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[canto de pájaros]

[voces infantiles de fondo]

[silbido]

[voz infantil continúa]

[golpeteo húmedo]

[trazos en papel]

[crujido tenue]

[golpeteo húmedo]

[hombre indistinto de fondo]

Si alguna vez... [inaudible] que sea vuestra merced.

[hombres ríen de fondo]

[puerta se cierra]

[cascos de caballo]

[tañido de campanas]

[cascos se aproximan]

[cascos retumban y se desvanecen]

- [gritos y llantos] - [corsario grita en árabe]

[cautivo] ¿Dónde nos llevan?

[jóvenes corean] ¡Aquí morir! ¡Cristianos, aquí morir!

[corsario grita en árabe]

Tú huir, yo corta cabeza.

Tú huir, yo corta cabeza.

[jóvenes corean] ¡Aquí morir! ¡Felipe II no venir!

¡Aquí morir! ¡Felipe II no venir!

[jóvenes ríen]

[hombre] ¡Por favor!

[gritos y súplicas indistintas]

Calma, calma. No pasará nada.

- ¡No nos vendáis, piedad! - No pasará nada. Calma.

Calma. ¡Calma!

[cautiva] ¡Liberad al menos a mis hijos, por caridad!

Yo Santo Oficio, muy importante. Muy...

[en árabe] ¿Una cruz? ¡Mira qué hago con tu cruz!

[escupe] ¡Atrás, perros, atrás!

[cautivo] ¡Piedad, por favor!

[en árabe] Solo uno por cabeza.

Solo uno por cabeza.

Lo separáis, lo señaláis, y yo os diré el precio.

[silencio]

¡Vamos!

[barullo indistinto]

[gritos de pánico]

[habla árabe]

Treinta escudos.

Treinta.

Por ese 25. Veinticinco.

- Esa son 40. - [mercader] Diez.

¿Por qué me insultas? Son 40.

- ¿Cuánto vale este? - Treinta.

- ¿Estás loco? - Es fuerte.

Levanta los brazos. ¡El otro también!

- Brazo roto. - [en árabe] ¿Eres tonto? El otro también.

Manco. A este lo matan hoy.

[en árabe] Manco. No le pegues.

No, no, Dorador, no te metas.

[en árabe] ¡Brazo roto! ¡Querías estafarme! ¡Sinvergüenza!

¡Espera, no te enfades! ¡Te vendo otro!

¡No, por favor! No... ¡No!

- ¡Juan de Austria! - [cautivos extrañados] ¿Juan de Austria?

[manco] Es una carta de Juan de Austria por mis servicios en Lepanto.

El hermano de Felipe II.

Claro, de la corte. Por eso me sonaba.

[en árabe] ¿Entiendes? La carta es del hermano de nuestro rey.

¡Soy caballero de armas! ¡Muy importante!

- Como nosotros, caballeros principales. - [traduce]

¡Yo también soy principal! Santo Oficio. ¡Exijo trato especial!

[grita en árabe] ¡Silencio!

- Apártame a estos cuatro. - De acuerdo.

Solo uno por cabeza. Lo separáis y yo os diré el precio. Vamos.

[barullo y gritos indistintos]

[toque de cuerno grave]

[narrador] ¿Acaso no lo saben vuestras mercedes?

El infierno en la tierra existe.

[ululato agudo tradicional]

[tambores graves]

[en árabe] ¡Vamos, caminad!

[narrador] Ser principal:

una bendición y una condena.

[en árabe] Camina, perro.

[narrador] Pues tales éramos vendidos al temido bajá.

[en árabe] Muévete.

[narrador] Allí nos calzaban un grillete.

Y nos encerraban hasta que se pudiera pagar

nuestro carísimo rescate.

[cautivos rezan en latín]

[gritos lejanos retumban]

[melodía andalusí envolvente]

[en italiano] Bienvenido.

- [toses débiles] - [revoloteo de moscas]

[cura] Doctor Blanco de Paz, Santo Oficio.

- [cautivo] ¿Cómo ha sido, padre? - Capturados en plena mar, una desgracia.

Doctor Blanco de Paz.

[narrador] Y allí conocí a quien llegaría a ser el cautivo más famoso.

Y él conoció a su mejor amigo: el padre Antonio de Sosa,

quien esto escribe.

Yo.

¿Ya?

[música cesa]

Jamás conocí a nadie que leyera tan rápido.

[manco] De niño leía...

Leía hasta los papeles tirados en la calle.

Como mi sobrino.

Padre Sosa...

¿podría robarle de nuevo a Garcilaso?

Señor Cervantes, tome lo que quiera. Ya se lo he dicho.

De paso, revise lo mío, que a veces no entiendo ni lo que escribo.

- [hombre en árabe] ¡Camina! - [gemidos]

¡Camina!

¡Camina a la fuente!

- ¿Quién es? - [gritos y gemidos]

- Uno de los franceses. - [gritos en francés]

El que protestó ayer por la comida.

- [en francés] ¡Os lo suplico! - Infeliz.

Otro que va a servir de escarmiento.

[grita en francés] ¡Os lo suplico!

- ¡Ya está bien! - ¡Dejadlo!

¡Ya está bien, asesino!

¡Shh!

[cautivo reza en latín]

- [francés grita] - ¿Qué le están haciendo?

- [tajo] - [grito de dolor]

Le están cortando una oreja.

Derecha o izquierda.

[guardia en árabe] ¡Cállate, perro! Ya no protestarás.

- La derecha. - [francés suplica]

- [golpes secos] - [gemidos]

- [Sosa] ¿Y ahora? - [golpe seco]

[cautivos exclaman] Oh...

[Sosa] Vamos, deme detalles.

[cautivos rezan en latín]

Muerto. Le han abierto la cabeza.

Cosas peores habrá visto vuesa merced.

¿O no estuvo en Lepanto?

[rezos en latín continúan]

[Sosa] "Muerto por un plato de comida".

Y cierro capítulo.

Espero que su infierno

sea una obra maestra, padre.

Lo será, con permiso de Dante.

Lo será.

[melodía de cuerda lenta y nostálgica]

[chista]

[cautivo] ¿Y qué hacemos? ¿Eh?

¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados viendo cómo nos apalean

y nos matan, día sí y día también?

Si no baja la voz, acabará como el francés.

¡Me da igual! ¡Yo ya esto no lo puedo concebir!

¡Una crueldad tan grande!

¡Tan grande!

[refunfuña]

¿Por qué son así los moros?

Bueno, Castañeda,

desmanes cristianos los he visto yo en Castilla y en Extremadura a cientos.

[Castañeda] Ya estamos. No me puedo creer que siempre defiendas a estos, Dorador.

[Dorador] Yo presencié torturas en el cadalso.

Ya me he enterado de por qué los defiende.

Dorador de niño fue moro. Y luego lo adoptó alguien de la corte.

[Dorador] ...las tripas fuera.

- No me da buena espina, Miguel. - [Dorador] Se lo merecía.

Este no es de los nuestros.

[Dorador] Es que... yo solo digo

que lo que aquí nos hacen ellos, allí se lo hacemos nosotros.

Y eso es así.

Buenas noches.

[música cesa]

[lee en voz baja]

Le pedí que pasara a limpio mis notas, no que las reescribiera.

Perdone, padre.

Solo... pensé que les vendría bien un pulido.

Ya, veo, ya. Ya.

¿Dónde estudió?

En el Estudio de la Villa.

¿Con López de Hoyos?

- ¿El humanista? - Ajá.

Y dejó las letras por las armas. ¿Por qué?

Si va a corregirme, al menos hágalo con buen trazo.

[chirrido de goznes]

[crujido de portón]

[rebuznos]

[cautivos gritan] ¡Son los redentores!

- ¡Los redentores! ¡Ya están aquí! - [vítores y aplausos]

¡Hijos de Dios!

El Señor sea con vos.

Cojan manzanas. ¡Cojan manzanas del morral!

Cojan manzanas. Cojan. ¡De uno en uno!

[bendice en latín]

Gracias, padre.

[aplausos cesan]

Siguiente.

Miguel de Cervantes Cortinas, natural de Alcalá de Henares.

Mediano de cuerpo, bien barbado, estropeado del brazo y la mano izquierda.

Cien escudos.

Es todo lo que su familia pudo reunir, que no es poco.

¡Cien!

Más.

De acuerdo, 150.

Eh... Perdone, padre.

Eso son 50 más a deber al Consejo.

Ya me los pelearé, hermano.

- Ya estamos. - Ciento cincuenta.

[murmullos de asombro]

¡Quinientos!

¿Quinientos? Pero ¿qué locura es esta?

Él es, eh, muy... importante.

Pero, perdonad...

Carta de favor... principal.

Es solo un permiso de ausencia.

- Don Juan los firmó a cientos. - ¡Atrás!

- No. Es un permiso. Es un... Es un permiso. - [habla en árabe]

- Para poder volver a la corte. - ¡De rodillas!

¡Yo en Lepanto apenas vi el combate! ¡Era soldado bisoño!

[guardia] ¿Qué?

[Miguel] Bisoño.

No soy quien creéis.

¿Qué es "bisoño"? ¿Qué?

Bisoño, aprendiz. No vale nada.

No vale nada.

- Tú principal. - ¡No soy nadie en la corte!

[guardia] ¡Prin-ci-pal!

[cautivos ríen]

Principal.

Claro, ahora el moro no le cree.

- ¡Quinientos! - [risas]

¡Yo no soy nadie!

[guardia] ¡Lepanto!

[Miguel] Yo no soy nadie...

[susurra] Yo no soy nadie. Por favor.

[fraile suspira] Siguiente.

Nicolás Díaz Benavides, natural de Plasencia.

[fraile] El Señor sea con vos.

- El Señor sea con vos. - Padre, no se olvide de mi carta.

Sí, sí, sí.

Vuelvan pronto, padre.

El año que viene, como siempre.

Con Dios.

Yo lo tengo claro.

Por lo que piden por nosotros, de aquí no nos rescata ni el rey.

[portón se cierra]

Todo por habernos arrimado al bisoño.

Ni hidalgo ni principal ni nada, señores, que he leído bien ese papel.

Y no sé qué de "faltas pasadas".

Otro año hasta que vuelvan.

Y llevamos uno ya.

¿Y qué quieres que hagamos, hombre? ¿Renegar?

Ah, no. Eso jamás, ¿eh?

El reniego jamás.

No sé si sabe vuestra merced... que Dorador de niño fue moro.

Sí, padre, lo sé. Lo sé. Claro que lo sé.

[pasos se acercan]

[Sosa tose]

Nunca me presento a los rescates.

¿Para qué?

Sé que nadie podrá pagar el mío.

[Miguel sorbe]

Tiene usted a su sobrino, padre.

Viajaba conmigo cuando nos capturaron.

No he vuelto a saber de él.

Lo siento.

Corregía mis escritos, ¿sabes?

Como haces tú ahora.

Bueno, no.

Miguel.

Escucha.

Tan bien como tú, no he conocido a nadie.

A nadie.

Puede que estos caballeros te miren ahora por encima del hombro,

pero tú serás hombre de letras. Ya lo verás.

Por lo menos, escribano.

¿Quién sabe? Quizás...

secretario.

- [latigazos de fondo] - [alaridos]

[cautivo grita] ¡Basta!

[latigazos continúan]

[chirrido de goznes]

[morabuto en árabe] Alá es el más grande y no hay poder ni fuerza excepto con Alá.

¡El reniego!

[en árabe] Despertad.

Alá es el más grande y no hay poder ni fuerza...

Despertad. Basta de dormir.

- [azuza indistinto en árabe] - [rezo continúa]

Alá es el más grande y no hay poder...

Quietos todos. Quietos.

[guardia azuza en árabe]

Alá es el más grande y no hay poder ni fuerza excepto con Alá.

Alá es el más grande y no hay poder ni fuerza excepto con Alá.

Alá es el más grande y no hay poder ni fuerza excepto con Alá.

[cautivo susurra en italiano] Paolo, ¿qué haces? ¡Paolo, no!

[en italiano] ¡Aquí!

¡Aquí! [solloza]

Es uno de los italianos.

Pero ¿esto se va a permitir?

[en italiano] ¡Vergüenza!

[morabuto en árabe] Pido el perdón a Alá, el único dios.

El viviente, el autosubsistente, y ante Él me arrepiento.

[Blanco de Paz en italiano] ¡Vergüenza!

[en español] Tú, libre.

[cautivos increpan y abuchean]

[en italiano] ¡Vergüenza!

¡Italiano de mierda!

¡Perro!

¡No, Dorador!

¿Qué haces?

- [Dorador] ¡Aquí! - [guardia] ¡Callad, perros!

- ¡Callad! - [Dorador] ¡Aquí!

¡No lo hagas! ¡Levántate!

¡Levántate!

[reza en árabe]

[cautivo] ¡No reniegues! ¡Vas a ir al infierno!

- ¡Dorador! - Te vas a condenar.

Te vas a condenar.

[guardia] Tú, libre.

[Dorador] Adiós, hombre.

[cautivo] ¡Anda, sinvergüenza!

[cautivos increpan y abuchean]

No nos juzguéis.

¡Cada cual su libertad!

¡No nos juzguéis!

No me lo creo.

Pensé que sería más fuerte.

Dorador...

[resopla]

no era de los nuestros.

[abucheos continúan]

[portón se cierra]

[abucheos se atenúan]

[silencio]

[cautivo] Solo te digo que si sales libre con el estómago lleno...

Los que reniegan ya están comiendo caliente.

[Castañeda] A ver si van a ser los moros los que se los comen a ellos.

[risotadas]

[Castañeda] Aquí se comen hasta a los perros.

[Sosa] Fue mirando y mirando aquella ventana.

[Castañeda] Y bien calentitos que se los comen, ¿o no?

[Sosa] Así nació... el cautivo.

- [cautivo] Como no comen cerdo... - [risotadas]

Los que reniegan son libres, sí, pero condenados a vivir aquí como moros.

Y sin poder ir al cielo.

No más.

No más. Y esconde bien eso.

- ¿Entonces por qué reniegan, padre? - Ay...

Esta ciudad es peor que Babilonia, señores.

Cuerpos medio desnudos por las calles.

Tatuajes indecentes.

Los banquetes... duran días.

Orgías a todas horas.

Y por eso mismo se condenan.

No lo olviden vuestras mercedes.

¿Lo estáis viendo?

Una mano con un pañuelo. En esa ventana.

¿No lo veis?

Aguilar, acércate.

No, para.

Para, para, para...

Cuando te has acercado se ha escondido.

Como si no quisiera nada contigo.

- Oigan, les estaba hablando del reniego. - Shh...

[Miguel] Señores.

La mano...

siempre se escondía.

Hasta que se acercó...

un cautivo.

[música andalusí intrigante]

[tintineo de monedas]

¿Qué es, Miguel?

¿Será oro?

Es oro.

Son cinco piezas.

Pero ¿de quién?

¿Y por qué a ti?

Entre aquel cautivo y un cura amigo suyo

calcularon que, convertido el oro en dinero moro...

Sería suficiente para comprar la libertad de un cautivo.

La tuya, Miguel.

¡La libertad por fin!

Y de qué manera tan sencilla.

Libre.

Pero...

¿quién se escondía tras la ventana?

Y al día siguiente,

justo a la hora de la siesta...

[música andalusí embriagadora]

"Mi señor, soy Zoraida, hija del bajá".

"Espero que alguna vez perdonéis a mi padre.

No os tiene encerrados por maldad, sino...

por no conocer otra forma de tratar a los cristianos".

Un momento. ¿Ella por qué hablaba castellano?

Ah.

[murmulla]

Ah. "Sabed que conozco vuestra lengua

por una esclava cristiana que me la enseñó de niña".

[cautivos] Ah...

"Así como a no desear mal a nadie,

ya sea cristiano, moro, turco o judío.

Y por eso me he atrevido a robar dinero de mi padre,

con la única intención de daros vuestra libertad.

Así pues, comprad lo que nunca...".

[al unísono] ¡Nunca nadie debió quitaros!

¡Bravo!

¡Bravo!

[Sosa] Y cada vez que contaba esa historia, no se oía ni respirar.

¿Cómo sigue, Miguel?

Continúa.

Otro día el resto.

¡Vuelve a contarlo, entonces!

[cautivos] ¡Ah!

¡Señores! ¡Señores!

Llevo una semana contándoles la misma historia.

¡Debería cobrarles!

[risotadas y aplausos]

[risas y aplausos cesan]

[música andalusí tenue continúa]

[Blanco de paz] Es una trampa.

Ella lo traicionará.

Otro día, padre.

Está adiestrada por el bajá.

Otro día.

Otro día, otro día... Siempre lo mismo.

[rumor de olas]

¡Vístete!

[en árabe] Vamos.

Camina.

[risas de fondo]

[voces indistintas]

[canto en árabe de fondo]

[en español] Espera adentro.

[canto en árabe continúa]

[jadea]

[jadea]

Esa fruta la trae Yusuf cada mañana.

Vuestro antiguo compañero, Dorador.

Ahora se llama Yusuf.

- ¡De rodillas, perro! - [gime]

¿Sabes quién soy?

Vos sois Hasán Bajá.

Señor de Argel.

¿Y cómo me llaman?

- El Veneciano. - Ajá.

Nací en Venecia.

Criado en Bolonia.

Capturado en Croacia por los moros.

Y convertido en Turquía.

¿Sabes lo que eso significa?

[Hasán mastica ruidoso]

Hablo cinco lenguas.

Por eso entiendo todo lo que decís ahí abajo.

¿Por qué te inventaste esa historia?

La historia de mi ventana.

La que siempre aplauden.

¿No lo sabes?

Fue por...

Fue por no aburrirme, señor.

¿Te puedo hacer una pregunta, cautivo?

Claro, señor.

¿Por qué le dio ella el dinero? ¿Por qué?

Muy sencillo.

Ella se había enamorado.

- ¿Se enamoró? - [ríe tenue] Eso es.

Claro.

Claro.

Locamente.

[carraspea]

Ahora Muley te va a cortar una oreja.

¿Prefieres derecha o izquierda?

No entiendo, señor.

¿Derecha o izquierda?

¿Qué he hecho mal?

Una mora enamorada de un cristiano al que ni conocía.

Esas historias de amor increíbles las he oído mil veces y las detesto.

Espero que la próxima vez me sorprendas.

Izquierda.

No, señor, por favor.

No. ¡No me habéis dejado terminar!

¡No era a él a quien amaba!

No era a él.

[jadea tembloroso]

Hubo un último mensaje.

[Zoraida] "Mi señor, una vez hayáis comprado vuestra libertad,

presentaos en los jardines de mi padre".

¿Un cristiano en los jardines del bajá? ¿Me tomas el pelo?

Sí. Quiero decir, no, señor.

[música andalusí embriagadora]

El bajá...

El bajá era el hombre más generoso de Argel.

Y en días festivos, abría sus jardines.

A todo el mundo.

[música andalusí continúa]

[estallido de fuegos artificiales]

[exclamaciones de asombro]

Cuando por fin se encontraron,

él le hizo la misma pregunta que vos os hacéis.

¿Por qué me salvasteis, señora?

¿Aún tenéis la cruz que os di?

[fuegos artificiales continúan]

Quiero que consigáis un barco y me llevéis a España.

Quiero hacerme cristiana.

¿Cómo te atreves? ¡Perro!

- ¿Cómo te atreves? - [gime]

Entonces, ¿ella amaba a... a Cristo?

¿Por eso salvó al cautivo?

Vos me pedisteis que os sorprendiera.

[ríe con sorna]

No se permite a un cristiano comprar un barco.

Pero sé de moros que se hacen cristianos.

Y cristianos que se hacen moros.

Como yo.

Libre hasta la puesta de sol.

- [en árabe] Abridle las puertas. - [guardia en árabe] Sí, mi señor.

[canto de chicharras]

[voces indistintas de fondo]

[gruñido de dromedario]

[conversación indistinta]

[blues del desierto suave y envolvente]

[risitas de mujeres]

[mujer vocifera en árabe]

[mujer ulula aguda]

[blues del desierto continúa]

[música cesa]

[música se reanuda animada y con ululatos agudos]

[ráfaga de viento]

[música se desvanece]

[música arábigo-andaluza]

¡Eh!

- No, no. - No.

De Castilla, ¿a que sí?

Como yo. Entre y le acicalo un poco.

No tengo dinero.

- [música cesa] - [aplausos]

¡Oiga!

[voces animadas de fondo]

[música arábigo-andaluza]

Pues fíjese que llevo aquí ya 12, 12 años cortando barbas y pintando calvas.

[ambos ríen]

¿Y por qué renegó, vuestra merced?

- ¿Eh? - ¿Por qué renegó?

No soy el único. No hay más que ver las calles llenas de extranjeros.

El bajá, sin ir más lejos.

Lo sé.

Cuando uno reniega, lo hace porque no le queda otra.

Uno reniega para poder vivir.

Vivir bien, por cierto, porque aquí, digan lo que digan, se vive muy bien.

[barullo animado de fondo]

¡Eh!

[en árabe] Diles que no alboroten tanto.

[en árabe] Hermanos, no alborotéis. Hay un cliente nuevo.

En su barbería se sirve aguardiente.

¿Eh?

¿No estaba prohibido el alcohol entre ustedes?

¿Aguardiente en Argel?

Imposible, será agua.

[barullo se intensifica]

- Disculpe vuestra merced. - Sí.

[en árabe] Disculpad, hermanos, estoy con un cliente nuevo.

¡Más bajo! ¡Más bajo! ¡Eh!

[hombre en árabe] Novia guapa.

[hablan indistintos en árabe]

- [música cesa] - [risotadas]

[cautivo] ¿Adónde va, padre?

Va a escribirlo.

[Castañeda] Sí, yo ya lo había oído.

Aquí muchas barberías son así.

Se sirven licores y allí se dan cita...

hombres de esos.

¿Hombres? ¿Los de pecado nefando?

Carne de hoguera, más bien.

Pero aquí no los ajustician, por lo que parece.

Los corsarios se pasean con sus mancebos por las calles como si nada.

"Garzones", creo que les llaman.

Mucho parece saber vuestra merced.

No, no, no. Perdón, padre.

Yo... Yo, lo que he oído. ¡No!

[susurra] Joven, debes tener cuidado si te vuelve a llamar el bajá.

Dicen que él también es un desviado.

Y que tiene un harén lleno de mancebos que se embadurnan en aceite.

Todo espantoso.

Ahí está ese tunante cogiendo agua para sus plantas.

¡Dorador!

O, mejor dicho, ¡Yusuf!

¿Qué tal la vida de moro? ¿Ya te dieron por el culo?

A mí todavía no.

Pero te están esperando a ti, con una estaca bien gruesa.

[abucheos]

¿Quieres saber cómo llegó a ser bajá?

Como era buen mozo cuando lo raptaron los moros,

se dejó querer por su amo.

Yo no sé si ese Hasán será gallo o gallina,

pero de una cosa estoy seguro:

sabe mucho, pero que mucho, de contar historias.

[Miguel] ¿Y por qué dices eso?

¿No encontró enseguida lo que fallaba en la tuya?

¿"Lo que fallaba"? ¿De qué hablas?

Un cristiano jamás podría comprar un barco en Argel.

¡Jamás! Más razón que un santo.

- Ah. - [guardia en árabe] ¡Cada uno a su sitio!

¡Todos a acostarse!

Castañeda.

¿Y quién ha dicho que lo comprara?

No lo compró.

¿Cómo que no lo compró?

[Miguel] Hizo llegar un mensaje a sus compañeros.

Debían conseguir a alguien que convenciese a sus familias

para que le entregasen el dinero de los rescates.

Con ese dinero, esa persona alquilará un barco en Mallorca

que nos recogerá a seis de nosotros...

...en algún lugar de la costa.

Y así fue como lo hicieron.

- [Castañeda] No, no, no. - ¿Seis cautivos?

Como si fuera tan fácil, Miguel. ¿Quién se prestaría a hacer ese encargo?

Pero espera, espera. ¿Y cómo salieron de la prisión?

Bueno, denme tiempo, caramba.

Denme tiempo.

[Castañeda] No...

[risotadas]

[nota tensa tenue sostenida]

[chista]

[chista]

[nota grave distorsionada]

[transición a música de tensión]

Disculpe, padre.

- [Blanco de Paz] Aquí. - [Miguel] No, este no es.

- ¿Qué es esto? ¿Qué hacen? - Padre, ¿dónde tiene el otro mapa?

El que recorre toda la costa.

¿No es este?

Este es.

¿Veis? Lleva años tomando nota de todo.

Padre Sosa, bendito sea.

Oye, Miguel, ¿qué estás tramando?

¿Qué traman ustedes?

¡Shh!

Padre... Padre, échenos una mano.

De verdad se lo pido.

No puede ser.

No puede ser. Pero ¿cómo eres tan ingenuo?

¿De verdad creen que alguien puede escapar de aquí?

Cervantes sabe cómo hacerlo, padre.

Se lo aseguro.

Vuestra merced no tiene familia.

La mía no tiene ni un real.

Es escapar o pudrirnos aquí.

Su gran obra.

Su gran infierno.

Sin publicar.

[notas melancólicas]

La muerte más larga y espantosa.

Eso es lo que espera siempre al autor de una fugada.

- No siempre. - ¡Siempre!

Esto no es tu cuento, hijo.

Esto es la vida real.

No cuenten conmigo.

[música dinámica]

[Castañeda] ¿Son minas de piedra?

Un buen escondite, pero siempre hay hombres trabajando. Nos encontrarían.

- Esto parecen rocas. - Media legua al este, hay hornos de cal.

[Miguel] ¿Dónde?

- Todo esto aquí. - Son rocas.

- Muy lejos de la costa. - Padre, mire esto.

Lo dibujó usted.

[Sosa] Ah, son grutas formadas por el viento y las olas.

- Ya lo tenemos. - No, señores, ahí el mar es muy bravo.

- Padre. - El barco tendría problemas para ir.

Padre, problemas tendremos todos.

Desde Mallorca serían dos días.

Pero, Miguel, aunque yo consiguiera...

[bendice en latín]

Aunque yo consiguiera el barco, ¿cómo saldríais vosotros de aquí?

Sé a quién comprar.

Solo necesito un pequeño préstamo.

[tintineo de monedas]

- [fraile] La madre que me parió. - [suspira]

[vítores y aplausos]

[bullicio animado]

[vítores y aplausos]

[suspira hondo]

[rezo en árabe]

- [pasos] - [tintineo de grilletes]

[Miguel susurra] Esperad.

[rezo continúa]

Padre, el rezo.

Es ahora o nunca.

Pero, padre...

Mi sobrino.

No puedo irme sin saber qué ha sido de él.

Si lo han matado o si logró escapar.

No puedo irme, Miguel. No puedo.

Rezaré por vosotros.

[Miguel susurra] Vamos. ¡Vamos!

[ráfagas de viento]

[canto de pájaros]

[relincho]

[cascos acercándose]

Ya viene con los caballos.

[caballo resopla]

[cascos de caballos]

[Dorador] Vamos.

Bajando esa ladera, por allí.

Rápido, por allí.

Vendré cada noche con agua y comida. No esperéis gran cosa.

[tintineo de monedas]

- Son 200. - ¿Y la otra mitad?

Cuando aparezca el barco.

- No es lo que acordamos. - ¡Cuando aparezca el barco!

Que no me fío de un moro.

[Sosa] Siete noches.

Ese era el plazo para que llegara la barcaza.

[música de viento melancólica]

[Sosa] Pasaron muchos días.

Semanas.

Y, entonces, él les empezó a contar todas las historias que había leído.

[inaudible]

[notas de cuerda melancólicas]

[Sosa] Y, muchas veces, volvía a lo que ya había contado

y lo convertía en algo nuevo.

[música nostálgica se intensifica]

[Castañeda ríe]

[música se atenúa y cesa]

No sé por qué dejó las letras.

Si lo suyo no son las armas. Lo suyo es contar historias.

En esa carta...

decía "perdón por faltas pasadas".

Tuvo que pasar algo gordo.

[Dorador] Yo sé lo que pasó.

Este señor, de estudiante,

que ya decía yo que me sonaba su cara,

se batió en duelo con un maestro de obras en los jardines del Real Alcázar.

Hace ocho años.

¿Y eso cómo lo sabe vuestra merced?

Pues porque yo era el jardinero.

Yo en Madrid era el jardinero real.

Y allí que veo a Miguel, espada en mano.

Pero ¿por qué fue el duelo?

[Dorador] Pues resulta...

que el maestro de obras

había ido diciendo por ahí que el tutor de Miguel, López de Hoyos,

nada menos,

le daba clases de escritura

a cambio de... favores.

¡No!

¡Ah!

El caso es que sentenciaron a Miguel por malherir a un principal, claro.

Diez años de destierro. Diez.

Y amputación de la mano derecha.

Pero, entonces, escapó a Italia y no se supo nada más de él.

Hasta Lepanto.

Y allí se conoce que lo redimieron.

[Blanco de Paz] Ya.

Pero, en combate, tres trabucazos en el brazo izquierdo.

Ahí lo tiene.

Justicia divina.

Bueno...

Aquí el que esté libre de pecado...

que tire la primera piedra.

¿No, padre?

Con Dios.

No he entendido esto último.

[chillido de gaviotas]

Ahí está.

¡Ahí está!

¡Eh! ¡Aquí!

¡Eh!

¡Eh!

- ¡Eh! - ¡Aquí!

- ¡Eh! - ¡Nos han visto!

- ¡Se están acercando! - ¡Eh!

¡Sí!

¡Aquí! ¡Eh!

¡Eh!

- ¡Eh! - ¡Hay que ir a por Zoraida!

Así que cuatro de ellos partieron al palacio.

[música de tensión tenue]

[susurra] Señora.

Señora.

Ha llegado el barco.

Vámonos.

¿Dónde está Aguilar?

[música se intensifica]

[Miguel] A pesar de que prometieron no tocar nada,

la codicia fue más fuerte.

¡Soltadlo! ¡Mi padre no os ha hecho nada!

No podemos dejar que avise a los guardias. No.

[Miguel] No hubo otra opción que llevarlo al barco.

Como rehén.

[música cesa abrupta]

Pero, bueno, ¿y lo vas a dejar ahí?

Otro día seguiré.

- No me lo creo. - Siempre igual.

- Igual. - Dinos si termina bien o mal.

¿Y cómo va a terminar? Pues mal. [ríe]

[Miguel] Otro día. [exhala]

[Castañeda] Lo tengo.

Lo tengo. Atended.

Los moros consiguieron abordar el barco.

Entonces, se entabló una gran batalla entre moros y cristianos.

¡Zas! ¡Zas!

Ganaron los cristianos y los moros se lanzaron al mar como ratas.

[Dorador] ¡Menuda patraña!

Buenas noches.

Patrañas...

[Dorador] Sí, siempre es lo mismo.

Los moros son todos unos cobardes.

Pero los cristianos... [con sorna]

Ellos son los más valientes. A otro perro con ese hueso.

Los más valientes, sí. Y si no te gusta, no haberte hecho moro.

¿Es que ahora yo, por ser moro, soy un cobarde?

[risotadas]

Yusuf, que cambiaste hasta de nombre para librarte del grillete.

Castañeda.

Yo seré un cobarde,

pero tú...

¿Yo qué, hombre? ¿Yo qué?

Señores, por favor, calma.

¡Tú cállate!

[Dorador] Buen provecho.

Hasta mañana.

Qué bien hicimos en echarlos de España.

A los moros y a los judíos.

Qué bien hicimos.

[canto de gaviotas]

Buen día.

Buen día.

Perdóname por lo de ayer.

Venga.

[en árabe] ¡Están aquí!

[guardia en árabe] Seguidme.

[en español] Perdonado.

[guardia en árabe] ¿Quién es el autor? ¿Quién es el autor?

[gritos indistintos]

Yo.

[guardia] No te escucho.

Yo.

- ¡Más alto! - ¡Yo!

[Miguel gime dolorido]

Ahora quiero el nombre del que tenía que conseguir el barco.

Él me lo ha contado.

Os oyó cuando encontró vuestro escondite.

Todo esto fue idea suya, ¿cierto?

El autor es él.

No es él.

[suspira hondo]

Cautivo,

no le debes nada a este cura.

Delátalo y te salvaré a ti.

Morir empalado es la peor tortura, créeme.

¿Es él?

[Hasán suspira y da palmada]

El fraile es el autor. Llevadlo al palo.

No. No, no.

Parad.

¡Parad!

Señor, yo...

Fue...

- Vuestro jardinero. - ¿Qué?

Todo el plan fue suyo. Él es el autor.

¿Cómo te atreves?

Cuéntale quién nos abrió las puertas del patio.

¡Saltasteis los muros!

Mi señor... dejadme que calle a este perro.

¿Y por qué lo acusas ahora?

Pensé que no me creeríais.

- ¡Dejad que lo mate! - ¡Basta!

[fraile] Conseguí la barcaza, pero ni un solo remero.

El plan estaba condenado desde el principio.

Señores...

yo estoy en paz con Dios.

Estoy listo.

Pagaré por todos.

Es muerte en el palo, padre.

Nunca será peor que el martirio de nuestro Señor.

Sí lo será.

Bendito sea, fray Juan Gil.

Rezaré por usted cada día.

- [besa] - No.

No.

Padre.

Hasán no tiene ni una sola prueba contra usted.

Ni una.

Si nos mantenemos firmes, no nos pasará nada.

A ninguno.

[Blanco de Paz] ¿Cómo que...?

¿De verdad te piensas que nadie va a pagar por esto?

¡Siempre cae alguien!

Y te aseguro que no será uno de los suyos.

Baje la voz, padre.

¡Pues deja tú de decir sandeces!

Alguien de nosotros tiene que sacrificarse, maldita sea. [solloza]

Me da igual si eres tú o fray Juan Gil,

pero ¡alguien tiene que morir!

¡Alguien tiene que morir, maldita sea!

[llorando] Yo no quiero morir.

Yo no quiero morir.

[llora desconsolado]

[sollozos continúan]

Y acaba vuestra merced de besarle la mano.

Me parece que he sido bastante claro, Cervantes.

[chirrido de goznes]

- Tú. - ¿Yo?

No, no, no.

Él es el autor.

Tú.

[alaridos retumban]

[alaridos continúan]

¿Sabes lo que te espera, eh?

[cautivo implorante] ¡No, no!

[en árabe] Andando.

[alarido estremecedor]

[gritos continúan]

[portazo retumba]

[cerradura se cierra]

[ecos siniestros]

[Hasán] Cautivo.

Mi siervo dice que mientes.

Tú dices que miente él.

[alarido de fondo]

Así que uno de los dos mintió al bajá.

Y ese perro es quien morirá.

Aquí mismo, empalado vivo.

[alarido de fondo]

Te lo preguntaré por última vez.

¿Quién fue el autor?

Fue él, señor.

Os lo prometo.

Por mi padre y por mi madre.

Os lo juro por Dios.

Qué fácil lo tengo.

Qué fácil... desenmascararte.

Tú crees que a ti siempre te protegerá la carta de don Juan, ¿verdad?

Pues resulta que yo sé muy bien lo que dice ahí.

Leedla con atención, mi señor.

Y yo os diré cuáles fueron esas "faltas pasadas".

¿Por qué no dices aquí por qué tuviste que huir de Madrid hace ocho años?

Vamos, dilo.

Dilo.

¿Un duelo por sodomía?

No sé de qué me hablas.

Tú no eres nadie más que un embustero.

Y un... marica.

¡Un marica!

¡Marica!

[música de tensión]

Eso es lo que eres.

[Miguel jadea]

[música se intensifica]

[en árabe] Al palo.

[notas graves siniestras]

[música llega al clímax y se desvanece]

[música etérea tenue]

Shh...

[con eco] Tranquilo, señor.

Estoy en el cielo.

[joven ríe]

[en árabe] Cree que está en el paraíso.

[música etérea continúa]

[suspira]

[música etérea continúa]

[Hasán en árabe] Al palo.

[notas graves]

A él no.

A él.

[en español] ¿Yo?

- Mi señor, ¿por qué...? No. - [guardia en árabe] ¡Camina!

[inaudible]

[gritos con eco]

[alarido distorsionado]

[alarido y música se desvanecen]

[risas de fondo]

[joven murmulla en árabe]

[jadea asustado]

[canto en árabe de fondo]

[Hasán] Siéntate.

Té de las orillas del Mar Negro.

¿Lo has probado alguna vez?

Desde luego, eres osado, cautivo.

Nunca vi a nadie mentir con tal descaro.

[Hasán ríe]

Mentiste para salvar al cura y luego mentiste para salvarte tú.

Y antes de eso mentiste sobre aquella carta que... no vale nada.

Ah, y también ocultaste a todos que escapaste de Madrid... a Italia.

Mi tierra.

Cervantes...

[en italiano] El impostor más grande que conozco.

[en italiano] Si pensáis eso de mí...

¿por qué no salvasteis al jardinero?

[en español] Ese idiota te acusó de sodomita...

ignorando mis costumbres.

¿Y a ti?

¿Quieres saber por qué te he salvado a ti?

Entonces, no entiendo. ¿Qué es lo que quiere ese hombre?

Ya se lo he dicho, padre. Quiere historias.

Más historias.

[Sosa] Y así fue como Miguel empezó a buscar historias para el bajá.

"...y entró por el que la doncella le guiaba.

¿Cómo el gigante armó caballero a Galaor? Por la mano del rey Lisuarte".

[Sosa] Y por cada historia que le complaciera, el bajá le prometió...

un día de libertad.

[música andalusí embriagadora]

[Sosa] Y todo aquello que veía...

nos lo contaba cada tarde.

Para que soñáramos que éramos libres.

¡Venga, venga! ¡Vamos, vamos!

[carcajadas]

[Miguel] ¡Y no solo eso, sino que me lanzó un beso!

[Sosa] Pero otros no eran tan fáciles de complacer.

"'Yo iré donde vos me mandéis', dijo él.

Y va...".

Cierto, señor.

Muy visto.

Pero ¿y si os dijera que Gandalés quería tanto a Doncel...

porque en realidad era su hijo?

Y al ver que sería nombrado caballero...

De acuerdo, de acuerdo.

[Sosa] ¿Y Don Lepolemo?

[Miguel] Caballerías no. Cuantos más disparates, más se aburre.

[Sosa] Y los versos de Garcilaso...

Se los sabe de memoria.

Y, por favor, padre, no más encantamientos.

- Ya, ya. - Ni hijos secretos.

Ya, ya, ya...

El Lazarillo de Tormes.

La vida misma, sin encantamientos ni hijos secretos.

Pero ¿no estaba prohibido?

Ni una palabra al padre Blanco.

[Miguel] "Estando mi cara hacia el cielo,

un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor,

sintió el ciego que ahora podía vengarse.

Y con toda su fuerza,

alzando con sus dos manos aquel dulce y amargo jarro...

lo dejó caer sobre mi boca,

valiéndose, como digo, de toda su fuerza.

- De manera que el pobre de mí...". - [risa contenida]

"...que... que nada de esto sospechaba,

sentí que el cielo, con todo lo que hay en él, me había caído encima.

Fue tal el golpe, que me quitó el sentido".

[risa contenida]

[Miguel] "Y...".

[risa continúa]

"Y el ga...

el jarrazo tan grande, que los pedazos se me incrustaron".

[guardia y Hasán ríen contenidos]

"Rompiéndomela por muchas partes".

[carcajadas]

"Y...".

[Hasán ríe]

"Y me rompió los dientes, sin los cuales...".

[Hasán ríe a carcajadas]

"...sin los cuales hasta hoy día me quedé".

[explosión de carcajadas]

[guardias continúan riendo]

[risas cesan]

[guardia ríe contenido]

[suspira]

[Hasán suspira hondo]

Toma lo que quieras.

- [risas emocionadas] - [cautivo] Muy bien.

[Miguel] Tranquilos, hay para todos.

Hoy se ha reído.

Hoy he conseguido hacer que se ría.

[cautivo] ¿Y qué le leías?

El Lazari... El La...

La...

Eh...

- La Ilíada. - [cautivo dudoso] Ah.

¿La Ilíada? ¿Y dónde está la risa ahí?

Bueno...

Quizás fuera por el vino.

- Porque bebió bastante. - ¿Que bebe vino? ¿El bajá también?

- [Miguel] También. - Qué vergüenza.

Si aquí lo tienen prohibido.

Desde luego.

Algo que les prohíben a ellos y no a nosotros, los cristianos.

- [risas] - [Blanco de Paz] Te he oído, Miguel.

Ahora mismo vas a arrodillarte ante la Virgen...

y pedirle perdón.

¿Cómo?

Lo que oyes. Vamos.

¿Qué he dicho?

Has ofendido al Señor.

Y, de hecho, le ofendes cada vez que les cuentas a todos

maravillas de las cosas indecentes que ves por las calles.

¿Que yo ofendo a Dios?

[ríe con sorna]

Tiene narices la cosa.

Tranquilo.

- Usted sí que ofende a Dios, padre. - Miguel.

Le ofende cada día.

- Oye, a mí no me hables así. - ¡Cada día!

- Fisgoneando. - ¿Fisgoneando?

Y chismorreando.

Como una alcahueta.

En vez de ocuparse de sus asuntos y dejarnos en paz.

- Mis asuntos son velar por vosotros. - ¿"Velar"?

¿Y usted vela por nosotros?

¡Usted solo vela por sí mismo! ¡Por sí mismo!

Vuestra merced quiso delatar a fray Juan Gil.

- [Blanco de Paz] ¿Qué estás diciendo? - Sí. Señor, aquí hay testigos.

Beltrán, no te metas.

- Diciendo que alguien tenía que morir. - ¡Beltrán!

Usted sí que debería pedir perdón por sus pecados, padre.

Que son muchos.

Es que los pone en mi contra.

A todos. ¡Ya está bien!

Padre, no se haga mala sangre. Ya hablaré yo con él.

¿Quién lo iba a decir, eh? Esa mosquita muerta.

Y ahora se cree el amo del patio.

Claro, como tiene el amparo del bajá...

Y digo yo...

¿Qué pasará ahí dentro para que sean tan...

tan amigos?

Se diría que desea usted verlo.

Con toda mi alma.

[canto melancólico embriagador]

[notas melancólicas]

Señora, yo os prometo

que cuando lleguemos a España recibirá buen trato.

Entonces, el cautivo explicó a Zoraida por qué habría de creerle.

[Hasán] ¿Qué dijo?

"Os amo".

Desde aquella noble carta.

Y os amé aún más cuando contemplé vuestros ojos...

"...que son reflejo del alma".

Perdonadme, señora.

[Hasán] Entonces fue él quien se enamoró de ella.

Es más creíble, pero sigue sin tener un buen final.

No te has resistido el viejo truco.

¿Qué truco?

Endulzar las historias para que la gente se emocione.

Pero ¿qué sabréis los poetas del amor?

¿Qué sabes tú del amor?

El amor no existe.

Tiene que haber amor en el mundo.

- Dios no permitiría un mundo... - ¿Dios? ¿Qué dios?

Cervantes, no me tomes el pelo.

Sé que en el fondo eres tan infiel como yo.

[exhala profundo]

Un moro mató a mi madre delante de mí.

Mientras yo rezaba.

Y después yo hice lo mismo a otros.

O cosas peores.

Así es el mundo.

Y si no hay amor en el mundo...

¿qué nos queda?

Los placeres.

Eso es lo que siempre me digo.

[en italiano] Los pequeños placeres.

[en español] La luz del sol por la mañana.

Las estrellas por la noche.

Un buen banquete.

Tus historias, cuando son buenas.

Este hamán.

El placer de la cópula.

Sí, has oído bien.

Yo... Yo no...

[Hasán ríe]

Tranquilo.

Para eso ya tengo a mis garzones.

No deseo a un cautivo flaco y manco.

[canto en árabe de fondo]

[gemidos de fondo]

¿Y tú cuándo te vas a hacer moro de una vez?

Pero ¿qué dices?

Mírame a mí. En Madrid, más pobre que una rata.

Agachando la cabeza cada vez que me cruzaba con un principal.

Y aquí, dueño y señor de la barbería más famosa.

¿Barbería? ¿Esto?

[ríen a carcajadas]

Venga, por el reniego.

No, no, no, que ya voy borracho.

¿Qué vas a estar borracho? Si te he dicho que esto es agua.

Venga.

- Por el reniego. - Por el reniego.

Oye.

- Te propongo yo a ti otra cosa. - Sí.

¿Por qué...?

¿Por qué no vuelves tú a ser cristiano?

- ¿Eh? - ¿Eh?

- [barbero ríe] - Y nos escapamos juntos a España.

[ríe a carcajadas]

Ya te he dicho que en España no se me ha perdido nada.

- No me lo creo. - Sí.

No me lo creo.

Las librerías.

Aquí no encontré ni una.

¿Librerías?

Si no sé leer, ni falta que me hace.

Ya. ¿Y las comedias en las plazas?

Toda esa gente riendo.

- Todos a la vez. - [canto cesa]

[aplausos tímidos de fondo]

Y los aplausos.

¿Ah?

Aquí está prohibido, Abderramán.

- Los titiriteros. - Que no.

Que a mí todo eso de la farándula no...

Está bien.

Los molinos.

- [suspira] - Los de la Mancha.

[música de cuerda melancólica]

Encalados en blanco, resplandecientes.

Con sus aspas...

crujiendo al viento...

como si fueran gigantes...

que saludan al que pasa.

Y sin importar que sea más pobre que una rata.

[música nostálgica se intensifica]

¿Sabes...

qué es lo que de verdad echo de menos de España?

¿El qué?

Mi nombre.

Alonso.

[música se desvanece]

[Miguel] Buenas noches.

Buenas noches.

Buenas noches.

[cautivo] Pareces un moro.

Perdón.

Perdón. [gime]

¿Qué os pasa a todos?

¿Y Beltrán?

Cuando el guardia te abrió la puerta esta mañana,

se la dejó abierta.

Y Beltrán trató de escapar.

Le cortaron media oreja.

[sollozando] Gracias.

Y ahora te la vas a comer.

Vamos, cómetela.

[Beltrán llora]

Y te perdonaré la vida.

[Hasán] Mmm...

[arcadas]

Así pasará mejor.

[Beltrán tose]

Degüella a este perro.

No, no, no, por favor, por favor. He hecho lo que me habéis pedido.

[en árabe] Mátalo.

Os lo suplico, por favor.

[suplicante] No. No, no, no...

- [tajo] - [cautivos exclaman]

Y tú mientras divirtiéndote, por lo que parece.

Claro.

Él puede salir cuando quiera. Como es tan amigo del bajá...

- Cállese. - Se le permite todo.

¡Cállese! ¡Cállese!

- Y todos mirándome como... - Miguel.

Como si tuviera la culpa de lo que hace Hasán.

Escúchame, Miguel.

No, ¿culpa de qué? A ver, ¿de qué?

¡Se les pasará! Pero cuídate del padre Blanco.

Se muere de envidia, lo sé.

Y de celos.

Salta a la vista.

Pues que se ande con cuidado.

Ese...

Ese marica.

Pero ¿es que el vino te está ablandando los sesos, hijo?

Blanco de Paz es comisario del Santo Oficio.

Y ahora, si no te importa, déjame trabajar.

Ya sé que era amigo tuyo.

¿Qué querías que hiciera? ¿Que lo perdonara?

¿Era necesario?

¿Tanto dolor? ¿Tanta humillación?

¿Piensas que lo hice por placer?

Si no temen al bajá, tratarán de escapar.

Y el gran sultán caerá sobre mí.

¿Por qué no intentas ponerte en mi lugar?

- ¿Y dejarles salir de vez en cuando? - Dejarles salir.

Las calles de Argel están llenas de cristianos. Sus amos se lo permiten.

Como tú a mí.

Porque trabajan, en los talleres, para ellos.

Pero los míos son cautivos de alto rango.

¿Qué saben hacer?

[Sosa] Por las noches, rumiaba sus mejores ideas.

Y aquella noche dio con la mejor de todas.

Y la peor.

[Miguel] Treinta nombres.

Cada día leeré una lista diferente.

Todos tendrán la oportunidad de salir a trabajar.

¿Oportunidad? ¿Tener que aprender un oficio?

¡Yo nací hidalgo, no jornalero!

¡Somos principales!

¡Eso es rebajarse!

¡Yo no trabajo con las manos!

¡Cada día!

Cada hora que pasen fuera de esta prisión,

se librarán del maltrato.

La vida está ahí fuera, señores.

No aquí dentro.

Mi trabajo es salvar almas,

no cargar piedras.

[Miguel] Muy bien.

Que alcen la mano los que estén de acuerdo.

[murmullos]

[música melancólica tenue]

[Sosa] ¡Yo!

Aquí.

[Blanco de Paz] Esta es buena.

¿Se puede saber en qué piensa trabajar vuestra merced?

En lo que sea, con tal de encontrar a mi sobrino.

Lo que sea, con tal de que nos dé el aire.

¡Vamos, señores!

¡Vamos!

[música se intensifica]

[música de tensión tenue]

[en árabe] ¡En marcha!

[Sosa] A partir de entonces, los cautivos del bajá

pasamos a ser llamados "los de Cervantes".

[música embriagadora tenue]

[bullicio de fondo]

[Sosa] No se me daba mal mi nuevo oficio,

pero los días en que yo me ausentaba,

Blanco de Paz ocupaba mi mesa, o eso me dijeron,

denunciando cosas viciosas y feas.

[risas juguetonas]

[música embriagadora continúa]

[música se atenúa]

El montante de hoy, señor.

¿Y nuestra historia de hoy?

[Miguel y Hasán ríen]

Aquel día...

Aquel día pensé que nos matarías a los tres.

Todos riendo...

[ríe]

Yo nunca pensé que te reirías.

Tú me haces reír.

Me entretienes.

Me haces aún más rico de lo que soy.

¿Qué quieres de mí? ¿Eh?

Nada.

No, no me lo creo.

Eres astuto y ambicioso.

Pero no puedo liberarte.

No puedo.

No conozco a nadie con tu talento, Miguel.

Créeme, a nadie.

¿Talento?

¿Para qué? ¿Para las fugas?

Para las historias.

Deberías escribir la que empezaste.

La historia del cautivo. Y, de paso, terminarla.

¿Y quién la leería en esta ciudad?

Yo.

Yo la leería.

Miguel.

Si renegaras,

yo podría ayudarte a llegar a lo más alto,

como hice yo.

Piénsalo. Ser bajá.

- [ríe] - No bromeo.

Bajá...

Lo que quieras.

Lo que tú quieras.

[Miguel jadea]

Estás temblando.

¿Es porque me deseas...

o me temes?

[jadeo con eco]

[silencio]

[música melancólica tenue]

[en italiano] Los pequeños placeres.

[Hasán ríe tenue]

Tú buenas historias, ¿eh?

Yo te respeto.

[melodía de cuerda lenta y nostálgica]

[Sosa] Ni una palabra de esto a nadie.

Si se entera Blanco...

¿Sabe vuestra merced por qué fue aquel duelo en Madrid?

¿Lo que se decía de mí...

y de mi maestro?

¿Quieres confesar?

No, pero no...

No fue así. Yo no...

¿No qué?

[solloza contenido]

Anda, acuéstate.

Miguel.

Hijo.

Aquí todos somos pecadores.

[música melancólica se superpone]

[suspira hondo]

[crujido de aspas al viento]

[música se desvanece]

[bullicio de fondo]

- Padre, ¿qué hace? - Es mi sobrino.

- No, padre, volvamos a la fila. - ¡Bernardo!

- Volvamos a la fila. - Tengo que seguirlo.

Quizá no es su sobrino. Lleva tiempo sin verlo.

- ¡Lo voy a perder! - Vamos, padre, por favor.

Miguel, es mi hijo.

Más tarde.

Sé dónde encontrarlo.

Volvamos a la fila. Vamos.

[música arábigo-andaluza de fondo]

Allí.

[voces y risas de fondo]

[susurra] Ven aquí. ¡Ven aquí!

[cliente 1 en árabe] ¿Qué pasa?

[cliente 2 en árabe] Es su hijo.

[música cesa]

[murmullos de fondo]

[barbero en árabe] Seguid tocando. Bailad, bailad.

[música se reanuda]

No, hijo. Bernardo.

- Te perdono. ¿Me oyes? ¡Te perdono! - Por favor.

- ¡No quiero problemas en mi barbería! - ¡Te perdono!

- ¡Bernardo! - Miguel, llévatelo.

- ¡Escúchame, te perdono! - ¡Llévatelo!

¡Te perdono, por favor! ¡Por favor!

[llorando] Por favor.

Es un castigo.

Es un castigo por mis pecados.

¡El Señor me ha castigado! [solloza]

Padre,

mírelo de esta manera.

Aquí ser garzón... no está mal visto.

Bernardo podrá prosperar.

Pero ¿de qué estás hablando, desgraciado? ¿De qué estás hablando?

Todo lo miras como si fueras uno de ellos.

No, padre. Yo soy cristiano.

¿Cristiano? ¿Un cristiano amigo de moros y de garzones?

¿Amigo del bajá?

- Déjeme contarle algo. - Basta. He tenido paciencia.

- Tengo un plan. - ¡No! ¡Tú y yo hemos terminado!

¡Padre, es importante, por favor!

[música cesa]

[pasos tenues se aproximan]

[Blanco de Paz] Miguel.

Miguel, ¿duermes?

¿Qué quiere vuestra merced?

Todo ese dinero que recaudas...

¿cuánto le robas al bajá?

- Estás tramando algo. - Déjeme dormir.

Escucha,

si me llevas contigo, yo te pagaré.

En España, te lo prometo.

- Pero llévame contigo. - Mire, padre.

Si estuviera planeando una fuga...

usted sería la última persona en enterarse.

Y ya le he dicho que cuanto más lejos, mejor.

Vuelva a su sitio.

El informe.

¿Qué informe?

Sé que está redactando un informe para el Santo Oficio.

Sobre mí.

[cerradura se abre]

[nota tensa sostenida]

[Miguel] Una fragata de diez bancos.

Tres cautivos por remo hacen treinta.

Un mástil de cuatro metros.

En eso invertí el dinero.

Un cristiano no podría encargar un barco así en Argel.

- A no ser que un moro... - Padre.

En pocos días, el grupo que saque a trabajar escapará conmigo.

He ido informando en secreto uno a uno.

Solo me falta un cura.

Que reconforte nuestras almas durante el viaje.

Que será duro.

[música melancólica]

¿Cuento con vuestra merced?

[solloza]

No quiero más enemigos en mi vida, Miguel.

Yo tampoco.

[chirrido de goznes]

[música cesa]

[silba]

[en árabe] ¡Cautivos, a la calle! ¡Todos fuera!

¡Vamos, señores!

[Blanco de Paz] Miguel.

No será hoy, ¿verdad?

Pero ¿qué dice, padre?

- No le he llamado. - Necesito prepararme.

Tranquilícese.

¿Cuándo?

¿Cuándo?

Pasado mañana.

- Pasado mañana... - ¡Shh!

Gracias.

Gracias.

[guardia grita en árabe]

¿Cuándo?

[Blanco de Paz] Pasado mañana, señor.

Por su propia boca.

Por eso he querido advertiros cuanto antes.

Él nunca os ha sido fiel.

No es quien os hace creer.

¿Qué quieres decir?

Nunca fue vuestro amigo.

Pero, si os fijarais bien...

veríais que otros sí estaríamos dispuestos.

Dispuestos a...

aceptar esa vida que...

que tan generosamente le habéis ofrecido.

Vuestro hamán.

Los mancebos untados en aceite.

[llorando] Mi señor, nada me honraría más que ser vuestro amigo.

[Hasán] Ya te compensaré.

Mmm.

[en árabe] Traedlo vivo.

[Blanco de Paz solloza]

[susurra] Gracias.

[música y bullicio de fondo]

Hideputa.

Blanco, hideputa.

Gracias por avisarme.

Muley.

¿Por qué lo has hecho?

Yo a...

Yo a ti no te empalo.

[en árabe] Que Alá te acompañe.

[música grave de tensión]

Aún podemos escapar unos cuantos.

Castañeda, Aguilar, Frías y Di Lucca.

Hoy están en los talleres.

No, no. Yo voy a buscarlos.

Tú no te muevas de aquí.

[en árabe] ¡Vamos! ¡Todos fuera!

[en árabe] ¡Se busca a Cervantes, el del brazo!

[guardia] ¡Se busca a Cervantes!

¡Quien lo esconda será ajusticiado!

¡Estáis avisados!

¡Se busca a Miguel de Cervantes!

Cuatro os escondéis en bodega, remando hasta abandonar la costa.

Luego es cosa del viento, pero la vela es grande.

Abderramán, tú permanecerás en cubierta llevando el timón.

Alonso. Ahora me llamo Alonso.

¿Y tú dónde irás?

[nota tensa sostenida]

[música dinámica de tensión]

- Atadme las manos. - ¿Qué?

- Voy a entregarme. - No nos vamos a ir sin ti.

No permitiré que Blanco delate a compañeros.

¿Estás loco? Esta vez Hasán te hará pedazos.

Me las arreglaré.

¡Vamos!

Miguel siempre tiene un plan.

[notas melancólicas]

Espero volver a verte en la Mancha, amigo.

En mi barbería.

[solloza]

Tú vales más que todos nosotros.

Señores...

¡corran!

[bullicio de fondo]

[música arabesca de tensión]

[en árabe] El del brazo roto. Es él. ¡Es él!

[gritos e insultos en árabe]

[gritos se desvanecen con eco]

[Sosa] No todos le gritaban e insultaban.

Pues, tras casi cinco años en Argel,

"el del brazo roto", como ellos decían,

ya era amigo de muchos.

[cerradura se abre]

[pasos lentos]

[Miguel jadea débil]

[Hasán inspira hondo]

¿Y por qué no ese cura viejo?

Sosa.

Alguien del patio, Miguel.

Tengo que matar a alguien del patio.

El autor...

fue el barbero.

Abderramán.

El que huyó.

¿Sí?

[grito retumba]

¡Blanco de Paz!

El bajá te da las gracias.

[risotadas]

[cautivo] Le ha regalado aceite.

[Hasán] ¿Sabes lo que dicen en Constantinopla?

Que soy preso de un cautivo.

[ríe triste] Que un cautivo me ha embrujado.

[inspira hondo]

Dame un nombre, Miguel.

Miguel de Cervantes.

- Yo fui el autor. - Shh.

- Escúchame. - Siempre he sido yo.

¡Shh! ¡Escúchame!

- Siempre he sido yo. - Miguel.

Aquí podrías tenerlo todo.

Ya lo has visto.

Sin importar tu linaje, ni tus deseos.

Todo.

Pero tienes que ayudarme.

[Hasán suspira furioso]

[gruñe nervioso]

Ya tengo un final.

[Hasán] Ahora no, Miguel.

Deja que te lo cuente.

Señor, te lo suplico.

[música tenue melancólica]

¡Zoraida!

[música se intensifica]

[en árabe] ¿Por qué has traicionado a tu padre?

Zoraida, hija... [solloza]

Traicionas a tu padre.

Ingrata. Mala hija. ¡Maldita seas para siempre!

[cautivo] Sujétalo, vamos.

[Miguel] Y en ese momento...

[música se torna dramática]

[en árabe] ¡Zoraida! ¡Te perdono, hija!

Pero ¡vuelve conmigo! ¡Te perdono!

[Hasán] No lo entiendo.

[Miguel] Devolvieron al bajá a su tierra.

No entiendo este final tan triste.

Padre e hija eligieron su destino.

Eran distintos.

[inspira hondo]

[suspira]

Será en la horca.

Así te ahorraré el tormento.

[nota grave sostenida]

[gime]

[en árabe] Esperen. Esperen, por caridad.

[absolución en latín]

Y ahora, perdóname tú a mí, hijo.

[guardia en árabe] Levanta.

[música lenta y triste]

[susurra en italiano] Los pequeños placeres.

Los pequeños placeres.

Los pequeños placeres.

Los pequeños placeres.

Los pequeños placeres.

Los pequeños placeres.

[ríe y suspira] Los pequeños placeres. Los pequeños placeres.

[música se intensifica]

[música se atenúa]

[gime ahogado]

[música se desvanece]

[en árabe] ¡Basta!

Soltad la cuerda.

[Miguel tose]

[cautivo] ¡Aún está vivo!

[en italiano] Los pequeños placeres. Pequeños... pequeños placeres.

- Cada año trae menos bolsas. - Este no salimos. Fíjate.

Este año tampoco salimos.

[Sosa] Ya nadie tiene trato con él.

Todo el mundo sabe lo que hizo.

¿Y Cervantes?

[Sosa] Lleva allí encerrado más de cuatro meses.

Según dicen, no ha pronunciado ni una sola palabra.

O por el ahorcamiento...

o porque se muere de pena.

El bajá regresa a Constantinopla.

Y se llevará a Miguel con él.

Y ya sabe vuestra merced lo que pasa en Constantinopla.

Quien entra no sale.

[Sosa] Ahora sí.

Ahora sí es el fin de Miguel.

[tintineo de monedas]

Mire esto, padre.

No entiendo este empeño por rescatar a Cervantes.

La carta de don Juan solo era un permiso sin valor.

Cervantes no es nadie.

No es nadie, lo sé, señor.

Pero jamás vimos a nadie luchar por su libertad como lo ha hecho él.

Y eso bien vale 500 escudos.

¿Su libertad?

A veces me pregunto si los cautivos que vuestras mercedes salvan

serán realmente libres.

Señor,

aquí tenéis el documento que vos mismo firmasteis.

- Quinientos escudos. - ¡Shh!

En oro.

Aquí dice 500 escudos de oro en oro.

Pe...

Pero eso es una formalidad, señor.

Sabéis bien que nunca se paga en oro.

[Hasán] Mmm.

[suspira]

Está bien.

Dadme dos días.

¿Dos días? [ríe con sorna]

Mi barco partirá hoy mismo, antes de la puesta del sol.

¡Cambio! ¡Cambio en oro!

- ¡Rescate! - ¡Oro, por favor!

¡Oro para rescatar a Miguel de Cervantes!

¡Miguel de Cervantes, brazo estropeado!

Con un brazo roto.

¡Miguel de Cervantes, brazo roto!

[en árabe] Brazo roto.

[en español] ¡Eso es! Shaibedraa.

¡Miguel de Cervantes! Shaibedraa.

[música de tensión tenue]

Vivirás en mi casa.

Como un igual.

Leyendo, escribiendo...

Como quieras.

Aunque no reniegues.

Te lo prometo.

Miguel, mírame.

Mírame.

Si rechazas a los frailes,

yo te daré la libertad.

Serás...

Conmigo serás libre.

[Hasán susurra] ¿Sí?

[besa]

[Hasán suspira lloroso]

[en italiano] Serás libre de verdad.

- [bullicio] - [Juan Gil] Gracias.

[en árabe] Yo os doy más.

- [en árabe] ¡Oro para el del brazo roto! - Bendito sea.

[en árabe] ¡Oro para rescatar al del brazo roto!

[música tensa cesa]

Oro... en oro.

Aún queda un requisito.

No puede ser.

¿Qué es, señor?

¡Cautivo!

[pasos lentos]

Si el cautivo quiere irse...

solo tiene que decirlo.

Pero ese no es ningún requisito. ¿Desde cuándo se pregunta?

¡No lo es en vuestra tierra!

¡Donde los curas tapáis la boca de la gente!

Habla.

[respira agitado]

¿Miguel?

- Está claro. - [Miguel] Sí.

Quiero marcharme.

[Miguel solloza]

Quiero que...

Quiero que la gente de mi tierra me lea.

Toda la gente.

No solo tú, señor.

[música melancólica tenue]

[sollozos continúan]

[Hasán] Adiós, cautivo.

[música se intensifica]

Tiene que salir de aquí, padre.

Como sea.

Aún tengo que terminar mi obra.

Ya sabes, esta manía mía por contarlo todo, ¿eh?

Después, quizás...

quizás intente escapar, ¿eh?

[Blanco de Paz] ¡Redentores!

Querido hermano,

antes de que parta usted para España,

me veo en la obligación de entregarle esto.

[murmullos]

[Sosa] Resultó que no fue aquel el escrito que Blanco de Paz mandó a las llamas,

sino un falso pliego.

Estoy seguro de que el Consejo del Santo Oficio

tomará buena cuenta.

En previsión de todo ello,

doce de nosotros hemos firmado este otro documento, padre.

En estos cinco años, Miguel de Cervantes

siempre fue persona honrada y cristiano ejemplar.

¡Lo juramos!

[cautivos] ¡Lo juramos!

[Juan Gil] Con gusto portaré conmigo ambos documentos para que sean estudiados.

Gracias, padre Blanco.

[notas de cuerda melancólicas]

[risotadas]

[música melancólica continúa]

[música se intensifica]

[Sosa] No sé si todo esto que escribo verá la luz,

o si tan solo una parte o si nada.

Pero tengo fe en que algún día alguien conocerá

de aquel que nos contaba grandes historias

la mejor de todas:

la suya.

[música melancólica continúa]

[canto de chicharras]

[melodía de cuerda lenta y nostálgica]

[voces indistintas de fondo]

[música melancólica en aumento]

[crujido de aspas al viento]

[música se desvanece]

[crujido de aspas con eco]

[blues del desierto suave y envolvente]

[música se intensifica con ululatos agudos]

[música se desvanece]

[brisa marina]

[rumor de olas]

[canto en árabe reverbera]

[chillido de gaviotas]

[canto en árabe cesa]

[brisa y rumor de olas continúan]

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