué va a ser de nosotras?
Vosotras sois jóvenes, no tenéis hijos. Podríais iros.
Pero esta es nuestra casa.
Ahora que la tierra es nuestra, ¿quieres que nos vayamos?
Y Antoine está enterrado aquí. Yo no voy a irme.
Lo que me inquieta es que ya no sube nadie.
¿Por qué ya nunca vemos a ningún pastor o a ningún vendedor?
Esto nunca había pasado.
Es como si todo se hubiese parado.
Si no viene nadie, quizá es que no hay hombres.
Ya no existen.
¿Y si apareciese uno?
¿Uno solo?
¿Qué haríamos?
- Habría que compartirlo. - ¿Cómo que compartirlo?
Para que la vida siga aquí, para tener hijos.
¿Pero tendríais un hijo con un desconocido?
¿Quieres acabar vistiendo santos?
No, pero yo no me acostaría con cualquiera.
Si solo hubiese uno, no te harías la estrecha.
Estarías encantada de tenerlo entre las piernas.
¿Y si él no quisiese?
¿Ir contigo?
- No, con todas. - No le dejaríamos otra opción.
Si quiere a una, tendrá que cogernos a todas.
Exacto.
Estoy de acuerdo.
- Yo también. - Desde luego,
le pediríamos que trabajase con nosotras.
Pero de momento solo podemos contar con nuestros brazos.
Con una buena cosecha de castañas y nueces, nos llegará.
A nosotras nos llegará, pero a las chicas...
¿las habéis oído?
No dicen más que tonterías.
Están en edad de ser mujeres y madres.
Y no están viendo ese futuro.
Si esto sigue así, se irán.
Violette, cuando papá te enseñó a leer, ¿cuántos años tenías?
Más o menos tu edad. Un poco menos.
¿Por qué no me enseñó a mí?
Quería hacerlo, ya lo sabes.
Mamá dice que lo detuvieron por culpa de las reuniones en el valle.
Papá sabía lo que hacía.
En el ejército conoció a gente que creía en la República.
¿Crees que volverá?
Eso espero.
Pero yo también puedo enseñarte a leer si quieres.
No, ya me enseñará papá.
¡Qué oscuro está!
Odio esta época.
¿Has vuelto a pensar en lo que hablamos al acabar la siega?
¿Sobre qué?
Sobre ese hombre que podría venir.
No mucho. ¿Y tú?
Sí, eso hace que no piense en Antoine.
Y entonces, ¿cómo te lo imaginas?
Alto, unos treinta años, rubio...
- O sea, como Adán en las pinturas. - Exacto.
Con las nalgas redondas como manzanas.
Yo recuerdo sobre todo las manos, largas y delgadas.
Imagínate que nos viene a ver por la noche.
Se metería entre nuestras sábanas,
nos acariciaría las piernas con las manos.
Rose...
¿Cómo es la primera vez?
Es extraña.
No se parece a nada.
Es... gélido y ardiente a la vez.
- ¡Está entrando agua en el granero! - ¡Avisa a las demás!
¡Está entrando agua en el granero! ¡Está entrando agua en el granero!
¡Joséphine, ven rápido!
¡Hay que proteger el grano!
¡Louise!
Menos mal.
Violette, estabas allí en el momento preciso.
Solo se ha estropeado un poco de grano.
- ¿... una erre? - ¡Sí! ¿Y cómo se lee?
Esa os gusta mucho, ¿eh?
Venga, vuelve a tu sitio.
Violette, ahora que sabemos todas las letras, ¿ya sabemos leer?
Casi.
Cuando acabe la siega y retomemos las clases,
aprenderéis a leer palabras enteras.
Así sabréis leer de verdad.
Venga, id a jugar.
No es uno de los nuestros.
¡Buenos días!
Buenos días.
Buenos días.
Soy herrador.
¿Sería posible dormir aquí está noche?
Sígame.
¿Los hombres están en el campo?
Empezamos mañana.
Espéreme aquí.
Voy a abrirle una casa.
Normalmente me ofrecen un granero o un desván.
¿De dónde viene?
De una granja del valle.
En verano también trabajo como jornalero.
¿Le han enviado ellos aquí?
No.
Sírvase. Debe de tener sed.
Voy a prepararle el cuarto.
¿Tienen animales para herrar aquí?
Tenemos un caballo y dos burros, pero no están herrados.
Si algún hombre los saca, puedo herrarlos a cambio de pasar la noche aquí.
Aquí no hay hombres.
¿Y eso por qué?
Se los llevaron a todos tras el golpe de estado.
¿Y no ha vuelto ninguno?
No.
- ¿Y cómo hacen aquí solas lejos de todo? - Nos las arreglamos.
Tenemos armas.
¿Han bajado al valle desde entonces?
¿Por qué me pregunta eso?
¿Sabe que Louis-Napoleón fue declarado emperador hace tres meses?
Esta vez la República se acabó para siempre.
¿Y sabe algo de los presos?
Corren rumores por la región, pero...
dicen que murieron debido a los malos tratos, o fueron deportados...
Debo irme, me esperan.
Si le interesa, nos hace falta mano de obra para el heno.
Pero solo le podemos ofrecer alojamiento y comida.
Entonces, ¿qué ha dicho?
Se queda.
- ¿Por qué pasaba por allí? - ¿Te parece seguro?
- Es difícil de saber. - ¿De dónde viene?
No me lo ha dicho.
- Por la cara no parece de aquí. - Y por el acento, ¿no?
¿Por qué ha venido por la cima? Por allí solo pasan los pastores.
- ¿Pero tú qué crees? - No lo sé.
No he entendido si está a favor o en contra de Louis-Napoleón.
¿Le has preguntado por los presos?
- No me he atrevido. - Tienes razón. No hay que fiarse.
Esta noche lo cerraremos todo con llave.
Mañana sabremos más.
Con la siega enseguida se sabe con quién estamos tratando.
- Ha llegado en buen momento. - Violette,
- hay que ir a buscar el rebaño. - Ya voy.
No, Violette, prepárale tú la cena.
Lo has instalado tú, así que es mejor que sigas ocupándote de él.
Si necesitas cualquier cosa, ven a verme.
De acuerdo.
- ¿Te ha dicho por qué pasaba por aquí? - No.
¿Te ha dicho de dónde viene?
- No. - De todos modos, te ha escogido.
No me ha escogido. Ha sido el azar.
No importa si es el azar o el destino.
El pan está duro.
Es normal con este calor.
- No puedo darle esto. - Le parecerá bien, como a nosotras.
¿Es para el forastero?
Sí.
Pierre y yo acabamos de hablar con él.
Se llama Jean y tiene 39 años.
No quiero que te acerques a él. No lo conocemos de nada.
¿Qué os ha contado?
Me ha preguntado... cuándo habían destruido el castillo
y si aún se puede subir a lo alto de la torre.
- ¿Nada más? - Ha preguntado si hay más pueblos cerca.
¿Por qué? ¿Ha dicho si tiene pensado irse?
No, no ha dicho nada.
¿Hay alguien?
- Hace calor, pero se está mejor que ayer. - Hay algo de brisa.
Si se mantiene así, ya habremos acabado la semana que viene.
¿Siete días para segarlo todo?
- Eso es imposible. - ¿Por qué?
Con su ayuda seremos más rápidas.
Gracias.
- ¿Cómo hicieron el año pasado? - Segamos solas.
Estoy impresionado, no debió ser fácil.
- ¿Cuánto tiempo les llevó? - Nueve días.
¿Qué es lo que quiere saber?
Nada, solo intento entender cómo viven aquí.
Lo que necesitamos es que trabaje con nosotras.
De nada sirven las alabanzas y los cumplidos.
Una cosa no quita la otra.
Tiene usted razón.
Simplemente, hemos perdido un poco la costumbre.
- ¿Quiere fruta? - Gracias, ya tomaré luego.
¿Qué le pasa a tu madre?
No le hagas caso.
Esperaba con ansia ver llegar a papá.
No soporta que sea otra persona.
¿Sabes? Creo que le gustas.
- ¿Pero qué dices? - Es obvio.
¡Pero si acaba de llegar!
Esas cosas se saben rápido.
¿Y tú qué piensas?
No lo sé.
Yo creo que tiene unos ojos y unas manos bonitas.
Tenemos suerte.
Es cierto, es guapo.
¿Y?
Nada, es que no me esperaba algo así.
¿A qué te refieres?
Me imaginaba a un hombre... más joven.
Violette, ¡qué más da! No nos vamos a casar con él.
¡Parad, parad!
¿Dónde hay agua para el caballo?
A la derecha, sobre el paso.
¿Qué te ha dado al mediodía? No puedes hablarle así.
¿No oíste lo que dijo? Faltan muchos hombres en el valle.
No vale la pena esperar ayuda de nadie.
Así que ahora que está aquí, nos gustaría que se quedase.
¡Pase!
La estaba esperando.
Me da la impresión de no haber comido en días.
Eso es por la altura.
No recuerdo lo que me dijo ayer.
¿De dónde viene exactamente?
No lo ha olvidado, no se lo dije.
¿Pero vive usted en Francia?
Gracias.
No vivo en ningún sitio desde hace unos meses.
Voy donde hay trabajo.
¿Y puede desplazarse así tras el golpe de estado?
Como soy herrador, tengo salvoconducto.
¿Sabe leer?
Sí.
¿Quién le enseñó?
Mi padre.
¿Y a usted?
Uno de mis tíos era cura.
¿Está leyendo la Biblia?
No.
¿Lo conoce?
No.
¿Pero saben leer muchas de ustedes?
Soy la única.
Debo irme. Me están esperando.
Lléveselo si quiere. Yo ya lo he leído.
No creo que tenga tiempo de leerlo estos días.
Quédeselo mientras yo esté aquí y ya veremos.
Si a su padre lo educaron como republicano,
es normal que no lo hayan soltado.
A esos son a los que quieren hacer callar.
Temo no volver a verlo.
No les diga a las demás lo que sabe de los presos.
No diré nada.
Gracias, Jean.
Violette, ¿te esperamos?
No, que no tenemos tiempo.
¡Vamos!
Anoche leí algunas páginas de Voltaire.
¿Por cuál ha empezado?
Zadig o el destino.
Me gustan esos cuentos.
Ya verá lo divertidos que son.
No estoy acostumbrada a tanta informalidad.
¿Y a qué autores ha leído?
Lamartine, Racine,
- Victor Hugo... - De Victor Hugo no he leído mucho.
Lo siento, pero no puedo prestárselo.
Los libros son de mi padre y no tenemos muchos.
Son su bien más preciado.
Tranquila, lo entiendo.
Si quiere, se lo puedo leer durante la cena.
Tenía esa costumbre con mi padre y el último invierno con los niños.
¿Y les gustó?
Mucho.
En ese caso, acepto.
Ya estamos en la mitad de la siega.
Qué rápido pasa.
¿A dónde quieres llegar, Rose?
- Eso me lo debes decir tú. - Ya notarás si le gustas a Jean, ¿no?
- No más que cualquier otra. - Pero me ha dejado un libro.
¿Sabe leer?
- ¿Crees que será herrador de verdad? - No lo sé.
Pero además de mi padre, no conocía a ningún otro hombre que supiese leer.
Ahora tienes que seducirlo, Violette.
Las demás empiezan a preguntarse si eres capaz.
¿Cuál ha escogido?
Victor Hugo.
Siéntese.
¿Empiezo?
Cuando quiera.
''Preludio.
¿Qué nombre hemos de darte,
época de transición en que nos encontramos?
Baña todas las frentes lívido sudor,
y en las alturas del cielo,
lo mismo que en el corazón de los hombres,
se confunden las tinieblas con las luces.
Creencias, esperanzas, pasiones, desesperación,
nada de esto aparece en plena claridad y nada de esto está oscuro por completo.
Y el mundo, sobre el que flotan las apariencias,
parece cubierto por una sombra en la que todo reluce.
El ruido que produce esta sombra encallece el pensamiento.
Todo se confunde en ella,
desde el canto del cazador hasta el estremecimiento de la hoja
que roza el aire y que oculta un nido u oculta una flor.
Todo se confunde en ella.
Los que se extravían en los senderos
y buscan su camino a través de los campos.
Las cañas verdes que frotan unas con otras sus lucientes hojas.
Los Angelus lejanos envían sus tañidos a los cielos.
La hiedra que se estremece en las hendiduras de las bóvedas.
El aquilón que ataca al marinero que perece.
Los carros detenidos en las vueltas de los caminos''.
¿Te corto un pedazo de pan?
Sí, por favor.
Gracias.
Siéntate para comer.
Después ya vas a estar de pie todo el día.
¿Puedes despertar a Quentin antes de venir a ordeñar?
- ¿Qué has encontrado? - Valeriana.
Mira, acaba de florecer.
Las primeras flores son las que mejor curan.
Aún no he hablado con Jean.
¿Crees que acabará la siega con nosotras?
No lo sé.
Prueba a hablar con él.
Ya me contarás.
¿Sí?
Rose, ¿quieres que te ayude?
No, gracias.
Yo me llevo dos.
Gracias a Violette, Jean se quedará un poco más de tiempo.
Ahora ya no hay duda.
''¿Dónde vas? Hacia la eterna noche.
¿Dónde vas? Hacia el eterno día.
¿Y tú? A indagar si es preciso creer.
¿Y tú? Yo voy hacia la gloria.
¿Y tú? Yo voy en busca del amor.
Todos camináis hacia la tumba, todos vais hacia lo desconocido.
Águila, buitre o paloma,
caéis donde todo cae y de donde nada vuelve jamás.
Vais donde va la aurora, vais donde va la noche.
¿Para qué os tomáis tanto trabajo?
¿Para qué sufrís tantas inquietudes?
Bebed el agua de las fuentes, sacudid las bellotas de las encinas,
amad, y después, entregaos al sueño eterno''.
Nosotras también podemos lavarle la ropa.
¿Piensas quedártelo mucho tiempo para ti sola?
Debes de estar cansada, las noches son cortas.
- ¿Te acuerdas de lo que hablamos? - Sí, me acuerdo.
Entonces, ¿a qué esperas?
¿Creéis que es fácil?
Desde luego es más fácil meterse en su cama.
¿Pero qué queréis? ¿Que os lo dé en bandeja de plata?
Id vosotras. Preguntadle vosotras y ya veréis.
Precisamente, es lo que pensamos hacer.
No pensarás que nos quedaremos como perras esperando a que nos des permiso.
Sois peores que unas perras.
¿Violette?
Déjame en paz.
Venga.
¡Venga, va!
¡Venga!
¡Violette!
¡Violette, espérame!
Tengo que decirte una cosa.
Te escucho.
Me gusta estar contigo.
- Me gusta estar entre tus brazos... - No te pido nada, Violette.
- Supongo que tienes algún compromiso. - No.
Tengo un compromiso con las otras mujeres del pueblo.
No te entiendo.
Estábamos solas.
Los hombres no volvían y aún no van a volver.
Así que un día dijimos que si venía un hombre, sería para todas.
¿Qué significa eso?
¿Podría haber sido otro cualquiera?
¿Te das cuenta de lo que dices?
¡Por Dios, os habéis vuelto locas! ¡Totalmente locas!
¿No lo entiendes? ¡Casi nos morimos!
¡No hemos visto a nadie durante meses, estábamos solas!
¿Y si vuelven los hombres? ¿Qué les vais a contar?
¿Tú sabes cuántos van a volver?
No tengo elección, Jean.
Eres libre de quedarte o de irte.
¿De qué libertad hablas?
No sabes nada de mí.
¿Dónde estabas?
¿Qué pasa?
Estaba preocupada, no veía que volvieses.
¿Has visto a Jean?
No, pensaba que estaba contigo.
¿Jean no ha vuelto a casa?
¿Has hablado con él?
Era lo que queríais, ¿no?
- ¿Qué ha dicho? - Ha dicho que estamos locas.
Luego se ha ido.
Ya volverá.
¿Por qué iba a hacerlo? ¿Por vosotras?
Los hombres necesitan tiempo cuando se les coge por sorpresa.
Me obligasteis y era demasiado pronto.
Si ahora se va, ya sabréis por qué.
He tomado una decisión.
Me acostaré con las demás.
Puedes decírselo.
¿Te quedas aquí para esconderte?
¿Has hurgado en mis cosas?
Jean ha accedido.
Solo ha pedido algunos días para nosotros dos.
Gracias, Violette.
Nunca dudé que conseguirías convencerlo.
La comida está lista.
Comeré más tarde.
Ya lo he entendido, Jean.
Te he visto hablando con ella.
La veré esta noche.
Abrázame. Abrázame fuerte.
¡Para!
¡Déjalo! ¿No ves que se ahoga?
¿Estás bien, Quentin?
Ven, quédate conmigo.
Ya... ya sé qué es lo que pasa.
Veo que te estás enamorando.
Pero mantengo nuestra promesa.
Voy a verlo mañana.
¿Mañana?
Es un buen momento para quedarme embarazada.
- No tienes que perder en esta historia. - ¿Qué quieres que pierda?
Lo que siento ahora ya nadie me lo podrá quitar.
Tú también confiabas en un hombre y lo amabas.
No es lo mismo.
Ya nada es lo mismo.
Dime qué te trajo hasta aquí.
Debo desaparecer durante un tiempo.
¿Has hecho algo grave?
Maté a un hombre.
No tenía elección, era él o yo.
Pero cuando llegaste, ¿a dónde ibas por la montaña?
Seguía las cimas en dirección a la frontera.
Si me detienen, estoy condenado.
Debo abandonar Francia.
¿Y piensas irte pronto?
Si no estuvieses aquí, ya me habría ido.
Ya conoces mi verdadero nombre.
Para mí, tú eres Jean.
¿Han venido otras a verte?
Eres la primera.
¿Lo sabe Jean?
Todavía no.
Espera un poco. No se lo cuentes aún.
Mira este agujero.
Mira tú esto. Ya verás.
A ver, ¿qué palabra escribimos primero?
- ¡Pájaro! - ¡Montaña!
De acuerdo, pájaro. ¿Vienes, Pierre?
Venga, adelante.
Jean, estoy embarazada.
Estaba esperando que me lo dijeses.
Tenía miedo de que huyeses al decírtelo.
No huyo de ti, Violette.
¿Vendrías conmigo?
¿Étienne?
Os presento a Maxime.
Nos deportaron al mismo campo en Argelia.
Hola.
Étienne, ¿dónde están los demás?
No lo sé.
Nos separaron rápido.
Solo sé a quiénes enviaron a Argelia.
Pierre y Augustin deben estar en camino.
Los liberaron tres días después que nosotros.
¿Lo habéis oído?
Papá va a volver, está vivo.
¡Está vivo!
Pero Bastien y Joseph murieron allí.
- ¡No! - De una enfermedad.
¿Y mi hijo?
¿Mi hijo? ¿Dónde está?
No lo sé. De los demás... no sé nada.
¿Y de Camille no sabes nada?
Camille...
me dijeron que lo mandaron a hacer trabajos forzados en Cayenne.
Murió allí.
¡Marianne!
Tengo miedo de que se deje ir.
Aguantará.
Lo hará por tu hijo.
Tengo suerte de que mi padre esté vivo.
Pero no sé cómo reaccionará.
Estos días llegarán más hombres.
Comenzará una nueva vida en el pueblo.
Nadie tendrá derecho de reprocharnos nada.
Y para proteger a vuestros hijos,
debéis permanecer unidas y no volver a hablar de esta historia.
Violette, sabes qué significa eso.
Jean debe irse inmediatamente.
No, no es posible. Ahora no.
Ahora no.
No puede ser de otra manera.
Entonces, si se va, yo me iré con él.
¿Pero qué dices?
Es tu decisión.
- Violette, ¿qué haces? - Nada.
Preparo la comida de mañana.
¿Qué ocurre? ¿Has tenido una pesadilla?
He oído un ruido fuera. Tengo miedo.
Quédate un rato a mi lado.
¿Al menos nos darás clase mañana?
Duérmete rápido.
Ya veremos mañana.
Violette, mi futuro es incierto.
Pero te escribiré para decirte dónde estoy.
Hoy tu vida está aquí.
Darás a luz a nuestro hijo en el lugar donde naciste.
Y quizás podamos reencontrarnos algún día.
Pero pase lo que pase tanto en tu vida como en la mía,
prométeme que le dirás a nuestro hijo que nació del amor de un hombre
y de una mujer libres.
Te quiero.
Jean.
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