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Original subtitles

UNA GRAN SEÑORA

Conocer a Hannah Hoyt, prototipo de compañera...

...del gran hombre, no sería muy importante...

...si sólo hubiera una como ella.

Pero por suerte, el milagro de que existan...

...se produce una y otra vez, de generación en generación...

...entre las mujeres norteamericanas.

No sólo a la sombra de los grandes hombres...

...sino junto a los hombres corrientes.

Dentro de lo posible, siempre estará ayudando...

...señalando el camino a seguir y alentando...

...a su compañero para que logre el éxito.

Durante treinta y cinco años se ha sentado a diario ahí abajo...

...en esa maldita mecedora. Justo debajo de mis narices.

Hannah Hoyt o Hannah Sempler, o como se llame.

Meciéndose, sonriendo y guardando para sí la verdad sobre Ethan Hoyt.

Y precisamente hoy, el día de Ethan Hoyt...

...el día en que inauguran su estatua en la plaza...

...tiene que esconderse en casa...

...para fingir que no ve la diferencia con los demás días.

¿Qué hay? ¿Periodistas del Eastern?

¿En la plaza?

Llama a los sabuesos.

¿Quién vigila la parte de atrás de la casa?

- Burns. - Que se vaya a la plaza.

Esos periodistas del Eastern traman algo.

Diga. Sí. No.

No. Ni rastro.

Y que lo digas. Ahora mismo.

- ¿Quién vigila la entrada? - Pierce.

Que no pierda a esos periodistas de vista.

Apuesto a que la vieja va a hablar.

Diga.

¡Carga de profundidad! Sí, aquí Pierce.

Sí, llevo toda la mañana vigilando. No, sólo unas cervezas.

Estoy llegando.

Todo despejado.

Es por tanto, amigos míos, muy adecuado...

...celebrar el aniversario de un gran norteamericano.

El hombre que fundó nuestra gran ciudad.

Que de forma altruista ocupó un escaño en el Congreso.

Un hombre que murió aquí...

...sin una mancha en la brillante armadura de sus ideales.

Ése es Froman, de la A.P., al lado de Forbes.

Y ahí Paula Wales, de Washington.

El otro es Quentin, del New York Times.

Esos no están aquí por nada. El jefe tenía razón. Por fin hablará.

Un hombre que dedicó los últimos treinta años...

...de su brillante vida a una altruista lucha por los débiles...

...y contra los poderosos.

Incluso a expensas de su fortuna personal.

Amigos míos, aquí tenéis a un gran hombre.

Un gran norteamericano.

El senador Ethan Hoyt.

- Hannah Sempler. - A casa de la señorita Sempler.

- A casa de la Sempler. - A casa de Sempler.

- Sígales. - ¡Esperadme!

- Éste taxi es mío. - Sea buena, compártalo.

- ¿A dónde va? - A casa de la señora Sempler.

Choque esos cinco. El mundo entero va allí.

Vamos Forbes, saca la artillería.

No es mala manera.

¡Tramposo!

Si quieres una noticia, vete por ahí. Esta señora es historia.

Dígale a la señora que tiene visita. Y que estamos impacientes.

Ahí le tenemos en persona.

¿A qué debo este discutible honor?

Perfecto, no se mueva señora Hoyt.

Me llamo Hannah Sempler.

¿Puedo preguntarles la razón de su intrusión?

¿Y bien?

Señora Sempler, me disculpo en nombre de todos...

...por presentarnos aquí de esta forma.

Muy bien. Retírense.

Por favor, señora Sempler, olvide nuestra brusquedad.

Es el público quien ha entrado. Tiene derecho a ser informado.

Ese público cuyos ojos miran a Ethan Hoyt como a un héroe nacional.

¿El público? ¿Usted es el público?

No es eso, señora Sempler. Venimos humildemente...

...a buscar respuestas a un enigma humano, una cuestión histórica.

- ¿Se casó con Hoyt? - ¿Por qué murió en su casa?

- ¿Estaba allí su esposa? - ¿Tuvieron hijos? ¿Dónde?

Si eso afirma, él sería un bígamo. Demuéstrelo en interés del público.

¿El público, señor? Ustedes no son el público.

El público son millones de hogares privados como el mío.

Vivimos inspirados por el recuerdo de nuestros grandes hombres.

Como el senador Hoyt.

Ustedes tratan de destruir ese recuerdo.

Irrumpen aquí con cámaras. ¡No vuelva a hacer eso!

Sólo buscan el escándalo.

Pero no lo encontrarán aquí.

Buenos días.

No puede probar nada porque su historia es un montón de mentiras.

Sólo es una vieja intentando subirse al candelero.

¡Basta! Ya basta, déjenla en paz.

Vergüenza debería darles.

Tanto si es cierto como si no, ¿qué derecho tienen a acosarla así?

¿No ven que está indefensa y sola?

Es una señora muy mayor.

Eso sí es verdad, soy vieja. Muy vieja.

Pero no he declarado nada ni he mentido en nada.

Lo que yo sepa es cosa de mi propia historia personal.

Prefiero mantener el silencio el resto de mis escasos días.

Eso es todo.

Tú viniste con todos ellos.

- ¿A qué esperas? - Es que...

- ...yo... - Sí, ya sé. Tienes tu público.

Aún no.

Claro, eres aún muy niña.

Pero lo tendré. Soy biógrafa.

¿Cómo?

Escribo la vida del senador Ethan Hoyt.

Bonito trabajo. ¿Te gusta?

Creo que fue uno de los más maravillosos...

Yo también.

Y sé de lo que hablo.

Entonces podrá ayudarme. Por favor, señora Sempler.

He empleado tres años e invertido todo mi dinero en este libro.

Tengo que saber qué papel tuvo usted.

¿Se casaron? Todas esas cosas.

Mi libro no valdrá nada sin su ayuda.

Por eso tenía que verla.

Mira por dónde quieras, chica.

Mira lo que quieras.

No hay mucho que ver. Sólo cien años de recuerdos.

Algunos buenos, otros malos.

Debería estar ya bajo tierra.

Pero en realidad, no lo digo en serio.

Me gustaría vivir hasta los doscientos años.

Para entonces las dos seríamos unas viejas.

Compararíamos nuestras notas.

Es decir, si tú las tuvieras.

Ahora márchate y déjame.

Vuelve dentro de cien años y hablaré contigo.

Ahora, vete.

Una de las peores cosas de envejecer...

...es olvidarse de lo importante qué le parece todo a los jóvenes.

Chica.

Tú, lárgate.

No importa, ya me voy.

De eso nada. Escucha.

Tengo algo muy especial, arriba. Tiene veinte años.

Vamos. Brindaremos por el senador Hoyt.

Échame una mano, ¿quieres?

Muy bien.

No te creas, estoy en plena forma.

Pero subir me mata.

Muy bien.

¿Sabes? Necesitas más iniciativa y tenacidad.

Sí, es lo que te falta.

¿Cómo supiste de Ethan Hoyt?

Leyendo libros.

Nunca comprenderás a un hombre por los libros.

Ni a una mujer.

¡Libros!

Sí chica, los hombres eran otra cosa entonces.

Los hombres como Ethan.

Con un trago en una mano y la suerte en la otra.

Abre la puerta.

ÉI tenía una orquesta en su corazón.

Y el demonio en los ojos.

Y yo...

...no era más que una jovencita en una aburrida mansión de Filadelfia.

En el año de 1848.

- ¡Qué barbaridad! - ¿Qué pasa?

¡Dándote en público espectáculo!

- Mamá dice... - No seáis pesadas.

¿Habéis visto su sonrisa?

Un caballero nunca haría eso.

¿Uno como mi señor Cadwallader?

- Mamá dice... - Apuesto a que nunca ha sonreído.

Pero casi me muero de risa cuando se me declaró.

"Señorita Sempler, es para mí un gran honor..."

...pedir su mano.

Pasaré por alto el hecho de que se criara sin una madre...

...que la instruyera en los deberes de una perfecta esposa.

Pero su padre y yo estamos de acuerdo...

- No hagas eso. - ¿El qué?

Burlarte del hombre con quien estás comprometida.

Y un cuerno. Está comprometido con mi padre.

Ellos se comprometieron, yo no.

El padre sabrá.

¿Cómo estoy? ¿Crees que le gustaré?

- ¿A quién? - A Ethan Hoyt.

- Hannah... - Me sonrió, ¿no?

Siempre que le veo está sonriendo.

- Es un vivalavirgen. - ¿Un qué?

- Vive con los indios. - Mamá dice...

- Huele a búfalo. - Demuéstralo.

- Se viste con animales muertos. - Pero no búfalos.

- Y qué más da. - Pues...

...entonces los búfalos huelen de maravilla. Como aire fresco al sol.

- ¿A dónde vas? - Abajo.

- No puedes. - ¿Por qué no?

- ÉI está abajo. - Pues por eso voy.

- ¿A dónde vas, cielo? - Abajo.

- No entres en la biblioteca. - ¿Por qué?

Hay una importante confabulación ahí.

Pero Delilah, necesito un libro.

Necesitarás dos si te pilla tu padre escuchando.

Pero no para las manos. No vayas.

Señores, ojalá pudiera hacérselo ver con mis propios ojos.

Dos grandes ríos se juntan como en punta de flecha.

Es como una señal del Todopoderoso.

Nos marca el emplazamiento de una gran ciudad.

Los edificios públicos se juntarán en torno a la plaza.

Habrá fuentes y árboles.

Y más allá, una colina. Y en esa colina, hogares.

Hogares, señores. Repletos de aire y luz.

Y el propio campo...

Ojalá pudiera.

Es una tierra virgen, como un poema.

Como una doncella que despierta de un largo sueño.

Tan hermosa y adorable como una sonrisa inesperada.

Perdona padre. Pensé que os apetecería un brandy.

- Señorita. - Señor Cadwallader.

Mi hija Hannah, señor Hoyt.

Señorita Hannah.

Cadwallader es el prometido de mi hija.

Ya veo.

- Sal de aquí, Hannah. - Sí, padre.

A su salud. Estoy seguro de que será muy feliz.

Sal de inmediato, señorita. Basta de bobadas pueriles.

Sí, padre.

¿Qué decía, señor Hoyt?

Sí, estaba diciendo...

...que la verdad es que necesito su ayuda.

Dinero y suministros.

Usted tiene una sucursal en San Luis.

Me dirijo a usted porque...

Porque ninguna otra compañía ha asumido sus riesgos.

...usted conoció a mi padre, señor.

Sí, y respetaba mucho su capacidad de juicio. Mucho.

Por eso le he escuchado.

Le puse su nombre a la ciudad, Hoyt City.

Era un visionario.

Exacto. Lo suficiente para decir que no a semejante empresa.

Exacto.

- Eso quiere decir... - Que no.

Se habla del ferrocarril.

¿Es que no se dan cuenta de lo que hacen al hablar de ampliar el país?

Lo único que amplían es la deuda pública.

Más ejército, más impuestos.

El país ya es lo bastante grande.

Escúcheme, señor Sempler. Y usted, señor Cadwallader.

Este país será más grande. Muchísimo más grande.

Hay tres mil kilómetros de Estados Unidos más allá del Mississippi.

Tierra y riquezas inimaginables.

Pero no serán de quienes no saben arriesgarse, como ustedes.

Serán de quienes no tengan miedo.

Hombres con la suerte en una mano y el riesgo en la otra.

Qué gran verdad. Cuánta razón tiene.

Perdónenme, por favor.

- Cree que la va a... - Desde luego.

¿Y de verdad cree que...?

Es una joven muy obstinada, señor Hoyt.

Y supongo que después del matrimonio usted pretenderá...

Desde luego. Eso ayuda a mantener el hogar.

- De donde yo vengo... - ¿Hay mujeres en el Oeste?

Sí, unas cuantas.

- Pero sobre todo indias, supongo. - La mayoría.

Sobre todo las de los indios.

No es eso lo que me han contado.

No se fije mucho en mí.

Exacto. Ya decía yo.

- Supongo que... - Las fustigo.

- ¿Cómo? - Las fustigo, señor Cadwallader.

Luego las marco con el hierro y las dejo colgadas encima de un fuego.

- ¿A quién? - A las vacas, señor Cadwallader.

Creí que hablábamos de mujeres.

¿De mujeres?

Si tuviéramos mujeres como las de ustedes aquí...

...las trataríamos como a reinas.

Señor Hoyt, le invité a cenar sólo por...

- Entiendo. - Una cosa más.

En cuanto al riesgo, no quiero que se vaya con una falsa impresión.

Un buen riesgo seguro es otra cosa. Así nos arriesgamos a diario.

Mire, este año nos arriesgamos a lograr sólo...

...un diez por ciento de beneficios en lugar de un doce.

Exacto.

Bien señores, creo que ambos pierden algo.

Yo juego a todo o nada. Buenas noches.

- Ya te avisé, cielo. - ¿De qué?

Lo de los libros. Parece que necesitabas toda la biblioteca.

¿Esto? Ni siquiera me duele.

¿Y por qué te quedas de pie?

- Delilah. - ¿Sí, cielo?

¿Has tenido novio?

No te lo pienso decir.

Me refiero a que no es igual que estar casada, ¿no?

Por Dios, no. Comprometida es "quizá".

Casada es casada.

Y si una se casa, ¿tiene que dejar que la besen?

¿Que quién la bese? ¿Pero qué dices?

El señor Cadwallader...

¿Ha estado tonteando ese Cadwallader?

- Claro que no. - ¿Pues de qué te preocupas?

A mí no me engañas, cielo.

Delilah, estoy enamorada.

Qué bobada.

- ¿Has estado enamorada? - No te lo pienso decir.

Tú nunca dices nada.

Es lo mejor para no decir tonterías. Eres una cría.

Ya no, Delilah. Estoy enamorada.

Anda, ponte a dormir.

Buenas noches, bonita.

- Váyase, por favor. - Por la mañana.

- Por el amor de Dios. - Me voy de verdad.

- Va a despertar a todo el mundo. - Despertaría a los muertos.

- ¿Es que está loco? - Hasta la médula.

- Sí que lo parece. - Pues entonces baje.

- No puedo. - Entonces subiré yo.

No, no.

Es...

...es de noche.

Y esto está muy silencioso.

Demasiado silencioso.

Pero estamos...

...en un lugar público. Demasiado público.

- Pues... - ¿Pues, señor?

...pues andando.

Dicen que con la luna llena se hacen cosas muy extrañas.

Eso dicen.

Es como si no fuera yo quien está aquí.

Será mejor que volvamos.

¿Usted también se siente raro?

Está asustado por algo.

¿Por qué?

- No lo sé. - ¿De los indios?

- No hay indios. - Ya, pero como si los hubiera.

- ¿Como si hubiera qué? - Indios.

Es que los hay, escuche.

- ¿Cómo les acecha? - ¿Qué?

Acecharles. Como para cazar.

No sé, hay varias maneras.

Enséñeme una. Venga.

Bueno.

Es estupendo.

- Al suelo, que vienen. - ¡Dios mío!

- No debería estar aquí. - ¡Pero qué rostro!

- Es decir... - Sí, dígame.

- Ya sabe. - No tengo ni idea.

- La amo. - No me diga.

- Créame. - Puede.

Es preciso, me voy para siempre.

- ¿Me ama usted? - Puede.

- Por favor, lo sabe muy bien. - Ethan, sí.

No hueles a búfalo.

No del todo.

Estás llorando. Espera.

- ¿Me lo puedo quedar? - Sí.

Lo llevaré siempre. Algo tuyo.

Ethan, llévame contigo.

Llega la tormenta.

El buen Dios separa lo que unen los hombres, en verdad.

No encuentro el párrafo.

Diga lo importante. Está a punto de llover.

Voy a ver si me apaño sin el libro.

Tú, ¿aceptas a esta mujer por legítima esposa?

Acepto.

Y tú, ¿aceptas a este hombre por legítimo esposo...?

...¿hasta que la muerte os separe?

Acepto.

Pues que nadie separe lo que Dios ha unido. Os declaro marido y mujer.

El normal, dos cuartos. El bonito, un dólar.

La única diferencia son las flores.

Me quedo con el normal, por favor.

- Además, las flores se marchitan. - Sí, se marchitan.

- ¿Nombre? - Ethan Hoyt.

Venga, vamos.

Vamos, tenemos que encontrar un refugio.

Me olvidé de besar a la novia.

- El tipo dijo para siempre. - Así es. Para siempre.

HOYT CITY - TRES MILLAS

Éste parece un buen sitio para acampar.

Sólo quedan cinco kilómetros.

Oye Hannah, tengo que comentarte algo.

¿No puede esperar?

Es que por la mañana las cosas tienen mejor aspecto.

¿A qué te refieres?

- A Hoyt City. - Tú no te preocupes.

Estoy tan contenta que me parecerá casi como Filadelfia.

- Eso quería decir. - ¿Que se parecen?

- No exactamente. - Tampoco me lo esperaba.

Piensa: Una cama, gente, luz, agua caliente y ropa limpia.

- Ya, pero... - Y una casa en la colina...

...dominando la ciudad.

Y una plaza con una fuente y árboles.

¿Qué clase de árboles, Ethan?

- Pues... - No me lo digas.

- Me gustan las sorpresas. - Menos mal.

Hoyt City. No puedo esperar. Vamos, Ethan.

CALLE DEL COMERCIO PLAZA DE HOYT CITY

Bueno, ya hemos llegado.

Todo tiene que empezar en algún sitio.

Lo siento, Hannah. Quería contártelo.

Seguro que te parezco un mentiroso.

Aquí puede crecer una gran ciudad.

- ¿Eso crees? - La construiremos tú y yo, Ethan.

- Así se habla. - Y la gente nos ayudará.

Eso pensaba yo. ¿Cómo será?

¿Una ciudad brillando al sol con rascacielos de oro y plata?

Y gente. Millones de personas construyendo algo nuevo y reluciente.

- Como tú decías. - Y no lo decía por decir, mira.

Ahí viviremos, para empezar.

Hoyt City sólo es un apeadero para las minas de oro.

Pero con el tren...

Querido señor Hoyt, los trenes cuestan dinero.

- ¿Tiene usted dinero? - No.

- Pues ya lo ve. - Pero puedo conseguir algo.

Me temo que no es suficiente.

- ¿Y qué quiere? - Hoyt City.

O una buena participación.

Digamos tres cuartas partes de la tierra.

Eso es imposible, es mía.

Siéntese. No está en posición de discutir.

Mire, le seré sincero. Acepte mi consejo.

Tres cuartos o nada.

- Nada. - ¿Por qué no?

- ¿Indios? - Mi mujer.

Otra vez conejo para cenar.

Mire Hoyt, de este trato sacará dinero.

Mi mujer ni se lo planteará.

- ¿Y qué? - Ella posee la mitad.

Pues tendrá que convencerla. También es por su propio bien.

Oiga Hoyt, resulta que conozco a su padre.

Una gran persona, de una gran familia de Filadelfia.

¿Qué pinta ella aquí?

Caza con rifle, entre otras cosas.

Se merece algo mejor. Devuélvale lo que tuvo.

Un hogar de verdad, ropa, vida social. Como mi señora y mi hija.

Tiene que firmar la venta.

No querrá que se convierta en una de esas mujeres de las praderas, ¿no?

Hannah, éste es el señor Frisbee.

¿Qué hay?

Voy a limpiar los conejos, Ethan.

El señor Frisbee quiere que firmes un papel, cariño.

Deja un momento los conejos. Esto es importante.

Nada es tan importante como la manduca, Ethan.

¿Lo está viendo?

Por favor, cariño. Déjate de bobadas.

Es sólo una firma.

Es una venta de tierras, Hannah.

- ¿Tú quieres que firme, Ethan? - Sí.

Es que ya se me ha olvidado cómo se escribe.

Pues entonces ponga su marca. Ahí, en el papel.

- Ahí la tiene. - ¡Pero oiga!

Fuera. Vamos, lárguese.

Lárguese y no vuelva, miserable bichejo.

¡Pedazo de roedor!

Ahora ya sí que no volverá.

¿De verdad quieres que firme, Ethan?

No es eso, pero es lo que hay. Hoyt City es un fracaso.

No estoy de acuerdo.

- ¿Con qué? - Con que te rindas tan fácilmente.

No soy yo, es que: Mira.

A mí no me importa.

Quería llenártelas de diamantes y oro.

- Ethan. - Qué.

He tenido un sueño.

- Y yo. - No, en serio. Soñé con oro.

Parecerá una tontería, pero es verdad.

Era un sueño místico sobre una montaña dorada.

Una montaña negra con la cumbre brillante.

Como un dedo señalando al cielo.

- ¿Pero no decías...? - Cambié de opinión.

- ¿O sea, que nos vamos? - Mañana.

- ¡Hannah! - Pero, Ethan.

- ¿Sí? - Volveremos.

Con los bolsillos llenos y flores en tu pelo.

A Hoyt City, a terminar lo que empezamos.

Así se habla.

Volveremos y daremos una lección a los Dawson, Frisbee y al ferrocarril.

- Me voy. - ¿A dónde?

A ver a los muchachos y organizar las cosas.

- ¿Qué hay? - Nos vamos.

- ¿A dónde? - A California.

¿Cuánto oro necesitas, Ethan?

Cincuenta o cien mil.

Dawson y el ferrocarril ganan millones.

- Pues que sea un millón. - ¡Hoyt, el millonario!

Una montaña de oro, chicos.

Cuesta dinero llegar hasta allí.

- ¿Cuánto tienes? - Cien dólares.

Acérquense amigos, prueben suerte con Steely Edwards.

Convierta su dólar en cien dólares y sus cien en mil.

- ¿Cuánto dijiste que tenías? - Cien dólares.

Ahí está tu oportunidad.

Tengo que volver a casa y organizar las cosas.

Nos vendrían muy bien esos mil dólares.

De mil saque un millón. No puede perder si no prueba.

Está todo en las cartas. Un monte a tres.

Quiero su dinero, señores.

Es un arreglo con cartas marcadas. No pueden ganar.

¿Pero quién tiene dinero?

No apuesto con viudas, pobres, huérfanos ni tullidos.

¿Quién quiere apostar al as? El triunfo es el as de corazones.

Fíjense bien, la mano es más rápida que la vista y han perdido ya.

Vamos, vamos señores. ¿Quién tiene dinero?

Yo tengo cien dólares.

No pierda de vista el as, amigo. Fíjese.

Aquí está. Ahora aquí. Y aquí.

¿Y ahora dónde?

Se lo dije. No puede ganar, amigo.

Pruebe otra vez.

¿Qué apuesta?

Mi caballo.

Vista en el as, amigos. Fíjense.

Aquí está. Ahora aquí. Aquí. ¿Y ahora, dónde?

Dos caballos.

Dos vacas.

Seis cerdos.

Pollos.

Hannah Hoyt.

No contaba con usted, señora. Pero en cuanto recoja los animales...

No he venido para hablar de tonterías.

- Tenga cuidado, puede dispararse. - Puede.

Da usted miedo, señorita.

Devuélvamelo todo.

- Pero qué encantadora. - Ya me ha oído.

Por supuesto. Pero el juego no es así.

¿Llama juego a estafar a un hombre aprovechándose...?

Sólo un poquito, señora.

De hecho, yo también estoy bebido.

Totalmente embriagado por la mera visión...

...de la asesina más bonita que jamás me ha apuntado al corazón.

Déjese de sandeces o disparo.

- La creo capaz. - Pues obedezca.

Señora, llévese a sus animales. Pero el dinero...

También. Lo necesitamos.

Es todo lo que tenemos para marcharnos.

Le propongo una cosa.

No le daré el dinero, pero me lo jugaré con usted.

- ¿Contra qué? - Un beso.

Sólo uno pequeñito.

Si no, supongo que tendrá que disparar.

Usted da. Y ahora estoy en el lado malo de la mesa.

Hola.

- Hannah. - ¿Sí?

¿No vas a decir nada?

Ya casi está la cena. Lávate las manos.

No, quiero decir, ¿no vas a decir nada sobre...?

No.

Cena, Ethan. Queda mucho qué hacer si nos vamos mañana.

Éramos más jóvenes que tú en aquella época. Los tres.

Ethan, yo y Steely Edwards.

Se pegó a mí durante ocho largos años.

- ¿Ese jugador? - Ese hombre.

ÉI fue el otro hombre de mi vida.

Un jugador.

Las cosas nunca salen como tú quieres.

Pensábamos encontrar esa montaña de oro.

Y luego volver aquí, a Hoyt City.

Pero el senador Hoyt encontró plata.

Por una parte sí, pero por otra no.

Pero eso fue al cabo de ocho años.

Ocho años maravillosos y terribles.

Recorriendo de arriba abajo las montañas de la costa del Pacífico.

Era maravilloso cuando Ethan y yo estábamos juntos.

Y horrible cuando él no estaba.

Siempre que volvía a casa...

...allí estaba Steely Edwards.

¿Usted y Steely Edwards...?

Despacito, niña.

No niego que hubiera momentos.

Steely era de muy buena pasta.

Pero eso es todo. Amaba demasiado a Ethan.

Eso fue cuando Ethan estuvo en los montes Washoe.

En un lugar llamado Virginia City.

Sí, yo llevaba una pensión en Sacramento.

Tengo dos entradas para el concierto.

No puedo Steely, pero gracias.

Siempre dices lo mismo.

Pues ya tendrías que sabértelo.

Pues no lo sé. Sólo sé que...

- Hazme un favor. - Tú dirás.

Vete a jugar al faro y déjame sola.

Creía que no te gustaba el juego.

- No es lo que yo llamo trabajar. - Gracias.

Supongo que Ethan no ha jugado en su vida.

Eso no tiene nada que ver.

Ésa es la cuestión. Durante ocho años...

...no se ha ocupado más que de sí mismo.

Salvo cuando viene a darse un baño.

Steely, perdóname.

No estoy muy en mis cabales porque verás...

...Ethan y yo vamos a tener un hijo.

- Suelta a mi mujer. - ¡Ethan!

Steely por favor, márchate.

No sin arreglar esto de una vez por todas.

- Me parece bien. - Ethan, por favor.

- Siempre que vuelvo a casa... - No sabes lo que dices.

Pero sé lo que veo.

Nunca llevo pistola, amigo.

Es una suerte para ti. Fuera. Y no vuelvas.

Vamos, Steely. Márchate por favor.

- Ethan, ven a comer algo. - Por la mañana.

No puedo dejar de asombrarme.

- ¿De qué? - De lo de Steely.

- Pues no te equivoques. - Perdona.

- Pero hay algo más. - ¿No puede esperar?

Déjalo para mañana, ¿quieres?

Estoy cansado. Muerto.

¿Tiene una cama libre para un minero sin suerte, señora Hoyt?

Perfecto.

- ¿Nada? - Lo de siempre.

Un poco de oro pero no hay quien lo saque de esa pasta azul.

Es pegajosa como el pez, pero azul.

Hay quien dice que es plata. Pero están locos.

Es sólo un estorbo.

Cuidado, traigo las botas llenas de eso.

Es un pueblo raro, el de ahí arriba. Virginia City.

Hay una montaña negra, llamada el Monte del Sol.

Como un dedo negro contra el cielo.

El Monte del Sol.

Como un dedo negro en el cielo.

¡Repámpanos! Es plata.

Literalmente sólida. Esto sale a cinco mil dólares la tonelada.

Somos ricos.

¡Somos ricos! ¡Somos ricos!

¡Somos ricos!

- ¿Quién es rico? - ¡Steely!

- Servidor. ¿Quién es rico? - Ethan.

Lleva las botas llenas de plata.

Pies grandes y mente pequeña.

Steely, déjame algo de dinero.

- ¿Para qué? - Ya sabes para qué.

- ¿Para él? - Para mí.

Lo devolveré todo trabajando en la pensión.

Cocinaré, fregaré y te lo devolveré todo.

- ¿Quiere eso decir que te quedas? - Sí.

- ¿Y él te dejará? - ÉI no sabe lo mío.

No puedo decírselo ahora porque no se iría, si se entera.

- Tú tampoco te irías, Steely. - No.

¿No ves que es su gran oportunidad?

Se ha pasado ocho años cavando y levantando tierra.

Tiene que ir, Steely. Y solo.

Mira, si una mujer sintiera eso por mí...

- ...y se llamara Hannah... - ¡Steely!

¡Steely!

¡Plata! Plata sólida, oiga.

La más pura que he visto en mi vida.

¡Plata! ¡Plata!

- ¿Quién la encontró? - Ethan Hoyt y su mujer.

- Plata. ¡Plata! - ¡Plata!

Ethan. Ethan, despiértate.

- ¿Qué pasa? - Eso azul de tus botas, es plata.

Plata sólida.

Ethan, date prisa.

Venga, sal por la puerta de atrás. Deprisa.

- ¿Y esto? - Dinero para comprar la mina.

¿Dinero? ¿De dónde lo has sacado?

Deprisa, qué más da.

- ¿De dónde? - De Steely Edwards.

Ya me lo parecía.

- Tú te vienes conmigo. - No.

- ¿Por qué no? - No puedo.

¿Por qué?

- No puedo decírtelo. - No puedes...

- Pues a lo mejor lo adivino. Mírame. - Sí, Ethan.

- Mírame a los ojos. - Sí, Ethan.

- ¿No puedes decírmelo? - No.

Entonces ya lo sé.

Por favor, no te vayas pensando eso.

¿Y qué otra cosa puedo pensar?

- Ethan, tienes que marcharte. - Pues contéstame.

Muy bien. Me voy.

Pero nunca volveré.

Buena suerte, Ethan.

¿Por qué no te vas tú también...?

...¿cómo ellos, hacia la siguiente colina?

Porque ya he estado en esa colina, Hannah.

Y esto es todo lo que quiero.

Parece que todo el mundo se larga de Sacramento cuanto antes.

Todos embarcan, señor Steely.

Es mejor que tire este caballo y vuelva a San Francisco.

Quizá tengas razón.

Ve a reservarme plaza en el barco.

Farmer's Diggings, Salmon Flats, Placerville y Carson City.

Correspondencia con el coche de Washoe, Gold Hill y Virginia City.

Es el último que sale de Sacramento. Esto se va a inundar.

¿Tiene correspondencia con el de Virginia City?

Sí, en Carson City. Suba.

No es para mí.

Para una señora y dos niños, a Virginia City.

CERTIFICADO DE MATRIMONIO.

Steely, eres un don de Dios.

No pensaba que se pondría tan mal.

Toma, sujétalos y acompáñanos al barco.

- ¿Al barco? - Sí, nos vamos a San Francisco.

¿Qué te pasa?

- Nada. - Venga, hombre.

Siempre quisiste llevarme de viaje.

Si esperas más, será demasiado tarde.

Ha sido demasiado tarde desde que te conocí, Hannah.

¿A qué viene eso?

No te vas a San Francisco. Te vas a Virginia City.

- No Steely, eso es imposible. - ¿Por qué?

Pues porque no he vuelto a saber de él.

Mira Hannah, tú le quieres y eso es lo único que importa.

Siempre te has tragado tú orgullo y has vuelto con él.

- Puedes volver a hacerlo. - Todos arriba.

Casi se me olvida. Tengo una cosa para Mary.

- Y un caballo para Ethan. - ¿Un qué?

De esos de balancín. Está en el techo.

- Steely. - ¡Nos vamos!

Mis niños preciosos.

¿Te imaginas?

Si siguieran vivos hoy en día...

...tendrían setenta y seis años.

Mis hijos. Setenta y seis años.

Dios. Debo de ser la mujer más vieja del mundo.

Señora Hoyt, estará cansada.

Steely pensó que yo también había muerto.

Por eso volvió a Virginia City.

Era una noche de nevada...

...en 1860 o 61.

Whisky. Deje la botella.

¡Cuidado!

No gaste dinero, forastero. Le invito a otra botella.

Cuando Ethan Hoyt invita, invita a todo el mundo.

- ¿No es cierto, chicos? - ¡Sí!

Una montaña de plata y Ethan Hoyt en la cumbre.

¿Me ha oído, forastero?

Una montaña de plata y Ethan Hoyt...

Párate ahí.

Saca la mano del bolsillo.

Ya sabes que nunca llevo pistola.

Suelta la botella.

Sólo he venido a decirte una cosa.

Pues empieza a hablar.

Es sobre Hannah.

¿Qué pasa con ella?

Ha muerto.

ÉI mató a mi mujer. ÉI la mató.

Mi mujer, Hannah.

Ahora comprendo por qué me dijo que volviera en cien años.

Cien años de grandeza, sufrimiento...

...y dolor.

Sólo a ratos, chica. Pero así es la vida.

Al final te acostumbras.

- Hola, Martha. - John, ¿cómo estás?

El bolso de la señora. Ése.

Uno más.

Creí que habías muerto.

Estoy muerta.

Ethan cree que hemos muerto los dos.

¿Ethan?

Me pegó un tiro.

¿Dónde está?

Volvió a Hoyt City.

Hannah, está casado.

Se volvió a casar.

¿Con quién?

Con una chica llamada Martha Dawson.

Ha sido por culpa mía, Hannah.

- Yo te metí en esa diligencia. - Yo quise ir.

Ganaré algo de dinero. Te enviaré al Este.

No.

Pero Hannah, él no sabe que estás viva.

Es mejor así.

No puedo estorbarle, está haciendo lo que quería.

Lo que yo quería: Construir una gran ciudad.

Ser un gran hombre.

Lo logrará, Steely.

No puedo meterme de por medio.

Hannah, no te puedes hacer esto.

Yo no importo.

Pero mis niños...

Yo les enterré, Hannah.

- ¿Dónde? - Pues...

...donde duermen los angelitos.

Así que los cuatro hemos muerto por él.

Así tenía que ser.

- Steely. - ¿Sí?

Ése es el barco de San Francisco.

Una vez dijiste que era demasiado tarde.

Ahora es tarde para todo lo demás.

Uno de nuestros mejores locales, señor.

Tan moderno como el propio 1868.

Un orgullo para la ciudad de San Francisco.

Dirigido por el señor Steely Edwards.

- Deje la oratoria para el Senado. - Eso, para el Senado.

¿Dice que la mujer llamada Hannah Hoyt trabaja aquí?

Exacto, señor Sempler.

- Pues vamos. - No.

- Déjeme a mí, por favor. - ¿Por qué?

Si Steely Edwards se entera de lo que quiere, no pasará de la puerta.

Adelante, señores. Prueben suerte con Steely Edwards.

Son amigos míos del Este, Steely.

Les gustaría conocer el local.

Será un placer enseñárselo, senador.

¿Saben lo más curioso, señores?

Cuanto más le digo a la gente que no puede ganar...

...más parece que le guste perder.

Les dejamos ganar de vez en cuando.

Pero pronto vuelven a perder.

Si no es al faro, es al monte de tres cartas o a la ruleta.

Un juego fascinante, la ruleta.

No pueden perder si no prueban. ¿Por qué no prueban suerte?

En la mesa especial, con el crupier más bonito del oficio.

Les ayudará a perder su dinero con el mayor placer.

Pero no les ayudará a gastárselo.

No va más, señores.

No aparten la vista de la bolita.

No esperen milagros y pierdan con una sonrisa.

Perdone, señor. ¡Hannah!

¿Podemos hablar en algún sitio?

Steely, remplázame, por favor.

Perdonad el desorden, es el despacho de Steely.

Lo ordeno a diario, pero ya sabéis cómo sois los hombres.

Contádmelo todo. Habladme de Delilah, de Bettina y de Persis.

¿Con cuál se casó al final, señor Cadwallader?

Con "mamá dice" o sea, Bettina.

Padre, me alegro de verte.

Basta. Todo en su momento y lugar.

Vengo para proponerte un negocio, nada más.

¿Qué?

Todo el mundo piensa que estás muerta.

Y yo también hasta hoy.

Quiero que sigas muerta, pero legalmente.

No sé a dónde quieres ir a parar, padre.

- Te sigues llamando Hannah Hoyt. - Sí.

¿No te habrás casado con ese Steely Edwards?

Estoy casada con Ethan Hoyt.

Pero él está casado con la hija de J. B. Dawson.

Lo sé.

Tiene una buena reputación, una buena casa y dos buenos hijos.

¿Dos hijos?

Quiero que te cambies el nombre y te vayas lejos, muy lejos.

Te lo compensaré.

Esto lo significa todo para mí. Todo.

Y si no quieres hacerlo por mí, hazlo por Ethan.

Se lo debes, Hannah.

De ti sólo sacó disparatadas ideas y fracasos.

Ha salido adelante sin ti.

El menor escándalo le arruinaría.

Dawson y yo le necesitamos en el Congreso.

Se presenta contra un exaltado de Hoyt City.

Un soñador para quien construir Hoyt City es más importante...

...que el ferrocarril.

Si Ethan no sale elegido no quiero ni pensar qué será de nosotros.

- Por favor, márchate. - Debería haberlo supuesto.

Fuera de aquí.

- Por última vez... - ¡Fuera! ¡Fuera de aquí!

Gana la banca, señores. La banca siempre gana.

¿Qué ha pasado?

Me vuelvo a Hoyt City, Steely.

No va más, señores. ¿Por Ethan?

Doble cero. La suerte está en su contra, señores. No pueden ganar.

Suerte para la próxima vez.

Suerte para ti también, Steely Edwards.

Mi amigo Ethan Hoyt dice que si no sale elegido, la Western Railroad...

...cambiará sus planes y cruzará el río a quince kilómetros de aquí.

Eso es una amenaza, amigos.

Ethan Hoyt no solía hablar así.

Solía decir, como todos nosotros...

..."o viene el tren en condiciones justas, o lo construiremos nosotros".

Ahora lo que dice es que le demos...

...a la Western Railroad tres cuartas partes de todo lo que tenemos.

O nos arruinarán a todos y a la ciudad para siempre.

Ojalá tuviera el pico de oro de Ethan Hoyt.

Protesto. Eso último es difamación.

No era mi intención difamarle.

Si la palabra "oro" le molesta, siempre puedo decir "plata".

Si tuviera un pico de plata como el de Ethan Hoyt...

...lo usaría para decir la verdad.

Lo usaría para hablar por nosotros mismos.

Nosotros somos humildes.

Pero tratamos de construir algo grande.

Ethan Hoyt.

Amigos, os ruego paciencia...

...para unos últimos comentarios acerca de lo dicho...

...por mi viejo amigo y rival Hank Allen.

Me recuerda a un perro que tuve, de pequeño.

También se llamaba Hank.

Un día Hank-me refiero al perro...

...un día, Hank atrapó una ardilla él solito.

Era una pobrecita ardilla, pero una ardilla en todo caso.

Yo necesitaba un trozo de piel para una gorra que me estaba haciendo.

La pobre ardilla no le servía de nada a Hank.

No sabía qué hacer con ella.

¿Pero pensáis que me la regaló? No señor.

Se puso a gruñir y a ladrar y se la quedó para él solito.

Al final quedó inservible, incluso para él.

Eso es lo que Hank Allen trata de hacer.

Yo fundé esta ciudad.

Yo y otros más.

Pero debemos enfrentarnos a los hechos.

Hoyt City no es más que un apeadero hacia la nada.

El ferrocarril pondrá a Hoyt City en el mapa.

Yo volví hace un mes para vivir...

...en la cabaña que construí hace veintiún años en 1847.

Soy uno de los vuestros.

Es cierto, poseo mucha tierra por aquí.

No lo niego.

Pero tendré que ceder buena parte al ferrocarril, como vosotros.

Seré más pobre, no más rico.

Para Hank Allen, será al revés.

Amigos míos...

...estoy de parte de la Western Railroad y del progreso.

Y ésta por el señor Frisbee.

En cuanto a ti, Ethan Hoyt...

...te remuerde la conciencia.

Lógico, pensar que la viste entre la multitud.

Hank Allen tenía razón.

"Pico de plata" Hoyt.

¿Recuerdas las noches de luna?

Hannah.

Qué noches más extrañas y encantadoras.

Pensábamos ir cabalgando...

...por el camino más espléndido hasta el Pacífico.

- Hannah, esta tarde ¿eras tú? - Sí.

Sí. No he muerto. Te llevaba a nuestros hijos.

Eran como dos gatitos.

Dos gatitos gemelos.

Steely los encontró y pensó que yo había muerto.

Cuando volvió de Virginia City...

...me contó lo tuyo.

Así que me fui con él.

Perdóname Hannah, perdóname.

Te he fallado. Siempre te fallé.

Por Dios, Ethan. Levántate.

Ya no hay indios a quienes espiar por aquí.

Ya me acuerdo. Y luego...

Me fui contigo durante doce gloriosos años.

Hace frío. Vamos dentro, Ethan.

Vuelve a encender tu vela, Ethan.

Soy como un ciego, Hannah. Vivo en la oscuridad.

Por eso he vuelto.

Volverás a ver, Ethan. Verás lo mismo que Hank Allen.

Lo que tú mismo veías mejor que nadie en el mundo.

Un mundo feliz y radiante...

...que empezamos a construir.

Pero eso no es tan sencillo, Hannah. He cambiado.

Volví solo para intentar construir lo que ambos soñamos.

Tú y yo.

Pero yo solo no pude. Me faltaba el corazón.

No es que quiera buscar excusas, a estas alturas.

Supongo que sólo elegí el camino más fácil.

Siempre he hecho igual, salvo cuando tú me sostenías.

Estoy tan metido en eso como cualquiera de ellos.

Sobornamos a jueces y legisladores para lograr lo que queremos.

El dinero da mucho poder.

Y mi dinero está comprometido con la Western Railroad.

Como ves, si me enfrento a Dawson y a los demás...

...estaré luchando conmigo mismo.

Pero claro, eso es lo que debes hacer.

Entonces ayúdame, Hannah.

Yo solo no puedo. Sin ti, estaría perdido.

No estás solo, Ethan. Tienes una familia.

Sí. Un niño y una niña.

Pero también estás tú, Hannah.

- Estoy muy confuso. - No hace falta.

- Me he divorciado de ti. - ¿Cuándo?

Antes de venir para acá.

No porque no te quiera.

Siempre te querré.

Pero nuestro matrimonio era la única arma que podían usar contra ti.

- No puedo dejar que hagas eso. - Sí, Ethan.

Habla a favor de todo lo que soñamos juntos.

Di la verdad y lucha por ella. Que te oiga todo el mundo.

Ayúdales a construir algo bonito y libre.

Un país en el que tu hijo y tu hija...

...y todos nuestros hijos puedan sentirse orgullosos de vivir.

Eso haré.

Sí, sé que lo harás, Ethan.

Si pudiéramos volver a empezar.

La primavera nunca vuelve.

Puede que nos volvamos a ver en el verano indio.

Ahora vete. Vete, Ethan.

Y no mires atrás.

Buena suerte, Ethan.

Así se fue: Cabalgando.

Igual que había entrado en mi vida.

Bajando por aquella colina.

Bueno, entonces había una colina.

Bajó hacia la grandeza y la gloria.

Al otro hombre de mí vida también le fue bien.

Pobre Steely.

Supongo que soy...

...la única persona del mundo que aún le recuerda.

Murió en el mismo año que Ethan, en 1906.

En el incendio de San Francisco.

Murió como siempre había vivido.

Ayudando a los demás.

Ayúdame con las escaleras, chica.

Me quedo un poco acartonada, a estas horas.

- ¿Le importa si le digo algo? - No, no, di lo que quieras.

La estatua de la plaza debería ser de otra persona.

Debería ser de usted.

Qué tontería. Yo no soy nadie.

Sólo una vieja que habla demasiado.

Ni siquiera recuerdo por dónde iba.

Sí, quería contarte de qué manera...

...los hombres como Ethan ascienden hasta la grandeza.

Necesitan ayuda, claro. Pero de pronto ahí están.

Ya pueden seguir solos.

La vela de Ethan ya no volvió a apagarse.

La usó como una antorcha contra todas las cosas...

...oscuras y sin escrúpulos, propias de los Dawson y los Frisbee.

La usó como una señal de esperanza para todos.

Eran hombres que construían algo por sí mismos.

Como Hoyt City. Y miles de ciudades más...

...en los cuarenta y ocho estados.

Sí, así fue, chica.

Y lo hizo todo solo.

Taxi.

Ya no volví a verle...

...hasta que volvió sólo para morir, en 1906.

Estaba otra vez solo en el mundo, como yo.

Volvió para morir aquí una radiante mañana de primavera.

Venga, fuera de aquí.

¿Es que los periodistas no tenéis vergüenza?

Anda, Murphy. Necesito esa noticia.

¿Ha muerto el Senador?

¿Qué hace en casa de Hannah Sempler?

Es por el público. Llegaré hasta el fondo.

Al fondo. Pues me encantará ayudarte.

Venga, largo de aquí.

A ver si un caballero no va a poder morirse a gusto.

Hannah. ¿Cómo lo he hecho?

Muy bien, Ethan. Muy bien.

Tú me diste la fuerza y el valor.

Pero lo hiciste tú solo, Ethan.

Totalmente solo.

No Hannah, solo no.

Tú estuviste conmigo a cada paso del camino.

Quiero que te sientas orgullosa de mí.

Me siento orgullosa, Ethan.

Más que una gata con doce cachorritos.

- Hannah. - ¿Sí, Ethan?

Acércate, chica.

Sólo una cosa más.

Un beso.

Y ahora está ahí, en su caballo.

Y de ahí ya no lo mueven.

Estimula el corazón, como un desafío.

Exacto. Eso es lo que siempre provocaba.

Allí donde haya alguien derrotado por la vida...

...en donde los hombres quieran alzarse con la luz de la esperanza...

...él los apoyará.

Siempre fue así, y siempre será así.

Es un beso de despedida para mi biografía.

Pues anda, ve.

Te quedan cien años de vida por vivir.

Si los aguantas.

Debería acompañarla a casa.

Bendita seas, hija.

Llevo volviendo sola a casa desde la muerte de Abe Lincoln.

Gracias igualmente. Anda, ve.

Para siempre, Ethan.

Ahora nadie puede cambiarlo.

Para siempre.

FIN

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