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Original subtitles

Nos han cerrado el caso.

¿Y qué hacemos?

Él lo sabe todo.

Vengo a supervisar la cápsula.

El técnico de la cápsula.

Como si fuera el de la caldera, pero en sobrenatural.

Como iba diciendo, la cápsula...

(Timbre)

Nos estaba explicando cómo funciona la cápsula.

Así no te das más paseos.

Fue un ir y venir, nada grave.

(Timbre)

-Hola DH-4. -DH-22.

Este aparato nunca falla.

¿Qué le habéis hecho? -Igual la achicharramos un poco.

Con unas baterías de camión.

Feliz cumpleaños, viejo.

¿Qué pasa, familia?

Todos los años lo celebro con mi familia,

es una especie de tradición. Y así los conoces.

David, sí, últimamente me sigue a todas partes.

Necesita un cuerpo. -Antes de 24 horas.

No me joda.

Ese colgante es de mi hija.

Dáselo,

lo va a necesitar.

¿Qué caja?

La que robamos a La Hermandad.

La caja de la que depende el futuro del universo.

(ELENA GAMBOA) ¿Estás preparado? -Sí.

Hazlo.

Va a matar a mi hija.

Tienes que cortarle el paso como sea, Santos.

"No tienes que aprender a controlar tus poderes,

tienes que aprender a controlar tus emociones."

¡Quieto!

¡Julio, al suelo!

Está muerto.

(Música)

Joder...

-Lo han subido a varias redes sociales.

Lleva más de 200.000 visitas en una noche.

-Por lo menos no se le ve la cara.

-Puedo hackear las cuentas y borrarlo,

aunque no servirá de mucho.

A este paso, vamos a acabar en las carteleras de la Gran Vía.

Ha parado el autobús con sus manos sin despeinarse.

-Y no es lo más raro que hemos visto,

que aquí ha resucitado gente. -Ya, ya,

pero ella está en el top 3.

-Hombre, ella es la puñetera Super Woman.

¿Qué hacemos?

No lo sé, porque no está claro si puede volar,

si puede lanzar rayos por los ojos o qué cojones...

No creo que ni ella misma lo sepa.

Lo que es evidente es

que estos de La Hermandad van a por nosotros.

A ver, una idea...

Es que a lo mejor la niña se podría quedar unos días aquí.

Por precaución.

-Pero qué niña ni niña,

que tiene 27 palos y es policía nacional.

No, no está mal.

Hablaré yo con Landa

o tú misma, María, le puedes firmar una baja médica.

Pero que yo no soy médico,

¿llevamos tropecientos años juntos y aún no sabes lo que hago?

Sí, claro que lo sé.

¿Qué haces?

Hablaré con ella.

¿El qué?

¿Qué quieres hablar conmigo?

# Ahora que empiezo de cero,

# que el tiempo es humo, # que el tiempo es incierto.

# Abrázame fuerte, amor, # te lo ruego,

# por si esta fuera la última vez. #

Ni de coña, no voy a quedarme encerrada en casa.

Te lo dije, más terca que su puñetera madre.

Lo lleva en los genes.

¿Y un permiso de 15 días? Hasta que todo se calme.

Adri, amor, van a por ti.

Bueno, pues entonces iremos nosotros a por ellos.

Creía que ese era el lema de los Vargas.

¿Qué lema? Nosotros no tenemos ningún lema, que yo sepa.

Lo más parecido era lo de "Todo está conectado",

pero eso era más de la Directora. Pues ya está, ya tenemos uno.

Adri,

esto no puede volver a suceder.

Salvé a un montón de gente.

Pero podías haber muerto. Estoy aquí.

¿Cómo lo hiciste?

-No lo sé. No sé cómo lo hago, me sale solo y punto.

Por eso, hija.

Te pones en peligro a ti y a los demás.

Cariño, será sólo una temporada, hasta que lo solucionemos.

¿Nosotros qué de qué?

Que vosotros os pasáis la clandestinidad

¡Adriana!

Venga, papá, que llevas el mismo traje de enlace

desde que bajaste aquí ¿Todos los días el mismo traje?

Y el abuelo, ¿qué? Regenera cuando le da la gana.

Eh, cuidado, solo cuando me disparan.

A ver cariño... -No, y lo tuyo es peor, abuela,

te haces un corte de pelo, unas mechas y ya,

identidad nueva.

Y encima abres un bar en el mismo barrio.

Ya, se acabó, se acabó el tema. Venga a desayunar.

Que aproveche, vamos.

Tenéis que ver esto.

¿Qué le diría a los científicos que creen que usted es un fraude?

-A lo largo de la historia, la comunidad científica

siempre ha despreciado el trabajo de las mujeres,

pero esta vez no tiene más remedio que rendirse a la evidencia.

"-Usted habla de la reencarnación.

-No es un término que me encante por sus connotaciones religiosas.

Pero, sí, básicamente así es.

-Sea un poco más concreta. -Lo explicaré de forma sencilla,

les aseguro que hay gente ahí fuera

que están en cuerpos que no son suyos.

Sí, lo sé que suena raro.

Pero les garantizo que es posible,

una vez un cuerpo ha llegado a su fin,

poder cambiarlo por otro sano.

-¿Estamos hablando de la misma persona en otro cuerpo?

-Sí. Mantendría su esencia, sus conocimientos,

sus recuerdos, sus emociones.

Pero tendría un cuerpo nuevo.

Se acabaron las enfermedades, se acabaron los accidentes,

los virus, las pandemias.

-Señora Gamboa, usted está vendiendo la inmortalidad.

-Exacto.

La eternidad es posible.

-¿Tiene alguna prueba empírica que pueda demostrarlo?

-Por supuesto.

No soy ninguna charlatana.

Pero lo mostraré a su debido tiempo.

-Gracias, señora Gamboa, por haber estado en..."

Como cumpla su palabra, pone el mundo patas arriba.

-Se va a liar pardísima.

(Teléfono)

¿Qué pasa, Márquez?

En comisaría, con Aranda.

¿Cómo está?

raro.

Oye, Santos, tenemos que conseguir

toda la información posible sobre La Hermandad.

Estamos a dos velas.

Sí, ya se lo he dicho.

Mantenme informado, ¿vale?

¿Preparado?

No sé, te recuerdo que voy a meterme en la casa de mi asesina.

Estás muy cambiado, Aranda.

Se va a dar cuenta, Óscar.

¿Cómo se va a dar cuenta de que hay un fantasma

dentro de su marido? Eres policía, coño.

Ve a esa casa y consigue algo sobre los desaparecidos.

Tenemos que encontrar a esa pobre gente.

Dame un minuto, anda.

Tranquilo.

¿Dónde te has metido? Te he llamado cien veces.

-Tenía un encargo de Elena.

-Martín está muy débil, no se puede levantar de la cama.

Está en su habitación.

Vamos.

-¿Qué le pasa?

-¿Cómo que qué le pasa?

-Da igual, hay que llevarlo al hospital.

-¿Qué dices, Julio? Ya sabes lo que nos dijeron:

la distrofia muscular de Martín no tiene tratamiento.

Elena nos prometió un cuerpo nuevo para él.

No nos podemos venir abajo ahora.

-No, claro.

Eh, campeón.

-Papá. -Estoy aquí.

Te vas a poner bien, ya lo verás.

(Teléfono)

Es ella.

¿Sí?

-Tenemos que vernos.

Te espero última hora en La Hermandad.

-De acuerdo.

Adri, va, que me meo viva, ¿puedo pasar?

-¡Pasa!

-No aguantaba más, te lo juro.

Te pareces un montón a tu madre.

-Gracias.

-Compartí con ella muchos momentos como éste, ¿sabes?

Bueno, no, en realidad,

ella solía estar potando aquí y yo sujetándole la cabeza o algo.

-Algo he oído. -Era muy fiestera, no como tú.

-Bueno, es que en La Pasarela no había mucha fiesta, ¿sabes?

-Yo adoraba a tu madre.

Aunque estuviera borracha perdida,

siempre me daba los mejores consejos.

Adri, sé cómo te sientes,

yo soy la rara de la familia.

Aunque hablar con los muertos es

una gilipollez comparado con lo tuyo.

Vamos, me has adelantado por la derecha, guapa.

-Crees que tienen razón, ¿no? -Siempre la tienen.

Es verdad. Desde su punto de vista, pero la tienen.

Pero ese no es el problema.

-¿Y cuál es el problema?

-El problema es que tienes 27 tacos

y sigues viviendo con tu padre y con tus abuelos.

Hay cosas que no deberían ver, Adri.

Si entras o si sales, si follas o si levitas.

Tú puedes tomar tus propias decisiones.

Mi casa es tu casa.

Piénsatelo.

-Gracias, tita.

-¡Es que te como la cara de lo bonita que eres, ven aquí!

Gracias por el desayuno.

Un placer.

¿Qué vas a hacer con tu hija?

Tenía pensado atarla a la pata de la cama.

Yo no lo haría por las malas, es más fuerte que tú.

Sí.

¿Y ahora qué, koala?

¿Qué tal?

Raro.

Pero... ¿Raro bien?

Raro muy bien.

Nos vemos.

Buenos días.

¡Manuela, cariño, ven!

¡Ayúdame a recoger, que todavía te tengo que vestir!

Hay que ver, la niña,

lo "peturraja" que es y la trabajera que me da.

¡¿Has hecho caca?!

¡Niña!

(LEE) "Hola, pitufa."

"Hola, pitufa", no puede ser.

¡Manuela, cielo! ¡¿Tú has escrito esto?!

¡Manuela!

Pero cómo va a escribir la niña esto.

Pollo...

¿Eres tú?

¿Estás ahí?

(Ruido)

"La Manuela está muy guapa."

¿A que sí?

Está guapa la "joía", ¿eh?

Pero es más bicho,

me recuerda un poco a ti, Pollo, miedo me da, te lo digo.

Yo le hablo mucho de su papá.

Le digo que eras un poco tarambana,

pero muy buena gente.

Y que lo que más te hubiera gustado del mundo era darle muchos besos

y jugar con ella.

Yo también te echo mucho de menos, hijo.

Sobre todo, echo de menos

esa sonrisa tan bonita que tenías, hijo.

Se te iluminaba toda la cara.

Y a mí se me iluminaba la cara de verte.

No, Pollo, que te tengo que contar muchas cosas.

Bueno, vale,

te vas.

Pero la próxima vez lo hacemos mejor

y te traigo pero de verdad,

que te voy a ver.

(EMOCIONADA) Y yo.

Y yo también te quiero.

Mucho.

Aquí tiene su café. -Gracias.

-¿Algo más? -No, nada más.

-Joder.

-¿Qué pasa?

-El comisario, que me pone de los nervios.

-Todavía no ha hecho nada el hombre.

Todavía. -Es más raro que un perro verde.

-Vale.

-¿Qué hace aquí? -No te pongas nerviosa.

-¡Hola! -¡Hola, Concha!

Aquí la tengo, te la guardaba como oro en paño.

-Gracias.

Hola, guapa. -Hola, Concha.

¿Qué tal? -Vaya despiste ayer.

Claro, que como acabó la fiesta... Tengo un dolor aquí metido.

-A ver si va a ser de... -Sí, sí...

-Pues invita la casa...

¿Te pongo un cafetito? -Venga. Con una chispita.

-¡Ah, la chispita, la chispita!

-¡Vale, vale, solo la chapela!

Entonces, ¿tú eres su tía? -Sí.

-Pero no eres de Moaña... -No, el gallego era mi padre.

-Yo soy la hermana de su madre. -¡Ah!

Uy, qué lío, pero ¿vivís juntas?

-Sí. -No.

-Vamos a hacer una cosa,

qué te parece si vienes a cenar esta noche

y así vamos conociéndonos despacito.

-Es que creo que tengo guardia.

-Bueno, pues lo miras y me dices.

-Vale.

-Agur. -¡Adiós, Concha!

Mantén la calma. -Y tanto porque no pienso ir,

una cena, ahora, lo que me faltaba.

Vaya lío.

-Adiós... Marta.

-Adiós.

-Márquez.

-Comisario.

-Venga, hasta luego.

-Buenos días. -Buenos días.

-Oye...

A ver si controlas un poquito más a tu madre.

-¿Qué pasa? -Me ha invitado a cenar a tu casa.

-¿Y eso te molesta?

-Eso no.

Esto sí.

Así terminó la fiesta ayer.

-Hostias...

¿Eres tú?

-No, mi prima.

Y ahí no se ve, pero te congelé a ti y a toda tu familia.

-Joder.

-Así que les dices a tu madre que lo siento mucho,

pero que a la cena no voy.

El niño tiene una enfermedad rara,

por eso Julio se ha metido en todo este tinglado.

Eso explica muchas cosas.

Ha quedado esta tarde con Elena, hay que preparar el operativo.

¡A ver, señores, un poco de atención, por favor!

Han encontrado el bus en el barrio, en perfecto estado.

No sabemos quién es el autor del robo

ni para qué cojones quería el vehículo.

Misterios de la vida.

Nosotros a lo nuestro.

Patrullas rutinarias de visibilidad

y hemos detectado varios pisos con plantaciones de marihuana,

los jipis han vuelto al barrio. -Eso son "jipijos".

-Pues a por ellos. Gracias y a currar, señores.

-Echo de menos eso de "Tened cuidado ahí fuera".

Que no reparten golosinas.

(Teléfono)

Hola, cariño. El comisario sabe quién soy.

¿Qué ha pasado?

Que Landa tiene una carpeta con información sobre mi vida.

Tiene mi certificado de nacimiento, mi ingreso en el orfanato... Todo,

solo falta el informe de la ginecóloga.

¿Cómo? Andrés, tiene fotos mías,

fotos de Vero, de Rebe...

Andrés, ¿estás ahí?

¿Qué haces? Cagarme en su puta madre.

¡Joder!

Inspector...

¿Qué cojones quieres? Cuidado, con ese tono, Márquez.

Te estoy dando la oportunidad de explicarte:

¿por qué investigas a mi familia?

Eso es asunto mío.

Deja en paz a Marta. No se llama Marta, se llama Laura.

Y es tu mujer.

Pero tú, ¿quién coño eres?

Comisario,

las atracadoras del banco no están en el calabozo.

No hablado con el turno de noche,

pero la hoja de autorización no está firmada.

-Se las ha llevado su abogado esta mañana, yo me encargo.

¿Qué ha pasado ahí dentro?

Ni yo mismo lo sé.

¿Y David dónde está?

No sabemos.

¡Hola!

¿Cómo estás? -Bien.

-¿Qué tal la piscina? -Bien.

-Está hecho un campeón.

-¿Qué tomáis? Seguro que tú un zumito de piña, ¿eh, Teo?

¿Y a ti que te apetece? -Pues no sé.

-¿Una caña?

-Venga. -Venga.

Siéntate allí, que ahora os sirvo.

Qué bien, ¿eh? ¡Zumo!

¿Te lo vas a tomar todo?

-¡Sí! -Vale.

-Toma, creo que se te ha caído esto.

Me gusta tu muñeco, ¿cómo se llama?

-Capitán Espinacas, me lo regaló mi papá.

-Gracias. Muchas gracias.

Teo, guárdalo que lo vas a perder. -Vale.

-Y aceitunas para... -Qué bien.

-Y para ti, una doble. -Gracias.

-¡Gracias!

-Venga, cómetelas todas. -Vale.

Su puta madre...

¡Sebas! ¡Hola!

Danos un segundo.

¿Qué tal?

¿Cómo estás? Bien.

Pero ¿qué hacemos con esto?

No lo sé, pero está claro que Landa puede jodernos vivos.

¿Cómo sabe tanto ese tío?

Primero de su promoción,

varias condecoraciones al mérito policial

y el inspector más joven nombrado comisario.

En resumen, el puto amo.

Pues si el puto amo ha pillado a Laura,

detrás vais vosotros.

-Lo que yo no entiendo es por qué ahora.

No tengo ni idea. Pero hay que averiguarlo,

hay que investigar si viene de arriba,

si va por libre, si colabora con La Hermandad,

lo que sea.

No se preocupe, le haremos un completo.

¿Con final feliz?

Oye, vamos a dejarnos de hostias, ¿vale?

Y tú, mi amor, ten mucho cuidado, no te quedes a solas con él.

Puede ser peligroso. No, no, claro que no.

(Teléfono)

Dime.

Necesito que me ayudes con una cosilla.

Vale, pero tiene que ser dentro de un rato.

Nos han pinchado una rueda.

¿Y eso? Yo qué sé, algún graciosillo.

Además, tengo que llevar a unos clientes,

que con tanta misioncita, tenemos el VTC muerto de risa.

Es verdad, lo siento, tienes razón.

¿Necesitas que te ayude? No, puedo yo sola, no te preocupes.

Gracias.

Sosiega, Andrés,

que me estás poniendo de los nervios con el tembleque.

De acuerdo.

(SILBA)

Iago, estamos dentro.

Perfecto.

ya sabe lo que tiene que hacer, señor Márquez.

Introduzca el USB en el ordenador.

Listo. ¿Y ahora qué?

Acabo de clonar el disco duro de Landa en mi unidad holográfica.

¿Qué?

Magia.

¿Qué está buscando exactamente?

yo que sé, Iago: fotos, ficheros ocultos...

Cualquier cosa que te resulte sospechosa.

Iago, date brío, por favor.

Ya casi estoy.

Vale.

Me temo que lo de Laura solo era la punta del iceberg,

señor Márquez.

¿Cómo?

¡Ah! Mierda...

-Hola, abuela.

-Ayúdame con las judías, anda.

¡Puf!

-¿Qué? -No, nada.

Me imaginaba algo mucho más espectacular.

-Lo siento, no me he traído la espada láser.

¿Qué pasa, abuela?

-Nada.

Bueno, sí,

que siento lo de antes.

-Y yo.

Además, estás guapísima con tus mechas rubias.

-Ya lo sé.

Somos muy pesaditos, ¿eh? -Un poquito.

-Algún día lo podrás ver con tus propios ojos.

-O sea, que tus padres también eran así, ¿no?

-¿Así cómo? -Pues pesados.

-No, qué va.

Mis padres eran muy mayores cuando me adoptaron.

Pero siempre me dieron mucha libertad.

Y mucho cariño.

Mira,

Lucía y Germán.

Tenían una tienda de ultramarinos en el barrio.

Eran tan...

Bueno, supongo que por eso, yo soy tan plasta, porque cuando...

Cuando ellos me adoptaron,

yo descubrí que la familia era...

Era lo más maravilloso del mundo. Y lo sigo pensando.

-Cuidado, que viene el discursito. -No seas tonta.

Adri, en esta familia,

hemos perdido a mucha gente.

A demasiada y demasiado pronto.

Y cuando has perdido a gente,

pues supongo que es normal que se te quede el miedo

y eso es lo que me pasa contigo.

Es que me pasa lo mismo que me pasaba con tu madre,

que me muero de miedo cuando cruzáis una puerta.

Pero todo esto,

solo lo hacemos para seas feliz.

-Joder...

Que te quiero. -Y yo también.

-Voy a por algo de beber.

¿Quieres algo? -No, no quiero.

-Ya sé lo que te pasa.

-Mira, Mikel, lo he estado pensando. -Te esperas, que me toca a mí.

A ti lo que te pasa es que eres un poquito racista.

-¿Perdona? -Sí.

Que como yo no he nacido en La Pasarela esa,

que como soy de Pamplona y no tengo poderes, me discriminas.

Te hace gracia... -Sí.

-Pues a mí me da mucha pena porque lo nuestro era muy bonito.

Pero claro, tú ahora solo quieres ir con gente del rollito sobrenatural,

con enlaces, regresados, la gente guay.

-Pero qué dices, Mikel. A ver, ven un momento.

¿Me dejas que te explique? -No, no, te esperas, que termino:

solo decirte que a mí, sinceramente,

todo esto me parece de un clasismo y de un snob de cojones

porque tú antes no eras así, Adriana, porque tú antes molabas.

-¡Que te calles coño! -¿Qué?

-Que sí que voy a ir a la cena, contigo y con tu madre.

-Pero si somos de una dimensión aburrida.

-Bueno, me arriesgaré.

-¿Qué haces?

-Comprobar que no levanto nada.

(CONTESTADOR) "Hola, soy Carlota,

En este momento o no puedo o no quiero atenderte.

Deja tu mensaje si eso. ¡Agur!"

(Pitido)

Carlota, soy yo otra vez. Eh...

No sé, dime algo.

Te vuelvo a llamar luego.

¿Dónde vas?

La madre de Mikel me ha invitado a cenar.

¿Y vas a ir? ¿A ti qué te parece?

Que no deberías. Papá, no empecemos, por favor.

Adri, no, Adri, escucha. Adri, atiéndeme un momento, por favor.

Es mejor que te quedes. ¿Por qué?

Porque vas muy rápido, cariño, conoces a Mikel hace muy poco.

Eso no es asunto tuyo, papá.

Cariño, entre confinarse e irse a la casa de la suegra,

hay una diferencia muy grande. No te preocupes, no va a pasar nada.

Que razón tienen tus abuelos cuando dicen

que eres más terca que tu madre. Esto lo hago por ella y por ti.

¿Cómo? Fuisteis vosotros

los que me enseñasteis a tomar mis decisiones

y ahora si no te gustan, lo siento, pero te aguantas.

Vas a ir te diga lo que te diga, ¿no?

Muy bien, voy contigo.

Adri...

Tú vete a hacer tus cosas

y déjame hacer mi vida como una persona normal.

Pero es que... Y no digas que no soy normal,

porque no respondo, papá, te lo aviso.

Este botón lleva una camarita incorporada.

Así te tendremos permanentemente controlado, ¿de acuerdo?

Tranquilo, Márquez, que no es la primera vez.

Iago, ¿dónde cojones te metes?

Señor Márquez, tenemos un problema.

Dímelo a mí.

Bueno, varios.

Mantenme informado, ¿de acuerdo?

Me cago en mi puta vida.

(Puerta)

El gallego no viene,

cambio de planes.

La madre que me parió,

yo que me creía que estaba ya jubilado. Y aquí me tenéis,

Venga, hombre.

Si lo estás deseando.

Que yo llevaba un helicóptero, que era otro nivel.

-Te va la marcha, Sebas.

A ti no te conocen y tienes el culo pelado, Sebastián.

¿Sabes lo que tengo yo pelado, Andrés? ¿Te lo digo?

Por favor, ya está bien. Venga, cabrones.

Que me debéis ya unas cuantas.

Tira.

Uno, dos, tres, probando.

Perfectamente, David.

Buenos días, señor Moya,

la señorita Gamboa le espera en su despacho.

-Muy bien.

Izquierda.

Por la izquierda.

Por las escaleras.

Gracias.

Buenos días. -Hola, buenos días.

Esto... Vengo buscando información.

-Está de suerte, justo ahora tenemos un grupo de terapia trabajando.

Por si quiere ver lo que hacemos aquí.

-Genial.

-Alejandro, acompaña al señor a la sala 4.

-Pues aquí es. -Gracias.

Ah, perdón. -No se preocupe.

No mordemos. Adelante, ese es su sitio.

¿Le puedes ceder tu silla, por favor?

-Gracias. -Adelante.

Alto y claro, Sebastián.

Tú estate atento.

puede que Aranda necesite cobertura y eres el que está más cerca.

Pues desde aquí, no veo una puta mierda.

Entonces, ¿qué cojones haces ahí?

Eso digo yo.

Con vinito y todo, qué nivel.

-Es de los chinos.

-Entonces lo metemos en el frigorífico.

Estás preciosa. -Gracias.

-Pasa.

-Hola, Concha. -Hola.

-¿Qué tal? Huele de maravilla.

-Cordero al chilindrón, mi plato estrella.

¿No serás vegetariana? -No, qué va.

-Isma, saluda.

-Hola, Isma. -Hola.

-Fermín, ¿qué pasa? ¿Cómo va la marcha?

-Ahora toca descanso.

(Timbre)

-Ya voy yo.

Hola.

Soy Iago, el hermano de Adri.

No se acuerda de mí... Sí, claro que sí, pasa, pasa.

¿No me diga que mi hermana no le había avisado?

Si habíamos quedado en venir juntos.

No te preocupes.

¿Seguro? Que si es molestia, me voy a casa.

Cuantos más mejor, pasa.

Bueno, ahora me da apuro.

¿Cómo no le dices nada a la señora Concha?

Tranquilo, que donde comen cinco comen seis.

Y más en esta casa. -La llevo a la cocina.

Muy bien.

¿Qué coño haces aquí?

Tampoco hace falta que hables así de mal.

He venido a estrechar lazos.

Lazo el que te echo al cuello. -Déjalo, no pasa nada.

No puede ser.

¿Qué pasa?

¿Esa maravilla que estoy oliendo no será cordero al chilindrón?

Justo. ¿Te gusta?

¿Qué si me gusta, señora Concha?

Me acaba de hacer el hombre más feliz,

es mi plato favorito.

Ven a la cocina y abrimos la sidrica.

No me lo puedo creer.

No, no quiero queso.

Me ha dicho Mikel que eres viudo.

Sí.

¿Cuánto hace?

Un año, dos semanas y cinco días.

¿Y usted?

Cuatro años.

¿Cómo se llamaba?

Susana.

Que nombre más bonito.

No como mi marido, que se llamaba Sigifredo, el pobre.

Le llamábamos Sigis.

Duele todavía, ¿verdad?

Mucho.

Yo todavía no he conseguido estar con nadie,

y mira que ofertas no me han faltado.

Me lo creo.

Pero, no sé.

Todo el mundo te dice que debes rehacer tu vida,

que no puedes estar encerrada,

blablablá, blablablá, blablabá.

No es tan fácil.

No.

¿Chinchín?

Si me disculpa un segundo. Si, claro,

yo sigo con el chilindrón.

Porque todos hemos perdido a alguien.

A una madre,

a un hermano,

a un hijo.

Al compartir nuestro dolor,

sentimos que no estamos solos.

Por eso siempre que viene alguien nuevo,

le invitamos a que lo comparta con nosotros.

¿Cómo te llamas?

-Sebastián.

-Comparte tu dolor, Sebastián.

-Me llamo Sebastián Rey.

Y la verdad es que no sé muy bien qué hago aquí.

Sebas, gana un poco de tiempo, di algo, hombre.

Bueno, sí. Sí, lo sé.

Sí, perdí a un amigo.

Al mejor.

Y me quedé hecho una mierda.

Fueron tiempos de oscuridad y de mucho dolor,

me encontraba muy solo.

No me daba cuenta de toda la gente que tenía alrededor

y que me quería de verdad.

Personas, personas de puta madre,

de esas por las que vale la pena luchar.

Sí, de esas que comparten contigo una cerveza, un secreto.

Y comparten su vida y son tan generosas

que hasta te dejan entrar en ellas.

Bueno y hasta... Hasta me he enamorado.

He conocido el amor.

Sí, tarde, pero tengo una familia,

tengo un hijo precioso y una mujer maravillosa.

Eso sí, desde que soy padre follo menos que un rodapié,

pero soy feliz.

Soy feliz.

Sí, soy feliz, soy feliz.

Joder.

Ha abierto la espita el tío.

¿Estás llorando, Óscar?

Vete a tomar por culo, Andrés.

Chicos, ¿me oís?

Te oímos, David, adelante.

Voy a entrar al despacho de Gamboa.

-Adelante, la señora Gamboa le está esperando.

-Pasa, por favor.

¿Cómo está Mila? -Bien, estamos bien.

-¿Has visto esto?

-La Policía no tiene nada contra mí, Elena.

Está de espaldas, ahí no se la ve. -Es Adriana, ¿verdad?

Al loro, Sebastián, que vienen curvas.

Bueno, ¿el baño, por favor?

-Al fondo a la derecha. -Ahora vuelvo.

Sin prisa. -No os vayáis, ¿eh?

Ocurrió todo muy rápido.

-Está bien.

-¿Qué hay de lo de mi hijo?

-Martín va a estar bien.

Hemos hecho muchos progresos.

Acompáñame,

quiero mostrarte algo.

Muy bonito discurso, Sebastián.

Vete a tomar por culo, Santos.

Un momento.

El pájaro está en el nido.

¿Qué coño dice?

Que están bajando por el ascensor, joder.

Pierdo contacto visual.

Mantén la posición, Sebas, ¿oyes? Oído.

-¿Vamos al parking? -Mas o menos.

Vaya, vaya, así que esta es tu cueva secreta.

-Bueno, ahora ya no.

Mi madre, que quería dejarlo todo como estaba.

-Es como viajar en el túnel del tiempo.

-Me hubiera gustado ver cómo era tu habitación en la escalera esa.

-En La Pasarela. -Ah, es verdad.

-Pues blanca, allí todo era blanco.

Así que eres un "flipao" de los superhéroes.

-Sí.

La verdad es que era un poco friki de pequeño.

-¿Eras un friki?

-Tenía gafas de culo de botella y un ojo tapado.

La gente se reía de mí en el colegio.

Recuerdo que me pegaban collejas por los pasillos

y me quitaban el bocadillo en el recreo.

Apenas tenía amigos

-Debió ser duro. -Sí.

Pero, bueno, eso ya ha pasado.

Luego pegué el estirón.

-Y te creció el pelo. -Y otras cosas.

-O no tanto.

A mí en La Pasarela también me miraban raro.

-¿En serio? -Era la más salvaje.

Soy mestiza, ¿sabes?

Y a veces gritaba y lloraba y todos me miraban como si estuviera loca.

-Lo estás. -Ya.

No sé, pero siempre se castiga al diferente.

Eso es igual arriba y abajo.

Es lo mismo en todas partes.

-Pero...

Tú eres la elegida, ¿no? -¿Y qué?

No soy ni de aquí ni de allí.

Aquí también me pasa,

todo el mundo me mira como de pequeña.

No sé, a veces llega un momento que no tienes ni idea de quién eres.

-Yo sí lo sé.

Me hice policía por los cómics.

Ya sabes, los buenos, los malos, la justicia.

-A mí me viene de familia.

-Yo solo quería defender a la gente que era como yo.

Es que no soporto a los abusones

ni a los que se aprovechan de los débiles, ¿sabes?

-Qué intenso eres. -Ya.

-¡Uy!

¿Y esto?

-Mi superheroína favorita.

Tú.

-O sea que conmigo has cumplido tu fantasía adolescente.

-Todavía no.

-Primero tengo que conseguir un traje como este.

-Para lo que te va a durar.

¿Ya cierras? -Es que tengo inventario.

-Gracias, hasta mañana. -Hasta mañana, Agustín.

Ya hemos llegado.

¿A dónde van?

Hostias.

Por eso no lo encontramos,

porque está en el puto centro de la tierra.

Nuestros experimentos van por buen camino.

Pronto tendremos a un humano que se acople en otro cuerpo.

-Entonces Martín...

-Tu hijo vivirá.

Ahora tenemos algo más.

Algo que lo cambia todo.

Ahora tenemos a una enlace

venido de La Pasarela.

La paliducha.

Me cago en mi puta vida.

¿Está...? -Está viva.

De momento.

Te preguntarás por qué te estoy contando todo esto.

Pero ¿qué coño...?

Te lo cuento porque eres un traidor.

-¿Qué?

¿Adri? ¡Adri!

Adri, ¿estás bien?

¿No te gusta el chilindrón?

-Sí, sí, está buenísimo.

Deshaceos de él.

Limpiad esto.

Bajad.

-Lo siento.

-La señorita Gamboa quiere verle.

Solo al inspector Márquez.

Mis cojones que no va a ir solo.

Si estos hijos de puta me la lían, alguien tendrá que vengarme, ¿no?

Venga.

(LANDA) Hola. -¡Hostia!

-Lo siento, te he asustado.

-Está cerrado.

-Lo sé.

-¿Qué hace aquí?

-Tú y yo tenemos de qué hablar. -No se acerque.

¡Hostia! -¡Esa boca!

Es ella...

-¡Quita esto, coño!

-Pero ¿qué haces, imbécil? -¡Dame!

-¿Queréis parar quietos ya?

-¡Hostia!

Adri, ¿estás bien?

No lo sé.

Tienes algo que me pertenece, devuélvemelo.

-¿Tú quién eres?

-Soy Landa, el comisario.

-¿Y por qué sabes quién soy yo?

¿Y quién es mi familia?

-No tienes por qué tener miedo, solo quiero que me escuches.

¡No!

-¡A tomar por culo el móvil!

-La novia de Mikel es la del vídeo. -¡Que te calles!

Adri, ¿qué pasa?

Adri...

Adri, mírame.

(GRITA) ¡Basta!

Tranquila.

Hostia.

(Puerta)

Laura, abre, soy María.

-María, entra.

¡Entra, entra! -¿Qué pasa? ¿A qué tanto misterio?

-Ven, ven. -¿Qué?

Estás moja... ¿Qué es esto?

Uy, ¿y esta sangre?

-He matado, María.

-¿Qué?

-He matado al comisario.

-¿Qué dices?

Estaba tan tranquilo viendo el partido, cuando de repente...

-Y tú, a callar.

Ya te compraré otro.

-Buenas. -Buenas.

-Si me hacen el favor,

¿alguien me podría decir qué ha pasado aquí?

-Esto ha debido ser la aluminosis. -¿El qué?

El cáncer de los edificios.

Si vives en un edificio viejo y no pagas la derrama, pues...

Pasa lo que pasa. Exacto.

Señora, ¿está segura de que aquí no ha pasado nada más?

-Sí, sí, ya se lo ha dicho mi hijo,

esto ha sido la aluminosis esa.

Además, mira como está.

Adri, ¿estás bien? Sí.

¿Seguro? No, papá,

si no sé qué acaba de pasar ahí arriba.

Que le has hecho un butrón a tu suegra.

Que no es mi suegra.

¿Dónde?

¿Cómo?

Que me han venido como unos flashes.

¿De cuando eras pequeña? No, en directo.

He visto a Carlota, al abuelo y a la abuela con el comisario.

¿Con Landa? Sí.

Y había muchísima sangre

¿La señora Laura está bien? Sí, sí.

Creo que sí.

¿Y si soy como esa gente que ve cosas?

A ver, cariño, nada de eso está científicamente demostrado.

Lo más probable es que no sea nada.

Puede que tuviera un "déjà vu". No me jodas.

Sí, un tipo de paramnesia.

Tengo muy claro lo que he visto, y te juro que era muy real.

Bueno, puede que lo pareciera,

pero no estamos seguro de que lo sea.

Y hasta entonces, vamos a tranquilizarnos un poco,

¿vale?

Venga, vamos a casa.

Siéntese.

Me va a disculpar, pero tengo los huevos muy gordos

y a veces me pasa que si me siento encima,

me los pellizco. Así que mejor, no.

Dejadnos solos.

Suelte a Carlota.

La soltaremos cuando sea necesario.

No sabe las ganas que tenía de quedarme con usted a solas,

señor Márquez.

Pues es una lástima porque soy un hombre casado.

Le tomaba por un hombre más serio,

no me decepcione.

¿Quiere que me ponga serio?

Muy bien, pongámonos serios.

No tengo ni puñetera idea de quién es usted y me importa una mierda.

¿Y sabe por qué?

Porque me recuerda a todos los demás,

al Carnicero, a Mendieta...

Muy malos todos, malísimos.

Pero todos tuvieron el mismo final.

Y usted también lo va a tener también.

Usted debería saber que no siempre hay un final.

¿Quiere saber por qué me metí en esto?

Me importa un carajo.

Parte de culpa la tiene la curiosidad.

Es la base de la ciencia,

saber por qué ocurren las cosas.

La otra parte...

La tiene usted, señor Vargas.

Cuando lo vi caer de la azotea, como médico que soy,

lo primero que hice fue acercarme a ver si podía ayudarlo.

Pero lo que vi no lo olvidaré nunca.

Desde entonces, le he seguido a todas partes.

Le he visto morir infinidad de veces.

Llevo años admirando sus aventuras, sus desventuras.

Y su don.

¿Qué quiere de mí?

Que pase.

Usted tuvo una segunda oportunidad.

Su familia también la tuvo.

¿Él acaso no la merece también?

Martín es solo un niño, tiene toda una vida por delante.

¿No tiene derecho a una segunda oportunidad?

¿Él no merece vivir?

¿Lo has metido en la nevera como una tarta al whisky?

No hay nadie.

-¿Cómo?

Joder.

Joder, María, lo he metido aquí.

Te lo juro, lo he metido aquí.

Sin cadáver no hay delito. Ni una palabra a nadie.

La próxima vez que mates a alguien, acuérdate de poner un plástico.

Vamos a ver si yo me aclaro,

todo esto comenzó con el puto apagón, ¿no?

Entonces Adriana comenzó a mover cosas,

a levitar y...

Y ahora, pues veo cosas.

-Una locura. -Voy al baño.

Ya sabe cómo son los fantasmas.

(GRITA)

Ha aparecido el señor Aranda.

Me aparezco a quien puede ayudarme.

-David, que yo no tengo ni puta idea de fantasmas.

-Creo que eres la única que puede ayudarme.

Acabemos con esto de una puta vez.

Hay cosas más importantes que nosotros,

que todos nosotros.

Déjese de gilipolleces y denos a la paliducha.

A Carlota y a los desaparecidos.

Me temo que no va a ser posible, pero podemos llegar a un acuerdo.

¿Qué te creías, que me iba a quedar en mi casa,

esperando que mataran a mi hermana?

Pues venga, toma, pégale un tiro.

Si te quedas más tranquilo...

La cápsula por Carlota.

(Disparo)

¿Dónde está? ¿Dónde está?

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