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♪ Tu imaginación me programa en vivo. ♪
♪ Llego volando y me arrojo sobre ti. ♪
♪ Salto en la música, entro en tu cuerpo. ♪
♪ Cometa Halley, copula y ensueño. ♪
- Hola. - Hola.
Hola, linda. Te escucho mal. ¿Dónde estás?
En la ruta.
Ay... Se escucha muy mal.
- ¿Vos estás fumando? - No.
Vos estás fumando.
- No estoy fumando. - Con todo lo que sufriste para dejarlo.
¿O no te acordás? Porque yo me acuerdo.
No puedo hablar ahora, la tengo a Elena dormida.
Para que sepas, estoy segura de que Fernanda me droga la comida.
No, mamá...
- No estoy loca. - Fernanda no te droga la comida.
- Sí me droga. - No tiene imaginación para hacer eso.
Bueno, pásame la receta de ese postre.
- ¿Qué? - El postre santiagueño.
- Sí, el Rogel. - Alfajor santiagueño.
- OK, alfajor santiagueño. - Sí, ¿cómo se hace?
¿Te vas a poner a cocinar vos? ¿Por qué no te ayuda Fernanda?
- No hagas cagadas. - A esa hija de puta no le pido nada.
Bueno, dale, está bien. Está bien, dale.
- Encima que me tenés encerrada. - Anotá.
- Anotá si querés cocinar. - No tengo libertad.
No me grites, ¿eh?
Yo bato nueve yemas, manteca...
Dividís la masa en diez bollos, dejás reposar media hora.
Media hora...
Los estirás hasta que te queden finitos y los metés al horno,
no más de diez minutos porque si no, se queman.
Y mientras tanto, vas haciendo el merengue.
Hacés una capa de masa, una de dulce de leche...
- Una de masa, una de dulce de leche... - Coronás con el merengue, ¿no?
Sí, coronás con el merengue que hiciste aparte, sí.
- Ahora sí te dejo, estoy mane... - Quiero que salga bien porque...
- Es para César. - ¿Qué?
Que tiene que salir bien,
porque César es muy delicado con los postres.
- ¿Quién es César? - César, mi César.
No sé, ¿yo lo conozco?
César...
Mi marido antes de conocer a tu padre.
Antes de papá vos no te casaste con nadie, mamá.
Sí, pero si te lo conté muchas veces, ¿te olvidaste?
Bueno, te dejo que estoy manejando.
- Te quiero. - Después hablamos.
- ¿Sabés? Mucho. - Yo también.
- Después hablamos. Te dejo. - Y a Elenita.
- La abuela la quiere mucho. - Chau, chau.
- Chau. - Le mando un beso.
- Hola, ¿qué pasa? - Hola, linda, ¿dónde estás?
¿Dónde voy a estar, mamá? En la ruta, manejando.
- ¿Vos estás fumando? - No, no estoy fumando. Decime.
Pasame con Elena, quiero hablar con ella.
No, está dormida Elena ahora. Si ya te dije.
Ya te dije, te llamamos después cuando llegamos.
Yo no puedo creer que viajen tanto para ver a ese pelotudo.
¿Por qué la llevás a Elenita?
Porque quiere conocer a su padre.
No lo puedo creer, no lo puedo...
¿Para qué me llamaste, Alicia? ¿Para joderme?
No, te llamé por la receta del postre.
- ¿El Rogel? - Se dice alfajor santiagueño.
Yo le digo Rogel, no me jodas.
- Te lo acabo de pasar. - ¿Qué?
Hace dos minutos que te dije que anotaras.
¿Que vos me llamaste?
- No. - Sí.
Vos me llamaste, me hablaste de César.
Dale la receta, mamá.
- No me grites. - No te estoy gritando.
- Me sacás de quicio, mamá, dale. - ¿Yo?
- Anotá. - Bueno, dale, anoto.
Bato nueve yemas, manteca, azúcar, harina.
Dividís la masa en diez bollos, dejás reposar media hora.
Los estirás hasta que queden finitos y los metés al horno,
no más de diez minutos porque si no, se queman.
Más despacio.
Hacés una capa de masa, una de dulce de leche,
una de masa, una de dulce de leche...
...y coronás con el merengue.
- ¿OK? - OK.
- OK. - Te quiero, linda.
- Sí, yo también. Hasta la vuelta. - Decile a Elenita
que le mando muchos besos.
Hola, Alicia, ¿qué pasa ahora?
Que te fuiste con ese pelotudo y yo me quedo acá.
- No. - Y me droga la comida.
- No. No. - Sí, sí.
- No, no, no, no. - Sí, te digo que sí.
- No, no. - Sí.
- ¿Te acordás lo que hablamos en marzo? - ¿Qué?
- ¿Cuándo? - En marzo.
- ¿Dónde? - En casa de Matilde.
Me acuerdo perfectamente.
- ¿Qué hablamos? - De tu separación.
- No, no, eso no. - ¿Entonces?
Que cuando te convirtieras en un agujero negro yo te lo iba a decir.
- ¿Me lo querés decir? Decímelo. - Bueno.
Venías bien estos meses, pero te lo tengo que decir ahora.
Sos un agujero negro, mamá.
¿Mamá?
¿Estás llorando o te estás riendo?
¿Mamá?
Pasame con Fernanda, por favor.
¿Qué le vas a hablar de mí?
No tiene nada que ver con vos, no tiene nada que ver con vos.
Necesito hablar con ella, pasámela.
No puedes hablar con ella porque se fue.
- ¿Cómo que se fue? - Sí, se fue.
¿Adónde se fue?
Y yo qué sé, que haga lo que quiera.
¿Qué pasó, qué le hiciste?
¿Yo? Nada. ¿Qué le voy a hacer?
No te hagas la boluda.
No te hagas la boluda y decime qué le hiciste.
- Nada, pero si querés, la llamo ahora... - No.
- ...y hago que vuelva. Yo la llamo. - No te preocupes.
No te preocupes. Yo la voy a llamar a Fernanda
y voy a hacer que vuelva, ella sabe que no podés estar sola.
- Sí puedo. La llamo. - Yo la voy a llamar.
- Está bien. - Voy a hacer que vuelva.
¿Sí? Sí. - Te quiero mucho, linda.
Yo también.
¿Sí?
- Ho... - Hola, linda.
- ¿Hola? - ¿Mamá?
Sí, ¿qué necesitás? ¿Hola?
Estoy llamando a Fernanda, ¿qué hacés vos con su teléfono?
¿No me dijiste que se había ido?
- Estaba sonando acá y lo atendí. - Pasámela.
¿A quién?
A Fernanda, mamá. A Fernanda, pasámela.
Pero no está Fernanda. Se fue.
Y se dejó el celular en tu casa.
Sí, qué sé yo. Se fue y se lo olvidó.
Qué bueno que llamaste, necesito la receta del postre ese...
El santiagueño.
- ¿El Rogel? - Alfajor santiagueño.
¿Hola? ¿Estás ahí?
Yo bato nueve yemas.
- Manteca, azúcar, harina. - ¿Sí?
Dividís la masa en diez bollos, dejás...
- Dejás reposar media hora. - Ah.
Los estirás hasta que queden bien finitos.
Los metés al horno no más de diez minutos, porque si no, se queman.
Claro.
Hacés una capa de masa, una de dulce de leche,
- Una de masa, una de dulce de leche. - Y coronás con el merengue.
Y coronás con el merengue.
Bueno, pues... gracias.
- Te quiero mucho, linda. -
Te quiero, mamá.
Decile a Elenita que la abuela la quiere mucho.
Cuidate y descansá.
Vos también, vos también.
Hola, Pepo. Te estoy llamando por una emergencia.
Si no, no te llamaría, claramente.
Mi vieja está en cualquiera.
Creímos que estaba mejor, pero no.
El tema es que la estaba cuidando Fernanda, la enfermera,
y se pelearon. Eh...
Se pelearon, ella se fue y la dejó sola.
Y no sé... No...
No sé qué hacer. Estoy acá...
a mil kilómetros y Alicia necesita tomar su medicación.
Y... Y pensé en vos.
Porque como nunca me devolviste las llaves de la casa...
No puedo creer que estoy haciendo esto, de verdad.
Sé que...
es un favor de esos que se piden una sola vez en la vida.
Necesito que vayas a cuidar a mamá.
Hasta mañana a la tarde o a la noche a más tardar que yo vuelvo.
Te estás queriendo matar de escuchar este mensaje, ya lo sé.
Pero si me hacés este favor, me salvás.
¿Qué decís?
¿Estoy muy loca?
No, no, no, no.
No, no, no, no.
No, Franquito, ¡no! La concha de mi madre.
Concha de mi madre.
¿Qué?
¡Vaya, vaya, vaya!
¡Alicia!
¿Alicia?
¿Hola?
¿Alicia?
¿Qué mierda? ¿Es un Rogel?
Alfajor santiagueño.
¿Eh?
Se dice alfajor santiagueño.
¿Qué hacés ahí, Alicia?
Subí a buscar dulce de leche y me dio vértigo y no puedo bajar.
Casi se le incendia todo.
¿Vos qué hacés acá?
Laura me pidió que viniera a acompañarla esta noche.
- ¿Sabe quién soy? - Por supuesto que sé quién sos.
- ¿Te pensás que soy tarada? - No, no.
- ¿Cómo entraste? - Tengo la llave.
- Deme la mano, ¿puede bajar? - ¿Me vas a poder agarrar?
- Sí, sí. - No te veo muy fuerte.
Voy a poder, no se haga problema. Venga.
Deme la mano, suéltese hacia mí. Eso.
Te dejaste el bigote.
Sí.
Me encanta cómo te queda.
¡Franco!
¡Franquito!
¿Qué hace, Alicia?
¿Qué es eso?
Es el collar de Franco. Aprieto aquí y el collar suena.
¿Cómo?
Yo no escucho nada. Cierre la puerta que entra lluvia.
¿Franquito?
¿Franco?
Perrito de mierda.
Siempre encima mío, siempre molestando.
Se asusta con los truenos, pero siempre vuelve para joderme.
♪ El hombre nace ♪
♪ porque es un niño, ♪
♪ y al despertar... ♪
- ¿Está muy jugoso? - Sí, muy jugoso.
- ¿Vos no comés? - No, yo ya cené. Gracias.
No voy a comer sola.
No, estoy bien así, gracias.
Yo no me voy a comer todo esto. Te doy del mío.
No quiero, en serio.
¿Por qué?
¿Te doy asco?
¡No! No, ¿cómo me va a dar...? No.
Entonces vení, vení acá conmigo.
Y comé un poquito.
Nunca te había visto de traje.
¿Te lo pusiste para venir a verme?
No, me lo puse para una reunión de trabajo que tuve.
¿Y cómo te fue?
- Normal. - Te fue mal.
Te fue muy mal.
No es tu día.
Y encima te mandan a cuidar a tu exsuegra.
- Es Laura. - Ponela al altavoz.
¿Cómo?
Ponela al altavoz, por favor, que quiero hablar con ella.
- Hola, Pepo. - Hola, linda.
Mamá, ¿me estás jodiendo? ¿Tenés el teléfono de Pedro?
No tengo nada. Calmate, nena.
Sí, no, no. Estás en el altavoz.
Hola, Pedro. ¿Cómo va todo?
Bien, bien, acá estamos tranquilos.
Comiendo algo, tomando un vino.
¿Vos estás tomando vino, mamá?
No, no, no. Está tomando él.
Yo no estoy tomando vino, estoy tomando soda.
Sí, ella está tomando soda. Yo estoy tomando vino.
- ¿Vos la estás cubriendo, Pepo? - No, no. ¿Cómo...?
No seas boludo, no puede tomar.
Mamá, ¿vos cuándo fue la última vez que tomaste tu pastilla?
No sé.
- ¿Qué? - ¡Que no me acuerdo!
Bueno, Pedro, escuchame.
Es muy importante, que la tome ahora
- y después cada 12 horas. - Bien.
- Están ahí en el mueble del costurero. - Eh...
Dale, ahora. Parate y andá a buscarlas.
Fijate bien, son las celestes chiquitas con una rayita en el medio.
- ¿Dónde? - En el primer cajón.
¿Y si yo no quiero? ¿Qué va a hacer acá tu novio?
- ¿Me va a obligar? - Pedro no es mi novio.
No, pero podemos tomar la pastilla tranquilos con un jugo de naranja.
Sí, tomá la pastilla, mamá.
Y acordate de lo que dijo Matilde del agujero negro.
Cada vez que me decís lo del agujero me hacés pensar en un culo.
Pedro, cuando estés solo me llamás y hablamos mejor, ¿dale?
Sí, dale, Lau. Sí, sí.
- Dale, gracias. Sos... - De nada.
Demasiado ruidito en esa cabeza.
¿Y cómo aguantaste tantos años a mi hija?
Besaba bien, buenos besos.
Eso lo heredó de Ernesto, su padre, que también besaba muy bien.
Yo no, soy muy torpe para los besos, muy ansiosa.
O beso de más o beso de menos.
Mi otro marido siempre me hacía burla, decía que besaba como un pescado.
No sabía que se casó dos veces.
No, yo con Ernesto nunca me casé.
Yo solo me casé una vez. Cuando era muy joven.
Con César.
Mi César.
El hombre más importante de mi vida.
El más malo.
El hombre más malo del mundo.
Mi César.
Por favor, la pastilla, Alicia.
Por favor, Alicia.
Tú sabes cómo me gusta que me digas.
¿Ves que no perdí he perdido mi acento?
Lo hago por ti.
No... No hace falta.
Te excitaba, ¿verdad que sí?
Te calentabas cuando yo te hablaba así.
- Basta, no sé de qué está hablando. - César.
Yo no soy César. Yo no soy...
No, no, no. Está confundida. Yo no tengo nada que ver.
Usted tiene que tomar la medicación. Si no, yo me voy.
Usted se va a quedar sola y yo me voy a la mierda.
¡Vete! ¡Vete! ¡Andate!
¡Hacé lo que quieras!
Siempre te fuiste. Siempre te vas.
Hacé lo que quieras, como siempre.
Siempre haces lo que quieres.
- No, no tomó alcohol, creo. - Bueno, bien.
Y escuchá, en un momento me confundió con otra persona.
- ¿Qué, con César? - Sí, César, sí. ¿Lo conocés?
No tengo ni puta idea de quién es, me lo está nombrando desde hoy.
Me dijo que estuvo casada con él.
¿Qué? No, ¿casada con quién? No. No, se casó con papá y con nadie más.
A mí me parece que es real, digo, que es una persona real.
- No es real, está delirando. - Por lo que dice...
¿Sabés qué? Ya fue. La voy a internar. Que se vaya a cagar.
- Puede ser. - La quiero matar.
No lo sé, Lau.
Menos mal que estás ahí.
- Escuchá. ¿Hola? - Ay, pará, pará.
- ¡Hola, Pedro! - ¡Hola, Ele! ¿Qué hacés?
- Estamos en un hotel en la ruta. - Sí.
- Te extraño mucho. - ¿Eh?
- ¡Te extraño mucho! - Yo también, yo también.
- Se me cayeron las dos paletas. - ¿Las dos?
- Sí, las dos. - ¿No te quedó ninguna?
- El doble de plata. - ¡Te felicito!
Pero no me gusta esa rata que se mete abajo de la almohada.
No, eso no quiero.
No es una rata, es un ratoncito.
- Mandale un beso a mi abuela. - No tengas miedo.
- Cuidala, ¿sí? - Pasame con tu mamá.
¿Hola? ¿Hola?
Vieja de mierda.
¿Con quién estabas hablando?
Alicia...
Dime la verdad.
Recién estabas hablando por teléfono. ¿Con quién estabas hablando?
¿Qué pasó, Alicia? Sáqueme esto.
Alicia.
Yo te conozco, César.
Con tal de zafar eres capaz de cualquier cosa.
Sos capaz de entregarme.
Estabas hablando con tus amigos, ¿no?
La puta madre, Alicia. ¿Qué dice?
¿Sabías que fui campeona juvenil metropolitana?
- ¿Eh? - Decime la verdad, va a ser más fácil.
Ya le dije la verdad, llame a Laura.
Llame a Laura y pregúntele.
Hablaba con ella. Me pidió viniera a cuidarla.
Vine a cuidarla, Alicia.
No te creo, César.
- Qué feo que grites así. - ¡Hija de puta! ¡Hija de puta!
Sos un exagerado, si apenas te toqué.
¡Ayuda! ¡Hija de puta!
- En esta casa no se grita. - ¡No!
¡Hija de puta!
¿Eran tus amigos de la policía o del ejército?
¡Soy Pedro Brussone, por favor!
¡Está loca! ¡Sáqueme de acá!
Dime la verdad.
Está bien. Soy César, soy César.
Me descubriste, soy César.
¿Con quién estabas hablando?
Con mis amigos de la policía, pero no...
No llegué a decirles nada. No llegué a decirles nada, se lo juro.
¿Todavía lees?
A mí me gustaba cuando te emborrachabas
y me leías.
Leíamos partes de Fausto, de la Divina comedia,
casi todo Walt Whitman.
Y mientras leías, yo me desvestía
y te desvestía a vos.
Yo quería que se te pusiera gorda.
Y te tocaba y te besaba.
Pero ya sabemos lo que te pasa cuando te emborrachas.
Vos preferías el whisky y la lectura.
¡Mira que resistirse a esto!
Siempre tuve una duda con vos, César.
¿Vos sos marica?
No lo digo como un insulto.
Pero me gustaría saberlo porque eso explicaría muchas cosas.
¡Uy!
Mira lo que hice.
¿Sos o no sos?
No, no soy, no soy homosexual.
Ah.
Me habría gustado que dijeras que sí.
Te habría dejado ir.
- Soy homosexual. - No, ahora no te creo.
¡Soy homosexual, Alicia!
No digas esa palabra. Parece que fuera una enfermedad.
No, yo no dije eso.
Marica es más lindo.
Puto, muy agresivo. Y mariquita se pasa de marica.
Bueno, soy marica, soy mariquita.
Por favor, sáqueme de acá, Alicia.
No sos marica.
Sos un impotente, orgulloso
y egoísta.
La reputa madre, Alicia.
Y vos me hacías sentir culpable por no quedarme embarazada.
Pero ¿cómo me voy a quedar embarazada con ese pitito blando?
Y mirá que me esforcé por sacar algo bueno de ahí.
Trabajé duro.
Bueno, duro, hice lo que pude.
Por suerte llegó Laura, porque habías logrado asustarme.
Ah...
¿Dónde dejé mis lentes?
¡Ay, mira, César!
Esta obra la hicimos en el colegio, antes de conocerte a vos.
Yo era la protagonista, tuve mucho éxito.
Vos hacé de Creonte, ¿vale?
Ahora vuelvo.
Sos el rey, sos mi suegro.
Un suegro de mierda.
No sé si voy a recordar la letra.
Si no me acuerdo, me ayudas, ¿eh?
Pero para poder leer, le voy a pedir que me suelte.
¿Para qué?
Para poder expresarme.
No me quieras cagar, César.
Te puedes expresar perfectamente como estás.
Desde "acaso no te das cuenta...".
Eh...
"¿Acaso no te das cuenta, mujer insensata,
que lo que está en juego es tu felicidad?".
"¿Mi felicidad?
¿En qué mujer feliz se convertirá la pequeña Antígona?
¿Qué mezquindades tendré que hacer
para arrancar con los dientes mi pedacito de felicidad?
¿A quién deberé mentir? ¿A quién sonreír?
¿A quién deberé dejar morir apartando la mirada?".
"Estás loca, loca.
No sabes lo que dices, cállate".
"¿Por qué quieres hacerme callar?
Porque sabes que tengo razón.
Sabes que tengo razón.
Pero no lo confesarás nunca
porque luchas por tu felicidad como una fiera".
"La tuya y la mía, sí, ¡imbécil!".
"Todos ustedes me dan asco con esa felicidad,
con esa vida que hay que amar cueste lo que cueste.
Como perros que lamen todo lo que encuentran.
Yo lo quiero todo.
Ahora.
Y que sea completo.
Y si no, no quiero nada.
Y quiero estar segura de todo hoy
y que sea tan hermoso como cuando era niña.
O morir".
La aplaudiría. No puedo.
Cuando era joven, yo siempre tenía ganas de hacer cosas.
Tenía ganas de bailar.
En cambio, tú...
tenías ganas de hacerme mal.
Te excitaba hacerme mal.
No, Alicia, por favor. Yo no soy César.
Soy Pedro Brussone, el exnovio de Laura, su hija.
Vivimos acá durante las remodelaciones, dos semanas.
Estuvimos Laura, Elenita, usted y yo.
Fueron semanas difíciles, discutíamos, ¿se acuerda?
Por favor, yo le pido que me suelte.
Usted tiene que tomar la medicación.
Tiene que tomar la medicación ya mismo y soltarme.
Y dejar de hacer el ridículo.
¡Alicia!
¡Alicia!
Soy Pedro Brussone, esa es la verdad.
¿Jugamos a decir la verdad?
Yo te cuento algo
y vos me decís si es verdad o es mentira.
Si acertás tres veces, ganás.
Y te suelto.
Pero si te equivocás tres veces, perdés.
Y te voy a cortar un dedo.
¿Eh?
Esto ya lo vivimos.
Ya jugamos a esto.
- ¿No te acuerdas? - No.
Vos me cortaste.
No. No, no, no. Yo no hice nada.
Me cortaste dos dedos.
¿Es verdad o es mentira?
Es mentira.
¿No te acordabas?
¿O no lo querías recordar?
Primer error. Punto para mí.
De esto te tenés que acordar.
Era el nene de los vecinos.
Tenía cinco años.
Y jugábamos y nos reíamos...
Yo no quería que se fuera, yo quería que se quedara conmigo,
con nosotros,
y tú dijiste que sí, que nos lo podíamos quedar.
Pero él...
no quería.
No quería.
Y entonces tú...
le tapaste la boca para que no gritara.
Cuando quitaste la mano...
Te lo llevaste al fondo del jardín.
Y yo lloraba y lloraba y lloraba.
Al otro día,
vinieron los vecinos buscando a su hijo.
Llovía como hoy.
Ella tenía el pelo mojado.
Graciela se llamaba.
¿Sabés de quién te hablo?
Graciela.
Ellos no nos culpaban de nada.
Solo querían saber si lo habíamos visto.
Y volviste de la cocina con un cuchillo.
No sé por qué reaccionaste así.
Fue todo muy rápido, yo te ayudé.
Y entre los dos los llevamos al jardín.
Acabamos llenos de tierra.
En esa época, nadie hacía preguntas.
Las personas no estaban más
y se acabó.
Tus amigos de la policía nos ayudaron.
¿Eran de la policía o eran del ejército?
No hubo investigación.
Nadie preguntó nada.
Después tú dijiste que lo mejor era separarnos.
Que nos teníamos que separar para no volver a equivocarnos.
Y ahí me abandonaste.
Esto que te cuento...
¿es verdad...
o es mentira?
Es verdad.
Bien.
Punto para ti.
Uno a uno.
Mis ojos son negros y grises. ¿Es verdad o es mentira?
Hija de puta.
Tienes que responder o te vuelvo a quemar con el atizador.
Mis ojos son negros y grises. ¿Es verdad o es mentira?
No me espíes.
Es verdad.
¿No te acordás del color de mis ojos?
Mis ojos son marrones y verdes, depende de la luz.
Sí, sí, verdes y marrones, como los de Laura. Sí.
Fui tres años novio de Laura.
Viví con Laura, con su hija, y con Elenita.
Eh... Y...
Durante ese tiempo con Elenita generé un vínculo...
Bueno, no sé, casi como un padre fui de su nieta.
Yo soy Pedro...
Está bien, está bien. Basta de juegos. Soy César.
Soy César y todo este tiempo pensé en vos.
Estuve todo el tiempo pensando en vos porque te amo.
Te amo, Alicia. Y quiero...
darte un abrazo y no puedo. ¿Sí?
Ahora vamos a hacer al revés.
Vamos a cambiar un poco las reglas.
Yo voy a decir si es verdad o es mentira.
Decime de nuevo que me amás mirándome a los ojos.
Y esta vez, convénceme de que es verdad.
Yo te amo, Alicia.
Otra vez.
Te amo, Alicia.
No te creo. Eso que dices es mentira.
- No, es verdad. - Perdiste, perdiste.
- No, es verdad. - Tercer error, perdiste, perdiste.
Es verdad, Alicia. ¡Alicia, es verdad! ¡Alicia, escúcheme!
Alicia, es verdad. ¡Yo te amo, Alicia!
Alicia, ¡te amo!
¡Alicia!
¿Me escucha?
¿Eh?
¿Qué es eso?
¡Ayuda!
Por favor. ¿Qué es eso?
No, no, no. ¿Qué es eso? ¡No!
No, Alicia. No, no, no.
Mierda.
Ahora vuelvo.
Alicia.
¡Alicia!
Alicia, ¡te amo! ¿Me escuchaste?
No valió esto, Alicia. ¡No valió!
Una oportunidad más, Alicia. ¡Por favor!
¡Te amo, Alicia!
¡Alicia! Alicia, escuchame, ¡te amo!
¡Te amo, Alicia!
No, no, no.
Te amo, Alicia. Alicia.
Alicia, por favor.
Mirame. Mirame.
Eso no. No, no, no, no, no.
No, no, no. Alicia, no, por favor.
Esto ya no. Eso no.
Alicia, ¿qué hace? Alicia.
A ver, escuche. Escuche.
No, no, no, no. Alicia...
Alicia, no, no.
No, no, no, no.
- Alicia. Alicia. - ¿Qué? ¿Qué?
No. No, no, no.
Alicia, por favor. No, no, no, no.
¡No, no, no, no!
¡No, no, no, no!
¡Soy Pedro Brussone!
¡Soy Pedro Brussone!
¡Soy Pedro Brussone!
¡Soy Pedro Brusso...!
Es tu culpa.
¿Qué cosa?
Hablaron de cosas feas con la abuela.
- ¿Cuándo? - En el auto.
Pensé que estabas dormida.
Hablaban de César.
Hace mucho que no soñaba con él.
Ahora voy a volver a tener pesadillas con él por tu culpa.
Pero ¿cómo? ¿Vos lo conocés?
En el verano de la mudanza, la abuela me lo presentó.
¿Cómo que te lo presentó?
Elena...
¿Cómo es César?
Viejo,
narigón,
con unos bigotes
y malo.
¿Por qué decís que era malo?
La abuela me dijo así, porque no quería que me quede sola con él.
Tengo miedo de que haya vuelto.
Quiero llamar a la abuela.
Bueno.
No me digas "bueno". Quiero llamar a la abuela ahora.
Elena, son las tres de la mañana. No vamos a llamar a nadie ahora.
Hace mucho que no hablamos con la abuela.
Dale, ¿qué te cuesta?
Dale, dale, dale, dale, dale,
dale, dale, dale, dale, dale,
dale, dale, dale, dale.
Dale, dale, dale, dale, dale.
Dale, dale, dale, dale, dale.
Bueno.
El cliente...
Contestador.
- Debe estar dormida. - Por favor...
Marcá el celular de Pedro.
...cuando finalice de grabar...
Si te parece, en un rato los volvemos a llamar.
Bueno.
Ele...
¿Cómo era tu sueño?
Soñé con la laguna.
Había mujeres en la playa.
Solas, separadas.
Como la abuela, como vos.
Como yo.
Sin hermanas.
Entonces, me doy cuenta de que el sueño está durando mucho.
Y cuando los sueños duran mucho, se convierten en pesadillas.
Salieron unos monstruos del agua.
Horribles.
El más feo tenía cara de César.
Se me quedaba mirando
y me ordenaba.
Mordeme.
Mordeme.
Soñé que era chiquita
y me arrastraba un monstruo que tenía tu cara.
Yo gritaba,
pero no podía moverme.
Y después,
estábamos acá, vos y yo.
Tú seguías atado al sillón,
pero porque vos querías.
Podías liberarte cuando vos quisieras.
Te parás delante mío.
Parece que estás enojado.
Que me querés pegar.
Pero en vez de eso...
♪ Nace, el hombre nace ♪
♪ porque es un niño. ♪
♪ Y al despertar ♪
♪ cree que ha despertado el mundo ♪
♪ y comienza a andar. ♪
♪ Ríe, cuando descubre ♪
♪ que no está solo, ♪
♪ que la amistad ♪
♪ tiene siempre el color del agua ♪
♪ y el gusto del pan. ♪
Entonces, me doy cuenta de que el sueño está durando mucho,
♪ En cada amigo hay... ♪
Que se va a convertir en pesadilla.
♪ ...una razón para vivir. ♪
Graciela.
Graciela.
¿Pedro?
Sí, Alicia.
¿Qué haces ahí?
Sáqueme, por favor. Ayúdeme, por favor. Por favor.
- Sí, sí, sí. Claro, claro. - Sí.
- Ayúdeme. - Sí, claro que sí.
Claro que sí, querido. Pero ¿qué te pasó? Dios mío.
¿Qué te pasó? Estás lastimado.
Sí, sí. Estoy lastimado.
Y necesito ir al baño, por favor.
- Sáqueme de acá, suélteme. - Sí, claro.
- Sáqueme. Sí. - Claro.
A ver por aquí.
¡Uf!
Me hago encima.
Gracias, gracias. Por Dios.
Este candado es de mi valija húngara,
la que uso para los viajes cortos.
¿Dónde están las llaves?
¿En dónde guardé las llaves?
Alicia, concéntrese. ¿Dónde guardó las llaves?
Son unas llaves chiquititas...
- Las voy a tener que cambiar... - Alicia...
Me estoy haciendo. No sé cuánto voy a aguantar.
Necesito ir al baño. Haga memoria.
¿Dónde fue que vio las llaves por última vez?
- ¿Cuál fue el lugar? - ¡En mi habitación!
En el cofre donde están las otras llaves.
Ahora, vaya. Vaya a buscarlas. Vaya.
Dale. Ahora, ahora.
Ahora, ahora, ahora. Vaya ahora. Vaya.
Las llaves del candado y volver para acá.
Eso. Eso, vaya.
Y volver para acá.
Las llaves...
Las llaves y volver.
Las llaves del candado y volver para acá.
Las llaves del candado y volver.
Y volver.
Las llaves del candado y volver para acá.
Las llaves y volver.
Unas...
Las llaves del candado y volver, Alicia.
¡Las llaves!
Las llaves...
y volver.
Traer las llaves...
¡Las llaves del candado y volver, Alicia!
¡Ayuda!
¡Ayu...!
¿Qué pa...?
Alicia.
Alicia.
¿Qué?
Las... Las llaves.
Ah...
Claro. Las llaves.
Por... Por favor, por favor, suélteme.
Por... Por favor, al menos...
Por... Por favor, suélteme.
Vos no me vas a engañar, César.
No. No, no. Yo no soy César.
Soy Pedro. Al menos, por favor, déjeme ir al baño.
Un segundo.
Sos un pésimo actor.
Te orinaste en mi pinotea.
Si no me suelta,
le voy a cagar la pinotea.
¡Ah!
¡No!
¡No se orina en mi pinotea!
¡No! ¡Hija de puta!
¡Ey! ¡Ey!
No, no, no, no.
¡Ey!
¡Ey, ey!
No, no, no, no.
Basta, basta... No, no, no.
Ay, César,
no puedo dejarte ni cinco minutos solo.
No, no, no, no, no.
Quieto.
No me puedo mover, Alicia.
Callate un poquito.
No, no. ¿Qué hace? Alicia...
Alicia, ¿qué hace?
Alicia.
No. No.
No.
- No... - Campeona juvenil...
Alicia, no... No!
...¡metropolitana!
Hola, Alicia, acá Ramiro, de la inmobiliaria,
para recordarle la visita de mañana.
Hola, Alicia, acá Ramiro, le recuerdo la visita de esta tarde.
Esta señora no puede en otro momento, así que...
Alicia, Ramiro, de nuevo...
Nos vemos en un rato, ¿no?
¿Le puedo pedir si ordena un poquito la casa?
Los libros... Bueno. ¿Eh?
¡Franco!
¡Franquito, vení a comer!
¡Franquito!
¡Franco!
¿César?
Hola, Alicia. ¿Cómo le va?
Soy Ramiro, de la inmobiliaria.
Ella es Victoria. Vinimos a ver la casa.
Hola, ¿cómo le va?
- Deme dos minutos. Por favor. - Claro.
Sí, sí, sí.
- ¿Está bien la señora? - Sí, hablé ayer, estaba bárbara.
Y tiene sótano. Pero no podemos bajar.
¿Por qué?
Porque la señora me dijo que tiene cuadros de ella desnuda.
No. ¿En serio?
- En serio. - ¿Cuadros de ella?
Eh...
A... Adelante.
Por favor.
Permiso, ¿eh?
Gracias.
Gracias.
Bueno, en principio, pensala con colores más luminosos, ¿no?
Un hueso, un marfil... Incluso blanco.
No le tendría miedo al blanco.
- ¡Mirá! - Es la estrella de la casa.
Art Nuveau. Lo trajeron en barco a principio del siglo pasado,
un vidriero francés que le puso mucho empeño.
¿Francés? Qué bárbaro, ¿eh?
- Precioso. - Para mirarlo todo el día.
Es impactante. Sí.
Sí, sí. Sí.
Bueno, pinotea. Es la pinotea original.
Ahora la ves así, está hecha un desastre,
pero la pulís y te queda... como nueva...
...realmente.
Este parque es inmenso.
Los árboles son centenarios.
Alicia, ¿qué es esto?
¿Qué es esto?
¿Hace cuánto está esto así?
¿Cuántas veces le voy a ofrecer ayuda para arreglarlo?
No me viene el carpintero.
¿Vamos arriba?
Podés tener cuarto de mascotas.
No. Arriba no creo.
A los chicos les encanta, ¿eh?
Tenés mucho espacio. Mascota o más niños.
- Claro. Bueno... - No sé.
- Hay que poblarla la casa esta. - Claro.
Seguí con Alicia
que voy a atender un llamadito.
¿Me escuchás ahí?
¿Miro ahí?
¿El barrio cómo es?
¿En qué sentido?
¿Es seguro? ¿Es tranquilo?
Muy seguro y muy tranquilo.
- ¿Alguna vez le entraron a robar? - ¿Acá?
Nunca.
Basta. Eso...
¿Qué pasa, amor?
¿Me escuchás?
Ya está. Eso.
Ya está, eso. ¿Qué pasa, amor?
Ya está.
¿No estará muy incómodo ahí?
Sí, puede ser, porque está medio...
...mal esto. A ver, ¿me sostiene un segundito?
¿Y la...? ¿Me puede...?
- Sí, así. - Ahí va.
Así le acomodo bien...
¿Me la puede sostener? Un segundito.
Ah. Sí. Sí, sí.
- Ahí está. - Hola.
Ahí está, mi amor.
Ya está, ¿eh?
Ey, ya está, amor.
- ¿Victoria? - Se la dejo un momentito.
Miro ahí.
Sí, a ver...
Hola.
- ...la casa. - Claro.
No encuentro. Un color. Sí, sí.
- No hay sombra. - Sí, me doy cuenta.
- En ningún ángulo... - Claro.
Sacás los libros...
Podés tirar abajo la chimenea si te molesta.
- Si te parece antigua. - Puede ser, puede ser.
- Esperame un poquito. - Sí, sí.
No, no, no.
Bueno, ¿cómo se habrá portado, bien?
- Muy bien. - ¿Sí?
Muy bien, amor. Ahí está.
Espérame un momento fuera
- y ahí te llevo la ficha. - Sí, dale.
A ver, Alicia, escúcheme un segundo.
Humedad en las paredes, un agujero en el piso...
Si necesita que lo solucionemos, dígalo.
Yo puedo sola.
Y no voy a permitir que vengas vos a retarme a mi casa
- por mi pinotea. - Bueno, bueno.
Mi pinotea.
¿Escuchaste, César?
¡Franquito, vení con mamá!
- ¡Franco! - Alicia...
¿Franquito?
¡Alicia!
¿Franco?
¡Alicia!
¡Franquito!
No, no, no.
No. ¿Qué pasa?
No. No, no. ¿Qué pasó?
¿Qué le hizo a Franquito, Alicia?
No. No, no...
Sí. ¿Usted sacó...? ¿Sacó el auto?
¿Salió a dar una vuelta en el Mercedes?
Saqué el Mercedes...
Pero... No lo vi.
Lo atropelló. Pobre Franco. Lo atropelló a Franquito.
No.
- Sí, lo atropelló. - No.
Este perro, siempre encima mío...
Siempre molestándome.
Hay que esconderlo ya.
Ya. Hay que enterrarlo antes de que llegue Laura, por favor.
- Está por llegar. Vaya ya. Al jardín. - Sí.
Al fondo, al jardín. Ya. Al jardín.
Hay que... Hay que prender las luces.
Y...
Vamos a jugar a algo.
No, no, no. Porfa, por Dios, no, Alicia.
- Alicia. - Yo te cuento algo,
si acertás tres veces, ganás,
y te suelto.
Pero si te equivocás tres veces, perdés,
y te voy a cortar un dedo.
No. Otra vez no.
Por favor, no.
Mis ojos son negros y grises. ¿Es verdad o es mentira?
No me espíes.
Es mentira. Sus ojos son marrones o verdes,
depende de la luz.
Bien. Te acordás.
Punto para vos. Primer acierto.
Esto...
A esto ya jugamos nosotros otra vez.
Y tú me cortaste dos dedos.
- ¿Es verdad o mentira? - Verdad.
Muy bien.
Segundo acierto. Punto para vos.
De esto te tenés que acordar.
Era el nene de los vecinos.
Yo jugaba con él, nos reíamos...
y... Y yo no quería que se fuera
y tú dijiste que sí, que nos lo podíamos quedar.
Sí, sí. Que se quede con nosotros, sí.
Pero él...
no quería.
Y tú...
le tapaste la boca.
Sí, sí. Para que no gritara.
Y cuando se la destapaste...
yo lloraba y lloraba.
Al otro día, vinieron los vecinos preguntando por el chico.
- Estaba lloviendo, como ahora. - Ella tenía el pelo mojado.
¿Cómo se llamaba?
Graciela.
Sabes perfectamente cómo se llamaba.
Sí. Los padres nos preguntaban si sabíamos dónde estaba el chico.
Sí. ¿Y vos?
Y yo fui a la cocina y volví con un cuchillo.
- Con un cuchillo. - Fue todo muy rápido.
- Había mucha... - Mucha sangre.
Mucha sangre por todos lados.
Y los enterramos en el jardín.
Junto al niño.
Nos llenamos de tierra.
Y en esa época, nadie hacía preguntas.
- Las personas no estaban más... - Nadie preguntaba nada.
Nos ayudaron mis amigos del ejército.
¿Eran de la policía o eran del ejército?
Del ejército.
Y ahí me di cuenta que esa noche...
Me di cuenta que no podíamos seguir juntos,
que teníamos que separarnos.
Eso dijiste, que nos teníamos que separar.
Si seguíamos juntos...
Podíamos volver a hacerlo.
Podíamos volver a hacerlo otra vez.
Así que...
Bueno...
Suélteme. Soltame, ya...
Gané. Gané.
Fue mi tercer acierto.
Gané.
Siempre me hiciste sentir como esos nenes abusados
que creen que son culpables de todo lo que les está pasando.
Eh...
Perdón.
Perdóname, Alicia.
Alicia...
Cuando me decís "Alicia",
me hacés sentir vieja.
Decime como tú sabes que me gusta.
Decime.
Decime. Una sola vez.
Y te suelto.
Eh... Sí, ¿cómo?
¿Cómo era?
- M... - M...
Mo...
Mo...
Mor...
Morite.
No.
No.
- Mordeme. - Ah.
Mordeme.
Mordeme.
Mordeme.
Eso me decías.
- Mordeme. - Mordeme.
Y me decías que...
Que espiabas a los vecinos cuando follaban.
Y que escuchabas a Graciela, gemía.
Y me pedías que yo te hablara como Graciela.
Cuando me tocabas el culo,
pensabas en el culo de Graciela.
Y cuando apretabas mi cuello,
pensabas en el cuello de Graciela.
Decime.
- Mordeme. - Decime.
Mordeme.
Mordeme.
- Mordeme, ya está. Ya está, Alicia. - Mordeme.
- Mordeme. - Ya está. Ya está, Alicia.
- Mordeme. No, no, no. - Mordeme.
- Mordeme. - No. Alicia, basta. ¡No!
Alicia, ¡basta!
¡Uy, no me lo puedo creer!
César, se te está poniendo gorda.
¡Basta, Alicia, basta! ¡Basta, basta, por favor!
No, no, no, no. ¡Alicia, basta!
Basta, basta, basta. No, no, no.
- No. - Mordeme.
Está por llegar Laura. Por favor.
- Mordeme. - No, no, no, no.
- No, Alicia. - Mordeme.
No, no, no, no. No, no.
Alicia, por favor.
No, no, no, no.
¡No!
No, no, no, no.
No.
¡Basta, basta, basta!
¡Basta, basta, basta!
¡No! ¡No!
¡No! No.
¡No!
¡No!
No.
Estuvo bien mientras duró.
No pasa nada.
Yo te amo.
Te amo.
¡Ayuda!
¡Ayuda!
¡Hay una vieja loca!
¡Ayuda!
- Ayuda. - Graciela...
No.
¿Alicia?
¿Pedro?
¿Hola?
¿Hay alguien?
¿Mamá?
¿Hola?
¡Pepo! ¿Qué te pasó? ¿Qué te pasó?
¿Qué pasó? ¡Alicia!
Acá estoy, Pepo. Acá estoy. Ya llegué. Perdón.
- Perdón, perdón, perdón. - Sacame esto.
Las llaves del candado.
- ¿Estás bien? Dónde? - Abrí ahí.
¿Acá?
¡Vete!
- ¡Vete de mi casa! - La puta madre. ¿Vos hiciste esto?
Tu mamá está loca, no tomó la pastilla. Explicale quién soy.
Dame eso.
Decile que no soy César.
Dámelo.
Dame eso, Alicia.
No te hagas la boluda. ¿Qué mierda tenés en la cabeza?
Te voy a matar.
Te voy a matar a vos.
¡Dame! ¡Dame esto!
Dame, ¡dámelo!
Siempre fuiste un agujero negro.
¡Morite, Graciela!
¡No!
Morite de una vez.
¡No! ¡No!
¡No!
¡No!
¿César?
¿Qué hiciste?
- ¡Hija de puta! - ¡No! ¡César, César!
Ay, Dios.
¡Ayuda!
¿Pedro?
¿Pedro?
Aguantá. Aguantá, Laura.
César...
César...
Pedro...
Siempre fuiste un sorete, César.
¿Mamá?
Mamá...
Ayudame.
¿Mamá?
♪ Tu imaginación me programa en vivo. ♪
♪ Llego volando y me arrojo sobre ti. ♪
- ♪ Salto en la música... ♪ - ¿Dónde vamos?
♪ Entro en tu cuerpo. ♪
¿Elena?
♪ Cometa Halley, cópula y ensueño. ♪
¿Adónde vamos?
¿Vos no fuiste al sur?
Sí, pero ya volví.
♪ Tuyo, luna de miel. ♪
¿Qué te pasó, abuela? ¿Donde está mamá?
¿Mamá?
¿Qué hiciste, abuela?
♪ Tu madre no podrá interceptarme... ♪
¿Adónde vas?
No me dejes sola.
No me sigas.
Avancen.
Dale.
Dale, mové el auto.
¡Por favor, corré el auto!
♪ Tu imaginación me programa en vivo. ♪
♪ Llego volando y me arrojo sobre ti. ♪
♪ Salto en la música, entro en tu cuerpo. ♪
♪ Cometa Halley, cópula y ensueño. ♪
♪ Tuyo. ♪
♪ Tuyo, luna de miel. ♪
♪ Luna de miel. ♪
♪ Caramelos de miel entre tus manos. ♪
♪ Te prometo una cita ideal. ♪
♪ Adorando la vitalidad. ♪
♪ Gozo. ♪
♪ Tuyo, luna de miel. ♪
♪ Luna de miel. ♪
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