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Te dije que se podía ver.
¿Qué crees que viste?
Se están besando.
Eso es lo que hacen el príncipe y la princesa en los cuentos.
Me lo contó mi abuelo.
Entonces, ¿están haciendo un bebé?
¿No deben casarse primero?
Deben estar casados.
Qué tontos que son.
Eso es natural.
Lo hacen porque se gustan.
No puedo tocarte...
Pero yo sí.
Te amo, Antônio.
-Maldición... -Vamos, paga.
¡Es el ladrón de la Magistratura!
¡Corre, Antônio!
¿Escuchó eso?
-¿No estás disfrutando? -Fue un disparo.
No escuché nada.
¿Estás herido?
¡De prisa! ¡Vamos!
¡Aguanta!
DOÑA BEJA
-¡Candinha! ¡Abre! -¡Ya voy!
-¡Abre! -¿Qué pasa a esta hora?
¡Necesito tu ayuda!
Espero que hayan atrapado al que hizo esto.
Tuvimos suerte que el que hizo esto no nos atrapara.
-Eso es verdad. -Aquí está el boticario.
-Fortunato. -Antônio.
-¿Qué pasó? -Un disparo. Lo rascuñó.
El peligro es la infección. Traigan paños limpios y agua.
Traigan aguardiente para desinfectar.
Necesito que seas fuerte.
Debo tocar la herida, primo.
Buen día, Beja.
¿Dormiste bien?
Solo los despreocupados duerme bien.
Yo duermo con mis fantasmas.
¿No tienes miedo de que se dé cuenta?
Él sabe que me caso con él para no ir ni al convento ni al burdel.
Tal vez sea hora
de aceptar lo que la vida me dio.
Me casaré con él, Severina.
Y seré una buena esposa.
Pero mi corazón será siempre de Antônio.
Las minas no están bien, señor.
Cada semana excavan menos pepitas.
Hoy, ni siquiera esto me afecta.
¡No después de una noche increíble!
¿Lo pasó bien?
Casi pierdo la cabeza, Juca.
-No hay nada como una virgen. -No, no. Beja no sangró.
¿El novio llegó primero?
¡Qué me importa!
Montar a la yegua de otro también es un placer, amigo.
A propósito,
¿hiciste lo que te pedí?
No me gustan las sorpresas, Mota.
Creo que esta te gustará.
¿Para mí?
¿Puedo montarlo?
¿Para qué sirve un caballo sino para montar?
¿Alertaste a los dragones de la entrada?
Nadie sale de Paracatu en un caballo blanco.
Antônio te dará trabajo, Candinha.
-Es muy testarudo. -Es como un asno rebelde.
Y perdió mucha sangre.
Si no quieren pedir ayuda en Vila Rica, necesita reposar.
Cuida bien de mi primo, Candinha.
Como si fuese de mi familia.
Estará en buenas manos.
Puede quedarse el tiempo que necesite.
Llámame si empeora,
no importa la hora.
-Gracias, Fortunato. -De nada.
Gracias.
Te diré lo que pasó,
pero no puedes contárselo a nadie.
Antônio fue a buscar a Beja,
y vio cosas que no quería ver.
Y para colmo, le dispararon.
Pobre hombre.
Mi amigo es un buen hombre.
Él no se merece esto.
Y no se merece que la gente del pueblo lo juzgue.
Por eso te lo pido, Candinha. Nadie lo puede saber.
Ni siquiera su familia.
No te preocupes, Valdo.
Su secreto muere aquí. Como todo lo que pasa en esta taberna.
Gracias.
Discúlpame. Tengo cosas que hacer.
¿Te gustó el color?
Fue idea mía.
No es la paloma de Noé,
pero un caballo blanco también puede simbolizar la paz.
Le entregué mi pureza a Dios,
pero ahora le debo respeto a mi futuro esposo.
¿Mota?
¿Tu futuro esposo?
Ya quisiera el magistrado que sus otras mujeres fueran así,
respetuosas.
¿De qué habla?
Mi ángel,
no existe Jesucristo
sin María Magdalena.
En el caso de Mota...
Creo que fueron cinco este año. Al menos las que recuerdo.
¿No fue usted quien me dijo que me resignara?
Resignarte, sí...
Pero creer, nunca.
"He pasado meses de sufrimiento
y noches de miseria".
Job capítulo 7, versículo 3.
Mota te dice su "prometida",
¡pero eres solo una diversión para él!
¡Por favor!
¡Él se cree un semental,
pero es una gallina que pone huevos de oro!
Ahora me siento orgulloso de Antônio.
Era hora de que empezara a involucrarse en política.
Por eso se quedó en Vila Rica,
para hablar de las elecciones.
Yo regresé para ocuparme del campo, coronel.
Valdo,
recuerda lo que te digo.
Antônio será uno de los diputados elegidos para representar a Brasil
en la corte de Lisboa.
Le creo.
Solo una cosa, ¿por qué Antônio no me avisó?
Estaba preocupado.
Pensé que había ido tras Beja.
Coronel Sampaio,
yo le aseguro
que Beja está muerta para él.
-Un día te descubrirán. -¡Angélica!
¡Angélica!
Valdo asegura que Antônio ya no quiere saber nada con Beja.
¿Lo ves? Él no fue tras esa ramera.
Aunque así fuera, hubiera sido en vano.
Beja estaba aquí, buscándolo a él.
¡Nadie puede saber que esa ramera estuvo aquí!
Me dio pena.
Estaba golpeada, con la ropa rasgada...
A ella no le interesa tu pena, tonta.
¡Disfrútalo!
¡Aprovecha tu suerte y quédate con Antônio!
Beja ya no es una amenaza.
Tienes que comer, Antônio.
Necesito irme a casa.
Oye.
Escúchame,
perdiste mucha sangre.
No quiero causarte más problemas.
No es problema.
Y te curarás rápido.
Si lo que viste ahí no te mató,
esto tampoco te matará.
Valdo no debió decirte nada.
Yo sé lo que se siente que destruyan tus sueños.
¿O crees que mi sueño era pasar mi vida en un prostíbulo?
-Gracias, pero estoy bien. -No puedes estar bien.
A menos que no tengas corazón.
Y sé que no es así.
Eres un buen hombre, Antônio.
Te preocupas por los demás y los cuidas.
Y tenías amor, un inmenso amor
en el corazón.
Y después de lo que pasó, solo te quedó un agujero.
Como si te hubieran abierto el pecho para arrancarte el corazón
y te sacaron todo lo que tenías adentro.
Está bien llorar, Antônio.
El agua estancada no es buena.
Te envenena.
Y te corroe por dentro.
Las lágrimas
lo limpian todo.
Limpian los pensamientos.
Limpian el alma.
Llora, hombre.
Llora.
-¿Todavía nada? -¡Tranquilízate!
¡Solo hablan de las minas!
Por Dios, ¡cómo estafa al rey!
-¡Espera! -¿Qué?
Es una carta de una mujer.
Acepta el matrimonio.
El padre no te mintió.
Tu futuro esposo tiene una prometida.
¿Iba a dejarme en cuanto tuviera otra mujer?
¿Y qué harás?
Juntar huevos de oro.
No entiendo.
Me convertiré en la mujer más rica,
y más poderosa de este sertón, Severina.
Guarda la carta.
Que no sepa que la leímos.
¿Te gustó el caballo?
Es un semental como usted, mi querido.
¡Por favor!
Tú eres la que sabe cómo cabalgar.
Una esposa necesita más que eso para estar junto a un hombre como usted.
-¿Cómo qué? -Tantas cosas...
Vestidos, por ejemplo. Hay que evitar repetir.
Lo mismo con las joyas.
La esposa del magistrado del rey debe ser reflejo de su poder.
No te preocupes. Yo me ocuparé.
También necesito aprender a comportarme como una dama.
¡Imagine si se burlan de mí en la corte!
Me llevará a los eventos del rey, ¿no?
¡Sí! Claro.
Si es necesario.
Bueno,
no querrá que me comporte como una plebeya ante ellos.
Imagine que sin querer
les cuente que me secuestró y que mató a mi abuelo.
Toma, esto te ayudará.
Sabía que usted era un hombre de palabra, querido.
Sé que cumplirá con todo lo que prometió cuando pidió mi mano.
¿No?
Eliseu.
¿Quién te dio permiso para entrar?
Estoy haciendo mi trabajo.
Te estás pasando de la raya.
Ustedes dos, afuera.
¿Quieres que te despida?
Mi amo es el coronel Botelho.
Me quejaré con mi padre.
Esto es inaudito.
Que un capataz haga esto es inaudito. Ve a levantar estiércol.
Puede quejarse conmigo.
Este capataz fue ascendido a administrador de la finca.
¡Esto es absurdo! Iré a Vila Rica enseguida,
tengo que hablar con mi padre.
El coronel fue a la corte por asuntos políticos.
Entonces, iré a la corte. Trae la carroza, Eliseu.
No puede viajar. Ya gastó toda su asignación.
Sé cuánto dinero tengo.
Si hubiera leído la carta de su padre,
sabría que él me puso a cargo de sus bienes.
Y hablando de bienes,
el descuido de sus bienes es visible.
Tranquilo. Déjame...
Déjame ayudarte.
Gracias.
Está bien. Yo puedo, Candinha.
-¡Despacio! -Deja.
¡Basta!
Lo siento.
Es que...
Desobedecí a mis padres.
Ignoré a todos y Beja se fue con el magistrado por su voluntad.
Tal vez necesitabas escucharlo de ella.
Casi muero por esa mujer.
Peor aún,
casi mato.
Casi le disparo al magistrado del rey.
Nunca me sentí tan humillado.
-Además del odio, la vergüenza. -Beja debería sentirse avergonzada.
Solo quiero desaparecer de aquí.
¡Desaparecer!
Si un hombre como tú
quisiera casarse conmigo,
iría contigo a donde quisieras.
Dejaría esta vida para casarme contigo.
Sin dudarlo.
Por el techo y la comida.
Gracias.
Antônio.
No importa lo que te hicieron,
no eres menos hombre.
¡Un becerro en una cueva de lobos, Sampaio!
¿Por qué no me llamaste para acompañar a tu hijo a Vila Rica?
¡Por Dios! ¡Qué porquería!
¿Y Genoveva por qué no vino, hermano?
Ceci,
una mujer sale de su casa tres veces en la vida,
para bautizarse,
para casarse y para ser enterrada.
Pero volvamos al asunto.
Yo me ocuparé de tu hijo,
le mostraré cómo un hombre se abre camino entre los arbustos.
Con mi ayuda, ese mocoso será elegido como diputado.
Nuestro hijo estará muy agradecido.
¡Envíen a alguien para que lo traiga de Vila Rica!
¡Esto es urgente, Sampaio!
¡La política es algo serio!
Estoy de acuerdo con eso, Felizardo.
¡Lo sé! Siempre tengo razón.
Imaginen que apareciera otro candidato del agrado de los coroneles.
Eso no pasará, tío.
Antônio,
-regresaste. -¡Hijo mío!
Estábamos hablando de ti.
¿Qué pasó? ¿Estás herido?
Me caí del caballo.
Dios mío.
Ven, siéntate. Ven a comer.
Primero necesito hablar con mi padre y mi tío a solas. ¿Sí?
No puedes humillarte así, hijo.
Necesitaba terminar con ese asunto.
Y ya terminó.
Beja ya no existe en mi vida.
-Solo me interesa la política. -¡Muy bien!
Ahora sí veo un futuro como diputado.
Tu hijo necesita una esposa. Ahora.
Los hombres solteros no son confiables.
Que se case.
Y yo reuniré a los coroneles como al ganado.
Lo siento, padre.
No debí desobedecerte.
Hijo mío,
si esa travesía te dio claridad mental, estás perdonado.
Escucha,
no te preocupes por tu tío.
Yo tengo una esposa para ti.
Tuve un viaje largo.
Necesito descansar.
-¿Me disculpas? -Claro, hijo.
Ahora, sigue el trazo de la letra.
¡Sí!
Lo estás haciendo bien, Beja.
Todo el mundo debe aprender a leer y escribir.
Qué bien que aceptaste la oportunidad.
Si tú no supieras leer, Severina,
no hubiera descubierto que Mota tenía otras prometidas.
Y ahora serás una mujer instruida,
no solo una mujer para casarse y dar hijos.
Casi nadie lo lee.
Es verdad.
Algunos le temen a la guardia real,
otros no quieren a Brasil emancipado.
Las palabras se pierden en el viento. Literalmente.
¿Cómo lo solucionamos?
No lo sé.
Ojalá las palabras encuentren a alguien capaz de cambiar las cosas.
Qué bueno que nuestro hijo envió otra carta.
Listo, terminé.
Tus pinceladas son cada vez mejores.
Josefa,
¿por qué no comienzas a firmar tus cuadros?
Él ya murió hace años.
Le prometí a Gilmar que no le haría eso a su hijo.
Nunca me gustó que tu primer marido se llevara todo el crédito.
¡Tú eras la talentosa!
¿Quién compraría pinturas de una mujer?
Más de una mujer de color.
Yo los compraría, mi amor.
Estas personas ya nos detestan,
imagina lo que pasaría si me atreviera a firmar mis obras.
No hay que escuchar a esos tontos.
-Tienes que... -Zé.
Gilmar siempre fue muy amable conmigo.
No quiero lastimarlo, menos a su edad.
Mientras mi suegro viva, nada cambiará.
Me desconcierta que sigas casada con un muerto.
Te amo.
¿Necesita ayuda?
Vete, Honorato.
Vete.
Mira eso.
Mucho mejor que los bocadillos.
¡Gracias, Dios!
Carminha, espera.
¿Qué quieres, Honorato?
Nada.
-¡Aléjate, pervertido! -Espera. Olvidaste esto.
Gracias.
Quería decirte que me gustó el relleno.
De verdad,
me gustó tu relleno.
¡Degenerado!
¡Aléjate de esa ventana, niña!
Estoy mirando los rayos, madre.
¿Para qué?
¿Crees que los rayos harán aparecer un príncipe para ti?
Aunque así fuera, saldría corriendo. ¡Mírate!
¡Mírate!
Que Dios te libre.
¿Lo ves? Ahora te resfriaste.
Dios, dame paciencia.
No, paciencia no, dame salud.
Dame esa ropa mojada. Te traeré una manta.
¿Qué te pasa, querida? ¡Estás pálida!
Parece el fin del mundo.
El fin del mundo sería enfermarte de neumonía a tu edad
y recuperarte recién a mi edad.
Imagínate. Vieja y soltera.
Que Dios te guarde.
Vístete. Voy a traerte un té caliente.
Beja, ella es madame Constance.
Vino desde Vila Rica
para transformarte en la dama que deseas ser.
¡Voilá!
Mademoiselle Beja,
los dedos deben ser el límite de la grosería,
en lo que respecta al contacto de una mujer.
¿Grosería?
Un tour, s'il vous plaît.
Très belle.
Pero tenemos mucho trabajo por delante, monsieur Mota.
No hay nada que sea imposible para Constance.
Tampoco para mí, madama.
Ansío aprender.
Madame.
Madame.
Madame Constance.
Enchanté.
Madame Constance también te enseñará costumbres europeas.
Bien sûr.
Comenzaremos mañana.
¿Está lista?
No sé usted, pero yo estoy nerviosa.
¿Mi primera lección frente a los invitados?
No es una lección, es una pequeña prueba.
Quiero evaluarte.
Más allá de su belleza, no puede comportarse mal frente a otros.
Mi belleza nunca me ayudó.
Siempre fue una carga.
Usted debe entender, es muy bonita.
Vous ette intelligente.
Si usara su cerebro,
junto con su belleza,
podría conquistar el mundo.
Antes quería conocer el mundo, ahora extraño mi Araxá.
Yo fui como usted.
Joven.
Bonita.
Insegura.
Creía que mi corazón sabría lo que era correcto.
Mi corazón ya no cree en nada.
Está roto.
Muy bien.
Ya basta de hablar de emociones.
No se confunda,
el señor Mota la destruirá.
Tome todo,
todo lo que pueda,
de monsieur Mota.
Quíteselo a él y a todos los que pueda.
Lo único que le da poder a una mujer
es el dinero.
¿Por qué me dice esto, madame?
¿No es él quien le paga?
Yo estuve en su lugar.
Puedo ayudarla.
Si lo desea.
¡Caballeros!
Ella es Beja,
¡la mujer más hermosa de Paracatu!
-¡Vaya! -¡Es hermosa!
Es un placer conocerlos.
Pónganse cómodos.
"El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil."
Mateo capítulo 26, versículo 41.
"Orad para no caer en la tentación."
Mateo capítulo 26, versículo 41.
¡Qué coincidencia, padre!
Très bien, ma chère.
Una sotana no oculta el libertinaje.
Bien. Nunca baje la cabeza. ¡Jamais!
Monsieur Mota, ¿no va a presentarnos a su amigo?
Mais certainement, madame Constance.
Él es Tenório Madeira,
uno de los políticos más influyentes de Vila Rica.
Mota no exageró al describir sus encantos.
Es como una ninfa envuelta en bruma.
Las ninfas no existen.
¿Qué? No existen.
Le agradezco el elogio.
Aprende rápido.
Monsieur Mota, ¿podríamos hablar un minuto sobre Beja?
¡Certainement! -Sí, por favor.
No soy una ninfa, soy real.
De carne y hueso.
Tan real como esa hermosa esmeralda.
Hoy...
Beja aprenderá a tener a los hombres a sus pies.
Pero ya sé comer bananas.
"Porque donde dos o tres se congreguen en mi nombre,
allí estaré yo en medio de ellos."
¿Cuántos días se irá?
Pocos.
Pero no te preocupes.
El padre Melo Franco se ofreció a cuidarte.
¿En serio?
-Es un placer, querida. -No hace falta molestarlo.
Tengo a Severina y a madame Constance, no estaré sola.
Monsieur Mota,
Beja y yo tenemos mucho que hacer.
Cuando regrese se sorprenderá
-con su nueva prometida. Très bien.
Severina.
Prepárame el baño. Enseguida voy.
Buenas noches, padre. No tiene que molestarse.
Estaré bien acompañada.
"El que a hierro mata, a hierro muere."
Mateo capítulo 26, versículo 52.
Buenas noches, Beja.
Qué desagradable es el padre.
Es desagradable lo que hacen los hombres en nombre de Dios.
No, no tan fuerte, madame.
Pero es necesario, Beja.
Así tus pechos quedan altos, como le gusta a los hombres.
Pero a mí me gusta sentirlos libres.
Odio que me falte el aire.
Très bien, ma chère.
Tus deseos, primero. Siempre.
Llegó el coronel, Beja.
Tú eres la única leal.
Me gusta cuidarte.
No necesito saber dónde te duele.
Tu piel es mi piel.
Los mandé a hacer para que combinar con el anillo.
Son increíbles, coronel Tenório.
¿Es su escritorio?
Y con su esposa.
Todo lo que es de Mota ahora es mío.
Yo no pertenezco a Mota.
Yo no pertenezco a nadie.
-¿Me entiende? -Pero yo pagué por adelantado.
Y recibirá el valor por lo que pagó.
Sí, claro.
¿Qué hacemos aquí, Maria?
Antônio tiene reuniones hasta altas horas.
Pero no me engaña.
Debe estar bebiendo en la taberna.
Como todos los hombres.
Angélica, ¿no aprendes más?
¿Quieres casarte con él o no?
-Es lo que más quiero en la vida. -¡Entonces, despierta!
Es obvio, Angélica.
Si Antônio no sale de ahí, es porque viene a ver a alguien.
Estás hablando de Beja.
Aquí dejé a esa ramera cuando vino a la finca.
Si está aquí, es por ella.
Pasaron meses desde que la dejé aquí, tal vez se fue.
Ahora lo sabremos.
¿Y, Honorato?
-Habla. -Sí...
Antônio está ahí, sí.
Pero Beja no, porque como ya les dije mil veces
-se la llevaron a la fuerza... -Bueno, Honorato, ya basta.
Toma, cómprate un trago.
-Tomaré un trago. -¡Ve! Ve a beber.
Cuidado.
-¿Ahora qué? -Ve por tu esposo.
Antes de que lo tome otra.
Soy un hombre lea, a mi única mujer.
Y tú eres solo mía.
Beja...
Odio a los borrachos.
Nunca lo vi así.
¡Qué asco! ¡Déjalo ahí!
Angélica.
Quítate ese vestido sucio.
Métete en la cama.
¡Rápido, Angélica!
Angélica, mira.
Vigílalo.
Si vomita acostado así, quedarás viuda antes de casarte.
¿Me entiendes?
¡Vamos!
¿Qué demonios?
El establo es el lugar más adecuado para lo que hacen.
¿Ahí esconde a sus otras prometidas?
-¡Fuera! -Disculpa.
¿Te disparo en los pechos?
¿O en la cara?
¿Qué le parece, padre?
No sé cómo sobreviví tanto tiempo
sin estar tan cerca de ti.
Solo veo belleza en ti.
Amor...
Solo lo veo en tus ojos.
Y sobre tu cuerpo
yo quiero descansar.
¿Qué demonios es esto?
¡Dios mío!
¡Hijo!
-¿Qué hiciste con Angélica? -¡Mi niña!
Mi niña. Tocó a mi hija. ¡Dios mío!
¡Llévense todo! Vestidos, joyas, todo.
¡Casi cedo!
¡Te traté mejor de lo que merecías!
Ahora, aprenderás a servirme.
Como yo quiera,
cuando yo quiera.
No eres más que una pertenencia.
Y no habrá más nada de esto.
¡Nada!
¡Mi niña, Dios mío!
-¿Te tocó? -Les dije que estaban juntos en la cama.
¡Se los dije!
Ceci, notifícale a su padre.
Antônio y Angélica se casarán cuanto antes.
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