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Zulu
Llamada para un muerto.
Pero cuando el secretario de Estado recibe una carta semejante en su correo
particular, es como si llega al aeropuerto de Londres un anónimo
hay una bomba en el avión del primer ministro.
Hay que comprobarlo.
¿Y dice que era una carta anónima? Sí.
¿Era correcta? Sí, sin falta de ortografía, buena puntuación, nada
¿Escrita a mano?
Escrita a máquina.
Un Olivetti portátil, con membrete de Westminster.
¿Y el anónimo qué decía con exactitud?
Que usted había sido miembro del Partido Comunista en Oxford por los años 30 y
que seguía siendo un simpatizante de la causa comunista.
Mi querido señor... Dobbs, Charles Dobbs. Por esos años prácticamente todo
mundo era miembro del Partido en Oxford. Lo sé. La mitad del gobierno actual...
Por favor.
Verá, señor Dobbs, cuando se es joven, se acopla uno a las ideas que nos
mejores, a los ideales que creemos que han de cambiar el mundo.
Cuando aún no me había graduado, nuestro ideal era la justicia social y nuestro
salvador Carlos Mars.
Desfilábamos con banderas, hacíamos la huelga del hambre.
Unos combatimos en España, otros escribíamos poesías.
Sigo creyendo que la causa era buena, pero el ídolo de barro.
Teníamos fe, esperanza y caridad.
Fe equivocada y falsa esperanza.
Pero era el ideal de la caridad.
Nuestros ojos estaban cegados con esa luz.
Y a medio abril.
¿Y qué los abrió?
¿Pan? No, no.
Applebee. Bill, perdón.
Pero si cuando paseamos en el parque esta mañana estaba más contento que una
alondra. Me agradó.
Tuvimos una entrevista de lo más satisfactorio y le prometí una inmunidad
absoluta. ¿Qué demonios les hace pensar que ha sido un suicidio?
¿Vas a venir?
Sí, voy enseguida.
Dentro de unos 20 minutos encuentro un taxi. Hans se ha llevado el coche y no
vuelto. ¿Lo sabe ya el consejero?
No, aún no. Qué fatalidad.
Bueno, ya hablaremos. Hasta ahora.
Vamos a... Ahí llega mi coche, perdóneme.
Venga, por las molestias, ¿está bien?
Ya lo creo.
Muchísimas gracias.
Buenas noches.
Ah.
Llegas o te marchas, Charles?
Me marcho, al despacho. Hay complicaciones.
¿Lo has pasado bien?
Sí.
¿O me hago esa ilusión?
¿Quién ha sido esta vez?
Entiendo, algún amigo nuestro.
¿Necesitas el coche?
Cariño... Vuelve a la cama, nena.
¿Volver?
He encendido el fuego. Hace mucho frío.
Charlie, ¿qué a tiempo llegas?
¿Para qué? Para evitar que el asesor cometa errores. ¡Qué inconsciencia!
Acaba de salir de Scotland Yard dándose una importancia que hiere.
Están discutiendo con ardor a qué departamento pertenece el caso.
La sección especial dice que a la sección especial.
El CID dice que al CID nuestra policía no sabe por dónde se ha ido. ¿Y qué dice
el departamento extranjero? El departamento extranjero, en cambio, sí
saberlo. La muerte de un leal, inteligente, colaborador y bla, bla,
era, Bill, eso era.
Atormentado y empujado al suicidio por los métodos de la Gestapo, acostumbrada
la brutalidad y bla, bla, bla, bla.
Los bulos corren como la pólvora. Esta mañana tuve una entrevista amistosa con
este hombre en el parque.
Le dejé tranquilo.
Pues como le digas eso al asesor, le vas a dejar intranquilo.
Bastantes quebraderos de cabeza tiene con que la prensa diga si fue o no
suicidio.
Imagínate que este departamento insinúa siquiera que Fennan pudo haber sido
asesinado y luego resulta que no es verdad. No quiere dar un paso en falso.
lo que ha pasado.
Fennan y su mujer vivían en... En Sorrel.
En Wallistan, ya lo sé.
La mujer se fue al teatro sola esta noche. Bueno, ayer por la noche.
Volvió a las 10 y 45 y encontró a su marido muerto en el living.
dejó una carta sellada para el secretario de Estado.
¿La han abierto?
Appleby, ha llegado el señor Dobbs.
Sí, señor. Que venga.
Da buena doma a la fiera.
Gracias.
La policía cree que es un caso claro de suicidio.
¿Y usted?
Lo que yo piense no tiene la menor importancia. Lo importante es lo que
el departamento extranjero. Es una fatalidad que en este desgraciado asunto
seamos ahora responsables ante los dos departamentos oficiales con los que
nuestras relaciones son, como diría yo, algo incómodas.
Si hay hechos que no están incluidos en la información confidencial, que señalan
que Fennan se suicidara por otros motivos que su interview con ustedes, me
gustaría conocerlos.
¿Existen? ¿Han abierto la carta del suicida?
Están fotocopiando el original.
Es el tipo de letra de la máquina de Zenan y firmada por él.
De esto no cabe la menor duda, mi querido amigo.
No solo lleva la fecha, el 3 de febrero, sino también la hora, las tres y media
de la tarde.
Eso es poco corriente. Un hombre metódico puede ser metódico hasta el
momento. Mi querido ministro, después de algunas indecisiones he resuelto
quitarme la vida. No puedo continuar pasando el resto de mis días bajo la
sospecha de ser desleal.
Me doy cuenta de que soy víctima de informadores pagados que han destrozado
carrera. Le saluda atentamente, firmado Samuel Fennan. ¿Puede darme una
explicación? No estoy muy seguro.
Algo ha sido la causa de este desvarío.
La carta parece de un hombre equilibrado. Y lo estaba cuando la
Tal vez un poco nervioso, pero ante una situación tan delicada lo está
cualquiera. Claro.
Por eso sugerí que nos fuéramos de su despacho. No quería darle publicidad y
para conseguirlo nada mejor que cambiar impresiones en la soledad de un parque.
Entonces cabe suponer que el suicidio, al igual que su carta, han sido una
verdadera sorpresa para usted. ¿No encuentra otra explicación? No.
¿Ni tiene idea de quién le denunció?
No. Ni él la tenía.
¿Sabía usted que era casado?
Sí.
Con una mujer poco vulgar, extranjera, judía según mis referencias, había
sufrido mucho en campos de concentración durante la última guerra, lo que
aumenta nuestro desconcierto.
Existe la posibilidad de que ella pueda aportarnos alguna pista.
Debería ir a visitarla.
Yo, pero si me hace responsable de la muerte de su marido.
Por si desea la colaboración de la policía de Wollaston, hemos colocado
inspector Mendel como oficial de enlace para este caso.
Creo que no ha trabajado nunca con él. Es del CEDE. Creí que estaba retirado.
Lo está.
Eso le facilita servir con la mayor imparcialidad a las dos partes, a la
y a nosotros.
Dígame. ¿Quién es, Martin?
Sí.
Sí, señor ministro. ¿Algo nuevo?
Sí. Precisamente tengo aquí al hombre encargado del caso.
Hemos acordado que hablará con la viuda sobre las 8 de esta mañana.
Déjame al corriente.
No faltaba más, señor. En cuanto reciba el informe.
Adiós, señor ministro.
¿Podrá usted verla a las 8?
¿De veras cree que esa mujer me... Le llamaré allí a las 8 .45. Ahora váyase a
casa y duerma un poco.
Si puedo.
Amigo Dobbs, ante todo cuenta usted con mi apoyo.
Nosotros autorizamos el interrogatorio y usted lo realizó. Por tanto, no tiene
nada que temer.
Salvo a la señora Fennan.
Exacto.
¿Por mi culpa?
No.
Un tipo del departamento extranjero parece que se ha suicidado. Desean que
a Surrey dentro de cuatro horas.
Pobrecito. ¿A qué hora volverás?
¿Cuánto tiempo quieres que esté ausente?
Te llamaré cuando salga para casa.
¿Quieres saber quién es?
No.
¿Por qué?
Ya lo hemos intentado otras veces.
Saberlo es peor. Da lugar a celos.
No me gusta esa distracción cuando tengo que trabajar.
Voy a afeitarme.
Deberías echarme de tu lado.
También eso lo intentamos ya en Estocolmo.
Sí.
Nos necesitamos.
¿Señora Fena?
Me llamo Dobbs.
Ya sé.
La policía me preguntó ayer si me molestaría.
No supe qué contestar. Pase.
¿A quién hay que recurrir para aclarar ciertas cosas?
Siéntese.
Si tiene calor, puede quitarse el abrigo.
Gracias.
Usted es el hombre que entrevistó a mi marido sobre su lealtad.
Soy el hombre que recomendó Clemencia para su marido.
Clemencia.
¿Por qué? Su marido era comunista cuando estuvo en Oxford.
Su reciente ascenso al departamento extranjero le daba acceso a informes
altamente secretos.
Algún oficioso envió un anónimo y no tuvimos más remedio que hacer caso y
una investigación.
Me limité a cumplir con mi deber.
¿Su deber hacia quién, señor Dobbs? Teníamos que averiguarlo.
Averiguar.
Todo esto parece un juego.
No ha sido un juego, señora Fennan.
¿No?
Tratan a las personas como apeones de ajedrez.
Dirigen sus movimientos.
Ponen sus nombres en un papel y...
Meten el papel en la carpeta.
Pero a veces esos hombres tienen esposas e hijos, además de antecedentes,
y por lo general tienen también motivos humanos
que justifican tan tristes antecedentes y sus lamentables pecados.
Y cuando esto pasa,
Lo siento por usted.
Cuando esto sucede, también yo lo siento mucho.
Entonces, vuelva a Whitehall y busque a otros espías
en el cajón de su mesa.
Créame, no hay sitio para usted entre la gente honrada.
Ha lanzado una bomba desde el cielo.
No venga a regocijarse con la sangre del débil y su salarido.
Señora Fénanas, puede usted una sensible pérdida. Debe estar extenuada.
No habrá dormido y... Es igual.
No podré dormir en muchas noches.
A partir de ahora el sueño será más lujo que necesidad.
Estoy consciente de mi persona las 24 horas del día.
En cuanto a mi pérdida...
¿Es usted casado, señor Dobbs?
Sí.
Tal vez describiría a su mujer como... lo más preciado que posee.
No la poseo.
La quiero.
Yo tampoco.
Durante seis años en esos campos poseí nada.
Salvo un peine y un cepillo de dientes.
El peine no era necesario porque aquellos días llevaba la cabeza rapada.
Amaba a mi marido.
Pero tengo la experiencia de sufrir con mucha resignación y discreción. Pero
señora Fennan, mi entrevista con su marido fue puro formulismo.
Estoy seguro de que le agradó. Nos entendimos a la perfección.
Qué extraño. ¿No fue esa la impresión que me causó a mí?
¿Cómo? No.
Estaba terriblemente nervioso cuando llegó a casa.
Dijo... Dijo que no se sentía con fuerzas para ir al teatro y me instó
fuese yo sola.
Tomó un sedante.
¿Quién podrá ser?
Puede ser mi jefe. Dijo que me llamaría aquí. ¿Me permite que conteste yo?
Sí.
¿Welliston 294?
Sí. Buenos días, aquí la central. Su llamada para despertarles a las ocho y
media. ¿Mi qué?
Sí, gracias.
Muchas gracias.
Sí, era para usted. La llamada de la central para despertarla a las ocho y
media.
¿Qué?
Una persona que no puede dormir y pide que la llamen para despertarla.
Le sorprende, ¿verdad, señor Dobbs?
Sí, un poco.
No debería.
Verá, tengo muy mala memoria.
Así es que esa llamada no era para despertarme, sino para recordarme.
Como un nudo en el pañuelo.
¿Qué es lo que tenía que recordar?
Pues... también lo he olvidado.
Tenía que recordar que Samuel había
terminado el Jerez y que tenía que llamar al almacén de vinos
para que lo trajeran por la mañana.
Ya no lo necesitamos.
Bien, ya la he molestado bastante, señora Fennan.
Si llamara mi jefe, tenga la bondad de decirle que estaré en la estación de
policía de Wallingstone con el inspector Mendel hasta las nueve y cuarto.
Después seguiré su consejo y volveré a Whitehall, a mi mesa de despacho.
¿Dejé algo?
Charles Dobbs.
El señor Dobbs.
Buenos días, señor Dobbs. He recibido un mensaje de su departamento. Ya me oye
enseguida. Pase a mi despacho.
Aquí está Mendel, dormido de servicio.
Puede despedirle si quiere, ya no pertenece a la policía.
Está retirado. Ha tomado posesión de su casa.
¿Quiere que salga yo también, mientras habla con el asesor?
Creo que vamos a dejar que el asesor espere un poco mientras hacemos algo más
práctico.
Alguien de casa de Fennan pidió ser despertado por la central de
las ocho y media de esta mañana.
Quiero averiguar a qué hora fue hecha esa petición y por quién.
Diga. Policía de Wallingstone. ¿Con el supervisor?
Deseo saber si era una llamada fija de todos los días. Y si es así, quiero
conocer... Todos los detalles. Dígame.
Policía de Wallingstone. ¿Con el supervisor?
Sí. Aquí Wallingstone C y D. Ha habido un robo en Mary del Lane y creemos que
pueden haber utilizado la casa de enfrente, o sea, Wallingstone 294, como
de observación.
¿Puedo averiguar si ese número llamó a la central a cualquier hora después de
dejarnos a las seis de la tarde de ayer?
Voy a comprobarlo.
Gracias. Cuelgo.
Una fotocopia de la carta que dejó el suicida. Me dijeron que le diera una
copia. Han enviado el original al Foreign Office y una copia a Marlene
Marlene Dietrich. ¿Quién es?
Lo siento, señor. Así es como llamamos a su asesor.
El general más bonito de la sección y del Foreign Office.
Perdone.
No tiene importancia.
Y no me llame, señor.
Escrita en su propia portátil.
¿Qué marca?
Olivetti.
Como la carta anónima que hizo la denuncia.
Sí, es una marca corriente. Lo comprobaremos.
Diga, sí.
Su información.
Dígame.
La única llamada de Wollaston 294 fue anoche.
Ah, sí.
Que les despertáramos a las ocho y media de la mañana.
¿Sabe usted a qué hora llamó esa muchacha?
A las 7 .55 de anoche.
A las 7 .55 de anoche, ¿eh? Y fue un hombre, no una mujer.
Ah, fue un hombre, ¿eh?
¿Está segura de que era un hombre?
Sí, señor, segurísima.
Comprendo, es suficiente. Con eso podemos hacer nuestras deducciones.
De todos modos, gracias. Ha sido muy amable.
Adiós.
Samuel Fennan llamó para pedir que le despertaran esta mañana aproximadamente
dos horas y media antes de suicidarse.
Una Olivetti portátil. Es el tipo de la carta que le denunció el Forino. Mi
querido Dobbs, las Olivetti son baratas. Todo el mundo tiene una.
Ese es justo mi punto de vista. ¿Qué dice?
Deberíamos comunicar los hechos a la policía. ¿Y tener un caso de asesinato
primera página de los periódicos de los dos hemisferios para que se averigüe que
despistamos a la policía?
Antes de que el departamento sea el admirreír de todos, intentemos separar
hechos de las hipótesis.
Como usted mande.
Hecho. Fennan volvió anoche a su casa a las siete y le dijo a su mujer que
estaba contrariado por su entrevista. Hecho.
Tomó un sedante y envió a su mujer sola al teatro.
Hipótesis, mi hipótesis.
Pensó que el sedante le dormiría profundamente y pidió a la central de
que le despertara a las ocho y media de la mañana siguiente.
Y poco después se suicidó.
Todo concuerda muy bien, ¿verdad?
Voy a arriesgar la hipótesis de que el sedante le deprimió en lugar de
levantarle el ánimo y que como consecuencia se suicidó entre las 10 .30
hora en que su mujer volvió del teatro a las 10 .45.
La llamada de las ocho y media no tiene la menor importancia. Entonces, ¿por qué
mintió? ¿Por qué dijo que era para ella y no para él? Lo pensó. Y hay que
comprender su reacción.
Usted mismo habría empleado la llamada para eludir su propia responsabilidad en
el suicidio del marido.
Y se permitió la satisfacción de cerrarle esta salida. Es una mujer
Hay que ser comprensivo.
¿Y el Foreign Office y la policía?
Nuestras relaciones con ellos son incómodas.
¿Tiene usted algo más que decir? Sí.
Pues dígalo.
Con mucho gusto.
Hecho. Le llaman en el departamento y en la policía Marlene Dietrich.
Hipótesis. Mi hipótesis.
Es posible que tengan razón.
Hola, cariño.
¿Tan pronto de vuelta?
¿Cómo te ha ido?
Perfectamente, pero un poco movido. Siento haber olvidado llamarte.
Buenos días, señora Baird. Buenos días, señor Dodds.
¿Sabes quién ha llegado a Londres? No tengo la menor idea.
Adivínalo. No tengo ganas. Dieter Frey.
¿Cómo estás, Charles?
¡Dite!
¡Dite!
Bienvenido.
Debe hacer dos años.
Sí, fuimos a un estreno, ¿lo recuerdas?
A ver a ese horrible actor interpretando el Dr. Jekyll y Mr. Hyde en el libro de
Robert Mitch.
¿Qué dijo Times?
Lo recuerdo, sí. Dijo que el doctor Jekyll de Hunter era mucho más
que su Mr. Hyde.
¿Por qué fuimos allí?
Porque este austriaco, audaz e ignorante no conocía el libro. ¿Cómo?
Lo dice un hombre que solo ha leído 12 líneas de Goethe. Es posible, Charles.
lo sabía.
Sí, de Fausto.
Incluso puedo recitarlas, pero no quiero hacerlo.
Las usábamos como clave para la radio de Dieter cuando le llamaba Austria desde
Zurich en 1943.
Dieter tenía solamente 18 años.
Pero se sabía de memoria todas las obras de Goethe. Y no digamos el orden de las
batallas nazis en el Tirol.
Si empezáis a hablar de guerra me voy a lavar la ropa. Os doy cinco minutos.
¿Qué tiempos aquellos, Charles?
Aunque había guerra, lo pasé muy bien.
Lo que pretendíamos era honrado, igual que mi conciencia.
Tuve un gran compañero en el juego.
Gracias.
Estaba satisfecho de lo que hacíamos.
¿Y qué haces ahora?
Voy a presentar mi dimisión.
Estoy harto.
¿Por qué?
Por la muerte de un empleado del ministerio.
¿Este?
Por motivos que yo no apruebo, mi jefe, mejor dicho, mi ex jefe, quiere que
declare que fue un suicidio. ¿Y no puedes hacerlo?
No.
¿Encontrarás otro empleo?
Sí, supongo que sí.
Pero estoy...
Está furioso que pienso continuar la investigación.
Extraoficialmente, claro.
¿Serás capaz de descubrirlo solo?
Sí, aunque si quieres unirte a mí.
¿Cómo entonces?
Y que mi jefe me ponga a la calle.
Manda al diablo a tu jefe como yo al mío. Bien. ¿Qué departamento?
Trabajamos con preferencia con extranjeros.
¿Como yo?
No. Lo que llamamos extranjeros indeseables que no agradecen nuestra
acogida.
No seré yo uno de esos.
Anne, ¿qué te parece Dieter, deseable o indeseable?
Deseable.
Hace dos años era un potentado del metal.
Ahora es un potentado del chocolate.
Especialidad de Zurich.
Me ha traído una muestra.
¿Cuánto vas a estar?
Unos días.
Comidas de negocios, cenas de negocios.
Esta vez hasta un desayuno de negocios. ¿Quién sabe? A lo mejor hago algún
negocio. Eres insaciable.
Tengo esperanza.
Das un viraje a la derecha, al fin.
Cuanto más dinero, un poco más a la derecha.
La eterna cuestión.
Soy socialista capitalista.
Auf Wiedersehen.
Llámame si tienes tiempo libre.
Te lo prometo. Gracias otra vez por el chocolate.
Adiós, señor Dobbs. Hasta mañana.
Adiós, señora Baird.
¿Tengo que seguirla?
Sí.
Desde la otra acera de la calle.
utilizando los escaparates como espejos y como buena protección para detenerse
si el sospechoso se detiene. Eso es.
El alumno sigue recordando tus lecciones.
¿Cuándo volveré a verte, Dieter?
Te enviaré una de nuestras postales. ¿Una postal?
Ya.
¿Vuestras postales?
Dieter inventó una fórmula especial para reuniones de emergencia durante la
guerra.
¿Resultó?
Era infalible.
Él jamás comete errores, ¿verdad?
Acaba de cometer uno.
Te ha besado la mano.
Tú le ofrecías la mejilla y... Por primera vez en...
¿Cuánto hace?
¿Siete años?
No te ha besado en la cara, sino en la mano.
Como si ocultara algo.
¿Por qué había de ser dita entre tantos hombres?
En esta casa.
No me llamaste.
Debo invitar solo a personas a quienes has identificado o tengo que estudiarlos
también en tu fichero. Esta casa es tan mía como tuya. No es mía, ni tuya. Es
nuestra casa y no debe ser utilizada para... Únicamente la hemos utilizado
vernos. Sí, vamos a... No me interesa lo que ibas a hacer, ni dónde ni cuánto.
No me preocuparía si se tratara de uno de tus estúpidos musculosos sin una sola
idea. ¡El suceso de mosquito!
Sin embargo, los que valen sí me dan miedo porque pueden darte algo más que
amor.
Oh, Anne.
¿Por qué tenía que ser precisamente Peter y después de tantos años?
No me había deseado nunca.
Y ahora sí.
Sí, Charles.
¿Cuándo te lo ha dicho?
¿Cómo os habéis encontrado?
Me telefoneó ayer por la mañana.
Sobre las doce.
Para invitarnos a comer.
Le dije que estabas trabajando y me invitó a misa. ¿Y su amistad?
¿Tú le quieres?
Es muy fácil querer a Dieter.
Sí, por desgracia es así.
Si pudiese querer a un hombre sería a ti, Charles.
Pero no puedes, ¿verdad?
¿Me estás pidiendo que lo intente?
No, no, otra vez no.
No es muy divertido estar pendiente de tus intentos.
Nunca haría uso de tus deslices para ir contra ti.
Sería injusto que el indolente juzgara al pasional.
La única ventaja es que es menos dañino que la bebida y las drogas.
Ojalá pudiera curarme.
Como no sean cerrándote.
Pues inténtalo.
Marcharé durante algún tiempo, hasta que decidamos.
Cariño. No, no, no pretendo ser un santo, quiero ser práctico.
He renunciado a mi puesto.
¿Qué? Hasta que pusiera esto en claro y encontrara otro trabajo, estaría vagando
por ahí.
lamentándome por mis asuntos particulares en lugar de atender a los
profesionales. Deseo arreglar ese pequeño barullo con el departamento de
para siempre para mi satisfacción y no para la de un puñado de egoístas,
santurrones, mezquinos burócratas. Se ha cometido una injusticia y yo odio eso.
De ese modo, distraeré mis desgraciados pensamientos.
¿Desgraciados? Sí.
Hasta que tú y Dieter... No he cometido una injusticia.
¿Por qué no arreglas nuestro mutuo desacuerdo diciendo que soy una
que hay una golpa?
Échame de aquí y déjame hacer lo que voy a hacer, pero sin la sensación de que
estoy crucificando a un santo.
¿Cómo se explica que seas tan agresivo en tu profesión?
Y tan blando conmigo.
Que siendo agresivo conservaría mi puesto.
Y en cambio, siendo blando, te conservaría a ti.
Y ya ves, me he quedado sin nada.
Vendel.
Vendel.
¿Problemas?
No,
son las hormigas. No he pegado un ojo en toda la noche.
Quería averiguar cuándo diablos duermen.
Entre, voy a abrirle.
No me molesta.
No, me halagó su llamada telefónica.
Quítese el abrigo y el sombrero.
He preparado una cama para usted.
No es exactamente a lo que está acostumbrado, pero es cómoda.
Pase.
Dios.
Muy concurrido, ¿eh?
Bastante. Sí, tiene algo de casa de fieras.
Me gusta esto.
Sí, me dedico a los más raros, los exóticos.
¿Tiene problemas?
Sí.
Me han seguido hoy, por segunda vez.
Un tipo con el pelo rubio, en un MG desvencijado.
Conseguí despistarle cerca de Padney Hill.
Le cogí la matrícula XL390.
Fichado dos veces por no pagar los impuestos.
Una por comprar y vender un coche robado. Cuatro por borrachera y
otra por hacer chantaje a un homosexual.
Es mi tipo, déjenmelo a mí.
¿Tiene diez libras?
¡Scar!
¡Scar!
Tiene que estar por ahí.
Vamos a preguntar.
¡Scar!
Hola, nena. ¿Quién eres?
Eunice. ¿Eunice?
¿Eunice qué?
Eunice Scar.
¿Está tu padre?
No. ¿Y tu madre?
¿Cuál de ellas?
¿Pero cuántas tienes, nena?
Dos. ¿Dónde están?
En la taberna con mi padre.
Ah, ya.
Gracias. ¡Qué asco! Me duele la policía.
¿Se llama usted Scar?
En efecto, amigo.
¿Quisiera usted tomar una copa con mi amigo y conmigo en la otra punta del
Solo un momento.
¿Qué va a tomar?
Un whisky doble, Will.
Los vasos de las señoras están vacíos.
Ginebra, cerveza con limón.
Invítalas también. Voy.
¡Qué honor!
¿Tenemos a la policía en el establecimiento, Will? Siempre he dicho
usted un hacha para los negocios, señor Escar. Vienen desde varios kilómetros
solo para verle.
Considero oportuno que no esté presente en este interrogatorio.
Espéreme en el coche, ¿quiere?
Siéntese.
A su salud, amigo.
Si viene como amigo.
XL390.
¿Es su coche?
¿Bien?
En cierto modo, sí. Y en cierto modo, no. ¿Qué quiere decir en cierto modo?
Está alquilado. ¿A quién?
Los tiempos son duros, señor. La vida se ha puesto por las nubes. Cinco.
Quince. Diez. Hecho.
Bien.
Hará unos tres meses un hombre entró en el garaje.
Un escocés bajito.
Zapatos buenos, un elegante paraguas con una correíta alrededor.
Pagó la fianza, cogió el coche y no he vuelto a ver al coche ni a él. Un robo a
toda luz.
Cuando alquile usted el coche a ese escocés bajito, le haría una ficha,
¿Seguro? ¿Nombre?
¿Dirección?
Falso. Todo completamente falso. Me dio una dirección en Ealing que no existe.
Y un nombre con el cual dudo fuese bautizado. ¿Era MacTavis?
¿Andrew MacTavish?
Tiene usted más antecedentes que toda la banda de Al Capone junta. Y sé dónde
encontrarle. Por tanto, si me ha contado un puñado de mentiras, le parto la
cabeza.
¿Quién es usted?
¡Eh, usted!
¡Vuelva aquí!
Se llama Dobbs. Charles Dobbs. Tiene rota la mano y contusiones en el cuello.
Trátele bien. Es muy importante.
Bien.
Ya iré a prestar declaración.
Ahora no puedo.
Escuche, amigo, a mí...
Por un escocés bajito con zapatos buenos y un elegante paraguas, devolverlo ha
sido muy decente por su parte. Un bonito gesto después de tanto tiempo.
Has equivocado el camino, Scar.
El escocés se llamó a sí mismo Blondie, ¿eh?
¿Cuál es tu problema, jefe?
No es mi problema, Scar. Es el tuyo, el mayor de todos los problemas que has
tenido en tu vida.
Infracción de la ley de tráfico de carreteras.
Conspiración para defraudación a los impuestos. Ofensas a funcionarios
en acto de servicio.
Conspiración para matar.
Complicidad en un crimen. Eso es demasiada exageración. ¿Quién está
crimen? Yo, Scar, yo.
Has oído arrancar esa ambulancia.
En ella va un moribundo, un hombre asesinado por ese Blondie.
Ha habido otro asesinato en Sarri. Y muy bien puede haber otro en cada casa del
condado. Y tú eres el único maldito que conoce a ese blondie. A lo mejor quieres
poner remedio a eso, ¿no crees? No hable tan alto.
Escuche, yo hago buenos negocios por estos alrededores. Las ganancias son
pequeñas, pero seguras.
Lo eran hasta que apareció el individuo. ¿Qué individuo?
Poco a poco hablaré.
No me agobie.
Ahora unos seis meses se presentó en el garaje.
Dijo que era holandés y que venía en viaje de negocios. Si eres holandés, yo
un imbécil.
No pretendo decir que pensé que era un negocio honrado, porque usted no es
tonto. Hablaba con calma.
Estaba tranquilo.
Escar me dijo.
No me gusta la publicidad.
Deseo un coche, no comprado, sino prestado.
No son los términos exactos porque él era extranjero, pero le doy la esencia
asunto. Pues sigue dándome la esencia.
Mire, yo debía todavía 40 libras.
Los agentes estaban moscas por un coche que yo había comprado. No sabían dónde y
que había desaparecido.
Blondie influía sobre mi conciencia, haciéndome resonar en la oreja un montón
billetes verdes.
¿Qué me propone? Le pregunté.
Soy muy tímido, dijo.
Necesito un coche que pase desapercibido y que sea rápido.
Téngamelo listo el primero y el tercer martes de cada mes.
Me dio 500 libras por el coche.
20 por el primer mes de garaje y el resto como anticipo. Y dijo, tendrás un
suplemento extra cada día que saque el coche. ¿Cómo te avisaría el día que lo
necesitara extra?
No hubo ningún extra hasta hoy. Ni tampoco me avisó. Lo único que hizo es
devolverlo anoche.
¿Anoche? ¿El martes? Ya se lo he dicho.
El primer martes de cada mes.
No lo devolvió hasta hoy.
¿Pero qué hubieras hecho si ocurre algo?
Vamos a suponer que te hubieses visto comprometido.
Yo tenía un teléfono.
Primrose 0042.
¿Llamaste alguna vez?
No pasó nunca nada.
Ha pasado ahora, ¿no?
Ah, está en mi comisión.
No te muevas, Scar.
Volveré más pronto de lo que crees. Puedes contar conmigo, jefe. No queremos
vernos metidos en nada sospechoso. En nada que perjudique el buen nombre de
Inglaterra. Calla la boca, asqueroso hipócrita.
Hola.
¿Te has comido el huevo cocido?
Sí.
Le di un poco a Alex.
¿Y si ha muerto?
Tendré que comprarte otra muñeca.
Me he tomado la libertad de decirle a Scar que estaba usted moribundo.
¿Y ha cantado?
Ha cantado.
El coche fue alquilado por el hombre que le siguió. No sabe su nombre ni la
seña, solo un apodo, Blondie.
Tiene un teléfono de emergencia que, por cierto, nunca ha usado.
He investigado en la Comisión del Acero de Europa Oriental.
No me han contestado.
¿Y qué sabe usted de esa comisión?
Poco. Limpia como la nieve.
Cuatro impecables secretarias y un perro guardián. ¿Quién es el perro? Lo
averiguaré. ¿Puede conseguir una foto?
No me la había pedido.
O por lo menos yo no se lo había oído.
Se la procuraré. Si hay una foto, la robaré del archivo.
Quiero vivir para ver cómo se traba el asesor lo que ha devuelto.
Vaya, se levanta niebla.
Mendel, voy a teorizar.
Yo prefiero los hechos, pero en fin, teorice.
Vamos a suponer, aunque no ha sido probado, que el asesinato de Fena y el
atentado de asesinato contra mí estén relacionados.
En este terreno, ¿qué circunstancias me relacionan con Fennan antes de su
muerte?
Uno.
Antes de la entrevista del martes 3 de enero, Fennan y yo no nos conocíamos.
Dos.
El Foreign Office acordó la entrevista, pero no sabía, y lo repito, no sabía de
antemano quién iba a realizar esa entrevista.
Así es que Fennan no pudo tener previo conocimiento de mi identidad ni nadie
fuera del departamento.
De mi departamento.
Tres.
Fui a ver a Feran a su despacho.
Y después nos fuimos al parque.
¿Cualquiera pudo vernos?
Tenemos que llegar a la conclusión de que alguien nos vio.
Alguien tan violentamente opuesto a nuestra asociación que hizo lo que
me ha hecho a mí.
¿Mendel? ¿Quién es Blondie?
¿Mendel?
¿Ha sido muy grave, Charles?
No, no te preocupes.
Me darán de alta mañana.
Dieter dijo que era lo más probable.
No se equivoca nunca.
Pero, ¿qué estabas haciendo tú en esa taberna de Battersea?
Emborracharme.
¿Por qué no podías emborracharte en casa?
Puedes volver si quieres.
Espero tan solo que te den de alta para irme una temporada.
Es mejor para los dos.
¿A dónde vas?
A Suiza.
A Zurich.
¿Se va él también?
Sí. Dentro de un día o dos.
¿Crees que te molestará mucho que te dé un beso?
Sí.
Si hay niebla, no tomes el avión.
Doblar, doblar, doblar el trabajo que hierva el
caldero y la pócima especie.
Dientes de lobo, aletas de dragón, huesos de momia y el de
tiburón con veneno de la... Cervón hiriente.
Baba seca de una serpiente.
Hígado de mujer judía.
Raíz de cicuta. De noche cogida.
Pino tronchado con luna. Pino no, abeto.
Abeto tronchado con luna eclipsada.
Nariz de turco.
Dientes y quijadas.
Dedos de recién nacido.
Y para el filtro hechicero, tripas de tigre al
caldero.
Con este ingrediente ya se me alargan los dientes.
Doblar, doblar, que el trabajo no pese.
Pues al caldero, la pócima espese.
Terry, supongo que cuando Shakespeare escribió Cueza el caldero, quería que
cociera el caldero. Y me ayudaría considerablemente a representar con más
realismo la escena.
Conseguir que el caldero soltase, por lo menos, no sé, una pequeña burbuja.
Sí, no había caído.
¿Quieres traerlo seco?
Enseguida.
Esa chica puede servir a sus fines. Es hija de un potentado y está loca por el
teatro. Una de esas niñas mimadas e insoportables.
Papi le consiente todos los caprichos y aunque la tratemos como una esclava no
le importa.
Lo siento.
¿Versen?
¿Dónde has estado?
En la carnicería.
Comprando las tripas del tigre. Miren el diccionario y dicen trañas. Lo siento.
Hígado de ternera.
Dijo usted que quería algo que hiciera plop.
Mamá lo meterá en la nevera hasta mañana.
Bien, brujas.
Empecemos otra vez desde el segundo. Doblar, doblar, por favor.
A ver esos relámpagos y esos truenos. Y hacerlo con entusiasmo, por favor.
A ver, a la una.
Doblar.
El fuego se ha apagado. Yo me voy, así no hay quien trabaje.
¡Virgen!
¡Ven aquí!
Mira, hijita.
No se puede convencer al público de que ese maldito caldero hierva si no
conseguimos que arda el fuego.
El relámpago fundió un fusible, lo estamos arreglando.
Está bien, una pausa para tomar café.
A ver, quiero que repases otra vez algunos efectos de sonido, como el grito
búho, el canto del gallo, el gato.
Tú no, Virgin.
Hay un aficionado que quiere pedirte un autógrafo.
Reanudamos dentro de cinco minutos.
Señorita... ¡Bumbus!
¡Ay, qué tonta!
¿Puedo hablar con usted?
Ahí tiene una roca.
Verde. Tres veces el gato listado maulló. Solo tenemos dos maullidos.
Bueno, entonces que la bruja segunda diga dos veces el gato listado maulló.
Mi nombre es Savage.
Soy un detective privado, agente de divorcios. Dios mío, ¿qué he hecho yo?
Nada, aparte de poder ayudarme a solucionar el problema de unas entradas.
Tengo un cliente que quiere controlar todos los movimientos de una tal Elsa
Zenan en la noche del martes 3 de enero.
Ah, sí, es tú aquí, como de costumbre. ¿De costumbre? Sí, tiene un abono de dos
butacas para todos los primeros y terceros martes de cada mes.
¿Quiere usted decir que la señora Fennan está íntimamente ligada al ocupante de
la otra butaca?
Claro que sí, al fin y al cabo es su marido. Sí.
Cada uno llega por su lado. Él también es extranjero y muy aficionado a la
música. ¿A la música?
Tiene... Una caja de música igual que ella. Las dejan en el guardarropa y las
recogen después de la función.
¿Podría usted escribírmelo?
Ya lo creo.
Es alto, con aspecto extranjero.
Pero rubio y muy corto. Fenomenal. Me llevé un disgusto cuando no vino.
¿No vino?
¿Cuándo? El martes pasado. Faltó por primera vez.
Debía estar enfermo.
Muchas gracias, señorita Bumpu.
es ese, el llanto de una mujer, mi señor.
Yo tengo un papel.
Lo hace muy bien.
Buenos días, señores. ¿Qué van a tomar?
Un jerez seco, ¿verdad?
Sí, gracias.
Bien, señor.
Otro para mí. Muy bien, señor.
¿Cómo sucedió en realidad?
¿No te lo ha contado Ann?
Solo me dijo que te habían robado.
No quería preocuparla.
¿Lo estás tú?
¿Por el caso Fennan? No he venido aquí para hablar de eso contigo. Oh, Charles,
por favor.
En cualquier otro país ni siquiera nos dirigiríamos la palabra.
Esta es una ridícula escena inglesa.
Ah, sí.
Yo no la he comprendido nunca.
No la he comprendido nunca porque estaba seguro de que... no quería ningún otro.
Solo pretendía pasar el rato. Me lo ha dicho.
¿Te ha dicho ella que te quiere?
¿Y tú la quieres?
¡Charles!
Ya no soy un niño.
Sé que el verdadero amor no brota de pronto.
Si crece en alguna ocasión, lo hace despacio.
Y he pensado que tal vez en Zurich podríamos esperar y... ¿Cuánto?
Cuando más faltó fueron once días.
No quiero que sufras.
Y te hará sufrir.
Créelo. Gracias.
Sé cuidar de mí mismo.
Ahora ya solo me agobia una preocupación.
Dite, ¿te ocuparás de él?
¿Desean algo más, los señores?
El ocupante de la otra butaca era Blondie.
Naturalmente. Llegaban siempre por separado. Y llevaban las mismas cajas de
música. Las dejaban en el guardarropa y las recogían después de la función.
Cambiar los tickets del guardarropa es un viejo truco. Pero sirve. Todo lo que
hace Blondie parece dar resultados, salvo el que no asistiera a la función
noche que murió Fennan.
Luego Blondie pudo matar a Fennan mientras Elsa estaba en el teatro. Eso
pura hipótesis.
Aquí se habla de una fotografía.
Es él.
No la agites como si fuera una bandera.
La he virlado de los archivos. ¿Quién es?
Se llama Harek, Karl Harek.
Es húngaro.
Se refugió en nuestro país poco después de la revolución. Su historial es tan
limpio como el de una bestal, igual que el de la compañía de aceros de Europa
Oriental.
Adelante.
Si hubiera necesidad de tocar algo conmigo no cuente. No tenemos el menor
derecho a saltar este despacho.
Un teléfono adicional sobre una mesa sin cajones. No hay un solo archivo, ni
siquiera una caja fuerte.
Y sin embargo, hay una Olivetti portátil.
¿Qué extraño es esto?
Una, dos, tres, cuatro... Cinco máquinas de escribir destapadas.
¿Se concibe que una secretaria puede haber dejado una sin la funda, pero
A lo mejor las han estado examinando.
¿Mendel?
Se me está ocurriendo que alguien ha debido ver en los periódicos la
reproducción de la carta anónima que denunciaba a Fena.
Y sospecha que esa carta ha sido escrita por un traidor a su propia
organización. ¿Eh, Mendel?
Me aburren sus teorías. Solo sabemos que cinco máquinas de escribir han quedado
sin tapar.
Sí, pero ¿usted qué opina? Que debemos marcharnos.
El guardián.
¿Es Harik?
Uno de nosotros tiene que ir a dar el aviso.
Tendremos un disgusto.
Es fácil.
Echaremos mano del anónimo. Es muy socorrido y está de moda.
¿Quiere hacer usted, Bill?
¿Aló?
Aquí un amigo.
Acabo de ver un cadáver en el ascensor y he pensado que debía llamar a la
policía.
Magnífico. ¿Está seguro de saber el número?
Vendel. Ha llegado el momento de hacer hablar a Elsa Fenn.
Podía haberme anunciado su visita. Me pareció más seguro no hacerlo.
¿Más seguro?
Puede pasar.
Lo dispongo de tiempo.
¿Se ha herido la mano?
Harek me hirió.
¿Quién? Carl Harek.
Llevaba un arma en lugar de una carpeta de música.
¿Qué intenta decirme?
La misma noche que nos vimos, Harek intentó matarme.
La noche siguiente mató al dueño del coche que tenía alquilado para
con usted en el teatro.
Por lo visto, le estorbaba todo el que pudiera relacionarle con Samuel Fennan o
con su mujer, que le ayudaba a pasar al otro lado los documentos.
Ahora también le han matado a él.
Alguien que piensa que Harek traicionó su organización denunciando a su marido
al Foreign Office mediante una carta anónima.
Usted me dijo, señora Fennan, que el espionaje era un juego. ¿A qué clase de
juego estaban jugando usted y su marido cuando empezaron a alimentar las
ilusiones de los jefes?
Es algo que cuanto más lo pienso, menos lo entiendo.
¿Creían de veras que iban a controlar el poder que le daban, que detendrían el
baile?
¿Qué clase de ilusiones se estaba usted haciendo, señora Fennan, cuando en ella
sabía tan poco de realidad?
Míreme.
Qué ilusiones me forjé.
Soñaba con tener hijos.
No los tuve.
Soñaba con un cuerpo bonito.
Entonces Samuel me conoció.
Tuvo piedad de mí.
Se enamoró.
Y me llevó con él.
Él le tenía ilusiones.
Yo ninguna.
Solo las suyas.
Hace un año en Murren, durante unas vacaciones,
Samuel conoció a Sontag.
¿Sontag?
¿Domingo? ¿Conoció usted a ese hombre?
No, nunca.
¿Cómo sabía su nombre en clave?
Samuel me lo dijo.
¿Qué más le dijo su marido?
Pues me dijo que Sontag era su... ¿Su control?
Eso. su control.
Él proporcionaba el dinero que llevaba Jarek en la carpeta de música.
Samuel destinaba ese dinero anónimamente a la caridad,
a los oprimidos, a los pobres.
Estos eran sus sueños, sueños de amor, de justicia, señor Dobbs.
No pudo librarse nunca del pecado de Ósforo.
Gracias a aquello, Sontag le manejaba como a un chiquillo.
¿Volvió su marido a verle después de aquella primera vez en Suiza?
No sé, no me lo dijo.
¿Vino Sontag a Inglaterra?
No lo sé.
¿Estará ahora en Inglaterra? ¿Cómo voy a saberlo?
¿Los vería su marido y a mí en el parque y pensaría que le traicionaba?
Samuel no era un traidor. Fue traidor a su propia patria. Samuel no creyó nunca
en fronteras. ¿Pudo Sontag decir a Hark que me matara?
Es posible.
¿Se lo describió alguna vez su marido? ¡Qué tontería, señor Dobbs!
¿Para qué iba a darme Samuel a mí una información innecesaria?
Respete las reglas de su profesión.
Sin embargo, ayudó a su marido en una causa que usted no compartía.
Me había ayudado.
Necesitaba ayuda.
Yo se la presté. ¡Era mi vida!
Señora Zena, no comprendo... ¡Por parte de sus manos!
Ahora vaya a asesinar a Sonta.
¡Que prosiga el juego!
No crea que estoy a su lado. No estoy al lado de nadie.
Soy el campo de batalla para sus soldados de plomo.
Puede usted aplastarme.
Puede bombardearme con preguntas.
Puede quemarme, esterilizarme.
Pero no me compadezca nunca, señor Tobbs.
Nunca. No diga que comprende mis sentimientos.
Siga asesinando.
¿Qué? ¿Hay noticias?
Sí, dos cosas.
Tenía razón en una de ellas.
La nota de suicidio de Fennan y la carta que le denunciaba fueron escritas en su
propia Olivetti, probablemente por distintas personas.
La pulsación no es la misma.
Ya. ¿Y la otra?
He visto la autopsia de Harek.
No le arrojaron por el ascensor con vida. Antes fue estrangulado.
Con mucha delicadeza, una simple y precisa presión de unos dedos expertos
cartílago tiroide.
¿Dónde vamos?
Si no le molesta, lléveme a mi casa.
Seguramente tendré allí alguna carta, desde luego.
¿Ha logrado algo de Elsa Fennan?
No lo sé.
Perdón por la sorpresa. Intento localizarle por teléfono desde el
Por fin llamé aquí justo después de que hablara con la señora Bird.
Ya se ha marchado, pero me dijo que podía esperar.
Parece que va a suceder algo.
Ahora vengo.
Tome lo que quieran.
Yo ya lo he hecho. ¿Qué les pongo a ustedes?
¿Jerez, Mender?
No, por la tarde nunca.
Me hace daño.
¿Dónde diablos ha puesto la señora Bird mi correo?
Bien, ¿qué es ese algo?
Una cosa muy rara, Charlie.
La lista de suscriptores a los archivos del Foreign Office.
Estuve allí esta mañana en visita rutinaria y de pronto tuve la idea de
comprobar lo que Fennan se llevó a su casa del archivo durante los seis meses
desde su ascenso.
Escuchen con atención.
Durante los cinco primeros meses se llevó a su casa un montón de carpetas
procedimientos y otros temas secretos, pero durante el último mes...
Solamente se llevó simples comentarios sobre acciones diplomáticas extranjeras,
nada secretas, que cualquier persona podría haber leído dos días después en
revista Time.
Coincide. Puede coincidir.
De acuerdo, Mendel, tiene razón. Puede coincidir. Puede significar dos cosas.
Elsa me dijo esta mañana que su marido era comunista y espía y porque le quería
se prestaba a ser intermediaria entre él y Harek.
Ahora bien, ¿estaba o no estaba diciendo la verdad?
Si la decía, Zenan era un espía.
O, si estaba mintiendo, la espía era ella.
Zenan lo descubrió y no pudo soportarlo. Cortó su fuente de información.
Y se denunció a sí mismo en una carta que escribió en su propia máquina de
escribir.
¿Pero por qué diablos? Sencillamente para atraer la atención de alguien,
del ministerio, sin tener que quemar sus naves actuando a través de cauces
oficiales. Tal vez alguien en quien pudiera confiar al extremo de pedirle su
consejo personal.
Esto era mejor que las esposas o una cadena perpetua para la mujer que amaba.
¿Quién escribió la nota del suicidio?
Solamente pudo hacerlo Haren cuando cometió el crimen mientras Elsa estaba
teatro. ¿Y quién la firmó?
No me digas que Harek no tenía influencia para conseguir una muestra de
firma a través de Elsa.
Estás sugiriendo que Elsa fue cómplice del asesinato de su marido.
Charlie, eso me parece una idea horrible.
Toda su vida ha sido horrible.
Es muy posible que no supiera para qué quería Harek esa firma, pero... aunque
supiera, imaginen.
Una muchacha judía destrozada por la rueda de los nazis como una pobre
le arranca en las alas y cuando la ven arrastrarse le parten las piernas.
Pero sobrevive.
Tullida en el alma y en el cuerpo.
Pasan los años, mira a su alrededor y ¿qué ve?
Se da cuenta de que todo su sufrimiento ha sido inútil.
Ve que sus perseguidores siguen prosperando.
¿Entonces es comunista?
No creo que le guste ese nombre.
En mi opinión, lo único que desea es construir una sociedad que pueda vivir
conflictos. Ella desea la paz.
Los comunistas manejan muy bien a personas de esta clase.
Ojalá encuentre al comunista que se aprovecha de sus ideales.
Mendel, ¿estaría dispuesto a...? ¿Estaría dispuesto a despertar?
¡Sontag!
Así es nuestro Mendel. Solo le interesan los hechos.
En efecto, Sontag es un hecho.
¿Pero quién demonios es Sontag?
Sontag es el seudónimo del hombre.
Elsa dijo que trabajaba con su marido, que no le había visto jamás, seguro que
mentía.
No... Ay, perdonen.
Es de Anne.
Sí, creo que estaba mintiendo y que Sontag la explota.
¿No podríamos conseguir una entrevista entre los dos, Sontag y Elsa?
Acompáñenme, vas a escribir unas letras.
Señora Elsa Fennel.
34 Meriden Lane, Wollstone, Surrey.
Te echo de menos.
Firmado.
Ese. Pone un sello de urgencia, como puede estar seguro de que emplea lo
convenido, la frase exacta. La tarjeta postal es por sí misma la señal, no lo
que va escrito en ella. Cuando él se lo reciba mañana por la mañana debe enviar
una respuesta sencilla, completamente inocente, para una entrevista preparada
antemano.
En este caso bien podría ser una entrada para algo que va a tener lugar en
cierto sitio y a cierta hora.
Como una mitaca para un concierto o la reserva de plaza en un tren.
Tiene un color poco corriente.
Y además va a tener cachorro, ¿sabe?
Bien. Bueno, perdóname, señora.
¡Gracias!
Tomó el autobús 42 hacia Victoria Llegaré antes que ella
17 y 18 de la fila F. Son dos libres y diez libres.
Sí, gracias. Está bien. Gracias, señorita.
Señorita, ¿tiene dos butacas de pasillo para la matina y de mañana?
Aquí tiene.
Fila F, 12 y 13.
¿Vio usted el sobre?
Sí. ¿Lo leyó?
No me pareció decente asaltarla en plena calle.
Pero como echó la carta en el buzón de Londres y extranjero, y como las
habían sido compradas para la matinée de mañana, supuse que no sería para el
extranjero.
Vaya, es la primera vez que le veo hacer una suposición.
Es una conclusión que saqué al ver en el sobre un sello de cuatro peniques.
Entonces Sontag está en Londres. Recibirá las entradas en el primer
mañana. Me he tomado la libertad de adquirir tres entradas para la matinée
mañana. Tenga, para mí la 18 de pasillo, seis filas detrás de Elsa y de Sontag.
Para usted y Bill, delantera de entresuelo.
Desde allí se ve muy bien el patio de butacas.
¿Cuál elixir que reconforta el alma?
No es que yo ame la ciudad o el pueblo, pero sí que es puerto seguro para aquel
a quien yo amo.
El rey, que me deja descansar en su generoso regazo.
inundándome de dignidad y sabiduría.
Necesita el Ártico las estrellas.
Cuando el sol le acaricia día y noche, basta ya de servidumbre a duques y
marqueses.
Mis rodillas tan solo se hincarán ante mi rey.
En cuanto al falso calor de la multitud, descansen las cenizas de su miseria,
puesto que ya no es refugio para mí.
Avilado siempre habrá poetas, soñadores, músicos que con la inspiración de sus
trompetas inclinarán al rey donde convenga y donde quiera yo.
Música y poesía hacen su delicia. Pues bien, haré venir de la genial Italia sus
artistas. Dulces versos, comedias, melodías. Su presencia será el gozo de
tíos. Ella ha venido.
Como nunfa silvestres mis pajes vestirán.
mis hombres cual sátiros hollarán una pradera virgen en una danza loca
furiosa con sus desnudos pies también habrá
un dulce fe con cuerpo de diana hilos de
oro sus cabellos han de ser su tímida desnudez cubrirá de perla sus brazos
los dedos de sus manos serán Ramas de olivo.
Todo su cuerpo la fragancia del arroz exhalará.
Vamos, dale un beso. Su baño será la primavera.
Y el resplandor de su inocencia dará goces a mi rey.
A mi amado rey.
Y aquí tenéis a mi señor el rey con los nobles del parlamento.
¿Por qué se retrasa?
Lancaster.
Mi señor.
Perdón.
No tiene por qué llegar puntual. Lo que menos le interesa es la obra.
¿Has visto a Mendel? Sí. Si se separan a la salida, yo la seguiré a ella y
Mendel le seguirá a él. Tú te vas a casa y te quedas pegado al teléfono,
Charlie. Ella te conoce.
Además, no puede seguir a Sontag por Londres exhibiendo la escayona como si
fuera un anuncio luminoso.
Suponiendo una vez más que aparezca.
Atención, va a empezar el segundo acto.
¿Estás decidido a matar al rey? Sí, sí.
Y de su muerte nadie sabrá la causa.
Tempo es valor, Laibor. Y discreción.
Instrucciones no preciso de ti.
No es la primera vez que mato a un hombre.
En Nápoles aprendí el veneno de las flores.
Y a estrangular con ligera presión en la garganta.
O clavando una aguja que suma a la víctima en el eterno sueño de la muerte.
Sé también introducir pólvora en sus oídos.
O abrir su boca y en ella derramar mercurio.
Pero para tu rey tengo un método mejor.
¿Cuál es?
No, no lo diré, tendrás que perdonarme.
Nadie ha de conocer mis trucos. Prefiero no saberlo con tal de que lo hagas.
Toma esto y que mis ojos jamás vuelvan a verte.
Lo siento.
¿Se te pasa?
Anda, ve al lavabo. Échate agua fresca en la cara.
Qué barbaridad.
Ni que fuera un monstruo.
Se llama Dieter Frey.
Trabajé con él en la guerra desde Zurich.
¿Entonces está de nuestra parte?
Está de parte de Rusia y entonces Rusia estaba con nosotros.
Lleva más de un mes recibiendo mensajes completamente inútiles.
Y habrá venido a averiguar por qué.
Lo probable es que estuviera vigilando a Zenon.
Cuando me reconoció en el parque y creyó que podía ser un enemigo.
Después comprobó que lo era.
¿Cómo?
Ya te lo contaré algún día.
Uno de los dos debería volver dentro. Un momento, voy contigo.
Quiero estar allí cuando se den cuenta de que no se llamaron.
De que la tarjeta era una trampa.
Tu fría mirada tiene el color de la muerte.
Tu expresión delata mi tragedia.
Pero espera, contén tu mano sangrienta, déjame sentir el golpe antes de darlo.
Y cuando se apague esta miserable vida, mi alma irá limpia al encuentro de su
Dios.
Dime, ¿por qué tu majestad desconfía de mí?
¿Qué motivo te impulsa este crimen horrendo?
Estas manos jamás se mancharon con sangre inocente.
¿Por qué iban a mancharse ahora con la sangre de un rey?
Odio a mi mente por tener tales pensamientos.
Mira, una joya me queda.
Llévatela.
Aún así, ignoro la causa de este miedo y mi mano tiembla cuando te hago esta
entrega.
Ya lo sabe.
Si albergas el crimen en tu corazón,
Que este obsequio cambie tu mente y salve mi alma.
Sabes que soy tu rey.
Este nombre me da un profundo dolor.
¿Dónde está mi corona?
No, no la tengo. Y yo sigo con vida.
Descansa.
Descansa, mi rey. Estás muy fatigado.
Solo el dolor me mantiene despierto.
Diez días hace que mis párpados no se cierran.
Ahora al hablar, me traicionan.
Pero el miedo los abre de nuevo.
Dime, ¿por qué estás sentado aquí?
Si de mí desconfías, me alejaré, mi señor.
No, porque si piensas matarme, regresarás.
¿Qué te pasa, mi señor?
Una voz misteriosa me dice que si me duermo no despertaré nunca.
Tal es el miedo que me hace temblar.
Dime, ¿por qué has venido aquí?
¡Para matarte!
¡Materí! ¡Acude con la mesa!
Soy demasiado débil para resistir.
Ayúdame, mi Dios, y recibe mi espíritu. Súbete.
¡Pisa fuerte!
Señoras y señores, ¿no ha sido una acción valerosa?
Excelente.
Recibe esto como recompensa.
Venid, lancemos su cuerpo al foso y llevemos el del rey a Mortimer, nuestro
señor.
Ella no aplaude, no le habrá gustado.
No es obra para mujeres.
Voy a situarme en el vestíbulo, Charlie.
Tú vete el teléfono y no te separes de él.
¿Puede usted venir al embarcadero de Lost Road inmediatamente?
¿Quiere decir que le sigo? Claro que le he seguido y le he localizado.
Venga antes de que se enciendan las luces.
Deprisa. ¿Antes de que se enciendan las luces? ¿Eso significa que...? ¡Wendell!
¡Wendell, oiga!
Por aquí.
Le he permitido que me vea. Tenemos que asustarle para que se entregue. Ya es
tarde. Mientras usted se iba, estranguló a Elsa en el teatro.
Con una ligera presión en el cuello, acabó con ella.
¿Se lo ha dicho a la policía? Me dijo que me diera prisa.
Yo telefonearé. Usted espéreme aquí. No puede salir por otro lado.
Hola, Charles.
Dí a tu amigo que si intenta algo, dispararé no a Eric, sino a matar.
¿Puedo acercarme a él?
No.
Luego iré yo.
No, si no me obligas.
Sin un arma y con una sola mano.
No sería capaz ni de estrangular a una mujer indefensa.
Elsa intentaba desertar.
Ella envió el anónimo denunciando a Fennan para atraer vuestra atención.
No es verdad, lo envió Fennan.
Deseaba decirnos extraoficialmente que su mujer era una espía.
Alguien más lo sabía.
Otra persona envió la postal.
Con el mismo sistema de cuando éramos amigos y trabajábamos juntos.
Me has tendido una trampa.
Hasta hace una hora tenía la esperanza de que no fueras tú.
Ya es igual.
¿Por qué?
Porque has engañado a Anne.
Me habías visto con Fennan en el parque.
Te serviste de ella para seguir mis pasos.
Me limité a cero.
Lo mismo que otros muchos, con menos justificación, habían hecho ya.
¿Qué es lo que sabe?
Solo que te buscan una reclamación de trámite.
Entonces todas las bocas están tapadas.
Fena, Jarek, Elsa.
He tenido que hacerte daño. Y no quiero volver a hacértelo.
Dentro de dos horas estaré fuera del país.
Solo quiero saber una cosa.
¿Piensas volver con ella?
A Zurich.
A propósito, el asesor me rogó que te deseara buen viaje.
¿Te rogó?
Lo está pasando muy mal. Tiene el vientre hinchado.
Se ha tragado sus palabras.
Vuelve pronto.
Te esperamos todos.
¿Recibí tu cable?
Sí.
¿Cómo, Charles? ¿Has bebido?
¿Qué ha pasado?
Ya te contaré.
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