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Yo, Fray Rodrigo de Treviño, como santo inquisidor del santo oficio en estas
tierras de Nueva Galicia, acuso al Conde Lucas de Treviño como sospechoso de
herejía por haber sostenido doctrinas contrarias a las divinas escrituras y
adorar a ídolos falsos.
No te preocupes.
Mientras tu amor esté en mi corazón, nada podrá pasarme. Tu hermano te quiere
presto. Tenemos que hacer algo.
Capitán, detenga al hereje.
¡Cuédate!
Si no fuera por ti, no estaría hablando contigo en este momento.
Le salvaste la vida.
Gracias.
Casualidades de la vida, Diana.
Nunca pensé conocer a alguien con el mismo tipo de sangre que yo.
Yo cada vez creo menos en las casualidades.
Yo creo que no deberíamos entrar en ese tema mejor.
No le bajes a la dosis.
Tu mamá va a hacer mis ojos y mis oídos. Cualquier cosa, ella sabe cómo
cuidarse. Me la paso peleando con mi mamá. Bueno, mínimo tienes con quién
pelear.
Ella estaba muy al pendiente de ti cuando estabas débil, ¿sabes?
Oye, dime una cosa.
¿Quién es Inés?
Cuando estabas inconsciente me dijiste a mí Inés.
También dijiste algo de... Eduardo.
Conocidos.
Gracias por tu tiempo.
No sabía que venías.
Pues vine a firmarte lo de la exposición de Sandra.
Claro.
Bueno, estuve pensando.
Y creo que es prudente dejarte ahorita todo lo de la galería. Al menos por un
tiempo.
Si tú quieres que sea así.
Juan, mi vida es un caos.
Mira, tengo... muchas restauraciones pendientes, el tema del embarazo.
Y también... venía a traerte esto.
Fue un regalo, Mare.
No me lo puedo quedar.
Me recuerda todo el tiempo lo que pudo haber sido...
Me duele mucho.
Por favor.
Que estés bien.
Gracias. Mario, ¿de verdad no quieres la silla?
Seguro.
Irene, gracias por todo.
Cuidarme, por tu compañía.
Hablando de compañía, ¿has pensado más sobre lo de Stanford?
Mira, yo feliz de acompañarte.
Pero necesito saber si realmente me quieres ahí o si nada más me lo pediste
compromiso. Si así lo dije es porque así lo siento.
De verdad, me haría mucho gusto que vengas.
Podría pedir un traslado especial para ti y trabajar juntos.
He estado pensando en lo que viví con Diana.
Ahí en la cámara de refrigeración.
Por poco y nos quedamos ahí.
Estás en shock todavía. Es normal.
No, no es eso.
Me di cuenta que no he estado reaccionando bien con Diana.
¿Cómo dijiste? Hasta lo imposible para ayudarla, Mario.
Ahí está el error.
Siempre quise ayudarla, salvarla.
Y... A lo mejor, lo que podemos hacer como amigos es simplemente escuchar.
Diana ya tiene quien la escuche.
¿Entonces es lo que puede irte?
Sí, tal vez.
¿Está en el barrio bueno para la noche?
Sí.
Mamá.
Me gustaría hablar con ustedes.
Te echo con todos.
Pues vaya que somos una familia muy inusual.
Nunca nos habíamos sentado si los cuatro platicaron.
Yo creo que ya es tiempo de cambiar eso, ¿no?
Creo que Malena y yo estamos en un punto de nuestras vidas que queremos entender
sin juzgarlos.
Pero para eso necesitamos la vergüenza.
Porque siempre existe una diferencia entre Malena y yo, mamá.
No las dos son mis hijas y a las dos las quiero igual.
Perdón, mamá, pero sí estoy de acuerdo con Diana.
Y la verdad es que desde que eras una bebecita yo noté algo oscuro en ti.
Algo que... que relacionaba con tu papá.
Los dones que...
Que Diana y yo tenemos.
Inevitablemente nos van a alejar de la gente.
Es parte de un proceso.
Y al menos yo no he podido evitarlo.
¿Tú siempre has sabido de los dones que habla papá?
No, dones.
Y los dones de los que hablan.
Son una maldición.
Cuando no se controlan, pero cuando se logran manejar, pueden salvar vidas.
Hija,
a lo mejor por eso te traté con mi hija.
Porque me daba miedo que me doliera.
Cuando te fuera algo, lo hizo él.
Lo regoíste, ¿qué sueño?
Perdóname.
Perdóname.
Perdóname.
Perdóname.
¿No prefieres que me quede, que te cuide?
Lo único que quiero es descansar.
Además, tú tienes que regresar al hospital todavía.
Sí, pero... yo podría pedir el día.
Ya es suficiente por mí.
Gracias.
Buenas noches.
Me voy a tener que ir. Tengo que restaurar una pieza.
Creo que tenemos todavía muchas cosas que sanar.
Pero estoy dispuesta si tú quieres también.
Yo aquí voy a estar.
Vale.
Por aquí llegamos a la cueva que te mencionaba.
El lugar es perfecto para resguardarnos.
No sabía que conocías tan bien estos lares.
No es mi primera aventura por el bosque, aunque no lo creas.
Ya lo veo.
¿Estás segura que no nos buscarán por aquí?
No, en esta cueva no.
Menos en la oscuridad.
Los guardias del santo oficio le tienen miedo a los indios locales.
¿Nunca escuchaste la leyenda del indio triste?
No.
Un indígena llamado Coatiti se enamoró de la hija de un cacique local.
Los guardias creen que su espíritu merodea por estos lugares.
Así que no van a venir.
Le tienen miedo.
Entonces, ¿vamos a estar seguros?
Al menos hasta que amanezca.
El parecido es impresionante.
Yo le creo a Diana. No se parecen, son la misma persona.
No entiendo por qué no terminas de creer después de los resultados que arrojó la
prueba de ADN.
Hay cosas que en mi mente de científico no me dejan aceptar.
Por eso quiero hacer esta prueba.
No voy a tocar el cuadro.
Solamente voy a estudiar el pigmento.
Quiero comprobar que sea sangre y que realmente sea de hace 400 años.
Me gustaría aclarar algo.
Te estoy ayudando porque sé que con tus experimentos podemos comprobar que Diana
no está loca.
Sin embargo, estoy consciente de que no está bien hacer las cosas a sus
espaldas. No me gusta.
Lo sé.
Voy a correr el riesgo.
Qué frío.
Leonor, tengo que confesarte algo.
Lo vi todo.
Sé que fue gracias a ti que los guardias no lograron atraparme en la boda.
no entiendo que hay cosas que aún no me has dicho.
Y de mi parte quiero que sepas que mi corazón desnudo es tuyo.
Lo único que pido a cambio es honestidad.
Cuando nos conocimos tú me retaste a que te hablara con la verdad.
Y hoy yo te devuelvo ese reto.
Pasan cosas que ni siquiera yo puedo explicar.
Con tan solo sentirla sucede.
¿Brujería? No.
No, no soy bruja.
Simplemente... Soy una mujer distinta... A los demás.
Debes pensar lo peor de mí.
Pienso... Que de ser posible... Te amo más ahora que antes.
Confío en ti.
Por ti soy capaz de cualquier cosa, doy mi vida entera, no quiero que...
Joaquín.
Pásale.
Solo vine a ver cómo seguías.
No te quise despertar porque estabas durmiendo muy tranquila.
Seguramente porque Leonor estaba muy tranquila en los brazos de Lucas.
¿Los viste?
No pudieron casarse.
Se tuvieron que escapar porque a Lucas lo acusaron de elegía.
Cada vez estoy más convencida de que esos dos se pertenecían.
Entiendo que quieras resolver todo.
Pero en este momento lo más importante es tu salud.
Tienes que descansar, Diana.
Dime qué son los papeles con la información de Eduardo Carvajal. Déjame
Sí, pero no es el mejor momento para que los veas.
¿Vos?
Porque cada vez me convenzo más de que lo que sucedió en el pasado no tiene que
determinar lo que sucede en el presente.
¿Qué encontraste que no me quieres decir?
Déjame verlo, Joaquín.
Es verdad de encontrar que Eduardo de Carvajal murió en la ruina. Sin dinero,
sin propiedades.
Y murió solo.
Sin Leonor.
Desprestigiado y calumnia.
Es probable que ni siquiera haya podido regresar a España, pero eso nunca lo
vamos a saber.
¿Por qué no querías decirme?
Si Eduardo terminó solo, entonces lo más probable es que el verdadero amor de
Leonor fue Lucas.
¿Y si fue o no fue qué?
Eso no quiere decir que tú y yo estemos destinados a estar juntos.
Parece que te molestas.
Lo que no quiero es que lo que sucedió hace 400 años influya en nuestras
decisiones del presente.
¿No te gusta pensar que tal vez nos pertenecemos hace 400 años?
Lo que me gustaría.
Es que nos amemos por las personas que somos hoy.
Eso es lo que te puedo ofrecer, Diana, nada más.
Al hombre que tienes aquí enfrente.
A mí.
Marcos de Lucas.
No son los pétalos de una flor.
Son los dedos de unas manos.
No sé si tomarme lo que dijiste como un halago o me doy un tiro.
Era una broma, está increíble.
Lo único que no sé es si debemos apoyarlo con una luz cálida.
Es que si los invitados creen que eso son flores... A ver, ¿desde cuándo el
artista decide qué tienen que ver los espectadores? Que vean lo que quieran.
Tienes razón.
Claro que la tengo.
Eres brillante, Sandra.
Lo único que necesitas es florecer.
Como mano, como flor o como lo que sea.
A ver, maestro, ¿y cómo se supone que me quito estos nervios que siento en todo
el cuerpo?
Buena pregunta, estudiante.
Fíjate que te voy a decir aquellas sabias palabras del poeta Eurípedo.
Con una chede nomás.
Sí necesito una.
O varias.
Sí, ¿no?
Bueno, ¿y qué pasa si resulta que sí es una sangre de hace 400 años?
¿Ya le vas a creer a Diana o todavía no?
El simple hecho de hacer esta prueba debería dejarte claro que una parte de
quiere creerle.
Mi mente científica es la que me dice que tengo que hacer esta prueba con un
proceso limpio, correcto y de forma directa.
Entonces sigues buscando una forma de contradecirla.
No sé lo que quiero, no sé lo que espero.
Sé que lo correcto es encontrar la verdad y una explicación. ¿Una
qué?
Esto no lo sabe nadie, pero cuando estuve con Diana en la cámara de
refrigeración, vi esta imagen en mi cabeza.
¿El cuadro?
No la Virgen del Candil, sino este retrato.
Entonces no entiendo por qué no puedes aceptar que hay cosas que la ciencia no
puede probar.
¿Tú crees en Dios?
Sé que hay algo más allá de nosotros, pero no al Dios como lo pintan las
religiones.
Bueno, ¿y en el destino?
El otro día mi papá me dijo que yo era una mujer de dos corazones y no entendía
del todo por qué. Y ahora resulta que estoy embarazada.
Yo creo que nosotros mismos somos los que le damos significado a las palabras
los demás.
Yo estuve ahí cuando Diana era muy bebé.
Vi cómo flotaban los vidrios arriba de ella.
¿Me estás diciendo que tu hermana tiene poderes de telequinesis?
Tú dime, si no, ¿cómo explicas eso?
No sé, Malena.
Cuando era niño yo hubiera jurado que vi el trineo de Santa Claus en el cielo.
Yo creo que tú no quieres creer en algo sobrenatural porque tendrías que cortar
todo tu sistema de creencias.
Y eso te aterra, ¿no?
Voy a entregar esto a un tercero para que sea él quien haga la prueba.
Los resultados serán fidedignos y no habrá margen de error.
Por favor, analiza a qué corresponde este pigmento con el espectrómetro y
determina por datación de carbono qué tan viejo es.
Sé que los resultados tardan aproximadamente 48 horas, pero si puede
mejor.
Gracias por
ayudarme, Malena.
¿Te digo algo?
Me hubiera gustado que disfrutaras mi exposición.
¿De qué hablas? Voy a estar ahí.
Vas a estar ahí, pero con la cabeza quién sabe dónde.
¿Tanto que me nota?
Yo sé perfectamente que hay toda una historia detrás de esa cara de aquí, no
pasa nada.
Imagínate un hombre que está por muchos años enamorado de una mujer que no le
corresponde y cuando por fin lo hace, ella se embaraza de su anterior pareja.
Sí, está heavy.
¿Qué vas a hacer?
¿Ah? ¿Qué voy a hacer?
Es una historia terminada, no le tomó su decisión.
Es una puerta cerrada, ya no se va a abrir.
¿Has escuchado una frase que dice...
Cuando una puerta se cierra, se abre toda una ventana.
Es de nuestro amigo el filósofo.
Eurípedo.
Relájate, Gonzalo.
Si necesitas hablar, desahogarte, aquí estoy.
Cuéntame conmigo.
Para lo que sea.
Para lo que quiera.
Está peligroso.
Hola.
¿Puedo pasar?
Supongo que no tiene caso seguirle dando vueltas al tema, ¿verdad?
A ver, Malena. Yo estoy convencido de estar contigo.
Incluso sabiendo lo que pasó con Gonzalo.
Pero honestamente no sé si sea lo que tú quieres.
Mira, reconozco que mi actitud indecisa no ha sido nada favorable ahorita. Pero
mi cabeza solo piensa que tenemos que estar juntos por el bebé.
Honestamente, nunca pensé que te iba a preguntar esto.
¿Pero qué quieres?
¿Qué siente tu corazón?
Es que yo ya no puedo pensar solo en mí. Tengo que pensar por dos.
Sí, pero no es lo que te pregunté.
Quiero que nos demos una oportunidad.
Quiero que estemos juntos de nuevo. Quiero que nos enamoremos como nos
enamoramos antes.
Quiero que estemos bien, Gael.
También es lo que yo quiero. ¿Entonces?
Tal vez podríamos planear una boda sencilla en dos o tres meses.
Podría estar en el convento de Zacatecas.
Estamos siendo sinceros.
Yo creo que es mejor estar así.
Quiero estar contigo. Pero tú sabes perfectamente que no me quiero casar.
Sí, qué ingenuo soy pensar que porque vamos a tener un bebé estaría bien
casarnos, ¿no?
Y me disculpo porque me disculpo. Y si no, ¿por qué no?
¿Qué es lo que quieres?
¿Quieres estar conmigo? ¿Quieres estar con...?
Buenos días, hermosa.
Esto no era lo que esperaba de una noche de bodas.
Pero con estar a tu lado me basta.
Bueno, ¿y si me vas a despertar así todos los días?
Quiero pasar el resto de la vida contigo.
Tenemos que ir.
Gracias.
¿Tú me agradeces?
Si gracias a ti estoy libre y vivo.
No tienes nada que agradecer. Gracias a ti.
Por quererme así.
Como soy.
Por no juzgarme.
Así nada más.
Mi hija y ese maldito desaparecen como fantasmas.
Son unas hartas incompetentes. ¿Cómo se atreve?
Don Gustavo, la guardia que yo comando no trabaja para el santo oficio, pero
estamos haciendo lo posible para ayudarles en la búsqueda del conde. ¿Y a
hija? A ese hereje que lo quemen en leña verde, pero ¿y mi hija? Don Gustavo,
doña Ana, por favor, cálmense.
Les doy mi palabra de que el santo oficio los va a encontrar a los dos.
Y yo que pensé que ese hombre era buen partido para mi hija. Solo quería el
honor para corromperla. Por eso la secuestró. Si me permite, doña Ana, yo
sacaría conjeturas de forma tan precipitada.
Todos los vimos marcharse juntos y la verdad no parecía ningún secuestro.
Doña Ana, yo siento profundamente todo lo que está pasando.
Y me pongo a su disposición para lo que necesite.
Gracias. Doña Inés.
Si me acepta un consejo, creo que debería marcharse a descansar.
La tarde va a ser larga y se tiene que preparar para su audiencia de nulidad de
matrimonio.
Así va.
Inés, no sabe cuánto apreciamos su buena voluntad.
Yo me voy a encargar de quitarte esa máscara de mustia, Leonor de Santiago.
Don Eduardo, pero claro yo puedo mostrarle la ciudad.
¿Su mujer no se pondría celosa?
Y esos besos salvajes.
¿Cómo es?
¿Estás bien?
Y así acaba el mes, con una importante disminución de pacientes con embarazo de
alto riesgo.
Felicidades equipo.
Por otro lado, tenemos aquí a la doctora Diana Salazar, fuera de peligro.
Ya que nos tenía mordiéndonos las uñas, la tenemos aquí de regreso, sano y
salvo. Gracias.
Por último, les quiero comentar que el ensayo del doctor Villarreal se traslada
a Stanford, por lo cual tenemos que ajustar todos nuestros procesos de la
segunda etapa.
ya que no contaremos con la presencia física del doctor.
Él nos va a estar monitoreando todos los avances que tengamos de manera remota y
tenemos juntas virtuales una vez a la semana para cualquier pregunta o
comentario.
Doctora, debe haber un problema. Faltan copias. Yo también tengo pacientes en el
ensayo.
Doctora, en esta segunda etapa usted no va a tener pacientes.
Hablamos después de la junta. ¿De qué hablas, Irene?
No te alteres. Ahorita lo hablamos, Diana.
Ahorita es ahorita y te exijo que me des una explicación.
Diana, no vas a tener pacientes en esta segunda etapa porque se tomó la decisión
de suspenderte.
¿Y eso quién lo decidió?
¿Me puedes explicar qué está pasando?
Mi decisión está basada a partir de los resultados de tu superior sobre tu
estado mental.
Entonces sí fuiste tú.
El estado mental es cada vez peor, Diana. No puedes seguir trabajando así.
Yo ya demostré que puedo atender a mis pacientes perfectamente.
¿Ahora con qué argumento vas a decir lo contrario?
Siempre he sido muy claro contigo, Diana.
Pero la doctora Vallejos me informó sobre una situación la cual me tiene sin
palabras.
¿Y cuál es esa situación?
Que utilizaste el laboratorio del hospital para hacerte pruebas de ADN.
Sí.
Sabes perfectamente que eso está fuera de protocolo. Pero lo peor es que los
pacientes estuvieron esperando sus resultados por tu pedido.
Perdón. Sé que no estuvo bien.
Sabes que nunca he tenido una queja de Tyrion.
Pero esto ya... ya se salió de control.
Lo que hiciste es inaceptable.
Nunca pondría en riesgo a alguien.
Nunca. Eso lo sé.
Por eso tenemos que poner más atención en tu estado mental y emocional.
Por favor, Mayor.
No caigas en el juego de Irene. Es obvio que lo que ella tiene es un problema
personal.
Lo que le comentaba, doctor.
Delirio de persecución.
Lo que no quieres es aceptar delante de tu superior que lo que quieres es
acostarte con Mario Villarreal. No seas soez, Diana.
Mi relación con el doctor Villarreal no tiene nada que ver contigo.
Por el amor de Dios, Diana, ya es suficiente.
Paremos esto, ¿sí?
Me queda claro que no hay nada que pueda decir que me defienda porque le vas a
seguir creyendo.
Mira.
Por el cariño y la amistad que nos unes de hace años.
Te puedo hacer una carta de recomendación para que trabajes en otro
Gracias. Pero te tienes que atender primero.
Muchas gracias.
Por favor, recoge tus cosas.
Lo siento mucho, Diana.
¿Estás bien?
No termino de acostumbrarme a estas náuseas.
El milagro de la vida, dicen.
Vacía algunos cajones y liberé tu parte del clóset.
A ver, no quiero que te sientas presionada, pero cuando estés lista, me
encantaría que regresaras.
Toma.
Me tengo que ir al laboratorio, pero nos vemos en un ratito.
Que se vaya bien.
Terminar la investigación en Stanford es tan importante para usted como para el
laboratorio. Y muchas gracias, doctor Pérez, por tener todo listo para el
traslado. No hay nada que agradecer. El trabajo del doctor Villarreal tiene que
llegar a todo el mundo.
¿Y esto?
¿Todo bien?
Es una nota sobre el laboratorio.
Tiene que ver con el incidente en la cámara de refrigeración.
¿Usted habló con alguien?
No, no, no. Por supuesto que no.
Se debe haber filtrado la información a través de alguna persona del hospital.
Esto no es una buena imagen para los laboratorios. Y más ahora que estamos a
punto de hacer una colaboración con Stanford.
Espero por el bien de la investigación que no interfiera en las negociaciones.
Qué humorcito.
¿Y mis papás?
Mi mamá se fue al súper y mi papá no está. No sé dónde se fue. Ya sabes cómo
todo críptico que no dice nada.
¿Todo bien?
Me suspendieron del hospital.
¿Qué? La cabrona de Irene me hizo quedar como loca frente a Mayor con todo el
tema de las pruebas de ADN.
¿Cómo me gustaría demostrarle que todo eso es verdad y verle la cara?
Güey, qué horror.
Bueno, ¿y te suspendieron? ¿Y luego qué? ¿Y luego nada?
Me sugirieron muy enfáticamente que me meta a un loquero antes de tratar de
conseguir su trabajo en otro hospital.
No sé qué decirte, sis, pero si puedo ayudarte en algo... Sí, sí, háblame de
otra cosa para que se me cambien las ideas y se me pase este coraje.
Pues es que yo creo que estoy más confundida que nunca.
Estoy segura que quiero tener a mi bebé.
Solo que no sé bien con quién quiero criarlo.
De pronto trato de pensar con el corazón lo que es con Gonzalo.
Pero luego pienso con la cabeza y con Gael.
Bueno, con la cabeza y la libido.
¿Qué contaste con Gael?
Yo no sabía que el sexo reconciliador era tan cachondo.
Uno sabe que fueron las hormonas.
Lo peor del caso es que ahorita creo que las cosas están peor. Porque entonces
Gael quiere que me regrese a vivir con él.
Y yo no estoy segura de eso. No quiero seguir peleando.
Creo que estoy demasiado confundida.
Eso te ayudó.
Y ahora usted, doña Inés de Carvajal, está aquí por voluntad propia.
¿Entiende que todo lo que aquí suceda quedará estipulado como sagrado y
definitivo?
Entonces, ¿cabe mencionar que yo, Fray Rodrigo de Treviño, como inquisidor
general del santo oficio en este reino de Nueva Galicia, por el poder que Dios
me ha dado para obrar en su nombre, doy por anulado?
El matrimonio entre don Eduardo de Carvajal y doña Inés de Carvajal.
Por haber acontecido actos impuros por una de las partes.
La víctima de la transgresión, ahora Inés Betancourt, quedará como única
benefactora de todos los bienes y propiedades que en algún momento
a esa unidad familiar.
¿Entiende lo que eso quiere decir, don Eduardo?
Lo entiendo y acepto que fui yo quien rompió los votos sacramentales.
Solo pido que, por caridad, se me permita volver a España.
Doña Inés, ¿qué piensa?
Otorga el permiso.
Y procedo a filmar.
Pero antes... Quisiera pedir que por última vez que recapacites...
Regresemos a España.
Hola, Eduardo.
Ophelia, ¿qué haces aquí?
Se trata de la señorita Leonor.
Ha huido y nadie sabe dónde está. ¿De qué hablas si se acaba de casar con el
conde? No, la boda entre la señorita Leonor y el conde Lucas nunca se
¿Y se está segura? El santo oficio está a la casa del conde de Treviño y se
llevó con él a la señorita Leonor.
Por el amor de Dios, tiene que hacer algo.
Tienes el descaro de venir a mi casa. Necesito que me escuches.
¿Y cómo pretendes que te trate? ¿Con respeto, doctora Vallejo? ¿O ahora sí te
puedo decir de frente?
¡Chinga tu madre, Irene!
Ok.
Entiendo que estás enojada.
Pero te prometo que mis intenciones son buenas.
Toma.
Es una muy buena clínica.
Trata todo tipo de condiciones de salud mental.
Tienen sesiones uno a uno.
Es una excelente clínica.
¿Tú quién te crees?
¿Mi ángel de la guarda?
¡Ya ganaste!
¿Te quedaste con el departamento de ginecología?
¿Lograste que me suspendieran? ¿Te quedaste con Mario? ¿Qué más quieres?
en paz!
Quiero ayudarte.
¡Nadie te pidió ayuda!
Por más razón quiero ayudarte. Veo cuando alguien lo necesita. La estás
a gritos. No puedes con todo esto sola.
Vete, yo ya tengo.
¿Quién me ayude? ¿Quién?
¿Joaquín?
Un ciego no puede ayudar a otro ciego. Si la única ciega quieres tú.
Yo conozco más de lo que está a simple vista.
Pobrecita Diana.
Mario tiene razón, te estás volviendo loca.
¿Diana?
Gracias.
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