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LOS ENAMORADOS
Angela,
recuerda que es nuestro niño.
- Bienvenida, Angela. - Gracias.
No pongas esa cara, Petra, te comportas como si fueras el padre.
Todo irá bien, estarás encantada con nosotros.
Si tú cumples tu palabra.
¿Mi palabra?
De no dormirme. Quiero saber lo que pasa.
- ¿De verdad vas a esperar? - Sí.
Te lo advierto, tengo mucho que hacer antes de traer a ese niño al mundo.
Hola.
Estos interminables pasillos son como una prisión.
Dejan salir a las mujeres, pero para nosotros es de por vida.
No te inquietes, cuidaremos de ella.
Voy a examinar a su mujer, Sr. Holmström.
Esperaré aquí, Jacob. Buenos días, Tord.
Buenos días, señorita.
Señorita Holström.
La siguiente, por favor.
No puedo hacer nada si no se desnuda y se acuesta.
Creo que está muerto. La ingresaremos y ya veremos.
¿Enfermera?
Admita a la Srta. Holmström para una intervención.
Sí, doctor.
Levántese, por favor.
Si lo que busca es dinero, no se moleste,
la Srta. von Pahlen se ha ocupado de ello.
¿Srta. Holmström?
Tengo buenas noticias para ti.
Ha muerto.
- No. - Sí.
¿Qué otra cosa esperabas? Tú y todos los demás.
Adèle.
Por favor, déjame tranquila.
Debo quedarme de todas formas.
¿Dónde está mi niño esta noche?
¿Dónde está mi niño esta noche?
Vuelve, no te olvides Que todavía te quiero
¿Quieres un caramelo?
No, gracias.
Esto es lo que se llama amor maternal.
Me muevo arriba y abajo día tras día, para que el niño salga.
Probablemente esté demasiado cómodo donde está.
Necesita unos azotes en el trasero. Si tiene trasero.
¿Seguro que no quieres un caramelo?
Peor para ti.
Se sientan allí como gallinas cluecas.
Tienes que serlo todo para ellas, padre, sacerdote, niñera y amante.
Incluso su amigo, aunque eso es pedir demasiado.
Sigue trotando, querida.
¿Dónde está mi niño errante esta noche?
El niño que tanto he buscado
El que una vez me hizo tan feliz y radiante
Al que aún quiero tanto
¿Dónde está ni niño esta noche?
¿Dónde está ni niño esta noche?
Vuelve, no te olvides Que todavía te quiero
El aire fresco. La libertad.
Se diría que estamos unidos a ellas por un cordón umbilical.
- Desde luego, no es fácil cortarlo. - ¿No dependes de ellas, Jacob?
¡Por Dios, no!
Pero saben cómo usar un cordón umbilical...
para alimentar nuestra vanidad y estrangular nuestra independencia.
Sigue el consejo de un hombre sabio, Sam, desconfía de las mujeres.
En cualquier caso, sirven para una cosa.
30 segundos de paraíso, 30 años de infierno.
"Doctor, ¿no puede parar las campanas de la iglesia?
"¡No me dejan dormir en toda la noche!"
Exacto, incluso quieren que actuemos como Dios.
¿Y nosotros no queremos?
Encomendamos a nuestro querido amigo...
a la gracia del Todopoderoso.
Sin duda, su deseo es que pensemos ante todo...
en la pequeña hija que deja tras de sí.
Y esto de tal manera, que nosotros, llenos hasta el extremo de ternura,
tratemos de determinar lo que mejor podemos ofrecerle,
que le abramos generosamente nuestros corazones...
y nuestros hogares...
y que la cuidemos hasta el límite de nuestras capacidades.
Cada uno asumirá su parte de responsabilidad...
para que esta niña se convierta en una mujer,
pensando no solo en las necesidades de esta vida temporal,
sino en lo que demanda su alma inmortal,
para guiarla, ayudarla y darle la fuerza...
para soportar el tormento y las luchas de la vida en esta tierra,
para que pueda elegir la senda correcta,
la senda del deber.
¿Se encuentra bien?
Esto es un cambio agradable para mí. Me refiero a estar en el campo.
Yo ya tengo bastante que hacer.
Una debe pensar en sus propios hijos.
Estoy seguro que mi familia resolverá esto sin problemas para ninguna de las partes.
Siempre he dicho que la familia debería reunirse más a menudo.
Una sugerencia muy arriesgada.
Vamos, ven.
¿Quieres tarta?
No, señoras, nada de mimos,
tiene que aprender que la vida no es un juego.
- Sabias palabras, Sr. von Pahlen. - Somos una familia muy sabia, Vicario,
no aprobamos las emociones, son muy vulgares.
Llame si necesita algo.
Es criminal que Petra tenga un coñac tan excelente.
Probablemente lo guarda en el armario de las medicinas.
- ¡Sacrilegio! - Bueno, vamos a lo nuestro.
Primero, permítanme darles la bienvenida de la manera habitual.
Vicario, quizás usted...
Dios todopoderoso, te rogamos que bendigas nuestra deliberación...
y que nos permitas participar de tu sabiduría...
y del verdadero amor cristiano.
Amén.
Estamos muy agradecidos al Sr. Gröndal por el trabajo legal que ha realizado.
Solo queda determinar qué vamos a hacer con la niña.
Quien se ocupe de ella no sufrirá económicamente,
puedo dar fe de ello.
Bueno, Jacob es nuestro experto en niños.
No, no, no en el frente doméstico.
Un niño en mi casa...
sería como si el vicario encontrara al obispo en su cama.
- Muy gracioso. - Todos tenemos nuestras obligaciones.
No nos precipitemos. ¿Ha hablado con las damas, Sr. von Pahlen?
- Por supuesto que no. - No.
Se les antojaría fácilmente que el interés de la niña es prioritario.
Estaba pensando que la Srta. Petra vive muy sola en esta gran casa y...
Un pensamiento muy interesante, Vicario.
Un golpe de genio, de hecho.
Sin duda.
¿Es necesario someterlo a votación? ¿No?
Excelente, entonces considerémoslo zanjado.
¡Señores, a su salud!
Perdónenme.
Si están hablando de Angela, yo me quedaré con ella.
Petra.
- ¿Por qué no lo has dicho antes? - No quería ser egoísta.
¿De verdad? Ya veo.
El deber de un hombre es...
enfrentarse al mundo cruel y luchar por su familia.
Y ahora, en tu 18 cumpleaños,
querida Angela, venimos a verte.
- ¡Por fin! - ¡Shhh, Stellan!
Ahora que has crecido, ya eres libre.
Se acabaron los azotes en el trasero.
Todos apreciamos la libertad.
- Nadie más que yo. - ¿Libertad?
Tu próximo gran paso en la vida...
será cuando contraigas el sagrado matrimonio.
- ¡Aún más libertad! - ¡Stellan!
Todos esperamos...
que elijas a alguien...
de quien la familia pueda estar orgullosa.
Hay una regla en esta familia.
Hay cosas que no aprobamos.
Las peleas.
Los divorcios.
El mal carácter.
- La honestidad y la verdad. - La descortesía con el servicio.
He dicho: "La honestidad y la verdad".
A tu salud, padre.
- Aún no he terminado. - Pero no importa.
Ibas a decir que Angela se va a una escuela este verano...
para aprender las virtudes femeninas.
Así que yo digo: ¡por la libertad!
¿Cómo están las inseparables?
Angela y Stanny son una pareja amorosa. Angela piensa que Stanny es hermosa.
- ¿Dónde ha ido Cesar, Srta. Fredrika? - Es un perro muy travieso.
- ¿Ha vuelto a desaparecer? - Le gustan demasiado las chicas.
- ¿Las chicas? - Creo que César está enamorado.
Cantemos el himno 64.
Las pasiones hoy en día se desencadenan sin freno
Los pecados se cometen con descaro
El mundo ha abandonado toda modestia y vergüenza
Dios se siente insultado, afligido
La conducta de los cristianos es tan indecente
Que el mismo mundo se queja
De todos los malos ejemplos
Dios, qué lamentos deben surgir
Para ser oídos desde tus templos
Oremos.
Que el Señor guarde nuestras almas y nuestros pensamientos puros...
esta noche y siempre.
Amén.
Chicas, suban a sus habitaciones de inmediato.
Sin tonterías en los pasillos ni en las escaleras.
Henrika, una estrofa más.
Vamos.
¡Cesar! ¡Para!
¡Para!
¡Cesar!
¿A qué esperas, Stanny? ¡Date prisa!
Angela, no tienes tiempo de bañarte, refréscate aquí, si acaso.
Ya puedes darte la vuelta.
Te gusta mucho Stanny, ¿no?
Eso es bueno, siempre hay que tener una amiga íntima.
Pero solo si es alguien en quien puedas confiar.
¡Pero si estás tiritando, cariño!
Qué mano tan pequeña.
¿Has visto qué manos tan grandes y toscas tiene Stanny?
Auténticas manos de obrera.
Oh, te he herido, pero no era mi intención.
Pero yo misma fui herida de niña.
Por eso vosotras significáis tanto para mí.
Me sentía muy sola.
Era una niña adoptada.
Fui muy infeliz.
Deben estar por aquí. ¡Daos prisa!
¡Angela!
¡Stanny!
¿Dónde está?
¡Angela!
¡Socorro!
¡Socorro!
¿Llevaba el médico guantes cuando la examinó?
Probablemente no, él es así.
La prueba confirma que el feto está muerto.
Qué mala suerte.
Un bebé muerto es mucho más difícil de sacar que uno vivo.
Adèle, estate quieta.
- Gracias. Qué excelente criada. - Sí, es realmente excelente.
- Excepcional. - Gracias.
- Gracias. - Me da bastante envidia.
Sí, he tenido suerte. Adèle, ofrece el azúcar.
- ¿Y cómo está su marido? - Gracias. Estará en casa pronto.
- Me alegra oírlo. - Es un tipo excepcional.
Sí, ¿verdad?
- Gracias. - Sí, he tenido suerte.
Los hombres siempre te traicionan.
Solo tienes que llamar a las puertas y te comprarán los caramelos.
Toma.
Harás lo que yo te diga.
No quiero.
Ya viene.
¡No quiero!
¡Caramelos de Silverstjärna!
¿Quién quiere caramelos de Silverstjärna?
- ¿Qué es esto? - ¿No lo ves?, caramelos.
Tienen buena pinta.
Te envidio, querida, teniendo todos estos caramelos para ti sola.
Ten cuidado de no coger dolor de barriga.
No me hable de niños.
He tenido cinco.
Uno murió dentro de mí.
Estrangulado, creo.
Otro apareció mientras fregaba el suelo.
¡Daniel!
Es hora de prepararse.
Los hombres siempre te traicionan.
Yo no.
- ¿Por qué no? - Porque te quiero.
Todo el mundo te decepciona.
Él me decepcionó.
¿Quién?
Supongo que tendré que decírtelo,
- ahora que estamos casados. - ¿El qué?
¿Qué hay que decir?
¿Qué pasa?
Quiero que sepas la verdad.
Quizás no quieras oírla.
Tú no eres el primero.
Lo sabía.
Es lo único que os importa a los hombres,
ser los primeros.
Se llamaba Daniel.
Estaba enamorado de mí.
Era joven, guapo...
y rico.
Era todo lo que tú nunca podrás ser.
Tienes que ayudarme.
¡Ayúdame! ¡Ayúdame!
Te quiero.
Te quiero, te quiero...
No se vaya.
Querida, aunque quisiera, no podría irme.
No están preparados para nosotras, así que tenemos que esperar.
¡Deje de meter la nariz en todo! ¡Váyase!
¡Largo de aquí!
No.
¡No, no!
- ¿A dónde diablos vas? - A dar un paseo.
¡Mujeres! ¡No solo son barrigudas, también son cabezonas!
Ayúdeme un poco.
Te daría una zurra si eso te hiciera algún bien o me diera placer.
Sea amable conmigo.
Te llevaré a la cama, que es donde debes estar.
Quiero el piso más grande de la ciudad. ¿Me oyes, Per?
- ¿Me oyes? - Sí.
Con cortinas de terciopelo.
Cortinas de terciopelo rojo.
Cortinas.
Y debo tener una lámpara de araña.
- Demasiado caro. - ¿De verdad?
Sí. Sí.
Y pequeñas sillas doradas.
Tal vez.
¿Lo prometes?
Sí.
También quiero un gramófono.
Sí.
Y plata,
plata auténtica para comer.
Vamos, no seas tonta.
Prométeme la plata.
¡Oh, demonios! ¡Demonios!
Bueno,
si la ha abandonado,
siempre podemos obligarle a pagar.
La ha violado, ¿no es cierto?
¿Quizás está embarazada?
Bueno, en ese caso,
no hay duda de que la ley está de su lado.
Que después tenga un aborto espontáneo no tiene nada que ver.
La ley siempre debe seguir su curso. ¿Comprende?
Bueno, entonces ya está resuelto.
Solo nos queda discutir los detalles...
más detenidamente cuando queramos.
¿Esta noche, quizás?
¿Esta noche?
Escucha, esto no es lo que piensas, es un examen.
No me deje, no quiero estar sola.
- No estarás sola mucho más tiempo. - Quiero compañía.
También la tendrás, pero más de tu edad.
En un momento no tendrá más remedio que ser nuestra invitada.
Se va a pasar su estación.
Angela. ¡Angela!
- ¿Le has conocido en...? - Le he conocido...
Le he conocido en el tren. ¿No es famoso?
Estoy segura de haberle visto en los periódicos.
¿Sabes lo que dijo?
Oh, ¿por qué estoy hablando de él,
cuando solo quiero hablar de ti y de mí y de nosotras y de todo?
- Esto es para ti. - Gracias.
No tienes ni idea de lo mucho que hay que hacer, Petra.
- El mundo no avanza mucho. - Nunca lo ha hecho y nunca lo hará.
No debes decir eso. Tendré que empezar por cambiarte a ti primero.
- Estás demasiado triste. - No, no estoy triste.
Estoy bastante contenta de una manera melancólica, es mi forma de felicidad.
Espere, señorita. Como siempre, mi marido no está aquí para recibirme.
Entonces venga con nosotras.
- Le escribí diciéndole que vendría hoy. - No vale la pena enfadarse por nada.
Espere y verá cuando esté casada. No se puede confiar en nadie.
Yo solo voy a confiar en mí misma.
- Bienvenida a casa, Srta. Angela. - Gracias, Tord.
- ¿Por qué no me dijiste que venías? - Sabías muy bien que venía hoy.
Puede que la carta se haya retrasado.
Yo estaba en la estación, así que no importa.
Sí que importa. Un poco de sinceridad no vendría mal.
Solo para variar.
No, la llevaré yo.
¡Mi casa!
Lo que está mal en el mundo...
es que las mujeres siempre dicen que el amor es lo único que importa.
No es así.
No es así, ¿verdad, Petra?
Me niego a hablar de amor. Me niego a pensar en el amor.
La vida es demasiado larga para ser infeliz.
Buenas noches, Angela.
Quedémonos siempre así, Petra,
sólo tú y yo. Te quiero.
Te quiero. ¡Lo digo en serio, Petra!
El matrimonio...
es como quedarte dormida para el resto de tu vida.
No me casaré jamás.
Está más loco que una cabra.
Quizá todos lo estén bajo su hombría.
Los hombres, ¿qué son? Lo he olvidado por completo.
¡Vamos, Angela, puedes venir con nosotros!
Las tres cosas que más necesito como artista:
Mi modelo, mi madre y la abuela del diablo.
- ¡No me oye! - Hace calor.
- Hace un día glorioso. - No durará.
Mi modelo me da la inspiración, mi madre me da mis complejos...
y coqueteo con la abuela del diablo cuando quiero atormentarme. Mira.
¡Feliz Midsommar! Y me da dinero por ello.
- ¡No tienes moral! - Me halagas.
- Huele a vaca en el campo. - No seas tonta, hay una, querida.
¡Ya hemos llegado, señoras!
- Bienvenidas. - Si es tan amable.
¡Stellan, sí que huele a vaca!
- Tú primero, Alexandra. - ¿Por qué siempre yo primero?
¿Quién es?
Adèle. Una mujer, por tanto casada, por tanto infeliz,
- por tanto... - Por tanto, te estás volviendo insufrible.
Supongo que estás enamorada y no te atreves a admitirlo.
- ¿Soy yo el afortunado? - No seas tonto.
- ¿Puedo ayudar con el equipaje? - ¿Puede ayudar con esta cosa horrible?
¡Pero madre, ella no va a poder cargar con la tía Alexandra!
Es bonito que toda la familia esté aquí para el Midsommar.
No lo celebraremos aquí, estamos invitados a un castillo.
- Bueno, los criados no están invitados. - Nadie me impedirá ir.
- ¿No hay hombres fuertes aquí? - Por qué, Agda, estoy aquí.
Vete, Stellan, sé un buen chico.
- ¿Por qué no viene a vernos más a menudo? - No lo dice en serio.
- No lo diría si no lo pensara. - Solo está siendo educada.
- No olvide con quién estoy casada. - Yo trato a todo el mundo igual.
- ¿Lo ve, Adèle? - Ella nunca se preocupó por nadie.
¡Yo quiero a todas las mujeres!
Incluso a ti, pequeña Angela, aunque aún no seas una mujer.
- ¿O sí lo eres? - No, todavía no.
- Va a estropear sus zapatos, señorita. - Qué considerado de su parte.
¿Considerado? Estoy seguro de que sabe cuidar de sí misma.
No siempre. ¿Le queda mucho trabajo por hacer, Tord?
No, no mucho. Pero suelo dar las buenas noches a los animales.
Espero que lo aprecien.
- No tienen sentimientos. - Quizás no los muestran.
Pero usted tienes sentimientos, eso es lo que importa.
Sí, yo los tengo.
Petra.
Stellan, vete de aquí.
Ayúdame, Stellan, tengo tantos vestidos y tan pocas ideas.
Voilà!
No.
¡Llama antes de entrar en la habitación de una dama!
¿La habitación de una dama?
- ¡Oye! Me tratas como a una... - ¿Una qué? ¿Una qué?
No lo voy a decir.
Las mujeres desconfían si las tratas como seres humanos.
Yo no soy un ser humano, soy una criada.
Pero esta noche soy un mago...
y he venido a convertirte en una diosa.
No quiero ser una diosa, quiero ser yo misma.
Nada por aquí. Nada por allá.
¡Abracadabra!
Ven, ven. Conoces las reglas del juego.
Ven aquí.
¿Lo ves?, todas las mujeres quieren ser diosas.
En el momento que solo son mujeres, se mueren de aburrimiento.
¡Ya está!
Gracias, Stellan, cariño.
Ven y siéntate. Siéntate aquí. Vamos a ver.
Dame tu piernita.
Y la otra.
¿Puedo ponerme ya el vestido?
- Toma. - Gracias.
¡Encantadora! ¿Puedo tener el placer?
¡Soy una diosa!
¡Eres una criada, no lo olvides! Vamos.
Es en el hogar donde luchamos, no en el campo de batalla.
- Mientras no haya guerra. - ¿De verdad?
¿Quieres que nuestros valientes soldados, tu marido incluido,
se queden en casa lamiendo leche como gatos castrados?
No exactamente.
La de soldado no es la única profesión.
- ¡No, ay, ahí está el curandero! - ¡Y el sepulturero!
¿Tenemos que hablar de estas cosas horribles?
- Sí, los hombres debemos. - Así empiezan todos los problemas.
Una nunca sabe qué creer.
Feliz Midsommar, Petra.
¡Vamos, chicas!
Escuchad, chicas, venid conmigo. Podéis ir en mi coche.
Lilian y Alexandra en el primer coche.
- Dora vendrá conmigo. - No, Dora vendrá conmigo.
Hay que soportar las cosas como son.
Yo no quiero. ¡Yo no quiero!
Soy tan buena como ellos.
Para nosotros también es Midsommar. Salud.
Oh, mi amor.
Mi pobre amor.
Permítanme darles la bienvenida, caballeros,
antes de unirnos a las damas.
En ese caso, tal vez pueda proponer un brindis, si no se oponen,
- por nuestros intereses comunes. - Sí, el negocio parece prometedor.
Con la guerra en ciernes, los mercados pintan bien.
En mi negocio nunca hay un bajón.
Un objeto de inversión muy popular, aunque la gente se arrepienta después.
- No es cosa de broma, Jacob. - Mi querido Peter,
si no puedes bromear sobre el sexo y el parto,
te arriesgas a tomar en serio a las mujeres.
Yo nunca hago eso. ¿Todo el mundo tiene champán?
¡A la salud de todos! Y bienvenidos al Midsommar.
La única época en la que podemos comportarnos como queremos.
Un discurso encantador, querida,
pero por desgracia, no lo tenías que hacer tú, sino yo.
Si siempre hubiera esperado a que te pusieras en marcha,
me habría secado como una ciruela pasa hace años.
¿Stanny?
Stanny, no te quedes ahí con tu amiga, piensa en los demás invitados.
Madam.
Mi madre está celosa.
- ¿De quién? - De nosotras.
Stanny, no dejes que te trate como quiera.
Piensa en lo que has dicho, hay que luchar para ser una persona de verdad.
No creo que tenga fuerzas.
- Claro que sí. ¡Todos la tenemos! - ¡Angela!
¡Angela!
- Por fin te encuentro. - Cecil.
Tienes que venir a saludar a papá.
Qué lugar tan encantador tiene, Sr. Landborg.
Sí, está encantada. ¿Pero quizá usted no cree en fantasmas?
Aquí está, padre. ¿Por qué no viniste a visitarnos?
- No podría, debes invitarme primero. - Cecil no entiende estas cosas.
He intentado no instruirle en las convenciones de la sociedad.
- Sí, son tan estúpidas. - Sí.
Tienen una función,
ayudar a los que se encuentran en situaciones que les asustan.
- Hemos hablado de ti todo el tiempo. - ¿De verdad?
- Su nombre ha surgido. - Esta es mi tía Petra.
Padre dice que sois muy parecidas, pero en absoluto.
Vamos a dar una vuelta.
Lo que prueba que el objetivo del matrimonio, como el de la guerra,
es enseñar a la gente la forma más rápida de odiarse unos a otros.
Vaya, qué aire tan solemne.
Dos pequeños idealistas, sin duda, que aún creen en el bien y el mal.
Creedme, hijos míos, no todo es blanco o negro.
Mezcladlos y obtendréis un color gris lúgubre que es mucho más realista.
Solo espero que venga mi hijo Bernhard.
Él es mi único consuelo,
bueno, y Stanny, claro,
en este mundo sombrío.
Usted es la que debería tener muchos motivos de celebración.
No hay nada como la estimulación.
Incluso los deseos más depravados, de repente parecen inocentes y puros.
Se olvidan todas las convenciones.
Se olvida la edad.
¿Quiere verme ebria?
- Yo ya estoy ebrio. - No es el champán.
Es la juventud.
Aquí está Bernhard.
Buenos días, querido hijo.
- Creo que ya nos conocemos. - ¿Usted cree?
O le estoy confundiendo con otra persona,
mi madre tiene muchos amigos.
Corre a jugar ahora, ¿eh?
- ¿Soy yo o el uniforme? - Ninguno de los dos.
- ¿Un poco de champán, teniente? - Con mucho gusto, pero no de la botella.
Queridos amigos, el ruido que oyen...
proviene de nuestro propio jardín zoológico.
Les he prometido a los animales una visita,
es parte de la tradición aquí en la víspera del Midsommar.
- ¡Matasanos! - ¡Belicista!
- Ahora no discutáis, muchachos. - Este lugar está encantado, puedo sentirlo.
- No digas tonterías, Alexandra. - Almas perdidas.
En la víspera del Midsommar esto está lleno de ellas.
- Es un verdadero honor acompañarla. - Bueno, está de suerte, jovencito.
No es que quiera disculparme, nunca se quiere decir nada con eso,
solo quiero explicar algo.
Me casé con una mujer que podía ayudarme en mi trabajo.
- Hay que aceptar ese tipo de cosas. - Yo lo he hecho,
pero me ha llevado mucho tiempo.
- ¿Mucho tiempo? - Sí, muchos años.
Las mujeres tenéis la capacidad de aterrorizarnos.
Estáis tan empeñados en dárnoslo todo.
Tarde o temprano terminamos haciéndoos daño.
Instintivamente lo sabéis, tal vez incluso lo deseéis.
- Yo te quería, Thomas. - No deberías decir eso.
- ¿Te da miedo? - Lo dices como si aún fuera verdad.
¡La vanidad masculina!
Los hombres siempre piensan que sus antiguos amores nunca les olvidarán.
- ¿Y pueden? - Sí.
Al menos yo puedo.
He encontrado una chica, quizás de mil años,
no he determinado exactamente su edad, conservada en una turbera.
Su rostro es tan puro y hermoso como cuando estaba viva.
Esa cara me obsesiona.
- Ojalá supiera qué estaba pensando. - Quizás no sea tan difícil de adivinar.
Si fuera un romántico, podría creer que pensaba en el amor.
En cuyo caso, murió antes de encontrarlo. Le pasa a mucha gente.
Mire a su alrededor.
Nadie le dijo que el tiempo es escaso.
Angela, no lo olvides.
- ¿Qué es lo que no debe olvidar? - Imagino que comportarme bien.
Como he dicho, el tiempo es escaso.
Hay que atesorarlo.
Cuando veo cómo lo malgasta la gente,
pienso en la chica que anhelaba el amor pero no se atrevía.
- Las mujeres son así. - No, las chicas lo son.
La diferencia entre una mujer y una chica es el coraje.
La vida social es terrible.
Soy demasiado mayor para divertirme...
y demasiado joven para mantenerme al margen.
Deberíamos haberle pedido que se quedara.
Sí, lo sé, pero soy demasiado egoísta.
Las mujeres no debemos ser egoístas.
Luchamos para ser independientes y llega un hombre y lo arruina todo.
A veces me quedo despierto pensando en esa chica.
Está tan sola. Es casi una niña.
No hay mucho que puedas hacer en la vida solo, aparte de morir.
- ¿Siempre habla con acertijos? - Angela.
- Me gusta que la gente sea directa. - ¡Angela!
Y a mí me gusta cuando la gente deja de razonar.
¡Sienta, por el amor de Dios, sienta!
Mi querido Sr. Möller, ya es hora de que se una un rato a los adultos,
¿no cree?
¿Cómo estás, Jacob? Nunca lo dices si no te pregunto.
Como siempre. Macson ignora mi amistad con su mujer.
De vez en cuando me pide dinero prestado. Muy civilizado.
Yo soy un seductor y él un proxeneta de clase alta.
Un buen día lo empujaré del tren.
- Es pura lógica femenina. - Es una enfermedad muy contagiosa.
- ¿Y tu mujer? - Es cómplice...
- con su silencio. - Eso sí que es lógica femenina.
Vaya por Dios.
Creo que necesitamos un trago.
No sé qué me pasa, me siento muy rara.
- Eso está bien. - No suelo comportarme así.
Las criadas no suelen tener la oportunidad.
¡Descarado!
Vamos, no tenemos mucho tiempo.
- Debo regresar. - Y yo debo descansar. Siéntate.
¿Por qué te ríes todo el tiempo?
No lo sé.
Ven aquí.
- ¿No vas a ser amable conmigo? - ¿Cómo?
El Midsommar solo es una vez al año, hay que celebrarlo de alguna manera.
- Está siendo un poco descarado. - Yo diría que te gusta.
- Quítate el vestido. - Es nuevo y tan bonito.
¿Sabe cuánto cuesta?
No, pero puedo adivinarlo.
¿Cinco?
¿Diez?
- Quince, veinte... - Eso es suficiente.
Está bien. Toma.
- ¿Para mí? - Claro.
Gracias.
¡Cuidado!
Cuidado con el vestido...
que es tan bonito.
¡La cena, maldita sea!
Te olvidas el pañuelo.
Puedes guardarlo como recuerdo.
- ¿Y el dinero? - Quédatelo por ahora.
¡Vaya, ahí está! Agda, ven y canta para nosotros.
Tiene una voz muy bonita y la música no tiene nada que ver con la clase.
- ¡Vamos, Agda, canta! - Oh, ¿la chica puede cantar?
- Sí, bastante bien. - Buenas noches, cielo.
Bueno, cántenos algo bonito.
Jesús es mi novio querido Yo soy tuya
Eres todo lo que quiero Yo soy tuya
El mundo que me queda
- ¿Qué es eso? - Tu hermano quiere comprarte un vestido.
Muy amable, Bernhard, pero no puedes comprar un vestido con esto.
Bueno, entonces compra un collar nuevo para la perra.
Pero no lo cuentes, sabes que madre la odia.
Madre odia todo lo que quiero.
Excepto yo.
¿Puedo unirme a la conspiración familiar?
Déjeme que le cuente la vez que fui a un baile vestido de florista.
Entré corriendo en la tienda a comprar unas flores...
y lo primero que vi fueron los pechos de Agda.
Ya sabe cómo me gusta la fruta, ¡tuve que comprar todo el lote!
La vida familiar no es mi punto fuerte, la intimidad forzada no mejora a la gente.
¿Conoce algo que lo haga?
¿Qué se mueve debajo de la mesa?
¡Debe ser uno de los fantasmas del Sr. Landborg!
Si hay algún viejo fantasma a la venta, ¿quizás podría comprar uno?
Puede tener uno por nada.
¡Brindo por todos los fantasmas, vivos y muertos!
¡Pero si es el perro de Stanny!
Dicen que lo mejor de un hombre es su perro.
Tu querido animal está estorbando otra vez, Stanny.
Brindemos por todos los que odian a los perros.
Los perros son demasiado parecidos a los humanos para ser dignos de amor.
¡Exacto, Sra. Landborg! ¡Brindo por todos los que odian a los perros!
Estupendo.
Acérquese para que pueda llegar.
Estupendo. Realmente estupendo.
Estás aquí para divertirte, Petra,
trata de ser como los demás.
Parece muy fácil ser femenina y frágil, pero no puedo.
Llegará un día en que te sientes ahí sola y aburrida,
- como el resto de nosotros. - Anhelo ser vieja.
He sido joven durante demasiado tiempo y no ha pasado nada.
Qué suerte tienes.
- ¿Le molesto? - Enormemente.
Tenía que alejarme de esa horrible cena,
quería estar con usted.
- Le vi cuando se marchó. - A ellos no les va a gustar.
- Me dijo que fuera valiente. - Lo lamentará.
También me dijo que no tuviera miedo a mis sentimientos.
- Aprende usted rápido. - Tengo un buen maestro.
El maestro está avergonzado por no poder evitar sermonear...
Pero por eso estoy aquí.
...cuando debería haber dicho que tiene...
una mujer en un psiquiátrico en Suiza, un hijo...
y la desagradable costumbre...
de desaparecer cuando las cosas se complican.
Todos los rasgos y coartadas de un seductor desconsiderado.
¿Y de quién es la culpa?
Suya.
Es usted una chica muy inquietante.
¿De verdad?
Durante 18 años me han dicho que soy como ellos.
Ahora quiero un nuevo maestro y ese es usted.
No me importa si es un terrible seductor.
Por supuesto que anhelo la muerte,
es lo único que puede hacerme cambiar mi opinión de la vida.
- Muy gracioso. - No, muy serio.
Nuestro sistema escolar...
ha producido algunos especímenes masculinos extraordinarios.
Los hombres siempre tienen mucho de qué hablar.
En cualquier caso, no los queremos aquí.
¿De verdad, querida?
Su conversación es casi tan aburrida como la de las mujeres.
Stellan, sea un ángel y traiga mi boa de plumas de mi habitación.
- ¿De qué habitación? - De mi dormitorio.
¡Qué torpe es este chico!
Mi boa de plumas en mi dormitorio.
Madre, tal vez no sepa dónde está...
todavía.
Los chicos boxeábamos y peleábamos,
recibíamos una paliza todos los días. ¡Muy sano!
Vamos a decirle dónde está. Es la segunda puerta a la derecha.
- A la derecha. - A la derecha, sí, no a la izquierda,
ahí es donde duerme mi padre. O lo intenta, al menos.
- En la segunda planta. - No en la tercera.
Aunque esa serviría, allí duermen las criadas.
Bernhard, si no supiéramos que eres un oficial y no del todo responsable,
ese último comentario podría sonar extremadamente grosero.
Stellan, mi boa de plumas está en la cama.
- En la cama. - Sí, como ésta.
Una grande. No puede equivocarse,
hay sitio para un regimiento entero.
...impulsando una política que reducirá nuestro país a la insignificancia.
- ¿Eso importa? - ¿Importa?
- En un país civilizado, un hombre... - ¿Qué estamos esperando?
Ah, sí, el amanecer.
Has confundido al pobre chico.
Estará buscando una boa de plumas en la habitación de la izquierda...
que tu querido padre comparte con las criadas.
Será mejor que vaya a ayudarle.
- Te queda bien. - Sí, ¿verdad?
Qué chico tan adorable.
Si yo fuera tú, me enamoraría locamente de mí misma.
Lo sé.
Es un problema terrible para mí.
Me lo propongo constantemente y no puedo decidir si responder que sí.
Oh, yo lo haría.
Estoy segura de que seríais muy felices juntos.
- ¿Y si yo fuera infiel? - Dios mío.
¿Qué pasaría si te pillaras a ti mismo?
¿No sería interesante?
Me espiaría por el ojo de la cerradura...
y me volvería loco de deseo.
¿Sobre qué rodilla estoy sentada, la de él o la de ella?
- La que quieras. - Creo que ambas.
Me gustan las mezclas.
El champán solo es muy aburrido,
pero añádele un chorrito de coñac...
y un poco de azúcar, ¿y qué obtienes?
A mí.
Primero tengo que probarlo,
antes de poder dar una opinión, ¿no?
No, no te lo quites.
Es una parte de mí, ahora no puedes ser sólo tú.
Yo nunca lo soy.
Si tuviera tu cintura, nunca me preocuparía.
Oh sí, lo harías.
Esta cintura me ha llevado a la cama con la gente más extraña.
¿Estás seguro de que era la cintura lo que buscaban, querido?
Ahora eres mi prisionera.
Incluso los prisioneros pueden divertirse.
Viene alguien.
¿Tienes miedo?
No importa, tenemos mucho tiempo.
- ¿Cuánto tiempo te vas a quedar? - No mucho.
- Mis pinturas están en Estocolmo. - ¿No podrías traerlas?
Sí, si tuviera el dinero.
Yo siempre tengo algo de calderilla para mis recaderos,
si son buenos y cumplen con su deber.
¡La has matado! ¡La has matado, asesina!
- ¡Tranquila, Stanny, solo era un perro! - Tú no lo entiendes.
¡Basta de tanto alboroto! ¿Quieres que nuestros invitados lo oigan?
- El perro me ha mordido la mano. - Déjeme ver.
Me envenenaré la sangre. Como si las cosas no fueran lo bastante malas.
Mi querida Sra. Landborg,
no estropee una espléndida escena con charla innecesaria.
Venga, la ayudaré.
- El champán está servido en la terraza. - Espléndido.
¡La odio!
Pero el odio puede ser divertido. Inténtalo.
Es lo único que hace soportable la vida familiar.
Es muy cercano al amor, pero mucho, mucho más excitante.
Abrázame fuerte, Bernhard.
Nunca madurarás si crees en el amor familiar.
¿Ni siquiera en el tuyo?
Tienes que encontrar a alguien.
¿A quién?
Mira, está saliendo el sol.
¡Cuatro hurras por el amanecer! ¡Uno, dos, tres!
¡Sí, un Midsommar tan pacífico...
probablemente no se verá durante muchos años!
Sé lo que quieres decirme, Angela,
pero no te atreves por miedo a hacerme daño.
¿Sabes?,
una vez quise a Thomas...
y él me dejó.
Fue hace 15 años.
El que quieras, Angela,
pero él no.
¡Él no!
- He traído algunas flores. - Siempre me alegran.
- ¿Ha visto el amanecer? - Sí. ¿Y usted, Tord?
- Sí, pero solo. - Uno nunca está solo en ocasiones así.
No, Dios está con nosotros.
- Me pregunto si Dios está con nosotros. - ¿Petra?
¿Es por Thomas que nunca has querido...?
No, por supuesto que no.
Es porque soy una mujer. Un hombre puede hacer lo que quiera.
O lo que cree que debe hacer.
- No me quejo. - ¿Entonces por qué no lo has hecho?
¡Thomas! ¡Thomas!
- Idiota. - Tirano.
No vuelvas a hacer eso.
Pero estoy descubriendo lo complicada que es la felicidad.
- La felicidad es solo una parte. - Pero es el mundo entero.
Tú mismo lo dijiste.
Debería haber uno por cada semana que hemos estado juntos.
Creía que los amantes olvidaban las nociones de tiempo y espacio.
¡Guerra! ¡Guerra!
¡Es la guerra, padre!
- ¡Es la guerra! - Ven aquí, Cecil, no seas tonto.
- ¡Guerra, guerra, guerra! - Calla, estás asustando a Angela.
No tiene miedo, vendrá con nosotros a ayudar.
- ¿Iremos a la guerra? Lo prometiste. - Ya veremos.
¡GUERRA!
No va a volver, Angela.
Pero escribirá. Entonces debo ir con él,
- dondequiera que esté. - Hay una guerra.
Está en guerra contigo, consigo mismo y con quien se interponga en su camino.
- No se casará contigo. - Estoy esperando un hijo suyo.
- ¿Estás segura? - Jacob me ha examinado.
- ¿Alguien más lo sabe? - Tengo que decírselo.
- También es hijo suyo. - No, Angela, es tuyo,
solo tuyo.
Solo tienes que pensar en ti y en tu niño.
Nuestro niño.
¿Nuestro niño?
¿Tú también lo quieres?
Pareces contenta.
¿Ha pasado algo?
¿Qué me dices de esto?
No sé qué pensar.
¿No creerás que es mío? ¿Sabes dónde lo encontré?
Arriba, en la casa grande,
donde todo es tan correcto y respetable.
Así es,
en la habitación de Angela.
Todos estos años has respetado a esas señoritas,
pero yo he visto lo que valen, las dos.
La maravillosa Petra.
Ella no sabrá nada, por supuesto, pero voy a decírselo.
Voy a decírselo a quien quiera escucharme.
¡Les pagaré por todos los años que he estado casada con su sucio peón!
Hola de nuevo. ¡A que es bonito!
- Sí, así es. - Sí, hasta ahora.
- Este vestido es un poco inapropiado. - Lo estoy haciendo sólo para animarme.
- ¿No deberías pensar en el niño? - ¿Por qué? Él no piensa en mí.
- No tendrás nada que ponerle. - Al principio no irá a fiestas.
- ¿No hay espejos aquí? - Claro, en la galería.
- ¿Cuánto tiempo te queda? - No lo sé.
Espero que salte un día, diga, "Aquí estoy", y vaya a hacer café.
Al menos tu hijo tendrá sentido del humor.
Me pregunto si el mío lo tendrá.
- ¿El tuyo? - Sí, mi hijo.
Mi artista, mi explorador.
Mi niña.
Preferiría que fuera una niña.
Podemos compartir ropa, tengo demasiada.
- Qué amable. - ¿Agda?
Ven al pabellón y siéntate para mí.
Si es absolutamente necesario, puedes traer al niño contigo.
Tengo que trabajar.
- Oh, Stellan. - ¡Eh, eh, eh!
Tranquila, no hagas tonterías, ya no eres una niña,
eres una futura madre, así que debes tener cuidado. Espera, escúchame.
He tenido una charla con tu interesante amigo.
No me interrumpas. Me encargaré de que haga lo correcto.
Deja de reírte, ¿quieres?
Si pudiera entender por qué...
un chico inocente como yo debería molestarse por una persona...
que no puede ver un amanecer sin perder las bragas...
¡Estate quieta, Agda, o perderé los nervios y ya sabes lo que pasa!
No me grites así, soy una diosa.
- Tengo un mensaje del cielo. - Las diosas no tienen hijos indignos.
¿Te digo una cosa?
Si vas a decirme que Angela tiene un bollo en el horno, ya lo sé.
- ¡Hola! - Hola.
¿Podemos hablar en privado?
No, ¿por qué?
Bueno, podríamos hablar sin...
Ella o no escucha o no entiende.
No está comprometido, ¿no?
- Ha venido a la persona equivocada. - Esto es ridículo, ¿no podemos...?
Esta situación me divierte muchísimo.
Continúe.
Lo que más me preocupa...
es la parte perjudicada con la que se me impide casarme.
¡No te muevas!
¿Y por qué?
Se ha interpuesto un acuerdo familiar...
con considerables beneficios económicos.
En cualquier caso, es una chica encantadora.
Ya veo.
Así que tengo una propuesta que hacerle,
una renta vitalicia de 10.000 coronas.
Eso suena de lo más tentador.
¿Y qué se supone que debo hacer a cambio? No te metas, Agda.
Simplemente casarse con ella.
¡Con la criada de mi madre!
Es su modelo.
La respuesta sigue siendo no.
Vale.
Espere.
- ¿Cuánto ha dicho? - Diez...
Bueno, ¿quizás 15.000 coronas?
- ¡Acepto! - No lo dice en serio.
¿Por qué no?, es una chica muy guapa.
¡Agda, nos vamos a casar!
Otra vez la persona equivocada.
¡Todo esto es tan locamente emocionante!
- ¿Dónde está el vicario? - Típico,
Dios siempre aparece cuando ya es demasiado tarde.
Mi querido Kisse, este es un ensayo muy serio,
no te pedí que vinieras para ser tan idiota como siempre.
Entonces tendré que ser el idiota del vicario.
Queridos amigos, bienvenidos a la casa de Dios.
- ¿El conde Stellan von Pahlen? - Sí.
- ¿Y es el prometido? - Sí.
Esta es una boda muy inusual.
También es muy inusual llevar el sombrero en la iglesia, caballeros.
Tenía que echar un último vistazo a la feliz novia.
Aún no estoy casada.
Gracias.
Hacía siglos que no me besaban así.
No creo que me case después de todo.
- Eso es exactamente lo que harás. - ¿Agda?
Agda, cálmate, al menos hasta después de la boda. Vamos.
Observad con atención, mis queridos niños.
Dad pequeños, pequeños, pequeños pasos.
Recordad que toda una congregación cristiana os estará mirando.
- No, ahora lo haré yo misma. - Sí, por supuesto.
Mis queridos y amados hijos,
este es el momento más importante de vuestras vidas.
No importa que hayáis llevado una vida agitada...
con muchos otros hombres y mujeres.
Yo no.
Pues muy tonto por tu parte.
No importa tampoco que ambos tengáis la intención...
de ser infieles tan a menudo como podáis.
Yo no.
La novia no solo es tonta, también es una mentirosa.
Lo único que importa es que ahora prometéis humildemente,
en presencia de alguien en quien no creéis...
Pero yo creo.
- Yo creo. - ¿En qué?
En Dios.
Es tu mala conciencia, querida.
Solo tenéis que prometer amaros en lo bueno y en lo malo,
hasta que la muerte, o algo igualmente atractivo, os separe.
Bueno, eso es todo. No ha dolido, ¿verdad?
¿Qué pasa con el anillo?
Yo he visto eso antes.
- No creo que a Gusten le importe. - Nos lo dio a los dos, querido.
Bernhard.
Por favor, dámelo. ¡Kisse!
¡Kisse! En serio, dámelo.
Dámelo. ¡Entonces iré a buscarlo!
¡Kisse, dámelo!
¡Kisse, vamos!
Espera, Kisse. Lo quiero. ¡Kisse!
¿Bernhard?
- ¿Qué haces ahí arriba? - Celebrando mi libertad.
Dicen que todo es tan diferente cuando estás casada.
Yo no noto ninguna diferencia.
La única razón por la que nos casamos...
es para tener lo que ya tienes.
¿Han oído llorar a ese niño en la iglesia? Significa mala suerte.
¿Bernhard? Mi marido no me da más champán.
Como dices, es realmente horrible.
Insistió en casarse con ella. Ha sido muy noble por su parte.
Si otros miembros de la familia fueran la mitad de decentes.
¿Puedo preguntar cuándo tendrá lugar el feliz acontecimiento?
Si tenemos suerte, será al mismo tiempo.
Una pequeña y sentimental reunión familiar.
Es extraño pensar...
que en este momento el ejército alemán está al ataque.
Traqueteo de ametralladoras, destellos de bayonetas.
Igual que en casa.
Tarta.
La guerra ciertamente ha alegrado la triste existencia de la gente.
La ceremonia ha sido encantadora.
¡Ups!
Se han roto los novios.
Es sin duda una buena imagen del matrimonio,
solo hay que darle un toquecito y se derrumba.
- Adèle. - No es culpa mía que se haya roto.
Aquí tienen, damas y caballeros,
tendrán que aceptar las partes como son.
¡Adèle!
Adèle, Adèle, Adèle.
¿Puedo recordarle que es una invitada en esta casa?
¿De verdad?
¿Así que me invitan a sentarme aquí y ser educada y no decir nada?
¿Quién se cree que soy?
Nadie dice nada de los dos huéspedes no invitados,
acurrucados en las barrigas de esas dos.
No dicen nada sobre eso.
¿Por qué no brindan a su salud?
Porque entonces toda su charla sobre el matrimonio...
y el amor sería una estupidez.
¡No hay amor, solo hay camas, suciedad y babas!
- Adèle. - ¡Déjame en paz! ¡Déjame!
Debo disculparme por ella.
Mira qué desastre.
Para una vez que podía vestirme elegante...
- y tú me arrastras por el barro. - Vete a la cama.
Eres muy amable.
Un hombre de verdad no debería ser amable,
un hombre de verdad...
me daría un hijo.
¡O me mataría!
¡Cuidado con el vestido!
Pobre Tord,
nunca te atreves a coger lo que quieres.
Deberías haber aprovechado, ¿no viste cómo te miraba Petra?
- ¡Ya basta! - Por fin un poco de fuego en ti.
Petra, la maravillosa Petra.
Tiene los ojeras azules, como alguien que tiene que satisfacerse a sí misma.
- Esos son tus hábitos. - Porque no tengo un hombre de verdad.
¡Adelante, acaba conmigo, eso es lo que quieres!
Mátame.
¿Qué ha pasado?
El cordón umbilical le ha estrangulado.
Kisse, ven y ayúdame,
ayúdame a llevar a la novia al dormitorio.
¡Brindo por los novios!
Tengo un sueño terrible, dormiré como un tronco, así que buenas noches.
Buenas noches.
¡En tu noche de bodas!
Ha intentado engañarme, pero le he demostrado...
que en realidad es contigo con quien me he casado.
Eh, cuidado con el camisón, cuesta mucho dinero.
¿El dinero de quién?
Ya he terminado.
No me ha dolido nada.
Estás bien, no hay nada que pueda hacerte daño.
¿Angela?
Angela, ¿por qué huyes de nosotros todo el tiempo?
- ¿Eres infeliz? - No.
¿Eres feliz entonces?
No.
No te preocupes, volveré enseguida.
- ¿Jacob? - ¿Sí?
¿Una tiene que ser feliz?
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