All language subtitles for [SubtitleTools.com] Doña Beja_S01E05_Episodio 5.mp4-es-1

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Original subtitles

Quiero salir.

¿Cómo está el postre? ¿Bueno?

-Delicioso. -Muy bueno.

Ven aquí, Juca.

Esto es para amansar a Beja. Porque hoy me preparará un festín.

¿Vino?

-Juca. -El magistrado está generoso hoy.

Déjame salir de aquí. Por favor.

Te lo recompensaré si me dejas ir.

El último pecho que toqué fue el de mi madre.

Cuando era bebé.

Esmeraldas. Te gustan, ¿no?

El magistrado no vio cuando cuando se las saqué.

Podrían ser tuyas.

¿Poner mi vida en riesgo para ayudarte?

-Imposible. -Mota es un cobarde.

Solo lastima mujeres.

Tenório vino, me usó y salió impune.

No salió impune.

Entonces que me mate, porque no me quedaré aquí.

Díselo tú cuando venga a servirse él.

¿Alguna vez pensaste lo que ganarías si las vendieras?

Piénsalo bien.

Un hombre que no le gustan las mujeres no es respetado.

Pero todos respetan el dinero.

Golpéame.

Golpéame para que no sospeche.

Tu sirvientas están...

-Buenas tardes, caballeros. -Buenas tardes.

Yo soy Beja.

El objeto más costoso de este palacio.

Beja.

-Pero el magistrado es generoso. -Beja.

Les dará la oportunidad de que puedan comprarme.

-En una subasta. -Disculpen, caballeros.

¡Beja! Disculpen, caballeros.

-Se volvió loca. -Cien mil réis.

-¡Doscientos! -¡Te daré una barra de oro!

-Dos barras de oro. -¿Qué piensas que estás haciendo?

-¡Cuatro barras de oro! -¡Guardias!

¡Se terminó la fiesta! ¡Guardias!

DOÑA BEJA

-¿No te gustó la carne? -No tengo hambre.

Antônio, ¿y la elección?

¿Tu tío ha organizado alguna otra reunión con los coroneles?

¿Mi vida se trata solo de eso ahora? ¿Política y matrimonio?

No eres diferente al oro

y a las piedras preciosas que tomo de las minas.

Tú me perteneces.

Hasta para ser subastada necesitas mi permiso.

Cuando el sentimiento de posesión es tan grande...

¿Quién es el dueño?

-¿Qué tonterías estás diciendo? -Dice que es mi amo.

Pero desde que me conoció, sus acciones fueron dictadas por mí.

Simplemente porque existo.

¡Mira dónde estás! Te quité todo.

Hasta tu ropa, ¡porque yo quise!

No, lo hizo porque lo lastimé.

Y ha hecho mucho más.

Por mi belleza, mató a mi abuelo.

Por celos, mató a Tenório.

Y habría matado a cada uno de los invitados si me hubieran tocado.

Mi cuerpo es su templo

en el que ofrece todos sus sacrificios.

Y dice que me usa, como si fuera algo trivial.

Pero necesita mi cuerpo.

Mi cuerpo es su alimento.

Y necesita más, siempre necesita más.

Todos los hombres nos necesitan a nosotras, las mujeres, para existir.

Nacen de nuestros vientres.

E intentan degradarnos porque tienen miedo...

De nuestro poder.

De nuestra fuerza.

¿Aún no lo ha entendido?

Yo soy su dios.

Quítese la ropa. Quítese la ropa.

¿Desea servirse?

¿Está hambriento?

¿Tiene sed?

-¿Quién manda aquí? -Tú.

Tú.

Nunca quise engañar a nadie, Padre.

-Lo juro. -La mentira nace del pecado.

¿Qué hago ahora?

Si Antônio descubre la verdad de alguien más,

se sentirá traicionado, ¿no le parece?

-¿Ya está despierto? -No me molestes, capataz.

No dejaré que derroche lo poco que le queda.

Necesito dinero.

Lo sé. Desea ir a la corte y quejarse frente a su padre.

Pedirle que le de sus fondos.

No lo logrará despilfarrando el patrimonio familiar.

No tengo el coraje, en realidad.

De vender lo que dejó mamá.

Vístase. El coronel Botelho desea que usted vaya a misa todos los días.

Tal vez si reza, Dios le brindará lo que necesita para ir a la corte.

In nomine patris et filii et spiritus sancti.

¡Amén!

Deus in vita nostra cotidie adest. Pater custodit nos.

A pesar de que el hombre viva en pecado y se olvide de Dios,

Dios no se olvida de sus hijos.

Porque el Señor es misericordioso.

Dios no será misericordioso contigo. Ya hablaré con mi padre.

Pero solo llegamos a la verdad de Dios

si la encontramos en nuestros corazones.

En nuestras acciones y en nuestras palabras.

Mentí.

¿A qué te refieres?

Esa noche en la que me acosté contigo, ya estabas dormido.

Aún soy pura.

Y tú sigues siendo santo, como Dios te hizo.

El cáliz es la nueva alianza en mi sangre

que será derramada por vosotros.

Lo siento.

Angélica...

-No habrá ningún casamiento. -¡Antônio!

-¡Angélica! -Maria.

¡Antônio!

-Escúchame, por favor. -Ya escuché suficiente, déjame.

Si yo quisiera herirte no te hubiera contado la verdad.

Si realmente te importara, jamás me hubieras mentido.

¡Escúchame!

Me debes respeto. Soy tu hermano.

No te veo como un hermano.

Ve y conversa sobre tus pensamientos con el cura.

O no digas nada.

Cuando la mente no está segura, la boca se cierra.

He estado callada mucho tiempo.

¿No querías saber la verdad? Esa es la verdad.

Nunca te amé como un hermano.

¿Eso no te conmueve?

¿Tus caprichos de niña?

No.

Si monsieur Mota ha sido convocado a la corte,

es porque debe haber un mejor trabajo para él.

¿Gobernador de una provincia?

¿Consejero real?

No importa.

Lo que importa es que ha hecho un gran trabajo y estoy en la corte.

Calma.

Calma porque la corte no es exactamente un lugar amigable.

Yo tampoco.

La corte es el comienzo, madame Constance.

Mira lo que encontré para decorar la corona, abuelo.

A ver.

Estás preciosa. Una princesa.

Una reina. Yo quiero ser una reina.

Con una corona y un trono

podré hacer lo que yo quiera.

Pero un rey, ¿para qué?

Es exactamente como te gusta.

Ni una amante ni una novia.

Ahora soy

la señora de Paracatu.

Esta gente te ama.

Y me extrañarán cuando me vaya a la corte.

Beja, tenemos que hablar.

¿Eso es todo? Robó mi vida.

Robó mi futuro.

Y ahora me descartará como si fuera basura.

Te dejaré en libertad. ¿No querías eso?

¿Quién es usted para decirme cuál es mi libertad soñada?

Beja...

Es hora de que sigamos nuestros caminos.

-Terminaré en un burdel o un convento. -En absoluto.

Tienes joyas, una carroza, dinero. Hasta le puse tu nombre a una mina.

¿Quién dice que quiero oro?

Quiero ir a la corte.

Quiero viajar. Quiero conocer el mundo.

Una mujer con oro abre todas las puertas que desee.

¿Tiene miedo de perderla con Dom Pedro?

No, Padre.

Le tengo miedo a Beja.

Ella fue capaz de hechizarme y por poco pierdo mi camino.

Que Dios sea su guía, querido.

Pero será mejor que no la lleve a la corte.

Con lo inteligente que es, descubrirá cosas que no debe saber.

No resulta nada fácil convencer a los coroneles de apoyar a un mestizo.

Antônio tiene porte, Felizardo. Igual que yo.

Y es instruido.

-Pero es soltero, Ceci. -¿Café?

Sin azúcar. Amargo, como debe ser.

Yo también quiero que Antônio se case y pronto.

Pero debe ser con Angélica.

¿Piensas que me engañas?

No estás interesada en la carrera de tu hijo.

-Estás preocupada por tu futuro. -No sé de qué estás hablando.

Tu sueño es que nadie recuerde que te casaste con un hombre de color.

Felizardo, Genoveva no te dará hijos.

A Fortunato solo le interesan las hierbas.

Mis nietos continuarán con el nombre de nuestra familia.

Ni casamiento ni nietos.

Recuerda lo siguiente:

habrá una boda y será con Angélica.

Perdona a Angélica, hijo.

Fue una estupidez de chicas, ya sabes.

Me hierve la sangre de solo pensar que estuve a punto de casarme por nada.

De una manera u otra, tendrás que casarte.

Lo sabes.

Angélica.

Ya basta con esa estupidez de: "Me ama, no me ama.

Me ama, no me ama".

Tú decides, no una flor.

Realmente quiero casarme con Antônio.

¿Y continuarás llorando así? ¿O harás algo al respecto?

Pensé que ya no éramos amigos.

Estoy dispuesta a construir la amistad que desee el cura.

Solo si logra convencer al magistrado de que me lleve a la corte.

Mota ya tomó una decisión.

Pero como voy a acompañarlo a la capital,

puedo intentar persuadirlo.

¡Cuidado, hombre!

Ese santo vale oro.

Qué generoso es el magistrado.

Llevará muchos santos a todas las iglesias de Río de Janeiro.

Está en deuda con Dios por el puesto nuevo que le otorgaron.

Es la verdad, Mota es un buen hombre.

Él debe ser bueno conmigo.

Convénzalo de que me lleve a la corte.

Y le daré lo que quiere.

Lo convenceré en la capital. Y luego hará que te busquen.

¿Hijo? ¿Has venido a la iglesia dos veces en el día?

Padre Aranha.

Es una alegría verlo dispuesto a venir a la iglesia.

Su difunta madre estaría muy feliz.

Sí, que descanse en paz.

Amén. ¿Puedo ayudarlo?

Quisiera hacer una confesión, Padre.

He pecado.

Muy bien, hijo.

Habla. Dios está escuchando.

-Tomé oro que no era mío. -¿Por qué?

-Porque lo necesitaba. -¿De quién era el oro?

-De mi padre. -Entonces no es tan grave.

Todo lo que es de tu padre será tuyo algún día.

Rece dos Padres Nuestros y dos Ave Marías y Dios lo perdonará.

-Gracias, Padre. -De nada.

Gracias, Dios. Por la gracia que he recibido.

Ahora puedo ir a la corte y ser perdonado.

Vamos.

Adiós, madame Constance. Ha sido un placer.

Espero verla más seguido en los salones de la vida.

Monsieur Mota.

¿Desea ver cómo han sido dispuestos los santos, señor?

Joaquim Inácio Silveira da Mota.

No ha tenido la decencia de despedirse de mí.

No te encontré por ningún lado.

Voy a extrañarte. Mi Beja.

Esto es por el corazón roto que me ha causado.

Adiós.

Adiós.

¿Por qué en el salón del emperador?

Toda la nobleza estará reunida allí.

¿Quieres entregar folletos que reclamen la emancipación

de Brasil en la corte?

¿Dónde más habrá gente con poder?

-¿Y que odien la corona portuguesa? -¿Cómo vamos a entrar allí?

Seremos invisibles.

-Hasta ahora, bien. -Estemos alerta.

En especial con los folletos.

Un barril de vino nunca supo tanto sobre política.

Iré directo al grano. Ha aparecido otro candidato.

-Eso es lo que temía. -¿De dónde?

De Desemboque.

Casado. Con una esposa embarazada.

Eso quieren apoyar los coroneles.

Tradición, familia, virtud.

-¿Está claro? -Como el agua.

¿Antônio?

¿Qué quieres que diga? ¿Que me casaré con Angélica?

Aunque no me hubiera mentido,

¿es correcto que se case conmigo solo por mi candidatura?

Antônio, ¿qué importa lo que quiera una mujer?

A mí me importa Angélica.

No olvides que Angélica te ama. Eso es suficiente para ella.

¿Tu amor es suficiente para mamá?

No sé qué tienes en la cabeza.

Pero nuestra lucha, la de tu abuela, no se puede ganar sin sacrificios.

Con permiso.

Otra vez lo mismo. Antônio ya no se queda más en casa.

Deseo tanto saber a dónde se va.

Cuanto antes lo sepas, mejor, hija.

Nuestra voluntad nunca debe quedar expuesta.

Pero hay otras maneras de conseguir lo que queremos sin tanto alboroto.

Quien vea un bordado terminado, no conoce las puntadas que hay detrás.

Ni el trabajo que llevó.

Lo logré. Escondí los folletos.

¿Sabes cómo vamos a distribuirlos?

Nosotros no haremos nada.

Eso solo llegará al alcance de la gente, ya verás.

Es difícil de creer que ha perdido a una mujer de la talla de Beja.

Es igual que cuando uno está ebrio, pero es imposible dejar de beber.

A veces es necesario matar la adicción antes de que nos mate a nosotros.

¿Cómo entraste aquí?

"El oro abre puertas". ¿No me había dicho eso?

¿Has venido a buscarme?

¿"Doña Beja" necesita un "Don" para ser Doña"?

Madame Constance.

Aparentemente aún no es hora de dejar de beber.

No soy una mujer que persiga a los hombres.

Muy bien, querida.

Merci.

¿Allí está Dom Pedro?

Sí, él es Dom Pedro.

Y la señorita junto a él es la princesa Leopoldina.

Cuidado.

Por favor.

¿Quién necesita un príncipe cuando ya tienes un caballo blanco?

-¿Ella canta? Oui.

Y muy bien.

Aún no me ha contado qué hace aquí en la corte.

Disfruto momentos como este.

¿Antônio?

¿Te has perdido?

Sí, la cabeza.

¿Quieres pescar? Toma esa.

Es más firme y se dobla de a poco.

Como nosotros.

Antes de que te des cuenta, ya tendrás el pelo blanco.

Mendonça, ¿te has arrepentido de alguna decisión que hayas tomado?

Siempre decidimos lo que nos parece más importante en el momento.

El arrepentimiento es una pérdida de tiempo.

¿Y cuando no sabemos qué es lo más importante?

Entonces pensamos qué sería más difícil de perder.

O qué es más fácil de superar.

No quiero perder nada.

Y tampoco sé si puedo superarlo.

La vida es como un río.

A veces atrapas un pescado grande, otras atrapas un pescado pequeño.

Pero todos tienen espinas que sacar.

¡Mira! Parece que es uno grande.

¡Tira con fuerza!

Sí...

Este terminará en una sartén.

Y hay días en los que no atrapamos nada.

Tranquilo.

La diversión recién comienza. Ya encontrarás el camino correcto.

Como lo hizo tu abuela Lueji.

¿Se puede saber qué haces aquí?

No le incumbe.

Confiésalo. Viniste por mí.

Sí, vine, pero no por la razón que cree.

No olvidé que me secuestró y mató a mi abuelo.

Será mejor que salgas de aquí, por tu propio bien.

¿Tiene miedo de que lo delate, Mota?

No cualquier puta logra acercarse al príncipe.

No soy cualquier puta.

Como si Dom Pedro perdería el tiempo por un necio como tu abuelo.

No, no lo haría.

Pero perderá el tiempo con un hombre importante como usted.

Claro que lo hará.

Abuela Lueji.

Cómo deseo tener tu fuerza.

Tu certeza.

Tu abuela era tan especial que encontró la manera de quedarse con nosotros.

Antônio.

Hijo...

Cuando ocupes tu lugar en la lucha de tu abuela,

ella se mantendrá con vida justo aquí, en nosotros.

Antônio.

Déjame ayudarte.

¿Me estabas siguiendo?

Estoy preocupada por ti.

Gracias, pero prefiero estar solo.

Te entiendo.

Nadie te ha cuidado.

Yo siempre quise hacerlo, pero no era fácil acercarme.

Durante toda tu vida solo tuviste ojos para Beja, Antônio.

Pero ¿qué queda de ella?

Además de algunos recuerdos y sueños rotos.

Y esa ira que llevas en tu corazón.

Mi corazón, Antônio,

está lleno de amor.

Para ti.

Siempre ha sido para ti y siempre lo será.

Yo también te quiero, Angélica.

De verdad.

Pero no puedo engañarte.

No te quiero de la misma manera.

No importa.

Yo puedo amar por los dos.

-¿Serías feliz casada conmigo? -Muy.

Siempre fue mi sueño desde que era niña.

Todavía te veo como una niña.

Pero tal vez sea hora de verte como una mujer.

¿Su Alteza quería verme?

Esta mujer dijo que me trajo un regalo. ¿Sabes qué podría ser?

Si vino a hablarle sobre el anciano...

Es sobre el santo.

Los santos son puros.

Livianos.

Pero este...

Con permiso, Su Alteza.

Parece que le pesa su conciencia.

Su Alteza, no escuche las ridiculeces de esta mujer.

Por favor, que la mujer le explique tu regalo a mi esposo, magistrado.

La mejor manera de aliviar la conciencia del santo sería...

Beja.

Arresten al magistrado.

El hombre debía servir a Brasil, pero prefirió robarle descaradamente.

Su Alteza, puedo explicarlo.

No, no hace falta.

El Padre Melo Franco podrá explicárselo.

Hay un cargamento de santos, iguales que este,

enviados al magistrado que están camino al puerto ahora mismo.

¡Te mataré, puta!

¡Te mataré!

¡Puta de mierda!

¿Cómo descubrió que el señor Mota estaba malversando el oro?

Y no solo eso, que lo contrabandeaba en los santos.

Pero será mejor que no la lleve a la corte.

Con lo inteligente que es, descubrirá cosas que no debe saber.

¡Cuidado, hombre! Ese santo vale oro.

¿Desea ver cómo han sido dispuestos los santos, señor?

Joaquim Inácio Silveira da Mota.

No ha tenido la decencia de despedirse de mí.

No te encontré por ningún lado.

Voy a extrañarte. Mi Beja.

Esto es por el corazón roto que me ha causado.

Los hombres siempre dejan rastros, madame .

No desprestigie su mérito, querida.

Está aprendiendo a pensar con el cerebro y no con el corazón.

Gracias a usted, madame Constance.

Gracias.

Oye.

Beja.

Me alegro de verte. Sabía que conseguiría mi baile.

Será un placer

rechazarte otra vez.

Aún no ha olvidado a Antônio, ¿verdad?

Bueno, debería.

Porque si aún no decidió casarse con Angélica, que es pura,

imagínese si se casa con una mujer defectuosa como usted.

Beja. ¿Le gustaría bailar?

Para celebrar nuestro logro.

Por supuesto.

¿Puedo preguntarte qué haces aquí, Botelhinho?

He venido a conversar contigo, papá.

Ya me imagino sobre qué.

No puedo creer que pusiste a un capataz a cargo del dinero de tu propio hijo.

Eres mi sangre y tampoco lo creo.

Bueno, algún día heredaré todo lo que tienes.

Y me convertiré en coronel Botelho.

Todavía te falta mucho para llegar a mi nivel, Botelhinho.

¿Sí? Arréglate el pelo.

Esta flor es del Oriente.

Una de las flores más raras en el jardín de la baronesa.

Pero una mujer como usted es más rara. Una que comparte los mismos gustos.

-Siempre quise conocer el mundo. -¿En serio?

Conmigo, podrá conocer todo lo que desee.

Podrá viajar a donde quiera.

Ahora, por ejemplo, si cierra los ojos,

puedo mostrarle las estrellas.

Sé que a su lado conocería lugares que jamás me hubiera imaginado.

Y que Su Alteza me convertiría en una marquesa.

Pero no puedo.

No la dejaré ir.

Lo siento, pero no puedo.

No quiero ser de nadie más.

El hombre que amo no se casó.

Y necesito volver a Araxá lo antes posible.

Con permiso.

Será muy divertido.

ECOS DE REVOLUCIÓN

-¡Esto es una ofensa a la corona! -Vamos.

¡Oigan, cautivos!

¡Atrápenlo! Que no se escape el otro.

Felicitaciones, Antônio.

Has tomado la única decisión posible.

Ahora le quitaremos el lugar al candidato de Desemboque.

A menos que Antônio siga con dudas.

Nada es más importante que mi lucha. Mi boda con Angélica ya está decidida.

-Concreta una fecha. -Perfecto.

-¡Te vas a casar! -¡Me voy a casar con Antônio, Maria!

Como siempre lo soñé.

Y lo mejor es que no tendrás que irte.

Aún vivirás aquí con nosotros.

¿Crees que la gente hablará de eso?

¿Que Antônio decidió casarse con su hermana menor?

Eso depende de ti, hija.

La reputación de una mujer es su responsabilidad.

La de su esposo también es responsabilidad de ella.

De hecho, la reputación de toda su familia es responsabilidad de ella.

El comportamiento de una mujer dicta lo que dirá la gente.

Pero estoy muy tranquila.

Te crié para que seas una dama. Antônio no podría tener una mejor.

Ni una más hermosa.

Te sentirás como una princesa en este vestido.

Exactamente como yo me sentí.

UN TIEMPO DESPUÉS

¡Suelten a los prisioneros!

O morirán.

¡Basta, Fortunato!

-¿Qué tipo de carroza es? -No es de por aquí.

Debe ser alguien importante si tiene tanto lujo.

Nunca vi una tan hermosa.

Es un pecado despilfarrar tanto dinero así.

¡Miren! Es una mujer.

¿Se atrevería a volver?

-¿Después de todo lo que pasó? -Solo si...

Solo si no tuviera vergüenza.

Es como volver al pasado.

Lo que Araxá no sabe es que ya no soy la misma Beja.

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