All language subtitles for aaa5 La Clinica de la Vergüenza

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Original subtitles

Crónica Negra

... ... ...

...

La clínica de la vergüenza. Sex.

Esta es una historia real.

Pase.

Buenos días.

Buenos días, por favor, siéntese, señora.

Gracias.

Bueno, he leído atentamente su denuncia en el careo con el

profesor Michele Soavi.

Director cirujano de la Clínica Santa Margarita de Roma.

Puedo imaginar que su declaración le ha resultado dolorosa y vergonzosa.

Por otra parte, debe tener presente que el curso de la justicia no puede

detenerse y, para proseguir, necesitamos recoger una serie de elementos claros y

detallados.

Sí, me doy cuenta y aquí estoy a su disposición.

Bien, entonces procedamos. Le ruego...

Y que me cuente todos los detalles concretos de su triste experiencia.

Claro. Mi marido y yo llevábamos casados unos tres años y él regentaba un

restaurante en la calle Tuscolana de Roma.

El negocio no andaba muy bien y tuvo que despedir al cocinero y ocuparse él

mismo de la cocina.

En mis ratos libres solía ir a ayudarlo.

No conseguíamos ahorrar nada, pero no podíamos quejarnos, ya que con el dinero

del que disponíamos nos bastaba para salir adelante.

Y también teníamos en proyecto tener un niño.

Así pues, éramos muy felices.

Hasta aquel maldito jueves de diciembre.

¡Manuela!

¡Ayúdame!

¡Máximo!

¡Máximo, ¿qué te pasa? Señor Máximo, ¿no se encuentra bien?

¡Máximo, mírame!

¡Llama a una ambulancia!

Mi marido ingresó en el hospital y allí le diagnosticaron un grave aneurisma en

la vena aorta.

En cuanto se repuso nos dirigimos a un cirujano que nos había aconsejado un

amigo. Estudiando todos sus análisis, francamente debo decirle...

Que el problema no tiene fácil solución.

Intentaré ser lo más claro posible.

Su aneurisma le ha provocado un engrosamiento de la vena horta de

aproximadamente unos tres centímetros.

Perdone, llegados a esto, ¿qué nos aconseja hacer, profesor?

Visto lo delicado de la intervención, lo que yo puedo aconsejarles es que

consulten con el director de mi clínica, el profesor Soavi.

Sí, profesor. Quisiera que todo esto acabase cuanto antes. No puedo vivir con

esta inquietud. No puedo soportarlo durante más tiempo. Eso no es ningún

problema. Además de ser el director jefe de mi clínica, el profesor Soavi es un

gran amigo mío. Y yo mismo le procuraré una cita para dentro de dos o tres días

máximo. Puede estar totalmente tranquilo. Mi marido estaba

Sobre todo por el diagnóstico de aquel médico que tenía fama de ser muy

competente.

Máximo estaba completamente hundido.

También tenía que continuar con los análisis clínicos, que nos costaban

dinero. Habíamos gastado casi todos nuestros ahorros.

No lográbamos de ningún modo seguir con nuestra actividad en el restaurante.

Perdone, señora, pero ¿por qué no acudieron a la USL?

¿Podrían haberse ahorrado su dinero simplemente ingresándole en el hospital?

Verás, señor juez, mi marido y yo nunca hemos trabajado cotizando.

Y por tanto, no podemos gozar de asistencia sanitaria.

Pero esto no era el auténtico problema. Lo cierto es que realizando algunos

trámites habríamos salido adelante.

Solo que mi marido no quería.

¿Por qué?

¿Por qué?

Porque cuando alguien deja la propia vida en manos de otras personas, quiere

siempre lo mejor.

Y no son siempre los mejores los que trabajan para el Estado.

Bueno...

Esta es una tesis un tanto discutible. De todos modos, ¿cómo fue su encuentro

con el profesor Soavi?

Bien, dos o tres días después, el profesor Tremonti nos telefoneó para

había hablado con el profesor Soavi, exponiéndole nuestro caso con detalle.

Además, había preparado un esmerado informe, así que pasamos por su despacho

recogerlo y acudimos a la cita con el profesor Soavi.

Profesor, los señores Rea. Hágalos pasar.

Buenos días.

Buenos días.

Buenos días.

Mucho gusto. Igualmente.

Siéntese. Gracias.

Encantado. Igualmente, gracias.

Por favor.

Puede salir, señorita.

Bien. ¿Cuál es el motivo de su visita?

Me han diagnosticado, como ya sabrá, un aneurisma en la vena aorta. El profesor

Tremonti me ha aconsejado venir a verle.

Ha preparado un informe escrito para usted.

Si quiere echarle un vistazo, lo traigo aquí. Tome. Por favor.

Bien, por lo que he visto hasta ahora, necesitaré hacer otros análisis.

De cualquier modo, el problema no es de simple solución.

Se lo ruego, profesor.

Mi marido es un poco aprensivo. Cuando se habla de su salud hay que hacerlo con

mucha prudencia.

Se pone nervioso y entonces... Manuela, si estoy nervioso es porque tengo

motivos para estarlo.

Y te ruego que te calles, ¿de acuerdo?

Por favor, cálmense.

Conozco bien esta situación.

En estos casos es necesario mantener la calma.

Le prescribiré otros análisis y ya nos veremos. ¿De acuerdo? Después de más

análisis, le pidieron un costoso estudio hemodinámico que comportó

el ingreso de mi marido durante tres días en la clínica Santa Margarita.

mi torpeza, señora.

Veo que usted posee un vocabulario médico.

del cual desconozco completamente los términos.

¿Querría explicarme qué significa estudio hemodinámico?

Sí, claro. Yo tampoco conocía este término. Por desgracia, tuve que

convivir con él.

Bien. Cuando aparece un aneurisma, se verifica un hinchazón en alguna parte de

la vena que puede romperse y ocasionar graves consecuencias.

por lo que es necesario intervenir quirúrgicamente. Para hacer esto, es

indispensable un estudio hemodinámico.

Este análisis permite identificar el flujo sanguíneo circulatorio y si

eventualmente se producen obstrucciones coronarias.

Ha sido muy explícita. ¿Cuáles fueron los resultados de los análisis? Que la

operación iba a resultar particularmente compleja.

Las esperanzas de éxito eran en verdad mínimas.

¿Por qué estás tan abatido?

Debes intentar ser fuerte, Máximo. No puedes permitirte estar así.

Intenta escucharme.

Necesitas afrontar esta situación con tranquilidad.

Entiéndeme.

Sabes que soy muy aprensivo.

Esta operación me da mucho miedo.

Ya sé que te da miedo.

Te conozco muy bien.

Pero creo que hay algo más.

Sí, es verdad.

He hablado con el analista.

Y me ha dicho que... difícilmente saldrá bien.

Nuestra única esperanza era el profesor Soavi, que había operado muchos casos

similares y con éxito.

¿Y cuáles fueron las condiciones que impuso para la operación el profesor

El profesor Soavi quería entrevistarse a solas con mi marido.

Y estoy convencida de que él ya tenía en mente su oscuridad. Señor Rea,

francamente, la situación es bastante compleja.

Podría operarlo en mi clínica, pero... puedo anticiparle que la operación será

muy costosa.

¿Qué intenta decir?

¿Costosa? ¿Cuánto?

Entre la hospitalización, la anestesia y mi caché,

unos 300 millones.

¿300 millones?

Sin considerar naturalmente todas las terapias postoperatorias.

Eso no es posible, profesor.

Yo soy un cocinero, un trabajador.

Llevo un pequeño restaurante en la calle Tuscolana.

La verdad, no sabría dónde encontrar esa suma.

Hay otra solución.

Puede acudir a las autoridades sanitarias locales. ¿A la USL?

Confiar mi vida a la Mutua y a los hospitales italianos.

Usted es del sector y ya sabe lo que sucede.

Lo comprendo.

Es una triste realidad de nuestro país.

Quiero hablarle un poco de mí.

Trabajo desde hace 25 años.

Yo reúno todos los requisitos, incluso los económicos.

No me importa el dinero.

Yo puedo operarle gratis, pero con una condición.

¿Qué condición, profesor?

Francamente, entre nosotros, usted tiene una mujer preciosa.

Su vida a cambio de un día con ella.

Mi marido después de la entrevista estaba muy angustiado y no quiso

enseguida de aquella obscena propuesta.

¿Todo bien?

Sí.

¿Te encuentras bien?

Sí.

¿Me das un besito?

No te preocupes.

No seas así.

Ya verás cómo pronto acaba todo.

Me gustaría ver si en mi situación hablarías de ese modo.

Máximo, debes comprender que el profesor Suavi es uno de los mejores del mundo.

Ya verás cómo la operación va bien.

Procura tranquilizarte.

No es la operación lo que me preocupa.

Al principio quería denunciar enseguida la infamia de aquel hombre, pero luego

me di cuenta de que estaba en juego la vida de mi marido y no había tiempo que

perder.

Por ese motivo acepté su proposición.

Le llamé y acordamos vernos dos días después.

No hablé con mi marido.

A él le dije que me iba con mi familia a Reggio Calabria.

Para ver si conseguía reunir un poco de dinero vendiendo una vieja propiedad

rústica.

Así que los malos vientos de la tarde me llevaron a la residencia del profesor

Soavi.

Profesor, la señora ha llegado.

Bien, dile que pase. Por favor, señora.

Buenas tardes.

Buenas tardes, señora.

He puesto a su disposición una habitación en el segundo piso.

Allí encontrará ropas.

Póngaselo más bonito y vuelva aquí a las nueve.

Ubaldo, acompaña a la señora.

Por favor.

Fui alojada en una estancia de la residencia donde encontré algunas piezas

lencería. Me duché y la noche me llevó delante del profesor que estaba en

compañía de alguno de sus amigos.

La atmósfera estaba cargada y todos estaban en silencio, provocando en mí un

gran embarazo. El profesor quería que me sentara sobre sus rodillas y que

sirviera todo un champán.

Los hombres eran evidentemente amigos del profesor, pero las mujeres

parecían estar allí por imposición, exactamente como yo.

A una precisa orden del profesor, los invitados comenzaron a hacer el amor.

Y el mayordomo también fue invitado a participar.

Me encanta.

Es maravilloso.

¡Oh, oh,

oh!

Después de aquella situación, cené sola con el profesor en un gran salón.

Tenía tanta curiosidad por saber quiénes eran aquellas mujeres que no veía el

momento de quedarme a solas para intentar hablar con ellas.

La encuentro particularmente cansada, querida señora.

¿Prefiere retirarse a descansar?

Sí, en efecto, me siento un poco cansada. Si pudiera retirarme a mi

estaría mejor.

Federico, acompaña a la señora.

Con permiso.

Buenas noches, profesor. Por favor, por aquí.

Buenas noches, señora.

Buenas noches, gracias.

Querida señora, recuerde que su deber en esta casa es entregarse a cualquier

hombre que la desee.

Reciba este detalle en agradecimiento a su belleza y disponibilidad.

Aquello era increíble.

Me parecía estar viviendo una pesadilla.

Apenas me encontré sola, comencé a deambular por la casa en busca de las

que había visto antes.

Vamos, tócate también con la otra mano. Acaríciate.

Así, qué señora.

Ven, ven aquí, ven aquí. No te vayas.

Mira, mira esto.

Mira cómo se acaricia la señorita. ¿Te gusta, verdad?

Adelante, vamos.

Continúa. Eso, eso, sí, muy bien.

¿Te gusta, verdad?

Es excitante, sí, excitante. Muy bien, sigues.

Así. Muy bien. Eso es. Acaríciate.

Muy bien.

Mírame.

Debes mirarla.

Sí. Mira. Es estupenda.

¡Oh!

¡Oh!

Gracias.

Quiero sentiros, eso es.

Perfecto. Vamos a ver.

Gracias.

Amor.

Sigue, sigue.

Sigue.

Vamos,

vamos.

Te gusta así, ¿eh?

Vamos. Vamos.

Vamos.

Vamos, vamos.

Después, continué deambulando por la residencia y volví al salón donde había

cenado con el profesor.

Profesor, la señora Ligresti.

No conseguí adivinar quiénes podían ser todas aquellas mujeres.

Bien.

Así, continúa.

Que te la chupes bien.

Eso es, dale.

Sigue chupando.

Muy bien.

Eso es.

Hazle disfrutar.

Eso es.

Y tú, alegra esa cara.

Perfecto.

Sigue chupando.

Muy bien.

Me quedé petrificada al observar aquella escena alucinante.

Sí. Abre las piernas, zorra.

Siente su polla en tu coño.

Disfruta.

Siéntelo dentro.

Vamos, aprieta más.

Era increíble.

Mi curiosidad por saber lo que pasaba en aquella casa era enorme.

Así que continué deambulando para comprender lo que estaba sucediendo.

En todas las habitaciones se estaban consumando relaciones sexuales con

siempre distintas.

Trataba de no perder la esperanza de descubrir quiénes eran aquellas

pero solo pensaban en fornicar.

¡Oh!

Es fuerte.

¡Ah!

Esperé a que terminaran.

Con la esperanza de que la mujer se quedase sola.

Pero el hombre se entretuvo con ella en la cama.

Así que resignada volví a mi habitación y en aquel momento me encontré a una

mujer que no había visto nunca.

Buenas noches.

Me llamo Manuela Rea. Soy huésped de esta casa.

Perdóneme, señora.

¿Es usted una amiga del profesor Soavi?

No. Soy huésped solo por esta noche.

¿Y usted qué relación tiene con el profesor?

Mi marido debía someterse a una operación y el profesor, naturalmente,

es él quien debe operarle.

Bien, no sé cómo decirlo.

Yo estoy aquí por eso.

Creo que las dos tenemos el mismo problema. ¿No le parece?

Quizá sea el momento de... hablar claramente.

Señora.

¿Qué hace usted aquí?

No tenía sueño y he pensado dar una vuelta por la casa. Le había dicho que

saliera de su estancia.

Sí, pero pensaba que no hacía nada malo.

Puedo irme enseguida.

Se lo ruego.

Los hombres aguardaban a que me fuese para fornicar con aquella mujer.

El profesor miraba e impartía órdenes.

Muévelas.

Muy bien, chicos.

Así, magreadla bien.

Eso es.

Vaya que tal.

Dale bien con la lengua.

¿Encachando? A mí, a mí también.

Mueve la mano.

Eso está mejor.

Sí.

Sigue chupando.

Vamos, mueve el culo.

Hazle caso.

Sigue.

No pares de moverme.

Sigue, sigue.

Sigue moviéndote.

Sigue.

Eso es.

Vamos,

nena. Sigue chupando.

No pares.

Y levanta el culo. No pares de mover el culo.

Eso es. Así.

Esa.

No pares de tocarte el coño.

Así es.

Así es.

Sigue chupándola.

Así es.

Vamos, vamos.

Vamos, trágate esa polla.

Bueno, toda para ti.

Volví a mi habitación y me adormecí. Pero durante la noche desperté con una

extraña sensación.

¿Qué pasa?

Adiós.

Gracias.

¿Qué pasa?

El día después, me despertó un mayordomo y preparé mi equipaje.

Quería salir rápidamente intentando no encontrarme al profesor.

Mi deuda estaba pagada y lo único que deseaba era volver junto a mi marido.

¿Consiguió algo de alguna de aquellas mujeres y sus datos?

Antes de partir, volví a ver a la mujer que me había encontrado la noche

anterior. Busqué el modo de hablarle un minuto. Su situación era similar a la

mía.

Me dijo que su marido sufría una grave disfunción cardíaca.

Necesitaba de continuos controles.

Así que acudieron al profesor Soavi.

A diferencia nuestra, ellos no tenían problemas económicos.

Pero el profesor solo estaba dispuesto a curar a aquel hombre a cambio de las

prestaciones sexuales de la mujer.

Me dijo que el profesor se divertía humillándola, organizando encuentros con

amigos en presencia del marido.

Aquella mujer se encontraba dentro de un vórtice del cual era imposible salir.

Y el amor que sentía por su hombre la empujaba a consentir las demandas más

perversas.

¡Priétenme las tetas!

¿Qué pasa?

¿Qué pasa?

Chupa, chupa fuerte.

Sí, me corro.

Hacía años que esa mujer estaba en las manos del profesor.

No quiso decirme su nombre.

Después me marché rápidamente porque estaba preocupada por mi marido.

¿Cómo está ahora su marido?

Bien, gracias.

Luego de la intervención estuvo unos dos meses convaleciente y ahora comienza a

estar mucho mejor.

Además, hace poco hemos vuelto a abrir el restaurante.

Bien, ¿por qué ha tomado la justa decisión de denunciar al profesor Soavi?

Porque deseo que todo esto que me ha pasado a mí no le pase nunca a ninguna

mujer.

Muy bien, creo que con esto es suficiente.

Yo le agradezco la claridad de su exposición y le deseo muy buena suerte

salud de su marido.

Muchas gracias.

Hasta la vista, señora. Buenos días.

Y que vaya bien.

y a una indemnización por daños morales de 500 millones.

El proceso de apelación solicitado por los abogados de la defensa debió haberse

realizado en abril de 1995,

pero el acusado en estos momentos está en paradero desconocido. En el

del proceso, se aportaron pruebas que atestiguaron la tendencia del profesor a

ejercitar la violencia psicológica con las víctimas, incluso durante el careo.

Algunas indagaciones revelaron un trauma del acusado durante su adolescencia.

Se descubrió que su madre humillaba a su marido con descaradas y continuas

traiciones. El hombre angustiado por las circunstancias se suicidó.

El profesor fue acosado desde su adolescencia por un rígido amor materno

provocó un estado de impotencia y un desmesurado odio hacia el género

Cualquier referencia a nombres, lugares o personas es puramente casual.

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