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King Vidor presenta El amor nunca muere
Adaptada y dirigida por King Vidor. Fotogrrafía: Max B. du Pont.
Reparto
Una nueva página en la vida de una pequeña ciudad sureña,
Ridgeville.
Entre los justos pobladores de Ridgeville, los nombres de Liz
Trott y de Jane Holder se mencionaban sólo entre susurros.
John Trott creció hasta la madurez en un ambiente centrado sólo en la
ambición de alcanzar el éxito.
Sufriendo por el engaño de que Liz Trott es su verdadera madre.
-- ¡Dame la mitad de los cincuenta que has ganado con ese vendedor de joyas!
¿Te gustaría que él supiese que no eres su verdadera madre?
¡Nos dejaría tan rápido que no tendrías tiempo ni de marearte!
Visitando una lejana ciudad hacia un nuevo tribunal que se debe
construir, John se detiene para pedir un poco de agua en casa de Tillie Whaley
Celebrando la colocación de la primera piedra.
Joel Eperson, admirador de por vida de Tilly.
Esa noche, la fiesta en su honor.
-- ¿Por qué no me dijiste que venía?
-- Papá ha hecho un buen ponche. Vamos a probarlo.
-- Lo siento, Joel, pero yo nunca pensé en ti de esta manera.
-- ¡Aléjate de ella! ¿Entiendes?
Si estás loca por él, ¿por qué viniste conmigo?
-- Justamente le estaba diciendo que no le amaba, cuando llegaste
tú y empezaste a hacer el tonto.
-- Entonces, si no le amas, ¿a quién amas?
-- ¿Aún no lo sabes, tonto?
Y el resultado fue...
-- ¡La señora Cavanaugh es una maravilla!
-- Pero creo que tu madre arregló todo esto.
-- No lo haría aunque supiera que venimos aquí.
La cabaña del placer.
-- Lo sé todo de ti. Te llamas Tilly y te has casado con mi "hermano" John.
-- Y yo también lo sé todo de ti. Te llamas Dora. John me ha hablado de ti.
-- Se llama Sally.
Espero que John no se moleste porque haya venido aquí. De la
manera que habla Liz, se podría pensar que desea cortarnos de su lista.
-- ¿Quién es Liz?
-- Vaya, ¿no lo sabes? Es la madre de John. Todo el mundo la llama Liz.
-- ¿Qué le pasa? ¿No está bien de la cabeza?
-- No lo creas. Ésa no es la razón.
-- Te digo que John Trott debería haber hablado a Tilly de su madre.
-- ¿Por qué? Se aman, ¿no es así? Eso es lo único que importa.
-- Si su padre se enterara de lo de Liz, ¡la mataría!
-- ¡Díos mío! John piensa que el sol se levanta y se pone contigo. Dice
que tú eres bonita, pero yo creo que no lo eres tanto, ¿verdad?
Me gusta el pastel como éste, con vino. ¿Tiene algo alrededor?
No le digas a John lo que te he contado de Liz, o me maldecirá.
-- ¿Te llamó alguien?
-- Sí, una niña muy dulce.
-- ¿Qué te dijo?
-- ¿Qué me podría decir?
-- Bueno, ¡ella habla demasiado!
-- Acabo de saber la verdad sobre John Trott y su madre. Esa infiel
mentirosa. Ella...
Si el Señor me da fuerzas, ¡se lo haré pagar!
Los molinos de los dioses muelen despacio, pero muelen muy bien.
-- ¿Dónde está ese John Trott?
-- ¿Sabías algo acerca de la madre de John Trott antes de casarte?
-- No, padre, no sabía nada. Pero debes entender la posición de John.
-- ¡Lo pondré donde no pueda irrumpir en otro hogar respetable ni
hacer caer en desgracia el nombre de una familia!
¡O vienes ahora conmigo, o le mato!
-- Muy bien, por su salvación me voy contigo, ¡pero nunca podrás
separarnos, nunca!
Dígale a mi marido que mi padre ha venido y que he tenido que irme
con él. Dígale que no venga a casa
-- Bueno, me ha dicho que le dijera que se iba, que lo había retenido
cuanto pudo y que...
Ah, sí, que usted no fuese a su vieja casa.
Una noche de torturas con seres de luengas barbas y luego... el
inevitable amanecer.
-- ¿Qué es lo que haces aquí? ¡Fuera de mi casa!
-- He oído que se ha ido. ¿Puedo quedarme contigo?
-- ¿Tilly no volverá, hermano John?
-- ¿Quieres venir conmigo, hermanita, lejos, muy lejos?
Camino hacia el extraño y nuevo mundo. Para Dora, tenía un toque de misterio;
para John sólo era una sombría agonía, una vida sin recuerdos.
-- Hermano John, me prometiste llevarme al vagón restaurante para cenar.
Mientras, en las montañas una tormenta causa despiadados estragos.
-- ¡Un aguacero! ¡Nos barrerá hacia el cañón!
Horas después, llega un tren de relevo.
-- ¿Busca nombres de las personas muertas?
Añada a la lista John Trott, de Ridgeville, 24 años. Y Dora Boyles, huérfana, unos
ocho, del mismo lugar. Ambos eran buenos amigos míos.
Liz Trott recibe la notificación.
-- ¡Oh, Dios, déjame llorar! Sólo esta vez, ¡déjame llorar!
Un toque de naturaleza nos hace parientes del mundo entero.
-- No hay nadie en casa.
-- Hice un largo camino para ver a la señora Trott. Soy Tilly,
la esposa de John.
-- Oh, ¿pero cómo viene usted aquí? ¡Alguien la podría haber visto!
-- Porque usted es su madre.
-- No debe culparse, querida niña. Yo fui quien arruiné su vida, la de
ustedes dos.
Tras años de persistente, determinado esfuerzo, John Trott había arrancado
de la ciudad un estimable reconocimiento.
Los años también habían cambiado a Dora, pero
las pecas seguían ahí.
"La vieja y dulce canción de amor."
[Texto de partitura ilegible.]
-- Estoy ansiosa por volver a la escuela, pero no soporto la
idea de dejarte aquí solo.
La primavera siguiente. El imborrable recuerdo del pasado, que aún vive en
cada uno de sus pensamientos, le pide regresar a los escenarios
del ayer.
La casa de su madre.
-- ¡Ahora, mira!
-- ¡Madre!
-- ¡John, hijo mío!
-- ¡Ahora mira! ¡Mírame!
[Es el mismo texto que en el minuto 37, 14 segundos. No sé si es un error.]
-- Ese terrible accidente... no lo podía creer. Esperé y recé durante
meses... y luego llegó el niño.
-- ¡Qué loco he sido!
Donde los caminos se cortan.
-- No pierdas nunca la fe. Volveremos a encontrarnos, en algún lugar, de
alguna manera, no sé cuándo.
Consciente de que su presencia, tarde o temprano puede traer la infelicidad,
John decide irse.
-- ¡Sal de la ciudad y rápido!
-- Sé que no debería haber venido y me voy ahora mismo. Le debo mucho a ella.
-- Este tipo de charla no va conmigo. ¡Lárgate, vete hoy de la ciudad,
o te mandaré donde perteneces!
-- ¡Algún día te arrepentirás de esto y te darás cuenta de que
has sido un loco!
-- ¡He mandado a tu enamorado fuera de la ciudad!
-- ¡Eres un cobarde! ¡Ahora nunca podré amarte! ¡Te odio!
-- ¡Ahora ella me odia! ¡Me odia!
Se da cuenta de la desesperanza, de la falta de todo... y llega la
decisión de terminar.
El único medio de transporte para volver al ferrocarril.
-- ¡Mister Joel está loco! ¡Nunca podrá volver contra la corriente!
-- ¿Joel?
-- Sí señor, ¡es mister Joel! ¡Está perdido!
Sin temor a la muerte, para que la única barrera contra su felicidad
pueda vivir. Ningún hombre puede llegar más alto que esto.
-- Me aproveché de ti, John. Le conté al viejo Whaley lo de tu madre
y luego persuadí a Tilly para que se casara conmigo... pero
ella te esperó, John. Éste es mi final.
Subtítulos: Eddie Constanti.
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