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Tu misión aquí ha terminado.
Ha llegado la nueva madre superior.
Esta será mi habitación.
Y tú te largarás.
Pero antes... tendrás que ganarte la libertad.
Me tendrás que excitar si quieres marcharte.
Así.
Mueve, mueve el culito.
Muy bien.
Vamos, métetela toda en la boca.
Así.
Así.
Así.
Mueve la cabeza.
Así.
Ven, vamos.
Ponte encima.
Vamos. Vamos.
Te gusta, ¿eh? Te gusta.
Así, ¿verdad?
Vamos,
puta.
Vamos, muévete.
Muévete.
Así.
Así.
Has estado muy bien.
Ahora debes dejar tu puesto.
Debes desaparecer.
¿Oyes algo?
No, solo voces en inglés y en alemán, pero no se entiende nada, no sé qué
Me cago en la puta.
Bien, prueba por el canal 17 a ver si oyes algo de una puta vez.
¿Has contactado con el campamento?
Nada, es imposible.
Bueno chicos, en marzo.
Sin armas estamos perdidos, nos matarán a todos.
¿Pero qué dices?
Hemos pasado por peligros mayores. Lo que pasa es que no tienes cojones.
Y ahora que aún estamos vivos, ¿por qué no damos media vuelta y nos volvemos
para casa?
¿Cómo?
Muchacho, métete esto en la cabeza.
Mientras haya guerra, seguirás siendo un soldado.
Vamos.
¿Habéis oído eso?
No os mováis, voy a ver.
Buenos días, hermanas.
Quisiera hablar con la madre superiora.
Suba por aquí y entre por la primera puerta a la derecha.
Muchas gracias.
Adelante.
¿Se puede?
Buenos días, madre.
Soldado italiano.
Perdona que la moleste.
Gracias, madre.
Dios mío.
No puedo creerlo.
Es fabuloso.
Espléndido.
Es un auténtico de la Francesca.
Vaya, veo que usted es un entendido.
Madre, yo era crítico de arte antes de esta cochina guerra.
Ya que es crítico de arte, siento tener que avergonzarle desmintiendo todo lo
que ha dicho.
Porque eso no es más que una copia realizada por nuestro párroco.
Nos la regaló el padre Toronto.
Si fuese auténtica, este convento sería otro bien distinto y no este derruido
refugio. En fin, tome asiento.
Madre, gracias.
Dígame, hermano. Madre... Corren malos
tiempos, madre. Muy malos tiempos.
Hemos pedido el armisticio a los americanos.
¿Y los alemanes? ¿Quién sabe de qué parte están los alemanes?
Ayer comíamos del mismo plato.
Ahora parece que nos odian.
Estamos desarmados.
He venido con cuatro soldados vagando por estos campos
intentando encontrar a los nuestros, nuestros hogares tan lejanos.
Madre, solo le quiero pedir una cosa.
Si pudiera hospedarnos al menos por esta noche, estamos agotados.
Hijo mío, Dios me ha dado este convento para que lo comparta con los
necesitados. Pero debemos guardar máxima discreción. ¿Me entiendes, hijo?
Con las monjas aquí no sería oportuno.
Por esta noche os podréis alojar en las viejas estancias que hay abajo.
Después mandaré que os lleven algo de comida, pero tendréis que partir mañana
mismo. Gracias, madre.
Es usted muy buena.
Dios la bendiga, madre.
Ve con Dios, hijo mío. Ve con Dios.
Gracias, madre.
¿Cómo lo habrá hecho?
Es una copia perfecta.
Gracias otra vez, madre.
Gracias.
Gracias. Ve, hijo, ve.
Gracias. Gracias.
Bueno, chicos.
Bien, ¿y de dónde venían esas voces?
Chicos, no os lo podéis imaginar.
Era un convento. ¿Un convento?
¡Qué casualidad!
Nos lo ha mandado la Divina Providencia. La Madre Superior nos ha ofrecido un
sitio donde dormir y algo para comer.
¡Bien! ¡Estupendo!
Eso está bien.
Hemos tenido suerte, ¿eh? Venga, vamos a comer, muchachos. Vamos.
¿Quién es?
Un soldado americano, me parece.
Muy bien.
Habéis sido puntuales. Habéis hecho lo que os pedí.
¿No contestáis?
¿Tenéis vergüenza, eh?
Vamos.
Venid a mi lado.
Dejad que compruebe personalmente. ¿Qué pasa ahora?
Vamos.
Son dos monjas. Venid aquí. Dos monjas. Sí, dos monjas.
¿Y qué están haciendo ahora? Lo vamos a pasar muy bien. Son dos monjas con dos
candelabros.
Acercaos.
Vamos.
Tócamela. No. Venga, tócamela.
No. Vamos.
No. He dicho que me la toques. Vamos.
O se lo digo a la madre superior.
Venga.
Vamos, ¿no lo entiendes? ¡Vamos!
Capitán, ¿qué están haciendo?
Estate callado, que no se despierten estos.
¿Pero qué están haciendo?
No entiendo nada.
Una monja se ha escapado y la otra le está haciendo una mamada al americano.
¿Qué se la está mamando? La monja a la mamada. Sí, calla. No me lo creo.
Está chupando al americano. Chupando. Chupando. Sí.
Chupa.
¿Te gusta?
¿Te gusta, hermanita?
Vamos.
Me gusta sentir mi polla dentro de tu coño.
Déjame ver. Joder, si nos pilla, ese cabrón nos matará a todos.
Me gusta tocarte el cuño.
Eso es,
tócate las tetas.
Muy bien, muy bien.
Me gusta.
Me gusta mucho verte.
Amén.
Qué caliente me ha puesto.
No puedo más.
Si tú callado no se despierte ninguno de estos.
Y no se te ocurra contar nada de esto.
Tengo la polla que me revienta.
Capitán.
Capitán.
Capitán. Déjame.
Capitán.
Esos capullos se han marchado. ¿Quién?
Los soldados.
¿Cuándo?
¿Dónde están? Yo qué sé, me he despertado y ya no estaban aquí.
Madre mía, qué putada.
¿Cómo se les ha ocurrido?
Oficialmente la guerra no ha terminado.
Y nos dejan aquí tirados.
Que les den por el culo.
Oye, haz una cosa, pon la radio.
A ver si nos enteramos de algo, venga.
Espero que funcione.
¿Qué?
¿Qué dice?
Capitán.
Los americanos. Han llegado a Casino. ¿Los americanos a Casino? Madre mía, qué
putada. A Casino. ¿Y ahora cómo hago yo para llegar a casa? He de ir a Nápoles.
Seguramente los americanos tendrán órdenes de arrestarnos.
Capitán.
Yo soy de Roma.
Y ahora que los americanos han llegado a Casino, tampoco puedo volver a casa.
Te quieres largar y dejarme solo, y no te lo reprocho.
Pero recuerda lo que te voy a decir.
Tengo la sensación de que en este convento va a suceder algo muy
¿El qué?
Piensa.
Estoy seguro de que aquí encontraremos una fortuna y no creo que me equivoque.
Aquí podemos conseguir comida.
Dormir se duerme.
Si quieres te vas.
Pero piénsatelo. Vale la pena.
Hermana, quisiera hablarte.
Sé que es difícil de aceptar, pero todos hemos de colaborar para echar al
demonio de este convento.
Esta noche debes entregarte a él.
No, no, yo comprendo cuanto me dice, pero es muy difícil para mí. Lo sé, pero
tenemos elección.
Hemos de sacrificarnos y rogar a Dios para que nos libere de él pronto.
Estupendo. La guerra ha terminado.
Bien, vamos a lo nuestro.
¿Sabes por qué estamos aquí, no?
Debemos unirnos para expulsar al demonio.
La madre superior te lo habrá contado, ¿verdad?
Deja que te toque.
Sí.
Estas sotanas.
Así. Chupa.
Chupa.
Chupa.
Así.
Muy bien. Muy bien.
No debes mirar. Chupa.
No mires. Chupa, chupa.
Así.
Mira, mira, mira.
Ahora sí, mira, mira.
Vamos, vamos.
Sigue chupando.
Muy bien.
Muy bien.
Amén.
No, no.
Así. Muy bien.
Mamá.
Vamos, vamos.
Vamos, vamos.
Vamos,
mi hermano Párez.
Capitán, si me he quedado con usted es porque le aprecio y es como un padre,
como un hermano mayor.
Después de tantos años juntos, siento un gran afecto por usted.
Y no te arrepentirás.
Estoy seguro de que en este convento encontraremos nuestro futuro.
Sí, ya sé. Ya me ha dicho eso antes.
Aquí podemos dormir y comer, pero no entiendo sus palabras.
Eso de la fortuna y el futuro.
No te preocupes.
Yo te explicaré. Silencio.
¿Qué? Viene alguien.
Déjame ver.
Quiero que todas las hermanas estén a mi entera disposición. Esta es la madre
superior.
¿Y este es el americano? A ver qué dicen.
Todo marcha según lo pactado. ¿Está claro? ¿Hasta cuándo tendré que soportar
locuras?
Hasta que a mí me dé la gana.
¿Acaso no recuerdas lo que pactamos?
Cuando nos encontramos fui muy claro.
Me aseguraste que cumplirías tu parte sin contárselo a nadie.
Yo cumplí la mía.
Me encargué de echar a la superiora de este convento. Y te di este puesto a
cambio de que complacieras todos mis deseos.
Eres un maníaco.
Puede ser. Tú eres una viciosa de Dios y yo del sexo.
Pero si no queréis que vuestras obras de arte caigan en manos de los americanos,
debéis hacer lo que yo os pida.
De acuerdo.
Lo sabía.
No me podía equivocar.
Era un auténtico de la Francesca. ¿De qué está hablando, capitán?
¿Qué están haciendo?
¿Qué están haciendo?
La monja se ha ido.
¿Eh? Y se ha quedado el americano solo.
¿El americano qué hace?
Está meneándosela.
¿Seguro?
Esto es un auténtico manicomio. No entiendo nada.
¿Me tienes miedo?
Sí. ¿Me tienes miedo?
Sí.
¿Qué pasa ahora?
Vamos. Ha entrado una monja y la está tocando.
¿Una monja? Sí.
Déjame ver aquí. Déjame ver. No, capitán, ahora me toca a mí.
Me colgo en la puta.
Vamos.
Vamos.
Goza, goza, goza.
Así, te gusta, ¿eh?
Vamos, vamos.
Cómetela toda, cómetela toda.
Así.
Muy bien.
Muy bien.
Vamos, no pares, no pares de chupar.
Así.
Venga.
¿Te gusta mi polla, eh?
Claro.
¿Qué están haciendo?
Creo que están follando.
Madre mía, déjame ver, déjame ver.
Si no me dejas mirar, cuando volvamos a Roma te formaré un consejo de guerra.
¿Pero qué dices si la guerra ya ha terminado?
La guerra ha terminado y no tenemos nada que temer.
Sí.
¿Quién anda ahí?
Buenas tardes, madre. Buenas tardes.
¿Qué hace aquí?
Le pedí que se marchara ayer por la mañana y no lo ha hecho. Sabe que aquí
monjas y nosotras... Le pido disculpas, madre, por habernos quedado un día más.
Pero estábamos tan agotados.
Estaba observando aquella figura de plata.
Parece obra de Cellini. Pero naturalmente se tratará de otra copia
¿no?
Evidentemente, hijo.
Bien. Madre, ¿funciona todo bien en este convento o hay algo que no marcha?
Hijo mío, claro que todo va bien.
Las hermanas y yo rezamos por ustedes y porque acabe esta larga guerra.
Pero no entiendo, ¿a qué se debe esta pregunta?
Una impresión mía, quizás equivocada.
No quizás, equivocada.
Madre, he venido a...
Saludarla y agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros.
Gracias por todo.
Ha sido usted muy amable. De nada, hijo. Espero que un día nos volvamos a ver.
En tiempos mejores. Cuando acabe esta maldita guerra.
Así lo espero.
Que Dios les bendiga a usted y a sus hombres.
Gracias. Rezaremos para que puedan volver a abrazar pronto a sus
Adiós.
Adiós. Vaya en paz.
Los suyos le esperan.
Bésame.
¡Oh!
¿Qué pasa?
Tócala. Tócala dulcemente. Así, muy bien. Acaríciala dulcemente. Así, muy
Haz que disfrute. Tócala dulcemente.
Mauro. Capitán.
¿Dónde estabas? Le estaba buscando.
He subido aquí a hablar con la madre superiora. Le he dicho que nos
pero me he quedado a ver qué pasaba.
¿Y qué sucede?
Tranquilo. Ahora bajo y te lo cuento.
¿Cómo vamos a salir de aquí?
Tranquilo, he pensado en todo.
Cállate.
Vamos, capitán.
Vamos, de ser prisa. ¿Qué quieres, que me mate?
el americano.
Cállate de una vez. Lo vas a estropear todo.
¿Todo bien, capitán? Todo bien.
Perfecto. ¿Qué ha pasado?
Le he hecho creer a la superiora que nos marchábamos del convento. ¿Qué te
parece? Me he escondido. ¿Y entonces?
Me he puesto a espiar y ¿sabes qué he visto?
¿Qué ha visto?
Al americano follándose a tres monjas.
Madre mía, qué buenas estaban.
Capitán, ¿puedo ir a echar un vistazo? Te has vuelto loco, pero bueno.
Vamos, eso será un poco.
Iré con mucho cuidado, se lo juro. Bueno, pero ándate con ojo, ¿eh? Sí.
Despacio. Tranquilo.
Sabes que tienes que hacer lo que te pida.
Así que ahora, mastúrbate.
Vamos, mastúrbate.
¡Gracias!
Sigue tocándote.
Vamos.
No pares, no pares, vamos.
Sí, mírame a los ojos, mírame.
Mírame.
Mira cómo me masturbo.
Así te gusta, ¿verdad?
Claro que te gusta.
Qué culo tienes.
Vamos. Ahora.
Ahora.
Sigue. Sigue.
Adentro.
¿Te gusta, verdad?
¿Te gusta?
Ven, vamos a cambiar de posición.
Sí, date la vuelta. Vamos.
Vamos a ver.
Es suficiente.
Me voy.
Me voy a follar con otra.
Sabes lo que has de hacer, ¿verdad?
Has de cumplir la voluntad de la Madre Superior.
¿Entendido? Bien.
Vamos, vamos.
No pares, no pares.
Venga.
Muévete.
No pares.
¿Qué haces aquí?
Nada. Tienes ganas de volver a casa, ¿eh?
No te preocupes.
Pronto volverás con tu familia.
Hoy partiremos.
Espero que esta vez nos vayamos de verdad.
Antes tenemos que pasar por el convento. De acuerdo. Y pronto estaremos en
nuestros hogares.
Eso espero.
¿Te has convertido?
¿Y a ti qué te importa?
Hago lo que me da la gana.
Sabes muy bien que en este convento hay muchachas.
Podrían verte.
Y yo debo dar ejemplo.
No te preocupes, solo he venido a saludar.
La guerra ha terminado y debo volver con mis soldados.
Diré que durante este tiempo he sido prisionero de los alemanes.
Ellos me creerán.
Con los tiempos que corren se lo tragarán.
Espero que nos volvamos a ver tú y yo.
Y hagamos otro negocio juntos.
Nuestros negocios han terminado para siempre.
Querida madre superior.
No decías eso hace un mes.
Cuando te sorprendí transportando en aquella vieja carreta una selección de
mejores obras de arte italianas para llevártelas a Alemania.
Eran los alemanes los que me perseguían. Y no te debo nada al haberte escondido
aquí a cambio.
¿Y tú te crees que con medio patrimonio artístico italiano habrías cruzado la
frontera?
Eres muy inteligente.
Tú no eres más que un profesor de arte, mientras que yo soy miembro del servicio
secreto alemán. Es cierto, ya no me acordaba.
Será por tu cara de palurda.
Eres un estúpido.
Solo fuiste inteligente al darme la idea de esconder las obras de arte en un
convento hasta que acabara la guerra, para después llevarlas a mi país.
Los italianos pensarán que han sido destruidas y tú no hablarás nunca.
De lo contrario, yo me encargaré de hacer saber a tus superiores tu aventura
este convento.
Les diré que eres un perverso enfermo mental que se follaba a su madre cuando
solo tenía nueve años.
Eso es lo que tú eres. Basta, no me recuerdes lo que te contesta, ¿claro? No
justo, no lo es.
Buenos días, madre superiora.
Buenos días, americano.
¿Qué hacéis aquí?
Os dije que abandonaréis este convento.
Marchaos de aquí inmediatamente.
Oh, madre superiora.
Disculpe que nos hayamos quedado otra noche en su convento. Pero ya que los
alemanes han perdido la guerra y creo que usted es alemana, ¿no soy yo quien
tendría que decirle que se marche de mi país? Sí, es cierto. Hemos perdido esta
guerra. Pero eso no significa nada.
Volveremos a ser la primera potencia del mundo.
Tranquila.
No se preocupe. A mí no me interesa nada de lo que haya pasado en este convento.
Pero con una condición. ¿Qué quiere?
¿Se acuerda de aquel Piero de la Francesca que había en su estudio?
¿Madre superiora?
Y así, hacia 1944, es como nació en Italia la ideología de los aprovechazos.
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