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Tu hija se fue a vivir a España, ¿no?
Sí, hace tres semanas se fue.
Y acá estamos, como podemos.
Tan chiquita. ¿Tiene 22? ¿23?
Veinte.
¿Se fue con trabajo o va a buscar allá?
No, trabajo puntual no, pero se fue con algunos contactos.
Lola tiene muchos amigos allá,
y seguramente ya le van a conseguir algo.
Se va a terminar adaptando seguro.
Va a ser duro para Lola y para nosotros.
Y, claro. Obvio.
Cómo estamos naturalizando que nuestros hijos se vayan, huyan.
Es tremendo.
Sí, en Ezeiza ves familias despidiendo a sus chicos.
Yo vine de París la semana pasada y lo vi. Tristísimo.
Qué involución.
Y te hacen mil problemas con los papeles
aunque sea para trabajar de mozo o niñera.
Eso está muy mal.
Porque los españoles se olvidan
que recibimos a tres millones de españoles
que huían de la guerra y el hambre.
- Italianos también. - Más.
Recibimos a cuatro millones de italianos.
Ahora es al revés. Los chicos acá no ven futuro.
Ojo que afuera no es tan simple.
Tienen sus cosas también.
Bueno, en los países que funcionan,
hay cosas que ya no se discuten.
Para mí, no tenemos solución.
No, bueno, no, grupalmente, no. Es verdad.
Pero, individualmente, el argentino
le pasa el trapo a cualquiera.
Parece una frase hecha, pero no. Es verdad.
El argentino solo, como individuo, siempre se destaca.
Es creativo.
Soluciona cualquier problema con nada. Es familiero.
Somos solidarios. Tenemos valores.
Yo no puedo entender cómo no podemos
salir adelante como país.
Bueno...
Bueno, se armó la fiesta.
Me voy a fumar afuera.
¡Ayuda!
Llamen a una ambulancia.
¡Ay, Dios mío! ¿Qué pasó?
¡No te muevas, flaco!
Quedate quieto. Llamen a una ambulancia.
¡Ayuda!
Pero ahora la pelota la roba
en el centro del campo Australia.
Pelotazo frontal
para la aparición del jugador que se mete al área.
Patea ¡Gol!
¡Gol! ¡Gol de Australia!
Gol, gol, gol de Australia.
Increíblemente.
¡Por favor! ¡Terrible!
Australia tres. Argentina dos.
Estamos afuera del Mundial.
Barrientos.
-¿Cómo va? -¿Qué dice, amigo?
-¿Todo bien? - Linda noche, ¿eh?
- Bueno. - Que descanse. Hasta mañana.
Gracias. Hasta mañana.
¡Pelotudo de mierda! ¡Conchudo! ¡Sos un grasa!
¡Un grasa sos!
¡Una mierda!
¡Es todo el puto día lo mismo!
¡Todo el puto día lo mismo!
¿Eh?
¡Grasa!
-¿Todo bien, señora? -¿Yo? Excelente. ¿Vos?
Pensé que necesitaba algo.
No sé... Dí... Dígame si la puedo ayudar.
Abrime.
Pero dígame a dónde vamos.
A donde vos vayas.
Me cago de frío. ¿Prendés la calefacción?
No anda.
Pero tome mi campera.
Me quiero morir.
¿La llevo a algún lado? ¿Quiere volver a su casa?
¡Ojalá fuera mi casa esa! No es mi casa.
¿Cómo se puede ser tan turbio?
¿Cómo se puede ser tan hijo de puta?
¡Morite, carajo! ¡A mí no me ves más!
Tengo hambre.
Llevame a comer algo.
No tengo un peso igual, ¿eh?
Hola, Adela. Me va a tener que disculpar.
Necesito que también a la noche se quede cuidando a mamá.
Surgió un imprevisto.
Me pidieron que haga un sobreturno
y seguramente voy a llegar muy tarde.
Usted quédese tranquila.
Le voy a reconocer las horas con un plus.
Me estaba muriendo de hambre.
¿Dónde estamos?
¿Esto es provincia ya?
No. Liniers.
Contame algo de vos.
¿Dónde trabajás?
Muy cerquita de donde te levanté.
-¿En serio? - Sí, en Madero 1700.
Esa es la cuadra de mi casa. Bah, bueno.
La casa del... malo.
Yo estoy en la garita de seguridad.
Ahí a media cuadra.
Te ganás la vida trabajando.
Ganarse la vida trabajando es de hombre.
Vos debés ser diez veces más hombre que ese tipo.
Qué sé yo...
El turro mantiene a la exmujer.
Le compra tetas nuevas, culo nuevo.
En la puta vida lo vi trabajar.
¿La guita de dónde viene?
¿Te creés que soy boluda? De algún lado tiene que venir.
Ni idea.
- Nadie sabe. - Nadie.
Ahora, si me preguntás... ¿Tiene una vida?
¿Es feliz?
- No sé. - Y... vaya a saber.
¿Pueyrredón y Las Heras queda cerca?
No. Es más bien de donde venimos.
¿Te llevo para allá?
Qué lindo que sos.
Dale, vení. No seas tímido.
No.
- Hola, amiga. -¿Cómo va? ¿Cómo estás?
-¿Cómo va? Hola. - Hola.
Él es...
Panter, mi amigo.
- Mucho gusto. - Encantado.
Exótico.
- Pasen. Pasen. Adelante. - Permiso.
- Sí, por favor. -¡Ah!
No tomás mucho vos, ¿no?
Eh... No. Cuando tomo un poquito de más,
me duele la cabeza.
¿Y de dónde se conocen ustedes?
- Bueno... - La vida nos juntó.
Sí.
- Ah, bueno. - Sí.
¿Viste cuando mirás a alguien a los ojos
por primera vez
y entendés todo?
Algo así, ¿no?
- Puede ser. - No, "puede ser" no.
- Es así. - Es así. Así fue.
Sí.
¿No tiene relindo corte de cara? Mirá lo que es.
- Sí, muy viril. -¿Sí?
Sí, no sé. Es como que tiene algo como de... hombre.
Creo que es el bigote que lo hace medio como machote.
- Mirá que me pongo celosa yo. - No.
¿Y qué son ustedes, entonces?
¿Amigos? ¿Novios? ¿Pareja?
- No... No sé. - Somos seres conectados.
Ahí va.
-¿Te lo estás cogiendo, freaky? - No, no.
No...
No seas celosa.
Además, hay para compartir para todos.
Vení acá.
Uh. Bueno.
-¿Ahí? - Sí.
¡Ah! Vení. Vamos al cuarto.
Muy bien.
Pasá.
¡Panter!
¿Panter?
- ¡Panter! - ¡Panter!
¡Panter!
No...
Dale. A ver si sos tan machote.
- ¡Panter! - Acá...
- Dale, vení, Panter. - Dale.
Tomá tu campera. Gracias.
Ay. Creo que me resfrié anoche.
Espero no haberte pasado ninguna peste.
Pasame lo que quieras.
Chau, guapo.
-¿Qué dice, Barrientos? - Ah...
Todo bien.
Bueno, acá, todo tranquilo. Sin novedad.
Bueno.
Mañana nos vemos si Dios quiere.
Dale.
Puede ser. Sí.
Habría que estudiarlo.
No estoy muy convencido francamente.
Tampoco tengo ganas de que se extienda el tema,
¿viste?
¿Estamos de acuerdo?
Ajá.
Coordiná todo con Milena.
Es ella la que tiene el vínculo con la gente del ministerio.
Y te dejo porque ya llego al restaurante.
Tengo una cena con la gente del laboratorio canadiense.
Y, bueno, lo hablamos la semana próxima si te parece, ¿eh?
Dale. Abrazo.
- Por favor. - Gracias.
¿Sube?
Sí.
Ah, ¿también vas al 54?
¿Al restaurante?
Sí.
Perdón. Usted es Felipe Keller, ¿no?
Así es.
Lo reconocí por la tapa de la revista.
Ah.
Qué linda familia tiene.
Muchísimas gracias.
Escuchame bien.
Quiero 50.000 dólares o bajo gritando
que me quisiste violar.
- Ah. Estás totalmente loca. - Pará.
Tranquilo, Keller.
Encaralo como un negocio con sus costos y beneficios.
Yo llamo a la policía en un segundo,
y se termina esto en el acto.
-¿Estás seguro? - Sí.
-¿Sí? - Sí.
Pensá qué va a decir la gente que me vea salir
del ascensor gritando:
"Ay, por favor. Ayúdenme. Me quiso violar".
Te estás equivocando feo, nena.
Mañana, las acciones...
Titulares enormes:
"Acusan a Felipe Keller de abuso sexual".
Va a ser el escándalo del año.
Te estás metiendo en un problema serio.
Sí, puede ser.
Sí. Pero para vos va a ser muy tarde.
Vas a perder todo hasta tu familia.
Vi en la revista fotos de tu esposa y de tus hijos.
Hermosos.
Dan ganas de vomitar realmente.
Ya perdiste. Date cuenta.
Mi alias es anita.91.
Me vas a transferir ya mismo.
No se puede hacer esa transferencia.
Son montos elevados que no... Hay validaciones que...
Yo sé que podés. No me tomes por boluda.
Estás loca.
Y, bueh. Habrá que seguir viaje y bancarse las consecuencias.
Qué millonario de mierda.
Son 50.000 dólares, o tu vida se va al carajo.
Tenés tiempo hasta el 54, Keller.
Cuarenta y ocho.
Cuarenta y nueve.
Cincuenta.
Paralo.
Qué lindo hacer negocios con gente como vos.
Anita.91.
Listo.
Pongo "okay" y te mando tus 50.000 dólares.
No. ¿Sabés qué? Aumentó el precio.
Ahora son 100.000.
Son 100.000, rata. Para vos no es nada.
Se terminó. No voy a aceptar esta locura.
Hacé lo que quieras. No me importa.
Okay. Perfecto.
En unos segundos, la vida que conocías
se te va a ir a la mierda.
¡Ayúdenme, por favor!
¡Este hijo de puta me quiso violar! ¡Hagan algo!
- No, no. -¡Hagan algo!
- No, por favor. No es verdad. -¡Hijo de puta! ¡Asqueroso!
-¿Cómo decís...? -¡Violador enfermo de mierda!
-¡Es mentira! -¿Qué hiciste?
¿Sube?
No.
Mejor subo por la escalera, así bajo la pancita.
Cambio. Dólar.
Euro. Real. Cambio.
Dólares. Reales. Euros.
Cambio. Cambio. Cambio.
Cambio. Cambio. ¡Eh!
La mejor tasa de cambio del mundo.
¡La mejor! ¿No?
Está bien.
Cambio.
Cambio, cambio. Dólares, reales.
Cambio.
Dólares. Reales.
Qué lindo ese. Sigamos caminando y mirando.
¡Oigan! ¿Brasileros?
- Sí. -¡Ey! ¡Vamos!
Somos brasileros.
Tengo el mejor cambio de la ciudad.
- ¿De la ciudad? - De la ciudad.
Vengan conmigo. ¿Cambio?
Sí.
¿De qué ciudad son?
- São Paulo. - São Paulo.
Una ciudad grande. Mucho dinero.
Ciudad poderosa. Grandes edificios.
-¿Conoce São Paulo? - No, no conozco.
Perfecto. Listo, Guillermo.
¿Los dólares?
Amigo.
Perfecto.
Cambio chico para compras...
- Compras pequeñas. - Gracias.
Billetes grandes...
Perfecto.
Excelente.
Me gustaría hacerles un regalo.
¿Un regalo? Qué lindo.
-¿Les gusta bailar tango? -¡Sí!
¡Claro!
Nos encanta el tango.
Esta es una tanguería extraordinaria.
La mejor del mundo.
Un 15 por ciento de descuento. Es en San Telmo.
Con gusto se los doy.
Qué bueno. Gracias.
Qué bien. Gracias.
Tengo otro regalo para darles.
No para usted, Guillermo. Es para Marisa.
Acá. Miren lo que es esto.
El Papita argentino.
¡Qué lindo! Gracias.
Por favor. Un placer.
Una sola pregunta. Marisa and Guillermo.
¿Pelé, Maradona o Messi?
Es una pregunta difícil.
Pero, para mí, Messi.
¿Messi, Guillermo. ¿Marisa?
Messi también. Me encanta.
Es un chico muy humilde, muy querido.
Para mí, Pelé.
Pelé es el mejor jugador del mundo.
Maradona fue un gran jugador,
pero un gol con la mano es hacer trampa.
Como argentino, no puedo permitirlo.
Y Messi es un gran jugador. Es brillante.
Pero es más español que argentino.
Para mí, Pelé es todo.
Su aspecto. Cabeceaba. Jugaba con las dos piernas.
Excelente. Y la conducta, ¡intachable!
Pero Messi es un genio.
Marisa, ¿le gustan las camperas de cuero?
Me encanta el cuero.
Pero ahora vamos a pasear, a dar una vuelta.
Antes de irnos, pasamos.
Ahora no. Otro día.
- Ahora no. - Muchas gracias.
- Los acompaño. - Gracias.
¡Qué simpático!
Hola. Matrimonio brasilero.
Él, campera azul. Ella, campera verde.
Los pesos los tienen repartidos en la mochila, la cartera
y los abrigos.
Él además tiene dólares en el bolsillo derecho del pantalón.
¡Oh! ¡Chau! Un segundo.
-¡Gracias! ¡Besos! ¡Chau! -¡Chau!
Gracias, muy amable.
¡A disfrutar! Bienvenidos a Buenos Aires.
Hola. Bueno, eso, chicos. Seamos suaves, ¿eh?
Gracias.
-¿Qué hacés? - Voy a tomar agua.
¡Oh!
¿Te despertamos, papi?
No, hijito. Iba a tomar un poquito de agua.
La concha de mi madre.
Uff. No puedo creerlo esto. Una cosa...
¿Será posible? Una casa de familia.
Pero se caga en todo.
Asqueroso de mierda.
Ay, Nancy, lo que me acaba de pasar. La puta madre.
-¿Qué pasó? - Lo encontré garchando.
En el living. No sabés la imagen. Por Dios.
No te podés reír.
Me quiero matar. La reputísima madre que me parió.
Dale. Apagá.
Pero qué...
Ay...
Uh. Otro polvo se va a echar.
Qué desgracia. Tiene 40 años.
Tiene 39, Oscar.
Es lo mismo, Nancy. No me tomes el pelo.
No te tomo el pelo.
Yo estoy de acuerdo.
Pero, de alguna manera, somos culpables.
Lo consentimos toda la vida.
Bueno, ya está. Basta.
No puede seguir viviendo en esta casa.
Cada vez que se lo insinuamos, se hizo el boludo, así que...
Bueno. Mirá, mirá. Sigue. ¡Pam, pam, pam!
Mañana lo voy a agarrar y se terminó.
Acabó.
Ahí viene.
No seas duro con él, ¿eh?
- Buenas. - Eh. ¿Qué tal? ¿Bien?
- ¿Bien? - Hola.
¿Se fue la chica?
Se fue tempranito.
Ah. Un poquito fuerte lo que pasó anoche, ¿no?
Perdón. Mala mía. Empezó con un...
un escarceo, un manoseo furioso...
No hace falta dar detalles, pero fue fuerte.
¿Pasa algo?
No. Va a pasar,
pero algo lindo, ¿no?
Sí.
Va a estar muy bueno para todos.
Sí. Sí. Totalmente.
Papá quiere decirte algo.
Papá y mamá.
- Papá y mamá. Sí. - Papá y mamá.
Sí.
Mirá, Ariel. Voy directo y sin vueltas.
Creemos que te tenés que ir a vivir solo.
-¿Por? - Y...
porque tenés casi 40 años, hijo.
Viviste toda la vida con nosotros.
Yo creo que va a estar muy bueno
que tengas la experiencia de vivir solito.
Es lindo.
Entiendo que no es lo más normal.
- No es lo más normal. -¿Y qué es lo más normal?
¿Irse a los 20, 30, 40?
Esos son puros mandatos. Yo acá estoy... estoy fenómeno.
También tenés que pensar en mamá y papá.
Nosotros queremos hacer nuestra propia vida también.
¿Tanto los molesto yo?
- No, hijo. -¡No! Cero.
¿Dónde voy a estar mejor cuidado que acá?
No se trata de cuidado o no cuidado.
No se trata de eso.
Se trata de que puedas transitar...
la experiencia de estar solo en un lugar,
en un ámbito, en una casa.
En un...
Tener tu intimidad.
Tampoco tengo la plata para irme a vivir solo.
Lo saben.
Ese no es el problema. Te vamos a ayudar siempre.
¿Siempre? Al principio.
No siempre.
Vos contá con el tema del dinero. ¿Mmm?
Pero pensalo, Ariel. Es un...
Es una gran experiencia lo que te estamos proponiendo.
Ojo.
No vas a tener la mirada de dos viejos
que te monitorean todo el tiempo
a ver qué hiciste, si measte la tabla del inodoro,
si dejaste la ropa tirada...
Lo que quieras hacé. Independencia total.
La libertad.
Está bien.
Vamos a probar.
Ay, amor de mi vida.
Que conste que yo acá estoy perfecto.
Pero, claro, lo sabemos.
Te ibas sin la guitarra.
Chau, papito.
Chau.
Portate bien, ¿eh?
Andá. Vamos.
¿Me tenés, amigo?
Ahí está.
Chau, pa.
Chau, hijo mío.
Chau.
¿Qué hacés despierto?
Lo extraño al gordo.
Pelotudo.
Aquí están reunidos los vecinos
reclamando por más seguridad.
Vamos a tratar de conversar con alguno de ellos.
Señor, hoy robaron a un abuelo.
Un vecino de toda la vida.
Pobrecito don Roco.
No solo le robaron.
Le dejaron la cara como un morrón.
¿Hasta dónde vamos a seguir con esto?
Robaron en la parroquia
cuatro garrafas.
Nadie dice nada.
Es tremendo, señor.
Esto es zona liberada.
Los vecinos...
Hijos de puta.
- ¡Sin vergüenza! - ¡Tomátela, cobani!
- Ahora aparecen. - Mirá.
Claro. Pasan porque ven una cámara
y arrancan con el auto como si nada.
El chorro tiene que saber.
Vos entrás a mi casa, ¿qué hago yo? ¡Pum, pum, pum!
- Te cago matando - Andá, viejo facho.
¿A dónde viejo facho? Andá a la puta...
- Cálmese. - Vení acá.
- Tranquilícese. - "Viejo facho" me dijo.
Ay, Dios mío. Señor, no sé puede más.
Por eso sugiero que los vecinos nos juntemos
y se acaba la delincuencia.
Yo le digo al chorro:
Saltá la medianera, chorro. Saltá.
Yo te espero sentadito así.
Entraste a mi casa, ¡pum, pum, pum!
Te cago matando.
Chau, chorro.
- Se terminó. ¿O no? - Tiene razón.
-¡Seguridad! -¡Seguridad!
-¡Seguridad! -¡Seguridad!
Y así se manifiestan
los vecinos de Villa Ballester en el partido de San Martín
contra la inseguridad en el barrio.
-¡Seguridad! -¡Seguridad!
Le entraron a los Carranza.
Una semana duró la paz.
Volvieron a robar.
-¿Ah, sí? - Puta madre.
El ferretero me contó
que le desvalijaron la casa, Gladys.
Le comieron toda la comida, le tomaron no sé cuántos vinos.
Y uno le cagó arriba de la mesa del comedor.
Ay, basta, por favor. Estamos comiendo.
Como si la culpa fuera mía.
Vos ya sabés. Si yo no estoy y ellos entran,
el canuto está en el pato de madera.
Vos se los das y, así, los chorros se van rápido.
Bueno, basta. Ya sé todo, Aníbal.
¿Podremos comer hablando de otra cosa?
Sí, claro, claro. Sí, sí, sí.
Pero vos ya sabés. Si entran cuando yo estoy...
¡Pum, pum, pum!
Tenelo. Dale, dale, dale.
Fijate ahí.
No, acá no hay nada.
- No hay nadie, boludo. - Están todos durmiendo.
A ver, vení. Dale, dale.
¡Despertate!
¿Dónde está la guita?
En el pato, el pato de madera.
¿De qué pato hablás? Dale.
Colaborá.
Allá. En ese adorno.
¡Ese pato!
Acá está el pato. ¿Dónde está la guita?
- ¿Dónde está? - ¡Adentro del pato!
Encerrala.
- ¡No! - ¡Avanzá, vieja!
¡Dame el anillo, vieja!
Sí.
Te quedás calladita.
Sí.
¡Encerrala!
Llevate la tele.
¡Aníbal!
¿Qué hacés? ¿Dónde estás?
¡Aníbal!
¡Hijos de puta! ¡Acá no vuelven más!
¡Chorros de mierda!
Soy yo, Gladys. Soy yo. Tranquila. Soy yo.
¿Te lastimaron?
- Les di lo del pato. - Hiciste muy bien.
Los cagué a tiros. Olvidate.
Chorros de mierda. No joden más.
Lo van a pensar dos veces antes de entrar en una casa.
La cara de terror que pusieron.
No te das una idea.
Vos sabés cómo soy yo, Gladys. Yo no dudo.
Lois miré. ¡Bum!
Le pegué un tiro en la pierna a uno de ellos.
Al otro, le di en el hombro. Temblaban del miedo.
Salieron corriendo.
¡Bum, bum, bum!
Chau, chorros.
Chau, chorros.
¡Argentina! ¡Argentina!
Es el penal soñado por cualquier pibe,
por cualquier chico que
aprendió a jugar en los baldíos,
en la calle.
Ahí va nuestro Gonzalo.
Nuestro gladiador.
A paso firme y seguro
en la larga y solitaria caminata
rumbo al momento decisivo.
Hoy te convertís en héroe, pibe.
Por favor, te lo pido.
Si convierte,
después de 36 años,
Argentina es campeón del mundo.
Ahí va. Ahí va nuestro quijote.
Maradona te está iluminando desde el cielo, pibe.
En tu botín derecho, llevás el alma y el corazón
de 45 millones de argentinos.
¡Vamos, pibe, por Dios!
Vamos. Agarra la pelota.
Messi se persigna.
Mira el cielo.
Lloris lo mira fijo.
Montiel coloca la pelota en el punto del penal.
Vamos. Toma carrera.
Respira hondo. Vamos, Gonzalo.
Por favor, te lo pido.
¡Gol!
¡Gol!
¡Gol!
¡Argentina campeón del mundo!
Argentina c...
Argentina campeón del...
¡Argentina! ¡Argentina!
¿Está listo para conocer su auto?
El volante está forrado en cuero.
Detrás tiene el control de levas.
Sirve para pasar de automático a manual.
Ahí tiene la pantalla multimedia,
touchscreen,
que viene con voice control incorporado.
La información de la computadora de a bordo
la verá proyectada en forma de holograma en el parabrisas.
Por ejemplo, presión de los neumáticos, combustible.
El tema del GPS es central.
Lo puede ver en la pantalla.
También lo puede sincronizar con su celular.
O usar el software del vehículo que es muy bueno.
Señor, ¿está escuchando?
Sí, querido.
Acá hay...
mucho esfuerzo personal,
mucho trabajo
y mucho sacrificio.
- Lo felicito. - Gracias.
Tiene un auto estupendo.
Y ahora... llegó el momento.
Sí.
"Start".
¿Cuál es el mensaje?
Amor, estoy a cinco cuadras.
Andá bajando que te muestro la nave.
Le estoy enviando tu mensaje a Mónica.
¡Oh! ¡Ah!
¡Ay, la concha de mi madre!
Ay, la puta madre que te remil parió,
hijo de mil puta.
- Me hiciste mierda el auto. - Perdón.
Pelotudo de mierda.
Me quedé sin frenos.
Forro de mierda.
La pintura original nunca más se recupera.
Perdón. Perdón.
Ni en veinte vidas te podés comprar este auto,
laucha de mierda.
Mirá la poronga en la que andás.
Dame el seguro, la putísima madre que te parió.
Eh... No tengo seguro yo.
¿Cómo que no tenés seguro, lumpen de mierda,
irresponsable?
Eh...
Perdoname.
-¿Eh? -¿Vos no sos Herrera?
Sí, Sergio Herrera.
No.
¿Ernesto?
¿Ernesto Antonuzi? ¡No!
¡Ay, boludo!
¿Cómo te va?
¡Ay! ¡No te puedo creer!
Hijo de puta. Con la barba... Estás igual.
¿Cómo voy a estar igual? Pasaron cincuenta años, Sergio.
- ¡Movelo! - Pará un poco. Estás "tú, tú".
¡La puta que te parió!
Vos andate a la puta que te parió.
- La concha de tu madre. -¿Estás apurado?
Me chocó el auto. Y seguís puteando. Bancámela.
Siempre me acuerdo cuando nos pescaron
con todos los brazos macheteados.
-¿Te acordás? -¿Cómo no? Éramos dos salvajes.
Vos hiciste el primer año conmigo.
Después te cambiaste de escuela.
Me fui a la de Avellaneda. Y creo que ahí no nos vimos más.
-¿Seguís dibujando? - No, no.
Destapaciones y plomería.
- Ah. Estás con esto. - Sí, sí.
¿Y laburás con el auto?
Trabajaba. Mirá cómo quedó.
Tranquilo. No.
Yo voy a decir que frené de golpe.
Me llevaste puesto sin querer.
O sea, que la culpa es mía. El seguro mío
te va a garpar. Olvidate.
-¿Y se puede hacer eso? - Se va a hacer.
Te agradezco un montón, Sergio.
Estás loco, Ernesto.
Qué maravilla.
Contame de vos.
Nada. Qué sé yo... Lo...
Me casé
con una compañera de la facultad, Mónica.
Iba a casa ahora. ¿Y vos?
Es una larga historia que algún día te contaré.
Déjemelo que lo estaciono.
Gracias.
Disculpe.
¿No tiene algo de plata, así puedo comer algo?
Ey, pibe.
Disculpe, don.
¿No tiene algo de plata, así como algo?
Te dije mil veces que no se puede acá.
Tranquilo, Beto. Todo bien.
Andá.
¿Cómo te llamás?
Axel.
¿Tenés hambre, Axel?
Sentate.
Tranquilo. Sentate. Está bien.
De verdad.
Beto, traeme un menú.
Gracias.
Pedí lo que quieras.
¿Lo que quiera?
¿Y cómo es un día tuyo?
¿Te levantás a la mañana y salís a pedir?
Si a mi mamá le sale un trabajo,
llevo a mi hermanito al comedor.
La ayudo a cartonear a veces.
Pero, si no, me tomo el tren acá al centro... a pedir.
Qué país de mierda. La concha de mi madre.
Voy a apagar esto o me va a romper las pelotas todo el día.
¿Y usted qué hace?
¿Qué hago yo? ¿A qué me dedico? Negocios.
Compramos empresas medio caídas, las inflamos
y las vendemos más caras.
Y después estoy metido en todo lo relacionado al mundo cripto.
Tengo un socio, Lucas,
amigo y hermano de la vida.
¿Y tiene hijos?
Dos. Uno tiene más o menos tu edad.
Vos todo el día en la calle.
Y él, te diría que nunca pisó la vereda. Dios mío.
Vida de country.
Y, a ver, decime, Axel.
¿Cuál es tu sueño?
Eh...
Zapatillas.
¿Ese es tu sueño?
Sí. Zapatillas.
Buenas zapas.
Llevalas. Llevalas.
Llevales a tus hermanitos también.
¿Querés un celular?
¿En serio?
Pero dejámelo a mí.
Buenas tardes. ¿Qué andan buscando?
Un teléfono para él. Algo bueno, ¿eh? El último.
¿Querés algo más?
Qué fierro, ¿eh?
Sí. Tremendo. No hacía falta que me lleve.
No. Estás con todas las bolsas.
Aparte, a mí no me cuesta nada. Olvidate.
Tengo una curiosidad.
¿Tomás drogas vos?
- Faso. -¿Faso?
Si pinta.
Pero me da hambre, así que...
qué sé yo.
- Otra cosa no. - Está muy bien.
¿Y usted?
Un porrito, sí.
Sí, a la noche, con un vinito, con mi mujer, mirando el lago.
Me gusta. Me coloca. Está bueno.
Vos pensarás que soy un millonario, ¿no?
Con esta camioneta, que puedo comprar lo que quiero.
No te das la menor idea la suerte que tenés.
¿Por qué?
La guita, cuando se pasa de un límite,
te juega en contra.
No sé. Querés más.
Te convertís en esclavo de todo eso.
En cambio, vos...
Hacés lo que se te canta el culo de la mañana a la noche.
Es maravilloso.
Si me das a elegir, prefiero la guita, ¿eh?
Vamos a ser honestos. Eso sí.
Pero... es lindo lo tuyo también.
- Déjeme en aquella esquina. - No, te llevo.
Mejor no entrar al barrio con esta camioneta.
Ah, okay, okay.
Bueno, Axel. Un gusto haberte conocido.
Dame la llave y bajate del auto.
Dame la llave y bajate, viejo boludo.
Chiste.
Con todo lo que me compró.
Mirá si te voy a robar.
Chau.
Hola, Lucas, amigo.
Perdoname. Te colgué toda la tarde.
Es que apagué el teléfono y recién ahora veo los mensajes.
Viví una experiencia extraordinaria, boludo.
No sabés. Con un pibe de la calle,
esos que van pidiendo.
¿Sabés qué hice, boludo? Lo invité a morfar.
No. No. Casi me muero.
Charlé.
Después lo llevé de compras.
En un momento, le dije:
"Comprate lo que quieras, pibe".
No sabés la cara que puso.
Pero me voló la cabeza la experiencia.
Flasheé, boludo. En serio.
¿Y sabés cuánto me salió? No sé. Si lo llevo a dólares...
Menos de cuatro lucas, boludo. Menos de cuatro lucas.
Nada. Estoy feliz.
Te lo quería decir. Chau, chau.
¡Ah!
Lucas, me olvidé.
¿Hablaste con el gordo hijo de puta
de la financiera?
¿Qué carajo le pasó? ¿Cinco y medio quiere cobrar?
¿Pero qué se fumó el imbécil ese?
Está loco.
Cortale las patas. ¿Encima sin consultar dijo eso?
Que se vaya a la remierda. ¿Estamos?
Abrazo. Me había olvidado. Mirá.
Hijo de puta.
Conforme a lo establecido
por el artículo 75
de la ley 26.522 de comunicación audiovisual,
a partir de este momento,
transmiten Radio Nacional y la Televisión Pública
junto a todas las emisoras que integran la cadena nacional
de radio y televisión de todo el país
con motivo de la transmisión
del primer mensaje al pueblo argentino
del flamante presidente electo.
Habla al país,
el señor presidente de la nación
doctor José Luis Estrada.
Buenas noches.
¡Sacame de acá!
La putísima madre que los parió.
Váyanse todos a la concha de su madre.
Habló al país
el señor presidente de la nación,
doctor José Luis Estrada.
A partir de este momento,
todas las emisoras de radio y televisión del país
continúan con su programación habitual.
Muchas gracias.
- Bueno. - Basta.
¡Bravo!
¡Opa, opa!
A ver, a ver, a ver.
¡Guau! Flojo el punto, ¿no?
¡Esa!
Bueno, chicos. Eh...
La verdad que los invité acá, a casa,
porque necesito contarles algo.
¿Estás enfermo, pa?
- Ay, no, hija, por favor. - Ay.
No, estoy mejor que nunca, mi amor. No.
Al contrario, lo que les quiero contar es algo lindo.
Bueno.
Largue, viejo.
Qué nervio. Dale, hablá, pa.
Bien...
Como ya saben, hace dos meses se cumplió
un año del fallecimiento de mamá.
¿Eh?
Y quiero que sepan que ella va a ser siempre
el amor de mi vida.
Y me dio lo más importante, ustedes.
Ay, ¿tenés una novia, pa?
Sí, querida.
Líquido.
Bueno... ¿Qui... quién es? Si querés decirnos, ¿no?
-¿La conocemos? - Sí, Mati.
¿Quién?
Eliana.
¿Eh?
No.
-¿Qué? - No.
- Sí. -¡Papá!
¿Eli?
Papá.
Eliana, ¿podés venir un momento?
No, pará, papá. Ah, bueno.
Bueno.
Bueno, ahora sí.
Les presento, formalmente, a mi novia.
Felicitaciones a la pareja.
Felicitaciones.
Sí, felicitaciones.
Gracias.
Esto amerita un champancito, ¿no?
- Voy a buscarlo. - No, no.
Voy yo. Voy yo.
- Eli. - Eli.
-¿Dónde vivías vos? - En Moreno.
En provincia.
Pero ahora Antonio me pide que me quede más días acá.
Pero vos sos...
sos de acá. Estás...
Bah... ¿Sos argentina, digamos?
- Escuchame una cosa. - No pasa nada.
No me molesta.
Entiendo que para ustedes
esto puede ser un poco extraño.
Y, sí, soy argentina, de Clorinda, Formosa.
¿Y hace mucho que están de novios o...?
Bah, no sé. ¿Son pareja?
Permiso.
- Bueno. - Un champancito.
Vamos. ¡Opa! Oh, oh.
Estos son los productos de limpieza.
Con estas alacenas, debés tener
mucho cuidado porque son muy delicadas.
Siempre limpialas con una gamuza
y nunca con repasadores porque se rayan.
- Sí, señora. - Es importante.
Oh. Perdón. Hola.
- Buenas tardes. - Buenas tardes.
Rosa, él es Antonio, mi novio.
-¿Cómo le va? - Mucho gusto.
Mi amor, ¿querés que reserve en Marcelo
para cenar en Puerto Madero?
Timbre a esta hora. Qué raro.
-¡Hola! ¿Y esta sorpresa? - Viejo. ¿Cómo estás?
- Bien. - Papi.
Hola. ¿Cómo estás?
- ¿Qué hacés, pa? - Hola, corazón. ¿Cómo están?
- Bien, ¿vos? - Qué lindo verlos.
¿Qué tal? ¿Qué hacen acá?
- Nada. Ganas de verte. - Ah. Muy bien.
-¿Eliana está? - Sí, con la mucama nueva.
Mirá. Mucama nueva.
Estás más flaco, pa. O es la ropa, ¿no?
No, más flaco, no. Eli me... me cambió un poco el vestuario.
Este cangurito, las zapas.
¿Vos te estás haciendo algo en la cara?
No, en la cara no.
- No. ¿Cómo me voy a...? ¡Hija! - Bueno.
¿Qué pasa, chicos, que vinieron de golpe?
¿Pasó algo?
No, no pasó nada. Queríamos... conversar un poquito con vos.
Un tema que estuvimos
meditando bastante.
Y... bueno, nos parece una opción...
inteligente, bah, razonable más que nada.
Creemos que hay cosas que mejor prever y...
Pensamos que... estaría bueno...
que pongamos todos tus bienes...
a nuestro nombre.
Se trata de ahorrarnos un montón de quilombos
que pueden venir en una sucesión en el futuro.
Ajá.
Bueno, me están matando.
- No, pa, por favor. - No, no.
Sería como un modo de... blindar
el patrimonio que es de la familia.
Muy bien.
¿Y por qué el apuro? ¿Es por Eli?
-¡No! -¡No, papá!
Es que las sucesiones pueden ser muy... intrincadas.
Entonces, para ahorrarnos todo ese quilombo.
Mirá. Vos hacés una cesión en vida
y te garantizás el usufructo de todo.
La idea es que vos sigas viviendo
exactamente igual que como hasta ahora.
Vas a seguir cobrando los alquileres de las cocheras,
los locales.
Todo.
En la práctica, va a ser igual para vos.
Más allá.
Todo ahí. Eso, muy bien.
- Ahí, no, no. - ¿Esos sí?
Estás inundando todo. No.
Eh... bueno.
Okay. Sí, sí. Es lógico. Los trámites...
de sucesión son engorrosos, sí, lo son.
No puedo mentirles. Me hacen sentir
que tengo un pie en el cajón.
-¡No! -¡No, papi!
¿Y cómo piensan repartir esto?
Bueno, somos tres.
Un tercio para cada uno. Lo que dicta la ley.
Ajá.
Bueno.
Vamos para adelante.
Lo que no hay que olvidar tampoco...
es el canuto de la caja de seguridad.
¿Qué...? ¿Qué canuto?
Y, los dólares, Lucas.
-¿Dólares? -¿Cuánto? ¿Cuánto?
Un palo. Un millón de dólares hay.
Pero, disculpame, ¿cuándo hiciste tanta guita?
Pero... ¿un palo? Te afanaste un banco, pa.
No, hijo.
Son cincuenta años de trabajo, Lucas.
Cuando me ascendieron, me dieron acciones en la empresa.
Vendimos la casa del abuelo.
Yo no sabía que habías hecho tanto.
Es un montón.
Lo que no me parece justo es el modo de repartir.
No, no, no.
Yo creo que lo más justo sería
el sesenta por ciento para Lucas.
Treinta por ciento para vos, Mati.
Y diez por ciento para vos, Jime.
Pero ¿por qué?
Bueno porque, con tu mamá,
y ojo que me hago cargo de la parte que me toca,
siempre sentimos que no fuimos
muy equitativos con los tres. No.
Siempre te beneficiamos más, Jime. Toda la vida.
Afectiva y económicamente.
Porque eras la nena.
A vos también te dimos muchísimo, Mati,
pero mucho menos que a Jime.
El perjudicado fuiste vos, Lucas.
Toda la vida.
Siempre estuviste metido para adentro.
No comunicabas nada. No pedías nada.
Y así siguió. En cambio, para vos,
todo moral y material.
Por eso no me parece nada justo repartirlo de esta manera.
Tiene que ser el sesenta por ciento para Lucas.
Treinta por ciento para Matías. Y diez por ciento para vos.
No, no, no. Pero vos me estás pidiendo
que yo indemnice a Lucas.
Qué divina mi hermanita, ¿no?
¿Creés que no me daba cuenta
que hacían absolutamente todo por vos?
El auto, el departamento.
Te hicieron estudiar afuera.
No solo eso. La casa nueva. Te ayudamos con mucha guita.
Yo no le puse un arma en la cabeza a nadie.
Yo no hice nada para ser un hijo de segunda.
Nunca fuiste un hijo de segunda.
No, sí lo fui. Sí lo fui.
Y no sé si fue porque vos eras el centro de gravedad
de esta casa. ¿No?
La princesita.
Y, acá, el conflictuado.
Y, encima, gay. ¿Sabés qué?
Está perfecto lo que dice el viejo.
Sesenta, treinta, diez.
Pará.
Hay algo de lo que dice papá que yo creo que es cierto.
También siento que no hubo equilibrio
y que, ahora, podríamos compensarlo.
No sé si en esa proporción.
A mí me parece
que cincuenta por ciento es suficiente
como para compensarlo a Lucas.
Diez para Jime y cuarenta para mí.
- Vos sos un sorete, boludo. - No, no.
Escuchemos a papá. Sabe cómo fue todo acá.
Son dos hijos de puta. Ni en pedo voy a aceptar esto.
Ya te lo aviso.
Voy a poner un ejército de abogados.
- Les voy a romper el orto. - ¡Qué miedo!
Ponelo, pelotudita.
Lo justo es cincuenta, cuarenta, diez.
No, no.
Para vos, ni un punto más. No, no. Por ventajero.
Y, vos, nada, rata.
Cerrá el orto, enfermo.
Toda la vida me cagaron. Ya vas a ver.
¡Callate!
Cerrá la boca, pendejo.
Basta. Basta.
¡Basta!
Se sientan los tres.
Chicos.
Lo del millón de dólares es mentira.
Porque toda esta mierda es por Eliana.
¿O se creen que yo nací ayer?
Tienen miedo de que esté conmigo por interés.
Qué vergüenza. Mis hijos.
¿Qué es esto?
Mirá en lo que se convirtieron. ¿Se escucharon?
Nunca me imaginé ver en ustedes una cosa así...
de miserable.
- Chau, Eli. - Chau.
Gracias por la visita.
- Chau. - Chau.
¿Les pudiste contar que van a tener un hermanito?
Todavía no.
No encontré la oportunidad.
¿Creés que se van a poner contentos?
Contentísimos.
Qué buenos hijos criaste, Antonio.
Excelentes.
Gracias, padre. Muy amable.
- Gracias, padre. - Buen provecho.
Muchas gracias, padre.
Esperen.
Esperen, por favor. ¿Mmm?
Antes de comer este plato de comida, agradezcamos a Dios.
¿Eh? Ustedes son pobres.
Pero sepan que no hay
pobreza más grande que la de aquel a quien le falta Dios,
aunque tenga dinero.
Esa es la peor de las pobrezas.
En cambio, la pobreza de ustedes
tiene una enorme virtud.
Los construye como seres libres.
Ustedes no andan atrás del último teléfono,
del auto nuevo, de la casa en el country.
¿Por qué? Porque son libres.
Nuestro Papa,
a quien tuve el privilegio de conocer
caminando este mismo barrio,
dijo hace varios años:
"De poco sirve la riqueza de los bolsillos
cuando hay pobreza en el corazón".
Ustedes, queridos hermanos y hermanas,
son el rostro de Jesús.
Y debemos aprender de ustedes.
- Los pobres... - Perdón.
Con todo respeto, eh. Me estoy cagando de hambre.
Oh.
¿Le molesta si primero comemos?
¿Y después nos sigue contando las ventajas de ser pobre?
No, por favor.
Coman, coman.
Che.
Los voy a extrañar.
Nosotros también, hijita.
Linda.
Te va a encantar Madrid.
Vas a ver.
Estás haciendo muy bien. Sí.
Cuidate mucho, hija. ¿Eh?
Escribime cuando estés en el avión.
Sí.
- Y ni bien llegues. - Sí.
Vas a estar súper.
Los quiero mucho.
- Vos ya sabés que... - Ya sé.
- Si no me gusta o extraño... - Te esperamos acá siempre. ¿Eh?
Vamos, vamos.
Vamos, vamos, vamos.
¿Tiro un asado a la parrilla ahora?
¿Eh? ¿Qué te parece?
En España, eso no tienen, ¿eh?
- Sí que tienen. - No es lo mismo.
No es lo mismo.
¡Abuelo! ¡Abuelo!
¡Uri! ¿Cómo te va, mi amor?
Acabo de aterrizar y vine corriendo a buscarte.
¿Eso es para mí?
Por supuesto. Lo que me pediste.
¡Directo de Miami! Mirá. Y bueno...
Está buenísimo. Gracias.
Vamos para casa. Tu mamá te espera para merendar.
¿Podemos llevar a Santi?
-¿No te vienen a buscar a vos? - No. Yo voy y vengo solo.
Bueno. Vamos que ahí está el auto.
Está buenísimo, ¿no? Tremendo.
Sí. Es genial. Yo lo tengo.
-¿Cómo que lo tenés? - Sí, claro.
-¿En serio? - Sí, sí.
¿El mismo robot tenés?
Sí, el mismo.
No, no creo que sea el mismo.
Sí, lo tengo.
-¿Cómo era que te llamabas vos? - Santi.
Mirá, Santi, te digo la verdad.
No creo que tengas el mismo robot.
Pero yo lo tengo.
Lo que pasa es que este robot no está en la Argentina.
Lo compré en los Estados Unidos.
Es una edición especial que acaba de salir.
Pero, señor, yo lo tengo.
Santi, me salió 250 dólares.
Ah, ni sé eso yo. Pero yo lo tengo.
Mirá. Vamos a hacer una cosa, Santi.
Cuando llegamos a tu casa, bajás
y traés el robot y nos lo mostrás.
¿Dale?
Pero no sé si lo voy a encontrar.
Vos no te preocupes. Te esperamos.
Andá a buscarlo cuando llegás.
Dejá, abu.
No... No...
En serio, no sé si lo voy a encontrar.
Y... vos buscalo.
Buscalo tranquilo. Nosotros te esperamos hasta que vuelvas.
No te preocupes.
Bueno.
¿Por qué tenés esa carita? Tomá una galletita. Dale.
¿Querés saber lo que pasa con tu amigo?
Sí.
El abuelo te lo va a explicar.
Hay muchas personas que se sienten mal, pobrecitas,
porque no pueden tener lo que
las otras personas tienen.
Y eso les da bronca, tristeza.
Se llama resentimiento, Uriel.
Ellos no tienen un abuelo como tenés vos que puede ir a Miami,
que le compra un juguete caro al nieto.
Y eso les da bronca y hacen cualquier cosa
para arruinar tu alegría.
De puro resentidos que son.
Yo me quiero ir a casa.
Te va a explicar el abuelo qué va a pasar.
Él va a venir y me va a decir: "No lo encontré".
O "Se me rompió".
O va a tener que reconocer que te mintió.
Y ahí va a quedar expuesto él solo con la mentira.
Mañana jugás como si nada hubiera pasado.
Se empiezan a reír juntos.
Hasta le podés prestar el robot
para que él juegue también con vos.
Pero él se va a dar cuenta que la lección...
Son iguales.
- Pero qué hijo de puta. - Son iguales. Pelea.
Ah... hijo de...
Ya está... Va... Vamos que no...
No tenemos todo el día, Uriel. Vamos, vamos.
Dale, dale. ¡Vamos!
- Bueno. Chau, Uri. - Chau.
- Está insoportable. - Pero ¿hoy o siempre?
Siempre... Uy. Ahí viene.
Ahí viene, chicos. Hola, dire.
Lo que tardaron en poner dos luces, viejo.
no se puede creer.
Hace cuatro horas que estoy en la motorhome.
Mirá esto.
Qué gente. Dios mío. La putísima madre que me parió.
¿Le puedo hacer una preguntita?
No me hinchés las pelotas. Andá.
Qué manera tan lenta de hacer cine. Dios.
¡Corten!
No sirve. No se le posó una puta mosca.
Ni una la putísima madre.
No lo puedo creer. No se puede trabajar así.
Son un desastre.
Oíme. Mirá al indio pelotudo este.
¿Por qué te reís?
No te tenés que reír. Es una historia triste, boludo.
Serio ponete. Serio.
Y esta otra con la canasta.
Por continuidad la tenés que tener en el otro brazo. Vamos.
Mirá al otro con la lanza. Está pelotudeando.
Dejala en el suelo, boludo. Ahí está.
Estos indios Arawis, cuando vino Colón,
eran atrasados.
Y hace quinientos años siguen igual.
La puta madre.
¡Ey, vos, el del boom!
¿Qué carajo hacés ahí? Andate para allá.
¿Dónde está la nena que...? Vení acá, nena.
Escuchame.
- Embadurnale bien. Más miel. - Tiene bastante, ¿eh?
¿"Tiene bastante"? ¿Sos tarada o no me escuchás cuando hablo?
Más quiero.
Necesito que la mosca se pose en la cara.
¿Vos querés quedarte...
- Un día más acá? - No.
Yo no me quiero quedar. Vamos. Embadurnala bien.
Más miel.
¡Eso! ¡Eso! Embadurnala.
¡Más! Ponele más.
Atención. Vamos a grabar.
Ochenta y cuatro, cinco, onceava.
¡Vamos, nena! ¡Vamos!
Largá las moscas.
Ahí va. Ahí va. Ahí va.
Andate ahora. ¡Andate!
Concentrate. Sos una india triste.
Una india con muchos problemas.
Se murió papá y mamá. Se los comió un oso.
Así desamparada, nena.
Eso. Ahí va. Ahí va. Así.
Ahí está. Ahí se paró una mosca.
Genial. Quieta, nena. Quieta. Quietita.
Espectacular esa mosca.
¡La putísima madre!
Quieta, nena. Quieta.
Eso. No te muevas. No respires.
¡Hecha! ¡Hecha! ¡Vamos!
Señoras y señores,
esta fue la última toma del rodaje. Terminamos.
Vamos, carajo.
Me quedaba un minuto más acá,
me pegaba un tiro.
Sacame ya mismo de este lugar de mierda, por favor, vamos.
Y la ganadora en la categoría
Mejor Película es...
Al rescate de los Arawis.
Esta película del director Iván Gutiérrez,
con mucha humanidad, compasión y empatía,
cuenta los problemas de la tribu
Arawi en Argentina.
Sin dudas, un film necesario.
Entrega este premio de primer nivel
el presidente
de la Asociación Internacional de Academias de Cine,
Gianluca Mengoli.
Voy a hablar en español.
No me lo esperaba.
Agradezco infinitamente este premio,
pero no puedo estar contento y celebrar
cuando el mundo está como está.
El cambio climático,
las políticas antinmigración, los discursos de odio.
Mi película representa lo opuesto: la empatía,
el compromiso, la humanidad.
Que ojalá sirvan
para que el mundo conozca y valore
a la comunidad indígena Arawi.
Mis días con los Arawis me han permitido comprobar
su sabiduría ancestral,
su sensibilidad y su calidad humana.
Hay que protegerlos
de este capitalismo criminal.
Quiero agradecer este premio al amor de mi vida.
Roberto.
Te amo, Roberto. Sos todo para mí.
Tu ética, tu conducta de vida.
Eso...
me marcó el camino para llevar a cabo esta película.
Te amo.
Los Arawis nos necesitan, señores.
¡Todos somos Arawis!
DEMASIADO DULCE
- Buenos días. - Buenos días.
Señor, estoy buscando
a la familia Muscarella.
- Muscarella. - Sí.
Le voy a mostrar la foto de mi abuelo.
Giuseppe Muscarella.
Quiero conocer el pueblo de mi familia.
Vengo de Argentina. Doce mil kilómetros he hecho.
¿Usted sabe dónde está la casa?
- Tome esta calle. - Sí.
Al cruzar la segunda calle, gire a la derecha.
- A la derecha. - Siga derecho.
- Llega a un mirador. - Sí, señor.
Siga un poco por la izquierda.
Enfrente está la casa de la familia Muscarella.
Para reconocerla, la puerta tiene unos cuernos.
¿Hay un cuerno en la puerta?
Sí.
¿Por qué?
No sé qué decirle. No sé.
Bueno. Muchas gracias, señor.
Buenos días, señora. ¿Familia Muscarella?
- ¿Usted quién es? - Yo soy Fabio Muscarella.
El nieto de Giuseppe Muscarella.
Vengo de la Argentina.
-¡El tío Giuseppe! -¡Sí!
¡No lo puedo creer! ¡Qué felicidad!
¡Ana, mirá quién vino! ¡Pase, pase!
¡Pase! Mirá quién vino. ¡Llegó un pariente de América!
-¡Pase, pase! - Permiso.
-¡Bienvenido! -¡Qué placer!
- Gracias. -¡Qué placer!
-¡Un pariente de América! - Bienvenido.
Muchas gracias.
¡Qué alegría! ¡No lo puedo creer!
Traje dos cosas bien argentinas.
Un vino Malbec. Extraordinario.
Y alfajores.
Dulce típico argentino.
Tiene dulce de leche.
-¿Dulce de leche? - Dulce de leche.
- Gracias. No era necesario. -¡No!
- Gracias. - Gracias.
Por favor.
-¿Se dieron cuenta? -¿Eh?
Tiene los mismos ojos que Carmelo.
¿Los ojos?
- Es verdad. - Es verdad.
Son iguales.
Sos un Muscarella ciento por ciento.
Obvio.
¿Y qué pasa con la pasta? ¿Eh?
Tina, ¿qué estás haciendo?
Elisabetta era mi madre.
Era la hermana menor de Giuseppe.
La menor.
Me lo acuerdo como un hombre alto, fuerte,
con el cabello rubio.
Uh... Qué lindo.
Los hermanos Muscarella eran ocho.
Cuatro mujeres y cuatro hombres.
Cuatro hombres.
Él era el más valiente y aventurero.
Por eso se fue a América.
Quería ir a Nueva York.
Pero, no sé cómo,
el barco que tomó lo llevó a Argentina.
Es que millones de italianos
inmigraron para la Argentina.
Yo vi algunas fotos de Argentina.
- Es bellísima. - Muy bella.
Con sus playas con palmeras altas.
El Cristo gigante sobre la colina.
No, ¿qué Cristo? El obelisco.
Siempre soñé con venir para acá.
Y, por una cosa o por otra,
por el trabajo siempre me costó venir.
-¿Se entiende cuando hablo? - Sí.
Nunca podía venir y, bueno,
ahora pude...
cumplir el sueño de conocer
el pueblo... de mi abuelo.
Que fue lo que siempre... me... me...
-¿Puedo ver tu reloj? -¿Te gusta?
-¿Quiere verlo? Sí. -¡Rocco!
- Sí. ¿Puedo probármelo? - No. Todo bien.
Por favor, dejame probarlo.
Ahí está.
¡Rocco! ¡Dame el reloj! ¡Vení acá!
- Rocco. -¡No me hagas levantar, Rocco!
Todo bien. No pasa nada. Ya me lo va a traer.
- Fabio. -¿Sí?
Contame un poco de vos.
¿De qué trabajás en Argentina?
¿De qué trabajo? Yo soy ingeniero.
-¿Qué? - Ingeniero.
Sí. Tengo una empresa constructora.
¿Tenés una empresa de construcción?
Sí.
Se gana bien, ¿verdad?
Mal no me va.
-¿Fabio? -¿Sí?
Quizás puedas ayudarnos.
¿Ayudar?
Necesitamos comprar una silla de ruedas
nueva para Francesca.
Pero eléctrica, ¿entendés?
Porque la que tiene es muy vieja, muy difícil de llevar.
Claro.
Pero no tenemos el dinero para comprar una nueva.
Pobre Francesca. Nació para sufrir.
Tesoro mío, sufre en silencio.
El dinero para la silla le va a cambiar la vida.
- Sí. - Claro. Sí, sí.
La silla nueva...
cuesta mil euros.
¡Opa!
Ahora sos parte de la familia.
Si nos querés ayudar, sería una bendición.
- Una bendición. - Sí.
Bueno, bueno. Si puedo colaborar...
Con mucho gusto. Voy a ver en el hotel...
lo que tengo y les hago una transferencia, lo que pueda.
¿Pero no tenés efectivo?
No, no tengo ese dinero encima.
Fijate en la cartera. Fijate.
- No, no tengo. - Fijate a ver si hay algo.
Fijate.
No, pero es que no tengo ese dinero.
- Fijate. -¡Dale, fijate!
Alguna cosita seguro tenés en efectivo. Fijate.
Seguramente, no.
Porque tengo plata argentina,
y tengo nada más que...
No, pero...
¿Viste que tenés? Tenés 600 euros.
Después fijate si tenés algo más.
Francesca.
Tenés que agradecer porque es pariente tuyo.
"Gracias, Fabio".
Gracias, Fabio.
No, por favor, Francesca. Todo bien.
Es un gusto.
Fabio.
Sos una persona afortunada.
Pudiste hacer dinero.
Y que hayas decidido venir a Sicilia
a descubrir los orígenes de tu familia
es muy importante,
por eso mismo, nos tenés que dar una mano.
Porque vos tenés plata. Nosotros no.
Pero a mí también me cuesta ganar esa plata.
En Sicilia, hay dos cosas muy importantes:
el respeto y el honor.
Y esto lo tenés que tener en cuenta.
¿Entendido?
¿Café?
No, no.
Muchas gracias. Tengo que estar... en el hotel.
¿Puedo ir al baño?
Claro.
Te acompaño. Te muestro dónde está.
Bueno. Gracias.
- Permiso. - Por favor.
Este tiene plata. Atención.
Ey. ¿Qué pasa?
¿Por qué hacés esto? No.
Ayudame a escapar de este pueblo de mierda.
De esta familia de monstruos. No hay futuro aquí.
- Llevame. - Tranquilizate
- Te hago lo que quieras. - No.
-¿Qué estás haciendo? -¡Giulia!
¡Giulia! ¿Qué estás haciendo?
-¡Don Carlo, fue la chiquita! -¡Abrí!
- Andate porque te mata. -¿A dónde?
¡Giulia! ¿Qué estás haciendo?
¡Giulia!
¿Encontró la casa?
Abuelo Giuseppe
y la reputísima madre que te remil parió.
¡La puta que te parió!
¡Hijo de puta!
¡Argentino de mierda!
¿Cómo es, abuela?
Demasiado dulce.
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