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En el siglo XVII se desencadenó despiadada y violenta la lucha contra
seres monstruosos sedientos de sangre a los que las crónicas del tiempo llamaban
vampiros. Los hermanos hallaron fuerzas para acusar a los hermanos y los padres
a los hijos a fin de que la tierra fuera purificada de aquella horrenda ralea de
feroces asesinos. Pero antes de darles muerte, la justicia humana,
al veredicto divino, marcó para siempre las carnes malditas de aquellos
monstruos. Con la señal calentante de Satanás.
¡Ah!
¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! Este sacro colegio de los altos primados de Moldavia te ha
declarado culpable. Yo, segundo génito de los príncipes Baida, como
gran inquisidor, te condeno.
Y como hermano, te repudio.
Con muchas culpas te has manchado para satisfacer tu satánico amor con el
siervo del demonio, Igor Diabolich.
Quizás Dios tenga piedad de tu alma en esta hora suprema.
Cubrirle el rostro con la máscara del demonio y clavársela.
Que el fuego purificador la reduzca a cenizas y que el viento las esparza y no
deje de ellas ni rastro.
Soy yo la que reniego de ti.
Yo la que te maldigo en el nombre del demonio.
Vamos adelante. Haz que me claven la máscara. Pero no podrás nunca librarte
las garras de Satanás.
El infierno desata los elementos en tu contra y su furia está pronta a batirse
sobre ti.
Cuidado, Gryabí. Mi venganza caerá sobre ti y tu descendencia. Sí, porque será
en la sangre de tus hijos y en la de los hijos de tus hijos que yo viviré mi
existencia inmortal.
Ellos me darán la vida que ahora tú vas a quitarme. Desde las tinieblas yo
volveré para atormentaros y aniquilaros a todos.
cara del demonio.
pero como obedeciendo a una orden demoníaca, la imprevista furia de los
elementos apagó las llamas de la hoguera purificadora.
Las gentes, aterrorizadas, huyeron lejos de aquel lugar maldito, y durante toda
la noche resonó el tañido de las campanas para poner en fuga a los
mal.
Cuando la ira se hubo aplacado, se permitió que el cuerpo de Diabudich
inhumado en la tierra no sagrada, reservada en el cementerio a los
El cuerpo de la bruja, en cambio, fue sepultado en la cripta de sus
Y dos siglos después... ¡Eh,
cochero!
¿Cuánto falta aún para la encrucijada de Milgorod?
Seis o siete verstas, señor.
¿Oís, profesor?
Significa que si paramos en Milgorod no llegaremos a Moscú hasta mañana.
Sí, sí, no importa.
Pernactaremos en la posada de Milgorod. Salmón ahumado y un óptimo vodka. Mañana
estaremos en el Congreso.
Pero nos perderemos la inauguración.
Habrá el discurso del doctor Blizmanov de San Petersburgo y es una pena.
¿Cuántos años hace que te licenciaste?
Tres, profesor. Y soy vuestro ayudante desde hace dos. Cuando lleves 20 años de
profesión a cuestas, aprenderás a dar su justo valor a las disertaciones de los
congresos.
¡Para! ¡Para!
Toma el atajo del bosque. Se llega mucho antes.
Está intransitable. Nunca lo toma nadie.
Ya comprendo. Miedo de la bruja, ¿eh?
Miedo no. Yo hice toda la campaña contra Napoleón, señor.
Pero a decir verdad...
preferiría enfrentarme de nuevo con el condenado francés antes que con un
fantasma. Anda, toma. Esto te ayudará a olvidarte de los fantasmas.
Venga.
¡Vamos!
¿Qué es ese sonido extraño?
Oh, nada, es el viento entre los árboles.
¿Qué ocurre? ¿Qué pasa?
Los árboles, señor, alargaban sus ramas para ahogarme.
Procura no ahogarte tú mismo con todo ese vodka. Vamos, adelante.
¿Cómo corre tanto ahora?
Cuando el miedo aprieta, aprieta uno el paso.
¡Qué mala fortuna!
¡Santo cielo! Tenía que ocurrir precisamente aquí.
¿Es algo grave?
No, no. Por suerte solo se ha salido del eje.
Procuraré arreglarlo enseguida. Bien, desde luego no es un lugar alegre.
Y esos sonidos, además.
Vayamos hacia allí. Echaremos un vistazo.
Aclarado el misterio, el viento se mete en los tubos de este órgano destrozado.
¿Qué ha sucedido?
No ha sido nada. Sigue con tu trabajo.
Los restos de mil años de luchas, de odios, de amores, ahora ya no son más
polvo dentro de estos sepulcros.
No queda más que el recuerdo de las antiguas gestas.
Sobre estas piedras está escrita la historia de la vieja montaña.
Andrei, acércate.
Fíjate, fíjate en esto.
Esta es la bruja de la leyenda. En efecto, esa máscara de bronce se la
a las brujas para que llevasen eternamente su verdadero rostro. ¿Y por
ventanilla?
Temían que las brujas pudiesen resucitar y creían que la cruz visible a través
del cristal lograría impedírselo.
Increíble.
Señores. ¿Dónde estáis? Es preciso que alguien se digne a ayudarme.
Señores, si me dejáis solo, yo me voy a pie.
Ese se muere de miedo.
Ve tú, por favor. Yo quiero echar todavía una ojeada. Sí, sí, prefiero
Aquí dentro, además del aire, falta la alegría.
¡Profesor! ¡Profesor Clubayan!
¿Qué ha sucedido?
¿Por qué habéis disparado? Mira, se ha lanzado sobre mí como una fiera.
Extraño, muy extraño.
Normalmente estos animales se acostumbran a huir.
Vámonos, profesor. Me parece aconsejable.
No me gustaría tener que darle la razón a nuestro cochero.
Espera.
¿Qué estáis haciendo?
Intacta, después de dos siglos.
Profesor, ¿os habéis herido?
Oh, es cierto, ni me había dado cuenta.
Ha sido una esquirla de cristal, solo unas gotas de sangre.
Parece que nos mide con esas cuencas vacías.
¿Quiénes sois vosotros?
¿Qué hacéis aquí?
Soy el profesor Chomak Krubayan y este es mi ayudante, el doctor... Andrei
Dorovek.
Paseaba por el parque y he oído un disparo.
¿Qué ha ocurrido?
He matado a un murciélago que me había atacado.
Disculpad que nos hayamos permitido entrar en esa capilla.
Creímos que era un lugar abandonado y no hemos podido resistir la curiosidad.
Todo es tan extraño y misterioso aquí.
Y todo se convierte en ruinas.
Mi padre, el príncipe Baida, se opone a cualquier restauración de esa vieja
iglesia.
Ese para él es un lugar... Señores, el coche está a punto. Podemos continuar.
Está bien, ya vamos.
Disculpadnos, princesa, pero tenemos que irnos. Aún faltan cinco berstars para
Milgoroth.
Pasaremos la noche allí.
Permitid que todavía no os diga adiós, princesa.
Espero volver a veros.
Gracias.
Y os deseo una feliz estancia en mis tierras.
¿Te has quedado embrujado?
Cuánta tristeza en sus ojos.
Pero, ¿y esto?
Un recuerdo de la bruja.
Roto de repente.
Como una voz que se apaga.
¡Son lobos!
He ahí porque en el bosque no he encontrado hoy ni el más pequeño rastro
caza.
No, me parecen otra clase de huidos.
Eso no son lobos.
El grifón se ha movido.
¡Constantino! ¡Katia!
¡Respira!
No estaba pintado así. ¿Cómo? Estaba vivo.
Y ahora está muerto.
¿Pero qué dices? Estoy seguro.
Tienes razón, papá. No estaba en esa posición.
Katia, tú siempre te has dejado impresionar demasiado por ese retrato. Y
porque te pareces como una gota de agua a nuestra antepasada.
No has visto que de esa figura emana una vida misteriosa, secreta, como un fuego
que no es fuego.
A veces me da miedo acercarme.
Katia.
Quizás tenga razón Constantino.
Ha sido una broma de mi fantasía.
No hablemos más de ello.
Estoy aterido.
Esta noche parece que de la chimenea se desprende un frío que se me mete en los
huesos.
¿Por qué no te vas a descansar? Te noto los ojos cansados.
No son mis ojos los que están cansados.
Es mi alma.
Idos a acostar. Ahora quiero estar solo.
Buenas noches.
Buenas noches.
Buenas noches, señor.
No, espera.
Hace muchos años que sirves en esta casa, ¿verdad? Nací en ella, señor.
Hoy es San Jorge.
Conoces la maldición que pesa sobre este castillo, ¿no es cierto?
Hace dos siglos, en este mismo día, fueron ajusticiados por brujería la
Hada y su cómplice diamante, el príncipe Diabudich, y clavados para siempre bajo
la máscara del demonio.
Un siglo después, un seísmo resquebrajó la tierra, destruyendo sólo la antigua
iglesia. Y el sarcófago de la bruja fue encontrado hecho pedazos, como si Ada
hubiese intentado salir de él para cumplir su venganza. Y en efecto,
noche la princesa Masha murió misteriosamente.
Era bella Masha y se parecía a la bruja.
Tenía sólo 21 años.
Y Katia es su retrato viviente.
Es como si la bruja eligiera a sus víctimas y las atormentase con su
antes de matarlas. Y es ese parecido, esa increíble particularidad en la
venganza de Ada lo que me aterroriza. Tengo miedo, Iván.
No debéis tener miedo, señor.
La cruz os protegerá.
Aunque lo que habéis dicho sea cierto, esos monstruos sienten terror al sagrado
símbolo de Cristo.
Llévanla siempre con vos y estaréis a salvo. Sí, tienes razón, Iván.
Es la sugestión de este maldito día.
Lo que me ha turbado así.
Debed, señor, de lo contrario se os enfriará.
La muerte.
He visto la muerte.
Como una premonición.
Pero yo me defenderé.
¡No vencerán! ¡No vencerán al sagrado símbolo de Cristo!
¿Todo bien?
Sí, gracias.
Teníais razón. Aquí el vodka es formidable.
Me siento capaz de conquistar el mundo.
Empieza por el castillo. Si no me equivoco, alguien de allí te ha
de modo especial.
Excelente idea.
Un par de traguitos más... y expugno luego el castillo.
Es mejor que te vayas a dormir. En sueños se seduce a las princesas más
fácilmente. Además, mañana tenemos que madrugar.
Tenéis razón.
Diré que nos llamen a las cinco. No, no, déjalo. Yo me encargo de eso. Voy a dar
un paseo y luego avisaré a la posadera. Bien, buenas noches.
Descanses.
Cuidado con los murciélagos, ¿eh?
Y tú cuidado con la cabeza.
No, no me vengas con tonterías. Ya te he dicho que no quiero ir. Entonces,
¿quién va a ir? ¿Yo, con el trabajo que tengo?
Dígame, profesor, ¿no es una vergüenza que una chica de su edad tenga miedo de
ir sola al establo por un cubo de leche?
Mamá, tiene razón.
Sí, pero lo que no le dice es que el establo está junto al viejo cementerio.
tengas miedo a los muertos. Los muertos no hacen daño a nadie.
Ya has oído a ese señor.
Voy, vamos, anda, date prisa. Y déjate de muertos.
Esta noche iré, pero mañana no.
Te veo inquieta, amargada.
Triste, como si temieras algo.
No es nada.
La proximidad del otoño siempre me pone triste.
Tu sonrisa ha desaparecido.
¿Quieres que dejemos el castillo?
¿Encuentras demasiado tristes estos viejos muros?
No, quiero seguir aquí.
La melancolía de esta casa me gusta.
Durante siglos ha sido nuestra residencia. ¿Por qué cambiar ahora?
Aquí está el pasado.
Y la memoria de los que nos precedieron.
Hubiera debido sacaros de aquí cuando nacisteis. A Constantino y a ti.
Llevaros lejos.
A buen recaudo de mis propias tristezas y aficiones.
Quizá me hubiera sentido infeliz.
Pero no tan solo.
Es posible que no logre convencerte.
Me convencerías quizás con una sonrisa.
Yo... Lo ves.
Tiemblas como si una oscura amenaza pesara sobre ti. No quiero que me hables
esas cosas.
Disculpa, papá.
Intentaré volver a ser la de siempre.
¡Diabutich! ¡Diabutich!
¡Alzate!
¡Resurge!
Cálmate. ¿También tú tienes miedo ahora?
¿Papá, qué tienes?
¿Qué te pasa? Aléjate de mi lado.
Soy yo, tu hija, Katia. No me reconoces. Hay que encontrar un médico, pero
¿dónde? En la posada.
Hoy, junto a la vieja capilla, he encontrado a dos médicos que iban a
Pronto, Iván.
Despierta al caballerito. Mi amo, aquí estoy. ¿Qué ocurre? He oído gritos. Trae
a uno de los dos médicos que se alojan en la posada. ¡Corre!
Doctor Crubayan.
¿Sí? Me envía la princesa Baida. Su padre se encuentra muy grave.
Os ruega que vengáis al castillo.
Voy, pero he de avisar a la posada.
No es necesario, ya lo he hecho yo.
Allí me han indicado dónde encontraros.
Ah, siendo así...
¡Eh!
¡Krubayan! ¡Krubayan!
¡Te esperaba!
Todavía necesito de ti.
Mírame a los ojos.
¡Mírame a los ojos!
Acércate unas pocas cosas.
Tu sangre me han devuelto la vida, pero toda tu sangre me dará fuerzas ahora
para consumar mi venganza.
Ve, bésame.
Mis ardientes labios te transformarán.
Estarás muerto para los hombres, pero estarás vivo en la muerte.
Cálmate.
¿Pero qué hace Boris que tarda tanto?
Ya debe estar a punto de llegar.
Ten paciencia, Katy.
El grifón de plata.
El hombre del cuadro.
¿Qué dice?
Está delirando. No.
Solo la cruz puede salvarnos.
Volverá a venir.
Lo presiento.
¿Me habéis hecho llamar?
Doctor, gracias por haber venido. Creo que está muy grave. Ahora lo veremos.
Retiraos.
¿Qué tiene, doctor?
No es nada. Solo una fuerte emoción.
Estábamos durmiendo cuando de repente sus gritos nos despertaron. Lo
aquí temblando con el brazo extendido y empuñando este crucifijo como si hubiera
intentado ahuyentar una aparición horrible. No debe verlo.
Podría excitarse nuevamente.
La eternidad ha sido rota.
Tú lo has conseguido.
Me has arrancado de la tierra que pesaba sobre mí como si fuera plomo.
Ahora ya no estás sola. Te traeré su cuerpo y será tu presa. Ella ha nacido y
vivido para eso. Es idéntica a ti.
El destino se cumple, hada.
Revivirás en ella.
Alentarás.
Sonreirás como ella.
Serás otra vez tan hermosa como antes.
Ve a acostarte, Constantino. Ahora papá está tranquilo. No, no estoy cansado. Id
a acostaros los dos. Yo me quedaré a su lado.
Oh, Dios mío, esos perros. Qué tortura. Iván, procura hacerles callar.
Sí, señora.
Ándale, Constantino. Yo me ocupo de todo.
Pero... Te llamaré si hace falta.
Como quieras.
¿Qué os pasa?
Vamos, calmaos.
Creía veros como atormentada. Idos también a descansar. Ya me quedo yo a
vuestro padre.
Pero no tenéis que partir mañana.
No os preocupéis. Puedo quedarme toda la noche.
Está muy calmado, ¿no es cierto?
Sí. Ya veréis cómo pasará una noche tranquila. No tenéis que preocuparos.
Idos a descansar cuanto antes que lo necesitáis.
Doctor. No sé cómo daros las gracias.
Hacedme llamar si ocurriera algo.
No será necesario.
Vuestra habitación es esa de enfrente.
Buenas noches y gracias de nuevo.
Buenas noches.
¡Kathia!
¡Kathia!
¡Kathia! ¡Pobre papá! ¡No!
¡Doctor Krubayan!
¡Doctor Krubayan! ¡Kathia, no!
¡No me digas que no quiero verlo!
¡No, Kathia!
¡No me digas, Kathia!
¡Doctor Krubayan!
¡Doctor Krubayan!
Soy yo, Andrei.
Os advierto que vuestro amigo no está.
¿No está?
No, ayer por la noche le llamaron del castillo.
Parece que el príncipe se puso gravemente enfermo y todavía no ha
¿Y cómo fue que no me llevó con él?
Tal vez no quiso interrumpir vuestro descanso. Mi hija le vio subir a la
que había venido a buscarle.
¿Puedo conseguir un caballo? Pues claro está, venid.
a hacerme caer la cesta. ¡Marchaos de aquí!
¡Eh,
por favor!
¿Es este el atajo que lleva al castillo?
Sí, señor.
Cuando lleguéis a la cruz, girad a la derecha.
¡Maldita sea!
¡Ya os había dicho que os fuerais a jugar más lejos!
Mi ropa se la lleva al río.
A ver si ahora me ayudáis a recogerla.
¿Quién sois?
¿Qué deseáis?
Soy el doctor Dorobeck.
Me han dicho que el doctor Cruayan vino aquí esta noche.
Sí, así es.
Le llamamos para asistir a mi padre que había sufrido una repentina
indisposición. Le dejamos a solas con él, pero en determinado momento debió
marcharse. Si no lo hubiese abandonado así, tal vez mi padre aún estaría con
vida. A decir verdad, el comportamiento de vuestro colega es del todo
incomprensible. Tenéis razón.
No sé cómo explicármelo. Y estoy aún más asombrado que vos.
Conozco al profesor Clubayan perfectamente.
Y no lo comprendo.
Tiene que haber ocurrido algo grave, no cabe duda.
Es muy extraño. Salió de la posada a dar un paseo y no volvió a ella.
No volvió.
Por favor, venid.
Dios mío, es Boris, el caballerito de los Baida.
Desde luego, sir.
Pobrecillo. ¿Y en qué está?
¿Quién le habrá traído aquí? La corriente. ¿No ves que está muerto?
Dios mío.
Katia.
Saquemosla de aquí. Sí. ¿Dónde está su habitación?
Por aquí.
Tiene una cara que no parece la suya. Da miedo.
Parece el diablo.
Yo me he sentido mal al verle. Es horrible. Como si el demonio le hubiese
devorado a trozos. Hablad más bajo.
Es mejor que no sepan nada. Ya están bastante apenados por la muerte del
Iván. ¿Qué ocurre?
Han encontrado el cuerpo de Boris abajo en el torrente, señor.
¿El cuerpo de Boris? Sí, señor. Y si vieses enguestado, con los ojos fuera de
las órbitas, los dientes al descubierto y las manos retorcidas.
¿Y dónde está?
Lo hemos llevado a la sacristía.
Ahora ya es cuestión del pop.
Muchacha.
¿Yo?
Sí, ven aquí.
¿Es cierto que viste la carroza que fue a buscar al doctor Crubayan ayer por la
noche? Sí, señor.
Naturalmente que la vi. Yo volvía del establo, oí un ruido y me escondí.
Pero no era Boris el que guiaba la carroza. Yo a Boris le conozco
Era otro, una cara que nunca había visto.
¿Estás segura? Sí, señor príncipe.
Voy a la aldea a ver el cuerpo de Boris.
Y tú vendrás conmigo. Pero tienes que contarme todo, todo lo que sabes.
¿Me has entendido?
Es muy importante.
Claro que os lo diré todo, señor.
Vamos, vamos, por favor.
Es él.
Sí, es él. ¿Él quién? El hombre que fue anoche a buscar al doctor Crubayan.
Lo juro, señores, fue él en persona. Estoy segura. Le vi muy bien porque la
le iluminaba el rostro.
¡Tonterías! ¿Qué son esas absurdas fantasías sobre el retrato de una
muerta hace siglos?
Aquí acabaremos todos perdiendo el juicio.
Calmaos, princesa.
Ahora debo ir a la aldea, luego volveré.
Procurad levantar el ánimo.
¿Por qué esta noche no os quedáis aquí con nosotros, doctor?
Sí.
Os lo ruego, así nos sentiremos más tranquilos.
Es increíble.
La misma horrenda muerte del príncipe.
Y esas mordeduras en el cuello parecen ser obra de una fiera que clava los
colmillos en sus víctimas, pero no las despedaza.
Yo soy médico, y solo creo en la ciencia, pero esta vez... Y luego, ¿qué
decir del profesor Krubayan?
¿Os parece posible que un hombre como él abandone de improviso a un paciente sin
dejar dicho nada?
Antes de venir aquí he pasado por la posada y aún no había regresado. Y lo
extraño de todo es que la hija de la posadera jura que el hombre retratado en
cuadro del castillo es la copia exacta del cochero que fue a buscar anoche al
profesor.
No le encuentro ninguna explicación.
¿El hombre retratado en un cuadro habéis dicho?
Sí. En el que está junto a la chimenea en el salón. Una tela de dos siglos de
antigüedad.
En la que hay un hombre de negro con un grifón de plata bordado sobre el pecho.
Sí. ¿Y por qué?
Ah,
padre. El príncipe Constantino ruega que preparéis las exequias para mañana.
Sí, de acuerdo. Por la mañana estará todo dispuesto.
¿Qué ha sucedido?
¡Katia! ¿Qué ocurre, princesa? Hay alguien escondido en mi habitación.
Tras las cortinas.
Vamos. Iván, vigila el salón.
Ahí, tras esa cortina.
Pero si no hay nadie. Habrá sido una impresión.
No, he visto una mano. La he visto muy bien reflejada en el espejo.
No me creéis, ¿verdad? Pues yo la he visto, Constantino. La he visto, la he
visto, la he visto. Voy a buscar un calmante.
Tranquilízate, Katia. La he visto, Constantino.
Profesor Crovayan, vos me habéis asustado.
¿Pero dónde os habíais metido?
¿Os he buscado todo el día?
¿Qué tenéis?
Vete, Andrei.
Vete de aquí.
No te ocupes de un asunto que podría costarte caro. No es necesario que me
Incluso he traído aquí vuestro equipaje.
Sí, es cierto, mirad. Ahora mismo iba a guardar en él esta imagen.
¡Profesor!
Los han decollado.
Sí. Y pienso, qué terber.
Vamos, daos prisa.
Llevadlo todo al salón.
Allí es donde se prepara la capilla ardiente.
Esto llévalo tú.
Y ha huido como un endemoniado. Sí, en cuanto le he mostrado el icono. Ha huido
sin darme ninguna explicación.
Ya.
Es muy difícil traducir estas inscripciones cirílicas.
Es preciso encontrar la letra clave.
Si me lo dejáis, intentaré ayudarme con algún texto que tenga en la biblioteca.
Está a vuestra disposición.
Padre. Sí. Mi hermana ha quedado muy afectada por todo lo que ha sucedido. Y
estaría muy reconocido si vos, personalmente, le aconsejaseis que
castillo. Muy bien.
Así lo haré.
¡Princesa!
Espero no importunaros.
No, me sentía tan desesperada y sola.
Lo comprendo, pero no debéis abatiros.
Hay que procurar tener fe en nosotros mismos, en la vida.
¿En la vida?
¿Y qué es mi vida?
Amarguras y aflicciones.
Algo que se va destruyendo poco a poco y que nadie reconstruye.
Esa es la imagen de lo que es mi vida.
Fijaos.
Se va consumiendo día tras día como este jardín.
Que languidece como mi existencia sin ningún objeto.
Es una situación que puede ser modificada.
Y depende solo de vos.
No hay razón alguna para que tengáis que seguir la suerte de este castillo.
Marchaos de aquí.
Y todavía podréis ser feliz, Katia.
Permitid que os llame por el nombre.
Y recordad que me sentiré muy dichoso si os puedo ser útil.
No sabéis cuánto os lo agradezco, Andrei, pero hoy todo me parece tan
Siento como una angustia, un presentimiento de muerte que... que me
me da ni un momento de paz.
Si pudiese tener la misma fe que tenéis vos... No debéis desanimaros, Katia.
A veces todo parece oscuro.
Pero incluso aquí, a los rincones más sombríos de este jardín, llegará la luz
del sol para disipar las tinieblas de esta noche.
Por favor, ayudadme.
Os lo suplico, ayudadme.
Sin vos, no hubiera podido superar esta prueba.
En momentos como este, es difícil encontrar las palabras adecuadas, pero
todo haya pasado, Katia... Os lo agradezco, Andrei.
Muchas gracias.
Perdonad, pero si no hubiera hecho eso, se habría incendiado todo. Es extraño.
¿Quién sabe lo que debe haber ahí detrás?
Doctor. Iban al apagar el fuego que había prendido en un cortinaje. Ha
esta tela.
Voy a ver. Tened cuidado.
Está completamente oscuro.
Es un pasadizo secreto.
Increíble. Entonces mi padre no deliraba.
Y sus últimas palabras fueron, el grifón de plata, el hombre del cuadro.
Y aquí es donde encontré a vuestros perros degollados después de la
del doctor Crubayan.
Vamos.
Tú quédate, Iván, y cuídate que la puerta no vuelva a cerrarse. No te
Bien, señor.
¿Es el mismo rostro del cuadro del salón?
Pero si es la bruja.
¿Cómo podéis saberlo?
La vi en su sepulcro cuando el doctor Crubayan y yo entramos en la cripta.
Se diría que este sarcófago está intacto. Y que la bruja hubiese muerto
pocas horas.
Mirad.
Respira.
Nos encontramos ante fenómenos espantosos.
Es preciso que vaya enseguida a ver al Pope. Volved al castillo. No dejéis a
Katia sola. Pronto. No hay un momento que perder. Salid por ahí.
Llegaréis antes a las cuadras.
¡Ivan! ¡Ivan!
Después de todo lo que me habéis dicho, ya no hay duda.
Nos hallamos ante potencias desencadenadas por el demonio.
En el icono que me habéis dado hay instrucciones sobre el modo de proceder.
¡Empujad! Vamos a la tumba de Diabutich antes de que se ponga el sol.
¿Padre? ¿Qué?
La máscara del demonio.
Como la que cubría el rostro de la bruja.
Es lo que yo imaginaba.
Lo encontraremos aquí.
Mirad, la tierra de esa tumba ha sido removida.
Abramos la caja.
Pero si esta noche aún estaba vivo.
Le vi con mis ojos.
No, ya estaba muerto.
Pero es imposible, padre.
Se movía y hasta habló conmigo antes de huir.
A veces Satanás, con su gran poder maléfico, juega incluso con la muerte.
Lobeir, esta es la prueba.
Ahora tenemos que procurar que su alma descanse en paz.
Sí, pero ¿cómo?
La inscripción sobre el icono indica un único modo.
Bueno, por fin, el encantamiento ha quedado deshecho.
Hemos de actuar.
Y pronto, porque ya todo está claro.
La bruja había convertido a vuestro amigo en un esclavo del demonio.
Muerto durante el día y vivo durante la noche para poder ejecutar los malvados
designios de su amo. ¿Entonces también el príncipe? Sí, pero no hay que perder
tiempo.
Hay el peligro de que la bruja retorne a la vida. ¿Cómo?
Encarnándose en el cuerpo de otra mujer joven. ¿Y ahí cómo? Katia. Katia, en
efecto. Es preciso correr al castillo. Es muy tarde. Y antes de que se ponga el
sol hay que perforarle a la bruja el ojo izquierdo. Id.
Yo haré otro tanto con el cuerpo de Boris que se encuentra en la sacristía.
Luego iré a buscaros.
¡Constantino!
¡Iván!
¡Ivan! ¡Constantino!
¿Dónde os habéis metido todos? ¡Contestad!
¡Constantino!
Ayúdame.
Dios mío, no me dejes sola en este horror.
La sangre ya no es la tuya.
Los espíritus del mal han deshecho para siempre ese vínculo.
Por tus venas corre una linfa maldita.
¡No, no!
¡Constantino! ¡Iván!
¡Abrid!
Tu venganza está a punto de cumplirse, hada.
Ahora volverás por fin a estar libre.
¡Catia!
¡Constantino!
¿Dónde estáis?
Tú no sabías que habías nacido para este momento.
No sabías que tu vida me había sido consagrada por Satanás, pero en el fondo
sentías.
Por eso ese retrato mío te fascinaba tanto y te atemorizaba.
Porque sabías que tu vida y tu cuerpo eran míos.
Porque sentías que también estabas destinada a convertirte como yo en un
sin paz por todos los siglos.
El amor de un hombre estaba a punto de salvarte de esta perdición, pero yo he
sido más fuerte.
Y cuando te haya mordido y destruido la vida, tendrás una nueva existencia hecha
del mal y del odio que hay en mí.
De la bruja.
¡Vamos, vamos!
¡Vamos, vamos! ¡Vamos, vamos!
¡Vamos, vamos!
¡Vamos, vamos!
¡Vamos, vamos!
¡Vamos, vamos!
¡Vamos, vamos!
¡Vamos, vamos!
Sí, quería matarme.
Pronto, haz algo antes de que sea demasiado tarde. Yo no he sido capaz.
Corre. Sí, sí, tienes razón.
Hay que destruirla.
Yo sé cómo.
No mires, Katia. Es horrible.
Pero no hay otro medio.
Yo no soy tu amor.
Tu amor está ahí, destruido para siempre.
Y con Katia, mi venganza se ha completado porque toda su familia ha
aniquilada.
Mírame, Andrei.
Mírame fijo a los ojos, como hizo Krubayan aquella noche.
Y como él piérdete en mis pupilas, también a ti te daré unos deseos
odiar. Mírame.
¡Doctor! ¡Padre! ¡Es ella! ¡La bruja es ella!
No os dejéis engañar por su rostro.
Tendríais que ver su cuerpo.
Es ella que se ha transformado en Katia, sorbiéndole la vida y la sangre.
¡Cogedla!
¡Vamos a ver! ¡Con el fuego!
Una tempestad impidió a las llamas que destruyeran la íntima esencia de la
bruja. Hoy, por fin, la purificación se cumple. Las víctimas inocentes han
roto el encantamiento del mal.
¿Por qué?
¿Por qué se ha llevado a mi amada padre?
Quería recuperar su perdida belleza.
Katia, también mi vida ha terminado ahora.
¿Cómo podré olvidarla?
Ya no podré ser feliz en adelante.
Ya nunca habrá paz para mí.
Mirad su joven cuerpo destruido.
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