All language subtitles for Atraco a las tres (1962)1h30PolCom

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Original subtitles

Martínez. Eh, ponga impresos. Sí, señor.

Buenos días, señor director.

Ah, lindo.

¿Qué hace usted aquí?

Ya he encontrado los nueve céntimos que nos faltaban en el saldo del señor

Latina. Vaya, ha aprovechado bien la noche.

Pues hala, a trabajar, alegre, sin remordimiento de conciencia.

Ah, páseme la nota de las horas extraordinarias, ¿eh? Gracias.

Con el 140%. Perdóneme, señor director, pero según las normas no es legal.

Los nueve céntimos los extravió el funcionario y se ha quedado a buscarlos

es su obligación.

Bueno, pero... ¿Le ordenó usted que se quedara? No, yo no.

Prefiero que duerman los empleados. Ah, entonces no tiene derecho a percibir

horas extraordinarias. Lo hizo por su cuenta.

Don Prudencio, está usted en todo, ¿eh?

Martínez, un café solo y una aspirina.

¿Se ha enterado? Le ha tocado la lotería. ¿A quién?

Y luego quieren que no haya revoluciones.

¿Ha jugado usted alguna vez al 113?

No, hija, yo no.

Ni nadie.

Eso no se le ocurre más que a don Prudencio. ¿Será que hace trampa? No, lo

sucede es que don Prudencio es un hombre muy agraciado. ¿Con esa cara?

Quiero decir que tiene suerte. Mientras no se reparta la suerte, no habrá

justicia social.

¡Basta! ¡A trabajar!

El trabajo es la única lotería que tenemos los que trabajamos.

Buenos días, señor Galindo.

Buenos días, doña Vicenta. Hoy sí que ha madrugado usted.

Y no he pegado ojo en toda la noche.

Fíjese, 60 .000 pesetas en casa, dispuestas a que entraran los ladrones.

Porque los hay.

Y muchos, señor Galindo.

Uy, qué tranquila se queda una cuando deja el dinero aquí.

Sesenta mil, ¿verdad? Sí, sí, señor. Irme aquí, donde dice imponente.

Sesenta mil.

Que va bien la vaquería, ¿eh? No puedo quejarme. Cada día hay más clientes. Y

menos vacas, pero mientras sigan haciendo pantanos.

Qué remorio de hombre, señor Galindo.

Usted siempre de buen humor.

El humor que merece la cliente.

¡Eh, ya podría decir con más cuidado, gamberro!

Toma, castaña.

Buenos días, señor director general.

Buenos días, señores. Buenos días, señor director general. Qué sorpresa tan

agradable, señor director general. ¿Se encuentra bien el señor director

Tiene muy buen aspecto. Me encuentro muy bien. Y su augusta madre y su bella y

distinguida esposa. Toda mi familia está perfectamente. Siempre les tengo

presente mis oraciones.

Permítame.

La firma, don Felipe.

¿Qué hace, Enriqueta?

La firma para la central.

Bueno, pero el...

El director general. Que espere el director general.

Buenos días.

Ahí va. El director general.

Buenos días, señor director.

Siéntese. Un cigarrito.

No, humo. El tabaco, además de un vicio muy tonto, es un peligro para la salud.

Sí, señor, exacto. Sí, cierto. No sé cómo se me ha ocurrido. Qué tontería.

Si el señor director general no me necesita... Sí, quédese, delgado.

¿A qué habrá venido?

¿A qué va a ser?

A decirle a don Felipe que nos den una pala extraordinaria. Sí, sí.

Pues la cara que trae es como para regalarnos algo.

Que se habrá levantado de buen humor y ha dicho, voy a darles una satisfacción

esos muchachos.

Tiene úlcera de duodeno, Benítez.

Úlcera de duodeno.

Y cuando le duele, le entran unas ganas de fastidiar. En el último semestre ha

concedido usted préstamos sin garantía por valor de nueve millones de pesetas.

¿Y quiénes han sido los beneficiarios?

Deme la relación, Redondo. Yo le explicaré, señor director general.

No tiene que explicarme nada. Ha repartido ese dinero que no es suyo

vendedor de pianolas, un fabricante de bragueros, un empleado del

ayuntamiento que quiere poner un kiosco de horchata.

Pero todo es buena gente. Gente honrada.

Devolverán el dinero. ¿Y si no lo devuelven? ¿Lo repondrá usted?

Hombre, yo...

Creo que lo mejor es concederle una temporada de vacaciones. Un año, por

ejemplo, o mejor dos.

Claro que con el 50 % de su sueldo hay que cuidar esa salud.

Señorita, deme los saldos de estos señores.

Sí, me encuentro muy bien.

Este invierno ni me he constipado.

Claro que contaba con el sueldo entero.

La salud es lo primero.

Y durante su ausencia le relevará en el puesto de director de esta sucursal el

señor Delgado.

Un talón.

Quiero cobrar este taloncito. Ya, ya, ya, ya, ya. ¿Qué? Nos dan una paga

extraordinaria, ¿verdad? Nos aumentan el sueldo. Por lo menos nos cambiarán el

horario. ¡Un cataclismo!

Vení a cobrar este taloncito. Total, ciento setenta y cinco pesetas.

Espere, ¿no ve que estamos ocupados? ¿No lo ve? Pero bueno, ¿qué es lo que pasa?

Anda, dilo de una vez. Lo que sea. Ya han despillado a don Felipe. ¡Qué

barbaridad!

Perdónenme, tengo que ir.

Pero cállate.

Si ya lo decía yo, el duodeno... ...de gente joven que se muere todos los días

según las estadísticas. Y ese hombre con una úlcera, ahí le tenéis. Ya le podía

haber dado un patatús.

Señorita, los saldos.

Sí, señor.

Por lo visto, este es el nuevo director.

Esos saldos, señorita. Sí, señor.

Ha sido un honor para nosotros, señor director general.

Póngame a los pies de mi esposa y respeto a sus saludos para sus señores

Cuídese mucho, señor director general.

Ya no hace falta, cuídese mucho. Cuídese mucho, señor director general.

Señor director general ha dicho buenos días.

Buenos días, señor director general.

Siempre a sus gratas órdenes, señor director general. Buenos días.

Pero,

¿pero qué es esto?

¿Qué les pasa a ustedes?

¡A trabajar!

En esta oficina hay mucha molicie, pero dentro de poco van a ir todos más

derechos que una vela. ¿Y usted qué quiere? ¿Qué quiere?

Nada, nada.

Ya volveré otro día.

Son las cuatro.

¿Es que no lo han oído? Estoy anotando unos informes.

¿Castrillo? ¿Las cuatro?

Sí, sí, sí, sí. Pero es que tengo que terminar unos balances.

¿Usted también tiene que terminar unos balances?

No, pero me faltan tres céntimos. Siempre le falta a usted dinero,

Yo voy a dar una barrera.

Por lo visto, hoy todos tienen ganas de trabajar.

Lo celebro. Pero no esperen cobrar horas extraordinarias.

Buenas tardes. Buenas tardes, don Flores.

Nos hemos enterado de la injusticia que han hecho con usted. Y queremos decirle,

don Felipe, que si a usted se lo cepillan, nos tendrán que cepillar a

si le mandan de vacaciones, nos vamos con usted. Así le agradecen los 40 años

servicio. Ahora que está usted viejo y achacoso, ahora la calle se empaña. No

preocupe, don Felipe, estamos con usted. Y contra don Prudente. Y contra el

director general.

Y contra el consejo de administración. Y si hace falta, declaramos la huelga de

brazos caídos. Es eso, estar todos los días sentados sin hacer nada, contando

chistes. Calma, hijos.

Calma.

En el fondo no les falta razón.

Estoy viejo, no sirvo para nada.

Con lo bueno que ha sido siempre con nosotros.

Nunca nos ha negado un anticipo. Ni un permiso.

Y cuando hemos llegado tarde siempre se ha tragado el cuento que le contábamos.

Vais a hacerme llorar.

Ahora me doy cuenta de que hemos sido una familia muy unida.

Y me siento feliz al saber que si pierdo un empleo, gano seis amigos y te...

Oiga, Galindo.

No sea que viene ese pitorreo. No es pitorreo, señor director. Es que me

de que le hayan despedido.

Galindo.

Jolines, yo le creía un buen amigo mío. Porque lo soy, me alegro. No tienes

conciencia, Galindo.

A lo mejor espera que le nombren interventor. Es un esquirol. Lo que es,

cochino. Sin faltar con Sergio, que todavía hay clases.

He dicho que me alegro y me alegro.

Estoy harto de levantarme a las siete de la mañana. De trabajar como un esclavo.

De que pasen millones por mis manos sin que le den a uno tiempo de saborearlos.

En una palabra, señor director, me he cansado de ser pobre. ¡Pero bueno!

Yo quiero ver a Lear en la Costa Azul.

Y pasar el invierno en Chamonix alternando con las campeonas del slalom

Yo, señor director, he nacido para vivir como un duque. Y usted ha sido el que

me lo ha impedido.

Galindo, hijo.

Usted se encuentra bien.

Le ha dado la meningitis.

¡Que avisen a los loqueros!

Estoy hablando con sentido común.

Comprenderéis que estando aquí, don Felipe, no se podía hacer nada.

Pero con don Prudencio la cosa cambia.

Ya se puede. ¿Se puede?

¿Qué?

Dar un atraco a esta sucursal. Toma. Qué tontería. ¿Saben lo que he entendido?

Dar un atraco a esta sucursal. Y eso he dicho.

A primera vista parece un poco raro, pero es más fácil de lo que parece. Lo

tengo estudiado científicamente, hasta con planos. No falta más que ponerlos en

limpio. Y puedo garantizarles que no se descubrirán nunca. Usted no es un loco.

Usted es un sinvergüenza.

No me ha entendido bien.

Yo no pienso llevármelo todo.

Quiero dar participación en el negocio. ¡Basta! ¡Ni una palabra más!

¿De acuerdo?

Tenemos tiempo para pensarlo hasta que tome posición don Prudente. Galindo, ya

me explicará usted.

Sí, señor, de acuerdo, le tendré al corriente de todo.

En mi casa me tienen a su disposición para cualquier consulta.

Si van por la noche, procuran oír en grupo para no alarmar al sereno, que es

desconfiado, ¿eh?

Acompáñenle, Martínez, que le pongan bolsas de hielo, que le den una pastilla

algo, a ver si se le pasa.

Pobre señor Galindo, está como una cabra. ¿Pero quién lo iba a suponer? Un

hombre tan formal, tan honrado, tan serio.

Proponer esa monstruosidad. Hombre, tanto como monstruosidad... Seamos

comprensivos. No hemos oído nada.

Galindo siempre ha sido un empleado modelo.

Mañana lo habrá olvidado todo.

¿Al portador? Como quiera el señor Marqués.

¿Eh?

Este. Este es el coche que me gusta.

Todo automático. Yo he nacido para tener este coche. Abre. A ver si nos echan.

No seas idiota, abre.

Sube.

Lo vamos a manchar, señor Galindo. Lo que pasa es que tú eres un pobre de

espíritu. Ya nos ha visto el ministro.

¿Aquel señor?

Es el encargado. Mira, aprietas este botón y música. No, no, la música es

otro. Pues no tampoco.

Este es el verdadero volante redondo de pasta alemana. Pasta alemana, algo

definitivo, Martínez. El ministro, el ministro. Que no es ministro.

¿Qué desean ustedes?

Un Mercedes.

¿Están seguros?

Naturalmente. ¿Qué color se lleva este año?

Servimos el negro laca embajador, el rojo robespierre y el azul submarino

novedad. ¿Qué te parece?

Hombre, yo preferiría un color más sufridito.

¿En sufridito?

Le aconsejo el gris cañón. Ah, sería bonito.

¿Tiene catálogos?

Lo decía el señor Especial o Corrientes. Especial.

Oiga, ¿en qué divisa prefiere que le paguemos? En esta casa no tenemos

prejuicios. Muy bien.

¿Qué vida nos espera, Martínez?

Tener todo lo que a uno le dé la gana. Que quiere champán, champán.

¿Qué quieres caviar, caviar? ¿Qué quieres?

Que yo soy casado y estoy esperando otro hijo. ¿Y eso qué importa? Seremos

ricos, Martínez, y cuando uno es rico, todo vale.

Los cachalos. Gracias.

Otro para usted. Traigo.

Conoceremos el mundo entero.

El Caribe exótico.

Hawái, Capri, los lagos suyos.

Me parece que no le hemos caído bien al ministro. ¿A ti qué te gustaría conocer?

Hombre, a mí lo que me gustaría ver es Logroño. Mi padre era de allí. En el

Mercedes un paseo. ¿En el suyo o en el mío?

Venga.

Adiós, buenas noches. Hasta mañana.

Te he visto.

Uy, hijo, qué susto me has hecho. Te he visto bajar de este coche con un hombre.

Es mi jefe. Como terminamos tarde en la oficina, me dijo no se preocupe, Lolita,

la llevaré a casa. Chao, Lolita.

Ahí.

Pues el otro día te vi bajar de un Seat verde y también me dijiste que era tu

jefe. Como tiene tres o cuatro.

En la oficina le llaman el parque móvil.

¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué?

Lolita, Lolita, tú me engañas. El que me engaña a hacer es tú.

Desde hace cinco años andas diciendo que nos vamos a casar y seguimos en el

mismo kilómetro. Pues ahora va de veras. El mes que viene nos casamos. Y desde

ahora el único que te va a llevar en coche voy a ser yo. Uy, ¿qué pasa,

¿Es que piensas asaltar el Banco de España? Pues a lo mejor.

Y entonces me comprarás muchas cosas. Yo te voy a comprar a ti lo...

Toma

cinco pavos y trae un doble de whisky para mí y un vaso de leche para el

forastero. Allá en Arizona los hombres no toman leche. Dale con el jarrón, dale

con el jarrón.

Quieto, niño.

Se han perdido ustedes la mitad del crimen. Se sabe ya quién es el asesino.

Yo creo que es el del bigote. Tres pesetas, porque supongo que por don José

harás una rebaja, ¿no? Don José ocupa lo suyo, viene con sillita. Sí, pero no

habla nada.

Anda, que tan mal no te va el negocio. Anoche traías un...

Unos extranjeros.

Bueno, como vienen con el programa empezado, un duro los dos.

Bueno.

Hombre, por fin la encuentra usted en casa.

Sí, pero ya me iba. Le traigo el tardor letrizar del televisor.

Es que no tengo suelto, buen hombre. Don Rogelio me ha dicho que si no me paga,

que me lleve el aparatito.

¿Y sería usted capaz de llevárselo y dejar sin distracción a toda la casa?

Y el pobre don José.

Con la paraliz que tiene, que el único ejercicio que hace es subir y bajar en

sillita y lupita.

Ya sabe usted, mientras está aquí no peca.

Don Rogelio me ha dicho que la televisión es un artículo de lujo. El

pueda apagarlo, que se jorobe.

Enriqueta, el asesino no es el del bigote, porque ya se lo han cargado.

pierda de vista el lagarto del cojo que me da muy mala espina. Tiene una cara de

asesino fácil. Pero si es que Don Rogelio me tiene muy dicho. El hule, ya

salido el hule. Ven, no se pierda el hule.

No se preocupe, se lo apagaré todo.

¿Pero cuándo? Porque si no me... Tengo que llevar el televisor, ¿eh?

Pronto, muy pronto.

Dentro de unos días, seguramente.

¿Qué día, chico? Treinta duros perdidos en el frontón. El imbécil de Moreno que

no ha querido prestarme doscientas pesetas. Y ahora aquí, en Eloína, que se

creído que es el palés y ya no me fían. No sé dónde vamos a parar.

Si es que tú quieres vivir a lo grande. Porque soy un señor.

Estoy disponible, guapa.

Lo que pasa es que no tengo dinero, pero algún día lo tendré. Ah, ¿y ese día?

Ese día, acuérdate que me debes 20 duros. ¡Qué hombre de escuela!

¿Estás pensando lo mismo que yo?

No, yo nunca pienso nada.

Si ese invento de Galindo fuera posible... Es una locura.

Él parecía muy seguro y dijo que no se descubriría nunca.

Todos los atracos se descubren al final. ¿O no?

Anda, saca dos entradas de arriba.

Hombre, encima de los 20 duros, ahora... Calla, deja pasar al talgo.

Estoy disponible, guapa.

No me extraña nada, joven. Que voy.

¿Has visto cómo se me dan?

Sí, ya veo.

Es allí.

Entonces, ¿por qué hemos parado aquí?

Para despistar, idiota.

¿Dónde estará el gereno? A estas horas durmiendo.

Y Galindo también, seguro.

Le vamos a levantar de la cama. Te va a llevar un susto de muerte.

No dijo que viniésemos a consultarle. Pero si yo no quiero consultarle nada.

Solo he venido de acompañante que conste. De acompañante.

Bueno, anda, aquí es. Pero si esto es un disparate tremendo.

Ya has visto en la película. Al final, los trincan a todos. Porque tienen pinta

de atracadores. Eso les pierde. Pero tenemos nosotros pinta de atracadores.

¿Pasa? ¿Yo?

Claro, adelante, sin miedo.

Perrito, tranquilo.

Somos amigos de la casa.

Perrito, tranquilo, a tu casita. A la, a la, vete.

Vete, perrito.

Vamos, vamos.

Quieto, Rinti, quieto.

Lo tenemos por los ladrones. Como esto está tan solitario. Sí, claro.

Pase. Mi hermano los está esperando.

Quieto, Rinti.

Adelante, adelante.

Tú vigila.

Y yo que creía que íbamos a ser los primeros.

Aquí se descuida uno y lo dejan fuera del negocio. Esto se va animando. Ya

yo que vendríais.

Ha venido este. Yo no.

Entonces, ¿qué haces aquí? Alala, sentaos.

Precisamente estábamos haciendo el reparto de beneficios. ¿Ya?

Claro. Antes de dar un atraco hay que saber lo que necesita cada uno.

Así se hacen las cuentas y luego cuadran.

¿Pero tú lo has pensado bien?

Naturalmente. ¿Y estás seguro de que no se descubrirá nunca?

Seguro. ¿Y no nos pasará nada?

¿Pero qué nos va a pasar?

¿Y vosotros estáis de acuerdo?

Claro. ¿No faltaba más? Si es un negocio pinchado. Entonces apúntame a mí

también. A la jefe, siga. Y vamos por el televisor de Enriqueta.

Aparta, conserje, déjame trabajar.

Teníamos seis letras del televisor. ¿Algo más?

Un abriguito de entretiempo. Para mí.

Seis pares de medias.

Será que la pobre no se entera de nada.

Muy bien.

Total... 13 .600.

Pondremos 15 .000.

Para redondear.

¿Tú ya has pensado lo que quieres?

Hombre, yo así tan de repente, pero... Ponme cuatro o cinco trajes. Y un

Y unos zapatos de antes.

Y camisas.

Y un billetero de cocodrilo con un billete de mil pesetas.

Muy bien.

Otro. Ahora le toca a usted, señor Castillo. No, yo no quiero nada. Alguna

chuchería. Yo nada, yo me voy a mi casa.

Os habéis vuelto locos, parece mentira.

Señor Castillo, ¿esto es un negocio como otro cualquiera?

Negocio. Esto es un robo como la copa a un pino. Nosotros somos incapaces de

robar a un semejante, pero un banco no es un semejante.

¿Quién pierde el dinero que se roba en un banco?

Los clientes, no. Los accionistas lo descontarán de los beneficios que no

declaran. Y lo contarán en las pérdidas que declaran. Y lo cobrarán al seguro.

Y no lo pagarán a Hacienda. Aún van a salir ganando dinero.

¿Lo has entendido?

Bueno.

En ese caso, apúntame un chalé en Torremolinos y si puede ser un yate

para recorrer la costa. Anda, y ese es el que no quería nada.

Ah, no, si al señor Castillo le dan todo eso, yo quiero un abrigo de visón. Y a

mí un estudevaque. Y a mí un apartamento en la Gran Vía. Orden, orden, por

riguroso turno. A mí bórreme el cochecito, niño, y póngame el Mercedes

Y a mí un piso amueblado con terraza. Y una lavadora.

Y un cortijo con toros.

¡Basta! Estamos llegando a los 20 millones.

¿Y cuándo ha habido en el banco 20 millones?

Los habrá.

El día 13, precisamente cuando tome posesión don Prudencio, la central nos

mandará 20 millones de la cuenta de la constructora que han de pagarse por la

tarde ante notario por la compra de los solares.

Bueno, y aunque sea por simple curiosidad.

¿Cómo nos los vamos a llevar? Antes de que llegue el notario, el cerebro lo

tiene todo previsto.

Este es el plan.

El día X, a la hora D, entrarán en el banco tres pistoleros.

Nos amenazarán con sus armas.

Nos obligarán a llenar de dinero una maleta.

Darán un golpe a un empleado y se llevarán el dinero en un coche negro que

estará esperando en la puerta.

El coche desaparecerá.

Y nunca más se sabrá de los atracadores. Ellos serán los culpables y nosotros

las víctimas.

Hasta tendremos un testigo.

Con prudencia.

Pero, pero bueno, un momento.

Si el dinero se lo llevan los atracadores, nosotros no cobramos.

Es que esos atracadores...

Están aquí. ¡La policía! ¡La policía! Todavía no hemos empezado y ya nos han

cazado. Está todo previsto. Todo está previsto, pero yo me voy. ¡La policía!

policía! ¡Siéntate ahí!

Y ahora, atiéndese.

Buenas noches.

Y perdone la molestia.

Nos hemos quedado sin agua en el radiador.

¿Y cómo hemos visto luz en la ventana? Así que solo querían agua. ¡Ay, ay, ay!

Agua y lo que sea.

Ustedes que se desviven por servir al ciudadano, ¿qué menos puede hacer el

ciudadano que colaborar? Parece que gritan.

Yo no he oído nada, ¿y tú?

Tampoco. ¿Para qué iba a gritar nadie a estas horas?

Pues yo diría que gritan.

Están ahí.

¡Ay!

¿Qué le ocurre a este señor? ¡Ah, se me olvidaba! Mi primo Matías, epiléptico, a

veces le dan ataques así. Los demás también son de la familia.

¿Dónde le duele?

Aquí.

Hay que llevar a este hombre al hospital. ¿Cómo? ¿Al hospital? No, no,

ninguna manera. Se van ustedes a molestar por una... Para eso estamos.

Lo llevaremos en el coche patrulla. Puede ser grave.

No, señor, si ya estoy mucho mejor.

Yo lo encuentro muy pálido.

Ayúdenme.

Vamos, vamos. Al hospital no, señor Galindo. Que le operan a uno por menos

nada. Tú a callar y te operas de lo que haga falta.

Eso, cuidado con el escalón. Cojetar al perro. El agua.

Necesito lo que habrá sufrido. Y de la que nos ha librado.

Si no llega a ser por él... Gracias, conserje.

Hasta pronto, compañero.

¿Me da usted lumbre?

Sí, señor.

Querida.

Muy nervioso está usted hoy.

¿Yo nervioso?

Fíjese qué bonitos bisones. Este trescientas mil pesetas.

Tirado. ¿La Lupe que de piel sabe lo suyo? Dice que en el extranjero el tizón

no es un artículo de lujo.

Muy bonito.

¿Verdad que sí?

Para usted.

Es que piensa heredar.

¿Quién sabe?

Señorita, desde las ocho de la mañana a las cuatro de la tarde su tiempo

pertenece al banco. El banco le paga.

Y el dinero del banco es sagrado.

Sabe algo. Seguro que sabe algo.

¿Cuentas corrientes?

¿Cómo dice el señor?

¿Cuentas corrientes?

Aquí, aquí. ¿Cuentas corrientes?

Aquí, precisamente aquí.

Buenos días. Buenos días.

Quiero abrir una cuenta.

No faltaría más.

Pero pase, pase. Tenga la bondad.

Ah, permítame, por favor, por aquí.

Siéntese. Estará usted más cómoda. Muy amable.

Y así yo desde aquí voy tomando los datos.

¿Qué datos?

¿Eh? ¿Cómo? ¿Qué datos?

Ah, sí.

Hola.

Su nombre, por favor.

Matilde Gómez Smith.

Lo que son las cosas. Así a primera vista hubiera jurado que era usted Katia

Durán, la famosa vedette. Se le parece extraordinariamente.

Es que soy Katia Durán.

Es mi nombre de guerra.

Una guerra para alistarse voluntario. Gracias.

Las que a usted le sobran.

¿Domicilio? De momento al York Club.

¿Hay algún inconveniente? No, no, no, ninguno, no. Es un sitio precioso.

¿Y cuántas piernas, no digo, cuántas pesetas anotamos como primera

Seiscientas mil.

¿Seiscientas? ¿Ha dicho usted seiscientas mil?

Sí.

Aquí están.

¿No las cuenta?

No, ¿para qué?

¿Dónde hay que firmar?

Ah, sí, sí, aquí.

Aquí donde dice imponente, que es lo que tiene que decir, claro.

Supongo que nadie más que yo podrá retirar dinero de esta cuenta.

Aquí no retira nadie nada.

Hay que firmar más papeles. No, no se moleste. Muchas gracias por todo.

Fernando Galindo, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo.

Le enviaré unas invitaciones para que vea mi actuación. Usted me manda lo que

quiera.

Buenos días. A sus pies.

Oye, ¿podrías darme uno de 500 como anticipo? ¿Como anticipo de qué? Del

¿Pero tú crees que en un atraco se dan anticipos? Chico, yo soy el primero que

hago y no sé la costumbre. Vente a tu sitio.

Oye, que me hace mucha falta.

Siéntate y calla la boca.

Aficionados.

Que sois todos unos aficionados.

Adelante.

Con previsto.

Adelante, Galindo, adelante.

¿Qué es, hijo?

Ingreso de una nueva cliente.

Hola.

Buena cliente.

No lo sabe usted bien.

¿Un cigarrito? Gracias.

Oiga, Galindo. Dígame.

¿Qué le dijo a usted el médico?

¿El médico qué médico?

Ah, pero no ha ido el médico.

¿Yo? ¿Para qué?

Sí, como el otro día estaba usted tan raro.

Ah, perdóname usted, don Felipe. Fue una alteración sin importancia, ¿sabe? Me

alegro, me alegro.

Me tenía sin sueño.

Usted ha sido siempre un hombre tan honrado, tan sensato, tan leal.

Olvídelo, que no volverá a ocurrir. No sabe el peso que me quita de encima.

Muchísimas gracias.

Procure cuidar esa salud, ¿eh?

Sí, señor.

Ya ve el pobre Martínez. Sí, sí. Y menos mal que ya va en vías de recuperación.

Sí, señor.

zapatita. Oye, te cuidan bien.

Me tratan como a un duque, que diría el señor Galindo, pero lo que todavía no he

comido es caviar.

¿Me permite?

Cuando lo pido, dice la monjita, que esto no es el castellana Hilton y...

el apéndice no te molesta? Nada, hombre, al contrario.

Me han entrado unas ganas de comer y como todos los días cambian de menú, me

estoy poniendo morado.

Esto, yo había pensado que mientras ustedes preparaban lo del atraco, pero

jugosísima, podría quedarme una temporadita más para acabar de

¿Cómo sigue el enfermo?

Pues mire usted, doctor, tratando de levantar el ánimo.

¡Ay, ay, ay! ¿Qué cara tiene?

Decía usted.

Que tiene muy mala...

¿No se encuentra usted bien?

De este apéndice sí, pero del otro... ¡Qué bromista!

En serio, doctor, ¿por qué no me opera otra vez?

Si es un cortecito de nada. Así se practica.

Vamos, está como nuevo. Mañana a casita y enseguida a trabajar.

Pero hombre, ¿a usted qué más le da?

Esmerada fritura. Están riquísimas. Buenas noches. Buenas noches.

Tú,

vestirle a la puerta.

No tenemos tiempo que perder. Mañana por la noche reunión plenaria. ¿Dónde?

En mi casa.

Un cuerno. A tu casa no vuelvo yo ni atado. Bueno, ya lo tengo. ¿El qué?

El sitio de nuestra reunión.

¿Van a dar las doce?

Y Galindo sin venir.

No, si también, también ha ido a elegir un sitio que... Lo habrán trincado

seguro. Si tiene que salir mal.

Tú siempre tan optimista.

A mí esto me da muy mala espina.

A lo mejor es una encerrona.

Y el cementerio ahí al lado.

El camposantero de mi pueblo decía que a eso de la medianoche...

Como si arrastraran cadena.

Caray, Castillo.

Con lo bien que se estaba en el sanatorio... ¡Ay!

Señor Benita, es que me parece que se ha movido el ángel.

Sí, sí, sí, Enriquetita, sí, se ha movido.

Tranquila.

¡Manos arriba!

Sí, señor, lo que usted manda.

Aunque no lo había reconocido, solo quería demostraros que de esta manera

podrá reconocer a los atracadores.

Es verdad, es verdad. Pero si no parece el mismo. Es un truco.

Pasarán tres medias de seda.

Tú te encargarás de comprarlas.

¿Y por qué no se encarga Enriqueta, que es la que extiende esas cosas?

Enriqueza, tiene otra visión más importante.

Alquilar un coche, tú la acompañarás.

¿Vamos de excursión?

No, desde boda, es lo que tenéis que decir, que vais a casaros. Alquilaremos

coche de novios para no despertar sospechas.

¿Y mi novio va a ser el señor Benítez?

Justamente. Ah, no, no es mi tipo. Pues entonces que le traigan a Paul Newman.

Señor Benítez, un respeto para Paul Newman.

Pues yo en bajito también tengo mi público.

Evitar cuestiones personales.

¿Y tú?

Serás el chop. ¿Yo?

Pero si no sé conducir. ¿No tienes una moto? Pues aprende.

Saldrá mal, seguro.

¿Y un servidor, jefe?

Un servidor comprará las pistolas. Anda, pero no vamos a llevar metralletas.

Eso, eso, cañones.

Pistolas. Y de juguete.

Hay que evitar el derramamiento de sangre.

Oiga, jefe, ¿y el dinero para estos primeros gastos? Ponerlo vosotros y os

devolverá. ¿Y por qué no lo anticipa el banco?

Al fin y al cabo, dentro de unos días, ¿nos lo vamos a llevar todo?

Eso, que nos den un anticipo. Hay que callarse.

Hay que elegir los atacadores.

Vamos, vamos.

Quieta.

Ponerse en fila.

Vamos.

Vamos.

Yo el primero, jefe. La pasta.

Perfecta cara de asesino psicópata.

Oiga, señor Galindo, sin faltar.

Esta es muy poquita cosa.

¿Pero te has fijado bien?

Con un sombrero hasta las cejas puede valer dos.

¿De perfil?

No, tú no, tú no, que a ti enseguida te da la tos, ¿lo ves?

Tú serás el tercero.

¿Qué te equivocas? Que yo tengo cara de bueno.

Que voy a meter la pata. Que no.

¡Ya están ahí! ¡La policía otra vez!

¡Esto no es vivir!

¡Inspección, señor!

¡No correr, no correr!

¡Vuelvo a tierra!

La de ustedes.

¿No querían alquilar un coche para el viaje de novios? Ah, claro, nuestra

Díselo tú, piruli.

No, dilo tú, ratita mía.

Tú, tú, tú, tú, tú, tigre mío. Tú, tú, tú, domadora mía. ¿Por qué no lo echan a

caro cruz? Pongo la fecha que quiera.

Pero que sea pronto, ¿verdad, ratita mía?

Señor Benítez, que se está usted animando demasiado.

Prohibido el paso.

Es que se me da usted de un bien.

Parece aviso al cura y ganamos tiempo.

Conejita preciosa.

Quieto, forastero. Estás acorralado.

¡Tu padre!

Trae aquí esas pistolas.

¡Nos encontraremos en el despiadero del buitre! Ya te daré buitre yo.

La apéndice. Estás herido. Solo falta rematarte.

Suelta esto, condenado.

Es la primera vez que te acuerdas del cumpleaños de tu hijo, pero no hacían

falta tres pistolas. No son para él.

¿Para quién son? Para los huérfanos del banco.

¡Me vas a matar!

¡Ya me ha dado el dolor!

¿Nos vamos a la maternidad?

Mal padre, que te gastas el dinero con los hijos de los demás y el que va a

venir sin cochecito.

Cálmate, Luisa, cálmate. ¡Y tú cállate ya!

Déjale las pistolas al chico, es un antojo.

Estoy harta de que me espíes. Era mi jefe, con un chibrolé último modelo.

¿Lolita? Al salir de la oficina me dijo... ¿Quiere que lo probemos? Y yo no

tenido inconveniente. Es de un cómodo. Está bien.

Se han acabado los paseos en coche.

Y las colecciones de jefes. Y el tenerme todos los días esperando dos horas.

Desde mañana mismo... ¿Qué es esto?

Nada. ¿Qué trae? ¿Qué me dice?

Un par de medias. Y además son horribles.

¿Tú tienes una doble vida? Que no, Lolita, que no, que yo te explicaré.

ahora mismo, te araño. Ya sabes que soy muy celosa. ¿Para quién las has

comprado? Pero si aunque te lo diga no me lo vas a creer. Cállate, cínico.

Hacerme esto a mí después de cinco años.

Quítate de mi vista, no quiero verte en mi vida. Lolita, que no es lo que tú te

figuras.

¡Vamos, dale!

¡Más deprisa, más deprisa!

¡Pero acelera, hombre, acelera!

¡Venga!

¡Esplaga pronto y cambia!

¡Venga!

A esta velocidad no se puede dar ningún ataque.

La policía otra vez.

Hola, ¿qué tal?

¿Les ocurre algo?

No, no, nada, no. Estábamos probando un coche.

Y va como una seda. ¿Y usted necesita algo? No, muchas gracias.

¿Pasarlo bien?

¡Dios, la gente!

¡Ven a hacer grupos!

¡Dispersaros! ¡Dispersaros! Nos ha mirado de mala manera. ¡Cállate, Gafe!

A empezar otra vez, a ver si te entera de que hay que cambiar.

¡Eso, que suba otro!

¡Tú no te mueves de aquí hasta que pases de 80!

¡Arranca! ¡Arranca!

¡Contacto! ¡Aquí está la velocidad!

¡Aquí está la velocidad!

¡Embraga! ¡Embraga! ¡No tiene ni idea!

¡Embraga y quita la velocidad! ¡Otra vez!

¡A ver! ¡A ver!

¡Arranca! ¡Venga!

¡Venga! ¡Venga!

¡Venga! ¡Venga! ¡Venga! ¡Venga! ¡Venga!

¡Venga!

¡Enriquetita, ven!

que el papel de novio ya se ha terminado. Es que lo he tomado tan en

me parece que estoy en la luna de miel.

¿Está usted lumbre?

Sí, sí, señor.

Se lo advertí, las motos dan muchos disgustos.

No, sí.

Si no ha sido en una moto, ha sido en un coche.

¿Sí?

Bueno, no, en un coche no. Quiero decir que fue contra un coche.

¿Iba yo solo por la casa de campo?

No, por la casa de campo no.

Y de repente...

Un golpe tremendo. Les recuerdo que los accidentes por esas frivolidades no

tienen derecho a ninguna indemnización.

Sí.

¿Cómo va a estar el coche destrozado? Solo se dio un golpecito contra un

El chofer no tiene más que un chichón que no se le ve.

No, no, señor.

Aquí no arreglamos coches.

Esto es un banco.

¡Qué pesado!

Señorita, a mí no me la da.

Usted ve la moto con ese libertino de paquete.

¿De paquete?

¿Qué más quisiera él? Lo siento. Lo siento de veras porque ese negocio del

Matamoros que él me gusta.

Don Felipe, hombre, si solo son 50 .000 pesetas. Otro crédito, ¿no?

Sí, pero ya le he dicho que no puede ser.

Exactamente. Esas alegrías ya se han terminado. De este banco ya no se lleva

nadie una peseta.

Recién ordeñada.

Para que luego diga que no me acuerdo de usted.

Agradecido, pero a mí la leche me sienta como un tiro.

Pero si es de nueve pesetas litros. No importa, me sienta fatal, ya ve.

Caramba, señorita Katia.

Encantado de verla por aquí.

Fernando Galindo, un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo.

Pase, pase.

Sienta, haga el favor.

Solo he venido para hacerle una pregunta.

Usted pregunta lo que quiera.

¿Ha llegado una transferencia para mí? Pues no, no, no ha llegado, no, no.

¿Seguro? Seguro. La cuenta de usted la llevo yo personalmente.

¿Puedo pedirle un favor?

Hecho. Cuando llegue esa transferencia, ¿quiere avisarme al York Club?

Pero a mí sola, ¿comprende? Sí.

Si hay alguien conmigo, usted no diga nada.

De acuerdo.

O sea que yo voy al York Club, entro en su camerino y allí está usted

esperándome.

¿Sola?

Y si no ha llegado la transferencia, ¿puede ir también a decirle que no ha

llegado la transferencia?

Usted puede venir a verme cuando quiera.

Siempre será bien recibido.

Señor Galindo, que por arreglar el coche nos llevan 3 .500 pesetas.

No interrumpas. Y es que están a teléfono. Hay que aprovechar ahora que

estado en Prudel. Que sí, que lo arreglen.

Fernando Galindo, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo.

Que sí, que lo arreglen.

Pero nos quedará como nuevo, ¿eh?

Pero qué culatas ni qué piñones.

Ah, bueno.

Pues entonces que lo arreglen.

Con esta matrícula y en cuanto que esté acabado de pintar, no lo reconocerá

nadie. No tan deprisa, que esto no agarra. Aunque agarre con un solo bote

pintura que hemos comprado no hay ni para un guardabarros.

¿Echarle más agua? Entonces en lugar de pintarlo lo vamos a lavar. Dos rayas

longitudinales. Hay que desfigurarlo con dos rayas longitudinales. ¿Cuánto sabe?

Según mis cálculos, aquí sobra un pico de dos millones.

No sobra nada. Este dinero es para don Felipe. Le pasaremos una pensión vital.

Eso está bien. Es un gesto que nos honra.

Pensión vitalicia para don Felipe.

Creo que es lo menos que podemos hacer.

Ahora sale justo.

Tocamos a tres millones.

¿Tres millones para cada uno?

¿Has visto tres millones?

¡A la hada!

¡A pintar las rayas! Esto se desfigura aunque tengamos que estar aquí hasta la

hora del banco.

¡Desde luego!

Hecho. Me ha costado cinco pavos venir hasta aquí.

¿De qué vienes disfrazada?

De atracadora.

Ignorante como se nota que no vais al cine.

Enriqueta, hija, es que te has puesto de un provocativo. Cúbrete que te vas a

catarar. A ver si es que no va a poder una lucir sus encantos.

Claro que sí.

Hay que ver lo bien terminadita que estás.

No me había dado cuenta hasta ahora.

Perversa.

Basta. Ya está bien que hemos perdido demasiado tiempo.

A ensayar. A ver los atracadores alinearse. A la orden, jefe.

A ver las medias. ¿Las medias? Las medias.

Las medias. Las mías. Las medias, ese.

¿Has oído las medias?

¿Qué medias?

Las que te encargué que compraras. Pues me las he dejado olvidadas en mi casa.

No te las olvidadas. Así no se puede trabajar.

Claro, son unos descuidados. Qué falta de organización.

Podemos ponernos la bufanda.

Venga, los pañuelos. Poneros los pañuelos.

Tú, las pistolas.

Solo las había del nueve largo y además muy feas. Pero pasado mañana las tiene

usted aquí, aunque mi niño nazca con antojo. Esto no puede ser, Lucha. Uno

contra los elementos. Así no se puede irse allá.

Vamos, jefe. Cálmese usted.

Además, si no vamos a disparar, ¿para qué necesitamos las pistolas?

Apuntamos con el dedo y ya está. Bueno, venga, como sea, al coche.

Ya estamos a trece, día de.

¿Preparados?

Acaban de dar las tres.

Frenáis a la puerta del barco.

¿Tiene que ser a la puerta?

No podremos aparcar y además está la farola.

¡Todo el mundo abajo!

¿Pero tú dónde vas?

¿Me has dicho todo el mundo abajo?

No, tú tienes que estar en el coche al ralentí.

Venga.

Otra vez.

¿Todo el mundo abajo?

Pero no te he dicho que te quedes en el coche, no te he dicho. Es que estoy muy

nervioso.

No puede ser, no puede ser.

Aquí quisiera yo ver al Capone.

No se desanime, jefe, que está saliendo todo muy bien. No sé, no sé, no sé.

Anda, anda, anda, anda.

¿Con el motor en marcha? Al ralentí.

La maleta.

¿Dónde está la maleta? ¿Dónde está?

Nosotros a nuestros puestos del barco.

La puerta está aquí.

¡Vaya maleta que se ha traído usted! La única que tengo. ¿Qué pasa?

Mi mostrador.

¡Pam, pam!

Sin disparar.

La frase. Vamos, la frase.

Pónganse de cara a la pared. ¡Vamos, rápido!

¡Manos arriba!

¡Qué emoción!

Y tú, Martínez, vienes ahora hacia la ventanilla con la maleta para que te la

llene bien de billetes.

¡La pata!

¡Un momento, jefe!

Que se nos ha olvidado amordazar al señor Cordero. No, no, no, no, no, no.

qué? Pero si no hace falta ensayarlo.

Aquí se ensaya todo.

Y ponle un esparadrapo para que noten. No hay.

Pues ponle pelo.

Tampoco hay.

Pero no os preocupéis y lo haré muy bien.

¿Y a mí qué me van a poner?

Un piso de cine en cuanto demos el golpe.

¡Qué emoción!

A ver, el cloroformo para Enriqueta.

No lo hemos traído. Es igual, se lo daré yo. No, tú tienes que estar en la

puerta. Qué lástima. Oiga, ¿y qué hacemos con don Prudencio? Le pegáis un

Que no, hay que evitar el derramamiento de sangre, don Prudencio. Tiene que

verlo todo, será nuestro testigo.

¿Puedo volver yo?

Es que no veo nada y me aburro. Cállate.

Bueno, creo que ya está todo.

Solo falta que me des el golpe en la cabeza. Sí, jefe.

Pero con cuidado, suavemente.

Y aquí, en el lado izquierdo. Y en el derecho tengo el lobanillo. Es que me da

mucha pena, jefe.

Vamos, dame.

¿Y con qué le doy?

Ah, es verdad.

Toma, con esto.

Así no, así no, que estará mirando don Prudencio.

Tiene que parecer de verdad. Tú me arreas y yo caigo redondo.

Ahora verás.

Vamos allá.

¡Toma!

¡Me ha salido bordado, jefe!

¡Qué tío! ¡Cómo lo ensaya!

¡Jefe!

¡Jefe!

¡Jefe!

¡Señor Galindo!

¿Pero qué le habéis hecho?

Lo ha matado.

Venga, no haces bromas.

Esto es que me he caído por la escalera. ¿Qué pasa? ¿No puede uno caerse por la

escalera? Sí, señor. Usted puede caerse por donde quiera.

Pero tenga presente que no se conceden permisos por accidente fuera de las

de oficina.

¿Le he pedido ya a usted algún permiso?

Ya estoy harto de que se pase el día amenazando a todo el mundo.

¿Qué está usted hablando con el director de la sucursal? Hasta el día 13 usted

no es director de nada.

Daré parte a la superioridad. Y de ustedes también.

¿Creen que no me dan cuenta?

Desde hace días pasan aquí cosas muy raras. Pero les advierto que si traman

contra mí les costará caro. Seré inexorable con los rebeldes.

El café

y la aspirina.

¿Cómo va eso, jefe? Regular.

¿Duele? Sí, pero me aguanto.

¿Qué mete usted en el calcetín? ¿Lomos?

Arena.

Pero es que eres un bestia. ¡Qué manera de sacudir!

Usted me dijo que le diera fuerte.

¿Y yo qué iba a hacer? Ah, lindo.

Ya llegó la transferencia de 500 .000 pesetas de su recomendada. Y el

de cheques. Muy bien, se lo notificaré personalmente.

También es mala pata, hombre. ¿Por qué?

Se me nota mucho.

Se ve más por lo blanco del esparadrapo.

Ha tenido suerte, ¿eh?

Un poco más abajo y se queda en el sitio.

Es que me he caído por la escalera de mi casa.

Sí, sí, vamos de desgracia en desgracia.

Primero Martínez, luego Castillo, ahora usted.

Veremos a quién le toca mañana.

Una vez conocí una chica muy guapa,

sin saber pretendía juzgar al amor.

A sus pies costuraban cuatro corazones,

pero ella sin piedad los destrozó.

No tiene corazón,

no tiene corazón.

No tiene corazón, no tiene corazón.

No tiene corazón,

no tiene corazón.

Porque ella sin fiesta los destrozó.

Ya verán que esta historia es muy triste y muy tonta.

Porque al fin, cuando quiso elegir, se encontró.

Con que ya a su lado no había ninguno.

Y la chica sola y triste se quedó.

Y la chica sola y triste se quedó.

Hola, pequeña.

¿Te sorprende verme?

Pensaba que estabas en Hamburgo.

No te hagas de ingenua.

Demasiado sabes que tuve que largarme de allí.

Alguien le fue con el cuento a la poli.

¿Estás seguro?

Completamente. Y a lo mejor tú sabes quién fue el chivato.

No, yo no sé nada.

Está bien.

Ya daré con él.

¿Dónde está la pasta?

Yo no lo sé. Mentira.

Te dieron primero 600 .000 pesetas y luego 500 más. No es verdad, Tony. No

recibí nada.

No me enfades, guapa.

Vamos.

¿Molesto?

Hola, cariño. Te estaba esperando.

No, no, usted se confunde. Yo soy el cajero del banco.

Oye, oye.

¿Qué es eso?

Mi novio.

Oye, guapa.

Un quinto también no, ¿eh? Oiga, joven. Usted se calla.

Necesito el material esta misma noche.

De lo contrario... Déjame, Tony. Vete.

No yo a la señora. Haga el favor de marcha.

Esta misma noche.

No lo olvide.

A las mujeres las pegará usted, cobarde. ¿Por qué no me pega usted a mí? ¿Decía?

No, nada.

Usted lo pase bien.

Porque estamos de delante. Si no le doy una lección que... Cuidado.

Puede estar escuchando.

Ha llegado la transferencia. Ah, a eso venía. A traerle el aviso y el talonario

de Che. Me voy a vestir. Siéntate.

Gracias.

Menos mal que has venido.

Una mujer indefensa siempre necesita un hombre leal a su lado.

Sí, señora.

Y un hombre siempre necesita una mujer.

¿Te molesta que te tutee? No, señora.

¿Tienes algo que hacer esta noche?

¿Podríamos cenar juntos?

Sí, señora.

Cenamos y merendamos y volvemos a cenar y lo que usted quiera.

Por ti. No, no. Por ti. Por los dos.

Por los dos.

Las tres. Ya no viene.

Le habrá pasado algo.

¿Y qué vamos a hacer ahora?

Irnos.

¿Y del atraco qué?

Lo mejor será olvidarnos de él. ¿Por qué? Si lo tenemos muy bien ensayado.

Sin Galindo no podemos hacer nada. Claro. ¿Qué vamos a hacer nosotros sin

cerebro?

Y yo que ya tenía elegido mi Studebaker. Y yo un ojo de perdiz, un príncipe de

gales y un malengo precioso. Y yo que me voy a quedar con las ganas de comer

caviar. ¡Ah, y el cochetito al niño!

Pues yo me alegro, Ala.

Vámonos a casa alegres, sin remordimientos de conciencia.

¡Ah, no! Con el señor Garindo, sin el señor Garindo, yo voy el atraco. ¿Tú

que todo esto es verdad?

¿El qué?

Todo. Tu casa, el champán, tú.

Es verdad, sí.

Pues no me lo cree. Me parece que estoy soñando y que me voy a despertar en el

banco buscando nueve céntimos.

Estoy aquí.

Contigo.

Tu talonario de cheques.

Tienes que prometerme una cosa.

Todo, te lo prometo todo.

Si ese hombre pregunta en el banco si tengo cuenta corriente, tú le dirás que

no. ¿Qué significa para ti ese hombre?

Es una historia muy larga. Cuéntamela enseguida.

Es mi hermano, un golfo. Quiere quitarme el dinero que gano.

Me encuentro sola, desamparada.

No me entiendes a mí. Aquí estoy yo para defender... ¡Uy, la gafas!

¡Qué maldad!

Eres muy bueno. Lástima que tengamos que separarnos.

¿Separarnos ahora que estamos empezando?

Ni hablar.

Tengo que irme antes de que él se lleve mi dinero.

Sí. Nos iremos juntos, muy lejos de aquí, donde nadie nos conozca.

A Jamaica, Haití, a Puerto Príncipe, metidos por la brisa del trópico, y nos

casaremos, ¿verdad? ¿Verdad que nos casaremos? Eso no es posible.

Dentro de unos días seré rico.

¿Rico tú?

Sí, sí.

Veinte millones largo.

Bueno, a repartir, claro.

¿Pero qué estás diciendo?

A ti no puedo contarte nada.

Es un negocio alucinado.

Se oye en paso.

¿Era él?

¡Quieta!

Mira tú, será menos sospechoso.

¡Ay, señor Benítez, lleva usted una temporada muy pegajosa!

¡Ay, qué me parece usted un pillín!

Nena, me gustas así, mi atracadora.

¡Ay, madre!

¿Quién ha apagado la luz?

Vaya, ya se han fundido los plomos. Señor Benítez, que le sacudo.

¡Ay!

Un frenazo del autobús. ¿Pasa algo?

Nada, nada.

Es usted muy dueño.

¿Qué sabe de Galindo?

No ha dormido en casa.

Malo. Claro que malo. Se habrán detenido y cantará y nos meterán un lío. ¡Calla!

No se preocupe, si se olvida algo ya se lo mandaremos a casa. Me olvidaré algo,

seguro.

Son muchos años aquí.

Era ya como mi casa.

En fin, todo se acaba.

Todo se acaba. Al contrario, ahora disfrutar de la vida... Sí, claro.

Le dejo las flores. Las llaves.

Ah, sí, las llaves, claro.

¿Y el inventario?

Muy bien, muy bien. Ya lo comprobaré debidamente.

Enriqueta, la echaré mucho de menos, ¿eh?

Vamos, hay que ser fuertes. Es que no lo puedo remediar.

Me da mucha pena.

Usted ha sido como un padre para mí.

Cordero.

Como un padre para todos, don Felipe.

Bien.

Hijos míos.

Benítez. Nunca le olvidaremos.

Castillo. Iremos a verle a su casa.

Higa lindo.

No ha venido.

Despídame de él cuando venga.

Señor director, aunque usted se marche, yo seguiré estudiando su conserje. Le he

comprado esto, de mis ahorros. Es picadura selecta, sin estacas.

Para que no se le atranque la maquinita.

Adiós a todos.

Bueno, ya está bien de sentimentalismo. A trabajar.

Por lo visto, el señor Galindo se ha creído que hoy es fiesta.

Que se aproveche, que ya se le ha acabado. Ese no sabe quién soy yo.

¡Buenos días a todos!

He venido dando un paseo. Ya empiezan a florecer los árboles y los pájaros

trinan en sus nidos. Yo también seré pájaro y volaré.

Oiga usted, Galindo. Pero alegre esa cara, don Prudencio, que ha llegado la

primavera. ¡Aspire hondo!

¡Qué burla es esta!

Está usted hablando con el director de la sucursal.

¿Ya?

Naturalmente. Usted creía que no iba a llegar nunca este momento, ¿verdad?

Pues ya ha llegado. Muy bien.

Sí, señor. Ya ni trinan los pájaros, ni vuela nadie, ni florece nada de nada.

Enseguida me pongo a trabajar, señor director de la sucursal.

Oye, ¿dónde te metiste anoche?

¿Dónde?

Meditando. Meditando mucho. Preparándolo todo.

Esta noche reunión otra vez con carácter de urgencia. Hay que ultimar todos los

detalles.

Punto A.

Transformador. De aquí ha de salir el coche a las 3 menos 12 minutos para a

3 menos 9 minutos llegar al punto B.

Supermercado. Vuelta a la plaza. Pero ahí no está el supermercado. No

interrumpáis.

Punto B.

Supermercado. Oye, si el supermercado está ahí donde está el banco. Eso, eso.

banco es el punto X. Falta mucho para llegar.

Oiga, jefe, tú cállate. A ver si nos entendemos.

Punto A.

Transformador. De aquí ha de salir el coche a las 3 menos 12 minutos para las

menos 9... Sí, pero yo creo que por ahí donde salimos es a la autopista de

Baraja. Pero si es que... ¿Quieres estarte quieto? Si sabré yo lo que digo.

plano hecha a escala rigurosa.

Punto B.

Supermercado. Vuelta a la plaza.

Salida por el punto... No, no puede ser. Espere. Pruebe ahora, jefe.

A ver.

Claro, ¿por qué lo habéis puesto al revés?

No hacéis más que complicar las cosas.

Bueno, yo lo que quiero saber es cuándo nos repartimos el dinero.

El dinero lo repartiremos más adelante, cuando se haya olvidado todo.

¿Y si no se olvida?

Hay que ser prudentes. Nadie debe saber que somos ricos. El dinero lo guardaré

yo en sitio seguro.

Digo yo, ¿no sería mejor abrir una cuenta corriente en un banco?

¿Pero qué quieres? ¿Que nos metan a todos en la cárcel? La prisa es lo que

pierde a los ambiciosos. Y tendremos que seguir trabajando.

Naturalmente. ¿Para eso damos el atraco?

Los atracos perfectos son así.

Por eso no se descubren nunca.

Dejar al jefe que sabe mucho. ¿Me regala el autobús? ¿Quieres estarte quieto?

Lo que he pensado es que también podemos llevarnos todo el dinero que hay en

caja. Así tendremos para los primeros gastos. Muy bien. Eso es estupendo.

Vamos a ver.

¿Os acordáis de todo? Sí, jefe. Yo a las dos menos cuarto finjo el ataque y me

pongo malo.

Eso es.

Y vosotros dos los lleváis al hospital.

¿Y me quedo? No, no.

Vais los tres al punto A, transformador.

Salís por la calle H hasta llegar al punto F antes de que cierre el semáforo.

Y al llegar al punto G, marcha atrás para disimular.

Y a las 13 en punto, matemáticamente, llegáis al banco.

¿Está claro?

Pues haz, haz allá.

Me parece que tardan demasiado.

Ya están ahí.

Mira, pues parece que lo llevaron. mucho mejor.

¡La panola!

¡Cuidado con la panola!

¡Qué calamidad!

¿Qué tal?

Fatal. Veinte minutos de retraso. Y menos mal que hemos llegado, porque al

por el punto C, la calle J está en obras. Suprime la calle J.

¿Vendréis por la calle K? ¿Y cuál es la calle K?

La de la farmacia.

Es dirección prohibida. Claro.

Todo son problemas.

Habrá que utilizar la calle L.

No tiene salida. ¿Y por qué, en vez de dar tanta vuelta, no venimos

por la calle central, verdad? Ese, por la central. Por la central para que os

vea todo el mundo.

M no, N tampoco.

Curro. Gracias, PQR. Jefe, me parece que se le está terminando el abecedario.

Ya está.

Vendréis por la calle S.

¿Y cuál es la calle S?

¿Cuál va a ser? ¿Cuál va a ser? La central, la central, que tiene uno que

explicarlo todo.

¿Alguna duda?

Ninguna, jefe.

Está todo dispuesto. Sí, jefe.

Pero oiga, ¿cuándo me pagan el talón?

Están comprobando la firma.

Una tragedia.

Tenemos que regresar el atraco. Mi mujer está de parto. ¿Pero qué te has creído?

Un atraco es una cosa muy seria. ¿Y tener un hijo qué?

No se puede tener un hijo en estos momentos. Es una barbaridad. ¿No estarás

equivocado? Si no soy yo, es mi mujer. Usted no la conoce. Cuando se pone de

parto, no hay quien la frene. Pues habrá que frenarla en la guerra como en la

guerra. Buenos días, señor Galindo.

Buenos días, doña Vicenta.

Qué alegría verla por aquí.

¿Qué, qué?

¿Cuánto ingresamos hoy, eh?

Hoy vengo a cobrar... ¿A cobrar?

Cuatrocientas mil.

¿Cómo? Por fin me he decidido a comprar el pito.

Un piso, un piso. En eso se gastan ustedes el dinero.

Unos cuantos ladrillos, un poco de cemento y tres tabiques. Y una hipoteca

dura 20 años. Tiene una terraza.

En la vaquería vivía usted muy requete bien. Es un capricho, señor Galindo. ¿Me

lo compro?

Además, esa firma no es conforme. ¿Qué hombre?

Siempre está de broma. No, no, no. La T tiene un rabito distinto, ¿no? Si yo

firmo así.

La firma que tenemos registrada tiene un rabito diferente.

¿Pero qué rabito ni qué gaita? Yo quiero sacar mi dinero.

¿Y la responsabilidad del banco qué?

Somos depositarios de la confianza de nuestros clientes. ¿Quién me dice a mí

usted ha firmado este talón? Yo.

¿Y quién es usted?

Pero si soy yo, señor Galindo. No, no, no.

Vaya usted a su casa, haga otro talón y cuando le ponga usted el rabito a la te

como es debido, vuelve. ¿Llegaré a tiempo?

Llegará. O si no, mañana o pasado o al mes que viene. Hay muchos pisos en

Imponente, chico. Así se defiende nuestro dinero.

No, ahora no puedo ir.

Que tienes dolores.

Aguanta, en la guerra como en la guerra.

Aguanta un poco, hasta las tres y media por lo menos.

Martínez. Sí. A la orden, don Pruden.

Señor director.

Dígale al señor Benítez que suba. Sí, señor. Y a ver si arreglan esos timbres.

Mañana, mañana.

Menudo día tenemos hoy.

Un ingreso, por favor.

Ingresos o pasos.

Ingresos. Ah, bueno.

Venga, después en esa ventanilla, ¿eh? Gracias.

Oiga, señor. ¿Cuándo me paga el talón? Yo llevo aquí ya dos horas. Esto es un

abuso. Hay que esperar, están comprobando las firmas. Somos pocos

Pues a ver si se dan prisa.

El 63.

Vaya. Menos mal.

90 .000, ¿verdad? No hay fondo, señor.

No hay fondo. Ninguno. ¿Y para eso me tiene usted aquí dos horas?

Reclame a la central.

Claro que reclamaré a la central.

¿Usted sabe cuántos anticipos tiene a cuenta de su sueldo?

Muy muchos.

Esto es un robo. ¿Lo entiende usted?

Y mientras esté yo aquí al banco no le roba a nadie ni un céntimo.

¿Sabe lo que voy a hacer?

No, señor.

Hasta que haya cancelado la deuda con sus intereses correspondientes seguirá

usted trabajando sin cobrar.

Ah, bueno, si no hay nada más que eso.

No hay más.

Le haremos un seguro de vida a favor del banco por si se muere antes de la

amortización definitiva.

Que será lo más probable.

El 64.

El timbre. ¿Qué timbre?

Ah, ¿usted no sabe que hay que poner un timbre? Yo nunca lo he puesto. Claro, y

luego vienen los inspectores y ¿qué? Pues póngalo.

¿Y dónde encuentro yo ahora un timbre? En el estanco. Vaya, vaya, vaya.

El 65.

Mujer viva.

Buenos días. Vaya barullo que tiene usted hoy.

Quiero un cigarrito.

Todo el mundo a sacar dinero, todo el mundo a sacar dinero y a gastárselo

tontamente. Lo que tienen ustedes que hacer es ingresar. Hay que fomentar el

ahorro. Ahorro, seguridad en tu vejez. Sí, señor. 120 pesetas.

Muchas gracias.

Buenos días, señorita.

Buenos días.

Hola, Bermejillo.

Martínez, avisa a don Prudencio, rápido.

Veinte millones, ¿verdad? Sí, justamente.

Don Prudencio, ha llegado el dinero.

¿Sabe usted que veinte millones son muy llevaderos? Con dos bolsitas arregla

uno.

Osgura, esto de hacerse millonaria da una emoción.

Bien, empieza todo esto.

Ya veremos cómo acaba.

Don

Prudencio,

tiene usted aquí, aquí y aquí y al doso.

¡El ataque! ¡Le ha dado el ataque!

¿Qué ataque? ¿El suyo? ¿La appendicitis? Pero no le quitaron el apéndice. ¡Se le

habrá reproducido! ¡Los abrigos! ¡Al hospital!

¡Hay que llevarlo al hospital!

¡Eso, al hospital!

Si lo han de operar, que lo operen. Pero ustedes vuelvan, vuelvan enseguida.

¡Dejadme ir a ellos mismos! ¡No sé! ¡Que eso nunca se sabe! ¿En qué momento?

Esto a la caja. ¿Cómo a la caja? ¿Quiere guardarlo? Sin contarlo siquiera. Es

una responsabilidad para usted, señor director.

Y si falta algo.

Bueno, cuenten, cuenten. Contemos, contemos.

¡Despierta, Martínez, despierta! ¡Que ya ha pasado todo!

¿Ha sido niño o niña?

¿Dónde están los 20 millones?

¿Ha salido bien el atajo?

¡Corre, Castillo, corre!

10 .370 .000.

A mí me salen 9 .540 .000.

No es posible.

Falta dinero.

Eso digo yo. Hay que volver a contar.

Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco,

cuarenta y cinco, cincuenta, cincuenta y cinco. Un momento, un momento. Yo así

de deprisa no puedo seguirte.

Hombre, hay que volver a empezar.

Volvemos a empezar. Vamos a ver.

Mil.

Quinientas. Dos mil.

Quinientas. Tres mil.

Quinientas. ¿Cuatro mil? ¿Quinientas? ¿Cinco mil?

¿Quinientas? ¡Buenos días!

¿Quinientas? ¡Cinco mil!

¡Buenos días, don Felipe!

Hija, ¿pero qué es esto?

¡Veinte millones!

Así da gusto trabajar.

¿Cómo prospera el banco desde que yo no estoy en él?

¡Galindo! Hijo, celebro verle. El otro día no pude despedirme de usted, señor

director. ¿Eh?

Ex -director. Buenos días, don Felipe. ¿Qué le trae por aquí? El calendario.

me deje el calendario. Tengo en él tantas anotaciones. Tiene que ser

precisamente hoy. Ya veis, estamos muy ocupados. No importa, yo espero.

No tengo fría. Claro, ahora no tengo nada que hacer. Está bien, vamos a mi

despacho y lleves el calendario y lo que sea, pero rápido.

Y ustedes sigan contando sin descontar.

Quedan, estamos perdidos. Ya deben estar al llegar.

Hay

que

sincronizar los relojes. ¿Qué hora tenéis?

Las dos y media. Las tres menos diez. Las dos y veinte. Ya empezamos mal.

hombre.

Me hace el favor, ¿tiene hora?

Las tres menos cuarto.

Muchas gracias.

Las tres menos cuarto.

Tenemos el tiempo justo. Arranca.

Oye, ¿no le darás al botón de la radio?

No lo sé.

Bueno, esto se pone feo. Yo me voy. Tú te quedas aquí.

No. Tenemos que arrancar como sea. ¡Hala!

Venga.

¿Qué? ¿Qué hay?

¿Pero qué tiene?

Y don Felipe sin marcharse.

¿Cuánto habrá aquí?

Alrededor de un millón. Qué bien, me tocan tres como este. Deja eso,

¿Seguro que no se olvida nada?

Seguro.

Seguro. Ya lo creo. Menuda memoria tengo yo.

Ya arribó, ya arribó.

777 .500.

778 .000.

¡Se me olvidaba el sombrero! ¡Setecientas setenta y nueve mil!

¡Que no se va, que no se va!

¡Setecientas ochenta mil! ¡Quinientas!

¡Setecientas ochenta y una mil! ¡Quinientas!

¡Setecientas ochenta y dos mil!

¡Quinientas!

Buenos días.

Es un poco tarde, pero venía a cobrar este taloncito del ropero.

Sí, pero deprisa, deprisa, padre, que tenemos que cerrar.

Muy amable.

¡El 65!

¡El 65!

Aquí. Es una limosna de un alma caritativa.

Todavía quedan buenas personas en el mundo.

Ya lo creo.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Lo que use todo en billetes grandes, padre. Sí, hijo.

Mil, mil, me faltan mil, mil.

Llevarán un poco de felicidad a esos niños que no tienen más ayuda que la del

ropero. Angelitos, angelitos. Bueno, pues tenga, padre, ande. Pero si es

tardísimo. Voy a telefonear a casa, con permiso, ¿eh? Pues llame, yo voy a...

Adiós. ¿Cómo van ustedes?

Bien, bien, nos faltan tres o cuatro millones, pero acabamos con ellos

enseguida, sí, sí, sí.

Pues juraría que he marcado bien el número.

¿Qué pasa que no vienen?

Calla.

Si no vienen, malo.

Y si vienen, peor.

Oiga, Fermina.

¿Qué dice de Cuenca?

No, no.

Yo pregunto por mi asistenta.

Fermina.

Y dale con Cuenca.

Aquí hay un cruce. ¡Oiga!

¡Cierto! ¡Nadie se mueva! ¡Ya están aquí! ¡Qué bien lo están haciendo!

¡Ustedes dos fuera del dinero!

¡Ven! ¡Vamos a mirar!

¡Vamos!

¡Ay, señor Benítez!

¿Sabe qué tracador me gusta usted más?

¡La pasta de pizza!

Soy yo la que la mira, ¿eh? Tarde y con pañuelitos. ¿Y las medias? ¿Qué habéis

hecho con las medias? ¡La pasta!

¡Ya, ya, ya!

Ni suerte ni se entera, don Felipe.

Pero qué empiñón que hable con Cuenca.

¿Yo qué me voy a confundir? Cuando llamo a mi casa... Bueno,

han cortado.

Pero bueno, ¿pero qué locura es esta?

Ya que ha salido usted con la suya, Galindo, en cuanto les dejo un día

hacer tonterías!

Menos mal que se me ha ocurrido venir, que si no... ¡Trae acá esa pistola,

majadero!

A mí no. A mí no, que yo me estoy quieto.

Que no pongo resistencia.

Tú no eres Martínez, ¿verdad?

Ni Benítez. ¡Déselo todo, la linda! ¡Déselo todo! ¡Arriba no tengo más si lo

quieren!

¡Que son de verdad! ¡Que se llevan nuestro dinero!

¡Quieto! ¡Quieto, disparo!

¡Lola!

¡Dieto! ¡No se mueva nadie!

¡Tira con bala!

¿Quién primero?

Fernando Galindo, un admirador, un esclavo.

Un amigo, un siervo.

¡Voy!

¡Jefe, el mío despachado!

¡Avisa a la policía!

¿Eh? ¿Quién? ¡Soy yo!

¡Un niño! ¡Un niño! ¡Un niño!

¿Y dos niñas más?

Hombre, no... El banco de los

previsores del mañana se siente orgulloso de ustedes.

Serán en el futuro un ejemplo a imitar, una norma a seguir.

Y para recompensar su heroica actuación, se les gratificará con una paga

extraordinaria y se les citará en nuestro boletín.

¿Y a usted, señor director?

Se le propondrá para una condecoración.

Buenos días,

señor director general.

Buenos días. Adiós, señor.

Adiós, señor director general.

Buenos días.

Que nos pase bien.

Adiós.

Ya nos ha manchado.

Tengo un plan.

Este verano, cuando se vaya a tomar las aguas, don Felipe...

Aficionado. ¡Que son todos unos aficionados!

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