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Pelénope. De niña a mujer.
Me llamo Penélope. Y a decir verdad, no sé por qué mis progenitores me pusieron
un nombre tan significativo.
Mi familia es pobre, así que he tenido que aceptar un empleo como camarera en
casa del señorito del pueblo.
Son personas muy agradables. Me tratan bien, sobre todo la señora Marcia.
Tiene conmigo detalles muy particulares.
Me hace muchos regalos bonitos.
Recuerdo que el último fue un vestido.
Yo quise probármelo enseguida y ella se ofreció a ayudarme, pero algo me
sorprendió. La señora me rozaba, creo que con intención, los pechos, haciendo
que se me pusieran los pezones duros y tensos.
En esa situación comprometida me sorprendió la llegada del varón. ¿Está
mi querida nuera?
Sí, estoy aquí, con Penélope.
¿Pero qué estáis tramando, si se puede saber?
Ya me lo imaginaba.
Siempre vas vestida como una puta.
No sé cómo mi hijo se ha casado con una mujer como tú.
No consigo entenderlo. Es un escándalo, pero... Ahora demostrarás cómo
le has seducido.
Venga, empieza ya.
Muy bien.
Para conquistar a un hombre, esta es la única arma que vosotras, las mujeres,
podéis utilizar.
Chúpala.
Estaba aún turbada por las insistentes caricias de la señora cuando vi algo del
todo increíble.
El varón estaba haciendo el amor con su nuera.
Me acerqué para poder ver mejor aquella escena tan insólita.
Pero al mismo tiempo cargada de erotismo.
Estaba como hipnotizada.
Mis manos recorrían todo mi cuerpo.
Sentía entre las piernas la humedad de la excitación y no podía hacer otra cosa
que tocarme, sin perder de vista ningún detalle de lo que estaba sucediendo ante
mis ojos.
Yo, que aún no había probado el miembro masculino, me satisfacía masturbándolo.
Lo que le hacía la señora Marcial, para mí era todavía un mundo por descubrir.
Trataba de hacer... Las mismas cosas que hacían los dos amantes.
Probando el placer de sentir en mi boca el sabor de mi coño mojado.
paz de manera salvaje.
Como nunca.
Hubiera podido imaginar un escándalo tal en una familia noble.
Pero la señora Marcia parecía disfrutar de muy buen grado de las continuas
penetraciones del varón.
Toma.
Había llegado el momento de retirarme.
Me arreglé el vestido lo mejor que pude y sin que se dieran cuenta me escabullí
de aquella habitación.
Quiero presentaros a mi señora. Es una varonesa y se llama Marcia.
Ahora todos vosotros tendréis el placer de conocerla. Es una gran calentorra. Le
gustan mucho los hombres y también las mujeres.
Y se siente orgullosa de ello.
Ahora os demostrará los placeres del amor sin ninguna inhibición.
Preparaos para disfrutar intensamente estos placeres.
Mi querido hijo, tienes que entender lo que yo espero de ti.
Tu hermano es un chico que vale mucho, trabaja y estudia en Milán. Y tú, mira,
siempre sin hacer nada, todo el día haciendo el vago. Bueno, ¿tengo razón o
Pero, Lorenzo, tampoco es justo que le humilles delante del servicio.
¿Cómo que no es justo? Pero tú has visto, se pasa todo el día durmiendo.
cuando no duerme, se va al club de tenis. Si estoy más en el club de tenis
aquí, es porque aquí no sé qué hacer.
Papá, yo ya me doy cuenta de que las cosas no tendrían que ser así.
Pero no tienen deseos. Te duermes de pie, chico. Eso no es verdad.
Está bien, ahora comamos y después vamos a ir a mi oficina y discutiremos
algunos proyectos que tenemos pendientes.
Buen provecho. Gracias. Vale, chico.
Déjalo por aquí que después seguramente repetiré. Téntalo que si no se enfría.
Ya acabo yo, tuve que arreglar la habitación.
De acuerdo.
Ten presente que nunca me has dado la posibilidad de expresarme. Y ahora estoy
mejor allí que aquí.
Muy bien. Tú y todos esos que vais al club sois brazos robados a la
Eso es lo que sois.
Penélope, escucha. Hace poco que trabajas en esta casa, pero creo que ya
hecho una idea de cómo funcionan aquí las cosas. Para que todo vaya bien,
que ser un poco condescendiente. Sobre todo con la señora.
Siempre lo que te diga, ¿entiendes? Bueno, ya basta de cuchicheos, ¿eh?
Y preparadme un poco de café fuerte, como a mí me gusta.
Enseguida.
No me encuentro muy bien. Voy a retirarme a mi habitación.
Vete tranquila, yo me quedaré con papá.
Penélope, cuando hayas terminado de servir el café, ven a mi habitación, por
favor.
Y tú, querido hijo, debes esforzarte en todo lo que hagas. Y sobre todo tienes
que tener iniciativa. Eso es.
Iniciativa es importante.
¿Entiendes el concepto, hijo? ¿Lo entiendes? El café.
No, no, gracias.
No, no, café para él no, que se pone nervioso. El café para mí. Tú eres la
camarera, ¿verdad? A ver, ¿qué culito tienes?
Tienes un culito precioso.
Un culito precioso. ¿Y las tetas?
No está nada mal, déjalo ahí, no te preocupes. Y las tetas preciosas, muy
Estupendo, puedes irte.
Adiós.
Con permiso.
Puedes entrar.
Por fin has venido.
Estoy muy cansada, ayúdame a cambiarme.
Tráeme ese conjunto que está en el taburete, por favor.
Aquí está, señora.
Gracias.
Eres preciosa.
Si quieres vivir aquí, tienes que hacer todo lo que yo te diga.
Ven, siéntate aquí. Estaremos más cómodas.
Tienes una piel tan suave.
Me excito.
¿Te gusta si te beso?
Ahora me desnudaré yo también.
Sabes lo que quiero de ti.
Bésame.
muy mojada.
¡Oh!
acércate hace poco tiempo que trabajas aquí pero cualquier día llegará mi hijo
quiero que todo esté en perfecto orden ¿has entendido? ahora vete a trabajar
venga
Mi señora tenía proyectos muy excitantes respecto a mí. Y yo lo aceptaba
gustosamente.
¡Antonio! ¡Sí!
Ven enseguida, la señora quiere hablar contigo. ¿Y qué quiere?
¡Los abraza enseguida!
¡Qué coño ahora pasó!
Ven, querida.
Y venga, vamos, clávate.
te aprecia muñeca.
Justo.
continúa
te demostraré que no soy impotente.
De acuerdo, Darío.
Esta noche te espero en mi habitación.
Gracias, querida. No te defraudaré.
Debes saber que mi marido Darío no ha conseguido nunca hacer el amor conmigo.
¿Y cómo puedo ayudarla?
Quisiera que tú participaras en nuestra unión.
¿De verdad?
Puede que la idea de tener a su disposición a dos mujeres dedicadas a
sus deseos le haga reanimarse.
¿Se puede, cariño?
Sí, ven. Tengo una sorpresa preciosa para ti.
Si de verdad quieres demostrarme tu vilidad, nos tendrás a las dos para
satisfacer todos tus deseos.
Quiero que sepas que ella es aún virgen, pero arde en deseos de probar el
miembro masculino.
Mira qué tetas, duras y tersas, esperando solo ser acariciadas.
Y aquí está la flor para escoger.
Vamos, Penelope, toca tú también el pajarito de mi marido.
Veo que la sorpresa funciona, querido Darío.
Nunca te había visto tan excitada.
Venga.
¡Oh! ¡Oh!
Mmm.
jajajaja
Como Darío se curó del sortilegio del que era víctima gracias a los recursos
su mujer y también gracias a mi virginidad.
La vida en casa del varón transcurría placenteramente entre las atenciones de
señora Marcia hacia mí y las aventuras picantes del varón con las sirvientas.
única que se escapaba.
Por el momento era lisa, aunque no duró mucho, porque Antonio, el chico para
todo de la casa, era una especie de obseso siempre listo para hacer el amor
cualquier sitio y momento.
Y eso incluía la casa del que le daba trabajo.
Se comportaba como un salvaje.
Y tal vez ahí estaba el secreto de su encanto, al que ninguna mujer podía
resistirse.
tráeme algo de beber. Estoy sediento. No hay nada mejor que un buen vino.
Aquí tiene.
Pero quita esas botas de la mesa.
Ven aquí, preciosa.
Sabes que esto es lo único que me gusta tanto como un buen vino.
Estoy excitadísimo.
Hoy os follaré a las dos a la vez.
Este es Francesco, el hijo predilecto del varón.
Está estudiando en Milán y siempre está muy ocupado con sus asuntos.
Con Francesco hice el amor por primera vez.
Todo empezó en una noche... Ha llegado Francesco.
El hijo favorito del varón y mi cuñado.
Estoy segura de que también te gustará.
Ya sabes que con mi marido no me entiendo muy bien en la cama. Me
el amor con Francesco.
Pero él nunca quiere.
Hoy se me ha ocurrido una idea.
Puede que juntas consiguiéramos algo.
Así que intentaré que te desvirguen.
Sí, señora.
El teléfono, yo lo cojo.
Hola, Francina, ¿cómo estás?
Ella. Sí, yo también.
Oye... No, no está.
No sé dónde han ido. Ha salido con mi marido. Pásamela, quiero hablar con
No, no me han dicho nada.
Espera, oye... No.
No te preocupes, querida. Pásame el teléfono. Le diré que te llame.
De acuerdo.
Oye, ¿tú qué? ¿Qué pasa?
Espera, está sonando el timbre.
Puede que sean ellos.
Espera un momento.
No cuelgues y te digo quién es.
Aquí siempre hay gente para arriba y para abajo.
Sí, te lo paso.
Es Francina, tu mujer.
Hola, ¿qué tal? Eres tú, ¿eh? Hola, sí, sí, sí.
Claro.
Sí. Hace tanto que espero este momento.
Sí, sí, sí, mujer, claro.
Te deseo. Por supuesto.
Bueno, pero... ¿Te gustan mis tetas?
Sí, sí, sí, pero... Es que... Oye... Bueno, bueno,
mujer, lo que tú digas.
Te deseo dentro de mí.
Estoy muy bojada.
Pero, oye... Te deseo.
Sí, sí, cariño, sí.
Lo que tú digas, de verdad, sí.
Pero, mira, yo creo... Sí, sí, sí, bien, sí.
Muy bien, sí, estoy muy bien, sí.
Claro, ¿tú también?
Me alegro.
Sí, sí, sí, sí.
Enseguida, claro.
Sí, sí, sí, no te preocupes.
Sí, lo que tú digas, cariño.
Ya sabes que yo siempre lo que tú digas.
Muy bien, ya hablaremos.
Eso es.
¿Cómo has puesto, coño?
Hablando con mi mujer.
Sí.
Yo te prepararé para el gran momento.
Bueno, allá voy.
Coñita virgen.
¡Uy, qué estrellita y qué bueno!
¡Qué
bueno!
Sí.
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