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Cuando Jesús llegó al templo de la vieja Jerusalén, comenzó a echar fuera a los
que estaban comprando y vendiendo.
Se apresuró a cruzar el lugar sagrado para ir directamente tras los que
cambiaban dinero.
No vaciló en volcar sus mesas.
Jesús lo había entendido, en el germen mismo de la civilización, que los
cambistas somos el origen de todos los males, los culpables de todo lo que se
malogra y pudre en este mundo.
Mi nombre es Humberto Brause y soy cambista.
Vendo dinero.
Vendo un dólar a un dólar con diez centésimos.
Buen día, señor Brause. ¿Lo grabamos hoy?
No, igual de mar, gracias. Bueno.
Esto es Uruguay, una pequeña plaza financiera incrustada entre dos
El actual gobierno militar eliminó el control de cambio para el dinero.
Es el paraíso.
Todo ha quedado librado a la ley de la oferta y la demanda, y la demanda es
mucha. ¿Su café?
Sí, gracias, Raúl. Déjelo por ahí, lo voy a tomar después.
¿Cuál es mi trabajo?
Poner capitales en giro.
Una forma elegante de decir, llevarme su dinero a otro lugar, lejos del alcance
de las autoridades, y como servicio adicional, limpiarlo de un incómodo
¿Y cómo llegué hasta aquí?
Como cualquier otro, aprendiendo del mejor.
Por alguna razón,
el señor Schoensteiger había visto algo en mí.
Hasta el día de hoy me pregunto qué era.
¿Y quién era yo en ese entonces?
Sí. No muestran mucha regularidad.
Tampoco antigüedad.
Creo que 25 % está bien.
Bien. Bien, muy bien.
¿Y... Vieites llamó?
¡Gödröm! Sí, papá.
Él es Humberto. Trabaja conmigo en el cambio.
¿Por qué no le juegas a él nada más que en el fútbol?
Y así fue como la conocí a ella, a Gudrun.
Luego de aquel encuentro no podía dejar de pensar en ella y haría todo lo que
estuviera a mi alcance para conquistarla.
Está listo, señor.
Gracias, señor Klein.
Puede retirarse.
Hasta luego.
Cuando el señor Schoensteiger me preguntó si estaba dispuesto a llevar el
chaleco, no pude resistirme.
Después de todo, no podía fallarle al hombre que pretendía como suegro.
¿Ves? ¿Por qué te digo que no conviene que engordes?
En los años 50 la reputación del cambio de Schoensteiger era incuestionable.
No había un mejor lugar para que un joven inquieto como yo se hiciera pasar
una persona decente.
Sin quererlo, me había convertido en el discípulo que el señor Schoensteiger
nunca había tenido.
Era la primera vez que me subía a un avión y cargaba más de 50 .000 dólares.
Me llevó 18 horas cruzar el Atlántico.
No me animé a comer o beber y mucho menos a levantarme para ir al baño.
Sin embargo, Depositar el dinero en el L 'Oreal Swiss Bank me llevó apenas cinco
minutos.
El resto del tiempo lo invertí en las atracciones del viejo continente.
El viaje me había llevado mucho más lejos de lo que había imaginado.
Me había abierto los ojos.
El sentido de la vida no era ganarse el respeto o la admiración de los pares.
Era ganar dinero y disfrutarlo, disfrutar cada centésimo ganado y
Solo se necesitaba una pequeña fortuna para abrir las puertas del Edén.
Yo ya apagué la habitación.
Sí, pero mi papá me dijo bien claro, me dijo, vos podés ir al campamento del
coro si tenés todas mínimo aceptables. Y tengo dos insuficientes, biología y
educación cívica.
Vos tenés que ir a ese campamento del coro, Gudrun.
¿No íbamos a ir a ese hotel en Atlántida?
Sí, vos tenés que ir a ese campamento del coro para no ir a ese campamento del
coro, ¿entendés?
Cuando te enojás te expresás muy mal, no se te entiende.
¿Tu padre ya vio?
¿Qué cosa?
El boletín.
No, pero lo dejé en el escritorio de casa.
Faltan 15 minutos.
Todavía no salió del trabajo. Vamos.
Yo no corro, Humberto.
Vos hacéis lo que quieras.
Humberto, ¿precisas algo?
Estaba buscando el bolígrafo que me dejé la vez pasada.
Es un recuerdo de mi padre.
¿Que tu padre murió?
No, no, claro.
¿No ibas a buscar a Gudrun?
Sí, sí, eso voy.
Esto huele a podrido.
Es una fondue de queso.
Sabe riquísimo.
¿Por qué admirás tanto estas cosas?
¿Qué cosas, Gudrun?
¿Las que le dan sentido a la vida?
A tu vida, Humberto. A mí las cosas que huelen a podrido no me gustan.
Todo lo bueno huele a podrido.
Comelo vos.
Entonces, te voy a pedir otra cosa.
No sé cómo mi papá me dejó ir al campamento.
¿Y cómo va a ser, Bruno? Porque nunca vio el boletín. Fui yo quien lo firmé.
No me gusta que hagas esas cosas.
No.
De ninguna manera.
Yo no voy a aceptarlo. Y ustedes tampoco deberían.
Schoensteiger tenía una aversión particular hacia los políticos, decía
eran de fiar y se negaba a tener trato comercial con ellos.
Castillo representaba a varios miembros de una bancada de diputados que
necesitaban girar sumas al exterior todos los meses.
Con su firma, Schoensteiger podía colocar el dinero en Wall Street en sólo
horas.
Y yo podía proveerles esa firma.
Humberto. Sí, Elvira.
¿Tenés para mucho?
No, yo ya me voy.
Anda yendo, tengo llaves.
Hasta mañana.
Hasta mañana, Elvira.
Ricardo me contó cosas muy buenas de vos.
Me dijo que sos un muchacho muy responsable. ¿Es así?
Bueno, yo personalmente quiero agradecerte la mano que nos estás dando.
Mira que no nos vamos a olvidar.
Hola.
Gracias.
Pasa.
Ponete cómodo, sentate.
Me gustaría hacerte una pregunta.
Decime, Humberto, sin ninguna vergüenza.
¿Vos, últimamente, tuviste alguna incomodidad o algún dolor al orinar?
Hacete revisar por el ginecólogo.
¿Por qué?
Existe la posibilidad de que te haya contagiado algo.
¿Qué haces?
¿Vas a ir a los de tus padres?
¿No vas a ir a los de tus padres a despertarlos a esta hora?
¡Gudrón! ¡Gudrón!
Buenos días.
Él es nuestro abogado.
Vive, necesito que me digas exactamente, paso por paso, cómo negociaste esa
cuenta.
Necesito saber fechas y montos exactos.
Necesito que me muestres tus libros de cuentas y tus balances.
Necesito saberlo todo.
No hay otra, ¿eh?
Tu jefe tiene que caer.
Preferiría que no.
Además de mi jefe, es mi suegro.
Bueno, tomás razón.
Esta oportunidad de sacártelo de encima.
No.
No tiene nada que ver.
Fui yo solo.
Ni ustedes.
Hay que ser vos, entonces.
No te asustes.
Mira que es un trámite.
Te vamos a estar cuidando.
¿Cuánto tiempo sería?
Calculo que de tres a seis.
¿Años? No, Humberto.
Meses.
Me había ganado la tentación.
El volumen de las cuentas de los políticos se multiplicaba y yo me
haciendo transferencias millonarias, semana tras semana.
Pero aún no poseía la astucia necesaria para pasar desapercibido.
Pasé tres años apelando mi condena.
John Steiger dejó de hablarme pero quiso hacerse cargo de los costos del
proceso.
Y al final no pude salvarme de pasar unos meses tras las rejas.
Durante 30 años mantuve mi nombre impoluto hasta que llegaste vos
y me embarraste para siempre.
Yo te mataría, ¿sabés?
Pero no quiero dejar viuda a mi hija ni huérfanos a mis nietos.
¿Un cuadrón?
Ella prefiere pensar que estás de viaje.
¿Va a venir nunca? ¿Eso le dijo?
No, no, ella... no dice mucho de nada.
¿Necesitas plata?
A ella y a los niños nunca les va a faltar nada.
¿Qué pasa?
¿Nunca viste a un hombre ser víctima de un malentendido?
Disculpe.
A vos no te va a quedar más remedio que hacerte amigo de este gran viejo zorro.
La cena está lista. Lávate las manos.
Traje de regalos para los niños.
Están dormidos. Se los darás mañana.
El regreso de Jean Valjean.
¿De quién?
El héroe de los miserables, Bruno.
Aquel que estuvo en las galeras.
No lo conozco.
Te voy a regalar el libro.
¿Sabés, Gudrun?
Me pareció raro que no vinieras a visitarme nunca.
Me hiciste sentir solo.
La soledad...
Empuja a un hombre a hacer cosas indecorosas.
De eso no vamos a hablar nunca.
Brause. Diputado.
Senador. Senador.
Se lo ve muy bien.
Recuperado. Me alegro mucho, ¿no?
Lo dejo en buenas manos.
Brause.
Acompáñame.
Te lo hago corta.
¿No te muestra que sos el tipo en el que se puede confiar?
Creo que vos te hagas cargo de las cuentas de toda la bancada.
Bueno, eso voy a tener que hablarlo con Schoensteiger.
No queremos que hables con nadie.
Queremos que lo hagas vos.
Solo vos.
Sonreí, Brause.
Una buena noticia.
Siendo así, yo cobraría el 25 % de los intereses.
¿Te vas a quedar con la cartera del Rotary?
Me estoy quedando con todo.
¿Qué dice Gudrun de esto que vas a hacerme?
No, no hablo con Gudrun de estas cosas.
Mejor... Mejor que no sepa nunca de lo que sos capaz.
Ella me conoce.
¿Se ve bien?
No quiero perder nada más.
Lo que vale aquí es la ley de la selva.
Entonces ustedes matan para desocupar las tierras.
No,
vamos a lo que interesa.
Pago mucho impuesto aquí. Quiero que me consiga una cuenta en Montevideo.
Sí. ¿Entiendes?
Sí, sí, claro.
¿Usted realmente ve cada cadáver en forma personal?
Bueno, no puedo ver personalmente.
Mando a mi hijo.
¡Entra!
Disculpe, hoy es día de pagamiento.
¿Está aquí? Sí.
Ah, manda entrar, manda entrar.
Justamente.
¡Qué coincidencia! Es justamente el hombre del asunto que yo estaba
Moacir Sousa.
Un placer.
Te presento a un gran amigo uruguayo, Don Humberto Brause.
Va a abrir una cuenta para nosotros en Montevideo.
Un placer.
Uruguayo.
Un país pequeño, más bonito, ¿no?
Este es mi cartón.
¿Qué pasa?
Ayuda.
Don Marín, el presente del señor.
Este es bueno, este es bueno. Creo que Don Humberto merece probarlo.
¿No?
Esta cachaça soy yo quien la hago.
¡Saúde!
Toda la vida había tenido la curiosidad por presenciar lo que sucede cuando un
país entero cae en bancarrota.
La economía argentina agonizaba. La moneda se devaluaba como nunca antes en
historia. Y Gudrun quiso viajar a Buenos Aires para cambiar su vestuario y el de
los niños para los próximos años.
El caos era tan grande que cuando nos quedábamos sin dinero al mediodía
volvíamos a Lodeconde más tarde para cambiar a una tasa mucho mejor.
¿Esa era tu señora?
Te felicito.
Podrías haberla presentado.
¿Hicieron muchas compras?
Sí. Es que viaja una amiga, se compra todo y todas quieren imitarla.
Claro.
Le aseguro que lo que menos querría en este momento es estar acá.
No nos ofendas, se lo digo porque no me gusta hacer turismo sobre la desgracia
ajena. Sí, sí.
Lo más natural es... aprovecharse de la situación.
Ustedes van a terminar haciendo como nosotros, dejando que los militares se
hagan cargo.
¿Sabes una cosa?
Tengo un agente que te puede interesar.
Te lo voy a mandar directamente a vos.
Con el desbarajuste que tenemos acá, no podemos manejar esta cuenta.
Te agradece.
Cuidado, Woodrum.
Me temo que este ascensor va a quedar inhabilitado por el momento.
Disculpe, pero el otro está fuera de servicio.
Me temo que van a tener que tomar las escaleras.
Caballero, como puede ver, estamos cargados.
Sepan disculpar.
Tengan buena tarde.
Me parece completamente inadmisible. Yo no tengo problema.
Vamos, Humberto.
adquirir este país, ¿no?
¿Ya?
¿Ya?
Es para vos, Humberto.
Gracias.
¿Listo?
Qué falta de reflejos, Gudrun.
Buen día, Elvio.
Buen día, Elvira.
El señor Harry lo ha estado esperando desde hace un buen rato. Bien.
Brauste, por fin.
Qué pinta.
Me presento.
Harry. Mi bella acompañante, Marcela.
¿Harry?
Harry, dejémoslo así, azteca.
Con confianza, estamos entre amigos.
Disculpe, señor Harry, pero no acostumbro a tratar con gente sin
nos pongamos tan formales.
¿Cuándo me habló muy bien de vos?
Vamos a abrir la cuenta más grande que haya tenido en su vida.
En Buenos Aires ya no hay lugares seguros para mover una cifra como esta.
qué suma estamos hablando?
Dólares, Brause.
Muy complicado guardar una cifra semejante por estos días. Las
especialmente alertas.
Habría que depositarla en varias cuentas en el exterior, pagar remejeros y, en
caso de necesidad, tardaríamos semanas en traerla de vuelta.
Por favor, un café. Elvira.
En el auto tenemos siete valijas más.
Estoy seguro que algún colega podría interesarle.
Pero ninguno de ellos cobraría menos del 25%. Más algunos sobrecargos operativos
a convenir.
Lo vamos a hacer con vos.
Siendo así, yo no cobraría menos del 35 % de los intereses.
Vamos a abrir las otras.
Yo tengo que ir al baño.
Sí, puede usar mi sanitario personal.
Está abajo.
¿La puedo ayudar en algo?
Solo estaba mirando esta reliquia.
Veo que le gustan las cajas fuertes.
Esta es una Bart, también del 30.
Es enorme.
Sí.
La uso poco.
Este país está lleno de gente con malas ideas.
Es mejor prevenir.
Sí, claro.
Mejor prevenir.
Justificar una fortuna como la que Harry y Marcela me habían dejado era cercano
a lo imposible.
Debía esconder parte del capital en el único lugar donde se puede ocultar
dinero, en un banco oficial.
Pero aún depositándolo en cofres con la ayuda de mi viejo amigo y sus colegas,
la suma de dinero era tan grande que excedía la capacidad de almacenarlo.
Después de todo, aquello era lo más parecido a ganar la lotería.
Entonces...
¿Por qué no ganar la lotería directamente?
Solo tenía que averiguar qué local había vendido el billete ganador en el
momento mismo de ser anunciado.
Que Elvio se pusiera en contacto con dicho local, pedir el nombre de la
con el billete ganador y comprárselo.
agregando una comisión de un 3 % en efectivo.
Con los intereses que me daba el dinero de Harry y Marcela, podía vivir de
vacaciones, y los muy generosos no se habían dignado en aparecer en más de un
año.
Gudrun me convenció de parar, pensar en la salud, descansar, disfrutar,
recuperar el terreno perdido.
Los hijos.
y dedicarles la enorme cantidad de horas que insume la fraternidad
soy
un
creador
Soy Beethoven o Bach.
Me estrenan en el Metropolitan, en Hamburgo, en el Bolshoi, en la Scala.
Llegan ofertas de todas partes.
Insisto en que no me moveré de Montevideo, que mi inspiración es mi
costa. Y yo sigo asistiendo al coro, sigo trabajando en el cambio. Me invitan
la embajada de los Estados Unidos donde tienen una rastreadora satelital. Allí
puedo ver y oír en vivo, directo, color.
La transmisión de mis propias obras desde el Metropolitan, mientras el
ofrece un buffet frío con langosta.
Y yo, yo tengo el mundo a mis pies.
¡Qué olor fuerte!
¿No sentís un olor fuerte, burro?
Tengo frío.
El brazo es duro. ¿Me estás picando o me estás aplastando el brazo?
No me puedo mover.
El brazo es duro.
Tengo mucho frío.
El brazo es duro.
Sufriste un ataque, Humberto.
Estoy convencido de que se hubiera continuado sometido al estrés del
tomando litros de café entre operaciones cambiarias ilegales, fumando como un
enajenado, seguramente no me hubiera pasado nada.
El ataque hizo una pequeña fisura por la que había logrado escapar mi ser más
temperamental.
¿Precisas algo?
Sos imbécil, Gudrun.
Si precisara algo no te despertaría a vos.
Tocaría el timbre y llamaría a una enfermera de verdad.
No soy ni tan idiota ni tan desconsiderado.
¿Qué te pasa, Humberto? Al final las enfermeras de estas no te tratan tan
¿eh? Te digo que son los médicos los que se pasean con ese aire superior.
Imagínate la vida de un médico.
Mandoñando todo el día presidentes, generales.
Un día el médico se levanta de mal humor y podés terminar con un tubo de goma en
el ano. No te exites, Humberto, por favor.
¿Qué te pasa? ¿Te da miedo que empieces a gritar las verdades sobre esta mafia?
¿Vos te diste cuenta?
¿Te diste cuenta que si se les pasa la mano conmigo a vos se te cierra la
canilla abierta de guita que soy yo para vos?
¿Eh?
¿Qué haces? ¿Qué haces?
¿Qué haces?
¿Que me tratás como un loco? ¿Eso es lo que haces?
No. ¡Abro la boca y salís a pedir ayuda!
¡Haga cualquiera! ¡Salís corriendo cualquiera!
¡En vos he depositado mi vida, Gudrun! ¡Me das asco!
¡Me das asco!
¿Qué le pasa, mi amigo?
¿Qué hace por acá a estas horas tan tardes?
¿Doctor, qué picardías?
¿Sabes? Una alarmista, mi mujer, lo llamó por nada. No molestó ponerte
pero me voy a aprovechar su presencia, su visita. Le voy a preguntar algo.
Quiero pedirle, más bien, exigirle que me haga saber qué es lo que habla usted
con mi esposa cuando sale de acá. ¿Qué hablan a mis espaldas?
No me tome por imbécil.
Si usted me está juzgando por la tarada esa con la que me casé, se puede usted
me juzga mal. Me casé joven.
Y ahora ha visto mucho de ser aquel individuo. Vi muchas cosas. He visto
cosas. He visto muchas cosas. Muchas cosas. Usted ahora está bajo los humores
un cardíaco. Eso es algo normal.
Pero se tiene que tranquilizar. Tiene que tranquilizar a su familia, que ya
bastante preocupada.
¿Por qué no me cuenta a mí sus cosas y deja de inquietar a su señora? ¿Le
parece? Salga.
Salga.
¿Qué otra vez? ¿Más secretos?
¿Otra vez cuchichando?
Haz comidas, Gudrun.
Gudrun. Y usted salga de acá y usted también. Salgan todos de acá. Gudrun,
para acá. Sacá a esta gente de acá. Saca, saca.
No me toques. A mí no me toques. ¡No!
¡No!
Marmelada.
Qué invento.
Me traje el diario. El médico lo autorizó.
Ah, qué considerado.
¿Y? ¿Entonces?
Ya nos podemos ir.
¿Nos vamos?
¿Cuándo? Cuando quieras.
No se da cuenta tarde en la vida de lo que es verdaderamente erótico, ¿no?
No te vas a divorciar ¿Cómo?
Te lo prohíbo ¿Cuáles serían las razones
de Gudrun para no abandonar a un marido maniático y posiblemente impotente?
¿Por qué se negaba a renunciar a la vida vacía en la que habíamos invertido
tantos años?
¿Por qué?
¿Por qué, cutro?
¿Quién autorizó el préstamo de los Corrado? Los Corrado han sido clientes
años. Corrado es un imbécil y vos sos otro.
¿Y qué pasó con la cartera política?
El coronel fue el primero en irse.
Ah, esto quiere decir que hubo otros.
Algunos se fueron y otros no tanto. ¿Fueron varios?
Depende de cómo se... Fueron muchos.
¿Se fueron todos? Sí, todos, señor.
Pero entienda, la gente tiene miedo.
Un mes y medio.
Un mes y medio que no estoy y en ese tiempo ustedes aniquilan años de
Tan enclenques, todo.
La tensión política nos está matando, señor. No, no, tráeme un café, Elvio.
No, su señora dijo que usted café no puede tomar, señor.
Gracias a Dios.
Tarde o temprano tenía que suceder.
Había comenzado la corrida.
Los ahorristas locales y extranjeros reclamaban su plata.
Y yo no contaba con un solo recurso legal para actuar. ¿Qué podía hacer?
¿Cuánto hacía que no se le veía por acá?
Eso no servía. Bien, bueno, un cafecito nomás. Mire, lo siento. Su esposa llamó
hace un instante y dijo que no le sirviéramos ningún café.
¿Qué otra cosa podía hacer?
Por lo pronto yo no estaba dispuesto a tocar mi seguro de vida, el dinero de
Harry y Marcela.
Por lo que se escuchaba del gobierno militar en Argentina, no era raro pensar
que Harry y su bella acompañante fueran historia.
Debían. tenían que estar muertos.
Yo rogaba que así fuera.
¡Oh, amigo uruguayo!
Moacir, es un placer conocerte.
Aquí un presente para usted.
¿Qué hace por acá, Moacir?
Estaba en su escritorio y me dijiste que estaba aquí.
¿Dónde está su afín?
Es aquella que viste desde el espejo.
Te confieso que me sorprendió verlo por acá.
Estos últimos años han sido muy buenos para mí, ¿sabes?
Yo he adquirido una flota de camiones y fue gracias a la intervención de un
amigo mío que me fue dada la explotación del territorio uruguayo.
Entonces voy a necesitar un agente aquí, en su bello país.
Una persona de mi absoluta confianza.
¿Entiendes?
Así que una flota internacional, nada menos.
Reglamentos aduaneros complejos, cuantificación de cargas, aportes
sobre efectos, talleres, depósitos, en fin.
Estos monstruos brasileros, estos camiones destrozan las carreteras
los gobiernos departamentales terminan ofendiéndose. La verdad, no es lo mío.
es mi métier. ¡Vay, mirina, vay! ¡Vay!
Lo voy a pensar.
Envíele mis saludos a Don Marín.
Tu marido fue asesinado, bravo.
En este verano.
Fue una desgracia, ¿sabes? Realmente.
Disculpe, ¿eh? Pensé que usted estaba sabiendo.
Fica con Dios.
¿Qué pensás sobre el régimen militar en Brasil?
Que no va a durar.
Qué interesante.
Aunque te advierto, querida, que estás en minoría. La gente opina que en Brasil
hay gobierno militar para rato.
No, no va a durar.
¿Por qué pensás eso, mi vida?
Porque hace tiempo que están ahí.
¿Ese es tu argumento?
¿Que hace tiempo están ahí y se van a ir pronto?
Sí.
Hola.
Sí, él habla.
¿Pero qué te dijeron? ¿A qué hora se van a ir?
No, no, no me dijeron.
¿No te dijeron o no preguntaste?
No pregunté.
Ahora te vas cuando más te necesito, viejo zorro.
Gusto ahora que todo esto es un verdadero caos.
Sinvergüenza.
Señor. Señor.
Se está acercando la familia. Sí, sí, sí. Andá, andá. Trata de vigilar. Andá,
vigila.
¿Dónde guardaste la llave del depósito, viejo zorro?
Señor.
Señor. Eso no se puede hacer.
Anda, anda a vigilar. Anda a vigilar y me avisas.
Señor Brause, eso está mal.
¡Anda a vigilar!
¡Anda, eh! ¡Anda!
Señora Zúñiga.
Lo siento mucho, ¿sabe?
Pero qué pena.
Quería pedirle algo.
Tengo que pedir un favor.
Alfredo me había guardado algo.
Abuela.
Perdón. Abuela.
Señora Churiga, lo siento mucho.
Elvio, Elvio, encontré.
Incaletti, estas son las nuevas tazas.
Hablamos luego.
Buen día, Elvira.
El señor Harry lo está esperando.
¿Cómo? En su oficina. El señor Harry.
Y ahora esto.
Después de tres años, esta era la peor noticia que podía recibir.
El dinero de los porteños era con lo único que contaba para mantenerme a
Buenos días, señor Grauze.
Soy el teniente de fragata Javier Von Plant, de Buenos Aires, Argentina.
Vengo a retirar el dinero del señor Moreno.
Harry, para los amigos.
Disculpe, señor.
¿Un plan?
Usted sabrá que acá ningún corredor de cambio reacciona ante la mención de un
nombre.
De todas formas, si yo conociera a esta persona que usted dice, mis obligaciones
me impedirían tratar este tema con usted, ¿comprende?
Él nos contó todo.
Déjeme comprender.
Usted tiene documentación que lo acredite como representante de esta
usted dice representar y que se supone yo conozco.
Dime quién tiene la vida.
¡Habla!
Lo acompaño.
Le recomiendo que se dé un baño.
De inmediato.
Ahora.
Invíteme un café.
Así arreglamos los pormenores del traspaso.
No se haga mala sangre.
Es solo dinero.
Ni siquiera es suyo.
Buenas tardes.
Dos cafés.
Señor Brausen, café de la semana. Un té, por favor. Un
té.
Creo que usted se equivoca conmigo.
No sé quién es usted, no sé qué hago acá, no sé quién es ese Harry que usted
menciona.
Usted se presenta ante mí con esos modos.
Si este es el monto a depositar, según la tasa cambiaría de la fecha cuando él
estuvo aquí.
Los intereses están capitalizados en la suma.
Nos vemos la semana que viene.
Nada de eso va a pasar.
Usted me agrada.
Es un hombre fácil de leer, de intenciones transparentes.
Le va a salir más barato.
¿Qué podía hacer?
Pagar imposible. No podía reunir ese dinero ni vendiéndolo todo.
Involucrar a las autoridades.
Ni pensarlo.
Terminaría preso otra vez y Von Pland me desmembraría de todos modos.
Morirme.
Si me muero, la tarada de Gudrun les entregaría toda la plata sin ofrecer la
mínima resistencia.
No tienen la menor idea de lo que vale un dólar, un marco o un franco suizo.
Y a juzgar por lo que gasta en Buenos Aires, tampoco sabe lo que vale el peso
argentino, por más devaluado que esté.
¿Qué pasa, Elvio?
Yo quería decirle que en realidad hubo
situaciones que... ¿Qué pasa, Elvio?
Mañana no voy a venir a trabajar.
¿Has pasado mañana?
Tampoco.
¿De cuándo vas a volver? ¿Vas a volver, Elvio?
Sí, sí, claro.
¿No vas a volver, Elvio?
No.
Renuncio. Gracias, Sergio.
Señor Brause, cuide el corazón.
Buen fin de semana, señor Brause.
¿Está bien?
Tengo un ataque. Llévenme al hospital.
Señor.
¿Hola?
Sí, soy yo.
Sufrir otro infarto.
Me haría creedor de por lo menos tres semanas para encontrar una salida. Von
Planck comprendería lo inconveniente de seguir presionando a un cardíaco.
Después de todo, se arriesgaba a perder la gallina de los huevos de oro.
Lo más difícil era engañar
al médico.
En este momento Gudrun le está contando lo que ella cree que sucedió. Es un
sinvergüenza. Le colgué la ropa y vacié sus bolsillos. Doctor, el traje que
tenía puesto cuando llegó no es el traje con el que salió de casa.
El traje con el que llegó al hospital tenía un olor inaguantable a desodorante
de ambiente.
Como huelen esos lugares donde va a encontrarse con ellas.
Esta normal se fue de putas hoy y hoy se infartó. Entiende lo que le dio.
¿Cómo te sentís? ¿Te sigue doliendo?
No, un poco, no mucho.
¿Y eso?
¿Lo trajiste vos?
No, no sé quién lo trajo, pero tiene una tarjeta.
Esperando una pronta mejoría para volver a lo nuestro, su amigo B.
No habrás eso, Gudrun.
Hola, papá. Hola.
Gracias por venir.
¿Te duele?
Si van a tocar algo, que sea ahora.
¡Suscríbete!
Buenas. Un café, por favor.
Disculpe, señor. ¿Le puedo ofrecer otra cosa?
No. Quiero un café.
Ahí está la máquina.
Hágamelo, por favor.
¿Sabe que su señora me tiene prohibido venderle café?
Me debe estar confundiendo. No tengo señora, soy viudo.
Señor, yo estoy pagando 10 .000 nuevos pesos por un café.
Disculpe, señor.
Gracias.
Hola, es la residencia del señor Moacir.
Quisiera hablar con él.
Así que te vas a dejar la vida computada.
¿Pero qué decís?
Mi corazón, Maduro.
Me vas a matar.
Y ahí estaba mi mujer, tratando de matarme por una infidelidad que nunca
existió.
Nunca más le diría la verdad, aunque fuera una mentira.
Gudrun, ¿a qué hora salen los niños de la escuela?
¿Cómo se siente?
¿Y aquí también tienen que lidiar con los salvajes?
Oh, Brause, aquí no hay salvajes, ¿no?
Imagina.
Ni tampoco hay agonzos.
Bueno, usted sabe muy bien que los hombres de negocios siempre estamos
expuestos a extorsiones, ¿no?
Supongo que no deberíamos...
acceder a este tipo de extorsiones, ¿no es cierto?
Jamás, Braus, jamás.
Usted debe proteger la inversión, primero.
Si proteger, y proteger a los socios.
El mismo trato que nosotros tenemos.
Porque nosotros somos socios, ¿no es verdad?
Sí, claro.
Sí, somos socios, Moacir, por supuesto.
Usted quiere me pedir alguna cosa, pero no se anima.
Bueno, como usted dijo,
Todo hombre de negocios está expuesto a extorsiones.
Y yo no soy la excepción.
Yo imagino la situación que usted está atravesando, Brause.
Nadie llama de madrugada para confirmar una sociedad.
Pero puede quedarse tranquilo. Yo le voy a ayudar en lo que usted necesite.
Gracias, Moacir.
Supongo que tendrá que contratar a su gente. Yo quiero hacerme cargo de todos
los costos.
Cualquier pastor que se levante irremediablemente todas las madrugadas
alimentar a sus ovejas Mañana tras mañana dirá que los caminos de la vida
imprevisibles, que uno nunca entiende cómo se ha llegado a ser el hombre que
es.
Hasta el más disciplinado y aburrido de los notarios insistirá una y otra vez en
que el curso de la vida es insospechado.
¿Quién no hubiera hecho lo mismo en mi lugar?
Al fin y al cabo, confío en que todo va a ser mejor.
que estoy a pocos pasos de alcanzar la serenidad.
recuperado ahora.
Qué linda ciudad.
Ideal para vivir.
¡Hijo de puta!
Gracias por ver el video.
Buenos días, señor.
¿Va a almorzar?
¿Te tomaste la tarde?
Gudrun, vos me querés a mí.
No preguntes estupideces, Humberto.
¡Gracias!
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