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Original subtitles

Venga, Nana, vámonos.

Niña, pero, ¿en qué estás pensando? Sigue trabajando.

¿Quién pondrá una lápida en la tumba de mi madre?

¿Lápida? Los pobres no tienen lápidas.

Ya tenéis bastante con que se os entierre.

Cuando sea rica me compraré una.

Cuando seas rica ¿eh?

Eso te lo mete en la cabeza esa comadreja de...

Esas no son las ideas de Satín.

- Son las mías. - Tuyas, ¿eh?

cuando una chica pobre como tú habla de hacerse rica...

Significa que acabarás como tu madre. Como todas las malas mujeres.

Mi madre no era mala.

- Era débil. - ¿Débil?

Sí, débil.

Las mujeres son lo que los hombres hacen de ellas.

Yo no sé lo que seré. Pero no seré débil...

y tampoco seré pobre.

Un año después.

- No se presenta mal la noche. - Eso te lo diré más tarde.

También hay soldados.

Camaradas de Francia voy a dar una vuelta.

¿Una vuelta? pero...

¡Serás cuervo! Si no puedes dar ni un paso.

¿No? Eso lo vamos a ver aquí y ahora, camarada.

Ay, no tienes modales.

Ja, el ejército está un poco borracho.

Los soldados están para luchar y para beber.

¡Eh, espera! No deberías ir.

Señoras...

es un verdadero placer...

- placer... - Placer. Sí, sí. Le entendemos muy bien.

- George, voy a por él. - No, déjalo. Después lo recogeremos.

Ojalá no las hubiera conocido como estoy ahora. Cuando estoy... como estoy.

Siéntese y cuéntenos. ¿Cuando está cómo?

¡Me sentaré, pues!

Sí, lo agradezco... mucho.

Es usted preciosa, señorita.

Incluso en mi estado puedo apreciar sus... atractivos.

Este no es sitio para apreciarlos.

- ¿Sabe dónde me gustaría ir ahora? - No. Díganoslo.

Al río... Al fresco y hermoso río.

¿Para suicidarse, idiota?

Para enfriar mi pobre cabeza.

Pobre soldado. Tiene la cabeza muy calentita.

¡Qué compasiva!

¡Oh, qué aburrido eres!

Vete. Estoy cansada de ti.

¡Cómo! ¿te atreves a insultarme a mí?

Sabía que acabaríamos así. Ahora querrá pelea.

Márchese por donde ha venido. Haga el favor.

No hasta que me explique por qué me rechaza tan bruscamente.

Ninguna mujerzuela se ha atrevido nunca a...

Pobre soldado. Aun tiene la cabeza caliente.

Venga conmigo. Le hará bien un paseo.

- Nana, hay uno... - Déjala.

- Mira, se va con él. - No importa...

le quedan pocos días de permiso.

Pero una mujer que se sienta en los cafés no debería nunca...

Le entiendo, soldado, le entiendo perfectamente.

He cometido un error al atreverme a hablar con usted.

Las mujeres como yo tenemos tan poco que ver con los soldados.

Yo estoy dispuesto a olvidarlo todo.

Menos sus ojos.

- Mis ojos, ¿eh? - Sí, sus ojos.

Y su pobre cabeza. ¡Pues enfríatela, amigo!

Hace falta valor para hacer eso, Bordenave. Ha sido estupendo.

¿Cómo es ella? ¿La ve usted?

Vaya a buscarla, vaya. Vaya.

¿Por qué lo has hecho?

- Ahora nos echarán. - Eso le da igual

¿Quién es él para decirme que no le insulte?

Yo puedo insultar a quien me insulte a mí.

Disculpen, señoritas. ¿Puedo sentarme?

Acabamos de deshacernos del caballero que estaba sentado aquí.

- Ya lo he visto. - Bien, ¿qué quiere usted?

Vengo de parte del Sr. Greiner. Gaston Greiner, el famosísimo empresario.

Se interesa por esta chica.

- ¿De veras? - ¿Ah, sí?

Un momento. ¿Cómo ha dicho que se llama?

- Greiner. - El gran Greiner del Apolo.

¿Seguro?

¿Por qué es grande?

La señorita no conoce el mundo del teatro o no haría esa pregunta.

He de decir que Gaston Greiner ha convertido a muchas mujeres en...

¿En qué, Señor?

En mujeres famosas, en mujeres poderosas, en mujeres ricas.

Ah, ahora ha hablado claro.

Bueno, y ¿dónde está esa joya?

Allí. Aquel distinguido caballero que no nos presta atención. El que está solo.

¡Es viejo!

Él no ha preguntado su edad, señorita.

Una respuesta inteligente, señor.

Dígale que le atenderé.

¿Puede venir a su despacho mañana a las 9,00 h.?

Ha de venir primero a presentar sus respetos.

Pero señorita... ¡En público, el gran Greiner!

Dígale al gran Greiner, que me encantará conocerlo aquí o no hay nada que hacer.

Me ha dicho que tenía usted valor, y lo tiene.

¡Pero serás estúpida! ¿no ves que puede ofenderse?

¿Cómo puedes despreciar una oportunidad así?

¿Qué oportunidad?

Insiste en que vaya usted a su mesa. Por supuesto que no irá.

Por supuesto que iré.

Aunque solo sea para demostrarle que desprecio los convencionalismos. Vamos.

Contén el aliento, ahí viene.

No tengo el honor de conocer sus nombres, señoritas, pero les presento al Sr. Greiner.

Estas son mis mejores amigas.

Satín...

y Mimí.

Yo me llamo Nana.

He visto su pequeña comedia con el oficial y debo decir que estaba muy conseguida.

¿Y por eso quería verme?

Sus movimientos me atrajeron.

Carentes de esfuerzo y ligeros. Encantadores.

Usted es una actriz.

- Se equivoca usted, Señor, yo soy una... - El caballero quiere decir...

Quiero decir que puede usted ser lo que quiera.

¿Quieren champan?

¿Champan?

- Por ser usted, beberemos. - Excelente, excelente.

Bordenave, pida champan.

¿Bien?

Cuando una habla con usted, no parece tan viejo.

¡No soy tan viejo, señorita!

Me permite decirle que tiene una boca encantadora.

Lo cual me parece importante.

Sí, lo sé. Tengo que llenarla tres veces al día.

¿Dice en serio que Nana podría ser actriz?

Eso lo discutiré con ella más tarde. Cuando estemos solos.

- ¿Solos, Señor? - Solos, naturalmente.

No pensarás que el Sr. Greiner sale con su teatro en el bolsillo.

Bravo. Es usted sensacional.

Y usted debe ser muy rico. Todo el mundo me dice que es usted muy grande.

¿Qué es el dinero, pequeña? Es lo que compra los tapices y las estatuas.

Incluso aquí. Si los compra sabe que son suyos.

Y cuando un hombre sabe que una cosa es suya la cuida muy bien, ¿eh?

No, no, no. Ni pensarlo. Parad la música.

Paradla o queréis que me quede afónico. Parad la música.

Mi querida Nana, por favor, intenta recordar qué es una chica de la calle.

Una pobre sin hogar que no ha conocido más que hombres como este marinero que hay aquí.

Me parece que conozco a esa chica muy bien.

Vamos gatita, siéntate. Te lo explicaré otra vez.

¿Cómo se atreve a hablarme así?

¿No puedo ver a mi amiga Nana?

No puede verla nadie. Son órdenes del Sr. Greiner.

Y llevo obedeciéndolas 20 años.

Pero somos sus mejores amigas.

Lo que sean ustedes no es asunto mío.

No va a servir de nada que me hagan perder más el tiempo. Nana no desea verlas.

- ¿Cómo dice? - ¿Le ha dicho que estoy aquí?

Por supuesto y ha dicho que no desea ser molestada por sus amigas.

¿Eso ha dicho?

- ¡La muy cerda! - Bueno, no te enfades. Nosotras somos las mismas pero ella...

Es una manera muy sensata de considerar la situación.

¡Un momento, gallito!

¿Dónde vive ahora? Hace dos días que no la vemos.

¿Cómo quiere que lo sepa? Yo no vivo con ella.

Dame una piedra o un adoquín que se lo voy a tirar a la ventana.

No seas estúpida Satín ¿qué ganarías con eso?

No, vamos a tomar una copa. Después de todo no nos vamos a morir por no volver a verla.

Pero es que, hacerme esto a mí. Cuando no tenía un céntimo yo le daba de comer.

Dormía en mi cama. Una vez que tenía un amigo especial le dejé mis mejores enaguas.

Tú espera y veras...

Nana, querida...

quiero que recuerdes siempre que yo soy el alfarero y tú eres la arcilla.

Yo diré cómo hay que modelar.

¿Está claro? ¿Eh?

¡Bah!

Por supuesto que, de vez en cuando, una chica que empieza...

tiene alguna idea original. Pero no ocurre a menudo.

¡Y ahora escúchame!

Ninguna mujer que haya triunfado conmigo en el mundo del teatro...

se ha preguntado nunca el motivo de su éxito.

¡Soy Greiner!

¡Greiner!

Querida, tú puedes ser una sensación...

pero puedes ser un fracaso, un fracaso estrepitoso...

depende de ti.

Y ahora, querida, continuaremos con la pantomima.

Es decir, siempre que hayas comprendido lo que el gran Greiner espera de ti.

Por supuesto. Yo he de ser tú y tú has de ser yo.

Tú serás lo que yo haga de ti.

Por favor, pequeña mía, deja de hacer preguntas tontas.

Pero, ¿por qué no puede llevarme papá al concierto esta noche?

Tengo otro compromiso.

Entonces que me lleve el tío George.

Lo siento Stelle, también estoy comprometido.

¡Maldición!

¡Stelle, bonito lenguaje!

Deseaba tanto ir al concierto.

Querida hija, siento no poder llevarte.

Preferiría ir contigo en vez de ir donde tengo que ir.

¿Dónde es eso, hermano?

Formo parte del acompañamiento para esta noche del Gran Duque.

El Gran Duque Alexis de Rusia. Ese viejo inmoral insiste en ir al Apolo.

No hace falta ser inmoral para que te guste ir al Apolo.

De hecho, yo también creo que iré.

¿Por qué vas al Apolo? ¿Por qué el Gran Duque es inmoral?

¡Stelle! Sabes que no me gusta que intervengas.

Lo siento, papá, pero es que me interesa profundamente.

Pues no debería interesarte.

¿Por qué estás temblando Zoe? Dime, qué ocurre.

Es por usted, estoy nerviosa.

Y eso por qué ¿por qué hay que estar nerviosa?

¡Bendito sea Dios! Esta niña.

La noche de tu estreno y estás fría como el hielo.

¿Por qué no? Si no tengo éxito, volveré donde estaba.

- Y si lo consigo, entonces... - Lo conseguirá, lo sé.

Bueno, entonces...

Zoe...

¿estás segura que dos chicas ya sabes de qué clase...

no han venido a preguntar por mí?

¿A mí, señorita? No, nadie me ha preguntado por usted.

¡Por favor, por favor! Dejen pasar.

Ahí está tu hermano André con el Gran Duque.

Adelante... pase.

André no suele venir a sitios como este. Seguro que se siente muy desgraciado.

¡Bien, mi querida criatura!

Greiner pronto le ofrecerá a Paris su nueva sensación. ¿Eh, Bordenave?

- Espero que ella no le defraude. - ¿Hay mucha gente ahí fuera?

La clientela habitual y una pizca de la realeza.

Ha venido el Gran Duque Alexis.

¡Ah, nunca he visto un Gran Duque! ¿Cómo es?

Viejo, tonto y encantador. Seguro que le gustas, querida Nana.

Recuerda lo que te he dicho. Tu atractivo está detrás de las candilejas.

Los hombres deben desearte y nada más.

Los hombres consiguen lo que quieren.

Volveré a verte justo antes de salir a escena.

Sé valiente y recuerda solo lo que te he dicho.

Nada más. No puedes fallar. ¡Vamos Bordenave!

- Le deseo mucho éxito, querida. - Eso no es necesario. Lo tendrá.

Ah, Greiner, le he estado buscando. Esa chica, Nana, quiero que me la presente.

Mi querido amigo, cómo pide eso justo antes de levantar el telón.

Pero quizá ella no sepa que el telón se levanta con mi dinero.

Que siempre le reporta un buen interés.

Y no hable de dinero en una noche de estreno.

Molesta terriblemente.

¿Cuándo sale la condesa de las cloacas?

Mira, aquí lo pone.

Ah, estoy impaciente. Impaciente por verla fracasar.

Preparado para el primer número, señor.

Levanten el telón.

¡Despejen el escenario!

¡Mira, ya empieza!

Rápido, querida. Fuera de aquí, chicas, fuera de aquí.

Recuerda todo lo que te he dicho, querida.

Tómate tu tiempo y si te quedas en blanco...

mírame y yo te diré lo que hayas olvidado.

No mires al apuntador. Yo estaré por allí, muy atento.

¿Por qué me elegiste a mí?

- ¿Qué viene ahora? - Dice, Nana. Solo la palabra Nana.

- ¿Qué viene ahora? - Nana, Alteza.

Ah, sí... Nana.

¡Arriba! Más luz. ¡Más luz, más luz!

Arriba el telón.

- ¿Mañana? - No.

- ¿Cuándo? - Nunca.

¿Nunca?

- ¿Por qué? - Amor...

Muerte.

- ¿Muerte? - Es la vida.

Bésame y di adiós, eso es amor.

Ríe con un alegre adiós, eso es amor.

Abraza fuerte mi cuerpo y besa mis labios

Sella mis labios con los tuyos.

Aunque sea solo una noche, por qué medirla

Apréciala, es tuya.

Si soy tu luz de amor, a quién le importa

Mientras tenga una noche de amor, a quién le importa

Si mis labios te han hecho feliz

Deja mis brazos sin un suspiro

Nunca te preguntaré por qué

Eso es amor, adiós.

¿Quién es? menuda actuación. Es fantástica.

Seguro que es ella.

No puede ser. Qué puede estar haciendo aquí.

Es la chica que empujó a Gregory.

Estoy cansada. Ya he trabajado bastante.

Pero te reclama el público, preciosa mía.

- Ya he terminado, papá Greiner. - Vamos, vamos...

¡Tienes que ayudarme!

Bésame y di adiós, eso es amor.

Ríe con un alegre adiós, eso es amor.

Abraza fuerte mi cuerpo y besa mis labios

Sella mis labios con los tuyos.

Aunque sea solo una noche, por qué medirla

Apréciala, es tuya.

Si soy tu luz de amor, a quién le importa

Mientras tenga una noche de amor, a quién le importa

Si mis labios te han hecho feliz

Deja mis brazos sin un suspiro

Nunca te preguntaré por qué

Eso es amor, adiós.

Ha triunfado, Mimí. ¡Ha triunfado!

- Pensaba que la odiabas. - Oh, aplaude, imbécil, aplaude.

Es tan joven y tan fresca... tan femenina. A qué estamos esperando.

¡He triunfado! ¡He triunfado!

- ¿No te lo había dicho yo, cariño? - Oh, qué bonitas.

Señorita, Señor, el gran duque Alexis.

Señorita, viene el Gran Duque.

¿Has sido tú, padrino?

- Viene el Gran Duque. - Sí, sí, ya te hemos oído.

¡Cierra esa puerta!

- Me lo temía. - ¿El qué?

Le sonreíste al Gran Duque al final de tu canción.

Ah, pero ¿ese era el gran duque?

¡Pequeña farsante!

Adelante.

El Gran Duque Alexis desea presentar sus respetos a la señorita Nana.

Encantada de conocer al Gran Duque.

Oh, Señorita, el honor es mío.

Bueno, siéntese, por favor.

Dígame, ¿le ha gustado?

No puedo decirle ahora todo lo que pienso de su actuación...

pero después de la cena cuando estemos solos...

¿Cómo podríamos entrar?

- Podemos enviar nuestras tarjetas. - No, no, tengo idea mejor...

que vaya Gregory y le diga: Señorita, soy el joven teniente al que usted empujó.

¿Quiere conocer a mis amigos?

No suelo tener la oportunidad de vestirme con un Duque en mi camerino.

¿No podría mirar un poquito por detrás de las cortinas?

Son muy finas.

- Oye... - Muy bien...

yo le hablaré primero.

¿Y por qué no? Tú ya la conoces.

Aun no puedo creer que sea la misma.

Me pasa las medias Coronel Muffat.

¿Yo, Señorita?

¿Sus medias?

Se ha equivocado de recadero, Señorita. Debería haberme elegido a mí.

Oh, no. El Coronel Muffat me dará las medias.

Usted, Alteza, me dará mis... ligas.

Dese prisa, Coronel.

Nana, querida...

avergüenzas a tus invitados.

Si al Coronel le avergüenza darle las medias a esta bella señorita...

es que no ha recibido la educación adecuada.

No, en serio, Alteza, es un placer.

- ¿Dónde tiene las ligas? - En el joyero, delante del espejo.

Oh, sí, sí. Aquí están.

- Aquí están. - Oh, sí. Esas son.

No tengo otras.

Mañana por la noche no tendrá que decir lo que ha dicho.

¿Se las pongo?

- Perdón, Alteza. - ¿Qué pasa?

El Sr. Greiner se ha ido. Le presenta sus respetos.

Sí, sí. Sin duda. Muy amable.

Esa tonta. Esa pequeña tonta. Pero cómo se atreve a afrentarme así.

Está vez está usted verdaderamente tocado. Ha perdido toda medida.

La visita del Gran Duque a su camerino vale millones.

Ya lo sé, ya lo sé, Bordenave.

Por primera vez en mi vida estoy celoso.

Si os habéis equivocado y no es la chica del estanque pagáis la cena.

Muy bien. De acuerdo.

¿Y cómo vas a comprobarlo?

Pues preguntándoselo.

Dale las buenas noches al Sr. Greiner antes de marcharte. Está muy enfadado.

Muy bien.

Siento hacerles esperar.

Debo dar las noches al Sr. Greiner. Es costumbre en el teatro.

Bueno, ve querida, recuerda la cena está esperando.

Disculpe.

¿Quién es usted?

Vaya por Dios. He perdido.

No se precipite. ¿Quién es usted?

Dígame, es usted la chica que hace unas semanas...

tiró a un teniente al estanque de las Siete Truchas ¿es usted?

Sí, pero no fue a usted.

No, no. La víctima está fuera.

Quiero decir que estábamos intentado entrar y...

no sabíamos cómo hacerlo.

Pues ya está dentro.

Oh, se me olvidaba. Iba buscando a alguien.

Esto...

Bueno...

alguna vez... usted, alguna vez...

Sí, claro. Varias veces. ¿Qué quiere?

Me gustaría llevarla a cenar.

Ojalá fuera posible. Pero no esta noche.

Y... ¿quizá alguna otra noche?

Sí, otra noche tal vez.

Oh, no diga nada más. Podría estropearlo todo.

y no quiero que lo haga.

Papá Greiner, cómo has podido portarte así.

Espera, espera.

Quieres que salga con el gran Duque o no. Lo hago más por ti que por mí.

Bien, que disfrutes.

Acuéstate pronto. Ensayo mañana a las once.

Eres un cielo.

- ¿No crees que habrá salido ya? - Estás ciega o qué te pasa.

- Qué vas a decirle. - No lo sé.

Pensaba maldecirla pero ahora...

No te preocupes ya verás como no le importará hablar con nosotras.

- Y ahora, Alteza, ¿no vamos a cenar? - Ah, sí, por supuesto.

Hugo, tú delante.

Sí, señorita. Tome mi brazo y júntese.

- Oh, ahí está. - Basta, por favor.

¡Qué alegría!

Alexis, querido, quiero que conozcas a mis amigas Satine y Mimí.

Diles algo agradable, Alexis. Es la primera vez que ven a un Gran Duque.

- Cómo está usted. - Encantado.

Yo también. ¡Nana!

¿Dónde os habéis metido? ¿Por qué no habéis venido a verme?

- El coche nos espera. - Sí, sí. Nana di buenas noches a tus amigas.

Oh, no, mi Alteza. Ellas vienen con nosotros.

- ¿Con nosotros? - Sí, desde luego.

Caballeros, ustedes acompañarán a mis amigas.

- Buenos días, Sabine. - Buenos días, George.

- Buenos días, André. - Buenos días, George.

- Bueno días, Esther. - Buenos días, tío George.

¿Te gustó el espectáculo de anoche, André?

Nos lo estaba contando. El Gran Duque se llevó...

a esa actriz, Nana, a cenar y le hizo acompañarlos.

Ah, ¿de veras?

En verdad, una situación comprometida.

Papá dice que la chica que se fue con el Duque era una moscona.

¿Qué es una moscona, tío George?

No estoy muy seguro.

Y no creo que tu padre lo esté.

Bueno, yo no creo que lo sepa.

A ver si lo dicen. A ver, André, ¿qué es una moscona?

Es una mosca que frecuenta los arrabales.

¿En serio? Yo no saqué esa impresión de ella.

¿De veras?

Gastón, amigo, está usted loco. Muy loco.

Estoy loco por ella. amigo. Me estoy haciendo viejo, Bordenave.

No habrá muchas más. Tengo que estar seguro.

Cree que colocarla en una casa como esta se la asegurará.

La he convertido en un acontecimiento teatral.

Y ahora vivirá como una mujer de éxito.

Vivirá como las de su clase. Eso no puede alterarlo.

¡Cógeme, papá Greiner! No pienso mirar hasta que...

Nana, Nana, querida

Llegas justo a tiempo. Tu casita ya está preparada.

Y ahora, abre tus encantadores ojos.

¡Es preciosa!

Eres un hombre maravilloso. Siempre tan dulce conmigo.

- Bonito, ¿verdad, Nana? - Es una maravilla, Bordenave.

No tengo palabras.

- ¿Has almorzado bien? - ¿Almorzado?

Eso es. Tú has ido a almorzar, ¿verdad, querida?

- Sí, claro. - Por eso pregunto ¿has almorzado bien?

Si, muy bien.

No había ningún viejo inquisitivo molestándome.

Ya lo ve usted, Bordenave. Sus modales son muy bruscos. ¡Airéelos!

Ven, querida.

¿Te gusta el sitio que he escogido para que descanse mi tesoro?

Es muy bonito.

Te adoro. ¿Me oyes, gatita?

Te adoro.

- ¿Qué es esto? - ¿Qué es qué, papá Greiner?

¡Esto!

Es un collar, querido. Un collar.

No, no me riñas. Dijiste que abriera una cuenta en la joyería.

¿Lo has comprado tú?

Naturalmente que sí. ¿Cómo si no lo tendría?

Es un collar muy caro. ¿Cuánto te costó?

No me lo dijeron. El dependiente me dijo que me quedaba muy bien pero...

Bah, ¿quién ha sido?

¡El joyero, querido!

¿Por qué armas tanto alboroto?

¿No puedo comprar mis propias joyas? ¿No gano dinero?

Por cierto, ¿cuánto me pagas por actuar? Nunca me lo has dicho.

Y creo que ya va siendo hora de...

¿En qué tienda lo has comprado?

No te lo digo.

Te castigaré por preguntarme esas cosas.

- No pienso decírtelo. - Espera niña.

No juegues conmigo. Yo te he fabricado y también puedo romperte.

¡Oh, Amenazas!

A esto hemos llegado. ¡Amenazas!

La primera vez que vengo a mi casa y él me amenaza.

- No es cierto. - Sí, lo es.

Y todo por preguntarte cuál era mi sueldo.

No ha sido por eso. Solo es...

Oh, bien, si es solo por este viejo collar, toma.

Devuélvelo... Tíralo.

No lo quiero si eso va a suponer un problema entre nosotros.

Espera, cariño. Yo estaba celoso porque te quiero mucho.

Temía que aquel viejo y miserable Gran Duque fuese...

Oh, cómo puedes pensar eso de mí.

¿Es que el Gran Duque me haría regalos así a cambio de nada? ¿lo haría?

No lo creo.

- Oh, pensaste que... - No, no.

- Sí, lo pensaste. - No, no. Nana.

No, no, no me hables más.

No quiero besarte. Ni volver a sonreírte. Ni volver a realizar tus deseos.

No, por favor. Déjame sola.

Tengo que pensar.

- Me has destrozado. - Nana.

¡Fuera de aquí! ¡Márchate!

- Nana, no me hagas eso. - ¡Fuera! ¡Vete de aquí!

Quiero el dinero que le pagaron por él. ¿Sabe?

Todo el mundo me regala collares y estoy cansada de ellos.

Ya, la entiendo.

No podemos devolverle el dinero. Pero puedo enviarla...

a otro establecimiento también nuestro. pruebe allí.

Ah, gracias señor. Lo haré.

Me encanta este restaurante, André. ¿Recuerdas cuando vinimos por primera vez?

Sí, querida. Por eso me gusta.

Pienso en las predicciones que se hicieron cuando nos casamos.

Decían que yo no era lo bastante temperamental para André Muffat.

- ¿Te acuerdas? - Habladurías.

Eres una buena esposa.

Te entiendo, querido. Eso lo es todo.

¿Qué ocurre?

Disimula. George está allí sentado con una mujer muy hermosa.

¿Sabes Sabine? Esa es la famosa nana. Para tu información.

¿Esa es Nana? Es preciosa.

Un tanto vulgar, supongo. Es todo físico.

¿Has terminado? Nos vamos.

Querida, el Apolo cerrará y en verano yo suelo ir al campo a casa de mi hermano con mis amigos.

¿Dónde está el campo?

Tienen una villa cerca de Versalles. Vamos allí todos los veranos.

Siempre he querido ver el campo que hay cerca de Versalles en verano.

Es bonito.

¿Dónde está George?

No lo sé, querida.

Habrá salido, querida.

Pobre George. No parece muy feliz en el campo.

¡Papá, papá! ¿Sabes quién ocupa la villa de ahí al lado?

¿La que está pegada a la nuestra? Pues si no lo sabes, yo sí.

- La ocupa la moscona. - ¿Qué?

La moscona, ya sabes, la mujer del Apolo.

- ¿Y tú cómo lo sabes? - Por el jardinero.

Él dice que es muy bonita y yo le he dicho que eso no importa...

- porque papá dice que es una moscona. - ¿Le has dicho eso al jardinero?

- Bueno, papá también lo dice. - No la riñas, Sabine.

Y recuerda Esthel...

que diga lo que diga el jardinero,

- papá lleva razón. - Sí, papá.

¡Venid, venid!

¡Mirad, fresas! Fresas grandes y rojas. Trae un plato, Zoe.

- ¿Un plato? - Un plato.

Qué divertido es esto, lejos del sucio París.

Yo solamente me divierto cuando estoy sucia. Y me encanta París.

Por eso te encanta París, porque eres... sucia.

Oye, te has enamorado del campo de repente o qué.

No discutas, recoge.

Ya ves, a Mimí le encantan las verduras y lo demás.

Ah, es fácil amar las verduras y lo demás.

Pero si es el General. No le reconocía sin su uniforme.

Son mis dos amigas, Satín y Mimí.

Las conoce de casualidad porque en este momento se iban a la casa a por un plato.

¿Ah, sí?

- Pues claro que sí. - No, no, que no se vayan.

- Podríamos ir nosotros. - Oh, no. Irán ellas.

Y también cogerán las fresas.

Vamos Mimí, las fresas son las fresas.

- Por supuesto que sí. - Pues vamos.

Bueno, ¿te gusta mi jardín?

Claro, y lo que hay en él.

Pero no es tan bonito como mi casa. Debes ver mi casa.

Es lo que pretendo.

- ¿Ahora? - Ahora.

Oh, no. Por la puerta de servicio.

Muy bien.

Le vais a buscar problemas con Greiner. No tenéis cabeza.

No, ¿tú sí?

Yo debo tenerla. Por eso llevo tantos años con Greiner.

¿Crees que está enamorada de ese?

Cosas más raras se han visto.

Es cierto. Pero no recuerdo ninguna.

- Creo que te gustará mi casa. - Ya me gusta.

Eres maravillosa.

¿Qué crees que estarán haciendo en el jardín?

Probablemente ella le estará preguntando por qué las fresas no crecen en los árboles.

A estas alturas puede que él lo crea.

Esta es mi habitación. Para mí sola.

Es muy grande para ti sola.

¡Egoísta!

Por favor, George.

Te gusta hacer las cosas a tu manera.

¿Y sabéis? el niño se le parecía un poco a él.

Le amé como una loca durante cinco largos años de mi vida.

Después se fue. Y el único recuerdo que tengo suyo...

Es un botón.

- ¿Un botón? - Sí, era un soldado...

y me dio un botón de su abrigo.

¿Has oído Mimí? Cinco largos años de su vida y solo le dio un botón.

- Será un botón muy bonito. - Lo es. Todavía lo tengo.

Os lo enseñaré algún día.

Menuda jugada si ahora volviéramos con el plato que nos ha pedido.

No, cuando la gente hace el amor en medio de un montón de verdura.

Deberíamos entrar en la casa y dejarlos en paz.

Y bien, señoras, la noche ha terminado y aquí están, sanas y salvas.

Ahórrate el discurso, la villa no es nuestra.

Ni siquiera somos bien recibidas.

¿Y cuándo nos veremos otra vez?

Eso no se pregunta a las seis de la mañana. Vamos, a casa.

- ¡Arre! - Adiós, adiós.

Buenos días, André.

Buenos días, George.

Te has levantado temprano.

Y tú también.

¿Una escalada matutina, tal vez?

No, tan solo un paseo, sí.

Llevas algún tiempo utilizando las ventanas, ¿verdad?

No quería molestar a nadie.

Hay otras formas de molestar a la casa, George.

Nuestra casa lleva un nombre limpio.

Deberíamos respetarlo.

Yo creo hacerlo.

Pues yo creo que no.

Oh, sé lo de esa mujer desde hace tiempo.

Pero pensé que se trataba de una aventura.

Un momento, André.

¿Por qué hablas de algo que no entenderías?

Yo amo a Nana. Y no hay nada más que hablar.

¿Qué? ¿Que la amas?

Hablas como un niño.

No como un hombre maduro y militar.

A una mujer así no se la puede amar.

Dejemos esta discusión antes de decir algo de lo que nos podamos arrepentir.

Nana y yo nos queremos. Vamos a casarnos.

¿Casarte con ella?

Sí.

- ¿Quieres cambiar de tono? - Eres un idiota, George.

Esa mujer te tiene dominado.

Como eres incapaz de pensar con sensatez.

Yo actuaré por ti.

Te presentarás en tu cuartel general hoy mismo.

- Tú no eres mi comandante. - Tu comandante recibirá instrucciones.

- ¿Harás que cancelen mi permiso? - Te estoy ordenando que te presentes.

¡No iré!

Estás al servicio de Su Majestad. Irás o te llevarán a la fuerza.

Te quiero y no dejaré que arruines tu vida. Eso es todo.

¡Señorita Nana! ¡Señorita Nana!

Hay una visita.

¿Qué es esto? ¿Otro chiste?

No, en serio. Es el Coronel Muffat. Ya sabe, el que iba con el Gran Duque.

- ¿Qué quiere? - Quiere verla.

- Le diré que venga más tarde. - Un momento, un momento.

¿Qué es lo que quiere?

- Bueno, que pase. - Oh, menuda mañana y menuda casa.

Señorita Nana...

sabía desde el principio que, antes o después,

me iba a ver obligado a hacerle esta visita.

¿Sí?

He visto a mi hermano George esta mañana.

Muy temprano.

Le expliqué unas cuantas cosas sabiendo que él sería lo suficientemente sensato...

como para actuar en consecuencia.

Siga.

También usted será lo bastante sensata para entender la situación...

y yo daré el asunto por concluido.

Ahora vive aquí.

Le traigo 20.000 francos que...

espero la recompensen por el daño que esto le causará.

¿Para qué es esto?

Es el pago por el gran amor que usted siente, señorita, por mi hermano George.

Va a abandonarlo, ¿sabe?

Encontrará usted mismo la salida o llamo a Zoe.

Ya la encontraré, gracias.

Eh, tome. No olvide esto.

¿Cómo dice?

No pienso discutir con usted.

Es demasiado estrecho. No lo entendería.

Esa no es la cuestión.

No pensará, señorita,

que voy a dejar que arruine su carrera por una mujer como usted.

¿Qué sabe usted de una mujer como yo?

Lo sé todo.

Cómo atrae, seduce y destruye.

Su reputación se conoce demasiado bien. No, señorita, mi hermano la abandonará.

Su hermano no me abandonará.

Estoy seguro de que lo hará.

¿Me pasa las medias, por favor?

Oh, no mire usted así. Ya lo hizo en una ocasión.

¿No quiere? Bueno, no importa. No las necesito.

¿Qué hay de malo en mí, coronel?

¿Por qué es mi amor por George malo para él?, dígamelo.

Quiero a mi hermano. Y no pienso verle destruido.

Oh, no. No es su amor por George lo que le obliga a hacer esto.

No, amigo mío.

Desde siempre ha intentado ser lo que no es.

Siempre he sido lo que soy.

A eso me refiero.

Míreme.

Yo le pertenezco a George.

Y va a crucificarle porque él tiene lo que usted nunca ha tenido.

No deseo a una mujer como usted.

- No es cierto. - Lo es.

- No es cierto. - Nunca.

¡Mentiroso!

Ahora Coronel mírese y descubra...

cómo su mente le ha mentido a su cuerpo todos estos años.

¡Hipócrita!

Coja su dinero y salga.

Yo me odiaré toda la vida por haberle tocado.

Pensé que debía saberlo, señor,

ya que usted no es la calase de hombre que se tomaría un asunto así a la ligera.

¿No es un error? ¿Está usted seguro?

Acúsela.

- A ver lo que le dice. - Gracias, Coronel.

Ha de prometerme que nuestro nombre no se verá mezclado en este asunto.

Mi problema no es con usted ni con su hermano, si no con ella.

- Buenos días. - Buenos días.

Hola, papá Greiner.

- Querías verme, ¿no? - Sí quería verte.

No te sientes. No te quedarás mucho.

Papá Greiner, eres muy rudo conmigo.

¿Rudo contigo, perra callejera?

Estás enamorada de un joven, niégalo.

No tengo por qué.

Le amas desde hace tiempo.

No lo voy a negar.

Él estaba contigo en el campo y yo aquí.

No ibais a estar los dos.

¿No hay forma de que puedas excusar tu conducta?

¿Y por qué iba a excusarla?

Acabo de decir que le quiero.

¿Le quieres, eh? Ahora escúchame bien, gata en celo.

Te saqué de la calle...

y ahora que eres famosa en todo París.

te devolveré al sitio de donde viniste ¿me has oído?

¿Vas a permitir que deje el Apolo?

¿Permitir que te vayas? Ja, te estoy echando.

Te enseñaré que traicionar a Greiner es cortar tu garganta teatral.

Nunca volverás a actuar ni a ganar un céntimo en esta ciudad.

¿Crees que no?

Muy bien, amigo. Iré a ver a Guison, del Frivolity.

¿Con que irás? Le contaré tu historia de amor.

Volverás a tu sitio. Al banco de un parque...

donde tus ingresos están asegurados.

Si tuviera que hacerlo alguna vez...

siempre sería mejor que lo que he conocido contigo.

Tú me creaste a mí, ¿no? ¿Es eso?

Bueno, pues yo te lo he pagado. ¿Me oyes?

Más de lo que tú merecías.

Te di la mayor oportunidad que se le pude dar a una mujer.

Es cierto porque fue en tu teatro donde conocí al único hombre que he amado.

Eres un...

Vamos, Greiner, eso no. Si ella se ha ido, otra debe ocupar su lugar.

Nana, querida, no me voy a París. Me voy a Argelia.

¿Argelia? No lo entiendo. ¿Dónde está?

Está muy, muy lejos.

Pero no es para mucho tiempo. Solo un mes.

Y te escribiré todos los días y tú me escribirás a mí.

Te escribiré y te esperaré.

Pero no entiendo que, amándote como te amo,

tengan que ocurrir estas cosas.

Debo irme, querida.

Te enviaré mi dirección.

Bésame.

Dime que me amas.

Te amo. Sabes que te amo. Vuelve, por favor, vuelve.

Nadie podrá impedirlo, querida. Nadie. Adiós.

- ¿Quién es? - Adelante.

Pero si es nuestra amiga la desertora.

¿Qué te trae por aquí, pequeña? ¿El hambre?

No, no tengo hambre.

Y esa no es manera de hablarme después de tantos meses.

Nos abandonaste cuando Nana perdió su empleo ¿verdad?

- Sí, se fue corriendo. - Eso no es verdad.

Pensaba que ya éramos muchos viviendo aquí con Nana.

Menuda excusa es esa.

Cuando todo se puso mal volviste a trabajar y a gastar tu dinero sola.

Y por el aspecto que traes no habrás gastado mucho.

Es que yo no tengo un montón de dinero en el banco como tú, vieja y gorda...

¿Yo? Yo sin un céntimo que estoy y miren lo que me dice.

Oh, me muero de vergüenza.

Nana te pagará el entierro.

Me partes el corazón.

Pues vete a tu habitación y pártetelo en silencio.

¿Cómo está Nana? ¿Hace algo?

Nada. No puede hacer nada. Todavía está enamorada.

Si sigue así nunca llegará a nada en el teatro.

No te preocupes, Satine. Dentro de poco estará curada.

¿Sabes? En todos estos meses no ha tenido noticias suyas.

¿No? ¿Cómo es posible?

Porque verás, se nos olvida enviar sus cartas y las de él...

se nos pierden.

¿Le estáis haciendo eso?

¡Qué cerdas!

Espera un momento, Satine, si no lo hiciéramos por su bien te daría la razón pero...

este asunto de Muffat casi la ha arruinado.

Ha perdido sus pieles, sus trajes, sus joyas... todo.

Pero en cuanto lo olvide volverá a ser la de antes y nos dará las gracias por todo.

Si algún día os da las gracias me gustaría estar aquí para oírlo todo.

Bien, decidle que he venido.

Sí, también le diré lo que me has dicho. ¡Rata!

No, no lo harás. Te preguntaría si es cierto.

Adiós, Mimí. Puedes saludarme si me ves en la calle.

Si vas sola.

- Hola, Nana. - Hola.

¿Tienes noticias?

No.

¿Y vosotras tenéis para mí una carta de George?

- No hay carta. - No.

Oh, no lo entiendo. No lo entiendo.

Si hubiéramos discutido. Si yo hubiera hecho algo malo...

pero he sido buena.

He intentado ser muy buena.

Pues deja de intentarlo. Vas a matarte si continuas así.

- Soy una tonta. - Sí, eres una tonta.

No, no lo soy. Lo volvería a hacer otra vez.

Le quiero. Oh, no sé por qué pero le quiero.

Toma un poquito de brandy.

Tómatelo y échate a descansar un rato.

Eres muy buena conmigo. Siempre lo has sido, Mimí.

¿Sabéis a quién he visto hoy?

¿Al Gran Duque?

No.

A Greiner. Al gran Greiner.

El escultor teatral que rompe sus modelos cuando ha terminado con ellas.

¿Dónde le has visto?

Saliendo del café de las Siete truchas.

Iba con una chica.

Otra Nana, supongo.

Parece que te ha olvidado.

Pero yo no lo he olvidado.

Y se la devolveré. Ya lo veréis.

Cuando George y yo nos casemos iremos a uno de sus estrenos...

Oh, no hables de matrimonio otra vez. Ten...

toma otro poquito más. Hay otras maneras de hacérselo pagar.

Por supuesto. Yo creo que si me hubieran dicho a mí lo que te dijeron a ti...

no descansaría hasta estar en otro teatro aquí en Paris...

con un gran éxito para demostrarle a Greiner lo idiota que fue.

Sí, sería estupendo.

¿Verdad?

Ya.

Esta es la última carta que le escribo a George.

Si no la contesta, entonces...

¿Quieres que la eche al correo? ¿Quieres?

¡Oh, criatura! ¡Criatura!

Escucha, pequeña. Oh, Mimí.

- Dale un poquito de brandy. - No, no quiero.

¡George, George está aquí!

No querida, George no está aquí. Pero su hermano el coronel, sí. Está abajo.

¿El coronel Muffat? ¿Qué quiere de mí?

No lo sé. No me lo ha dicho. Quiere verte ahora mismo y a solas.

Parece abatido y un poco avergonzado.

¿Es eso posible?

Bien, me alegro.

Pero no me apetece verlo.

Podría ser referente a George, Nana.

Oh, no se me había ocurrido. ¿Crees que podría ser?

Oh, sí, por supuesto. Oh, Zoe creo que le debo ver.

Vamos Mimí. Bajaremos al café a tomar algo mientras ella le recibe.

Le diremos al coronel que suba.

Zoe, será mejor que echemos la carta. Es la última para George.

Me alegro porque nuestra misión ha terminado.

Adelante.

Señorita.

Señor coronel.

- Es una torpeza por mi parte... - ¿Ah, sí?

Quiero decir...

el que yo esté aquí...

y no sepa por dónde empezar.

¿Quiere sentarse?

Gracias.

En primer lugar...

lo que quiero decirle...

lo que necesito decirle...

es que siento mucho...

no el haber puesto fin a su relación con mi hermano...

si no haber provocado su ruptura con Greiner...

reduciéndola a las circunstancias en las que se encuentra.

¿De qué sirve decirme ahora que lo siente?

Cuando uno está arrepentido puede arreglar las cosas.

O sea que va a hacer usted que transfieran a su hermano de nuevo a Paris.

No, no. Yo no puedo hacer eso.

Pero creo que podría conseguirle un nuevo puesto en el teatro.

- ¿Ah, sí? - No con Greiner.

si no con Buchon del Frivolity.

Está a punto de empezar una nueva revista y...

Ya he visto al Sr. Buchon. Pide... demasiado.

Estoy seguro de poder convencerlo...

para que piense más en su público que en lo que ocurra detrás de las bambalinas.

¿Por qué me dice todo esto Coronel Muffat?

Sabe que está bromeando, que no puede hacer nada.

¿Estaría aquí entonces?

¿Podría trabajar en el Frivolity?

Volver al escenario, las noches de estreno...

la gente, la gente maravillosa aplaudiéndome...

y queriéndome.

- ¿Podría ser? ¿En serio, coronel? - Claro, pequeña.

Podría arreglarlo todo mañana.

Una vez le besé porque le odiaba.

Porque quería que conociera esas cosas de la vida...

que usted no conocía.

Ahora le beso porque le perdono.

Teniente.

Usted no es feliz aquí y eso es malo para la moral de la tropa.

¿Puedo hacer algo?

He solicitado pre¡permiso una y otra vez pero se me ha denegado.

Muchacho, lleva aquí cuatro meses.

Ya lo sé, señor. Pero necesito salir, de veras.

Es una mujer, ¿verdad?

No pretendo engañarle, coronel. Sí, es una mujer.

¿Está casado?

- En secreto. - No, señor.

En ese caso, se recuperará.

Desahóguese. Veré lo que puedo hacer.

Ha sido magnífico. ¡Maravilloso!

Gracias.

Querido André, ¿vas a abandonarlo todo por semejante monstruo?

¿Por qué? Al menos dime por qué.

Tu esposa desconsolada. Sabine.

Estás preciosa. Siempre preciosa.

No, por favor.

Ahora no.

¿No quieres que te bese?

Preferiría que no. Si no te importa.

¿Por qué?

Oh, por favor, no discutamos ahora.

Bebes demasiado. Y estás extraña.

No lo voy a consentir, ¿entiendes? Te lo prohíbo.

¿Cómo?

Bueno, quiero decir que te debes a tu belleza, a tu carrera...

tienes tu teatro y también... no lo olvides.

Yo me acuerdo de todo cada día de mi vida.

No olvides tú eso.

Si no te importa, me gustaría estar sola.

- ¿No vas a cenar conmigo? - No, no quiero cenar.

Vete solo a tu club.

Ya no voy a mi club.

Llevo tiempo sin ir.

últimamente no sé dónde ir.

Ya ves, yo...

Pobre André, menuda pareja formamos.

Deberíamos estar orgullosos de nosotros mismos, ¿no te parece?

Pero yo te quiero. Eso lo compensa todo.

Pero yo no te quiero.

Así que no me compensa nada de lo que he hecho.

¡Venga, muchachos!

¡Servid el vino!

Estás encantadora.

Mi buen Muffat. El santo de Muffat.

El Muffat que odiaba a las malas mujeres.

Pero aprendió a amar a una.

Mimí, ¿qué hacemos? nunca la había visto así.

Qué podemos hacer. Se comporta como una loca.

¡Venid, un brindis por él!

Ese de ahí es el coronel.

Nana, ¿podría hablar contigo?

Claro André, ¿por qué no?

Pasa.

Tengo mucha prisa.

¿No podrías salir tú?

Naturalmente.

Disculpen.

Nana, ¿por qué?

¿Por qué demonios tienes que hacerme esto?

No lo sé.

Pero es que, a veces, te odio.

Ya veo, pero yo... no sé por qué.

Ningún hombre se ha desprendido de tanto por una mujer.

Por favor, no me lo recuerdes.

Es así. Es verdad y quiero que tú lo valores.

No es el dinero. Es todo lo que antes tenía sentido para mí.

Mi código, mis valores, han sido rebajados.

Ya no tengo orgullo. Y no me importa, ¿me oyes?

No me importa, mientras te tenga a ti.

Lo siento. La corrompida era yo.

A veces lo olvidas. Eso es todo.

Nana, escucha. Me han llamado al gabinete de guerra.

Parece que va a haber guerra con Prusia.

Haz que se vayan y, cuando vuelva, iremos a cenar alguna parte, los dos.

Juntos, solos. ¿De acuerdo?

Oh, pero yo quería ir al café de las 7 truchas esta noche.

Pero querida, eso es como cenar a la vista de todo el mundo. Allí no.

Pero yo quería llevar conmigo a Mimí y a Satín.

Volveré a casa temprano, por favor.

Si ya lo has decidido yo debo aceptarlo, por supuesto.

Prométeme que volverás pronto y sola.

Te estaré esperando.

A veces puedo cumplir mi palabra.

Te quiero.

Oh, señorita Nana. Por aquí.

No, gracias. Quisiera la mesa donde yo me sentaba siempre.

Oh, sí, sí, la comprendo. Por aquí.

Si no les importa, por favor, ¿aceptarían otra mesa?

- Significa tanto para mí. - Cómo no, señorita.

Es Nana. Toquemos su canción.

Están tocando tu canción.

Hace un año no la tocaba.

Me pregunto si no he merecido nada.

Pueblo de Paris. Prestad todo atención.

Se ha declarado la guerra entre Francia y Prusia.

¡La guerra! ¡La guerra!

¿Lo veis, qué os dije hace tiempo? Si tienen soldados, tendrán lucha.

Guerra.

- Me voy. - Acabamos de llegar.

He de ir a hablar con André.

Hay algo que debo averiguar pronto. Vosotras quedaros.

Debo irme.

¿Guerra? No sé lo que es una guerra. ¿Qué significa?

Significa que París se llenará de soldados.

Ninguno tendrá un céntimo pero tendremos que ser muy patriotas.

¡André!

¡André!

Lo siento, señor, la señorita no está en casa.

No me eche, ya lo veremos.

¿Quién es, por favor?

Oh, George.

¡Santo cielo, George!

Sí, Nana.

Soy George.

Pero ¿cómo? ¿por qué? Dime, ¿dónde has estado?

En Argelia. Mi tropa acaba de llegar.

Supe dónde vivías y vine a toda prisa. ¿Y bien?

Oh, cariño mío, mi amor, ¿por qué no me escribiste?

Me preguntaba qué excusa pondrías. Así que es esa.

¿Por qué no escribía?

- Sí, por qué no. - No me mientas. Nunca lo has hecho.

- Yo, deja que te cuente. Yo... - Contarme qué.

Contarme que me he pasado seis meses terribles esperando.

Esperando una única palabra tuya.

Yo no sabía cuánto te amaba. No lo supe hasta que me marché y tuve que esperar.

Esperar una sola palabra tuya. Una sola palabra.

Bien, vamos, di algo.

Dime, ¿quién te ha impedido escribirme?

¡Dime quién fue! - George,...

...por favor, por el amor que me tenías márchate ahora, esta noche.

¡Márchate! Ven mañana.

Deja que te hable. Oh, mi amor. Debe haber ocurrido algo. Yo te escribí.

¡Déjalo! No mientas más.

Podría matarte por lo que me has hecho.

Pero no lo haré porque... porque te quiero.

- Te quiero. - Oh, George.

Vayamos a cualquier parte, donde sea. Ahora mismo.

Deja que te cuente toda la verdad.

- ¿La verdad? - Sí, la verdad. Te la contaré.

Pero no aquí. Vámonos, por favor.

Lo que tú digas. Tú eres todo lo que tengo.

No me importa quién te haya apartado de mí...

porque no puede conservarte, ¿me oyes?. Eres mía.

Oh, sí, querido. Sí, sí.

Espera un momento. Mi chal. Nos vamos enseguida.

¡George!

¡André!

André. Eres un tipo persistente. ¿verdad André?

¿Cómo has podido enterarte de mi llegada tan rápidamente?

Esta vez no te va a servir de nada. No puedes volver a enviarme a Argelia.

Así que podría olvidar ese empeño en separarnos.

Vamos, no me mires así.

- Ya te había dicho que la amaba. - Un momento.

¿Dónde está Nana?

Está dentro.

Preparándose para salir conmigo a cualquier sitio.

- No se va a ir contigo a ninguna parte. - No uses más ese tono conmigo, André.

No volverás a meterte en mis asuntos nunca más.

No son tus asuntos.

Son mis asuntos.

¿Tus asuntos?

Mis asuntos.

¿Quieres decir que tú y Nana...?

Sí.

Estás en mi apartamento.

No, no es verdad, no me lo creo. No, Nana...

...di a este loco que miente. - ¡Cállate, imbécil! No la metas en esto.

Te estoy diciendo la verdad.

Y no me hagas que te lo pruebe. Te estoy diciendo la verdad.

Y ahora...

vete, por favor.

Y déjanos.

¿Irme y dejarte aquí?

Me enviaste lejos de aquí para poder hacerte con ella.

Eso es lo que querías.

Te voy a matar.

Aunque seas mi hermano te voy a atravesar con este sable.

Nana.

Nana, querida. Nana.

Un médico. Llámelo, rápido.

Nana, querida, ¿por qué lo has hecho?

No, no me abandones, por favor.

Pero me temo... que no me va a dar tiempo.

Escucha, George...

...es mejor, mucho mejor que me vaya.

Nunca pude hacerte feliz.

Nunca he hecho feliz a nadie, a nadie.

Ni siquiera a mí misma.

Ya ves, yo nací...

equivocada.

No, Nana, no. No digas eso.

Ahora puedo irme.

Y me alegro mucho de marcharme.

Me alegro... mucho.

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