All language subtitles for aaa6 Tiernas Primas

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Original subtitles

Me llamo Julián. Tengo 15 años.

Ese soy yo.

Bueno, 14 años y medio.

Mi destino es enamorarme de Julia, mi prima.

Como pueden ver, con lo guapa que es, es inevitable.

Es más hermosa que Venus.

Ya sabéis, la que sale totalmente desnuda de una concha.

Bueno, es mi punto de vista.

Esta es Poon, la hermana de Julia.

Y forzosamente, mi prima.

Es una supermujer.

Puede hablar durante cinco minutos sin respirar y sin que se le note la

sufocación. Es porque me quiere y no me deja ni treinta segundos para mear

contra un árbol.

Esa es mi tía Adele, la madre de mis primas.

Siempre está angustiada con las calorías que la persiguen sin tregua para

hacerla engordar.

Esa es mi hermana Claire, que siempre se está quitando pelos tranquilamente al

sol.

Afortunadamente le vuelven a salir, si no los días se le harían demasiado

largos. Está a punto de casarse con este.

Pasamos, porque no es un sujeto interesante.

Mi madre.

Ella es muy buena cuando no está enfadada porque no tenemos dinero.

Porque el dinero siempre va y viene.

Por eso mi madre acabó cogiendo a dos huéspedes. Un alemán muy culto que huyó

del fascismo, con su hija, y una actriz que escapaba de las habladurías.

Y por fin, mi padre.

Siempre de punta en blanco y perfumado.

De forma que parece que nosotros seamos sus parientes pobres o sus criados.

Y entre el servicio se encuentran el señor Lacroix, el regidor, la señora

Lacroix, su mujer, Matilde, la doncella,

Justine, Madeleine

y Angel, las criadas, Antoine y

Mathieu. Los mozos.

Y el señor Basu, el cartero.

Estamos en verano, en 1939,

y nunca habíamos estado tan tranquilos.

Venga, vamos, muévete. Y no te retrases.

¿Que no me retrase? Sí, eso es.

El desayuno, señora.

Matilde, ven, quiero hablar contigo. Buenos días.

Buenos días, señora. Perdón, señorita.

¿Cómo está? ¿Ha dormido bien? Sí.

¡Oh, qué horror!

¿El qué?

Mussolini en traje de baño. Es horroroso. Parece que le encantan los

¡Cállate! ¿No ves que soy yo?

Buenos días, señoras. Buenos días, señor Bací.

¿Ya ha comido?

Siempre tiene hambre, Rex.

No hay nada para mí.

No, señora Clementine. Hollywood está muy lejos.

El fontanero otra vez.

Para la señora Adele.

Es un canto veteado.

¡Qué maravilla!

¿Es una piedra?

¿Le importaría retirar su bicicleta de mi mermelada? Oh, perdone. Bueno, venga.

Buenos días, señoras. Adiós.

Su bolso, señor Bací.

¿Pero qué lleva dentro?

Piedras. ¿Piedras?

Estoy haciendo un palacio.

Buenos días, querida. Buenos días, Diana. ¿Has desayunado? Sí, sí. Buenos

Bueno, me voy. Tengo unos nervios. Ten mucho cuidado. Va a montar su yegua por

primera vez.

¡Quita, bicho!

Perdona, querido. Pensé que eras el perro. ¿Te he hecho daño? No, no es

¿Dónde están mis pinzas?

¿Me quiere?

No me quiere.

¿Quieres parar? No me enfades. Es pasión.

No te hagas la tonta.

¡Espera!

¡Cuéntame!

Buenos días, Antoine. Buen día para las bofetadas, ¿no? Sí.

Qué cosas más raras, ¿verdad, pequeña?

Escúchate, voy a contar un secreto. Estoy enamorada, pero no se lo digas a

nadie. Lo que hacen falta son hombres de... ¡Ah, estás aquí!

Pero tú te has visto.

Venga, lleva esta bandeja y arréglate un poco, por favor. Tranquila, estaba

ocupada. Sí, con tus cositas.

Parece que Hitler no les quita el apetito, ¿no?

Cuidado, cuidado.

¿Por qué te has quitado los tirantes?

Ah, ya entiendo.

Es por las marcas.

¿Pero qué haces?

Tengo panas. Pues mira, te aguantas. Cuidado con el aceite, hombre.

Toma.

Pero bueno, es que no puedes pensar en otra cosa.

Tengo derecho.

Al menos tendré derecho, ¿no? En Venecia, de acuerdo, como habíamos

El desayuno.

Oh, madre mía, qué desorden.

El orden no es más que apariencia.

Desaparece con el tiempo. Sí, ya.

¿Es todo?

Y es más que suficiente.

Órdenes de la señora Áñez.

Si los huéspedes no pagan...

Incluso la señorita Clementine.

Paga con retraso.

Ha recibido una carta de Berlín.

Gracias. ¿Me guardará el sello? Sí.

¿Por qué no me compras un caballo?

Te lo compro en Venecia.

Así que solo quieres estar con Justine, ¿no? Sí, Justine es como yo. Un amor

libre. ¿Ah, sí?

Pues sí.

Ella es moderna, no como tú.

Y no es idiota.

¿Encima idiota?

Buenos días, Antoine. Buen día para las bofetadas.

Ven aquí, Rex.

Cuidado, Poon.

Pobre animalito. ¿Quieres dejarle en paz? No es un juguete.

Mirad, es Julian.

Por fin. ¡Julian!

Julian, cariño, he disfrazado a Rex de aviador.

¿Has visto?

He crecido siete centímetros. Vale, vale, para. Y tengo todos los dientes.

Buenos días, señora. A Julian le han comprado un... Llego a por aprobar. A mí

nada. Julia. Hola, mamá. Hola, cariño.

¡Qué grande estás y qué guapo!

No te has acordado.

Los besos que suenan, los mejores.

¿Tienes hambre? Sí, sí que tiene hambre. Bueno, pues ve a la cocina porque tu

tía se lo ha comido todo. Hasta el mantel. Ven, vamos, vamos.

Que no crezca más.

He llegado primero.

Buenos días.

Señorito Julián.

Oh, cómo ha crecido.

Tengo hambre. ¿Hay algo de comer? Pues claro que sí.

¿Justine? Sí, estoy arreglando esto. Espera un momento.

Buenos días.

Hola.

Buenos días.

Señorito Julián, buenos días.

¿Un vasito de vino? No, gracias.

¿De dónde vienes?

Tienes la cara hinchada.

¿Yo?

Ah, sí, me he dado contra la puerta de la cuadra. Sí, ya, una puerta con cinco

dedos. Venga, preparaos unas tostadas.

Espabilate, Mathieu.

Pásame la mantequilla, venga.

Venga, sí, espabila, Mathieu. Pásale la mantequilla.

Estamos listas con vosotros dos.

Mira el vestido.

¿Has visto su vestido?

Sí, precioso. Dime una cosa. Mira, mira. ¿Qué son estas protuberancias?

Espabila ya.

Mira, Mathieu.

Venga, ya está bien. Que hay niños delante. Para.

No os preocupéis. Ya lo sabemos.

Bueno, ya ve.

Solo faltas tú para enterarte.

¡Cállate! Y vete a buscar a tu puerta.

¿Las pelotas están en la cesta?

Sí. ¿Tienes la pala? Sí, la tengo.

Perfecto. No tengo pelota.

No, según las reglas del juego, me toca sacar a mí.

Bueno, tranquilo, me estás poniendo nerviosa.

Escucha, corazón.

Oye, el coche está ahí. Cuidado con rayarlo, ¿eh?

Bueno.

¿Empezamos ya? Sí.

¿Lista?

Atención, servicio.

Si quieres jugar, al menos coge la pala. Sí, bueno, ya la tengo, ya.

Espera, tengo algo en la media, me hace daño.

¿Y por qué juegas con medias?

Bueno, tú tampoco te has quitado los pantalones, ¿no?

Bien, ¿cómo íbamos?

15 a 5 ganas tú.

Perrito bueno.

Guapo.

Cinco lobitos tiene la loba.

Cinco... Ah, mira, ahí viene tu hermana.

Oh, Julian, ¿has visto cómo juego al ping -pong?

Y mis cremas, no las habrás olvidado, ¿no? ¿Has visto a mamá? Te lo suplico,

déjala expulsividad para luego.

Bueno, no hay por qué ponerse así, ¿no? Muy graciosa, de verdad, muy graciosa.

Hola, ¿no me das un abrazo? Calla, no les desconcentres.

Bien.

¿Lo has entendido?

Sí. Primero, la mano izquierda. ¿Lleva sujetador?

Evidentemente. ¿Ágil?

Yo ya me afeito.

Me va a doler.

Segundo, la rodilla izquierda. ¿Has recibido mis cartas?

Con armonía. Tus cartas.

Dirás tus novelas. Esto nos da el tiempo. Un, dos. Un, dos. Un, dos.

Venga, dale ya.

Tercero, abrimos el pecho.

¿Y nuestros rostrales? ¿Has visto cómo están? Abierto.

Respiramos.

Separamos las piernas. Te he traído una cosa.

La mano izquierda.

Gracias.

Fuera. Oh, qué bien.

Ya me he roto una uña. No, escucha, bebé. Es la estética o el deporte.

que elegir.

Bueno, la verdad es que ya he elegido.

Me largo.

Adiós.

Oh, no. No es el momento.

Venga, vete a buscar la piedra.

Julián, siempre el último.

Muchas gracias por las cremas que has traído. ¡Que se vaya el perro! ¡Que se

vaya el perro!

Hoy, 5 de julio de 1939,

después de varios años de investigación, creo que he aislado el alma.

Es maravilloso.

¿Iba a venderla?

Pero, Charles, ¿a quién? ¿Al diablo?

¿Quién es aquella?

Es la hija del profesor.

No lo gusten los chicos.

Cuidado con ella.

¿Qué es esto?

Una navaja suiza.

¿Una navaja suiza? Es para ti.

Muy amable, gracias.

¿Y a qué se parece el alma?

Es muy volátil.

¿Muy volátil?

¡Ya va, ya va!

¡Qué asusto me has dado!

Para, me voy a poner perdida.

Dime, ¿qué van a comer esos mamarrachos? ¿Lo has probado?

Déjame probar a mí también.

Va a venir Justin.

Sabe mucho mejor en ti.

Suéltame.

La señora se va a enfadar.

¿Y entonces qué podemos hacer?

Pues no está de muy buen humor. No me extraña. No está el señor para

Cuidado con el pollo. ¿Y Fugueras Labriñol?

Laberñol. Ah, sí, Labriñol.

¿Todavía nada?

No. Pero me he acostumbrado a él. Son muchos años.

¿Es su marina?

No, es su agente.

Parece que es su amante.

¿Saben lo que es un amante?

¿Va a rodar una película?

En la mesa no se habla.

Déjenle. Sí, sobre Ana Karenina.

¿Y habrá leones? No.

¿Pero qué pasa aquí?

El pollo.

Os parecerá bonito.

Como los perros.

Tú, semental, vuelve a la cuadra. Ya hablaremos después.

¿Y esto qué es?

El pollo.

Pues recógelo.

Tápate.

No es culpa mía. Te salen todos.

Vamos, ven, que te lo abrocho.

A ver.

Claro, le falta un botón. Venga.

¿Y el pollo qué?

Bebé. Enséñale la sortija a la señora.

Señora, usted que entiende de joyas.

Menos mal.

¡Oh, qué pequeñita!

Es una inversión.

Encantadora.

Mi padre es el único hombre que encuentra diamantes en el fondo de las

¿Es un taneto?

El padre Bechars ha hecho una fortuna con los cuartos de baño. Mi mujer

las joyas. ¿Te acuerdas de tu madre?

Sí, una gran puta.

¿Me devuelves la sortija, por favor?

Este pollo traía un hilo en el muslo.

¿Te acuerdas cuando íbamos al río de pequeños? Falta mucho.

¡Esperadme!

Mi bici no va muy bien.

¡Esperadme, tengo que hacer pipí!

¡Qué poca solidaridad!

Vamos a parar aquí.

Al menos con mi yegua no tengo que pedalear.

Me he manchado.

Nunca estés contenta.

¡Charles! ¡Charles!

¿Qué pasa, Bartali?

¿Una avería?

Con este cacharro no avanzamos.

Bueno, me da espera.

Sube. Gracias.

Encárgate tú de mi bicicleta.

¿Qué estás haciendo, Puin?

Espera, estoy buscando.

¿Qué?

Dime, ¿eso no es una navaja, quizá?

Bueno, un poco.

¿De dónde la has sacado?

Pues lo típico, la he cambiado.

¿Por qué?

Es un secreto.

¿De quién?

Bueno, es algo de Charles.

¿No te has dado cuenta de que cuando le gusta a alguien hace... ¿Estás segura?

Se le paraliza la boca.

Oh, para, me haces costillas.

Diecinueve. Veinte.

¿Te has puesto colorete en las mejillas? ¿Y de dónde lo he sacado?

Pues de Claire.

Después te contaré una cosa horrible de Charles.

Sí, ¿qué cosa?

Venga, vamos.

Invítala a bailar. Yo no sé bailar.

Ella tampoco.

Venga.

No sé bailar.

Yo sí quiero.

Pues sí que bailas bien.

Como en las películas.

¿Te han enseñado los curas?

Es la última botella.

El alcalde espera afuera y quiere veros a toda costa.

Que vuelva mañana, que estará el señor. Es que insiste.

Bueno, ya voy.

Dejadme un poco de champán porque seguro que me va a hacer falta.

Espera, tengo...

¿Es de este ritmo?

84.

¿Bailas? No sabe.

Con más razón.

¿Vamos?

Ya está, ya me he cansado. ¿Ahora que me estaba saliendo?

El alcalde.

Nos reclama unas sumas desorbitadas y todo por el agua.

Ay, el Frente Popular, qué mentalidad. Tenga, profesor. Está muy bueno.

¿Cómo no? Está tibio.

¿Y vuestro hipo? Muy bien.

Perdón.

5 de julio de 1939.

He bailado con él.

Al sentir su aliento contra mi piel casi me vuelvo loca.

Creo que me ama.

Pero no estoy segura.

Hemos de ser fuertes.

Mi primo Julián me da un poco de pena.

El pobre.

Si él también pudiese conocer a su verdadero amor se transformaría.

Dios mío, todo esto es muy complicado.

Aquí está.

Un alma.

¡Qué fría!

¿Quién es?

¡Soy yo!

Ahora no.

¡Es urgente!

Pasa.

Bueno, ¿qué quieres?

Tenemos que hablar.

¿Tú crees que es el momento?

Gracias. Déjanos, por favor.

Te escucho.

No puedo soportar suscribirte con ese tipo.

Estáis haciendo el ridículo.

¿De qué hablas?

Lo sabes muy bien.

Cierra los ojos.

¿Qué?

Cierra los ojos para que me aclare.

¿Y bien?

Hitler, ¿has pensado en ella?

¿Te importa frotarme la espalda?

Y una mierda.

Me aburro.

Esto no es vida.

¿No quieres jugar a alguna cosa?

Cállate, estoy pensando.

Mira, si quieres mi opinión, no tienes razón.

Fíjate en Charles.

Él no piensa y consigue lo que quiere.

¿Qué es eso?

¡Julian!

Julián, ven a ver.

No hagas ruido y ven.

Julián, ven a ver.

Mira, ven.

Rápido, vamos. No te arrepentirás.

¿Qué impresión te da ver a una mujer totalmente desnuda?

¡Socorro! ¡Auxilio!

Vamos, no nos lo podemos perder.

¡Socorro!

¡Ayúdeme!

¡Me ahogo!

¡Ayúdeme!

Vamos, tranquilo.

Eso es.

Venga, tú me sentís.

Eso es.

A ver.

Arriba, abajo.

Arriba, abajo.

Arriba, abajo.

Arriba, abajo.

Arriba, abajo.

¿Qué

hacemos

ahora? ¿Por qué paramos?

Para que se enfríe el motor.

¿Y si nos bañamos?

No puedo, no tengo bañador. Yo tampoco.

Vamos. Espera.

Quiero conducir.

Bueno, ponte en mi sitio.

Bueno, pongo el motor en marcha. No, no, no, espera.

Verás, este pedal de aquí es para acelerar.

Y luego, este de aquí, este, el de la derecha, para frenar.

Tienes las manos frías.

Mira, no estés tan rígida.

Relájate un poco.

¡Oh, las llaves!

¿Qué pasa con las llaves?

Se me han caído.

¿Dónde? Por allí. ¿Dónde? ¿Dónde?

¿Dónde? Allí, allí.

¿Dónde? Voy a hacer un ramo. ¿Dónde?

Dios mío.

Está muy duro.

Vaya.

Empuja. Yo te ayudaré.

Voy a buscar las llaves.

¡Mierda! Me he cortado.

¿Te hace daño?

Déjame ver.

Ayúdame. Venga.

No me dejes aquí. Ven, ven, ven. Así.

Déjame, me vas a tirar.

Aparta las manos.

Pero si ya eres muy grande.

Es porque tú estás de rodillas.

Levántate, levántate.

Estoy bien así.

Déjame.

Te has manchado el vestido.

Vamos a bañarnos.

Déjame.

Una avispa. ¿Qué? ¿Dónde? Me ha picado una avispa. ¿Qué ha pasado? Me ha picado

en la pierna. ¿Dónde? No, en el pie.

¿En tus pies? ¿Qué pies? Las llaves. Estoy viendo las llaves.

¿Dónde?

¿Allí? ¿Dónde?

Señor, me ha parecido ver que llevaba marcas de Carmín.

Gracias, Lacroix.

Mira, ahí está papá.

¡Oh, no!

¡Ah! ¡Mi papaito querido!

No te habrás olvidado de mi traje de novia, ¿verdad? Pues claro que no, claro

que no.

¿Y cómo es? ¿Cómo es? ¡Mira qué bien! Con encaje por todas partes.

¡Mira qué bien!

Y llevará cintas, ¿no? ¿Estás seguro? Pues claro que sí.

¡Oh! Hola, Mathieu. Hola, señor.

No, espera, espera.

Llévalo con cuidado.

Espera, ten, Mathieu.

Es para ti.

Gracias, señor.

Bueno, venga, vamos.

Charles, no mires, que trae mala suerte. Mirar, bastante tengo con esto.

Me encanta este silencio.

Cierra, Edward, por favor, o entrarán bichos.

Allí en el escritorio hay tres cartas.

De vencimiento.

Mañana.

Mañana.

Mañana hablarás con el profesor. Mañana hablarás con Clementín.

Me deben tres meses.

Por cierto, ¿y su agente? Se esfumó.

Y ha venido el alcalde.

Quería hablar contigo.

¿Cómo vas a pagar todo esto?

Mi barco es muy pequeño.

Y el mar es inmenso.

Ahora tienes un barco.

Por cierto, gracias.

Qué delicadeza. Igual que la del mozo de cuadra.

Antes te gustaban los artistas.

Tienes razón.

Así entran los bichos.

Puede que desde tu barco no se vea.

Pero tienes una familia.

Y un hijo al que le espera una pubertad triste.

Ay, estaría bien que hablases un poco con él.

¿Te acuerdas de que vas a casar a tu hija?

Eres tú la que la va a casar.

Con un retrete.

Pase, por favor.

Ay, no se quede ahí. Me intimida.

No puedo dormir.

¿Qué es eso?

Mis primeras almas.

¿Las rosas son de chicas?

El color es aleatorio.

Las almas no tienen sexo.

¿Dónde las ha encontrado?

Cuando alguien muere, yo las recojo.

Esta de aquí tiene 20 días.

¿Y qué hace con ellas?

Las observo y después las vuelvo a soltar. No me pertenecen.

Están por ahí, pagan.

¿Como el amor?

¿Como el amor?

¿Sois desgraciado, jovencito?

Eso es bueno de vez en cuando.

Demasiada felicidad idiotiza.

Mire, yo enseñaba en la universidad.

Tenía una casa, una esposa.

Ay, el sol.

Es casi como en Italia.

Allí hice una película de época.

Florencia, Siena, Capri. ¿Y espaguetis?

Mussolini. A Gustave le gustaba la mermelada de Venecia.

No tiene ni comparación con la de Caneleto.

¿Ahora comes flores?

Hablando de tu Gustave.

No podía entrar en un casino sin perder hasta la camisa. Sí, pero era muy dulce.

Una pena que muriese tan pronto.

¿Dónde está Miguel?

Con el caballo.

Menuda idea que has tenido.

Estás sin blanca y le regalas un caballo. Una yeguita por acabar el

bachillerato. Tú le has buscado un marido a tu hija para arreglar el

Charles, ¿dónde estás?

Estoy aquí, bebé. ¿Pero qué estás haciendo?

Estaba pensando en tus pechos.

Pues piensa en otra cosa.

Es peor.

¿Piensas en ella?

¿En quién?

Oh, lo sabes muy bien.

¿En la niña?

Pensabas tú.

Eres un mentiroso.

Me gustaría entrar en tu cerebro para hacer una limpieza.

Mira, es tal.

¡Eh! ¡Niños, idos a paseo! Estamos en nuestra casa.

Ven, tengo una idea en las ovejas.

Ven, ven, ovejita.

¿Pero qué haces ahí arriba? Baja de una vez, baja.

Oh, vaya, me encanta cuando estás así.

Querido.

¿Estás dormido?

¿Quieres que te cuente lo que haremos en Venecia?

Cierra los ojos.

¿Sientes mi calor?

Si prometes no aprovecharte, te dejaré.

¡Sal! ¡Una oveja te está robando el cote!

¿Se puede?

Si quieres.

Mi pobre señorita Julian.

Otra vez castigado.

No es propio de César hacer esas cosas.

Sí, ya, pero no lo hice yo solo.

Pues sí que está bien su cama.

Comparada con la mía.

¿Me puedo poner a su lado?

Sí.

Estoy cansadísima.

No se asuste. No me lo voy a comer.

¿Ya ha besado alguna chica?

Pues claro que sí.

¿En la boca?

Dos veces.

¿Y le ha dicho cosas bonitas?

Pues... pues sí.

¿No quiere besarme a mí?

Sí.

Pero no ha dicho nada.

¿No ha aprendido ningún poema en el colegio?

Nevaba.

Su ejército nos había sometido.

Por primera vez el águila la cabeza bajaba.

Día fatídico.

Esperen, voy a ponerme cómoda.

El emperador avanzaba lentamente.

El emperador avanzaba lentamente.

Dejando tras de sí.

Dejando tras de sí.

Moscú en llamas.

Dejaba arder Moscú en llamas.

¿Y qué cree usted que hacen en Polonia?

¿Por qué no en Bélgica? Ella sabe que con él todo es posible.

¿Pero qué le pasa?

Nada, echa de menos la puña, Julián.

Profesor, ¿cree que los perros tienen alma?

Es muy probable.

Vaya, muy bonito, ¿eh? Bueno.

Rex.

Escucha, ¿no han tenido ya suficiente castigo?

¿Se ha dañado mucho tu coche?

No, no.

No, no.

Sí.

Además, fueron las ovejas. No ha sido tan grave. Voy.

¿No te sabes otro?

¿Sabes latín?

Caray, que estoy de vacaciones.

Si te vies de Antoine.

No sé qué te haría.

Tendría gracia.

Pero bueno, ¿qué le estás haciendo?

¿No tienes hambre?

¿Quieres?

Mamá está muy enfadada.

Se le pasará.

Matilde Seba se vuelve a casa.

Pero le he dado la dirección de un amigo en París.

No ha sido culpa mía.

Ha sido una cosa de dos personas.

Cuando se empieza a fumar, no se puede quemar a los demás.

En todo caso, la próxima vez intenta que no te cojan.

Oye, ¿a qué hora os habéis marchado?

A las seis.

Aquí está la nueva.

¡Qué jovencita!

Deja tu maleta, ya la cogerás después.

Enséñale su habitación.

Sí.

Aquí se empieza a las seis de la mañana. Dos comidas al día, carne tres veces a

la semana y libras un domingo de cada cuatro para ir a ver a tu madre.

No tengo.

Y en Navidad un regalito de los señores. Sí, y que el niño Jesús nos bendiga. ¡A

callar!

Anda, ven.

Siéntate. ¿Tienes hambre? Un poco.

A ver, ¿cómo te llamas?

Añez. ¿Cómo?

Añez. Pues hay que cambiarlo, porque aquí Añez es la señora.

Sí, es un fastidio.

Entonces, ¿cómo la llamamos?

Madeleine es bonito, ¿no?

Sí, sí, precioso.

Pues brindemos por Madeleine, así te bautizamos, ¿no?

Venga, bebe esto, preciosa.

Ya verás, aquí te irá bien.

Déjala, que no todo el monte es orégano.

Es mi prometido.

¿Y el patrón? No te preocupes, no te morderá.

Aquí es la que manda, es la señora.

Es la que maneja el dinero. ¿Tiene mucho?

No, pero tiene la casa y van tirando de los arrendamientos.

No habléis tanto, dejadla que vea ella.

Es que... Esta gente tiene dos manos izquierdas, así que... Dile cuáles serán

sus tareas. Sí.

Bueno, la carta ya está lista.

Escucha.

Amada madre, estoy bien. No me falta comida y también

duermo bien. Espero que la presente te encuentre con buena salud.

Firmado Mathieu. ¿Le puedo mandar un beso, no? Si quieres.

Es una buena casa.

Conozco a la señora.

¿Has visto mi coche?

¡Julian! ¿Qué pasa?

Tenemos que hablar.

La nueva acaba de llegar y Tal ya le anda detrás.

Están juntos y todo.

¿Pero qué estás diciendo?

La persigue y ya te lo he dicho.

¿Estás segura? Claro, lo he oído todo.

Bueno, vamos, ven conmigo.

Corre. ¿Le escribes a Julia?

Es para quedar con ella.

Cuando cante el gallo.

¿Pero por qué firmas tal?

Llévaselo a Julia.

Y no llames la atención. Venga.

Otra vez con esas cosas del amor.

Charles, ¿estás ahí?

Charles.

Señor Charles.

Señor Charles.

¿Está aquí?

Estoy aquí, señor.

Has venido.

¿Por qué tiemblas?

No iré a hacer una tontería. No, no, no. No tengas miedo.

Ven, ven.

Acércate. Sí, acércate.

No, por favor. Sí, sí, sí.

Se lo suplico, señor Charles.

No.

No, señor Sals. Se lo ruego.

No.

No,

señor Sals.

No.

Por favor.

¡Cerdo! ¡Cerdo!

¡Cerdo!

Ni siquiera ha venido a comer. La has buscado bien.

Sí, claro que sí. ¿Has ido a mirar al granero? No, iré ahora mismo. Su yegua

está en la cuadra. Pero bueno.

¡Yulia! ¡Yulia!

¡Yulia!

¡Yulia! ¿Has visto a Yulia? Me duele la cabeza.

Nadie tiene una... ¡Yulia!

Señorita Julia.

Soy yo, abre.

Vete a la cama, tengo miedo de la tormenta.

Pues por eso, abre.

Te repito que te vayas a la cama.

Yo no entiendo.

Soy yo.

Como sé que tienes miedo a la tormenta... No, lárgate.

Estoy durmiendo.

¡Madeleine!

¡Madeleine!

¡Madeleine!

Esta está sorda.

Duele, ¿verdad?

¿Cuántos años tienes?

Mañana cumplo 16.

16 años. Eso no es nada.

¿No te había pasado antes?

Nunca, sí.

Solo has empezado.

Todo empieza por algo pequeño, ¿sabes?

Y después ya no hay quien lo pare.

Y no se puede hacer nada.

Siempre se puede soñar.

Ten.

Como es tu cumpleaños, te lo regalo.

Son verdaderas.

¿Verdaderas? ¿Falsas? ¿Qué más da?

Hoy la he armado buena.

He ayudado a mi prima Julia a deshacerse del imbécil de Charles.

Pero ahora ella está triste.

Si no quisiese tanto a esa idiota... La naturaleza es imperfecta. Yo tengo los

sentimientos, pero no la edad. Y ella ya es mayor, pero no tiene sentimientos.

Feliz cumpleaños. Adiós.

Feliz cumpleaños, señorita. Gracias.

Te estás haciendo mayor.

No mucho más rápido que tú.

Te va a doler la barriga.

¿Tú crees?

Bebé, ¿qué quieres?

Quiero un zumo de naranja. Un zumo de naranja. ¿Un qué? Frío.

Zumo de naranja frío. ¿Frío? ¿En tostado?

Un zumo de naranja.

No, eso es limonada. ¿No sabes lo que es una naranja?

Idiota.

Hoy no tiene, no tiene un buen día.

Sí, muy contenta, sí.

No porque te mancharás el vestido. Son huevos frescos. ¿Aposamos?

Sí. Para mí.

Para mí.

Tendrás que tener cuidado al caminar. Hay que subirle el vestido.

Otro alfiler, por favor.

¿Así está bien?

Baja el cuello.

Te falta un botón.

¿Está la princesa?

Sí, ya está.

Profesor, ¿qué está haciendo aquí? No mire fuera. Vamos.

Un momento, no estoy lista. ¿Quién es este joven tan apuesto?

Es Casanova. Tiene muy mala reputación.

Daos prisa, la gente se impacienta.

No voy a poder. Ahora no pienses en eso.

Bueno, bueno.

Esta fiesta es en honor de nuestra querida Julia, que hoy cumple 16 años.

Tenemos la suerte y el honor de escuchar a la señorita Clementine Graval en

algunas de las escenas de Fantasio, de Alfred de Michel.

Pareces la reina de España.

¿De dónde ha salido esta maravilla? Es un regalo de Clementine. Entonces seguro

que es falso. ¿Por qué?

¿Qué te pasa?

Me duele la barriga. ¿Y esto qué es?

Es huevo.

Hoy nos falta la puesta de sol.

Esta tarde la naturaleza es lastimosa. ¡Qué buen tabaco! ¡Qué buena cerveza!

¡Qué buen tabaco! ¡Qué buena cerveza!

Debo aburrirte, Spark.

No, ¿por qué?

No, ¿por qué?

¿Qué están diciendo?

No entiendo nada.

Es la soledad que nos consume a todos.

Pues bebe y despreocúpate en lugar de enterrar la cabeza.

¡Bien dicho!

¡Silencio! ¡Ya está bien!

Que ser miserable es el hombre que no puede saltar por una ventana sin

una pierna. Y que está condenado a... Es el ángel de la muerte que camina entre

nosotros.

¿No va a ver la obra?

Bueno, yo... El teatro no es lo mío.

Trae un poco de sidra.

¿Cuántos años tienes?

Cumplo 17 en invierno.

¿Quieres? No, gracias.

Pero acércate.

Ponte aquí.

Sí. No te voy a... ¡Bravo!

¿Has visto qué bien ha estado, Julian?

Así.

Es la escena de Fantasio y la Princesa. ¡Venga, sal!

Te digo que te toca. Vamos.

Pero si es Mathieu. ¡Eh, Mathieu!

Mañana o pasado mañana habréis de partir a Mantoux con vuestro vestido de novia.

¿Por qué creéis que quiero haceros daño? No tengo motivos para desear vuestra

muerte.

Pero si se diese el caso... Pero si perdiese el paso, yo...

Recorremos lo que paseamos.

A ese sí que le entiendo.

Silencio.

Debo rogaros que os vayáis.

¿Yo?

Es el ángel de la muerte.

Cállate. Venga, vamos.

Te he engañado, pero no sabes cómo.

¿Cómo lo vas a saber?

Con ella.

No, no es cierto.

Sí que es verdad, díselo.

Venga, vámonos.

Pero pégame, venga.

¿Tiene la intención de confiarme en sus problemas?

Señora, ¿qué pasa ahora? El alcalde.

Ha venido el alcalde.

No me mande allí, se lo suplico.

Aquí estoy mucho mejor.

Mire, ahí tiene a la gobernante.

que viene con los bolsillos llenos de misterios.

Digo, bueno.

¿Le parece bonito? Señora, no piense que... Me da igual, amigo mío. Gracias,

señora. Escuche, ha venido el alcalde y tenemos muchos invitados. Así que me lo

va a poner fuera ahora mismo. Sí, señora.

Tengo que ir a buscar las tijeras. No te muevas y cálmate, ¿sí?

Bravo.

No tienes que felicitarme a mí, sino a ella.

¿A mí?

Enhorabuena.

Madre.

Has estado muy bien. Gracias, señor. Te felicito.

Gracias. Es que no estoy acostumbrado a esto.

Podrías llegar muy lejos si quisieras. ¿A dónde?

Ya te lo explicaré.

Te espero en el jardín.

Julia. Julia, ¿me puedes hacer un favor?

¿Qué?

Oh, no. No puedo.

Es un regalo. Pero no ves que es falso. ¿Y qué?

Pues me lo das igual. No.

Tenga.

Una joya de la familia.

Pero, señora, esto es demasiado.

No, no, quédeselo.

Nos lo regaló una reina.

Vamos. Venga.

Venga, mamá. Ya no estoy para esto.

Si eres pobre.

Venga, ven.

Vamos, mamá.

¿Estás bien, mamá?

Sí, muy bien.

¿Qué te pasa?

Nada. Es por el baile.

Venga.

Ve, ve a divertirte.

Les odias a todos, ¿verdad?

Te gustaría que estuviesen muertos.

¿Y usted cómo lo sabe?

Para mí no es difícil.

A tu edad se desconocen los matices.

La piedad viene más tarde.

Jamás, nunca jamás seré como ellos.

Preferiría ser un monstruo.

Si usted atrapase mi alma, vería que es negra.

No, aún es pronto para eso.

Vuestra alma es transparente como el agua clara y ligera.

Muy ligera.

Eh, perdón.

¿Habéis visto a Mathieu?

No.

¿Conoces la leyenda de Treta?

Pues no.

Ven.

Es una historia de amor preciosa.

¿Te gustan las historias de amor?

No lo sé muy bien, señorita.

Llámame Tristan.

Se te ha corrido el rimel. Es que he sudado muchísimo.

El teatro no es lo mío.

Estoy segura de que tu boca sabe a fruta.

¿Suspiras?

Es el sujetador, señora Tristan.

¡Rápido, rápido!

¿Por qué se van?

La guerra. ¿Cómo? La guerra.

La guerra.

Etua.

¿Estás al corriente?

Sí.

¿Qué le ha ocurrido a Clementín?

Se ha desmayado.

¿Va a volver usted a Alemania?

¿Para qué?

Pues para luchar contra nosotros.

¿Yo?

Ya no tengo edad para esas tonterías.

Yo tampoco.

Entonces, los dos tenemos suerte.

¿Suerte? Así, ya lo verás.

Morir de viejo por la patria es muy dulce.

Parece que ha llegado el momento.

Bueno, pues... Adiós.

No os faltará de nada.

Procuro levantarte a tiempo.

Adiós.

Venga, adentro, adentro, a trabajar.

No te vayas a hacer el héroe.

Te prometo que seré un cobarde.

Cuidado, señorita.

No, deje, deje, es personal.

Puede volver a la cocina, gracias.

Estoy preocupada, lo sabes, ¿no?

Y por favor, no te fíes de los alemanes. Claro que no, bebé.

A ver tú.

Sé buena con tu madre y con tu hermana, ¿eh?

Siempre los hay.

Espera, he olvidado una cosa.

Sé bueno tú también. ¿Vas a ver a Hitler?

Puede que sí.

Coge un caramelo.

Adiós, Edward.

Ahora tú eres el hombre.

¿A qué estamos esperando?

¡Esperadme!

Eso les va a hacer perder la guerra.

Toma. Te lo doy para que siempre te dé suerte.

Esto es por si llega a Berlín.

Tiene la dirección debajo.

Charles, venga, date prisa. Siempre hay que esperarte.

Sí.

No lo pierdas.

Chicos, aquí tenemos al primer muerto de la guerra.

Bueno, ¿lo metemos? Sí, vamos allá.

Póngase la camisa, señorito Julian, que no estamos en la playa y le puede dar un

golpe de calor.

Se me caen las enaguas.

¿Y eso?

Venga, Angel, espabilate un poco.

No estoy acostumbrada, señora.

¡Pon! ¡Pon!

¡Pon!

¿Qué estás haciendo?

Estaba a punto de ordeñar la vaca.

Pero no se deja.

Mala suerte.

Venga, a hacer los deberes. Ya no tengo deberes. ¿Cómo?

Todos los maestros han ido a verlo. Bueno, eso habrá que verlo. Venga,

¿Puedo ayudar?

Sí, pero cuidado.

Deles de comer a las gallinas. El cubo del maíz está en la ventana.

Si me permiten.

¿Faltaría más?

¿Dónde está Matié? En el bosque. Ha pasado buena noche.

¿Cómo que?

Trae. Te diré cómo hay que hacer.

Frutti, es una cura con todo mi cariño.

Es guapa mi Justine, ¿eh?

Me aburro aquí arriba yo sola.

¿Dónde está Eliselot? No lo sé. No penséis que esto es una partida de gol.

Julian, ¿vienes a pasear conmigo?

Ahora no, no hemos terminado. Y aún falta mucho para acabar.

Sé que empieza bien la guerra.

Nos queda todo este heno aún.

¿Sí?

Señora Lacroix, soy Julian.

Mi madre me ha dicho que suba.

Me ha dado mucho el sol.

Ya te decía yo que era mejor que no te quitases la camisa. Venga, túmate allí.

Y quítate la camisa.

Es lo que les ponemos a las vacas cuando les duelen las rubles.

Está un poco frío, pero te lo daré despacio.

¿Es usted?

Sí, el día de nuestra boda.

Parece que fue ayer.

¿Y ese es el señor Lacroix? No, es nuestro hijo.

No sabía que tuviese un hijo.

Ya no lo tenemos.

¿Has visto el sombrero que llevaba el señor Lacroix?

Era el único que tenía.

Yo tampoco tenía mucho más que ponerme.

Había llovido y teníamos los pies empapados.

Nunca he estornudado tanto como en mi noche de bodas.

¿Estás mejor?

Había un violinista.

El señor Lacroix no se quitaba el sombrero, estaba bailando.

Y yo le dije, entonces nos tratábamos de usted. Yo le dije, con ese sombrero

parece usted un melón.

Se puso colorado, pero no se lo quitó.

Y yo estaba segura de que dormiría con él.

Se desnudó.

En la habitación se notaba la humedad.

Tienes una piel muy suave.

Señoras, estoy molido.

He estado todo el día detrás de las gallinas.

¿Qué noticias tenemos?

La ofensiva es inminente.

El general Gamel, que te envía saludos, me ha presentado un ordenado.

Es un hombre joven con una buena educación, como yo.

Hablamos del país.

Hablarás. ¿Y sus almas, profesor?

¿Qué opinan de la guerra?

Me tienen preocupado. Se están desinflando.

Querida mía, aquí la vida es terrible.

Pasamos hambre y frío, pero tenemos buenos gorros.

Mis hombres confían plenamente en mí y me obedecen sin rechistar al momento.

Espero que estés orgullosa.

Mi bebé.

Tuyo siempre.

El pobre Charles me da pena.

Es muy torpe con sus hombres y se burlan de él.

Sufre una inocentada tras otra.

Pero no se lo comentes a Claire.

¿Y a dónde iría, profesor?

Puede que a América.

Aún quiero ver muchas cosas.

Aunque a mi edad es ridículo.

Oh, no.

Pero es demasiado tarde para disfrutar.

¡Has perdido!

¿Qué hay de sus proyectos?

Supongo que tendré que esperar a que acabe la guerra.

Pero apenas acaba de empezar.

¿No ha pensado en volver a América?

¿Por qué no?

En todo caso, se va la semana que viene, ¿verdad?

¿Por qué?

He alquilado su habitación.

¿Estabas ahí?

Pero bueno, ¿qué estás haciendo?

Pareces el niño Jesús.

Me he quedado dormido.

Parece que el trabajo no está hecho para ti.

Mi espalda. Me duele todo.

En el colegio no se trabaja el músculo, ¿verdad? Hay mucho que hacer.

A mí con el tiempo ya no me duele.

Toca aquí.

No tengas miedo.

Dale fuerte.

Te voy a hacer daño.

Tranquilo, no pasa nada.

Venga.

No, deja.

Me da dolor.

Por ahí es mucho más blando.

Eres para otra cosa.

No tienes vergüenza.

No me hace daño.

Los botones están apretados, ¿verdad?

Sobre todo los de atrás.

Desnúdame. ¿Qué?

Desnúdame.

Haz lo que quieras.

Pero no te quedes así.

¿Te importa darte la vuelta?

¿Por qué?

¿Te da vergüenza?

Un poco.

Pero date prisa, ¿eh?

Espera.

Pues sí que eres rápido.

Realmente rápido.

¿Te has enfadado?

No mucho.

Pero en el futuro procuro ser menos emotivo, señorita Julia.

Madre mía, la que está cayendo. No me hables.

Me paso el día limpiando los cristales.

Anda, ponle un poco de azúcar para que suba, que tengo que deciroslo todo.

Las últimas de la temporada y aún no tenemos noticias de nuestros hombres.

Me estoy empezando a preocupar.

Es orujo.

Levanta el ánimo.

¿Esa flor es para él?

Sí. El señorito Julian es muy delicado. Es cierto que es delicado.

¿Le habéis tocado la piel?

Aún es pequeño.

Cambiará.

No, no. Hoy me toca a mí.

Mírala.

Pues claro, se ha puesto guapa.

Anda, vete a buscarme un plato.

5 y 2, 7, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7. Ese es mío, dame 26 .000.

Bueno, tienes muchas deudas, sin embargo.

Venga, te toca.

7, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7.

Avenida de Neji, ¡guau!

¿Estás loco?

Sí, un poco.

No.

Anda.

Venga.

Bueno, de acuerdo.

Anda, ven.

No. Que sí.

6 y 2, 8.

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8. Avenida Mozart, 18 .500.

Eso hacen 40 .000. No tiene suficiente, así que me lo quedo todo.

1 y 1, 2.

¡Guau, qué suerte!

Haced todas las reparaciones en vuestras casas.

Sí. Bueno, venga, te toca.

Va, tira.

Cuatro y dos, seis.

Tuya.

¿Pero qué le pasa?

¡Qué mal perder!

¿Y eso por qué?

Pequeño asqueroso.

No te escribiré.

Entre nosotras no merece la pena.

Pero no pongas esa cara. No me voy a la guerra. Estoy segura de que volveré.

¡Pum!

Adiós.

Escríbele a tu tía Añez, ¿eh?

Adiós.

Adiós.

Adiós.

¿Te acompaño a la estación?

Pero ¿por dónde está Boone?

Que haga lo que quiera, no se lo voy a impedir.

¿Por qué me tratas así?

Yo te quiero mucho.

No me hables de amor, ¿me oyes? A mí no.

Estoy loca.

¡Adiós!

¿Para qué es esto?

Lo has encontrado.

Es para hacer gimnasia.

Clementine.

He tomado una decisión importante.

¿Y bien?

Me voy con usted. Está decidido.

¿Le parece bien?

Le escribiré a mi madre al llegar para explicárselo.

¿Cuándo lleguemos a dónde?

A donde vayamos.

Tengo un ajuar.

Me lo llevaré.

Ya verá. He pensado en todo.

Ya me da la impresión.

No se burle de mí.

Soy muy desgraciada.

Ya verá que no le causaré molestias.

Sería yo la que te las causaría.

Estoy enferma.

Acabada.

Y además, ya no me queda dinero.

La miseria no me asusta.

¿Por qué no la conoces?

La miseria para ti es una cuadra vacía o un vestido viejo.

Pero la realidad es diferente.

Mira.

Mira esta foto.

Esa es usted.

La reconozco.

Era yo.

Y a él las mujeres le robaban piezas del coche. Murió en la miseria.

Era muy divertido.

Cuando yo estaba triste, imitaba a los cerdos.

Era alcohólico y estaba medio loco.

Fue mi marido.

Vendía calentadores.

Queda este que se hizo millonario y muy poderoso.

¿Se acordará de mí?

¿Qué te pasa?

¿Estás llorando?

Déjala, por favor.

No estoy hablando con usted.

Perdón, ¿qué acabas de decir?

Lo que has oído.

Tú estás loco de remate.

Bueno, por fin me escuchas.

No me toques.

Qué decepción contigo.

Eres fea, eres un fraude.

Solo piensas en ti. Eres una cría. Y pensar que te quería...

Te debo...

Yo quería entenderte.

Esperaba tus cartas. Te robaba las horquillas de pelo. ¡Qué tonto!

¡Para!

¡Para, Julian! ¡Me haces daño!

Se ha ido.

Tengo miedo.

¿Y qué te crees?

Yo también.

¿Has visto esos pájaros?

Atraviesan continentes sin parar ni una vez.

¿Quién pudiera volar así por el cielo?

¿Has visto los globos?

Sí.

Venga, vamos.

¿Me devolverás la navaja suiza?

Claro, bebé, por supuesto.

No me llames bebé.

De acuerdo, bebé.

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