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¿Me da fuego?
Sí.
¡Ay, qué amable!
Gracias, comandante.
A la orden.
¡Ay, qué tonto!
Ay, perdón. Casi le quemo la matrícula.
Le falta un botón.
Si quiere, se lo coso.
Para siempre, cariño. Lo hemos firmado. Hasta que la muerte nos separe.
Tan pronto.
Yo quiero morirme la primera.
No, tú el primero.
Yo quiero que tú vivas siempre.
Siempre. No, yo primero.
Bueno, los dos a la vez.
Me cago en la leche.
Que siempre nos tienen que tocar parejas de novios. Es verdad, hermana.
Hay que joderse.
¿Te gustaría que yo también hiciese la puta?
¿Te gustaría?
Ya
está
bien, niño.
¡Eliotoro!
¡Eliotoro! ¡Eliotoro!
¡Padre, niño!
¡Pero niño!
¡Quiero descarte quieto de una vez!
Que aproveche. ¿Gusta?
Gracias.
Eres de Arriondas, ¿no?
De Llovio, al lado de Riva de Sella.
Yo soy de Belén.
Una vez estuve con mi padre allí en la feria del ganado.
Yo voy a Madrid a casa de unos señores muy importantes, a criar a un recién
nacido. Tengo que coger el tren en Oviedo.
Yo también, voy a Francia a trabajar con un hermano mío.
En Gengas criaba yo dos mellizos y un padre de familia.
Pero como en Madrid me pagan lo mismo por un crío solo, pues decidí hacer la
maleta. Claro.
Bueno, yo voy a ver si duermo un poco, que luego la noche se hace muy larga.
Yo no sé qué me pasa, pero no puedo.
No.
Te duro.
Perdona, soy yo.
Es que verás, desde ayer no he dado el pecho y me encuentro muy mareada.
Como si me fuera a desmayar.
Y es que con la cantidad de leche que yo tengo, es como si llegaras un peso en
el corazón que te llenase todo el pecho.
Sí, no me extraña. Se nota a simple vista.
No puedes saberlo.
Pero solo con apretar un poco me sale como una fuente.
Pues hágalo.
Si se alivia...
Yo no miro. No, si podrías mirar. Estoy acostumbrada.
Pero no se consigue nada.
Así no sale lo que yo necesito.
No puedo aguantar más.
Creo que me voy a morir.
Me harías un gran favor.
No te importa.
Pero no sé si me acordaré.
Sí, sí, ven.
Ya me has descargado bastante. Ahora la otra.
Perdón.
¿Ustedes gustan?
¡Un intermitente bestia!
¡Checo! ¿Te gustaría que yo también hiciese la guarra? ¡Pero tápate!
¡Vamos, hombre!
Ya vale.
Esto me ha dado un respiro.
¡Qué abundancia!
¡Esto solo lo basturias!
Te lo agradezco mucho.
No, soy yo quien le da las gracias.
Desde esta mañana estaba solo con un bocadillo.
Hola, ¿tú eres encarna de la nodriza?
La misma.
Encantado, soy Pepe. Anda, sube al coche rápido, que los están esperando los
señores.
¿Lo ves?
Ella con Sócer como el obispo.
Y nosotras Zapata. Es verdad.
Hay que joderse.
¿Ves? Esta es Doña Cibeles. ¿Te gusta? Sí.
Y ahí al fondo tenemos la puerta de Alcalá.
Tiene tropecientos y pico años. Es antiquísima. La gente le llama la
puerta del coño.
¿Y por qué? Porque cuando la ven todos dicen, coño, qué puerta.
Qué grande.
Desde luego.
Las dos.
Y dime, Pepe, ¿son buenos los señores?
Así me gusta, que me tutees.
Es buena casa.
Y además de tu sueldo, don Agustín te da de vez en cuando una propinera, eso sí,
a escondidas de su mujer.
¿Y por qué?
¿Que por qué? Porque la señora es de bigotes. ¿Cómo será que en el barrio le
llaman la tejero?
¡Saparte, coño!
Lo que yo no sé es cómo el señor la aguanta. Y la tiene como a la reina de
Todos son detalles, regalos, caprichos. Y ahora, cuando tiene el primer hijo, va
y lo cría con nodriza. Para tener bien los pechos. Yo no sé para qué o para
quién. Claro que la nodriza es de toma, pan y moja.
Y digo yo que no querrá criarlo con pelargón, porque está todo tan
que... Aunque yo le dé la leche con las dos, madre no hay más que una.
Hombre, según.
Está la madre patria, la madre del cordero, la madre que viene padre.
Pero eso sí, la señora está buena lo que se dice cantidad.
La madre que la parió.
Mira, voy a darte un consejo.
Tú, ver, oír, callar y dar tenda.
Y al que Dios se la dé, San Pedro se la mantenga.
Y otra cosa, cuando necesites algo, me avises a la casa de enfrente, a la
pensión riojana.
La señora, que no quiere que viva en el piso.
Otra de sus manías.
Como si yo no estuviera al cabo de la calle de todo lo que pasa en la casa.
Buenos días, señorita Berta. Buenos días, Santiago.
¿Cómo está la Berta?
Tú primero, chata.
Gracias,
Santiago.
Aunque su esposo se
manifieste frío, mi querida amiga, usted no debe descuidar su elegancia, su
erotismo personal. Pero sin pasarse, no vuelva a repetir el estriptiz en la
cocina. el efecto volvería a ser negativo. Por lo que me dice, su marido
bastante tímido.
Ya ha llegado la nudriza del quinto.
¿Y qué tal?
¿Qué?
Pechugona, como todas.
Ay, qué madres.
Traer una vaca suiza para criar a un hijo, claro que la culpa es del
de su marido. No hables tan alto, Felisa, que te disparas.
Además, don Agustín es todo un señor.
¿Todo un señor qué?
No empecemos, ¿quieres?
Y como a todos los maridos que se la pegan con otro, el portero es el último
enterarse de lo que pasa en este inmueble.
De los Lozano estás feliz. De los Ponce, en ayunas. Y de ese apartamento...
Por cierto, ¿dónde está la niña?
¿Quién? Susanita. Te tengo dicho que no se le ocurra pisar ese antro.
Tuya es la culpa por hacerles la limpiada.
Además, esos chicos son como todos los estudiantes. Son unos degenerados.
Pero con mi hija ni un pelo de la ropa. Sobre todo el Miguelito.
¿Y sabes lo que anda diciendo de mí, ese desgraciado? Que soy una facha.
Y eso ni hablar, ni hablar.
Felicia, cuando no falas, estás mucho más guapa.
Claro, tú con tus crímenes tienes bastante.
Pero de lo que ocurre en esta casa no aciertas ni una. Y aquí va a haber mucha
sangre algún día. Ya lo verás.
¿Te has enterado de lo que hicieron esos buenos chicos el sábado pasado?
¿Eh?
¡Contesta! Que te conteste la estela, vicisesa de los cujones. Como ya te he
dicho en repetidas ocasiones, es más aconsejable tratarlo con cariño. ¿A ese
mulo?
Juana, usted se encargará de que Encarna se encuentre aquí como en su propia
casa. Pero nada de teléfono ni de televisión.
No me la malcrien.
Ah, y que coma todo lo que quiera. Es por la niña, ¿sabe?
Sí, señora, lo que usted diga.
Bueno, pueden retirarse. Sí, señora.
Y usted, Pepe, esté al tanto por si le llamamos. El señor necesitará el coche
esta tarde.
A sus órdenes.
No olvides nunca que en esta casa se guarda un gran respeto por el orden, la
moral y las buenas costumbres.
Y nada de coqueteos con el personal.
Como mande la señora.
Y ahora vamos a ver a la niña.
Ahí la tiene.
Qué guapa es.
Parece que tiene hambre. ¿Puedo, señora?
Claro, cuando quieras.
La verdad, no sé a quién habrá salido esta hija mía.
Hola, Susanita. ¿Pero qué te pasa?
¿Qué va a pasar? Lo de siempre. Mi madre está con la neura porque Miguel se ha
traído otra amiga para repasar los temas. Y se imagina lo peor. Y digo yo,
qué se meterá donde no la llama? Porque no está en el mundo. Miguel tiene un
problema entre manos y la chica viene a desarrollárselo. Lo natural.
Idiota.
Estudia matemática, guapa.
¿Que te vas a quedar para barrer desiertos? Si en el fondo no es como tu
¡Enanda!
Y cuando necesiten algo me llaman a mí, no a mi hija.
Ya lo saben. Y si organizan otro escándalo como el del sábado, es la
que les lavo la ropa y les hago el cuarto.
¿Pero por qué se pone así, Felisa?
Pues por decencia. Y porque ya estoy harta de las quejas de la comunidad.
Paso de comunidad. Yo no.
Tengo un... Una hija. Y no estoy dispuesta a que vea esos ejemplos.
Ni en Somoza y Gamuza.
Sodoma y Gomorra. Si no le importa.
Somoza, Gozorra o Gamuza o Gozurra o lo que sea. Vamos. Y sí me importa. Y
mucho.
Buenas. Y usted sepa que servidora de facha nada. Soy tan decente como la
primera. Desde luego. Católica, apostólica y menopáusica. ¿Cómo? No diga
blasfemias. Y usted vístase. Perdone, Felisa.
¿Pero con usted delante? Usted está engatusando a mi hija. Y mi Susanita no
una de esas periquitas que traen ustedes a sus orgias.
¿Orgias? Toma, me da la gana. Ay, por favor, déjenlo ya. Si no hay quien
estudie. Y tengo una cantidad de costura pendiente.
Si una hablara.
De nosotros, hable, hable. Miguel, dile que hable. Yo estoy librado. Está usted
muy equivocada, Felisa. Entre nosotros, nada de nada.
¡Miguel, no te entretengas!
Bueno, pues a pesar de esa mierda, no consiento que mi hija venga al
apartamento. Ya lo saben.
Bueno, eso de que no se nota la diferencia, vamos a dejarlo.
Ahora bien, tiene otro nariz.
Pero se ve a la lengua que es una nariz operada.
No sé, chica, lo que hace más grotesco.
¡Tengo que hacer una llamada pura!
¡Ya voy!
Chao, guapa. Agustín no me deja ni respirar. Oye, no comentes nada de esto
Vicky, ¿eh?
Te llamo. Adiós, bonita.
Ni que tuvieras que avisar a los bomberos, hijo. ¡Casi!
¿Has visto qué maravilla?
Así yo me puedo dedicar al club, a la casa, a la peluquería, a todo.
No se preocupe, señora.
Que la niña está en buenas manos.
Buenas tetas, gracias a Dios.
¿A quién llamas?
A Cesario.
¿A Cesario?
¿Para eso no te hacía falta el teléfono? ¿Con asomarte a la ventana del patio?
Ya estará en su galería.
¿Se puede saber de qué te ríes?
De la cara que va a poner nuestro querido copropietario cuando me escuche
lectura de cierto documento.
Se le van a poner los cuernos de gallina.
Dígame.
Hola, Agustín, ¿en qué puedo servirte? ¿Un Goya, un Picasso, un diputado del
PSOE, un terrorista? ¿Qué necesitas, eh?
Oye, no me asuste que tengo alta la tensión.
¿Tan secreto es?
Bueno, bueno, como a ti te parezca.
Ah, ya, sí, iremos a tu despacho.
Oye, ¿por qué no hacemos una cosa? ¿Por qué no vamos esta noche a cenar los
cuatro a Vanity?
Así charlamos y de paso celebramos la llegada de la nodriza.
Me lo ha dicho Hortensia.
¿Te parece bien a las nueve?
Sí. Bueno, nos recogéis al bajar, ¿eh?
Sí.
Cuidado al bajar, no te haces el castañazo. No, no, perdona.
Bueno,
hasta luego. Un abrazo.
Y aquella señora que le decía al marido, el vecino siempre que vuelve del
trabajo besa a su esposa. ¿Por qué no haces tú lo mismo? Y el marido contesta,
mujer, porque yo no tengo confianza con ella.
Y aquellos dos cornudos que están solos en una isla.
Que vergüenza.
¿Sabes qué chiste les iba a contar?
¿Cuál? El de los cornudos que estaban solos en la isla y se quedan en pelotas.
¡Qué vergüenza!
Viene uno aquí a estar tranquila y tiene que oír estas ordinarietes.
Hay que joderse.
Ridentem dicele verum.
Los que ríen dicen la verdad.
Eso, en gallego. A los sucedistas nos va el gallego.
A mi casa no quiero que vengas. Siempre me follas, nunca me preñas. Es que no
sabes, es que no puedes. Por favor, Cesario. No seas vulgar.
Ay, mujer, déjalo.
Con un marido así te lo tienes que pasar bomba.
Sí, es como casarse con el tubo de la risa.
¡Dios! A mi tubo le llamo el tubo de la risa.
Eres un tesoro, mamá.
Bueno, y ahora hablando en serio.
¿Cuándo vamos a ir a tu despacho?
Mañana, si os parece.
De acuerdo, pero... Hasta mañana podéis adelantaros un tráiler, ¿no? Sí, hijo,
es que no sueltas prenda, ¿eh?
Es algo relacionado con la muerte de Pablo Díaz, ¿no?
Caliente, caliente.
Pero que muy caliente.
Pues no, ni eso.
Me escoñé.
¿Pero qué se ocurre?
Agustín.
No ha sido nada.
Un día suspendo.
Y yo también.
Pura.
Podríamos rematar la noche.
Tú lo que quieres es rematarme a mí, ¿no?
¿Otra tripa?
¿Y tú tan tranquilo?
Es la única manera de sentirte mía. Ni que fuese del vecino.
No me dejes con las ganas puras.
Pero, ¿sabes qué hora es?
Tienes que levantarte a las ocho.
Si es que no tengo sueño.
Pues cuento ovejitas.
¿Ovejitas? O cabritos.
Buenas noches.
Buenas noches.
Uno, dos, tres, cuatro... Y bajito, que no me dejas dormir.
Oye, y Agustín, ¿qué misterio se trae? ¿Sabes tú algo?
No, ¿por qué?
Mientras bailabais, ¿no te dijo nada?
No.
Por muy amigos que seamos, no se puede jugar con un testamento.
Desde luego.
En fin, lo que sea sonará.
Yo voy a dormir.
Buenas noches.
Buenas noches.
¿Qué hay, Santi? ¿Alguna novedad?
Aquí, de faena.
Hola, Susanita, ¿qué tal?
Aquí, leyendo el caso.
Hola, Susi.
Santiago,
le presento a mi compañera Paki, de Biológicas.
Este es Pepe, un amigo, aunque sea del Atleti.
Hola. Así que eres Paki, de Biológicas. Pues yo soy el violador.
¿Verdad?
¿Has oído, Santi?
Es Paki, de Biológicas.
Chico, yo estoy ciego, este tío es maricón.
No, si va a tener razón la parienta cuando dice que aquí pasan cosas muy
Claro, claro.
¡Pero qué carrozas sois!
Esto es lo que manda el médico para los días de fiesta.
Oye, Majo, ¿y a mí para qué me tienes? ¿Para sostener la vela? Paso de vela.
¿Qué tal Encarna? ¿Está contenta en la casa?
Mucho. ¿Se lleva bien con el personal?
Con todos, es muy legal.
Contigo ya lo he notado.
Pues sí señor, modestia aparte.
¿Y con la señora?
Fenómeno, es una chica estupenda. Quiero decir que tiene mucha correa.
Usted ya me entiende.
Pechugona y tal, aguanta lo que le eche. Bien, con la señora muy bien.
Eres un caso.
Pero con la que se lleva mejor es con la cría. Y la cría con ella.
Se pone morada de mamar.
Yo, con perdón, don Agustín, es que cada vez que las veo se me hace la boca
agua. Sí, sí, que pasen.
Háganme una copia simple, Luis.
Eso yo, don Agustín.
Caramba, cuánto bueno por aquí.
Hola, ¿qué tal?
Hola, empresario.
Sentaos, por favor. Gracias.
Bueno, más o menos ya sabéis de lo que se trata.
He ido demorando el trámite por estar verificando escrituras, contratos y
pertenencias.
Buen tipo de arredondo.
Sí. Llegó a conseguir una gran fortuna a base de talento tesón y sin pertenecer
a UCD. Sí, era todo un caballero y un gran amigo.
Hortense y yo lo hemos comentado muchas veces. Seguro que se acordará de
nosotros, ¿verdad?
Seguro, se acordará. En Madrid, a 7 de marzo de 1982,
ante mí, Agustín Pingarrón Hernández.
notario de esta capital y en presencia de los testigos o mitideros por menores
legales, si os parece, y vamos al grano que es lo que interesa, digo yo.
¿De acuerdo?
Sí. Doy fe de que don Pablo Díaz Redondo, soltero, ordena este primer
en las siguientes cláusulas.
Primera, que constituye heredera universal de todos sus bienes, derechos
acciones, a doña Hortensia Corante suceda...
Señora de Ponce, bienes compuestos por acciones de bolsa por un valor de 32
millones de pesetas y bienes raíces por un valor de unos 75 millones de pesetas.
Segunda, que este legado constituye la demostración de un consagrado,
profundo y respetuoso afecto.
Así lo dijo el testador ante los testigos arriba citados, siendo las 16
este día.
Bien entendido que Hortensia no puede aceptar este legado junto con
Sí, sí, por supuesto.
No es necesario que os decidáis ahora mismo.
Podéis hacerlo mañana, si os parece.
No es mala idea.
¿Qué dices tú, Hortensia?
No sé, como queráis.
Pues mañana os espero a esta misma hora.
Bien.
Enhorabuena, pareja.
Gracias, gracias por todo. Enhorabuena, tío. Hasta mañana.
Adiós. ¿Cómo te vas a poner?
Pobre muchacho.
Las cosas que hay que ver.
Pase.
Un telegrama, don Agustín. Acaba de llegar.
No se me va de la cabeza.
La vida te pega de la cabeza.
Vigile a su esposa.
Stop.
Lamento no poder identificarme.
Stop.
Vigile a su esposa.
Sí, lo sabía yo.
Además de cornudo, ha paleado. Ha paleado con millones, pero ha paleado.
qué dices? No te hagas la ingenua.
No te permito ni que lo piense, Cesario. Me estás ofendiendo. ¡Una mierda! El
ofendido soy yo.
Nadie deja la fortuna a la mujer de un amigo sin que le salgan.
Estás loco.
Y haz el favor de no gritar, Maurte la muchacha. Se va a enterar de todas
formas. ¿Es que no se ven ya?
Pues que no me van a crecer hasta que le eres.
Suponíamos que nos dejaría algo. Que nos dejaría algo a los dos. Pero no a ti,
solo a ti.
¿Y qué tiene de particular?
No me cabré, Hortensia.
¿Te imaginas el cachondeo que se armará en todas partes cuando se enteren? ¿Es
que no tiene sentido del ridículo?
No podemos aceptar ese dinero.
Pues entonces no esperes a mañana.
Llama a Agustín y díselo. ¡Sí!
Y le digo también que tal y como había supuesto, mi mujer me la estaba pegando
con Pablo Díaz.
A lo mejor hasta lo sabía.
Tenía una risita que ya, ya.
¿Tanto te fastidia que haya podido traicionarte?
¡No permito que se me trate de cornudo!
Aunque lo sea.
Y menos con aquel esperpento. Hasta ahí podíamos llegar.
Faltaría más con aquel adefesio.
Ya.
Se trata de un problema de estética.
Yo, en cambio, no puedo quejarme.
Porque todas tus historias han sido con chicas preciosas. No, no te pongas en
plan de víctima. No se trata de mis historias. Se trata de la tuya con
Eso es un insulto.
Yo sospechaba, como sospechabas tú, aunque te importaba muy poco, que Pablo
estaba enamorado de mí.
Pero óyelo bien.
Nunca ha sido suya.
Nunca.
¿Es que soy un imbécil?
Te comportas como si lo fueras.
¿Quieres explicarme entonces por qué coño te deja toda su fortuna? Eso no es
normal.
Todo el mundo sabe que era nuestro mejor amigo.
En realidad, solo nos tenía a nosotros.
Pasábamos juntos los fines de semana.
Venía con frecuencia a comer a casa.
Y al hacer el testamento, no sé, quizá por galantería, lo puso a mi nombre.
Es un detalle.
Nada más.
Porque el dinero es tanto tuyo como mío. Son bienes gananciales.
Gananciales, claro.
Claro. De todas formas, nadie lo creerá. Nadie. No podemos aceptarlo. Bueno,
pues no lo aceptamos.
Hasta después de muerto ha querido seguir humillándome.
Si al menos hubiera un medio de evitar suspicacias.
Es que tiene tela la cosa.
No sé.
Si la mitad fuese mío, el problema sería solo de forma.
Podríamos decir que hemos heredado la mitad cada uno. En ese punto Agustín
podría ser discreto.
Lo que tú quieras.
De otra forma, la verdad, Hortensia, me parecería algo indigno.
Me parece muy bien.
Posiblemente Pablo no reflexionó, no pensó en las consecuencias. Y como
tú muy bien, los regalos te los hacía a ti.
Perdóname, Hortensia, por haber ido demasiado lejos.
Te he ofendido tontamente.
Te quiero tanto.
Voy a llamar a la notaría.
¿Vas a salir esta tarde?
Sí.
¿Por qué?
No, por nada.
Por si necesitas el coche para decírselo a Pepe.
Déjalo, prefiero el mío.
Pues ten cuidado donde aparcas.
¿Por qué? No nada, por si se lo lleva la grúa.
Pero qué tonterías dices.
Sí, sí, tontería. No estás tú buena.
Maruja, ven a mi cuarto que tengo que cambiarme.
Y tú no le des tantas confianzas.
¿Cómo dice, señora?
Hay chofer.
Tiene las manos muy largas y se cree que todo el monte es orégano.
Como mande la señora.
Diga.
No, no, señor, se ha confundido.
Esto no es la ganadería de Domé.
No te digo, la ganadería de...
¡Oiga, hijo de perra!
Siento tener que confirmárselo.
Porra, le engaño.
No, Agustín.
¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No!
¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No!
¡No! ¡No!
¡No!
¡Qué educación, Dios mío! ¡Hay que joderte!
Buenas tardes, don Agustín. Hola, Santiago. ¿Ha visto usted qué cantidad
vicio? Mucho vicio hay en el mundo. Y la culpa de todo esto la tienen las
mujeres.
Buenas tardes, señorita. Buenas tardes.
Buenas tardes.
Buenas tardes.
Buenas tardes, don Agustín.
Acabo de dar de mamar a la niña.
Como en mi día libre, había pensado salir a dar un paseo. Y yo, como no
Madrid, voy a enseñarle los monumentos.
Volveré pronto, pero si la niña se despierta, Maruja sabe lo que tiene que
hacer. Vayan, vayan y diviértanse.
Adiós, señor.
Buenas tardes, don Agustín. Buenas tardes.
¿Está la señora?
Sí.
Dígale que quiero verla. Un momento, don Agustín.
¿Mucho hielo?
Sí, hasta arriba.
Lo necesito.
Creo que tengo fiebre.
Hace un calor tremendo, ¿verdad?
Pero si está helando.
¿Ah, sí?
Bueno, aquí donde me ves, el alumno aventajado de la clase, el abogado que
comía el mundo, el notario de brillante porvenir, no sabe por dónde empezar.
Lo cierto es que nunca ha servido para hablar de ciertas cosas.
De mujeres, por ejemplo.
Creo que siempre he sido un estúpido, un tímido.
Necesito, necesito hablarte.
A muchas mujeres.
No es precisamente la audacia lo que más nos gusta de los hombres.
Hay otras cosas que apreciamos más.
La ternura, por ejemplo.
Algo que cada vez abunda menos.
Hortensia, me creo en la obligación de decirte... Espera.
Debo aclararte algo.
Con la lectura del testamento de Pablo, podría pensarse que yo he sido su
amante. Sí, es lógico.
Pues yo... No, si no me importa.
Pero no vayas a pensar que a Cesario le molesta esa sospecha. No, que va.
Lo único que le mortifica son los comentarios que puedan hacerse sobre él.
Cesario piensa que entre Pablo y yo... Y no, nunca hubo nada.
Si acaso eso tan cursi que llamamos un amor imposible.
Hortensia, perdóname si te hago daño, pero tengo que decírtelo.
Y no sé si lo hago llevado por un afán de venganza o tal vez...
gran afecto que siempre he sentido por ti.
Hortensia. ¿Qué?
En estos momentos tu marido y mi mujer están acostados juntos en un apartamento
de la calle Goya.
Lo sé.
¿Eh? Va muy a menudo.
¿Cómo? Mi marido, y tú lo sabes, siempre me ha engañado con una u otra.
Nuestro matrimonio ha sido un fracaso.
Yo creo que desde antes de casarnos.
Yo venía sospechando de sus relaciones con Pura.
Así que me decidí a espiarles, con la mayor discreción, claro.
Y cuando me cercioré de que todo era cierto, te envía el primer anónimo.
Ahora eres tú quien debe perdonarme.
Sí, cuéntamelo todo.
No me lo puedo creer. No me juzgues mal.
Pensé que, dadas las circunstancias, tu profesión, nuestra amistad...
¿Me ayudarías a resolver nuestro problema?
Eso no es tan fácil, Hortensia. Aunque, por supuesto, puedes contar conmigo para
todo.
¿Quieres divorciarte?
Sí. No soporto más.
No sé.
Ahora, después de heredar la fortuna de Pablo, parecería como si... No, eso es
lo de menos.
Que se quede él con todo.
¿Estás loca? ¿Por qué vamos a prescindir de ese dinero?
Bueno, quiero decir, por... ¿Por qué vas a prescindir de ese dinero que es tuyo?
Y tuyo.
Si lo aceptas.
Lo importante es conseguir el divorcio. Tú tienes mucho talento para
conseguirlo. Y ya, una vez divorciada... Y una vez divorciada...
Hortensia... He de confesarte que... Lo que yo
daría por comenzar de cero...
Cómo te quiero, Hortensia.
Cómo... Coño, qué modal es.
Hay que buscar una solución, Agustín.
Tiene que haber una solución.
Creo que la tengo.
¿Cuál? No sé.
Déjame que medite. ¿Qué vas a meditar, Hortensia?
No me atrevo a pedirte algo.
Pídemelo. Estoy pensando...
Que hasta que podamos unirnos, podríamos.
Podríamos. Pero aquí no me atrevo, Agustín, aquí no.
Tienes razón.
¿Dónde, amor mío? No sé, a otro sitio más tranquilo.
¿Más tranquilo?
Vamos, aunque sea a la casa de campo.
Esos son chismes de criado.
¿Cuándo el río suena?
¿Dónde irías?
Doña Pura está como un tren. Y es lógico y natural que llame la atención.
¿Y yo qué soy, eh? ¿Un mercancías?
Déjame dormir, ¿quieres?
Es para lo único que sirves, para dormir.
Y además roncando, que no me dejas pegar ojo.
Felicia, con dos que bien se quieran, con uno que duerma basta.
¿El qué?
¿No has oído?
Alguien anda por ahí, en el tercero. ¿En el tercero?
¿Quién te anda en el trasero? En el trasero no. En el trastero. No, oyes.
ser ladrones.
El barrio está lleno de melenudos, de pasotas, de esos.
Esos no se dedican a robar. Lo suyo es hacer el amor.
A ver si aprendes.
Está bien.
Voy a echar un vistazo.
Enseguida se le espabilan las pajarillas.
Mira.
Pero tú has visto.
Este
Pepe
tendrá poca vergüenza. ¿Poca? Ya quisieras tú, ignorante.
Anda, sal y échalos de ahí. No podemos consentirlo.
No, aquí no.
Sí, tonta, aquí sí.
Luego se lo consultas a Estela Piscis.
Verás cómo ella está de acuerdo.
Sí, pero ¿qué te pasa hoy, Santiago?
Te has hecho un bólido.
Desde que recibí su llamada he estado estudiando el asunto. Y estoy seguro de
que es fácil realizar su plan.
A partir de este momento, y si todo sale bien, ya puede sentirse libre.
¿Tan fácil lo ve?
Sí. Sí sigue mis instrucciones.
Ha traído las fotografías que le pedí.
¿Cuál es la dirección de los apartamentos?
Nido. En la calle Goya.
¿Averiguó qué perfume usa ella?
Usa varios.
Pero casi siempre Nina Ricci.
Bien. Es suficiente por ahora.
¿Cuánto tiempo cree que necesitará?
A lo sumo una semana.
En unos días quedará resuelto su asunto.
Muchas gracias.
Adiós. Adiós.
Marga. Margarona mía.
Robertín.
Dame el cornetín.
Ese es el instrumento que a mí más me enloquece. Es verdad, don Federico. Pero
si usted quiere, le puedo tocar la pandereta.
Joven, la pandereta se la va usted a tocar a su padre. Señor. A mí no tiene
usted por qué hacerme calantoñas. Eso a Margarita.
Si es que no viene usted aquí solo por la merienda o en busca de mi fortuna.
Señor, descanse.
Margarita y yo nos mamamos. ¿Eh?
Quiero decir que amo a Margarita y la respeto como a un capitán de coraceros.
me casaría con ella aunque su dote no llegase ni para un chocolate con porras.
Toda la vida estudiando hasta Mislansky su taller de teatro para terminar
haciendo estos bodrios. Has estado genial, Rosa. No te desanimes.
Sí, que se lo pregunten al borracho de la primera fila.
¿Estorbo? Hola, Canales.
Vengo a contrataros y tenéis fechas libres.
Bueno, tenemos que decidirnos por un guión que no nos convence mucho.
Una serie de la RAI en Roma.
Y otra serie de dramáticos para televisión española, pero podemos
¿verdad? ¿Con destape o sin destape?
Todo.
¿Entonces no? Sí, hecho.
Pásalos mañana por el oficina.
Ok. Chao.
Oye, estoy hasta el moño del destelote.
Si mi madre me viera. ¿Ella qué cree, que estoy en el María Guerrero?
¿Y tú tan fresco? Tenemos que ir a comer, cariño.
Todavía no estamos nominados para el Oscar.
Pero con tu talento y mi expresión corporal... No me digas. Estoy hasta
enseñar el talento.
¿Y crees que yo no las paso canutas cuando te veo en pelotas delante del
personal?
No te pago.
Oye, ¿quién te ha enseñado eso?
Tú.
Utiliza este juego a la ganzúa pequeña.
Y prepara el monstruo. De acuerdo.
¿Quieres el modelo que usé en casa de los Rebolledos? Eso es.
Exactamente. Y tú, Rosa, pon en marcha tu talento, pero sin pasarte.
Y tenme informado continuamente, ¿de acuerdo?
Sí, sí, descuida.
Nina, Richie.
Perfecto. Cenaré con ellos y luego tendré que llevarlos a un tablaflamenco.
milón no se vende todos los días.
Volveré temprano, a las dos o las tres, todo lo más. Chao.
Adiós.
Después de cenar me llevarás a la discoteca, Pacha.
Lo siento, pero esta noche no puedo llevarte a ninguna parte.
¿No irás a contarme a mí el cuento ese del cuadro que ni siquiera has vendido?
Tengo que resolver un asunto importante.
Eso es todo.
No acaba de dormir, está durmiendo.
Es una locura que nos veamos aquí.
Esto es una violación demorada. No puedo ni imaginar que pueda sorprendernos tu
marido.
¿Crees que soy tonta?
Acabo de llamarle a Barcelona y me ha dicho que no regresa hasta mañana.
¿Y el servicio?
A las chicas les he dado dos días libres para que vayan a la boda de una hermana
a su pueblo.
Y un carna duerme como un ceporro.
No sé, me encuentro más tranquilo en el apartamento.
Pero si tenemos toda la noche para nosotros.
No.
Ya desnude.
¡Gracias!
Esta estúpida de encarna.
Mira que le dije que se llevara a la niña a su habitación.
¿Y qué más da? Te quiero, te deseo.
No, no, espera.
Va a despertarse la chica.
La cogeré un momento y se callará enseguida.
Voy a cortar.
Cesario. Mi amor.
¡Eso no hay quien lo aguante! ¡Así no hay quien responda!
Caballa, cállate.
Si quieres que volvamos a vernos, te espero mañana a las cinco en mi
apartamento.
Buenas tardes.
Sí. Sí.
Ya me he equivocado de piso, perdón.
¿El señor Ponce? Sí. Soy la nueva sirvienta, para servirle.
La señora está en la sala.
¿Le ocurre algo, señor?
No, no, nada.
Huele este muy bien. Gracias.
Hola, querida. Hola.
Oye, ¿quieres decirme qué ha ocurrido?
No sé.
Ya te lo decía.
Isabel estaba en un plan insoportable.
Así que esta mañana me ha dicho que o le subíamos tres mil pesetas o se iba a
una casa donde le pagan más.
Yo le he dicho que por lo menos esperase a que vinieras. ¿Que te lo dijera a ti?
Nada.
Así que he cogido las páginas amarillas, he llamado a una agencia y me ha
mandado a Rosa. Solo en plan de prueba.
¿Y qué tal?
No sé.
La verdad es que yo la encuentro...
Un poco demasiado sexy, ¿no crees?
No me he fijado, ¿qué más da?
Señora, ¿puedo ir preparando la cena?
Sí, Rosa, vete preparándola.
¿Esta noche?
No, mi vida, no creo que debiéramos vernos esta noche.
Lo siento tanto como tú, pero tenemos que hacer bien las cosas.
Pronto estaremos juntos.
Buenas noches, mi vida.
¿Qué haces? ¿Admirando el paisaje?
Estaba tomando un poco el aire. Pues a ver si te resfrías.
Toma y convuelta que son prestados. Un tratado sobre el hielo que te hace mucha
falta. ¿Y las cruzadas? ¿Y a mí qué coño me importan las cruzadas?
¿Esperabas que te trajes el libro rojo del cole?
Tu madre. La tuya, guapo.
Escóndete debajo de la cama.
Escóndete, que nos monta el número.
Tranquilo, mamá, estas horas está con la tele.
Tranquilo, cuando la vea muerta. ¡Qué horror!
¿Esos ingleses? ¿Qué pasa?
¿Cleer Richard y el batería de su conjunto se han vuelto a casar? ¡No!
Déjame que te toque la batería, cariño. Mira cómo se te ocurra tocarme. De
hecho, a mi madre, que yo no soy la paquita esa. Mira que sí, hermana.
al huerto a implorar por los pecadores.
Capítulo sexto.
Ricardo Corazón de León.
Se despelota y enseña los pechos. ¡Oh, el cruzado mágico! ¡Qué ilusión!
Creo que lo tengo en el bote. Vaya.
Oh, perdonen, no quería molestarla.
Quiero decir que se advierte enseguida que su marido es muy fácil.
Por supuesto.
En fin, permítame.
Eso facilitará mucho mi trabajo.
Si quieres salgo de la calle, Rosa también va a salir en cuanto recoja. Es
primer día libre.
¿A dónde vas?
Con Maite.
¿Maite? Maite Blanco. Me ha pedido que la acompañe a Galerías. Ah, ya, no, no
quiero nada.
Voy a descansar un poco y luego iré al club a jugar una partida.
Hasta luego.
Chao. Chao.
Señorito.
Sí.
Señorito. Sí.
Quería decirle que como salgo esta tarde me voy a duchar.
Se lo digo por si suena el teléfono.
¿Desea alguna cosa el señor?
No, gracias.
Rosa. Rosa, ¿me oyes?
Leo, algo mal.
La puerta está abierta.
Perdone que le moleste, pero es que he ido a prepararme el té y no sé dónde
está. Perdone, no lo oigo bien. El té, que no sé dónde está.
Pues no sé cómo explicarle. En un momento es lo que se lo preparo.
Qué estúpida soy.
Gracias.
La culpa es mía por haberte sacado de la ducha.
Su té.
Gracias, Rosa.
Oye, ¿tienes algún compromiso esta tarde? Lo digo porque si quieres podemos
una vuelta por ahí.
O si quieres podemos dar una vuelta por ahí. Lo siento.
He quedado con mi novio.
Bueno, con un chico que sale conmigo.
Otro día.
El miércoles me ha dicho la señora que no estará en casa. Se va a ver a unos
parientes. Entonces, ¿el miércoles?
Si no le importa, ahora perdóneme.
¡Parece té de garrafa!
No creo que sospeche nada, pero la encuentro un poco rara.
Tienes que saber disimular, Agustín.
No te pongas nervioso.
No estoy nervioso, estoy tranquilo.
El miércoles libre.
Si falla, esta vez recurriré al arsénico.
Para ellos, por supuesto.
Sí, señor Canales.
Todo en orden. No he olvidado nada.
Descuide.
Lo va a escropear más de lo que está.
¿Le resultará?
Todo irá como un reloj. Pues anda, que no hemos puesto pocos rifos en la
agencia. A propósito, compruebe su reloj. ¿Qué hora tiene?
Las dos y veinticinco.
Recuerde que debe salir de casa a las cuatro y media. Las cuatro y media.
No sé.
Todo esto me parece un poco diabólico.
Estoy aturdida. No tenga miedo. Todo irá perfectamente.
Ella ya habrá recibido el mensaje.
Confía en nuestra agencia.
Somos infalibles.
Para ese rifo habrá que avisar al fontanero.
Esto mi portero lo arregla divinamente.
El señor Ponce, por favor. El señor no está. ¿Quién le llama?
De la galería de arte.
El señor salió. Dijo que no volvería hasta la noche.
Ni ideas.
¿Qué hay para comer?
Estofado, señor.
¿Y de segundo?
Lo que quiera el señor.
Pues quiero pechuga.
¿Quién se va a comer estas pechuguitas?
Te recuerdo que hoy es miércoles.
Debe ser algo de las tierras de Córdoba, por lo que me dijo mamá.
Iré a buscarles a la estación y luego les llevaré a casa de mi hermano.
¿Vais a tardar mucho?
Merendaremos juntos.
Creo que estaré de vuelta a las nueve.
Te lo digo por si te apetece que vayamos a un cine, como nunca salimos.
¿Al cine?
Ah, sí, sí, claro.
¿Y cuándo te vas?
¿Cómo? Quiero decir que si vas a descansar antes o... No.
En cuanto termine me voy.
Hasta luego.
Rosa, no se olvide de poner a hervir las espinacas.
Y los huevos, ya sabe. Lo que dure un grado.
Tranquila, mujer.
Estarán en su punto.
Hasta luego. Adiós.
Elisa, buenas tardes. ¿Está Santiago?
No, ha salido. Ha ido a buscar el caso, pero vuelve enseguida.
Creo que esta semana.
Trae un crimen tremendo. Vaya.
Verá usted.
Es que tenemos un grifo averiado. Y como los fontaneros cobran un riñón.
A ver si puede subir Santiago antes de que tengamos una inundación.
Vale, vale. Bueno, adiós, gracias. Adiós.
¿Qué te pasó?
Nada.
Pero mujer, ¿qué más da tu cama que la mía? No es lo mismo.
A mí me gustan las cosas grandes.
Además, no me merezco yo ese caprichito.
Como quieras.
Mamá. Hija.
Hola.
Hola, hermanita. Hola. ¿Qué tal estás?
Mucho gusto. Encantada.
Alfonso.
Alfonso. ¿Qué pasa? Tu hija. Hola, hija. Hola, papá. Ay, qué buena es.
Pero qué leche pasa, Hortensia.
Verás, papá.
Luego os contaré. Bien. ¿Te duele la cabeza?
No, mamá. No. ¿Pero qué te pasa, hija? Estás sofocada. ¿Qué no? Se cobre, coño.
Cuatrocientas setenta y cinco. ¿Qué?
¿Cojones con la democracia?
Cuatrocientas setenta y cinco.
¡Qué escándalo! ¿Has oído lo que ha dicho?
¡Qué corte!
¡Está todo lleno de fascistas! ¡Sí, hermana, como en el treinta y seis!
¡Ay, te jodés! Bueno, no os preocupéis, os invito yo. ¡No te jodés ni que fuera
caviar! ¡Es que tienen música ambiental!
¡Un bocata de chorizo! ¡Y a mí un whisky!
Buenas tardes. Ten que ver.
Sí.
Apagó la luz.
¿Pero qué dice?
Eso nunca.
Es como hacer el amor en un túnel.
Qué horror.
Tienes razón.
Prefiero tu túnel. Dame tu túnelcito. Y tus pechuguitas me lo has prometido.
Se lo daré todo.
Todo, todo.
Pero
qué
lento es usted, señorito.
Santi, que subas. Que a doña Hortensia se le ha roto un grifo. ¿Que se le ha
roto un grifo?
Pues que llama al ginecólogo.
Bestia, que se le ha roto un grifo de la cocina.
Ah, eso es distinto.
Debe ser cosa de la zapata.
Con un poco de estopa y unos alicates arreglados. ¿Qué?
¡Qué buen!
¿Y la niña? Con la pinta y la Santa María.
¿Pero qué dices?
Con los maricas esos.
Y baja el sonoro, Felicia, que no te aclaras.
Voy por las herramientas.
Señorito, tenemos visita. ¡Ay!
¡Adultero! ¡Sopendón! ¡Pobre hija mía!
¡Jorra! ¡Golfo! ¡Eso es lo que te enseñan en la UCB!
¡Estáis destruyendo la patria! ¡Pero qué adulterio tan cabrón! ¡Te voy a cortar
la pilula! ¡Sí, sí! ¡Córtese!
¡Ya,
Grefo, hay que arreglar aquí!
¡Ese!
Amor. Pero es posible que duermas tanto.
Gracias por ver el video.
Es para ti, una señorita.
Dígame. Ah, es mi secretaria. ¿Oh, sí?
Pues tiene una voz de golfa que no se aguanta.
¿Qué hay, don Agustín?
Ya lo ves, de mudanza.
¿Qué hay, Santiago?
Buenas.
¡Aborrido!
¿Pero qué he hecho yo, Dios mío?
¡Los he visto!
¡Los he visto!
¡Yo esto los mato!
¡Ay!
¡Yo no me merezco este castigo! ¡Mi hija! ¡Mi hija! ¡Y con los dos!
¡Pero señora! ¡Es como si fuéramos uno solo! ¡No, señora!
¡Que no pasa nada! ¡Que ahora las cosas son así! ¡Hay que antiguo, por Dios!
¡Pero si usted quiere nos casamos los tres y luego nos divorciamos!
Antipático.
¡Qué alegría, hermana!
Volver a la vida del convento.
Lejos de ese Madrid donde no hay más que sexo, bingos y contaminación.
Tienes razón, Gracita.
¡Ay!
¡Ay, qué joderse!
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