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Qué agradable es estar en tu habitación.
Me ayuda a calmarme.
Te aseguro que donde yo esté,
siempre tendrás la paz que mereces.
-¿Qué sucede? -Te busqué por todas partes.
¿Qué haces aquí en esta casucha de porquería?
Severina, ¡vete!
Severo, vete. Ahora.
O te mato.
-Estoy lista para morir. -Severina.
Vete.
Por favor, vete. Te lo ruego, amiga.
Vete.
Serás mía.
Por las buenas
o por las malas.
Lo que importa...
Es lo que yo quiero.
¡Quíteme las manos de encima!
¿Disfrutaría un cuerpo muerto?
No tienes el coraje de arruinar tu propia belleza.
Sí que la tengo.
¡Y lo haré!
Prenderé fuego este palacio.
Y antes de que pueda tocarme, los dos estaremos muertos.
¿Estás loca, Beja?
Que todo hombre que intente controlarme,
que intente destruirme...
Encuentre su propia destrucción.
Está bien.
Vístete adecuadamente.
Pensaste que me había escapado.
Te seguiría hasta el fin del mundo.
Te olvidarás de mí.
Es imposible olvidarte, Beja.
Escucha, Antônio.
Dicen que tu prometida mató a su abuelo y escapó.
Si fue un escape planeado, ¿por qué no se llevó ni un vestido?
Beja no se fue por su propia voluntad.
¡Estoy seguro!
Antônio, por su cuenta o no, ahora le pertenece a otro hombre.
Así que debes calmarte.
¿No fue suficiente pasar una noche en una celda de la capital?
Por primera vez sentí el dolor de un cautivo.
Pero no lo entiendes, padre.
¡Debo ver a mi esposa! Iré a Paracatu...
¡Antônio!
Te prohíbo que vayas a buscarla.
¿Estás seguro?
No tolero un segundo más sin ella.
Vamos.
¡Vamos!
¿Por qué paramos?
Afuera.
¿En dónde estamos?
Lo intenté todo. ¡Todo!
Y nada te hace feliz.
¿Quieres ir con tu novio?
¡Adelante!
Ahí está el camino.
DOÑA BEJA
Juca.
No logro encontrar a Beja. ¿Sabes dónde está?
Salió.
Con el magistrado.
¿Y no volvieron?
No cuestiono lo que hace mi señor.
Y tú tampoco deberías, Severo.
Pidió su carroza.
Salieron los dos y el chofer.
¿No te parece extraño?
No sale sin guardias.
Bueno, él no le rinde cuentas a nadie.
Pero ¿adónde se fueron?
No tengo idea, Severina.
¿Qué está planeando este tipo?
No lo sé.
Pero nunca lo vi tan interesado en una mujer.
Vete, Severo.
No quiero que me vean contigo.
Eso dices ahora, pero luego me buscas a la noche.
Todo cariñoso.
Buenas noches, Moacir.
-No está en el estudio. -Tampoco en la cocina.
¿Adónde se fue Antônio?
Santo cielo.
Recién acaba de llegar y ya se fue a la taberna.
O peor.
Se fue a buscar a esa sinvergüenza.
¿Y se lo permitiste, Paulo?
¿Qué querías que haga, Ceci?
¿Que encierre a mi hijo?
Antônio es un adulto.
Beja está con otro.
Cuando entienda eso, volverá.
Pero ¿y si es cierto?
¿Y si se la llevaron a la fuerza?
¿Piensas que el magistrado directamente la secuestró?
No.
No. Tienes razón, querido.
Que Dios le abra los ojos a nuestro hijo.
Eso mismo.
Ven.
Ven aquí.
Necesito relajarme.
¿Extrañas a tu ángel?
"Como el carbón a las brasas y como la madera al fuego".
¿Decidirás negar mi fuego y ser castigado otra vez?
¿Desobedecerá al magistrado?
Aquí no está el magistrado.
Ni Beja.
¿Cuánto más piensas que podrá protegerte?
Dios no permitiría que una basura como usted vista una sotana.
A los ojos de Dios, una criatura como tú no debería ni existir.
Pero sí existe.
Y me genera curiosidad.
¡No existo para satisfacer la curiosidad de nadie!
¡Yo soy el que decide eso!
El sexo fue creado para brindar placer y satisfacción.
¡Lo dice la Biblia!
No me toque nunca más.
Ya no le tengo miedo a nada.
¡Ni a usted, ni a nadie!
Beja me enseñó mi valor.
¿Cuándo haremos esto sin las sábanas?
Sabes que soy una mujer creyente, Paulo.
Y yo soy un hombre apasionado.
¡Señor!
Por favor.
¿Está perdida, señorita?
¿Araxá está muy lejos?
-Sí, Araxá está lejos, señora. -Vamos a pasar por allí, suba.
No importa si mi padre me castiga, Valdo.
Beja debe estar sufriendo. ¡Tengo que ir!
El coronel Sampaio me dejaría en la calle por esto, Antônio.
Yo le juré mi lealtad a él.
Al igual que mi padre.
No eres cualquier capataz.
Eres como un hermano.
Yo me encargaré. Lo solucionaré, Valdo.
Yo me encargaré.
Aquellos que te vieron crecer y conocían a ese niño asustadizo
jamás creerían en el Antônio valiente que tengo enfrente mío.
Aún soy un hombre con temor, Valdo.
Pero mi coraje tiene nombre:
Beja.
Vamos, ¡vamos!
Oye.
Descuide, señorita.
Está a salvo con nosotros.
¿Entendido?
Al fin, Zé. Me iba a explotar el corazón.
La traje para que la abrieras tú.
Hace mucho que João no nos escribía.
"Mis queridos padres, no se preocupen por mí.
Yo estoy bien" . -Sean discretos.
Están buscando a cualquiera que los reparta.
"Estuve trabajando mucho, por eso no he podido escribirles.
No pasa un día en el que no esté agradecido
por la educación que me brindaron.
Me admiran en el despacho de abogados que ejerzo.
¿Estará diciendo la verdad?
¿Por qué mentiría João, mi amor?
Intuición materna.
Tu intuición materna debería alegrarse de esta noticias.
¿Por qué no vuelves a pintar?
Buenos días.
¿Sí?
Quisiera ver al magistrado.
Ahora.
No está aquí.
Y debe solicitar una audiencia.
Me quedaré aquí hasta que lo vea.
Señor, está de viaje.
Bien.
Entonces me llevaré a Beja y nadie me detendrá.
Mi santo...
Por toda la fe que te he brindado...
Trae devuelta a Beja, a salvo.
¡San Antonio!
-Disculpe. -¿Quién eres?
¡Espera, espera!
-¡Espera, suéltame! -¡Atrápenlo!
¿Dónde está?
¡Suéltenme!
-Quiero hablar con Beja. -Cállese.
Aquí no hay nadie que se llame así.
No en Paracatu.
¡Está mintiendo!
¡Suéltenme! ¡La encontraré!
¡Suéltenme!
Tengo que ir a mear.
Cuida las cosas.
¿Estamos cerca de Araxá?
-Debería seguir a pie. -No irá a ningún lado.
Suélteme, ¡suélteme!
¡Suélteme!
¡No me toque!
¡Suélteme ya!
¡Oye!
¡Suéltala!
¡Dios está mirando! ¡Basta!
¡Dios mío!
¡Dios mío!
Juca, ¿quién era ese hombre?
Otro ladrón que intentaba robarle al magistrado.
¿Un ladrón?
Pero el hombre estaba bien vestido.
Las apariencias engañan, Severo.
Igual que usted.
No tengo dudas, están mintiendo.
No voy a descansar hasta que busque por todo el palacio.
No será fácil entrar otra vez.
Debemos esperar, Valdo.
Tal vez vuelva este magistrado.
Encontraré a Beja.
Lo haré.
Antônio...
Mi amor, aquí estoy.
Aquí estoy, mi amor.
¡Antônio!
¡Antônio!
¡Antônio!
¡Antônio! ¡Antônio!
¡Antônio!
-¿Beja? -¡Angélica!
¿Qué haces aquí?
Llama a Antônio.
-¿Estás bien? -Dile que estoy aquí.
Por favor.
Espera aquí.
-¿Estás segura, Angélica? -¡Sí! Es Beja.
Busca a Antônio, pero él no está.
¡Eso es bueno, idiota!
¿Ibas a entregarle al hombre de tus sueños a esa ramera?
-¡Maria! -¡Espera!
No abras la puerta.
¿Qué harás?
Conseguirte un esposo.
Ven, Angélica. Ven.
¿Por qué no llamaron a Antônio?
-Llama a Antônio. -No está aquí.
No está. Se fue.
Mentira.
¿Dónde está Antônio?
-¡Antônio! -¡Cállate!
-¡Antônio! -¡Cálmate!
¡No me iré hasta que vea a mi prometido!
Ya no es más tu prometido.
Antônio se casó.
Hace apenas dos días.
¡Mentira!
Antônio no me haría esto.
Muéstrale, Angélica.
Fue una fiesta hermosa. Tendrías que haberla visto.
¿Verdad?
Cuéntale, Angélica.
-Mi vestido era más lindo que el tuyo. -¡Mientes!
-¡Mentira! ¡Me están mintiendo! -¡Deja de gritar!
-¡Llámenlo! -¡Basta!
-¡Antônio! -¡No grites!
-Despertarás a mis padres. -¡Al diablo con tus padres!
¡Que Antônio me lo diga!
-Si te calmas... -¡Llámenlo!
¡Cálmate!
Y te prometo que te llevaré con él.
Cálmate.
Llévame con Antônio.
¡Angélica!
Angélica, querida. ¿Qué sucedió?
Tranquila. Relájate, corazón.
Ven aquí, ven. Vamos.
Ven, corazón. Siéntate aquí.
Cuéntame qué sucedió.
No puedo verte así.
¿Te sientes mal?
Angélica...
¿Alguien te lastimó?
-Cariño, ¿no estarás...? -¿Cómo?
No, madre.
¡No!
Yo jamás...
¡Por Dios!
Angélica, ¿por qué tienes puesta mi alianza?
Lo siento, madre.
No quise...
-Me dejé llevar. -Angélica.
Necesito que me digas qué está sucediendo.
¿A quién querías mostrarle este anillo?
¿Y por qué?
Mi vida.
¿Segura de que no estás...?
-Puedes... -Intenté evitarlo.
-Juro que lo intenté. -¿Quién es el hombre?
Dime el nombre.
Debemos tomar medidas.
¡Quien sea que te haya tocado lo pagará!
Ojalá me hubiera tocado.
Pero es el hombre más correcto que he conocido.
El único hombre de este mundo quien no debería amar.
Pero lo amo.
Siempre estuve enamorada de él.
Hijita...
¿Te refieres a...?
¿Antônio?
Beja, debo decirte algo.
Cuando Antônio regresó de Europa y no estabas en Araxá, se volvió loco.
Él siempre pensó que tenía menos para ofrecer de lo que te merecías.
-¿Él sabe lo que sucedió? -Claro que sí.
Se lo dije.
Y ahora él está seguro.
Cambiaste a mi hermano por otro más rico.
-Hiciste todo por ambición. -¿Todo? ¿Qué?
Beja.
Confiesa que sedujiste al magistrado.
Maria, yo amo...
Amo a tu hermano más de lo que me amo a mí misma.
Solo necesito explicarle...
Yo sé que él me entenderá.
Lo entenderá, después de todo lo que pasé para llegar.
-Entenderá. -Tal vez lo entienda.
Siempre fue un hombre comprensivo.
Pero ya no está soltero.
Ya te lo he dicho.
No creo que se haya casado.
¿Por qué no?
Angélica fue criada para ser la esposa perfecta.
Y ella siempre estuvo enamorada de él.
No me digas que nunca te diste cuenta.
Si me permite decir algo, Paulo...
-Preparémonos para la vuelta de Antônio. -¿Qué tenías en mente?
Mantener ocupada la mente y la cama de Antônio.
No hablo de la taberna, Paulo.
Él debe casarse.
Estoy de acuerdo, pero ¿con quién?
¿No?
Nunca hubo otra opción más que Beja.
Antônio necesita una dama que sea modesta,
talentosa
y que mantenga a su lado sin que se acapare toda la atención.
Parece que ya encontraste a alguien.
No tuve que buscar.
Esta dama siempre ha estado aquí.
Junto a nosotros.
Beja, olvídate de Antônio.
Él está feliz.
Y si lo has amado de verdad, estarías feliz por él.
Tú lo forzaste a que se de cuenta de que ama a Angélica.
Maria, Antônio me debe una explicación.
-¿Dónde está? -En Vila Rica.
Se está ocupando de su propia vida y tú también deberías.
De hecho, te traje al único lugar que te aceptaría.
¿Me estás llamando una puta?
Yo,
la ciudad entera
y tal vez Antônio también.
¿Quién quiere un pastelillo para la caridad?
¿Pastelillo para la caridad?
¿Quién quiere?
Para la campana de la iglesia.
-Pastelillos... -Me encantan los pastelillos.
¡No te atrevas, borracho!
¿Ve? Carminha sabe cómo mantener un hombre a raya.
-¡Pastelillos para la caridad! -Es la esposa perfecta para Antônio.
Mi hijo nunca se pasó de la raya, Augusta.
Y, además, ya está de novio otra vez.
Con permiso.
Cancela la invitación.
¿Cancelar qué?
La invitación.
Al almuerzo que iba a preparar.
¿De qué hablas, mujer?
¿No habías invitado al coronel Sampaio a casa?
¿Para qué?
¡Para hablar de un casamiento entre Antônio y Carminha!
-¿Te olvidaste? -¿De qué?
Por el amor de Dios.
¿Qué hice para merecer un esposo así?
¿Te quejas de que no hice algo que ahora no quieres que haga?
Me alegro de que al fin entiendas.
¿Entonces qué quieres?
Nada, por Dios.
Antônio está comprometido.
¿Beja volvió?
¿Qué Beja, Costa Pinto?
Beja se volvió una puta.
Dije una palabra muy vulgar...
Golpéame, Costa Pinto.
Me lo merezco.
Pégame, Costa. Pégame.
¿En serio piensas pasar tus días en un burdel de Araxá?
¿O preferirías ser una dama en Paracatu?
¿Quién quiere saber?
¿El cobarde
que me secuestró?
¿El asesino
que mató a mi abuelo?
¡O el monstruo
que me dejó sola en el camino!
¡Me podrían haber matado!
¡No te dejé sola nunca!
¿Por qué crees que no te pasó nada?
Ni animales ni hombres.
¿Por qué nadie ni nada te lastimó?
¡Dios está mirando!
¡Dios mío!
¡Dios mío!
¿No te das cuenta de que hago todo por ti?
Porque quiere mi cuerpo.
¿No me oíste
cuando te propuse ser una reina?
Más que tu cuerpo,
quiero tu corazón.
¿Todavía sigues encerrado en este antro a esta hora?
Nunca encontrarás una mujer.
Buenas noches, tío.
Y van a ser unas noches muy buenas, sí.
Iremos a la taberna.
Vamos a beber y vamos a coger.
¿No nos espera la tía Genoveva para cenar?
Genoveva debe estar en casa, rezando, como hacen las decentes.
Deprisa, que a las mujeres indecentes no les gusta esperar demasiado.
Mírenla nada más.
¿Quién hubiera pensado que la nueva estaría administrando todo?
Fue idea de Doña Nena.
-Que Dios la bendiga. -Vieja bruja.
Debería haber recompensado a las veteranas.
Quéjate menos y trabaja más.
Coronel Felizardo, señor boticario.
¡Candinha!
Dame el corderito más hermoso que tengas.
¡Que lo desvirgue a este!
¿Y su familia?
Mi padre sigue en Portugal.
Es su tierra, ¿no?
¿Y ha venido a Brasil sola?
Sí, para encontrar a mi madre.
Una nativa que mi padre embarazó.
Y cuya hija se llevó cuando aún era un bebé.
Nunca encontré su pueblo.
Ahora que todo está en marcha...
Vayamos a conversar.
Quisiera ver si...
Nena te enseñó bien.
Boticario...
Eres un buen hombre.
Te daré un servicio especial.
Beja, ahora eres mi prometida.
Y, pronto,
serás la Dama de Paracatu.
Me hiciste un hombre muy feliz
al aceptar mi oferta.
Mi corazón me está matando, Severina.
Pero te casarás pronto.
No con el hombre que amo.
Me casaré con el magistrado porque no tengo opción.
Pero no puedo dejar de pensar en Antônio.
Antônio se ha casado con otra.
Viste la alianza en el dedo.
¿O no?
Beja.
Él está en el pasado.
-Tu futuro es con el magistrado. -Yo...
Jamás seré capaz de olvidar a Antônio.
Y el magistrado mató a mi abuelo.
Destruyó mis sueños.
Su botella más costosa, señor.
No celebra así ni para los eventos más importantes.
Uno no bebe por el oro, Juca.
Y hoy, hay mucho que celebrar.
Domé a esa yegua, ¿no?
No le digas ni una palabra de que vino su mestizo aquí.
Parece una mujer diferente.
Las mujeres son todas iguales, Juca.
Cada par de piernas se abre con un poco de ilusión.
¿Segura que quieres ir sola?
Sí.
¿Cuánto más nos quedaremos en esta habitación?
Lo suficiente para asegurarnos de que, si vuelve, no vea a papá.
¿En serio crees que volvería?
-¿Después de lo que hicimos? -Beja no es como nosotras.
-Ella no tiene vergüenza. -Maria.
Le conté a mamá.
¿Que Beja estuvo aquí?
Que no me siento hermana de Antônio
Es ahora.
Como lo planeamos.
Ve.
-Buenas tardes, caballeros. -Buenas.
-¿Alguien quiere un trago? -Estamos de guardia.
Nadie se enterará.
Esto está bueno.
¿Hay un problema?
Te estoy hablando, ¿estás sordo?
Disculpe, señor.
-Estoy patrullando. -Patrulla afuera.
Solo entra si te llaman.
Sí, señor.
Vine ni bien recibí tu mensaje.
Nunca nadie ha solicitado una confesión junto al río.
Es más que una confesión, Padre.
Es el mensajero de Dios en la tierra, ¿no?
Si mi pureza no será de Antônio, que sea de Dios.
Me entrego a él.
A través de usted, señor.
Por mi propia voluntad.
Angélica, hija mía...
Nunca fue un secreto que te dejaron en nuestra puerta cuando eras bebé.
Y eso no significa que no seas amada.
Absolutamente.
Eres nuestra hija, pero...
No tienes nuestra sangre.
¿Me entiendes?
Una hija adoptada.
Angélica, debo estar seguro de que me entiendes.
Entiendo, padre.
Lo que quiero decir es que Maria y Antônio no son tus parientes.
Por lo tanto,
no hay ningún lazo entre tú y nosotros.
¿Me van a echar de casa?
¿Es eso?
-No quiero perder a mi familia. -No, mi cielo.
Tranquila, no es eso.
-Escucha a tu padre. -Hija.
Todo lo contrario.
Angélica, ahora serás una Sampaio.
De verdad.
Quiero que te cases
con Antônio.
El señor de verdad obra de maneras misteriosas.
Vine por una confesión...
Y terminé acostándome con la mujer más hermosa que vi.
Lo que pasó, pasó.
Y termina aquí.
Ahora puedo entregarme a Mota.
Él no tendrá mi pureza.
¡Beja!
¿Has preparado la habitación?
Por supuesto, señor.
Beja debe estar cerca.
Y ordena una cena abundante.
La necesitaré.
Con permiso.
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