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Anteriormente en This is Us...
- ¡Voy a bajar a por Kevin! - No, Jack, no está aquí,
ha pasado la noche con Sophie.
- Kate. - ¡Louie! ¡Sal, chico!
¡Creo que sé dónde está!
Sí, volvió a entrar a por el perro.
Has inhalado muchísimo humo.
Debes de querer mucho a ese perro.
Quiero mucho a la chica que quiere a ese perro.
Su marido ha entrado en paro cardíaco.
Sra. Pearson, su marido ha muerto.
Vi el árbol de mi padre.
Vine a hablar con él.
¿Sabes, mamá? Fuiste muy fuerte para nosotros cuando pasó aquello.
No quiero ni imaginarme cómo debió de ser para ti.
LA ÚLTIMA GOTA
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¡Chicos!
¡No corráis! Cuidado con...
- ¡Quiero un coche rosa! - Lo siento.
- ¡Compremos un Porsche! - Perdón.
¡Niños!
¡Niños!
Venid aquí.
Os recuerdo que estamos aquí como invitados.
Sí. Así que vamos a bajar un poco la voz.
Vale, mirad. Sentaos ahí y aprovechad el aire acondicionado gratis.
Mamá y papá tienen que negociar.
Debería haber llamado a la niñera.
No, hoy no.
No, son la viva imagen de por qué vamos tan cortos de dinero.
¿Me estás diciendo que piensas usar a nuestros hijos
para que nos hagan una buena oferta por pena?
Sí. Justo eso es lo que pienso hacer.
Eres terrible.
- ¿Por qué? - Terrible, te lo digo.
¡Me encanta!
Sois el tipo de pareja brillante y reluciente
que me encantaría ver en este Wagooneer brillante y reluciente.
- Hola. Mel Buchanan. - Hola.
- Jack Pearson. Mi mujer, Rebecca. - Hola.
Hola.
No, creo que el Wagoneer es un poco excesivo para nosotros.
Bueno,
por suerte para vosotros, estoy de buen humor.
Es más, estoy de un humor directamente bobo.
¿Mel?
Voy a tener que cortarte. ¿Ve a esos niños de ahí?
Son nuestros.
- Todos esos. - Son caros.
Todos esos.
No necesitamos nada brillante y reluciente,
solo queremos algo asequible y fiable.
- Sí. - Y seguro.
Bueno, tenemos algunos coches usados por aquí.
- Eso es. - Muy bien.
O sea, no es espectacular, pero...
...tiene pocos kilómetros,
maletero grande y...
Aún le quedan unos cuantos años buenos.
Por dentro es todo automático.
¡Madre mía!
Bueno, creo que deberíamos estudiarlo mejor.
¿Qué te parece, cariño?
Creo, Mel, que tú y yo deberíamos ir a tu despacho
y tener una charla a ver si llegamos a un acuerdo.
Pero, Jack, al menos deberíamos mirar bien el coche
antes de que entres ahí a hablar con él.
Ni siquiera hemos visto el coche aún.
¿Cómo tienes la pierna?
Como nueva.
Chicos.
¿Podéis espabilar, por favor?
Vamos.
El funeral no empieza hasta las dos.
Ya. Pero quiero llegar ya, así que andando.
¿Cómo ha ido?
- Bastante bien. - ¿Sí?
Sí.
He cogido el Wagoneer.
¿Qué?
¡Jack, no podemos permitirnos ese coche!
Sí que podemos.
Nos ha hecho un precio bastante bueno.
Solo es un poquito más de lo que queríamos gastar,
pero no pasa nada.
¿Qué le has dicho?
Bueno...
Díselo a los niños. Voy a cerrar el trato.
- Vale. - Muy bien.
Niños...
Papá ha comprado el Wagoneer.
¡Yupi!
¿Quién está emocionado por ir a ver su primer concierto?
- ¡Yo! - ¿Sí?
¿Le pediremos un autógrafo a Weird Al?
Quién sabe. O sea, cosas más raras se han visto.
Bec, estamos llegando al puente ese.
No.
¿El puente por el que mamá cierra siempre los ojos?
Sí.
Odio esa ruina.
Mira, ven.
Dame la mano y haremos lo de siempre. Tú apriétame la mano y ya.
No abras los ojos.
Solo es un momentín.
Vale, allá vamos.
Oh-oh.
¿"Oh-oh?" ¿Cómo que "oh-oh"?
¿Por qué paramos?
Hay obras delante.
Han tenido que dejar un solo carril abierto.
- ¿Qué? - Cariño...
No, no, no, por favor, no me digas que voy
a morir de camino a un concierto de Weird Al Yankovic.
¿No decías que te gustaba?
Y le gusta, Kev.
Bec, seguro que solo será un minuto de nada.
Esta vez podrías abrir los ojos.
No, cariño. No puedo. Ya lo sabes.
Sé que es totalmente irracional, pero...
- No puedo abrir los ojos. - Vale. No pasa nada.
¿Mamá está bien?
Sí, mamá está bien, Kate.
¿Sabéis qué? ¿Y si le damos a mamá
un poquito de silencio ahora mismo?
Solo un poquito, ¿vale?
¿Sabes cómo se llama la fobia a los puentes, mamá?
¿Sabes qué? Eso es lo contrario de silencio, tío.
No, no pasa nada.
¿Cómo se llama, cariño? Vamos, distráeme.
Gefirofobia.
Me he aprendido todas las fobias.
¿Qué? ¿En serio?
Eso es impresionante.
- Gracias. - Vale, chicos.
¿A quién le toca? Contadme algo más.
¿Quieres oír mi canción preferida de Weird Al?
Sí, señor, adelante.
La-la-la-lasaña
Quieres una magnífica lasaña
O espaguetis a lo mejor
Sí.
La cena está lista, adónde vas
Mamma mia bambino
Mirad, nos movemos.
¡Seguid cantando!
Mamma mia bambino
La-lasaña
Ya casi estamos.
La-lasaña
¡Lo conseguimos!
¿Era imprescindible salir así a toda prisa?
O sea, ni siquiera he acabado de vestirme.
Sí. Hay que llegar al cementerio antes que la urna.
¿Por qué tenemos que llegar antes que la urna?
Porque sí.
He olvidado poner a Louie en su caja antes de irnos.
Ahora se meará en la alfombra.
Bueno, que se mee en la alfombra, Kate.
De todas formas, ya no lo quiero.
Voy a preguntar por ahí a ver si alguien quiere un perro.
Vale.
No hay problema, hazlo.
Mierda.
La parte gorda es la larga.
Si quieres, te ayudo con ella.
No, que le den.
No voy a llevar corbata.
¿No vas a llevar corbata en el funeral de papá?
A él no le importaría.
Ha empezado a nevar.
Ve con cuidado, cariño. Está resbaladizo.
Gracias.
Oye.
Bec...
Los médicos están siendo precavidos, eso es todo.
En unas horas,
nos llamarán con los resultados de la resonancia magnética
y nos dirán que estás bien.
Es solo que he estado tan mareada esta semana.
Nunca me había sentido así.
Lo sé, y seguramente solo sea cosa del oído interno.
¿Vale?
Los médicos tienen...
Tienen que asegurarse de que no es algo más serio.
- Eso es todo. - Ya.
Como un tumor cerebral.
Vale.
Mira, volvamos a casa y esperemos a que llamen.
En casa nos volveremos locos. Mejor vamos a...
¿Sabes qué? Tienen el número de mi busca.
Voy a llevarte a un sitio especial.
Aquí está.
Mi árbol favorito.
No tenía ni idea de que tenías un árbol favorito.
Soy una caja de sorpresas.
¿Cómo estás ahora mismo?
¿Mareada?
No, estoy bien.
Viene y va.
Vale.
¿Bec?
Perdona, estoy comportándome como un crío con esto.
Oye, escúchame, Rebecca.
Vas a vivir eternamente.
- Vale, Jack. - No, escucha, Bec.
Escucha.
En serio.
Estoy seguro de que hoy no es el día en que el mundo nos da malas noticias.
¿Vale?
Hoy,
este precioso
día perfecto
es el día en que mi preciosa
esposa perfecta
descubre que está bien.
¿Cómo estás siempre tan seguro de estas cosas?
¿Cómo iba a seguir cayendo la nieve si tú no estás aquí para verla?
No sería justo.
¿Por qué este árbol es tu favorito?
Porque aquí es donde vas a descubrir que estás bien.
Hay una cabina, vamos.
Vale.
Hola, soy Rebecca Pearson.
Alguien acaba de llamar al busca de mi marido.
Creo que es por los resultados de la resonancia magnética.
¡Qué bien!
Entonces ¿solo es cosa del oído?
¿Seguro?
¡Muchísimas gracias!
Sí, vale, gracias.
Muy bien, adiós.
¿Cómo has escogido el árbol?
Era el más cercano a una cabina.
TELÉFONO
Vamos.
Oye, Bec.
Hablaba en serio antes.
Vas a vivir eternamente.
Vale, Jack.
Eso significa que yo me iré antes.
- Jack... - No, mira.
- No hace falta que lo hablemos. - No.
Dejémoslo en...
No me enterréis.
¿Vale?
Dejadme estar afuera.
Vale.
¿Podemos dejar el tema ya?
Hola, hemos llegado.
Señor.
Hola.
Lo siento.
Soy Rebecca Pearson, la esposa de Jack.
Le acompaño en el sentimiento.
Gracias.
La ceremonia no empieza hasta dentro de una hora.
No, ya, lo sé. Es solo que quería...
Quería estar cuando él llegara.
Vamos a sentarnos.
Jack Pearson fue un buen hombre.
Fue amado por sus vecinos.
Por sus hijos.
Kate, Kevin y Randall.
Y por la que fue su esposa durante 21 años,
Rebecca.
Cuando tuve que hablar en el entierro de mi madre,
estaba muy preocupado por si me quedaba en blanco.
Y Jack me dijo que si iba
a emocionarme demasiado, que parara y diera un sorbo de agua.
Pero no sé si hay suficiente agua en el mundo
para ayudarme hoy.
Espero que, un día,
pueda encontrar un amor como el que mi padre tenía por mi madre.
Y como el que ella tenía por él.
¿Mamá?
Mamá.
Se va todo el mundo a la recepción.
¿Estás lista?
Sí.
Disculpe.
¿Señor?
¿Qué viene ahora?
Solo iba a transportarlo
por usted a la recepción.
No, no, ya lo llevamos nosotros.
- ¿Seguro? Normalmente... - Sí, seguro.
- Gracias. - De nada.
Niños, vamos.
Vale, Randall.
Un buen conductor es flexible.
Tienes que ser espontaneo.
Vale, el pie en el freno.
Eso es, y ahora enciende el motor.
Suelta, suelta ya.
Eso es, muy bien.
Ahora mete la marcha.
Así, suelta el freno.
Dale un poco de gas.
Suelta el freno, eso es.
Dale un poco más.
Eso es... ¡Mira la carretera!
¡Tío, venga ya!
Es la primera vez que salgo a carretera, por favor.
¿Contento?
Bueno, habré cumplido los 40 para cuando des la vuelta a la manzana.
Y aún vivirás en el sótano de los papás.
- Oye, calmaos los dos. - ¿Sabes qué?
Mejor que tener 40 y que no te haya tocado una mujer.
- ¡Vete a la mierda! - Oye, oye, cuidado.
¡Frena, frena!
Ponlo en punto muerto.
¿Estáis bien?
- Sí, estoy bien. - Sí.
Lo siento, no lo había visto.
Salid.
Os volvéis andando.
- Son como ocho kilómetros. - ¡Que salgáis!
Lo siento, papá.
Mira, lo sentimos, ¿vale?
No volverá a pasar.
No os entiendo.
¿Mi hermano y yo?
A vuestra edad éramos inseparables.
¿Qué?
Nada, que nunca hablas de él
o de nada de cuando eras niño.
Ya, bueno.
¿Qué os iba a contar? Lo importante ya lo sabéis.
Nuestro padre era alcohólico.
Nuestra madre, depresiva. Nicky...
Nicky era mi mejor amigo.
Fuimos a la guerra
y murió.
No es que sea agradable de recordar.
Mi hermano y yo
teníamos que cuidarnos el uno al otro.
Nadie iba a hacerlo por nosotros.
¿Vale?
Pero vosotros dos tenéis suerte.
Nada os obliga a tener que cubriros mutuamente las espaldas.
Así que o bien
decidís arreglar lo que falle entre vosotros dos
o no.
Eso es cosa vuestra.
Y espero que lo hagáis,
porque vuestra madre y yo
no vamos a estar ahí eternamente.
Y cuando ya no estemos,
vosotros dos y vuestra hermana seréis las únicas personas
en este mundo
capaces de echar la vista atrás
y recordar todas las cosas que os han pasado.
Y sé que eso ahora no parece algo importante.
Pero creedme.
Lo es.
Muchas gracias.
Mi padre adoraba trabajar contigo.
Te lo agradezco.
Oye, Kate.
¿Qué haces, tío?
¿Llevas el reloj de papá?
Mamá lo trajo del hospital.
¿Y has decidido que es tuyo ahora?
Se lo pedí y me dijo que no pasaba nada.
Claro que sí.
Kevin.
¿Por qué no te vienes esta noche?
Mamá, ¿le dijiste a Randall que podía quedarse el reloj de papá?
Kevin...
O sea que sí.
¿Qué pasa contigo?
¿Sabes qué, tío? Estoy harto del numerito.
Estoy harto de verte actuar como si fueras el nuevo hombre de la casa.
- No estoy intentando... - Un hombre de verdad
no habría dejado que papá volviera adentro.
Yo nunca le habría dejado volver a entrar.
Tú no estuviste ahí, Kevin.
- Tú nunca estás para nada. - ¡Vosotros, parad ya!
En serio, ¿a qué jugáis? Mirad dónde estamos.
Me voy al coche.
Rebecca, no te...
Voy a salir a tomar el aire.
Lo siento, mamá.
Disculpe, ¿señorita?
Papá, sé que tiene mala pinta...
Son las diez de la mañana de un martes, no pinta bien, no.
Ya lo sé, pero antes de decirte por qué estoy aquí,
creo que deberías saber que hoy no tenía exámenes y que...
¿Adónde vas, Kate?
Alanis Morissette está firmando discos en Jerry's Records.
Papá, va.
Nunca viene nadie bueno a Pittsburgh.
Y ahora, milagrosamente, Alanis Morissette,
mi cantante favorita del mundo mundial
- ha venido... - Sube al coche.
- Papá... - Sube al coche, Kate.
¿Me llevas de vuelta al colegio?
No, te llevo a Jerry's Records.
Vale, ¿y quién es la Atlantis esa
cuya música es mejor que una buena educación?
Dios santo, papá, Alanis, no Atlantis.
Como si eso fuera un nombre más normal.
Vale, a ver cómo suena.
Vale.
No lo entiendo.
Ya, te lo había dicho.
No, o sea, esto es como quejarse con una guitarra, Kate.
Esto no es música.
- Pues mira, ha ganado cinco Grammys. - ¡No!
- ¡Sí! - ¿En serio?
Solo es como seis años mayor que yo.
- Es una locura. - Vaya.
Me está quitando años de vida, así que...
¿Quieres escuchar...?
¿Quieres escuchar algo que...?
Esto sí que tiene sentimiento.
- Bruce. - Sí.
Eres tan predecible.
- ¿Predecible? - Sí.
Lo que soy es un admirador de un héroe americano.
Vale, vale, relaja.
¿Sabes qué? En realidad tu amigo Bruce y Alanis no son tan diferentes.
¿Sí? ¿Cómo es eso?
Bueno, musicalmente no tienen nada que ver, pero...
Ambos usan sus canciones para contar su historia, así que...
Esa intimidad se transmite.
Te hacen sentir como si fueran tu mejor amigo,
pero también te hacen sentir tú al mismo tiempo.
Lo siente.
¿Es que un crítico de la Rolling Stone ha abducido a mi hija?
Papá.
He estado escribiendo mis propias canciones.
¿Sí?
Sí.
Pero la verdad es que es solo por diversión.
O sea, no soy una Alanis que digamos.
Vale. Jerry's Records, aquí estamos.
Serán 18 dólares con 50.
Ya.
- Oye, Kate. - ¿Sí?
Creo que deberías plantearte en serio lo de la música.
¿Sabes? Como carrera.
Papá, he leído que un 0,2% de la gente
que emprende una carrera musical consigue el éxito.
O sea, básicamente nadie.
Vale, bueno, yo he leído que el 100% de la gente
que se obsesiona con las estadísticas de "cuanta gente lo consigue"
no lo consigue nunca.
- ¿En serio? - Sí.
- ¿Lo has leído? - Claro que sí.
Sí.
Oye, mira.
Puede que no seas Alanis...
- Morissette. - La Morissette esa, pero Kate Pearson.
¿Vale?
Se proponga lo que se proponga Kate Pearson, lo conseguirá.
¿Vale?
No lo olvides nunca.
- Vete, va. - ¡Vale!
Pásalo bien.
- Gracias por traerme, papá. - Descuida.
Por cierto, el disco de Bruce.
- Bastante bien, la verdad. - ¿Sí?
Igual compro entradas para nosotros alguna vez.
Hola, bichito.
¿Cómo estás?
No entiendo cómo murió.
Entró en paro cardíaco porque inhaló demasiado humo.
Porque volvió a entrar, ¿verdad?
No lo sé.
Lo sabes.
No, no lo sé, Kate.
Sabes
que nosotros no inhalamos demasiado humo
porque salimos a tiempo, pero...
Papá habría... él también habría salido a tiempo.
Pero volvió a entrar, ¿verdad?
No lo sé.
Sí que lo sabes.
Hola, Rebecca.
Hola.
Tenemos que dejar de vernos en circunstancias tan dramáticas.
Sí.
Sí que es verdad.
Esta es Annie. Es mi mujer.
Hola.
Solo queríamos presentar nuestros respetos.
Te acompaño en el sentimiento.
Nathan me ha contado todo sobre tu marido, cómo
venía al hospital en busca de consejo
cada dos por tres cuando vuestros hijos eran pequeños.
Mira que intenté hacérselo entender, que no sé cómo criarlos,
solo sé cómo traerlos al mundo, pero no dejaba de venir.
Se le metió en la cabeza que yo era sabio.
Creo que es por tu voz.
Es muy relajante.
Y por tus metáforas con limones.
El bigote ayuda también.
Aporta una cierta dignidad.
Es verdad.
Bueno, voy a dejaros un rato a solas.
- Gracias, querida. - Me alegro mucho de conocerte, Rebecca.
Encantada.
Odio esta cosa.
Ella es la que me hace usarlo.
Dice que es porque me quiere.
Me gusta.
Sí, sí.
A mí también.
A mí también.
Sí.
¿Qué haces aquí fuera?
No estuve delante cuando murió.
No estuve ahí,
llevo todo el día persiguiendo su urna porque no estuve ahí.
Y quiero compensárselo.
Rebecca.
No puedo hacer esto sin él.
Sencillamente no puedo. Él sabía cómo hacer todo esto.
Él era valiente. Yo no soy valiente.
No lo soy.
Ya.
Rebecca...
Nunca pretendería saber más de tu marido que tú.
Pero...
El hombre que yo conocí, el que solía
pasarse por mi oficina sin avisar de vez en cuando,
tenía... tenía un montón de miedos.
¿De verdad?
Un padre nova es la cosa más miedos del mundo. Él no era distinto.
No.
Temía por su mujer, por sus hijos.
Por ser capaz de mantenerlos sanos y felices.
Seguros.
Pero hizo un trabajo bastante bueno cuidando de su familia, ¿no es así?
Sí.
Sí.
Y tú también lo harás.
No puedo.
No sin él.
Espera, espera.
Eres la misma mujer
que perdió a un niño
y salió de mi hospital con tres bebés como si nada.
Eres tan fuerte como la que más, Rebecca Pearson.
Sin él no.
- Bobadas. - ¡Sin él no!
Bobadas.
Rebecca.
- ¿Rebecca? - Lo sé.
Lo sé, lo sé.
Coge los limones más amargos y haz algo que se parezca a una limonada, ¿no?
Tú no hiciste un simple sucedáneo de limonada, querida.
Hiciste una de las jarras de limonada más puñeteramente dulces que he visto.
Así que no me vengas con historias
de que no puedes,
porque soy demasiado viejo, demasiado listo
y no me lo trago.
Ahora me gustaría finalizar mi discurso inspirador
levantándome y guiñándote el ojo mientras me alejo caminando.
Pero soy viejo, y todo eso me llevaría al menos seis minutos.
Sí.
¿Puedo sentarme sin más aquí contigo
un ratito?
Estarme sentado es lo que mejor se me da últimamente.
¿Crees que hemos comprado suficiente comida?
Oye, es la Super Bowl, Kev. Ya sabes que no escatimamos con eso.
Tío, me estás clavando la escayola en la pierna.
Al menos tu pierna es totalmente funcional.
Kev, deja de lloriquear. La escayola te la quitan en dos días.
Oye, que nadie haga planes para el sábado que viene.
- ¿Vale? - ¿Por qué?
Porque tengo una sorpresa.
- ¿En serio? - Para todos vosotros.
No os preocupéis.
Vale, coged todos una bolsa.
Yo te cojo las muletas.
- Gracias. - Kev, tú te libras
por tu lesión.
¿Necesitas una mano? ¿O un pie? Dámelas.
Ahí tienes. ¿Tienes la bolsa?
Oye.
¿Estás listo para irnos?
- Sí. - Vale.
¿Randall? Nos vamos.
- ¿Ya? - Sí.
- ¿No deberíamos despedirnos? - No.
Oye, ¿y vuestra hermana?
Creo que está fuera.
Vale. Pues vamos entonces.
Muy bien. Vamos.
¿Recordáis la historia
de la primera vez que vuestro padre me trajo aquí?
Sí.
Cuando el conato de cáncer.
Dijo que era su árbol favorito.
A pesar de que nunca había estado antes.
Así es.
Supongo que os la habíamos contado, ¿eh?
¿Sabíais que cuando papá y yo acabábamos de casarnos
yo no sabía si quería hijos?
O sea...
Supuse que algún día querría, pero...
Era terrible para las películas.
¿Verdad?
Era lo peor.
O sea, en cuanto empezaba la película, sencillamente cogía
y sabía quién acabaría con quién o quién mataría a quién.
De alguna forma siempre, siempre acertaba.
Es como si viera las cosas antes de que pasaran.
¿Sabéis?
O sea, él os veía a los tres
antes de que pasarais.
Gracias a Dios lo hizo.
Oye.
¿Sabéis que ahora ninguno de los dos tiene que ser el hombre de la casa, no?
Sois dos diecesieteañeros, ¿vale?
Vuestro único deber a partir de ahora,
vuestro único deber es
salir con chicas. Y con vuestros amigos y vuestra hermana
y no me quejaría si hicierais la colada de vez en cuando.
Pero eso es todo.
¿Vale?
¿Y Kate?
Cariño.
Sé que no importa lo que diga yo
o lo que diga nadie más,
sé que te vas a culpar
por lo de que papá volviera adentro a por Louie...
- Mamá, por favor no... - No, escúchame.
Porque no fue culpa tuya.
¿Me oyes?
Él era un hombre adulto, Kate.
Que hizo una elección.
Y si tengo que pasarme el resto de mi vida
asegurándome de que lo sabes, lo haré.
¿Vale?
¿Vale?
¿Estáis listos?
¿Sí?
Sí.
Vamos.
Mamá.
- ¿Sí? - Mamá, ¿sería posible
que no la tiremos toda?
Sí. Sí, claro.
Vale.
Chicos.
Nos compró entradas para ver
a Bruce Springsteen esta noche en el Benedum Center.
Creo que deberíamos ir.
¿Qué decís?
¿Deberíamos ir?
Sí.
Sí, deberíamos ir.
Deberíamos ir.
Eso creo yo también.
Vale, ¿me dejáis un momentín
y nos vemos ahora luego en el coche?
Sí.
Vale. Gracias.
Estaremos bien, cariño.
Te prometo que estaremos bien.
El tema es este, Mel.
No quiero comprar un coche usado de esos que tenéis allá afuera.
¿No?
¿El Wagoneer ese? Ese es el coche de mi familia.
Yo...
Lo veo tan claramente.
Es...
Es robusto,
fuerte,
los Pearson necesitamos eso.
Porque te lo digo ya, habrá roces.
He aparcado mal.
Y abolladuras.
Y manchas.
- Dios mío. - ¡Randall!
Montones de manchas.
Pero no pasa nada.
Porque cada herida de guerra será un recuerdo más.
Y con el tiempo, ese coche de ahí,
ese coche dirá la historia de mi familia
solo con mirarlo.
Pero este es el tema, Mel.
No puedo permitírmelo.
No puedo.
Por eso necesito que me ayudes.
O sea, como padres,
hablamos mucho de lo que queremos para nuestros hijos, ¿verdad?
O sea, yo sé que lo pienso mucho, ¿vale?
Lo que quiero para los míos,
y podría coger y soltar
una palabra rebuscada que me hiciera sonar
mucho más inteligente de lo que soy en realidad,
pero la única palabra a la que vuelvo siempre es
bien.
Quiero que mis hijos estén bien, Mel.
Quiero que mi familia esté bien.
Así que ¿vas a ayudarme?
¿Vas a ayudarme a cuidar de mi familia?
Porque lo veo, Mel. Lo veo tan claramente.
Veo bien a mi familia en ese coche.
Subtítulos: Carles Morera
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