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¿Enfermera?
¿Necesitan ayuda? Todo bien.
¿Estatus? Mujer de 32 años, hombre de 36, ambos con temperatura corporal por
debajo de los 31 grados. Síntomas de hipotermia grave, ambos inconscientes.
Presión de ella, 80 sobre 60. Presión de él, 100 sobre 75.
Prepara una solución tibia intravenosa para los dos. ¿Nombres?
Diana Salazar y Mario Villarreal.
Inés.
¿La esposa de Eduardo de Carvajal?
¿Estábamos en la misma visión? Creo que sí.
¿La reconocí? Sí, sí, sí. Era Irene Vallejos. ¿Tu colega del hospital?
Sí.
¿Ella alguna vez te ha comentado que tenga episodios como estos?
No, no, nunca.
Vivimos varias vidas. Y pocas veces somos conscientes de las personas que
conocemos en el pasado.
Las almas se reconocen y quedan atadas.
Durante mucho tiempo.
Si esa mujer no ha hecho una conexión fuerte contigo, debe de tratarse de otra
persona, hija. No, no, no, no. Estoy convencida de que era Irene. Era
¿Y eso qué quiere decir?
Varias veces venimos a cerrar círculos y otras veces abrirlos.
Yo solo puedo abrir la puerta y ustedes deciden si quieren cruzarla.
¿Podemos volver a entrar en el trance? El trance del OTAC.
Es muy peligroso.
Lo que hicieron ustedes fue morir y renacer.
Bienvenidos a su nueva vida.
Pero eso quiere decir que no lo podemos volver a hacer.
Se puede después de un tiempo.
Pero yo ya no tomaría esa responsabilidad.
Y les recomiendo que ya no lo hagan.
Irene, te dije que no hacía falta que lavaras nada.
Tranquilo. Es lo mínimo que podría hacer estando aquí.
¿Cómo te fue con Diana?
¿Perdón?
¿Te vi en el hospital hablando con ella?
A ver, tranquilo.
No lo estoy diciendo por celosa.
Al contrario, te quiero ayudar con ella.
¿Ayudarme?
Yo sé que estás preocupado por ella.
Y yo también.
Después de su episodio con Mayol, ya no es la misma doctora. Simple y
sencillamente.
Pues sí, si te soy honesto, yo también estoy preocupado.
Cada vez está más fuera de la realidad y cuando habla dice cosas muy
irracionales. No sé.
Bueno, si quieres y me dejas, me gustaría ayudarte con ella.
A mí también me gustaría, pero tal vez ya sea demasiado tarde.
Nunca es demasiado tarde para nadie, mi amor.
¿Vale?
No me mates, pero tienes visitas.
Gracias, Delfina.
Si no quieres visitas, me puedo ir.
Ya estás aquí.
¿Ya estás aquí? ¿Neta?
¿En serio esa es tu respuesta?
No entiendo nada, Amale.
No te entiendo.
¿Qué pasó?
¿Qué está pasando?
¿Qué somos tú y yo?
Dime. ¿Qué somos?
Comprendo que lo de Gael pueda estar pesado, pero... ¿Hice algo?
¿Algo mal?
¿Te debo una disculpa? ¿Te tengo que pedir perdón? Solo no.
Lo que menos quiero es herirte. Nunca lo he querido.
Pero parecía que lo hago involuntariamente, justo como Gael
Y siento que cualquier decisión que tome te va a lastimar.
¿Pero lastimar por qué?
No te entiendo.
Discúlpame de verdad por haberte metido en todo este rollo.
Pero necesito estar lejos de ti al menos un tiempo.
De verdad me confundes.
Necesito estar tranquila para poder pensar con claridad en mi mente.
Ok.
Está bien.
Si eso es lo que quieres, eso es lo que tendrás.
Al final, lo único que siempre quise es que fueras feliz.
La neta, ojalá que lo logres.
A mí no tienes que decirme nada porque soy tu madre.
¿Pero qué es lo que no le quieres decir a él?
Mira, yo te entiendo que te sientas raro compartiéndome cosas que no son tuyas
para compartir.
Te entiendo porque... Luego tengo pacientes que no me quieren decir algo,
sus familiares ya me lo dijeron.
Pues sí, es algo delicado, algo que va más allá de su salud física.
O sea, no entiendo por qué piensas que tú tienes que cargar con esto tú solo.
A ver, Mario.
Diana y yo quizá no seamos las mejores amigas, pero la conozco desde hace años.
Y la estimo.
Y estoy preocupada.
Diana vino a mostrarme unas pruebas de ADN.
Una es una muestra de sangre de ella y la otra es una muestra de sangre seca
tomó de un cuadro que según ella tiene más de 400 años.
No, creo que no te entendí porque este estudio muestra que las dos pruebas son
de la misma persona.
Diana dice que eso es la prueba de que ella es la reencarnación de una mujer
vivió en el siglo XVII.
¿Es una broma, no? No, me lo dijo así tal cual.
Yo le recordé que como médico sabe perfectamente que esas muestras se
todo el tiempo.
Sí, claro, ella misma pudo haber contaminado la prueba de la sangre seca
recolectarla.
Exacto. ¿Y qué te dijo?
Se puso muy mal.
Me dijo que no podía ver más allá de mis narices, que estaba ciego.
Maya, tenemos que hacer algo.
Ella no puede seguir atendiendo pacientes así.
De todo lo que me pudiste haber dicho, es lo último que me imaginaba.
No sé qué voy a hacer.
Tú eres fuerte, hija.
Puedes hacer lo que quieras. No con un hijo.
No sé qué va a ser de mí, no lo entiendo.
Hace unas semanas mi vida era perfecta.
Tenía un novio, tenía un trabajo chingón, tenía una independencia.
Y ahora estoy atrapada entre mi bebé y dos hombres.
¿Sabes de quién es?
Sí, es de él.
Por los tiempos no puede ser de Gonzalo.
Pero el caso es que yo ya había tomado una decisión.
Seguir a mi corazón y ahora seguir a Gonzalo.
Y ahora... Fíjate tu corazón.
Seguro te guiará por el camino correcto.
Me siento una estúpida aquí llorando a mi edad en los brazos de Irene.
Nunca estoy demasiado grande para llorar en los brazos de una madre.
Gracias, papá.
Con esta ayuda que nos brindaste nos sentimos menos estancados.
Por lo menos ya estamos seguros que Irene es parte de todo esto.
Sí, eso es verdad.
Es imprescindible que investiguen el cómo y el por qué se relacionó con
Un alma vieja que no busca conectarse. La verdad es que nunca lo había visto.
Yo sigo pensando que para entender la asignatura pendiente de Leonor, tenemos
que descubrir quién fue su verdadero amor.
Si Eduardo o Lucas.
Debe haber registro de eso.
Yo me encargo de averiguar.
Esa es una buena idea.
No se puede resolver una asignatura si no sabemos qué la provocó.
¿Vienes a la casa?
Por favor, hazlo por mí y por Malena.
No está pasando por un buen momento. Estoy segura que le vas a hacer bien.
Bueno, si es para estar cerca, como he dicho, apenas puedo levantar la cabeza.
Gonzalo, ¿nos tomamos como cuatro cervezas nada más?
Exacto. Cuatro cervezas y necesito dos días para superar la curva.
Me extrañaba esto.
¿El qué?
Digo, porque tú y yo... Yo no recuerdo que crudeáramos mucho juntos, ¿no?
No, eso no.
Esto, la confianza que nos tenemos, las pláticas tontas, el...
Olvídalo.
¿Qué pasó con Malena?
¿Me estás preguntando por mi corazoncito de chocachitos o por el contrato con la
galería?
Un poquito por los dos, pero la verdad por el contrato.
Me imaginaba.
Pues fíjate que últimamente Malena ha estado con asuntos personales y no me
platicar con ella.
Pero si se dilata, pues firmamos tú y yo y listo.
¿Seguro? Sí.
Seguro.
Vale, ¿dónde está vos?
¿Te dirán los resultados? ¿Qué pasó con los estudios o qué?
Después te platico de eso.
Hay una persona que quiere hablar contigo.
¿Papá?
Hola, María.
que mañana podríamos ir al parque donde las llevaba de... Hola,
Fina.
Mamá, por favor.
Denle una oportunidad de que se explique.
De verdad heredaste el sazón de tu mamá para la cocina.
Están bien ricas las quesadillas.
¿Por qué te fuiste?
Pasaron 30 años. Espero que no vengas a hablar de la calidad de mis quesadillas.
No, claro que no.
Cuando tu hermana era una bebé, yo tenía un conflicto conmigo mismo.
Hacía tiempo que no me sentía bien con la persona que era y mucho menos con el
padre que era de ustedes.
¿Y eso te da el derecho de irte?
No. Pero yo pensé que les estaba haciendo un bien. Dejándonos solas.
Alejándolas de mí.
A mí las respuestas ambiguas no me sirven, Emiliano.
Necesito que me digas la verdad.
¿Por qué nos dejaste solas?
Porque hay una parte oscura dentro de mí que en ese entonces no podía manejar.
¿Y ahora sí?
Al menos he logrado controlarlo un poco.
Aunque he lastimado gente.
El chavo que mataste.
Estaba tratando de ayudarlo.
Pero sí, acepto mi responsabilidad.
A veces no encontramos la solución.
Y la solución está enfrente de nosotros.
¿Por qué me mandaste a decir eso con Diana, lo de los dos corazones?
Porque te quiero.
Y porque quiero que seas feliz.
Tal vez en este momento todo te parezca confuso, pero es muy simple.
Tú ya sabes lo que quieres.
Acéptalo.
Doña Inés, disculpe el atrevimiento, pero ¿a qué se refiere exactamente con
exonerar?
Eduardo encontró evidencia de que el gobernador Otalora estuvo desviando
del Quinto Real.
Efectivamente robándole a la corona.
Es imperativo que me lleven con la Guardia Real para que arresten a Otalora
libren a mi marido.
El rey Felipe IV personalmente otorgó el perdón para Eduardo por sus servicios.
Entiendo.
Entiendo.
El asunto es que...
No sé cómo decirlo, pero aquí va.
Su esposo, don Eduardo de Carvajal, ha muerto.
Buenos días, madre, padre.
¿Qué nos honra con su visita?
Doña Inés es esposa de don Eduardo de Carvajal.
¡Ofilia!
¡Ofilia!
¡Ophelia!
¿Cómo se siente, doña Inés?
Eduardo está muerto.
¿Cómo?
Al parecer lo asesinaron mientras lo trasladaban de una celda a otra para ser
juzgado.
Alucinado.
¿Por quién?
Seguramente uno de los hombres de Otalora.
Es una suponencia.
Con puerta muerta.
Realmente es una tragedia.
Usted puede despedirse aquí el tiempo que lo necesite.
Poco antes de seguir con todas las cosas.
Ophelia, por favor, ve a preparar una recámara para Doñeres.
Sí, señora.
Permiso.
Esta mujer es especialista en historia del virreinato.
Accedió a vernos en mi consultorio.
Bien, yo salgo a las cinco.
Vamos juntos.
No puedes llegar un poco antes.
El tema es que sale de viaje. Si no la vemos ahorita, pues no la vamos a ver
hasta quién sabe cuándo.
Ya. Bueno, pues entonces lánzate tú.
Yo voy llegando al hospital. Voy a intentar hablar con Idemel.
A ver qué le saco.
Trata de no ser tan directa.
Ya sabes cómo se pone la gente cuando se le hablan de esto. temas.
Pues sí, como reaccionaba yo antes.
Exactamente. Bueno, te aviso si tengo suerte.
Buen camino.
Te mando a ver.
Irene. Hola, Diana.
¿Cómo va todo?
Bien.
Estoy terminando mis rondas, esperando a Mayol.
Tú y yo tenemos una plática pendiente.
Después de lo de Mario, me gustaría que nos fuéramos a tomar un café.
Tal vez no sea tan mala idea.
Así puedo entender por qué Mario está tan preocupado por ti.
¿A qué te refieres?
Pues ya sabes.
Con lo de las pruebas de ADN y todo eso, está un poquito desconcertado. Y lo
entiendo, no es para menos.
¿Qué fue exactamente lo que te dijo?
Mira, si quieres luego lo platicamos bien, Diana.
Pero una cosa sí te voy a decir.
Si tú dejas que estas curiosidades tuyas afecten tu trabajo, es si no me vas a
dar opción más que tomar medidas.
No se lo puedo.
Te ofrezco algo de tomar, un café, un té.
Mira, hice un poquito más de huevito para desayunar. ¿Te sirve?
No, gracias.
Fina, yo sé que tenemos una plática pendiente, pero la verdad es que no sé
por dónde empezar.
Tal vez por pedirte perdón.
En un principio pensé que estaba haciendo bien las cosas.
Incluso cuando estuve en la cárcel, le pedí a Dios que me mantuviera allá
adentro para no hacerle daño a las personas de afuera.
Pero lo que vivía allá adentro fue tan grande, más grande que cualquier otra
cosa a la que hubiera enfrentado en mi vida.
Y seguir ese destino fue lo que me impulsó a no regresar.
Ahora sé que debí haber hecho las cosas de manera diferente.
Pero aún así no estoy seguro que esa posibilidad hubiera sido real y
para que ustedes no salieran lastimadas.
Cuando alguien mire a pedir perdón, no trata de justificar lo que hizo
mal.
¿Qué haces aquí?
¿Se puede saber por qué carajos me contaste, Irene, sobre los resultados de
prueba de ADN?
Perdón, estaba preocupado y quería saber su opinión profesional.
Era información personal, Mario, personal.
¿En qué momento te sentiste con el derecho de compartírselo?
Especialmente a ella.
Tienes razón.
Perdón, no lo pensé. No.
No, no pensaste.
Así como tampoco eres capaz de escuchar. Pero bien que vas y repites las cosas
que ni siquiera entiendes. Porque tú no puedes creer.
¿Qué fue?
Un apagón y entró la planta de emergencia para mantener el refrigerador
Se debe haber descompuesto el circuito de la tarjeta.
Voy a tratar de desconfigurarlo para poder abrir.
A ver.
Se quemó la tarjeta.
¿Y ahora qué hacemos?
¿No está aquí Gael?
No, le di el día. Estaba preocupado por el tema de Malena.
¿No hay nadie más?
No, estamos solos.
No, es cierto que bloquean la señal por una cuestión de seguridad.
Vale, no te esperaba.
¿Puedo pasar? Por favor, pasa.
¿Te ofrezco algo de tomar?
¿Un agua, un café, un aperol? No.
No, estoy bien.
Siéntate.
¿Cómo estás?
Más o menos.
Sí, igual.
Gael, he estado pensando en todo esto que ha pasado y... Vale.
No quiero que te precipites.
Yo cometí un error y quiero que te tome... Vino mi papá.
¿Y qué tal hablaste con él?
Sí.
He estado reflexionando mucho.
Creo que me hacía más falta hablar con él de lo que yo me imaginaba.
Me da mucho gusto que hayas hablado con él.
Estuvimos platicando muchas cosas, pero...
Hubo una en especial que creo que me abrió los ojos.
¿De qué hablaron?
Acerca de ser mamá.
Tú sabes perfectamente que yo nunca he sentido esta necesidad de embarazarme,
tener hijos.
Pero esta decisión se vuelve más difícil cuando deja de ser una posibilidad a
cuando es una realidad.
¿Estás embarazada?
Sí.
Si tienes duda de quién es el papá, eres tú.
Vale, de verdad, no me gustaría tenerte que hacer esta pregunta, pero ¿cómo
estás tan segura? Tengo las cuentas perfectamente claras y no hay manera de
sea de él.
¿Y qué hacemos?
Yo quiero tenerlo.
Me gustaría que nos diéramos otra oportunidad.
Me hace mucha ilusión que este bebé pueda crecer en una familia con su
papá, con su mamá.
Digo, si quiere.
Es lo que quiero.
Es lo que más quiero.
Te amo.
¿Puedo apagarlo? No, no se puede controlar desde aquí. Voy a intentar
la temperatura porque si no nos va a dar hipotermia.
Está completamente pegada. ¿Te ayudo?
Ay. A ver, déjame intentarlo.
¿Está? Sí, ahí.
Cuidado.
Perdóname, Diana, por haberle dicho eso a Irene.
Vamos a enfocarnos en tu aire.
¿Qué pasó?
Me corté.
Lástimaste. Sí.
¿Tienes algún antiséptico?
¿Qué vamos a hacer?
Voy a seguir intentando quitar la placa.
No sé si sirva de algo, pero es la única opción que tenemos.
¿Pero qué?
¿Y ese humo?
A esta hora, justo.
Encienden los propulsores de congelación. La temperatura va a bajar 5
puede ser.
Por favor, que yo no puedo.
Tranquila. La información que usted
busca sobre el apellido de Santiago y lo que yo encontré es lo que básicamente
usted ya conoce. Que don Gustavo de Santiago fue un hombre adinerado y dueño
una mina en Zacatecas. ¿Y del honor de Santiago tenemos algo?
No, no, nada en mis registros.
Pero lo que puedo hacer es pedir ayuda a otros historiadores que están más cerca
de la zona.
Sí, sí, se lo agradecería muchísimo.
Pero lo que sí encontré es información sobre el apellido de Carvajal.
En este pergamino encontramos información sobre un hombre llamado
Carvajal que vivió en Zacatecas alrededor del 1640.
Doctora, ¿y esto qué quiere decir?
fue absuelta por el Tribunal del Santo Oficio por algún delito.
Y más adelante, sin embargo, habla de que Eduardo de Carvajal finalmente
fue despojado de sus títulos y propiedades.
¿Y sabemos por qué?
No, no hay nada claro. Solo que terminó en la ruina.
¿Y se volvió a casar o...? No, yo no tengo registros de...
de otra unión matrimonial, solo de un matrimonio, con esta mujer, la Condesa
Inés Betancourt.
¿Le puedo tomar foto a estos documentos? Sí, sí, desde luego.
¿Se me parece?
¡Ya llegué!
Tranquila. Vamos a permanecer juntos.
Hay que aguantar.
Hay que aguantar.
Me duele mucho la cabeza.
A ver, toma.
No te preocupes.
En cualquier momento va a llegar alguien de seguridad o de limpieza y nos va a
sacar de aquí.
Tranquila.
Diana. Diana, por favor.
Resiste. Siéntate.
Siéntate. Tranquila.
Capitán Beltrán, ¿qué significa todo esto?
Gobernador Otalora.
Queda usted bajo arresto por cometer delito de desfalco a la corona de
Eso debe ser una broma.
¿Quién es esta mujer?
Inés de Carvajal.
Viuda de Eduardo de Carvajal.
Exijo hablar con el inquisidor general.
En esta ocasión, ni el santo oficio puede ayudarte.
Mi marido puede estar muerto, pero yo me voy a encargar de limpiar su nombre.
Guardias, aprecen a este delincuente.
No me toque. ¡No me toque!
Soy el gobernador.
¿Cómo se siente?
Es imposible fingir fortaleza en estos momentos.
Pero Eduardo merece que hagamos justicia.
Gracias por acompañarme.
Lo que más me duele es no saber ni por qué lo acusan.
¿Me podrían llevar con el inquisidor general, por favor?
Doña Inés, la veo débil.
Tal vez sea prudente descansar antes de que continúe con estas actividades que
tanta energía le quitan.
Sí, vamos a casa.
Descansa y después decide qué quiere hacer.
Excelente idea.
Salud. Justicia.
Exijo justicia.
Yo no actúe solo.
No actúe solo.
Justicia.
Quisiera besarte y abrazarte, pero mi aspecto y mi olor son cada vez más
horribles.
Sé que la espera es terrible, pero confío en que pronto acabará.
¿Qué pasa?
La espera terminó.
¿A qué te refieres?
Detuvieron a Otalora y fue gracias a tu investigación.
¿Llegaron mis papeles?
Bendito Dios.
Sabía que se iba a pasar. Gracias.
Gracias a ti. Esto no hubiera sido posible sin ti. Gracias por siempre
en mí. Los papeles los trajo Inés.
Tu esposa.
Ella cree que estás muerto.
Y yo no puedo seguir mirándola a los ojos sosteniendo una mentira y un
sufrimiento que no son necesarios.
¿Qué dices?
Debes saber que estás vivo.
Y tendrás que volver a España con ella.
Pero Leonor... Es tu esposa.
Ella te ama, Eduardo.
Lo vi en sus ojos. Pero yo no la amo a ella.
Pero ella no tiene la culpa de lo que pasó.
Lucas tampoco.
¿Crees que fue una buena decisión?
No lo sé.
Pero no hubiera podido vivir con la alternativa.
¿Qué iba a hacer?
¿Tener a Eduardo encerrado en la mina con tal de estar con él?
Bueno, el amor por secuestro siempre es una posibilidad.
Nunca había tenido esto.
¿Esto?
Complicidad absoluta con una persona.
Se siente... liberador.
Sería aún mejor si fuera mutuo, ¿no crees?
Tú me has contado todos tus secretos y no sabes ninguno de los míos.
¿Y qué secretos puede esconder el Conde Lucas de Treviño?
Los más oscuros que te puedas imaginar.
Más oscuro que tener...
¿Escondido a un fugitivo del santo oficio con el que cometiste un
No, debo admitir que no.
Mi delito más grave hasta ahora ha sido... escaparme de la misa de la boda
hermana.
Te saliste de la misa.
Más que nada por aburrimiento extremo.
Eso sí, me confesé después.
Te persiguen tus responsabilidades.
Gracias, Lucas.
De verdad.
Vamos. Vamos.
Quiero brindar porque este día contamos con la sublime presencia de doña Inés de
Carvajal. Y en especial por la memoria de don Eduardo de Carvajal, quien sin
duda fue un hombre correcto, de ideales.
¿Principios correctos? Ahora no me mate, don Gustavo.
Mío.
Don Eduardo, ¿pero cómo es posible?
¿Por qué estabas vivo?
Lo presentí desde que me lo dijeron.
Don Eduardo, ¿qué ha sucedido? ¿Dónde ha estado todo este tiempo?
Es una historia larga, quizá para otro momento.
Le pediría si por favor me permite bañar. Por supuesto, don Eduardo, no
más. Es un gusto volver a verlo, don Eduardo.
Igualmente.
Lucas de Treviño, a su servicio.
Un gusto conocerlo.
Aquí estoy.
No puedo concentrarme.
Hay que mantenernos despiertos.
Mírame.
Y te sigo, padre.
Yo también.
¿Qué vamos a hacer?
¿Seguir pretendiendo que Eduardo no tuvo nada que ver con Leonor?
¿O que nosotros no tuvimos nada que ver con su arresto? A nadie le conviene
hablar de más.
Eduardo no quiere que su mujer sepa que fue un adultero. O tal hora ya está en
la cárcel.
Leonor se va a casar con el conde.
lo que hicimos o déjanos de hacer.
Eduardo no pensaría lo mismo si espera que estamos involucrados.
Lo que piense Eduardo me tiene sin cuidado.
Vamos a ser civiles. Los esperamos un par de días. Luego viene la boda de
con el conde. Tendrán que marcharse a España de una vez por todas.
Espero que tengas razón.
Vamos.
Gracias.
Don Gustavo.
Ya puse el servicio que me pidió. Ah, sí. Muchas gracias, Ofelia.
De nada.
Qué gusto.
Qué placer, de verdad, recibirlos en esta, su casa.
A todos.
Don Eduardo, me imagino que tiene mucho que contarnos.
¿O no?
Si no quiere, no hay problema. Ya habrá tiempo.
Lo importante es que nos da mucha alegría tenerlo de regreso.
Estuve escondido hasta que los documentos que envié con las evidencias
crímenes del señor Otálora llegaran a manos del rey.
Básicamente, esa es la historia.
Como haya sido, nos llena de placer tenerlo de regreso.
Lo que no supe es quién advirtió al gobernador Otálora de mi investigación.
Estoy seguro que eso fue lo que provocó que me persiguieran.
Pero bueno, eso ya no importa. Lo importante es que estamos aquí para
Y salud por eso.
Salud. Don Eduardo, debo decir que es admirable su trabajo en contra de la
corrupción.
Lo que a mí no me queda claro es qué delito te fabricaron para deshacerse de
Don Gustavo, el inquisidor general, Fray Rodrigo de Treviño, ha venido de
visita.
Vaya, vaya, vaya.
Me extrañó que no se me invitara a este convite, pero está bien, está bien, no
pasa nada.
Porque como puedo ver, incluso los renacidos se encontraron el camino hasta
aquí.
¿No es cierto, don Eduardo?
Han sido unas jornadas largas y laboriosas.
Perdonen mi franqueza, hijos, pero entre mujeres que visitan minas que no
deberían...
Hombres que rompen acuerdos que se habían cerrado anteriormente.
Y hermanos con la moral cruzada.
Pues, uno ya no sabe por dónde le llegan los golpes.
Mi hermano, por favor.
Mi conde, mi querido conde.
Pero todavía me quedan cosas por decir.
Cosas que se saben en esta mesa, pero que se mantienen muy ocultas.
Con el debido respeto, señora de Carvajal.
Pero cuando su marido ha sido acusado y perdonado por adulterio,
pues yo creo que lo prudente es que usted lo sepa, ¿sí?
No sé cuánto tiempo daño.
Hidrátese un poco.
Debe de estar agotada.
Gracias, maestro.
Habrán de dispensarme, pero ese cuadro deslumbra desde la entrada.
Lleva un buen avance.
Las obras de arte están medio terminadas cuando empiezan bien.
Esos ojos.
¿Podemos hacer una pausa?
Claro.
Tomemos unos minutos.
Esa mirada...
Gracias.
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