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El visionado de este film está totalmente desaconsejado para aquellas
de fe católico cristiana.
Era una oscura tarde de otoño cuando retorné a mi iglesia, un año después de
excomunión. Y al volver a encontrarme arrodillado delante del altar donde
habitualmente decía misa, me asaltó un sentimiento de angustia y de vergüenza.
Sentía el peso de un ojo divino que me penetraba el alma en busca de todos mis
pecados.
Y así fue que todo lo que había hecho rebrotó vivamente en mi memoria.
Fui destinado a un centro en la provincia de Regio Calabria para servir
como párroco en la iglesia del pueblo.
Era una parroquia pequeña, pero yo estaba contento porque podía llevar una
iglesia según mi voluntad.
De improviso, Me vino a la mente la cara del doctor Giacomo Busieme, un joven
médico del pueblo que de alguna manera contribuiría a cambiar mi vida.
Fue él, el diablo manifestó su tendencia tentadora y lentamente me condujo a la
vía del pecado y de la perdición.
El confesionario. Sex.
Después de unos cuantos días de instalarme en el pueblo, fui llamado por
hermana de la señora Birro para llevar el consuelo de Dios a la pobre mujer que
se estaba muriendo a causa de una grave enfermedad hereditaria.
Por esa triste circunstancia, llegó a Desolino la hija de la señora que
presenciaba la lenta agonía de la madre con inexplicable indiferencia.
Por discreción, me retiré a la antecámara junto a la hermana de la
esperando a que el doctor se fuera.
¿Pero qué está haciendo?
Se lo ruego, déjelo.
Debe pagar por todo el daño que ha hecho.
Pero se ha vuelto loca.
¿Qué estarán haciendo?
No lo sé. No se preocupe. Ahora voy a ver.
¡Qué desgracia la nuestra!
Lo que vieron mis ojos suscitó en mí de improviso una sobrecarga de emociones.
El estupor inicial fue inmediatamente sustituido por una profunda e intensa
calma espiritual.
La fuerza de la vida representada por aquellos cuerpos vibrantes y excitados
conseguía apagar la oscura atmósfera de la muerte.
Cuando decía misa, miraba a los fieles rezar, convencido de que todos ellos
guardaban en lo más íntimo de su conciencia inenarrables pecados.
¿Por qué yo tenía que ser distinto a los demás?
En el fondo, durante la comunión, ellos estaban tan cerca de Dios como yo.
Así era la vida.
Debía convivir con los rezos y la realidad, porque yo era un hombre como
demás, y solamente el hecho de poder seguir mi instinto natural, podría
a conocer mi verdadera fe en Dios y no olvidéis hermanos que este
mensaje es el que Dios nos ha querido comunicar en las escrituras
transmitiéndonos su pensamiento que nos servirá para llevar una vida serena
dedicada al amor a Dios recordadlo siempre hermanos nosotros y nuestros
estamos aquí para servir a Dios y a la Santa Madre Iglesia en todos los
de nuestra vida
Acércate, hija mía.
Bueno, empieza diciéndome desde cuándo no te confiesas, Daniela.
La última vez fue hace casi dos meses.
Tomé la comunión en la iglesia de Don Mario, en el pueblo de mi padre.
Y desde entonces...
¿Has cometido algún pecado?
Padre, mi vida está dedicada casi exclusivamente a los estudios. Por la
voy a clase, por la tarde hago los deberes y por la noche echo una mano a
madre preparando la cena o en alguna tarea de la casa.
Solo de vez en cuando veo a las amigas. El sábado por la tarde nos entretenemos
un poco en el centro del pueblo.
Bien, me parece que no es ningún pecado salir con las amigas. No creo que eso
sea ningún problema.
El problema es que una de estas amigas mías está saliendo con un muchacho y
me contó que había hecho ciertas cosas.
¿Y qué es lo que te ha contado?
Bien, me dijo que había ido con él y que lo había tocado.
Padre, me da vergüenza decirlo.
No está bien hablar de esto.
Lo mejor sería que le dijeras a tu amiga que fuera enseguida a confesarse y...
Que intentara pensar más en el matrimonio en vez de cometer estas
tentada por el demonio. ¿De acuerdo?
Hay otro problema, padre.
Anoche, antes de acostarme, recordando todo lo que me había contado mi amiga,
sentí por primera vez una sensación de calor tan intensa y extraña que he
miedo.
Pero... explícate mejor.
Padre, me da vergüenza decirlo, pero nunca me había pasado antes.
Noté un deseo de tocarme, así que cogí la almohada y empecé a frotármela
Imaginaba que era un hombre y me dio placer.
Eso que has hecho es realmente grave, hija mía.
Debes tratar de evitar totalmente todas las tentaciones que te ofrece el
demonio.
Y ahora reza veinte Padrenuestros y veinte Avemarías.
Después ve a tomar la comunión y procura venir más a menudo a la iglesia.
Y recuerda que Dios ve y juzga todo aquello que haces.
Dígame, Padre, ¿a qué debemos el honor de esta visita?
La mano de Dios me ha empujado hasta su casa.
Me gustaría mucho poder hablar con usted en privado. Pues claro.
Rosa, por favor, ve a preparar un café para don Lucas, gracias.
Claro, perdonen.
Por favor, padre, dígame.
Usted sabe que debo mantener el secreto de confesión, pero el asunto es de tal
gravedad que me veo obligado a infringir la regla.
¿De qué se trata?
Es sobre su hija Daniela.
Ayer, antes de la comunión, me confesó asuntos gravísimos que me inducen a
pensar que puede estar poseída por el demonio.
Dios mío, Padre Lucas, nosotros siempre hemos sido una familia muy
devota. Todas las semanas vamos a la iglesia.
Y mi mujer participa con devoción en todas las procesiones del pueblo.
El demonio siempre ha estado fuera de esta casa.
Por favor, padre, dígame, ¿qué ha hecho Daniela?
Son cosas íntimas y muy graves.
Pero escuche, si quiere que le ayude...
A partir de hoy en adelante, deberá impedir que Daniela vea a sus amigas.
Sobre todo, debe tratar de convencerla sin demora de que venga a la iglesia,
todos los días, por lo menos durante una semana.
Si hace todo eso, tal vez podré garantizarles algún resultado. De otro
quedamos en manos de la voluntad divina.
Será como usted dice, padre.
Este seguro.
Mi objetivo se estaba concretando y sentía que el destino de aquella
estaría siempre sometido a mi voluntad.
De hoy en adelante, cuando salgas de clase, has de volver enseguida a casa.
estará contigo el resto del día. Además, los sábados y domingos no podrás salir
con tus amigas. ¿Está claro?
¿Pero por qué?
No consigo entenderlo.
Don Lucas le ha dicho a tu padre que han sucedido algunas cosas muy graves.
Debes procurar obedecer, Daniela.
Si no, podrías correr riesgos enormes.
Mamá, yo... yo no he hecho nada.
No he hecho nada malo, te lo juro. Ahora basta, Daniela. Hoy don Lucas te espera
en la iglesia. Él te lo explicará todo.
Y recuerda, si nos quieres, haz lo que te diga.
Bueno, Daniela.
Oigamos lo que vas a decirme hoy.
Don Lucas, yo pensaba que todo lo que se decía en confesión era secreto. Mi
padre y mi madre están muy enfadados.
Daniel, me he visto obligado a hablar con ellos.
Lo he hecho porque después de confesarte me dio la sensación de que el
demonio trata de apoderarse de tu alma y todo esto puede ser muy peligroso.
Padre... Si habla así me da mucho miedo. No entiendo lo que usted quiere decir.
¿Qué cree que puede sucederme?
Daniela, he visto mujeres poseídas por el demonio retorcerse de dolor, esputar
sangre, decir palabras horribles y también hablar
lenguas desconocidas.
Don Lucas, yo no quiero que me suceda todo esto. Por favor, dígame qué debo
hacer.
Debes escucharme atentamente, Daniela.
Me veré obligado a provocarte.
Deberás hacer cosas absolutamente detestables.
Tendré que ver claramente todas tus reacciones y tú tendrás que tratar de
obedecerme.
Pero sobre todo, no deberás hablar nunca de cuanto suceda, ni con tus padres ni
con nadie.
Haré todo lo que usted dice, padre.
Amo tanto la vida que no quiero ser poseída por el demonio.
Daniela ya me pertenecía.
Tenía muchas ganas de presentar mi nueva vida a Dios.
Así fue como llevé a Daniela a un rincón de la iglesia.
se hace. Tienes que abrir la boca así.
Muy bien.
Ahora introdúcela.
Recuerda, abre bien la boca.
Así.
Son los labios.
Así.
La boca bien abierta.
Sin rozar.
consumar esa fugaz relación.
Deseaba poseer a esa muchacha hasta lo inverosímil.
Así es como la invité al encuentro siguiente.
No se preocupe, señora. Solo necesito media hora.
Si quiere, puede acomodarse aquí.
Se lo agradezco, padre.
Daniela, ven, por favor.
Quédese tranquila. Todo va bien.
Dios nos guiará por el buen camino.
Lo siento, pero aún no hemos acabado.
Ya lo haces mucho mejor.
Disculpe, señora.
Lo siento, pero he de pedirle un poco más de paciencia.
Por desgracia, la situación no es fácil, pero ya verá como con la ayuda de Dios
lo conseguiremos.
Rece por su hija mientras tanto.
Desde aquel día me sentí como uno más de mis feligreses.
Yo era un hombre como cualquier otro, pero tenía la ventaja de saber sus
secretos a través de la confesión.
Bueno, Marcia, espero que hayas dejado de pecar con esa amiga tuya.
Padre, si yo prefiero las mujeres a los hombres, no es culpa mía. Es un hecho
natural.
Entonces, deberías saber que es inútil venir a buscar el perdón de Dios.
La religión cristiana no acepta ese tipo de relaciones.
Don Lucas, yo no estoy aquí para pedir perdón.
Solamente he venido para pedirle un consejo. En el pueblo todos me han
y no puedo hablar con nadie.
Si he venido a verle es para hablarle de algo muy grave.
¿Y cuál es el problema?
Usted sabe que desde hace ya un año mantengo una relación afectiva con una
chica. Piaggio Misemi se ha enterado de lo nuestro y ahora nos ha amenazado con
contar toda la verdad.
¿Estás segura de lo que dices?
¿Sabes que Piaggio Misemi es un viejo fiel que a menudo viene a la iglesia con
su hija Daniela y con su mujer Rosa?
Padre, yo no he venido aquí para contar tonterías. Ha dicho que quería verme
esta noche en la vieja casona de Porco Chiuso. O mañana mismo va a hablar con
los padres de Melina. Estoy segura de que él quiere aprovecharse de nosotras.
¿Qué debo hacer?
¿Qué quieres que te diga? Haz lo que te pide y, sobre todo, si decides salvar la
relación con esa muchacha, no hables con nadie de lo que suceda.
Es algo indispensable.
Decidí acudir a aquel encuentro porque me interesaba descubrir el auténtico
rostro del padre de Daniela y, sobre todo, porque quería reforzar mi poder
esa mujer.
Al día siguiente llamé a Marcia a la sacristía de la iglesia.
Había decidido ya quién iba a ser mi próxima presa.
Cuando ayer me dijiste lo de Piaggio, fui allí, vi todo lo que pasó y no me
gustó nada.
Sobre todo tu conducta, ¿sabes, Marcia?
¿Qué quiere decir con esto, padre?
Quiere decir que el comportamiento que tuvisteis no era el de dos mujeres
recatadas. Me dio la impresión de que os había producido placer.
exhibiros de ese modo delante de Piaggio como dos hembras depravadas.
¿Y qué podíamos hacer, don Lucas?
Se lo había dicho yo, ¿no?
Ese cerdo nos había obligado.
Eso a mí no me interesa.
¿Sabes, Marcia?
Si quieres que la iglesia mantenga silencio absoluto sobre todo lo que
ayer, tu amiga debería portarse muy bien con quien representa a Dios en la
tierra.
No consigo entenderla, padre.
Tú eres una chica inteligente, Marcia.
¿Por qué no tratas de interpretar lo que te acabo de decir?
Piénsalo.
Sentía próximo el momento de seducir a la compañera de Marcia.
Deseaba hacerlo en el mismo lugar que lo había hecho con Piaggio para renovar
esa atmósfera de pecado que había invadido poderosamente mi mente.
Mi deseo se estaba volviendo incontrolable.
Y no ansiaba más que encontrar a mi próxima víctima para satisfacerlo.
Dime, hija mía, ¿qué pecados has cometido?
Padre, yo siempre he sido una mujer inmaculada.
Sierva de Dios y de la madre iglesia.
El único pecado de mi vida.
Lo cometí ayer.
No fue por voluntad mía.
Iba hacia la escuela de Santa Elena para arreglar unos asuntos relativos a mi
sobrina en el economato.
Y mientras lo hacía, oí desde la habitación de al lado
unos ruidos.
La puerta estaba abierta, así que...
Me acerqué y con enorme sorpresa vi
a dos hermanas que se estaban besando.
¿Y qué tipo de beso era?
No le miento, padre. He asistido a todo lo sucedido desde muy cerca.
Ellas estaban abrazadas y se besaban con pasión.
Eso que dices es muy grave.
Dime, Rosa, ¿has visto algo más?
Personalmente no.
Pero sé muchas cosas más.
Hace mucho tiempo, alguien me contó que había visto muchas veces al director del
instituto en compañía de una mujer.
Usted ya sabe la gravedad de lo que le estoy diciendo.
Supongo que sabrá que el director del instituto es un cura como usted.
Me contó que en el instituto también suceden cosas muy extrañas y que hasta
madre superiora lo sabía.
que sorprendí rezándose ha enseñado durante un tiempo el catecismo en la
de mi sobrina.
Se llama Sor Gina.
Bien. Como penitencia rezará cinco Padrenuestros y cinco Avemarías.
Y después tomará la comunión tratando de olvidar lo sucedido.
Será Dios quien juzgue la suerte y el pecado de estas dos hermanas lascivas e
infieles.
¿Podría saber por qué ha venido a verme?
Querida Sorchina, si he querido verle aquí es porque debo hablarle con mucha
reserva de un asunto personal.
Dígame, don Lucas, ¿de qué se trata?
Verá, ayer una de mis fieles más asiduas me contó que le había visto
en una situación comprometida con una de vuestras hermanas cuyo nombre no
preciso.
¿Cómo se permite hablarme así? Esto es una locura.
No protestes, Orgina. Por favor.
Ambos somos servidores de Dios.
Pero sobre todo somos seres humanos.
Con todos los defectos que esto puede comportar.
Yo soy muy... muy comprensivo.
Y... entiendo muy bien este tipo de cosas.
Advertí enseguida que aquella hermana estaba en mis manos.
Así que la llamé a la sacristía al día siguiente.
Acudió aquel día a la cita en compañía de la madre superiora del instituto,
quien, para que guardara silencio absoluto sobre todo lo que sabía, dijo
sometería a mi voluntad.
Lo que sucedió posteriormente fue fruto de una coincidencia sin ninguna
participación de mi voluntad.
Todo empezó con la celebración del matrimonio de dos chicos del pueblo.
Ellos no eran asiduos feligreses de mi iglesia, pero a menudo les había visto
discutir en la puerta del bar principal.
Ella era una muchacha simpática y extrovertida.
Él tenía fama de haber sido siempre muy sensible con las mujeres.
Todo esto no tenía mucha importancia, pero contribuyó a que sucediera algo
absolutamente inesperado.
Durante el banquete nupcial, los esposos se pelearon a causa de una antigua
querida suya.
Y fue así que... ¡Quiero invalidar el matrimonio! ¡Ese cabrón se ha
atrevido a invitar al convito a su exnovia!
¿Ahora? Me los he sorprendido mientras hablaban apartados en un rincón de la
sala. ¿Qué le ocurre? Me había jurado que no la vería más.
Quiero hablar con usted. Está bien, acompáñame, por favor.
No entiendo lo que se le ha metido en la cabeza.
Bien, ¿cómo puedo ayudarle?
El orgullo de la muchacha había sido herido.
E iba a la búsqueda de la venganza.
Estaban claras sus intenciones.
Pero no iba a ser yo quien la detuviera.
después, una tarde de agosto, sucedió aquello que pondría fin a mi futuro.
Bastardo, hijo de puta, mi hija me lo ha contado todo, pero ahora pagarás por
todo lo que has hecho. Te has aprovechado de nuestra buena fe para
guarradas en nuestras narices. El juego ha terminado porque ahora todos van a
saber quién eres y cómo tratas a la gente.
Bastardo, hijo de puta.
¡Qué injusticia!
Después de haber extorsionado a aquellas muchachas, me acusaban a mí de
inmoralidad. La sociedad le había permitido hacer aquello que para mí era
delito. Hoy ya soy un hombre como él.
Intento conseguir una fe reforzada por mi libertad individual.
Estoy contigo, Dios.
Tal vez mucho más que antes.
Mientras tanto, y tras el escándalo, la vida continuó transcurriendo como
siempre. Nadie quería hablar más de mí y todos intentan olvidar.
He sido excomulgado y en la iglesia hay otro párroco, pero en esta iglesia, como
en todas las demás iglesias del mundo, nadie podrá saber nunca qué se esconde
tras la sombra del confesionario.
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