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¡Basta, Fortunato!
¿Qué tipo de carroza es?
No es de por aquí.
Debe ser alguien importante si tiene tanto lujo.
Nunca vi una tan hermosa.
Es un pecado despilfarrar tanto dinero así.
¡Miren!
Es una mujer.
¿Crees que se atrevería a volver?
¿Después de todo lo que pasó?
-Solo si... -Solo si no tuviera vergüenza.
Sangre.
La sangre siempre ha guiado mi vida.
Primero, sangre que nunca conocí.
Abuelo, ¿me vas a decir quién es mi papá?
Deja en paz a tu abuelo, niña.
Luego, la sangre de mi mamá, quien todos decían que estaba loca.
¡Silencio, Beja!
A tu abuela le molesta el ruido.
Pero ella era mucho más que eso.
¡Te dije que no, basta!
Ella era un enigma.
Padre, ya no puedo más.
Era una mezcla de momentos de una gran tristeza
con otros de felicidad pura.
Cuando estas emociones la abrumaron, ella decidió terminar con todo...
Y me quiso llevar con ella.
¡Sujeta esto, Beja!
¡No lo sueltes!
Pero estaba destinada a vivir
y mi abuelo me crió para ser una princesa.
Aunque mi mamá me enseñó a ser un colibrí.
Y a volar en libertad.
¿Por qué siempre la vida me lleva donde está la sangre?
¿Estás bien?
¿Es posible volver a cosechar en un suelo que se ha resecado?
Antonio.
Amar a alguien que pelea por la libertad de un pueblo
es amar alguien que no es libre él mismo.
Antonio lleva ese legado en su sangre.
Fue criado desde joven para seguir con la misión de la abuela Lueji.
Una prisionera que convirtió el oro que encontró en su libertad
y en la libertad de tantas personas de color.
Cuando la abuela Lueji falleció,
se fue sin saber que Antonio se sintió obligado a callar su corazón
y a guardar sus sentimientos para seguir sus pasos.
Para ti.
Pero mi corazón estaba tan hambriento de amor
que ninguna sangre me alejaría de lo que siempre fue mío.
Beja.
Deberíamos buscar en otro lugar.
Desempaca tus cosas, Severina.
Nos vamos a quedar.
La esperanza de recuperar mi vida me hizo creer
que era suficiente para ser la Beja de antes.
Un niño trajo esto.
Es para ti.
Pero el destino tenía otros planes para mí.
Parece que al campamento no le agrada nuestra presencia.
"Gracias por el regalo.
El fertilizante es perfecto para mi rosal.
Te lo agradeceré con flores.
Después de todo,
uno da lo que tiene adentro".
Dile al niño que se lo entregue a la misma persona que lo envió.
Y búscame un vestido hermoso.
Tenemos que visitar un lugar.
Beja...
¿Estás segura de esto?
¿No había empezado todo aquí?
La casa es linda.
Serviría para lo que deseas.
Pero ¿tiene que ser esta?
Insisto, Severina.
Mi club de caballeros se abrirá en esta hacienda.
Si la vida me convirtió en una mujer de la noche,
convertiré al mundo en un burdel.
Porque doña Beja vino para quedarse.
DOÑA BEJA
DOS AÑOS ANTES
¡Beja!
¡Beja!
¿Dónde estás?
Pensaste que me había escapado.
Te seguiría hasta el fin del mundo.
Dime que me amas.
Dime que me amas.
Sabes lo que siento por ti, ¿verdad?
Quiero que lo digas.
Muy bien.
-¡Dilo! -Está bien.
¡Te lo diré bajo el agua!
¡Ven!
¿Qué pasa, mi princesa?
No seré capaz de estar lejos de ti por tanto tiempo.
¿Cómo?
No te preocupes.
Prometo que te escribiré todos los días.
Te olvidarás de mí.
Es imposible olvidarte, Beja.
Imposible.
Me vuelves loco.
No puedo.
No puedo, no puedo tocarte...
No antes de casarme contigo...
Pero yo sí puedo.
Beja me agrada.
Pero su familia es un desastre.
Bueno, este compromiso ayudará a Antonio, Ceci.
Él tiene que hacerse responsable.
Es un adulto.
¿Quieres que me vea despeinada como la novia de tu hijo?
Despeinada o no,
Antonio se verá muy bien en la capital con Beja.
Al igual que yo era tu esposa trofeo. ¿No, Paulo?
Ceci...
Ven aquí...
Jamás habría peleado por el derecho a casarme con una mujer blanca,
mucho menos sin un dote,
si no la amara tanto como yo te amo a ti, Ceci Sampaio.
Siempre estuve loco por ti.
Bueno, espero que tus esfuerzos hayan valido la pena.
Abuelo, ¿te ayudo?
Por favor.
Por aquí, señor Alves.
Lo acompañaré.
Lo ayudaré.
Es un honor recibirlo a usted y a su nieta, señor Alves.
Especialmente en esta noche en la que estamos,
en familia, celebrando la amistad y el amor.
¡Un brindis por Antonio y Beja!
Pensé que iba a estar solo en el mundo...
Pero Antonio prometió cuidarme.
Es una gran persona.
Cumplimos con nuestras promesas.
Es por eso que nos gustaría sellar el compromiso.
Nuestro hijo terminará con sus estudios, regresará de Europa
y luego, se casarán.
Todavía están aquí. ¡Están de la mano en el sofá!
¿Cómo lo permiten?
Estás demasiado avergonzada de demostrar tus sentimientos.
-Te lo dije. -Somos hermanas, Maria.
No, Angélica.
Antonio y yo somos hermanos.
Tú eres una beba que dejaron tirada aquí.
¿Por qué me dices eso?
Porque ese pequeño detalle te permite casarte con Antonio.
¡Pero eres estúpida!
-Buenas noches, Maria. -Buenas noches, Angélica.
No quiero otros guantes, así admiro
nuestro anillo.
¡Dejé el otro por aquí!
Tendrás que quedarte hasta que lo encuentres.
Debo irme.
Ve. Encontraré tu guante y te lo llevaré.
¡Basta! Maria está aquí.
Este lugar será tan aburrido sin ti...
Moriré del aburrimiento en Inglaterra.
Me has acostumbrado a vivir al máximo.
Contigo, todo es una aventura.
Te amo, Antonio.
Yo también.
¿Por qué nunca me dices que me amas?
Pero sí lo digo.
Solo que a mi manera.
Así, siempre estaré cerca de tu corazón.
Regresaré.
Espérame, voy a volver. ¿Está bien?
UN TIEMPO DESPUÉS
No falta mucho para que vuelva Antonio.
¿Ha enviado alguna carta, señora Ceci?
Beja, hija mía, una mujer no debe ser una fogata.
Debe ser una vela.
-Una vela. ¿Entiendes la diferencia? -¡Mentirosa!
-¡Puta! -Mamá...
-¿Es el coronel Botelho? -¡Perra!
¡Eres una puta!
Maldita prostituta.
¿Estás loca? ¿Crees que me engañarías?
¡Te hacías pasar por pura! ¡Te insinuabas para casarte!
¿Alguien de aquí comería una manzana que ha sido mordida?
-¡No! -¡No!
¿Nadie?
Bueno, ¡yo tampoco!
¡Suéltame!
Qué horrible mentir así.
Y tu padre quería una esposa de ese color para Antonio.
Que Dios no lo permita.
Beja es mejor.
Está mintiendo.
Que Dios se apiade de Candinha.
Dios tiene mejores cosas que hacer
que preocuparse por prostitutas.
¡Alma perdida!
-¡Tu alma está perdida! -¡Maria, hija!
Compórtate.
Irás a la taberna.
¡A la taberna irás!
¿Que no mientes? ¡Explícaselo al diablo!
¡No miento! ¡No!
¡Sí, miren!
¡Ve a trabajar a la taberna!
¡No mentí!
¿Qué pasa, Beja?
Pobrecita...
Qué triste que un hombre tenga que actuar así.
Es muy triste.
Vamos, chicas. Hemos visto más de lo necesario.
Vamos.
Bebe.
Te sentirás mejor.
No debería estar aquí.
¿Y crees que yo sí?
Lo siento, señora Nena,
pero yo no hice nada.
Juro que no hice nada.
No fuiste la primera y no serás la última
que tolere a un hombre que demanda el postre antes de la cena.
¿Cómo lo sabes?
Respeta mis canas, jovencita.
No consiguió lo que quería.
-Aún sigo soltera. -¿Eso importa ahora?
Para esas personas eres una puta igual que yo.
No soy una prostituta.
-¡Yo me iba a casar! -Despierta, niña.
Eres bella.
Pero ellos solo te ven como una mujer negra.
Nunca como una esposa.
Jamás.
Ya sé que soy.
Pero no soy una prisionera.
Yo soy libre.
¿Libre?
Puedo darte un hogar y comida,
pero tendrás que pagarme.
Con trabajo.
Y aquí...
No rechazamos a ningún cliente, ¿entiendes?
¡Me duele!
Así no puedo respirar, señora Ceci.
Tu esposo respira por ti.
¿Piensas que es fácil ser una esposa?
Este vestido te queda maravilloso.
Lástima que Beja no tiene otro vestido. Así podría ir al baile del magistrado.
Tengo que cuidar a mi abuelo.
¿Tienes el descaro de perderte la fiesta?
Todos hablan de la fiesta.
Y del magristrado que viene a conocer Araxá.
Bueno, si el hombre es el magistrado del rey,
debería conocer a la futura esposa de mi hijo.
Podría ayudar mucho en la política a Antonio.
Irás al baile, Beja.
Tu abuelo lo comprenderá.
¿No me puedo mudar contigo a Vila Rica, padre?
Ya lo hemos hablado, Botelhinho.
Después de la muerte de tu madre quedamos tú y yo.
Te quedarás y cuidarás la granja.
Pero quiero meterme en la política.
La política es un asunto serio.
Puedo ser tu asistente.
Ni siquiera puedes hacer un nudo.
Asistente...
¿No te había preparado un periódico aquí, en Araxá?
¡Me prohibiste escribir sobre política!
Por supuesto, heredaste las ideas podridas de tu madre.
Los vientos ahora soplan en otra dirección.
Te daré un consejo.
Que te guíen los vientos.
Padre, ¿te avergüenzas de mí?
Compórtate en el baile.
No fue fácil convencer al magistrado del rey
a que venga hasta aquí, a Araxá. Un lugar que ni sabía que existía.
Necesito que salga bien.
Hijo, arréglate el pelo.
Está horrible.
Coronel Felizardo.
Es un honor recibirlo en mi hogar.
¿Listo para otra elección?
Si está dispuesto a perder otra elección.
Señora Genoveva, hace mucho que no la veo.
Disfruten y pónganse cómodos.
Tu bebida, tío.
¿Y la tuya, Fortunato? ¿No bebes?
No conozco un solo hombre que no beba.
Mamá, me duele.
Es porque estás muy pálida, Carminha.
Trata de llamar la atención del magistrado.
¡Despierta, Costa Pinto!
El magistrado, ¿ya llegó?
Ya llegó a Araxá con certeza.
¿Cómo lo sabes?
¿Paseaste por la granja y no me enteré?
Tío, ya lo saben todos.
Es de lo único que hablan en el pueblo.
Tantas cosas importantes para hacer con nuestro dinero
y hacen esta fiesta inútil.
Pura ostentación.
Y la gente blanca nos mira como si no deberíamos estar aquí.
Nos llevará al menos medio siglo
para que nos acepten.
Si es que nos logran aceptar.
El magistrado debe estar en el salón y nosotros
esperando a la princesita.
Cariño, Beja es casi familia.
Angélica también es casi familia y no tiene su propia carroza.
¡Maria!
¿Y cómo iba a venir la novia de tu hermano?
¿A pie?
Llegaron.
Beja.
¡Qué hermoso!
Cielos, Beja, eres...
-...hermosa. -Hermosa.
Gracias.
Perfecta para representar a Antonio.
¿Ya podemos entrar?
Adelante.
¿Y el magistrado? ¿Lo viste?
No, pero ustedes se demoraron.
Culpa de la pilluela esa.
¡Carminha!
¡Qué vestido hermoso!
¿La modista de Vila Rica te tomó tus medidas?
Sí, claro.
El encargado seguro midió la cadera de una ballena.
Afuera me dijiste que estaba hermosa.
¿Qué pasó?
Demasiado lujo para una chica sin padres.
¡Maria!
Yo también soy huérfana.
No es lo mismo, Angélica.
Tuviste una educación, esta chica no.
No tiene modales, ni padres, ni ropa.
Damas y caballeros.
Un minuto de su atención.
Es un placer darle la bienvenida
a este hogar
a Joaquim Inácio Silveira da Mota, el magistrado del rey.
Ha llegado desde la corte para conocer a nuestra querida Araxá.
Vaya.
Qué llamativo que es.
Buenas noches, señoritas.
Buenas noches, señor magistrado.
¿Disfruta el baile?
Ahora mucho más.
Mucho más.
Magistrado, venga conmigo.
Quiero presentarle a los trabajadores de Araxá.
Mi madre aún me escuchaba.
Pero mi padre ni siquiera me miró a los ojos.
Ellos creían que las intenciones del coronel Botelho eran buenas.
Bienvenido a mi hogar.
No me creía cuando le dije que el coronel quería abusarme.
Entiendo cómo te sientes.
Me trató de mentirosa.
La palabra de una mujer no es nada para ellos.
No permití que ese asqueroso haga lo que quiera antes de la boda.
¡No, no!
Podría usarte...
Pero no lo haré.
Porque te enseñaré quién está a cargo aquí.
¿En serio pensaste que me casaría con una verdulera cualquiera?
¡Suéltame!
Ven aquí.
Te ayudaré.
Qué magistrado tan vanidoso.
No me extraña. Todos quieren congraciarse con él.
¿Podría bailar con Beja, señor?
Si ella lo desea.
Beja.
Antonio, mi novio, no estaría de acuerdo.
Tonta.
Era solo un baile.
La familia Botelho tiene más dinero que la nuestra.
Entonces tú baila con él.
Señorita, ¿podría bailar con su hija?
No es nuestra hija, señor magistrado.
Es nuestra futura nuera.
Y ella es mi esposa, la señora Ceci Sampaio.
Por supuesto, estimado señor. Pido disculpas por mi error.
Bueno...
¿Qué problema hay con un baile?
Compórtate, Ceci.
Aseguramos un lugar para Antonio en la corte.
¿No es nuestra misión?
Vamos.
Mira.
Solo sonríe.
Sonríe y camina.
¡Ven aquí!
Me encantaría decirte que te acostumbrarás,
pero sería mentira.
Tres canciones seguidas.
Mi mamá me va a matar.
No es fácil competir con Beja.
Descarada.
Mi hermano se va a enterar.
Tus ojos.
¿Sabes lo expresivos que son?
Mi abuelo me dice lo mismo.
Dudo que tu abuelo haya alagado tu cuerpo.
Qué pecho tan precioso.
-Qué figura, Dios... -¿Podríamos parar?
No me siento bien.
¿Segura?
Extrañaré una compañía tan...
Encantadora.
¿Segura, Beja? Es muy temprano aún.
No me siento muy bien.
Déjala, Ceci. Hizo suficiente por Antonio.
-Ve, Beja. -Gracias, señor Sampaio.
Saluda al señor Alves de mi parte.
-Buenas noches. -Buenas noches.
Vamos.
La virilidad hace al hombre, Honorato.
Basta, dices eso porque después
del dolor de haber perdido a tu hija
nunca te has acostado con otra mujer.
Sí.
Soy la mitad de un hombre.
Pero bebes por dos.
Buenas noches.
¿Ya volviste, Beja?
¿Terminó el baile?
Si hasta Honorato dice que ya bebiste demasiado,
entonces es más que suficiente.
Después de todo lo que pasó...
Beber es el único placer que tengo.
Es tarde, Honorato.
Sí. Debería irme, cierto.
Hablaremos mañana.
Nos vemos.
Dame la botella.
Yo la guardo.
Pero el vaso se queda, ¿no?
-Buenas noches. -Buenas noches.
Buenas noches.
Buenas noches, gruñón.
¿Quién serás hoy?
Seré un sultán.
¡Y tú serás mi prisionera!
¡Dios mío!
Mamá.
-¿Sí? -¿Una chica puede ser un sultán?
Mi vida...
Puedes ser lo que tú quieras.
Cuando sea grande, quiero ser muy...
Muy, muy bonita.
¿En serio?
¿Muy bonita?
¿Bonita como Sherazade?
No, mamá. Bonita como tú.
Beja, hija mía.
Demasiada belleza,
solo trae peligro.
¿Te vas, papá?
¿Ya te cansaste de ser el niñero del magistrado?
Botelhinho, ya cumplí con mi parte.
El vino se ocupará del resto.
Y tú, no te acerques a ese hombre.
Me ocuparé de unos asuntos pendientes antes de volver a Vila Rica.
¿Pensaste que no me ibas a servir?
Lo harás.
Y tendré el placer de ser el primero.
¿Mamá?
¡Abuelo!
¿Le dispararon a mi abuelo?
¿Por qué?
¡Abuelo!
Vamos. ¡Vamos!
¡Abuelo! ¡Despierta, por favor!
¡No! ¡Suéltenme!
-¡Por favor! -Esperen...
¿Qué están haciendo?
¡Suéltenla!
-¡Auxilio! -¡Déjenla en paz!
¡Honorato! ¡Honorato!
Dios, ¡ayúdame!
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