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Zulu
¡Ahhh!
Lupita, te entrego estos expedientes y te encargo lo que te pedí para el día de
mañana, por favor.
Claro. Muchísimas gracias.
Margarita.
Hola.
¿Sabes si ya llegó Diana?
Me acaban de avisar que la doctora Salazar está internada en terapia
El doctor Villarreal está respondiendo al tratamiento, pero la doctora Salazar
no. El electrocardiograma no es muy confiable porque la hipotermia modifica
intervalo de los latidos.
Está bajando demasiado la presión. Si sigue así le van a empezar a peñar los
órganos. Empieza con un hemodiálisis con ella para empezar a calentarle la
sangre.
Mi
marido.
Un adultero.
Le pido que cuide sus palabras.
Créame, créame que cuido mis palabras.
Es mucho más de lo que usted cuida a su marido, señor. Hermano, ahora ni se te
está yendo la lengua, ¿eh?
Por el respeto que merecen, esto es un tema muy personal que yo voy a tratar
directamente con mi esposa, en privado.
¿Por qué siente que soy la única que no sabe qué está pasando?
Perdón, perdón por hablar de algo que ya todos Zacatecas conocen.
Pero si ustedes quieren que yo me calle, lo haré.
Créanme, como confesor, se guardaron.
Leonor. ¡Leonor!
Permiso.
Lucas. Lucas.
¿Por qué carajos hiciste eso?
Ahora que no cuidas tu lengua en esto, hermano. Te hice una pregunta. A ver,
Lucas.
Soy servidor de Cristo y amante de la verdad.
Y creo que es necesario que esto se sepa.
Esa mujer no te conviene, Lucas. Es una serpiente.
Hazme un favor, hermano.
Y háztelo a ti también.
No te metas en mi vida.
Quiero que te quede muy claro una cosa. La única persona capaz de evitar que me
case con Leonor es ella misma.
Además, ¿no eras tú el primer interesado en hacer negocios con la familia de
Santiago?
Lo era.
Y lo soy.
Pero eso es lo único que me interesa, Lucas.
El negocio.
Nada más.
Y eso no nos puede costar la reputación.
Soy el inquisidor general de Nueva Galicia, Lucas, ¿entiendes? Eres un
Ay, perdóname, señor, perdóname.
Por cuidar de mi hermano, perdón. Me ha culpa.
Pero te estás metiendo en camisa de once varas con esa mujer.
Después será tarde para que incluso yo pueda defenderte, hermanito.
Por el amor de Dios, Eduardo.
Dime la verdad.
¿Quién es la mujer de la que están hablando?
No, no, no, no me toquen.
Dime por qué.
Todo, menos yo.
¿Saben quién es la mujer por la que me cambiaste?
Inés, así no son las cosas. ¿Quién es la mujer por la que me cambiaste?
Seamos claros.
Tú y yo no nos casamos por amor.
Lo nuestro fue un arreglo comercial entre familias, tú lo sabes.
¿Y qué matrimonio conoces que hacías por amor?
Porque a todo esto yo sí te amo.
Lo sé.
Pero yo siempre fui claro en que no era recíproco.
Lo sé.
Pero pensé que con este tiempo la distancia... Me extrañaría.
Perdóname por no poderte amar como te mereces.
¿Y qué se supone que tengo que hacer con ese perdón?
Perdóname también por haberle fallado a nuestro matrimonio.
Te perdono.
Regresemos a España.
Por favor.
Olvidémonos de todo esto, por favor.
Inés. Yo puedo hacerlo.
Mi madre lo hizo.
Mi abuela lo hizo.
Yo lo puedo hacer. Tú eres un hombre y tienes tus necesidades. Pero regresemos,
por favor, ya, madre.
Inés.
No pienso regresar contigo a España.
Leonor, te pido una disculpa por el comportamiento de mi hermano. Voy a
cartas en el asunto. No, Lucas, no.
Ya has hecho mucho por mí.
Has arriesgado tu vida.
Tu hermano es un hombre con poder.
Podría hacerte daño.
Eso no me preocupa.
¿Sabes qué sí me importa?
Tu felicidad.
Lo que digas.
Lo que piensas.
Me importa volver a sentir el contacto de tu piel que me quema.
Leonor de Santiago.
Quiero que sepas que no hay nada que desee más en este mundo que desposarte.
Solo si es algo que tú deseas también.
¿Puedo tomar eso como un sí?
Sí.
Sí, sí quiero.
Te amo, Leonor.
¿Diana? ¿Me escuchás?
Continúa con el hemodialisis.
Sí, doctor. Y ya cambio hasta tu compresora.
Bueno, ya estoy aquí. No te voy a dejar solo.
Gracias, te amo.
Mi nombre es Inés Betancourt de Carvajal.
Usted debe ser la doctora Irene Vallejos.
Soy amigo de la doctora Salazar.
Un gusto, ¿cómo está?
Quisiera saber cómo está Diana.
Diana entró en un estado grave de hipotermia. Su condición es crítica y no
respondiendo al cambio de temperatura.
Perdón. Usted...
Yo lo conozco.
No creo, pero tal vez me equivoco.
Soy Joaquín Núñez.
Ah, ya.
El psicólogo de Diana, ¿no?
Escuchaba mucho de usted.
Por Mario Villarral.
El colmo que finalmente nos conocemos justo cuando ellos dos están pasando por
esto, ¿no?
¿Ellos dos?
Mario está con Diana en terapia intensiva.
Estaban juntos en una cámara de refrigeración en el laboratorio de Mario
los encontraron.
Quedaron atrapados.
¿A quién?
Hola.
Doctora, ¿usted está atendiendo a Diana Salazar?
¿Sí? Es mi hija.
¿Cómo está? ¿Está bien?
Ah, eh... Hija, en tu estado no debes de hacer esto.
Ay, estoy embarazada. Tampoco estoy enferma.
Dime, Malena, no me digas hija.
¿Es una nueva asignatura?
¿Es ella, verdad?
¿Cómo supiste?
Hay cosas que solo se sienten.
¿Estás bien?
Sí.
Perdón.
Tú nunca tuviste la culpa de nada.
Ya lo sé.
Don. No contestaste mis llamadas.
Hay pendientes en la galería que necesitamos hablar.
Sí. Yo sé que... que no he estado y que... Rosano.
No recuerdo la última vez que vine a ver a Malena y no estabas.
No vine a discutir.
Mira, solo vine a checar unas cosas de la galería y ya.
Qué bueno.
Porque se me haría de muy mal gusto que vinieras a otra cosa.
Y más ahora que Malena está embarazada.
Los dejo platicar.
Gon, yo quisiera explicar... No, no hace falta que me expliques nada.
Ahora entiendo por qué no contestabas a mis llamadas.
No es tan sencillo. Sé que lo es, lamenta.
Por más que duela, que duele.
Tomaste tu decisión y ya.
Me hubiera gustado escucharlo de tu voz.
Enhorabuena por el bebé.
Oye, perdóname si fui abrupta con lo que te dije.
Pensé que ya sabías.
Está bien, no pasa nada.
¿Te gustas?
Sí.
No recuerdo cuándo fue la última vez que comí.
Cuando alguien trae comida al hospital, siempre es bueno robarles un poco.
Oye, Diana, sigue igual.
Si no responde en la próxima hora, vamos a tener que cambiar de tratamiento.
A ver, si que tú eres el famoso loquero.
No, perdón por ser tan directa, pero... Ya me contaron de tus métodos para
tratar los problemas de tus pacientes, ¿no?
Déjame adivinar.
Seguro piensas que yo estoy más loco que mis pacientes.
No. Sí lo pensé al principio.
Pero no sé.
Las medicinas alternativas no suenan tan mal.
Es que ya no confía en ti, debe ser por algo, ¿no?
¿Mira?
No pensé que fueras a reaccionar así.
Me había hecho otra imagen de ti.
¿Una imagen pintada por la ambición que tengo de crecer en este hospital?
¿No crees todo lo que te digo?
Salud por eso.
Oye, ¿y a qué estamos en confianza?
¿Tienes alguna idea de qué estaba haciendo Diana en el laboratorio con
Diana.
Diana, ¿me escuchas?
¿Qué haces aquí? No deberías.
No debería muchas cosas.
Por ejemplo, no debería pensar en ti todo el tiempo.
¿Cómo te atreves a entrar aquí?
Estás loco.
¿Acaso Romeo no estaba loco cuando pretendió a Julieta?
Un poco sí.
Desde que me enteré que ibas a casarte con otro hombre, he comenzado a perder
cabeza. No me hagas eso.
Lucas es un buen hombre. Vámonos juntos.
Escapémonos de todo y de todos.
¿Tu esposa nos haría compañía?
Hablé con Inés y le aclaré que no volveré con ella a España.
Tú eres la única mujer, mi único destino. Me rehúso a perderte.
Leonor.
Si tú me dices que no me amas, si de tus labios salen esas palabras, Yo saldré
por donde entré y no volverás a saber de mí nunca más.
No, Lucas, no se lo merece.
Inés tampoco, ella te ama.
Mañana, antes de la ceremonia religiosa, estaré en el arroyo esperándote para
irnos juntos.
Su Excelencia, por favor, usted debería ayudarme.
Yo no debo hacer nada.
Pero no puedo caer solo.
Tuve un cómplice, don Gustavo de Santiago, lo sabía absolutamente todo.
Don Gustavo, ¿pero qué está diciendo?
Don Gustavo mismo fue quien obró para la captura de Eduardo de Carvajal a cambio
de unos documentos que me inculpan.
Aunque don Gustavo fuese culpable...
No veo qué podría hacer el santo filo.
Exponer su falta de moral frente a la sociedad.
Don Gustavo lo hizo para cubrir la deshonra de su hija. ¡La pecadora!
Hablo de la misma mujer que se va a casar con su hermano.
¡Enfermera, emergencia!
¡Enfermera! Diana.
Diana.
¿Diana? Está fibrilando.
Administra 100 miligramos de esmolol intravenoso. Sí, doctor.
Diana. Diana.
No funciona, sigue
fibrilando.
¡Carrito rojo!
Diana, por favor.
¿Cargas quién?
¿Cargas quién?
Cargado. ¡Libre!
Niña Leonor.
Con permiso.
Mi niña.
¿Qué pasa?
Esas lágrimas no son de felicidad.
No sé qué hacer.
¿Estás seguro de lo que me has dicho?
Hoy todo, mi señor.
Como usted me lo ordenó.
Su hermano y esa mujer están decididos a contraer matrimonio.
¿Sabe si mi hermano ha salido ya rumbo a la capilla?
Sí, señor.
Escúchame bien, Bertoldo.
Vas a subir a la habitación de mi hermano y vas a sacar todas sus
la calle.
Ese mal nacido no vuelve a pisar esta casa.
¡Ándale!
Fray Rodrigo.
Fray Rodrigo, ¿puedo pasar, por favor?
Adelante, claro que sí, hija.
Cierra la puerta, por favor.
¿Qué pasa? ¿Vienes como Alma que lleva al diablo?
Tengo que pedir un favor.
Te escucho.
Usted ha sido el único que ha sido sincero conmigo.
Pero ahora necesito que lo sea completamente.
¿Quién es la mujer que me ha robado a mi marido?
La mujer con la que don Eduardo cometió adulterio es...
es de honor de Santiago.
Inés, ahora que me has pedido esto y yo te lo he concedido, necesito algo de
parte tuya.
Quiero que te sigas quedando en Zacatecas por un tiempo, en casa de los
Santiago.
Yo ya no tengo nada que estar haciendo.
Yo podría conseguir la nulidad de tu matrimonio para que pudieras casarte en
futuro, si así lo deseas.
Incluso podría conseguir que fueras la única benefactora de todos los bienes
ahora tenéis en común.
Eso dejaría a don Eduardo en la ruina.
¿Pero por qué querría usted que me quedara en la casa de esa mujer?
Mi estimada Inés,
Porque tenemos un enemigo común.
Hace tiempo que vengo sospechando de la herejía del honor de Santiago.
Pero para conseguir pruebas es fundamental tener a alguien en esa casa.
Alguien de confianza para mí.
Que sea mis ojos y mis oídos.
Pudimos controlar la situación, pero... Diana no está fuera de peligro.
¿Qué sigue?
El último recurso que tenemos es hacer una transfusión de sangre.
Con la esperanza de que podamos drenar su sangre con la de alguien más y así
regularizar la temperatura de su cuerpo.
Eso es una locura.
Es una locura, pero es una opción alternativa que pensaría que tú,
que nadie entenderías.
Y sí, sí, es una locura.
Pero a estas alturas es la única opción que tenemos.
Pues hagamos lo que sea para salvar la vida de mi hija. El problema es que en
este hospital contamos con ciertas unidades de sangre no suficientes para
una transfusión así.
Bueno, ¿yo puedo donar?
Entiendo que quieras donar, pero el tipo de sangre de Diana es muy poco común.
Se llama RH nulo, también conocido como... ¿Sangre dorada?
Sí. Cuando Diana era niña la operamos del apéndice y teníamos miedo de que
así pudiera suceder, pero no es imposible. ¿Qué podemos hacer?
En este hospital solamente hay una persona con ese tipo de sangre.
¿Quién?
Yo.
No te correspondía.
Yo sé.
Yo sé y te ofrezco una disculpa.
Pero tú también asume tu responsabilidad.
Entiéndeme. Si no te hubieras acostado con ese pendejo, yo no tendría estas
ganas de romperle la madre.
¿Qué vamos a hacer?
También ya estoy harto de todo el rato tenerte que pedir perdón por un error
tú cometiste.
¿Cómo vamos a superar esto?
Yo no sé si lo puedo superar.
Pero lo que sí te prometo es que lo voy a intentar.
Es que yo no sé si quiero intentarlo todavía.
A ver, Malena, no podemos seguir dando vueltas en el círculo. ¿Quieres tener a
ese bebé conmigo sí o no?
Lo que sí te digo es que ni creas.
Te voy a permitir que ese cabrón críe a mi hijo. Yo soy su padre.
Que te quede bien claro.
Gaby, por favor avísame cuando Diana esté fuera de peligro. Claro que sí,
doctor. Yo la hice.
Mario.
¿Cómo sigues?
Joaquín, si vienes a reclamarme lo de la denuncia... No, tranquilo, que no vengo
a eso.
¿Entonces?
¿Cómo dejamos esto atrás?
¿Esto?
Esta constante lucha por conquistar a Diana.
Ah, eso.
Entiendo que ahora estás con Irene, ¿no?
Bueno, como sea.
Debiste haber creído en Diana cuando tuviste la oportunidad.
No lo veo tan sencillo.
La trataste como si estuviera loca.
No respetaste su creencia en algo que no estuviera puramente fundamentado en la
ciencia. Y esta vez no sé qué habrás hecho, pero estoy seguro que Diana no
hubiera ido hasta tu laboratorio si no estuviera furiosa por algo que tú
hiciste.
¿Cómo voy?
Mejor de lo que pensé.
Mira, Mario.
A mí no me interesa que seamos amigos.
Pero sí quiero que te quede muy claro que lo que tengo con Diana es real.
Y yo nunca le voy a hacer daño.
Quizás no a propósito, pero... Mira, si te pudiera dar un consejo.
sería que aproveches esta oportunidad que te está dando la vida para ser feliz
con Irene.
Y así llevamos todos la fiesta en paz.
Estamos iniciando la transfusión, doctora.
Doctora Vallejo.
Bueno. Mario.
Hola, Malena. ¿Cómo estás?
Todo bien, ¿y tú?
Dentro de lo que cabe, también.
Perdona que te moleste, pero quería saber si todavía tienes acceso al cuadro
que le hicieron las pruebas de ADN.
Sí, aquí lo tengo en la casa.
¿Es el mismo que estaba debajo de la Virgen del Candil?
Sí, la que es idéntica a Diana. ¿Por?
Con mis propios ojos.
¿Ok?
Claro que sí.
Pero ¿por qué no le hablaste a Diana?
Se lo hubiera pedido a ella directamente, pero sigue en cuidados
¿Cómo que cuidados?
¿De qué hablas?
Los registros de las patentes ya están en proceso y todo gracias a ti, socio.
La verdad es que después del incidente del laboratorio fue una cosa muy fácil
sacar los documentos de Mario.
Con esos registros, que Mario se vaya a Stanford o a Europa a seguir sus
ensayos, Santelmo nos va a tener que pagar por esas patentes.
Hay algo que me gustaría proponerte.
En lo que esperamos los certificados, creo que sería una muy buena idea
ocupado a Santelmo.
Y luego de lo que pasó en la cámara de refrigeración, creo que es el momento
perfecto para desprestigiarlo.
Espérate, hija. Ay, voy, permítame.
Vale. Señorita, disculpa. Vale.
¿Me puedes decir por qué carajo me dijiste que Diana estaba internada en el
hospital? Pues justamente por esto.
No quería alterarte en el estado en el que estás. No, me estoy embarazada, no
enferma, carajo. Dejen de tratarme así, por favor. A ver, hija, tienes todo el
derecho a molestarte.
Pero lo que estaba haciendo tu mamá lo hizo porque pensó que era lo mejor. Lo
que me faltaba ahora ustedes dos poniéndose de acuerdo.
¿Dónde está el doctor? Quiero hablar con él.
Está en un procedimiento con tu hermana. No puede salir.
¿Quién la está atendiendo?
La doctora Irene Vallejos.
¿Por qué permitiste que la atendiera ella, mamá? Se llevan fatal.
Bueno, yo qué voy a saber.
Y en este caso no había otra opción.
¿Reconoce al honor de Santiago como bruja hechicera?
¡Dile que sí!
¡Dile que sí!
¡Salva a tu hijo!
Soy yo, soy Irene.
¿Qué pasa?
No puedes tener una hipotermia grave.
Tranquila.
Mario está bien.
Doctora. El procedimiento fue exitoso. Ya no va a estar bien.
¿Podemos pasar a verla?
No, hasta que salga de terapia intensiva, que es hasta mañana.
No, a ver, doctora. Mi hija y yo no siempre nos hemos llevado. Y eso es algo
tengo que empezar a remediar después de tantos años.
Necesito verla.
Lo siento, pero no se puede.
Si fuera su mamá, ¿no le gustaría poder verla después de vivir una situación
como la que mi hija vivió?
Está bien, vengan conmigo. Pero solamente hasta...
Diana.
Ya llego. Doctor.
¿Cómo te sientes?
Gracias por venir.
Nos metiste un susto.
¿Cómo está Mario?
No sé.
La verdad, no sé. Pero sé que está bien.
Joaquín está afuera.
He estado muy al pendiente de ti.
Eres tremenda, mamá.
La tienes mucho mejor color.
¿Cómo está Diana?
Bien.
Mejor preguntando por ti.
Le salvaste la vida.
Estaba haciendo mi trabajo.
Debes tener un millón de preguntas.
Una en particular no me para de dar vueltas en la cabeza y es... ¿Qué estaba
haciendo Diana ahí?
Se apareció en el laboratorio justo cuando yo estaba trabajando en la cámara
refrigeración. Estaba muy enojada.
Se enteró que te conté sobre los estudios con las pruebas de ADN.
Ya.
Así que todo esto es mi culpa, ¿entonces no?
No.
Yo no dije eso.
Irene, a veces me da miedo contarte las cosas.
razón, fue una reacción muy inmadura.
Es que me duele la última persona que se entera de las cosas.
Yo no vi venir lo de Diana.
¿Y lo de Stanford?
Está bien, tienes razón, discúlpame.
Solo estaba analizando la propuesta.
Ahorita lo único que importa es tu salud.
¿Y qué me da las cosas que estás pensando hacer?
Ya viste que mi salud no es lo más importante para mí.
Sino la promesa que le hice a Reina antes de morir.
Qué increíble que una plática con la persona menos esperada me haga dar
que la respuesta la tenía justo frente a mí.
¿Quién es la persona menos esperada?
Joaquín Núñez.
Se dio una vuelta por aquí y platicamos.
Me voy a ir a Stanford a terminar la investigación.
Y me gustaría que me acompañaras.
¿Me van a dar de alta hoy, Gaby?
Sí, doctora. Yo creo que ya hoy se va.
Con permiso.
Gracias. De nada.
¿Se puede?
Claro.
Qué hermosas flores.
Muchas gracias.
No pude dormir anoche. Quería verte.
Sí.
Te debo muchas respuestas, Joaquín.
No. No me debes nada.
Escucha.
Fui a reclamarle a Mario porque fue él el que le contó a Irene sobre los
resultados de la prueba de ADN.
La verdad... Perdí el control.
Bueno, por lo menos ahora ya sabemos que Mario no puede mantener la boca
cerrada.
No todos tienen tus cualidades.
¿Y qué fue lo que pasó en la cámara de refrigeración?
Estaba discutiendo y hubo un cortocircuito.
Provocó que se fuera la luz.
Nos quedamos encerrados.
Tus habilidades de nuevo.
Si te das cuenta que hay un patrón cada vez más claro.
Yo sé que tienes miedo.
De aceptar el hecho de que muy probablemente tú provocaste ese
tengo miedo de eso.
De ver lo que soy capaz de provocar.
Y también de darme cuenta que no he olvidado a Mario.
Perdón que te lo diga así de frente.
Gracias por decírmelo de frente.
Te lo digo porque te quiero de verdad.
Pero estoy confundida.
Como le pasa a Leonor y... Y te pido una disculpa por eso.
No, no tengo nada que perdonarte.
Si te sientes así es probablemente porque estás repitiendo el patrón de
¿Has podido averiguar algo sobre ella?
¿Quién fue el amor de su vida?
No.
No da ciencia cierta. Pero sí... pude conseguir información sobre Eduardo de
Carvajal.
Encontraste el nombre, entonces sí existe.
Buenos días.
¿Cómo te sientes?
Bien, mejor.
Qué bueno. Buenos días.
Joaquín, perdón, no quiero hacer algo así hasta ahora. Yo necesito que
Esté tranquila y descanse. Es lo mejor para su recuperación.
Sí.
Hablamos después.
Sí.
Esto debe ser difícil para ti, ¿verdad?
Tú estás enamorada de Mario.
Es dramática, Diana.
¿Estás cansada?
¿Qué tanto estás dispuesta a sacrificar por él?
Creo que todavía estás delirando.
Tranquila, esto te va a ayudar a calmarte un poco.
Dime la verdad.
¿Lo amas?
¿Es todo lo que vi en los aposentos del conde? Sí, señor.
Espera, espera.
Mañana, antes de la ceremonia religiosa, estaré en el arroyo esperándote para
irnos juntos.
Podemos sentarnos.
En nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti.
¡Alto!
Esta boda no puede llevarse a cabo.
Yo, Fray Rodrigo de Treviño, como santo inquisidor del santo oficio en estas
tierras de Nueva Galicia, acuso al Conde Lucas de Treviño como sospechoso de
herejía.
por haber sostenido doctrinas contrarias a las divinas escrituras y adorar a
ídolos falsos.
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